MADRE SOLTERA: PACTANDO CON EL DIABLO

julio 26, 2015

Quiero comenzar escribiendo que este artículo no se dirige a mujeres a quienes no ha quedado otra opción que ser madre soltera debido a un embarazo por violación o a haber sido abandonadas por su pareja. Este artículo no va dirigido a ellas; aunque no está de más el leerlo, pues habla del Proyecto de Dios para la familia y el hogar.

En este mundo, ampliamente desalineado del mandamiento del creador de la familia y de la humanidad, cada vez más mujeres deciden ser madres solteras, aún sabiendo las dificultades económicas, sociales y laborales que esta opción puede suponer. El instinto y el capricho superan todo obstáculo; incluso la Ley Celestial.

Ser madre soltera ha dejado de suponer un problema moral para muchas mujeres que deciden dar el importante paso del embarazo, bien respondiendo a su instinto maternal o bien por la decisión, tomada antes del embarazo, de excluir la figura del padre en su plan de familia.

En este sentido, una mujer decide tener hijos sin estar casada y sin contar con el apoyo de una pareja para su crianza, yendo contra las connotaciones negativas que suelen acompañarla en esta decisión (soledad, abandono, frustración…) en una elección tomada a veces con inmadurez (se puede ser inmaduro con 60 años), o con más antojo que determinación objetiva.

Las causas que llevan a una mujer a ser madre soltera, yendo contra la realidad de que ello exigirá mayor esfuerzo económico/personal, y mayor grado de compromiso y responsabilidad que en el matrimonio tópico, son muy variadas; pero el resultado final casi siempre será el mismo: una familia monoparental.

Varios estudios concluyen que muchas madres solteras por elección suelen ser mujeres sobre los 38 años, con estudios superiores, laboralmente activas, y con unos ingresos medios de entre 1.500 y 2.000 euros mensuales. La mayoría de ellas siempre decidiendo su maternidad porque su fertilidad podía estar llegando a su límite de edad, y prefiriendo obviar la presencia de un padre estable. Estas madres resuelven sus expectativas personales bien mediante la fertilización in Vitro, bien mediante el acto sexual con un hombre elegido para ello, acordando la complicidad de este, liberándolo de compromiso, o engañándole, sin ponerle al día de las intenciones de su corazón… aunque no siempre con intención de involucrarle.

Se da incluso el caso de solteras embarazadas, que continúan en aventuras sexuales con otros hombres casados, intentando eludir responsabilidad, no tomando en cuenta que nadie podrá jamás evadir su momento de respuestas ante Dios por cada obra contraria a su Ley consumada en la carne, y obviando con alevosía que el adulterio es fornicación; para Dios el mayor pecado después del asesinato.

Cada vez resulta más frecuente que una mujer sin pareja se plantee la maternidad en solitario, debido a que las personas, dirigidas por el enemigo de Dios, cedan al susurro diabólico de “la libre elección”; una falsa libertad que en realidad encadena al infierno. Y ello por elegir seguir la corriente progre inducida por satanás (enemigo eterno de la familia en Cristo), antes que el edicto matrimonial de Dios, que condiciona la promesa de la bendición en la exaltación celestial solo a través del matrimonio convencional y la fidelidad entre un hombre y una mujer. Solo así, junto a su descendencia, y sellados todos ante el Creador de la humanidad, en una ordenanza sagrada, la familia trasciende el tiempo y la inmortalidad.

La visión que el Señor Jesucristo presenta al apóstol Juan, desterrado en la isla de Patmos, por elegir ser fiel a Su legado, es una evidencia del plan de Dios para la familia. En Apo 21: 12, cuando se le muestra la Jerusalén celestial, la describe así:

“Y tenia un muro grande y alto con doce puertas; y a las puertas, doce ángeles, y nombres escritos en ellas, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel.”

Las doce tribus de los hijos de Israel no son otra cosa que las doce familias descendientes de Jacob, el patriarca de Israel. Da fe de la importancia que tiene la familia en el proyecto que el Dios creador ha elaborado para los fieles a Él. Por esas puertas entrarán todas las familias bendecidas de la Tierra, una vez el Señor Jesús ponga en orden todas las cosas.

El cada vez más popular ‘embarazo por libre elección’, al igual que ‘el aborto por libre elección’, es otra de las vías implantadas desde el averno para que se nutran sus huestes, mediante la destrucción de la familia; pues Dios advierte que seremos abrazados en muerte por aquel a quien nos hayamos abrazado en vida con nuestros actos. Y tanto embarazo, como aborto por libre, son contrarios a las Escrituras.

La maternidad en soledad ha sido una constante en muchas familias, a lo largo de la historia de la humanidad, dado que siempre dependió del varón el reconocimiento o no del hijo. Y estudios realizados por la CEPAL (Comisión Económica de la ONU, para América Latina y el Caribe) revelan que los hombres tienden a no utilizar métodos anticonceptivos y a restringir su uso por parte de las mujeres; así como que en muchas más ocasiones de las debidas, estas ceden a tal requerimiento. Asimismo, que cada vez más, unos y otras se implican en múltiples experiencias sexuales, ignorando tanto la responsabilidad como las consecuencias, que no solo pueden ser embarazos no deseados, sino también la infección personal, y el contagio de virus, muchas veces letales, a todo el círculo implicado.

En muchas de esas ocasiones, el embarazo queda a cargo exclusivamente de las mujeres (en su mayoría adolescentes) pues los hombres evaden su participación durante el nacimiento y la crianza de los hijos. En un alto por ciento no reconocen a los hijos nacidos de estas relaciones, amparándose, paradójicamente, en el pretexto de la incertidumbre de paternidad que siembra el comportamiento mutuo de seguir el criterio de ‘libertad sexual’, desde el que se dieron placer mutuamente: ‘No es mío; igual es de Fulano, con el que estuviste este verano.’

En fin; cada vez es más común que una mujer decida establecer una familia sin la presencia de un hombre; y cada día la opinión de la sociedad en torno al tema se vuelve más abierta, receptiva, y tolerante. La estadística señala que desde 2001 muchos países ven aumentar el número de madres solteras de forma exponencial.

Según el último informe del Instituto Nacional de Estadística 2014, los hogares monoparentales en España, formados por uno solo de los progenitores con hijos, están mayoritariamente integrados por madre con hijos (1.412.800, el 82,7% del total, frente a 294.900 de padre con hijos). El número de hogares formados por madre con hijos ha crecido en más de 53.000 desde el censo de 2011. En un 43,7% de los hogares de madres con hijos la madre está viuda; en un 35,7% separada o divorciada; en un 12,6% soltera, y en un 8,0% casada. El 56,4% de los 178.000 hogares de madre soltera con hijos está formado por mujeres de 40 o más años.

Y esos datos llevan a concluir que la familia española tiende a la desestructuración, algo que no es nada bueno, pues muchas veces los efectos son que las familias monoparentales sufren un mayor riesgo de pobreza y dificultades sociales que en los matrimonios convencionales formados por padre y madre. En primer lugar, el hacer frente en solitario al cuidado de los hijos supone siempre un problema añadido al de una única fuente de ingresos: el tiempo de atención. Además, dado que la mayoría de los núcleos monoparentales están encabezados por mujeres, es mayor la probabilidad de que dependa de un trabajo peor retribuido. Y en última instancia, la familia monoparental conlleva mayor dificultad al intentar hacer compatibles los horarios de trabajo con la atención a los menores.

La experiencia señala creciente y reiterada presencia de gran número de alumnos, tanto en la escuela pública como privada, derivados de familias mal estructuradas, que exhiben trastornos de conducta, delincuencia y\o drogadicción, traducidos en causas del fracaso escolar. Es una realidad fundada en estudios estadísticos que indican la cercana relación entre la familia desestructurada y los problemas psicológicos que presentan niños y jóvenes  que asisten a las aulas.

Así, desde la lógica del empirismo, una mujer debería meditar bien antes de tomar la decisión de quedar embarazada descartando la presencia de un esposo, ya que, según la estadística, violar la ley de Dios no lleva a buen resultado, sino a terribles consecuencias. Ese empirismo consolida la utilidad de seguir fielmente la Ley Divina, evidenciando que seguir el consejo de Dios es un acto no solo de obediencia, sino también de inteligencia; y que su desobediencia es poco inteligente.

No habrá ningún pretexto inteligente que justifique el error. Al morir, cada mortal debe dar cuenta de todos sus actos; y pagará un precio de castigo por cada vez que haya violado la ley de Dios; sobre todo, por violar la ordenanza de Dios instaurada para la familia, posiblemente una de Sus leyes más importantes.

Las leyes humanas cada vez más se adecuan al concepto de justicia inducido por el mismo satanás, oponiéndose consuetudinariamente a la ley de Dios. Cualquier persona con un nivel de inteligencia normal puede darse cuenta de que de forma generalizada, constante y sucesivamente, cada vez más la legislación humana atenta y viola el legado de Jesucristo, quien dijo sobre el matrimonio:

“Por tanto, el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos serán una sola carne. Así que, no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre.”

Él vendrá a juzgar a la humanidad; ¿alguien piensa que podrá violar sus leyes y no tener que pagar un precio por ello? Les aseguro que no será así; Él dejó bien claro que no vino a cambiar ni una coma ni una tilde de la ley, sino que todos seremos juzgados por ella, tal cual fue mostrada a la sociedad desde el principio.

Y parte de esa ley dicta que la familia es algo sagrado y no debe tomarse a la ligera. Debe tomarse muy en serio, puesto que hay mucho, concerniente al futuro posterior a la muerte física, que depende de cómo hayamos formado y sostenido una familia, así como de los valores morales que hayamos inculcado en nuestra descendencia.

Todos tendremos que responder ante el Señor por la forma en que elegimos para formar una familia, y por la responsabilidad o irresponsabilidad con la que nos hayamos implicado en la posterior evolución y desarrollo de esta.

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LOS PADRES RESPONDERÁN ANTE DIOS POR LA EDUCACIÓN A SUS HIJOS.

julio 12, 2015

Los niños se enfrentan a la toma de decisiones, prácticamente desde que comienzan a razonar. Normalmente, el característico ‘¿Por qué?’ marca la pauta de inicio de esa etapa en que van formando sus principios de conducta. Necesitan saber para poder decidir; necesitan enfrentar los titubeos que les asaltan y les incapacitan para dar respuestas.

Es una etapa clave en la vida del niño, que depende de la orientación de sus padres para enfrentarse a la vida desde los más elementales retos que esta le impone. Es un tiempo vital en la educación; y los padres deben estar muy pendientes del repetitivo ‘¿Por qué?’, aunque al oído le resulte cansino. Salvo excepciones de mentes extraordinarias, de un padre pasota que deja a la escuela y al mundo la educación de su progenie, solo saldrán hijos pasotas.

Hace unos días en la TV se trataba el asunto: el famoso programa ‘Pesadilla en la Cocina’, del popular maestro cocinero Chicote presentaba el caso de unos hermanos que llevaban un restaurante, y este se hundía. La organización de los dueños era nula… y rápidamente se vio que el origen del problema estaba en la base: la educación que habían recibido desde niños.

Entró en escena el padre de los muchachos, portando su coleta ‘progre’; y desde el inicio dejó claro que él había optado por respetar ‘la libertad de decisión de sus hijos’. Se amparaba por supuesto en aquello de ‘las libertades civiles’, que tanto se proclama desde sectores ateístas de la sociedad. Debido a esa actitud vaga, los niños debieron aprender por sí mismos, a golpes de la vida, perdiendo así la vital influencia de los padres en su educación básica; y una de las consecuencias fue la incapacidad para organizarse y triunfar.

¿Aprenderían por ese método de educación? Sin dudas, sí. Pero tendrían que pagar un alto precio en tiempo (la sustancia de la cual está hecha la vida) antes de adquirir la experiencia necesaria para decidir por sí mismos… sin cometer errores que muchas veces conducen a tragedias.

En la historia del multimillonario Henry Ford, creador de la famosa industria del automóvil, vemos un ejemplo de cómo un padre debe influir en los primeros pasos de sus hijos. Es cierto que al final, cada quien dará según su valía personal; pero es innegable que una buena pauta de conducta, una orientación primaria, es un buen sistema para conducir al éxito personal.

El millonario Ford le dio educación académica a su hijo; tuvo la preparación básica durante años. Fue exigente con el heredero durante toda su infancia; no tenía carencias económicas… pero tampoco careció de retos que irían formando su actitud y aptitud posterior ante la vida. En cuanto tuvo edad para ello lo metió en los talleres de su fábrica, como un peón mecánico más, sin privilegios. Años después, este hijo heredó la Compañía con un conocimiento total del funcionamiento de cada departamento, y logró cosechar aun más éxitos que su propio padre. Es innegable que gracias a la formación y orientación inicial por la que su padre le fue guiando durante años.

En este mundo actual la juventud está rodeada de una nutrida toma de decisiones desde que salta de la cama en la mañana, hasta que regresa a ella en la noche. Y los padres deben saber que deberán responder ante Dios por la educación que han dado a sus hijos. Si los hijos han salido de mala cabeza por sí mismos, aun habiendo recibido una buena disciplina, entonces la culpa recaerá sobre ellos mismos; serán responsables de sus actos. Pero si estos actos han sido consecuencia de una actitud negligente de sus padres durante su etapa de formación, les aseguro que estos se verán ante el tribunal de Cristo, respondiendo por no haber dado en su momento la instrucción que la Ley de Dios ordena que se dé dentro de una familia.

El proyecto del hogar no es posterior al demencial concepto de ‘antes monos, luego personas’, inducido en las aulas del mundo por el sofisma de la teoría evolutiva. (Sofisma: Razón o argumento aparente con que se quiere defender o persuadir de lo que es falso.) El plan de Dios para la familia es tan viejo como la propia humanidad. El matrimonio, el hogar y la familia no es una institución social, sino divina. Empezó con Adán y Eva sobre el primogénito Caín (mala cabeza y peor corazón) y continuó en cada uno del resto de su descendencia.

El plan: “Creced y multiplicaos”, incluyó pautas de conducta que exigían fidelidad a los estatus preconcebidos: los mandamientos del Creador; y así ha sido trasmitido de padres a hijos durante varios cientos de generaciones. Los proverbios y libros de Salomón contienen muchas reflexiones y enseñanzas derivadas de tales ordenanzas celestes.

Cada hijo, al morir (excepto los niños inocentes) tendrá que dar cuenta de su paso por este estado de probación del alma que constituye la vida. A consecuencia de sus acciones en el mundo, en su nuevo estado espiritual será conducido a un sitio acorde a esas acciones. Si ha muerto aferrado al Evangelio de Jesús (dado por Dios), reconociéndole como Salvador (salva del infierno y de la muerte espiritual), y siéndole fiel desde su bautismo, su alma será llevada a una dimensión de felicidad y paz: el Paraíso. Y allí permanecerá hasta el regreso del Cristo, cuando vuelva para derrotar a satanás y hacer efectivo el plan para la familia eterna. Es la promesa del Señor, que no miente.

Por otra parte, los pecados del hijo/a sorprendido/a por la muerte mientras vivía en negación a Jesucristo, según el lema mundano: “A vivir, que son dos días”, conducirán su alma a un estado de miseria, una dimensión de dolor y tormento: el infierno. Y si los padres no enseñaron a ese hijo los preceptos dados por Dios, tendrán que responder ante el Creador por tal indolencia. Aseguro que se les pedirá cuentas por las consecuencias de su desidia.

De modo que todos esos padres que en vida crían a sus hijos al margen de las leyes divinas, abrazados a leyes mundanas, se verán en la tesitura de ser abrazados luego por el mismo ser a quien decidieron seguir en vida. Del Señor Jesús recibí hace unos pocos años:

“Seréis abrazados en muerte por aquel a quien os hayáis abrazado en vida.”

La familia cristiana es una de las mayores fortalezas de Dios contra el mal que cada día más y más, prolifera en el mundo. Es un deber de los padres el esforzarse por mantener a su familia fuerte y unida; digna de las bendiciones que nuestro Padre Celestial tiene preparada para sus fieles.

La familia es el lugar más eficaz para inculcar valores duraderos a sus miembros. No es fácil criar hijos en medios contaminados por el mal; se hace imprescindible el enseñar los mismos principios morales inculcados por Jesús de Nazaret desde que sus hijos son pequeños. E igualmente importante es el control del uso de la televisión y las nuevas tecnologías, que arrastran hoy a la juventud hacia los abismos. El falso concepto de la ‘libertad’, (traducido por libertinaje), en realidad conduce a las férreas cadenas del infierno.

Así, los hijos deben saber que hay un plan eterno, que tienen un Padre Celestial eterno en quien pueden confiar, a quien pueden orar, y de quien pueden recibir guía. Deben saber tanto ‘de dónde vinieron’, como ‘a dónde podrán ir finalmente’, para que su vida tenga significado y propósito.

A los hijos se les debe enseñar el poder de la oración, y a expresar agradecimiento por la bendición del sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo como puente de expiación contra el pecado, y de reconciliación con Dios. A los hijos se les debe enseñar a distinguir el bien del mal; pueden y deben aprender los mandamientos de Dios. Se les debe enseñar que robar, mentir, engañar y codiciar lo que otros tienen es pecado e impone un precio muy gravoso.

Se les debe enseñar a ayudar en las labores del hogar, y deben aprender que el trabajo honrado fomenta la dignidad y el respeto, no solo de los demás, sino por uno mismo. Y los padres tienen la responsabilidad de desarrollar un hábito de conducta hogareña: la reunión de una noche de hogar dedicada a buscar la comunión con el Espíritu Santo, para que, con la presencia de Jesús, el gran aglutinador de la familia, se pueda neutralizar cada intentona del diablo para destruirla, según el plan que ha venido desarrollando desde el principio de la humanidad, cuando indujo a Caín a cometer homicidio contra su hermano Abel.

Lo más inteligente que pueden hacer los padres es apegarse al Evangelio de Cristo, y fomentarlo en el corazón de cada hijo. La acción más beneficiosa de los padres es luchar por mantener una casa en orden, guardando los mandamientos de Dios e inculcar esto en la visión de futuro de los hijos.

El amor filial, en su expresión más profunda, no es una sombra fugaz que termina con la muerte, sino la sustancia misma que une a las familias en un plan definitivo y eterno que trasciende la muerte física, y que un día reunirá a todos los que se fueron antes, con los que se fueron después. Es un hecho.

Y es vital la instrucción sobre el sexo. Cada padre que se deje llevar por los vientos modernos, diciendo a los hijos que ni la homosexualidad ni el sexo fuera del matrimonio son malos, tendrá que responder ante Dios por ello. Cada padre que lleva a sus hijos inocentes a participar de los vergonzosos desfiles gays, responderá por ello ante un juez cuya justicia prevalece por encima de la humana. E igualmente los que instruyen que deben ser pícaros, que predomina el más fuerte sobre el más débil y el más listo sobre el más puro de corazón; y los que incitan a pasar por encima de la sociedad como apisonadoras.

La familia es algo más que la consecuencia de compartir sexo; es un compromiso inalienable ante el que deberemos un día dar cuenta al Creador del Proyecto. Si se logra constituir como Dios manda, habrá un premio que trasciende la eternidad; pero si se establece desoyendo las leyes divinas, habrá que pagar un alto precio de castigo, igualmente eterno.

Así lo he recibido del Señor Jesús, y así lo trasmito, en su Santo Nombre.

Amén.


MAS ALLÁ DEL ARCOIRIS

julio 3, 2015

Chueca hierve; un año más, desde que la osadía venciera a la sensatez, en 1978, y bajo el lema de ‘Gays del mundo, uníos’ (simil, como no podría ser de otra forma, al de la internacional socialista), ondea la bandera de la desobediencia a Dios, esta vez en Madrid. En este mundo globalizado, la internacionalización anti bíblica implica también al antinatural 3er sexo.

Soy consciente del odio que generan mis palabras; sin embargo, les aseguro que, más allá de que me resulte vomitivo el ver las multitudinarias escenas del exhibicionismo antiCristo, no es el odio lo que a mí me mueve, sino la compasión por el final terriblemente doloroso que yo sé, con toda seguridad, que espera a esas almas. Y no solo a ellas, sino también a aquellas que, aunque sin participar directamente, sí lo hacen explícitamente al apoyarles desde los medios de comunicación, vendiéndose por unos cuantos euros; o al aplaudir y apuntalar esa paranoia, llevando incluso a sus propios hijos a presenciar los vergonzosos actos, como si se tratara de una fiesta inocente.

Y lo digo porque fui llevado al infierno (solo a una parte, pues es inmenso), el martes 13 de Septiembre del 2011, para testimoniar de todo lo que vi y oí. Y en una de las áreas que se me permitió ver, una inmensa cueva, contemplé una escena con personas que iban siendo dirigidas a un sitio de suplicio para pagar el precio por pecados del sexo. Al fondo había un recodo donde fulguraban flameantes lenguas rojo-anaranjadas. No todos iban allí por homosexualidad, sino por diferentes tipos de fornicación; pero todos cargaban un enorme tronco sobre sus hombros derechos, encadenados por el cuello al madero.

Y aunque gritaban despavoridos, jamás olvidaré los terríficos alaridos ni la expresión de horror en la mirada de una de las personas arrastradas al suplicio ardiente: una desesperada mujer, joven y espectacularmente bella, con sus enormes y preciosos ojos verdes-grises descompuestos por el pánico. Nunca podré olvidar esa escena.

Sé que lucho contra el capricho obseso de un poderoso lobby atrincherado e instalado en las más altas esferas de países del planeta; y la última evidencia ha sido la proclamación de la legalidad del ‘matrimonio gay’ en Estados Unidos, nación que resulta referencia indiscutible en el mundo entero. Estamos en los últimos tiempos; el mundo ha sido absorbido ya por la vorágine.

El diablo ha vencido sobre esas almas, y sobre todas las que vean este asunto como un juego; también sobre los ‘políticamente correctos,’ que aun sintiendo en su interior el rechazo del espíritu, tratan el tema de manera cobarde. Satanás está ganando esta batalla; su tenaz lucha contra el matrimonio entre un hombre y una mujer, establecidos por Dios como parte de su plan para la humanidad, ha destruido la débil resistencia de algunos, ha hallado caldo de cultivo en la degradación moral de otros, y encuentra apoyos en todo aquel que prefiere mirar para otra parte. Ya se sabe: “El mal triunfa cuando la gente de buena voluntad no hace nada para evitarlo.”

Pero el matrimonio convencional: un hombre, una mujer, una descendencia… la familia, es un diseño inexorable que llegará a su fin sí o sí, aunque la mayor parte de la humanidad rechace ese proyecto. Y lo sé muy bien porque el 6/Sept/2007, a las 12:55, mientras oraba al Señor por temas personales que no tenían que ver con el asunto, se rompió mi oración desde lo alto con estas palabras:

“Abogad siempre, disciplinando en el proyecto del hogar.”

O sea: no lo recibí de hombre alguno, ni lo leí en ningún libro, sino que se me ordenó directamente desde esferas divinas. ¿Quién podrá convencerme de lo contrario? No detendré la defensa de este principio celestial, ni callaré mi voz de amonestación, aunque me fuera la vida en ello. Cuatro años después, el Señor me llevó a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días; allí aprendí la esencia del Plan Divino. Para mí fue sorprendente ver que lo que estaba escrito en la literatura de esta iglesia coincidía literalmente con el mandamiento personal que mis oídos escucharon con total claridad, como se oye a un amigo hablando, aunque ese día el único ser visible a mis ojos solo era yo mismo.

El diablo se empeña en destruir el matrimonio convencional, porque sabe que la Exaltación Celestial, el mayor premio que el Todopoderoso ofrece a la sociedad, solo se alcanza a través del sellamiento del matrimonio en el templo de Dios. Solo así se consagra la unión entre un hombre y una mujer; solo por esa vía se alcanza la Exaltación que Jesucristo promete, a aquellos que mantienen ese convenio mediante la fidelidad a sus parejas y a la ley de Dios.

Paradójicamente, a día de hoy (independientemente de que la homosexualidad también les afecte) los gobiernos árabes son rigurosos respecto a este asunto; ni uno es infiel a los mandamientos de Dios sobre ello: no permiten estas manifestaciones en la calle ante presencia de niños; los consideran hechos diabólicos. Y, paradójicamente también, vemos como sin embargo los judíos, el pueblo de Dios, se ha dejado arrastrar por la vorágine, y en ciudades como Tel Aviv se celebren estas fiestas gay sin que el gobierno las impida, evidencia de que la degradación moral también les ha tocado.

Las Escrituras dejan testimonio sobre lo asqueroso que resulta a los ojos de Dios que la humanidad se entregue a esta vorágine antinatural, así como de la constante actualidad de estos hechos durante miles de años hasta hoy. Por ej., Romanos 1:27-32 dice:

“Del mismo modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en sus concupiscencias los unos con los otros, cometiendo actos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución correspondiente a su extravío. Y como a ellos no les pareció tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente depravada, para hacer lo que no conviene… quienes, habiendo entendido el juicio de Dios, que los que hacen tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que aun consienten a los que las hacen.”

El propio Señor Jesucristo advierte sobre el repudio que le representa el uso y costumbres de ciudades como Sodoma y Gomorra, al ponerlas como ejemplo de las consecuencias del  pecado, en Mat 10:15:

“De cierto os digo que el día del juicio el castigo será más tolerable para Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad (refiriéndose a la que no escuche Su Evangelio)”

Y en Apocalipsis 21:8, el Señor Jesucristo advierte con total claridad:

“Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, y los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la segunda muerte.”

Que nadie se engañe sobre este asunto. Se puede tergiversar y/o ignorar las leyes divinas, creando legislaciones según concupiscencias y pasiones; pero ni una maniobra impedirá que cada persona sea finalmente juzgada bajo la luz de la justicia divina, imperturbable e inmutable en el tiempo, cuando cada cual esté en el tribunal de Cristo, el Juez con toga de talla única que vendrá a imponer el plan de Dios sobre la humanidad en el momento que corresponda.

Los desfiles del “orgullo gay” tienen un precio, no son gratuitos; habrá un momento para cada momento, y una respuesta para cada acción, pues todos los actos que hagamos en lo oscuro saldrán a la luz. No sólo los pecados de la homosexualidad, sino todo tipo de pecado; pero hoy hablamos de este en específico. Estamos siendo grabados en una cinta indeleble ante cuya reproducción todos estaremos, en el momento que Dios estime conveniente para juzgar a cada cual según sus obras, según nos legó el Señor Jesucristo.

Les aseguro, porque yo estuve allí, que ‘más allá del arco iris’, expresión de doble sentido manifiesta por el jolgorio de Chueca, Madrid, lo que espera no es felicidad, libertad, y alegría, sino mucho dolor, cárcel y desesperación. Los que hoy están ‘más allá del arco iris’ (según el sentido que se le da a la expresión), que han muerto después de haber vivido contra las leyes de Dios, en estos momentos en que uds. leen padecen terriblemente, anhelando que algo les arrebate del suplicio… según instruye el propio Jesús cuando cuenta la historia (que no parábola) del rico sin nombre, en el infierno, y de Lázaro, en el Paraíso. Dicha advertencia no es oída; pero Jesús pedirá cuentas por ella; está en Lucas 16:19-31.

Y perdonen que sea directo, pero si callo tendría que responder ante el Señor por tibio: el concejal Pedro Zerolo, al que hoy agasajan en Madrid, al decidir vivir contra el Evangelio, unirse a otro/s hombre/s y pecar de homosexualidad, cometió la falta más rechazada por Dios, después del asesinato. Al morir en pecado ha ido al infierno; y su única esperanza es lograr la misericordia del Señor a través del bautismo por los muertos que deberían acometer aquí sus familiares, para la salvación de su alma. El apóstol Pablo habla de ello en 1ª Cor 15:29; asunto del que no me cansaré de dar testimonio, porque sobre ello he sido instruido personalmente.

Quienes mueren en pecado, como carecen de cuerpo físico, y el espíritu es inmortal, no tienen otra opción que aguantar el sufrimiento inexpugnable, hasta el momento de misericordia que les saque de allí hacia cárceles espirituales, sin fuego… o hasta el regreso del Señor Jesús, cuando venga a hacer acreedor a cada persona del precio de sus obras hechas en vida, según su promesa hecha en Mar 9:43-44, que también testifico como cierta:

Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.”

Que Dios reparta discernimiento, pues soy consciente de que estoy dando voces en un mundo de ciegos y sordos.

El matrimonio y la familia pueden perdurar para siempre, bendecidos en la Gloria Celestial, si se es fiel al legado de Jesús. ¿Tomaremos esto a la ligera y desecharemos esa promesa? Les aseguro que no tomarse esto en serio es una osadía que exigirá un precio de castigo de obligado cumplimiento.

Y esto lo dejo en el nombre del Señor Jesucristo (y sabe que no miento), comprometido con Él a dar testimonio de Su Verdad, sin tener en cuenta las repercusiones personales que yo deba enfrentar ante una sociedad cada vez más infiel y corrupta.

Amén.