DARWIN: EL MUNDO DE YUPI. (II)

abril 21, 2013

 

La imagen renovada del artículo anterior revela que si somos sexuados, y descendemos de homínidos, el hipotético 1er homínido sería parido por madre simia… de padre simio. Mas, si no nació simio, sino homínido, entonces fue un híbrido. Ese primer homínido necesitó una hembra de su misma especie para la multiplicción homínida que predica la teoría darwinista. Pero como era el 1º, no había homínidas en su entorno; de modo que tuvo que procrear con una simia… y eso convertiría al nuevo ser en otro híbrido. Y si hay un hecho científico comprobado, es que los híbridos son estériles: no pudieron crear las ‘poblaciones’ homínidas que dice la evolución. De modo que esta imagen jamás pudo ser posible:

Hominidia

La defensa evolutiva lo sabe perfectamente; sin embargo lo obvia, dando explicaciones seudocientíficas para hacer fructificar el capricho. Pese a que los señalados como nuestros ancestros tengan 48 cromosomas y nosotros 46, o que la ciencia sepa que al no ser homólogos los gametos masculinos y femeninos, la incompatibilidad cromosomática convierte al híbrido en estéril: el cigoto resultante de la unión de esos gametos, la nueva especie, con ADN distinto a los padres, no podrá procrear. Aun así, se insiste en que descendemos de híbridos.

En fin… lo que plantean es conocido en genética como ‘translocación’. Pero solo se conocen movimientos de parte de un cromosoma hacia otro, y jamás resultan beneficiosos para las poblaciones. No hay por qué suponer que la integración de dos cromosomas distintos, cosa jamás vista, resulte en un salto entre especies. Eso jamás ha sido experimentado; ¡nunca!

El estudio citogenético más parecido refiere un caso de síndrome de Down [trisomía 21]. Los análisis revelaron una translocación 14/21 D/G en uno de los padres; es decir, gran parte del cromosoma 21 del grupo G, translocado al extremo del cromosoma 14 del grupo D. El padre afectado no tiene la dolencia; pero el hijo nació con la enfermedad: un cromosoma 21 de más; o sea: 47 cromosomas en total, en lugar de los 46 normales. Y ese hijo es infértil; su ADN de 47 cromosomas muere en él y con él.

Supuestos tras supuestos, el proyecto hombre-chimpa jugó con la realidad molecular y apartó el escollo del cromosoma de más, mudando el genoma chimpa de dos cadenas de 24 cromosomas (48), por otro de dos cadenas de 23 (46), para aparearlo al humano. Así homologaron al cromosoma 21 humano con el 22 de chimpa. Pero: ¿alterar la realidad es Ciencia?:

 [In recognition of its strong community support, we will refer to chimpanzee chromosomes using the orthologous numbering nomenclature proposed by ref. 18, which renumbers the chromosomes of the great apes from the International System for Human Cytogenetic Nomenclature (ISCN; 1978) standard to directly correspond to their human orthologues, using the terms 2A and 2B for the two ape chromosomes corresponding to human chromosome 2.]

La ref. 18 dice que la translocación de los cromosomas 12 y 13 chimpa formaron el cromosoma 2 humano; algo jamás se ha probado. ¡Que lo hagan! Solo deben manipular genéticamente embriones de chimpancés, y dar al mundo la evidencia de resultado humano. Sabemos que lo intentan desde hace rato, mas la verdad les quita la razón; ni con última tecnología ni mentes admirables lo logran. Pero el azar sí pudo… ¿Es eso ciencia?

¡Qué prueben que es posible! En cuanto lo intenten, el resultado será siempre muerte del individuo. No importa los millones de años en los que se escudan; solo en horas ese ADN dejará de ser viable con la vida.

Se basaron en supuestos, no en evidencias; e ignoraron dos grandes divergencias: el ADN chimpancé es aproximadamente 10% más grande que el humano, con dos cromosomas de más. Y más aún: los extremos de cada cromosoma chimpa tienen una secuencia ADN, no presente en humanos. O sea: 48 grupos de secuencias; millones de datos obviados.

La diferencia en total de cromosomas no es trivial; tienen genes concluyentes en la línea germinal, cuya anomalía genera el mal conocido como ‘aneuploidía’. La experiencia con casi 20000 dolencias de causa genética, dicta que con un cromosoma menos o uno de más, jamás se es normal. Es nocivo para la salud o la vida; ninguna conduce hacia una nueva especie. Eso es fraude; desde el punto de vista científico, el ‘homínido’ que naciera con uno de menos, además de ser un híbrido anormal, sería científicamente estéril. Jamás generaría al ser humano.

La Aneuploidía casi siempre es letal, salvo la trisomía de cromosomas 13, 18, 21 y los sexuales ‘X’, y ‘Y’ (XXY y XYY), así como la monosomía del cromosoma X. Pero toda aneuploidía, sea o no sea letal, causa infertilidad y conduce a dolencias que impiden la multiplicación de la especie; es prácticamente imposible lograr cigotos compatibles con la vida. La tabla de abajo da la estadística de cuántos alcanzan a nacer, entre cada 1000 embriones humanos con aneuploidía, según la que se trate. Y el que logra sobrevivir está condenado a una vida atrofiada… y estéril. Observen:

TablaAneuploidía

Lo real es esto: en un cáncer gástrico se buscó la secuencia del gen que codifica para la proteína CDH1, relacionada con ese cáncer, localizando la mutación. En un diminuto punto del cromosoma, el exón 12, se manifestó la sustitución puntual de una guanina por una adenina.

Una sola base, entre 6.4 mil millones del ADN humano, fue suficiente para matar a una persona… y con ella su parte de permanencia de la especie. Sin embargo, se pretende insinuar que fue posible la transposición de 237 millones de pares de bases desde el simio, para crear el cromosoma 2 humano, el 2º más grande del ADN. ¿Es eso científico?

La variación genética de ‘poblaciones’ desde el hibridismo jamás se ve en ninguna selva o zoo del planeta; cada vez que surge un híbrido entre seres de distinta especie, es incapaz de generar poblaciones pues resulta estéril. Ningún animal híbrido, a resulta de la unión de seres de distinta especie (burro-cebra; caballo-burra; león-tigresa…) puede lograr gametos viables para la vida; si se logra un embrión, este se aborta. El híbrido no tendrá descendencia; la nueva especie morirá al morir él. Jamás se darán las hipotéticas poblaciones que se propugnan. Si el híbrido es macho no embaraza a la hembra; y si es hembra, no queda embarazada.

Pese a ese saber, palpable por siglos, la teoría repite que unas especies generan otras. Aunque existen más de 200 especies de primates, jamás se ha visto poblaciones híbridas descendientes de ellos; por lo tanto, decir que ‘descendemos’ de algún tipo de bicho, no es apoyado por el empirismo científico. Y por esa razón la teoría, es teoría y no hecho científico, por no contar con la evidencia científica indispensable.

Otra cosa es la argumentativa circular con frases científicas, con la que se pretende apuntalar la creencia homínida; pero repito: no hay ni una sola evidencia de que una especie trasmute a otra. Es científicamente imposible que una especie trasmute a otra mediante las ‘poblaciones’ híbridas de la teoría evolutiva. Esa imagen que pretende dar idea del paso de un mono en cuatro patas a humano erguido, en millones de libros y cuadernos, internet, prensa, y TV, es sencillamente imposible. Lo que se propugna, con todo respeto, y sin ningún otro ánimo que el alzar estandarte a la verdad, es aplauso a la ignorancia, no hecho científico.

Lo realmente científico sería mostrar la evidencia del paso procariota a eucariota, porque es la base de toda la teoría: primero surgió el organismo unicelular, y luego el eucariota’, pues este último forma más de un millón de especies (aves, peces, mamíferos, insectos, plantas…).

Sin eso, la teoría es ficción en sí misma. Los laboratorios lo tienen fácil para probar esa evolución en las bacterias, pues su altísima velocidad de reproducción permitiría la observación de algún cambio a nivel molecular que, al menos, indicara un cambio hacia el eucariota a nivel de ADN.

Los laboratorios ensayan con millones de cepas; pentamillones de bacterias. Y una sola bacteria es capaz de generar casi 100 generaciones diarias: casi 20,000””000,000”’000,000”000,000’000,000 por día. ¡Una sola! ¿Cuántas posibilidades de ver el desarrollo de la evolución en millones de cepas, con millones de ellas proliferando?… Tienden e infinito.

Sin embargo, aunque en miles de laboratorios evolutivos muchos científicos, excelentes biólogos, muy profesionales, buscan con afán y tecnología punta ese descubrimiento que llevaría automáticamente al Nóbel, desde hace más de un siglo, jamás ha podido ser evidenciada tal evolución. Las bacterias siguen siendo tan bacterias como siempre. Se dice que están aquí desde hace miles de millones de años, sin embargo se muestran ante nuestros ojos como siempre lo han hecho, sin el más mínimo síntoma de evolución en ellas.

Así las cosas, la transmutación de procariota en eucariota, el fundamento de la teoría (que no hecho científico) de la evolución de las especies, no pasa de ser un mito. Igual que nuestra propugnada ‘igualdad genética al simio’, no ha entrado en ciencia desde la evidencia, sino desde la argumentativa. Mas en biología no es la argumentativa lo que apoya, sino la evidencia orgánica del hecho que se propugna.

No me canso de repetir la evidencia bíblica de la Ciencia de la Creación de Dios: Sal 139:13-16, escrito bajo revelación por un pastor de ovejas, más de 4 mil años antes del 1er genetista y del hallazgo de la biblioteca ADN:

Porque tú formaste mis entrañas;

Tú me hiciste en el vientre de mi madre.

Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras;

Estoy maravillado,

Y mi alma lo sabe muy bien.

No fue encubierto de ti mi cuerpo,

Bien que en oculto fui formado,

Y entretejido en lo más profundo de la tierra.

Mi embrión vieron tus ojos,

Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas

Que fueron luego formadas,

Sin faltar una de ellas.

**********

Anuncios

DARWIN: EL MUNDO DE YUPI (I).

abril 19, 2013

Hace unos días entré al blog del profesor Eduard Punset; allí, entre temas científicos, había un efecto subliminal: links a varias páginas que hablaban de inteligencia simia y de Hominidia, incitando a pensar que está probado que descendamos de homínidos. Es esta dirección web:

 http://www.eduardpunset.es/20216/general/agudizar-el-ingenio

Desde hace años lucho contra el anticientificismo de la teoría evolutiva, diferenciando mito de hecho científico; por ello deseo abordar de nuevo el tema, tratando de presentar mejor la imposibilidad de lo que se sustenta, con el fin de anular y sacar definitivamente tal mentira de las aulas.

La evolución simio-humano se presenta, normalmente, más o menos así:

MonoAHombre

Esta imagen incita a pensar que un simio se convirtió en el 1er homínido, y este en un 2º que luego trasmutó a un 3º, que a su vez trasmutó a un 4º… que se convirtió finalmente en el hombre actual; pero eso no es la realidad, sino su distorsión. Al ser sexuados, debe mostrarse la supuesta evolución desde ‘parejas’ de simios, mas solo se ve un sexo: un simio trasmuta a hombre; su perspectiva es hermafrodita. Sin embargo, la mayoría de seres vivos eucariotas, más de un millón de especies distintas (insectos, aves, peces, mamíferos, etc) precisan de macho y hembra para generar las ‘poblaciones’ de las que se habla.

En general, es la regla de la teoría. Por ej: dicen que ‘un’ mamífero entró un día al agua y empezaron a producirse en él varias transformaciones morfológicas hasta llegar a la ballena actual. El azar del birlibirloque hizo que sus patas se volvieran aletas, su nariz un hoyo en su cabeza, y sus pulmones se adaptaran al submarinismo. Al final, ese ser hermafrodita pudo generar 40 especies distintas de ballenas con sus machos y hembras respectivos cada una. Es la apología del hermafroditismo; la anticiencia.

Pero en la vida real, las ballenas solo paren si son inseminadas por un macho de la especie que le corresponda: la azul por el azul, la gris por el gris, la jorobada por el jorobado… etc, etc. Todas son sexuadas, con macho y hembra involucrados en su no extinción; de modo que lo único racional, lógico, y científico, es pensar que macho y hembra de cada especie ballenera tuvieron que coincidir en el tiempo desde los inicios.

Y algo similar ocurre con los dinosaurios: se dice que ellos dieron origen a las aves que vemos hoy. Pero sin explicar que es imposible desde el empirismo científico: el dinosaurio no era hermafrodita sino sexuado; al nacer de huevos, su presencia en la historia exige que coincidieran un dinosaurio con su dinosauria al mismo tiempo… parejas, según su especie.

El hecho real es que existen 10000 especies de aves, todas sexuadas, y ninguna de ellas generando ningún embrión distinto a su especie. La gallina solo pone huevos que embrionan pollos, si antes un gallo, el macho de su especie, la ha inseminado. Igualmente solo nacen canarios de parejas de canarios, y loros de parejas de loros, y águilas, gorriones, etc… cada hembra con un macho de su especie, en 10000 distintas.

Desde Darwin la teoría evolutiva exhibe especies asexuadas generando otras sexuadas, y luego su multiplicación híbrida. Lo dicen ellos, no yo, pues según el postulado evolutivo las bacterias unicelulares crearon toda vida sexuada que hoy existe. Hoy, el ADN (obvia frontera entre especies), dice que es imposible; sin embargo, literatura docente, prensa, y hasta anuncios de calmantes por TV, exhiben esa imagen del simio hermafrodita coronando niveles homínidos hasta llegar al humano. Algo irreal, pues simios, humanos, y el 99% de los eucariotas, unos 2 millones de especies, son sexuados: necesitan de macho y hembra coincidentes en el tiempo para poder generar las ‘poblaciones’ a las que alude el darwinismo.

De modo que la imagen que deben mostrar, sería esta:

Hominidia

Así se puede ver mejor el disparate: la pareja simia tiene 48 cromosomas en su ADN; la humana tiene 46. De modo que por algún sitio se perdieron un par de cromosomas… ¡lo mismo que ocurre en los híbridos!

Pero, ¿qué son los cromosomas? De la forma más simple posible, pues es complejo, diré que toda la información genética del ADN existe en un material microscópico llamado cromatina, situado en el núcleo de cada célula eucariota (la célula propia de insectos, aves, peces, mamíferos, etc)

En un momento preciso (mitosis), tal información se organiza en parejas de partículas microscópicas llamados cromosomas. ¿Y por qué en parejas? Pues porque, como venimos insistiendo, al nacer los seres sexuados, su ADN tiene una cadena procedente de la madre, y otra del padre.

En el caso humano son 23 pares (46 en total), y en el de chimpancé (con quien se empeñan en emparentarnos), son 24 pares (48 en total). Pero cada cromosoma tiene su forma y tamaño único entre el resto de los 23 ó 24 pares (según sea simio u humano). En síntesis, en monos y humanos, el cromosoma es el material genético organizado y en el cariotipo  humano, visto de forma elemental, es así:

CariotipoHumano

El último par, el 23, corresponde al cromosoma sexual; en este caso, este cariotipo, pertenece al sexo masculino: un cromosoma tipo X y otro Y (más pequeño). Si fuera el de una mujer, serían dos cromosomas iguales (XX).

Veamos ahora qué pasa en la vida real con los cromosomas: Al cruzar un burro con una yegua nace una mula (o mulo); un caballo con una burra da burdégano. Los burros tienen 62 cromosomas y los caballos 64; al crearse los gametos [células reproductoras], el de la madre tiene 62 cromosomas, y el del padre 64. Al no ser homólogos los gametos masculino y femenino (condición exigible en toda especie sexuada que existe), el cigoto o célula resultante de la unión de esos gametos, presenta un ADN distinto a ambos: 63 cromosomas, y la cría nacerá estéril.

Es evidencia científica: ningún híbrido procrea; no incrementa su nueva especie, que muere al morir el animal. Se cumple en cada rincón del planeta; es válido para toda especie híbrida animal conocida. Aun así, pese a esa evidencia científica, se sigue diciendo en aulas, prensa, TV, y dondequiera que sea posible, que descendemos de un simio.

En el 2005 se formó el mapa comparativo génico chimpancé-humano. Ese proyecto Genoma, que hermanó al ser humano con el chimpancé en un 98%, salió dando traspiés desde el inicio. La 1ª contradicción fue que las personas tenemos 46 cromosomas, y los chimpancés 48. O sea, 23 pares en el humano, y 24 en el chimpa; pero el capricho exigía la comparación. Esa diferencia fue un escollo que había que resolver como fuera para poder presentar al mundo la homología simio-hombre; el objetivo fijado desde el inicio, el sino quom de la subvención.

Y lo resolvieron metiendo con calzador la igualdad entre el cromosoma 22 chimpa, y el 21 humano; así como el que los cromosomas 12 y 13 del chimpa se unieron en algún punto de la historia para dar lugar al cromosoma 2 humano. Con estas suposiciones made in home, sin evidencias, se hizo el proyecto ‘científico’ Genoma Hombre-Chimpa que nos hizo genéticamente iguales a los simios en un 98%.

Urgía alinear como homólogos al cromosoma 21 humano y el 22 chimpa, pero la diferencia numeraria era un escollo; había que hacer desaparecer un cromosoma de simio como fuera. Y aquí incluso obviaron otra realidad: al ser sexuados, y diploides, no se trataba de un solo cromosoma, sino de dos.

La solución la forzaron a partir de los cromosomas 12 y 13 chimpa: por arte de birli-birloque argumentativo lo convirtieron en el cromosoma 2 humano. De hecho, les rebautizaron como ‘2ª’ y ‘2B’, condicionando en el mundo la aceptación mental del bulo anticientífico, e induciendo que tal cambio hizo nacer nuestra especie. Así aparece escrito en el proyecto:

Human chromosome 2 resulted from a fusion of two ancestral chromosomes that remained separate in the chimpanzee lineage (chromosomes 2A and 2B in the revised nomenclature, formerly chimpanzee chromosomes 12 and 13)’

Es decir, argumentando sobre lo ignoto, y obviando lo conocido: ‘los híbridos no procrean, impusieron a toda costa la aceptación subliminal de un concepto que las evidencias les niegan, para hacer creer que el actual genoma chimpancé, pese a tener 2 cromosomas más que el humano, es igual al nuestro en un 98%. Así, concluyen que lo real no es lo que vemos, sino lo que suponemos. ¿Ciencia o anticiencia?

¿Qué solución ‘científica’ echó abajo ese muro de la verdad? Se acudió a argumento circular que hiciera realidad los sueños, dando por hecho las suposiciones: los cromosomas 12 y 13 del chimpa, fueron llamados 2A y 2B, alegando que durante la evolución ancestral se unieron para generar el cromosoma 2 humano.

Vieron que el brazo largo del cromosoma 12 chimpa se parecía al brazo corto del cromosoma 2 humano… y se le llamó 2A. Y que el brazo corto de ese cromosoma 12, separecía a las bandas q 11 a q 13 de la porción proximal del brazo largo del 2 humano. Luego vino la tercera suposición: Todo el cromosoma 13 chimpa cubriría el resto del brazo largo del cromosoma 2 humano. Y a ese conjunto se le llamó 2B. ¡Todo un caso de ingeniería argumentativa! Innovación filosófica, no científica.

El cariotipo numera cada cromosoma según su tamaño, siendo el mayor el uno. Los cromosomas 12 y 13 del chimpa se ganan ese número por su dimensión, no por su posición física en la doble hebra de ADN. ¿Por qué llamarlos entonces 2A y 2B, si en realidad son mucho menores que el 2 humano, el 2º más grande de nuestro genoma? Si se cotejan los tres, se ve la gran diferencia entre ellos; solo el gran interés por igualarlos, logró ocultar esas discrepancias.

El escollo no es trivial: contienen genes compuestos de espirales de ADN; y el cromosoma 2 humano, el 2º mayor del genoma, tiene 1.346 genes integrados por 237 millones de pares de bases que codifican proteínas. [Genome Secuence Center-Washington; Laboratorios Europeo de Biología molecular, y Nacional Lawrence Livermore; Universidad Estatal de Pensilvania; Centro Stanford del Genoma Humano]

Esta anulación del empirismo que siempre caracterizó toda investigación científica, esta falta de evidencias calzada con suposiciones, será recordada como una de las mayores vergüenzas de la Ciencia. En el próximo artículo demostraremos el anticientificismo de este trabajo no fundado en evidencias, sino en imposiciones deductivas sin pruebas; en alucinaciones.

**********


COCTEL HOMÍNIDO, SOPHISMA, y antiCIENCIA.

enero 25, 2011

25/1/2011 

Hace unos días, mirando unas frases en latín, sin saber por qué, me llamó la atención una palabra en particular: ‘sophisma‘.  Acudí a la traducción, y este es el uso gramatical que presentan:

Razón o argumento aparente con que se quiere defender lo que es falso, intentando persuadir de su certeza.”

Y entonces supe que algo en mi interior me había movido para darle a  la teoría de la evolución de las especies la perspectiva que merece, desde la óptica de la sintaxis: La Teoría Darwinista nació siendo sofhisma, y sofhisma morirá; escrito en latín, para bañar la argumentativa vacía de base, con un poco de cultura.

Para los paleontólogía evolutiva, el punto de inicio de la humanidad fue la aparición de los primates, 65 millones de años atrás. Y las especies clasificadas como primates son los simios, monos, musarañas… y el humano. Este es el árbol homínido que presentan en escuelas del mundo entero:

Si esto no es hibridismo puro, ¿qué cosa lo es?

Los catedráticos evolucionistas Gould y Edgregue, peritos evolutivos, con 20 años abriendo tumbas, crearon la contra teoría del equilibrio punteado, al comprender que no había forma de hallar el eslabón perdido. Y uno de los problemas que les llevó a esta decisión fue el concluir que distintos homínidos, cada uno de los cuales había sido considerado como eslabón hacia los otros, en realidad había convivido en el mismo período. Pero si se consideraron eslabones, como veremos al final, se está hablando de híbridos fértiles, pues yendo hacia atrás en el tiempo tendrían todos un ancestro común.

Se dice que hace 2,5-1,8 millones de años, varias especies bípedas coexistieron en África, tales como: Homo habilis, Homo rudolfensis, Homo ergaster y Paranthropus boisei. Al plantear esa convivencia niegan el anterior concepto de una sola especie homínida bípeda, reemplazándola por otra ramal.

Así, dándole las vueltas que quieran darle, al tratarse de especies sexuadas, eso solo se podría lograr desde el hibridismo de unas con otras. Y entonces les ataca la contradicción: los híbridos son estériles por definición científica.

Hoy, a la luz del conocimiento ADN, y de las limitaciones ADN que fijan fronteras, aluden que no fue por hibridismo, sino por cambios puntuales, sustituciones de bases, duplicaciones de síntesis, aneuploidías, polimorfismos, etc…

Pero lo real es que la OMS registra a día de hoy casi 30,000 dolencias de causas génicas, debidas a esas mismas sustituciones de bases, duplicaciones de síntesis, polimorfismos, aneuploidías, etc. Es decir, no hay ni un apoyo científico a la teoría, acreditando que las sumas de cambios puntuales en bases del ADN conduzcan hacia una mejora genética. ¡Todo lo contrario! Que presenten la prueba de lo que dicen, pues si se especula sin evidencias, se propugna un disparate; esa sustitución de bases, ese cambio genético a mejor, solo existe en los sueños. ¡No se ha registrado ni uno, en todo el planeta!

El árbol evolutivo llevado a cada escuela en el mundo presenta un problema: por si alguien aun se lo cree, los niños no vienen de París; ni lo traen las cigüeñas darwinistas, desde el país de Alicia. Existe un hecho impuesto por la genética: una hembra es embarazada solo si un espermatozoide masculino, compatible genéticamente con ella, fertiliza su óvulo. Y ese hecho es negado por la fábula sinóptica que se cuenta en las aulas, pues esto es lo que se propugna:

– Hembras de la 1ª especie, Homínidas Australopithecas, 3 millones de años atrás, de pronto dejaron de parir australopithecas y sus bebés se convirtieron en Homos habilis.

-También de pronto, un día esa 2ª especie, las homas hábiles, dejaron de parir homos hábiles, y les dio por dar a luz una 3ª especie: homus erectus.

-Y luego, también de pronto, las homusas erectas, dejaron de parir homus erectus, que era lo suyo, y comenzaron a generar dos especies distintas: machos y hembras de Java o Pithecanthropus Erectus (4ª, a 700000 años) por una parte, y machos y hembras de Pekín (5ª, 250,000-500000 años).

– De una de estas dos especies, distintas entre sí, [vaya a ud a saber cual] salió la 5ª especie: el Homo sapiens neanderthalis. Y de nuevo, por arte de birlibirloque evolutivo, luego de milenios, un día las mamás sapiens neanderthalis negaron su especie, y les dio por empezar a parir al humano moderno, hace unos 35 mil años… pues ningún niño nace sin madre.

Y esto es lo que se dice en las aulas… más o menos, porque si ud. consulta en libros distintos, verá tantas alteraciones como vean los autores que ud. lea. Algo normal, porque cuando no hay ajuste a la verdad, cualquier opinión encaja; cualquier suposición tiene la misma validez.

Pero, en general, la evolución dice que unos 35.000 años atrás la Europa Occidental estaba poblada de Neanderthales, y que entonces hubo un cambio radical de especie: entró el humano, con sus esculturas, música, comercio e innovación. Luego entonces, es innegable que Neanderthales y humanos no solo se conocieron, sino que coexistieron en hibridación, pues los primeros padres de humanos, según la sabiduría evolutiva, fueron Neanderthales. E igual tuvo que ocurrir antes entre los otros ancestros homínidos, pues todo hijo sale siempre de una madre, y siempre hubo madres pariendo hijos de nuevas especies.

¿Estoy diciendo alguna barbaridad? Pues es lo que dice el árbol evolutivo. Veamos más:

Esto es lo que los evolucionistas dicen en las aulas sobre la Eva mitocondrial, la 1ª mujer:

Los cálculos estadísticos que se han realizado informan que, en los mamíferos y en concreto en el hombre, cada 10.000 años aproximadamente surge una mutación en una de las bases del ADN mitocondrial. Es decir, la diferencia entre una mujer que hubiera nacido hace 40.000 años y un descendiente directo, vía materna que viviera hoy, sería por término medio, 4 bases. De hecho, un estudio realizado en los ADNmt de los europeos (Bryan Sykes), afirma que estos provienen de siete mujeres, las siete hijas de Eva. La Eva mitocondrial, la antepasada común más moderna de todos los seres humanos que hay en el mundo, se remontaría de este modo a unos 150.000 años.”

Obviemos un instante la barbaridad que se ha dicho aquí, pues las mutaciones en las mitocondrias causan miles de enfermedades diferentes, todas letales. ¡No hay ni una sola mutación mitocondria beneficiosa! ¡Que la presenten! Pero, vayamos solo a la contradicción: ‘hace 150000 años vivió la mujer más antigua’. ¿Alguien duda que anuncian la 1ª mujer?

Según lo que se dice en las aulas, ¿quiénes habitaban el planeta en aquel entonces? ¡Las Homo sapiens neanderthalis! ¿Cómo es posible conjugar eso desde el raciocinio? Según esto, un día las homo sapiens neanderthalis comenzaron a parir mujeres humanas… ¡sin el cromosoma ‘Y’ masculino humano! ¡El único compatible embriológicamente con las mujeres, pues sabemos que no nacen mujeres sin padres hombres! Es la cresta de la fábula.

No hay dudas de que presentan un híbrido en las aulas, puesto que el primer cromosoma ‘Y’, según cuenta la literatura docente evolucionista, el macho humano, apareció hace 50,000 años. Así, el cálculo mitocondrial evolutivo ofrece una contradicción: Eva tiene unos 150,000 años, y Adán, solo 50,000; 84,000 años esperando al padre de sus hijos.

Y, ¿qué pasó mientras tanto? ¿Cómo se mantuvo viva la especie de esa Eva evolutiva durante 84,000 años, sin un Adán que la hiciera madre? ¡Solo quedando embarazada de machos de otra especie, distintos al hombre! ¡84,000 años de híbridos fértiles! Y a eso, sin inmutarse, le llaman Ciencia… y es lo que cuentan en las aulas.

¿Estará ya entre nosotros otra nueva especie y no nos hemos dado cuenta? Pues si seguimos las huellas del árbol evolucionista, eso está al suceder.

Queridas futuras mamás pro-evolucionistas; no se asusten si algún día les sale algo distinto a un niño: se estaría cumpliendo el sueño evolutivo. Tal cual están las cosas hoy día, igual le dan un cheque premio a la primera; todo es cuestión de sentarse a esperar. A las seguidoras de esa fe, les aconsejo que lo hagan de la forma más cómoda posible.

¡Jamás ha habido en Ciencias un intrusismo más cruel, tergiversador, manipulador y mentiroso! ¡Y jamás ha habido tanta indolencia entre los hombres que hacen Ciencia! ¿Dónde están los Pasteurs de esta época? ¿Dónde ha quedado la dignidad científica?

La mentira ya lleva alas, cuando la verdad aun se está poniendo las botas. El mal triunfa si las personas de bien se mantienen pávidamente al margen, sin cumplir su deber social, permitiendo que en las aulas se cuenten las mentiras como verdades.

¡Vive y deja vivir! — dicen.

Lo más triste es que todos deberemos dar cuentas ante el juez, incluso de esas cómodas e indecisas posturas sociales que dejan vivir en impunidad a los mentirosos.

**********


LINGÜÍSTICA vs ‘HOMINIDIA’.

noviembre 11, 2010

Noviembre 11/2010

Cada vez que oigo hablar de homínidos, recuerdo la Ilíada de Homero, por afinidad mitológica. Y la Ciencia jamás debe consentir la mitología; de hecho, los que sentaron las bases científicas de la humanidad, de fe cristiana: Kepler, Copérnico, Pascal, Newton, Galileo, y otros cientos, aunque fundados en su fe, siempre concluyeron sus planteamientos con evidencias.

La Ciencia es búsqueda, pero la conclusión científica es ética; decir que algo es real, solo es moral si se avala con pruebas. Si una investigación no da evidencias más allá del argumento, no se ratifica una teoría; debe seguir buscándose la verdad, sin enseñarse en institutos como la realidad misma. Eso es inmoral y antiético; lo argumentativo jamás es admitido en ningún tribunal como evidencia de nada.

El descubridor de la anestesia por cloroformo, y autor de trabajos que conducirían a avances en ginecología, y en rayos-X, el Dr. James Simpson, al preguntarle sobre su mayor hallazgo, no refirió sus éxitos en medicina. Dijo que lo fue el saberse pecador, y que podía ser salvo por la gracia de Dios: “El hombre que no haya entrado en relación con Dios, mediante Jesucristo, se ha perdido el verdadero proyecto de su vida.”

La Ciencia es área exclusiva humana, vedada a chimpas; aunque la seudociencia, tergiversando al paroxismo, sellara analogía genética del 98%… hasta que se decrete en juicio la real divergencia. El responder a incógnitas distintas a la necesidad biológica, es único en el humano; sale de su alma. Pero muchos se esfuerzan por negar esa energía interior, solo por no haber logrado establecer el punto físico de su fuente.

La zona donde reside el origen de las ideas, sentimientos y análisis; la capacidad que nos convierte en la excepción de la regla, y en amos de la comunicación, es algo que siempre ha intrigado a la humanidad. Palabra, lectoescritura, y artes, son privilegio exclusivo humano, entre casi dos millones de especies. La lingüística es solo nuestra; y se controla en puntos del lóbulo temporal del córtex cerebral… ausentes en chimpas.

Los Centros de Broca y Wernicke, puntos claves de la neurolingüística, situados en ese lóbulo, constituyen otra gran espina ética hundida en la carátula del ‘Origen de las especies’ de Darwin, impidiendo pasar página. Desde la falta de ciencia, con argumentos filosóficos, se saltan a la torera los muchos impedimentos científicos que niegan la teoría darwinista. Y este es de los más espinosos; contra él no hay evidencias. Pero ningún argumento es admitido como evidencia en ningún tribunal; y la teoría evolutiva acabará sus días allí, muy pronto.

Darwin arguyó que el habla y la postura erguida surgieron por instinto. Pero toda su suposición teórica, se basó en ignorancia científica. Hoy se reconoce limitación anatómica para el bipedismo en simios, y hay por ej., hallazgo antropológico en Turquía de humanos cuadrúpedos, debido a mutación génica… que afecta al cerebro.

 

Malformación

Malformación

Esas personas, de una misma familia turca, evidencian que los restos declarados ‘homínidos’ por la paleontología, seguramente pertenecieron a simios… o a humanos que padecieron dolencias degenerativas. No obstante, el fisiólogo turco Uner Tan, sostuvo que esos rasgos típicamente humanos pueden ser el resultado de un suceso evolutivo “puntual”. O sea, se hizo eco del ‘equilibrio punteado’ apelado por los paleontólogos evolutivos Stephen Jay Gould y Richard Lewontin, luego de romper mucho pico, pala y buldózer, en busca del eslabón perdido que jamás apareció, y que les forzó a negar la evolución gradual, tradicionalmente sostenida por el darwinismo.

Mas, si seguimos tal razonamiento, deberemos convenir con que entonces no estamos ante evolución, sino ‘involución’, puesto que los padres no son homínidos, sino humanos normales… que degradaron la especie, trasmitiendo defectos congénitos a hijos.

El ‘International Journal of Neuroscience’ expuso este síndrome, visto en Iskenderun, cerca de la frontera con Siria. Allí, fisiólogos, neurólogos y psicólogos analizaron la descendencia de lejanos consanguíneos: 19 hijos [entre 14 y 36 años], de los cuales nacieron con el síntoma cuatro hembras y un varón, mientras otros 12 eran normales. El análisis genético concluyó característica genética recesiva, debida a mutación.

El examen cerebral con resonancia magnética, reveló además un estrechamiento de la ‘vermis‘, y reducción del cuerpo calloso. Pero, aún ante tal evidencia de mutación genética, con la obstinación propia de la defensa evolutiva, cerrada a cualquier posibilidad de error, Tan aseguró que ese defecto parece producir un retraso de miles de millones de años en el reloj de la evolución humana. O sea, inconsciente propugna a una ‘involución’, sin inferir desde la evidencia que todo supuesto hallazgo fósil ‘homínido’, en realidad debería corresponder a monos o a humanos con ADN mutado.

Y se repite la obcecación cuando el biólogo inglés Nicholas Humphrey, junto a John R. Skoyles, y el anatomista Roger Keynes [Universidad de Cambridge], tras examinar a los enfermos, dijo: ‘Estas personas caminan de la misma manera que nuestros ancestros hace millones de años‘. Especulativo, pues nadie vivió eso para contarlo; y por tanto sin valor legal ante un tribunal de apelaciones.

Si hay algo común en la defensa evolutiva, es la reticencia a admitir siquiera que los fósiles hallados fueran en realidad restos de humanos con dolencias degenerativas conocidas hoy. Y la mayor evidencia del error es que hay por ahí 200 tipos de monos que no copulan si no son de la misma especie, no presentando evidencia de descendencia ‘homínida’ en ninguna selva o laboratorio evolutivo del planeta. Todo lo que tienen contra la verdad es argumento filosófico; pero en todo tribunal se rechaza lo argumentativo. Es una de las acepciones jurídicas que han sentado cátedra en jurisprudencia, para negar la razón a quien argumenta.

Mas lo trascendental es que ni el mono ni otro animal, es consciente del yo futurista; no prevén más allá de su necesidad inmediata. Ni hablan ni presentan la gramática intelectiva que permita crecer en conocimiento. Tienen diferente actividad cerebral.

En el córtex se integran las capacidades cognitivas y la consciencia, que permiten comunicarse por palabras, y hacer razonamientos complejos. El córtex cerebral humano tiene numerosos pliegues, distintos al resto de especies. Aun así se instruye que la genética humana nos iguala al chimpa en un 98%. Algo que fija discordia: ¿Por qué entonces los neurocirujanos experimentan con monos rhesus [macacos], especie evolutivamente más ‘lejos’ según la teoría, en lugar de con los chimpas, los ‘iguales‘ al humano al 98%?

Y los que insinúan que los cambios mono-humano se dieron por azar, citando la interrelación social de poblaciones, como el motor impulsor del proceso de lenguaje ‘homínido’, deberían pensar con igual lógica que de haber sido así, las otras 196 especies simias habrían alcanzado también el lenguaje. Pero no; el humano es el único. Y eso se convierte en evidencia contra lo que se propugna; la misma lógica de raciocinio conduce hacia que nacimos hablando desde el principio, debido al exclusivo diseño biológico que lo permitió. Lo contrario a eso es argumentativo… y ya se sabe que lo argumentativo no vale en un tribunal para acreditar una verdad, sino que acredita sentencia en contra.

El lenguaje es la más específicamente humana representación del mundo; es el proceso cognitivo que nos diferencia de las otras especies. La semántica, creada por intelecto humano, da significado a símbolos [palabras], logrando describir sucesos u objetos, sin importar lo lejanos que estén. Y eso está ausente en chimpas & company.

El humano describe un sin número de pensamientos, partiendo de cantidad finita de palabras. Su intelecto percibió la necesidad de establecer las reglas gramaticales que determinan el lenguaje. Los chimpas & company carecen de tal facultad.

Los centros de Broca y de Wernicke, en la parte posterior e inferior del lóbulo temporal del córtex cerebral, se vinculan a la capacidad exclusiva del ser humano: la lingüística, alejándonos radicalmente del mundo animal. Ninguna bestia es capaz de hablar y pensar coherentemente lo que dice, entre casi dos millones de especies animales registradas; y por supuesto, ninguna entre las casi 200 especies distintas de monos, chimpa incluido.

Broca notó que los daños en esa área generan afasia motora; un mal que hace que la persona, aun manteniendo capacidad de lectura y escritura, no pueda articular palabra; por eso lo consideró un punto de origen de la neurolinguística… ausente en monos & company.

La comunicación lingüística, incluso la más básica, implica la representación de todo lo que nos afecta del mundo mediante la palabra, tanto en forma oral como escrita… y eso está ausente en chimpas. Demanda abstracción para la clasificación pictográfica de objetos y/o situaciones, también ausente en chimpas; y otra aún superior para la interrelación social-artística totalmente ausente en cada una de las casi 200 especies de monos de los que pretenden derivarnos; chimpas incluidos, por supuesto.

Los científicos registran junto al área de Broca varias regiones críticas, activas si las personas planean decir algo, hablan o se expresan por señas. Y Jared Taglialatela, [Centro Nacional Yerkes de Investigación sobre Primates], juzgó que “la conducta comunicativa de los chimpancés comparte muchas características con el idioma humano“. Escaneó tres cerebros de chimpancés mientras gesticulaban y llamaban a una persona demandando una comida puesta fuera de su alcance.

Detectó que los simios mostraban activación en la región cerebral que en humanos correspondería al punto de Broca [sin tenerlo], y en otras áreas similares del cerebro humano donde se involucran la planificación motora compleja y otras acciones. Pero eso también es argumentativo; si hubieran estudiado esas áreas en perros, caballos o delfines, habrían visto la misma activación, pues necesariamente, si el cerebro es la fuente neuronal de todo proceso animal, es normal que se activen áreas de emociones comunes.

Lo único real, es que carecen de los puntos de Broca y Wernicke. Hablar de áreas homólogas en cerebros diferentes, [tal como en el proyecto genoma hombre-chimpancé], es una argumentación sin evidencia científica, fundada en un supuesto. La única realidad es que NO HABLAN, no esculpen ni pintan ni estudian ni hacen proyectos de futuro, ni tienen la conciencia del ‘yo futurista’ [¿Qué seré de mayor?]; y eso fija una gran frontera, no una semejanza que indique descendencia de ellos. Y lo argumentativo, como se ha venido repitiendo, se rechaza en los tribunales, el lugar donde tendrá que comparecer  muy pronto, Dios mediante, la teoría evolutiva.

La fuente de las ideas, sentimientos y análisis, nos capacita y convierte en la excepción de la regla, y en reyes de la comunicación. La palabra, la lectoescritura, y las artes son privilegio exclusivo de nuestra especie, entre millones de distintos tipos de animales. La lingüística, y todo lo intelectual, fue, es, y será exclusivo de humanos; y siempre estuvo, está, y estará… ausente en chimpas & company.

Legalizar homínidos es propugnar la falaz y anticientífica descendencia híbrida, con diferentes especies de monos copulando y gestando entre sí. Pero jamás, en ninguna selva o laboratorio del planeta se ha visto tal cosa ni se ha logrado que ningún híbrido sea capaz de multiplicar ninguna nueva especie. Eso es mentira; quienes protejan tal anticientificismo, no son dignos de ejercer el decoroso ejercicio del magisterio. Venden su alma por el precio de la subvención.

Y cada gobierno que subvencione el apuntalamiento de tal mentira con los millones de euros invertidos hoy, es un régimen que derrocha para financiar engaños contra la Creación de Dios. Si no cambian, si no se arrepienten y piden perdón a Jesús, unos y otros tendrán que responder ante el Creador por haber sembrado y alimentado ideas antiCristo en el corazón humano.

El argumento de Bereshit 1:26, el libro con el que instruía Jesús, según la tradición judía, reseña: ‘Y dijo Dios: “Hagamos un hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza…” Y ese argumento adquiere valor real en la presencia humana. Pero lo de convertir calabazas en carrozas es otro hecho; no vale lo argumentativo. Ningún tribunal lo admitiría sin la evidencia que  lo corroborara. Ni el humano ni el divino.

**********


ALADINO, MICKEY MOUSE… y DATACIÓN GEOLÓGICA VI

marzo 29, 2009

Prosiguiendo con el propósito de demostrar cuánto cuento [¡Buenos parónimos!] encierran los bien llevados hermanos [e hijos de un mismo padre] datación geológica y teoría evolutiva, voy a recurrir a un nexo gramatical que viene que ni pintado:

Si hablamos de ‘aforismo’ en Ciencias, referimos una sentencia doctrinal, supuesta como guía; una declaración o sentencia concisa, ‘pactada’ por un foro de personas que intenta expresar un principio símil a la verdad, del modo más breve y ajustado posible. Mientras, el latín ‘axioma’ refiere un punto de partida de un juicio considerado tan evidente, que no necesita demostración. Por ejemplo: ‘Los perros tienen 4 patas’, es un axioma obvio.

Así, conviene distinguir entre aforismo y axioma. Los aforismos brotan de bases pre establecidas, mientras que los axiomas son verdades obvias, que no requieren una comprobación. El decir: ‘los hombres evolucionaron del mono‘, es un aforismo. ¿Perciben la diferencia? Sin embargo, la política del ‘calzador’, inexcusablemente ha hecho que se conciba en las aulas esta afirmación homo-simiesca, anticientífica y esperpéntica, como un axioma de ley. Y partiendo del concepto, no amparado en asignatura científica alguna: ‘el tiempo es magia‘, se ha investido la datación geológica/radiométrica como herramienta ‘seudo’, para forzar el salto de aforismo a axioma.

Justo ese método ha dado lugar a un fraude axiomático más, presentado como ‘evidencia científica’. Se trata del cráneo de ‘Kabwe’; más conocido como de ‘Broken Hill’, por ser hallado por el minero suizo Tom Zwiglaar, junto a una mandíbula superior de otro individuo, un sacro, una tibia, y dos fémur, en las minas de hierro y zinc de este nombre. [pág 208, Donald Johanson, ‘From Lucy to Language’]

Los fósiles de la tibia y el fémur se asocian al cráneo, y la datación efectuada les situó entre los 125 y los 300 mil años. Se declaró ‘homínido’, del grupo ‘Homo Rhodesiensis’, y se nominó como ‘el Hombre de Rhodesia’. El sitio paleontológico fue destruido luego por una filtración de agua; se convirtió en un profundo pozo, y no se pudo visitar nunca más.

El cráneo hizo pensar a los investigadores en alguien muy robusto, con un rostro muy similar al ‘Homo neanderthalensis’ [nariz grande y gruesa], y se le consideró ‘Neanderthal africano’. Sin embargo, sondeos recientes señalaron caracteres intermedios entre los modernos Homo Sapiens y el Neandertal, y esto hizo que gran parte de los ‘expertos’, terminaran ubicándole en el grupo ‘Homo Heidelbergensis’, aunque con denominaciones tales como ‘Homo Sapiens Arcaico’ y ‘Homo Sapiens Rhodesiensis’.

Hasta aquí, ha funcionado la argumentación; solo luego de crear el entramado con ropaje científico, que le aportara ‘credibilidad‘, se envió al museo. Pero, ¿qué hay en realidad en ese cráneo, que se ha ocultado a la opinión pública?

La minuciosa investigación del Doctor Jack Cuozzo, biólogo [Universidad de Georgetown] y Doctor en Cirugía Dental (D.D.S.) [Universidad de Pennsylvania], logró esclarecer este escabroso fraude, que, caprichosamente, en claro ejercicio de anticientificismo, aun permanece exhibido en el museo londinense.

Lo distintivo de este cráneo, que motivó el interés del Dr. Cuozzo, es que su lado izquierdo exhibe un orificio redondo de bordes planos, que solo pudo haber sido producido por una broca movida por un taladro cirujano… o por un proyectil salido de un arma convencional. Y también, que en el lado contrario el hueso muestra un estrago de área mayor, típico de la salida de un proyectil. Al acudir a un experto forense berlinés, este dijo que el agujero era exacto al de heridas de bala vistas en su profesión. O sea, se está ante un ‘Neanderthal’… que murió por arma de fuego. ¿Qué falla aquí? Sin duda alguna: la razón.

El investigador refiere que usó la técnica de rayos X, sobre el simétrico agujero del lado izquierdo, en el hueso temporal, y la radiografía reveló un orificio casi redondo. Sus medidas era casi de 8 mm exactos, con una variación puntual del 3.75% [7.7 mm de alto]. Parecía hecho adrede, con algún fin médico o supersticioso.

Neanderthal 'balaceado'

Y aquí estamos ante algo muy interesante: la trepanación craneal ha sido una de las prácticas mágicas y/o terapéuticas más universalmente extendidas; tal vez sea la operación quirúrgica más antigua en la Historia de la Medicina. La primera evidencia de este tipo de praxis es de un fósil datado en el Neolítico, entre el 7000 y el 4000 a. C. Los antiguos egipcios, mediante cuchillos, escoplos y mazas, lo usaban como función terapéutica, para aliviar migrañas, mareos, epilepsia o mitigar la presión ejercida por un coágulo luego de un traumatismo. También se ha visto en cráneos incas, revelando supervivencia del ‘paciente’.

Pero este agujero zambiano era diferente por dos motivos. El primero: hay otro boquete en la parte trasera inferior [hueso occipital], en un punto imposible de efectuar trepanado y que el sujeto siga vivo, pues es donde la columna vertebral entra en el cráneo. Esta segunda brecha en la parte inferior, resultaba mucho más grande que el primer orificio.

Se examinó linealidad entre ambos, y se consiguió mediante la varilla usada comúnmente por la policía, al buscar trayectorias. En la figura se ve la barra de acero pasando entre las dos aberturas. Obviamente, solo una bala habría logrado tal conexión y direccionalidad, pese a atravesar algo tan duro como el hueso compacto del cráneo, que habría desviado cualquier otro impacto natural, como por ejemplo, el de una piedra.

Direccion del Proyectil

El segundo motivo ya se ha comentado: el orificio es más grande dentro del cráneo, la zona cerebral, que el del exterior. Algo perfectamente visible en la foto. Y esto se ajusta a la descripción de los puntos de entrada y salida de una bala.

Aquí pudiera pensarse que alguien de más actualidad, pudo haber usado el fósil como ‘tiro al blanco’; pero ello habría destrozado un hueso casi mineralizado. Así que no queda más opción que concluir que la bala o fue la causa de la muerte de su dueño o se disparó con el hueso aún sin fosilizar. Mas eso resultaría imposible para un Neanderthal, pues si hay algo cierto, es que las armas de fuego no se fabricaron hasta el siglo XIII dC, cuando en China se hicieron las primeras mezclas pirotécnicas de salitre, carbón y azufre, y se usaron como explosivos propelentes, en armas rudimentarias de bambú.

Por otra parte, no se vio ninguna prueba de curación del hueso alrededor del agujero de entrada; y eso descarta una, poco probable, ‘operación quirúrgica’. El labio levantado sobre la superficie externa e inferior del orificio del hueso temporal tiene dos hendiduras que no son características de recuperación post traumática.

Pero en realidad, el análisis médico fue el que llevó a una conclusión sorprendente. La radiografía presentó una silla turca, sitio de la glándula pituitaria, ampliada y aplanada, así como los senos paranasales presentaban baches mayores del tamaño habitual, en la zona del mastoides izquierdo. También se presentaba la protuberancia externa occipital (el hueso puntiagudo al dorso del cráneo).

El hecho de que no fuera hallada la mandíbula inferior fue desafortunado, pues esta es útil para diagnosticar ciertas patologías; pero, sin embargo, el maxilar superior presentaba evidencias que gritaban la enfermedad padecida por la víctima del disparo. En realidad, habían matado a un ser que distaba mucho de ser normal.

La mayor parte de los dientes estaba totalmente descompuesta, y los huesos de la bóveda craneal eran demasiado gruesos. Por ejemplo, la base del occipital suele tener unos 6-8 mm de espesor; sin embargo, la radiografía lateral arrojó que la parte superior de ese hueso, en el fósil, tenía 13.8 mm, algo muy superior a lo usual.

La radiografía muestra además la protuberancia externa occipital [el hueso picudo descrito antes]; y esta proyección puntiaguda del hueso aparece aplanada, como debida a daño metabólico. La mayor parte del lado derecho había sido substituida por una sección deforme, incluyendo la de la protuberancia externa occipital; y todos los huesos que conforman el contorno del cráneo, según las vistas frontales y laterales de rayos X, mostraron espesor anormal.

Así, estos estos datos llevaron a diagnosticar ‘acromegalia’, enfermedad genética que activa secreción en exceso de la hormona de crecimiento [se manifiesta así a día de hoy]. Dolencia que provoca aumento desmedido en zonas acras: manos, pies, nariz y orejas. Algo que vengo reiterando en el blog desde su estreno, hace un año: se crean ‘homínidos’ donde se vea un fósil humano [o mono] con malformaciones congénitas que faciliten el bulo seudo científico.

Es decir, los agujeros de bala con entrada y salida, más el resto de deformaciones óseas, no señalan hacia un ser eónico, sino a un humano de procedencia mucho más reciente en el tiempo… muy posterior a la pólvora. Con su trabajo realmente científico, el Dr. Cuozzo, logró mostrar que el cráneo perteneció en realidad a un humano moderno ‘muerto por disparo de bala’.

La mandíbula inferior habría sido un factor clave en este diagnóstico, puesto que en cuadros acromegálicos, su posición quedaría por delante de la superior, posición normal de mandíbulas cerradas en estos enfermos; también presentaría un hueso mucho más fino que el de la dentadura superior, pues es típico de esta dolencia. Habría evidenciado a un ser humano convencional, portador de esta anomalía genética; y tal ausencia no puede resultar menos que sospechosa: ¿Por qué apareció el cráneo sin su quijada incriminatoria?

Pero aun hay otra incriminación más: en el año 1958, en Capetown, South Africa, R. Singer publicó un artículo de corte ‘evolutivo’ sobre este ‘Neanderthal’. Ahí se presentó otra radiografía del cráneo, pero en este caso, como ‘negativo fotográfico’. ¿Por qué no se presentó como original? Juzguen ustedes mismos:

Con Malicia

Como puede apreciarse, en el negativo, toda parte blanca aparece negruzca; toda el área clara, alrededor del cráneo, se ve oscura; gracias a eso, en el negativo no se percibe agujero de bala; al ser grisáceo el interior de la cavidad craneal, se hace imperceptible. ¿Hay o no hay malicia fraudulenta y embuste dirigido? Ahí tienen la verdad evolutiva: razonamiento circular, e intencionalidad a toda costa, donde la honestidad sobra.

No hay mejor contraste que la confrontación. Abajo expongo una radiografía de un acromegálico de la actualidad, sacada de Medline, y a su lado la del ‘ falso neanderthal’. Compárenlos y juzguen; verán como la protuberancia característica es evidente en ambos casos, aunque obviamente, en el fósil, la enfermedad está más avanzada.

Cráneos Aglomegáricos

Ante este aporte verdaderamente científico, la honradez obligaría al museo de Londres a retirar el cartelito de ‘Hombre del Neanderthal’. Incluso, visto a la tenue luz de la débil vela evolutiva, donde cualquier irracionalidad puede convertirse en razonable, pudiera extenderse aun más la información, y señalizar, por ejemplo: ‘Hombre del Neanderthal, asesinado a tiros por Australopithecus Africanus en ‘ajustes de cuentas’‘.

Total, a los niveles de sublimidad a los que se ha llegado, cualquier cosa cuela; y al cuentito para niños ‘Alí Babá y los Cuarenta Ladrones’, podría adicionársele otro en plan sátira: ‘Alí Darwin y los Ladrones de la Verdad‘. Podría ser, desde luego… si no fuera porque estamos ante algo tan serio, como pocos son capaces de comprender.

Si de alguna forma se quiere nominar a los ancestros humanos, habría que usar la única coherente con la Verdad: ‘adánicos’. Todo lo demás es cuento ateo con la direccionalidad antiCristo que nos fue alertada reiteradamente por los primeros discípulos de Jesús; como para que no nos cogieran desprevenidos. Pues bien, hoy están aquí entre nosotros, inoculando el veneno malicioso a todo aquel que como ellos, prefieran no razonar, disfrazados de conocimiento; y eso solo quiere decir una cosa: estamos más cerca de ver cumplida la Promesa de regreso del Cristo. El Señor está a las puertas y llama. ¿Ha pensado en Él?

**********


FLAUTISTA DE HAMELIN, NANAS PARA NIÑOS INSOMNES… Y DATACIÓN GEOLÓGICA IV.

marzo 21, 2009

Desde un año atrás, vengo exponiendo en este blog, que el mayor debate que enfrenta a la Ciencia de hoy, se ciñe sobre el acuerdo geológico-evolutivo, cuya carencia de evidencias científicas y constante suma de contradicciones, la saca del contexto de Ciencias, y la ubica de forma contundente en el terreno filosófico.

Nada que provenga de la corriente filosófica [o no-Ciencia], necesita evidencias, su defensa solo tiene que ocuparse exclusivamente de lo argumentativo. Y eso le pone la cosa fácil a la mentira.

Por eso, cada vez que la sociedad recibe una nueva prueba que deja mal parada a las teorías imposibles, los evolucionistas simplemente se niegan a aceptar tales evidencias. No importa lo arrolladoramente incompatibles que resulten; en lugar de actuar con honestidad científica, admitiendo las evidencias en contra, se obstinan en negar tales pruebas, con argumentacines caprichosas y tergiversadoras. Y eso es lo que se hace en esta página defensora evolutiva:

“Fósiles que sirven de evidencias de la Creación”

Una de las evidencias que intentan desacreditar es la de un martillo hallado en EE.UU., dentro de una roca datada en el Cretácico inferior. De ese link es la siguiente frase:

[Algunos creacionistas dicen contar con evidencias experimentales que contradicen por completo la teoría de la evolución y por tanto, según ellos, es necesaria una creación divina para explicar la biodiversidad de nuestro planeta. Veamos algunas de esas evidencias.]

Ante este planteamiento, es precisa una puntualización pro-creacionista: “No es que indiquemos, por innecesario, la obvia Creación, sino que señalamos que una vez más, se tergiversa cada hallazgo de tipo científico, que resulte ‘incómodo‘ a los defensores de absurdas eras eónicas y de lagartos reinando por los cielos“. En lugar de investigarlo honestamente, se le pone el cartel ‘Oopart’ [Out of Place Artifact o Artefacto fuera de lugar], y se sigue en el tránsito de la mentira.

Lo que señalamos es que, contrario a la incongruencia que estas evidencias suponen para la anticiencia geológica-evolutiva, resultan acordes con la tierra joven presentada en la Palabra de Dios. Se exhibe el martillo fosilizado, como se hace siempre, desviando la atención con una cortina de humo, que en realidad resulta irracional.

Debido a que la sociedad ateísta emerge como clase predominante en el contexto científico actual, se permite que eras geológicas y evolucionismo [anticientificismo], prevalezcan como envenenados cuentos infantiles en las aulas. Así se confirma que casi siempre la historia  la escribe un ‘pueblo vencedor‘, aunque lo contado no sea real; pues la Verdad importa un bledo… si median otros intereses.

Pero la Verdad, siempre ha sido la mejor maquinaria para separar ‘el grano de la paja‘; así que este artículo, como siempre, se aliará a la Verdad, almacenando el grano en la ‘esperanza‘, y acumulando ‘paja desinformativa‘, para que su energía ignífuga valga al menos para darle en el futuro un uso útil a la humanidad.

Y ahora, demostremos lo que defendemos, con algo más que argumentos. Veamos ante todo, como se nos presenta exactamente este ‘martillo fósil’.

Martillo Fosil... ¿Del Cretáceo?

La inmensa mayoría de los autores que se refieren a él, atribuyen el hallazgo a Max Hanh, tejano nacido en 1897, y residente en la zona de Red Creek, cerca del poblado de London en el Estado de Texas. Este señor paseaba junto a su esposa Emma, ‘por la zona en que vivían’, cuando halló una extraña roca que se había desprendido de un promontorio. Notaron que esta presentaba una extraña protuberancia, la recogió y la llevó a su casa.

El pedazo de roca subsistió como ‘curiosa’ propiedad de los Hahn hasta que, en 1946, su hijo George lo partió, y vio que la protuberancia que asomaba por un lado, era en realidad una de las puntas de un martillo atrapado dentro de la piedra. La herramienta conservaba incluso un fragmento del madero que sostenía la cabeza metálica. En la estructura geológica también se encontró cautiva una concha de almeja, que algunos juzgaron como ‘fósil’.

No se imaginaron que estaban ante uno de los hallazgos que serían más estudiados por la arqueología moderna. El hecho de ser ‘parte integral de una roca’, según los conceptos geológicos de formaciones rocosas basadas en períodos geológicos extensos, indujo a los expertos a pensar que estaban ante un artilugio de una antigüedad muy importante.

El que la madera del mango del martillo estuviera totalmente fosilizada y que la cabeza de hierro apareciera fundida monolíticamente en la piedra, certificaba algo sin duda alguna: el martillo, mango incluido, era ‘anterior‘ a la formación del peñasco. Y ante esta situación, nadie quiso investigar el martillo fósil, decidiendo relegarlo al ‘exilio‘. Así, fue condenado al ostracismo en una vitrina del pequeño Museo Somerwell, Texas, durante décadas.

Pero, por fortuna, el investigador norteamericano Carl Baugh, defensor de las teorías creacionistas, supo de su existencia, y lo compró en 1983, colocándolo en la exhibición de su ‘Creation Evidence Museum’, en Glen Rose, Texas.

De más está decir que, en lugar de aceptar la no concordancia del objeto, con lo que expone la teoría de eras millonarias y mamíferos convirtiéndose en ballena, gracias al ‘birli-birloque’ de la impredecible y ‘mágica’ ‘selección natural’, se acude a la descalificación. Una vez más, se intenta quitar credibilidad, incluso a lo que aparece ante nuestros propios ojos… como si el mundo fuera ciego y fácil de convencer.

Señores evolucionistas: la descalificación personal no es honesta; no es recurso científico, sino golpe bajo, insidioso, y vulgarmente impúdico. Si se difama de una persona, y se sustenta en la honestidad personal para hacerlo, basta con hacer una acusación formal en cualquier juzgado norteamericano, entre los millones de amigos evolucionistas que viven allí, y si hay en realidad algo ilegal, la justicia pondría las cosas en su sitio.

Sin embargo, lo que vemos es que, pese a la intoxicación por alergia en el mundo darwinista, el museo sigue en pie, sin ninguna orden judicial para cerrarlo. Lo que vemos, es que el Sr. Baugh, pese a las acusaciones que se le hacen, es un ciudadano sin antecedentes penales, que vive en total libertad, disfrutando como un niño en su museo cristiano.

Lo que molesta en realidad es que los investigadores defensores del diseño inteligente y la Creación, decidieron que lo realmente científico no era apartar ‘hallazgos incómodos‘, sino indagar ‘científicamente‘ ‘tal incomodidad‘, pues lo importante no es defender un precepto, sino la Verdad que los instituya. Y esto les hace pupa a los enemigos de Dios.

La Ciencia creacionista garantizó lo que se debería haber hecho desde el primer momento: un análisis detallado del bloque y del artefacto. La primera percepción, indicaba la madera del mango estaba petrificada; su parte interior presentaba la misma porosidad del carbón vegetal. Algo que en aquellos lares ha ocurrido con cierta frecuencia, pues los bosques de árboles petrificados de Texas son bien conocidos; son consecuencia del proceso geológico normal, mediante el cual la madera concluye en piedra combustible natural.

La cuestión está en que la Ciencia dice que para que esto ocurra deben transcurrir millones de años. Y ese es el primer dato desestabilizador que aporta la herramienta, puesto que, si los primeros ‘homínidos‘, se ‘fabula’ que no surgen hasta hace 7 millones de años, pero se sabe con certeza que solo pocos siglos atrás se llegó a la tecnología de la fundición del hierro, no queda más remedio que reconocer la contradicción… y el asomo de lo que en realidad ‘rompe‘ con todo su poder ese martillo.

Porque lo real es que Red Creek, el sitio donde vivían físicamente sus descubridores, está situado en la zona geológica ‘Hensel Sand Formation’, científicamente ‘datada‘ en el Cretácico Inferior; o sea, atañe a un período que oscila desde 146 hasta 99 millones de años. Incluso se dice que en esta etapa coincidió la proliferación y extinción-involución de varias ‘familias’ de dinosaurios.

Tácitamente, se asegura la abundancia de ceratopsianos, tyrannosáuridos, hadrosaurios, haciéndola coincidente con la extinción de stegosaurios, así como el anticientífico e improbable, ‘empequeñecimiento‘ de los grandes saurópodos… que hipotéticamente dieron lugar a las primeras aves. También proclaman la aparición en este período, de las primeras plantas con flores; aunque afortunadamente se ha mantenido el tipo al menos en este sentido, y no se asocia con los gigantes del fabulesco ‘Parque Jurásico’.

Lo exacto y preciso, según este link, es que la ‘Formación Hensel, ‘científicamente‘ se ubica en el Cretácico Inferior: entre 110-115 millones de años, del pasado fantástico:

“Ubicando Formación Hensel”

Y este otro link lleva a un artículo ‘bien documentado‘ sobre ‘fases evolutivas vinculantes‘:

“Explicación evolutiva”

Estas evidencias exponen al mismo ahorcado como suministrador de soga justiciera. O sea, no fue el Sr. Baugh, sino los propios divulgadores geológicos-evolutivos, quienes sentaron la pauta de la disputa, al certificar la presencia de un útil irrefutablemente industrial, en un período eónico. Una lamentable ‘barrabasada anticientífica‘.

Pero esto no para aquí, pues el misterio respecto a la cabeza del martillo es aun mayor. El Instituto Metalúrgico de Columbia efectuó nuevos análisis que le señala integrado por un 96,6% de hierro, 2,6% cloro, y 0,8% azufre. Y tal combinación dicta que es hierro casi puro, algo sólo viable con avanzadas técnicas metalúrgicas. Además, se efectuaron radiografías, y gracias a los rayos X se dedujo que en el proceso de obtención, el hierro fue purificado y endurecido; lo cual, tecnológicamente, le acerca aun más a lo contemporáneo.

Incluso la concha de almeja ‘acompañante’, contradice al dato de la ‘Formación Hensel’ ya que según zoólogos, corresponde a un molusco moderno, y no a un bivalvo “fósil’. De modo que la ‘datación científica‘ dice que esta zona corresponde a un pasado en el que los dinosaurios hacían de las suyas… y al mismo tiempo ubica la ‘revolución industrial’ en una época que revolucionaría la mecánica clásica.

Según el ateísmo geológico-evolutivo, faltaban millones y millones de años para que los humanos ‘afloráramos‘ en el planeta… sin embargo, solo manos humanas fabricaron y usaron ese martillo. Otra evidencia más de lo errada [también puede leerse con ‘h‘] que resulta la datación geológica, y por ende la ‘sabiduría pétrea’.

Sapiencia digna de ocupar un puesto entre los clásicos de la literatura infantil, no de invadir un espacio correspondiente a los libros de Ciencia. Toda biblioteca del mundo a la que asistan estudiantes que buscan aumentar un conocimiento fundamentado en la Verdad empírica y demostrable, debería negar un espacio a tanta mentira inconsistente.

De nuevo se demuestra que la datación geológica no es Ciencia, que la humanidad no es tan vieja como se pretende insinuar… y que cada hallazgo ‘Oopart’ se constituye en sí mismo como una congruencia con lo que se nos instruye en la Biblia: Un mundo creado por Dios, donde el hombre surge solo unos días después del planeta, y en una fecha no más distante que los 6000 años que pudieran muy bien establecer el plazo de caducidad de la existencia material, y la prevalencia de un espíritu definitivamente eterno.


**********


ERAS GEOLÓGICAS Y EVOLUCIÓN DE LAS ESPECIES: DOS LETRAS PARA UNA CANCIÓN ANTICRISTO.

marzo 6, 2009

Desde que se inició este blog, estoy haciendo un llamado a la reflexión profunda sobre las teorías inculcadas, de generación en generación, cuyo único objetivo ha sido adulterar el hábito que caracterizó y caracteriza a los buenos investigadores. Los grandes de la Ciencia, siempre construyeron el resultado de sus esfuerzos en función de las evidencias obtenidas; o sea, para formular teorías, no se fundamentaban en ‘pareceres‘, sino en resultados con los que pudieran luego alimentarlas. Tenían muy claro lo que podía considerarse científico, y lo que no debía atravesar jamás la frontera de lo filosófico, para infiltrarse en las ciencias.

Así, bajo este esquema, la sociedad fue avanzando inexorable e imparable, en todos los campos, pero fundando su desarrollo tecnológico en 4 pilares: Matemáticas, Física, Química, y Biología. Esta última, aunque quizás la más importante, al estar vinculada directamente con la vida, siempre necesitó de las otras tres para poder prosperar, a partir del desarrollo tecnológico imprescindible.

Sin embargo, a partir del 1820, comenzó a imponerse un programa de acción que estaba destinado a cambiar radicalmente el fundamento científico: surgió el primer enfoque sobre un planeta eónico, con el único fin de desmentir lo que se había venido manejando desde los inicios del cientificismo humano: la Creación de Dios, en 6 días de 24 horas, y una edad para el planeta, que no llegaba a los 6000 años.

De esa forma, la geología, permeada por conceptos filosóficos que lucubraban según se manifestaban las distintas capas de la tierra, obvió el hecho de que la gran hecatombe húmeda, relatada en el Diluvio resultaba congruente con la presencia de fósiles, y de estratos del subsuelo, muchas veces ‘doblados’ como si fueran de goma.

Al fin, el concepto internacional sobre ‘eras geológicas’ se instauró en el 1850. Solo nueve años después, en el 1859, Darwin publica ‘El Origen de las Especies‘; pero el corredor para que ambos tomaran la velocidad prevista, ya había sido cimentado poco antes: en el 1848, cuando Marx y Engels publican el ‘Manifiesto Comunista.’ Y el anunciado antiCristo bíblico, cruzaba el umbral de la hasta entonces pulcra y honesta Ciencia, ondeando la bandera color averno, al canto de la Internacional Comunista:

No más salvadores supremos, ni César, ni burgués… ni Dios. Nosotros mismos nos haremos, nuestra propia redención…”

No voy a alargar esto más de lo necesario; al enemigo de Dios se le hacía imprescindible una herramienta que resultara convincente a los humanos, para poder infiltrarse por primera vez, en un terreno que los siglos de científicos creyentes y fieles le habían negado. Y así nació la ‘datación radiométrica.’

De modo que intentaré explicar este tema de la forma más sencilla posible, y resulte mejor dirigido el razonamiento; si aun después eligen seguir creyendo en las argucias con disfraz de Ciencia, ya no será por desconocimiento… sino por una decisión del corazón: el libro que se abre a los ojos del Señor con la claridad de un espejo. El que será abierto para juzgarnos a todos, llegado el tiempo de la justicia individual.

Veamos; a grandes rasgos, [aunque es más complicado], la palabra clave es ‘isótopo‘. Se dice que dos átomos presentan una relación de isotopía, cuando pese a tener el mismo número atómico [igual cantidad de protones en su núcleo], poseen distinto número másico; o sea: distinto número de neutrones en su núcleo, diferenciándoles.

Todo elemento químico tiene uno o varios isótopos, de los cuales: todos, algunos, o ninguno, pueden ser estables. La estabilidad se la da la fuerza de cohesión que ejerce el núcleo de cada átomo, luchando contra la energía electromagnética, que hace que los protones, de carga positiva, se repelan entre sí.

Eso establece un límite; hay un punto determinado por la cantidad de protones en el núcleo, que convierte en ineficaz a esta fuerza de cohesión; un punto en que los protones no podrán ser retenidos, y escaparán. Y el número de protones que permanecen en el núcleo determinará las propiedades químicas del átomo y qué elemento químico es.

Estos isótopos desde los que escapan protones, se convierten en ‘inestables‘, y constituyen el principio básico de la radiactividad. Mantienen excitado el núcleo del átomo, y para lograr un estado esencial deben perder energía, mediante emisiones electromagnéticas o de partículas con determinada energía cinética.

Si varían la de sus electrones, emiten rayos X; si varían sus nucleones, la radiación será gamma. Pero si desde el núcleo se emiten electrones, positrones, neutrones, protones o partículas más pesadas, durante pasos sucesivos en el tiempo, un isótopo pesado termina convirtiéndose en otro más ligero… en otro elemento químico

Un ejemplo es el Thorio232, cuya semidesintegración se ‘calcula‘  en 13.900 millones de años. O sea, pasado el doble de ese tiempo, se convierte en el elemento final: Plomo208. El número a la derecha simboliza el ‘peso atómico’ del elemento, su ‘número másico’, y constituye su ‘tarjeta de identidad’. Por eso verán que cada isótopo está identificado por ese número, que será el que ‘indique’ su característica… y su ‘edad’ de desintegración.

Para que lo vean más claro; ubicados en este Torio232 del párrafo anterior: al desintegrarse, emite una partícula alfa, [dos protones y dos neutrones], reduciendo su número atómico en dos unidades, y su número másico en cuatro. Así,  se convierte  en otro elemento químico: el radio 228 [232-4]. Posteriores desintegraciones forman la cadena natural del torio. Su gran periodo de desintegración continuaría produciendo elementos de su serie durante miles de millones de años. hasta formar finalmente el Plomo no radiactivo, y por tanto estable.

Y a su serie de desintegraciones, hasta llegar al Plomo 208, se le llama cadena del Torio232. Asímismo, existen otras dos series en la naturaleza, que se usan en dataciones: la del Uranio-238 y la del Actinio-227, que se van convirtiendo en otros isótopos radiactivos según sus etapas.

Y aquí entramos en conflicto. ¿Podemos deducir de esto, que los isótopos fueron apareciendo uno a uno, según sus desintegraciones atómicas? ¡Por supuesto que no! No hay ni una evidencia científica que diga que los elementos no aparecieron todos al mismo tiempo, sino todo lo contrario; lo razonable es que todos los elementos químicos surgieron al unísono, puesto que la vida orgánica no es más que reacciones químicas. Y lo mismo ocurre con los elementos inorgánicos:  no existen reacciones sin elementos implicados.

Tampoco existe ni una evidencia científica de que el ritmo de desintegración se haya mantenido constante en el tiempo. ¡Ni una! De modo que aunque el Torio 232, luego de 27, 800 millones de años, ‘según cálculos‘ ‘debiera‘ convertirse en Plomo 208, no quiere decir que si se lleva una muestra de roca a un espectrómetro, y este arroja una radiación espectrométrica con alto contenido en Torio232 y bajo en Plomo208,  esa roca tiene 27 800 millones de años.

Pudo perfectamente haber surgido solo 6000 años atrás, ya que no es posible saber cuándo apareció, cuánta radiación emitía al principio, si esta se ha mantenido constante en el tiempo, ni cuánto se ha perdido hasta hoy. O sea, estamos ante una función con 4 posibles variables; y ante ese hecho, la datación solo es válida en términos teóricos, para determinados cálculos standarizados en energía nuclear. Pero jamás para datar nada, pues ninguno de los factores implicados puede darse por seguro. ¿Se coge la idea?

Por otra parte, otra posibilidad de datación, es la del método Rubidio-Estroncio, válido para datar fechas menores. Así que, si todos los isótopos estaban presentes desde el inicio, ¿qué edad deducir, si esa misma muestra presenta, por ejemplo, en el mismo espectrómetro, la presencia de espectros indicando alto contenido de estroncio y bajo de rubidio, induciendo así solo unos miles de años?

¿Por qué considerarlo como ‘un error‘ de conteo, si el detector es tan capaz de ser sensible a una radiación como la otra? Yo les diré: Porque no es eso lo que se busca; las cosas en Ciencias, no se están llevando como en los tiempos de los grandes de la Física y la Química. No se busca hallar nada nuevo, sino coherencias con la teoría, al precio que sea necesario.

Ahora, se ‘quiere‘ que las cosas sean de una forma, y se dirigen todas las investigaciones en esa dirección, obviando apriorísticamente, sin detenerse un segundo para razonar, aquellas mediciones que indiquen una tierra joven, o un fósil de dinosaurio de solo unos pocos miles de años.

Ni siquiera piensan usar el Carbono14, [desintegración=5,730 años] para datar huesos de dinos, porque ‘no quieren‘ saber de una fecha que esté por debajo de los 65 millones de años. Si ocurriera algo así, la reacción es automática:

‘¡Imposible; es un hongo que ha ‘contaminado’ la muestra!’

Ese es el resultado obtenido, cuando se le permite a la filosofía incursionar en las Ciencias.

A pesar de todo, se enfrentan a un grave problema con el colágeno1 detectado en un hueso no fosilizado de Tiranosaurio Rex, porque se sabe empíricamente que, en las mejores condiciones de temperatura [7ºC], esta proteína solo dura 100,000 años; mientras que a 20ºC, lo más parecido a la normal… solo dura 2,000 años.

Y eso es una espina, pues a la coherencia con los dinosaurios mencionados en la Biblia, y los avistados por generaciones de marinos de todos los continentes, hay que sumar ahora la científica: ¡No tienen los millones de años que se pretenden achacarles!

Sin embargo, sí usan el C14, cuando interesa presentar un fósil, que cubra un ‘vacío de transición homínida‘, en un intervalo de unos miles de años. Ante tal ausencia de evidencias, entonces sí acuden al C14… ¡pues les dará lo que necesitan! Aunque asumiendo que su cantidad en la atmósfera se ha mantenido constante a través del tiempo. Pese a que nadie ha podido demostrarlo, y solo es una posibilidad, dan esa opción como hecho real: datan el fósil, obtienen los 30 o 40 mil años necesarios… ‘¡y subvención, fama, titulares y prestigio académico resuelto en un mismo paquete!

Es decir, no se usa si no resulta conveniente con lo que se busca; pero sí cuando es muy necesario presentar un ‘eslabón‘ del que se carece. Se desecha la influencia sobre la datación, que ejerce el declive exponencial que el campo magnético ha venido manifestando en los últimos años. Algo que incrementa la cantidad de radiación que penetra la atmósfera, y altera la creación de C14 en una cuantía imposible de calcular. No se considera tampoco, que, pese a la ignorancia sobre el ritmo de formación de C14 en la atmósfera desde los inicios hasta la fecha, este se asume como constante en el tiempo; toda una evidencia de intencionalidad dirigida.

Pero sobre todo, y esto es lo más importante, se desecha que cuando se somete una muestra a un espectrómetro, está dará tantas edades, como isótopos se registren en ella, cubriendo un entorno que puede ir desde los miles de años, hasta los miles de millones. Y si una es considerada como válida, las demás deben tener la misma consideración, pues han sido registradas por el mismo sistema, y por el mismo equipo.

Pero, ¿cómo se resuelve esta situación? Pues se va al ‘mapa geológico‘, el tratado místico sobre ‘los años que nunca fueron‘, se ve que el terreno ha sido considerado como de la era ‘terciaria’ y ¡voalá!: Usan el registro correspondiente al isótopo que más conviene a la fecha teórica, desechando el resto, tan científicamente válidos como el escogido… pero no el conveniente.

Así funcionan los sistemas de datación; así se dataron por ejemplo tres muestras de una única roca de dacita, sometida a polvo, cristal y fragmento. Así obtuvieron tres edades que cubrieron la ‘exactitud cronológica‘ de un periodo que cubrió desde 300, 000, hasta 2.8 millones de años, sobre una misma muestra que provenía de la erupción del volcán St Helen, Washington, y ocurrida… ¡Diez años antes!

Ese es el sistema considerado por los defensores del ateísmo geológico-evolucionista ‘científicamente‘ válido, y ‘altamente fiable‘, para ponerle muletas a un planeta que sería capaz de correr sin ellas, los 100 ms. en menos de 11 seg.

Otro recurso más, manipulador, tergiversador, anticientífico… pero altamente conveniente para apartar a Dios de su Obra, ante el ser humano. O mejor dicho, para intentarlo, porque aun quedan neuronas bien puestas en los cerebros, funcionando a tope, para identificar y denunciar la mentira, aunque traten de disfrazarla con impecables batas de laboratorio.

**********