EVOLUCIÓN VS EVOLUCIÓN. (I)

agosto 9, 2008

En este blog siempre se ha debatido sobre la poca credibilidad y transparencia de la teoría evolutiva. Y el artículo que hoy ocupa aquí un espacio tocará el mismo tema, por su importancia. Se evidenciará la censura histórica de una arenisca evolutiva, donde la verdad y el conocimiento no son lo más importante, sino la negación de Dios a toda costa.

En noviembre de 1981, el afamado zoólogo y paleoictiólogo Colin Patterson apareció como ponente ante el Grupo de Discusión de Sistemática, en el Museo Americano de Historia Natural, en el ala occidental del Central Park, New Cork, E.U. Para que se entienda mejor: una reunión de la crema y nata de la defensa evolucionista de aquel momento. Y lo que se debatió allí resultó tan espinoso, que devino en censura; la información dada a la prensa, fue una transcripción mutilada y tergiversada de lo que allí ocurrió.

A finales del 1981, la Unión para las Libertades Civiles Americanas presentó un litigio en el Tribunal del Distrito Oriental de Arkansas, respecto a la Ley 590, que establecía el ‘trato equilibrado‘ de las teorías de la evolución y creación, para la enseñanza de ciencias en las escuelas públicas del estado. Y el fiscal general de Arkansas, Steve Clark, defensor estatal, recibió una transcripción de la grabación efectuada en el seminario evolutivo; cinta que, en una de sus partes, dejaba bien claro que los propios líderes evolutivos, científicos, para más datos, se rieron cuando se tocó el tema de ‘llevar la evolución a los institutos‘.

El profesor de física adjunto en la Universidad Estatal de Pennsylvania, Hilton Hinderliter, fue citado como testigo del estado… pero, inexplicablemente, nunca fue llamado a testificar durante el juicio. Defraudado, se llevó de vuelta la transcripción a Pennsylvania, con el objetivo de que la verdad saliera a la luz por alguna otra vía. El redactor Paul Nelson, entonces alumno de la Universidad de Pittsburg, la recibió de sus manos el 21 de enero de 1982. Y vio que en la esquina superior derecha de la primera página, llevaba el sello del ‘Fiscal General de Arkansas‘, con una anotación manuscrita:

“Interesante… Llamar a Patterson sobre el pleito”.

Además, en la parte superior del mismo folio, también había una nota:

“Aviso: No aprobado para publicación impresa, hasta ser cotejado por Colin Patterson»

Sin embargo, esta advertencia no impidió la inmediata publicación del material… y el posterior y casi inmediato escándalo evolutivo, pues lógicamente no se correspondía con el texto que ellos habían difundido, haciendo sus propios arreglitos, cortando aquí, adicionando allí… distorsionando la verdad según su conveniencia.

Eso, por supuesto, no sorprendió a nadie; el fraude contrastado y continuo en las filas evolutivas, desde sus inicios, les ha hecho profesionales de la argumentación: desde un molar de cerdo fósil exhibido en museo como perteneciente a un homínido, dibujaron una familia completa de ‘Hesperopithecus haroldcooki’, y la llevaron a las escuelas, encabezando carátulas del libro de estudio sobre el ‘Hombre de Nebraska’; muchos están dando vueltas aun por ahí.

Lo importante es que al final la verdad, una vez más, se impuso. La primera transcripción cotejada de dicha ponencia, hecha de la cinta de audio original, será expuesta en la 2ª parte de este artículo, pasados unos días de este, debido a su extensión. Aparecerá solo lo que considere vital, remarcando en negrita lo revelador; mas les dejo el link original a todo aquel que desee informarse a tope sobre el tema:

http://www.sedin.org/patterson/patterson00.html

¡Ese mismo!: el ‘sedin‘ que tanto molesta, porque saca a la luz lo que no conviene… Pero antes de empezar; ¿quién era el ponente? ¿Tenía el suficiente prestigio como para ser tomado en cuenta? Errol White, de la Real Sociedad y Conservador de Paleontología del Museo de Historia Natural Británico, dirigió la tesis doctoral de Patterson sobre los peces del Mesozoico, y también dispuso su publicación; de modo que el discursante Patterson no era un loco que pasaba por ahí y se puso a dar voces, sino todo un doctorado, un académico de autoridad reconocida.

En 1966, siendo presidente de la Sociedad Linneana, este White pronunció una alocución: ‘A little on Lungfishes’ [Breves consideraciones sobre peces pulmonados], cuya conclusión merece ser citada extensamente, pues encarna una interesante actitud acerca de cómo se debería entender la historia de la vida; un escepticismo acerca de la situación de la teoría evolucionista, que Patterson, al madurar, llegó a hacer suyo.

En su discurso, White describe las problemáticas características de los peces pulmonados, en relación con el registro fósil. Luego remata así:

[“Pero, sean cuales sean las ideas sobre este tema, los peces pulmonados, lo mismo que cualquier otro grupo principal de peces que conozco, tienen sus orígenes firmemente basados en nada; una cuestión de acalorada disputa entre los expertos, cada uno de los cuales está firmemente convencido de que el resto está errado.

Y esto me trae a la verdadera cuestión de este discurso, que describiría como un dilema imaginario mío: a menudo he pensado en lo poco que me gustaría tener que probar la evolución orgánica ante un tribunal de justicia. En mi experiencia sobre los peces fósiles, aunque pueda verse con facilidad la tendencia general evolutiva, cuando se trata de identificar las vinculaciones, tanto al nivel de género como al de un grupo más elevado, de manera invariable los eslabones ‘están ausentes del todo o son defectuosos‘, es decir, siempre con uno o más caracteres desfasados, incluso los ictiostégidos, que a pesar de toda su posición intermedia, superficialmente evidente entre ripidistios y anfibios, son demasiado avanzados con respecto a algunos caracteres, como la parte posterior de la cabeza, para ser ancestros de los verdaderos anfibios.

Pese a la acción en laboratorios, no se ha hallado la prueba directa de la derivación bajo circunstancias naturales, de una forma a otra. Una reciente y admirable reseña en el Times Literary Supplement, un vistoso libro ilustrado sobre la evolución, valió de brusco recordatorio de que la Evolución sigue siendo una teoría que nunca ha sido demostrada mediante experimentación, además de servir de correctivo para una descuidada forma de pensar y de hablar sobre Darwinismo; a la vez, el sucesor de Stensiö en Estocolmo: Erik Jarvik, facilitó un resumen de la situación, reconfortante por su sinceridad.

Todos vosotros estáis bien familiarizados con el árbol evolutivo comúnmente publicado, con su complejidad de ramitas representando cada grupo, a menudo conectado en la base para constituir un buen y sólido tronco de origen común. Bien, echemos un vistazo al diagrama de Jarvik: el árbol genealógico de los vertebrados inferiores. Las ramitas están ahí, desde luego, pero parecen más una valla de estacas de avellano que un árbol, pues no hay ni un solo grupo con origen común probado. Esto es algo que buena cantidad de personas ha visto con claridad durante largo tiempo, pero pocos la han descrito de una manera tan contundente antes de ahora.

…Seguimos sin saber por qué, ciertos grupos como los dipnoos, y más enigmáticos quizá, los celacantos, con su medio ambiente tan diverso, sobrevivieron sin cambios durante 300 millones de años, mientras que los emparentados ripidistios evolucionaron rápidamente hasta extinguirse.

Seguimos sin conocer los mecanismos de la evolución, pese a las confiadas pretensiones que se manifiestan en algunos sectores; ni es probable que consigamos mucho progreso adicional en todo ello mediante los métodos clásicos de la paleontología o de la biología. Y desde luego no adelantaremos en todo esto desgañitándonos a saltos con el grito de:

«¡Darwin es Dios y yo, Fulano de tal, soy su profeta!»

Las recientes investigaciones de estudiosos como Dean y Hinshelwood, ya sugieren la posibilidad de unas incipientes grietas en las paredes aparentemente monolíticas del Jericó neodarwinista.]

Hasta aquí, la opinión de White, mas: ¿cómo se indaga hoy sobre el origen de cualquier grupo de organismos? Mediante sus fósiles; después de todo, la evolución es una teoría acerca de la historia de la vida, y las relaciones evolutivas son relaciones históricas. Los fósiles se toman como la única evidencia concreta de la historia de la vida; así, ellos serían árbitros evolutivos. Y allí donde falten fósiles, o donde su interpretación es ambigua (como White argumenta que es el caso de los peces), el origen del grupo en cuestión ha de ser por tanto incierto, o desconocido, no seguro, tal cual lo plantean; sin embargo, no se hace.

Al descubrir la obra del taxónomo alemán Willi Hennig (1966), mediante la lectura en 1967 de una monografía del entomólogo sueco Lars Brundin, Patterson comenzó a replantearse tanto la pretendida primacía de los datos fósiles en la sistemática, como también (y de forma más radical) el peso de la teoría de la evolución en general sobre la comprensión de las relaciones biológicas. Quizá la sistemática no debería presuponer ninguna teoría de evolución, sino más bien mantenerse independiente de tales teorías. Patterson expresó esto en un artículo vigorosamente argumentado en 1980:

‘… con el desarrollo de la teoría cladística, se ha puesto en claro que más y más del marco evolucionista no es esencial, y se puede dejar a un lado. El principal síntoma de este cambio es la significación que se asigna a los nodos en los cladogramas. En el libro de Hennig, como en todo el trabajo pionero en cladística, los nodos se consideran como representativos de especies ancestrales. Se ha descubierto que esta suposición es innecesaria, ‘e incluso engañosa’, y se puede desechar. Platnick se refiere a la nueva teoría como «cladismo transformado» y la transformación es un alejamiento de la dependencia de la teoría evolucionista. Y Gareth Nelson, que es el principal responsable de la transformación, lo expresó así en una carta que me envió este verano:

‘En cierto modo, creo que estamos sencillamente descubriendo la sistemática pre-evolucionista; o si no, redescubriéndola, desarrollándola’.

En mi opinión, el resultado más importante de la cladística es que un método simple, incluso ingenuo, de descubrir los grupos de la sistemática; lo que se solía designar como el sistema natural, nos ha llevado a algunos de nosotros a la conciencia de que muchas de las explicaciones que se dan en la actualidad de la naturaleza, en términos de neodarwinismo, o de la teoría sintética, pueden ser retórica vacía’.

Como bien lo explican Hull y Gee, los neodarwinistas no se tomarían esta disidencia a la ligera. Y, como ya se ha observado, el escepticismo de Patterson acerca del papel de la teoría evolucionista en la sistemática se cruzó con las controversias políticas en los Estados Unidos acerca de la enseñanza de la evolución en las escuelas públicas. En las semanas posteriores a la ponencia presentada en noviembre por Patterson, por ejemplo, las páginas de la revista Science iban repletas de reportajes del escritor científico Roger Lewin acerca del desarrollo del juicio en Arkansas, respecto del ‘trato equilibrado‘: la vista celebrada ante el Juez William Overton, en el Tribunal Federal de Little Rock.

Fue en esta atmósfera cargada que Patterson encendió la antorcha de su ponencia de noviembre de 1981. Había un magnetófono en marcha; la deflagración fue inevitable. Es bien improbable que Patterson tuviera conciencia de los problemas que se iban a suscitar con sus observaciones; de hecho, algunos han especulado si su primer ataque de corazón a principios de la década de los 1980 fue causado por el estrés de tener que responder a preguntas acerca de sus opiniones tocantes a la evolución.

Sin embargo, en mi opinión personal, el Sr. Patterson tuvo la gallardía de exponer con valentía, detalles que probablemente otros no menos avispados también habrían observado, pero callaron, porque el ego se impuso. Abordó con agudeza la gran contradicción de la sistemática biológica. Ha pasado más de un cuarto de siglo desde entonces, pero muchas de sus reflexiones proféticas, (p. ej., la dificultad para definir homologías moleculares) se ven en la actualidad. ¿Será él la chispa del final evolutivo en las aulas?


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REPARACIÓN TISULAR: OTRA EVIDENCIA CREATIVA

mayo 20, 2008

“Una mentira repetida mil veces se transforma en una verdad”. (Joseph Goebbels, Ministro de campaña Nazi.)

En el año 1894, el médico W.R. Dunham publicó su trabajo sobre la comunicación subliminal titulado “The Science of Vital Force” (La Ciencia de la Fuerza Vital) demostrando la existencia de dicha influencia en el ser humano. Más tarde, el Dr. Poetzle pudo demostrar la percepción subliminal, así como sus efectos en sueños y conducta.

Aproximadamente en los años 50, se realizó un experimento en un cine de New Jersey, insertando en la película “PICNIC”, cada 24-30 fotogramas, las palabras “Tome Coca-Cola” y “Coma pop-corn” sobre el rostro de la actriz Kim Novak. Con ello se logró aumentar las ventas del refresco en un 18% y las de pop-corn en un 58% respectivamente.

El mismo sistema se ha empleado en la medicina con fines curativos y pedagógicos; la Clínica Médica McDonagh (Gladstone, Missouri), lo usó para relajar a los pacientes. Los enfermos dejaron de sufrir desfallecimientos, mejoraron… y luego volvieron de nuevo a desmayarse cuando se retiró esta influencia subliminal. Podría dudarse de su efectividad si no existiesen pruebas, pero están, y los resultados son aplastantes. La psicología industrial lo utiliza en la prevención de robos en los supermercados, y la disminución de estos hechos delictivos ha sido de un 80% en todos los casos de faltantes de mercaderías.

Existen además otras estadísticas y ejemplos muy alarmantes. Uno de ellos, realizado por Marie France Charron, en una de las publicaciones gubernamentales del Ministerio de Comunicaciones de Québec, Canadá, demostró que en 22 tipificaciones de causas de suicidio, el mayor porcentaje resultó debido a la audición de música rock infectada de mensajes subliminales con satanismo. Se evidenció que la mente puede ser manipulada sin conciencia de ello, dando la sensación de que nadie podía evitar ser su víctima. Se produjo un profundo rechazo hacia todo lo subliminal y se redactaron leyes para su prohibición.

Pero también se ha demostrado que la constante repetición de una frase tiene efectos en el subconsciente, aunque no se presente de manera subliminal. Si se comienza a trasmitir en la escuela desde las primeras incursiones de la infancia (raciocinio inmaduro), penetra en el subconsciente de un niño totalmente sin defensa ante esta forma de agresión. Se hace subliminal por repetitivo; ataca traicioneramente al receptor, pues anula las barreras de la selección inteligente.

En la publicidad comercial, las múltiples técnicas de persuasión dependen del ingenio de su artífice y solo están limitadas por los medios de comunicación, algunas restricciones legales y el código deontológico elaborado al efecto por las propias agencias de publicidad. Pero esto no se manifiesta igual en las escuelas; allí, la repetición del mensaje, ha jugado su basa durante el tiempo que la teoría evolutiva ha ido minando las aulas.

Un mismo anuncio evolutivo es ya internacional. Figuras alusivas aparecen en vallas publicitarias, folletos a la entrada de las tiendas, y en forma de revistas, libros de cuentos o juguetes. La propaganda ha sido extendida a la radio, la televisión, periódicos, revistas, y por supuesto, donde resulta más importante: en todos los libros de textos de biología y zoología, desde los primeros hasta los últimos niveles de la enseñanza.

Como colofón, ha sido usada además una de las formas más efectivas y seductoras: la gran pantalla. Obras como Parque Jurásico (Steven Spielberg), Caminando con cavernícolas (de la BBC), La Evolución de las Especies (de Discovery), y muchas otras, han trabajado tanto en el subconsciente humano, que la teoría está asentada allí como un bloque de cemento.

Pero, visto desde la razón, el que los protozoos marinos pasaran a convertirse en grandes monstruos a lo largo de miles de millones de años, careciendo de la más elemental evidencia, no logra traspasar la frontera de la ficción. La Ciencia jamás ha logrado el paso anterior imprescindible: que una célula simple sea capaz de alcanzar por sí misma la complejidad de una eucariota; de modo que resulta ausente de crédito, el simple hecho de la aparición de las molestas anémonas de playas a partir de procariontes marinos.

El Inconsciente es una parte de la mente que, como esponja, absorbe todo lo programado, de una forma tan sutil, que no nos damos cuenta. Su concepto fue descrito entre 1895 y 1900 por Sigmund Freud, quien planteó que se nutría de sentimientos cursados durante la infancia, junto con los instintos o la libido, y sus alteraciones por la ‘evolución del super-yo‘. De acuerdo con la definición del psicoanalista suizo Carl Jung, el inconsciente también consta de un inconsciente cultural que contiene ciertas fantasías atávicas, universales y heredadas, que pertenecen a lo que este denominó ‘el ámbito colectivo‘.

Si un adulto acepta un concepto, lo envía al subconsciente; igual a un ordenador, se archiva en la memoria, y se usa luego si es necesario. El mensaje recibido en la primera infancia, en cambio, ataca al receptor obviando las barreras de la selección inteligente y consciente, sin advertir esta violación. Por eso no es válido decir, “a mi no me afecta, porque yo no quiero“, pues, la voluntad fue anulada, así como la selección de “esto si, esto no”.

El trabajo del inconsciente, no puede controlarse y opera con los datos que recibe; como en los sueños, se fusionan automáticamente imágenes y hechos de forma no previsible. Nadie maneja sus sueños a voluntad. Un ejemplo, si alguien propone: “Satán es Dios“, lo más probable es que esta información sea detenida y rechazada antes de ingresar a la memoria. Pero si esa frase llega en la niñez más temprana, no hay ningún inconveniente en que así quede sellada, como instrucción válida y acreditada.

E incluso en los adultos, la repetición funciona. Hay una enorme variedad de técnicas; desde un simple anuncio de pared, hasta una campaña en todos los medios de comunicación de masas. Desde sus inicios en la antigüedad, la publicidad ha evolucionado hasta convertirse en una colosal industria. Tan solo en Estados Unidos, a finales de la década pasada, se invirtieron en un año unos 120 000 millones de dólares.

Se calcula que un comercial de un minuto cuesta cerca de 50 mil dólares. Es tan detallada la elaboración de los comerciales, que se gastan cerca de un centenar de millones de dólares, solo en los actores. Uno de 30 segundos puede llevar semanas para grabarlo, sin tomar en cuenta el intenso trabajo de laboratorio y efectos especiales.

Tal como en los tratados evolucionistas, se fotografía y dibuja una y otra vez hasta que salga lo que se pretende, analizando cada mínimo detalle. Tanto dinero en juego, demuestra la efectividad comprobada del método de la Persuasión: una forma de influir en las personas mediante técnicas repetitivas, para prevalecer sobre la capacidad de análisis posterior.

La teoría evolutiva subsiste gracias a una descomunal publicidad, incremental con el paso del tiempo; muchas veces con mentiras que han sido descubiertas, luego incluso de varias décadas. Su modalidad promocional es la institucional, cuyo único objetivo consiste en crear prestigio y fomentar el respeto de determinadas teorías y enseñanzas.

Sé que se alegará lo mismo con respecto a la Biblia; pero esta no resulta en un mensaje subliminal ni una repetición de cómo las especies fueron ‘mutando‘ de unas a otras. A diferencia de la teoría de la evolución, que desde Darwin hasta la actualidad ha cambiado sus planteamientos constantemente, por plástica adaptación, según las evidencias que han ido trascendiendo a través de la Ciencia, las Sagradas Escrituras constituyen un tratado de historia que ha permanecido inmutable en el tiempo, sobreviviendo y fortificándose en los propios descubrimientos científicos.

Narra, desde la ‘Creación‘ de la humanidad, hasta la etapa del apostolado de los discípulos de Cristo, y, por supuesto, presenta algunas profecías sobre el final material del planeta, dando paso a una vida espiritual, sin carne alguna.

El mejor ejemplo de la presencia de Dios en la creación del hombre, lo ha constituido el descubrimiento del ADN: un lenguaje codificado que garantiza la existencia del codificador INTELIGENTE que antecedió al ser humano. Y ya que la evolución ha sabido usar el método de la repetición de un cuento, durante casi siglo y medio, espero que los defensores evolucionistas no se escandalicen si yo continúo repitiendo las evidencias de diseño e inteligencia que patentiza la misma Ciencia a la que se acogen para intentar acreditar lo que a todas luces constituye un burdo descrédito.

Ya en un artículo anterior, se planteó la admirable programación del sistema autoinmune. Su etapa final es la reparación tisular; según el área, se reparan o no las células, pero siempre está programada una enmienda. Si ocurre algo que altere el equilibrio celular, se desata un sistema de señales programadas en su propio ADN/ARN, que decide si ese daño es reversible o no. Si es irreversible, se produce la muerte de la célula afectada, bien por apoptosis o por necrosis, según se decida en dicho programa.

Si no lo es, el propio sistema decide la reparación tisular entre dos opciones pre-definidas y muy bien organizadas, no casuísticas. En la primera: ‘Regeneración’, las células se dividen en tres grupos, según su capacidad regenerativa y su relación con el ciclo celular. Si hay reemplazo, este es por proliferación de células de la misma estirpe; la reconstrucción de un tejido desaparecido  por causas fisiológicas o patológicas, es entonces casi perfecta.

La segunda opción es la ‘Cicatrización’, y consiste en la sustitución del tejido desaparecido, por tejido conjuntivo producido por células distintas a las del tejido original. Las distintas órdenes aquí se hacen más evidentes, pues todo ocurre por etapas bien definidas:

1- HEMOSTASIA: Permite que la sangre circule libremente por los vasos, y cuando una de estas estructuras es dañada, aprueba la formación de coágulos para detener la hemorragia, reparando el daño posteriormente y disolviendo dicho coágulo. Las plaquetas taponan los vasos rotos, liberando citoquinas, por infiltración celular.

2-INFLAMACION: Ocurre por la acción de los Neutrófilos enviados, los principales actores de este proceso, aunque también se mandan al sitio monocitos y otros linfocitos.

3-REMODELACIÓN: Se producen cambios de coloración y textura, debido a un balance entre la síntesis y la lisis del colágeno.

4-PROLIFERACIÓN: Se manifiesta por fenómenos de neovascularización y angiogénesis; procesos en los que se forman nuevos vasos sanguíneos a partir de un lecho vascular preexistente. Se repiten la proliferación y la migración celular, creciendo la producción y el depósito de colágeno por parte de los fibroblastos, cerrando el proceso.

Resulta evidente la alta complejidad de esta actividad de reparación tisular; tanto, que niega el desarrollo casuístico que predica la abstracta ‘selección natural‘, carente de inteligencia. La minúscula célula actúa como un perfecto hospital; los biólogos evolutivos ganarían mucha más credibilidad si se pusieran a la altura de las expectativas de la entidad que dio origen a toda estas secuencias preconcebidas y diseñadas antes de que se manifestaran los problemas.

La Ciencia lleva muchos años investigando el ADN; con frecuencia aparecen datos diferentes y se concluyen nuevas y desconocidas actividades del cuerpo humano, a nivel microscópico. Es decir, que el hombre de ciencias camina siempre detrás de una señal ya establecida en la Creación; se empapa de conocimientos sobre un diseño que ya existe desde el mismo origen de la humanidad, y luego es capaz de presentar resultados.

La Naturaleza de Dios marca la pauta; los hombres siguen su estela. Si lo hacen en beneficio de sus congéneres, son bendecidos por el Todopoderoso y se dignifican ante Él, pues todo corazón altruista se enaltece ante el Señor.


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CITOCROMO ‘C’: GRAN ALIADO ANTI-EVOLUCIÓN.

abril 7, 2008


“… y confías en que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas,  instructor de los indoctos, maestro de niños, que tienes en la ley la forma de la ciencia y de la verdad. Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo?” (Romanos 2:19)

CANTATA CITOCROMÁTICA Y OTRAS SINFONÍAS.

Días atrás, leyendo sobre el citocromo, me maravillé de todo lo que este encierra en sí mismo, pese a su ínfimo tamaño. Esta proteína de color oscuro, desempeña una función vital en el transporte de la energía química, en todas las células vivas. Las células animales obtienen tal energía de los alimentos, mediante el proceso de la respiración, mientras las plantas la capturan de la luz solar, por razón de la fotosíntesis… y los indispensables citocromos intervienen en ambos procesos.

Estos, poseen un anillo nitrogenado llamado ‘porfirina‘ que contiene un átomo metálico (de hierro o cobre), que le da su característico color oscuro. Hay tres grandes tipos de citocromos: nominados como ‘A’, ‘B’ y ‘C’. Este último, resulta un componente de la cadena respiratoria mitocondrial de la mayoría de los eucariotas, situado en la membrana mitocondrial interna. Está codificado por el ADN nuclear y se sintetiza como un precursor que posee una presecuencia N-terminal de 61 aminoácidos. Parte de esta presecuencia es separada por una proteasa de la matriz, cuando el polipéptido se inserta en la membrana interna; así, el ‘citocromo C‘ queda embutido con la orientación adecuada.

Considerando a esta proteína como una parte constituyente vital de la célula, nos resulta imposible analizarla sin establecer una relación con esta, su reproducción, y la coordinada interacción metabólica que ocurre en su interior. Por ejemplo, examinemos la reproducción: ¿cuál es el nivel mínimo de información que necesita una célula para que sea capaz de reproducirse?  Y, ¿de dónde sale esa información?

Existen varios enfoques-respuestas para esta pregunta; probablemente el más válido lo ofrece el estudio del organismo unicelular más complejo: el eucarionte. Tal trabajo, proporciona estimados de varios centenares de millones de pedazos de información (100,000/1,000,000 nucleótidos). Otros insisten que un enfoque empírico reducionista sería más racional; es decir, lo que la célula necesita, como mínimo, para poder llevar a cabo la reproducción.

Las cifras dependen en gran medida del optimismo del autor en cuestión, pero, excepto en los casos de extrema ingenuidad, estas giran en torno a 100 proteínas con funciones específicas de duplicación, transcripción y traducción. Fabricar proteínas de forma reproducible requiere información compleja, que debería estar primeramente disponible en forma del ADN o ARN. Mas, como el contenido de información en el ADN o ARN se manifiesta fundamentalmente, en las proteínas producidas gracias a la relación entre ambos, los problemas son semejantes en cada caso.

Analicemos con atención las dificultades inherentes a la creación de la proteína citada unos párrafos antes: el ‘citocromo C‘. Constituye un ejemplo práctico, ya que está muy distribuida en la naturaleza, y es una de las mejor secuenciadas. Debido a que está presente en prácticamente todos los organismos, tendría que haber aparecido en los primeros procesos proteicos a nivel celular, desde los inicios de la actividad biológica en el planeta.

Este citocromo contiene una secuencia de alrededor de 110 aminoácidos, y todos los de más de 100, ya han podido ser procesados en los laboratorios de genética. Por lo tanto, con respecto a tal proteína, podemos tener una estimación razonable y sofisticada de lo que sería necesario para producir, a partir de ella, una molécula funcional. En cada punto de elaboración de los 110 aminoácidos, se puede determinar qué sustituciones son permitidas a lo largo del espectro total de las proteínas secuenciadas.

Por ejemplo, en la posición 93, el aminoácido presente puede ser Phe (Fenilalanina), Met (Metionina), Ile (Isoleucina), o Leu (Leucina). Cada una de estas variaciones generan una proteína ‘citocromo C’, totalmente operativa; así que se puede afirmar que, del uso de cualquiera de estos cuatro aminoácidos en la posición 93, puede resultar una proteína que responda a todas las expectativas sobre ella.

Un cálculo semejante de las posibles variantes para cada posición de los aminoácidos nos puede ofrecer una probabilidad mínima, muy útil, de obtener un citocromo C, debido a mutaciones de aminoácidos. Cálculos cuidadosos hechos por Hubert Yockey (1992) aclaran que una molécula de citocromo C funcional podría ser obtenida en 2 x 1075 tentativas, en caso de que todos los aminoácidos presentes estuviesen en cantidades equimolares y no hubiese moléculas competidoras o esteroisómeros.

Si por otra parte, se aceptan los optimistas cálculos de Sagan, de 1044 aminoácidos presentes en su sopa primitiva, y si pudiéramos simultáneamente añadir un nuevo aminoácido a cada una de las 1044 cadenas en formación, cada segundo, hasta el primer error, se necesitarían 1023 años para tener una probabilidad de 95% de lograr una molécula funcional de citocromo C en este sistema. Haciéndolo de alguna forma evidente: 100000000000000000000000 años. O sea, diez trillones de veces más que la edad que es generalmente aceptada para el universo.

El citocromo C, es una molécula muy liberal comparada con, digamos la proteína histona A3, muy invariable y que presenta solo 3 aminoácidos diferentes entre la genética del guisante de jardín y la del hombre. Para producir una única proteína histona correcta en este mismo sistema, serían necesarios casi 1060 años, con un 95% de probabilidades de efectividad teórica.

Y esto, considerando que solo se formaran enlaces alfa, (los beta péptidos no son procesados en la célula como péptidos naturales) y que no hubiera aminoácidos no-proteínicos competitivos, en un sistema donde tales tentativas pudieran ser ejecutadas. Suponiendo en ambos casos el sistema idóneo para los orígenes, vemos que en realidad no es factible en el espacio tiempo dado; es imposible realizar la síntesis de proteínas en base a ácidos nucleicos, conteniendo información relevante, en el tiempo considerado, pues sería necesario mucho más.

Se ha analizado todo cuidadosamente, para tratar de hallar una solución al dilema del origen de la vida. Aunque se expandieran los cálculos de probabilidades con todas las substituciones funcionales posibles, para una proteína que resulta bien conocida, se aprecia que su obtención espontánea es prácticamente irreal, aún en las condiciones más optimistas. ¿Cómo entonces asegurar que se pueda producir no solo una célula viva, sino los muchos millones que son necesarias, si ni siquiera se logra originar una proteína funcional en los tiempos eónicos propuestos por la Ciencia?

La teoría de la evolución de las especies, a la sombra de una inconcebible selección natural, resulta incapaz de dar respuesta al origen de la primera proteína imprescindible para la formación celular, y se contradice a sí misma en el análisis de base, cuando se calcula el tiempo necesario para la generación de la vida biológica en el planeta. Los argumentos que la nutren resultan insostenibles ante el análisis, pues los cálculos dictan que las reacciones químicas ineludibles, son imposibles de obtener en la práctica.

Lo verdaderamente congruente, es pensar que todo lo existente es un objeto de diseño, cálculo y construcción; una vida pensada por una inteligencia infinitamente superior a la humana, cuya sabiduría, por mucho que ha avanzado, se ha demostrado incapaz de dar respuestas razonables a la lógica necesidad del ‘saber‘, manifiesta desde los ‘¿Y por qué?’ de todo niño, mucho antes de llegar a la edad adulta.

Hurgar en los orígenes, desenterrando tumbas y haciendo disertaciones filosóficas sobre lo que nadie experimentó, no lleva a la humanidad en ninguna dirección; no resulta una actividad constructiva, sino más bien una desafortunada pérdida de tiempo, recursos y conocimientos, que bien pudieran emplearse en el desarrollo de un futuro que mejore las condiciones de vida, la salud y la necesaria alimentación del hombre.

Lo que necesitamos saber de nuestro pasado, ya está escrito por el Creador de todo. Lo verdaderamente importante es mirar hacia adelante con los ojos del Espíritu; hacia el paso siguiente a esta limitada vida material en la que alimentamos carne. Meditemos en la real posibilidad de una vida eterna en otra dimensión, inconcebible para todos aquellos que no son capaces de ver lo invisible, aunque su existencia resulte evidente en el mismo entorno en el que nos desplazamos durante nuestro tránsito terrenal:

“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios…” (Romanos 1:19)

La vida, la muerte, y el principio y final de los tiempos, encierran más enigmas de los que la Ciencia puede alcanzar a descifrar, pues ese conocimiento está limitado al Creador Todopoderoso; todos los esfuerzos científicos deben ser dirigidos hacia el altruismo y la conquista de aquello que conduzca al género humano a un mundo más justo, equipartido y honesto. Todo lo que indique avance, dignifica ante el Señor; de la misma forma que todo lo que sea poner en dudas su Palabra, devendrá en resultados negativos personales, en el inexorable momento final al que cada ser humano deberá enfrentarse.


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EVOLUCIÓN: ABIOGÉNESIS A POR SUS FUEROS

abril 5, 2008

“Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas sobre cosas vanas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia, la cual profesando algunos, se desviaron de la fe. La gracia sea contigo. Amén” (1ª Timoteo 6:20)

LAS NEBULOSAS DE CHARLES Y ASOCIADOS

El antiguo concepto de abiogénesis o autogénesis, en Biología, sostenía que podía surgir vida animal y vegetal de forma espontánea, a partir de materia inerte; este indicaba que germinaban gusanos del fango, moscas de la carne podrida, cochinillas de los lugares húmedos, etc. Así, la idea de que la vida se reciclaba continuamente en la Tierra a partir de restos de materia orgánica, se denominó generación espontánea.

En la segunda mitad del siglo XIX, los ensayos de Luis Pasteur probaron definitivamente que los microbios no se originaban al azar. Gracias a él, aquella absurda idea debió ser desterrada del pensamiento científico, y a partir de entonces se aceptó de forma general el principio que sentenciaba que todo ser vivo procede de otro ser vivo.

Pero, ante la insistencia atea de no reconocer el origen de la vida tal como se plantea en las Escrituras, los mismos seguidores de la antigua corriente se reincorporan al camino, aspirando dar respuestas coherentes al umbral de la existencia, con el concepto de que en un momento indeterminado, eones de tiempo atrás, la materia no orgánica generó la primera célula viva. O sea, en lugar de recapitular, dan un inmenso salto hacia delante, respondiendo ‘sus’ incógnitas, con más absurdos.

¿En qué se fundamentan? Pues de nuevo en la generación espontánea; es decir, más de lo mismo, pero aplicando la seudo ciencia para convencer que ‘esta vez sí tienen la razón.’ Mas es muy difícil visualizar las cosas inertes, ultrapasando la frontera hacia lo vivo, sin aportar ideas congruentes, porque, ¿qué funda una célula viva? ¿Que criterios deben ser cumplidos?

El propósito de todo método científico es relacionar el efecto (observación) con la causa, al tratar de reproducir el efecto, recreando las condiciones bajo las cuales este ocurrió. Cuanto más complejo es el fenómeno, mayor es la dificultad que la ciencia tiene para investigarlo, y en el caso de la investigación del origen de la vida, se topa con dos trabas: las condiciones en que ocurrió son desconocidas y se ignora la esencia original.

Pero, ¿qué es la vida? Las células son los elementos más simples de todos los seres vivos; aun los procariontes, los más elementales. ¿Han podido demostrar que una sola bacteria ha surgido de la nada? Decididamente: No. Aun así, no solo obvian esta falta de evidencia, sino que además dicen que esta bacteria, sin núcleo,  citoesqueleto, y muchos otros organelos imprescindibles, se fue abasteciendo de todo ello por sí misma, sin ayuda externa, llegándose a convertir en un organismo complejo. ¿Han aportado alguna prueba de esto? Decididamente: No, pero siguen adelante con sus elucubraciones, como si en Ciencia no fueran necesarias las evidencias.

Todos los organismos complejos se componen de células, cada una integrada por un microcosmos de entidades que la convierten en un ínfimo mundo funcional. Células únicas de vida libre, como la ameba y otros protozoarios, deben desempeñar todas las funciones necesarias para la vida, igual que individuos más complejos. Una célula posee sistema digestivo, reproductor, respiratorio, nervioso, esquelético, excretor, muscular, etc., muy minúsculo e interconectado para haber surgido por azar.

El análisis se complica si se piensa que toda célula viva ostenta características en común, consideradas fundamentales: el código primario rico en informaciones de ADN, la enzima ADN polimerasa necesaria para la reproducción de dicho código, ARN intermediarios y ARN polimerasa requerido para transcribir las precisas instrucciones metabólicas que aparecen enigmática e inexplicablemente ‘codificadas‘ en la molécula de Ácido desoxirribonucleico (ADN). El hecho concluyente de que todo elemento celular tiene garantizada su necesidad de energía de una forma u otra constituye una evidencia de diseño, no de sucesos casuísticos.

Añadamos ahora el mecanismo de síntesis de proteínas contenido en los ribosomas, los ARN transportadores y las enzimas precisas para ligar a cada uno de los aminoácidos respectivos, más la membrana celular y las vías metabólicas fundamentales para generar los materiales necesarios en las reacciones mencionadas anteriormente, implicando en ellas a cientos de fermentos participantes, de forma organizada y muy bien calculada.

Asombrosamente, una vez más, sin ninguna prueba confirmatoria, vuelven a asegurar que toda esa complejidad también sucedió por sí misma, por azar de la Naturaleza y por una selección natural controladora, que nadie ha evidenciado con referencias comprobatorias. Dicen que de la materia inorgánica surgió la orgánica, y que esta fue adquiriendo complejidad gracias a su sabiduría infinita, durante miles de millones de años, hasta el momento actual. Esa es la sopa que se da a beber en las escuelas, desde hace casi dos siglos.

Los autores de esta nueva teoría abiogénica, señalaron cuatro componentes esenciales para el origen de la vida:

1. Una atmósfera llena de moléculas gaseosas reducidas y una fuente de energía para convertir esas moléculas en precursores biológicos necesarios para la subsistencia.

2. Un océano saturado de pequeñas moléculas biológicas resultantes del punto anterior.

3. Un mecanismo que genera, a partir de este mar molecular, polímeros ricos en información, necesarios para una célula viva (ADN, ARN y proteínas)

4. Interiorizar, confiada y absolutamente, que si el paso número tres es implementado, dará como resultado, inevitablemente, la sublime formación de una célula viva.

La primera condición impone un aspecto químico. Los primeros estudios serios al respecto, datan de 1920, cuando J.B.S. Haldane y A.I. Oparin sugirieron que la vida se originó espontáneamente a partir de la materia inerte existente en la superficie terrestre en un pasado remoto, y describieron un escenario para esa ocurrencia: una química oscura, pero ampliamente aceptada entre aquellos que procuraban establecer un origen naturalista para la vida en la tierra.

Años después, en el 1953 Stanley Miller hizo sus experimentos basado en el ambiente de Oparin (CH3, NH4, H2O, y H2), y logró varios compuestos simples, incluyendo algún aminoácido, así como una cantidad de alquitrán. Miller y Urey propusieron que la luz ultravioleta y descargas eléctricas, produjeron pequeñas moléculas biológicas precursoras en la “tierra primitiva”, luego depositadas en los océanos por el ciclo hidrológico.

Más tarde, Carl Sagan propuso que la tierra primitiva estaba sometida a un flujo de rayos UV 100 veces más fuerte que los de hoy día, y que el H2S proveniente del vulcanismo fue un agente catalizador. En el inicio de la decada de los 70, Bar-Nun demostró que las ondas de choque de alta velocidad resultaban 10,000 veces más eficientes que los otros métodos, convirtiendo la atmósfera gaseosa reductora de Oparin en pequeñas moléculas, formando cuatro aminoácidos.

Actualmente, algo más de una decena de aminoácidos puede ser producida bajo condiciones de la atmósfera reductora que se ‘cree‘ existió en la tierra primitiva. Pero, como también se generan aminoácidos no proteicos, estos competirían con los veinte aminoácidos de síntesis, en cualquier hipotética reacción abiogénica, afectando la teoría.

Oparin reconoció la necesidad de excluir oxígeno o algunos otros compuestos oxidativos de la mezcla. Esto fue muy conveniente, debido a que tal mezcla probó ser capaz de generar una variedad de pequeñas moléculas de interés biológico.

Pero hubo oxígeno; Philip Abelson (1966) y J. W. Schopf (1972) concluyeron que no hay evidencias de una atmósfera inicial de metano-amonio, y desde el vuelo del Apollo 16, se supo que la fotodisociación del agua en la atmósfera superior, por inducción, es una de las fuentes mayores de oxígeno libre atmosférico, así que este se debió generar en un promedio alto en la tierra, sin la presencia de un escudo de ozono (hecho por oxígeno) para bloquear la intensa luz UV del sol. Un análisis de las rocas ‘consideradas‘ del Precámbrico parece indicar la presencia de oxígeno libre, a niveles similares de los hoy día (Walker, 1977), y que la tierra no tuvo la atmósfera reductora que apoye a estas tesis.

Por otra parte, queda la incógnita del surgimiento de biopolímeros ricos en información que provocarían la necesaria síntesis de macromoléculas imprescindibles para el desarrollo de una pre-célula. La síntesis de proteínas y ácidos nucleicos a partir de pequeñas moléculas precursoras, en el hipotético océano biótico, representa uno de los desafíos más difíciles del modelo de la evolución, ya que el agua no favorece la formación de enlaces peptídicos, sino que es su ausencia lo que beneficia la reacción.

Sidney Fox reconoció el problema y comenzó a elaborar una alternativa mediante la que logró crear una especie de sustancia polimerosa. El material polimerizado se vació en una solución acuosa, resultando en la formación de algo que llamó ‘proteinoides‘, que consideró como células. Reclamó casi todas las propiedades imaginables para su producto, incluyendo que él había alcanzado la transición de la macromolécula hacia la célula.

Fue aun más lejos, intentando  demostrar que un pedazo de roca de lava pudiera sustituir un tubo de ensayo en la síntesis de proteínas y afirmó que el proceso ocurrió en la tierra primitiva en los alrededores de los volcanes. Sin embargo sus críticos y sus propios alumnos desnudaron su credibilidad:

Se demostró que los proteinoides no son proteínas, pues contienen muchos enlaces no peptídicos y otros cruzados que no son naturales. Los enlaces peptídicos son del tipo beta, mientras que todos los enlaces peptídicos biológicos son del tipo alpha. Los materiales con los que inició el experimento fueron aminoácidos purificados, que no tenían semejanza con los materiales disueltos en la “sopa orgánica“.

Si alguien tuviera que hacer el experimento con la sopa pre-biótica, el único producto sería alquitrán. El porcentaje de 50% ácido aspártico y ácido glutamico necesario para estos experimentos no tienen semejanza al porcentaje muchísimo mayor de glicina y alanina hallados en los experimentos de síntesis de la tierra primitiva, y tampoco hubo contenido de información genética.

Todas las alegaciones expuestas por Fox fallaron en pasar las pruebas cuando fueron examinadas cuidadosamente. Aunque sus resultados iniciales parecieron coincidir mucho con su teoría, la realidad resultó catastrófica para las esperanzas de los paleontólogos, geólogos y bioquímicos involucrados en una creación casuística y natural.

También se propuso el uso de arcillas, pues en este ambiente los grupos de aminoácidos tienden a ordenarse, y se han logrado producir polímeros a partir de muchos aminoácidos. Pero, aunque estos estudios han generado el interés de los evolucionistas prebióticos, su relevancia ha sido sofocada, entre otras cosas, porque las arcillas muestran preferencia por aminoácidos básicos.

Para obtener resultados y que ocurra la polimerización, deben ser usados aminoácidos puros y activados, ligados a adenina, sin embargo, los aminoácidos adenilados no son el material flotante más común en el océano prebiótico. Si se usan aminoácidos libres, no ocurre la polimerización adecuada, pues los polímetros resultantes son en su mayoría tridimensionales y no lineales, como suelen ser los biopolímeros.

Recientemente fue abierto un capítulo final con el descubrimiento de las moléculas de ARN auto catalítico. Fueron recibidas con gran gozo por los evolucionistas, porque daban esperanza de disminuir la necesidad de fabricar proteínas en la primera célula; les llamaron “ribozimas“, pero sin embargo, estas probaron ser incapaces de responder a la expectativa, debido a dos factores:

– Aunque una ribosa puede ser producida bajo condiciones prebióticas simuladas, resulta un azúcar raro en los polímeros de formaldehído (mecanismo pre-biótico que se acredita dan origen a los azúcares). Además de la presencia de nitrógeno, los aminoácidos de la mezcla de reacción podrían prevenir la síntesis de azucares (Shapiro, 1988).

– Ninguna de las 5 bases presentes en DNA/RNA son producidas durante la oligomerización HCN (ácido cianhídrico) en soluciones diluidas (el mecanismo pre-biótico que se cree que dio origen a las bases nucleotídicas). Además de los problemas de síntesis de los precursores y de las reacciones de polimerización, todo el bosquejo depende de sintetizar una molécula de RNA capaz de hacer una copia de sí misma, pues la molécula debe también realizar alguna función vital para iniciar la fuerza de la vida; pero tal hazaña, no ha podido verse manifiesta.

Todo ese “Mundo RNA” perdura en calidad de ficción; no ofrece pistas de cómo llegar desde el esbozo del mecanismo convencional de las proteínas de ADN-ARN de todas las células vivas. Por otra parte, el que algunos científicos decidan exhibir tal entusiasmo por este esquema, revela la poca fe que tienen en los otros escenarios del origen de la vida discutidos anteriormente.

En todos los estudios experimentales sobre los inicios biológicos, la presencia del investigador condiciona siempre  la dirección y conclusión del experimento en el sentido de sus propósitos. Cuando este se propone lograr un objetivo (por ej., en la síntesis de los precursores o la polimerización de los precursores), elabora un sistema ‘previsto‘, que tenga alguna posibilidad de alcanzar la meta deseada. Se escogen las condiciones en las cuales los materiales resulten apropiados para una hipotética tierra prebiótica, de modo que lo obtenido quede envuelto en el aire de credibilidad necesario, aunque sea conseguido desde la manipulación inteligente, no desde el caos de las reacciones implícitas en los laboratorios.

Los cálculos son cuidadosamente manipulados una y otra vez, hasta lograr la meta propuesta; así, el lector da por hechas las situaciones contadas, que no tendrían probabilidad de ocurrir ni habrían sido posibles en el entorno natural del principio de la Creación. Por ejemplo, cuando Fox realizó sus experimentos para producir proteinoides a partir de aminoácidos, usando roca de lava en lugar de tubos de ensayo, guió su trabajo para dar la impresión de que este era un modelo idóneo para la tierra prebiótica. Creó una gran expectativa entre quienes le creyeron, mas sus resultados, como ya se ha sabido, constituyeron un fiasco más en las esperanzas evolucionistas.

Si el análisis científico cuidadoso nos lleva a concluir que los muchos mecanismos propuestos del ‘origen espontáneo‘ no han logrado producir ni una sola célula viva, la hipótesis alternativa de la Creación inteligente se torna más atrayente; los métodos de la ciencia no han logrado responder de forma concluyente, ni en un solo ejemplo plausible, a la pregunta del origen de la existencia del rico mundo biológico que aparece ante nuestros ojos.

Sagan y M. J. Newman fueron diáfanos al declarar que “la ausencia de la evidencia es la evidencia de la ausencia.”: Más transparente ni el agua cristalina; se ha estafado a la humanidad durante mucho tiempo y es hora de que alguien con raciocinio dé la señal de Stop… al menos hasta que la verdadera Ciencia, esa gran confirmadora y única homologadora, esté en condiciones de ofrecer una prueba definitiva.


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