DE MONERAS, A PERSONAS: EL AZAR NO ES SUFICIENTE

febrero 28, 2008

Febrero 28/2008

ESPECIACIÓN EN BACTERIAS.

Llevo varios días analizando el hipotético ciclo evolutivo, que podría haber llevado a los primeros organismos procariotas hasta protoctistas, según cita la teoría de la evolución, y de ahí, hasta la diversificación masiva de vida que existe hoy.

Todos los protoctistas son eucariotas que en sus primeros estados se encuentran muy diversificados, pero no hay una clara definición de ellos: no son animales, ya que no se desarrollan a partir de blástulas, y no son plantas puesto que éstas surgen de un embrión. Tampoco son hongos, puesto que éstos nunca exhiben undulipodios o ‘flagelos’ y nacen a partir de esporas. El paso de aquellas primeras bacterias a eucariotas, aun no se ha esclarecido, pese a que lo intentan con tenacidad y dedicación desde los primeros hallazgos de microorganismos, en el siglo ¡XVIII!

Veamos los pasos que debe dar por sí solo el hábil procariota, para evolucionar hasta protoctista, que, aunque no se puede catalogar ni como animal ni como planta… ni tan siquiera como hongo (¡menos mal!) se considera el antepasado común de los estudiosos del tema (el mío no).

El procariota tiene un solo cromosoma circular cerrado; el protoctista (eucariota) posee varios cromosomas lineales, terminados en telómeros. Procariota no posee núcleo, así que tampoco membrana nuclear; mientras la célula eucariota si cuenta con su auténtico y original núcleo. En procariotas (también en mitocondrias y cloroplastos eucariotas) el ADN es una doble cadena insertada en la célula, (1 mm aprox.), circular y cerrada, llamada cromosoma bacteriano.

En los Eucariotas, el ADN está principalmente en el núcleo, con su superenrrollamiento (trenzamiento de la trenza) y la asociación con proteínas histónicas y no histónicas. El ADN se enrolla (dos vueltas) alrededor de un octeto de proteínas histónicas, formando un nucleosoma. Existe una secuencia de ADN de hasta 80 pares de bases, que dan lugar a un “collar de perlas”  (fibra de cromatina): la estructura propia del núcleo interfásico, que no ha entrado en división. Este collar de nucleosomas vuelve a enrollarse y cada 6 nucleosomas constituyen un “paso de rosca” por medio de histoma H1 formando estructuras del tipo solenoide. Los ribosomas del procariota son del tipo 70S y los del eucariota, del 80S

Por otra parte, el procariota no presenta mitosis ni tiene orgánulos (mitocondrias, cloroplastos, centriolos, aparato de Golgi) mientras que la eucariota sí; tampoco tiene citoesqueleto ni hay corrientes citoplásmicas ni movimiento ameboide, en tanto la eucariota sí cuenta con todo ello.

Quiero significar que el aparato de Golgi, (su descubridor: Camilo Golgi), tiene una estructura similar al retículo endoplasmático; pero es más compacto. Está compuesto de sacos de membrana de forma discoidal y está localizado cerca del núcleo celular; cada pila  de sacos se llama ‘dictiosoma’ y agrupa unas 6 cisternas. Estas dictiosomas varían desde unos pocos, hasta una gran cantidad.

El paso de ‘bacterias’ a eucariotas es imposible… hasta que no se demuestre lo contrario. La imponente necesidad de coincidencia de  casualidades abruma tanto, que aun no ha podido ser puntualizado y aclarado este hecho; es lógico, después de haber visto cuántas cosas tiene que ‘fabricar’ la pobre célula procariota para ‘evolucionar’. No basta con poner millones de años por medio, ni dar el salto hacia una especiación más confusa que la idea de un diseño inteligente.

La evolución de un organismo compuesto y complejo a partir de uno simple debe ser un fenómeno visible en la Naturaleza, o al menos debe acreditarse pruebas que atestigüen este proceso en varias oportunidades. Hay entes biológicos, (vegetales y animales inferiores), cuyo tiempo de vida es enormemente breve, por lo que el hombre podría apreciar el curso de los cambios orgánicos a través de sus generaciones; sin embargo, en estos doscientos años de atención concentrada en todo lo que pudiera resultar una evidencia, no han sido capaces de ver ninguna transición de un estado elemental a otro complejo. Todo lo conseguido se remonta a ‘mutaciones’ en bacterias, y esto, muchas veces bajo condiciones forzadas, a nivel de laboratorio. Las entidades procariotas han continuado siéndolo, aunque no desde su perspectiva original, sino como ‘mutantes’.

La evolución plantea una especiación a partir de poblaciones aisladas que dan lugar a ‘nuevas especies’. Investigan sobre Drososphila melanogaster, la mosca de la fruta. Pero no hay nuevas especies, sino dos tipos de moscas en dos extremos poblacionales opuestos, con su ADN alterado; muy mal de evidencias deben andar cuando después de dos siglos aun buscan especies nuevas en las insectos y organismos primarios.

Ya en el artículo anterior describí el comportamiento caprichoso de la Naturaleza, con respecto a las abejas obreras, estériles, pero miembros de la misma especie que el resto de la colmena. También del trayecto: caballo, burro, mulo; diferenciados genéticamente.

El árbol filogenético de la vida, basado en comparaciones de ARNs ribosómicos 16S y 18S, según los investigadores evolucionistas, en mi modesta opinión, tiene más cuento que las 7 ediciones de Harry Potter.

El ARN 16S (sub unidad menor de los procariotas) y el 18S (subunidad menor de los eucariotas), así como otros ARN (mensajeros, transferencia, microARN, + otros genes ARN no codificantes), funcionan para lo que fueron creados, sin tener nada que ver con la hipotética evolución que solo existe en las mentes de sus seguidores.

Los ARN ribosómicos y de transferencia son esenciales en la constitución de los ribosomas y en la traducción de las proteínas. Esa es la esencia de la información; no tendrán más que las conjeturas logradas hasta ahora, aunque continúen agotando energías dos siglos más en tratar de demostrar lo indemostrable. Por enésima vez: ¿Dónde están los animales de transición que deberían estar en proceso de cambio en estos momentos? ¿Los tienen guardados los evolucionistas?

Tengo en preparación, en el disco duro del ordenador, cerca de 50 artículos para subir al blog. Esto demanda buena parte de mi tiempo, y por esa razón he seguido de largo alguna vez y no me he detenido a responder temas evolutivos que yo SÉ, por revelación del espíritu, que son falsos. Pero, ante la posibilidad de un descrédito cristiano y por ser consciente de lo que en realidad existe tras este debate, (aunque muchos evolucionistas inocentemente lo ignoren), no tengo más opción que rivalizar desde la propia terminología de esta corriente filosófica, con vista a neutralizar los argumentos usados. Como el siguiente:

‘Se conoce como especiación al proceso mediante el cuál una población de una determinada especie da lugar a otra u otras poblaciones, aisladas reproductivamente de la población anterior y entre sí, que con el tiempo irán acumulando otras diferencias genéticas. El proceso de especiación, a lo largo de 3.800 millones de años, ha dado origen a una enorme diversidad de organismos, millones de especies de todos los reinos, que han poblado y pueblan la Tierra casi desde el momento en que se formaron los primeros mares.’

‘El modo más simple de especiación es la especiación alopátrida o geográfica que es la que se produce cuando las poblaciones quedan aisladas físicamente debido a barreras geográficas (ríos, montañas, etc.) que interrumpen el flujo genético entre ellas.’

De nuevo lo mismo: ¿Dónde están esos millones de especies invisibles? Porque el hombre lleva unos cuantos miles de años aquí y los animales visibles siempre son los mismos: no se localizan reptiles que le estén asomando las alas, ni mamíferos terrestres a media agua, esperando que se le caigan las patas traseras y que las de alante se le conviertan en aletas, mientras la nariz se le va subiendo a la cabeza, porque aspiran a ser ballenas. Solo en la imaginación de los continuadores de Darwin.

Lo que plantean aquí, es mutación por pérdida de información. Las razas humanas (yo a lo mío, pues el hombre es lo importante) que tienen un nivel de intercambio con personas de otras regiones, (indios, africanos, aborígenes latinoamericanos, y otros) van experimentando cambios morfológicos, debido al enriquecimiento del ADN, por recuperación de parte de la información perdida, tras uniones con personas de otras razas; mientras que otras como chinos y coreanos, aislados por su idiosincrasia, no. Ahora China está invirtiendo en África; ya hay concertadas miles de becas para africanos; si Dios les da tiempo, tendremos la oportunidad de ver los mestizos chino-africanos, que mejorarán la genética poco enriquecida en información, existente en Asia.

Parafraseando a Dobzhansky: “Nada tiene sentido en biología si no es bajo la neblina de la evolución“. Veamos otro planteamiento, que parte de los organismos procariotas:

‘Imagínese una colonia de bacterias que vive en un medio a una determinada temperatura más o menos constante. Las bacterias, con una alta tasa de reproducción, sufren mutaciones como todo ser vivo. La inmensa mayoría son perjudiciales, pero imagínese que, muy de tarde en tarde, una bacteria entre varios millones sufre una mutación inocua (ni buena ni mala) que le produce una mayor tolerancia a la temperatura elevada. No es necesario, además, que sea por adición de genes, puede ser de cualquier otro tipo.’

Ante esto, no me queda más que decir que no es necesario retrotraerse a las bacterias; ya he concordado que en hombre y animales existe esa condición de adaptación al medio y jamás he negado la ‘evolución horizontal‘. Por esa razón vemos esquimales soportando temperaturas inferiores a los -55º C, en zonas del Ártico, mientras otras personas lo hacen a la temperatura más alta registrada en nuestro planeta, en el desierto de “El Azizia”, en Libia, en ocasiones próxima a los 57º C. Allí, el 13 de Septiembre de 1922, el termómetro marcó una temperatura de 57.8º Celsius.  Es decir, 100º de diferencia entre ambos.

Sin embargo, esquimales y africanos no se dirigen hacia ninguna otra especie; continúan y continuarán siendo hombres, con su esquema genético, similar al de Adán, pero con las mutaciones debidas a la pérdida de información codificada en el ADN, producto del pecado.

La facultad de evolucionar se manifiesta en los atletas que constantemente están mejorando sus propias marcas; de hecho, los cronos olímpicos del año 1960, están lejos de los actuales. Pero eso no significa que el hombre esté avanzando hacia una especie superior, pues no la hay; el ser humano constituye la última obra de Dios. Fue su culminación, y la única evolución que espera por él es la que alcanzará si corre su carrera definitiva con un buen corazón de atleta del Señor: de carne moribunda a espíritu vivificante, en el Sión definitivo, para siempre, bajo la jerarquía del resucitado Jesucristo.

La posibilidad de crecer física y mentalmente, está en los genes y forma parte del proyecto de Dios. Se manifiesta desde el propio nacimiento: de la cuna al suelo, en cuatro patas, hasta adquirir la fortaleza muscular necesaria para erguirse, mientras se arman vocablos y se dice ‘papá’ o ‘mamá’ por vez primera. Se inicia un avance hasta que cada cual llegue a su cima; luego comienza el descenso, con los achaques dictados por la genética individual, y por último, la muerte inexorable del cuerpo. La mente sigue viviendo en el espíritu, hasta que el Señor determine el fin de todo lo que conocemos  y se abran el nuevo cielo y tierra definitivos; donde el implantará su Reino, que les aseguro, no tiene nada que ver con el de las moneras.

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MI RAÍZ NO FUE SIMIESCA.

febrero 1, 2008

Febrero 1/2008

EN MI FAMILIA NO HAY ALGAS NI SIMIOS.

He entrado hoy en una página que resume un trabajo científico sobre la ‘evolución‘ del ser humano desde sus inicios. No les voy a atiborrar de datos complejos ni de palabras rimbombantes; solo diré que el autor del artículo es el australiano Max Ingman, que termina su doctorado en genética médica en la Universidad de Uppsala, Suecia, y que recientemente él y sus colegas analizaron el genoma mitocondrial completo de personas elegidas en diversas áreas geográficas, raciales y lingüísticas. También, que este estudio es considerado uno de los análisis más virtuosos hechos hasta hoy; pero aclarando conceptos: el proyecto trata sobre historias evolutivas. Nada de Creación divina.

Su conclusión más importante fue ‘que las primeras comunidades humanas se crearon en África, en una población fundadora que evolucionó alrededor de ‘170,000’ años atrás y migraron a otras partes del mundo reemplazando a otros ‘homínidos‘ anteriores’.

He leído con suma dedicación sus escritos; les aseguro, casi como si me fuera la vida en ello, tratando de ver qué parte de sus planteamientos escapan a mi inteligencia (de coeficiente normalito); buscando qué es lo que no me permite ver ‘su verdad”. Pero les afirmo que cuanto más leía, más perplejo me quedaba por la forma en que todo ese magistral trabajo solo señalaba hacia una respuesta: ¡Somos un diseño inteligente!

A grandes rasgos, su temática se desplegó partiendo de que el ADN está presente dentro del núcleo de cada célula del cuerpo; mas usaron ADN de las ‘mitocondrias de la célula‘, debido a que se heredan solo de la madre. El proceso con ADN nuclear (excepto el cromosoma Y), combina secciones de ADN de madre y padre, creando una historia genética mezclada e ilegible. Esa decisión permitió trazar líneas genéticas directas sin recombinarse; así construyeron sus ‘árboles evolutivos‘.

La definición de esos elementos de la célula más compleja es la siguiente:

‘Las mitocondrias son orgánulos presentes en casi todas las células eucariotas encargadas de suministrar la mayor parte de la energía necesaria para la actividad celular; son como centrales energéticas de la célula. Realizan además muchas otras funciones del metabolismo, como la síntesis de algunas co-enzimas. Es notable la enorme diversidad morfológica y metabólica que pueden presentar en distintos organismos, pues tienen su propio genoma de alrededor de 16,500 bases, que existe fuera del núcleo de las células, conteniendo 13 genes, codificando proteínas… y mucho más. Gran cantidad de ellas están presentes en cada célula, y tienen una tasa de substitución (mutaciones donde un nucleótido es reemplazado por otro) más alta que el ADN nuclear, lo cual hace más fácil la resolución de diferencias entre individuos cercanamente emparentados.’

Buena definición, ¿verdad? Sin embargo, ¡cuánta complejidad funcional! Se habla de ‘una sola‘ célula, cuyo tamaño varía entre ¡10 y 30 micrómetros de diámetro! Recordé entonces que la base de la teoría de la Evolución de las Especies se cimienta en que todo proceso biológico hoy, partió de un ente unicelular: un tipo de alga; así que continué simplificando y me di a la busca de una que pudiera ser la madre ancestral, siempre considerando que la ‘casuística evolución’ también tendría que crear un padre.

Hallé una posible respuesta en las algas pardas, organismos multicelulares (ya evolucionados, según criterios de este colectivo) que antes eran clasificados dentro de las plantas “no vasculares” en el reino vegetal, y que hoy son considerados los principales productores primarios de varias comunidades de animales invertebrados y microbios. (Esto mejora: hallé un ancestro más cercano: una bacteria).

Supe que esta alga posee un tamiz de tubos capaces de transportar agua y productos de la fotosíntesis, que contiene clorofila ‘a’, ‘c’ y ‘xantofila’; también que su reproducción es sexual, por óvulos y espermatozoos biundulipodiados, con un undulipodio mastigonemado dirigido hacia delante y otro liso hacia atrás. Aprendí además, que el óvulo fertilizado germina en respuesta a unas determinadas condiciones de luz y que el organismo diploide que se desarrolla a partir del óvulo fertilizado recibe el nombre de ‘esporófito‘.

De modo que ‘surgimos’ de una vida elemental, que evolucionó de un cuerpo unicelular, hasta alcanzar a tener, ¡por sí sola!, unas cuantas células ‘micrométricas‘: un tamaño impresionante: la sombra de la punta de un alfiler produciría noche sobre ella.

Sin embargo, así pequeñita y todo, contenía un sistema de transporte de agua, productos de fotosíntesis, clorofila de varios tipos (que no sé con qué instrucciones las clasifica y fabrica) y además, es una hermafrodita cachonda: se reproduce sexualmente, con óvulos y espermatozoos; aunque no me agrada mucho el nombre que le han dado a su miembro: ‘undulipodio mastigonemado‘. Es lo único que cambia, pues por lo demás, se sigue echando hacia delante, tal como lo conocemos hoy día; el liso, dirigido hacia atrás, me imagino que será ‘el receptor‘ encargado de la concepción.

Y yo pregunto: ¿cómo es posible tanta y tan precisa eficacia en un ser tan pequeño? ¿Quién logra explicar ‘racionalmente’, el paso intermedio de la célula anterior, a esta otra inteligente, ya como alga más capacitada? Porque, puestos a enseñar sobre el proceso, la ambigüedad y fantasía de los textos evolucionistas no satisfacen a la inteligencia, sino a la predisposición a aceptar todo lo que saque a Dios de la ecuación de la vida. Para resultar convincente a las neuronas, deben desgranar la instrucción debidamente .

La evolución, en el momento inicial, se sumergió en la problemática de hallar una respuesta optativa, diferente a la bíblica: ese fue el objetivo básico. No se trató de dar una réplica científica, puesto que la Ciencia que ellos encontraron, se generó precisamente de mentes creyentes portentosas como Copérnico, Galileo, Kepler, Newton, Cuvier, Pasteur y otros que también tuvieron a Dios como referencia; genios de la física cuántica tales como Heisenberg Planck, Schrodiger, Jordan y Von Braum. Científicos ateos, como Monod o Hawking, representaron una minoría. Por cierto, el gran Pasteur manifestó en una ocasión:

“Poca ciencia aleja de Dios; mucha, nos acerca a Él.”

Ubicados en el campo de la Naturaleza, cada vez más los científicos se asombran de su orden y precisión. Se ha estudiado el origen de una célula viva y se ha concluído que se compone al menos de un par de decenas de aminoácidos, cuya función depende de unas 2000 enzimas concretas. Se ha calculado la probabilidad de que un millar de enzimas diferentes se unan para formar una célula viva y el resultado fue decepcionante. F.Crick, Nobel en Biología por sus trabajos en ADN, manifestó que ‘un hombre honesto tendría que aceptar que el origen de la vida se debe a un milagro’.

Aceptamos lo que resulta ilógico e irracional para el limitado conocimiento humano, diciendo que está ahí porque sí, sin ser capaces de admitir que puede existir solo respondiendo a un diseño, al igual que las otras maravillas existentes en el hábitat… incluyendo, por supuesto, a esta fenomenal maquinaria que es el ser humano.

¡Atención! La soberbia, hija de la vanidad, acecha en el corazón de cada humano; constantemente fuimos advertidos por alguien cuyo testimonio quedó acreditado por sus curaciones milagrosas,  sus muertos resucitados y su sangre en la cruz para limpiarnos:

“De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos”. [Mt 18:3]

Y ya puestos, hablaré como niño: mi madre ancestral no fue un alga ni tuve tíos lejanos simiescos; según lo trasmitido por mis parientes anteriores, fue una mujer llamada Eva. (En plan familiar: Evita.) La que me parió, preciosa por cierto, se llama Ofelia y cada vez que pienso en ella, imagino lo linda que fue nuestra madre primigenia.

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