LA CIENCIA, LA FE… Y SU AUSENCIA

noviembre 26, 2008

Y dijo el Señor… “¿ Y Dios no defenderá a sus escogidos, que claman a él día y noche, aunque sea magnánimo con ellos? Os digo que los defenderá presto. Pero cuando el Hijo del hombre viniere, ¿hallará fe en la tierra ?” [Lucas 18:6-8]

No resulta difícil entender por qué ateos y agnósticos defienden el darwinismo naturalista: un mecanismo materialista, innecesariamente procedente de una inteligencia invisible, les proporciona un apoyo excelente para el enfoque del mundo, según sus corazones. Pero, ¿por qué razón, científicos que se dicen cristianos, aprueban, el pretencioso desafío de los naturalistas metafísicos que controlan una ciencia pro evolucionista? ¿Por qué a veces ellos mismos resultan incluso más vehementes a la hora de neutralizar cualquier visión científica de la vida, a partir de un diseño inteligente?

No tengo dudas sobre la respuesta: porque son contemplativos, tras gafas erróneas.

A veces citan el ‘prejuicio creacionista’, incluso antes de valorar lo que se plantea, sin siquiera entrar en un análisis racional. Así, ellos mismos dan evidencias de ese prejuicio que atribuyen a los valedores del Diseño Inteligente, incapaces de abrirse ni siquiera al peligro de error, al dar una valoración científica a favor de la evolución; en realidad, el subconsciente de todo evolucionista es condicionado por un cartel a su entrada: ‘ACCESO PROHIBIDO A LA INTELIGENCIA Y AL DISEÑO.’

La evolución tiene voces importantes en Hawking, Weinberg, Gould, Davies, Crick, Dawkins, Futuyma, Suzuki, Sagan, Johanson, Leakey. También, muchos informadores se hacen eco de ellos en medios de comunicación masivos como la TV o en la prensa escrita o libros de textos ‘educativos’. Todos hablan en nombre de la ciencia, y los más vehementes, como Dawkins y Sagan, han sido premiados por la Royal Society británica y la National Academy of Science de los Estados Unidos. Es decir, todo indica que cuentan con el respaldo de organizaciones científicas muy prestigiosas.

Un naturalista metodológico jamás conceptuará la ciencia, sino como un sondeo en busca de las mejores teorías naturalistas. Los orígenes de la información genética o de la conciencia, jamás serán aceptados con implicaciones sobrenaturales; dogmáticamente presuponen que todos los eventos de la evolución tienen que ser atribuidos a causas no inteligentes… que paradójicamente antecedieron incluso a la hipotética ‘evolución‘ de la inteligencia.

Mas no se trata de si la información genética surgió por combinación de azar y leyes químicas, sino sencillamente de ‘cómo ocurrió este proceso’. No puede decirse: ‘sucedió así‘, y quedar tan panchos, como si en la práctica, los milagros se manifestaran continuamente por todas partes, en todos los puntos del planeta.

El gran problema es que, aunque la Ciencia observada en cada esquema de la Creación, ha sido enfáticamente desviada de su Creador, esquinándola al rincón asignado al ámbito de la religión, y excluyéndola de lo científico, ciertos naturalistas metodológicos se autonominan teístas. Con este ‘especial’ teísmo interpretan los resultados globales de la ciencia [todo suceso estaba bajo el control de Dios], pero sin efecto sobre cómo razonan sus ‘conclusiones científicas

Unos y otros, en esa inaudita amalgama de creyentes y ateos arrimando el hombro e influyendo juntos sobre el corazón humano, para apartar a Dios de su obra, tropieza con una gran piedra de obstáculo: el origen de la información genética y de la conciencia humana. Sus causas no inteligentes resultan incomprensibles, del mismo modo que un ordenador y un libro no se pueden ubicar manando de la nada.

El inicio del libro de Dawkins The Blind Watchmaker [El Relojero Ciego], textúa: ‘La biología es el estudio de cosas complicadas que dan la apariencia de haber sido diseñadas con un propósito.‘ O sea, Dawkins, igual que otros naturalistas, ve lo obvio del diseño; pero, indaga en la dirección contraria: una causa no inteligente. Hablan de los prejuicios del científico creacionista cristiano, sin manifestarse sobre el propio prejuicio evolutivo que descarta desde el inicio, todo cientificismo en la dirección de las evidencias, prefiriendo ir contra estas, en la búsqueda del polo contrario al que esas evidencias indican. Y luego le llaman ‘ciencia‘ a lo que hacen… Recoge y vámonos.

Un biólogo evolucionista niega que su punto de vista esté basado en una devoción apriorística al naturalismo sin análisis, pero ve toda alternativa a la evolución, cómo un creer en que la tierra es plana; están cerrados a cualquier otra posibilidad científica.

Por otro lado, un naturalista teísta es un ‘creyente’ que ve al darwinismo como perspectiva correcta, y el mejor camino para comprender cómo surgieron los seres vivos. Y esto en sí mismo, constituye un serio problema que muchos eligen ignorar, pues esos científicos se declaran cristianos, pero testifican sobre un Jesús mentiroso, al negar al Adán primigenio, sin homínidos intermedios, que el propio Cristo citó en Mat 19:4:

‘¿No han leído que en el principio el Creador ‘los hizo hombre y mujer‘…

Parecen apoyarse en una fe de ‘Dios siempre al control‘, con prehumanos incluidos… pero en realidad manifiestan falta de fe en el legado que Jesús nos dejó a través de testigos como Juan y Pedro, que le vieron, le tocaron, oyeron sus instrucciones durante tres años, le vieron morir y resucitar, y nos cuentan estos hechos. Esta es la razón por la que los teístas-evolucionistas, son en realidad una minoría marginada en el contexto científico, siempre a la defensiva. Intentan proteger su realce profesional, restringiendo su teísmo a la vida privada, ocupando una posición indistinguible del naturalismo… pero como reza el refrán:

No se puede estar con Dios y con el diablo.

O como profetizó el mismo Jesucristo, en Lucas11:23:

El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.

Sus compromisos puntuales entre naturalismo en la religión, y naturalismo en la ciencia, tienen en realidad poco peso en el mundo científico, pues se reconoce su ajuste forzado entre líneas de pensamiento en conflicto; un pujo para mantenerse en la línea respetable de la ciencia humana, humillando a la propia Ciencia de Dios.

La teoría neodarwinista ortodoxa [la microevolución se extrapola a la macroevolución] intenta explicar cómodamente la historia, desde el primer organismo hasta los humanos. Se presenta como juicio científico e incluso como un ‘hecho’, en escuelas, museos y muchas instituciones. Pero la teoría del linaje común [de alga a todo ente viviente], no es explicación satisfactoria de la sistemática de la clasificación.

Los supuestos antepasados comunes de los fílums, por ejemplo, andan perdidos. Los trilobites, considerados por el evolucionismo como miembros extintos del fílum Arthropoda, dentro del cual se clasifican en la actualidad los insectos modernos, dejaron un registro fósil amplio y minucioso, supuestamente, 540 millones de años antes que apareciera el ser humano. Y ya mostraban entonces, ‘al igual que sus sucesores modernos‘, complejos cuerpos segmentados, sistema nervioso cefalizado, apéndices articulados y pleódopos, antenas, ojos compuestos… ¿De qué bichos ‘evolucionaron ? ¿Por dónde se ve asomar la evolución en estos casos?

Sin embargo, la descendencia común se considera axiomática; jamás se pone en duda. Mas no es axioma, sino una vacilante hipótesis plausible, debido al fracaso general en el intento de identificar antepasados fósiles específicos para especies importantes.

Estamos sumidos en el prejuicio; [palabra planteada para denigrar enfoques]. Unos dicen tener una perspectiva racional, por tanto, asumen que la contrapartida tiene un prejuicio y está ofuscada, sin remedio. Pero todos tenemos un punto de vista, y la palabra ‘prejuicio‘ se adecúa para cualquier visión que limita las posibilidades que la mente pueda considerar. Un prejuicio racial o religioso puede inducir a rechazar a un trabajador perfectamente calificado. Asimismo, el evolucionismo es un prejuicio que limita la mente, al confinar opciones susceptibles de una consideración seria.

Con cierta frecuencia se citan a científicos creyentes que apoyan la teoría de la evolución, como evidencia de notables que han sido ‘capaces’ de sobreponerse a ‘prejuicios ancestrales’. Pero solo son débiles de la fe que se han dejado someter ante hipotéticas evidencias, en realidad inexistentes, pues la verdadera evidencia, es que hay un programador excluido del programa obvio existente en el ADN, así como hay un Instructor excluido de las instrucciones que esta molécula contiene. De la misma forma que se cuidan mucho en excluir al codificador, de la evidente codificación que encripta y minimiza la información de cada proteína.

Un ejemplo de esto que siempre cito, porque es vital que se visualice, y por razones de espacio, es la información genética que codifica la secuencia de una proteína, con solo varias decenas de aminoácidos: la hormona concentradora de melanina:

atg (inicio) gca aag atg aat ctc tct tcc tat ata tta ata cta act ttt tct ttg ttt tct caa ggt att tta ctt tca gca tcc aag tcc ata aga aat tta gat gat gac atg gta ttt aat aca ttc agg ttg ggg aaa ggc ttt cag aag gaa gac act gca gaa aaa tca gtt att gct cct tcc ctg gaa caa tat aaa aat gat gag agc agt ttc atg aac gaa gag gaa aat aaa gtt tca aag aac aca ggc tcc aaa cat aat ttc tta aat cat ggt ctg cca ctc aat ctg gct ata aaa gga tat caa gca cta aaa gga tct gta gat ttc cca gct gag aat gga gtt cag aat act gaa tca aca caa gaa aag aga gaa att ggg gat gaa gaa aac tca gct aaa ttt cct ata gga agg aga gat ttt gac atg ctc aga tgt atg ctc gga aga gtc tac cga ccc tgt tgg caa gtc – Fin de síntesis]

Es una versión impresa, de lo que se observa en el microscopio, base nitrogenada, tras base nitrogenada. Es todo un modelo de programa encriptado; órdenes exactas y cronológicas para elaborar una proteína imprescindible, ejecutadas no aleatoriamente, no casuísticamente, sino en un momento específico y puntual del metabolismo celular, según órdenes específicas que ningún darwinista puede decir de dónde surgieron, pero que sin embargo afloran ahí, frente a sus ojos, en sus laboratorios, permitiendo su análisis, su estudio, y su aceptación como evidencia de un gigantesco y complejo ‘manual de instrucciones‘.

Observe este caso anterior de información codificada, y razone si pudo originarse desde el azar, sin un ‘agente codificador’ implicándose directamente en el proceso. Piense en proteínas donde se involucran aminoácidos como la glutamina y tirosina, con solo 10 minutos de vida; o arginina, fenil, alanina, leucina o aspartato, con apenas dos minutos de tiempo para desaparecer del escenario. ¿Cómo se puede considerar siquiera la excusa del azar en un tiempo de miles de millones de años, para la aparición de tales proteínas, si se sabe que solo dos minutos bastan para que no se dé el milagro de la vida?

Ahora, piense que existen decenas de miles de proteínas necesarias en el organismo humano; entre ellas las inmunoglobulinas, que contienen unos 1300 aminoácidos cada una [1300 palabras codificadas en lugar de las decenas anteriores] unidas de manera exclusiva, pues si solo se altera el orden previsto para una sola de las 3900 bases nitrogenadas implicadas [las letras], puede resultar incluso en muerte. Algo que evidencia que no estamos ante el resultado de la casuística desordenada y carente de objetivos, sino ante un engendro de la inteligencia y el diseño: una obra de Creación.

A raíz de la presentación en este blog, de célebres científicos cristianos, con el objetivo de sacudir la vanidad evolucionista que pretende agenciarse el conocimiento, ignorando a los grandes que sentaron las bases del desarrollo de la humanidad, la reacción fue entonces la de intentar neutralizar el sentido de mis argumentos, ansiando demostrar que hay científicos creyentes que aprueban la teoría evolutiva. Pero resulta inevitable la existencia de judas en todas las esferas; ya sea inconsciente o conscientemente, siempre hay alguna mala semilla donde la planta de la fe ha echado raíces superfluas, y se termina entregando principios ante la primera ventisca que sople sobre ellos.

No quiero terminar sin poner otro ejemplo, el de Agustín Louis Cauchy. 1789-1857. Católico, Matemático. Junto a Gauss, desarrolló el análisis en el campo complejo. Rigorizó el cálculo y contribuyó grandemente en las teorías de la convergencia de series, de los determinantes, de los grupos, y de las ecuaciones algebraicas, aportando incluso una elegante prueba del teorema fundamental del álgebra. Fue miembro de la Conferencia de San Vicente de Paúl, creada para ayudar a los pobres, para aliviar su sufrimiento y fomentar su dignidad e integridad humana. Contribuyó a la fundación de numerosas sociedades, para sostener escuelas en las misiones de Oriente, etc…

Él dijo:

Yo soy cristiano, es decir, creo en la divinidad de Jesús, como lo hicieron Tycho Brahe, Copernicus, Descartes, Newton, Fermat, Leibniz, Pascal, Grimaldi, Euler, Guldin, Boscovich, Gerdil; como lo hicieron todos los grandes astrónomos, físicos y geómetras de edades pasadas. Y más, soy católico, como la mayor parte de ellos; y si fuera preguntado por las razones de fe, las daría gustoso. Probaría que mis convicciones tienen su origen en la razón y en una resuelta búsqueda. Comparto las profundas convicciones abiertamente manifestas en palabras, en hechos y en escritos por tantos sabios de primera categoría, por un Fuffini, un Haüy, un Laënec, un Ampere, un Pelletier, un Freycinet, un Coriolis, y si evito nombrar alguno de los que están vivos, es por terror a herir su modestia. [K.A.Knelle, Christianity and the Leaders of Modern Science, Real View Books, Michigan, 1995. p. 54.]

Según la Biblia:

‘Por la fe entendemos haber sido compuestos los siglos por la palabra de Dios, siendo hecho lo que se ve, de lo que no se veía.’[Heb 11:3]

Esa fe bastó a científicos del pasado para dirigir sus investigaciones, aferrados a la esperanza que les proporcionaba la promesa del Creador a través de Su Palabra. No fueron locos burros ignorantes, coceando en todas direcciones buscando resultados, sino mentes prodigiosas imbuidas por el propio espíritu de Cristo, que demostraron que la creencia en un Dios absoluto no es una manifestación de oscurantismo, sino de convicción interior. Así se sentaron en realidad las bases científicas del actual conocimiento, pese a que hoy se pretenda asociar con ignorancia cualquier planteamiento que no se corresponda con la irracionalidad de precachalotes corriendo por praderas africanas o asombradas águilas, ante homólogos lagartos con recién estrenadas alas, zurcando sus predios aéreos.

Los científicos de hoy no tienen excusa: han tenido la posibilidad que Darwin no tuvo: ver la propia firma de Dios en su diseño. El descubrimiento del ADN, esa inmensa biblioteca de instrucciones, debidamente codificada, evidenciando raciocinio por dondequiera que se le estudie, y manifestándose como la mayor complejidad a la que ningún programa informático actual ha sido capaz de llegar aun, ha sido la prueba más grande a la que la sociedad ha tenido acceso sobre la existencia de un Diseño Inteligente.

Una obra biológica, hábilmente puesta a punto, como un preciso reloj que, pese a irse desgastando con el tiempo, anunciando su fin físico, va marcando el paso de la vida, segundo a segundo, siglo a siglo, inexorable e inmutable ante las distintas corrientes de pensamiento de la humanidad… casi inmaterialmente consciente de que se manifestará así, hasta que se cumplan todas las cosas que han sido anunciadas por el relojero que lo echó a andar.

Cristo vivió lleno de la Ciencia de Dios, haciendo milagros de todo tipo. Y murió para que todos fuéramos uno; sin embargo, muchos seudos se dejan arrastrar por el antiCristo, inculcándonos que hagamos lo imposible por dividirnos, casi obligando a la humanidad a obviar las palabras de Jesús, y a creer en absurdos y anticiéntificos antepasados arbóreos.

Pero,

… hay un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todas las cosas, y por todas las cosas, y en todos vosotros. [Efesios 4:5-6]


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HAY QUIENES PREFIEREN PROVENIR DE MONOS.

noviembre 3, 2008

Hace unos días, una hermana me exhortó a visitar la página de Paleofreak, así que me pasé por allí, leí un poco de lo expuesto, y dejé un comentario en el artículo: ‘Los primeros monos tenían poco cerebro’. De inmediato saltó la alarma entre los contertulios y varios de ellos comenzaron a dejar sus opiniones despectivas, sin debatir, sin intentar ni siquiera desmontar mis argumentos. Algo imprescindible si se desea demostrar que no se tiene la razón… y muy fácil de lograr si se está en posesión de esta.

Mencioné lo frágil y malintencionado que había resultado el estudio en el que se fundamentaron para decir que humanos y chimpancés son genéticamente homólogos en un 98%, y uno de ellos me acusó de hablar según datos históricos, de la década del 80, remitiéndome al siguiente artículo:

‘Initial sequence of the chimpanzee genome and comparison with the human genome. The Chimpanzee Sequencing and Analysis Consortium. Nature 2005.’

De modo que, aunque ya había leido sobre él [motivó mi número 97- ‘EVOLUCIÓN HERMANA HUMANOS Y MONOS: DISTORSIONA LA VERDAD’], volví a estudiarlo… aunque esta vez más a fondo, por si me había dejado algo atrás. Luego expuse mis comentarios y los dejé en el citado blog.

Hoy he entrado, para ver que respuestas podía tener… y vi que lo habían borrado. Una nueva manifestación de la ‘verdadera ciencia evolucionista’: la censura de todo aquello ante lo que no se tiene respuestas neutralizantes.

De modo que le dejé un comentario, diciéndole que, ya que no podía debatir con él, lo intentaría en mi propio blog, donde recibo la visita de otros defensores evolutivos que quizás estén más preparados, y sean capaces de presentar otra perspectiva que haga más creíble el trabajo aparecido en Nature; ese que cuenta que el estudio evolutivo que pretendió establecer la homología genética humano-chimpancé, sitúa a nuestros ancestros trepando por las ramas… entendiéndolo así, literalmente.

Desde el principio me llamó la atención un párrafo, que aparece en negrita, justo debajo del listado de organismos investigadores involucrados en ese proyecto:

In particular, we find that the patterns of evolution in human and chimpanzee protein-coding genes are highly correlated and dominated by the fixation of neutral and slightly deleterious alleles. We also use the chimpanzee genome as an outgroup to investigate human population genetics and identify signatures of selective sweeps in recent human evolution.”

Es decir, tal como les planteé al principio, se basaron en los exones, la parte del genoma que codifica para proteínas, y que representa un 5% del total del ADN; algo lógico, si se tiene en cuenta que lo que se dominaba en esos momentos, era que el 95% restante, se consideraba como un ‘resto’ sin influencia genética, al que se le había llamado: ‘basura evolutiva’.

Ahora bien, circuncribiéndonos a ese ADN ‘codificante’, si consideramos que el ADN humano contiene 3 mil millones de pares de bases [6000′ 000 000 de bases nitrogenadas], tenemos que ese 5% implica a unas 300 millones de bases; recordemos esto.

Por otra parte, en el párrafo encabezado por: ‘Genome sequencing and assembly’, dice que secuenciaron el genoma de un chimpancé macho nacido en cautividad… etc. Analizaron el 94% del genoma del chimpancé, y de este, extrajeron el 98% de las secuencias de bases de mayor calidad. Literalmente concluyen:

A total of 50% of the sequence (N50) is contained in contigs of length greater than 15.7 kilobases (kb) and supercontigs of length greater than 8.6 megabases (Mb).’

Es decir, usan para la comparación, [mediante técnica de splicing o ‘corte y empalme’] regiones de empalme mínimo, constituídas por 15, 700 bases, y máximas de 8.6 000 000 bases… del 5% que se considera codificante. Y vuelvo a recordarles que hablamos de un genoma que, si se pretende comparar al humano, está evaluado en unas 6000′ 000 000 [seis mil millones de bases], cuyo 5% representa: 300 000 000 [trescientos millones de bases].

Dicho de otra forma, con un poco de cálculo elemental, en realidad usaron regiones del genoma que van desde el 0.00026%, al 0.14% de su total. Y si lo analizamos con respecto al ADN que se considera codificante, tenemos que la cifra va desde el 0.0052% al 2.86% [fracciones correspondientes a otra fracción que representa el 5% del total del genoma.]

Luego, más abajo, en el párrafo correspondiente a ‘Nucleotide divergence’, encontramos:

Best reciprocal nucleotide-level alignments of the chimpanzee and human genomes cover 2.4 gigabases (Gb) of high-quality sequence, including 89 Mb from chromosome X and 7.5 Mb from chromosome Y.’

Es decir, al establecer la comparación, ven la mayor homología en un sector de 2.4’000 000 [2.4 millones de secuencias de bases], en los que se incluyen 89 000 bases del cromosoma X, y 7,500 bases del cromosoma Y.

Pero la Ciencia ha puesto en nuestras manos una poderosa herramienta de comprobación: la reciente publicación, en la revista ‘GENOME RESEARCH’, de la cartografía detallada del cromosoma X, al que se asocian importantes enfermedades cromosómicas y hereditarias, debidas a las mutaciones que los defensores evolucionistas definen como ‘favorables para la mejora genética de las poblaciones’.

Los científicos de la Facultad De Medicina de la Universidad ‘George Washington’, ubicada en San Louis, localizaron 2.100 marcadores en el cromosoma X, y determinaron que es uno de los más largos, con 160 millones de pares de bases [320 000 000 de bases]. Por otra parte, se sabe que el cromosoma Y contiene más de 200 genes y unos 50 millones de pares de bases 100 000 000 de bases]. No quiero dejar de aclarar que las mutaciones de este cromosoma tampoco son buenas para una hipotética evolución, ya que producen múltiples enfermedades, tales como la azospermia y la disgenesia gonadal.

De donde se deduce que, en el proyecto hombre-chimpancé, del cual dicen que se tomaron secuencias al azar, se puede observar que:

– Para decidir dónde vieron mayor homología, se circunscribieron solo al 0.04% de los datos que aparecen inscritos en la hebra del genoma.

– Compararon solo el 0.28% de toda la información contenida en el cromosoma X.

– Compararon solo el o.o15% de toda la información contenida en el cromosoma Y.

Por último, quiero comentar sobre otra parte del trabajo hombre-chimpancé: el punto ‘divergencia’ de los dinucleótidos Cpg. Quiero puntualizar que esto se conoce en genética como ‘metilación del ADN’, un proceso biológico, contextuado en el ADN, que ayuda en general a la estabilidad de las células. Se ha comprobado en laboratorios, que las células a las que se quita experimentalmente las “DNA metiltransferasas” (encargadas de la metilación) degeneran y tienen más mutaciones, provocando distintos tipos de cáncer.

Estos dinucleótidos Cpg no se encuentran por todo el genoma, sino al principio de los trozos que codifican genes [las zonas ‘promotoras’, que deducen si un gen va a ser leido por la maquinaria celular para convertirse en proteína].

Algo de mucha actualidad investigativa, debido a su influencia como ‘reguladores’ ante distintos tipos de cáncer, así como de gran peligrosidad, pues los fallos de la metilación se heredan, a modo de ‘mutación’: si uno de los progenitores tienen mal metilada una zona determinada del ADN, su descendencia también la tendrá metilada… y falla el sistema regulador ante esta dolencia que mata a millones de personas en el mundo, cada día. Obviamente, nada bueno para una mejora genética, sino causa de su empeoramiento y decadencia.

En ese párrafo se expresa:

By correcting for the estimated coalescence times in the human and chimpanzee populations (see Supplementary Information ‘Genome evolution’), we estimate that polymorphism accounts for 14–22% of the observed divergence rate and thus that the fixed divergence is 1.06% or less.’

Es decir, les resultó evidente esta alta tasa de divergencia, y se acudió a dar una explicación capaz de minimizar ¡hasta el 1.06% o menos!, lo que sus propios ojos habían detectado antes. Sus propias pruebas sobre la Metilación del ADN en ambas especies, mostraron una divergencia sustancial elevada, entorno al 14-22% por base, que representaban el 25,2% de todas las sustituciones, mientras que constituían sólo el 2,1% de todas las bases alineadas. Ante esta situación comprometedora, acudieron entonces a plantear que la divergencia en los sitios CPG fue debida a la ‘pérdida de ancestrales CpGs’ y la ‘creación de nuevas CpGs’.

O sea, intentan defenderse de una evidencia que señala en contra de la teoría, lanzando al aire otra teoría. No aprenden los muchachos; siempre el afán de ‘demostrar’ todo teorizando, ya que les resulta imposible lograrlo desde las pruebas de laboratorio, esas, las científicas de las que tanto hablan.

Más abajo, en la gráfica 2 del artículo de Nature, se puede apreciar esta divergencia, en este caso en el cromosoma 1; les exhorto a que la visiten y lo vean con sus propios ojos.

En resumen, la evidencia de homología entre monos y humanos que se propugna, se hace desde la comparación de:

– Regiones del genoma que van desde el 0.00026%, al 0.14% del total.

– Regiones que van desde el 0.0052% al 2.86% del 5% del genoma: el ADN codificante.

– Para decidir dónde vieron mayor homología, se circunscribieron solo al 0.04% de los datos que aparecen inscritos en toda la hebra del genoma.

– Compararon solo el 0.28% de toda la información contenida en el cromosoma X.

– Compararon solo el 0.015% de toda la información contenida en el cromosoma Y

-Redujeron la evidente divergencia en la importante ‘metilación’ [14-22%] observada durante su trabajo, a un 1.06%, mediante un anexo explicativo de un ‘por qué’ que niega los propios resultados del trabajo. Borran y alteran todo aquello que les refuta, y se abrazan a toda teorización que les dé el imperioso apoyo… aunque solo hayan comparado menos del 1% del total de la información real que aparece inscrita y codificada en la molécula de las dos hélices de las dos especies implicadas.

Para sus conclusiones, se dejaron por el camino, más del 99% de la información genética que aparece en las células. ¿Puede considerarse esta investigación como suficiente para lanzar una proclama de hermandad genética por homología, persona-chimpancé? ¡Obviamente no! Y sé que todo aquel que lea sin el prejuicio característico de los seguidores de Darwin, coincidirán en que estamos ante otra nueva función de circo.

Trabajé durante 10 años en un centro científico; participé en los últimos 5 como apoyo electrónico a distintos temas de investigación, como el miembro profesionalmente más humilde, de un equipo multidisciplinario. Estuve codo a codo con ellos, físicos nucleares, radioquímicos, matemáticos… comparando distintas muestras en analizadores multicanales, radiándolas con diferentes isótopos y apantallándolas con distintos tipos de materiales, exigiéndome circuitos puntuales en los preamplificadores, que redujeran el error al mínimo, incluso en los indeseables y obligados efectos microfónicos. Escuché los distintos puntos de vista entre ellos, analizando el celo de sus planteamientos y su seriedad a la hora de dar conclusiones…

Y les aseguro que jamás elaboraron teorías, implicando tanta ausencia de información como lo han hecho en este trabajo. Personalmente, aquí veo intencionalidad. No se descubrió nada, sino se partió desde el principio de la investigación, en busca de pruebas dirigidas, que garantizaran la flotabilidad de la teoría evolutiva, a como fuera… y eso, señores, no puede llamarse ciencia, sino ‘fraude inductivo’, para guiar a los profanos hacia el pensamiento: ¡Oh, lo ha dicho la Ciencia; debe ser cierto!

Pues escuchen bien: ¡No lo ha dicho la Ciencia! ¡Es una tergiversación manipulada por unos desaprensivos que lo que menos les interesa es la Verdad! Solo lo hicieron por vanidad, para buscar notoriedad a como fuera, tergiversando en todas las direcciones. Pero ocurre que, como resulta conveniente al alto núcleo de defensores de Darwin y sus sueños, porque puede representar un apoyo económico importante en sueldos y subvenciones, prefieren darle el visto bueno, el apoyo moral… y por supuesto, ese aplauso que dice más o menos:

¡Qué bien lo hemos hecho! ¡Hemos vuelto a engañarles y llevarles a donde queremos!

¡Pobre sociedad! ¡Qué ceguera espiritual tan bien aprovechada por los enemigos de Dios!

Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y pierde su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará también de él, cuando vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles.” [Mar 8:36-38]


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