¿CUÁL ES LA BUENA NOTICIA?

julio 7, 2008

Hace unos días (y a cada momento lo hacen), me dejaron una propaganda sobre régimen de adelgazamiento, en el limpiaparabrisas del coche. Nadie duda que esa actividad se ha convertido en un negocio muy lucrativo; esta generación se ha volcado como nunca en el cuidado de su cuerpo y, cada día más, se dedica una parte importante de los ahorros en ser menos gordito/a, flaquito/a, muy exuberante… o menos, según sea el caso, etc.

La humanidad ha ido vaciando cada vez más su espiritualidad; esta ha ido menguando a favor de la ‘grosura mental’ que provoca el cáncer del espíritu, en incremento alarmante.

Se anhela gustar más; la envidia ajena por la presencia propia resulta una inyección de vanidad muy difícil de rechazar. Se acude al gimnasio y se hace sumisión a dietas rigurosas, en beneficio de una carne efímera, pues la belleza física se difumina en el tiempo y no constituye una garantía de felicidad ni de seguridad.

Un buen cuerpo siempre encontrará sustituto en otro… a veces no tan formidable, y mucho menos espectacular; luego, el sacrificio de la vanidad no todas las veces se ve correspondido por la fidelidad de la persona a la que se quiere impresionar, pues el ser humano siempre es deslumbrado por lo nuevo, y hay mucho de nuevo bajo el sol, esperando saciar el vacío existencial de los insaciables.

La juventud es carrera rápida; sin darnos cuenta, la piel tersa se vuelve porosa, se cubre de manchas, los primeros surcos delinean más contornos de los deseados… y los michelines ajenos, que provocaban comentarios sarcásticos, se presentan como justicieros, sin avisar, en el propio cuerpo. La carne corrompible acude sin falta a su cita con la corrupción; años antes o después, se marchita e inicia su acelerada carrera hacia su decadencia y postrer exterminio definitivo. Sin embargo, el espíritu que la sustenta (ese ignorado por muchos), que siempre está conectado con el Creador querámoslo o no, prevalece para siempre.

El mal de la carne busca su cura en la medicina, cuyo adelanto permite mitigarlo y anularlo en muchas ocasiones; aunque solo es un vano intento para detener la inercia, pues el destino del hombre carnal es ineludible. Haga lo que se haga, siempre habrá un final.

Pero un espíritu enfermo es más grave, pues su continuidad en el tiempo se hace eterna. Si nuestra salud espiritual es buena, solo lo alimentamos con lo que le fortalece: la fe en un Jesucristo vencedor de la muerte, quién lo evidenció con su propio ejemplo. También, con la buena conducta en nuestro entorno, el conocimiento y cumplimiento de las leyes de Dios, el dominio propio ante las tentaciones, la paciencia ante las contrariedades y pruebas que nos harán subir nuestro nivel espiritual, la práctica piadosa (libre de egoísmos), y el amor desinteresado, sin segundas intenciones.

Si nuestro espíritu no está sano, nuestros ojos no estarán en la luz ni las manos ni el cuerpo entero; incluso el propio corazón, que se verá inundado por el egoísmo y el culto al ‘yo’, que tanto nos aleja de los fundamentos reales, cuyas raíces viven en la instrucción de Jesús.

La genética humana no determina los sentimientos e inclinaciones, aunque ya hay por ahí ‘estudiosos’ del tema que señalan lo contrario. La genética es la instrucción para crear vida animada en carne, a partir de los aminoácidos que darán lugar a las miles de proteínas necesarias. Pero el ADN no hace al hombre ladrón, violador, pederasta, asesino, ególatra, vanidoso, borracho, drogadicto, usurero…; todo lo que contamina la pasión, es obra del espíritu dominante en el ser, y mientras más en resonancia estemos con el Espíritu Santo, menos serán las imperfecciones y aristas internas que habrá que enfrentar, limar, y extirpar, para emerger dignos e inocentes, en el inexorable instante de la justicia divina.

Pero si nos alejamos de Él, satanás hallará con habilidad cada fisura nuestra. Ninguna cadena es más fuerte que su eslabón más débil, y si un arte es dominado por el maligno a la perfección, es el de hacerse fuerte en nuestras debilidades íntimas. Como el ojo de un tornado de fuerza T10, nos succionará cada vez que le interese alejarnos de Dios; sabe cómo hacerlo y puede hacerlo, si nos apartamos del Altísimo.

Ahora bien, regresando al genoma, si hay algo que este sí determina, es nuestro sexo, a través de la combinación cromosomática que ‘nos toca’. Los cromosomas X-Y imponen la condición sexual, mediante un sistema único en personas y animales. Los cromosomas humanos, en situación normal, se manifiestan en parejas, y son 23; los que determinan el sexo, corresponden precisamente al par numerado en el orden 23.

La sola presencia del par cromosómico XX, implica como resultado un individuo hembra, mientras que la asociación y combinación XY significa la expresión genética que resulta en un individuo macho. Asegurando esta situación aun más, existe un gen en el cromosoma Y, el TDF (del inglés testis-determining factor o factor determinador de los testículos), que es el responsable de que el embrión desarrolle testículos y se haga masculino; no existe un gen equivalente para la diferenciación de los ovarios, de manera que el embrión será por defecto femenino, si no posee el gen TDF.

De modo que cualquier inclinación al sexo contrario no tiene su raíz en el ADN, sino en el espíritu; una evidencia de esto, que no deja lugar a dudas, es la erección que ocurre en todo homosexual pasivo, a quien la genética le hizo hombre… pero una influencia espiritual, de la 4ª Dimensión de satanás, le impone que se sienta mujer. Este influjo suele presentarse desde la niñez, aunque a veces se manifiesta también una vez adulto. En el lesbianismo ocurre igual: influencia demoníaca, en sentido contrario. Por tal razón es que la homosexualidad está implícitamente condenada por las leyes de quien nos creó.

No se trata de una ‘atrofia’ evolutiva que les ha hecho así. Si sucediera algo biológicamente posible: que una lesbiana que se ‘imagina’ hombre, tuviera sexo con un afeminado, la vida les jugaría una mala pasada: ella sería mamá y él, papá. Créanme, el enigma está en el espíritu, no en la carne: la 4ª Dimensión Espiritual somete y sojuzga a la 3ª Dimensión que vivimos en el cuerpo; lo que somos, y cómo nos manifestamos, depende de por quién nos dejemos sojuzgar: si por el Espíritu Santo o su enemigo tradicional por antonomasia.

Hace poco se celebró en Madrid el internacional ‘día del orgullo gay’, Homosexuales de ambos sexos (vaginas y penes), subidos en carrozas, a medio vestir, pusieron el adobo infalible hoy día en la sociedad: el morbo que genera el saber que se hace lo que va contra la ley de Dios, alimentando la inmoralidad, y con ello, la ira del que todo lo puede.

Aquí se vio, una vez más la desidia de algunas familias, llevando a sus críos para que ‘disfrutaran’ el espectáculo. Inconscientes e irresponsables; incapaces de evaluar lo que resulta importante para el Señor. No se puede permitir esos desfiles a la vista de los niños, inculcándoles que la unión hombre-hombre y mujer-mujer, también integran el concepto del matrimonio, pues va contra Natura y constituyen una aberración. Están muertos y no se percatan; juegan con fuego y el final no será otro que la incineración en vida, pueden darlo por hecho.

Desde aquí mi apoyo a todos los que se manifiestan contra estas actividades nítidamente subversivas, pues no pueden considerarse de otra forma. Por su parte, los gobiernos que apoyan esto, legislando leyes que se oponen frontalmente a las de Dios, tendrán que dar cuentas a la cabeza gobernante que les supera; las familias que se han marginado del Proyecto del Hogar establecido por el Creador, también serán cuestionadas, y los directamente involucrados, que escuchen el mensaje: ¡Abran los ojos del espíritu y cierren las piernas! Aun están a tiempo del arrepentimiento; la hora llega.

Declaro desde este blog, en el nombre de Jesús, que toda violación de las leyes establecidas por el Padre de la humanidad tiene punición, y pueden estar convencidos que esta será severa, en el caso de los que no se arrepientan y caigan en la persistencia de la continuidad.

Por otra parte, sea cual sea el pecado cometido, tenemos un abogado en Cristo, que tiene Poder para perdonar y librarnos de culpa, sin importar la infracción, si somos capaces de reaccionar y nos aferramos a su Espíritu purificador del nuestro, fortificándonos día a día en el conocimiento de su Palabra, para no reincidir más en nuestras faltas.

Se ha hecho todo lo posible por sacar a Dios de la mente de los hombres, desde la base: las escuelas. Educan a los futuros presidentes y ministros, en el ateismo que puede conducir a la inmoralidad, preparando las condiciones para las leyes antiCristo que hoy pululan en todo el planeta. Les alimenta un inconmensurable odio a Dios, que les hace cocear contra el mismo aguijón que acabará destruyéndoles, dejándose arrastrar en un sin sentido, y lo que es peor: arrastrando consigo a mentes débiles, ignorantes del plan del Señor.

Solo se libran de estas inclinaciones los que fundamentan sus normas de conducta en la instrucción bíblica… y de forma extraordinaria, los no creyentes a los que el Creador les ha dado un espíritu de nobleza lo suficientemente fuerte como para continuar siendo buenas personas, pese a no reconocer aun a Cristo: un espejo de la gracia de Dios.

¿Se me critica porque no hablo del amor, sino del castigo? A la Biblia me remito; ambos caminos nos permitirán alcanzar el reino de Jesús: el amor es el idóneo, el más rápido, mientras que la sanción punitiva produce dolor, y por este entra la convicción del peligro; se empieza a ser sensible y se llega a evaluar que la mejor opción es la de la obediencia. Pagamos entonces el precio de la corrección, y cuando el Omnipotente estime que estamos listos, nos reincorpora a su pueblo. Y esa es la buena noticia: Cristo es válido para hacer libres tanto a los que están cerca de Dios, como a los alejados que regresan; el método lo impone el propio individuo, con su decisión de entrega, ya sea temprana o tardía.

Luego de ello, todo el que sea fiel a Jesús, tendrá vida eterna con Él, en su montaña, pues es el puente que lleva hacia el Padre. Es decir, después del arrepentimiento y la constricción (y repito la buena noticia de estos tiempos), los no creyentes tendrán la misma opción que los creyentes, pues Cristo vive en el corazón por la fe. La forma en que esta se adquiera no es determinante; lo importante es llegar a sentirla.

La fe lleva al amor; una vez que estemos firmemente enraizados en Él, podremos entender cuán ancho, largo, profundo y alto es el amor de Jesús. Así como que la iglesia es una casa de oración, pero el verdadero templo del Señor es portátil y lo llevamos en un interior saneado. El concepto de iglesia trasciende en la unidad con Jesús: hubo un solo cuerpo crucificado para el perdón de los pecados, un solo Espíritu Santo, una sola esperanza, un solo Señor, una sola fe y un solo bautismo. Hay un solo Dios; y por tanto, una sola iglesia. Esa es la meta que debe existir en todos los cristianos y la que Cristo espera de todos: que obviemos las diferencias y nos unamos en lo que nos aglutina: Su cuerpo de la Redención.

Jesús preparó a sus apóstoles para un acto de servicio: la edificación del Cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a estar unidos en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios. Solo así alcanzaremos la edad y el desarrollo que corresponden a la plena madurez de Cristo. Como dijo Pablo, en su carta a los Efesios 4:16:

“Por Cristo, el cuerpo entero se ajusta y se liga bien, con la unión de todas sus partes; y cuando una parte funciona bien, todo el cuerpo va creciendo y edificándose en amor.”

Así pues, la alerta de Dios es que no nos alejemos de Él, sumidos en pensamientos vanos, con el entendimiento en tinieblas. No permitan que el corazón lata insensible en el pecho, haciéndose así ignorantes de las leyes de Dios, y de su gracia. Todos tenemos parte, mediante el evangelio, en la misma promesa: Perdón de los pecados y opción de vida eterna, bajo su reinado espiritual.

Por la gracia de Dios, yo, sin mérito alguno, me veo hoy confrontado en el espíritu para escribir estas cosas. Y no sería fiel a Cristo si no insisto sobre su promesa de salvación para todos aquellos que se arrepientan de sus malas acciones y se conviertan a Él, culminando con un párrafo de la carta a los Efesios, en 3:10:

“Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora notificada por la Iglesia, a los principados y potestades en los cielos, conforme a la determinación eterna, que hizo en Cristo Jesús Señor nuestro…”

¡Gloria a Dios en nuestros corazones, en Cristo Jesús, por todos los siglos y para siempre! ¡Amén!


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SEMANA SANTA Y EXPECTATIVAS DEL SEÑOR

marzo 19, 2008

¿A DÓNDE IRÁS EN ESTAS FIESTAS?

Hemos llegado a Semana Santa; lo que para muchos representa ocasión de aventura, visita a París, o mucho dinero debido a turistas visitantes, en realidad es una evocación de algo sucedido hace 1975 años atrás, el preámbulo de un hecho que aun hoy rompe todos los esquemas de la mente humana: la crucifixión de Jesús de Nazaret. Lo que para una buena parte de la humanidad constituye un sin sentido, resulta una promesa de opción a vida eterna para todos aquellos que le reconocen como Hijo de Dios.

Jesús predicó siempre la paz, y esta es unión; sin embargo, pese a todos sus esfuerzos y recomendaciones constantes, su iglesia ha sido dividida por los hombres: católica, (las que comulgan con roma y las que no, que son muchas más de lo que se piensa), la ortodoxa, (ídem), y la protestante, que también está representada por cerca de cien tipos. “Divide et vinces“, el “divide y vencerás” del emperador romano Julio César, es aplicable a este caso: el cristianismo se fracciona y el demonio abre una botella de champán, se apoltrona en su mejor butaca y pone su música satánica favorita, disfrutando su éxito.

Ya Pablo comentaba en sus epístolas, sobre el riesgo de las interpretaciones personales de la Biblia y de las inclinaciones hacia determinados guías espirituales de su época, siempre centrado en presentar a Jesús como tronco de la iglesia, y a los cristianos como su ramaje. No obstante, a día de hoy, se perciben grandes diferencias de concepto, pese a que una de las últimas manifestaciones de Cristo advierten del peligro en Ap 22:12:

‘Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.’

¿Necesitamos que el Señor sea más específico? ¿Por qué usó los términos ‘alfa y omega’? ¿En qué parte se relacionan la primera y última letras del alfabeto griego con el Salvador, si no en su Biblia? Resulta evidente que nos instruye sobre nuestro comportamiento hasta su llegada: seguir fielmente sus instrucciones, que Él tuvo mucho cuidado que quedaran escritas, confirmando una vez más que todo lo escrito en el libro de Dios, queda consagrado como verdad; es decir, que la sangre del Mesías representa el cuño que certifica la autenticidad de cada palabra bíblica.

¿Por qué el hombre se mete en diatribas filosóficas, incorporando deducciones que no fueron escritas por Dios? ¿Es que acaso este pecó de insuficiencia de argumentos? ¡Cuánta osadía hay en el corazón humano! Gracias a ello, surgieron las cruzadas antes, y el odio entre católicos y protestantes llenaron de muerte las calles del Ulster, más tarde. Pese a que la enseñanza recibida del Señor siempre fue la paz: antípoda de la violencia.

¿Por qué propugnar, por ejemplo, a un Cristo aliado a empresarios, cuando en realidad, constantemente se nos enseña lo contrario en la Palabra de Dios? En Santiago 2:5 se nos dice que Dios ha escogido a los pobres de este mundo para hacerlos ricos en fe y que reciban como herencia el reino prometido a quienes le aman. ¿Qué con esto, que Jesús odia a los empresarios? ¡Claro que no! La enseñanza está en que lo importante para el Señor es el Espíritu. ¿Qué clase de empresario fue Pablo? Si tuvo alguna empresa, fue de propaganda, sin cobrar por ello, difundiendo desde las cárceles romanas sus prodigiosas cartas evangelizadoras, pues cuando no estaba preso por causa de Cristo, le andaban buscando, para arrestarle. ¿Y Esteban? ¿Y el recaudador de impuestos?

¿Qué tipo de empresarios fueron aquellos que el propio Señor les indicó que salieran a proclamar su mensaje, solo con lo puesto? En la casa de Dios no se acuñan monedas; la instrucción y la evidencia bíblica, enseñan que el dinero es poder, y ambos corrompen al Espíritu que mora en cada hombre: el primer Renault 7 ya no gusta, aunque funcione bien; pasamos por el concesionario y nos encandila el ostentoso Mercedes plateado que se exhibe. Nuestra mente deja de estar donde debe y comienza a resbalar hacia donde no debe.

Lo material es enemigo de lo espiritual; la bonanza económica de un cristiano, es gracia de Dios, concedida para una etapa efímera, pues según la propia Biblia, ‘el rico es como la flor de la hierba, que no permanece.’ Y así hay que verlo. “A quien Dios se lo dio, San Pedro se lo bendiga“, reza un refranero popular, con más verdad que vicio.

Una evidencia de la corrupción derivada del dinero, la vemos en la propia materialización del Espíritu. Los cristianos abrazados a la fe católica salen en sus procesiones, con una imagen de madera que representa a un Cristo crucificado. El concejal de urbanismo, de Palma, Islas Baleares, cofrade asiduo en estas procesiones, sobre cuyo hombro ha estado varias veces el representativo Cristo de madera, parece que estimó que una buena forma de dignificarse ante Jesús, era pagar con la tarjeta de crédito del Ayuntamiento, todas las consumiciones realizadas en un club de alterne gay, carnes incluidas. ¿Agrada esto al Señor y responde a sus expectativas con los cristianos?

Y no es que esté involucrando en este hecho a todos los hermanos en la fe que salen tras las representaciones de la Virgen y del Cautivo; sino que intento evidenciar que tenemos una idea distorsionada sobre lo que nuestro señor Jesucristo espera de nosotros. Llegan estas fechas tan especiales y, en lugar de recordar lo que verdaderamente se debe: las promesas de vida eterna y la instrucción de llevar una vida ordenada, según las leyes que nos dejó, lo que se hace es acudir a comilonas, bebidas inclusive, viajes turísticos, etc.

No le reverenciamos con el acto de contrición debido, en recuerdo a su agónico sufrimiento, desde Getsemaní, hasta su muerte en la Cruz, sino con una parafernalia de artículos conmemorativos, vendidos y comprados en unas ‘fiestas‘ concebidas para ganar dinero. Los hosteleros no meditan en el Cristo agonizante, sino en las expectativas de un lleno completo en sus negocios; mientras una mayoría del resto de las personas, en lugar de recogerse, sacan cuentas sobre cuánto dinero tienen para montárselo bien en estos días: Paganismo puro y duro. ¿Es qué acaso hacemos fiesta en el aniversario de muerte de un familiar; el padre, por ejemplo?

Luego nos sentimos ofendidos si los creyentes musulmanes (no hablo del extremismo islámico) nos consideran impuros. ¿Dónde ha quedado la exhortación constante a la pureza por parte de Jesús?  En Pedro 1:16  puede leerse las recomendaciones del Señor:

“Sed santos, como yo soy santo”

Estos días deben ser aprovechados para reflexionar sobre nuestro comportamiento ante la vida. Debemos estar más dispuestos a escuchar a los demás, siendo lentos ante la réplica soberbia y la ira, pues el hombre enojado no hace lo agradable a Dios. No debemos discriminar a unas personas de otras; ya sea por su dinero o raza, pues la ley reza: ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo‘, y a nadie le complace recibir trato de inferioridad por parte de otros. Hay que ser compasivos, sabiendo que si no lo somos, sin compasión seremos juzgados Tenemos, en fin, que despojarnos de toda maldad y aceptar el mensaje de Cristo con humildad, porque tiene poder para salvarnos.

Debemos reflexionar en las consecuencias derivadas de la aceptación Papal de la teoría evolutiva; una tesis que borra de un plumazo desde el capítulo 1 del Génesis, hasta el 11; lo que Dios ordenó a Moisés que escribiera, como sentencia firme, sin ambages ni más puntualizaciones: una Creación de 6 días de 24 horas, no de miles de millones de años, con la participación directa del Espíritu de Cristo, con Adán y Eva incluidos, por supuesto. Pablo nos advirtió ya sobre la ‘mal llamada ciencia‘.

Gracias a esa flexión de rodillas Papal ante la diosa ‘evolución’, hoy se enseña, incluso en las escuelas católicas, que no fuimos hechos por Dios a su imagen y semejanza, que no hay más futuro para el hombre que convertirse en otro tipo de ser (que nadie sabe como será)… y que al no haber juicio para vida eterna, pues esta no existe, no tenemos que dar cuenta a nadie de nuestros actos.

Por otra parte, si decimos que tenemos fe, debemos ser coherentes ante el Señor, corroborándola con nuestra actitud, evitando que alguien pueda criticar nuestra fe sin hechos, mientras da pruebas de su propia fe, a través de sus obras, incluso siendo ateo.

Renglón aparte merece nuestra lengua: quien no comete errores en lo que dice, está cerca de Dios. Así como la brida en la boca del caballo permite su obediencia, debemos poner freno espiritual en nuestra boca, para no arder en el fuego que puede provocar. Hay un proverbio chino que expresa: ‘Eres dueño de lo que callas, y esclavo de lo que hablas‘.

Si nos consideramos sabios, debemos demostrar la sabiduría con buena conducta. Si dejamos que la envidia nos invada el corazón, actuaremos por rivalidad, faltaremos a la verdad y nos desprenderemos ante Dios de todo lo que pueda enorgullecernos. Donde hay envidias y discordias resultantes, impera la maldad y el desorden: enemigos del Padre de todos. Los que se abrazan a la sabiduría procedente de Dios, intentan ser puros, pacíficos, bondadosos y dóciles. También compasivos, imparciales y sinceros: hacedores de bien y paz; ya se sabe que quienes procuran paz, siembran en paz, para recoger como fruto la justicia final.

Los malos deseos acunan en el corazón del humano; generan sus guerras y todo tipo de desavenencias. Se ansía lo que no se posee y se llega a matar por conseguirlo. No se logra lo que se quiere porque lo que queremos no está en correspondencia con lo que nuestro Padre desea para nosotros. ¿No desean los padres lo mejor para sus hijos? Pues funciona igual; si pedimos, lo hacemos mal, pues nos mueve nuestro materialismo y sensualidad: enemigos del Creador, que ama con celo nuestro espíritu  interior.

Dios se opone al orgulloso y es generoso con el humilde. Sometámonos a Él y resistamos las tentaciones de su oponente; así este huirá de nosotros. Acerquémonos al Señor y Él se acercará; limpiemos nuestros cuerpos de faltas, así como nuestra mente y corazón de malos pensamientos, pues no se puede amar a Dios y al mundo al mismo tiempo. ¡Humillémonos para que seamos enaltecidos por el gran Enaltecedor!

No hablemos mal unos de otros, pues estaremos juzgando y, con ese mismo rigor, se nos tratará en nuestro inexorable juicio personal. Olvidemos el orgullo y subordinemos nuestros planes a la voluntad del Eterno, pues somos neblina fugaz, que aparece y desaparece sin dejar rastro. Si Dios quiere, viviremos y podremos hacer lo que le pidamos, si está en resonancia con su voluntad; y si no hacemos el bien, pudiendo hacerlo, estaremos en falta ante los ojos del Supremo, con toda seguridad.

Seamos capaces de darle a la Semana Santa el verdadero valor espiritual que reclama; que sean días para hacer un alto, reajustar nuestras brújulas y reemprender nuestros pasos con un mayor sentido de orientación. No es tan difícil, solo debemos preguntarnos en cada acción nuestra: ¿Actuaría así nuestro Señor Jesucristo? Él está pendiente de nosotros; tiene sus expectativas puestas en cada uno, pues cada uno responde a un plan.

No debemos finalizar sin exponer que la muerte gloriosa del Señor, sin ‘cuidados paliativos‘, fue también una señal contra la eutanasia. Al morir con honra en la cruz, instruyó sobre el modo en el que los cristianos deben enfrentarse a su último aliento: el Crucificado le plantó cara, lleno de fe; la aceptó con amor, confiado en que iba hacia los brazos del Padre. ¿Fue o no un tránsito digno? Estando cerca de Dios, la muerte no asusta; la fe nos fortalecerá en la hora de la prueba.

Seamos etimológicos: no estamos de fiestas, sino en la semana de Jesús, quien sufrió muerte en la Cruz para lograr un pacto de vida eterna ante Dios, en beneficio de la humanidad. Una opción de eternidad bajo su gobierno, en el Sión definitivo, que debemos aprovechar. Intentemos ser mejores personas y rompámonos en este aniversario ante Él, para que lleve nuestras deudas a cero y nos comprometamos a dar lo que se espera de nosotros, según enseña Tito 2:14:

“Él se entregó a la muerte por nosotros, para salvarnos de toda maldad y limpiarnos totalmente, para que seamos suyos, deseosos de hacer el bien”

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EL EJÉRCITO DE DIOS.

enero 28, 2008

Enero 28/2008

¿SOMOS UNA BUENA TROPA? 

Los cristianos constituimos la tropa del Señor; somos sus combatientes y estamos situados en la 1ª línea de contención del enemigo. El mundo en que vivimos, está gobernado por un líder hostil y alevoso, lleno de mentiras y ensañamientos; lo atestigua Pablo, desde Efesios 6:12:

“Porque nuestra lucha no es contra  carne y sangre, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra los espíritus del mal, que moran en los espacios celestes.”

Si pensamos en las guerras que debe afrontar el cristiano, aunque no exista armamento convencional, pues tratamos sobre una batalla espiritual, la idea es la misma: hay un enemigo. El diablo (aunque suene a cuento de Caperucita), busca por dónde poder meternos su lanza; nos revisa con celo, escudriña nuestro interior tras cualquier fisura, por mínima que sea, y al final, despliega su ataque desembarcando en la playa de nuestra vulnerabilidad.

Él busca envidia, vanidad, soberbia, mentira, idolatría, lascivia, lujuria, afición por los placeres mundanos: vicios y/o inclinaciones a todo tipo de abominaciones. Cualquier punto por donde pueda conquistarnos, resulta bueno para él.

Y no lo hace sólo con los creyentes, sino con todo humano; sólo que, en el caso de los conocedores de las leyes de Dios, encumbra su interés, pues se trata de una guerra iniciada desde los mismos orígenes de la humanidad. Satanás quiere demostrar a Dios su ‘fracaso‘ con la especie humana y para ello incluso se acercó con tentaciones hasta el propio Jesús, aunque fue neutralizado al instante por el Señor.

Ahora lo intenta con nosotros; cada alma inspirada por el espíritu Divino constituye una expectativa de manjar para él, atacándonos donde considera que están latentes nuestras ‘imperfecciones.

Tenemos que ser muy esmerados con los peligros envueltos en falsas ofertas de placer: una seducción de mujer u hombre, según sea, puede iniciar la riada que arrastre al pozo sin fondo; los sometidos por lascivia o lujuria, están nominados. Serán débiles soldados en un ambiente muy peligroso, e incompatible con las leyes instituidas desde Moisés.

Hoy es fácil oír: “vivamos, pues son dos días”; más fácil aun es ver como, cegados espiritualmente, corremos hacia donde nos espera el aguijón. Y, por si fuera eso poco, la mixtura sexual es ‘deporte‘ que moviliza hoy a millones en todo el mundo.

Los preceptos dados por el Creador de: ‘hombre y mujer‘, han sido modificados por el ser humano; los dos sexos se han pretendido convertir en tres (hombre vs. hombre) y hasta en cuatro (mujer vs. mujer), haciendo un nuevo aporte al léxico internacional, con la palabra que describe al ‘ambiguo’ tercer sexo. ¡Incluso con la permisividad y autorización de los gobiernos! ¡Aun legalizando derechos no reconocidos por el propio Dios e involucrando en el concepto de familia a inocentes niños adoptados por uniones homosexuales!¿Dónde queda el derecho de los niños? ¿Dónde está el defensor del pueblo infantil, el ‘llamado‘ defensor del menor?

No se tiene nada contra ‘ellos’; nadie está libre de culpa para juzgar a alguien. En realidad, ese solo es un punto de ataque enemigo; pero hay otros muchos: la envidia, la vanidad, la soberbia, y la mentira son otras armas que el maligno usa con eficacia. Vivimos en una sociedad donde se enseñan valores acordes con el poder, el dinero, y el confort; un suculento caldo de cultivo que fecunda candidatos, pues envidiamos lo que no poseemos, mientras ostentamos y exhibimos lo que pretendemos que nos dará un status social; nos enseñoreamos de la verdad y no permitimos que nadie haga patrimonio con ella: es solo nuestra, ningún hijo de mujer, fuera de nosotros, tiene la razón… y mentimos con todas las artimañas aprendidas de nuestros ancestros para repetir lo mismo que hicieron ellos: conseguir lo que se desea, aunque el éxito se fundamente en la desgracia de un semejante.

La filosofía de Dios es la filosofía de la abundancia; la del hombre es la de la carencia: mientras más se tiene, más se quiere poseer. Deseamos lo que nos gusta y resulta apetecible, y envidiamos a quien logra disfrutarlo; nos sentimos orgullosos del dinero que poseemos, de la ropa que vestimos, del automóvil que conducimos y del puesto que nosotros mismos nos damos en la sociedad, aborreciendo a los más desafortunados: los hambrientos, los necesitados, y aquellos afectados por alguna enfermedad que les deja con limitaciones físicas o síquicas.

Y aún después de eso nos consideramos buenas personas; olvidando que Jesús nos invita a ser cuidadosos hasta con nuestros pensamientos, porque también podemos pecar con el corazón, el sitio de donde nacen las malas ideas.

Nos consideramos sabios y, desde nuestra soberbia, desdeñamos cualquier opinión que no salga de nuestra boca, dando respuestas ofensivas ante cualquier planteamiento que pretenda hacernos ver que estamos cometiendo algún error.

Codiciamos algo y mentimos para conseguirlo; evaluando por nosotros mismos si la mentira es pequeña o grande y olvidando que las Escrituras, entre sus muchísimas páginas y miles de frases, no dedican ni una sola a justipreciarla de acuerdo a su tamaño.

De la misma manera, la inmoralidad sexual no se subdivide en varios puntos; precisamente para que no nos llamemos a confusión ni pretendamos justificar lo que no puede serlo bajo la perspectiva de la ley de Dios. Se define la moralidad desde el AT hasta la llegada del Cristo instructor; si leemos con cuidado cada una de las acepciones descritas, desde la primera hasta la última, no lograremos hallar ninguna contradicción. Todo lo que se salga de lo establecido en el concepto de matrimonio: un hombre/una mujer, viola la ley.

Los Apóstoles definen exactamente como debe tratarse al sexo; todo lo que se pretenda argumentar de forma diferente, va contra la voluntad del Señor. La homosexualidad está proscrita, ya sea masculina o femenina; ni hablar del ‘travestismo‘, no hay más opción que renunciar a todo eso, si no queremos responder por esa inclinación cuando el Señor Jesús venga a pedirnos cuentas a todos por nuestros actos, pues el que ha de venir, vendrá, ¡no lo duden! 

De la misma forma, está condenada la prostitución, aunque pretendamos justificarla desde una necesidad material de supervivencia.

Sin embargo, la seguridad del perdón para todo el que se arrepienta, mientras esté en vida, la dio el mismo Jesús después de resucitado, cuando la primera persona a quien se le apareció fue a María Magdalena, repudiada antes de su conversión, por su propio pueblo.

No se está diciendo que un pecado sea peor que otros, ni se está discriminando a las personas por el tipo de pecado que cometan, pues la Biblia, que es el libro de instrucción por excelencia, no lo dice: la falta es falta, como quiera que se manifieste y eso lo transcribe Dios sin ‘puntuar’ para que el mentiroso no se sienta más cercano al Señor que el vanidoso, o que éste crea que lo está con respecto al soberbio, o que este último piense que supera en valores morales al homosexual… ninguno es superior a ninguno; más bien todos quedan empequeñecidos a un mismo nivel ante Jesús, que será el juez definitivo.

Incluso con respecto al pecado de la sangre ocurre lo mismo: la Biblia apunta hacia los asesinos en el mismo entorno de los adúlteros, los idólatras, los mentirosos, los que practiquen inmoralidades sexuales, etc. No los desclasifica de los otros tipos de pecados. Para todos, hay una buena noticia: Jesús de Nazaret murió en la cruz para el perdón de los pecados, sin excluir a nadie por concepto de nacionalidad, religión, raza o tipo de falta.

Podemos volvernos a Él, con la fe de que si lo hacemos de todo corazón, arrepentidos de nuestros errores y caídas pasadas, obtendremos su perdón y conquistamos la opción’ a la vida eterna. Es decir, Él nos allana el camino, llevando a cero nuestros pecados pasados y dándonos la posibilidad de estar bajo su gobierno directo y eterno en el fin de los tiempos, si comenzamos una nueva vida según sus mandamientos… si no pecamos más.

Así que, el ir los domingos a la Iglesia, diezmar y cantar salmos, aplaudiéndole, u oír al predicador, no nos hace ‘inocentes‘; sólo seremos considerados como tales, viviendo lo que nos queda según lo que Dios dejó establecido en sus mandamientos, lejos del pecado.

Y en este punto, volvemos al principio, porque al clamar hacia Él, ser escuchados y bendecidos por su luz y su gloria, automáticamente pasamos a formar parte de su ejército; eso está implícito en el ‘contrato’: no podemos ir a medias con el Señor. No podemos ser medio honestos, medio valientes o medio responsables ante Él.

Somos Su ejército, la fuerza terrestre con la que Él cuenta para combatir las asechanzas satánicas contra nosotros mismos y contra el resto de la humanidad que aún no le conoce o no le ha querido conocer; junto con su perdón, nos pusimos Su uniforme, nos vamos de prácticas y pulimos el armamento espiritual que Él nos ordena que sepamos usar y usemos cada vez que corresponda.

Estamos siendo constantemente bombardeados, y para hacerle frente a las armas del maligno,  sus múltiples tentaciones, tenemos el más poderoso artilugio bélico: la armadura de Dios. Debemos ceñirnos con la verdad de su Palabra, revestidos con la coraza de Su justicia y con nuestros pies y nuestros labios prestos para anunciar en todo momento y circunstancia el Evangelio de la Paz.

Pablo nos lo indica, bajo revelación, en Ef 6:16:

“Empuñad en todas las ocasiones el escudo de la fe, con el cual podáis inutilizar los dardos encendidos del Maligno.”

Somos su tropa; seamos dignos portadores del uniforme que nos legó.

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EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA I: MATRIMONIOS.

enero 21, 2008

Enero 21/2008

¿MATRIMONIOS FALTANDO VAGINA O PENE?

“Estad siempre preparados para responder a quién os pida razón de la esperanza que tenéis, pero hacedlo con humildad y respeto.’ (1ª P 3:15).

Meses atrás, en el año 2005, durante un programa extensamente transmitido a nivel casi mundial, preguntaron a un reconocido líder cristiano:

¿Puede decir qué parte de la Biblia habla contra  ‘matrimonios’ entre gays o lesbianas?”

Por desgracia, este carismático ‘defensor bíblico’ no ‘supo‘ responder. Sin embargo, la respuesta puede hallarse de inmediato… ¡En el libro de Génesis! En el capítulo 1, versículo 27 dice claramente:

Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos.”

¡Cómo puede atribuirse tal bendición una unión de dos hombres o dos mujeres! La puntualización ‘varón y hembra’ resulta diáfana: un pene y una vagina, pues después Dios les ordenó que ‘crecieran y se multiplicaran’ para poblar la Tierra; es decir, se tomó su tiempo en el diseño del código genético descubierto no hace mucho, para que pudiera tener lugar el milagro de la concepción en el vientre femenino y nuevas criaturas pudieran ver la luz constantemente. ¡Hombre, mujer, barriguita… y bebé! Ese fue su estatuto.

Pero hay más instrucción aún sobre esto, ya que se opone claramente a las inmoralidades sexuales e incluso se efectúa una ‘profecía’ sobre las consecuencias que se derivarían  de esos actos. Hace 2000 años, se escribió en Ro 1:26-27:

“Por eso, Dios les ha abandonado a pasiones vergonzosas. Incluso sus mujeres han cambiado las relaciones naturales por las que van contra naturaleza; y, de la misma manera, los hombres han dejado sus relaciones naturales con la mujer y arden en malos deseos los unos por los otros. Hombres con hombres cometen actos vergonzosos y todos sufren en su propio cuerpo el castigo de su corrupción.”

Si analizamos como se han ido desarrollando las enfermedades venéreas, podemos darnos cuenta que se ha seguido un patrón: de menos a más; constantemente se les ha estado avisando del peligro con respecto a esas actuaciones. Primero surgió la gonorrea, una simple infección genital molesta, pero venérea. Luego apareció la sífilis, otra enfermedad de origen sexual, patógena y contagiosa, producida por una bacteria; que resultó más perjudicial que la anterior, ya que se manifiesta al principio como una úlcera, pero puede degenerar en lesiones viscerales y encefálicas a largo plazo.

Por último, luego de muchos avisos y tiempos para revindicarse, llegó el SIDA, cuyas consecuencias a nivel mundial, todos conocemos; máxime en España, que posee el negativo índice estadístico de ser uno de los primeros países que más desarrollan esta perniciosa pandemia.

Hay además muchas otras referencias en las que Dios maldice claramente las perversiones, condenando a los que las practican si no se arrepienten; como por ejemplo, lo que se nos instruye en 1ª Corintios 6:9

“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.  “

Analicemos: Según el diccionario, ‘fornicar’ es realizar el acto sexual fuera del matrimonio; pero, como palabra derivada del latín ‘fornix’, también puede implicar ‘lupanar‘, según el contexto en que se use. Y lupanar es el nombre latino dado al prostíbulo, o casa de prostitución. Si más abajo cita a los adúlteros específicamente, ya deja claro el significado que se le pretende dar a la palabra: ‘prostitución’, en cualquiera de sus manifestaciones.

¿Qué se desprende de esto, que Dios la tiene cogida con los que ‘entienden’ y los que se ‘prostituyen’? ¡No! ¡De ninguna manera! Si se fijan, les incluye en un mismo paquete, junto a otras abominaciones; yo diría que todas, pues al citar a los ‘estafadores’, nos circunscribe a todos los que de una u otra forma mentimos para conseguir algo: Políticos, banqueros, comerciales, gente de a pie… ¿Quien no estafa con su palabra e incluso con acciones simuladas, para engañar al prójimo?

Se hace evidente que establece un ‘filtro’ que limitará la entrada en el reino eterno; es obvio, si tiene pensado un lugar perfecto. Los que habiten allí deben ser de mente limpia, para que no ‘desorganicen aquello’, como el Señor la tuvo cuando se hizo hombre, para demostrarnos que se podía alcanzar la perfección incluso alimentando carne, si llegábamos a adquirir la suficiente fortaleza espiritual para resistir las tentaciones.

La buena noticia es que el sacrificio de Jesús en la cruz para redimirnos de nuestras faltas, ¡A TODOS!, nos ofrece, sin distinción de personas, las mismas posibilidades. El mejor ejemplo nos lo mostró cuando la primera persona a la que se apareció fue a María Magdalena. Para dejar patente su perdón abierto, ¡le concedió ese privilegio a una de las que más se repudió debido a sus faltas!

Y es que así como odia el pecado, Él ama al pecador, juzgando su debilidad, ‘sea cual sea’: siempre está listo a perdonar. Gracias a la sangre derramada en la Cruz y al magno sufrimiento que padeció Su unigénito Hijo, nuestro Señor Jesucristo, Dios, que es Todopoderoso también en expectativa, nos brinda un canto a la esperanza a través de su promesa, incluso en estos casos. Desde Ez 18:21-23 nos da su Palabra:

“Y si el malvado se aparta de todos los pecados que cometía, y cumple todas mis leyes, y hace lo que es recto y justo, ciertamente vivirá; no morirá. No volveré a acordarme de todo lo malo que hizo, y él vivirá por hacer lo que es recto. Yo no quiero que el malvado muera, sino que cambie de conducta y viva. Yo, el Señor, lo afirmo.”

¿No resulta maravilloso saber que su misericordia lleva hasta el punto de no diferenciar qué tipo de perversidad está dispuesto a perdonar? Si nos arrepentimos de corazón y nos volvemos a Él con el espíritu, el Creador nos brinda la oportunidad de Su ‘olvido’ total; nuestra cuenta en su Banco ya no volverá a tener números rojos. ¡Alabado sea el Señor, que siempre nos acoge!

La homosexualidad no es un caso aparte; es uno más entre otros rechazados por considerarse graves y por resultarle abominable y execrable a Dios: Su gravedad estriba en que pertenece al grupo de faltas que se comenten con el cuerpo y que Él ubica como ‘inmoralidades sexuales’. Diseñó el cuerpo humano con un objetivo; lo que se salga de ahí le ofende, pues todo nuestro organismo le pertenece.

Se comprende que resulta más cómodo para todos el pensar que descendemos de una ameba y que hemos ido evolucionando. Quien se abraza a esta falacia desmontable, lo hace porque así se ve libre para hacer lo que desea, sin tener que dar cuentas a nadie. Pero no es así, lo siento; las pruebas de su existencia están en nuestra propia maquinaria perfecta.

Permítame concluir de forma similar a como lo hace el propio Jesús en sus últimas palabras, manifestadas en Apocalipsis 21:6-8

“Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” 

Perdón si alguien se siente ofendido; he escrito esto con el mayor respeto del mundo, y sin ánimos de insultar. Tengo mi propia urna de vulnerabilidades y no me  considero más punteable que el resto, pues para que nadie se sintiera mejor que nadie, el Señor no dice cuantos ‘puntos’ se pierden en cada falta. La toga tiene una talla única y está esperando por su dueño; sólo uno se la pondrá. Créanlo, el juez viene; arreglemos las cosas con Él mientras estemos en este mundo, que es el de las posibilidades de los pactos. 

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