LINGÜÍSTICA vs ‘HOMINIDIA’.

noviembre 11, 2010

Noviembre 11/2010

Cada vez que oigo hablar de homínidos, recuerdo la Ilíada de Homero, por afinidad mitológica. Y la Ciencia jamás debe consentir la mitología; de hecho, los que sentaron las bases científicas de la humanidad, de fe cristiana: Kepler, Copérnico, Pascal, Newton, Galileo, y otros cientos, aunque fundados en su fe, siempre concluyeron sus planteamientos con evidencias.

La Ciencia es búsqueda, pero la conclusión científica es ética; decir que algo es real, solo es moral si se avala con pruebas. Si una investigación no da evidencias más allá del argumento, no se ratifica una teoría; debe seguir buscándose la verdad, sin enseñarse en institutos como la realidad misma. Eso es inmoral y antiético; lo argumentativo jamás es admitido en ningún tribunal como evidencia de nada.

El descubridor de la anestesia por cloroformo, y autor de trabajos que conducirían a avances en ginecología, y en rayos-X, el Dr. James Simpson, al preguntarle sobre su mayor hallazgo, no refirió sus éxitos en medicina. Dijo que lo fue el saberse pecador, y que podía ser salvo por la gracia de Dios: “El hombre que no haya entrado en relación con Dios, mediante Jesucristo, se ha perdido el verdadero proyecto de su vida.”

La Ciencia es área exclusiva humana, vedada a chimpas; aunque la seudociencia, tergiversando al paroxismo, sellara analogía genética del 98%… hasta que se decrete en juicio la real divergencia. El responder a incógnitas distintas a la necesidad biológica, es único en el humano; sale de su alma. Pero muchos se esfuerzan por negar esa energía interior, solo por no haber logrado establecer el punto físico de su fuente.

La zona donde reside el origen de las ideas, sentimientos y análisis; la capacidad que nos convierte en la excepción de la regla, y en amos de la comunicación, es algo que siempre ha intrigado a la humanidad. Palabra, lectoescritura, y artes, son privilegio exclusivo humano, entre casi dos millones de especies. La lingüística es solo nuestra; y se controla en puntos del lóbulo temporal del córtex cerebral… ausentes en chimpas.

Los Centros de Broca y Wernicke, puntos claves de la neurolingüística, situados en ese lóbulo, constituyen otra gran espina ética hundida en la carátula del ‘Origen de las especies’ de Darwin, impidiendo pasar página. Desde la falta de ciencia, con argumentos filosóficos, se saltan a la torera los muchos impedimentos científicos que niegan la teoría darwinista. Y este es de los más espinosos; contra él no hay evidencias. Pero ningún argumento es admitido como evidencia en ningún tribunal; y la teoría evolutiva acabará sus días allí, muy pronto.

Darwin arguyó que el habla y la postura erguida surgieron por instinto. Pero toda su suposición teórica, se basó en ignorancia científica. Hoy se reconoce limitación anatómica para el bipedismo en simios, y hay por ej., hallazgo antropológico en Turquía de humanos cuadrúpedos, debido a mutación génica… que afecta al cerebro.

 

Malformación

Malformación

Esas personas, de una misma familia turca, evidencian que los restos declarados ‘homínidos’ por la paleontología, seguramente pertenecieron a simios… o a humanos que padecieron dolencias degenerativas. No obstante, el fisiólogo turco Uner Tan, sostuvo que esos rasgos típicamente humanos pueden ser el resultado de un suceso evolutivo “puntual”. O sea, se hizo eco del ‘equilibrio punteado’ apelado por los paleontólogos evolutivos Stephen Jay Gould y Richard Lewontin, luego de romper mucho pico, pala y buldózer, en busca del eslabón perdido que jamás apareció, y que les forzó a negar la evolución gradual, tradicionalmente sostenida por el darwinismo.

Mas, si seguimos tal razonamiento, deberemos convenir con que entonces no estamos ante evolución, sino ‘involución’, puesto que los padres no son homínidos, sino humanos normales… que degradaron la especie, trasmitiendo defectos congénitos a hijos.

El ‘International Journal of Neuroscience’ expuso este síndrome, visto en Iskenderun, cerca de la frontera con Siria. Allí, fisiólogos, neurólogos y psicólogos analizaron la descendencia de lejanos consanguíneos: 19 hijos [entre 14 y 36 años], de los cuales nacieron con el síntoma cuatro hembras y un varón, mientras otros 12 eran normales. El análisis genético concluyó característica genética recesiva, debida a mutación.

El examen cerebral con resonancia magnética, reveló además un estrechamiento de la ‘vermis‘, y reducción del cuerpo calloso. Pero, aún ante tal evidencia de mutación genética, con la obstinación propia de la defensa evolutiva, cerrada a cualquier posibilidad de error, Tan aseguró que ese defecto parece producir un retraso de miles de millones de años en el reloj de la evolución humana. O sea, inconsciente propugna a una ‘involución’, sin inferir desde la evidencia que todo supuesto hallazgo fósil ‘homínido’, en realidad debería corresponder a monos o a humanos con ADN mutado.

Y se repite la obcecación cuando el biólogo inglés Nicholas Humphrey, junto a John R. Skoyles, y el anatomista Roger Keynes [Universidad de Cambridge], tras examinar a los enfermos, dijo: ‘Estas personas caminan de la misma manera que nuestros ancestros hace millones de años‘. Especulativo, pues nadie vivió eso para contarlo; y por tanto sin valor legal ante un tribunal de apelaciones.

Si hay algo común en la defensa evolutiva, es la reticencia a admitir siquiera que los fósiles hallados fueran en realidad restos de humanos con dolencias degenerativas conocidas hoy. Y la mayor evidencia del error es que hay por ahí 200 tipos de monos que no copulan si no son de la misma especie, no presentando evidencia de descendencia ‘homínida’ en ninguna selva o laboratorio evolutivo del planeta. Todo lo que tienen contra la verdad es argumento filosófico; pero en todo tribunal se rechaza lo argumentativo. Es una de las acepciones jurídicas que han sentado cátedra en jurisprudencia, para negar la razón a quien argumenta.

Mas lo trascendental es que ni el mono ni otro animal, es consciente del yo futurista; no prevén más allá de su necesidad inmediata. Ni hablan ni presentan la gramática intelectiva que permita crecer en conocimiento. Tienen diferente actividad cerebral.

En el córtex se integran las capacidades cognitivas y la consciencia, que permiten comunicarse por palabras, y hacer razonamientos complejos. El córtex cerebral humano tiene numerosos pliegues, distintos al resto de especies. Aun así se instruye que la genética humana nos iguala al chimpa en un 98%. Algo que fija discordia: ¿Por qué entonces los neurocirujanos experimentan con monos rhesus [macacos], especie evolutivamente más ‘lejos’ según la teoría, en lugar de con los chimpas, los ‘iguales‘ al humano al 98%?

Y los que insinúan que los cambios mono-humano se dieron por azar, citando la interrelación social de poblaciones, como el motor impulsor del proceso de lenguaje ‘homínido’, deberían pensar con igual lógica que de haber sido así, las otras 196 especies simias habrían alcanzado también el lenguaje. Pero no; el humano es el único. Y eso se convierte en evidencia contra lo que se propugna; la misma lógica de raciocinio conduce hacia que nacimos hablando desde el principio, debido al exclusivo diseño biológico que lo permitió. Lo contrario a eso es argumentativo… y ya se sabe que lo argumentativo no vale en un tribunal para acreditar una verdad, sino que acredita sentencia en contra.

El lenguaje es la más específicamente humana representación del mundo; es el proceso cognitivo que nos diferencia de las otras especies. La semántica, creada por intelecto humano, da significado a símbolos [palabras], logrando describir sucesos u objetos, sin importar lo lejanos que estén. Y eso está ausente en chimpas & company.

El humano describe un sin número de pensamientos, partiendo de cantidad finita de palabras. Su intelecto percibió la necesidad de establecer las reglas gramaticales que determinan el lenguaje. Los chimpas & company carecen de tal facultad.

Los centros de Broca y de Wernicke, en la parte posterior e inferior del lóbulo temporal del córtex cerebral, se vinculan a la capacidad exclusiva del ser humano: la lingüística, alejándonos radicalmente del mundo animal. Ninguna bestia es capaz de hablar y pensar coherentemente lo que dice, entre casi dos millones de especies animales registradas; y por supuesto, ninguna entre las casi 200 especies distintas de monos, chimpa incluido.

Broca notó que los daños en esa área generan afasia motora; un mal que hace que la persona, aun manteniendo capacidad de lectura y escritura, no pueda articular palabra; por eso lo consideró un punto de origen de la neurolinguística… ausente en monos & company.

La comunicación lingüística, incluso la más básica, implica la representación de todo lo que nos afecta del mundo mediante la palabra, tanto en forma oral como escrita… y eso está ausente en chimpas. Demanda abstracción para la clasificación pictográfica de objetos y/o situaciones, también ausente en chimpas; y otra aún superior para la interrelación social-artística totalmente ausente en cada una de las casi 200 especies de monos de los que pretenden derivarnos; chimpas incluidos, por supuesto.

Los científicos registran junto al área de Broca varias regiones críticas, activas si las personas planean decir algo, hablan o se expresan por señas. Y Jared Taglialatela, [Centro Nacional Yerkes de Investigación sobre Primates], juzgó que “la conducta comunicativa de los chimpancés comparte muchas características con el idioma humano“. Escaneó tres cerebros de chimpancés mientras gesticulaban y llamaban a una persona demandando una comida puesta fuera de su alcance.

Detectó que los simios mostraban activación en la región cerebral que en humanos correspondería al punto de Broca [sin tenerlo], y en otras áreas similares del cerebro humano donde se involucran la planificación motora compleja y otras acciones. Pero eso también es argumentativo; si hubieran estudiado esas áreas en perros, caballos o delfines, habrían visto la misma activación, pues necesariamente, si el cerebro es la fuente neuronal de todo proceso animal, es normal que se activen áreas de emociones comunes.

Lo único real, es que carecen de los puntos de Broca y Wernicke. Hablar de áreas homólogas en cerebros diferentes, [tal como en el proyecto genoma hombre-chimpancé], es una argumentación sin evidencia científica, fundada en un supuesto. La única realidad es que NO HABLAN, no esculpen ni pintan ni estudian ni hacen proyectos de futuro, ni tienen la conciencia del ‘yo futurista’ [¿Qué seré de mayor?]; y eso fija una gran frontera, no una semejanza que indique descendencia de ellos. Y lo argumentativo, como se ha venido repitiendo, se rechaza en los tribunales, el lugar donde tendrá que comparecer  muy pronto, Dios mediante, la teoría evolutiva.

La fuente de las ideas, sentimientos y análisis, nos capacita y convierte en la excepción de la regla, y en reyes de la comunicación. La palabra, la lectoescritura, y las artes son privilegio exclusivo de nuestra especie, entre millones de distintos tipos de animales. La lingüística, y todo lo intelectual, fue, es, y será exclusivo de humanos; y siempre estuvo, está, y estará… ausente en chimpas & company.

Legalizar homínidos es propugnar la falaz y anticientífica descendencia híbrida, con diferentes especies de monos copulando y gestando entre sí. Pero jamás, en ninguna selva o laboratorio del planeta se ha visto tal cosa ni se ha logrado que ningún híbrido sea capaz de multiplicar ninguna nueva especie. Eso es mentira; quienes protejan tal anticientificismo, no son dignos de ejercer el decoroso ejercicio del magisterio. Venden su alma por el precio de la subvención.

Y cada gobierno que subvencione el apuntalamiento de tal mentira con los millones de euros invertidos hoy, es un régimen que derrocha para financiar engaños contra la Creación de Dios. Si no cambian, si no se arrepienten y piden perdón a Jesús, unos y otros tendrán que responder ante el Creador por haber sembrado y alimentado ideas antiCristo en el corazón humano.

El argumento de Bereshit 1:26, el libro con el que instruía Jesús, según la tradición judía, reseña: ‘Y dijo Dios: “Hagamos un hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza…” Y ese argumento adquiere valor real en la presencia humana. Pero lo de convertir calabazas en carrozas es otro hecho; no vale lo argumentativo. Ningún tribunal lo admitiría sin la evidencia que  lo corroborara. Ni el humano ni el divino.

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EVOLUCIÓN Y SUS ÓRGANOS VESTIGIALES QUE NO LO SON.

mayo 2, 2008

“Es más fácil desintegrar un átomo que un preconcepto”.  Albert Einstein

Desde hace algún tiempo vengo meditando sobre la apatía existente, por parte de las instituciones responsables, en sacar de circulación la abundante literatura supuestamente científica, que o está ya obsoleta o resulta deficiente de las evidencias necesarias para que formen parte del plan educativo. Supongo que puede deberse a simple indolencia, sumada al perjuicio económico que se generaría contra las distintas editoriales implicadas, con millones de ejemplares afectados.

Un ejemplo de ello es que no han sido retirados de las bibliotecas, ni de muchas librerías del mundo, libros que hablan de fraudes evolutivos confirmados que no quiero repetir, porque ya han sido suficientemente difundidos en este blog, pero que todos conocen, y de  otra línea, no menos engañosa, sobre la que creo importante advertir a los padres. Otra situación que se está dando en las escuelas: los órganos ‘vestigiales evolutivos‘.

En 1893, Robert Wiedersheim publicó una lista de 86 órganos humanos de los que se desconocía su función. Teorizando que eran vestigios evolutivos, les llamó “vestigiales”, definiendo así a piezas cuya función original ‘se perdieron durante la evolución‘.

Pero la verdadera Ciencia, esa escrita con mayúscula, una vez más se ha constituido en enemiga del evolucionista. El aumento del conocimiento científico redujo más y más la lista de Weidersheim, reportando la utilidad de la mayoría de los órganos falsamente considerados como ‘vestigios‘.

Hoy, solo unas pocas de esas ‘presencias‘ están por revelar aun su función; sin embargo, la tozudez evolucionista dicta: ‘¡Los otros no, pero estos sí!‘ En lugar de aprender modestia de la experiencia, la soberbia y la incapacidad o el temor de declararse culpables de jactancia, les arrastra a la persistencia en el error de la inopia.

Por ejemplo, el clítoris ha sido descrito como un pene vestigial por algunos científicos, como el reconocido evolucionista Stephen Jay Gould; y casualmente hoy, buscando informes para este artículo, entré en un forum de alumnos de Fisiología de la Universidad de Madrid, cuyo tema consistía en una clase recibida de una profesora a la que, parabólicamente, le cortaban las tiras del pellejo. Una chica resultaba la más indignada; me llamó mucho la atención la vehemencia con la que defendía su condición de mujer, así que me permití el cortar y pegar en las siguientes líneas:

‘Suelta una señora profesora de buena familia, en sus clases de Fisiología, y se queda mas ancha que larga (nunca mejor dicho):Clítoris: Vestigio del pene“. La perlita conceptual de esta mujer parte del falocentrismo puro y duro de los fisiólogos del siglo pasado y el anterior, y se sigue enseñando a día de hoy, en una facultad de ciencias aplicadas, con el 70-75 % de alumnado femenino, sin que nadie levante la cabeza de los apuntes, y menos aún la mano para protestar.

Para quien le interese, el clítoris no es un pene vestigial, sino un órgano con entidad propia. En los seres humanos (un ejemplo cercano) a las 4 semanas de gestación, un embrión posee estructuras genitales indiferenciadas, compuestas por un tubérculo genital, una tumefacción labioescrotal y un surco y pliegue uretral. El desarrollo de estas estructuras hacia genitales femeninos o masculinos, vendrá determinado por el de las gónadas (que también en ese momento son indiferenciadas), y el de éstas a su vez (en el caso de los mamíferos) por la dotación cromosómica sexual XX o XY.

Para simplificar mucho las cosas: Si el embrión tiene en su dotación genética un cromosoma Y, producirá una proteína denominada Factor Determinante Testicular, que provocará que las gónadas evolucionen a testículos, y la producción hormonal de éstos a su vez, que el tubérculo genital crezca y se transforme en un glande, que el surco uretral quede rodeado por el cuerpo del pene, y que la tumefacción se fusione por su línea media para formar la bolsa escrotal.

En ausencia de este factor, las gónadas derivan hacia ovarios, el tubérculo genital forma un clítoris; el pliegue uretral, el meato urinario y la tumefacción se transforma en los labios mayores de la vulva.’

Luego de leer su opinión, no dudo que esta joven tiene las ideas claras y nadie podrá desvirtuarla de la verdad, por mucha cátedra que tenga frente a sí. Pero, ¿y el resto?; el problema de una mentira es que arrastra con ella a los menos preparados o a aquellos que son incapaces de razonar, terminan una carrera, y están dispuestos a perder un brazo en defensa de los conceptos que tanto trabajo les costó cementar en sus neuronas, para poder aprobar así los necesarios exámenes que le confirieran el título.

Las librerías y bibliotecas están saturadas de publicaciones evolucionistas anunciando que el cuerpo humano contiene cerca de un centenar de órganos que no realizan ninguna función. Citan entre ellos el cóccix, las amígdalas, el bazo, el apéndice, la glándula pineal, el oído externo, y los molares del juicio.

Sin embargo, la Ciencia demostró la superstición existente en las ‘probados hechos evolucionistas‘. Actualmente, gracias a sus hallazgos, desde la toga de la verdad, se descubrió que el bazo desempeña funciones tales como la Hematopoyesis, que durante la gestación le convierte en un importante productor de sangre en el feto. Tras el nacimiento desaparece esta función, pero puede volver a desempeñarla en caso de necesidad.

También actúa como filtro, encargándose de la maduración de los glóbulos rojos y de la destrucción de estos cuando resultan viejos o anómalos, así como de mantener las plaquetas saludables. Además posee una función inmunitaria, produciendo anticuerpos con capacidad para destruir bacterias mediante fagocitosis. En resumen, el bazo es parte vital del sistema inmunitario y del sistema circulatorio humano, escoltando a los capilares, vasos, venas y otros elementos de este sistema; jamás ha sido el ‘vestigio‘ de quién sabe qué ancestros estrafalarios inducidos por el oscurantismo evolucionista.

Asimismo, otra vieja víctima supuestamente ‘vestigial‘, desechada por la demente teoría de la ‘selección natural‘, la glándula pineal, (epífisis o ‘tercer ojo’), de solo unos 5 mm de diámetro, hoy se reconoce que se activa cuando no hay luz, produciendo melatonina, e implicándose en la regulación de los ciclos de vigilia y sueño. Se ha comprobado que esta hormona actúa, contrarrestando los efectos del síndrome de diferencia de zonas horarias. Se reconoce además como poderoso antioxidante, y se ha comprobado que participa en la apoptosis (muerte programada) de células cancerosas en el timo.

Con respecto al cóccix, aunque este no participa con el resto de la columna para soportar el peso corporal en bipedestación, cuando alguien se sienta, se flexiona anteriormente de forma ligera, lo que indica que amortigua parte del peso. Además, ofrece inserciones de apoyo a los músculos glúteo mayor y coccígeo y al ligamento anococcígeo, así como a la intersección fibrosa de los músculos pubococcígeos, lo que evidencia que no es el ‘rabo‘ prehistórico que la evolución propugna, sino que tiene una participación activa en su función articular y de sostén muscular.

Ya puestos, diremos que la oreja u oído externo, tiene un papel cardinal en la identificación de procedencia del sonido. Como un radar, pues estos se copiaron de su diseño, está estructuralmente ‘pensado‘ para, durante el proceso de audición, recoger las ondas sonoras y dirigirlas hacia el interior.

En cuanto a las amígdalas, situadas en la faringe, son tejido linfoide, y protegen la entrada de las vías digestiva y respiratoria, de la invasión bacteriana. En el anillo linfático de Waldeyer, los linfocitos contactan en seguida con los gérmenes patógenos que penetren por nariz o boca, librando una pronta respuesta defensiva por parte de nuestro organismo.

Otro de los órganos ignorantemente definidos como estructura “vestigial” por los estudios de la evolución, fue el apéndice. Se había establecido, desde mucho tiempo atrás, que la ruptura del apéndice causaba la peritonitis, una infección letalmente peligrosa. La combinación de la ignorancia en cuanto a la función, + la severidad de una apendicitis aguda, hicieron que muchos consideraran al apéndice como peor que inútil. Los evolucionistas se aprovechaban de esta opinión para declarar que era un órgano vestigial, evidenciando (a su parecer) que su teoría era fidedigna.

Hasta finales del siglo XX, que la revista New Scientist manifestó en uno de sus artículos que, ‘aunque se solía creer que el apéndice no tenía función y era un vestigio evolutivo, ya no se piensa igual, pues se le atribuye una función inmunológica hacia el embrión que se desarrolla, y que continúa funcionando incluso en el adulto‘. A día de hoy, se deduce que actúa de forma que el sistema inmunológico reconozca como ‘amigo‘ a las bacterias y otros organismos que cohabitan en el intestino, diferenciándolas de todo intruso que sí debe ser eliminado, según ‘está programado‘ por el Creador.

En resumen, se ve que la única base para la idea de la existencia de “órganos vestigiales” fue la ignorancia, sumada al enorme deseo de ‘neutralizar‘ la Ciencia de Dios. Pero, en vez de proveer sostenimiento para la evolución, una vez conocida su funcionalidad, mostraron las tinieblas de sus promotores, y la insolencia ateísta que abrigándose en ideas erróneas, lo que ha conseguido es una autocondena al ostracismo.

Aunque algunos evolucionistas renunciaron al argumento de estructuras “vestigiales” como evidencia evolutiva, aun aparecen en libros de textos de todo el planeta, formando parte activa de distintos planes de estudios y en disímiles medios de comunicación. Otros insisten en usarlos como pruebas.

Los molares de juicio representan otro de los temas; pero hay tanto para hablar de ello, que mejor lo dejamos para una próxima presentación del blog. Prefiero cerrar este capítulo con una expresión que nos dejó Horatio H. Newman, evolucionista y pionero en genética:

“Aunque parezca difícil, el evolucionista honestamente se ve compelido a admitir que no hay prueba absoluta de la evolución orgánica”.

Y es que lo de los órganos vestigiales constituye una burrada comparable a la de: “El ser humano desciende del mono“; cosa radicalmente falsa… a menos que una persona vaya sobre los hombros de un gorila o gran orangután domesticado, y decida bajarse porque su oreja, ese radar objeto de diseño, le anuncia que desde el oeste, están sonando truenos, y que si no articula rápido su cóccix, enderezándole, el agua terminará calándole la ropa.

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