COCTEL HOMÍNIDO, SOPHISMA, y antiCIENCIA.

enero 25, 2011

25/1/2011 

Hace unos días, mirando unas frases en latín, sin saber por qué, me llamó la atención una palabra en particular: ‘sophisma‘.  Acudí a la traducción, y este es el uso gramatical que presentan:

Razón o argumento aparente con que se quiere defender lo que es falso, intentando persuadir de su certeza.”

Y entonces supe que algo en mi interior me había movido para darle a  la teoría de la evolución de las especies la perspectiva que merece, desde la óptica de la sintaxis: La Teoría Darwinista nació siendo sofhisma, y sofhisma morirá; escrito en latín, para bañar la argumentativa vacía de base, con un poco de cultura.

Para los paleontólogía evolutiva, el punto de inicio de la humanidad fue la aparición de los primates, 65 millones de años atrás. Y las especies clasificadas como primates son los simios, monos, musarañas… y el humano. Este es el árbol homínido que presentan en escuelas del mundo entero:

Si esto no es hibridismo puro, ¿qué cosa lo es?

Los catedráticos evolucionistas Gould y Edgregue, peritos evolutivos, con 20 años abriendo tumbas, crearon la contra teoría del equilibrio punteado, al comprender que no había forma de hallar el eslabón perdido. Y uno de los problemas que les llevó a esta decisión fue el concluir que distintos homínidos, cada uno de los cuales había sido considerado como eslabón hacia los otros, en realidad había convivido en el mismo período. Pero si se consideraron eslabones, como veremos al final, se está hablando de híbridos fértiles, pues yendo hacia atrás en el tiempo tendrían todos un ancestro común.

Se dice que hace 2,5-1,8 millones de años, varias especies bípedas coexistieron en África, tales como: Homo habilis, Homo rudolfensis, Homo ergaster y Paranthropus boisei. Al plantear esa convivencia niegan el anterior concepto de una sola especie homínida bípeda, reemplazándola por otra ramal.

Así, dándole las vueltas que quieran darle, al tratarse de especies sexuadas, eso solo se podría lograr desde el hibridismo de unas con otras. Y entonces les ataca la contradicción: los híbridos son estériles por definición científica.

Hoy, a la luz del conocimiento ADN, y de las limitaciones ADN que fijan fronteras, aluden que no fue por hibridismo, sino por cambios puntuales, sustituciones de bases, duplicaciones de síntesis, aneuploidías, polimorfismos, etc…

Pero lo real es que la OMS registra a día de hoy casi 30,000 dolencias de causas génicas, debidas a esas mismas sustituciones de bases, duplicaciones de síntesis, polimorfismos, aneuploidías, etc. Es decir, no hay ni un apoyo científico a la teoría, acreditando que las sumas de cambios puntuales en bases del ADN conduzcan hacia una mejora genética. ¡Todo lo contrario! Que presenten la prueba de lo que dicen, pues si se especula sin evidencias, se propugna un disparate; esa sustitución de bases, ese cambio genético a mejor, solo existe en los sueños. ¡No se ha registrado ni uno, en todo el planeta!

El árbol evolutivo llevado a cada escuela en el mundo presenta un problema: por si alguien aun se lo cree, los niños no vienen de París; ni lo traen las cigüeñas darwinistas, desde el país de Alicia. Existe un hecho impuesto por la genética: una hembra es embarazada solo si un espermatozoide masculino, compatible genéticamente con ella, fertiliza su óvulo. Y ese hecho es negado por la fábula sinóptica que se cuenta en las aulas, pues esto es lo que se propugna:

– Hembras de la 1ª especie, Homínidas Australopithecas, 3 millones de años atrás, de pronto dejaron de parir australopithecas y sus bebés se convirtieron en Homos habilis.

-También de pronto, un día esa 2ª especie, las homas hábiles, dejaron de parir homos hábiles, y les dio por dar a luz una 3ª especie: homus erectus.

-Y luego, también de pronto, las homusas erectas, dejaron de parir homus erectus, que era lo suyo, y comenzaron a generar dos especies distintas: machos y hembras de Java o Pithecanthropus Erectus (4ª, a 700000 años) por una parte, y machos y hembras de Pekín (5ª, 250,000-500000 años).

– De una de estas dos especies, distintas entre sí, [vaya a ud a saber cual] salió la 5ª especie: el Homo sapiens neanderthalis. Y de nuevo, por arte de birlibirloque evolutivo, luego de milenios, un día las mamás sapiens neanderthalis negaron su especie, y les dio por empezar a parir al humano moderno, hace unos 35 mil años… pues ningún niño nace sin madre.

Y esto es lo que se dice en las aulas… más o menos, porque si ud. consulta en libros distintos, verá tantas alteraciones como vean los autores que ud. lea. Algo normal, porque cuando no hay ajuste a la verdad, cualquier opinión encaja; cualquier suposición tiene la misma validez.

Pero, en general, la evolución dice que unos 35.000 años atrás la Europa Occidental estaba poblada de Neanderthales, y que entonces hubo un cambio radical de especie: entró el humano, con sus esculturas, música, comercio e innovación. Luego entonces, es innegable que Neanderthales y humanos no solo se conocieron, sino que coexistieron en hibridación, pues los primeros padres de humanos, según la sabiduría evolutiva, fueron Neanderthales. E igual tuvo que ocurrir antes entre los otros ancestros homínidos, pues todo hijo sale siempre de una madre, y siempre hubo madres pariendo hijos de nuevas especies.

¿Estoy diciendo alguna barbaridad? Pues es lo que dice el árbol evolutivo. Veamos más:

Esto es lo que los evolucionistas dicen en las aulas sobre la Eva mitocondrial, la 1ª mujer:

Los cálculos estadísticos que se han realizado informan que, en los mamíferos y en concreto en el hombre, cada 10.000 años aproximadamente surge una mutación en una de las bases del ADN mitocondrial. Es decir, la diferencia entre una mujer que hubiera nacido hace 40.000 años y un descendiente directo, vía materna que viviera hoy, sería por término medio, 4 bases. De hecho, un estudio realizado en los ADNmt de los europeos (Bryan Sykes), afirma que estos provienen de siete mujeres, las siete hijas de Eva. La Eva mitocondrial, la antepasada común más moderna de todos los seres humanos que hay en el mundo, se remontaría de este modo a unos 150.000 años.”

Obviemos un instante la barbaridad que se ha dicho aquí, pues las mutaciones en las mitocondrias causan miles de enfermedades diferentes, todas letales. ¡No hay ni una sola mutación mitocondria beneficiosa! ¡Que la presenten! Pero, vayamos solo a la contradicción: ‘hace 150000 años vivió la mujer más antigua’. ¿Alguien duda que anuncian la 1ª mujer?

Según lo que se dice en las aulas, ¿quiénes habitaban el planeta en aquel entonces? ¡Las Homo sapiens neanderthalis! ¿Cómo es posible conjugar eso desde el raciocinio? Según esto, un día las homo sapiens neanderthalis comenzaron a parir mujeres humanas… ¡sin el cromosoma ‘Y’ masculino humano! ¡El único compatible embriológicamente con las mujeres, pues sabemos que no nacen mujeres sin padres hombres! Es la cresta de la fábula.

No hay dudas de que presentan un híbrido en las aulas, puesto que el primer cromosoma ‘Y’, según cuenta la literatura docente evolucionista, el macho humano, apareció hace 50,000 años. Así, el cálculo mitocondrial evolutivo ofrece una contradicción: Eva tiene unos 150,000 años, y Adán, solo 50,000; 84,000 años esperando al padre de sus hijos.

Y, ¿qué pasó mientras tanto? ¿Cómo se mantuvo viva la especie de esa Eva evolutiva durante 84,000 años, sin un Adán que la hiciera madre? ¡Solo quedando embarazada de machos de otra especie, distintos al hombre! ¡84,000 años de híbridos fértiles! Y a eso, sin inmutarse, le llaman Ciencia… y es lo que cuentan en las aulas.

¿Estará ya entre nosotros otra nueva especie y no nos hemos dado cuenta? Pues si seguimos las huellas del árbol evolucionista, eso está al suceder.

Queridas futuras mamás pro-evolucionistas; no se asusten si algún día les sale algo distinto a un niño: se estaría cumpliendo el sueño evolutivo. Tal cual están las cosas hoy día, igual le dan un cheque premio a la primera; todo es cuestión de sentarse a esperar. A las seguidoras de esa fe, les aconsejo que lo hagan de la forma más cómoda posible.

¡Jamás ha habido en Ciencias un intrusismo más cruel, tergiversador, manipulador y mentiroso! ¡Y jamás ha habido tanta indolencia entre los hombres que hacen Ciencia! ¿Dónde están los Pasteurs de esta época? ¿Dónde ha quedado la dignidad científica?

La mentira ya lleva alas, cuando la verdad aun se está poniendo las botas. El mal triunfa si las personas de bien se mantienen pávidamente al margen, sin cumplir su deber social, permitiendo que en las aulas se cuenten las mentiras como verdades.

¡Vive y deja vivir! — dicen.

Lo más triste es que todos deberemos dar cuentas ante el juez, incluso de esas cómodas e indecisas posturas sociales que dejan vivir en impunidad a los mentirosos.

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ALADINO, MICKEY MOUSE… y DATACIÓN GEOLÓGICA VI

marzo 29, 2009

Prosiguiendo con el propósito de demostrar cuánto cuento [¡Buenos parónimos!] encierran los bien llevados hermanos [e hijos de un mismo padre] datación geológica y teoría evolutiva, voy a recurrir a un nexo gramatical que viene que ni pintado:

Si hablamos de ‘aforismo’ en Ciencias, referimos una sentencia doctrinal, supuesta como guía; una declaración o sentencia concisa, ‘pactada’ por un foro de personas que intenta expresar un principio símil a la verdad, del modo más breve y ajustado posible. Mientras, el latín ‘axioma’ refiere un punto de partida de un juicio considerado tan evidente, que no necesita demostración. Por ejemplo: ‘Los perros tienen 4 patas’, es un axioma obvio.

Así, conviene distinguir entre aforismo y axioma. Los aforismos brotan de bases pre establecidas, mientras que los axiomas son verdades obvias, que no requieren una comprobación. El decir: ‘los hombres evolucionaron del mono‘, es un aforismo. ¿Perciben la diferencia? Sin embargo, la política del ‘calzador’, inexcusablemente ha hecho que se conciba en las aulas esta afirmación homo-simiesca, anticientífica y esperpéntica, como un axioma de ley. Y partiendo del concepto, no amparado en asignatura científica alguna: ‘el tiempo es magia‘, se ha investido la datación geológica/radiométrica como herramienta ‘seudo’, para forzar el salto de aforismo a axioma.

Justo ese método ha dado lugar a un fraude axiomático más, presentado como ‘evidencia científica’. Se trata del cráneo de ‘Kabwe’; más conocido como de ‘Broken Hill’, por ser hallado por el minero suizo Tom Zwiglaar, junto a una mandíbula superior de otro individuo, un sacro, una tibia, y dos fémur, en las minas de hierro y zinc de este nombre. [pág 208, Donald Johanson, ‘From Lucy to Language’]

Los fósiles de la tibia y el fémur se asocian al cráneo, y la datación efectuada les situó entre los 125 y los 300 mil años. Se declaró ‘homínido’, del grupo ‘Homo Rhodesiensis’, y se nominó como ‘el Hombre de Rhodesia’. El sitio paleontológico fue destruido luego por una filtración de agua; se convirtió en un profundo pozo, y no se pudo visitar nunca más.

El cráneo hizo pensar a los investigadores en alguien muy robusto, con un rostro muy similar al ‘Homo neanderthalensis’ [nariz grande y gruesa], y se le consideró ‘Neanderthal africano’. Sin embargo, sondeos recientes señalaron caracteres intermedios entre los modernos Homo Sapiens y el Neandertal, y esto hizo que gran parte de los ‘expertos’, terminaran ubicándole en el grupo ‘Homo Heidelbergensis’, aunque con denominaciones tales como ‘Homo Sapiens Arcaico’ y ‘Homo Sapiens Rhodesiensis’.

Hasta aquí, ha funcionado la argumentación; solo luego de crear el entramado con ropaje científico, que le aportara ‘credibilidad‘, se envió al museo. Pero, ¿qué hay en realidad en ese cráneo, que se ha ocultado a la opinión pública?

La minuciosa investigación del Doctor Jack Cuozzo, biólogo [Universidad de Georgetown] y Doctor en Cirugía Dental (D.D.S.) [Universidad de Pennsylvania], logró esclarecer este escabroso fraude, que, caprichosamente, en claro ejercicio de anticientificismo, aun permanece exhibido en el museo londinense.

Lo distintivo de este cráneo, que motivó el interés del Dr. Cuozzo, es que su lado izquierdo exhibe un orificio redondo de bordes planos, que solo pudo haber sido producido por una broca movida por un taladro cirujano… o por un proyectil salido de un arma convencional. Y también, que en el lado contrario el hueso muestra un estrago de área mayor, típico de la salida de un proyectil. Al acudir a un experto forense berlinés, este dijo que el agujero era exacto al de heridas de bala vistas en su profesión. O sea, se está ante un ‘Neanderthal’… que murió por arma de fuego. ¿Qué falla aquí? Sin duda alguna: la razón.

El investigador refiere que usó la técnica de rayos X, sobre el simétrico agujero del lado izquierdo, en el hueso temporal, y la radiografía reveló un orificio casi redondo. Sus medidas era casi de 8 mm exactos, con una variación puntual del 3.75% [7.7 mm de alto]. Parecía hecho adrede, con algún fin médico o supersticioso.

Neanderthal 'balaceado'

Y aquí estamos ante algo muy interesante: la trepanación craneal ha sido una de las prácticas mágicas y/o terapéuticas más universalmente extendidas; tal vez sea la operación quirúrgica más antigua en la Historia de la Medicina. La primera evidencia de este tipo de praxis es de un fósil datado en el Neolítico, entre el 7000 y el 4000 a. C. Los antiguos egipcios, mediante cuchillos, escoplos y mazas, lo usaban como función terapéutica, para aliviar migrañas, mareos, epilepsia o mitigar la presión ejercida por un coágulo luego de un traumatismo. También se ha visto en cráneos incas, revelando supervivencia del ‘paciente’.

Pero este agujero zambiano era diferente por dos motivos. El primero: hay otro boquete en la parte trasera inferior [hueso occipital], en un punto imposible de efectuar trepanado y que el sujeto siga vivo, pues es donde la columna vertebral entra en el cráneo. Esta segunda brecha en la parte inferior, resultaba mucho más grande que el primer orificio.

Se examinó linealidad entre ambos, y se consiguió mediante la varilla usada comúnmente por la policía, al buscar trayectorias. En la figura se ve la barra de acero pasando entre las dos aberturas. Obviamente, solo una bala habría logrado tal conexión y direccionalidad, pese a atravesar algo tan duro como el hueso compacto del cráneo, que habría desviado cualquier otro impacto natural, como por ejemplo, el de una piedra.

Direccion del Proyectil

El segundo motivo ya se ha comentado: el orificio es más grande dentro del cráneo, la zona cerebral, que el del exterior. Algo perfectamente visible en la foto. Y esto se ajusta a la descripción de los puntos de entrada y salida de una bala.

Aquí pudiera pensarse que alguien de más actualidad, pudo haber usado el fósil como ‘tiro al blanco’; pero ello habría destrozado un hueso casi mineralizado. Así que no queda más opción que concluir que la bala o fue la causa de la muerte de su dueño o se disparó con el hueso aún sin fosilizar. Mas eso resultaría imposible para un Neanderthal, pues si hay algo cierto, es que las armas de fuego no se fabricaron hasta el siglo XIII dC, cuando en China se hicieron las primeras mezclas pirotécnicas de salitre, carbón y azufre, y se usaron como explosivos propelentes, en armas rudimentarias de bambú.

Por otra parte, no se vio ninguna prueba de curación del hueso alrededor del agujero de entrada; y eso descarta una, poco probable, ‘operación quirúrgica’. El labio levantado sobre la superficie externa e inferior del orificio del hueso temporal tiene dos hendiduras que no son características de recuperación post traumática.

Pero en realidad, el análisis médico fue el que llevó a una conclusión sorprendente. La radiografía presentó una silla turca, sitio de la glándula pituitaria, ampliada y aplanada, así como los senos paranasales presentaban baches mayores del tamaño habitual, en la zona del mastoides izquierdo. También se presentaba la protuberancia externa occipital (el hueso puntiagudo al dorso del cráneo).

El hecho de que no fuera hallada la mandíbula inferior fue desafortunado, pues esta es útil para diagnosticar ciertas patologías; pero, sin embargo, el maxilar superior presentaba evidencias que gritaban la enfermedad padecida por la víctima del disparo. En realidad, habían matado a un ser que distaba mucho de ser normal.

La mayor parte de los dientes estaba totalmente descompuesta, y los huesos de la bóveda craneal eran demasiado gruesos. Por ejemplo, la base del occipital suele tener unos 6-8 mm de espesor; sin embargo, la radiografía lateral arrojó que la parte superior de ese hueso, en el fósil, tenía 13.8 mm, algo muy superior a lo usual.

La radiografía muestra además la protuberancia externa occipital [el hueso picudo descrito antes]; y esta proyección puntiaguda del hueso aparece aplanada, como debida a daño metabólico. La mayor parte del lado derecho había sido substituida por una sección deforme, incluyendo la de la protuberancia externa occipital; y todos los huesos que conforman el contorno del cráneo, según las vistas frontales y laterales de rayos X, mostraron espesor anormal.

Así, estos estos datos llevaron a diagnosticar ‘acromegalia’, enfermedad genética que activa secreción en exceso de la hormona de crecimiento [se manifiesta así a día de hoy]. Dolencia que provoca aumento desmedido en zonas acras: manos, pies, nariz y orejas. Algo que vengo reiterando en el blog desde su estreno, hace un año: se crean ‘homínidos’ donde se vea un fósil humano [o mono] con malformaciones congénitas que faciliten el bulo seudo científico.

Es decir, los agujeros de bala con entrada y salida, más el resto de deformaciones óseas, no señalan hacia un ser eónico, sino a un humano de procedencia mucho más reciente en el tiempo… muy posterior a la pólvora. Con su trabajo realmente científico, el Dr. Cuozzo, logró mostrar que el cráneo perteneció en realidad a un humano moderno ‘muerto por disparo de bala’.

La mandíbula inferior habría sido un factor clave en este diagnóstico, puesto que en cuadros acromegálicos, su posición quedaría por delante de la superior, posición normal de mandíbulas cerradas en estos enfermos; también presentaría un hueso mucho más fino que el de la dentadura superior, pues es típico de esta dolencia. Habría evidenciado a un ser humano convencional, portador de esta anomalía genética; y tal ausencia no puede resultar menos que sospechosa: ¿Por qué apareció el cráneo sin su quijada incriminatoria?

Pero aun hay otra incriminación más: en el año 1958, en Capetown, South Africa, R. Singer publicó un artículo de corte ‘evolutivo’ sobre este ‘Neanderthal’. Ahí se presentó otra radiografía del cráneo, pero en este caso, como ‘negativo fotográfico’. ¿Por qué no se presentó como original? Juzguen ustedes mismos:

Con Malicia

Como puede apreciarse, en el negativo, toda parte blanca aparece negruzca; toda el área clara, alrededor del cráneo, se ve oscura; gracias a eso, en el negativo no se percibe agujero de bala; al ser grisáceo el interior de la cavidad craneal, se hace imperceptible. ¿Hay o no hay malicia fraudulenta y embuste dirigido? Ahí tienen la verdad evolutiva: razonamiento circular, e intencionalidad a toda costa, donde la honestidad sobra.

No hay mejor contraste que la confrontación. Abajo expongo una radiografía de un acromegálico de la actualidad, sacada de Medline, y a su lado la del ‘ falso neanderthal’. Compárenlos y juzguen; verán como la protuberancia característica es evidente en ambos casos, aunque obviamente, en el fósil, la enfermedad está más avanzada.

Cráneos Aglomegáricos

Ante este aporte verdaderamente científico, la honradez obligaría al museo de Londres a retirar el cartelito de ‘Hombre del Neanderthal’. Incluso, visto a la tenue luz de la débil vela evolutiva, donde cualquier irracionalidad puede convertirse en razonable, pudiera extenderse aun más la información, y señalizar, por ejemplo: ‘Hombre del Neanderthal, asesinado a tiros por Australopithecus Africanus en ‘ajustes de cuentas’‘.

Total, a los niveles de sublimidad a los que se ha llegado, cualquier cosa cuela; y al cuentito para niños ‘Alí Babá y los Cuarenta Ladrones’, podría adicionársele otro en plan sátira: ‘Alí Darwin y los Ladrones de la Verdad‘. Podría ser, desde luego… si no fuera porque estamos ante algo tan serio, como pocos son capaces de comprender.

Si de alguna forma se quiere nominar a los ancestros humanos, habría que usar la única coherente con la Verdad: ‘adánicos’. Todo lo demás es cuento ateo con la direccionalidad antiCristo que nos fue alertada reiteradamente por los primeros discípulos de Jesús; como para que no nos cogieran desprevenidos. Pues bien, hoy están aquí entre nosotros, inoculando el veneno malicioso a todo aquel que como ellos, prefieran no razonar, disfrazados de conocimiento; y eso solo quiere decir una cosa: estamos más cerca de ver cumplida la Promesa de regreso del Cristo. El Señor está a las puertas y llama. ¿Ha pensado en Él?

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EVOLUCIÓN VS EVOLUCIÓN. (I)

agosto 9, 2008

En este blog siempre se ha debatido sobre la poca credibilidad y transparencia de la teoría evolutiva. Y el artículo que hoy ocupa aquí un espacio tocará el mismo tema, por su importancia. Se evidenciará la censura histórica de una arenisca evolutiva, donde la verdad y el conocimiento no son lo más importante, sino la negación de Dios a toda costa.

En noviembre de 1981, el afamado zoólogo y paleoictiólogo Colin Patterson apareció como ponente ante el Grupo de Discusión de Sistemática, en el Museo Americano de Historia Natural, en el ala occidental del Central Park, New Cork, E.U. Para que se entienda mejor: una reunión de la crema y nata de la defensa evolucionista de aquel momento. Y lo que se debatió allí resultó tan espinoso, que devino en censura; la información dada a la prensa, fue una transcripción mutilada y tergiversada de lo que allí ocurrió.

A finales del 1981, la Unión para las Libertades Civiles Americanas presentó un litigio en el Tribunal del Distrito Oriental de Arkansas, respecto a la Ley 590, que establecía el ‘trato equilibrado‘ de las teorías de la evolución y creación, para la enseñanza de ciencias en las escuelas públicas del estado. Y el fiscal general de Arkansas, Steve Clark, defensor estatal, recibió una transcripción de la grabación efectuada en el seminario evolutivo; cinta que, en una de sus partes, dejaba bien claro que los propios líderes evolutivos, científicos, para más datos, se rieron cuando se tocó el tema de ‘llevar la evolución a los institutos‘.

El profesor de física adjunto en la Universidad Estatal de Pennsylvania, Hilton Hinderliter, fue citado como testigo del estado… pero, inexplicablemente, nunca fue llamado a testificar durante el juicio. Defraudado, se llevó de vuelta la transcripción a Pennsylvania, con el objetivo de que la verdad saliera a la luz por alguna otra vía. El redactor Paul Nelson, entonces alumno de la Universidad de Pittsburg, la recibió de sus manos el 21 de enero de 1982. Y vio que en la esquina superior derecha de la primera página, llevaba el sello del ‘Fiscal General de Arkansas‘, con una anotación manuscrita:

“Interesante… Llamar a Patterson sobre el pleito”.

Además, en la parte superior del mismo folio, también había una nota:

“Aviso: No aprobado para publicación impresa, hasta ser cotejado por Colin Patterson»

Sin embargo, esta advertencia no impidió la inmediata publicación del material… y el posterior y casi inmediato escándalo evolutivo, pues lógicamente no se correspondía con el texto que ellos habían difundido, haciendo sus propios arreglitos, cortando aquí, adicionando allí… distorsionando la verdad según su conveniencia.

Eso, por supuesto, no sorprendió a nadie; el fraude contrastado y continuo en las filas evolutivas, desde sus inicios, les ha hecho profesionales de la argumentación: desde un molar de cerdo fósil exhibido en museo como perteneciente a un homínido, dibujaron una familia completa de ‘Hesperopithecus haroldcooki’, y la llevaron a las escuelas, encabezando carátulas del libro de estudio sobre el ‘Hombre de Nebraska’; muchos están dando vueltas aun por ahí.

Lo importante es que al final la verdad, una vez más, se impuso. La primera transcripción cotejada de dicha ponencia, hecha de la cinta de audio original, será expuesta en la 2ª parte de este artículo, pasados unos días de este, debido a su extensión. Aparecerá solo lo que considere vital, remarcando en negrita lo revelador; mas les dejo el link original a todo aquel que desee informarse a tope sobre el tema:

http://www.sedin.org/patterson/patterson00.html

¡Ese mismo!: el ‘sedin‘ que tanto molesta, porque saca a la luz lo que no conviene… Pero antes de empezar; ¿quién era el ponente? ¿Tenía el suficiente prestigio como para ser tomado en cuenta? Errol White, de la Real Sociedad y Conservador de Paleontología del Museo de Historia Natural Británico, dirigió la tesis doctoral de Patterson sobre los peces del Mesozoico, y también dispuso su publicación; de modo que el discursante Patterson no era un loco que pasaba por ahí y se puso a dar voces, sino todo un doctorado, un académico de autoridad reconocida.

En 1966, siendo presidente de la Sociedad Linneana, este White pronunció una alocución: ‘A little on Lungfishes’ [Breves consideraciones sobre peces pulmonados], cuya conclusión merece ser citada extensamente, pues encarna una interesante actitud acerca de cómo se debería entender la historia de la vida; un escepticismo acerca de la situación de la teoría evolucionista, que Patterson, al madurar, llegó a hacer suyo.

En su discurso, White describe las problemáticas características de los peces pulmonados, en relación con el registro fósil. Luego remata así:

[“Pero, sean cuales sean las ideas sobre este tema, los peces pulmonados, lo mismo que cualquier otro grupo principal de peces que conozco, tienen sus orígenes firmemente basados en nada; una cuestión de acalorada disputa entre los expertos, cada uno de los cuales está firmemente convencido de que el resto está errado.

Y esto me trae a la verdadera cuestión de este discurso, que describiría como un dilema imaginario mío: a menudo he pensado en lo poco que me gustaría tener que probar la evolución orgánica ante un tribunal de justicia. En mi experiencia sobre los peces fósiles, aunque pueda verse con facilidad la tendencia general evolutiva, cuando se trata de identificar las vinculaciones, tanto al nivel de género como al de un grupo más elevado, de manera invariable los eslabones ‘están ausentes del todo o son defectuosos‘, es decir, siempre con uno o más caracteres desfasados, incluso los ictiostégidos, que a pesar de toda su posición intermedia, superficialmente evidente entre ripidistios y anfibios, son demasiado avanzados con respecto a algunos caracteres, como la parte posterior de la cabeza, para ser ancestros de los verdaderos anfibios.

Pese a la acción en laboratorios, no se ha hallado la prueba directa de la derivación bajo circunstancias naturales, de una forma a otra. Una reciente y admirable reseña en el Times Literary Supplement, un vistoso libro ilustrado sobre la evolución, valió de brusco recordatorio de que la Evolución sigue siendo una teoría que nunca ha sido demostrada mediante experimentación, además de servir de correctivo para una descuidada forma de pensar y de hablar sobre Darwinismo; a la vez, el sucesor de Stensiö en Estocolmo: Erik Jarvik, facilitó un resumen de la situación, reconfortante por su sinceridad.

Todos vosotros estáis bien familiarizados con el árbol evolutivo comúnmente publicado, con su complejidad de ramitas representando cada grupo, a menudo conectado en la base para constituir un buen y sólido tronco de origen común. Bien, echemos un vistazo al diagrama de Jarvik: el árbol genealógico de los vertebrados inferiores. Las ramitas están ahí, desde luego, pero parecen más una valla de estacas de avellano que un árbol, pues no hay ni un solo grupo con origen común probado. Esto es algo que buena cantidad de personas ha visto con claridad durante largo tiempo, pero pocos la han descrito de una manera tan contundente antes de ahora.

…Seguimos sin saber por qué, ciertos grupos como los dipnoos, y más enigmáticos quizá, los celacantos, con su medio ambiente tan diverso, sobrevivieron sin cambios durante 300 millones de años, mientras que los emparentados ripidistios evolucionaron rápidamente hasta extinguirse.

Seguimos sin conocer los mecanismos de la evolución, pese a las confiadas pretensiones que se manifiestan en algunos sectores; ni es probable que consigamos mucho progreso adicional en todo ello mediante los métodos clásicos de la paleontología o de la biología. Y desde luego no adelantaremos en todo esto desgañitándonos a saltos con el grito de:

«¡Darwin es Dios y yo, Fulano de tal, soy su profeta!»

Las recientes investigaciones de estudiosos como Dean y Hinshelwood, ya sugieren la posibilidad de unas incipientes grietas en las paredes aparentemente monolíticas del Jericó neodarwinista.]

Hasta aquí, la opinión de White, mas: ¿cómo se indaga hoy sobre el origen de cualquier grupo de organismos? Mediante sus fósiles; después de todo, la evolución es una teoría acerca de la historia de la vida, y las relaciones evolutivas son relaciones históricas. Los fósiles se toman como la única evidencia concreta de la historia de la vida; así, ellos serían árbitros evolutivos. Y allí donde falten fósiles, o donde su interpretación es ambigua (como White argumenta que es el caso de los peces), el origen del grupo en cuestión ha de ser por tanto incierto, o desconocido, no seguro, tal cual lo plantean; sin embargo, no se hace.

Al descubrir la obra del taxónomo alemán Willi Hennig (1966), mediante la lectura en 1967 de una monografía del entomólogo sueco Lars Brundin, Patterson comenzó a replantearse tanto la pretendida primacía de los datos fósiles en la sistemática, como también (y de forma más radical) el peso de la teoría de la evolución en general sobre la comprensión de las relaciones biológicas. Quizá la sistemática no debería presuponer ninguna teoría de evolución, sino más bien mantenerse independiente de tales teorías. Patterson expresó esto en un artículo vigorosamente argumentado en 1980:

‘… con el desarrollo de la teoría cladística, se ha puesto en claro que más y más del marco evolucionista no es esencial, y se puede dejar a un lado. El principal síntoma de este cambio es la significación que se asigna a los nodos en los cladogramas. En el libro de Hennig, como en todo el trabajo pionero en cladística, los nodos se consideran como representativos de especies ancestrales. Se ha descubierto que esta suposición es innecesaria, ‘e incluso engañosa’, y se puede desechar. Platnick se refiere a la nueva teoría como «cladismo transformado» y la transformación es un alejamiento de la dependencia de la teoría evolucionista. Y Gareth Nelson, que es el principal responsable de la transformación, lo expresó así en una carta que me envió este verano:

‘En cierto modo, creo que estamos sencillamente descubriendo la sistemática pre-evolucionista; o si no, redescubriéndola, desarrollándola’.

En mi opinión, el resultado más importante de la cladística es que un método simple, incluso ingenuo, de descubrir los grupos de la sistemática; lo que se solía designar como el sistema natural, nos ha llevado a algunos de nosotros a la conciencia de que muchas de las explicaciones que se dan en la actualidad de la naturaleza, en términos de neodarwinismo, o de la teoría sintética, pueden ser retórica vacía’.

Como bien lo explican Hull y Gee, los neodarwinistas no se tomarían esta disidencia a la ligera. Y, como ya se ha observado, el escepticismo de Patterson acerca del papel de la teoría evolucionista en la sistemática se cruzó con las controversias políticas en los Estados Unidos acerca de la enseñanza de la evolución en las escuelas públicas. En las semanas posteriores a la ponencia presentada en noviembre por Patterson, por ejemplo, las páginas de la revista Science iban repletas de reportajes del escritor científico Roger Lewin acerca del desarrollo del juicio en Arkansas, respecto del ‘trato equilibrado‘: la vista celebrada ante el Juez William Overton, en el Tribunal Federal de Little Rock.

Fue en esta atmósfera cargada que Patterson encendió la antorcha de su ponencia de noviembre de 1981. Había un magnetófono en marcha; la deflagración fue inevitable. Es bien improbable que Patterson tuviera conciencia de los problemas que se iban a suscitar con sus observaciones; de hecho, algunos han especulado si su primer ataque de corazón a principios de la década de los 1980 fue causado por el estrés de tener que responder a preguntas acerca de sus opiniones tocantes a la evolución.

Sin embargo, en mi opinión personal, el Sr. Patterson tuvo la gallardía de exponer con valentía, detalles que probablemente otros no menos avispados también habrían observado, pero callaron, porque el ego se impuso. Abordó con agudeza la gran contradicción de la sistemática biológica. Ha pasado más de un cuarto de siglo desde entonces, pero muchas de sus reflexiones proféticas, (p. ej., la dificultad para definir homologías moleculares) se ven en la actualidad. ¿Será él la chispa del final evolutivo en las aulas?


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LA EVOLUCIÓN, DARWIN… Y SU PARADOJA.

agosto 4, 2008

No hace mucho, me llamó la atención un rótulo por el sin sentido que formulaba: ‘Se prohíbe prohibir’. Ante tales expresiones del ‘decir sin decir’, las neuronas buscan alguna lógica invisible, estimándolas como un reto a la propia inteligencia; aunque a priori, la información constituya una desinformación en sí misma. El ‘No escuches lo que oigas’, otro contrasentido, podría mutar aquí por ‘No oigas nada que vaya contra la razón’.

Sin embargo, aparentes desaciertos a veces han sido analizados en las matemáticas, desde sus comienzos; y ocasionalmente han sido fundamentales para una formalización de sus teoremas y leyes. De hecho, son una parte importante de las matemáticas modernas; las paradojas de la teoría de conjuntos tuvieron un efecto profundo en el desarrollo y la comprensión de la matemática moderna.

Según la XXII edición del Diccionario de la RAE, una paradoja es:

‘Aserción, Acción y efecto de afirmar o dar por cierto algo; proposición en que se afirma o da por cierto algo, inverosímil o absurdo, que se presenta con apariencias de verdadero.’

O esta otra acepción, que creo se ajusta más al tema que pretendo debatir en este artículo:

‘Figura de pensamiento que consiste en emplear expresiones o frases que envuelven contradicción’: [Mira al avaro, en sus riquezas, pobre.]

O sea, algo resulta paradójico cuando parece que es verdad, sin serlo; o al revés, que parece que es falso, pero en realidad es tan real como la vida misma. Recuerdo la del Capítulo 51, 2ª Parte de ‘Don Quijote’, la reflexión de Cervantes más profesionalmente considerada por los matemáticos, al narrar un episodio del gobierno de Sancho Panza en la ínsula Bataria.

El Sancho Gobernador, se vio ante un dilema de juicio y sentencia, cuando se le planteó:

– Señor, un caudaloso río dividía dos términos de un mismo señorío… Y esté vuesa merced atento, porque es caso de importancia y algo dificultoso. Digo, pues, que sobre este río estaba una puente, y al cabo de ella una horca y una como casa de audiencia, en la cual de ordinario había cuatro jueces que juzgaban por la ley que puso el dueño del río, de la puente y del señorío, que era de esta manera:

“Si alguno pasare por esta puente de una parte a otra, ha de jurar primero a dónde va y a qué va; y si jurare la verdad, déjenle pasar, y si dijere mentira, muera por ello ahorcado en la horca que allí se muestra, sin remisión alguna”

 

Sucedió, pues, que tomando juramento a un hombre, juró y dijo, que iba a morir en aquella horca que allí estaba, y no a otra cosa. Repararon los jueces en el juramento y dijeron:

— Si a este hombre le dejamos pasar libremente, mintió en su juramento, y conforme a la ley debe morir; pero, habiendo jurado la verdad, por la misma ley debe ser libre.

Sancho quedó pensativo ante el consejo que los jueces le pedían; luego comentó:

— A mi parecer, el tal hombre jura que se va a morir en la horca; y si muere en ella juró la verdad, y por la ley puesta merece ser libre y que pase el puente; pero si no le ahorcan juró mentira, y por la misma ley merece que le ahorquen…

En los primeros comentarios matemáticos a este problema se procuró incluirlo entre las paradojas de la Teoría de Conjuntos, pero su interés más cierto se ofrece como problema de Álgebra proposicional. Así se propone, llamándole ya ‘problema de Cervantes’, en el clásico libro de Lógica Matemática de A. CHURCH (1956). Cuando se formaliza la cuestión, se llega a establecer que ninguna decisión hará cumplir la ley. ¿Qué hacer entonces? La sentencia que dicta Sancho Panza concluye:

– Venid acá, señor buen hombre; este pasajero que decís, o yo soy un porro, o él tiene la misma razón para morir que para vivir y pasar el puente; porque si la verdad le salva, la mentira le condena igualmente; y siendo eso así como lo es, soy de parecer que digáis esos señores, que le dejen pasar libremente, pues siempre es alabado más el hacer bien que mal; y esto le diera firmado en mi nombre, si supiera mejor firmar; y yo en este caso no he hablado de mío, sino que se me vino a la memoria un precepto, entre otros muchos, que me dio mi amo don Quijote, antes que viniese a ser gobernador de esta ínsula, que fue que, ‘cuando la justicia estuviese en duda, me decatase y acogiese a la misericordia’; y ha querido Dios que agora me acordase, por venir en este caso como de molde.

¡Muy bien por Sancho! Lo menos que se puede hacer es exaltar la modestia viva en sus juicios, y también su fidelidad al cristiano y cabal precepto que don Quijote le diera.

Pero una paradoja también reseña las contradicciones lógicas que van contra el sentido común y causan confusión: “la falsedad que algunos consideran cierta”, aun siendo obvia la farsa. ¿Se entendió? ¿No? Estupendo, en eso consiste una paradoja. Este artículo intentará explicar una paradoja surgida desde la ignorancia a posta; se desea hacerlo tan claro como sea posible, sin juegos de palabras… y sin resultar paradójico, por supuesto.

Las extravagancias, a veces son producto del aburrimiento, y no sirven para nada; su único objetivo es marear al que las lee, y el intento de resolverlas es una pérdida de tiempo. Pero otras son concebidas con un propósito contra corriente, disfrazadas como argumentos de ‘preocupación científica‘; lo irracional es que el éxito de las mismas sólo puede explicarse por insensatez humana.

Y luego de este deambular por conceptos y ejemplos, quisiera culminar con una a la que he bautizado como ‘La paradoja de Darwin’, quien expuso la selección natural como principal mecanismo de la evolución. Actualmente, esta teoría combina propuestas de Darwin y Wallace con las leyes de Mendel y otros avances genéticos posteriores; por eso es llamada Síntesis Moderna o Teoría Sintética. En el seno de este dogma, la evolución se define como un cambio en la frecuencia de los alelos en una población a lo largo de las generaciones.

La docencia evolutiva ‘enseña‘ que esos cambios los causan mecanismos diferentes: selección natural, deriva genética, mutación, migración (flujo genético). Tal ‘teoría sintética‘ recibe una amplia aceptación en la comunidad científica, aunque también muchas críticas. Ha sido defendida con ahínco desde su formulación, en torno a 1940, por hombres de ciencia vinculados a la biología molecular, la genética del desarrollo, la paleontología…

Pero, ¿dónde aparece el absurdo que ningún evolucionista quiere ver? ¡Justo donde no se quiere buscar! El sitio donde el instinto evolutivo conduce hacia el olor a chamusquina: el ADN y su inscripción codificada. Se parte desde un imaginario punto, mil-millonariamente lejos, tanto como el necesario para no tener testigos indeseables: solo fósiles… sabiendo que estos siempre terminan hablando el idioma que resulte más conveniente.

Según esa teoría sintética a la que se ha llegado, luego de los parches a los que les han ido obligando los avances científicos [pese a que sus propugnadores dicen ampararse en la Ciencia], las especies fueron generadas por una corriente de auto transformismo que permitió que, durante miles de millones de años, un alga se convirtiera en pez, en elefante, en rábano, en jicotea o dinosaurio, lagarto o águila, mono u hombre… o en el sándalo que perfuma el hacha que le hiere; todos juntos, y bien revueltos, aunque por ahí haya algún disparatado árbol filogenético ramificado [siempre han sido buenos buscando nombres doctos] intentando hacerlo procesable por el intelecto.

Sin embargo, el corolario derivado de investigaciones científicas, dicta categóricamente que no es posible que haya cambios, si estos no se han producido antes en la información codificada que aparece ‘inscrita’ en cada genoma. Las instrucciones del ADN, y no la ‘casuística’ surgida en supuestos millones de años, es lo que determina cada uno de todos los procesos metabólicos de cada ser vivo, ‘individualmente’.

Ejemplifiquemos la paradoja: La teoría evolutiva plantea que tenemos un antecesor común con cualquiera de las bacterias hoy existentes, aunque el tiempo de este precursor, hipotéticamente, según la conveniente datación evolucionista, se remonte a más de 3000 millones de años.

Pero la bacteria tiene una característica fundamental que la aleja de la biología de los organismos pluricelulares del planeta: es procariota, del griego πρό, pro = ‘antes de’ y ‘karion’ = ‘núcleo’. Sus células no tienen núcleo celular diferenciado; es decir, su ADN se disipa en el citoplasma, mientras que la gran mayoría de las células que conforman todo el mundo animal y vegetal [eucariotas], sí tienen un núcleo dentro del citoplasma.

En general, con respecto a la estructura del citoplasma, los eucariotas, [células vegetales y animales, incluido el ser humano] poseen más orgánulos que no tienen los absurdamente considerados ‘primeros seres’, procariotas. Todos ellos con funciones importantes y específicas, y no surgidos por azar, sino perfectamente elaborados según la instrucción que dicta exactamente cómo y cuándo hacerlos: ‘la receta de la vida’ codificada y programada, secuencia a secuencia, segundo a segundo, e ‘inscrita‘ en un pliego orgánico: el ADN.

No puede argumentarse que hace miles de millones de años las bacterias se unieron entre sí y dieron lugar, por endosimbiosis, a la célula eucariota, sin explicar cómo se produjo antes el cambio en esa instrucción, permitiendo la nueva célula. La Ciencia ha dejado bien claro que primero está la información y luego la función: primero la receta y luego la elaboración de dicha receta.

¿Cómo se produjeron las ‘reinscripciones y recodificaciones‘ necesarias, para que se formaran: núcleos, retículo endoplasmático, aparato de Golgi, lisosomas, mitocondrias y citoesqueleto? Son inexistentes en el procariota, y cada uno tiene bien explícita su función en el genoma. La teoría del ‘se unieron porque nos da la gana y pudo ser‘, es cualquier cosa menos científica.

La organización genética también varía: el procariota carece del nucleoplasma rodeado por membrana que se ve en el eucariota; posee un solo cromosoma, a diferencia del resto de la biología [la célula eucariota humana tiene 24 distintos]. Tampoco hay nucleolo, mitosis ni ADN en orgánulos, pues estos no existen; y los datos para que surjan, debieron estar inscritos antes en el ADN. Así que: ¿cómo se reinscribieron y recodificaron los datos necesarios para generar los organismos pluricelulares, cambiando incluso las propiedades genéticas, para ‘mejorar‘ la especie?

Por otra parte, los atributos funcionales inexistentes en virus, y exclusivos de eucariotas: fagocitosis, pinocitosis, secreción de materiales en vesículas del Golgi, digestión intracelular, corrientes celulares dirigidas (ciclosis), movimientos ameboides… ¿cómo pudieron surgir, sin antes existir la información con los datos que permitieran las condiciones para que se manifestaran, y que las mismas investigaciones científicas han determinado imprescindibles?

Veamos en concreto el caso de la mitocondria, presentada como un resultado casuístico de una bacteria en simbiosis con otra. Durante la última década, la investigación científica sobre la mitocondria ha presentado un nuevo apogeo, al haberse relacionado alteraciones de la funcionalidad de este orgánulo con el desarrollo y progresión de enfermedades humanas tan diversas como las neurodegenerativas, la diabetes, y muchas más.

Tradicionalmente, la mitocondria se percibía como responsable de la provisión de la energía necesaria en células eucariotas, para que éstas lograran sus funciones vitales: la central energética celular. Pero en los años noventa, también se reveló su ‘programación’ para el control de la apoptosis: un mecanismo selectivo de suicidio de cada célula irrecuperable, mediado por la liberación de proteínas localizadas en el interior del orgánulo. Y más espectacular aún ha sido además, el resurgir de la mitocondria en el ámbito del cáncer, ya en este siglo, donde las alteraciones de su función provisora de energía están íntimamente ligadas a la progresión de neoplasias tan diversas como el cáncer de mama, de pulmón o de colon.

En el trabajo sobre apoptosis, el grupo de investigación del Centro de Biología Molecular ‘Severo Ochoa’ dirigido por José M. Cuezva, estudió la síntesis del ADN, así como de las proteínas y fosfolípidos específicos de la mitocondria, durante las distintas fases del ciclo celular: el proceso ordenado y repetido en el tiempo, por el que la célula crece y se divide en dos células hijas.

En concreto, demostraron que la regulación de la expresión de una proteína clave en el control del mecanismo energético y apoptósico de la mitocondria [β-F1-ATPasa], cuya función está disminuida en una gran variedad de tumores humanos, se ejerce ‘por control de la traducción de su ARNm‘, en la fase final del ciclo celular. Es decir: ¡siguiendo las instrucciones inscritas en el ADN! ¿Cómo puede entenderse una mitocondria ‘surgida por endosimbiosis‘, si aparece en el ADN toda la instrucción preventiva que le atañe? Si está la instrucción y la previsión  no puede considerarse en serio la aparición, el mantenimiento y hasta la muerte, por azar. ¡Es Diseño funcional desde el inicio!

Si hay datos inscritos implicando a todos los orgánulos eucariotas, y dichos datos y orgánulos no asoman en los procariotas, ¿de dónde entonces surgió esa inscripción codificada? ¿Cómo brota el evidente programa de control celular, detectado en las investigaciones científicas?

Por otra parte, la Respiración también está relacionada con el ADN; no es casuística, sino programada: en vegetales ocurre de una forma establecida e inscrita también en el genoma. Los animales hacemos respiración celular, llevada a acabo en la mitocondria; las plantas mediante fotosíntesis, empleando un orgánulo llamado cloroplasto. Y ninguna de esas informaciones existe en la bacteria. ¿Cómo se inscribió y codificó esa información inteligente en los eucariotas, si no existe en sus hipotéticos antecesores?

La Génesis del cloroplasto le da su propio ADN con instrucciones; de forma que estamos otra vez ante la pescadilla que se muerde la cola: si esa central energética vegetal, funciona gracias a una información inscrita en su genoma, instruyendo sobre la fotosíntesis, ¿cómo puede pensarse que surgieran de forma casuística, desde la bacteria?

Terminamos; la ‘Paradoja de Darwin’ plantea que todos los seres derivan unos de otros; sin embargo, toda la información de los distintos procesos del metabolismo celular que les diferencia, especie por especie, ya aparece inscrita y codificada en cada ADN específico, antes de surgir cada individuo, identificando a cada uno según lo inscrito y codificado.

Porque desde el conocimiento derivado de todos los descubrimientos científicos que han permitido los avances de la humanidad, jamás ha existido alguno que ratifique que una instrucción se puede reinscribir por si misma en la molécula de ADN; y mucho menos, recodificarse, pues también la Ciencia ha determinado que no es posible si no existe Codificador.

¿Quién le puso el cascabel al gato? Selección Natural no, desde luego… antes tendría que aprender a diseñar, programar, calcular, inscribir, y codificar las instrucciones para la vida, en el núcleo de cada célula eucariota; la que tenemos los humanos, vaya.

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EVOLUCIÓN Y ENERGÍAS.

marzo 3, 2008

LA FUERZA INVISIBLE.

Una mañana del verano de 1973, me hallaba en el departamento de electrónica de un centro de investigación nuclear, cuando se escuchó la estridente señal de alarma de uno de los radiómetros instalados en los cubículos de las áreas restringidas de Radioquímica y Física Radiactiva.

La primera impresión entre los electrónicos, después de varios años en el centro sin que ocurriera nada peligroso, fue pensar que uno de los geiger Muller se había estropeado y estaba dando una falsa información: pulsos eléctricos que el aparato de control detectaba como radioactividad.

Resultó alarmante ver por vez primera a mis compañeros de control radiológico, del Departamento de Dosimetría, pasar ante nosotros, embutidos en sus trajes blancos con interior de plomo y parafina, como si de cosmonautas se trataran. Pese a la inquietud de sus rostros y la urgencia de la situación, el lastre que representaba los alrededor de 30 kilos que implicaba la tecnología de aquella época, no les permitía ir más rápido. En sus manos llevaban el radiómetro portátil previsto para usar en estos casos, capaz de medir radiaciones alfa, beta y  gamma, con sus distintos cabezales.

Uno de ellos logró desconectar la estridente sirena y dar la información a los compañeros: por accidente, se había roto el depósito de un isótopo de Radón, que no recuerdo en estos momentos si era el 222 y la contaminación era bastante alta, pese a que los extractores estaban funcionando (el radón es una emanación gaseosa producto de la desintegración radiactiva del radio). En lo personal, me sentí afectado, pues el radioquímico que se encontraba dentro era mi mejor amigo, y no se sabía nada del nivel de peligrosidad ni la radiación recibida.

El radón es muy radiactivo y se desintegra con la emisión de partículas energéticas alfa, pero su período de vida es corto,  alrededor de cuatro días, degradándose en otros componentes, menos dañinos. Al final, después de ser lavado y cepillado varias veces, con el líquido usado por sus compañeros ‘astronautas‘, el equipo medidor determinó que la dosis había sido reducida lo suficiente como para no temer por un peligro de muerte.

Mi amigo salió, y la Dirección del Centro le dio los días libres que los médicos especialistas indicaron. En resumen, aquel accidente no tuvo más consecuencia que el disfrute de unos días extras de playa.

Posteriormente se emitió un folleto, para un curso interno sobre ‘los efectos biológicos de las radiaciones ionizantes‘, dirigidos a aquellos técnicos no químicos, que no habíamos cursado Radiología.  En cuanto tuve conciencia del verdadero peligro, del daño desatroso que provocaba en el organismo una asimilación mayor del rango permitido, se incubó mi deseo de cambio de actividad.

Seis años después de haberme desvinculado del ambiente radiactivo, el 26 de abril de 1986, durante una simulación de un corte de suministro eléctrico, un aumento súbito de potencia en el reactor 4 de la Central Nuclear de Chernóbil, dio lugar al hipercalentamiento de su núcleo, generando la explosión del hidrógeno acumulado en su interior.

La cantidad de material radiactivo liberado, que se estimó fue unas 500 veces mayor que la de la bomba atómica arrojada en Hiroshima en 1945, provocó la muerte directa de 31 personas, obligó al gobierno soviético a la evacuación de unas 135.000 personas e incitó una alarma internacional, al detectarse radiactividad en diversos países de Europa septentrional y central.

Durante la evacuación, el nivel oficial de radiación alcanzó 1 Roentgen por hora. La gente dice que fue de 7 Roentgens. Esto es una gran diferencia, porque en el primer caso, la población podría morir en dos o tres meses; en el segundo, en una semana. En las primeras semanas de lluvia radioactiva, la radioactividad en la superficie de las calles fue mucho más alta que la radioactividad en el aire, a la altura de los ojos.

En Suecia, el 27 de abril se hallaron partículas radiactivas en las ropas de los trabajadores de la Central nuclear de Forsmark (a unos 1100 kms de la central de Chernóbil). Luego de convenir que no había escapes en la central sueca, dedujeron que la radiactividad provendría de la zona entre Ucrania y Bielorrusia, dados los vientos dominantes entonces. Igual ocurrió en Finlandia y Alemania; así pudo conocer el resto del mundo, parte del alcance de la tragedia. La invisibilidad del monstruo flotante, dio lugar a la sorpresa.

Inmediatamente después del accidente, la mayor preocupación fue el yodo radiactivo, con un periodo de semidesintegración de ocho días. A día de hoy, la inquietud se centra en la contaminación del suelo con estroncio-90 y cesio-137, cuyos periodos de semidesintegración llegan a unos 30 años.

Ahora bien, ¿cómo accionan las radiaciones ionizantes en la materia y cuál es su  capacidad de penetración? Las partículas ‘alfa’ emitidas por los radionucleidos naturales no son capaces de atravesar una hoja de papel o la piel humana y se frenan en unos pocos centímetros de aire. Sin embargo, si un emisor alfa como el 210Po es inhalado,  ingerido o entra en el organismo a través de la sangre, por una herida, puede ser muy nocivo.

La radiación alfa tiene menos intensidad de penetración que la beta, que consiste en la emisión de núcleos de helio: dos protones y dos neutrones. También se sabe que los rayos gamma son fotones de alta energía y que resultan los más penetrantes de los tipos de radiación descritos: atraviesan fácilmente la piel y otras sustancias orgánicas, por lo que pueden causar graves daños en órganos internos.

Los rayos X también son fotones, pero con una capacidad de daño menor que los gamma. Si bien se trata del mismo tipo de radiación, se mantiene la nomenclatura gamma y X debido a la causa que la produce: mientras que los rayos gamma son de origen nuclear (reestructuración del núcleo atómico), los rayos X tienen su origen en la reestructuración de los electrones en la corteza atómica.

A estos tipos de emisiones no perceptibles por el ojo humano, y clasificados por Rutherford, deben añadirse la de neutrones, que surge en la naturaleza por fisión espontánea, con mayor penetración que la gamma, y sólo puede detenerlos una gruesa barrera de hormigón, agua o parafina (compuestos muy ricos en hidrógeno).

Pero, generalizando, radiación es toda energía que se propaga en forma de onda a través del espacio. En este concepto se incluye pues, la luz visible, y las invisibles, como las  ondas de radio, televisión, luz ultravioleta, infrarrojos, rayos X, radiaciones ionizantes, el magnetismo, el calor, etc. ¿Podemos asegurar que son las únicas que existen?

La Biblia habla asiduamente de una no contrastada: el Espíritu. El doctor en Medicina, profesor y doctor en Filosofía por la Universidad de Virginia, Raymond A. Moody, publicó hace años el libro “La vida después de la vida”, en el que recoge los testimonios de 150 personas que afirmaban conocer esta experiencia.

Por otra parte, investigaciones de doctores holandeses, en 1962, sobre 344 pacientes con fallos cardíacos, reveló que 62 de ellos refirieron experiencias ‘post morten’. El líder del equipo, Pim Van Lomme, cree que esto cuestiona el “asumido, y nunca probado concepto de que conciencia y memoria están en el cerebro“. Van Lomme cuestiona cómo estos pacientes lograron relatar lo hablado y sucedido a su alrededor (después de permanecer cierto tiempo con electroencefalograma plano), si no es por un estado de conciencia independiente al órgano cerebral. Este estudio, que apoyaría a otro realizado el año anterior en el Hospital de Southampton, se terminó en dos años, y fue publicado por “The Lancet” una de las publicaciones médicas mas prestigiosa del medio.

Mención aparte merece el caso de China: una madrugada, de julio del 1976, el seísmo más mortífero del siglo XX, y el tercero más grande de la historia, removió a Tangshan. Una quinta parte de la ciudad murió en el trágico suceso, y miles fueron librados de la muerte. En el apoyo sociológico, algunos relataron haber visto seres especiales, túnel de luz y cosas por el estilo, conocidas como ECM (experiencias cercanas a la muerte).

Un documental cuenta el testimonio de  Pam Reynolds, compositora y cantante popular, quien fue sometida quirúrgicamente con circulación extracorpórea, debido a un aneurisma cerebral; su cuerpo quedó a 10ºC y su corazón y cerebro dejaron de emitir las señales vitales. Sin embargo, ya recuperada, detalló las conversaciones del quirófano; dijo haber sido testigo de la operación como si flotase por encima de los cirujanos.

Gordon Allen, es otro caso: un agresivo y emprendedor financiero estadounidense al que una grave neumonía llevó al borde de la muerte; una vez que se recuperó, refirió haber salido de su cuerpo hacia a un espacio habitado por seres espirituales. Cambió radicalmente de vida y dedicó todo su esfuerzo a ayudar a los demás; algo muy frecuente entre las personas que refieren experiencias de este tipo.

Existen muchísimos casos como estos, pero no es mi objetivo cansarles. La idea que deseo trasmitir es que hay suficientes testimonios, desde muy distintos puntos del planeta, que son coincidentes. Eso es lo que ha determinado que hombres de Ciencia dediquen tiempo a la investigación de los mismos, para intentar dar una respuesta coherente.

En realidad, todo queda en alegatos coincidentes; no hay forma de dar pruebas palpables en estos casos, pero, a muchos profesionales del campo de la Medicina y otros, han conseguido influirles lo suficiente para implicarles. Para los cristianos, no hay dudas de la realidad de estos planteamientos, por su coincidencia con las Escrituras. En el nuevo testamento, la palabra ‘espíritu’ aparece 370 veces, refiriéndose al espíritu de Dios, al Espíritu Santo, a los pobres de espíritu, al espíritu de los hombres, a los espíritus inmundos, etc.: una invisible energía espiritual que, como el magnetismo, las radiaciones ionizantes, y otras, no pueden verse con los ojos humanos, pero existen. Tanto, como que algunas veces resultan mortales.

Creo conveniente que todos aquellos que leen los libros evolucionistas, donde se plantea la teoría no verificada, del hombre casuístico que acaba cuando muere, estén abiertos a esta otra alternativa de una continuación espiritual. Pues ayudaría a interpretar mejor la promesa de Jesús, de una vida eterna, ganada con nuestras obras, durante los tiempos en que animamos huesos, músculos y demás elementos orgánicos.

Uno de los versículos en los que se habla de esto, refieren las palabras pronunciadas por el mismo Salvador, recién resucitado, con su propio cuerpo marcado por los clavos y la lanza. Antes de ascender como espíritu, se le apareció a sus apóstoles, aun incrédulos de lo que veían y les dijo, para que crecieran en fe y nos lo trasmitieran a nosotros:

“Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy: palpad, y ved; que el espíritu ni tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.”(Lucas 24:39)

El espíritu es vida: una energía que se manifiesta en una frecuencia invisible para el ojo humano; algo similar a lo que ocurre con las radiaciones ionizantes y otras. Está en espera del momento del juicio necesario, hasta que se establezca el Sión prometido; solo morirá la segunda y definitiva muerte, aquel que el Juez, cuya toga es de talla única, decida. Quien logre pasar el último tamiz, tendrá acceso a la experiencia más reveladora jamás imaginada. Pueden estar convencidos.

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