DE MONERAS, A PERSONAS: EL AZAR NO ES SUFICIENTE

febrero 28, 2008

Febrero 28/2008

ESPECIACIÓN EN BACTERIAS.

Llevo varios días analizando el hipotético ciclo evolutivo, que podría haber llevado a los primeros organismos procariotas hasta protoctistas, según cita la teoría de la evolución, y de ahí, hasta la diversificación masiva de vida que existe hoy.

Todos los protoctistas son eucariotas que en sus primeros estados se encuentran muy diversificados, pero no hay una clara definición de ellos: no son animales, ya que no se desarrollan a partir de blástulas, y no son plantas puesto que éstas surgen de un embrión. Tampoco son hongos, puesto que éstos nunca exhiben undulipodios o ‘flagelos’ y nacen a partir de esporas. El paso de aquellas primeras bacterias a eucariotas, aun no se ha esclarecido, pese a que lo intentan con tenacidad y dedicación desde los primeros hallazgos de microorganismos, en el siglo ¡XVIII!

Veamos los pasos que debe dar por sí solo el hábil procariota, para evolucionar hasta protoctista, que, aunque no se puede catalogar ni como animal ni como planta… ni tan siquiera como hongo (¡menos mal!) se considera el antepasado común de los estudiosos del tema (el mío no).

El procariota tiene un solo cromosoma circular cerrado; el protoctista (eucariota) posee varios cromosomas lineales, terminados en telómeros. Procariota no posee núcleo, así que tampoco membrana nuclear; mientras la célula eucariota si cuenta con su auténtico y original núcleo. En procariotas (también en mitocondrias y cloroplastos eucariotas) el ADN es una doble cadena insertada en la célula, (1 mm aprox.), circular y cerrada, llamada cromosoma bacteriano.

En los Eucariotas, el ADN está principalmente en el núcleo, con su superenrrollamiento (trenzamiento de la trenza) y la asociación con proteínas histónicas y no histónicas. El ADN se enrolla (dos vueltas) alrededor de un octeto de proteínas histónicas, formando un nucleosoma. Existe una secuencia de ADN de hasta 80 pares de bases, que dan lugar a un “collar de perlas”  (fibra de cromatina): la estructura propia del núcleo interfásico, que no ha entrado en división. Este collar de nucleosomas vuelve a enrollarse y cada 6 nucleosomas constituyen un “paso de rosca” por medio de histoma H1 formando estructuras del tipo solenoide. Los ribosomas del procariota son del tipo 70S y los del eucariota, del 80S

Por otra parte, el procariota no presenta mitosis ni tiene orgánulos (mitocondrias, cloroplastos, centriolos, aparato de Golgi) mientras que la eucariota sí; tampoco tiene citoesqueleto ni hay corrientes citoplásmicas ni movimiento ameboide, en tanto la eucariota sí cuenta con todo ello.

Quiero significar que el aparato de Golgi, (su descubridor: Camilo Golgi), tiene una estructura similar al retículo endoplasmático; pero es más compacto. Está compuesto de sacos de membrana de forma discoidal y está localizado cerca del núcleo celular; cada pila  de sacos se llama ‘dictiosoma’ y agrupa unas 6 cisternas. Estas dictiosomas varían desde unos pocos, hasta una gran cantidad.

El paso de ‘bacterias’ a eucariotas es imposible… hasta que no se demuestre lo contrario. La imponente necesidad de coincidencia de  casualidades abruma tanto, que aun no ha podido ser puntualizado y aclarado este hecho; es lógico, después de haber visto cuántas cosas tiene que ‘fabricar’ la pobre célula procariota para ‘evolucionar’. No basta con poner millones de años por medio, ni dar el salto hacia una especiación más confusa que la idea de un diseño inteligente.

La evolución de un organismo compuesto y complejo a partir de uno simple debe ser un fenómeno visible en la Naturaleza, o al menos debe acreditarse pruebas que atestigüen este proceso en varias oportunidades. Hay entes biológicos, (vegetales y animales inferiores), cuyo tiempo de vida es enormemente breve, por lo que el hombre podría apreciar el curso de los cambios orgánicos a través de sus generaciones; sin embargo, en estos doscientos años de atención concentrada en todo lo que pudiera resultar una evidencia, no han sido capaces de ver ninguna transición de un estado elemental a otro complejo. Todo lo conseguido se remonta a ‘mutaciones’ en bacterias, y esto, muchas veces bajo condiciones forzadas, a nivel de laboratorio. Las entidades procariotas han continuado siéndolo, aunque no desde su perspectiva original, sino como ‘mutantes’.

La evolución plantea una especiación a partir de poblaciones aisladas que dan lugar a ‘nuevas especies’. Investigan sobre Drososphila melanogaster, la mosca de la fruta. Pero no hay nuevas especies, sino dos tipos de moscas en dos extremos poblacionales opuestos, con su ADN alterado; muy mal de evidencias deben andar cuando después de dos siglos aun buscan especies nuevas en las insectos y organismos primarios.

Ya en el artículo anterior describí el comportamiento caprichoso de la Naturaleza, con respecto a las abejas obreras, estériles, pero miembros de la misma especie que el resto de la colmena. También del trayecto: caballo, burro, mulo; diferenciados genéticamente.

El árbol filogenético de la vida, basado en comparaciones de ARNs ribosómicos 16S y 18S, según los investigadores evolucionistas, en mi modesta opinión, tiene más cuento que las 7 ediciones de Harry Potter.

El ARN 16S (sub unidad menor de los procariotas) y el 18S (subunidad menor de los eucariotas), así como otros ARN (mensajeros, transferencia, microARN, + otros genes ARN no codificantes), funcionan para lo que fueron creados, sin tener nada que ver con la hipotética evolución que solo existe en las mentes de sus seguidores.

Los ARN ribosómicos y de transferencia son esenciales en la constitución de los ribosomas y en la traducción de las proteínas. Esa es la esencia de la información; no tendrán más que las conjeturas logradas hasta ahora, aunque continúen agotando energías dos siglos más en tratar de demostrar lo indemostrable. Por enésima vez: ¿Dónde están los animales de transición que deberían estar en proceso de cambio en estos momentos? ¿Los tienen guardados los evolucionistas?

Tengo en preparación, en el disco duro del ordenador, cerca de 50 artículos para subir al blog. Esto demanda buena parte de mi tiempo, y por esa razón he seguido de largo alguna vez y no me he detenido a responder temas evolutivos que yo SÉ, por revelación del espíritu, que son falsos. Pero, ante la posibilidad de un descrédito cristiano y por ser consciente de lo que en realidad existe tras este debate, (aunque muchos evolucionistas inocentemente lo ignoren), no tengo más opción que rivalizar desde la propia terminología de esta corriente filosófica, con vista a neutralizar los argumentos usados. Como el siguiente:

‘Se conoce como especiación al proceso mediante el cuál una población de una determinada especie da lugar a otra u otras poblaciones, aisladas reproductivamente de la población anterior y entre sí, que con el tiempo irán acumulando otras diferencias genéticas. El proceso de especiación, a lo largo de 3.800 millones de años, ha dado origen a una enorme diversidad de organismos, millones de especies de todos los reinos, que han poblado y pueblan la Tierra casi desde el momento en que se formaron los primeros mares.’

‘El modo más simple de especiación es la especiación alopátrida o geográfica que es la que se produce cuando las poblaciones quedan aisladas físicamente debido a barreras geográficas (ríos, montañas, etc.) que interrumpen el flujo genético entre ellas.’

De nuevo lo mismo: ¿Dónde están esos millones de especies invisibles? Porque el hombre lleva unos cuantos miles de años aquí y los animales visibles siempre son los mismos: no se localizan reptiles que le estén asomando las alas, ni mamíferos terrestres a media agua, esperando que se le caigan las patas traseras y que las de alante se le conviertan en aletas, mientras la nariz se le va subiendo a la cabeza, porque aspiran a ser ballenas. Solo en la imaginación de los continuadores de Darwin.

Lo que plantean aquí, es mutación por pérdida de información. Las razas humanas (yo a lo mío, pues el hombre es lo importante) que tienen un nivel de intercambio con personas de otras regiones, (indios, africanos, aborígenes latinoamericanos, y otros) van experimentando cambios morfológicos, debido al enriquecimiento del ADN, por recuperación de parte de la información perdida, tras uniones con personas de otras razas; mientras que otras como chinos y coreanos, aislados por su idiosincrasia, no. Ahora China está invirtiendo en África; ya hay concertadas miles de becas para africanos; si Dios les da tiempo, tendremos la oportunidad de ver los mestizos chino-africanos, que mejorarán la genética poco enriquecida en información, existente en Asia.

Parafraseando a Dobzhansky: “Nada tiene sentido en biología si no es bajo la neblina de la evolución“. Veamos otro planteamiento, que parte de los organismos procariotas:

‘Imagínese una colonia de bacterias que vive en un medio a una determinada temperatura más o menos constante. Las bacterias, con una alta tasa de reproducción, sufren mutaciones como todo ser vivo. La inmensa mayoría son perjudiciales, pero imagínese que, muy de tarde en tarde, una bacteria entre varios millones sufre una mutación inocua (ni buena ni mala) que le produce una mayor tolerancia a la temperatura elevada. No es necesario, además, que sea por adición de genes, puede ser de cualquier otro tipo.’

Ante esto, no me queda más que decir que no es necesario retrotraerse a las bacterias; ya he concordado que en hombre y animales existe esa condición de adaptación al medio y jamás he negado la ‘evolución horizontal‘. Por esa razón vemos esquimales soportando temperaturas inferiores a los -55º C, en zonas del Ártico, mientras otras personas lo hacen a la temperatura más alta registrada en nuestro planeta, en el desierto de “El Azizia”, en Libia, en ocasiones próxima a los 57º C. Allí, el 13 de Septiembre de 1922, el termómetro marcó una temperatura de 57.8º Celsius.  Es decir, 100º de diferencia entre ambos.

Sin embargo, esquimales y africanos no se dirigen hacia ninguna otra especie; continúan y continuarán siendo hombres, con su esquema genético, similar al de Adán, pero con las mutaciones debidas a la pérdida de información codificada en el ADN, producto del pecado.

La facultad de evolucionar se manifiesta en los atletas que constantemente están mejorando sus propias marcas; de hecho, los cronos olímpicos del año 1960, están lejos de los actuales. Pero eso no significa que el hombre esté avanzando hacia una especie superior, pues no la hay; el ser humano constituye la última obra de Dios. Fue su culminación, y la única evolución que espera por él es la que alcanzará si corre su carrera definitiva con un buen corazón de atleta del Señor: de carne moribunda a espíritu vivificante, en el Sión definitivo, para siempre, bajo la jerarquía del resucitado Jesucristo.

La posibilidad de crecer física y mentalmente, está en los genes y forma parte del proyecto de Dios. Se manifiesta desde el propio nacimiento: de la cuna al suelo, en cuatro patas, hasta adquirir la fortaleza muscular necesaria para erguirse, mientras se arman vocablos y se dice ‘papá’ o ‘mamá’ por vez primera. Se inicia un avance hasta que cada cual llegue a su cima; luego comienza el descenso, con los achaques dictados por la genética individual, y por último, la muerte inexorable del cuerpo. La mente sigue viviendo en el espíritu, hasta que el Señor determine el fin de todo lo que conocemos  y se abran el nuevo cielo y tierra definitivos; donde el implantará su Reino, que les aseguro, no tiene nada que ver con el de las moneras.

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EL COSMOS LLEVA PAÑALES.

febrero 18, 2008

Febrero 18/2008

LOS ASTROS Y LOS OTROS.

Me gusta mi casa; vivo en una 7ª planta, la última del edificio. Al sur, a 400 ms., tengo al mar, pero las construcciones frente a la playa solo me dejan ver algo más que el horizonte; aunque, siendo exacto, queda libre el espacio intermedio entre un hotel y la colosal mole de apartamentos a su lado: si un barco cruza esa zona, y estoy atento, seguro no me lo pierdo.

Pero el norte… ¡eso es otra canción! Me paro frente al ventanal de vidrio de dos metros y pico y no hallo obstáculos: estoy por encima de todos mis vecinos. Una majestuosa cordillera me saluda, no muy lejos. Incluso, en aquellos días que tenemos todos, en que las cosas no nos salen como esperamos, me arrimo a mi atalaya personal, a cualquier hora, y un fastuoso capricho de la Naturaleza, una gran hendidura verde oscuro en medio de la montaña mayor, aparece como una enorme V de victoria, ocupando la cuarta parte de su altura y reforzando mi fe optimista en que su constructor está al control de mis pasos.

Una noche estrellada frente a ese mirador privado, con buena música de fondo y mejor compañía, constituye un área envidiable, créanme… pero también nos pone a pensar en la majestuosidad y las incógnitas que encierra el universo. ¿Cómo y cuándo comenzó todo lo que hoy vemos? La pregunta nos exige comparar datos recibidos desde distintas fuentes, para intentar descifrar los enigmas: esbozos de la limitada reflexión humana, frente a la congruente y mágica historia legada en el Bereshit judío, el Génesis de traducciones posteriores.

Personalmente, veo conceptos no convincentes en la respuesta ¿científica?; hay que distinguir entre la ciencia práctica, que detalla y cataloga los fenómenos visibles, y la quimérica, que se ocupa de fenómenos ignotos, a menudo no reproducibles en laboratorios. La ciencia, etimológicamente hablando, es ‘conocimiento‘, y hablar de un hipotético pasado, presentando una fórmula en la que existen varias variables que jamás podremos asegurar, por no haber estado allí, constituye una “Especulación científica”; o ‘especulación del conocimiento’, algo incongruente.

La ciencia del pasado pretende ofrecer teorías colegidas de hechos conocidos, y aplicarlas al ámbito de lo desconocido: ya sea desde la interpelación (sabiendo los aspectos de dos puntos, trata de colegir cuál será la reacción en un punto intermedio) o desde la extrapolación, infiriendo de una escala conocida, un comportamiento, no se sabe cuán lejano en el eje del tiempo.

Por ejemplo, pongamos un bloque de hielo en medio de una habitación. Sabemos el tiempo que tardará en derretirse, basado en experiencias anteriores. Una vez que salimos, llega alguien y abre una ventana, enciende las bombillas, o simplemente, pone el A/C o la calefacción, según le apetezca. ¿Coincidirán los cálculos basados en cantidades de tiempo, temperatura, corrientes de aire, estados químicos definidos, etc., con la realidad resultante? Desde luego que no.

Es decir, se fijan condiciones y, bajo ellas, todo se debe cumplir según lo establecido. Pero nadie es capaz de computar imprevistos. La extrapolación es el sistema más incierto. Además, la incertidumbre aumenta en proporción directa al incremento de la distancia con la escala conocida, sea la que sea. Así, si la serie conocida está entre 0 y 100, nuestra conclusión a los 1001 tiene menor probabilidad que a los 101.

De donde se deduce que el único método posible para indagar sobre el origen del mundo, la extrapolación, es más frágil cuanto más nos alejemos en el tiempo. Se hace aun más evidente, si se considera que un planteamiento sobre una causa ignorada, a partir de un resultado conocido, es más débil que una conclusión que surge directamente de la causa a la consecuencia.

Un corolario de consecuencia a causa, atestigua más que uno de causa a consecuencia: 4/2=2. Aquí, el precedente lo forman dividendo y divisor; la consecuencia, el cociente. En este caso, al saber la procedencia, es posible un solo resultado: el cociente (2).

Pero si sólo conocemos el resultado final, ‘2’, e intentamos llegar a éste, la respuesta permite muchas posibilidades: 1 + 1; 4 – 2; 1 x 2; 4: 2… Y si otros números entran en juego, las posibilidades son infinitas (5 – 3; 6 – 4… ad infinitum).

En esencia, el problema es que cuando los datos se extienden a contextos indefinidos, solo tendrán valor ‘si todo continúa igual‘. Dicho de otra forma: ‘si las condiciones últimas prevalecen en el tiempo y su acción y reacción sobre el resto siempre ha sido la misma‘. Solo podremos estar seguros si las transiciones resultan análogas a las variables, en grado; si no hay garantía de un cambio similar en clase o especie y si tampoco se puede asegurar que no participan otros factores, ¡las conclusiones carecen de todo valor!

En una reacción química, (fisión o fusión) un nuevo catalizador en el proceso, aun pequeño, puede cambiar completamente el resultado; incluso dar lugar a uno muy distinto. No se sabe cuántas explosiones nucleares ocurrieron en los primeros años del sol ni el estado de la atmósfera primigenia, la cantidad de Carbono y la afectación de este por la influencia del constatado decrecimiento del campo magnético. Se ignora el fondo radioactivo de entonces, la humedad relativa… no se sabe nada. Cualquier información que precise de uno de esos datos, implicará una variable subjetiva y sin garantías de estabilidad en el tiempo.

Además, perdónenme, pero no puedo evitar, cuando me hablan de un sistema de datación, recordar al gato familiar, muerto en el 75, a quien un laboratorio evolucionista le reconoció como fósil de cerca del millón de años: un ancestro del gato común. O las rocas de lava del Monte St Helen, proveniente de la erupción del 1980, cuyas distintas muestras (cristales, pedazos y polvo de roca) arrojaron variaciones entre los 160 y los ¡3000 millones de años! Y otros ejemplos que no quiero repetir, para no abrir heridas y no resultar machacante.

Las teorías sobre una tierra arcaica han sido sostenidas sobre la base de datos observados durante un tiempo relativamente corto, de unas cuantas décadas, máximo de un par de siglos. Partiendo de lo deficientemente conocido, con poca magnitud, los investigadores se lanzan a construir tesis, mediante la extrapolación: de la consecuencia al antecedente, en una extensión de ¡miles de millones de años!

No tienen en cuenta el criterio de la comunidad científica internacional, que plantea que en la etapa “origen” del universo, la temperatura, presión atmosférica, radioactividad, y una multiplicidad de otros factores potencialmente catalíticos, eran distintos por completo a los que existen en el tiempo contemporáneo.

La formación del mundo, haya sido como haya sido, comenzó con un proceso de coligación molecular, y la conglomeración y consolidación de procesos variables totalmente desconocidos. Entre todas las débiles ‘teorías científicas del pasado‘, aquellas que se ocupan del origen del cosmos y del establecimiento de fechas al respecto, son (y esto es admitido por los científicos mismos) las más débiles entre las débiles. Hay casi tantas teorías como investigadores serios del tema. No es de extrañar (y esto en sí mismo genera la refutación por excelencia), que las diversas teorías “científicas” sobre la edad del universo no sólo se contradigan entre sí, sino que algunas sean completamente incompatibles y mutuamente excluyentes, pues la fecha máxima de una teoría es menor que la fecha mínima de otra.

Si alguien acepta tales bases sin espíritu crítico, llegará a una plenitud de desatinos. Cuesta trabajo entender cómo está dispuesto el hombre a aceptar incondicionalmente la creación de partículas atómicas y subatómicas que formaron el planeta luego del Big Bang y la subsiguiente forma viva que sale del agua, capaz de auto transformarse en todo lo que vemos.

La teoría evolutiva moderna se ha dado cuenta que es un trago difícil y están variándola;  ya aparecen en el mar organismos vegetales y ciertos artrópodos sacados de debajo de la manga, como todo lo demás. Es inconcebible que muchos crean este ‘lavado de cerebro‘, maldispuestos a aceptar la Creación total, tal como el propio Creador nos lo instruye, con congruencias que solo hay que buscar para verlas, pues la Biblia, a diferencia de las siempre cambiantes teorías evolucionistas, se ha mantenido inmutable en el tiempo.

Y, ya en este planeta, el argumento del descubrimiento de fósiles no es de ninguna manera evidencia concluyente de la gran antigüedad de la tierra. En vista del contexto desconocido que imperaba en tiempos iniciales, es decir, reacciones y cambios de hábitat totalmente distintos a los ordenados procesos naturales del presente, no se puede excluir la posibilidad de dinosaurios hace unos miles de años, fosilizados bajo colosales catástrofes naturales en el curso de unos pocos años, no millones, pues no tenemos ninguna medida segura, bajo esas condiciones desconocidas.

Philip J. Currie y Eva B. Koppelhus, (evolucionistas), en su libro ‘101 Questions about Dinosaurs’ (101 preguntas sobre dinosaurios, Publicaciones Dover, 1996) nos aclaran bastante el tema. Currie es un conocido experto de dinosaurios. Él es el curador de dinosaurios en el Museo Royal Tyrrell de Paleontología en Drumheller, Alberta, Canadá. Koppelhus fue un investigador visitante en la misma institución. En un párrafo, ellos plantean:

‘Los huesos no tienen que ser convertidos en piedra para que sean considerados fósiles. Usualmente, la mayoría del hueso original está presente en un fósil de dinosaurio.’

Más adelante nos dicen:

‘La cantidad de tiempo que toma para que un hueso se permineralice es altamente variable. Si el agua subterránea contiene mucho mineral en solución, el proceso puede suceder rápidamente. Los huesos modernos que caen dentro de fuentes minerales pueden permineralizarse en cuestión de semanas’.

‘Un ejemplo todavía más espectacular se encontró en la costa Norte de Alaska, donde miles de huesos muestran la falta de permineralización. Se parecen a huesos viejos de vaca. Por lo mismo, el descubrimiento del sitio no fue reportado hasta después de 20 años porque se pensó que los restos eran de bisón y no de dinosaurio.’

Por otra parte, la bióloga y paleontóloga, Dra. Mary Schweitzer y T. Staedter, en el artículo ‘The Real Jurassic Park’ (El Parque Jurásico real), revista Earth, junio 1997 pp. 55-57, hablan de su experiencia:

‘El laboratorio se llenó de murmullos de asombro, porque había enfocado el microscopio en algo dentro de los vasos que ninguno de nosotros había notado: objetos redondos diminutos, translúcidos, de color rojo con un centro oscuro. Un colega los miró y gritó: “¡Usted tiene glóbulos rojos! ¡Usted tiene glóbulos rojos!” Schweitzer compartió a su jefe, el famoso paleontólogo Jack “Dinosaurio” Horner, sus dudas sobre cómo éstos pudieran realmente ser glóbulos rojos. Horner sugirió que ella intentara de demostrar que no eran glóbulos rojos, a lo cual, la doctora respondió: “Hasta ahora, no hemos sido capaces de demostrarlo”.’

Y ahora ustedes dirán: ¿Cómo hemos llegado aquí, si empezamos hablando del cosmos? Muy fácil; quería se preguntaran que, si el ser humano no es capaz de dar respuestas a las cosas del planeta: ¿Por qué la soberbia de responder enigmas mayores?

Ahora sí, para ser honestos, acepto un dato evolucionista: los planetas están aquí desde antes del hombre. Si señor, tienen razón, llegaron exactamente dos días antes: el cuarto de la Creación. La Tierra es algo más vieja: fue lo primero en crearse; pero ninguno tiene más de 6000 años. Lo dice un libro que, aunque no es científico, contiene una inconmensurable fuente de conocimientos… que hay que saber buscar.

‘Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su duro corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios.’ Ro 1:18

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ADN: SEÑAL DE TRÁFICO QUE ALGUNOS NO VEN.

febrero 15, 2008

Febrero 15/2008

LA CREACIÓN: UNA MANIFESTACIÓN DE INTELIGENCIA.

Cuando nos disponemos a hacer un viaje hacia un sitio distante al que nunca hemos ido, solemos preguntar a un amigo, consultar el GPS o acudir al método arcaico y seguro de siempre: un mapa actualizado. Por cualquiera de estas vías podremos llevar a buen fin la aventura; pero al llegar al lugar deseado, no debemos perder de vista las señales de tráfico que constantemente nos alertan. No hay que evadirlas, porque, entre otras cosas, podríamos tomar una calle en dirección contraria a la debida… y darnos el batacazo.

Con la intrincada y enigmática red de carreteras contenida en el ADN, sucede algo idéntico. Gracias a los biólogos moleculares y científicos genetistas de todas las ramas de la ciencia, ese engranaje místico está siendo puesto bajo el control del conocimiento, cada día más. Cada 24 horas, algún laboratorio del mundo alcanza un nuevo conocimiento… incluso detalles del llamado ‘ADN basura‘, que se habían pasado por alto y que indican que no todo se sabe acerca de este misterioso 90% de información ‘sin importancia‘, contenida en la fabulosa cadena de doble hélice.

Los investigadores deben ser susceptibles a lo ocurrido con órganos considerados vestigiales al principio, (desechos de la evolución), que luego se comprobó la enorme importancia que tenían para el cuerpo humano. Esa minúscula glándula llamada hipófisis, es quizás uno de los mayores ejemplos que alertan contra el exceso de soberbia humana.

En muchos libros y artículos que tratan sobre biología celular, vemos palabras como orgánulos, citoplasma, célula eucariota… la biología molecular se ha esforzado mucho en los últimos tiempos; miles de científicos se entregan, en la búsqueda de respuestas positivas al tratamiento de enfermedades que tienen a muchos niños y adultos al borde de la muerte, casi sin expectativas de vida.

Estas dolencias, casi siempre congénitas, se deben a alteraciones debidas a la pérdida de información codificada en el ADN, (el muriendo, morirás del Bereshit 2:17 judío) que derivan en efectos negativos, entre ellos, las mutaciones genéticas, aclaradas más abajo.

Los que no somos investigadores del campo de la biología, pero sentimos una particular admiración por esa Ciencia, (con mayúsculas), dedicamos buena parte de nuestro tiempo libre en la instrucción sobre los enigmas que encierran la pasmosa molécula. Muchas veces, esas lecturas se convierten en nuestras series y literaturas favoritas; entonces, las arañas dan fiestas y tejen redes en la TV de nuestra casa o en los libros de la pequeña biblioteca personal.

Pero, ¿qué papel juega el ADN en nuestro organismo? Los genes son como libros en los cuales se guarda la información para, primero, fabricar un nuevo ser humano y después controlar su metabolismo vital. El conjunto de genes de una especie determinada, planta o animal, se llama genoma. Se puede decir, a grandes rasgos, que concentra las instrucciones de producción de las proteínas y/o enzimas necesarias, desde el mismo proceso de la fecundación, para luego tener una intervención activa en casi todo lo que afecta a la vida.

Cada cromosoma, contiene una única molécula de ADN asociada a proteínas. En el proceso normal de reproducción celular, los cromosomas se duplican para proporcionar a los núcleos derivados, los mismos genes que la célula madre; si existen mutaciones, estas también se copian, produciendo una alteración de la estructura del nuevo ADN, y afectando la descendencia, debido a que las órdenes primarias han variado.

Podemos ver esto con la disciplina de un ejército: el ADN es el comandante en jefe: principal dirigente del material genético. Contiene información (lenguaje codificado) en la secuencia de pares de nucleótidos, y transcribe esta en los ARN mensajeros, sus oficiales ayudantes, para fabricar un ser con características muy similares a aquel del que proviene.

Cada molécula de ADN contiene dos cadenas formadas por muchos compuestos químicos (nucleótidos), que conforman una escalera retorcida llamada ‘de doble hélice‘. Cada nucleótido contiene tres módulos: una molécula de azúcar (desoxirribosa), un grupo fosfato y solo uno de cuatro posibles compuestos nitrogenados (bases): adenina (A), guanina (G), timina (T) y citosina (C). La desoxirribosa ocupa el centro del nucleótido; a un lado está el grupo fosfato, y al otro, estará una base. El grupo fosfato está a su vez unido a la desoxirribosa del nucleótido adyacente de la cadena. Estos enlaces desoxirribosa-fosfato, son los lados de la escalera; las bases se enfrentan por parejas, mirando hacia el interior, y forman los travesaños.

El ADN posee la ‘receta‘ para producir proteínas: compuestos integrados por pequeñas moléculas (aminoácidos), que fijarán su estructura y función. La serie de aminoácidos está a su vez determinada por la secuencia de bases de los nucleótidos del ADN. Y aquí se percibe la inteligencia de un diseñador: Cada grupo de tres bases (triplete), forma una palabra del código genético (codón), que define un aminoácido específico. El triplete GAC (guanina, adenina, citosina) ubica al aminoácido leucina, mientras que el CAG (citosina, adenina, guanina) atañe al aminoácido valina.

Así ocurre con la combinación de todos aminoácidos que se unen inteligentemente, en las proporciones adecuadas, para generar cada proteína que el ser vivo necesita: un lenguaje de 4 letras que ‘codifica’ 64 órdenes de proceso.

De esto se deduce que una proteína creada por 100 aminoácidos, queda codificada por un conjunto de 300 nucleótidos de ADN. De las dos cadenas de polinucleótidos que forman una molécula de ADN, sólo una, (paralela), contiene los datos precisos para producir una serie de aminoácidos determinada. La otra, (antiparalela), ayuda a la replicación.

Ahora bien, podrían conceptuarse dos tipos de ADN, el que codifica las proteínas y el que no codifica. Para lograr una síntesis determinada, el ADN codificante, se transcribe a un ARNm (mensajero), quien sale hacia la maquinaria que elaborará las proteínas.

Luego que el ARNm lleve las instrucciones que fijarán las cadenas de aminoácidos, el ARNt (transporte) porta el aminoácido correspondiente al codón, hacia el ribosoma (estructura celular especializada que actúa como centro de síntesis de proteínas). Este une los aminoácidos para formar una nueva proteína, según la “programación” transcrita en el ARNm. Hay 64 codones o ‘palabras‘ posibles y 20 aminoácidos; por lo cual atañe más de uno para cada aminoácido.

Y aquí ocurre otro proceso muy interesante, que los ciegos evolucionistas se saltan a la torera: Un solo triplete (AUG) indica el inicio de la síntesis, y otros tres codones, el  ‘fin’ o parada de esta casi mágica elaboración: UAA, UGA y UAG (nonsense codons o stop codons). ¿Quién determinó esa perfección, en un elemento tan pequeño? ¿Cómo es posible que los investigadores de la evolución pudieran permanecer indiferentes a estas señales que, obviamente, no fueron puestas ahí por una ameba? Pues nada, la conclusión es fulminante: todo ese diseño y ejemplo de inteligencia codificada fue resultado de la ‘diosa evolución’. Auto respuesta complaciente y pasito adelante, que vamos sin freno y sin tiempo.

Matemáticamente, es posible producir 64 palabras de tres letras, a partir de mezclas de cuatro letras. Si se sabe que el “alfabeto” ADN posee cuatro letras (bases); su diccionario tendrá entonces 64 palabras de tres letras. Y si hablamos de ADN, hay que hablar de gen.

Un gen es una secuencia de nucleótidos de ADN que dicta el orden de aminoácidos de una proteína, mediante el ARN mensajero. Si la información transcrita a este, está alterada, debido a pérdida de información codificada, la sustitución de un nucleótido de ADN por otro que contiene una base distinta hará que toda célula o virus descendiente, contengan esa misma secuencia de bases alterada; como resultado, también cambiará la secuencia de aminoácidos de la proteína resultante. Esta alteración de una molécula de ADN se llama mutación; casi todas las mutaciones son resultado de errores durante el proceso de replicación. Aunque hay otras debidas a la ingerencia de agentes externos.

La exposición de células y virus, a las radiaciones o a acciones químicas, aumenta la probabilidad de sufrir mutaciones, debido al efecto biológico ejercido también sobre el propio código genético, destruyendo su información y creando errores.

Con respecto al ADN no codificante o ‘ADN basura‘, hay que decir que al inicio no parecía prestar servicio alguno, pero distintos estudios recientes apuntan a que eso puede no ser cierto en absoluto, pues entre otros actos, se supone que regulan la expresión diferencial de los genes. Su alta concentración en genomas eucarióticos, así como las diferencias de volumen del genoma, constituyen el enigma conocido como ‘valor de C’. Se cree que el mal llamado ADN basura concierne a series genéticas procedentes de duplicaciones, translocaciones y recombinaciones de virus, etc, e implica más del 90% de nuestro genoma (entre 20.000 ó 25.000 genes); pero aun se está lejos de la certidumbre.

Surgen muchas incógnitas: ¿Por qué hay 64 palabras en el diccionario ADN, para traducir apenas 20 aminoácidos? ¿Por qué se supone que evolucionó, un proceso que es más complejo que lo que necesitaría ser? ¿Por qué, si las especies proceden de otras especies, debido a gradaciones esencialmente celulares, no se ve en todas partes innumerables formas de transición? ¿Por qué no está la Naturaleza en caos, con seres transicionales por todos lados, (medios pájaros, medios reptiles, medios mamíferos, medios ballenas….) en lugar de presentar a todas sus especies bien especificadas, según las podemos observar hoy?

Los propios científicos aun tratan de responder estas cuestiones.

Es una rareza del código genético, que existan aminoácidos como la leucina, traducida a partir de seis codones distintos, mientras sólo dos aminoácidos, también con funciones primordiales, como metionina y triptófano, están codificados por un sólo codón.

Quiero acentuar que la información escrita en las moléculas de ADN no se debe a ninguna interacción conocida. Estas no poseen una inteligencia original que les permita organizarse a sí mismas en códigos; no existe ley física que suministre a ningún elemento la capacidad de constituirse, junto a otros, en un conjunto codificado.

Tal como el disco duro del ordenador, el ADN no posee inteligencia. Solo un agente externo podría perfilar los complicados y específicos códigos de este “programa“. El software de cualquier dispositivo actual, primero ha sido diseñado por un programador. Igualmente, en el ADN, está claro que la inteligencia que implica, surgió antes que su propia existencia; es innegable, desde la misma lógica humana, que es un producto de diseño, no de casualidades aleatorias.

Resulta una audacia afirmar que la existencia de todos los seres vivos se debe a la evolución de las especies, amparándose en experimentos imprecisos como el de Miller, cuando la ciencia aun tiene el enorme e ineludible deber de revelar cómo, la primera molécula de proteína, debida a la asociación de aminoácidos específicos, pudo nacer mediante procesos naturales.

Al llegar al código genético, la ciencia debió haberse detenido ante la enorme señal de STOP que representa; aunque fuera solo para meditar en toda la sabiduría que encierra su diseño. Su complejidad grita tanto, que no permite oír todas las barbaridades que dicen en contra de la Creación.

Por favor, no partan más del punto abstracto en que un ente surgió de los mares para iniciar una serie de insólitas transformaciones. Tengan la valentía de buscar el elemento vivo primigenio, antes de formular todas esas enrevesadas teorías marginadas de la razón; si llegan a él, comprenderán entonces que hallaron el camino que les lleva hacia Dios.

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y era Dios. Este fue el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él, nada de lo existente fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz, en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no podrán apagarla.”(Juan 1:1-5)


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¿MEDIA EVOLUCIÓN O MEDIA BIBLIA?

febrero 8, 2008

Febrero 8/2008

EL PELIGRO DE IR A MEDIAS

La evolución es religión.

El Gran Diccionario de la lengua española, en su segunda acepción sobre religión, dice:


‘Cada una de las doctrinas surgidas de los dogmas y prácticas propios de una confesión.”

Según esto, me lanzo en caída libre e, impulsado por los 9.8 m/seg que desplazarán mi 1.80 m con 83 kilos, manifiesto que la evolución no es ciencia, sino religión. La religión última que se opone a la primigenia, tal como demuestran sus propias aseveraciones, a través de un ejercicio comparativo; se han estudiado la Biblia con el único objetivo de desacreditarla. Analicemos como se han preocupado de desvirtuar cada planteamiento bíblico:


B: En el principio, Dios creó…  Ev: No hay Dios (ateísmo); no hay creación.


B: La Palabra de Dios es la clave del pasado… Ev: El presente es la clave del pasado.


B: Fuimos creados por Dios… Ev: Estamos aquí por accidente natural.


B: Somos diseño inteligente; cabalmente calculado… Ev: Mutación al azar con selección natural.


B: El universo y la vida fueron creados en 6 días de 24 hs., hace unos 6,000 años…  Ev: La vida apareció gradualmente y se diversificó durante miles de millones de años.


B: Hubo un diluvio que cubrió toda la tierra… Ev: No existió tal diluvio.


B: Dios creó la materia… Ev: La materia siempre existió o simplemente apareció.


B: La Tierra se creó antes que el sol y las estrellas… Ev: El sol y estrellas existieron antes de la Tierra.


B: La luz fue creada antes del sol… Ev: El sol fue la fuente de luz primaria para la Tierra.


B: Las plantas fueron los primeros seres vivos creados… Ev: Los seres del mar fueron los primeros seres vivos que se formaron.


B: Las aves fueron antes que los reptiles… Ev: Los reptiles fueron antes que las aves.


B: Las ballenas antecedieron a los mamíferos terrestres… Ev: Los mamíferos terrestres precedieron a las ballenas.


B: La enfermedad y la muerte se deben al pecado del hombre… Ev: La enfermedad y la muerte vinieron con el hombre.


B: El espíritu del hombre vivirá eternamente… Ev: No hay vida después de la muerte.


B: Dios desea que vivamos con Él para siempre… Ev: No hay Dios, esta es la única vida.


B: Dios es la máxima autoridad del hombre… Ev: El hombre es su máxima autoridad.


B: El amor a Dios y la obediencia a su Palabra es la prioridad principal del hombre… Ev: La auto-realización es la prioridad principal del hombre.


B: Dios es el Creador Todopoderoso… Ev: Dios es reducido a una creación del hombre.


B: Dios debe ser honrado en la vida pública… Ev: Dios es eliminado de la vida pública.


B: Dios fija lo correcto e incorrecto… Ev: El hombre decide lo correcto e incorrecto.


B: Las leyes civiles deben basarse en las Leyes Divinas… Ev: Las leyes las escriben los poderosos.


¿No resulta curioso? Aunque ellos mismos no lo sepan, responde a un esquema ideado por el verdadero diseñador de la teoría evolutiva, el enemigo primigenio; gracias a esto, la fuerza política/económica de este mundo, toma el mando sobre Dios y los hombres caen en su red.


El sistema educativo occidental, a diferencia del oriental, (más fiel) ha ido supliendo con los años los fundamentos bíblicos por creencias evolucionistas; ha presentado estas últimas como hechos verdaderos, sin aportar bases sólidas. Así se fraguan los dirigentes del mañana: maestros, jueces y políticos; guías con influencia en asuntos sociales que quizás conviertan en leyes, duros proyectos que hoy confrontan la sociedad (como la de  legitimación del aborto).


Se ha ‘eliminado‘ a Dios del sistema público. Lo que es correcto o incorrecto, y las leyes reguladoras, se definen dependiendo de quién tiene la mayor fuerza política. En la actualidad ya no se buscan en la Biblia las bases para establecer estatutos, sino que estos se subordinan a la conveniencia de los que ejercen el control político-económico sobre la sociedad.


A esta vorágine han sucumbido muchas organizaciones importantes, ya sean clericales o civiles, seminarios, y colegios bíblicos, el mismo Papa… todos han doblado sus rodillas ante las ideas evolucionistas, enseñándolas a las generaciones futuras como la ‘verdad‘.


El informe Barna (1997), dijo que: ‘la cristiandad está perdiendo influencia en la vida de las personas en lugar de impactarlas.’ De hecho, los cristianos han mostrado una falta de impacto alarmante en la cultura nacional como consecuencia directa de su fe.


Si los cristianos tienen las mismas bases que el mundo, ¿dónde estamos situando a Cristo? Los líderes cristianos que han aceptado la evolución o el cuento igualmente anti-bíblico de ‘largas edades’, en realidad nos están diciendo que Dios se equivocó en el orden de la Creación.


De hecho, si las teorías fueran correctas, entonces la Biblia lo dice todo al revés, ya que enseña que Dios creó la tierra antes del sol, los pájaros antes de los reptiles, las ballenas antes de los animales terrestres… y a un hombre inicialmente inmortal. ¿Nos dejamos llevar por la Palabra de Dios, como hicieron los primeros seguidores de Jesús o dependemos de líderes religiosos, filósofos y otros que han confiado más en criterios de hombre?


Una vez que se comienzan a manipular racionalmente Las Escrituras, desde el falible punto de vista humano, ¿en qué punto se puede detener?


La Palabra establece que Dios es perfecto, Él sabe exactamente cómo creó el mundo, y Él nos lo comunicó. Si no creemos cuando nos dice cómo lo creó, o si decimos que Él nos lo dijo en una manera abstracta, ¿cómo podemos confiar cuando nos habla de otros principios importantes?


Si no se cree cuando Génesis 1:3:31 explica que Él creó el universo y todo lo que en él existe, en seis días; entonces tampoco a Éxodo 20:13, cuando ordena: ‘No matarás’. La palabra en Hebreo, ‘ratsach‘, significa asesinar. Asesinar es tomar intencionalmente la vida de otra persona, y esto cubre el aborto, suicidio, infanticidio y la llamada ‘muerte por misericordia’.


“Porque el Señor hizo en 6 días el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, y descansó el día séptimo.”

Si estos seis días citados en Éxodo 20:11, ratificando lo dicho en Génesis, pueden ser extendidos a miles de millones de años, entonces se pueden extender los principios morales bíblicos en la dirección que se desee, opuesta a la idea original del Creador.

Se podría razonar que si se nos enseña a ser misericordiosos, asistir a una persona para que se quite la vida, terminando con un gran sufrimiento, no debería tomarse como asesinato, sino el cumplimiento de la orden: ‘ser compasivo’. El no asistir a esa persona, podría argumentarse como falta de amor, lo que se tomaría como pecado. En base a esto, el ‘Dr. Muerte’ (el famoso asistente de suicidios, Jack Kevorkian) sería considerado como un ‘hombre santo’.

O las personas que apoyan el aborto pueden justificarse, diciendo que este es aceptable debido a que el bebé no era deseado y la madre le previene del dolor futuro, al sentirse rechazado posteriormente. Así como las que invocan mutaciones genéticas que implicarían una minusvalía perenne.

El infanticidio, ese acto criminal de quien mata a un niño, también sería aceptado debido a las excesivas molestias que hipotéticamente un niño podría provocar a sus padres. Incluso los jueces y policías podrían coartar la libertad a las personas cuando quisieran. El siguiente paso sería eliminar a cualquiera que se atravesase en nuestro camino, lo cual pasó con Hítler, que pensó que el pueblo judío no debía existir y los exterminó por millones. Esta progresión no es ficción ni exageración. Otras sociedades las han llevado a cabo: Cambodia, Rusia, China, etc.

Contribuir a la muerte de un ser no libera de los millones de sufrimientos de la humanidad… ni del nuestro propio, por el que todos hemos de pasar irremisiblemente; el dolor es hijo del pecado, y solo desaparecerá cuando venga a liberarnos el único que le venció. La vida de una persona se limita a unos cuantos años; el sufrimiento, bastante menos. ¿Qué significa eso ante la perspectiva de una vida eterna? No es ni siquiera una fracción de grano de arena con respecto a todos los desiertos del mundo.

Una vez que se empieza a racionalizar el significado literal de la Palabra de Dios, las opciones son ilimitadas. Si nosotros decimos que la Biblia no es ‘científica‘, y que sólo tiene que ver con el ‘por qué’, y no con el ‘cómo‘ Dios hizo las cosas, entonces ¿podemos estar seguros que Cristo nació de una virgen? O que, ¿resucitó de entre los muertos? Después de todo, estos son también eventos ‘científicamente imposibles’.

Si nosotros no podemos confiar en ninguno de estos temas cruciales del libro del Génesis, ¿cómo podemos confiar en Dios acerca de nuestra salvación? No podemos ir a medias con el Señor: no podemos ser medio crédulos, o medio honestos ni medio valientes.

De hecho, el Dios de la Biblia es muy capaz y preciso. Él dice exactamente lo que quiere decir; a través de toda la Biblia, es muy específico. Nos dice exactamente lo que tenemos que hacer para ser salvos; el modificar algo, sólo traerá consecuencias desastrosas:

“Os aseguro que todo lo que atéis en este mundo, también quedará atado en el cielo; y todo lo que desatéis en este mundo, también quedará desatado en el cielo.” (Mt 28:18).

Somos filmados en un video adimensional y etéreo; todas nuestras acciones y palabras serán reproducidas en su momento cuando seamos juzgados y hablarán por nosotros. Lo más razonable, por precaución y lógica, es tomar en serio estas palabras de Jesús, escritas por alguien que las oyó de su boca, y las escribió para que las futuras generaciones heredaran Su testimonio.

¡Saquen fuerzas de la gracia recibida de Cristo Jesús! Tomen su parte en los padecimientos, como buenos soldados cristianos, porque es muy cierto lo dicho en 2ª Ti 2:11-13:

“Si morimos con Él, también viviremos con Él; si sufrimos, tendremos parte en su reino; si le negamos, también el nos negará; si no somos fieles, Él seguirá siendo fiel, porque no puede negarse a sí mismo.”

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