LOS 3 REINOS DE GLORIA

enero 18, 2012

Enero 18/2012

En el mundo, menos de la tercera parte de la población mundial, menos de dos mil millones de seres humanos, confiesan a Cristo. Y esa porción aun se divide más en cientos de confesiones cristianas distintas; sin embargo, todos dicen que son la iglesia verdadera. Eso nos lleva a dos interrogantes:

1- ¿Cuál es en realidad la iglesia verdadera?
2- ¿Por qué se han separado y distanciado tanto unas de otras?

La 1ª cuestión se zanja rápido: La auténtica da fidelidad absoluta a las ordenanzas, instrucciones y consejos de Jesús de Nazaret. Y quisiera repetirlo: funde, clava, y suelda cada palabra de Cristo en el corazón de cada feligrés. Si se hace así, si ante cada acto uno se pregunta ‘¿Cómo actuaría Jesús en esta situación?’, el corazón dará siempre la respuesta adecuada. Cada iglesia que fije este concepto en cada uno de sus miembros, podrá decir al menos que no es infiel al Señor. Ese es el principio de la fe.

La 2ª cuestión, el por qué de tanta división, está atada al concepto anterior, pues se divide al fallar la obediencia a la Palabra original, por el afán de gloria de hombres contra la que siempre alertó Jesucristo. El poder jerárquico, como aberrado semen del antiCristo, fecunda a la iglesia con tres fetos ominosos: egolatría, soberbia, y vanidad; tres eslabones inseparables que darán vida a la cadena que enyugará a todo embarazado, desde su propio cuello, hasta el grillete del diablo.

La Palabra de Dios es siempre la misma; son los hombres quienes la alteran según su propia excusa. Y tal justificación humana, a conveniencia, crea las corrientes separatistas del río de Dios, desmembrándolo y debilitando la eficacia del Evangelio.

Llegados a aquí, el Señor lanza la primera reprimenda:

Sed unos; y si no sois unos no sois míos.”

Hay iglesias que no creen en el Espíritu Santo, aunque sus propias Biblias testifican de Él. Y hay iglesias que llaman ‘padres’ a sus pastores, yendo contra el mismo Jesús:

Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos.” [Mat 23:9]

También hay iglesias que almacenan joyas, obras de artes y patrimonio inmobiliario, y que además accionan en bancos mundanos, pese a otra instrucción del Señor:

No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. [Mat 6:19-21]

Hay iglesias, de distintas confesiones, donde los pastores se afanan tanto en el dinero que olvidan Su ordenanza prioritaria, dada en Mar 16:15:

Y les dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura“.

Jesús nos legó un manual de Instrucciones perfecto para que lo siguiéramos tal cual, pues Él mismo era el Espíritu de la letra, por orden del propio Dios. Así que no hay necesidad de enmiendas, sino de la Restauración del Evangelio original. Sin embargo, muchos no dudan en alterar la letra de origen divino, mediante teología corruptible.

Ahora bien, sobre el Plan de Redención de Cristo, Él mismo dice:

Mediante la redención en la Cruz del Calvario, ejecutada a favor del género humano, se lleva a cabo la resurrección de los muertos. Y la unión del espíritu y el cuerpo es lo que da lugar al alma humana.”

Así, la resurrección de los muertos es Plan de Dios: cada alma redimida ocupará el sitio que le corresponda en los distintos reinos de gloria diseñados desde el inicio de los tiempos. Por eso Él dice, en Mat. 16:27:

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según sus obras.”

O sea, según nuestras obras, ocuparemos un reino. ¿Y cuántos reinos serán? Pablo lo aclara algo en 2 Co 12:2-4 :

 Conozco a un hombre en Cristo,  que hace catorce años  (si en el cuerpo,  no lo sé;  si fuera del cuerpo,  no lo sé;  Dios lo sabe)  fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables, que al hombre no le es lícito expresar.

Ese ‘3er cielo’ es la clave: representa al Paraíso, uno de los Reinos de Gloria  al que podrán acceder solo quienes se hayan purificado para vivir en la presencia del propio Dios. Pero si hay un 3º, entonces también hay un 2º y un 1º.  ¡Tres Reinos! ¡Los ‘cielos‘ de los que tanto habló Jesucristo (“el reino de los cielos”). Cada uno con su propia y legítima ley:

En otro artículo se describirá mejor esto de “el reino de los cielos”, los 3 cielos, de los cuales el Paraíso es el de menor nivel de gloria. ¡Imaginen la gloria de los otros dos! En general, la porción de gloria recibida dependerá del juicio final. Por eso es que Jesús dice en Apo 2:23:

“Y a sus hijos heriré de muerte, y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña la mente y el corazón; y os daré a cada uno según vuestras obras.”

Especificado luego en Apo 20:13:

“Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras.”

Esos serán los 3 Reinos de Gloria Celestial, los 3 cielos, según nivel espiritual. El Celestial es el reino de la pureza; pero habrá dos más, que aunque serán de gloria, no serán celestiales. Veamoslo uno a uno:

CELESTIAL: Este reino tiene 3 subniveles: el Paraíso al que fue llevado Pablo (3er reino), es el de menor gloria de los tres. Son los que recibieron el testimonio de Jesús, creyeron en su nombre, y fueron bautizados según lo fue el mismo Hijo de Dios, guardando luego sus mandamientos con fidelidad; las espigas que dieron 30, 60, y 100 granos por semilla (Mat 13:3-8).

Son quienes vencen por FE y son sellados por el Santo Espíritu de la promesa, que el Padre derrama sobre los justos y fieles. Serán sacerdotes según el orden de Melquisedec, con sus familias; hijos de Dios hallados aptos para habitar aquí, vivirán su inmortalidad junto al Padre y al Hijo por toda la eternidad… porque cumpliendo con la ley celestial establecida, reciben la Plenitud de la promesa. Según su gloria podrán tener el mismo cuerpo de carne y huesos que Cristo tuvo en su resurrección, declarado en Luc 24:39:

“Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad y ved,  porque un espíritu no tiene carne y huesos como yo tengo.”

Y quienes no puedan ser santificados por esta ley celestial, que es de Cristo, deberán heredar otro reino. Quien en su juicio final no haya sido hallado obediente a la ley celestial, no podrá soportar la gloria celestial y por tanto, deberá ocupar un 2º reino, con menos nivel de gloria, que es el siguiente:

TERRESTRE: A este reino irán aquellos cristianos que no fueron valientes en predicar el testimonio de Jesús. También los que murieron sin Ley, y los espíritus que al morir contra la Ley, fueron encerrados en prisiones espirituales, a quienes el Hijo visitó y predicó el Evangelio; los que no recibieron el legado de Jesús en la carne, pero luego lo aceptaron estando muertos y al final, hallado aptos para vivir en este reino. Más las personas honorables de la Tierra, que se dejan cegar por las artimañas mundanas. Al final reciben una porción de la Gloria de Cristo, su presencia, pero no de la Plenitud del Padre, a quien no verán jamás, pues quien no haya obedecido la ley celestial no puede soportar Su gloria, y deberá someterse a este 2º reino.

De la misma forma, quien no sea considerado obediente a la ley del reino terrestre, no podrá resistir la gloria establecida para ese sitio y no tendrá cabida en él. Entonces, el único sitio que quedará disponible será  el 3º y último reino de gloria:

TELESTIAL: Son los que no aceptaron el Evangelio de Cristo, pero no negaron ni blasfemaron contra el Espíritu Santo. Son las personas que, habiendo muerto en pecado van al infierno, y no serán redimidos de satanás sino hasta la última resurrección, cuando el Señor Jesucristo haya cumplido su obra y comience el juicio. Son aquellos que, habiendo padecido tormento, durante un tiempo que les parecerá eterno, finalmente doblarán su rodilla y confesarán reconocer en Jesús al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Serán considerados aptos para habitar este 3er y último sitio de Gloria… pero no en la presencia de Dios ni del Señor Jesús, sino que recibirán una porción de gloria en el espíritu, bajo el gobierno del Espíritu Santo. Serán escogidos entre aquellos que pagan con mucho dolor sus pecados en la carne: fornicarios y lascivos en general (adúlteros y homosexuales), mentirosos, hechiceros, vanidosos, inmisericordiosos, vengativos, usureros, etc. Los pederastas y asesinos lo tendrán muy difícil para evitar ir a los abismos del infierno, junto a satanás y sus ángeles. En realidad, muchos deberán oír su sentencia condenatoria eterna: punición en el 4º reino. Solo Jesús decidirá quienes tendrán que sufrir eternamente en ese lugar de desesperación y dolor.

El reino Telestial será el más habitado; serán como granos de arena en las playas. Y todos habrán doblado su rodilla ante Jesús para lograr entrar. En general, toda la humanidad será vivificada en su tiempo de juicio; allí se asignará a cada cual el lugar que le pertenezca según los actos realizados durante su vida en la carne. Y muchos de ellos, al no poder heredar un reino de gloria por no haber obedecido las leyes que conducen a estos reinos, deberán heredar otro sitio en un reino que no es de gloria.

Ya que no quisieron ajustarse a la ley de la gloria, deberán ser sometidos a la ley no de gloria, la del reino de satanás. Por no haber aceptado la promesa de Jesús, serán entonces esclavos de aquel por quien sí decidieron optar. 

Todas estas cosas sucederán, pero pertenecen a un futuro indefinido que solo Dios sabe a qué tiempo corresponden. La cuestión es: ¿Estaremos vivos cuando Jesús regrese a juzgar?

No lo sabemos, pero sí que somos vulnerables y que algún día esta carne morirá. Cualquiera puede ser llamado dentro de un rato, mañana, el mes que viene o un año próximo o lejano. Así, hablemos de presente: hasta que Jesús venga a establecer el Plan de Dios, solo hay dos reinos: el Paraíso e Infierno, explicados muy bien en la parábola del rico sin nombre y Lázaro, el mendigo, en Luc 16: 19-31.

El Paraíso es un sitio de perfección donde, por ley de Dios, no habitará corrupción; de modo que el cristiano que muera en algún pecado deberá esperar donde quepa la impureza. Y ya que no supo someterse a las condiciones de la Promesa, deberá hacerlo a aquel que logró encadenarles a la antipromesa. Y eso será hasta que Cristo torne y asigne en juicio el reino que corresponda según considere. No habiendo pecados pequeños, sino el concepto general de desobediencia, a Jesús habrá que esperarle allí. Y, ¿de cuánto tiempo hablamos?

Pues la ortodoxia judía, basada en Sus Escrituras, recogidas con celo desde Moisés, dice que estamos en el 5772, o sea, a finales del sexto milenio. Y si Cristo viene en el séptimo milenio según 2Pe 3:8:

Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.”

Así, lo del “día del reposo del Señor’, el séptimo, que vendrá Jesús a establecer ese reposo definitivo, se correspondería al principio del 7º milenio. De modo que la humanidad probablemente tendrá que esperarle aun algo más de dos siglos… muchos bajo el tormento de satanás. ¡Es la realidad que enfrentamos!

Jesús prometió que todo el que le confesara sería salvo, pero no que inmediatamente. Hay casi 50 versículos de Él que advierten sobre la etapa de castigo. Ej Apo 3:19:

Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.”

Es la perspectiva que ninguna iglesia debate, pues a satanás le interesa una iglesia tolerante y autocomplaciente, sumida en su nirvana; adormecida como si le hubieran suministrado un opiáceo. Y así es en efecto, con los dardos del enemigo de Dios, cuyas puntas son previamente humedecidas en la miel de la gloria de hombres. Una iglesia autojustificada en la falsa ‘paz’ que reina hoy en la mente de muchos líderes cristianos que ignoran con premeditación que Jesús dijo en Luc 12:49-53:

Yo he venido a prender fuego en el mundo; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! Tengo que pasar por una terrible prueba, y ¡cómo sufro hasta que se lleve a cabo! ¿Creen ustedes que he venido a traer paz a la tierra? Les digo que no, sino división. Porque de hoy en adelante, cinco en una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres. El padre estará contra su hijo y el hijo contra su padre; la madre contra su hija y la hija contra su madre; la suegra contra su nuera y la nuera contra su suegra.”

Y en efecto, el mundo está ya ardiendo, pero la iglesia no quiere enterarse. ¡Chis!, no la despierten… no sea que a papá diablo le moleste y haga pupita.

¡Dios nos pille alineados en fidelidad a Cristo! Yo al menos lo intento; sí que lo intento. Me juego, nada más y nada menos, que un sitio en la eternidad. Y mi espíritu y mente solo buscan el de la Gloria Celestial; en los otros ni pienso.

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HOJAS CAÍDAS DEL ÁRBOL DE SABIDURÍA: EL TRIGO Y LA CIZAÑA.

enero 8, 2012

Enero 8/2012

“SED UNOS, Y SI NO SOIS UNOS, NO SOIS MÍOS”– dice el Señor.

Jesús aboga por la unión de sus iglesias, pero no puede haber unidad si falta la Luz de la Verdad, la Luz de Cristo y del Espíritu Santo; la emanada del manantial del propio Dios Todopoderoso. Esa Luz, que brilla con fulgor cegador, de la que doy testimonio por haberla vivido en mi carne, es la única que irradia los corazones y aclara el intelecto, vivificándolo según el poder del Padre Celestial, cuya potencia está en todas las cosas y da vida a todas las cosas, para que todas las cosas testimonien de Él.

¿Quién puede decir que no hay vida donde hay movimiento sin fuente acreditada? La Ciencia humana sabe cabalmente que al hombre le resulta imposible el movimiento perpetuo; sin embargo, este se manifiesta en millones de constelaciones del universo. El cosmos entero es una alabanza a quien vivifica la muerte y mata lo vivo, según la dispensación de los tiempos y el espacio; según Su sabia voluntad.

La Luz que anima todas las cosas, también rige todas las cosas a través de estatutos con vigencia eterna. Sí, el poder del Dios altísimo gobierna de eternidad en eternidad, cercenando las fronteras del tiempo y del espacio más allá del alcance del limitado conocimiento y capacidad de deducción del ser humano.

Y el que rige tanto lo comprensible como lo inescrutable, dice que si Él es uno y está en todas las cosas, todo pensamiento que le reconozca debe atarse a Sus preceptos y regirse por ellos o no será de Él; no pertenecerá a Él, sino a su opuesto, pues no hay terceras partes implicadas ni nadie exento de la lucha espiritual contra el infierno. O con Cristo, o contra Cristo; y eso se cumple y cumplirá en todos los estados del alma.

Si un mismo Espíritu funda todas las iglesias, ¿por qué se pretende asumir para sí el cartel de “Iglesia Verdadera”, mientras se viola línea sobre línea y precepto sobre precepto el único Evangelio válido? ¿Cómo es posible acreditarse como única iglesia santificada, violando al mismo tiempo órdenes explícitas del Creador de la iglesia?

“… vanidad son los hijos de los hombres, mentira los hijos de varón; pesándolos a todos igualmente en la balanza, serán menos que nada.”– dice el Señor Jesucristo.

He aquí una hoja caída del árbol del conocimiento del Edén de Dios; la explicación de la milenaria parábola de ‘El Trigo y la Cizaña’: El campo es el mundo, y los apóstoles los sembradores de la buena semilla. Al dormirse estos, el destructor, el antiCristo devorador de iglesias, irrumpe en ellas y siembra la cizaña. La ramera Babilonia de final apocalíptico ha logrado que todas las naciones beban de su cáliz; sin importar el nombre humano, esta habitante de la tierra, este nido deambulante de satanás vive en cada país y tiene muchos tronos. Una misma máscara cubre una única faz.

Al tener poder para reinar en la Tierra, en cada iglesia de cualquier denominación, satanás procura una porción de su reino, engañando con sutilezas de humanidad y falsa caridad, sembrando la cizaña en la tergiversación, humanizando lo sagrado, violando con gloria de hombre ordenanzas que vinieron de lo divino.

Así la cizaña quiere ahogar al trigo; hace huir la iglesia fiel, confinándola a soledad de desierto. Pero el trigo es el fruto que Dios recolectará, sea de una forma u otra, y más allá de los violadores de leyes, cada buena espiga será tomada y llevada por ángeles recolectores a los almacenes celestiales, en cumplimiento del Plan de Redención. Y al final, la cizaña será recolectada para los propios hornos infernales donde nació.

Y esta es la cizaña: el ansia por el poder y las riquezas… la gloria humana. La cabeza eclesiástica ufanada durante siglos en acumular jerarquía y patrimonio: rango sobre realezas y sobre lo mundano, acopio de fortunas, inmuebles, arte iconográfico, pictórico, y joyas de todo tipo; millones y millones de euros nutriendo la avaricia, aunque el escudo de justificación sea la defensa al patrimonio cultural e histórico.

¿Acaso es la cultura lo que salvará al hombre? ¿No es la fidelidad a Cristo? ¿Acaso esos hábitos siguen las instrucciones precisas y claras de Jesús de Nazaret? ¡No! No es cultura ni riquezas lo que conduce a la Redención eterna, sino la obediencia por fe; el Señor fue muy claro respecto a esto, en Mat 6:19-21:

“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.”

¿A qué espíritu obedecen entonces? Al Espíritu Santo no, desde luego. Cada clérigo de toda denominación cristiana, con excesiva devoción por dinero o fama, niega al Señor; jugará con las cartas que el demonio desea que se juegue, no con las que Jesús legó, y deberá pagar un alto precio de castigo. Si se pierde en ellos, en lugar de fundarse en los pilares que demanda el Cristo, cae en rebeldía. Si se pretende seguir tras Su Cruz, debe buscarse la gloria de la difusión del Evangelio, y la constante amonestación contra el pecado, que guía a la aflicción del espíritu, al perdón y la salvación eterna. No debe tomarse a la ligera la gracia dada en el calvario del Gólgota.

Quien procura su propia salvación, debe olvidarla si atenta contra muchas órdenes de Cristo respecto al dinero y la jerarquía. Siendo específico: hay 14 versículos que instruyen sobre el comportamiento respecto al poder, y otros 14 respecto al dinero; o sea, número perfecto: cuatro veces siete, advirtiendo sobre la importancia de obedecer. Solo tienen que buscarlos como yo lo he hecho por mandato del Señor.

Y no se niega la labor de iglesias a favor del hambriento, sino que se dice que hacer las cosas según lógica humana, es negar a Jesús, quien no vino a perder el tiempo, sino a que se le escuchara. Lo que se señala es que, al violar la ley de las riquezas, en esos tesoros donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan’, se niega esperanza a otros millones de seres marginados por la sociedad, que podrían tener más apoyo financiero para sembrar alimentos, comprar ganado, buscar agua en los sitios donde se vive en su carencia… Regalar más esperanza y apoyar más Esperanza, dando testimonio de la esperanza que hay en el amor de Cristo Jesús; dando a los desarraigados de la tierra, los olvidados del planeta, el máximo de semillas y frutos del amor. La demanda del Señor. ¿Cómo puede hablarse de amor y Evangelio a quien conociendo el lujo de las iglesias no puede alimentar a su familia?

Hay muchas otras violaciones de las ordenanzas del Cristo; la de Mat 23:9 es directa:

“Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos.”

Una orden quebrantada en miles de iglesias donde la teología humana entró para alterar un precepto del mismo Cristo. A día de hoy se da justificación sobre esto. ¡Cuanta soberbia Señor! El ser humano es rey del imperio de la excusa, pero no dejará por ello de ser una violación. Y no es un asunto banal, sino que tiene suma importancia; el Hijo de Dios bajó con la sabiduría del Altísimo; se las sabía todas, y se las sabía mejor que nadie. Era, es y será, el más listo de la clase.

El Señor sabe que estos actos buscan la sumisión del hombre por el hombre. Un ser que necesita acudir al retrete para evacuar cada día, a quien Dios le recuerda cada despertar cuánta corrupción y cuán poca ‘santidad’ hay en él, obliga a otro, con igual podredumbre que él, a besar su mano o rendir pleitesía, cuando vemos que en la propia Biblia, la ‘piedra de la iglesia’ instruye sobre humildad en Hch 10:26:

…Mas Pedro le levantó, diciendo: “Levántate, pues yo mismo también soy hombre.”

Hasta los ángeles tienen prohibido recibir pleitesía de hombres, según Apo 22:8-9:

“Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas. Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios.”

Jesús sabe cuál es el peligro de ufanarse en el poder: la egolatría, el exceso de adoración por sí mismo. Su instrucción sobre el amor es contraria: darse a los demás, considerarse menor que los demás. Lo ordena explícitamente en Mat 20:26-27:

“Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo…”

Y es que la egolatría arrastra a la soberbia, y esta a la vanidad, formando las tres una cadena de eslabones fundidos que les unce desde el cuello al diablo.

El Señor desea que en toda Su casa entre la Restauración de Su Evangelio original, pues el de hoy está alterado por justificación humana: corrupto, tergiversado, y por ello, débil. Su Palabra está retoñando y la yerba brota, pero aun es tierna. Y he aquí, los ángeles segadores claman a Él noche y día para ser enviados a la siega y poder gozar por fin de las promesas hechas a ellos mucho tiempo atrás. Mas Jesús les dice:

No arranquéis aun la cizaña pues los buenos brotes están aun tiernos (de cierto es débil la fe), no sea que destruyáis también el trigo. Dejad pues que crezcan juntos trigo y cizaña hasta que la cosecha esté madura. Entonces recogeréis primero el trigo, entresacándolo de la cizaña, dejando el campo listo para la quema

Y así dice el Señor a Sus sacerdotes genuinos, los fieles a Él:

Sois herederos legítimos y habéis sido ocultos del mundo con Cristo, en Dios. Por tanto, vuestra vida y abnegación fiel permanece, y es necesario que permanezcan en vosotros y en vuestros linajes hasta la restauración de todas las cosas declaradas por los profetas desde el comienzo del mundo. Benditos sois si perseveráis en mi bondad, siendo una luz a los gentiles.”

El Señor lo ha dicho. Amén.

Y es que el sacerdocio de la amonestación se da para aclarar al confundido, y que esta claridad le lleve a la aflicción sincera, para que esa congoja del corazón le guíe al perdón del Cristo en vida, antes de que haya que ir al juicio como espíritu, pues solo así se podrá evitar el sufrimiento de purgación en el infierno. El perdón les llevará a la prueba imprescindible de obediencia, y si vencen, su nombre estará inscrito en el Libro de la Vida, asegurándole una morada en alguno de los reinos de gloria.

Pero si la confrontación conduce al odio en lugar de al arrepentimiento, entonces es porque ese corazón no le pertenece; no será contado entre el trigo, y tratamiento de cizaña será su única expectativa posible.

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LA FAMILIA: UN PROYECTO DE DIOS.

enero 6, 2012

Enero 6/2012

Siempre he defendido que la muerte física no es más que un salto hacia otras dimensiones y niveles de vidas eternos. Y hoy digo que tal realidad se experimentará en uno de cuatro reinos distintos, en función de los logros y/o errores familiares o personales:

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Como el Padre Celestial es inmutable en sus planes, y como tras un diseño siempre hay un propósito, obrará según Su Plan inicial. Los astrofísicos dan fe de proyecto: astros con 25 órbitas distintas, cada uno fiel a la suya, inalterable en el tiempo. No ha sido vista ninguna fuerza del espacio turbando ni uno solo de los millones de recorridos independientes trazados por infinidad de astros en movimiento. Evidencia de cálculo, no de azar, pues pese al riesgo de colisión, no hay accidentes. El albur no asegura la armonía y colocación interestelar que existe; el orden fue el inicio del Plan.

La colosal fuerza que mantiene ingente cantidad de astros en su sitio es una flecha que señala a una inteligencia al control. Se especula sobre ello, se asusta al mundo discurriendo sobre choques astrales, pero las estrellas caerán solo cuando el Padre del Universo decida llegada la fecha del cumplimiento de los tiempos; el momento apocalíptico anunciado por Jesús de Nazaret poco antes de ser crucificado.

En la Tierra sobrecogen las noticias sobre tsunamis en distintas partes. El mar se ríe con poder descomunal de regios barcos, largos trenes, pesados e inmensos camiones de 30 ruedas, y aviones comerciales; entra a la ciudad, les apiña a todos y les incrusta contra edificios. Luego, como si no hubiera ocurrido nada, retrocede a ocupar el nivel asignado desde el principio de la Creación; obediente, hace cumplir la profecía también lanzada hace dos milenios por Jesucristo: catástrofes naturales como señales pre-apocalípticas, que advertirían al ser humano de la cercanía del fin.

Las empresas del Padre Celestial son indelebles: anteceden al tiempo y le sobreviven; persisten en él y/o a pesar de él, pues su Kairos es eterno. Y Su Plan familiar también se cumplirá, guste poco, mucho o nada. Desde Adán [primer patriarca], seguido por Noé, sus hijos y nueras [únicos en subsistir al diluvio], la diáspora cuando Babel, y hasta hoy, cada patriarca y su familia forman la célula básica social. Ej: Dios previó como sería la constitución de la nación árabe, cuando dijo en Gen 17:20:

 “Y en cuanto a Ismael, también te he oído; he aquí le bendeciré, y le haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera; doce príncipes engendrará, y haré de él una gran nación.”

Plan con cumplimiento luego, en Gen 25:16 “Estos son los hijos de Ismael, y estos sus nombres, por sus villas y por sus campamentos; doce príncipes por sus familias…

Asimismo, Gen 35:22 fija el plan de la nación judía en Jacob, llamado luego Israel: “…Ahora bien, los hijos de Israel fueron doce…”; y en Gen 49:28 “Todos éstos fueron las doce tribus de Israel…

O sea, los hijos de Jacob [Israel], con sus respectivas familias. Y siglos después Dios aun dejó patente que actúa según Su plan eterno familiar, cuando instruye a Moisés sobre todo el orden de su templo. En Exo 28:21 ordena:

Y las piedras serán según los hijos de Israel, doce según sus nombres; como grabaduras de sello cada una con su nombre, serán según las doce tribus.”

Ese número doce surge 165 veces en alegoría bíblica: las 12 tribus de los patriarcas hijos de Jacob [Gen 49]; los 12 gobernadores de Israel [1ªR 4:7]; los 12 bueyes de bronce, en época de Salomón, sobre los que descansaba la paila del templo [1ªR 7:44]… y así hasta el 586 aC, el destierro en Babilonia, donde Eze 47:13 expresa:

“Así ha dicho Jehová el Señor: Estos son los límites en que repartiréis la tierra por heredad entre las doce tribus de Israel..

O sea, el mismo proyecto de Dios según patriarcas tuvo vigencia durante milenios, y aun continúa: Jesús eligió a 12 discípulos, siguiendo ese plan eterno. Apo 7 habla de los “sellados”: 12 tribus, mientras Apo 12:1 cita la corona de 12 estrellas. Apo 21:12 presenta la Jerusalén celestial como una ciudad circundada por un inmenso muro con 12 puertas; y por último, el enigmático Apo 22:2:

En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones.”

Pero: ¿Cuál es el Proyecto en sí? Este: ¡Hay un reino exclusivo para la familia fiel! Morarán junto a Cristo y al Dios Padre con el más alto privilegio, en el tercer cielo del que habló Pablo en 2ªCor 12:2

Así que ya pueden deducir la importancia que tiene ante Dios el hacer las cosas aquí según su Plan; quien lo viole, quien quiera vivir a su aire, podrá disponer de albedrío para ello… pero deberá acarrear con la consecuencia de quebrantar los estatutos del Creador, pues Su amor es paralelo a Su Justicia. Las mujeres que decidan tener hijos por sí mismas van contra Cristo, los matrimonios divorciados también. Y por último, como no, y con mucha más razón por ser proyecto antinatura, la unión homosexual no tendrá ni la más mínima posibilidad de ser contada como familia. Quien altere el orden sempiterno irá junto a los infieles citados por Jesús en Apo 22:15:

Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira.”

Ni uno será justificado; los justos irán al mismo Paraíso que cita Jesús en Lc 16:20, la anécdota de Abraham junto a Lázaro, el mendigo cuyas llagas lamían los perros, y cuyo nombre se reconoció en el cielo. El mismo prometido a Daniel, en Dn 12:13. En paz y felicidad se espera allí la gloria final dada cuando el Jesús Juez ponga en orden todas las cosas, pues la casa de Dios será una casa de orden. Mas los otros irán al infierno, como el rico sin nombre de la anécdota, por no estar inscrito en el Libro de la Vida. Quien no acepte la ley de la Plenitud, deberá someterse a la del martirio.

“No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán Su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.” [Jn 5:28-29]

Gracias a la resurrección de Cristo, todos resucitarán. Quien vivió fiel a Su legado irá a la resurrección de los justos, y quien halló siempre justificación en gloria o teología humana para violar estatutos del Señor, aunque finalmente sea salvo también será reo del anticristo hasta su venida. Así como se funde el metal en el crisol para librarlo de su escoria, así tendrán que ser acrisolados para su redención. Quien gracias al amor sea salvo pese a haber pecado, por Justicia será purificado en el averno hasta el juicio, cuando Cristo venga a redimirlo, estableciendo los reinos post apocalípticos:

1er Reino: Celestial. En el juicio final cada familia salva, elegida para este imperio de gloria, será asignada a una de las 12 tribus; ya por descendencia genética real [hubo varios éxodos judíos intercontinentales, el último en la 2ª Guerra Mundial], o por concesión divina: familias gentiles que buscaron en Cristo su salvación, se bautizaron sumergidos en el agua, en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo, y luego fueron fieles a Sus Mandamientos hasta el final, lavados de todos sus pecados.

O sea, ese reino de Plenitud lo habitarán familias constituidas por matrimonios sellados por el Espíritu Santo ante Dios en el Templo, que fueron fieles a Cristo ante el mundo, inculcando en sus hijos la Moral y Cívica cristianas, leales hasta la muerte, venciendo por la fe. Morarán en la eterna presencia de Dios, Cristo, y los ángeles, con el más alto grado de gloria, pues serán ‘dioses’, tal cual está escrito en Salmos 82: 6:

Yo dije: Vosotros sois dioses, Y todos vosotros hijos del Altísimo…”

 Recordado por Jesús en Jn 10:34:

‘Jesús les respondió: “¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois?”

Por tanto, todas las cosas serán suyas, y vencerán todas las cosas, y serán de Cristo, y Cristo de Dios. Sus cuerpos serán celestiales; y aunque enigmático para la inteligencia humana, tendrán carne y huesos perfectos, tal como cuando Jesús Resucitado se apareció a los discípulos, según testimonia Luc 24:39:

Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.”

2- Reino Terrestre.- El segundo reino de gloria tiene matices. Luego del juicio, acogerá los espíritus de las personas con pecados menores, confinadas a prisión de infierno por morir sin Cristo, que luego le aceptan siendo espíritus. Y a quien murió sin la ley; entre ellos los seres cegados en vida por las artimañas del enemigo de Dios que sufren castigo en el averno, cedidos un tiempo al poder de satanás hasta que el Señor les llame. También cristianos que no fueron valientes en dar testimonio de Jesús ni seguirle, o se avergonzaron de Él entre los hombres, por lo que no obtienen la corona en el reino de Dios. Todos recibirán una porción de la gloria del Hijo, mas no la del Padre; por tanto, serán cuerpos terrestres, y no celestiales, con menor gloria.

3er reino: Telestial. El más habitado; serán tantos como estrellas: “Muchos son los llamados, mas pocos los escogidos” [Mt 22:14]. De ellos, el Señor dice:

Todos doblarán la rodilla, y toda lengua confesará al que se sienta sobre el trono para siempre jamás; porque serán juzgados de acuerdo con sus obras, y cada cual recibirá conforme a sus propios actos, con dominio correspondiente en las mansiones que están preparadas; y serán siervos del Altísimo, más a donde Dios y el Cristo moran no podrán ir, por los siglos de los siglos”.

Son los que no aceptan el Evangelio de Cristo ni en vida ni después de muertos, dejándose arrastrar por el falso ‘modernismo humanista’ y la seudo ciencia… sin difamar del Espíritu Santo. Y los mentirosos, hechiceros, adúlteros, fornicarios… todo el que ama y obra mentira y se goza haciendo el mal a otros. Al no haber optado por Jesús, no podrán esperar el juicio en el Paraíso sino en el infierno, sufriendo mucha agresión y castigo de las huestes del maligno desde el mismo instante de morir. No serán redimidos del diablo hasta la última resurrección, luego del final apocalíptico, en el Milenio, cuando el Cordero de Dios, el Juez que vendrá, cumpla su obra.

4º reino: Infierno. Quienes tomaron testimonio de Jesús y le aceptaron al inicio, incluso bautizándose, pero se dejaron seducir por satanás con daño a la Verdad, desafiando el poder del Señor, crucificándole de nuevo. No habrá perdón para ellos. También todos los demás que se negaron a aceptarlo en cada una de las ocasiones que tuvieron para ello.

Padecerán la ira de Dios en la venganza del fuego eterno, por haberse dejado cautivar por el enemigo perpetuo, desoyendo la llamada bíblica del amor y la razón, abierta y lista  siempre al perdón, así como las reiterativas advertencias de Sus mensajeros.

Estos son los reinos que esperan a la humanidad. El próximo artículo presentará la Palabra de Jesús clarificando estos proyectos.

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