¿EL PRIMER ASTRO? ¡LA TIERRA!

agosto 14, 2009

“…y las estrellas, Dios las colocó en el firmamento para que den luz sobre la Tierra, para que dominen de día y de noche, y para que separen la luz de la oscuridad. Y Dios vio que era bueno. Y fue de tarde, y fue de mañana, el cuarto día. [Bereshit 1: 17-19 (y su traducción griega: Gen 1:17-19)]

Según las Escrituras, la Tierra se hizo unos cuantos miles de años atrás, antes que el resto del cosmos. Científicos antiCristo lo rebaten con más interés que si les fuera en ello la propia vida; que sí les va, aunque toman el sentido errado y con argumentos que la razón niega. ¡Obstinada anticiencia, afanada en que el mundo obvie a su Creador!

El actual postulado ‘científico’, dice que lo observado en un telescopio atañe a miles de millones de años atrás. ¿En qué punto histórico humano se disipó el juicio? ¿Por qué no se razona? Vemos lo que está a millones de años luz, con solo mirar; el espacio tridimensional se vuelve panorama plano en 2ª dimensión. La cercana luna se ve en la misma fracción de segundo que la distante nebulosa de Andrómeda, sin importar distancias.

La vista supera la velocidad de la luz. Una onda de luz radiada en el espacio lejano, tarda millones de años en llegar a la Tierra. Si arribara, en caso que el cosmos existiera aun, todos habríamos muerto… viviendo ya en el espíritu.

La emisión electromagnética [calor, luz, rayos X…] que viaja a la velocidad de la luz, desde un cuerpo que esté a 12 millones de años luz de distancia, tardaría en llegar a la Tierra 12 millones de años. Sin embargo, ver la superficie de tal astro a través de un telescopio, solo lleva una fracción de segundo. ¿Qué cuentas están fallando? Es obvio que la Ciencia, coja en ese aspecto, se diluye en la anticiencia del ‘vemos en pasado’. Analicemos:

Estos son los distintos tipos de ondas; varían en longitud y frecuencia. Según pasamos de los rayos gamma a las ondas de radio, la longitud de onda aumenta y la frecuencia disminuye… proceso imperceptible para el ojo humano, diseñado y programado para ver en imágenes. ¿O alguien es capaz de ‘percibir las ondas’ con la mirada?

Banda electromagnética

Banda electromagnética

El ojo no ‘ve’ ondas de luz visible, tal como se dice en las aulas. ¡Ve una imagen integrada por la unión de todas las ondas, la resultante! Lo prueba el propio rayo de luz solar: ante un prisma las ondas integradas en la imagen son diferenciadas y reflejan los matices reales del espectro. Revela los tonos reales. Si atraviesa las gotas de agua de la atmósfera, se forma el arco iris. Y es porque la ‘claridad’ consta de frecuencias invisibles al ojo humano, (cada color una frecuencia) que integradas, ofrecen la imagen del día claro.

Todo cuerpo irradia ondas electromagnéticas a la frecuencia de la energía que actúe; pero nuestro ojo no está diseñado para verlas a ellas, sino al cuerpo que las emite y/o la imagen que generan. El arco iris es ejemplo del espectro de luz visible. Y nadie dice: ‘Mira que lindas ondas del violeta, a 750 tetra ciclos por segundo’. ¡Vemos la ‘imagen violeta’ fruto de vibraciones, no las ondas! Igual con el rojo que detecta el telescopio espacial: no vemos la onda cuya vibración genera tal color, sino el efecto incitado… sin que la onda en sí misma cruce el espacio y llegue al ojo. ¡Vemos el rojo generado en el cosmos, a una velocidad superior a la de la luz!

Hoy, el vasto adelanto tecnológico provee medios precisos para verificar la Verdad de la Palabra de Dios; sin embargo, se adultera todo con el fin de negar coherencias Biblia-Realidad objetiva. Es la meta de investigaciones auspiciadas por el Centro de Nueva York para ‘Estudios de Orígenes de la Vida’, que incluyen becas de la NASA. La Astronomía es su baluarte; sin embargo, los telescopios infrarrojos, sensibles al calor, no apoyan tesis de cielo eónico, sino que las desmienten de forma absoluta.

Vemos un cuerpo, si la luz actúa sobre él, contrastándole; pero no es así en el infrarrojo. La serpiente cascabel, con una fisura sensora entre ojos y nariz detecta esa luz; así caza presas de sangre caliente en la oscuridad total: ve tonos rojizos destacando sobre tierra y/o vegetación. Cualquier cosa con temperatura superior al cero absoluto [-273,15 °C o 0º Kelvin] irradia ondas en la banda infrarroja. Incluso el hielo; y también las estrellas. Sus cambios de temperatura matizan áreas que pueden ser seguidas y registradas por el lente infrarrojo. Tal visión, según nivel de calor, crea una imagen distinta; datos que no se podrían obtener a través de los canales normales de la vista.

El telescopio normal [copia ingeniosa del ojo] ‘acerca’ el astro, no fotones trotones del pasado que, al carecer de masa, son invisibles para el ojo. La lente enfoca un cuerpo físico en el lugar que ocupa en el espacio; su imagen, más definida, integra gran información. Luego la procesan fotómetros anexos. Así, una galaxia lejana activa la retina; los conos y bastoncillos la descomponen en tonos. Estos se convierten en señales eléctricas de distinta frecuencia, y se envían al cerebro a través del nervio óptico. Al final se proyecta la figura espacial en la pantalla de la mente, antes de un segundo… ¡más rápido que la luz!

Ahora, imaginen una colisión en el frío cosmos, creando ignición de hidrógeno, a 2500ºK. ¿Cuánto tiempo duraría el calor detectado por el sensor infrarrojo? Según refrigere, la imagen del destello inicial irá atenuándose  hasta llegar al negro espacial. Y no tarda miles de millones de años; el blanco de la ignición irá atenuando su tono hasta que se enfríe y se vuelva tan oscuro como el espacio, pero tal como veremos, el telescopio provee imágenes infrarrojas yendo desde el rojo, hasta el tono oscuro de los cuerpos fríos, en dos años. ¡Esa es la Verdad! ¡Solo dos años de observación!

Se me ha dicho que en el infrarrojo no hay tonos blancos, pero no es así; si ud. observa desde el aire la emisión de infrarrojos de un campo verá distintas tonalidades desde el rojo al amarillo y el pardo, según el nivel de clorofila de las plantas. Pero si llega a unos matojos secos, entonces los verá blancos.

Otro Ej:  http://ciencia.nasa.gov/science-at-nasa/2009/18dec_titanglint/ 

Ahí pueden observar la imagen del Espectrómetro para Cartografía Visual e Infrarroja (Visual and Infrared Mapping Spectrometer o VIMS) de la nave Cassini. Observen que es una combinación ‘visual/infrarroja’;  muestra un destello de luz blanca reflejado en un lago de Titán, una luna de Saturno. La imagen fue proporcionada por la NASA/JPL/Universidad de Arizona/DLR.

A través del telescopio infrarrojo, las candentes ondas de choque se ven brillantes. Se asocian usualmente a colisión o nacimiento/muerte de una estrella; no hay tiempo de reaccionar a la súbita acumulación de energía y masa, y embisten el plasma cercano, emanando el colosal ardor que el infrarrojo capta… y que se va enfriando hasta no poder ser detectado, confundiéndose finalmente con el vacío sideral. Y lo importante es que ese proceso de atenuación térmica de un estado a otro, a millones de años luz de distancia,  lo podemos ver en 700 días, no en miles de millones de años, tal cual se especula en las aulas.

El 9/4/2009, el Dr. Andreas Brunthaler [Instituto Max Planck, Radio Astronomía] notó algo especial en la galaxia M82, a 12 millones de años luz de la Tierra. Al cotejar los datos del día anterior [Very Large Array (VLA), New México, EE.UU], con los del 2007/2008, vio una ‘nueva’ explosión. Y la imagen 2009 mostró tan oscuras las zonas de estallidos anteriores [más frías], que hubo que ampliarla para lograr la definición que permitiera compararlas. Observen:

Vista Infrarroja Galaxia M82

Vista Infrarroja Galaxia M82

La luz roja surge a 500 ºC. Si la temperatura sube, da luz amarillenta. A 1200 ºC, emite todo el espectro electromagnético, y nos parece que está “al rojo blanco“. De ahí que el nuevo punto blanco del núcleo en el 2009, implique una nueva explosión. El azul es indicador de mayor temperatura (a partir de 12000ºK); su tono se oscurece en función de la temperatura hasta casi los 20000ºK… sin embargo, el negro, que pudiera verse como la tonalidad más oscura del azul, se lee como el frío espacio sideral. Pero lo importante es que áreas que en fotos de dos años antes eran rojas, ahora se muestran negras.

De modo que resulta obvio que hay intercambio de calor; las ondas térmicas varían según se enfría el cuerpo emisor de tales ondas. Máxime si el medio en el que existe, está a bajísimas temperaturas. Y no debe olvidarse que hablamos de un cuerpo que según la equivalencia métrica del año luz, está a casi 115 mil billones de kms de la Tierra.

La secuencia de matices, dando variables de calor en solo dos años, [28/1/2007 a 8/4/2009], desde una galaxia sita a tal distancia, anula todo criterio que intente negar la realidad objetiva: ¡Es actual; está pasando! Es la esencia innegable: si la cámara infrarroja detecta tonos brillantes en un punto, es porque ahí se ha liberado gran energía ‘muy cerca en el tiempo’. De haber ocurrido millones de años atrás, la imagen presentaría la oscuridad típica de zonas que el frío espacio interestelar refrigera rápidamente.

El lente no enfocó fotos antiguas del álbum ‘paleozoico’, sino cuerpos físicos ocupando su lugar actual en el espacio. Si la cámara infrarroja encara un astro, no busca ondas de calor viajando hacia la tierra, sino que explora el matiz de su superficie in situ, mostrando el panorama resultante en fracción de segundo.

En un artículo anterior se explicó que la gracia de ‘ver’ fue antes espiritual que humana. La Biblia enseña que Dios dijo: ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza’; de modo que nos extrapoló dones sensoriales desde seres espirituales. Y para ello usó como interfaz al cerebro; evidencia del colosal talento del Creador, al difundir en masa física, frutos del espíritu intangible. Mas nuestra vista es básica; mucho más limitada que la del espíritu, que sí capta incluso las ondas cerebrales, sabiendo así qué y cómo pensamos. ¡Telepatía pura y dura! ¡Gloria a Dios; bendito el que hace posible lo ‘imposible’!

Quizás se me critique con argumentos tipo: ‘Es falso, pues refuta al Nobel Paco Pérez’; luego se darán los links convenientes que cobijen la nobélica mentira. Anticipo réplica: ¡Usen las propias neuronas! ¿Cuántas veces ha tenido que ser revisados distintos postulados científicos, ante nuevas evidencias? ¿Cuántas veces distintas revistas científicas prestigiosas han pedido perdón, al publicar artículos de supuesta base científica, que luego han demostrado ser erróneos? ¡Ábranse a lo nuevo! El conocimiento humano enfrenta muchas más incógnitas que respuestas.

Lo cierto es que el planeta Tierra, con solo algunos miles de años, fue el pionero espacial; ningún astro le antecedió. Y lo que brilla visible en el cosmos lejano, llega al ojo humano en fracción de segundo. Con ojo o telescopio, su imagen real surge en cuanto enfocamos. El regreso de eras eónicas, estilo ‘máquina del tiempo’ o ‘Cenicienta corriendo hacia su carroza-calabaza, abrumada por la hora’, es un ficticio y absurdo antojo. Cuento infantil que intenta en lo subliminal, separar a Dios de su obra. Y eso, ¡Jamás será Ciencia!

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EVOLUCIÓN: ABIOGÉNESIS A POR SUS FUEROS

abril 5, 2008

“Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas sobre cosas vanas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia, la cual profesando algunos, se desviaron de la fe. La gracia sea contigo. Amén” (1ª Timoteo 6:20)

LAS NEBULOSAS DE CHARLES Y ASOCIADOS

El antiguo concepto de abiogénesis o autogénesis, en Biología, sostenía que podía surgir vida animal y vegetal de forma espontánea, a partir de materia inerte; este indicaba que germinaban gusanos del fango, moscas de la carne podrida, cochinillas de los lugares húmedos, etc. Así, la idea de que la vida se reciclaba continuamente en la Tierra a partir de restos de materia orgánica, se denominó generación espontánea.

En la segunda mitad del siglo XIX, los ensayos de Luis Pasteur probaron definitivamente que los microbios no se originaban al azar. Gracias a él, aquella absurda idea debió ser desterrada del pensamiento científico, y a partir de entonces se aceptó de forma general el principio que sentenciaba que todo ser vivo procede de otro ser vivo.

Pero, ante la insistencia atea de no reconocer el origen de la vida tal como se plantea en las Escrituras, los mismos seguidores de la antigua corriente se reincorporan al camino, aspirando dar respuestas coherentes al umbral de la existencia, con el concepto de que en un momento indeterminado, eones de tiempo atrás, la materia no orgánica generó la primera célula viva. O sea, en lugar de recapitular, dan un inmenso salto hacia delante, respondiendo ‘sus’ incógnitas, con más absurdos.

¿En qué se fundamentan? Pues de nuevo en la generación espontánea; es decir, más de lo mismo, pero aplicando la seudo ciencia para convencer que ‘esta vez sí tienen la razón.’ Mas es muy difícil visualizar las cosas inertes, ultrapasando la frontera hacia lo vivo, sin aportar ideas congruentes, porque, ¿qué funda una célula viva? ¿Que criterios deben ser cumplidos?

El propósito de todo método científico es relacionar el efecto (observación) con la causa, al tratar de reproducir el efecto, recreando las condiciones bajo las cuales este ocurrió. Cuanto más complejo es el fenómeno, mayor es la dificultad que la ciencia tiene para investigarlo, y en el caso de la investigación del origen de la vida, se topa con dos trabas: las condiciones en que ocurrió son desconocidas y se ignora la esencia original.

Pero, ¿qué es la vida? Las células son los elementos más simples de todos los seres vivos; aun los procariontes, los más elementales. ¿Han podido demostrar que una sola bacteria ha surgido de la nada? Decididamente: No. Aun así, no solo obvian esta falta de evidencia, sino que además dicen que esta bacteria, sin núcleo,  citoesqueleto, y muchos otros organelos imprescindibles, se fue abasteciendo de todo ello por sí misma, sin ayuda externa, llegándose a convertir en un organismo complejo. ¿Han aportado alguna prueba de esto? Decididamente: No, pero siguen adelante con sus elucubraciones, como si en Ciencia no fueran necesarias las evidencias.

Todos los organismos complejos se componen de células, cada una integrada por un microcosmos de entidades que la convierten en un ínfimo mundo funcional. Células únicas de vida libre, como la ameba y otros protozoarios, deben desempeñar todas las funciones necesarias para la vida, igual que individuos más complejos. Una célula posee sistema digestivo, reproductor, respiratorio, nervioso, esquelético, excretor, muscular, etc., muy minúsculo e interconectado para haber surgido por azar.

El análisis se complica si se piensa que toda célula viva ostenta características en común, consideradas fundamentales: el código primario rico en informaciones de ADN, la enzima ADN polimerasa necesaria para la reproducción de dicho código, ARN intermediarios y ARN polimerasa requerido para transcribir las precisas instrucciones metabólicas que aparecen enigmática e inexplicablemente ‘codificadas‘ en la molécula de Ácido desoxirribonucleico (ADN). El hecho concluyente de que todo elemento celular tiene garantizada su necesidad de energía de una forma u otra constituye una evidencia de diseño, no de sucesos casuísticos.

Añadamos ahora el mecanismo de síntesis de proteínas contenido en los ribosomas, los ARN transportadores y las enzimas precisas para ligar a cada uno de los aminoácidos respectivos, más la membrana celular y las vías metabólicas fundamentales para generar los materiales necesarios en las reacciones mencionadas anteriormente, implicando en ellas a cientos de fermentos participantes, de forma organizada y muy bien calculada.

Asombrosamente, una vez más, sin ninguna prueba confirmatoria, vuelven a asegurar que toda esa complejidad también sucedió por sí misma, por azar de la Naturaleza y por una selección natural controladora, que nadie ha evidenciado con referencias comprobatorias. Dicen que de la materia inorgánica surgió la orgánica, y que esta fue adquiriendo complejidad gracias a su sabiduría infinita, durante miles de millones de años, hasta el momento actual. Esa es la sopa que se da a beber en las escuelas, desde hace casi dos siglos.

Los autores de esta nueva teoría abiogénica, señalaron cuatro componentes esenciales para el origen de la vida:

1. Una atmósfera llena de moléculas gaseosas reducidas y una fuente de energía para convertir esas moléculas en precursores biológicos necesarios para la subsistencia.

2. Un océano saturado de pequeñas moléculas biológicas resultantes del punto anterior.

3. Un mecanismo que genera, a partir de este mar molecular, polímeros ricos en información, necesarios para una célula viva (ADN, ARN y proteínas)

4. Interiorizar, confiada y absolutamente, que si el paso número tres es implementado, dará como resultado, inevitablemente, la sublime formación de una célula viva.

La primera condición impone un aspecto químico. Los primeros estudios serios al respecto, datan de 1920, cuando J.B.S. Haldane y A.I. Oparin sugirieron que la vida se originó espontáneamente a partir de la materia inerte existente en la superficie terrestre en un pasado remoto, y describieron un escenario para esa ocurrencia: una química oscura, pero ampliamente aceptada entre aquellos que procuraban establecer un origen naturalista para la vida en la tierra.

Años después, en el 1953 Stanley Miller hizo sus experimentos basado en el ambiente de Oparin (CH3, NH4, H2O, y H2), y logró varios compuestos simples, incluyendo algún aminoácido, así como una cantidad de alquitrán. Miller y Urey propusieron que la luz ultravioleta y descargas eléctricas, produjeron pequeñas moléculas biológicas precursoras en la “tierra primitiva”, luego depositadas en los océanos por el ciclo hidrológico.

Más tarde, Carl Sagan propuso que la tierra primitiva estaba sometida a un flujo de rayos UV 100 veces más fuerte que los de hoy día, y que el H2S proveniente del vulcanismo fue un agente catalizador. En el inicio de la decada de los 70, Bar-Nun demostró que las ondas de choque de alta velocidad resultaban 10,000 veces más eficientes que los otros métodos, convirtiendo la atmósfera gaseosa reductora de Oparin en pequeñas moléculas, formando cuatro aminoácidos.

Actualmente, algo más de una decena de aminoácidos puede ser producida bajo condiciones de la atmósfera reductora que se ‘cree‘ existió en la tierra primitiva. Pero, como también se generan aminoácidos no proteicos, estos competirían con los veinte aminoácidos de síntesis, en cualquier hipotética reacción abiogénica, afectando la teoría.

Oparin reconoció la necesidad de excluir oxígeno o algunos otros compuestos oxidativos de la mezcla. Esto fue muy conveniente, debido a que tal mezcla probó ser capaz de generar una variedad de pequeñas moléculas de interés biológico.

Pero hubo oxígeno; Philip Abelson (1966) y J. W. Schopf (1972) concluyeron que no hay evidencias de una atmósfera inicial de metano-amonio, y desde el vuelo del Apollo 16, se supo que la fotodisociación del agua en la atmósfera superior, por inducción, es una de las fuentes mayores de oxígeno libre atmosférico, así que este se debió generar en un promedio alto en la tierra, sin la presencia de un escudo de ozono (hecho por oxígeno) para bloquear la intensa luz UV del sol. Un análisis de las rocas ‘consideradas‘ del Precámbrico parece indicar la presencia de oxígeno libre, a niveles similares de los hoy día (Walker, 1977), y que la tierra no tuvo la atmósfera reductora que apoye a estas tesis.

Por otra parte, queda la incógnita del surgimiento de biopolímeros ricos en información que provocarían la necesaria síntesis de macromoléculas imprescindibles para el desarrollo de una pre-célula. La síntesis de proteínas y ácidos nucleicos a partir de pequeñas moléculas precursoras, en el hipotético océano biótico, representa uno de los desafíos más difíciles del modelo de la evolución, ya que el agua no favorece la formación de enlaces peptídicos, sino que es su ausencia lo que beneficia la reacción.

Sidney Fox reconoció el problema y comenzó a elaborar una alternativa mediante la que logró crear una especie de sustancia polimerosa. El material polimerizado se vació en una solución acuosa, resultando en la formación de algo que llamó ‘proteinoides‘, que consideró como células. Reclamó casi todas las propiedades imaginables para su producto, incluyendo que él había alcanzado la transición de la macromolécula hacia la célula.

Fue aun más lejos, intentando  demostrar que un pedazo de roca de lava pudiera sustituir un tubo de ensayo en la síntesis de proteínas y afirmó que el proceso ocurrió en la tierra primitiva en los alrededores de los volcanes. Sin embargo sus críticos y sus propios alumnos desnudaron su credibilidad:

Se demostró que los proteinoides no son proteínas, pues contienen muchos enlaces no peptídicos y otros cruzados que no son naturales. Los enlaces peptídicos son del tipo beta, mientras que todos los enlaces peptídicos biológicos son del tipo alpha. Los materiales con los que inició el experimento fueron aminoácidos purificados, que no tenían semejanza con los materiales disueltos en la “sopa orgánica“.

Si alguien tuviera que hacer el experimento con la sopa pre-biótica, el único producto sería alquitrán. El porcentaje de 50% ácido aspártico y ácido glutamico necesario para estos experimentos no tienen semejanza al porcentaje muchísimo mayor de glicina y alanina hallados en los experimentos de síntesis de la tierra primitiva, y tampoco hubo contenido de información genética.

Todas las alegaciones expuestas por Fox fallaron en pasar las pruebas cuando fueron examinadas cuidadosamente. Aunque sus resultados iniciales parecieron coincidir mucho con su teoría, la realidad resultó catastrófica para las esperanzas de los paleontólogos, geólogos y bioquímicos involucrados en una creación casuística y natural.

También se propuso el uso de arcillas, pues en este ambiente los grupos de aminoácidos tienden a ordenarse, y se han logrado producir polímeros a partir de muchos aminoácidos. Pero, aunque estos estudios han generado el interés de los evolucionistas prebióticos, su relevancia ha sido sofocada, entre otras cosas, porque las arcillas muestran preferencia por aminoácidos básicos.

Para obtener resultados y que ocurra la polimerización, deben ser usados aminoácidos puros y activados, ligados a adenina, sin embargo, los aminoácidos adenilados no son el material flotante más común en el océano prebiótico. Si se usan aminoácidos libres, no ocurre la polimerización adecuada, pues los polímetros resultantes son en su mayoría tridimensionales y no lineales, como suelen ser los biopolímeros.

Recientemente fue abierto un capítulo final con el descubrimiento de las moléculas de ARN auto catalítico. Fueron recibidas con gran gozo por los evolucionistas, porque daban esperanza de disminuir la necesidad de fabricar proteínas en la primera célula; les llamaron “ribozimas“, pero sin embargo, estas probaron ser incapaces de responder a la expectativa, debido a dos factores:

– Aunque una ribosa puede ser producida bajo condiciones prebióticas simuladas, resulta un azúcar raro en los polímeros de formaldehído (mecanismo pre-biótico que se acredita dan origen a los azúcares). Además de la presencia de nitrógeno, los aminoácidos de la mezcla de reacción podrían prevenir la síntesis de azucares (Shapiro, 1988).

– Ninguna de las 5 bases presentes en DNA/RNA son producidas durante la oligomerización HCN (ácido cianhídrico) en soluciones diluidas (el mecanismo pre-biótico que se cree que dio origen a las bases nucleotídicas). Además de los problemas de síntesis de los precursores y de las reacciones de polimerización, todo el bosquejo depende de sintetizar una molécula de RNA capaz de hacer una copia de sí misma, pues la molécula debe también realizar alguna función vital para iniciar la fuerza de la vida; pero tal hazaña, no ha podido verse manifiesta.

Todo ese “Mundo RNA” perdura en calidad de ficción; no ofrece pistas de cómo llegar desde el esbozo del mecanismo convencional de las proteínas de ADN-ARN de todas las células vivas. Por otra parte, el que algunos científicos decidan exhibir tal entusiasmo por este esquema, revela la poca fe que tienen en los otros escenarios del origen de la vida discutidos anteriormente.

En todos los estudios experimentales sobre los inicios biológicos, la presencia del investigador condiciona siempre  la dirección y conclusión del experimento en el sentido de sus propósitos. Cuando este se propone lograr un objetivo (por ej., en la síntesis de los precursores o la polimerización de los precursores), elabora un sistema ‘previsto‘, que tenga alguna posibilidad de alcanzar la meta deseada. Se escogen las condiciones en las cuales los materiales resulten apropiados para una hipotética tierra prebiótica, de modo que lo obtenido quede envuelto en el aire de credibilidad necesario, aunque sea conseguido desde la manipulación inteligente, no desde el caos de las reacciones implícitas en los laboratorios.

Los cálculos son cuidadosamente manipulados una y otra vez, hasta lograr la meta propuesta; así, el lector da por hechas las situaciones contadas, que no tendrían probabilidad de ocurrir ni habrían sido posibles en el entorno natural del principio de la Creación. Por ejemplo, cuando Fox realizó sus experimentos para producir proteinoides a partir de aminoácidos, usando roca de lava en lugar de tubos de ensayo, guió su trabajo para dar la impresión de que este era un modelo idóneo para la tierra prebiótica. Creó una gran expectativa entre quienes le creyeron, mas sus resultados, como ya se ha sabido, constituyeron un fiasco más en las esperanzas evolucionistas.

Si el análisis científico cuidadoso nos lleva a concluir que los muchos mecanismos propuestos del ‘origen espontáneo‘ no han logrado producir ni una sola célula viva, la hipótesis alternativa de la Creación inteligente se torna más atrayente; los métodos de la ciencia no han logrado responder de forma concluyente, ni en un solo ejemplo plausible, a la pregunta del origen de la existencia del rico mundo biológico que aparece ante nuestros ojos.

Sagan y M. J. Newman fueron diáfanos al declarar que “la ausencia de la evidencia es la evidencia de la ausencia.”: Más transparente ni el agua cristalina; se ha estafado a la humanidad durante mucho tiempo y es hora de que alguien con raciocinio dé la señal de Stop… al menos hasta que la verdadera Ciencia, esa gran confirmadora y única homologadora, esté en condiciones de ofrecer una prueba definitiva.


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ESLABONES PERDIDOS JUEGAN AL ESCONDIDO

marzo 24, 2008

Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de todos. (Hebreos 2:10)

¿DÓNDE ESTÁ MI GATO-PERRO?

Según la teoría de la evolución de las especies, en su ‘evolución‘ más reciente: el neodarwinismo fundamentado en la selección natural y las mutaciones ‘azarosas’, todo ser vivo (me gusta incluir a todo tipo de plantas) proviene de un antecesor. Es decir, una especie tiene el don de trasmutar en otra con el tiempo, y todo lo que vemos, en mar y tierra, nació de esa manera. Ante la reconocida dureza de reflexión, se ha intentado endulzar la mitificada tarta evolutiva con la posibilidad de cambios en un entorno de miles de millones de años.

O sea, que por ahí deben andar los restos de las numerosas especies intermedias derivadas del enorme proceso que ha llegado a generar la multitud de ellas que habitan hoy el planeta Tierra. En el pasado debieron haber visto la luz solar, criaturas con rasgos de lagartos-aves, en combinación con aquellos que tenían de pez, los cuales, por puro raciocinio, debieron haber convivido con los propios, peces y reptiles existentes. También por pura deducción lógica, en ese entorno se deberían haber sumado los pájaros con características de animales rastreros, cuya formación morfológica debía aparecer en fósiles de de pájaros reptiles: las famosas formas transitorias citadas por la evolución.

Continuando con el razonamiento y la deducción, en la actualidad deberíamos estar rodeados de millones y millones de esas raras especies surgidas de la selección natural.  Cantidad y variedad: ese es el enigma que no logra descifrar la ausencia de los registros fósiles correspondientes, ya que deberían multiplicar los existentes, y sus restos estar esparcidos por el mundo entero; cosa que no ha sucedido (ni sucederá).

Ya hay muchos paleontólogos que se han visto obligados por la aparición repentina y completa de seres complejos, en la llamada ‘explosión cámbrica’, y por esta ausencia fósil, a crear la nueva teoría de ‘equilibrio punteado‘ de la que se ha debatido en este blog, consistente en que las especies fueron apareciendo de pronto, con sus cadenas de ADN totalmente cambiadas para dar lugar a cada nuevo ente biológico.

En su “El Origen de las Especies”, Darwin comentaba: “Si mi teoría es correcta, innumerables variedades intermedias, que vincularían más ajustadamente todas las especies del mismo grupo, deben haber existido con seguridad… En consecuencia, evidencias de su anterior existencia podrían encontrarse solamente entre los restos fósiles“.

Resulta evidente que el mismo autor del caos evolutivo era consciente de la ausencia de dichas formas transitorias. Miraba esperanzado hacia el futuro, contando con que fuesen localizadas. Por esta razón, considerando que ello constituía el obstáculo mayor de su teoría, agregó un capítulo a su Origen de las Especies: ‘Dificultades de la Teoría’, del cual he extraído el siguiente párrafo:

¿Por qué si las especies han descendido de otras por medio de claras graduaciones no encontramos por todas partes innumerables formas transitorias? ¿Por qué no se presenta toda la naturaleza desordenada, contrariamente a lo que sucede con las especies existentes, a las que podemos ver bien definidas? Pero, como según esta teoría deben haber existido innumerables formas transitorias, ¿por qué no las encontramos enclavadas en cantidad innumerable en la corteza terrestre?… Pero en la región intermedia, con condiciones de vida intermedia, ¿por qué no encontramos ahora variedades intermedias estrechamente vinculadas? Esta dificultad me ha confundido totalmente durante un largo tiempo”.

Solo le quedaba una alternativa ante esta situación: aunque los registros fósiles hallados hasta aquel momento eran inadecuados, planteó que cuando se les hubieran estudiado pormenorizadamente se encontrarían los nexos necesarios: los eslabones perdidos.

Los investigadores evolutivos, fieles al concepto, llevan más de 150 años excavando y buscando en todos los continentes, pero sin resultados satisfactorios: no solo no existe evidencia de forma transitoria alguna, sino que lo hallado señala que cada especie apareció de pronto, con todas sus características. Cada fósil extraído, mostró que la vida apareció sobre la Tierra repentina y totalmente formada. La esperanza evolucionista, devino en colapso.

El reconocido paleontólogo evolucionista británico, Derek V. Ager, lo corrobora:

“Lo que se presenta, si analizamos pormenorizadamente los registros fósiles, ya sea a nivel de órdenes o especies, es que lo que encontramos una y otra vez no es una evolución gradual sino la repentina explosión o aparición de un grupo a expensa de otro”.

Por su parte, Mark Czarnecki, otro paleontólogo evolucionista, comenta lo siguiente:

 “Los registros fósiles, las huellas de las especies desaparecidas preservadas en las formaciones geológicas de la Tierra, han sido un gran problema para la demostración de la teoría. Dichos registros nunca han revelado rastros de las hipotéticas variantes intermedias de Darwin. Por el contrario, las especies aparecen y desaparecen abruptamente, y esta anomalía ha alentado los argumentos creacionistas de que cada especie fue creada por Dios”.

Pero, como la esperanza es lo último que se pierde, siempre hay alguien que insiste en la posibilidad de una aparición futura. (Si emergió un Cámbrico negativo, ¿por qué no un golpe de suerte evolutiva?) A esta opción se apunta el profesor de paleontología de la Universidad de Glasgow, T. Neville George:

“No hay ninguna necesidad de disculparse por más tiempo de la pobreza de los registros fósiles. En cierta manera se han vuelto casi inmanejables por lo cuantioso, y los descubrimientos están poniendo fuera de lugar la integración… Sin embargo los registros fósiles continúan componiéndose principalmente de vacíos”.

Ya hemos visto, en un artículo anterior, fotos de fósiles aparecidos en las revistas  National Geographic y New Scientist, datados, desde supuestos 40 a 400 millones de años, que resultan morfológicamente idénticos a los actuales congéneres. Exactamente, se trataban de un tiburón, una langosta, una hormiga y una cucaracha. Si 400 millones de años no resultan suficientes para modificar una especie, ¿cuántos millones son necesarios para que ocurran las ‘especies transitorias’? Y hablamos de millones de especies; cada una urgiendo la forzosa intervención del tiempo para que se manifiesten en ellas cada estado transicional.

De modo que el único recurso que le queda a los desbrozadores de tierras, es donar sus palas, picos y demás enseres de trabajo a alguna ONG de la construcción, para darles mejor uso… o continuar en su tozudez generadora de promesas y sueños fatuos, intentando hallar el gato-perro que les catapulte a la fama, pues la competencia es tanta, que la vanidad ha hecho que esta constituya su principal objetivo; más allá de demostrar que procedemos del azar y hacia el azar nos dirigimos.

No importa que la riqueza de la Creación, que señala en todo momento planificación y diseño, apunte hacia un plan de futuro para la humanidad. Hay una seudo ciencia, que se la juega en el ‘todo por el todo‘, para lograr que la mente de Dios ni siquiera se considere en el pensamiento humano.

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EL DILUVIO: ¿MUCHA AGUA O POCO ESPACIO?

marzo 10, 2008

¿FALTÓ AGUA EN EL DILUVIO?

“Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad”.  Albert Einstein

El motivo de este artículo es el haber recibido varias críticas (cálculos personales incluidos), que señalan que el diluvio no pudo ser posible, pues no hubo la suficiente cantidad de agua para lograrlo. Otros plantean la imposibilidad de evaporar tanta agua luego a la troposfera, ya que esta solo tiene unos 12 Km. (la media, sacada entre la altura que existe con respecto a los polos y de la existente con respecto al ecuador) De modo que será necesario demostrar ambas posibilidades, empezando, lógicamente, por la cantidad forzosa para que se anegara el planeta, incluido el monte Everest.

Debe recordarse que el planteamiento bíblico señala que se rompieron las fuentes del abismo y que estuvo lloviendo durante 40 días; es decir, agua desde arriba y desde abajo. Pero, ¿de dónde procede el agua de la Tierra? Los creacionistas no tienen dudas al respecto: la creó Dios, junto a todo lo demás. Pero la mayoría de los científicos creen que proceden de los asteroides y cometas ricos en agua que cayeron sobre el planeta en su juventud. Piensan que, justo después de formarse la Tierra, esta era muy caliente y seca. Según esta teoría, millones de cometas y asteroides ricos en agua bombardearon nuestro planeta hace unos 3,8 mil millones de años, dando lugar al agua existente hoy.

Sin embargo, Hidenori Genda del Instituto Tecnológico de Tokio, y su colega Masahiro Ikoma, científicos planetarios japoneses, sugieren que los océanos son en realidad “autóctonos” y que pudieron formarse debido a que la joven Tierra tenía una espesa capa de hidrógeno, que reaccionó con los óxidos existentes para formar ríos, lagos y mares.

Los datos sobre la cuantía total de agua resultan contradictorios; unos la cifran en 1300 trillones de litros, otros, como la empresa Hidritec, dedicada a la tecnología y gestión de recursos hidráulicos, habla de 320.000 Km3 de agua dulce bajo la superficie de los continentes y unos 48.000 Km3 sobre la misma, en forma de ríos y lagos, más la que existe en la atmósfera. Un informe del forum del agua, realizado en Méjico, señala que el volumen de agua en nuestro planeta se estima en unos 1 460 millones de kilómetros cúbicos.

A estas cantidades hay que sumar la que se integra en la composición interior de la tierra, que se ignora, y parte de la cual llega a la superficie tras aislarse de las masas subterráneas de magma en forma de vapor, durante las erupciones volcánicas. Este proceso, llamado ‘desgasificación del manto’, compensa permanentemente, (y lo hará mientras no cese la dinámica interna planetaria) la pérdida de agua por fotólisis en la alta atmósfera; pues allí, los átomos de hidrógeno liberados tienden a perderse en el espacio.

Aquí se muestra un diagrama simple que revela cómo la tierra está saturada debajo de la capa freática (área color púrpura). La tierra subterránea sobre la capa freática (área color rosa) puede estar húmeda, pero no se mantiene saturada. La tierra y la roca en esta zona no saturada contiene aire y algo de agua, que sostienen la vegetación del planeta. El área saturada debajo de la capa freática tiene agua que llena los espacios pequeños (porosos) entre las partículas de roca y las ranuras (grietas) de las rocas.

Distribución de Agua en el Planeta.jpg

La gravedad atrae al agua hacia el centro de la Tierra; el agua superficial tratará de filtrarse hacia su interior. Las rocas bajo la superficie conforman los cimientos; si este consistiera de material denso, como el granito sólido, entonces no podría llevarla hacia el centro gravitacional. Pero las bases de la Tierra incluyen muchos tipos diferentes de roca, algunas con alto contenido en cuarzo y piedra caliza.

Esto, con respecto al agua conocida por el hombre; ahora bien, la radiación ultravioleta y los rayos gamma que atraviesan la atmósfera mediante el viento solar, fotoinonizan los constituyentes de esta, produciendo iones y electrones libres en su parte superior: la ionosfera. Esta región también recibe el nombre de termosfera, a causa de las elevadas temperaturas que se alcanzan, especialmente en el límite superior (1.200º C) Entre estos iones, se hallan, abundantemente, los de hidrógeno y oxígeno.

La fotoionización es la ionización debida a la interacción de los constituyentes de la atmósfera con radiación electromagnética; otro tipo de ionización es la colisional. La ionosfera rota conjuntamente con la Tierra. Sobre el nivel del mar, a unos 50 kms. se inician estas capas ionizadas, conductoras de la electricidad, que reflejan las ondas hertzianas, (principalmente las de onda corta); por cuya razón es la zona de ubicación de los satélites lanzados al espacio y tiene lugar la separación de las etapas de los cohetes. En esta parte de la atmósfera, entre los 30 y los 50 kilómetros, se encuentra el ozono; importante porque absorbe las dañinas radiaciones de onda corta. La ionosfera asciende hasta más allá de los 500 kms.

De esto, se derivan dos preguntas: ¿Cuántos iones de oxígeno e hidrógeno, contiene la inmensa ionosfera? ¿Cuánta agua puede ser formada a partir de esos elementos?

Entre 600 y 800 Km, empieza la capa externa o exosfera, que sólo contiene el 1% de la masa total de la atmósfera, pero que aun es mucho. Sus gases están en estado atómico y pueden extenderse hasta los 1200 Km. ¿Cuántos átomos que componen el H2O, forman parte de esa capa? Y: ¿cómo hacer que se enlacen sus moléculas constituyentes?

Sabemos que el agua contiene 2 moléculas de hidrógeno y una de oxígeno; conociendo ya que los iones de ambos abundan, no parece imposible crear moléculas de oxígeno e hidrógeno a partir de sus iones, y luego agua, mediante su fusión. Es teóricamente posible, ya que tanto uno como el otro son inflamables; solo se necesita una pequeña energía que las combustione y provoque la explosión, haciendo que las órbitas de los electrones en cada molécula formen los enlaces que darán lugar al vapor de agua.

Es muy peligroso conjuntarlos ambos por la descarga que se crea; como por ejemplo el dirigible Hindenburg, cargado con hidrógeno, que hizo un vuelo trasatlántico en 1937, y cuando se acercaba a la torre, se observó a popa un destello de fuego de San Telmo (estática debido a una tormenta eléctrica); una chispa causada por la estática explosionó el hidrógeno del dirigible y el oxígeno que existía en el aire. Eso mismo, a una altura considerable, no implicaría más daño que el propio diluvio.

La chispa necesaria también es teóricamente posible, debido a la existencia de las tormentas cósmicas, bien conocidas entre los científicos, que ya han lanzado varios satélites para investigarlas, como por ejemplo, la del 27 de diciembre del 2004, cuando se detectó la mayor explosión de rayos gamma jamás registrada, procedente de una estrella, y cuyos potentes rayos penetraron dentro de la ionosfera, la capa eléctricamente conductora que envuelve la Tierra. El 19 de febrero en ST. Louis, en la reunión anual de la Asociación Americana para el Avance de las Ciencias (AAAS), el profesor de ingeniería eléctrica Umran Inan de la universidad Stanford describió lo que los científicos aprendieron de esta extraña y dramática perturbación atmosférica.

“Enormes rayos gamma, semejantes a la estrella de neutrones SGR 1806-20, afectaron nuestra ionosfera inferior a tal grado que simplemente observando y midiendo la respuesta y la recuperación de la llamarada, somos capaces de aprender más acerca de la dinámica de estas regiones superiores de la atmósfera, las cuales son finalmente tan importantes para nuestro entendimiento cuantitativo del tiempo climático espacial…”

Es decir, con 500 km cargados de iones de hidrógeno y oxígeno, la lógica humana no contradice que hubiera podido existir la suficiente cantidad de agua para tapar al Everest, sino que lo confirma.

En cuanto a reubicar toda esa inmensa cantidad de agua en solo 371 días, luego del diluvio, según enseña la Biblia, se puede lograr, desde el proceso inverso:

El agua correspondiente al interior de la tierra regresa a ella. La restante, inicia su proceso de evaporación y sube a la troposfera, condensándose ante el cambio de temperatura, en forma de nubes. Cuando el agua es vapor, la energía cinética es tal que se rompen todos los enlaces de hidrógeno/oxígeno, quedando las moléculas libres. Ello permitiría que nunca se produjera una saturación de vapor de agua en la capa inferior de la atmósfera (unos 12 kms.), pues se podrían desprender moléculas disociadas de ambos. La alta atmósfera está recibiendo permanentemente radiación cósmica y partículas procedentes del Sol, que al chocar con las moléculas de la baja atmósfera, les arrancan electrones; así los iones de hidrógeno y oxígeno formados, ascenderían a la ionosfera, en la que encontrarían sobrado espacio en sus más de 500 kms.

De modo que, teóricamente, desde el conocimiento humano, el diluvio fue posible. La posterior restauración a la normalidad también.

Ahora bien, todo este resumen ha sido debido a un enfoque personal, canalizado en la dirección del campo de las posibilidades. Pero, con respecto a mi verdadera opinión, el diluvio fue posible, simplemente, porque El Creador es lo suficientemente sabio y poderoso para conseguir lo que desee. La inteligencia humana está muy lejos de la suya; todo lo que resulte imposible para el hombre, para Dios no lo es… pero a esa convicción solo se llega desde el espíritu, no desde la ciencia.

Dios está en todo lo que existe, y todo lo que existe, está en Dios; llevándolo a nuestro microcosmos: Cristo está en España y España está en Cristo. Aunque muchos aun no hayan podido comprenderlo.


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LA EVOLUCIÓN AGUIJONEADA POR UNA OBRERA.

febrero 27, 2008

Febrero 27/2008

LAS ESPECIES QUE NO LO SON.

Días atrás, se me planteó la especiación bacteriana como certeza de la evolución. Debo confesar que no me sentí muy a gusto, pues la temática de esta filosofía se halla en una línea de análisis que no comparto; mi razonamiento, por más que lo intente, siempre termina predisponiéndome contra ella.

Sin embargo, proveniente de un profesional de la investigación evolutiva, merece un respeto: dedicó parte de su tiempo en intentar convencerme de sus planteamientos y yo no correspondí a su entusiasmo. No fue por menospreciarle, sino debido a que veo la situación desde una óptica muy distinta, que no me permite aceptar sus deducciones. Pero le debo una disculpa; he sido casi grosero en no debatir con él en el tema que me propone, y he decidido complacerle: he recurrido a literatura evolucionista, he apartado de momento el artículo que debía presentar y les expongo este, sumergido en la forma de pensar que inculca la teoría darwinista.

He acudido a la página http://www.ucm.es/, y me he bajado un trabajo sobre la especiación; lo he estudiado y he decidido reflejar aquí mis opiniones al respecto, abierto a todo aquel que pueda sentirse interesado en leerlas. Es abundante en planteamientos, así que tendré que desglosar mis impresiones a través de este blog, en varios artículos.

Según esta hipótesis, desde un punto de vista biológico, se entiende que una especie es un grupo de poblaciones naturales cuyos miembros son capaces de producir descendencia fértil al relacionarse sexualmente, pero que sin embargo están impedidos de ello (en circunstancias normales), con aquellos componentes de poblaciones pertenecientes a otras especies. Pero, si nos ubicamos en las abejas obreras, creo que esta población contradice esa teoría. Una colmena oscila entre varias decenas de miles de individuos, según su tamaño, cuya inmensa mayoría está compuesto por las conocidas como ‘obreras’.

Estas afanosas formidables, tienen varias características específicas: su tamaño es más pequeño que el resto de la colmena y su abdomen también es más corto. Además, poseen un aparato bucal muy desarrollado y una alargada lengua que les permite obtener el néctar que luego almacenan en el buche melario para transportarlo a la colmena.

Desde que nacen, no salen del panal hasta las 3 semanas; pero a los pocos días ya realizan diferentes funciones: mantienen limpios las casillas de cera y todo su hábitat, comienzan a desarrollar sus glándulas hipofaríngeas productoras de jalea real y alimentan a las larvas, desarrollan glándulas cereras y construyen los panales, reciben el alimento de las pecoreadoras y lo colocan en las celdas, velan para que no ingresen abejas de otras colmenas, y generan una corriente de aire para deshidratar el néctar.

A los 21 días se les atrofian las glándulas cereras y vuelan al exterior, pasando a llamarse ‘pecoreadoras’ y dedicándose entonces a  recolectar néctar, polen y propóleo, además de acarrear agua. Estas secuencias no son seguidas por todas las obreras, así como hay abejas que llegan a pecoreadoras sin haber realizado las actividades anteriores. Algunas, parecen madurar precozmente, y otras rejuvenecen en determinadas condiciones.

Su visión es muy grande, necesaria para la recolección, localización, etc. En las patas posteriores, poseen una modificación denominada corbícula (cestilla) que les permite transportar el polen y la resina de las plantas (propóleo). Recogen los granos de polen con una especie de cepillo peludo que poseen; cuando está lleno, pasan el polen a las cestillas y lo trasladan a su colmena.

Es decir, resulta imposible aducir que no son comunales, y mucho menos, que no resultan importantes para la colectividad. Sin embargo, tienen una característica que las identifica especialmente, un capricho de la Naturaleza: son abejas hembras infértiles, sus aparatos reproductores se encuentran atrofiados  y son más pequeñas que la reina.

Y este punto llama mi atención, pues, genéticamente hablando, la evolución define una especie como la unidad reproductiva, es decir: el conjunto de entes capaces de generar descendencia fértil por cruzamiento entre sus miembros. Ya hemos visto que las abejas obreras son la verdadera fuerza motriz de una colmena: lo hacen todo… menos la reproducción de la especie, tarea asignada a una única abeja reina.

¿No las catalogaremos dentro de su ‘especie‘ por esta razón? ¿Cómo se manifiesta la ‘evolución‘ en una abeja obrera? Desde los inicios de la humanidad se conoce la miel y sus productoras; esta gestión siempre se ha mantenido igual y aunque debido a mutaciones genéticas por pérdida de información codificada, existen distintos tipos dentro de estos himenópteros, las obreras jamás han dejado de fabricar el dulce elemento.

Los tipos de abejas, zánganos incluidos, son producto de un diseño de Dios: uno de los casos conocidos como caprichos de la Naturaleza. Pero se hace evidente, como el cuento de la pescadilla que se muerde la cola, que ya se contraatacará, alegando quizás que hace 10 a la ‘n’ millones de años, las obreras eran las más fecundas de la colmena y que también han evolucionado, (aunque en este caso hacia atrás, hacia la degeneración de la especie), así como que, gracias a la evolución, ha salido una abeja redentora (la más fuerte genéticamente, por supuesto) que saca la cara por el grupo y ella solita se encarga de mantenerlo vivo. En fin; no veo punto de encuentro en las deducciones.

Otro planteamiento se refiere a que ‘cualquiera que sea el parecido fenotípico entre un grupo de individuos, si los apareamientos entre ellos no producen descendientes (que es lo más habitual) o sólo producen descendientes estériles (como es el caso, por ejemplo, del cruce entre caballos y burros) pertenecen a especies diferentes.’

Lo del asno, asna, yegua, caballo, y mula-mulo, (y burdéganos: hijo de caballo y burra) es algo similar, pues tienen sus cromosomas sexuales diferentes. La mula es estéril por ser descendiente de una yegua (64 cromosomas) y un burro (62 cromosomas). La esterilidad de la mula (63 cromosomas), se da porque en la meiosis los cromosomas no pueden aparearse.

En los seres humanos también se ven alteraciones cromosomáticas en número, pero debido a accidentes genéticos [mutación, trisomía, delección…]; el caso del cromosoma 21 (síndrome de Down) es uno de ellos. Sin embargo, estos descendientes siguen siendo personas; no constituyen otra especie: tienen sentimientos, son capaces de experimentar amor y de agradecer todo el que le entregan. Y no es el único, pues existen dolencias congénitas por cambios en número de cromosomas varios, derivados todos de la pérdida de información codificada original, dispuesta en sus ancestros.

Otro caso distinto lo vemos en los perros. Si un ‘Doberman’ acopla con una ‘Cookie’ y hay descendencia, estos serán perros que arrastrarán las variaciones cromosomáticas de sus padres, (aunque en este caso, no en número), pero son variaciones en alelos, y aunque estas les definan como de otra raza, continuarán siendo perros hasta su muerte; no van hacia ningún otro animal. Y lo mismo ocurre con la raza humana: son capaces de procrear entre sí con independencia de sus razgos, crean nuevos razgos, pero su ADN sigue perteneciendo a la especie humana. Tampoco van hacia ningún otro animal.

No ocurre lo mismo con los simios: gorilas, orangutanes, macacos, y otros; creados con un exclusivo código genético, respondiendo a distintos diseños, y no engendrando entre sí. Hay 160 especies de primates, pero ninguna de ellas se acopla sexualmente si no es con otra de diferente sexo, pero de su misma especie. O sea, un mandril jamás cortejará a una mona tití, ni un chimpancé a una gorilita; por lo que, cuando ocurre el apareamiento, garantizan la continuidad de la especie… y al mismo tiempo la imposibilidad de un nacimiento homínido. Ese planteamiento es totalmente anticientífico.

El ‘homínido’ no puede existir, sencillamente porque no tuvo padres capaces de engendrarlos. Esa especie no existe; es producto de la ficción.

Ninguna especie va hacia otra; se sufren mutaciones y alteraciones de varios tipos, por esta pérdida de información comentada y esto establece cambios morfológicos y estructurales en los fenotipos, a veces con consecuencias inevitables para la propia supervivencia del ente que se trate; pero hasta ahí. Con respecto a la especiación de las bacterias, prometo que constituirá mi próximo trabajo, lo prometo; solo estoy siguiendo el curso de los planteamientos del documento que me he bajado.

Quiero dejar patente que apoyo la Ciencia como el que más; el cristianismo no está reñido con ella. De hecho, hay científicos cristianos; no hace mucho vinieron dos a España: dos doctorados, aunque alguien intente denigrarlos, (el tercero era un médico) en defensa de la Creación bíblica. La presión ejercida por una institución evolutiva española fue muy grande y esto hizo que temieran presentarse como lo que son: soldados de Cristo; pero solo es cuestión de tiempo. El ‘no podemos permitir que el pie de Dios entre‘, tiene sus días contados, pues el Señor tiene el poder suficiente para manifestarse; solo que el debate es necesario, pues al tomar partido por una línea o por otra, mostramos lo que hay en nuestro corazón y aportamos elementos a favor o en contra, para nuestro juicio final irreversible.

La Biología en particular, ha contribuido a que las plagas que antiguamente asolaban a una humanidad indefensa, hoy constituyan solo un mal recuerdo. Muchos biólogos e investigadores asociados han ido obteniendo, continuadamente, importantes logros en la medicina preventiva y de profilaxis; sus nombres ya están escritos para la posteridad y han sido grabados con tinta indeleble en el libro de Dios, pues el servicio a la humanidad es muy valorado por el Altísimo.

Asimismo, en biotecnología, otras investigaciones en curso ya han logrado importantes éxitos en sus primeras fases. (Cultivos híbridos, producción de antibióticos, etc…) Entre las nuevas tecnologías moleculares, destaca la síntesis de ADN y proteínas en laboratorio, lo que genera grandes expectativas en la mejora de procesos industriales; la producción agropecuaria, y en la obtención de medicamentos más eficaces en la lucha contra las enfermedades. Mención aparte a las células madres, que cada día aportan más esperanza a millones de personas en todo el mundo, que resisten sus dolencias pacientemente, hasta que aparezca el nuevo fármaco o técnica, que envíe su mal a los archivos del pasado.

¡Qué el Dios Todopoderoso les bendiga y que cada vez se sumen más hombres de ciencia a esta honorable empresa!

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Matemáticas y Arca de Noé.

febrero 21, 2008

Febrero 21/2008


MARINEROS A BORDO.

Desde hace días, varias intervenciones en el blog se han referido al Arca de Noé y la imposibilidad de los planteamientos bíblicos con respecto a sus implicaciones. Ante el deber de contestar una por una a todas, y aprovechando que ya llevaba algún tiempo editando este artículo, decidí priorizarlo, saltándome el plan previsto. Creo imprescindible exponer no solo las consecuencias del diluvio, sino sus causas, por lo que les ruego disculpen el ‘ladrillo’ necesario, las razones expuestas en el Bereshit 6:11-22:

‘La tierra se había vuelto corrupta delante de Dios; estaba llena de violencia 12 Y Dios contempló la tierra y he aquí que estaba inmunda, pues toda la carne había corrompido su camino sobre la tierra. 13 Dios le dijo a Noaj (Noé): «Ha llegado ante Mí el fin de toda la carne; pues la tierra está llena de inmoralidad; y he aquí que estoy por destruirlos de la tierra. 14 Hazte un Arca de madera de ciprés; hazle compartimentos y cúbrela por afuera y por dentro con brea. 15 Así es como deberás hacerla: trescientos codos de longitud (135m); cincuenta codos de ancho (22.5m) y treinta codos de altura (13.5m) (41000.m3) 16 Le harás una ventana, y la terminarás a un codo desde arriba. Coloca la entrada del Arca al costado; hazle un primer piso, un segundo piso y un tercer piso. 17 En cuanto a Mí, he aquí que estoy por traer el Diluvio sobre la tierra para destruir toda la carne en la que hay aliento de vida bajo los cielos; todo lo que hay sobre la tierra expirará. 18 Pero he de establecer contigo Mi pacto y tú entrarás al Arca, tú, tus hijos, tu mujer, y las mujeres de tus hijos junto a ti. 19 Y de todo lo que vive, de toda la carne, dos de cada uno llevarás al Arca para que sobrevivan contigo; serán macho y hembra. 20 De cada ave, según su especie, y de cada animal, según su especie, y de cada ser que repta sobre el suelo, según su especie, dos de cada uno llevarás junto a ti, para que sobrevivan. 21 En cuanto a ti, toma todos los alimentos que sean comestibles y reúnelos, para que les sirvan de comida a ti y a ellos». 22 Noaj (Noé) hizo según Dios le había mandado. Así lo hizo.’

Analicemos ahora si fue posible la existencia de una nave con la capacidad requerida para responder aquel planteamiento de Dios: según la tradición judía, el codo tendría unos 45 cm.; así que al final de su construcción, estaríamos ante un arcón de 135 ms de largo, 22.5 m de ancho y 13.5 ms de altura, lo que implicaba una capacidad algo mayor a 41 000 m3: el mayor artefacto flotante construido hasta finales del siglo XXIX, cuando surgieron los primeros trasatlánticos. Tened presente que no fue un barco convencional; solo se le exigió flotabilidad y capacidad suficiente. La proporción largo/ancho, con factor 6, cumplía estos requisitos.

Opiniones de navieros modernos consideran casi imposible su vuelco, coincidiendo también en que no sería buen navegante. Mas esta condición era obviable; ni siquiera necesitaba timón, solo que flotara. Si lo comparamos con el relato babilónico del diluvio, saltan las diferencias, pues allí el arca se detalla como un cubo perfecto de 54 m y con nueve pisos. Los especialistas dicen que su estabilidad, sería un desastre.

Ahora bien, ¿constituyeron sus 41000 m3 un espacio suficiente para albergar los animales requeridos, personas y alimentos necesarios? ¿Cuántos con necesidad de oxígeno debieron abordar el Arca?

Como primera respuesta, les diré que esa es la capacidad aproximada de 520 vagones de un tren moderno; teniendo cada uno 78.84 ms3 Con respecto a la segunda, según, uno de los taxonomistas más prominentes de Norte América: Ernest Mayr, las especies animales en el planeta, rondan el millón; pero su inmensa mayoría puede sobrevivir en el agua y no necesitó ser traído a bordo del Arca.

Es decir, se prescindiría de los casi 1700 tipos de cordados marinos, los 10,000 celenterados (corales, anémonas de mar, medusas…) 107,000 moluscos (ostras almejas mejillones…), 600 equinodermos (estrellas, erizos de mar…), 21,000 especies de peces y  las 5,000 especies de esponjas, o los 30,000 protozoos, las microscópicas criaturas de células simples: de agua salada y DULCE,  pues hubo muuuuucha ‘lluvia y madera’ suficiente para que se lo montaran a sus anchas. También habría que descontar 838,000 especies artrópodos marinos (langostas, camarones, cangrejos, pulgas de agua, percebes…)

Por otra parte, no olvidemos los mamíferos acuáticos (ballenas, focas y marsopas…) ni los anfibios ni reptiles de agua (tortugas de mar, cocodrilos…) Cuenten además, muchas de las 35,000 especies de gusanos e insectos que podrían haber sobrevivido fuera del Arca. En: “El Diluvio de Génesis,” los doctores Morris y Whitcomb implican no más de 35,000 animales. Existe aun otro libro: ‘El Arca de Noé: Un Estudio de Viabilidad’, donde su autor, John Woodmorappe, defiende cifras similares. En lo que respecta a dinosaurios y elefantes, bien pudieron tratarse de ejemplares muy jóvenes, lo que no implicaría un gran tamaño.

Asumiendo el tamaño de una oveja (60 x 60 cms) como promedio, (hay muchas especies por debajo de ella), y usando de referencia un vagón de carga animal, con dimensiones internas de 12.5 m de largo x 2.65 ms de ancho, se sabe que en este caben unas filas de 20 x 13= 260 ovejas, con un pequeño margen de espacio entre ellas. Pensemos ahora en la orden original de Bereshit 14: ‘hazle compartimientos’. Estos vagones suelen tener una altura de 2.30 ms., es decir, que aceptan tres pisos de 75 cm., lo que arrojaría una capacidad por vagón de 780 ovejas. Quitémos unas pocas para que no se hacinen, y dejemos la cifra final por vagón en 700 individuos.

Así, tres trenes con 69 coches cada uno (207 vagones = 16, 319 ms3 = 40% del arca) tendrían amplio espacio para llevar: 207 x 700= 144,900 animales: los existentes hoy, los ya extintos y un espacio correspondiente al 60% restante para aquellos ejemplares mayores que ustedes quieran objetar, la familia de Noé y alimentos para todos; las matemáticas demuestran que el Arca tuvo espacio suficiente… y que Dios las domina.

La Biblia revela que Noé la construyó bajo la guía Divina; no hay descripción alguna a favor o en contra de que se abasteciera de otras personas para la obra. Está escrito además, cómo era el mundo físico de entonces, en Berechit 1-9: (Génesis, por traducción griega)

‘Dijo Dios: «Que las aguas debajo del cielo se reúnan en un área, y que aparezca la tierra seca». Y así fue. 10 Dios llamó a la tierra seca «Tierra», y a la reunión de aguas la llamó «Mares».’

Si sólo había un continente en ese momento (algo confirmado en teorías científicas actuales), las preguntas acerca de conseguir animales de regiones remotas, son irrelevantes

Uno de los reproches contra el diluvio, se refiere a la forma en que se accedió a tantas especies, y cómo las desplazaron hasta el arca. Pero la Biblia es categórica con respecto a esto: Dios agrupó a los animales y se los trajo a Noé, en parejas. Los escépticos pintan un cuadro de Noé yendo a países remotos del Medio Oriente para recoger animales como canguros y koalas de Australia, y Pandas de China. Sin embargo, la Biblia declara que los animales vinieron a Noé. Él no tuvo que reunirlos (Génesis 6:20).

Otra dificultad que se plantea, se refiere a los problemas de Noé, con sólo 8 personas para dar agua, alimentar, mantener aire e higienizar el interior, durante un año y días. Sin embargo, científicos creacionistas, (que existen, aunque la censura evita que publiquen sus trabajos en Nature) indican que en casi todos los grupos de animales hay una indicación de habilidad latente de hibernar o entrar en un estado de letargo.

Hace poco se dio una situación con una osa panda traída desde China a Madrid, diagnosticada como ‘deprimida’ por los veterinarios; imagínensela en un arca, sobre las olas, y luego imaginen a resto de animales del diluvio. Con sus funciones corporales reducidas a un mínimo, las exigencias de su cuidado se habrían reducido grandemente.

No hay ninguna evidencia científica que señale la historia bíblica del diluvio como un mito ó fábula, y los cálculos apoyan que el Arca fue capaz de asimilar los animales precisos para repoblar la tierra. La causa de tal catástrofe se debió a un juicio sobre pecado. Dios destruyó el mundo que existió en ese momento debido a su violencia y maldad; las generaciones posteriores se encargaron de contar la historia, pero el tiempo, ese imperturbable que todo lo borra, llegó a las últimas generaciones como simple relato de la antigüedad. El Creador le prometió a Noé que Él nunca volvería a destruir el mundo con agua, dándole opción al hombre para que controlara los impulsos; sin embargo, hemos seguido haciendo de las nuestras, durante siglos.

Hace 2000 años, decidió enviar a Jesucristo, en un último intento por revindicar su obra, puesto que se esforzó en contemplar, como esperanza de su Creación, a todas aquellas personas que en líneas generales observan una buena actitud hacia sus semejantes y hacia la vida, sacrificando su tiempo en aras del desarrollo y la mejor vivencia de los seres humanos. Anteriormente, mediante Moisés y los profetas que le siguieron, estuvo alertando a la humanidad de las consecuencias que tendrían las faltas personales; los últimos, antes de la llegada de Jesús, ya vaticinaron el plan de un fin del mundo mediante fuego del cielo y una tierra convulsa en terremotos y catástrofes definitivas.

El Señor llegó dando prueba de su humildad, pero también de su poder: sanaba enfermos e hizo milagros de todo tipo mientras instruía a sus apóstoles, haciendo que de nuevo fueran escritas las palabras de Dios, para las futuras generaciones. Vino al mundo para morir por nuestros pecados y reconciliar así la relación del hombre con Dios, en una última oportunidad, asegurando que un juicio futuro será inexorable, pero también acuñando con su sangre la promesa del perdón para todo el que le siga en fe, espíritu y actitud.

En su momento, Noé rogó a sus contemporáneos para que cambiaran de actitud y creyeran, tanto en las promesas, como en las amenazas del Creador. Pero ellos solo vieron a un loco construyendo un enorme tareco de madera…y la puerta del arca fue cerrada. Ahora, Cristo está haciendo un llamado al mundo para que tengan fe en Él: tanto sus promesas de una vida plena y eterna para quien le siga en contrición, como de mucho dolor e impotencia para quienes se mantengan en una rebeldía marginada.

No sabemos cuánto tiempo vamos a vivir en este mundo; un planeta en el que si algo aprendemos, es que somos más vulnerables de lo que imaginamos. ¿Responderemos a las expectativas del Señor y subiremos a su postrer arca? El libre albedrío otorgado por Dios a los hombres, implica una decisión individual.

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