HOJAS CAÍDAS DEL ÁRBOL DE SABIDURÍA: EL TRIGO Y LA CIZAÑA.

octubre 27, 2018

Enero 8/2012

“SED UNOS, Y SI NO SOIS UNOS, NO SOIS MÍOS”– dice el Señor.

Jesús aboga por la unión de sus iglesias, pero no puede haber unidad si falta la Luz de la Verdad, la Luz de Cristo y del Espíritu Santo; la emanada del manantial del propio Dios Todopoderoso. Esa Luz, que brilla con fulgor cegador, de la que doy testimonio por haberla vivido en mi carne durante 8 horas, la madrugada posterior al día de mi bautismo, 7/feb/1994, es la única que irradia los corazones y aclara el intelecto, vivificándolo según el poder del Padre Celestial, cuya potencia está en todas las cosas y da vida a todas las cosas, para que todas las cosas testimonien de Él.

¿Quién puede decir que no hay vida donde hay movimiento sin fuente acreditada? La Ciencia humana sabe cabalmente que al hombre le resulta imposible lograr el movimiento perpetuo; sin embargo, este se manifiesta en millones de constelaciones del universo. El cosmos entero es una alabanza a quien vivifica la muerte y mata lo vivo, según la dispensación de los tiempos y el espacio; según Su sabia voluntad.

La Luz que anima todas las cosas, también rige todas las cosas a través de estatutos con vigencia eterna. Sí, el poder del Dios altísimo gobierna de eternidad en eternidad, cercenando las fronteras del tiempo y del espacio más allá del alcance del limitado conocimiento y capacidad de deducción del ser humano.

Y el que rige tanto lo comprensible como lo inescrutable, dice que si Él es uno y está en todas las cosas, todo pensamiento que le reconozca debe atarse a Sus preceptos y regirse por ellos o no será de Él; no pertenecerá a Él, sino a su opuesto, pues no hay terceras partes implicadas ni nadie es exento de la lucha espiritual contra el infierno. O con Cristo, o contra Cristo; y eso se cumple y cumplirá en todos los estados del alma.

Si un mismo Espíritu funda todas las iglesias, ¿por qué se pretende asumir para sí el cartel de “Iglesia Verdadera”, mientras se viola línea sobre línea y precepto sobre precepto, del único Evangelio válido? ¿Cómo es posible acreditarse como única iglesia santificada, violando al mismo tiempo órdenes explícitas del Creador de la iglesia?

“… vanidad son los hijos de los hombres, mentira los hijos de varón; pesándolos a todos igualmente en la balanza, serán menos que nada.”– (Salmos 62:9).

He aquí una hoja caída del árbol del conocimiento del Edén de Dios; la explicación de la milenaria parábola de ‘El Trigo y la Cizaña’: El campo es el mundo, y los apóstoles los sembradores de la buena semilla. Al dormirse estos, el destructor, el antiCristo devorador de iglesias, irrumpe en ellas y siembra la cizaña. La ramera Babilonia de final apocalíptico ha logrado que todas las naciones beban de su cáliz; sin importar el nombre humano, esa habitante de la tierra, ese nido deambulante de satanás, vive en cada país y tiene muchos tronos; pero una misma máscara cubre una única faz.

Al tener poder para reinar en la Tierra, en cada iglesia de cualquier denominación, satanás procura una porción de su reino, engañando con sutilezas de humanidad y falsa caridad, sembrando la cizaña en la tergiversación, humanizando lo sagrado, violando con gloria de hombres, ordenanzas que proceden de lo divino.

Así la cizaña quiere ahogar al trigo; hace huir la iglesia fiel, confinándola a soledad de desierto. Pero el trigo es el fruto que Dios recolectará, de una forma u otra, y más allá de los violadores de leyes, cada buena espiga será tomada y llevada por ángeles recolectores a los almacenes celestiales, en cumplimiento del Plan de Redención. Y al final, la cizaña (por libre albedrío), será recolectada para los hornos infernales que prefirió.

Y esta es la cizaña: el ansia por el poder y las riquezas… la gloria humana. La cabeza eclesiástica ufanada durante siglos en acumular jerarquía y patrimonio: rango sobre realezas y sobre lo mundano, acopio de fortunas, inmuebles, arte iconográfico, pictórico, y joyas de todo tipo; miles de millones de euros nutriendo la avaricia en todo el mundo, aunque el escudo de justificación sea la “defensa del patrimonio cultural e histórico“.

¿Acaso es la cultura lo que salvará al hombre? ¿O el oro y la plata? ¿No es la fidelidad a Cristo? ¿Acaso esos hábitos siguen las instrucciones precisas y claras de Jesús de Nazaret? ¡No! No es cultura ni riquezas lo que conduce a la Redención eterna, sino la obediencia por fe; el Señor fue muy claro respecto a esto, en Mat 6:19-21:

“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.”

¿A qué espíritu obedecen entonces? Al Espíritu Santo no, desde luego. Cada clérigo de toda denominación cristiana, con excesiva devoción por dinero o fama, niega al Señor; jugará con las cartas que el demonio desea que se juegue, no con las que Jesús legó, y deberá pagar un alto precio de castigo. Si se pierde en ellos, en lugar de fundarse en los pilares que demanda el Cristo, cae en rebeldía. Si se pretende seguir tras Su Cruz, debe buscarse la gloria de la difusión del Evangelio y la constante amonestación contra el pecado, que guía a la aflicción del espíritu, al arrepentimiento, al perdón y a la salvación eterna. No debe tomarse a la ligera la gracia clavada en el calvario del Gólgota.

Quien procura su propia salvación, debe olvidarla si atenta contra muchas órdenes de Cristo respecto al dinero y la jerarquía. Siendo específico: hay 14 versículos que instruyen sobre el comportamiento respecto al poder, y otros 14 respecto al dinero; o sea, número perfecto: cuatro veces siete, advirtiendo sobre la importancia de obedecer. Solo tienen que buscarlos como yo lo he hecho por mandato del Señor.

Y no se niega la labor de iglesias a favor del hambriento, sino que se dice que hacer las cosas según lógica humana, es negar a Jesús, quien no vino a perder el tiempo, sino a que se le escuchara. Lo que se señala es que, al violar la ley de las riquezas, en esos tesoros ‘donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan’, se niega esperanza a otros millones de seres marginados por la sociedad, que podrían tener más apoyo financiero para sembrar alimentos, comprar ganado, buscar agua en los sitios donde se vive en su carencia… Regalar más esperanza y apoyar más Esperanza, dando testimonio de la esperanza que hay en el amor de Cristo Jesús; dando a los desarraigados de la tierra, los olvidados del planeta, el máximo de semillas y frutos del amor: La demanda del Señor. ¿Cómo puede hablarse de amor y Evangelio a quien, conociendo el lujo de las iglesias, no puede alimentar a su familia?

Hay muchas otras violaciones de las ordenanzas del Cristo; la de Mat 23:9 es directa:

“Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos.”

Una orden quebrantada en miles de iglesias donde la teología humana entró para alterar un precepto del mismo Cristo. A día de hoy se da justificación sobre esto. ¡Cuanta soberbia Señor! El ser humano puede hacerse emperador en el reino de la excusa; pero no evitará por ello el juicio por violación de la Ley Celestial. No es un asunto banal, sino que tiene suma importancia; el Hijo de Dios bajó con la sabiduría del Altísimo; se las sabía todas, y se las sabía mejor que nadie. Era, es y será, el más listo de la clase.

El Señor sabe que los actos de encumbramiento personal buscan la sumisión del hombre por el hombre. Quien necesita acudir al retrete para evacuar cada día, a quien Dios le recuerda cuánta corrupción y cuán poca ‘santidad’ hay en él, obliga a otro, con igual podredumbre que él, a besar su mano o rendir pleitesía, cuando vemos que en la propia Biblia, la ‘piedra de la iglesia’, se instruye sobre humildad en Hch 10:26:

…Mas Pedro le levantó, diciendo: “Levántate, pues yo mismo también soy hombre.”

Hasta los ángeles tienen prohibido recibir pleitesía de hombres, según Apo 22:8-9:

“Yo Juan, soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas. Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios.”

Jesús sabe cuál es el peligro de ufanarse en el poder: la egolatría, el exceso de adoración por sí mismo. Su instrucción sobre el amor es contraria: darse a los demás, considerarse menor que los demás. Lo ordena explícitamente en Mat 20:26-27:

“Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo…”

Y es que la egolatría arrastra a la soberbia, y esta a la vanidad, formando las tres una cadena de eslabones fundidos que les unce desde el cuello al diablo.

El Señor desea que en toda Su casa entre la Restauración de Su Evangelio original, pues el de hoy está alterado por justificación humana: corrupto, tergiversado, y por ello, débil. Su Palabra está retoñando y la yerba brota, pero aun es tierna. Y he aquí, los ángeles segadores claman a Él noche y día para ser enviados a la siega y poder gozar por fin de las promesas hechas a ellos mucho tiempo atrás. Mas Jesús les dice:

“No arranquéis aun la cizaña pues los buenos brotes están aun tiernos (de cierto es débil la fe), no sea que destruyáis también el trigo. Dejad pues que crezcan juntos trigo y cizaña hasta que la cosecha esté madura. Entonces recogeréis primero el trigo, entresacándolo de la cizaña, dejando el campo listo para la quema”

Y así dice el Señor a Sus sacerdotes genuinos, los fieles a Él:

Sois herederos legítimos y habéis sido ocultos del mundo con Cristo, en Dios. Por tanto, vuestra vida y abnegación fiel permanece, y es necesario que permanezcan en vosotros y en vuestros linajes hasta la restauración de todas las cosas declaradas por los profetas desde el comienzo del mundo. Benditos sois si perseveráis en mi bondad, siendo una luz a los gentiles.”

El Señor lo ha dicho. Amén.

El sacerdocio de la amonestación se da para aclarar al confundido, y que esa claridad le lleve a la aflicción sincera, para que la congoja del corazón le guíe al perdón del Cristo en vida, antes de que haya que ir al juicio como espíritu en muerte; solo así se podrá evitar el sufrimiento, la purga en el infierno. El perdón llevará a la prueba imprescindible de obediencia, y si vencen, su nombre será inscrito en el Libro de la Vida, asegurándole una morada en alguno de los 3 reinos de gloria. No olviden que Pablo habló en 2ªCo 12:1-6, sobre el “tercer cielo” (Paraíso)… y ello implica que hay también un 1º y un 2º.

Y si la confrontación conduce al odio en lugar de al arrepentimiento, entonces es porque ese corazón no pertenece al Salvador; no será tratado como trigo, y tratamiento de cizaña será su única expectativa.

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SELECCIONANDO LOS REINOS ETERNOS.

octubre 26, 2018

Enero 18/2012

En el mundo, menos de la tercera parte de la población mundial, menos de dos mil millones de seres humanos, confiesan a Cristo. Y esa porción aun se divide más en cientos de confesiones cristianas distintas; sin embargo, todos dicen que son la iglesia verdadera. Eso nos lleva a dos interrogantes:

1- ¿Cuál es en realidad la iglesia verdadera?

2- ¿Por qué se han separado y distanciado tanto unas de otras?

La 1ª cuestión se zanja rápido: La iglesia auténtica da fidelidad absoluta a las ordenanzas, instrucciones y consejos de Jesús de Nazaret. Y quisiera repetirlo: funde, clava, y suelda cada palabra de Cristo en el corazón de cada feligrés. Si se hace así, si ante cada acto uno se pregunta ‘¿Cómo actuaría Jesús en esta situación?’, el corazón dará siempre la respuesta adecuada. Cada iglesia que fije este concepto en cada uno de sus miembros, podrá decir al menos que no es infiel al Señor. Ese es el principio de la fe… y de la fidelidad a Jesucristo.

La 2ª cuestión, el por qué de tanta división, está atada al concepto anterior, pues se divide al fallar la obediencia a la Palabra original, por el afán de gloria de hombres contra la que siempre alertó Jesucristo. El poder jerárquico, como aberrado semen del antiCristo, fecunda a la iglesia con tres fetos ominosos: egolatría, soberbia, y vanidad; tres eslabones inseparables que darán vida a la cadena que enyugará a todo embarazado, desde su propio cuello, hasta el grillete del diablo.

En el 2007, durante un tiempo de ayuno y oración, que al final duró un año entero, le pedí al Señor que me llevara a una iglesia que le fuera fiel. Me hizo saber que a día de hoy, ninguna iglesia lo es. Sin embargo, después de ser discipulado y disciplinado, en el 2011, me llevó a la iglesia establecida a través del apóstol Pedro, que luego se perdió por las abominaciones y supercherías sacerdotales, y que Él restauró de nuevo en la primera mitad del siglo XIX: La iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, conocida popularmente como ‘iglesia mormona’, porque, además de las Escrituras comunes al cristianismo, se fundamenta en el Libro de Mormón, el Evangelio de Cristo sin tergiversaciones ni censuras.

Y esto lo sé porque el propio Señor Jesucristo me lo confirmó cuando le pregunté bajo oración, con el Libro de Mormón en la mano: “Si ésta es tu palabra, dime con tu palabra que ésta es tu Palabra“, y luego abrí el libro; lo hizo por 3Nefi 12. Sorprendido, me vi leyendo el sermón del monte que aparece en el libro de Mateo, capítulo 5, sobre las bienaventuranzas.  Respondió categóricamente mi oración: Me dijo, con su palabra conocida por mí del sermón del monte, en lectura del Nuevo Testamento, que el Libro del Mormón era “Su Palabra”. Y doy mi testimonio.

El Libro de Mormón es, sin lugar a dudas, el libro que, de forma perfecta, nos permite conocer mejor al Señor Jesucristo; no he leído otro libro que me haya hecho sentir más cerca de Jesús. 

Hoy, esa iglesia no es la misma restaurada por el propio Jesús a través de José Smith; sigue existiendo el Libro de Mormón, pero los líderes actuales (como muchos líderes de otras confesiones cristianas), se avergüenzan de Cristo y censuran todos los versículos de advertencia del Señor, propugnando sólo las promesas. Pero la Palabra de Dios es siempre la misma; son los hombres quienes la alteran según su arrogancia, creyéndose capaces incluso de mejorar el Evangelio perfecto venido de lo alto. Tal gloria humana, crea las corrientes separatistas del río de Dios, desmembrándolo y debilitando la eficacia del Evangelio.

Llegados a aquí, el Señor lanza la primera reprimenda:

Sed unos; y si no sois unos no sois míos.”

Hay iglesias que no creen en el Espíritu Santo, aunque sus propias Biblias testifican de Él. Y hay iglesias que llaman ‘padres’ a sus pastores, yendo contra el mismo Jesús:

Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos.” [Mat 23:9]

También hay iglesias que almacenan joyas, obras de artes y patrimonio inmobiliario, y que además accionan en bancos mundanos, pese a otra instrucción del Señor:

No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. [Mat 6:19-21]

Hay iglesias, de distintas confesiones, donde los pastores se afanan tanto en el dinero que olvidan Su ordenanza prioritaria, dada en Mar 16:15:

Y les dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura“.

Jesús nos legó un manual de Instrucciones perfecto para que lo siguiéramos tal cual, pues Él mismo era el Espíritu de la letra, por orden del propio Dios. Así que no hay necesidad de enmiendas, sino de la Restauración del Evangelio original. Sin embargo, muchos no dudan en alterar la letra de origen divino, mediante teología corruptible.

Ahora bien, sobre el Plan de Redención de Cristo, Él mismo dice:

Mediante la redención en la Cruz del Calvario, ejecutada a favor del género humano, se lleva a cabo la resurrección de los muertos. Y la unión del espíritu y el cuerpo es lo que da lugar al alma humana.”

Así, la resurrección de los muertos es Plan de Dios: cada alma redimida ocupará el sitio que le corresponda en los distintos reinos de gloria diseñados desde el inicio de los tiempos. Y cada reino con su propia y legítima ley. De modo que los hallados aptos para habitar el reino de mayor gloria, el celestial, serán inmortales y vivirán junto a Dios y a Jesús por toda la eternidad, según se cumpla la ley celestial establecida.

Y los que no puedan ser santificados por esta ley, que es de Cristo, deberán heredar otro reino entre el terrestre o el telestial, según proceda. Pues quien en su juicio final no haya sido hallado obediente a la ley celestial, no podrá soportar la gloria celestial.

Asimismo, quien no haya obedecido la ley del reino terrestre [no en esta Tierra, que habrá desaparecido, sino en otra creada para el efecto], no puede soportar una gloria de ese reino. Y de la misma forma, quien no haya sido hallado tampoco en obediencia a la ley del reino telestial, no podrá resistir la gloria establecida para ese sitio y no tendrá cabida en él. Entonces, el único sitio que quedará disponible es un reino que no es de gloria, sino de punición, junto a satanás y sus ángeles.

Así, todos seremos vivificados y cada cual irá al reino al que pertenezca… según los actos realizados durante su etapa en la carne. Los que hallen su muerte siendo de un espíritu celestial, esforzados en perfección, en alineación con los estatutos de Dios, recibirán un cuerpo perfecto de carne y huesos, tal como el que Jesús mostró a sus discípulos cuando se presentó ante ellos después de su resurrección. [Luc 24:36-40]:

Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad,  y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.

En general, según el reino asignado luego del juicio final, así será la porción de gloria recibida. Por eso es que Jesús dice en Apo 2:23:

Y a sus hijos heriré de muerte, y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña la mente y el corazón; y os daré a cada uno según vuestras obras.”

Especificado luego en Apo 20:13:

Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras.”

Y aquí hemos llegado a la parte más importante, porque todas estas cosas sucederán en su debido tiempo, pero pertenecen a un futuro indefinido que solo Dios sabe a qué tiempo corresponde. La cuestión es: ¿Estaremos vivos cuando Jesús regrese a juzgar?

No lo sabemos, pero sí que somos vulnerables y que algún día esta carne morirá. Cualquiera puede ser llamado dentro de un rato, mañana, el mes que viene o un año próximo o lejano. Así, hablemos de presente: hasta que Jesús venga a establecer el Plan de Dios, solo hay dos reinos: el Paraíso, y el Hades, explicados muy bien en la parábola del rico sin nombre y Lázaro, el mendigo, en Luc 16: 19-31.

El Paraíso es un sitio de perfección donde, por ley de Dios, no habitará corrupción. De modo que el cristiano que muera en falla deberá esperar en el otro sitio, el infierno, hasta que Cristo torne y le asigne en juicio el reino que le corresponda según sus obras en la carne. No habiendo pecados pequeños, sino el concepto general de pecado por desobediencia, a Jesús habrá que esperarle allí. Y, ¿de cuánto tiempo hablamos?

Pues la ortodoxia judía, basada en Sus Escrituras, recogidas con celo desde Moisés, dicen que estamos en el 5770, o sea, a finales del sexto milenio. Y si Cristo viene en el séptimo milenio según 2Pe 3:8 “Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.” Por lo del “día del reposo del Señor’, el día que vendrá Jesús a establecer ese reposo definitivo, el día séptimo, entonces estamos ante la dura realidad: esta generación probablemente tendrá que esperarle durante algo más de dos siglos… bajo el tormento de satanás. ¡Esa es la real situación que enfrentamos!

Y mientras eso ocurre, dado que el espíritu es inmortal por su naturaleza, hay ya miles de millones de fallecidos sufriendo las consecuencias de sus pecados, desde el primer milenio, hasta su futuro regreso: todos los que murieron violando la Ley de Dios. 

Jesús prometió que todo el que le confesara sería salvo, pero no inmediatamente. Hay casi 50 versículos de Él que advierten sobre la etapa de castigo. Ej Apo 3:19:

Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.”

Es la perspectiva que ninguna iglesia debate, pues a satanás le interesa una iglesia tolerante y autocomplaciente, sumida en su nirvana; adormecida como si le hubieran suministrado un opiáceo. Y así es en efecto, con los dardos del enemigo de Dios, cuyas puntas son previamente humedecidas en la miel de la gloria de hombres. Una iglesia auto justificada en la falsa ‘paz’ que reina hoy en la mente de muchos ‘líderes’ cristianos que ignoran con premeditación que Jesús dijo en Luc 12:49-53:

Yo he venido a prender fuego en el mundo; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! Tengo que pasar por una terrible prueba, y ¡cómo sufro hasta que se lleve a cabo! ¿Creen ustedes que he venido a traer paz a la tierra? Les digo que no, sino división. Porque de hoy en adelante, cinco en una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres. El padre estará contra su hijo y el hijo contra su padre; la madre contra su hija y la hija contra su madre; la suegra contra su nuera y la nuera contra su suegra.”

Y en efecto, el mundo está ya ardiendo, pero la iglesia no quiere enterarse; no quiere que la despierten… no sea que a papá diablo le moleste y haga pupita. Para muchas iglesias es mejor ser políticamente correctos y no contrariarle; les resulta más cómodo que correr el riesgo de alzar la voz de la Verdad como hizo Cristo, advirtiendo del terrible castigo que espera a todo aquel que vive y muere violando las leyes de Dios, pensando que no pasará nada, que las advertencias del Salvador sólo son un mito.

¡Dios nos pille alineados en fidelidad a Cristo! Yo al menos lo intento; sí que lo intento. Me juego la paz eterna en ello.

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MÁS ALLÁ DEL ARCOIRIS

octubre 21, 2018

21/Oct/2018

Chueca hierve; un año más, desde que la osadía venció a la sensatez en 1978, y bajo el lema de ‘Gays del mundo, uníos’ (simil, como no podría ser de otra forma, al de la internacional comunista), ondea la bandera de la desobediencia a Dios, en Madrid. En este mundo globalizado, la internacionalización anti bíblica implica también al antinatural 3er sexo, sólo existente en la mente de quien elige violar la Ley de Dios; no en los cromosomas que definen biológicamente la sexualidad de una persona.

Soy consciente del odio que generan mis palabras; sin embargo, les aseguro que, más allá de que me resulte vomitivo ver las multitudinarias escenas del exhibicionismo anti Cristo, no es el odio lo que a mí me mueve, sino la compasión por el final terriblemente doloroso que yo sé, con toda seguridad, que espera a esas almas. Y no solo a ellos, sino también a aquellos que, aunque sin participar directamente, sí lo hacen explícitamente al apoyarles desde los medios de comunicación, vendiendo su futuro espiritual por unos cuantos euros, así como a quienes aplauden y apuntalan esa paranoia, llevando incluso a sus propios hijos a presenciar los vergonzosos actos, como si se tratara de una fiesta inocente. No sólo se lanzan ellos al castigo, sino que también arrastran a su descendencia, en un ejercicio de irresponsabilidad y egoísmo.

Y lo digo porque fui llevado al infierno (solo a un área, pues es inmenso), el martes 13 de Septiembre del 2011, para testimoniar de todo lo que vi y oí. Era una inmensa cueva; el ambiente tenía un tono verde/amarillo/rojizo. Allí, se me permitió ver una escena de unos diez hombres y mujeres siendo guiados hacia un sitio de suplicio para pagar el precio por pecados de sexo. Al fondo vi un recodo que se abría a otra cueva que no me permitieron ver; pero sí que percibiera un fulgor llameante: lenguas rojo-anaranjadas sobre esa entrada. Pude oír desgarradores gritos de dolor y espanto que jamás olvidaré.

Me hicieron saber que no todos iban allí por homosexualidad, sino por diferentes tipos de fornicación: el pecado por sexo fuera del matrimonio diseñado por Dios: entre un hombre y una mujer, como proyecto del hogar y de la familia. Todos cargaban un enorme tronco sobre sus hombros derechos, encadenados por el cuello al madero.

Sé que lucho contra el capricho obseso de un poderoso lobby atrincherado e instalado en las más altas esferas del planeta, con proclamación de la legalidad del ‘matrimonio gay’ incluso en Estados Unidos, que con su “In God we trust”, se convierte en nación de referencia indiscutible sobre este asunto en el mundo entero. Estamos en los últimos tiempos; el mundo ha sido absorbido ya por la vorágine.

El diablo ha vencido sobre esas almas, y sobre todas las que vean este asunto como un juego; también sobre los ‘políticamente correctos,’ que aun sintiendo en su interior el rechazo del espíritu, tratan el tema de manera cobarde. Satanás está ganando esta batalla; su tenaz lucha contra el matrimonio entre un hombre y una mujer, establecido por Dios como parte de su plan para la humanidad, ha destruido la débil resistencia de algunos, ha hallado caldo de cultivo en la degradación moral de otros, y encuentra apoyos en todo aquel que prefiere mirar para otra parte. Ya se sabe: “El mal triunfa cuando la gente de buena voluntad no hace nada para evitarlo.

Pero el matrimonio convencional: un hombre, una mujer, una descendencia… la familia, es un diseño inexorable que prevalecerá sí o sí, incluso si gran parte de la humanidad rechazara ese proyecto. Y lo sé muy bien porque el 6/Sept/2007, a las 12:55, mientras oraba al Señor por temas personales que no tenían que ver con el asunto, se rompió mi oración desde lo alto con estas palabras:

“Abogad siempre, disciplinando en el proyecto del hogar.”

No lo recibí de hombre alguno, ni lo leí en ningún libro, sino que se me ordenó directamente desde esferas divinas. ¿Quién podrá convencerme de lo contrario? No detendré la defensa de este principio celestial, ni callaré mi voz de amonestación, aunque me fuera la vida en ello. Aunque me tomen por loco, jamás negaré esa orden que mis oídos escucharon con total claridad, como se oye a un amigo hablando, aunque ese día, en mi habitación, el único ser visible a mis ojos era yo mismo.

El diablo se empeña en destruir el matrimonio convencional porque sabe que la Exaltación Celestial, el mayor premio que el Todopoderoso ofrece a la sociedad, solo se alcanza a través del sellamiento del matrimonio en el templo de Dios, y de la familia resultante. Solo así se consagra la unión entre un hombre y una mujer; solo por esa vía se logra la Exaltación que Jesucristo promete, a aquellos que mantienen ese convenio mediante la fidelidad a sus parejas y a la ley de Dios.

Paradójicamente, a día de hoy (independientemente de que la homosexualidad también les afecte) los gobiernos árabes son rigurosos respecto a este asunto; ni uno es infiel a los mandamientos de Dios sobre ello: no permiten esas manifestaciones en la calle ante presencia de niños; los consideran hechos diabólicos. Y, paradójicamente también, vemos como sin embargo los judíos, el pueblo de Dios, se ha dejado arrastrar por la vorágine, y en ciudades como Tel Aviv se celebran esas fiestas gay sin que el gobierno las impida, evidencia de que la degradación moral también les ha tocado.

Las Escrituras dejan testimonio sobre lo repugnante que resulta a los ojos de Dios que la humanidad se entregue a esta vorágine antinatural, así como de la constante actualidad de estos hechos durante miles de años hasta hoy. Por ej., Romanos 1:26-32 dice:

“Por eso, Dios los ha abandonado a pasiones vergonzosas. Incluso sus mujeres han cambiado las relaciones naturales por las que van contra naturaleza; y, del mismo modo, los hombres han dejado su relación natural con la mujer, y arden en concupiscencias unos con los otros, cometiendo actos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sus propios cuerpos el castigo de su perversión.”

El propio Señor Jesucristo advierte sobre el repudio que le representa el uso y costumbres de ciudades como Sodoma y Gomorra, al ponerlas como ejemplo de las consecuencias del  pecado, en Mat 10:15:

“De cierto os digo que el día del juicio el castigo será más tolerable para Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad (refiriéndose a la que no escuche Su Evangelio)”

Y en Apocalipsis 21:8, el propio Señor Jesús dice:

“Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, y los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la segunda muerte.”

En Judas 1:7 también se advierte de este peligro que se cierne sobre la homosexualidad:

… así también Sodoma y Gomorra, y las ciudades circunvecinas, las cuales de la misma manea que aquellos, habiendo fornicado y seguido vicios contra la naturaleza, fueron puestas como ejemplo al sufrir el juicio del fuego eterno”.

Que nadie se engañe sobre esto. El mundo puede tergiversar y/o ignorar leyes divinas, creando leyes según concupiscencias, pasiones, y conveniencias político/ económicas; pero ni una maniobra, ni siete mil millones de firmas, impedirá que cada persona sea finalmente juzgada bajo la luz de la justicia divina, imperturbable e inmutable en el tiempo, cuando cada cual esté en el tribunal de Cristo, el Juez con toga de talla única.

Los desfiles del “orgullo gay” tienen un precio, no son gratuitos; habrá un momento para cada momento, y una respuesta para cada acción; todo acto hecho en lo oscuro saldrá a la luz. No sólo los pecados de la homosexualidad, sino todo tipo de pecado; pero hoy hablamos de éste en específico. Estamos siendo grabados en una cinta indeleble ante cuya reproducción todos estaremos, en el momento que Dios estime conveniente, para juzgar a cada cual según sus obras, según nos legó el Señor Jesucristo en Rev 20:12-13:

“… Y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el infierno entregaron los muertos que había en ellos; y cada uno fue juzgado según sus obras.”

Les aseguro, porque yo estuve allí, que ‘más allá del arco iris’, expresión del jolgorio de Chueca, Madrid, lo que espera no es felicidad, libertad, y alegría, sino mucho dolor, stress y desesperación. Los que hoy están ‘más allá del arco iris’, que han muerto después de haber vivido violando las leyes de Dios, en estos momentos en que uds. leen, padecen terriblemente, anhelando que algo les arrebate del suplicio; pero como ya han muerto y el espíritu es inmortal, no les queda más remedio que seguir sufriendo hasta que el Señor Jesucristo les llame para juicio… después del Milenio; mil años después de que Él regrese para ejecutar el Plan de Dios para la humanidad.

Y perdonen que sea directo, pero si callo tendría que dar cuentas: el concejal Pedro Zerolo, muerto en el 2015, agasajado en Madrid por decidir vivir contra el Evangelio, unirse a otro/s hombre/s y pecar de homosexualidad, cometió la falta más rechazada por Dios, después del asesinato. Al morir en pecado fue al infierno; y su única esperanza es lograr la misericordia del Señor a través del bautismo por los muertos que deberían acometer aquí sus familiares, para la salvación de su alma. El apóstol Pablo habla de ello en 1ª Cor 15:29; y debo dar testimonio, pues de ello he sido instruido personalmente.

Jesús instruye sobre ese estado de las almas al morir las personas, en la historia (no parábola) de Luc 16:19-31, el rico sin nombre en el infierno, y Lázaro, en el Paraíso. Aunque les parezca cuento de niños, es real; y lo más sensato es escuchar la amonestación de Jesús, porque Él advierte para salvación, no para condenación. La condenación la elije cada persona haciendo uso del libre albedrío dado por Dios.

Que Dios reparta discernimiento, pues soy consciente de que estoy dando voces en un mundo de ciegos y sordos.

Y esto lo dejo en el nombre del Señor Jesucristo (y sabe que no miento), comprometido con Él a dar testimonio de Su Verdad, sin tener en cuenta las repercusiones personales que yo deba enfrentar ante una sociedad cada vez más infiel a Dios y corrupta.

Amén.


TREINTA MONEDAS DE PLATA

octubre 21, 2018

Mat 26:14-16 relata que Judas preguntó a los líderes del Sanedrín qué le darían por entregar a Jesús, y estos le pesaron treinta monedas de plata. Judas hizo negocio a costa del Salvador. Y Mat 27:3 dice que Judas se arrepintió, devolvió el dinero a los sacerdotes, y luego se ahorcó. Los sacerdotes líderes decidieron no ponerlo con el tesoro del templo, por ser precio de sangre, y gastarlo en la compra del “campo del alfarero“, para sepultar a extranjeros.

Zacarías había profetizado cinco siglos antes sobre ello: En Zac 11: 1-11, Dios le revela, en parábola, lo que harían al Mesías esperado, y el profeta da a los líderes del Sanedrín la enojada Palabra de Dios, concluyendo su misión entre ellos, otorgándoles la opción de pagarle o no por su trabajo. En 11:12, estos tasan dicho trabajo en treinta piezas de plata (lo mismo que siglos después recibiría Judas por traicionar a Cristo). Ese pago a Zacarías indicaba el valor que para ellos tenía un profeta de Dios. Y como en Éxodo 21:32 se cifró el precio de un esclavo en treinta piezas de plata, Dios vio una ofensa en dicha retribución, y le dijo: “Échalas al alfarero; ¡hermoso precio con el que me han apreciado!” Paradójicamente, el alfarero sería el mismo destino que los futuros líderes darían a las treinta piezas de plata devueltas por Judas por traicionar a Cristo.

Jesús advirtió en Mat 6:24, que no se puede servir a dos amos (Dios y dinero) al mismo tiempo, pues odiará a uno y amará al otro; o será fiel a uno y despreciará al otro; Judas fue un ejemplo. Y hoy ocurre lo que podría ser peor aún que lo de Judas, pues la labor de muchos pastores en la iglesia es una gestión más empresarial que pastoral.

Judas traicionó a Cristo, pero confrontado luego por su traición, devolvió el dinero y se ahorcó. En contraste, la gran mayoría de líderes cristianos actuales se avergüenzan de las advertencias del Hijo de Dios sobre el infierno que espera tras la muerte física de quien peque; las censuran, tergiversan las Escrituras… y lo hacen cobrando de la iglesia durante años por traicionar a Cristo, sin arrepentirse.

Quienes se atribuyen a sí mismos el papel de ‘guías espirituales’, dicen lo que todos quieren oír: que hay un Dios amoroso y compasivo, capaz de perdonar todo pecado si el pecador se arrepiente y es bautizado por inmersión (Mat 3:16; Mar 1:10), como Él dejó establecido en Mat 28:19 “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. Algo que es cierto… pero callan lo que advirtió después de cada promesa: que el fuego del infierno espera a quien muera en pecado. El Evangelio de Cristo es 50% promesas y 50% advertencias; pero estas se censuran. Sin embargo, la promesa es caricia que adormece el espíritu; sólo la advertencia orienta los radares de cada pecador confrontado, hacia el único ser previsto por Dios para salvarle.

Como los políticos en busca de votos, prefieren ser ‘correctos’ y decir lo que el mundo desea oír; callan los nítidos avisos de Cristo sobre lo que ocurrirá a todo el que, habiendo sido bautizado o no, muera luego violando la Ley de Dios. Son políticamente correctos por temer que se les vacíen las iglesias y haya merma de dinero en ofrendas y diezmos. Hecho ocurrido en el relato de Jn 6:60, cuando los insensatos dejaron de seguir a Jesús porque les advertía con toda claridad y dureza, sin suavizar el mensaje recibido del Padre, y se sintieron ofendidos por ello.

Hoy, con total tranquilidad, omiten en cada discurso ese 50% del Evangelio constituido por las advertencias sobre las terribles consecuencias del pecado. Y ello implica que la mayoría de la iglesia cristiana de hoy es fiel a Cristo… solo al 50%; pese a que el Señor se entregó al 100% en la cruz, para que todos tuviéramos un 100% de salvación.

Caso aparte es la iglesia católica, que salpica con agua a recién nacidos libres de pecado, siguiendo doctrina de hombres, y no el método de Dios: el de Juan Bautista al bautizar a Cristo por inmersión total. Es una doble blasfemia decir que si un niño inocente muere sin bautismo, tiene que ir al purgatorio, un lugar palmariamente malo; y alterar el método de bautismo de Dios. Siguen los susurros de Satanás y propugnan a un Dios injusto, para torpedear las Escrituras y que muchos pierdan la fe. Son los pecadores quienes deben arrepentirse y bautizarse; los niños sin pecado están bajo la protección de ángeles de Dios; lo enseñó el Salvador en Mat 18:10. Si mueren en niñez inocente, van al reino de los cielos, pues tienen la pureza que exige dicho reino.

Si  no se propugnan las advertencias de Cristo, y/o si no se hacen las cosas según su pedagogía, didáctica y método (la forma perfecta) se está diciendo/haciendo lo que a satanás le interesa. Jesús también advirtió en Mat 12:30: “Quien no está conmigo, está contra mí; y quien conmigo no recoge, desparrama.” O es a su forma y manera… o se estará trabajando para el diablo y se recibirá pago de traición por ello.

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