LA MUERTE… ESA PUERTA DE ENTRADA.

junio 30, 2009

Porque torpe cosa es aun hablar de lo que estos hacen en oculto. Mas todas estas cosas cuando de la luz son impugnadas, son exhibidas; porque la luz es la que manifiesta todo. Por lo cual dice’: “Despiértate, tú que duermes, levántate de los muertos, y te alumbrará el Cristo”. Mirad, pues, cómo andéis avisadamente; no como locos, sino como sabios; redimiendo el tiempo, porque los días son malos. [Eph 5:12-16]

Ante la expectativa de su fin físico, el ser humano jamás debe olvidar la Verdad de Jesús y su promesa de Victoria sobre esta etapa de tránsito en carne. Ni debe dudar sobre su real existencia humana en el siglo I, milagros, crucifixión, agonía, muerte, y resurrección. Su evidencia de Gloria sobre el Hades fue certificada por muchos testimonios históricos no solo de carácter cristiano, sino de origen cronista, salidos incluso de tinteros romanos y sellados con cuños romanos en informes oficiales, aunque la marea del tiempo no haya permitido que la evidencia física en sí misma llegara hasta nosotros.

En síntesis, lo escrito sobre Jesús, llegado hasta nuestras manos, es mucho más de lo que sabemos por fuentes alternativas, con respecto a personajes de la antigüedad que sin embargo son aceptados y programados en las clases de Historia en todas las aulas del planeta. ¿Por qué la ‘sapiencia humana’ se ha puesto de acuerdo para juzgar y considerar dudosa la trayectoria del Cristo hombre histórico? ¿Bajo qué argumentos ‘sapienciales‘ se escudan? Solo la maldad escondida en el corazón humano explica tanto interés por desacreditar a alguien que solo dio pruebas de bondad, misericordia, poder milagroso y capacidad de perdón.

Jesús y su Triunfo sobre la muerte debe ocupar su puesto en las aulas, desde las primeras edades, por una cuestión de principios. Pero, si se quisiera recurrir a la ética, entonces se hallarían aun más razones para hacerlo, porque no hay nada más ético, moralizador, y cívico, que las instrucciones que nos legó a todos, con respecto a cual debía ser nuestro comportamiento en vida dentro de la sociedad, al limitar los mandamientos de Dios a solo dos, puntualizando muy claramente el segundo:

Amarás a tu prójimo como a ti mismo

Algo que dicho de otra forma bien podría ser: ‘No hagas a tu prójimo lo que no quieres que te hagan a ti.’ ¿Es que alguien puede dar una enseñanza mejor que esa a un niño que comienza su andadura entre personas?

Pero en fin… volvamos a la muerte, el tema de hoy. Si se trata de un pobre, no es noticia; cada día mueren millones en el mundo, niños incluidos, cuya vida fugaz siempre transitó por el anónimo. Sin embargo, hay personas cuyo final físico genera un revulsivo alarmante, incluso a nivel internacional. Mikel Jackson es un caso; no el único ni mucho menos, sino otro más. La repercusión mediática de su muerte, adioses filmados en todo el planeta, ha activado en estos días las retinas de cada ser humano expectante frente a una TV.

He visto todas esas imágenes de estos días, desde Asia, América, Europa… prácticamente el mundo entero manifestándose en mayor o menor medida con un sentimiento de pérdida, que resulta incomprensible desde la elemental razón y lógica que debe mover siempre al sentimental, pero racional ser humano. La parte de la humanidad que llora, lo hace por alguien que lo único que hizo bien en su vida fue motivar desde escenarios, con video clips altamente elaborados a golpe de vientre y pies, y con una música pegajosa.

Si ha dejado a alguien con verdaderos motivos de tristeza, ha sido a todos aquellos comerciantes, hombres de negocios, y cirujanos plásticos que vivieron a su lado, siempre beneficiados y pendientes de sus gastos estrafalarios, sus caprichos y excentricidades derrochadoras. Ni una aldea; ni siquiera un aldeano en todo el mundo recibió del Rey del Pop algo que atenuara su pobreza o pudiera impulsarle en la vida, haciéndole concebir esperanzas por el amor, humildad, y justicia humana.

Si queremos darle alguna instrucción a nuestros hijos, es que, pese a su éxito efímero [no se lleva nada material a su muerte definitiva] fue un mal ejemplo: vivió egoísta y murió egoísta; al final, el mito se convirtió en un bufón de 50 kgs de peso, calvo, prácticamente momificado, y lleno de pinchazos, mostrando que hasta el último momento vivió más pendiente de su decadencia física que de su expectativa real.

Sé que algunos lectores se insultarán con lo que estoy planteando, mientras se muestran fríos en cambio ante el real insulto de su vida: sus injustificadas encamadas, día sí y día también, junto a distintos niños, en su nefasto ‘Rancho Neverland’ que tantas historias denigrantes escondió. Y eso hay que recordarlo en su final; no puede pasarse por alto… debe quedar como ejemplo de una mala actitud en vida.

Y como no deja de pasmarme que alguien tan vano pueda ejercer influjo tan grande sobre los sentimientos de tan enorme cantidad de seres humanos de todas partes, hoy decidí escribir sobre un hecho que se repite: la coincidencia en tiempo de la muerte de dos personas de importancia internacional, con trayectorias completamente confrontadas… y la respuestas que ambas muertes tuvieron por parte de la humanidad.

El 31 de agosto del 1997, Diana de Gales, la famosa Lady Di, falleció en un accidente de coche, dentro del Pont de l’Alma, un puente de París. Junto a ella murió también, su compañero de cama, que no el padre de sus hijos: Dodi Al-Fayed. La inmensa campaña publicitaria que acompañó su fin, intentando resaltar ‘sus bondades‘, no se hizo esperar: sus fotos junto a niños africanos, presentando a la humanidad la buena princesa de gran corazón que quizás quiso ser buena durante unos días, recorrieron al mundo. Supongo se pensó que con ello se neutralizaría ese amplio resto de su tiempo personal, en los que no lo había sido tanto, y que siempre le marcó pasos, en su agitada y adúltera vida sentimental.

Días más tarde, la Madre Teresa de Calcuta fallecía el viernes 5 de septiembre de 1997, víctima de un paro cardíaco. Contaba 87 años de edad y un espíritu inquebrantable, preso en un cuerpo frágil y perdido en el rincón más plebeyo de la India, donde dejó siempre de ser de ella misma, para pertenecer a quien hallara necesitado de amor, cuidado y solidaridad.

Mas, pese a que el mundo entero supo de su vida donada, de su activa consagración absoluta, auxiliando por décadas a los más desfavorecidos mientras le quedó un soplo de aliento, no se le rindió el homenaje que verdaderamente mereció y conquistó a base de sacrificio y entrega a los demás. Solo unos cuantos actos locales, la formidable noticia comercial de su muerte en todos los periódicos, algunas palabras de reconocimiento… y el olvido. Ese fue su premio humano.

En cambio, la agitación social provocada por la muerte de Diana, solo días antes, fue algo muy similar al espectáculo que hoy vemos manifestándose con el ‘Rey del Pop’. Como a un César la despidieron; y como a un César aun se le recuerda, ofreciendo lágrimas y evocaciones certificadas de múltiples maneras… al igual, que, como a un César caído, también despiden hoy al negrito que siempre renegó de serlo. He visto más lágrimas en ojos televisivos, provocados por su ausencia, que las que mi reflexión pueda comprender.

En contraste, solo unos días antes de la caída del rey del pop, fue otra la noticia óbito: también en India, también entregado a la causa de los más pobres y desfavorecidos, vio llegar su fin ese espíritu gigante enclaustrado en otra fragilidad: Vicente Ferrer. Un intrépido victorioso que con menos de 60 kilos de peso nos reveló a todos cuánta riqueza se puede generar aun siendo pobre, si se transita el camino instruido a todos por el Hijo de Dios, si nos entregamos a su enseñanza vital:

Más recibiremos, cuánto más damos‘.

Hoy, al igual que al confrontar el dueto ‘Teresa de Calcuta-Diana de Gales’, auscultando la reacción del mundo se puede percibir cabalmente el incremento de la decadencia espiritual humana en este otro pareo actual: Vicente Ferrer-Mikel Jackson. La muerte del famoso ha terminado velando el verdadero impacto; el fin del justo español que dedicó su vida a luchar contra la desigualdad social, ha quedado relegado a un segundo plano, ante la muy superior reacción social e ilógico abatimiento de una sociedad más identificada con el éxito transitorio de la egoísta y definitivamente apagada estrella Jackson.

Dos astros humanos, con trayectorias totalmente incongruentes. El primero en extinguirse, con todo un recorrido de abnegación y entrega a los más débiles; el segundo, con días de diferencia, apagado sin dejar tras de sí más que su éxito como el encandilador flautista de Hamelin, que realmente fue.

El menor de los Jackson Five, según avanzó en su tiempo, sin crecer, arrastró durante décadas a cientos de millones de fans en el mundo entero… no por sus condiciones morales, espirituales ni siquiera cívicas, sino por su comportamiento de showman, sus excentricidades, sus caprichos, y toda la parafernalia que siempre le precedió. Incluso en juzgados, pues casi al final llegó el terrible cargo de pedófilo que la ceguera humana llegó a perdonarle,  pese a los entuertos y las pruebas abrumadoras.

Y es que, al margen de la imagen ‘progre‘ que intentamos dar, no vemos más allá de los disfraces; somos víctimas de un método educativo erróneo que guía hacia un futuro sin más valores que los puramente materiales, convirtiéndonos en reos de la vanidad, la apariencia y el consumismo que nos guía por caminos erróneos y más peligrosos de lo que se puede entender.

Teresa de Calcuta, que vivió pobre, entró a la vida espiritual colmada de tesoros eternos; su contemporánea, aunque mucho más joven, y proveniente de la alta alcurnia, Diana de Gales, pasó el umbral de la 4ª Dimensión, sin poderse llevar a su nuevo mundo ningún tipo de riquezas. De la misma forma que lo acaba de hacer el menor de los Jackson. Vicente Ferrer, que prosperó a tantos desde su penuria, fue enriquecido por todo lo que entregó… y estoy convencido que también ha pasado su umbral inexorable en paz con quien nos espera a todos desde el otro lado, para entregarnos el tesoro que aspiramos, donde el orín no corrompe, ni el ladrón roba, ni el especulador triunfa, ni el mal prevalece.

Mike había hecho planes; vendió un millón de entradas en su relanzamiento. Eufórico, expectante y esperanzado, sus allegados le vieron convencido que resurgiría como Ave Fénix… sin embargo, todo acabó para él en un solo instante. Desaprovechó su tiempo, y traspasó la frontera de la vida; perdió su oportunidad de correr su carrera más importante: su reconciliación con Jesús, el único que podría haberle puesto en el camino con el Dios del Sión Eterno y Definitivo, el dueño del tiempo, que Inmutable, espera por todos.

Aprovechemos esta vida que se nos concede, cuyo final ninguno conoce, para reflexionar sobre lo que resulta verdaderamente importante, definitivo y definitorio para el hombre. Meditemos en el espíritu que mora en nuestro interior desde siempre, pues aunque muchos se empeñen en decir lo contrario, la instrucción bíblica resulta coherente con investigaciones científicas. La espiritualidad, el enigma de la mente, de los sueños, y la proyección en la pantalla mental de recuerdos desvelados sorpresivamente, como por una cortina, en distintos ensayos sobre mesas quirúrgicas, con olores, colores, y textos de diálogos incluidos, patentizan y acreditan la advertencia que hace más de dos mil años salió de la propia boca del Cristo:

Así que, no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse.” [Mat 10:26]

Somos consecuencia de un diseño; el ADN programando toda vida desde sus inicios hasta su muerte, garantizando la perpetuación en cada especie, invoca la certeza de un Programador inteligente y previsor, antecediendo a todo tipo de vida. Y tal proyecto también comprende un sistema de grabación altamente eficaz e indeleble; no abriguen ninguna duda. Llegada la hora, su reproducción actuará como un resorte, y todos nuestros actos, palabras, intenciones, aparecerán ante nosotros mismos, dando testimonio nuestro.

En esos instantes, la mejor opción de defensa no será otra que la propia grabación de nuestro oportuno arrepentimiento por el mal que podamos haber hecho… si somos lo suficientemente inteligentes como para incluirlo antes de que se nos acabe el tiempo; ese lapso que ya se desintegró para Diana, para Mike, para tantos… y que también concluirá para todos los que crucemos el umbral, llegado el momento.

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LA PATATA: ¿ANCESTRO HUMANO?

junio 19, 2009

Semanas atrás saltó la noticia del enésimo hallazgo del eslabón perdido de la cadena evolutiva: Ida, una lémur ¿fósil? presentada en sociedad, en el Museo de Historia Natural de Nueva York… Lo siento, no puedo contenerme, pero, ¡cómo me recuerda al hombre con quijada de chimpancé injertada, el falso homínido de Pilstdown, exhibido en el homólogo de Londres durante medio siglo, hasta que el timo salió a la luz!

A ‘Ida’, a quien no han podido categorizar ni como mono ni como lémur, sino como a ‘bicho intermedio’, le han asignado nada más y nada menos que 45 millones de años; edad similar al objeto de burla, la losa de plomo sobre eruditos evolutivos: el ‘extinto’ celacanto, el pez que pese a la ‘científica declaración’, menea colita ‘involucionada’ en aguas actuales, igual que la de su ‘ancestro’ exhibido como eónico. Algo que, desde reflexión real y científica, solo ratifica ‘NO EVOLUCIÓN’, ‘NO DATACIÓN’, y ‘NO VERDAD EVOLUTIVA’.

Hay fósiles datados en millones de años, que señalan sin dudas a seres de hoy, recordando la comedia fílmica ‘Este muerto está muy vivo’. Los defensores evolutivos no son capaces de demostrar la evolución ni en uno solo de ellos; decenas de miles por todos los museos del mundo lo impugnan. Igual a los seres vivos que se abren a nuestros ojos, dichos fósiles se presentan súbitamente con todas sus características, sin mostrar la alteración que debió ser impuesta por soñados millones de años ‘evolucionando’.

Un ejemplo lo tenemos en el museo de Historia Natural de República Dominicana, con miles de muestras fosilizadas en resina, datadas en el ‘oligoceno’ [25 millones de años]. Les expongo una, conocida en inglés como ‘Humpbacked flie’ una pequeña especie de mosca parecida [pero diferente] a la mosca de la fruta, que también existe en la actualidad en su forma corriente, sin evolucionar, sin presentar cambios con respecto a un ‘ancestro oligocénico subliminal’. Una más entre miles; esta especie siempre se presentó tal cual fue diseñada por su Creador, e instituye otro dato que niega el anticientificismo darwinista.

La mosca que no evolucionó.

La mosca que no evolucionó.

También son ejemplos las algas azules, celacanto, esponjas, gusanos marinos, rayas, erizos marinos, etc. ¿Qué concluir: se evoluciona cuando conviene? ¿Se manifiesta evolución o no, según convenga? ¿Dónde se oculta la inteligencia que lo decide? El mundo está ante una teoría evolutiva basada en planteamientos veletas, no en axiomas científicos.

Usemos el prodigio de la Creación de Dios: el razonamiento, la punta de lanza que hiere de muerte al timo evolutivo, aunque se resistan a sepultarle. Nos diferencia del resto de animales y jamás ha podido ser atribuido a aparición ancestral, pues no hay ancestros de la conciencia del yo ni del raciocinio. Colijamos entonces: ¿de cuántos eslabones se compone en realidad esta fantástica ‘cadena subjetiva’? ¿Cuántos ‘eslabones’ le han sido presentados al mundo, y cuántos más faltan por aparecer? La respuesta es clara: tantos como sean posibles, mientras la mentira siga generando dinero, popularidad y ‘nivel académico’.

Un millón de dólares logró sacar el tratante Thomas Perner, al profesor noruego Hurum, quien a causa del ejercicio de hipnosis más antiguo conocido: el darwinismo, al fin se salió con la suya, y se llevó a Oslo el 95% de los restos de un primate sin clasificar, convencido de haber adquirido ‘el eónico eslabón perdido’, cuando en realidad la edad del montón de huesos no superaría la de unos cuantos miles de años. La aversión a Dios supera la expectativa humana; cualquier absurdo se convierte en Ciencia a la luz opaca del ateísmo.

En realidad, los estudiosos de la zoología han incluido en la familia ‘primates’, a simios, monos, lémures… y al ser humano. Mas los simios contienen 13 especies distintas, y los monos 160 especies. Los lémures, por su parte, están contenidos en 3 géneros que agrupan a nueve especies disímiles; sin contar, por supuesto, con otras sub-familias intermedias, semejantes. Pero hay una única verdad científica: diferentes tipos de simios jamás procrean entre sí; jamás surgirá una nueva especie desde esa perspectiva.

Sin embargo, insisten en cargarnos ancestros chimpancés… y ahora hasta de lémures. Pero si algo fija el ADN es que diferencia tanto las mismas especies consideradas ‘parecidas’, que las hace incompatibles con la procreación; los seres genéticamente discordantes ni se aparean, ni son capaces de generar OTROS TIPOS DE SERES. Los chimpancés siempre han descendido de una pareja sexual de chimpancés, de igual manera que el primer retoño de lémur solo pudo haber surgido del padre y la madre lémur, creados por Dios… con instrucción genética individual incluida, para garantizar el que se multiplicaran.

Visto de esta forma, si un mono tití no puede procrear con una mona verde o si un gorila no es capaz de embarazar a una chimpancé, orangutana o el tipo de mona que se pretenda intercalar en la escala evolutiva, ¿cómo se puede proveer de categoría científica, a la tesis de nuestro origen simiesco? Si el total de miembros de la familia primates, las casi 200 especies diferentes, son incapaces de generar nuevos miembros genéticamente diferenciados, ¿de dónde salió ese lémur-mono al que ahora quieren hermanarnos?

La respuesta es genéticamente demoledora: ¡DE NINGÚN SER VIVO DIFERENTE A UN LÉMUR! Si confrontamos el planteamiento con el código genético, vemos la complejidad de la masa de información contenida en este. Cuando se medita que la total información química requerida para elaborar a un mono, lagarto, ave, elefante, rana… o ser humano, se comprime en dos células reproductivas minúsculas y diferentes en cada especie, entonces se entiende el absurdo del planteamiento evolutivo.

El que la información genética de todo ser vivo dependa de dos cromosomas sexuales, el ‘X’ y el ‘Y’, encargados de trasmitir secuencialmente cada dato imprescindible, es en sí mismo una evidencia de que, al menos en más de un millón de especies con sexos diferenciados [testículos y ovarios], macho y hembra tuvieron que ser coincidentes en el tiempo.

La añeja idea de un lagarto trasmutando hasta echar alas… o un tipo de mono deviniendo en persona, es hecha polvo por la evidencia cromosomática. Es repetición obligada; si especies distintas jamás generan especies nuevas [realidad científica manifiesta ante los ojos del mundo], no queda más remedio que aceptar que cada ser apareció tal cual se ve hoy: perfectamente diferenciado.

Incluso en miembros de familias ‘semejantes’, como las 13 especies de simio, las 160 de mono, las miles de lagarto, las más de 20000 de pájaros, cientos de ciervos, etc, incapaces de embarazar a ninguna hembra de otra especie, aunque la zoología las ubique dentro de una misma ‘familia’. Serán ‘similares’ para nosotros, pero todos y cada uno de ellos saben perfectamente que están ante un ‘bicho discordante’.

Sostener que la pluralidad de información para la vida, virtual en el ADN, surgió al albur, sin plan ni diseño, es negar el sentido común. La enorme complejidad de datos genéticos ordenados [6 mil millones de bits, en nuestro caso], codificados con un alfabeto de solo cuatro letras, hecho de moléculas químicas, implica colosal inteligencia superior detrás. Los expertos de la teoría de la información no admiten otra interpretación de los hechos.

Lo real y empírico, es que resulta discordante describir la evolución como un proceso de adaptación, por cuanto a ningún ente se le puede atribuir ancestros: científicamente, ninguno tiene un origen distinto al fijado en su propio ADN. Cada ser vivo se manifiesta perfectamente adaptado: ni vemos lagartos con intentos de alas brotando de ellos ni monos rebasando la barrera biológica fijada, embarazando a hembras de otras especies primates. Tampoco a especies diferentes generando nuevas entidades biológicas; tal cosa es bulo anticientífico, cabalmente negado en cada selva o zoo del planeta.

La ‘selección natural’ no ‘crea‘ nada; enseñar en las aulas que el complejo ojo trilobites ‘precámbrico’ [cuyo inicio ‘se dice‘ que fue hace 4.600 millones de años, y su fin unos 570 millones de años antes que nosotros ‘viéramos‘ la luz] surjió más de 500 millones de años antes que el ojo simple que debió antecederle, hace a la evolución inmasticable.

Solo hay una explicación obvia: tuvo su diseño genético de ojos compuestos, desde su inicio… al mismo tiempo que el resto de ojos que se ven en la creación de Dios… hace unos pocos miles de años atrás, cuando el Creador decidió que empezara este ciclo de vida material. Solo la existencia inicial de programas codificados en el ADN de trilobites, y resto del lote de la Creación resulta coherente, porque lo científicamente demostrado es que un programa no surge al azar; así como que solo es posible codificar si detrás existe un talento programador y codificador. Decir lo contrario es fábula.

De la misma forma es irracional explicar el paso de un ser terrestre a un aéreo como una necesidad, si lo que vemos es que miles de especies distintas de lagartos viven perfectamente sin precisar alas. Otra cosa es la variación que tiene lugar dentro de los límites de la información genética, frontera fijada por el “pool de genes”; pero todas las características presentes en el abanico genético de una especie es determinada por los alelos. Lo vemos en perros, cerdos, humanos… y vegetales, creando razas y genotipos diferentes de una misma especie; pero jamás especies nuevas.

Tal variación nunca transmuta reptiles en pájaros, agregando plumas y alas, alterando metabolismos. Ese cambio demanda aumento en la información genética; el borrar datos de escamas, huesos, sistema respiratorio, tipo de sangre… etc, supliéndolo por la información correspondiente a las aves, sin una inteligencia controlando, es totalmente imposible, pues alteraría la ordenada información original. Es bien sabido que solo el variar un simple aminoácido puede llevar a la extinción, no a la multiplicidad.

Lo que se observa en la vida real es la firmeza de especies, no el paso de unas a otras. Casi doscientas especies inmutables de primates, ante múltiples razas de perros, equinos… personas. Y eso nos diferencia de los monos, no nos asemeja: hay muchas razas humanas, pero la especie es la misma, manteniendo la capacidad de procreación entre distintas razas con un mismo ADN. Sin embargo, científicamente probado, no se puede decir lo mismo de micos, gorilas… lémures, perfectamente diferentes, genéticamente incompatibles….

La variedad alélica crea razas y fenotipos disímiles en una especie determinada, sin que ello implique mejora genética; jamás se ha demostrado sea un paso del que surjan nuevos órganos. La evolución propone que con la ayuda de largas eras geológicas se ha producido la ‘macroevolución’: especies multiplicándose y sucediéndose entre sí. Mas eso es lucubrar contra lo observado, cuando lo genuino y legal es extrapolar desde la experiencia cierta. Se distorsiona la lógica, la razón y la inteligencia, yendo contra la Ciencia, y alineándose con fábulas de ranas trasmutando en príncipe, monos en personas, o calabazas en carrozas.

Desde tiempo atrás se concluyó la “estabilidad genética” [homeostasis genética], basada en resultados experimentales sobre seres vivos. Se concluyó que cada cópula provocada, en busca de variaciones distintas a las contenidas en el pool de genes, fue ineficaz. Constan barreras estrictas entre las distintas especies de seres vivientes, que hacen totalmente imposible que criadores de animales cambien al ganado en especies diferentes, apareando distintas variedades, según postuló Darwin.

La propia ‘evolución‘ de la bacteria es otro mito; su capacidad de resistencia existía mucho antes de los antibióticos. Artículos del “Medical Tribune” [29/12/1998] lo confirman. En 1986 se hallaron los cuerpos congelados de marinos muertos durante una expedición al polo, en 1845, y en ellos se divisaron bacterias comunes en el siglo XIX. Los investigadores se sorprendieron al examinarlas y descubrir que eran resistentes a antibióticos que no fueron desarrollados hasta el siglo XX, muy posterior a su época.

Tal hecho constituyó un ‘NO’ rotundo a la “inmunidad bacteriana adquirida” que propugna la tesis evolutiva. Se demostró científicamente que tal resistencia ya estaba presente en las poblaciones de bacterias, antes incluso que existieran los antibióticos. No evolucionan a otra especie sino que tienen capacidad de respuesta como lo que son, porque así lo recoge su ADN; tal como nuestra información genética prevé un sistema inmunológico.

Pero, volvamos a la ‘homología’ hombre/mono. ¿Es científico decir que indica ancestros comunes? El ‘NO’ es enérgico; hay que decir que la embriología y la genética demuestran que el concepto de homología definido por Darwin como “evidencia de los seres vivientes a partir de un ancestro común”, jamás se puede considerar como evidencia. También en este sentido, la Ciencia ha probado que la tesis darwinista es falsa.

Ni moléculas ni fósiles han logrado proveer los ariscos eslabones intermedios soñados en siglos de darwinismo. La discrepancia molecular entre seres aparentemente relacionados por su similitud se manifiesta tenazmente. Por ejemplo, la estructura del Citocromo-C, proteína vital para la respiración, es pasmosamente distinta en seres estimados como de la misma familia. Investigaciones llevadas a cabo dicen que la diferencia entre dos especies de reptiles distintos es mayor incluso que entre un pájaro y pez, o pez y mamífero.

Otro estudio mostró que la diferencia molecular entre ciertos pájaros [ej: águila y gorrión], es mayor que la existente entre esos mismos pájaros y determinados mamíferos. Algo similar ocurrió al comparar hemoglobina, hormonas y genes. Asimismo se ha visto que la diferencia molecular entre ciertas bacterias aparentemente similares, es mayor que la que hay entre mamíferos y anfibios o insectos. Desde la Biología molecular, ningún órgano es ‘ancestral’, ‘arcaico’ o ‘moderno’; si esta rama de la Ciencia hubiera existido cuando Darwin, su idea de la evolución orgánica ni siquiera habría podido sostenerse.

La Ciencia ha logrado almacenar información sobre barro, piedra, papiro, papel, disco de vinilo, película, casetes, CD’s, microchips… pero la tecnología humana no ha sido capaz de avanzar hasta el nivel de almacenar información química tal como la muestra el ADN. De acuerdo a esto, resulta disparatado decir que los penta trillones de datos contenidos y sincronizadamente secuenciados, en los millones de especies diferentes que existen, pudieran haber surgido desde el azar. ¿Cómo podría el azar lograr lo que no logran ejércitos de científicos eminentes, en el mundo entero?

Por otra parte, es imposible que un código surja por accidente; está matemáticamente demostrado. Solo se logra desde una mente inteligente; la casualidad no puede hacerlo, de la misma forma que si Bethoven no hubiera estado tras cada partitura, jamás habríamos oído sus sinfonías. Ni siquiera los pentagramas de los peores músicos, surgen del caos.

El planteamiento evolucionista es una sarta de incoherencias unidas con hilos frágiles: una oda a absurdos imposibles. Es como la roca que termina horadada por la constancia de la ola; el flujo de la Ciencia la ha sacudido en sus cimientos y hoy estamos ante un pedrusco endeble que intenta sobrevivir dejándose llevar por la marea, incapaz de sostenerse. No es más que una ignorancia agonizante, ahogándose en la playa del conocimiento.

Mas el capricho persiste; no hay la más mínima duda de que en cualquier momento estaremos ante una diatriba que nos relacione ancestralmente con la patata. Solo es necesario que surja alguien con la capacidad de facundia argumentativa capaz de convertir lo absurdo en lógico. ¿Acaso no han convertido al alga unicelular procariota en ancestro de al menos un millón de especies [nosotros incluidos], pese a estar formadas por las tan diferentes células eucariotas, sin haber demostrado jamás en ningún laboratorio del universo tal paso imprescindible de un tipo de célula en otra? La Ciencia no nace de locos brincos de cabras, sino de pasos cohesionados y convincentes.

Pero enfrentamos lo que enfrentamos; nada sorprende de los enemigos de Dios y de su Creación: patata seremos, si hay dinerito, fama y posibilidades de Nobel por medio… solo hay que tener paciencia para ver más enfoque demencial convertido en noticia científica.

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