EVOLUCIÓN, Y LA JOVEN EVA MITOCONDRIAL

julio 26, 2008

Cierta vez, mientras yo intentaba aprender más sobre mitocondrias, como una de las diferencias entre procariotas y eucariotas, encontré esta definición, de concepto evolutivo:

“Los cálculos estadísticos que se han realizado informan que, en los mamíferos y en concreto en el hombre, cada 10.000 años aproximadamente surge una mutación en una de las bases del ADN mitocondrial. Es decir, la diferencia entre una mujer que hubiera nacido hace 40.000 años y un descendiente directo, vía materna que viviera hoy, sería por término medio, 4 bases. De hecho, un estudio realizado en los ADNmt de los europeos (Bryan Sykes), afirma que estos provienen de siete mujeres, las siete hijas de Eva. La más antigua habría vivido hace 45.000 años y la más moderna hace unos 15.000 años. La Eva mitocondrial, la antepasada común más moderna de todos los seres humanos que hay en el mundo, se remontaría de este modo a unos 150.000 años.”

Como esto se contrapone frontalmente con mi convicción de una Tierra mucho más joven, siempre según la instrucción recibida de Jesús, Bereshit judío bajo el brazo (Las Escrituras a las que constantemente se refiere en la Biblia), decidí que tendría que estudiar mucho para ser capaz de hallar los datos científicos que negaran esta teoría de ‘los 1500 siglos’ de convivencia humana. Lo he hecho, y he llegado a la siguiente conclusión:

El Genoma mitocondrial, [ADNmt], contiene los datos genéticos de las mitocondrias, esos orgánulos demasiado ‘programados’ para ser casuísticos, y que entre otras cosas, generan la energía celular Y he visto además, que su herencia generacional, aunque se afirma que es matrilineal, en realidad es negada ocasionalmente. Dicha exclusividad está desmentida al acreditarse la transmisión de enfermedades de este origen por vía parental.

El ‘New England Journal of Medicine’ (2002) reseña:

“Marianne Schwartz y John Vissing, del Departamento de Genética Clínica del Hospital Universitario Rigs, en Copenhague, han recogido el caso de un hombre de 28 años con miopatía mitocondrial asociada a una delección 2 bp del ADNmt, en el gen ND2, que codifica una subunidad del complejo enzimático ‘l’, de la mitocondria de la cadena respiratoria.

Han determinado que la mutación en el ADNmt es paterna, y que supone el 90% del ADN mitocondrial del músculo del paciente. Mientras no se conozca en qué porcentaje hay transmisión de ADN paterno, que en principio no tiene por qué causar enfermedad y por tanto no es detectable clínicamente, como en el caso citado, no se podrá “ajustar” la fiabilidad de este método.”

En el ADNmt humano, hay solo 37 genes codificantes (no existen zonas no codificantes); en el ADN cromosómico del núcleo celular, hay entre 20-25 mil genes. Esto facilita más la labor de investigación en el primero. Otra característica substancial del ADNmt es que no se recombina; implicando que los únicos cambios que haya podido sufrir, exclusivamente se deben a mutaciones a lo largo de multitud de generaciones.

No obstante, suponiendo que esta información viene solo de la madre, y que no varía generación a generación, replicando la huella de cada mamá genética, se debería llegar hasta la Eva de los orígenes. A veces ocurren raras mutaciones que una madre pasa a su cría, y permiten a los genetistas ‘ubicar’ los ancestros en el eje del tiempo. Un ejemplo: si su abuela adoleció una mutación en su ADNmt, sus hijos y ‘los hijos de sus hijas’ heredaron el fallo genético, esa línea familiar será diferente al resto de la población del mundo, permitiendo identificar a todos los descendientes de esta madre.

En el 1987, científicos de la Universidad de Berkeley, California, publicaron un estudio comparando el ADNmt de 147 personas de todas las zonas geográficas del mundo (chinos, hindúes, africanos, europeos, aborígenes, etc.) El resultado arrojó que todas… ¡tenían el mismo ancestro femenino! Todos venían de la misma madre: la “Eva mitocondrial”.

No hay ningún pasaje bíblico, referente a ella, más que la que menciona a la superviviente esposa de Noé, descendiente directa de Eva, en unas 10 generaciones. ‘Bereshit’, el génesis original judío, escrito por Moisés, y que Jesús llevaba consigo para instruir sobre la Verdad, nos dice, en su capítulo 7, versículo 7:

“Noaj (Noé), con sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos, entraron al Arca a causa de las aguas del Diluvio.”

Humanos y mamíferos terrestres perecieron en el diluvio universal; solo Noé y sus 3 hijos varones, subieron al arca con sus mujeres, salvándose. Así que en realidad no hay una, sino 4 Evas mitocondriales en la expectativa de la humanidad; sin embargo, las nueras de Noé, genéticamente están a la misma distancia aproximada que su esposa, de modo que sus mitocondrias debieron haber sido casi idénticas.

¿Mas, de dónde vinieron estas Evas? Inicialmente se concluyó que probablemente de África; pero estudios ulteriores señalan que el origen fue Asia o Europa. (Marcia Barinaga, ” ‘La Eva Africana’,” Science, Vol. 255, 7 febrero 1992, pp. 686-687.)

Y aquí, antes de hablar del ADNmt, se presenta otra congruencia Ciencia-Bíblia, pues esta cita que las sobrevivientes criaron a sus hijos entorno al Monte Ararat, [Bereshit/Génesis 8:4], que la tradición judía ubica en el extremo oriental de la actual Turquía: ¡Casi Europa! En otras palabras, todos los contemporáneos podemos reclamar a alguna de esta 4 Madres como nuestra joven tátaratátara, aun por cumplir los 6000 años.

Esto arroja otro punto de debate: ¿Cuándo vivieron esas Evas mitocondriales? Analicemos Armenia, situada en las montañas que rodean el monte bíblico. Los arqueólogos tienen pruebas de que fue uno de los primeros lugares de la civilización humana, incluso la cuna de la agricultura y la civilización. ¡Desde 6000 a. C. hasta 1000 a. C! Fósiles locales de herramientas, lanzas, hachas e instrumentos de cobre, bronce y hierro, indican que se produjeron allí y se comercializaron en tierras vecinas, donde no existe igual abundancia de metales.

Llegados a aquí entremos en el rastreo de los lenguajes. Los lingüistas admiten claramente que no saben cómo se originan los idiomas, pero sí cómo se extienden o distribuyen hacia distintas áreas del mundo, y en “La historia temprana de los idiomas indoeuropeos”, los especialistas Thomas V. Gamkrelidze y V. V. Ivanov ( no cristianos), concluyen:

“Nuestro trabajo indica que el protoidioma nació hace unos 6,000 años, en la Anatolia oriental (oriente de Turquía)…” [Scientific American, Vol. 262, Marzo 1990, p. 110]

¡6000 años! ¡Imposible hallar mayor congruencia entre las cronologías y lugares bíblicos, y las edades y sitios científicos!

Varias generaciones después del Diluvio, los idiomas se multiplicaron a partir de Babel (Bereshit/Génesis 11:1-9). El ‘Babel’, relacionado con el vocablo inglés “babble”, que significa “proferir sonidos sin significados.” La mayoría de los teólogos coinciden en que la Torre de Babel existió en algún punto entre los ríos Tígris y Éufrates, un área circunscrita a la antigua Babilonia y el Monte Ararat.

Y ahora, regresemos a las investigaciones del 1987, sobre el ADNmt de 147 personas y la “Eva mitocondrial”, donde empieza en verdad el debate. ¿Cómo cotejar la asiduidad de mutaciones del ADNmt? El cálculo mitocondrial evolutivo ofrece una contradicción: Eva tiene unos 150000 años, y Adán, solo 50000; 84.000 años esperando al padre de sus hijos. ¿Cómo se mantuvo viva la especie de esa Eva evolutiva durante 84000 años, sin un Adán que la hiciera madre? Solo quedando embarazada de machos de otra especie; ¡84000 años de híbridos germinantes, sin una sola presencia fósil! Y  a eso, sin inmutarse, le llaman Ciencia.

Note que esta conclusión Eva-Adán mitocondrial se afirma como algo probado, aunque se base en supuestos sin evidencias… y el número arrojado no concordó con la posición anterior, según se esperaba. Todo lo contrario, restó millones de años a la posición sostenida anteriormente, pues hasta ese momento la evolución enseñaba en las aulas que el “ancestro común de los humanos era una criatura parecida a los monos, existente millones de años atrás”.

Mas, sorprendentemente, en 1997 [y al fin hemos llegado a lo mejor], científicos evolutivos ultimaron tras un estudio, que las mutaciones del ADNmt ocurren 20 veces más rápido que lo que se pensaba. Los ritmos de mutaciones se fijaron, concluyentemente, comparando el ADNmt de múltiples pruebas de madre-hijo. Usando este nuevo método (propuesto por evolucionistas), Eva mitocondrial vivió hace aproximadamente… “¡6,000 años!”

Se han hecho varios trabajos para medir explícitamente la tasa de sustitución en el ADN mitocondrial. Una referencia es Parsons, Thomas J., et al., En esa investigación, se observó una alta tasa de sustitución en el control de la región ADN mitocondrial humano. [Nature Genetics vol. 15, abril de 1997, pp. 363-367].

También en http://www.cs.unc.edu/~plaisted/ce/mitochondria.html, se dice:

“La tasa y el patrón de secuencia de sustituciones en la región de control (CR) ADNmt, es de vital importancia para los estudios evolutivos humanos, y la identificación en pruebas forenses. Así, en un informe de medición directa entre tasa de sustitución en humanos, en zona CR, se cotejaron secuencias de ADN de dos segmentos hipervariables de parientes cercanos, vía materna, de 134 linajes ADNmt. Todos independientes y abarcando 327 generaciones, en las que fueron observadas diez sustituciones; lo que resultó en una tasa empírica de 1 cada 33 generaciones o 2.5/site/Myr. Unas veinte veces mayor que las estimaciones derivadas de análisis filogenéticos.”

Algo más adelante continúa:

[“El rango de sustitución observado aquí es muy alto en comparación con los deducidos de otros estudios evolutivos. Una amplia gama de tasas de sustitución CR se han obtenido de estudios filogenéticos, abarcando unos 0.025-0.26/site/Myr, incluidos los intervalos de confianza. Otro dio una estimación más rápida: CR: 0,118±0.031/site/Myr; asumiendo un tiempo de generación de 20 años, que correspondió a ~ 1 cada 600 generaciones, con una edad total ADNmt, de 133000 años.

Pero nuestra observación de la tasa de sustitución: 2.5/site/Myr, es unas 20 veces más alta que la prevista a partir de análisis filogenéticos. Nuestro tipo empírico para calibrar el reloj molecular ADNmt se tradujo en una época de los ADNmt MRCA, de sólo unos 6500 años, claramente incompatible con la edad conocida del humano moderno. Aun reconociendo que el MRCA de ADNmt puede ser más joven que el MRCA del humano actual, sigue siendo plausible para explicar la distribución geográfica conocida del ADNmt, secuencia de variación de la migración humana, producida sólo en los últimos ~ 6500 años.]

O sea, como siempre, si se llega a una evidencia contradictoria con la teoría evolutiva, se acude a la argucia argumental para intentar quitar importancia al resultado científico que les niega; pero ahí está: otra contradicción evolutiva demostrada por la misma Ciencia a la que se pretende usar de sostén. De nuevo, como en el artículo anterior, el reloj molecular no se corresponde con las expectativas de la teoría evolutiva basadas en un planeta anciano. El reloj molecular que dató el mitocondria madre anterior, se ‘calibró’ asumiendo que surgimos de los simios hace unos cinco millones de años.

Esto añejó a ‘Eva’ en cientos de miles de años atrás; pero cuando el rango de las mutaciones actuales fue medido y usado en el cálculo, la fecha resultó en 6,500 años: el pretendido reloj de su razón resultó correr más rápido que lo que se esperaba. Cualquier parecido con la historia Bíblica… no es casual. ¡Qué ironía: La Ciencia les arroja en los brazos de lo mismo que niegan!

Por supuesto, otra evidencia que surge de este experimento, es que los procariotas no se volvieron mitocondrias, sino que ambos surgieron a la par… durante la Creación de Dios. El necesario protocolo de años para que un virus, supuestamente, adquiriera su propia fuente de energía, ha sido echado abajo de golpe. La información real de estos hallazgos científicos tiene más sentido en el marco Bíblico de la historia: se corresponde con la creación de la variedad biológica desde el principio, y con la instrucción de un gran Diluvio creando muchos fósiles en un período corto de tiempo, un lapso total de miles de años.

Las noticias de la revista ‘Nature’ y otras que no pongo aquí, porque aun me falta contrastar datos, dicen que según el nuevo reloj, Eva apenas tendría unos 6000 años de edad. Parsons dice que “estudios evolutivos le incitaron a esperar una mutación en 600 generaciones”. Se “pasmaron” al hallar 10 cambios de bases-pares, que les daba el rango de una mutación aun menor: cada 40 generaciones. [Parsons, T.J. et al «A high observed substitution rate in the human mitochondrial DNA control region», Nature Genetics 15: 363-368, 1997].

La evolución ha tratado de evadir la fuerza de estos resultados respondiendo que el alto rango de mutación sólo ocurre en ciertos trozos de ADN llamados «puntos calientes» y/o que el alto rango (observado) causa mutaciones que «borran» los efectos de este alto rango. Por lo tanto, convenientemente, el rango es asumido alto durante un corto tiempo o bajo durante un periodo largo de tiempo, según convenga: un intento de amoldarse a la verdad que le sale al paso; ‘instinto de supervivencia’. Otro ‘quite’ que le impone la Ciencia, que en este milenio del conocimiento y la luz, le está pasando factura y le seguirá pasando, por cada embuste que ha sido capaz de generar en su particular cruzada antiCristo.

La importancia de estos hallazgos en tiempo real, anulan todo lo que existe en bibliotecas con respecto a ‘homimonos’ ancestrales, erróneamente datados por el ADN mitocondrial. Los 6000 años mitocondriales resultan otra confirmación de que, cada vez que la Ciencia está en condiciones de contrastar la manifestación bíblica, ambas son coincidentes, negando las afirmaciones de una teoría evolutiva a la ligera, que lleva más de un siglo cambiando constantmente sus cálculos, intentando sobrevivir a sus propios errores.

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TÉCNICAS DE DATACIÓN Y ‘EMPIRISMO’ EVOLUTIVO

julio 21, 2008

Para definir la teoría evolutiva como científica, se dice que es un fenómeno natural real, observable y ‘comprobable empíricamente’. Pero lo empírico, es algo perteneciente o relativo a la experiencia, y, si se basan en hipotéticas edades eónicas de los fósiles, ¿a qué se refieren? Nadie ha estado presente en esas eras a las que se aluden; así que en realidad, lo que tenemos, no es una experiencia observable, sino ‘una lectura convenientemente orientada’, de los fósiles descubiertos, incluyendo ciertas bacterias bien preservadas, a las que se ha llegado a datar hasta con 3, 460 millones de años.

Llegado aquí, me siento obligado de nuevo a decir que los sistemas de datación usados no son eficaces. Las técnicas se usan según la edad que un ‘mapa de edades geológicas predeterminado’ señala. Así, utilizan carbono14, arqueomagnetismo, dendrocronologÍa, potasio-argón, huellas de fisión (esta última para 300.000/2.500.000 años)…

Sin embargo vemos que, por ejemplo, uno de los principios básicos del radiocarbono (C14), usado para datar ciertos fósiles, no es exacto. Se pensó que la concentración de C14 en la atmósfera había permanecido constante; hoy sabemos que no es así, ha variado. Durante el auge de los ensayos termonucleares del siglo pasado, se adicionaron grandes cantidades de carbono a la atmósfera. Y casualmente, el método que demostró su inexactitud también se ha usado para calibrar las fechas radiocarbónicas: la Dendrocronología. Otra evidencia de contradicción entre ellas mismas.

Por otro lado, la técnica ‘Datación por trazas de fisión’, también conocida como método de las trazas de fisión espontánea, se sirve de los rastros de las trayectorias de partículas nucleares en un mineral, debido a fisión espontánea de impurezas de uranio 238. La edad se calcula determinando la razón entre las densidades de trazas de fisión espontánea y las de fisión inducida. Lo usan en micas, tectitas y meteoritos, en dataciones de 40.000 a 1 millón de años, intervalo no cubierto por las técnicas del potasio-argón.

Pero se sabe que las rocas sometidas a altas temperaturas, (erupciones volcánicas) o a bombardeo gamma cósmico, inducen fechas erróneas; algo comprobado con la erupción del monte St. Helens, en 1980. En 1993, trece años después del suceso, el Dr. Steven Austin (geólogo graduado por la Universidad de Washington, Seattle, 1970; master en Ciencias en 1971, y Doctorado en 1979), junto a otros colaboradores, tomó una de las rocas de la ladera; con ella elaboraron tres muestras distintas: polvo, cristales, y fragmentos, que al ser sometida a la técnica Potasio-Argón, arrojaron edades que se diferenciaban entre sí, desde 0.35 ± 0.05 millones de años, hasta los 2.8 ± 0.6 millones de años en el caso de la que podría considerarse ‘la más antigua del grupo’.

O sea, el mismo residuo originado 13 años antes, según esta técnica de datación arrojó variados resultados que oscilaron desde 350000 años, a 2.8 millones ± 60000 años. Así demostró ser de efectiva.

Lo mismo ocurre con un molusco calcáreo de supermercado; científicos creacionistas han hecho la prueba. Si ud. coge uno de ellos, lo deseca, y lo somete luego a cualquiera de estos métodos usados para el entorno del millón de años, el resultado no será una reprensión tal como: ‘Ud. ha introducido una prueba errónea para este isótopo’… sino que le ofrecerá, dócilmente, un resultado acorde con lo esperado, según el isótopo usado. Y a esta ‘docilidad’ recurren los investigadores evolutivos, cuando esperan que ‘la Ciencia’ apoye sus conjeturas.

Así de sencillo; palabras rimbombantes tales como ‘espectrometría de masas’, (que conozco en persona: técnica con analizador multicanal, mediante cabezales detectores, que comparan en pantalla cuadriculada el espectro de varios isótopos al mismo tiempo), son solo un ardid para pardillos y gentes que se dejen impresionar por la docta palabrería.

Muchos científicos han reportado hallazgos de ADN en fósiles que se dice tienen millones de años. Aquí los hemos comentado; así como sus implicaciones en la creencia errónea, ampliamente asentida, de una Tierra vieja. Otros incluso declaran el reavivamiento de bacterias del intestino de una abeja, supuestamente de 15–40 millones de años de antigüedad. Y más recientemente, investigadores dicen haber revivido bacterias de rocas que se dice que tienen 250 millones de años.

Aunque en la actualidad hay clínicas que ofertan la posibilidad de guardar el ADN personal en casa, teóricamente para siempre, garantizando su esterilización, la química del ADN dice que en condiciones normales no puede durar millones de años, y muchos químicos dudan que se consiga almacenamiento ideal. Las declaraciones de hallazgos de ADN antiguo (no hablemos de bacterias antiguas intactas) ha sido causa de disputa. Los escépticos atribuyen los ‘hallazgos’ reportados de ADN a contaminación de muestras, o a la intrusión posterior de materia orgánica conteniendo ADN, en la formación geológica. De hecho, algunas declaraciones han sido invalidadas.

Un experto, Svante Pääbo, biólogo, especialista en genética evolutiva, y Director del Dep. de Genética del Instituto de Antropología Evolutiva de Leipzig, halló que horas después de la muerte, el ADN se rompe en cadenas de 100-200 unidades de largo, que el agua, por sí misma, destruiría completamente en 50,000 años; y que la radiación del medio, por sí sola, borraría eventualmente la información de ADN, aún en ausencia de agua y oxígeno. Algo que se corrobora en las mutaciones debido al daño en el genoma, que ocurren incluso durante la vida celular, y causan ya 20000 enfermedades reconocidas.

Plantear presencia de ADN en pruebas datadas como eónicas, desafía el criterio de los químicos que saben que el ADN no puede sobrevivir millones de años. El siguiente reporte de la BBC News, señala la declaración de uno de los autores, William Grant:

“Hay gente bien conocida y respetada que cree que el ADN no puede sobrevivir más allá de 100,000 años. Los fundamentos químicos muestran que las uniones se separan. Pero tales expertos han basado su trabajo en ADN mantenido en líquidos relativamente diluidos, y poco se ha investigado sobre el comportamiento del ADN en soluciones extremadamente saladas’. Pensamos que la sal tiene propiedades particulares de preservación”.

Como contraparte, los investigadores que niegan que el ADN pueda durar eones, han considerado la posibilidad de condiciones notables de conservación, y, aún así, ni siquiera aceptan la remota posibilidad de edades de millones de años para el ADN. Yo, aunque no soy químico, pienso que el tiempo haría frágil una cadena de bases nitrogenadas sustentadas por la vida celular, rompiéndola al faltar esta y reduciéndola a polvo inorgánico.

De modo que estamos ante la siguiente situación:

Un grupo de químicos esgrime razones fundadas para decir que el ADN no puede durar millones de años, y otro conjunto de científicos ha presentado evidencia sólida de haber hallado ADN dentro de estratos que consideran, tienen 425 millones de años.

Pero, de forma sugestiva, las secuencias de ADN difirieron de las bacterias conocidas hoy, en menos del 2%, con muchas de ellas menores al 1%. Suponiendo la edad del ADN en 425 millones de años, debería resultar contradictorio para la evolución, debido a la magnitud de tiempo sin grandes cambios (Paradoja confirmada en vertebrados terrestres y plantas), pues las bacterias, con su gran población y corto tiempo de progresión, debieron evolucionar más rápido que las plantas y los animales.

Su teoría se complicó aun más. Las muestras, de Polonia, Tailandia y E.U. están datadas respectivamente en 11-16, 66-96 y 415-425 millones de años… y sus secuencias genéticas ¡podían agruparse juntas! Si la evolución y sus millones de años tuvieran algo de verdad, el grado de diferencia, comparado con la bacteria actual, debería ser enorme, mas no es así.

Los investigadores evolutivos usan el ‘reloj molecular’, para definir el grado de diferencia en el ADN de dos organismos, como medida de tiempo hacia un hipotético antecesor común. Pero con ese reloj, asumen un dato que niega la realidad: el rango de mutación ha sido constante a través del tiempo. Se sabe que esta depende de muchos factores cuya periodicidad no es posible calcular: temperatura, radiación, humedad, acidez, etc. Mucho del razonamiento evolucionista descansa fuertemente sobre esta noción del ‘reloj’. Los autores de esta publicación remarcaron:

“…es probable que algunos de estos organismos relacionados, y geográficamente distintos, han sido separados por millones de años, aunque compartan secuencias ADN muy similares. Esto da soporte al argumento de que el reloj molecular puede ser más lento en algunos linajes filogenéticos.”

O sea, debido a su fe en edades ‘millonarias’, los autores esperaban que hubiera mayores diferencias entre el ADN bacterial ‘antiguo’ y el reciente. Así que, como solución a esta problemática final, ellos proponen que el reloj molecular (rango de mutación) debe haber caminado más despacio de lo esperado. Por supuesto, para quien sabe que la Creación no tiene millones, sino solo unos miles de años, este descubrimiento no encierra misterios. Y su ‘reloj molecular’ no puede ser manipulado para enmiendas convenientes.

En realidad, los datos hacen más consistente la preservación de ADN bacterial durante el Diluvio global, de un año de duración en tiempos de Noé, y distantes solo unos miles de años. Esto explicaría las increíbles (para los evolucionistas) similitudes en las secuencias, y que las ‘especies’ de Dios están tal cual la diseñó… solo algo afectada por las mutaciones.

La pregunta que surge ahora es: ¿que credibilidad tiene un ‘reloj’ que corre a disímiles velocidades ‘filogenéticas’, según convenga? No resulta más que otro instrumento para contar cuentos… como lo es la datación radiométrica.

No me cansaré de decir bien alto desde este blog, que la instrucción en los centros educativos acerca de un paso evolutivo alga-elefante, alga-roble, reptil-ave… simio-hombre, no es más que una teoría tendenciosa que ha hecho y está haciendo todo lo posible por desacreditar la Palabra que el propio Jesucristo en persona pronunciba mientras curaba dolencias de décadas, hacía que los cojos andaran, los ciegos vieran y los muertos resucitaran.

Jesús mencionó a Adán, a Moisés; habló de la razón del diluvio correctivo durante el tiempo de Noé, la posterior lluvia de fuego sufrida en Sodoma y Gomorra… y del definitivo y punitivo final que definiría el colofón de los tiempos de la carne: una vida sobre valorada por nosotros, pero muy limitada en el tiempo, pues su expectativa de 85 años (países desarrollados) representa solo una gota de agua en el océano de eternidad que nos inundará.

¿Podemos creer en las Palabras del resucitado? Debemos hacerlo, pues su promesa se cumplirá, querámoslo o no. Lo racional es poner al día nuestras cuentas con Él, aprovechando su oportunidad de enmienda y perdón de los pecados.

Y no quiero terminar sin hacer un último y muy importante comentario:

A Cristo le preocupan los ateos y los agnósticos, por lo lejos que están de Él; por eso encomienda a su pueblo que lleven la buena noticia del perdón hasta los últimos rincones de la tierra y hasta el último minuto… pero más aún le angustian los que se dicen creyentes y dudan de las palabras que dejó escritas para la posteridad.

Los que profesando el credo del Señor viven de espaldas a la fe, admitiendo que criterios de hombre anulen sus enseñanzas de Creación, sin recordar que hemos sido advertidos constantemente a través de su Palabra, con respecto a la mal llamada ‘Ciencia’, se juegan mucho al aliarse a ‘razones’ negadoras de Dios. Pensemos que toda autoridad se someterá a Él, y que solo será libre, el fiel que merezca libertad.

En la explosiva era tecnológica, algunos cristianos no logran romper esa barrera del “y no conoces” que aparece en la última advertencia al ‘tibio’ de Laodicea, tan manifiesta en nuestros días, haciendo más mal que bien a la iglesia, con una postura ‘reverente’ ante quien no merece reverencia, y negando la instrucción del propio Jesús:

“…Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.” [Apocalipsis 2:10]

El séptimo mensaje a su Iglesia apocalíptica: Laodicea, puede inducir a pensar que, puesto que la actitud es tibia, no resulta ni muy mala ni muy buena, y es un pecado más bien leve. Frecuentemente se actúa y habla como si el cielo estuviese muy orgulloso de nosotros; pero el problema es grave si a la comprensión espiritual la margina el crecimiento científico del mundo: en la era cibernética, algunos leen la Biblia y se asocian con quien la maldice, constituyendo un cuadro espiritual patético a la vista del Señor, por poco combativo. Algún día miraremos hacia atrás, y veremos nuestra era como la edad de las tinieblas.

Según una reflexión cristiana que leí hace poco: “El último continente inexplorado no es la Antártida, sino las profundidades interiores del alma de Laodicea. Esa enemistad latente que Cristo dice que no conocemos”

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LA MENTIRA DE LA FRECUENCIA ALÉLICA

julio 14, 2008


“Esta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, pero la humanidad prefirió las tinieblas a la luz, porque sus hechos eran perversos.”
[Juan 3:19]

Hace algún tiempo, mientras estudiaba la teoría evolutiva, con el objetivo de contrastarla con la enseñanza bíblica, leí en uno de los libros, (francamente no recuerdo en cuál, pues solo copié la cita, por parecerme interesante):

[‘La frecuencia alélica o frecuencia génica es el orden en el que se encuentran los genes y sus bases en cada cromosoma; la proporción de copias de un gen en una población. Su variación es causa de mutaciones y lleva a la aplicación de la selección natural, que da por resultado la evolución de las especies.’]

Ante esta definición, lo primero que se me hizo evidente, fue el absurdo de una ‘selección invisible e inteligente’, que en acto de ‘magia’, es capaz de elegir y luego hacer (sin explicar cómo), que las especies vayan cambiando las inscripciones codificadas que existen en sus respectivos ADN, y así ir ‘derivando’, de unas en otras. Y fíjense que no hablo de las ‘mutaciones’, sino de los datos adicionales que debieron ‘ser añadidos por inscripción’ en la hebra, para que un dinosaurio pudiera convertirse en ave, un mamífero en ballena… etc.

Veamos cómo encaja ahora este enunciado con lo que se comprueba en la realidad:

Un sujeto pertenece a una especie dada, si presenta rasgos comunes a esa especie: aspecto (tipo y color de pelo, forma y posición de los ojos, morfología…), comportamiento (inteligencia, pautas sexuales, locomoción…), fisiología (presencia de ciertas enzimas y hormonas…). Cada uno de estos distintivos, más o menos iterativos en toda una especie, se llaman caracteres, y se ‘HEREDAN’ de los padres a través de los cromosomas; cada uno se desarrolla según la información específica para él, presente en el ADN nuclear.

Es decir, todo responde a la enigmática escritura que apareció necesariamente en el primer ADN de la primera célula que surgió a partir de elementos inorgánicos. Algo a lo que los estudiosos evolutivos quieren a toda costa restar importancia, pues ante ella no valen las respuestas ambiguas y representan un escollo: hay una inscripción clara y específica para cada especie, que se manifiesta mediante un código, y ‘orgánicamente sellada’ en un carrete muy especial, a manera de ‘libro de instrucciones’, que, una vez desplegado, resulta 40000 veces mayor que la célula que lo contiene.

Si esta información varía, ocurren mutaciones; y si estas son importantes, pueden conducir a la enfermedad, la deformación o la muerte. Y aquí llegamos al punto en qué debería intervenir la tan cantada ‘selección natural’ que los teóricos evolutivos señalan:

[‘La selección natural consiste en la reproducción diferencial de los individuos, según su dotación genética, y generalmente como resultado del ambiente. Es el último efecto de factores como mortalidad, fertilidad, fecundidad y viabilidad de la descendencia. No todos los miembros de una población tienen necesariamente las mismas probabilidades de sobrevivir y reproducirse (debido a la competencia por los recursos y las parejas). En virtud de pequeñas variaciones genéticas, algunos se adaptan mejor a su medio ambiente que otros. Los mejor adaptados son los “que dan la talla” y tienden a sobrevivir y reproducirse en mayor grado, transfiriendo sus adaptaciones a la próxima generación con una frecuencia superior al de aquellos miembros de la población que “no dan la talla”.]

Tal información, distorsiona la verdad. El genoma humano contiene la auto aclimatación: el bebé, mientras se termina de formar, precisa los brazos de la madre; luego gatea, fortaleciendo huesos y músculos; y por último corre. Si sigue esforzándose, irá a las olimpiadas y pugnará con los más rápidos, los más fuertes, los que más saltan, los que más tiempo aguantan la respiración bajo el agua… en solo una vida, sin necesidad de millones de años ni de ‘selección natural’, pues el don de adaptación está implícito en su genoma. Tal capacidad de ajuste es la que permite que un caluroso africano se establezca en la fría Finlandia o un caribeño mejicano viva en Alaska o existan aborígenes esquimales en las calientes costas de Costa Rica y Panamá.

Y sobre la línea que dice: ‘En virtud de pequeñas variaciones genéticas, algunos individuos se adaptan mejor a su medio ambiente que otros y los mejor adaptados son los “que dan la talla”, tienden a sobrevivir y reproducirse en mayor grado’…, la realidad dicta una genética atrofiándose, desintegrándose y generando un océano de dolencias registradas (con incremento semanal), debido precisamente a esas ‘pequeñas variaciones’. Además, se hace evidente la ausencia de la hipotética mejora que debería ser proporcionada por la selección natural, tocante al sistema inmunológico, ante factores de destrucción como el virus del SIDA.

Pero continuemos analizando ahora el siguiente enunciado evolutivo:

[‘La selección natural actúa para incrementar la frecuencia de mutaciones ventajosas, que causan el cambio evolutivo, ya que esos organismos con mutaciones benéficas tienen más posibilidades de sobrevivir, reproducirse y transmitir las mutaciones a su descendencia. La selección natural actúa para eliminar las mutaciones desventajosas; por tanto, está operando continuamente para proteger a la especie de la decadencia mutacional.’]

¿Cómo se puede explicar, desde la realidad de las enfermedades genéticas proliferando en el planeta, los siguientes planteamientos?:

[La selección natural trabaja con mutaciones en diferentes formas:

1-La purificadora o de fondo elimina las mutaciones perniciosas de una población.]

Ante esta afirmación: ¿Cuáles ha eliminado; a qué desconocida estadística se refieren?; por ahí hay miles de enfermedades genéticas a disposición de la sabia y poderosa selección natural. ¿Qué la limita para actuar?

[2-La positiva aumenta la frecuencia de mutaciones benéficas.]

Ante esta otra: ¿Cuáles son benéficas; qué otras ignoradas estadísticas fundamentan este criterio? A no ser que se refieran a virus, células procariotas cada vez más resistentes a antibióticos y mutantes, cuya única relación con el hombre es hacerle la vida imposible cuando entran en su organismo.

Analicemos la realidad y comparémosla con el postulado evolutivo. Los genes, básicamente tienen dos funciones: reproducirse a sí mismos, e indicar el modo de construcción y comportamiento de un nuevo ser vivo completo. Los cromosomas (formados por genes) contienen toda una biblioteca con las instrucciones necesarias para ‘elaborarlo’. Están programados además, para ser capaces de crear copias de sí mismos. Y todo este proceso, no depende de ninguna ‘selección natural’, sino de una información bien estructurada, que aparece, inteligentemente ‘codificada’ en la hebra enrollada de ADN, con todos los datos, dispuestos de antemano, precisos para crear vida desde elementos inanimados.

Ante el cacareado paso mono-hombre, lagarto-ave, ente marino-mamífero: ¿Quién fue capaz de inscribir y luego ir actualizando esos datos imprescindibles, de especie en especie, si lo que se demuestra es que las mutaciones son irreversibles? Dicho de otra forma: información codificada que se pierde, por daños en la hebra o cambios en sus datos, perdida se queda. A partir de presentarse, se replica y empeora; no hay ningún agente externo, selección natural, evolución o lo que sea, que permita una reinscripción con nueva información codificada en la molécula ADN.

Es decir: hay una pérdida con respecto a la información que creaba una especie operativa; no inscripción con los imprescindibles datos nuevos para que, por ejemplo, la sangre fría del reptil pase a ser la caliente del ave, cambien las escamas por las alas o la sólida extructura de los huesos por hoquedades dentro de ellos para hacerlos más livianos…

Con respecto a los alelos, ¿Cómo intervino la subjetiva selección de la ‘madre natura’? En realidad, dos genes son alelos entre sí cuando ocupan el mismo lugar del cromosoma. (Cada uno de los dos genes presentes en el mismo lugar [locus] del par de cromosomas provenientes de la madre y del padre). Diferentes alelos de un gen producen variaciones en características hereditarias tales como el color del cabello o el tipo de sangre. Por ejemplo, los que hacen los ojos castaños o azules, son alelos del mismo gen que fija el color de ojos.

Aunque un determinado gen puede tener más de dos formas alélicas. En el caso de alelos múltiples, un individuo diploide tendrá como máximo dos de estos alelos, uno en cada uno de los cromosomas homólogos, pese a que en la población se presenten más alelos para el mismo gen (ojos negros, grises, verdes, azules, marrones, olivo…). Un ejemplo clásico de alelos múltiples en humanos, es la herencia del tipo de sangre, en la clasificación ABO. A diferencia del albinismo, donde solamente se encuentran dos alelos diferentes ‘A y a’, en el caso del tipo sanguíneo se identifican tres alelos: IA, IB, e I; organizados en 6 clases de genotipos, que codifican para 4 fenotipos: los grupos sanguíneos O, A, B y AB.

Y llegados aquí, en realidad un gen es producto de un proyecto: una secuencia orientada de nucleótidos pre-determinados, que actúan como la menor unidad de datos que permitirá crear aminoácidos, y la combinación de estos, de forma cronológicamente codificada e inscrita, para elaborar en su orden cada una de las proteínas necesarias para la vida. Una base de datos biológica, que define alelos que no solo fijarán color y tipo de pelo, sino el metabolismo de órganos vitales para la vida. Hay miles de estudios sobre alelos que producen decadencia mutacional, dolencia, y muerte. Uno de ellos, tocante al sistema óseo fue titulado como:

“Relación entre los alelos del gen del colágeno tipo 1alfa-1 con la densidad ósea y el riesgo de fracturas osteoporóticas en la mujer posmenopáusica”

Por otra parte, según un estudio británico, una mutación del gen HLA-DRB1, asociado con alto riesgo de padecer artritis inflamatoria, podría también incrementar las probabilidades de muerte prematura por enfermedad cardiovascular (ECV). Los investigadores apuntaron que ‘los pacientes de artritis reumatoide en particular que tienen el epítope compartido (EC), un grupo de alelos específicos del gen HLA-DRB1 con secuencia de aminoácidos afines, más anticuerpos contra péptidos anticíclicos citrulinados (anti-CCP) y que también son fumadores, tienen una combinación especialmente letal para el corazón.’

De modo que no hay ninguna ‘selección natural seleccionando’ para que la especie mejore y sobreviva, sino ‘causa y efecto’. Un producto de la pérdida de información genética, anunciada ya hace miles de años en el ‘muriendo morirás’ del original Bereshit 2-17 judío (no la errónea traducción en ese punto del Génesis griego). Esta decadencia genera alteración en las instrucciones inscritas y codificadas en el ADN, provocando que durante el proceso de transcripción, no se procese lo que debería, sino la consecuencia de esa variación de datos: aminoácidos y proteínas diferentes a las ‘apuntadas’ en las moléculas del genoma: la ‘receta de la vida’, codificada con conocimiento, intención, diseño, programa, y capacidad de Creación. ¡La INTELIGENCIA original que el ateísmo constantemente insiste en negar!

Pero un gen es también la unidad mínima que se puede heredar, es decir, que puede ser tomada de uno de los progenitores para formar el nuevo individuo. Si las características heredables (aspecto de la cara) las descomponemos en otras subcaracterísticas (color de ojos, pelo, tez…), cuando ya no podamos dividirlas más, y sigan siendo heredables, diremos que esos resultados de similitud son debidos a un gen específico.

Luego, las consecuencias del futuro de las poblaciones no vienen determinadas tampoco por una mágica selección evolutiva, sino por la ‘HERENCIA’; los cambios que se han ido manifestando e incrementando en la información genética, y que han dado lugar ya a que se reconozcan alrededor de 20000 enfermedades de causa génica; una cifra que se incrementa semanalmente, desde distintos puntos del planeta. Se incrementa tanto, que cada vez más se cita que casi toda enfermedad tiene componentes genéticos:

http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/002048.htm

La selección natural es de hecho la gran ausente que no puede impedir la decadencia genética; no hay ninguna intervención suya para mejorar el proceso de la vida. Es un ente mitológico que no tiene nada que ver con una realidad condicionada por instrucciones que fueron precisadas hace ya algunos miles de años, en cada especie por separado, inscritas por una entidad con el adecuado poder y conocimiento para hacerlo.

Realidad que aparece palpable aun hoy ante nuestros ojos, a pesar del tiempo transcurrido: un sello eterno, que no deja lugar a dudas sobre el origen inteligente de la vida, pues su constitución, inscrita y codificada en material orgánico, con todos los detalles de cada una de las operaciones precisas para generar vida, especie por especie, animal o vegetal, nos ha sido legada por escrito, en los ADN individuales, para que prevalecieran en el tiempo y cada uno pudiera reconocer en ello la inmensa sabiduría de Dios.

La roca de la verdad contra la que se estrellan y estrellarán aquellos que insistan en separar al Creador de su Creación. Algo sobre lo que escribió alguien que conoció al Cristo, habló con Él, vivió a su lado durante 3 años, le tocó, escuchó sus instrucciones y enseñanzas, fue testigo directo de sus muchos milagros y de su muerte, así como de su resurrección. Un pescador casi analfabeto, que bajo la acción revitalizadora del Espíritu llegó a decir:

“Por lo cual también contiene la Escritura: ‘He aquí, pongo en Sión la principal Piedra de la esquina, escogida, preciosa; Y el que creyere en ella, no será confundido’. Es pues honor a vosotros que creéis; mas para los desobedientes: La Piedra que los edificadores reprobaron, esta fue hecha la cabeza del ángulo; piedra de tropiezo, y piedra de escándalo, a aquellos que tropiezan en la Palabra, y no creen en aquello para lo cual fueron ordenados.” [1ªPedro 2:6-8]

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¿CUÁL ES LA BUENA NOTICIA?

julio 7, 2008

Hace unos días (y a cada momento lo hacen), me dejaron una propaganda sobre régimen de adelgazamiento, en el limpiaparabrisas del coche. Nadie duda que esa actividad se ha convertido en un negocio muy lucrativo; esta generación se ha volcado como nunca en el cuidado de su cuerpo y, cada día más, se dedica una parte importante de los ahorros en ser menos gordito/a, flaquito/a, muy exuberante… o menos, según sea el caso, etc.

La humanidad ha ido vaciando cada vez más su espiritualidad; esta ha ido menguando a favor de la ‘grosura mental’ que provoca el cáncer del espíritu, en incremento alarmante.

Se anhela gustar más; la envidia ajena por la presencia propia resulta una inyección de vanidad muy difícil de rechazar. Se acude al gimnasio y se hace sumisión a dietas rigurosas, en beneficio de una carne efímera, pues la belleza física se difumina en el tiempo y no constituye una garantía de felicidad ni de seguridad.

Un buen cuerpo siempre encontrará sustituto en otro… a veces no tan formidable, y mucho menos espectacular; luego, el sacrificio de la vanidad no todas las veces se ve correspondido por la fidelidad de la persona a la que se quiere impresionar, pues el ser humano siempre es deslumbrado por lo nuevo, y hay mucho de nuevo bajo el sol, esperando saciar el vacío existencial de los insaciables.

La juventud es carrera rápida; sin darnos cuenta, la piel tersa se vuelve porosa, se cubre de manchas, los primeros surcos delinean más contornos de los deseados… y los michelines ajenos, que provocaban comentarios sarcásticos, se presentan como justicieros, sin avisar, en el propio cuerpo. La carne corrompible acude sin falta a su cita con la corrupción; años antes o después, se marchita e inicia su acelerada carrera hacia su decadencia y postrer exterminio definitivo. Sin embargo, el espíritu que la sustenta (ese ignorado por muchos), que siempre está conectado con el Creador querámoslo o no, prevalece para siempre.

El mal de la carne busca su cura en la medicina, cuyo adelanto permite mitigarlo y anularlo en muchas ocasiones; aunque solo es un vano intento para detener la inercia, pues el destino del hombre carnal es ineludible. Haga lo que se haga, siempre habrá un final.

Pero un espíritu enfermo es más grave, pues su continuidad en el tiempo se hace eterna. Si nuestra salud espiritual es buena, solo lo alimentamos con lo que le fortalece: la fe en un Jesucristo vencedor de la muerte, quién lo evidenció con su propio ejemplo. También, con la buena conducta en nuestro entorno, el conocimiento y cumplimiento de las leyes de Dios, el dominio propio ante las tentaciones, la paciencia ante las contrariedades y pruebas que nos harán subir nuestro nivel espiritual, la práctica piadosa (libre de egoísmos), y el amor desinteresado, sin segundas intenciones.

Si nuestro espíritu no está sano, nuestros ojos no estarán en la luz ni las manos ni el cuerpo entero; incluso el propio corazón, que se verá inundado por el egoísmo y el culto al ‘yo’, que tanto nos aleja de los fundamentos reales, cuyas raíces viven en la instrucción de Jesús.

La genética humana no determina los sentimientos e inclinaciones, aunque ya hay por ahí ‘estudiosos’ del tema que señalan lo contrario. La genética es la instrucción para crear vida animada en carne, a partir de los aminoácidos que darán lugar a las miles de proteínas necesarias. Pero el ADN no hace al hombre ladrón, violador, pederasta, asesino, ególatra, vanidoso, borracho, drogadicto, usurero…; todo lo que contamina la pasión, es obra del espíritu dominante en el ser, y mientras más en resonancia estemos con el Espíritu Santo, menos serán las imperfecciones y aristas internas que habrá que enfrentar, limar, y extirpar, para emerger dignos e inocentes, en el inexorable instante de la justicia divina.

Pero si nos alejamos de Él, satanás hallará con habilidad cada fisura nuestra. Ninguna cadena es más fuerte que su eslabón más débil, y si un arte es dominado por el maligno a la perfección, es el de hacerse fuerte en nuestras debilidades íntimas. Como el ojo de un tornado de fuerza T10, nos succionará cada vez que le interese alejarnos de Dios; sabe cómo hacerlo y puede hacerlo, si nos apartamos del Altísimo.

Ahora bien, regresando al genoma, si hay algo que este sí determina, es nuestro sexo, a través de la combinación cromosomática que ‘nos toca’. Los cromosomas X-Y imponen la condición sexual, mediante un sistema único en personas y animales. Los cromosomas humanos, en situación normal, se manifiestan en parejas, y son 23; los que determinan el sexo, corresponden precisamente al par numerado en el orden 23.

La sola presencia del par cromosómico XX, implica como resultado un individuo hembra, mientras que la asociación y combinación XY significa la expresión genética que resulta en un individuo macho. Asegurando esta situación aun más, existe un gen en el cromosoma Y, el TDF (del inglés testis-determining factor o factor determinador de los testículos), que es el responsable de que el embrión desarrolle testículos y se haga masculino; no existe un gen equivalente para la diferenciación de los ovarios, de manera que el embrión será por defecto femenino, si no posee el gen TDF.

De modo que cualquier inclinación al sexo contrario no tiene su raíz en el ADN, sino en el espíritu; una evidencia de esto, que no deja lugar a dudas, es la erección que ocurre en todo homosexual pasivo, a quien la genética le hizo hombre… pero una influencia espiritual, de la 4ª Dimensión de satanás, le impone que se sienta mujer. Este influjo suele presentarse desde la niñez, aunque a veces se manifiesta también una vez adulto. En el lesbianismo ocurre igual: influencia demoníaca, en sentido contrario. Por tal razón es que la homosexualidad está implícitamente condenada por las leyes de quien nos creó.

No se trata de una ‘atrofia’ evolutiva que les ha hecho así. Si sucediera algo biológicamente posible: que una lesbiana que se ‘imagina’ hombre, tuviera sexo con un afeminado, la vida les jugaría una mala pasada: ella sería mamá y él, papá. Créanme, el enigma está en el espíritu, no en la carne: la 4ª Dimensión Espiritual somete y sojuzga a la 3ª Dimensión que vivimos en el cuerpo; lo que somos, y cómo nos manifestamos, depende de por quién nos dejemos sojuzgar: si por el Espíritu Santo o su enemigo tradicional por antonomasia.

Hace poco se celebró en Madrid el internacional ‘día del orgullo gay’, Homosexuales de ambos sexos (vaginas y penes), subidos en carrozas, a medio vestir, pusieron el adobo infalible hoy día en la sociedad: el morbo que genera el saber que se hace lo que va contra la ley de Dios, alimentando la inmoralidad, y con ello, la ira del que todo lo puede.

Aquí se vio, una vez más la desidia de algunas familias, llevando a sus críos para que ‘disfrutaran’ el espectáculo. Inconscientes e irresponsables; incapaces de evaluar lo que resulta importante para el Señor. No se puede permitir esos desfiles a la vista de los niños, inculcándoles que la unión hombre-hombre y mujer-mujer, también integran el concepto del matrimonio, pues va contra Natura y constituyen una aberración. Están muertos y no se percatan; juegan con fuego y el final no será otro que la incineración en vida, pueden darlo por hecho.

Desde aquí mi apoyo a todos los que se manifiestan contra estas actividades nítidamente subversivas, pues no pueden considerarse de otra forma. Por su parte, los gobiernos que apoyan esto, legislando leyes que se oponen frontalmente a las de Dios, tendrán que dar cuentas a la cabeza gobernante que les supera; las familias que se han marginado del Proyecto del Hogar establecido por el Creador, también serán cuestionadas, y los directamente involucrados, que escuchen el mensaje: ¡Abran los ojos del espíritu y cierren las piernas! Aun están a tiempo del arrepentimiento; la hora llega.

Declaro desde este blog, en el nombre de Jesús, que toda violación de las leyes establecidas por el Padre de la humanidad tiene punición, y pueden estar convencidos que esta será severa, en el caso de los que no se arrepientan y caigan en la persistencia de la continuidad.

Por otra parte, sea cual sea el pecado cometido, tenemos un abogado en Cristo, que tiene Poder para perdonar y librarnos de culpa, sin importar la infracción, si somos capaces de reaccionar y nos aferramos a su Espíritu purificador del nuestro, fortificándonos día a día en el conocimiento de su Palabra, para no reincidir más en nuestras faltas.

Se ha hecho todo lo posible por sacar a Dios de la mente de los hombres, desde la base: las escuelas. Educan a los futuros presidentes y ministros, en el ateismo que puede conducir a la inmoralidad, preparando las condiciones para las leyes antiCristo que hoy pululan en todo el planeta. Les alimenta un inconmensurable odio a Dios, que les hace cocear contra el mismo aguijón que acabará destruyéndoles, dejándose arrastrar en un sin sentido, y lo que es peor: arrastrando consigo a mentes débiles, ignorantes del plan del Señor.

Solo se libran de estas inclinaciones los que fundamentan sus normas de conducta en la instrucción bíblica… y de forma extraordinaria, los no creyentes a los que el Creador les ha dado un espíritu de nobleza lo suficientemente fuerte como para continuar siendo buenas personas, pese a no reconocer aun a Cristo: un espejo de la gracia de Dios.

¿Se me critica porque no hablo del amor, sino del castigo? A la Biblia me remito; ambos caminos nos permitirán alcanzar el reino de Jesús: el amor es el idóneo, el más rápido, mientras que la sanción punitiva produce dolor, y por este entra la convicción del peligro; se empieza a ser sensible y se llega a evaluar que la mejor opción es la de la obediencia. Pagamos entonces el precio de la corrección, y cuando el Omnipotente estime que estamos listos, nos reincorpora a su pueblo. Y esa es la buena noticia: Cristo es válido para hacer libres tanto a los que están cerca de Dios, como a los alejados que regresan; el método lo impone el propio individuo, con su decisión de entrega, ya sea temprana o tardía.

Luego de ello, todo el que sea fiel a Jesús, tendrá vida eterna con Él, en su montaña, pues es el puente que lleva hacia el Padre. Es decir, después del arrepentimiento y la constricción (y repito la buena noticia de estos tiempos), los no creyentes tendrán la misma opción que los creyentes, pues Cristo vive en el corazón por la fe. La forma en que esta se adquiera no es determinante; lo importante es llegar a sentirla.

La fe lleva al amor; una vez que estemos firmemente enraizados en Él, podremos entender cuán ancho, largo, profundo y alto es el amor de Jesús. Así como que la iglesia es una casa de oración, pero el verdadero templo del Señor es portátil y lo llevamos en un interior saneado. El concepto de iglesia trasciende en la unidad con Jesús: hubo un solo cuerpo crucificado para el perdón de los pecados, un solo Espíritu Santo, una sola esperanza, un solo Señor, una sola fe y un solo bautismo. Hay un solo Dios; y por tanto, una sola iglesia. Esa es la meta que debe existir en todos los cristianos y la que Cristo espera de todos: que obviemos las diferencias y nos unamos en lo que nos aglutina: Su cuerpo de la Redención.

Jesús preparó a sus apóstoles para un acto de servicio: la edificación del Cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a estar unidos en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios. Solo así alcanzaremos la edad y el desarrollo que corresponden a la plena madurez de Cristo. Como dijo Pablo, en su carta a los Efesios 4:16:

“Por Cristo, el cuerpo entero se ajusta y se liga bien, con la unión de todas sus partes; y cuando una parte funciona bien, todo el cuerpo va creciendo y edificándose en amor.”

Así pues, la alerta de Dios es que no nos alejemos de Él, sumidos en pensamientos vanos, con el entendimiento en tinieblas. No permitan que el corazón lata insensible en el pecho, haciéndose así ignorantes de las leyes de Dios, y de su gracia. Todos tenemos parte, mediante el evangelio, en la misma promesa: Perdón de los pecados y opción de vida eterna, bajo su reinado espiritual.

Por la gracia de Dios, yo, sin mérito alguno, me veo hoy confrontado en el espíritu para escribir estas cosas. Y no sería fiel a Cristo si no insisto sobre su promesa de salvación para todos aquellos que se arrepientan de sus malas acciones y se conviertan a Él, culminando con un párrafo de la carta a los Efesios, en 3:10:

“Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora notificada por la Iglesia, a los principados y potestades en los cielos, conforme a la determinación eterna, que hizo en Cristo Jesús Señor nuestro…”

¡Gloria a Dios en nuestros corazones, en Cristo Jesús, por todos los siglos y para siempre! ¡Amén!


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NUESTROS TATARAPITECUS FUERON OLÍMPICOS

julio 5, 2008

Hace unos días, en un debate de este blog, salió a relucir de nuevo el tema ‘homínidos’ y se criticó mi ignorancia al respecto, aunque sin señalar en qué punto había mentido, solo para desmeritar. Este artículo debería salir en la semana siguiente, pero ya abierto el cajón, quizás sea conveniente hurgar en él y adelantar los acontecimientos.

¿Cuál es la problemática para los neófitos, que constituye a la vez la ‘palanca Arquimideana evolutiva’? Yo les diré: el principio ‘bulldozer’, cimentado en la incultura. ‘La ignorancia mata a los pueblos: es preciso matar a la ignorancia’, dijo José Martí, a finales del siglo XIX. Por eso, cuando cualquier persona, al margen de sus creencias, escucha que ‘con técnicas de datación geológicas, potasio-argón (K/Ar), trazas de fisión, paleomagnetismo y bioestratigráficas, se fecharon los homínidos de Hadar’ (Ajar, Etiopía), no debe dejarse intimidar por el vocabulario, pues tras de él, en realidad habita la fantasía.

Ante la verborrea técnica, la primera reacción es creer: ‘no estamos a la altura’; así que se piensa que lo mejor es doblar rodillas en humildad frente a la impersonal, pero sabia, diosa evolución… entonces la mentira con ropas blancas nos pasa por encima como el bulldozer, y nos aplasta. Pero eso no es inteligente ni racional; lo congruente con la capacidad que todos tenemos de analizar, es usar las neuronas e indagar bien sobre todo lo escrito al respecto, liberándonos de la propaganda que está inundando el mundo escolar y científico desde que Darwin se subió al ‘HMS Beagle’, y puso su quimera en la dirección del viento.

Sobre esta temática, que ya ha llenado demasiados libros, y al mismo tiempo se ha nutrido de escandalosos fraudes, los paleoantropólogos supusieron que ciertos australopitecos andaban erguidos, como el ser humano. Durante décadas, desde que Richard Leakey y Donald C. Johanson, Spidermans evolutivos, estudiaron sus fósiles, el evolucionismo ha asegurado, que estos ‘animales’ se desplazaban sobre las dos patas traseras.

Sin embargo, en la actualidad, la división inunda a los propios especialistas evolutivos, pues desde los setenta, muchas investigaciones han ido nutriendo la incertidumbre al respecto.

Un día, mientras terminaba la reestructuración de un esqueleto, en un campamento etíope, sonaba por los altavoces del cementerio de monos, ‘Lucy in the Sky with Diamonds’, la popular canción de John Lennon. Así, bautizaron su hallazgo: ‘Lucy, la que, con sus ‘millones de años’ se convertiría en la verdadera ‘Eva mitocondrial’; ágiles como siempre, pues con esa misma rapidez habían nominado antes al ‘Hombre/mono de Piltdown’, y al ‘Pitecantropo erectus’, el humano que ‘evolucionó’ a partir de un diente de cerdo, llamado científicamente, desde el rentable principio ‘bulldozer’: ”Hesperopithecus haroldcooki’, más conocido luego como ‘Hombre-Puerco de Nebraska’. Se les vió y se les ve el plumero; no obstante, concedámosle la gracia del raciocinio y razonemos:

En realidad, ‘Lucy’ fue un ejemplar de ‘Australopithecus afarensis’, que se cree vivió en Etiopía y Tanzania. Algunos paleontólogos, (como Owen Lowejoy, el español Juan Luis Arsuaga del equipo de Atapuerca, y otros) aun creen que ella y sus congéneres vivían en la hierba y andaban como atletas; pero otros muchos aseguran que se movían mejor en los árboles como buenos trepadores que eran, ya que sus dedos largos y curvos (tanto en manos como en pies), les permitirían agarrarse muy bien a las ramas, mientras, por el contrario, la posición erguida les resultaría anatómicamente muy incómoda.

Otro enfoque, el de Peter Schmid, uno de los antropólogos suizos que dudó del género de Lucy, y que participó en la reconstrucción de su esqueleto, afirma que la disposición de las articulaciones sugiere que se contorneaba al caminar igual a los gorilas. Planteó además que a diferencia de los humanos, carecía de costillas ligeras y del ensanchamiento en la parte superior del tórax, que le habría permitido recibir más oxígeno, refrigerando su cuerpo según corría. Asegura que habría tenido que jadear como un perro para refrescarse, y que cualquier distancia en la sabana la habría dejado exhausta” (Gore, 2000: 58).

Y es que nuestra postura erguida requiere de una configuración anatómica muy especial, muy diferenciada de la simiesca. Solo el ser humano posee tales características. ¿Cómo pudo la ‘selección natural’ reinscribir en la hebra de ADN, la información necesaria que permitiera los cambios somáticos imprescindibles para, de andar a cuatro patas, pasar a la posición bípeda actual del hombre?

Los australopitecos o “monos del hemisferio austral”, así como los fósiles incluidos dentro de los géneros Paranthropus, Praeanthropus, Zinjanthropus, Paraustralopithecus y Kenyapithecus, fueron simios muy parecidos a los actuales. Se conocen alrededor de veinte especies distintas, hallados cerca del lago Turkana en Kenia (y otras regiones de África). Los Australopithecus afarensis, considerados los más antiguos, son también los más divulgados: A. africanus (huesos más bien delgados), A. robustus (huesos grandes y robustos), y los boisei, anamensis, gahri y aethiopicus.

Todos con un volumen craneal igual o más pequeño que el de los actuales chimpancés; sus manos y pies presentaban falanges adaptadas a la vida arborícola. Los machos eran más grandes que las hembras (dimorfismo sexual), tal como ocurre en algunos monos actuales. Y llegados a aquí, surge la pregunta inexorable: si los australopitecos eran tan parecidos a los simios que viven hoy, ¿por qué razón fueron considerados nuestros antecesores?

Algunas revisiones del género Australopithecus sugirieron lo contrario: australopiteco no andaba derecho. Los doctores Lord Solly Zuckerman, (jefe Departamento de Anatomía, Escuela Médica de la Universidad de Birmingham, Inglaterra), y Charles Oxnard (antiguo alumno suyo, y profesor de una Universidad de Australia), dos notorios especialistas en anatomía comparada, luego de analizar detenidamente los esqueletos de estas especies, publicaron en la revista Nature, dos artículos separados y coincidentes, manifestando que los australopitecos no eran bípedos, sino que andaban a cuatro patas, igual a chimpancés, gorilas y orangutanes actuales (Zuckerman, 1970; Oxnard, 1975).

Oxnard concluyó señalando incluso que el género Homo podía ser tan antiguo, (y simultáneo en el tiempo), con el Australopithecus, de lo que se deduce que habría que eliminarle del linaje humano. Posteriormente, en un trabajo publicado también en Nature, en 1994, un equipo de la Universidad de Liverpool formado por los doctores, Fred Spoor, Bernard Word y Frans Zonneveld (Spoor, Word y Zonneveld, 1994), concluyeron lo mismo: australopiteco fue cuadrúpedo, igual que los monos actuales, y no bípedos como se había divulgado.

Más recientemente, Moyà y Kölher, opinan que A. afarensis tenía también un pulgar oponible en las patas, similar al de los actuales chimpancés, que le convertía en arborícola, y no terrestre (Gibert, 2004). Asimismo, Nacional Geographic, en una edición especial para España, que trataba acerca de los orígenes del hombre, publicó un artículo sobre el bipedismo, del que resaltamos las siguientes palabras:

[‘La postura erguida humana, requiere una configuración anatómica muy especial, que le hace notablemente diferente de los simios. Ningún otro animal conocido posee tales características. ¿Pudo la evolución realizar los cambios anatómicos necesarios para pasar del modo de caminar a cuatro patas, propio del mono, a la posición bípeda del hombre?
Investigaciones en anatomía comparada que han empleado modelos de computadora han puesto de manifiesto que esto no es posible. Cualquier forma intermedia entre un ser cuadrúpedo y otro bípedo requeriría un consumo de energía tan elevado que la haría del todo inviable. Un animal semibípedo, tal como algunos conciben a Lucy, no puede existir porque, sencillamente, vulneraría las leyes de la biofísica.’]

Nuestra postura vertical no tiene que ver sólo con el esqueleto y los músculos, sino que se relaciona además con otros órganos. El cuerpo percibe el sentido de la postura y controla el equilibrio a través de los órganos del equilibrio (situados en el oído interno), durante la locomoción. Estos órganos tienen conexiones nerviosas con áreas específicas del cerebro. Por ejemplo, la causa del vértigo puede ser consecuencia de anormalidades en el oído, en la conexión nerviosa del oído al cerebro o en el propio cerebro.

Mediante tomografías axiales computarizadas de alta resolución (TAC), se ha podido calcular el volumen del laberinto del oído interno de muchas personas y de monos actuales pertenecientes a diversas especies de chimpancés, gorilas y orangutanes, para compararlos con el laberinto correspondiente de cráneos fósiles de australopitecos, Homo habilis y Homo erectus (Word, 1994). En los organismos vivos estudiados se correlacionó el tamaño de los canales semicirculares con la masa del cuerpo, y se comprobó que los seres humanos modernos poseen dichos canales anteriores y posteriores más grandes que los monos actuales, mientras que el canal lateral es más pequeño.

El resultado de tales investigaciones reveló que el oído interno de todo australopiteco, así como el de Homo habilis, era muy similar al de los grandes monos actuales, o sea: no apto para la locomoción bípeda. Por el contrario, el de Homo erectus se asemeja al del hombre moderno. Esto corrobora la idea de que, en cuanto al tipo de locomoción, entre simios y hombre existe una diferencia fundamental. Todos los Australopithecus y el Homo habilis serían en realidad simios fósiles comparables a los monos actuales… y el denominado ‘Homo erectus’, debería ser considerado como lo que es: un auténtico humano.

Además, refutando la teoría evolutiva, nuestro bipedismo no constituye ninguna ventaja evolutiva, respecto al desplazamiento a cuatro patas de los animales. El hombre no es capaz de alcanzar los 125 kilómetros por hora del guepardo, ni moverse por la copa de los árboles a la velocidad que lo hacen los chimpancés o los monos aulladores. Y llegado a aquí, contaré una anécdota: hace años, estando yo de visita en una casa, en cuyo amplio patio había una jaula con un mono verde dentro, un chaval, en tétrica travesura, echó dentro el gato de la familia. La agilidad de aquel mono, a más de 2 ms. del felino, me dejó helado; no le dio la más mínima posibilidad de salvarse.

Desde el punto de vista de la agilidad de movimientos que permita huir o defendernos, las personas vamos en desventaja con respecto a muchos animales. Sin embargo, según la lógica evolutiva, apostando siempre por la mejora de la especie, que diera supervivencia, no se debería haber producido una transformación desde los monos cuadrúpedos al hombre bípedo, pues si alguno decidiera bajar de los árboles, habría terminado en comida de sus depredadores.

Por el contrario, el ser humano tendría que haberse convertido en mono, ya que desde el concepto ‘locomoción’, el simio es mucho más eficaz que nosotros. Y si a esto se replicara que el bipedismo permitiría liberar las manos, así como favorecer el desarrollo de la imaginación y del cerebro hasta convertir al hombre en un científico, habría que decir que una cosa es la evolución biológica y otra muy distinta la cultural.

Son dos conceptos no mezclables, pues resulta improbable que la evolución habría favorecido el bipedismo porque estaba interesada en obtener científicos. Además, como contrapartida a este planteamiento, todo buen hijo de Darwin siempre ha sentido repulsión ante la idea de que las transformaciones de los seres vivos estén orientadas hacia un fin específico.

Por otro lado, el hecho de andar en dos patas, no prueba necesariamente una relación filogenética con el ser humano. Las aves, por ejemplo, son bípedas y, al menos hasta el momento, a nadie se le ha ocurrido decir que descendemos de ellas. Lo mismo podría decirse de los lémures de Madagascar, que cuando están en el suelo se mueven saltando sobre sus dos patas traseras; el hecho de que un mono sea capaz de erguirse y ponerse de pie, como también hacen eventualmente los perros y los osos, no es suficiente para plantearse que se transformarán en hombre luego de millones de años.

Y si la razón esgrimida es la similitud del ADN, que algunos refieren igual en un 98%, en el caso del chimpancé, habría que decirle que esos datos son demasiado parciales, pues se hace en base a un 5% de ADN sobre el total, el que resulta ‘codificante’. El llamado ‘ADN Basura’, constituyente de la mayoría, el 95% restante, no ha sido considerado en la estadística, y ya se está comprobando que no es tan basura como ha sido clasificado, sino que hay mucha ignorancia aun con respecto a él; lo mismo que ocurrió con los 86 órganos vestigiales publicados en 1893 por Robert Wiedersheim, que la propia Ciencia ha ido reduciendo a solo unos pocos, a medida que se ha ido conociendo sus funciones actuales.

Pero aun hay más evidencias que contradicen la teoría evolutiva. El Dr. Randall L. Susman publicó en 1994 un trabajo en ‘Science’, comparando la forma de la mano humana con la de los simios actuales y de los fósiles en cuestión; la intención era relacionar estructura y función con el posible uso o no, de herramientas.

La forma de los huesos, músculos y tendones constituyentes de la mano humana, fijan la precisión con que se puede agarrar y manipular objetos. Los simios tienen dedos largos y curvados, de yemas estrechas; mientras que los nuestros son relativamente cortos, rectos y con amplias yemas. El trabajo de Susman señaló que hay dos grupos bien diferenciados: los capaces de utilizar herramientas más o menos sofisticadas y los que no.

Entre los primeros, situó a Homo Sapiens y H. erectus, mientras que a los australopitecos, (Lucy entre ellos), los ubicó en el grupo de los simios incapaces de manipular utensilios con cierta precisión. La investigación de Susman finaliza descartando a los australopitecos del pretendido árbol genealógico humano.

Las opiniones enfrentadas que se observan hoy dentro del propio evolucionismo, indican que la insistencia sobre la hipótesis del bipedismo en Australopithecus responde más al deseo de hallar un eslabón perdido entre monos y ser humano, que a genuinos argumentos científicos. Los fósiles considerados ‘australopitecos’, provienen de diversas especies de monos extintas en el pasado, sin descendencia, como los dinosaurios y tantas otras especies biológicas que nada tuvieron que ver con el origen del hombre. Si algunos insisten en considerarlos antepasados humanos es porque no tienen nada mejor a mano.

Sin embargo, los australopitecos son tan homínidos como puedan serlo los grandes monos que viven en la actualidad. Eran seres mucho más parecidos a los gorilas, chimpancés y orangutanes de hoy, que a nosotros mismos. Precisamente lo que refleja la pancarta que se exhibe al público, en el Zoo de Barcelona, España, frente a la zona destinada a los gorilas de montaña.

El primer peldaño de la pretendida escalera evolutiva tiene menos solidez que un helado de chocolate en el desierto de Almería: se derrite a la misma velocidad que la evidencia científica demuestra que los australopitecos no fueron antepasados del hombre.

Somos tal cual nos diseñaron, y no mejoramos, sino declinamos. Adán, el 1er hombre, con la información de su ADN íntegra, vivió 930 años; al surgir las primeras mutaciones, la expectativa de vida fue reduciéndose. Los hijos de Noé llegaron a los 600 años; a partir de ahí, los empeoramientos genéticos ya habían proliferado y fueron degradándose a 400, 300, 175 de Abraham… y los que se logran alcanzar hoy, según el sistema social donde se viva, y los paliativos médicos que incentivan la longevidad.

Si hay algo común entre hombres y monos, es que fueron pensados, diseñados, programados y ‘creados’ para vivir en un mundo biológico interactuante, con los mismos componentes químicos para todos. Los simios, aun en la floresta; nosotros intentando el abordaje del espacio… el espíritu en ‘stand by’, hasta que regrese el Seleccionador a por su Selección, con el libro de los nombres bajo el brazo.


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CARTA ABIERTA AL PAPA DECISIVO

julio 1, 2008
Premio \'Excelencia\'

PREMIO EXCELENCIA

A: PAPA BENEDICTO XVI

DE: UN CREYENTE CON FE.

ASTO: DARWIN EN AULAS CRISTIANAS.

Estimado señor Joseph Ratzinger:

Soy consciente que estas líneas, hechas por un cristiano sin influencias, que da voces a favor de la sangre de Cristo desde el anonimato, y dirigidas al líder de una congregación de más de mil millones de personas, con un correo posiblemente filtrado por un ejército de ‘secretarios’, serán consideradas como carentes de raciocinio y de lógica. Aún así, sé que mi súplica concluirá localizándose en sus ojos, pues he sido confrontado en el espíritu; el propio Señor está al control. Usted es un líder de este tiempo, y en su mano está la orden (y el orden), que el momento demanda.

Hace algo menos de dos años, durante su visita a Ratisbona, Baviera, usted mostró cuál era su posición respecto a una teoría de la evolución que asegura que Dios es “inútil” para el hombre, y que dedica ingentes esfuerzos mediante la alianza de ‘peritos’ en tumbas, geólogos, biólogos y otros etcéteras marginados de Jesús, para sacar al Hacedor, de la fórmula humana.

Antes de dirigirse a la Universidad de la que usted había sido vicerrector, durante la misa multitudinaria, que acogió a 250000 personas, asumió una postura bizarra al afirmar que ‘la teoría de la evolución es irracional, que el ateísmo moderno nace del miedo a Dios y que el odio y el fanatismo destruyen la imagen del Señor.’ Es decir, con ‘saber’ apuntó a los extremos; los cristianos debemos ser muy cautelosos con nuestras posturas, pues la fuerza de la pasión puede constituirnos en una piedra de obstáculo para lo mismo que intentamos defender. De modo que, si en mi forma de presentar a Cristo he resultado ofensivo a alguien, desde aquí ruego me disculpen.

Ese día ud., señalando hacia el origen de la vida, mostró las dos opciones: ‘o la Razón creadora: Espíritu que hace todo y fomenta el desarrollo o la irracionalidad, que sin razón alguna, produjo un cosmos ordenado de modo matemático, al hombre y a la razón.

Aquellas manifestaciones suyas llenaron de esperanza a una cantidad importante de fieles en el mundo entero, puesto que no solo pueden ser considerados como tales los más de mil millones de personas que se confiesan católicas, sino que se debe anexar a todos aquellos que por antonomasia, aunque no hayan optado por esa línea del evangelio, forman parte intrínseca del cuerpo de Cristo, por la fe, y por el amor que Él nos dejó por herencia a todos, sin importar color de bandera, clase social o nación.

Sin embargo, a día de hoy, desde hace ya bastantes años (yo diría que demasiados), las escuelas católicas, presionadas por leyes estatales, han venido propugnando la teoría de Darwin en sus clases de Biología, bajo la falsa deducción de que los descubrimientos científicos se oponen a las escrituras, y eso obliga a ‘reinterpretar‘ la Palabra de Dios.

Pero todos fuimos advertidos por el apóstol Pablo, bajo revelación del mismo Señor, en su carta a los Gálatas, en 1:6-12, que en la Biblia ‘Dios Habla Hoy‘, recuerda:

6″Estoy muy sorprendido que ustedes se hayan alejado tan pronto de Dios, que los llamó mostrando en Cristo su bondad, y se hayan pasado a otro evangelio. 7 En realidad no es que haya otro evangelio. Lo que pasa es que hay algunos que los perturban a ustedes, y que quieren trastornar el evangelio de Cristo. 8 Pero si alguien les anuncia un evangelio distinto del que ya les hemos anunciado, que caiga sobre él la maldición de Dios, no importa si se trata de mí mismo o de un ángel venido del cielo. 9 Lo he dicho antes y ahora lo repito: Si alguien les anuncia un evangelio diferente del que ya recibieron, que caiga sobre él la maldición de Dios. 10 Yo no busco la aprobación de los hombres, sino la aprobación de Dios. No busco quedar bien con los hombres. ¡Si yo quisiera quedar bien con los hombres, ya no sería un siervo de Cristo!”. 11 Sepan ustedes esto, hermanos: el evangelio que yo anuncio no es invención humana. 12 No lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino que Jesucristo mismo me lo hizo conocer.”

Sin embargo, se dejó de mirar en la dirección adecuada, y oídos cristianos se recrearon con el canto de sirena de la falsa ciencia: el nuevo evangelio negador de Jesús. A día de hoy se enseña teoría de la evolución en colegios cristianos y, ¿cual es la consecuencia? Observe el siguiente párrafo, extraído de un forum sobre religión y ciencia, en el que se debatía sobre las clases de biología evolutiva dentro de aulas de colegios católicos:

“Sí, enseñan evolucionismo, pero la verdad es que se están contradiciendo ellos mismos al enseñarte religión, y luego la clase de Ciencias naturales, habla de cómo el mono fue evolucionando hasta llegar al ser humano: homo sapiens sapiens. Si Jesús se sacrificó por los humanos en la cruz, ¿de que sirvió, si hoy día hay guerra, hambre, muertes, violaciones e injusticia? Y también te dicen que si te portas mal Dios te va a mandar al infierno y que no te va a perdonar; acaso la religión no dice que el perdón es lo primero, pero después de decirte que te van a mandar al infierno, te dicen *Dios te ama*… baa.”

Así que en realidad, al aceptar una teoría manifiestamente atea, en una escuela donde debe enseñarse el principio bíblico, lo que se ha creado es confusión. Justo lo que pretende satanás desde el principio, y pese a que Jesús siempre instruyó en base al Pentateuco judío, cuando habló de Adán, Noé y Moisés. ¡Qué agilidad para olvidar que no hay punto de encuentro entre Dios y su enemigo!

En el1er libro, el Bereshit, con el que instruía Jesús, en 1:5, enseña:

“Dios llamó a la luz «Día» y a la oscuridad la llamó «Noche». Y fue de tarde, y fue de mañana, un día.”

Aquí, la Biblia no deja lugar a dudas sobre una Creación en 6 días de 24 horas; la frase: ‘mil años son para Dios como un día‘, se expresó en 2ª Pe 3:8-9, en uncontexto de ‘paciencia‘:

“Mas, oh amados, no ignoréis una cosa: y es que un día delante del Señor es como mil años y mil años son como un día. El Señor no tarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza; pero es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno se pierda, sino que todos procedan al arrepentimiento.”

No obstante, de todas formas, la propia Ciencia está de parte de Dios. Así como nuestro ombligo es la huella de nuestra madre, nuestro ADN lleva implícita la firma del Todopoderoso.

Cada deducción que lleve a que derivamos de una célula inicial que logró complejidad por sí misma, está errada. La conjetura que indique que por sí misma fue capaz de inscribir toda una instrucción originaria de vida, sin agente externo diseñador del programa necesario y codificador de tal programa, es irracional y falta, no solo de lógica, sino de evidencias de laboratorio, pues jamás se logrado crear una simple célula eucariota desde una bacteria; y jamás lo lograrán. Y esos puntos, precisamente, constituyen la vulnerabilidad de la teoría evolutiva. Analicemos:

1- La primera célula de la humanidad llevó inscrita por necesidad la primera instrucción, la fórmula para la vida. Se evidencia una receta química producto de un análisis; luego un conocimiento amplio sobre programación, pues cada secuencia viene cronológicamente escrita, para ser leída en cada momento idóneo por el ribosoma. Tampoco se puede permanecer indiferente al hecho de que esa lectura aparece codificada, lo cual exige un ‘codificador’, pues nada es capaz de codificarse a sí mismo; no hay ley científica que lo afirme. Y, por último, los datos están inscritos en la hebra ADN: ¿Quién los inscribió? La información no es casuística, sino causal; antecede a la vida, y luego la genera; de modo que si surge antes que la propia vida, exige un factor externo inteligente, desde su inicio.

2- Según la tesis evolutiva, la célula eucariota derivada incrementó la información inicial, adquiriendo todo lo que la diferencia de la bacteria. Pero, ¿quién entonces ‘actualizó’ esos datos, ‘reinscribiendo’ en la hebra la nueva información imprescindible para que un reptil ‘volara‘, eones de tiempo después?

3- ¿Cómo puede ser posible la hipotética evolución ‘homínido-hombre’, cuando lo que se manifiesta es una constante depauperación y mutaciones en el genoma humano, ocasionando casi 20000 enfermedades genéticas reconocidas hasta la fecha? Nuestro viaje es hacia la muerte, no hacia una vida más capacitada e intelectiva; pues el destino de esta es el espíritu, no la carne. La sentencia de que esta vida es solo estación de tránsito, pronosticando la degeneración genética, fue dictada hace unos cuantos miles de años, cuando el Creador le dijo a Adán:

“pero del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, no comerás; pues el día que de él comas, muriendo, morirás”. [Bereshit 2:17]

Es decir, ese enigmático ‘muriendo morirás‘, que los traductores del Génesis griego decidieron omitir, al resultarles incomprensible, toma actualidad hoy, precisamente debido a los hallazgos de la Ciencia. Como auguró el eminente científico cristiano Pasteur, sin conciencia de profecía: ‘Mucha Ciencia acerca a Dios; poca, aleja de Él’

De modo que la temática de los colegios cristianos debe enfocarse en el sentido de que la teoría de la evolución ‘NO ES CIENCIA‘, enseñando los valores bíblicos con toda seguridad, pues dicha teoría jamás ha estado tan cerca de ser razonada como el mayor error de concepto concebido en la historia de la humanidad. No resulta responsable que los propios cristianos señalemos una falibilidad de las palabras de Jesús, cuando instruyó acerca de Adán y Noé, pues, si la Biblia no es fiable en su Génesis, ¿en qué punto puede ofrecer garantías al nuevo evangelizado?

El propio Jesucristo nos alerta; y los escribas lo reflejan 3 veces, para que no lo olvidemos. en Mat 24:35, Mar 13:31, y Luc 21:33:

‘El cielo y la tierra pasarán; mas mis palabras no pasarán’.

Tengo entendido que usted, Sr. Ratzinger fue bautizado el mismo día que nació: un sábado de Gloria: la conmemoración de Jesús en el sepulcro. Sé, por fe, que será usted el encargado de poner la Palabra del Señor en la cumbre educativa. También soy consciente de los muchos problemas que está enfrentando, pero por favor, en el nombre de Cristo, no tarde mucho en hacer que el agua de la fidelidad alcance el nivel que nuestro Señor exige.

No podemos ir a medias con Él, pues Él no fue a medias con nosotros. Se entregó por entero: su sangre en el ignominioso madero limpió el pasado y futuro de los hombres. La de sus pies, la de sus manos, la de su espalda, y la de la lanceada en su costado. El cerco de espinas, que también la derramó sobre su cara, le coronó para siempre como el Rey definitivo de Sion… la montaña en la que promete estar junto a todo aquel que le sea fiel.

Dé el paso definitivo y autoritario que esa sangre de Cristo reivindica, con la valentía que siempre le ha caracterizado, cuando desde sus inicios ya fue clasificado como ‘reformista‘. Levante la bandera de Jesús y verá cuántos iremos con usted. La reforma es precisa; el Señor la está exigiendo: primero la interior, para que podamos ascender a los nuevos niveles que nos demanda, y luego la externa, la que hará compatible el dogma de la fe con las propias investigaciones de la Ciencia que muchos intentan desvirtuar, sin conseguirlo.

Por último, permítame dejar un párrafo que ha salido 3 veces al azar (suelo abrir así la Biblia cuando le pido a Dios una palabra), en menos de 15 días, consciente de lo que significa mentir en estas cosas:

[Efesios 4:14-16] “Ya no seremos como niños, que cambian fácilmente de parecer y que son arrastrados por el viento de cualquier nueva enseñanza hasta dejarse engañar por gente astuta que anda por caminos equivocados. Más bien, profesando la verdad en el amor, debemos crecer en todo hacia Cristo, que es la cabeza del cuerpo. Y por Cristo el cuerpo entero se ajusta y se liga bien mediante la unión entre sí de todas sus partes; y cuando cada parte funciona bien, todo va creciendo y edificándose en amor.”

¡Todas sus partes: el pueblo de Jesús! Que el Altísimo le fortalezca y le proporcione un entorno adecuado, en un clima de buenos consejos, para que la credibilidad bíblica se imponga como acto de fe, y ningún cristiano se avergüence de declarar a viva voz:

“JESUCRISTO ES EL SEÑOR, HOY, MAÑANA Y SIEMPRE.”

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