LOS CIELOS DE JESUCRISTO.

diciembre 27, 2011

Diciembre 27/2011

Hace unos días participé en un debate sobre la existencia del infierno. Y hubo quien defendió con convicción que el diablo no existía, que las Escrituras le citan como ‘alegoría’ para definir las manifestaciones del mal, en oposición al bien que personifica en sí mismo el Hijo de Dios. Discusión normal si hubiera sucedido a nivel de calle, en un intercambio filosófico entre colegas… sin embargo, se trataba de una reunión cristiana, en una iglesia cristiana, entre gente que reconoce en Jesucristo al Salvador de la humanidad y al Juez que vendrá.

La ignorancia da ventaja al diablo; también la propia apatía, pues quien reconozca la trascendental importancia que tuvo para el mundo la crucifixión del Cristo, debe recordar las muchas veces que el propio Señor instruyó de forma directa sobre el diablo y sus ángeles. De hecho, viajar a las tinieblas es una posible opción definitiva cuando Él vuelva; su Visa abrirá optativamente dos puertas opuestas: cielo o infierno.

Pero resulta obvio que lo del cielo en singular no es irrebatible; en realidad, según nuestros actos tocará un tipo de gloria. El mismo Jesús dice a Pedro, en Mat 16: 19:

Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.”

Vemos que se refiere a los cielos en plural, tres veces. En general, en toda su instrucción, el Señor utiliza este plural en 38 ocasiones, en 34 versículos distintos. Incluso a veces combinándolo con un uso singular, en una misma frase:

y las estrellas caerán del cielo, y las potencias que están en los cielos serán conmovidas.” [Mar 13:25]

Y de nuevo, cuando instruye sobre la forma de orar, en Luc 11:2:

…decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.”

La instrucción bíblica de Jesús es muy prolífica respecto a este punto; Él no habló por hablar, cada contexto tiene su señal. Y nuestro deber es buscarla.

Teniendo en cuenta esas reflexiones, más la de Apo 2:23: “y a cada uno de ustedes le daré según lo que haya hecho”; y la de Apo 22:12: “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”, resulta innegable que hay varios cielos… o sea: varias categorías de gloria.

Pablo las mencionó en 2ªCo 12:2:

Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo.”

Obviamente Jesús le instruyó sobre tres cielos, y Pablo lo trasladó a los corintios. El apóstol lo menciona con la misma convicción que habla de otros asuntos acreditados; y ya sabemos cuánto era él de detallista, explicando hasta la saciedad cada punto que considerara nuevo e importante. Sin embargo no consta su educación al respecto.

Todo eso indica que se ha perdido información por el camino, pues ni esa instrucción directa de Jesús ni la de Pablo, ha llegado a nosotros. Y un ejemplo lo vemos en los Manuscritos de Nag Hammadi, los más antiguos que existen, hallados en 1945, en paleografía copta, legado de los primeros cristianos egipcios. Textos religiosos y herméticos, sentencias morales, escritos apócrifos y una reescritura de la República, de Platón, casi ignorados; gnósticismo declarado hereje por la jerarquía vaticana.

Pero no es la única información pendiente de análisis. Ya Jesús dijo en Juan 10:16:

También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.”

O sea, habla de ovejas en rediles distantes, que ya le pertenecían. Y hay testimonio de uno de ellos allende a los mares: judíos de un éxodo intercontinental acaecido en el 600 aC… que dejaron también otro legado de Jesucristo para la posteridad. ¿Quiénes eran? ¿Dónde estaban en la era de Cristo? Se tratará próximamente. Por ahora, solo es importante reconocer este hecho, mencionado también en Jn 11:51-52:

Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación; y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos.

Y vemos que Jesús fue muy enigmático sobre enseñanza pendiente, en Jn 16:12:

Aún tengo muchas cosas que deciros, pero es demasiado para vosotros.”

Todos han oído del libre albedrío. Y en la propia iglesia hay dudas sobre ello; hay quien dice que, puesto que solo hay cielo e infierno, el temor a Dios coarta la libertad de decisión, obligando prácticamente a decidir en una sola dirección. Sin embargo, más adelante veremos que el ser humano no elegirá entre 2 caminos, sino entre 4.

De momento, para no diluir mucho el tema, debo decir que las 3 distintas glorias celestiales solo serán establecidas al concluir el indecible tormento apocalíptico que aguarda a la humanidad. Luego vendrá la resurrección de los muertos, para llevar cada alma al juicio final; allí se decretará a cuál de los 4 reinos irá cada quien.

Así, se resucitará para salvación o para condenación. Cada alma comparecerá ante el tribunal de Cristo con cuerpo resucitado. Primero los muertos de la iglesia cristiana; luego el resto de la humanidad… incluida la porción de infierno que podrá acceder a juicio, pues hay un resto: hijos de perdición, para quienes ya no habrá más opción que el tormento eterno. Y de esto también se concretará en el siguiente artículo.

De modo que según la Justicia de Dios habrá dos resurrecciones: la de los justos… y la de los injustos redimidos del abismo, luego de larga aflicción por encadenarse ellos mismos con sus actos en vida al yugo de satanás, a sus escarnios y laceraciones. Será un periodo cuyo tiempo de cumplimiento solo lo sabe quien tiene que saberlo; pero, inexorablemente, será, aunque a algunos suene a cuento chino.

Un reino ya está: el infierno; no necesita esperar por los terribles sucesos del fin. Un ángel con autoridad ante Dios, se rebeló contra Jesús, y por esa razón fue echado lejos de la presencia del Padre; y con él sus seguidores: la tercera parte del mundo angélico. Ellos fueron los fundadores del averno; desde entonces hacen la guerra a quienes se confiesen cristianos. Les seducen mediante la sensualidad, aberración sexual, gusto por el poder, vanidad, soberbia, egolatría… cualquier deseo mundano que viole los estatutos del Creador, y las puntualizaciones de Jesucristo.

Ese será el reino más nutrido, el de conjura; con libre acceso gracias a la personal conducta en vida, opuesta a la moral y cívica cristiana. Pero también de aquellos que, habiendo reconocido al Cristo, e incluso habiendo sido bautizados en las aguas, luego se dejaron engañar al canto de lo ‘moderno’, y usaron su albedrío para vivir según su sensualidad, malicia y engaño, sin arrepentirse de ello, renunciando a la pureza obligada para estar en la eternidad con Dios y con Jesús.

Es en realidad el reino de los insensatos que tildan despectivamente de ‘anticuados’ a todo aquel que les alerta sobre el peligro de violar las leyes de Dios. Allí, siendo tarde ya para recapacitar, comprenderán que quien todo lo creó es el dueño del tiempo; en suplicio aprenderán que el Creador ha medido, mide, y medirá por siempre, según su propio reloj, no según el que mejor convenga a la debilidad del ser humano.

Así, al ser la eternidad un hecho, luego del juicio y según obras consumadas con libre albedrío, sin haberse arrepentido ante Jesús ni haberse bautizado ni comprometido en fidelidad, cada quien morará eternamente en el imperio al que le inciten sus actos.

Pero, al margen de lo individual, ¿qué pasa con la familia? ¿Tiene Dios un proyecto para ella? Sí, lo tiene. A las 12:55 del 6 de septiembre/2007, en medio de un año de oración y ayuno, recibí las siguientes palabras con toda claridad:

Abogad siempre, disciplinando en el Proyecto del Hogar

No consumo alcohol ni drogas de ningún tipo; no los necesito para funcionar. Oí lo que oí… y no es la primera vez que oigo al Espíritu. Ese ‘abogad’, nítido, no era de mi subconsciente; los cubanos no emplean el ‘vosotros’. De niños adquirimos el hábito exclusivo del ‘nosotros’, ‘ustedes’ y ‘ellos’. Incluso tuve que acudir al diccionario para un mejor razonamiento de lo que había oído. Hasta hoy no estaba preparado, pero ahora es posible; ese tema de la familia será la conclusión de este trabajo, en un posterior artículo:

LOS REINOS CELESTIALES Y EL PROYECTO DEL HOGAR.

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¿CUAL ES EL DESTINO HUMANO?

diciembre 19, 2011

19/Dic/2011

¿Por qué el hombre teme al hombre? Porque piensa que puede quitarle lo que cree que tiene más valor: el trabajo, la familia y/o  la vida. Sin embargo, no es eso lo más valioso, pues la vida es eterna; solo mueren los planos en la que esta se manifiesta. El morir es únicamente una acción de tránsito de una dimensión a otra; y no hay ni un ser humano, independientemente de su poder, jerarquía o influencia, que pueda alterar eso.

Se debería dirigir el objetivo del temor en dirección de quien sí puede hacer que esa eternidad transcurra en suplicio y terror sin fin: Jesús de Nazaret, el juez que vendrá, pues, ¿acaso el agua huye del fuego? ¿No será más bien al revés? Busquemos al agua viva que protege del fuego de la muerte, pues como yerba arderá el mortal que niegue al Redentor eterno. Los redimidos del Señor, al morir ganarán su corona de fidelidad; huirán del dolor y el llanto con inmensa alegría por la gloria recibida: la eternidad con Cristo.

El hombre se cuida del furor de opresor humano; nadie se cuida del de Dios. ¡Despierta hombre! No te esfuerces en beber más del cáliz del furor del Señor, tú, que ya has tragado del cáliz del odio hasta las heces. Tú, que estás ebrio, mas no de vino; tú, que el enemigo de Dios ha dicho a tu alma que se le postre, y pusiste tu cuerpo para que lo inmundo te arrollara y marcara para siempre, intentando quitarte tu esperanza. ¡Suelta las cadenas que cautivarán tu cuello!

La carne, hija de corrupción perecerá; en la pudrición verá su sino. Mas los fieles a Cristo, serán llevados por Él en resucitado cuerpo de gloria. Así como la muerte ha sido la eterna recolectora durante milenios, así también hay un misericordioso poder de resurrección. Pero es conveniente que antes venga el hombre en arrepentimiento del pecado; de la misma forma que antes de la caída llega la transgresión. La insistencia del pecado lleva al destierro del Señor; la expiación con arrepentimiento conduce al para siempre con Cristo.

¡Oh el saber de Dios, su gracia e indulgencia! Porque si la carne no se pudiera vestir de incorrupción para ser levantada en pureza, nuestros espíritus quedarían sujetos a ese ángel caído, diablo, para no elevarse más. Por siempre estaríamos sujetos a los eslabones de satanás, sus bofetadas y torturas.

Nuestros espíritus no tendrían otra perspectiva que llegar a ser como él; seríamos sus víctimas, igual que otros miles de millones que subyacen en su ancestral gobierno de tinieblas donde se cocen las almas.

Si no pudiéramos vestirnos de incorrupción, estaríamos separados para siempre de nuestro Dios, y de Jesús el Cristo, y de toda la presencia angélica que habita en la misma gloria del Altísimo. Estaríamos condenados a permanecer hasta la destrucción con el padre de las mentiras, en su misma mísera perspectiva futura.

Seríamos penados a estar bajo la potestad de ese ser que engañó a nuestros padres primigenios. El mismo que incita hoy al humano en sus deseos, haciéndole ver que no hay ley que rija esta vida, que no hay tránsito a ningún otro estado del alma; que la vida es una sola, y que lo mejor es vivirla según la dirijan los impulsos de las ansias.

Gracias a la bondad de nuestro Dios hay albedrío para la decisión. Junto al diseño humano se previó un medio para que cada uno escape de las garras del maligno. Somos la codicia del monstruo de la muerte y del infierno: la expiración definitiva del espíritu… pero muy pocos pueden verlo.

Gracias a Dios, que previó solo un tránsito para la muerte física. Llegará el día que el abismo tendrá que ceder sus muertos, espíritus cautivos, al juicio de Cristo. Seres que tendrán un conocimiento absoluto de sus pecados e impurezas, y verán cada desobediencia, cada ofensa a Dios, cada violación de sus estatutos; incluso las hechas a oscuras, a puertas cerradas. Los cuerpos y los espíritus de los hombres serán restaurados, gracias al poder de la resurrección del Incorruptible Hijo de Dios, el Señor Jesucristo. Y será para dar cuentas de sus actos.

¡Oh cuán grande es el plan del Creador! Pues también el paraíso de Dios entregará los espíritus de los justos, y cada espíritu será restaurado a su cuerpo, para tornarse incorruptibles e inmortales; almas vivientes con conocimiento perfecto. Almas vestidas de pureza, debido a su rectitud, con conocimiento perfecto de su gozo.

Ambos grupos deberán entonces comparecer ante el tribunal de Cristo: las ovejas y las cabras, inmortales todas, escucharán las actas. Y tan cierto como que Jesús vive; el propio Señor lo advierte en Rev 22:11-12, para que luego nadie se sorprenda:

El injusto, sea injusto todavía; y el inmundo, sea inmundo todavía; y el justo, practique la justicia todavía; y el santo, santifíquese todavía. He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.”

El diablo, sus ángeles, y todos los hallados inmundos, al ser todos eternos, al castigo eterno serán enviados, el preparado para quienes se confiesen enemigos de Cristo, desde el principio de los tiempos. Un tormentoso lago de fuego y azufre, cuya llama asciende por siempre.

Mas los justos, obedientes, y leales, que sufren hasta la muerte las cruces de esta vida, sin avergonzarse de su fe, heredarán el reino de Dios según el proyecto establecido por el Creador desde antes de la fundación del mundo. Allí, junto al Señor Jesús, su gozo será completo y definitivo.

¡Oh la gran misericordia del Creador! Él redimirá a los inocentes de ese espantoso monstruo combinado: diablos, muerte e infierno, y del lago de fuego y azufre: tormento sin fin. ¡Oh Su gran indulgencia, al enviar a Su Hijo al mundo para que, sufriendo en su propio cuerpo el dolor humano, lograra salvar a todo aquel que oiga Su voz y decida atender a su llamada, bautizándose en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo… y luego, fiel, resista los embates y tentativas del que quedó exento, y desea entorpecer los planes de Salvación que a él y a sus huestes le son negados.

Gracias a Cristo, su propia Gloria podrá ser compartida por todo el que cumpla la condición inexcusable ante el Padre: arrepentimiento, bautismo, y posterior sujeción a Sus mandamientos. De lo contrario, si no se arrepienten, ni se bautizan, ni creen en su nombre, ni perseveran hasta el fin, deben ser condenados, pues el Amor de Dios no puede anular su Justicia

Él ha dado la ley; y donde no se ha dado ley, habrá menor castigo. Las clemencias del Dios Santo tienen derecho de ser reclamadas por motivos de la expiación de Cristo, por el poder de Él. Pero ¡ay de aquel que sabe la ley y se burla! Quien disipe su vida violando las ordenanzas de Dios durante los días de su probación, tendrá un final terrible.

¡Oh, ese sutil plan del maligno, tras la vanidad, flaqueza y necedad humana!  La instrucción les hace creerse sabios; la seudo sabiduría les hace sentirse dioses y no oyen el valioso consejo del único Dios. Le repulsan, opinando que saben por sí mismos; sin embargo, su saber es locura para su propia alma: no les salvará, y por negar a Cristo, terminarán siendo pasto de llamas.

¡Ay de los sordos apriorísticos, que cierran sus oídos a la Palabra!

¡Ay de los ciegos que se niegan a ver la realidad del poder de Dios que les circunda, y propugnan irrealidades, arrastrando a otros a la vorágine! Ante el Señor responderán, no solo por sí mismos, sino por aquellos a quienes condenaron con mentiras, incitándoles a seguirles hacia el abismo.

¡Ay de los incircuncisos de corazón, pues serán heridos de muerte eterna, con la propia conciencia de sus iniquidades!

¡Ay del embustero que engaña por un puñado de billetes o toda codicia, pues el infierno será su estación definitiva!

¡Ay del asesino que cada día se sentirá arder, clamando por un fin de tortura que no llega, pues la muerte no vendrá a rescatarle del tormento!

¡Ay de los fornicadores, gays, pederastas, y todos los que cometan cualquier tipo de inmoralidad sexual, pues entre llamas, por gusanos serán traspasados!

¡Ay de todos aquellos que mueren en sus pecados, porque en sus pecados quedarán ardiendo, y luego estos le escoltarán fielmente en el día de su juicio!

Ser de ánimo carnal es muerte; ser espiritual es vida eterna. ¡No sucumban ante las seducciones astutas del antiCristo!

Sé que, en un mundo que flota en la permisividad, seré criticado por intolerante o loco. Pero la autocrítica guía a la vida; la complacencia por autojustificación lleva a muerte. Si a lo malo se llama bueno, se labra en campos de error… y frutos de error se cosecharán en el infierno.

Las palabras de la Verdad resultan duras a la impureza, pero salvan almas. ¡Venid al Señor Jesús, el juez justo! Andad por sus sendas estrechas, las únicas rectas ante sus ojos fiscalizadores. Él es el guardián de la Puerta, y no hay otra entrada sino donde Él custodia. Nadie piense que Él puede ser engañado, pues su ojo escruta hasta lo invisible, grabándolo y exponiéndolo luego ante cada infractor, para que se vea sorprendido a sí mismo. ¡Comprad antes gratis de su perdón, para evitar el horrible sufrimiento que ni siquiera sospechan!

Al que llamare, Él abrirá; pero repudiará a quienes le nieguen: seudo sabios, seudo instruidos, materialistas y sensuales. A menos que en vida se arrepientan de sus errores, se vean insensatos ante Dios y desciendan a las profundidades de la humildad, Él no les abrirá.

¡Sacudid las cadenas de aquel que busca insaciable su comida de almas! No dejen que el diablo les aprese en su tortura. ¿Atormentarían mis palabras a los puros? Si resultan duras, es que necesitan escucharlas; les urge oír sobre las consecuencias del pecado. No gastéis vuestro tiempo y/o dinero en lo que les condenará, aunque ahora les parezca imposible, por vivir en ignorancia.

No hay quien guíe; no hay quien tome al ciego de la mano. Solo la Palabra de Dios salva; solo Cristo, el Verbo de Dios, conduce a la salvación. Sacudíos la modorra y abrid los ojos de la inteligencia, porque no hay nada más terrible para el hombre que morir apartado del Señor, con toda una factura pendiente de cobro. El tiempo da fecha de caducidad al ser humano; y el Eterno es dueño del tiempo, de las llaves, y de las cárceles.

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LA VENTAJA DEL DIABLO.

diciembre 7, 2011

Diciembre 6 del 2011

Desde hace tiempo, y cada día más, en TV, cine y teatro, se está haciendo un hábito el show del terror. Vampiros, diablos, muertos vivientes, y sucedáneos, se translocan entre los medios de comunicación con gran apoyo de espectadores. Lo que vende es lo que se debe producir; y millones de euros olvidan la crisis, prosperando los bolsillos de los productores del miedo. ¿Quién duda que el mal deleita a esta generación? ¿Y por qué ocurre eso? ¿Es que la gente de pronto precisa de terror, desasosiego, y maldad?

Si se pregunta, la mayoría dirá que solo se trata de morbo, que el diablo no existe, ni los vampiros, ni los muertos vivientes, ni los similares vistos en las distintas pantallas y/o sistemas del ‘entertainment’. Una gran parte del mundo no disfruta del esquí u otros muchos deportes, ni atardeceres tranquilos ni reuniones familiares; necesita caña espiritual: sangre, maleficios, yuyos satánicos… el mal virtual abduce al bien real.

Los vampiros son virtuales, salvo esos molestos mosquitos que insisten en sacarnos de quicio, no contentos con sacarnos la sangre; el mal no. Los diablos y muertos vivientes, son una peligrosa realidad; yo los he conocido, me he comunicado con ellos, y conozco su proceder. Quienes mueran en Dios van al Paraíso, a esperar la venida del Cristo juez. Pero los que dejan la vida habiendo estados apartados del Señor Jesús, de los estatutos de Dios, viviendo como diablos, muertos vivientes o vampiros, van directo al infierno.

Allí les esperan distintos niveles de castigo, según la trinchera personal antiCristo que hayan cavado mientras estaban vivos. Muchos, considerándose buenas personas a sí mismos, ni siquiera entenderán qué hacen allí en esa nueva dimensión, tan real como esta, aunque mucho más lúgubre. Y su sufrir parará solo cuando tengan que ir a rendir cuentas ante el Salvador de los justos; o sea, un tiempo de angustia que puede durar siglos, pues solo Dios sabe cuándo será esa hora. Cuando llegue ese momento, se detendrá el castigo durante el lapso necesario para que vean el video de sus vidas.

Quien pecó sin sujeción a Cristo, ante las evidencias en su juicio querrá desintegrarse; intuirá que su regreso al suplicio será inexorablemente perenne. Y los materialistas que digan que eso es imposible, que no hay más vida que esta, les pediré que recuerden el mundo de los sueños. ¿Acaso no se perciben las mismas sensaciones que en el real? ¿No se sufre, se goza y hasta se muere? ¿No se siente el tacto, el olfato y el gusto? ¡El infierno es real! Es una pesadilla sin despertar que para muchos dura ya milenios, y para todos tiene perspectiva de eternidad.

Mas, ¿quién es el diablo? ¿Cuán poderoso es? ¿Cómo se palpa su obra voraz en los hombres? Pues es un espíritu creado por Dios, en su inicio un ángel de luz; uno de los más potentes del mundo celestial. Al igual que el hombre es sometido a la prueba de obediencia que es la vida en sí, también la obediencia de los ángeles fue probada. Y satanás, entre los más esplendorosos de los espíritus celestes, se rebeló.

Su rebeldía y afán de gloria, le hizo acreedor del castigo de Dios; fue echado del reino celestial. Y con él se trajo la tercera parte del mundo angélico. ¡Miren si hubo batalla en el cielo! Habita ahora en otra dimensión paralela a esta… junto con todo su séquito que un día fue rebelde al Creador. Quien estudie física puede ver un símil en la teoría de las cuerdas. Satán tiene más poder que el resto; pero al estar en un nivel superior al físico, todos pueden leer nuestra mente: saben por dónde cojeamos, por dónde pueden meter con seguridad la punta de su lanza para socavar, conquistarnos el subconsciente y llevarnos a donde quieren que vayamos.

Y al igual que en el reino de Dios hay niveles jerárquicos, según lo logrado en aras del bien, también en el infierno hay una jerarquía, según las almas conquistadas para el mal. Mientras que al Reino de Dios lo rige el amor, en el de satanás impera el odio. Los demonios se odian entre sí; su rango se basa en el daño que logran causar.

La cartomancia, la santería, el vudú, el palo, Harry Porter… todas son mañas demoníacas. Si un iluso se presta a ellas, pensando que es solo un juego, movido por simple fisgoneo o que las cartas y las consultas a los muertos podrán resolver sus necesidades terrenales, ha dado el primer paso hacia su perdición definitiva. Es como alguien en el desierto, sin agua ni alimentos, que toma la decisión de adentrarse más en él, pensando que cogió la dirección adecuada. El tiempo corre en contra del error; el infierno espera paciente con su lazo. Y ocurrirá seguro, más temprano que tarde.

Quien se entregue a eso debe saber que, ante todo, los demonios mienten. Jamás le dirán que les espera llama y tormento, sino que le lisonjearán y harán promesas de éxito en la carne. La ouija es un buen ejemplo. Cuando yo llevaba una vida de error, me hice una. Para quien no sepa lo que es: se trata de un cuadrado que puede ser hasta de papel, escribiendo toscamente sobre él, imitando las que se ven en cine o TV. El demonio está siempre ahí, a la caza; él no es muy exigente, pues no le interesa el rigor milimétrico sino que le entreguemos el alma, que nos enganchemos para poder subir de jerarquía en su reino. Así funciona.

Se ponen un ‘OUI’ y un ‘JA’; el sí y el no de la respuesta demoníaca, y con eso basta. No hay exigencia gramatical; no les importa. Facilitan la comunicación incluso con falta de ortografía. Y si la pregunta demanda una respuesta con más datos, entonces se ponen todas las letras del alfabeto formando uno o dos arcos. Así irá respondiendo con una pieza móvil que puede ser: un vaso, un cartabón, un vidrio… Yo usaba un pequeño cartabón; su vacío interior era situado por el diablo de paso, sobre la letra adecuada. Letra a letra decía todo lo que quería decir. Y ahora una enseñanza: ¡leen el pensamiento! Si quiere privacidad, el demonio se la da: solo piense la pregunta y él le dará la respuesta. Sé lo que hablo porque lo viví. ¡Y ese es el peligro! ¡Saben lo que pensamos! Entran por nuestras debilidades; es su vía de dominio.

Sin embargo, el Señor me hizo ver un día que Él no permite esa relación muerto-vivo; le resulta aberrante. Lo aprendí de la forma siguiente: una tía mía había perdido a su esposo y lo extrañaba mucho; sabía que yo tenía una ouija y que al ponerla sobre la mesa y unir mis rodillas con otra persona frente a mí, mirándonos ambos a los ojos, no a nuestras manos, aquel cartabón salía disparado y empezaba a dar respuestas.

Mi tía era una buena mujer; católica y muy cristiana. Solo que le confundía el dolor… pero el Espíritu Santo cuidaba su casa. Recuerdo que nos sentamos en una pequeña mesa, justo debajo de un cuadro del Sagrado Corazón de Jesús al que nunca le faltaba una vela encendida; un acto de recuerdo constante de mi tía hacia al Señor, aunque a Él no le hacía falta, pues es Rey de Luz. Pero era su ofrenda de comunión diaria.

Extendí mi ouija sobre la mesa, y comencé a hacer lo de siempre: invocar al espíritu, esperando que me contestara en el acto. Sin embargo, durante mucho rato estuvimos así sin que hubiera movimiento alguno. Fue la primera vez en todos mis intentos, que no hubo comunicación con espíritu alguno. Así aprendí que hacía algo incorrecto y muy peligroso que el Señor no permitiría en aquella casa.

Me levanté, y dejé aquella basura donde debía haberla puesto mucho antes: en un contenedor de desechos situado en la calle. Aprendí la lección: nunca más he vuelto a contactar ningún espíritu inmundo; cada día me aferro más al Espíritu Santo.

El objetivo de los demonios es hacer caer al hombre en el pecado; una vez en él, como produce deleite, se vuelve reiterativo, y cada día más se asegura su visado al infierno. Pueden estar tan seguros de eso como de que están leyendo.

¿Y qué es lo que incita al hombre a esta loca faena de autodestrucción? El placer por todo aquello que va contra la Ley de Dios; lo prohibido gusta. Se aventuran a seguir tras lo que motiva. Pero el caer en el pecado retando las leyes de Dios, rebelándose, es exactamente igual que jugar a la ruleta rusa con un revolver que tiene todas las balas. No hay ni una mínima posibilidad de sobrevivir.

Se ve el mal, se identifica, se sabe que se hace lo incorrecto, pero aun así, el propio ser humano se pone el lazo al cuello. Luego va apretando, cada vez más estimulado por la búsqueda del falso placer, la droga, el goce tenebroso, lo prohibido, y lo sacrílego.

El hombre o la mujer no ven tras el velo; no saben que tras todo pecado se oculta el diablo. El placer o el egoísmo son carnada: el ser humano es el pez que acude hacia su olla. El subsistir oculto a la inteligencia del hombre que le ignora, le da ventaja al enemigo de Dios. ¡Es su as en la manga! Los humanos se lo ponen fácil: él solo sitúa el anzuelo en el momento y sitio adecuados… y allá va el pez que se mata, apresurado en volverse pescado. La ignorancia da ventaja a satanás; y él sabe aprovecharla.

El mundo actual ha borrado la verdad del diablo; olvidando la noción de pecado sitúa en el olvido al ser que más peligro implica para la integridad espiritual, la vivencia más larga, pues: ¿qué son para una persona los años de disfrute humano? Solo unas cuatro o cinco décadas, respecto a la eternidad del alma. Por solo una gota se pierde todo un océano; se disipa la gloria de Dios, el paraíso concebido por Él para ser habitado solo por quienes demuestren fidelidad a sus ordenanzas.

Jesús conoció ese paraíso; lo vivió junto a Dios y sus ángeles. ¡Él sabía a dónde tornaría luego de haber culminado su plan de salvación para los hombres! Lo reclama en su oración de Jn 17:5, poco antes de ser crucificado:

Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.”

Nuestro Señor Jesucristo tenía puesta la luz larga; Él no miraba el insulto y el esputo sobre sí ni los latigazos ni la sangre regando su cuerpo ni el dolor que le produjeron hasta el final mientras fue clavado en su Cruz de Redención gratuita. Su vista estaba fija en el deleite que le esperaba; una dicha ya vivida por Él. ¡Conocía esa Gloria!

Indicó el camino para que nosotros también pudiéramos estar allí a su lado. Pero si se pierde el sentido del pecado, por inercia surge la idea de que el aborto, el divorcio, la homosexualidad y toda acción antiCristo que se hace a día de hoy, son una conquista de la civilización y no errores que aíslan de Dios y conducen al averno.

Muchos venden cada día su alma al diablo; ratifican un billete adquirido para un viaje sin retorno. Aceptan un plan vacacional terrífico y eterno que el espíritu rechaza pues arruina. Al abortar la lealtad a Cristo se frustra también la última esperanza. En esta vida se deciden transacciones; ¿a dónde vamos? Dios da a cada cual el libre albedrío… y también la responsabilidad sobre cada decisión humanamente errada.

A millones aguarda castigo eterno. Se debería meditar abismalmente que nadie sabe de cuánto tiempo dispone. ¡Cuidado con lo que se firma con los actos! Mucho mejor sería aprovechar el tiempo para quemar algún que otro pésimo contrato, arrepentirse ante Cristo, y bautizarse en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

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