9ª CAPCIOSIDAD antiCristo QUE ORBITA EN LA RED.

julio 20, 2012

Julio/20/2012

Estas capciosidades que neutralizo gracias al Señor, las copié del blog:

http://imaginario-nopensar.blogspot.com.es/2011/07/la-segunda-venida-de-cristo.html

9-(Para fideístas o personas que dicen que la fe se auto-justifica) ¿Es justo o racional por parte de Dios ocultarse a sí mismo de modo que sólo pueda ser conocido por fe, y aparte de eso insistir en que cada ser humano le encuentre escogiendo la única correcta entre cientos de incompatibles religiones?

¿Ocultarse a sí mismo? Más abajo veremos que no.

Ahora bien: ¿acaso Uds. no son ateos por fe? ¿Acaso la diosa selección natural se les ha revelado a alguno? Ahí tienen la respuesta: Uds. creen en una diosa que no se deja ver, y que no presenta ni una evidencia. Y aun así, acuden a la fantasía del pensamiento para estructurar todo un andamiaje argumentativo respecto a la teoría de la evolución de las especies. ¿No es eso el mayor ejemplo de fe posible?

Nadie ha visto jamás, en 4 siglos de microscopio, y con más de 10 millones de procariotas (microorganismos) ni la más mínima evidencia de adquirir un orgánulo eucariota, la célula de los millones de especies animales y vegetales que existen. Y hay miles de investigadores evolutivos tras ese Nóbel; es la base de vuestro ataque a la Creación de Dios. Sin embargo, haciendo demostración de una fe ciega en el ateísmo, que no en la ciencia, dicen aun sin esa evidencia vital, que la multiplicidad de especies se inició cuando un organismo procariota se convirtió en eucariota. ¿Hay fe más grande que esa?

Toda la argumentativa evolucionista se fundamenta en la fe: Por vuestra fe ciega, los dinosaurios se volvieron aves, aunque la realidad dice que hay 10000 especies de aves, y cada una exige la presencia de macho y hembra genéticamente compatibles. Vemos que un gorrión no cría con la canaria, ni la cóndor con el águila, ni el pato con la gallina… por ser genéticamente incompatibles; sin embargo, Uds., solo por vuestra fe ciega en el antiCristo, siguen insistiendo en que sí, que los dinosaurios llegaron a ser los reyes del cielo y los padres de todas las aves.

Por vuestra fe ciega, un mamífero hermafrodita se metió en el agua un día, se hizo submarinista, cambió patas por aletas, subió su nariz, y creó él solo las 50 especies de ballenas que existen. Aunque en la realidad vemos que las 50 especies de ballenas son todas sexuadas, y que la gris no hace cría con la azul, ni el cachalote con la jorobada… por ser genéticamente incompatibles.

Por vuestra fe ciega, descendemos de simios, y somos genéticamente iguales al 98%, aunque la realidad, cayendo como un martillo sobre la fábula evolutiva, señala que un orangután no se acopla a una chimpancé, ni un gorila con una mandril, ni un mono tití con una mona verde. Esa frontera infranqueable, esa incompatibilidad genética se instaura en las casi 200 especies de simios registradas. ¿Cómo entonces pudo salir el híbrido homínido que se plantea, y además de eso ser tan fértil como para dar lugar a los 7 mil millones de personas que hoy existen?

Incluso la investigación va contra vuestra fe ateísta. Por ej., el Proyecto Genoma Hombre-Chimpa da diferencia en los cromosomas sexuales: 72% en el X y 92% en el Y. Sin embargo, Uds. siguen diciendo en aulas, prensa y TV, que somos genéticamente iguales a ellos al 98%. ¿No es eso fe ciega?

En general, Dios se muestra a través de la Biblia, y las pruebas que certifican la verdad de su Palabra. Pero yo les aseguro que si alguien le busca con hambre y buena voluntad, arrepentido de todos loe errores cometidos, el Señor le hablará; si ha sucedido conmigo, sucederá con otros.

Respecto a las evidencias de Dios, lo he repetido ya muchas veces, pero esta pregunta no me deja opción, así que de nuevo seré redundante:

– El hombre descubrió el ADN en el siglo XX. Pero casi 4 milenios antes, el salmista David (Currículum no de genetista, sino pastor de ovejas, corrector de abusones, y luego rey), recibió la revelación de Salmos 139:15-16:

No fue encubierto de ti mi cuerpo, aunque en oculto fui formado y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar ni una de ellas.”

-La ciencia estableció la tectónica de placas en el siglo XX; casi 4 milenios antes, Moisés, no geólogo sino profeta, dijo por revelación en Gen 7:11:

“Aquel día del año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo, a los diecisiete días del mes, fueron rotas todas las fuentes del gran abismo y abiertas las cataratas de los cielos…”

-Siglo XX: Se hallaron fósiles marinos en el Himalaya, casi 8kms sobre el nivel del mar. Dios dice a todo el que lea Su Palabra, en Gen 7:19-20:

“Las aguas subieron mucho sobre la tierra; todos los montes altos que había debajo de todos los cielos quedaron cubiertos. Quince codos más alto subieron las aguas después que quedaron cubiertos los montes.”

-Los Físicos y astrónomos concluyeron que el universo está en expansión. ¿Nos legó Dios algo sobre eso? Moisés no era científico, pero Gen 1:6-8 dice:

Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así. Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo.

No me he inventado nada de esto; ni los creacionistas han alterado la Biblia para hacerla coherente con la ciencia. Los ejemplares bíblicos más viejos, anteriores a los últimos descubrimientos científicos, corroboran estas cosas.

Uds. no ven a Dios, porque no quieren verle; no busquen otra razón. Van por la vida con las manos en los ojos y los pulgares en los oídos, apriorísticamente, defendiendo la trinchera de la negación por una decisión anclada en vuestros corazones, no por análisis. Nuestras madres mueren; sin embargo su evidencia la llevamos con nosotros siempre en nuestros ombligos.

Asimismo, las evidencias de Dios están impresas en cada célula vuestra; el ADN es su sello. Su inmenso banco de datos: ordenado, programado, y codificado, descarta al 100% al azar. Siempre olvidan que la información antecede a la ejecución: ¿cómo se inscribió esa instrucción y programa en cada célula? Es la única pregunta racional y lógica. No vale decir que ‘un día apareció un bicho en las aguas”; no es científico. Ni siquiera racional, pues cuando esa primer alga ‘evolutiva‘ apareció… ya tenía su ADN inscrito; y eso descarta al azar. ¿Quién lo inscribió?

Y no salgan con: ¿Quién creó a Dios?, porque ahora hablamos de lo que vemos; no es el tema que toca. Algún día sabremos como fue todo; ahora solo debemos analizar la coherencia entre la Biblia y las evidencias que explosionan ante nuestros ojos.

En el año 2008, el período de más debates en mi blog, me sentí muy mal por ver que Dios tenía muchos más enemigos de lo que yo creía. Mi opinión entonces era que el ateísmo no iba más allá de la incredulidad; pero luego la experiencia me enfrentó a respuestas de odio, no de dudas. Y yo no podía entender por qué tanto rencor contra Cristo, si había muerto para dar a todos, sin excluir a nadie, la oportunidad de vivir con Él, bajo un gobierno perfecto.

Cada día oraba al Señor preguntándole: “¿Por qué te odian si solo hiciste el bien? Han dedicado años de su vida al esfuerzo por sacar sus carreras; son inteligentes… ¿cómo no pueden ver tu amor por ellos?

Esa letanía la repetí cada día durante casi un mes, y al no obtener respuesta, pensé que el Señor quería que olvidara ese asunto; no incluí más ese tema en mis oraciones. Pero la tarde del 17/12/2008, con mi mente en cuestiones personales, de pronto oí su voz como un amigo que hablara a mi lado:

Yo soy invisible para quien no quiere verme, y me manifiesto a quienes me aman.”

Y entonces lo comprendí: el odio no les deja ver. No se trata de evidencias, pues están ahí, al alcance de todos; es que se han propuesto en su corazón y subconsciente no verlas. Son seguidores de Richard Lewontin, le conozcan o no; el mismo espíritu que anima a este defensor evolutivo les cohesiona. Y mientras ese rechazo permanezca, no le verán. Es triste, muy triste, que no perciban en qué dimensión tal rechazo atenta contra el futuro personal.

Por último, tocante a que existen cientos de religiones y el cristianismo no tiene por qué ser la única correcta, la respuesta está tan clara como el agua:

Es la correcta porque solo Cristo hizo que muertos resucitaran, cojos andaran, ciegos vieran y leprosos fueran limpiados. Así, fue el único en demostrar que venía con el poder del propio Dios. Además, solo Él padeció en su carne por el pecado de la humanidad; solo Él se ofreció como puente de reconciliación del ser humano con el Padre creador, luego de siglos de traicionarle y decepcionarle. Nadie más hizo por el mundo lo que hizo Jesucristo.

Jesús es el único fiable; solo Él demostró venir del propio Dios. Solo Él fue a la cruz por toda la humanidad. Ninguno, entre los líderes religiosos adorados por otras religiones, se sacrificó así ni hizo ni siquiera algo parecido a sus muchísimos milagros.

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EL CREACIONISMO EN LA CIENCIA

febrero 2, 2011

1º de febrero/2011

La batalla filosófica [no científica, pues no hay Ciencia si uno de dos la evita] entre evolución y creación, entró al mundo con la primera lucubración ateísta de la escuela jónica [VI aC], sobre el origen de la vida. Tal filosofía [que no Ciencia], bebió la intuición cosmogónica adoptada hoy por la filosofía [no Ciencia], del evolucionismo. 

El ateísmo aceptó una evolución natural y continua; el elemento primario variaba, según el gallo cantor de aquel gallinero indocto en cuanto a orígenes. Tales de Mileto la achacó al agua; Anaxímenes al aire, y Heráclito de Efeso dijo que toda existencia está en continuo cambio. Pero Anaximandro fue el pionero evolutivo: según él, los primeros animales surgieron del agua, y pasaron luego a tierra firme. Fue el primero en pensar que el hombre nació de un animal. O sea, la misma película de hibridismo ficción que obligan a ver milenios después, en salas académicas del mundo.
Galeno (130-201 d.C.), demostró desde la raíz del evolucionismo que no se trataba de una problemática científica, sino de contradecir a cómo fuera, el relato del Génesis:

Es precisamente en este punto que nuestra propia opinión y la de Platón y otros griegos que siguen el recto método de las ciencias naturales difieren de la posición adoptada por Moisés. Para este último parece suficiente declarar que simplemente Dios ordenó que la materia se estructurase en su debido orden, y que así sucedió; porque él cree que todo es posible para Dios… Nosotros, sin embargo, no sostenemos tal cosa; decimos que ciertas cosas son de natural imposibles y que Dios ni siquiera intenta tales cosas, sino que él elige lo mejor de la posibilidad del devenir
Ese ‘nosotros’ exhibe al ateísmo desmarcándose de quienes protegían la conservación de las especies según el Antiguo Testamento aceptado durante milenios. Luego, en el siglo XIX, en 1809 [¡año Darwin!], renunciando a ciencia, al Caballero de Lamarck [Jean Baptiste Monet], le dio por leer libros viejos, e incitó un retroceso histórico en Ciencias, publicando su obra pro-jónica “Filosofía Ecológica”.

Apuntaló dos leyes anticientíficas, amparando la generación espontánea como suceso frecuente: ‘Todo ser tiene un instinto interno que le lleva al autoperfeccionamiento’, y ‘Generan nuevas necesidades cuando se producen cambios en el ambiente’. O sea, la filosofía [no Ciencia] que prevalece hoy: la selección natural hace/crea el órgano. Absurdas propuestas del azar creador, saltarín e irracional, que todos saben cómo destruyó científicamente el inmenso Pasteur. Dios le tenga en Su Gloria.

Luego, Darwin indujo cópula demagógica: la selección natural, supuestamente mejorando al azar rasgos ya existentes, llegaría a estructuras más y más complejas, hasta crear nuevas especies. Pero la utopía de la selección natural siempre evita el origen de lo que supuestamente selecciona, pues lo real es que al tratar el origen de nuevos órganos y funciones [visión, oído…], no se seleccionan y mejoran estructuras, sino que hay que crearlas. Y, ¿acaso se puede crear el ojo sin saber de óptica, o el oído sin el saber acústica y mecánica? Solo con argumento filosófico, no desde Ciencias.

Ese antiCristo, y anticiencia, contorneó ojos ante el pico de pinzones, con sus ‘híbridos fértiles’, pero los pinzones, y las 10000 especies de aves conocidas, no procrean si no coinciden hembras y machos de igual especie. E igual ocurre con los más de 2 millones de especies sexuadas que existen: no hay gametos si no coinciden en tiempo machos y hembras de la misma especie. El mundo híbrido de Darwin, de algas a mamíferos terrestres, a ballenas, a simios y a humanos, solo puede existir en una imaginación prejuiciada, no en una mente científica.

Pero no hacía falta más; poco importaba ir contra Ciencia; había surgido un líder que guiaba hacia la emancipación de Dios y de su Hijo Jesús, el juez que vendrá. A partir de ahí, a todo defensor de la Creación se le llamó despectivamente ‘creacionista’.

Pero el hecho es: ¿El creacionismo implica Ciencia? Veamos: En Lingüística, la parte de la gramática que estudia las funciones de las palabras en el contexto de una oración, se denomina sintaxis. Así, ‘creacionismo’ halla raíz en un verbo reconocido por la Real Academia Española, de múltiples usos en el idioma: ‘crear’. Y su significado etimológico, no el teológico, sino el sintáctico, dice que es:

Producir algo de la nada”. Ej: Se creó el primer computador, sin aun existir. Está la evidencia: ausencia de computadores; nadie les conoce, hasta que el primer prototipo inteligentemente cavilado, diseñado, y creado, vino al mundo para su comprobación, como nueva creación. Así, en este caso, el creacionismo es la corriente de pensamiento científico que sigue la pauta irrefutable que deja un diseño, desde su obra, hasta llevar al diseñador inteligente: el ingeniero del computador.

Un dato: si alguien dice que una célula procariota se convierte por sí misma en eucariota; o que salen alas de los lagartos o que los simios trasmutan en humanos o que las calabazas se vuelven carrozas, sin presentar evidencias de ninguno de los pasos, no se habla de Ciencias, sino de argumentación transformista. Se cuenta que lo que ya existía evolucionó hacia otra cosa, sin que ese tránsito se pueda comprobar.

Pero, por ej, si se analiza científicamente la proteína ‘distrofina’, se ve que de ella depende la estabilidad de las membranas de las células musculares. Y hay algo que certifica que no sale al azar: la receta inscrita en el ADN para elaborarla. Pero aun hay más: la orden solo se activa cuando un factor genético detecta la deficiencia proteica, e indica a otra instrucción en el ADN, la de su síntesis, que tiene que ponerse las pilas y volver a fabricar distrofina por un tubo, hasta que se le diga stop. Y eso evidencia un Diseño científico que incluso prevé imprevistos. Es una prueba de DI.

Y veamos algo aquí: la mutación génica en tal instrucción, , es producida al azar; y ese azar, al ser anticientífico o no previsto, causa dolencias como la distrofia muscular de Duchenne y la de Becker. O sea, el empirismo científico dice que la mutación en ese gen conduce al caos, no a la mejora genética; por lo que la alteración azarosa se descarta como vía transicional a algo mejor. Es lo que se llama en Ciencias ‘evidencia negadora’.

¿Cuánto diseño ha hallado la Ciencia en esta proteína? Veamos: 1-En el núcleo de las células musculares, las instrucciones enteras de las regiones de los exones e intrones del gen de la distrofina son copiadas en el ARN premensajero. 2-Los intrones, que no codifican la síntesis, son eliminados entonces de esta copia o trascripción, mientras los exones son empalmados juntos uno tras otro, al ARN mensajero. 3-Ese ARNm con el mensaje genético almacenado en 79 exones, viaja a los ribosomas, las fábricas de proteínas, en el citoplasma de las células, y allí es donde la unión de los 3 685 aminoácidos adecuados crean la distrofina.

4/5- La proteína es llevada bajo la membrana de la célula muscular, donde forma parte de un complejo con muchas otras; algo necesario para trasmitir la fuerza muscular y para la estabilidad de la membrana celular bajo tensión mecánica.

6- Otro diseño gestiona más transporte proteico si el músculo persiste en necesidad de tensión. 7- Mientras, factores genéticos reguladores están pendientes por si es necesario extender la síntesis de distrofinas o detenerla, pues, aunque los científicos hablan de las cosas con que trabajan como si fuera sólo una de cada: ‘una proteína’, ‘la distrofina’, ‘el gen’, ‘la fibra muscular’… en realidad, actúan miles de millones de ellas. Hay 114 mil millones de moléculas de distrofina en un gramo de tejido de músculo. O sea, 7 diseños previendo la necesidad celular para una sola proteína, expresada miles de millones de veces.

Se crean 10000 distintas, no una sola; ¡una grandeza de Diseño! ¿A cuánto asciende el total de todas, actuando en el organismo? Y el esquema del programa ADN prevé la instrucción para sintetizarlas todas; no solo los billones de distrofinas, sino el total de proteínas existentes en el cuerpo, pentatrillones, funcionando con armonía y rigor.

Como pueden apreciar, este rastreo no ha sido filosófico, sino científico y empírico. Jamás verán este análisis por parte de ningún equipo evolucionista, que solo siguen la flecha del azar y la ‘homología orgánica’ en sus conclusiones. Solo vayan al trabajo seudocientífico del genoma hombre-chimpancé, y lo comprobarán: ‘genes homólogos, polimorfismos debidos a la evolución…’ Hacen todo lo anticientífico que esté en sus manos para lograr apuntalar las lucubraciones que caracterizan la teoría; incluso cogen los cromosomas 12 y 13 del chimpa, los recortan en brazos largos y cortos, y luego los pegan, intentando franquear la sólida barrera genética que impone la realidad: esos simios tienen 48 cromosomas, mientras el humano solo tiene 46. Aun sabiendo las funestas consecuencias que la experiencia señala en el caso de los humanos con aneuploidías, cambio del número de cromosomas.

 Es decir: buscan aquello que necesitan hallar para apuntalar su teoría, en una inducción circular. Pero aunque lo niegan en la Creación de Dios, la propia defensa evolutiva depende de diseño; sin él, nadie logra solución. Solo que el evolucionista lo usa para intentar apoyar una teoría decadente, a como sea. Y en eso fundamenta su plan de acción.

Yo participé durante años como miembro de un equipo de investigación, y sé que luego de la jornada laboral, por las noches, ya en familia, el cerebro está procesando, buscando para el día siguiente un nuevo diseño o plan que permita el éxito, que no nos haga parecer a la zaga del resto, que no retrase el trabajo investigativo. Así, este análisis de la distrofina rastreó las evidencias científicas identificables por experimentación; siguió cada proceso celular desde su instrucción ADN. Y a quienes usan esta técnica de pesquisa, buscando conclusión objetiva, les llaman, despectivamente, ‘creacionistas’.

Quienes hayan seguido esta flecha biológica paso a paso, no tienen otra opción que reconocer en el diseño a un Creador que perfila su prototipo, pues en la fórmula de la vida resulta científicamente contrastado que la información antecede a la obra final. Y a esta corriente científica, que siguiendo paso a paso los procedimientos científicos implícitos en el ADN de cada célula, de cada organismo viviente en este planeta, hasta llegar al Diseñador que acabó siendo Creador, se le llama ‘Creacionismo’.

El creacionismo pues, no es un pensamiento vulgar, sin reglas, aferrado solo a una fe y una filosofía, sino el final de un razonamiento científico, que en cada obra conduce hacia la inconmensurable Ciencia de Dios, el Creador de toda Ciencia. Es la sistemática de análisis de todo defensor de la Creación, que acude a las Ciencias para defender la verdad científica del Diseño Inteligente de nuestro Dios. Llegados aquí: ¿puede alguien decir que el creacionismo no es Ciencia? Solo desde el capricho y la enorme necesidad de desautorizar la verdad.

El DI tiene en el creacionismo la causa fundamental. Dios diseñó, no para que el azar actuara, sino para que [como el todopoderoso ingeniero que es], pudiera llevar a término el producto: la Creación de un mundo física y químicamente armónico, desde la Tierra hasta las profundidades más recónditas del espacio cósmico, donde vemos más de 25 tipos diferentes de órbitas, sin que ningún defensor del azar sea capaz de determinar, no el teórico big bang, sino de dónde brota esa colosal fuerza que aun hoy, en este mismo instante en que Ud. lee, mantiene a ese multimillonario conglomerado flotando armónicamente en el espacio.

Son materialistas, se guían por la física, y la física enseña que la energía no se crea ni se destruye, sino que se transforma; pero también dice que no existe la máquina de movimiento perpetuo, de modo que el materialismo ateo debería explicar la fabulosa e inconmensurable maquinaria cósmica de movimiento perpetuamente sincrónico que Dios ha presentado al mundo, poniéndole a los sabios ateos los pelos de punta al verse impotentes para dar una respuesta científica satisfactoria. Y además, deben hacerlo mediante el uso de la reflexión, una entidad inmaterial e intangible, de la que ningún defensor evolutivo es capaz de señalar su ‘trasmutación animal‘.

Sin embargo, algunos cristianos yerran al presentar el DI como una entidad independiente, desmarcándose con temor de la palabra creacionismo. El ‘coco’ ha sabido meter el miedo a la ofensa, a la descalificación y al ostracismo científico. El ‘coco’ sabe mucho; sabe por dónde meter la punta de su lanza, y sabe que el ser humano no presenta una fisura mayor que su propia vanidad. Y el ser humano quiere desmarcarse siendo dubitativo: “bueno sí, creacionismo… pero no exactamente… sustentamos la idea de defender el Diseño Inteligente de Dios, pero no hablamos del cómo ni del cuándo…”

Y el coco gana esa batalla ideológica, por abandono del contrario. ¡A pesar de que el contrario [el creacionista] tiene a Dios de su parte! ¡Pues no! El coco, que sabe leer perfectamente en el corazón humano, debe ver que no hay fisuras en la cadena del espíritu, que no tememos ser avergonzados, porque el propio Señor Jesucristo nos lo advirtió: “En el mundo tendréis aflicción, pero no temáis, Yo he vencido al mundo”.

Así que, sí el Señor Jesucristo siempre llamó al pan ‘pan’ y al vino ‘vino’, comportémonos dignamente ante Él. Digamos sin tapujos que el Diseño Inteligente no es una maquinaria humana; no es un artefacto creado por el cristiano para marginarse del creacionismo, sino que es la consecuencia de seguir una pauta analítica que conduce irreversiblemente hacia una entidad Creadora Inteligente.

Tal como Jesús no intentó vender coches a nadie, sino que habló claro, propugnando la unidad de su iglesia, no continuemos siendo separatistas por miedo al coco, sino tomemos la senda que Cristo trilló, y digamos con orgullo que el Diseño Inteligente al que conduce el análisis científico de cada célula, fue el precursor de la Creación Inteligente de Dios. Y que el creacionismo no es más que la corriente de pensamiento científico que defiende ese Diseño. Sin miedo, pues no es poca cosa lo que tenemos: nada más y nada menos que el apoyo del Señor Jesús. ¿Quién puede contra Él?

Sí, somos científicamente creacionistas; la Ciencia nos avala. Pero más aun Jesús, partícipe directo de la Creación de Dios, y para quien fueron creadas todas las cosas. Nuestro Gobernador eterno, Dios mediante, en el Sion definitivo e inexpugnable que esperamos habitar.

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EL GÉNESIS EN LA CIENCIA

agosto 17, 2009

El descubrimiento de la estructura del ADN, divulgado en 1953 por James Watson y Francis Crick, constituyó el paso más sólido para revalidar la congruencia entre Ciencia y Biblia. Aunque esta no resulte libro científico, sino fuente histórica, constantemente se expone a que detractores al servicio del adversario de Dios [de modo consciente o inconsciente], la midan con lupa ante cada nuevo hallazgo de la Ciencia.

Pero, pese a que muchos buscan desatino entre esta y la Palabra de Dios escrita [sin lograrlo], hay incluso premios Nobels cristianos, que no sienten comprometida la Verdad que hay en sus corazones, con la que aprenden en cada irrupción en Ciencias. Arno Penzias, Nóbel de física 1978, por su revelación sobre la radiación de fondo cósmico [que otros físicos consideraron prueba del Big Bang ‘creador’ del Universo], dijo:

«Si no tuviera otros datos que los primeros capítulos del Génesis, algunos de los Salmos y otros pasajes de las Escrituras, habría llegado esencialmente a la misma conclusión en cuanto al origen del Universo que la que nos aportan los datos científicos».

Asimismo, el ingeniero espacial Wernher Von Braun, director del Marshall Space Flight Center en los años 60 y directivo del cuartel general de la NASA hasta 1972, dice en el prólogo de uno de sus libros:

«Me sería tan difícil concebir que un científico no reconozca la presencia de superioridad racional detrás de la existencia del universo, como que un teólogo negara los avances de la ciencia. Y de cierto, no hay razón científica para que Dios no pueda retener la misma relevancia en nuestro mundo moderno, que la que tenía antes de que irrumpiéramos en su Creación con el telescopio, el ciclotrón y los vehículos espaciales».

Se refería, entre otros, a los hombres que han puesto sus conocimientos en función de demostrar la inexistencia de Dios: paleontólogos, geólogos, y biólogos evolutivos. La teoría de la evolución [patrón de mando que les une], cuenta con errores acumulados en el ADN, para proveer la inmensa riqueza biológica del planeta, a partir de la supuesta alga surgida miles de millones de años atrás. Sucesivas mutaciones genéticas originarían supuestamente los más de 10 millones de especies que hoy se conocen.

Es decir, todo lo contrario a lo que enseña la Palabra del Creador: todos los seres vivos, según su especie, en un espacio de tres días, pues el tercer día creó las plantas, los primeros seres con ADN, según traducción griega del Génesis original, Bereshit 1:12-13:

Y la tierra produjo vegetación: hierbas que dan semillas según su especie y árboles que producen frutos, cada uno conteniendo su semilla, según su especie. Y Dios vio que era bueno. Y fue de tarde, y fue de mañana, el tercer día.”

Lo contrario a eso no se ha podido ver jamás en ningún punto del planeta: no solo las de las plantas, sino todas las especies en general, son fieles entre sí, y dan más de su misma especie; nunca otras distintas y nuevas. Y es muy importante que los agnósticos reconozcan ese precepto, dado a la humanidad desde un libro histórico, cuando nuestra Ciencia ni pensaba existir aun. Es decir: ¡Congruencia con la Verdad!

La teoría evolutiva, ‘mal enseña’ en las aulas que un alga eónica generó, no solo las múltiples especies de plantas que existen, sino también al resto de los seres vivos en su totalidad… hasta llegar al hombre. Pero el Bereshit, el libro con el que instruía Jesucristo a sus apóstoles, y a todo el que quisiera oírle, dice en 1:20-23

Que las aguas proliferen seres vivos y que aves vuelen sobre la tierra a través de la extensión del firmamento del cielo”. Y Dios creó los enormes gigantes del mar y todos los seres vivos que reptan, con los que se colmaron las aguas según sus especies; y todas las aves aladas de todas las especies… Y fue de tarde y fue de mañana, el quinto día.

Aves y reptiles el quinto día, opuesto al decir evolutivo: ‘los reptiles generaron aves’; y eso se corresponde con lo que se ve en realidad. Pese a existir casi 10 mil especies de reptiles, en ningún punto del planeta se ha reportado ni uno siquiera que muestre al menos la intención genética de volverse ave. Además, si el fundamento de la evolución, es la ‘mejora’, a través de la selección natural, ¿por qué trasmutaron en aves, si los vemos tan capaces reptando o nadando que, si las emplumadas no andan ligeras, suelen terminar siendo su comida?

Es decir, se dicta que los errores genéticos [mutaciones], crearon toda la vida que se ve hoy, más de 10 millones de especies. Pero tal planteamiento es un insulto al raciocinio, y no se corresponde con la verdad molecular observada en los laboratorios del planeta.

Solo en el caso humano, que es donde grandes trasnacionales farmacéuticas invierten con la sola intención de multiplicar ganancias, se ha reportado más de 20,000 dolencias genéticas, debidas justamente a mutaciones. Y se señala que cada semana aparecen entre tres y cinco nuevas, debido a alteración genómica. Tan es así, que ante el suculento pastel, cada año se invierten ingentes sumas en investigación, con el objetivo de sacar al mercado los medicamentos capaces de neutralizar males debidos a mutaciones que, a día de hoy, resultan incurables.

Se ha verificado que puede haber cambios en los alelos, generando crías más gordas o más flacas; más o menos desarrolladas, más oscuras o claras… etc. Pero nunca, ¡nunca!, otro tipo de ser que pueda considerarse ‘especie nueva’. En el ‘muy especial’ caso de los primates [la fuente de la ficción homínida], clasifican unas 200 familias, entre simios, monos, lémures… Ahí, anti científicamente ha sido insertado el humano, mas lo visto siempre es que se mantiene la fidelidad genética; en caso de mutación o muere o sigue apareándose con los de su especie, pero nunca, en ninguna selva o zoo del planeta, se trasmuta en un tipo nuevo de animal.

Hay algunos casos híbridos, pero son estériles y no perpetúan la especie. Resultan tan importantes para apoyar el fundamento de la Creación, que serán constituyentes de un próximo artículo. El solo insinuar que descendemos de algas y monos, exigiría antes de ello que:

A-. La inicial alga unicelular procariota presentara de pronto el ADN correspondiente a los organismos pluricelulares que comprenden el más de un millón de especies animales, más el cuarto de millón vegetal. Ese paso jamás se ha dado, con millones de cazadores de Nobels, intentándolo, desde Darwin. Y eso que la unicelular bacteria les facilita la labor, al ser el más rápido y prolífero [millones de cepas, en 15-20 minutos]. Jamás, en 4 siglos de búsqueda, se ha hallado ni siquiera la evidencia de intención genética, para adquirir los orgánulos que la harían eucariotas. ¡En ningún laboratorio del mundo!

B-. Si la primera célula procariota tenía ya inscrita su información genética, ¿cómo se logró elaborar mitocondrias, citoesqueletos, núcleo, aparatos de golgi… presentes en cada animal o vegetal [eucariotas], pero ausentes en la información ADN procariota? Se llena la cabeza de alumnos con absurdos conceptos, como que la mitocondria, toda una central energética, surgió por endosimbiosis entre bacterias [aun pendiente de explicar aparición del resto de orgánulos]. Pero, ¿cómo esa fuente dinámica y controlada de energía pudo surgir por azar, si toda manifestación termodinámica [terremotos, ciclones, incendios, etc] se manifiestan fuera de control?

Además, desde siempre, la experiencia enseña que primero debe existir el conocimiento para instruir, y luego la función debida a la instrucción derivada del conocimiento. O sea, raciocinio y lógica, dictan que no pudo existir ADN [instrucción de cada metabolismo celular], si no existió antes el elemento ‘cognisciente’ capaz de diseñarlo, elaborarlo y codificarlo en un rollo que, desplegado, superaría en mucho al tamaño de la propia célula que lo contiene.

La ignorancia del azar jamás puede ser una fuente convincente… a no ser que el cerebro que lo dé por válido esté al mismo nivel de ignorancia. Y no lo afirmo yo, sino las investigaciones moleculares sobre el ATP, la moneda de cambio energética de cada célula, cuyos procesos dependen de órdenes ADN. ¿Puede la endosimbiosis explicar el orden sincrónico de esos pasos? ¡NO! ¡Es un planteamiento anticientífico!

La bacteria endosimbionte es un fiasco anti Ciencia. Hay enfermedades autosómicas que implican al menos un gen que regula la cuantía de moléculas de ADN mitocondrial desde el ADN nuclear. Si falla, ocurre el ‘Síndrome de Reducción de ADNmt’: disminuye el número de copias de ADNmt en tejidos, y genera cuadros clínicos como miopatía y otros males típicos de causa mitocondrial. O sea, una evidencia científica de que el ADN mitocondrial depende de la instrucción ADN del núcleo de la célula… el ‘más allá’ de la mitocondria. ¿Cómo pueden explicar esa dependencia, los que dicen que la mitocondria surgió por endosimbiosis de bacterias sin núcleo?

Es pública la clara interacción de los genomas mitocondrial y nuclear, con instrucciones codificadas para producir polipéptidos de la OXPHOS. ¿Cómo logró la bacteria endosimbionte, inscribir y codificar en su ADN, datos que no posee el procariota? ¿En que laboratorio del planeta se ha podido ver si quiera ‘intención genética’ de paso de procariota a eucariota? [Ver más evidencias en el Artículo 96 de este blog: EVOLUCIÓN, MITOCONDRIAS, FÓSILES Y MOMIAS.]

Pueden seguir haciendo todo el esfuerzo que deseen por imponer conceptos ficticios, pero es indignante que se amparen en la Ciencia, cuando cada nuevo conocimiento que sale a la palestra, en realidad les deja constantemente en ridículo. La Ciencia, lo que ha demostrado y demuestra, es que las especies surgieron tal cual instruye el Génesis bíblico: cada cual según su ADN, e incapaz de convertirse en una especie nueva.

Más allá de lo expuesto aquí, el defensor evolutivo tiene otros asuntos graves que refutan sus postulados del azar: ¿La ‘selección natural’ puede diseñar el ojo sin conocimiento de óptica? ¿O el oído sin conocer la conducta de las ondas sonoras? ¿O el cerebro, sin estar al tanto de los intrincados enigmas del pensamiento y raciocinio, que tienen sin respuesta a ejércitos de científicos eminentes en el mundo entero? ¿Es que la humanidad quiere cerrar tanto los ojos, que es incapaz de ver tales incongruencias con la lógica?

Como ya comenté en un artículo anterior, lo escrito en libros evolutivos resulta inconexo con la realidad objetiva; una tela de araña insorteable para el propio artrópodo. También puede compararse a la frágil veleta que gira a un lado u otro, según sople el viento, y que al final se quiebra, para desconcierto de quienes en ella buscaban el camino.

La Biblia en cambio, es el firme faro que disocia toda ola de descrédito; rompe ciclón y tornado, sin dejar de señalar, inmutable por milenios, hacia la única vía firme que lleva al ser humano a la paz segura y eterna de Dios, bajo el gobierno de Cristo. Y su aliada, como no podría ser de otra manera, es precisamente, cada nuevo hallazgo de la Ciencia.

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LA PATATA: ¿ANCESTRO HUMANO?

junio 19, 2009

Semanas atrás saltó la noticia del enésimo hallazgo del eslabón perdido de la cadena evolutiva: Ida, una lémur ¿fósil? presentada en sociedad, en el Museo de Historia Natural de Nueva York… Lo siento, no puedo contenerme, pero, ¡cómo me recuerda al hombre con quijada de chimpancé injertada, el falso homínido de Pilstdown, exhibido en el homólogo de Londres durante medio siglo, hasta que el timo salió a la luz!

A ‘Ida’, a quien no han podido categorizar ni como mono ni como lémur, sino como a ‘bicho intermedio’, le han asignado nada más y nada menos que 45 millones de años; edad similar al objeto de burla, la losa de plomo sobre eruditos evolutivos: el ‘extinto’ celacanto, el pez que pese a la ‘científica declaración’, menea colita ‘involucionada’ en aguas actuales, igual que la de su ‘ancestro’ exhibido como eónico. Algo que, desde reflexión real y científica, solo ratifica ‘NO EVOLUCIÓN’, ‘NO DATACIÓN’, y ‘NO VERDAD EVOLUTIVA’.

Hay fósiles datados en millones de años, que señalan sin dudas a seres de hoy, recordando la comedia fílmica ‘Este muerto está muy vivo’. Los defensores evolutivos no son capaces de demostrar la evolución ni en uno solo de ellos; decenas de miles por todos los museos del mundo lo impugnan. Igual a los seres vivos que se abren a nuestros ojos, dichos fósiles se presentan súbitamente con todas sus características, sin mostrar la alteración que debió ser impuesta por soñados millones de años ‘evolucionando’.

Un ejemplo lo tenemos en el museo de Historia Natural de República Dominicana, con miles de muestras fosilizadas en resina, datadas en el ‘oligoceno’ [25 millones de años]. Les expongo una, conocida en inglés como ‘Humpbacked flie’ una pequeña especie de mosca parecida [pero diferente] a la mosca de la fruta, que también existe en la actualidad en su forma corriente, sin evolucionar, sin presentar cambios con respecto a un ‘ancestro oligocénico subliminal’. Una más entre miles; esta especie siempre se presentó tal cual fue diseñada por su Creador, e instituye otro dato que niega el anticientificismo darwinista.

La mosca que no evolucionó.

La mosca que no evolucionó.

También son ejemplos las algas azules, celacanto, esponjas, gusanos marinos, rayas, erizos marinos, etc. ¿Qué concluir: se evoluciona cuando conviene? ¿Se manifiesta evolución o no, según convenga? ¿Dónde se oculta la inteligencia que lo decide? El mundo está ante una teoría evolutiva basada en planteamientos veletas, no en axiomas científicos.

Usemos el prodigio de la Creación de Dios: el razonamiento, la punta de lanza que hiere de muerte al timo evolutivo, aunque se resistan a sepultarle. Nos diferencia del resto de animales y jamás ha podido ser atribuido a aparición ancestral, pues no hay ancestros de la conciencia del yo ni del raciocinio. Colijamos entonces: ¿de cuántos eslabones se compone en realidad esta fantástica ‘cadena subjetiva’? ¿Cuántos ‘eslabones’ le han sido presentados al mundo, y cuántos más faltan por aparecer? La respuesta es clara: tantos como sean posibles, mientras la mentira siga generando dinero, popularidad y ‘nivel académico’.

Un millón de dólares logró sacar el tratante Thomas Perner, al profesor noruego Hurum, quien a causa del ejercicio de hipnosis más antiguo conocido: el darwinismo, al fin se salió con la suya, y se llevó a Oslo el 95% de los restos de un primate sin clasificar, convencido de haber adquirido ‘el eónico eslabón perdido’, cuando en realidad la edad del montón de huesos no superaría la de unos cuantos miles de años. La aversión a Dios supera la expectativa humana; cualquier absurdo se convierte en Ciencia a la luz opaca del ateísmo.

En realidad, los estudiosos de la zoología han incluido en la familia ‘primates’, a simios, monos, lémures… y al ser humano. Mas los simios contienen 13 especies distintas, y los monos 160 especies. Los lémures, por su parte, están contenidos en 3 géneros que agrupan a nueve especies disímiles; sin contar, por supuesto, con otras sub-familias intermedias, semejantes. Pero hay una única verdad científica: diferentes tipos de simios jamás procrean entre sí; jamás surgirá una nueva especie desde esa perspectiva.

Sin embargo, insisten en cargarnos ancestros chimpancés… y ahora hasta de lémures. Pero si algo fija el ADN es que diferencia tanto las mismas especies consideradas ‘parecidas’, que las hace incompatibles con la procreación; los seres genéticamente discordantes ni se aparean, ni son capaces de generar OTROS TIPOS DE SERES. Los chimpancés siempre han descendido de una pareja sexual de chimpancés, de igual manera que el primer retoño de lémur solo pudo haber surgido del padre y la madre lémur, creados por Dios… con instrucción genética individual incluida, para garantizar el que se multiplicaran.

Visto de esta forma, si un mono tití no puede procrear con una mona verde o si un gorila no es capaz de embarazar a una chimpancé, orangutana o el tipo de mona que se pretenda intercalar en la escala evolutiva, ¿cómo se puede proveer de categoría científica, a la tesis de nuestro origen simiesco? Si el total de miembros de la familia primates, las casi 200 especies diferentes, son incapaces de generar nuevos miembros genéticamente diferenciados, ¿de dónde salió ese lémur-mono al que ahora quieren hermanarnos?

La respuesta es genéticamente demoledora: ¡DE NINGÚN SER VIVO DIFERENTE A UN LÉMUR! Si confrontamos el planteamiento con el código genético, vemos la complejidad de la masa de información contenida en este. Cuando se medita que la total información química requerida para elaborar a un mono, lagarto, ave, elefante, rana… o ser humano, se comprime en dos células reproductivas minúsculas y diferentes en cada especie, entonces se entiende el absurdo del planteamiento evolutivo.

El que la información genética de todo ser vivo dependa de dos cromosomas sexuales, el ‘X’ y el ‘Y’, encargados de trasmitir secuencialmente cada dato imprescindible, es en sí mismo una evidencia de que, al menos en más de un millón de especies con sexos diferenciados [testículos y ovarios], macho y hembra tuvieron que ser coincidentes en el tiempo.

La añeja idea de un lagarto trasmutando hasta echar alas… o un tipo de mono deviniendo en persona, es hecha polvo por la evidencia cromosomática. Es repetición obligada; si especies distintas jamás generan especies nuevas [realidad científica manifiesta ante los ojos del mundo], no queda más remedio que aceptar que cada ser apareció tal cual se ve hoy: perfectamente diferenciado.

Incluso en miembros de familias ‘semejantes’, como las 13 especies de simio, las 160 de mono, las miles de lagarto, las más de 20000 de pájaros, cientos de ciervos, etc, incapaces de embarazar a ninguna hembra de otra especie, aunque la zoología las ubique dentro de una misma ‘familia’. Serán ‘similares’ para nosotros, pero todos y cada uno de ellos saben perfectamente que están ante un ‘bicho discordante’.

Sostener que la pluralidad de información para la vida, virtual en el ADN, surgió al albur, sin plan ni diseño, es negar el sentido común. La enorme complejidad de datos genéticos ordenados [6 mil millones de bits, en nuestro caso], codificados con un alfabeto de solo cuatro letras, hecho de moléculas químicas, implica colosal inteligencia superior detrás. Los expertos de la teoría de la información no admiten otra interpretación de los hechos.

Lo real y empírico, es que resulta discordante describir la evolución como un proceso de adaptación, por cuanto a ningún ente se le puede atribuir ancestros: científicamente, ninguno tiene un origen distinto al fijado en su propio ADN. Cada ser vivo se manifiesta perfectamente adaptado: ni vemos lagartos con intentos de alas brotando de ellos ni monos rebasando la barrera biológica fijada, embarazando a hembras de otras especies primates. Tampoco a especies diferentes generando nuevas entidades biológicas; tal cosa es bulo anticientífico, cabalmente negado en cada selva o zoo del planeta.

La ‘selección natural’ no ‘crea‘ nada; enseñar en las aulas que el complejo ojo trilobites ‘precámbrico’ [cuyo inicio ‘se dice‘ que fue hace 4.600 millones de años, y su fin unos 570 millones de años antes que nosotros ‘viéramos‘ la luz] surjió más de 500 millones de años antes que el ojo simple que debió antecederle, hace a la evolución inmasticable.

Solo hay una explicación obvia: tuvo su diseño genético de ojos compuestos, desde su inicio… al mismo tiempo que el resto de ojos que se ven en la creación de Dios… hace unos pocos miles de años atrás, cuando el Creador decidió que empezara este ciclo de vida material. Solo la existencia inicial de programas codificados en el ADN de trilobites, y resto del lote de la Creación resulta coherente, porque lo científicamente demostrado es que un programa no surge al azar; así como que solo es posible codificar si detrás existe un talento programador y codificador. Decir lo contrario es fábula.

De la misma forma es irracional explicar el paso de un ser terrestre a un aéreo como una necesidad, si lo que vemos es que miles de especies distintas de lagartos viven perfectamente sin precisar alas. Otra cosa es la variación que tiene lugar dentro de los límites de la información genética, frontera fijada por el “pool de genes”; pero todas las características presentes en el abanico genético de una especie es determinada por los alelos. Lo vemos en perros, cerdos, humanos… y vegetales, creando razas y genotipos diferentes de una misma especie; pero jamás especies nuevas.

Tal variación nunca transmuta reptiles en pájaros, agregando plumas y alas, alterando metabolismos. Ese cambio demanda aumento en la información genética; el borrar datos de escamas, huesos, sistema respiratorio, tipo de sangre… etc, supliéndolo por la información correspondiente a las aves, sin una inteligencia controlando, es totalmente imposible, pues alteraría la ordenada información original. Es bien sabido que solo el variar un simple aminoácido puede llevar a la extinción, no a la multiplicidad.

Lo que se observa en la vida real es la firmeza de especies, no el paso de unas a otras. Casi doscientas especies inmutables de primates, ante múltiples razas de perros, equinos… personas. Y eso nos diferencia de los monos, no nos asemeja: hay muchas razas humanas, pero la especie es la misma, manteniendo la capacidad de procreación entre distintas razas con un mismo ADN. Sin embargo, científicamente probado, no se puede decir lo mismo de micos, gorilas… lémures, perfectamente diferentes, genéticamente incompatibles….

La variedad alélica crea razas y fenotipos disímiles en una especie determinada, sin que ello implique mejora genética; jamás se ha demostrado sea un paso del que surjan nuevos órganos. La evolución propone que con la ayuda de largas eras geológicas se ha producido la ‘macroevolución’: especies multiplicándose y sucediéndose entre sí. Mas eso es lucubrar contra lo observado, cuando lo genuino y legal es extrapolar desde la experiencia cierta. Se distorsiona la lógica, la razón y la inteligencia, yendo contra la Ciencia, y alineándose con fábulas de ranas trasmutando en príncipe, monos en personas, o calabazas en carrozas.

Desde tiempo atrás se concluyó la “estabilidad genética” [homeostasis genética], basada en resultados experimentales sobre seres vivos. Se concluyó que cada cópula provocada, en busca de variaciones distintas a las contenidas en el pool de genes, fue ineficaz. Constan barreras estrictas entre las distintas especies de seres vivientes, que hacen totalmente imposible que criadores de animales cambien al ganado en especies diferentes, apareando distintas variedades, según postuló Darwin.

La propia ‘evolución‘ de la bacteria es otro mito; su capacidad de resistencia existía mucho antes de los antibióticos. Artículos del “Medical Tribune” [29/12/1998] lo confirman. En 1986 se hallaron los cuerpos congelados de marinos muertos durante una expedición al polo, en 1845, y en ellos se divisaron bacterias comunes en el siglo XIX. Los investigadores se sorprendieron al examinarlas y descubrir que eran resistentes a antibióticos que no fueron desarrollados hasta el siglo XX, muy posterior a su época.

Tal hecho constituyó un ‘NO’ rotundo a la “inmunidad bacteriana adquirida” que propugna la tesis evolutiva. Se demostró científicamente que tal resistencia ya estaba presente en las poblaciones de bacterias, antes incluso que existieran los antibióticos. No evolucionan a otra especie sino que tienen capacidad de respuesta como lo que son, porque así lo recoge su ADN; tal como nuestra información genética prevé un sistema inmunológico.

Pero, volvamos a la ‘homología’ hombre/mono. ¿Es científico decir que indica ancestros comunes? El ‘NO’ es enérgico; hay que decir que la embriología y la genética demuestran que el concepto de homología definido por Darwin como “evidencia de los seres vivientes a partir de un ancestro común”, jamás se puede considerar como evidencia. También en este sentido, la Ciencia ha probado que la tesis darwinista es falsa.

Ni moléculas ni fósiles han logrado proveer los ariscos eslabones intermedios soñados en siglos de darwinismo. La discrepancia molecular entre seres aparentemente relacionados por su similitud se manifiesta tenazmente. Por ejemplo, la estructura del Citocromo-C, proteína vital para la respiración, es pasmosamente distinta en seres estimados como de la misma familia. Investigaciones llevadas a cabo dicen que la diferencia entre dos especies de reptiles distintos es mayor incluso que entre un pájaro y pez, o pez y mamífero.

Otro estudio mostró que la diferencia molecular entre ciertos pájaros [ej: águila y gorrión], es mayor que la existente entre esos mismos pájaros y determinados mamíferos. Algo similar ocurrió al comparar hemoglobina, hormonas y genes. Asimismo se ha visto que la diferencia molecular entre ciertas bacterias aparentemente similares, es mayor que la que hay entre mamíferos y anfibios o insectos. Desde la Biología molecular, ningún órgano es ‘ancestral’, ‘arcaico’ o ‘moderno’; si esta rama de la Ciencia hubiera existido cuando Darwin, su idea de la evolución orgánica ni siquiera habría podido sostenerse.

La Ciencia ha logrado almacenar información sobre barro, piedra, papiro, papel, disco de vinilo, película, casetes, CD’s, microchips… pero la tecnología humana no ha sido capaz de avanzar hasta el nivel de almacenar información química tal como la muestra el ADN. De acuerdo a esto, resulta disparatado decir que los penta trillones de datos contenidos y sincronizadamente secuenciados, en los millones de especies diferentes que existen, pudieran haber surgido desde el azar. ¿Cómo podría el azar lograr lo que no logran ejércitos de científicos eminentes, en el mundo entero?

Por otra parte, es imposible que un código surja por accidente; está matemáticamente demostrado. Solo se logra desde una mente inteligente; la casualidad no puede hacerlo, de la misma forma que si Bethoven no hubiera estado tras cada partitura, jamás habríamos oído sus sinfonías. Ni siquiera los pentagramas de los peores músicos, surgen del caos.

El planteamiento evolucionista es una sarta de incoherencias unidas con hilos frágiles: una oda a absurdos imposibles. Es como la roca que termina horadada por la constancia de la ola; el flujo de la Ciencia la ha sacudido en sus cimientos y hoy estamos ante un pedrusco endeble que intenta sobrevivir dejándose llevar por la marea, incapaz de sostenerse. No es más que una ignorancia agonizante, ahogándose en la playa del conocimiento.

Mas el capricho persiste; no hay la más mínima duda de que en cualquier momento estaremos ante una diatriba que nos relacione ancestralmente con la patata. Solo es necesario que surja alguien con la capacidad de facundia argumentativa capaz de convertir lo absurdo en lógico. ¿Acaso no han convertido al alga unicelular procariota en ancestro de al menos un millón de especies [nosotros incluidos], pese a estar formadas por las tan diferentes células eucariotas, sin haber demostrado jamás en ningún laboratorio del universo tal paso imprescindible de un tipo de célula en otra? La Ciencia no nace de locos brincos de cabras, sino de pasos cohesionados y convincentes.

Pero enfrentamos lo que enfrentamos; nada sorprende de los enemigos de Dios y de su Creación: patata seremos, si hay dinerito, fama y posibilidades de Nobel por medio… solo hay que tener paciencia para ver más enfoque demencial convertido en noticia científica.

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FLAUTISTA DE HAMELIN, NANAS PARA NIÑOS INSOMNES… Y DATACIÓN GEOLÓGICA IV.

marzo 21, 2009

Desde un año atrás, vengo exponiendo en este blog, que el mayor debate que enfrenta a la Ciencia de hoy, se ciñe sobre el acuerdo geológico-evolutivo, cuya carencia de evidencias científicas y constante suma de contradicciones, la saca del contexto de Ciencias, y la ubica de forma contundente en el terreno filosófico.

Nada que provenga de la corriente filosófica [o no-Ciencia], necesita evidencias, su defensa solo tiene que ocuparse exclusivamente de lo argumentativo. Y eso le pone la cosa fácil a la mentira.

Por eso, cada vez que la sociedad recibe una nueva prueba que deja mal parada a las teorías imposibles, los evolucionistas simplemente se niegan a aceptar tales evidencias. No importa lo arrolladoramente incompatibles que resulten; en lugar de actuar con honestidad científica, admitiendo las evidencias en contra, se obstinan en negar tales pruebas, con argumentacines caprichosas y tergiversadoras. Y eso es lo que se hace en esta página defensora evolutiva:

“Fósiles que sirven de evidencias de la Creación”

Una de las evidencias que intentan desacreditar es la de un martillo hallado en EE.UU., dentro de una roca datada en el Cretácico inferior. De ese link es la siguiente frase:

[Algunos creacionistas dicen contar con evidencias experimentales que contradicen por completo la teoría de la evolución y por tanto, según ellos, es necesaria una creación divina para explicar la biodiversidad de nuestro planeta. Veamos algunas de esas evidencias.]

Ante este planteamiento, es precisa una puntualización pro-creacionista: “No es que indiquemos, por innecesario, la obvia Creación, sino que señalamos que una vez más, se tergiversa cada hallazgo de tipo científico, que resulte ‘incómodo‘ a los defensores de absurdas eras eónicas y de lagartos reinando por los cielos“. En lugar de investigarlo honestamente, se le pone el cartel ‘Oopart’ [Out of Place Artifact o Artefacto fuera de lugar], y se sigue en el tránsito de la mentira.

Lo que señalamos es que, contrario a la incongruencia que estas evidencias suponen para la anticiencia geológica-evolutiva, resultan acordes con la tierra joven presentada en la Palabra de Dios. Se exhibe el martillo fosilizado, como se hace siempre, desviando la atención con una cortina de humo, que en realidad resulta irracional.

Debido a que la sociedad ateísta emerge como clase predominante en el contexto científico actual, se permite que eras geológicas y evolucionismo [anticientificismo], prevalezcan como envenenados cuentos infantiles en las aulas. Así se confirma que casi siempre la historia  la escribe un ‘pueblo vencedor‘, aunque lo contado no sea real; pues la Verdad importa un bledo… si median otros intereses.

Pero la Verdad, siempre ha sido la mejor maquinaria para separar ‘el grano de la paja‘; así que este artículo, como siempre, se aliará a la Verdad, almacenando el grano en la ‘esperanza‘, y acumulando ‘paja desinformativa‘, para que su energía ignífuga valga al menos para darle en el futuro un uso útil a la humanidad.

Y ahora, demostremos lo que defendemos, con algo más que argumentos. Veamos ante todo, como se nos presenta exactamente este ‘martillo fósil’.

Martillo Fosil... ¿Del Cretáceo?

La inmensa mayoría de los autores que se refieren a él, atribuyen el hallazgo a Max Hanh, tejano nacido en 1897, y residente en la zona de Red Creek, cerca del poblado de London en el Estado de Texas. Este señor paseaba junto a su esposa Emma, ‘por la zona en que vivían’, cuando halló una extraña roca que se había desprendido de un promontorio. Notaron que esta presentaba una extraña protuberancia, la recogió y la llevó a su casa.

El pedazo de roca subsistió como ‘curiosa’ propiedad de los Hahn hasta que, en 1946, su hijo George lo partió, y vio que la protuberancia que asomaba por un lado, era en realidad una de las puntas de un martillo atrapado dentro de la piedra. La herramienta conservaba incluso un fragmento del madero que sostenía la cabeza metálica. En la estructura geológica también se encontró cautiva una concha de almeja, que algunos juzgaron como ‘fósil’.

No se imaginaron que estaban ante uno de los hallazgos que serían más estudiados por la arqueología moderna. El hecho de ser ‘parte integral de una roca’, según los conceptos geológicos de formaciones rocosas basadas en períodos geológicos extensos, indujo a los expertos a pensar que estaban ante un artilugio de una antigüedad muy importante.

El que la madera del mango del martillo estuviera totalmente fosilizada y que la cabeza de hierro apareciera fundida monolíticamente en la piedra, certificaba algo sin duda alguna: el martillo, mango incluido, era ‘anterior‘ a la formación del peñasco. Y ante esta situación, nadie quiso investigar el martillo fósil, decidiendo relegarlo al ‘exilio‘. Así, fue condenado al ostracismo en una vitrina del pequeño Museo Somerwell, Texas, durante décadas.

Pero, por fortuna, el investigador norteamericano Carl Baugh, defensor de las teorías creacionistas, supo de su existencia, y lo compró en 1983, colocándolo en la exhibición de su ‘Creation Evidence Museum’, en Glen Rose, Texas.

De más está decir que, en lugar de aceptar la no concordancia del objeto, con lo que expone la teoría de eras millonarias y mamíferos convirtiéndose en ballena, gracias al ‘birli-birloque’ de la impredecible y ‘mágica’ ‘selección natural’, se acude a la descalificación. Una vez más, se intenta quitar credibilidad, incluso a lo que aparece ante nuestros propios ojos… como si el mundo fuera ciego y fácil de convencer.

Señores evolucionistas: la descalificación personal no es honesta; no es recurso científico, sino golpe bajo, insidioso, y vulgarmente impúdico. Si se difama de una persona, y se sustenta en la honestidad personal para hacerlo, basta con hacer una acusación formal en cualquier juzgado norteamericano, entre los millones de amigos evolucionistas que viven allí, y si hay en realidad algo ilegal, la justicia pondría las cosas en su sitio.

Sin embargo, lo que vemos es que, pese a la intoxicación por alergia en el mundo darwinista, el museo sigue en pie, sin ninguna orden judicial para cerrarlo. Lo que vemos, es que el Sr. Baugh, pese a las acusaciones que se le hacen, es un ciudadano sin antecedentes penales, que vive en total libertad, disfrutando como un niño en su museo cristiano.

Lo que molesta en realidad es que los investigadores defensores del diseño inteligente y la Creación, decidieron que lo realmente científico no era apartar ‘hallazgos incómodos‘, sino indagar ‘científicamente‘ ‘tal incomodidad‘, pues lo importante no es defender un precepto, sino la Verdad que los instituya. Y esto les hace pupa a los enemigos de Dios.

La Ciencia creacionista garantizó lo que se debería haber hecho desde el primer momento: un análisis detallado del bloque y del artefacto. La primera percepción, indicaba la madera del mango estaba petrificada; su parte interior presentaba la misma porosidad del carbón vegetal. Algo que en aquellos lares ha ocurrido con cierta frecuencia, pues los bosques de árboles petrificados de Texas son bien conocidos; son consecuencia del proceso geológico normal, mediante el cual la madera concluye en piedra combustible natural.

La cuestión está en que la Ciencia dice que para que esto ocurra deben transcurrir millones de años. Y ese es el primer dato desestabilizador que aporta la herramienta, puesto que, si los primeros ‘homínidos‘, se ‘fabula’ que no surgen hasta hace 7 millones de años, pero se sabe con certeza que solo pocos siglos atrás se llegó a la tecnología de la fundición del hierro, no queda más remedio que reconocer la contradicción… y el asomo de lo que en realidad ‘rompe‘ con todo su poder ese martillo.

Porque lo real es que Red Creek, el sitio donde vivían físicamente sus descubridores, está situado en la zona geológica ‘Hensel Sand Formation’, científicamente ‘datada‘ en el Cretácico Inferior; o sea, atañe a un período que oscila desde 146 hasta 99 millones de años. Incluso se dice que en esta etapa coincidió la proliferación y extinción-involución de varias ‘familias’ de dinosaurios.

Tácitamente, se asegura la abundancia de ceratopsianos, tyrannosáuridos, hadrosaurios, haciéndola coincidente con la extinción de stegosaurios, así como el anticientífico e improbable, ‘empequeñecimiento‘ de los grandes saurópodos… que hipotéticamente dieron lugar a las primeras aves. También proclaman la aparición en este período, de las primeras plantas con flores; aunque afortunadamente se ha mantenido el tipo al menos en este sentido, y no se asocia con los gigantes del fabulesco ‘Parque Jurásico’.

Lo exacto y preciso, según este link, es que la ‘Formación Hensel, ‘científicamente‘ se ubica en el Cretácico Inferior: entre 110-115 millones de años, del pasado fantástico:

“Ubicando Formación Hensel”

Y este otro link lleva a un artículo ‘bien documentado‘ sobre ‘fases evolutivas vinculantes‘:

“Explicación evolutiva”

Estas evidencias exponen al mismo ahorcado como suministrador de soga justiciera. O sea, no fue el Sr. Baugh, sino los propios divulgadores geológicos-evolutivos, quienes sentaron la pauta de la disputa, al certificar la presencia de un útil irrefutablemente industrial, en un período eónico. Una lamentable ‘barrabasada anticientífica‘.

Pero esto no para aquí, pues el misterio respecto a la cabeza del martillo es aun mayor. El Instituto Metalúrgico de Columbia efectuó nuevos análisis que le señala integrado por un 96,6% de hierro, 2,6% cloro, y 0,8% azufre. Y tal combinación dicta que es hierro casi puro, algo sólo viable con avanzadas técnicas metalúrgicas. Además, se efectuaron radiografías, y gracias a los rayos X se dedujo que en el proceso de obtención, el hierro fue purificado y endurecido; lo cual, tecnológicamente, le acerca aun más a lo contemporáneo.

Incluso la concha de almeja ‘acompañante’, contradice al dato de la ‘Formación Hensel’ ya que según zoólogos, corresponde a un molusco moderno, y no a un bivalvo “fósil’. De modo que la ‘datación científica‘ dice que esta zona corresponde a un pasado en el que los dinosaurios hacían de las suyas… y al mismo tiempo ubica la ‘revolución industrial’ en una época que revolucionaría la mecánica clásica.

Según el ateísmo geológico-evolutivo, faltaban millones y millones de años para que los humanos ‘afloráramos‘ en el planeta… sin embargo, solo manos humanas fabricaron y usaron ese martillo. Otra evidencia más de lo errada [también puede leerse con ‘h‘] que resulta la datación geológica, y por ende la ‘sabiduría pétrea’.

Sapiencia digna de ocupar un puesto entre los clásicos de la literatura infantil, no de invadir un espacio correspondiente a los libros de Ciencia. Toda biblioteca del mundo a la que asistan estudiantes que buscan aumentar un conocimiento fundamentado en la Verdad empírica y demostrable, debería negar un espacio a tanta mentira inconsistente.

De nuevo se demuestra que la datación geológica no es Ciencia, que la humanidad no es tan vieja como se pretende insinuar… y que cada hallazgo ‘Oopart’ se constituye en sí mismo como una congruencia con lo que se nos instruye en la Biblia: Un mundo creado por Dios, donde el hombre surge solo unos días después del planeta, y en una fecha no más distante que los 6000 años que pudieran muy bien establecer el plazo de caducidad de la existencia material, y la prevalencia de un espíritu definitivamente eterno.


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FOTONES, IMÁGENES, MATERIA Y ESPÍRITU

febrero 23, 2009

No pasa nada si un niño teme a la oscuridad; lo trágico es que los hombres teman a la luz.

Desde hace tiempo busco información sobre una ‘evolución‘, desde la no inteligencia hacia el raciocinio. Hay mucha; casi toda aferrada al criterio materialista que insinúa que la inteligencia, aunque intangible, debe hallar su respuesta en términos de física y de química aplicados a lo corpóreo. Se indaga en toda dirección menos en la del Espíritu; mientras, la Verdad ‘grita‘ su evidencia en silencio.

Sin embargo, la defensa ‘materialista’ no puede acudir a la materia para propugnar sus ideas, sino a lo intangible del pensamiento:  justo lo que no logran explicar. Gran parte de la Ciencia ha afianzado tanto su maridaje con la teoría evolutiva, que el astigmatismo científico solo les deja ‘ver‘ en dirección del también invisible mecanismo de la ‘selección natural de la materia‘. Y eso, pese a que tal mecanismo, desde Darwin hasta la fecha, ha sido incapaz de ofrecer una relación coherente con el origen de la imaginación, el raciocinio y el talento.

Días atrás me referí a la mente como supervisor-rector del cerebro. Descartes [1650] marcó pauta en este aspecto. Filósofo, fisiólogo y matemático, creyó que un alma autónoma y etérea, moraba y tutelaba el cuerpo físico. La verdad corpuscular no exigía prueba; la del alma sí. Y zanjó esto con su famoso aforismo ‘cogito ergo sum‘, [pienso, luego existo]. Nadie puede dudar de la existencia de su ‘yo‘, pues no puede dudar del ‘yo‘, si no existe un ‘yo‘ para que dude.

Mas, 1230 años antes, Agustín de Hipona dijo en su Ciudad de Dios:

Sin ninguna engañosa representación de imágenes y fantasmas, estoy absolutamente seguro de que yo soy, y que lo sé y me deleito en esto. Con respecto a estas verdades, no tengo temor de los argumentos de los Académicos, que dicen: ‘¿Y qué sucede si eres engañado?’ Pues si soy engañado, es que soy. Porque quien no es, no puede ser engañado; y si soy engañado, por esta misma razón soy.”

Y llegado a esto, discúlpenme un alto para una anécdota:

Un día, en el 383 d.C., este Agustín [canonizado santo por el Vaticano] razonaba a la orilla del mar sobre una complejidad de Dios: la Trinidad. De repente, algo interior le obliga alzar la vista, y ve a un solitario niño en la playa, yendo y viniendo, llenando un cubo y, vaciándolo luego en un hoyo cavado en la arena. Entonces se le acercó:

Oye, niño, ¿qué haces?

Saco toda el agua del mar y la pongo en este hoyo— contestó.

Pero, eso es imposible. — ripostó Agustín.

Más imposible es tu intento: querer intuir en tu pequeña mente el misterio de Dios. — dijo el niño, mirándole serenamente a los ojos.

Jamás pudo este hombre dar una respuesta lógica al suceso. También otro le ayudó a superar su crisis decisiva, la del comportamiento. Reflexionando sobre cómo llevaba su vida, oyó la voz de un niño en una casa vecina: ‘Toma y lee‘ Lo interpretó como invitación divina, cogió la Biblia, y se abrió por una carta de Pablo,  Rom 13:13-14:

Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lechos y disoluciones, no en pendencias y envidia; mas vestíos del Señor Jesús, el Cristo; y no hagáis caso de la carne en sus deseos.”

Fue su consagración al estudio formal y metódico del cristianismo.

Y ahora, tornemos al artículo. Desde el primer escrito de esta serie sobre la invisibilidad y inmaterialidad de la inteligencia, he llegado a un rasgo innegable de la visión: ver cualquier objeto cósmico, por lejano que esté físicamente, en solo una fracción de segundo.

Vayamos a la cuestión de ‘dimensión‘, con tantos conceptos que puede volverse un cajón de mecánico, mezclado e impreciso. En Física clásica, esta palabra describe las cuatro áreas del mundo macroscópico: x, y, z, t; en Física cuántica, en Teoría de Cuerdas y Teoría M, no aceptada por todos, el dominio físico lo ocupan nueve o diez dimensiones microespaciales, más la dimensión del tiempo, incrementando aun más esta definición.

Todos ellos solo se refieren al universo físico, los únicos dominios estimados reales por la perspectiva materialista del mundo. Mas, las innegables ‘emoción y mentalidad‘, ¿cómo se explican? La Ciencia no logra consolidarse en el campo de los ‘invisibles reales‘.

La mayor restricción de la investigación evolutiva, para avanzar con respecto al ‘origen de la conciencia‘, es que valora solo al cerebro, y ve la mente como su ‘epifenómeno‘, igual a la radiación producida por un horno. No acepta su independencia; subordina su origen al cerebro material… y también el de la vista.

Toda luz que llega al sistema visual se compone de fotones; mediante el cerebro, se convierte cada impulso luminoso en una variación de corriente eléctrica. Mas el ojo es ‘cámara fotográfica‘, no fotómetro. El ‘fotómetro‘ se incorpora en el interior; es posterior. La pupila es el diafragma del ojo: abre o cierra la entrada de la imagen; los cambios de luminosidad del objeto celeste ‘integrado‘ directamente en el órgano de la visión, se procesan ‘después’ de traspasar el cristalino. Es decir, y esto es ¡muy importante!, el ojo no procesa fotones, sino imágenes; de hecho, solo las cámaras modernas poseen fotómetro.

Por otra parte, y no menos importante: la imagen sale invertida del cristalino; ¿qué pasa en ese momento? ¿Se ‘invierten’ los fotones sin la existencia de fotómetro, para que luego el cerebro los procese y los ponga de nuevo en su posición original? Eso es una irracionalidad.

Un ojo normal, enfocado al infinito, está en reposo. El iris se contrae para regular la cantidad de luz [como el diafragma en una cámara fotográfica], mas la otra parte dinámica del sistema óptico, el cristalino, reposa; para ver de lejos no necesita esfuerzo adicional. El cristalino se comporta como una lente biconvexa, variando su curvatura mediante los músculos ciliares, ‘solo para ver de cerca‘.

Y el Doctor Brent Archinal, [equipo de Astrogeología, Servicio de Inspección Geológica, Flagstaff, Arizona, EE.UU; revista Astronomy, mayo/1997], dijo que el ojo humano puede ver aproximadamente 2.500 estrellas en las noches más despejadas.

En artículo reciente: “Teoría Evolutiva: Sin Mente y Sin Espíritu“, cité los miles de trabajos del neurocirujano Dr. Wilder Penfield, como evidencia científica de independencia entre mente y cerebro. Lo prodigioso fue que tantos casos, bajo la acción de electrodos en puntos concretos de su cerebro, referían situaciones del pasado olvidadas totalmente. ‘Veían imágenes, oyendo‘ a otros y a sí mismos, como en un ‘vídeo‘. Y lo ‘mágico‘ es: si se vieron a sí mismos… ¿qué  ‘cámara‘ les firmó, y guardó tales imágenes en memoria? Hay que abrirse más al conocimiento, y sublimarse menos en teorías.

Es real, objetivo y palpable, que al lado de un telescopio capaz de enfocar contornos de una estrella, alzamos los ojos, y en milésimas de segundos la retina recibe la imagen de tal estrella y de lo que la rodea. No necesita miles de años para que la imagen aparezca; y si alguien dice que son ‘fotones cercanos‘, volveré a recordarle que el ojo no es un fotómetro, sino un procesador de imagen integrada.

Solo hay que mirar a través del telescopio y ver el cuerpo físico, en el sitio en que está situado, a billones de kms. de distancia, no a 10 ms ni a 100 ni a 1000. La evidencia es que ‘miramos’ y vemos lo que aparece, en fracción de segundo, sin importar los años luz que las separe de nosotros. Igual la osa mayor, que Orión, la Polar, las Pléyades; solo hay que abrir los ojos y observar. El resto del proceso, SOBRE LA IMAGEN CAPTADA, determinando impulsos eléctricos, colores, formas y contornos, se ejecuta luego en el cerebro.

Nebulosa de Orion

Estos no son fotones; la maravillosa vista corresponde al ‘Canada-France-Hawaii Telescope’, desde el monte Mauna Kea, en Hawai, a 1500 años luz de distancia. ‘No’ un tiempo, sino un espacio: unos 1500 000 000 000 000 Kms [mil quinientos billones] distante de la Tierra. Distintas imágenes de Orión aportarán diferentes mezclas de colores, en función de cómo se filtra la imagen original del telescopio, según la meta que persigan los astrónomos en sus investigaciones.

¿Dónde radica la contradicción con los conceptos de la relatividad? En que la Física, nacida desde fenómenos de esta dimensión que vivimos, no se puede aplicar a procesos visuales nacidos del espíritu; lo mismo que ocurre cuando la Ciencia intenta dar respuesta a fenómenos mentales desde conceptos humanos.

En fechas anteriores escribí acerca de la 4ª Dimensión intangible, que originó esta 3ª, tangible. Dios se desenvuelve en un mundo espiritual y angélico que nos somete y rige; este es el primer concepto al que debe abrirse la Ciencia, si quiere progresar en los enigmas, sin abandonar a la Verdad. Casi todas las sensaciones que se experimentan en el mundo físico, han sido percibidas antes en el espiritual, precediéndolas. O sea, el espíritu oyó, vio, y olió, mucho antes que el primer ser vivo de esta dimensión, pudiera hacerlo.

Según Génesis 1:26, Dios dijo: ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza‘. Y esto último es importante, porque ‘semejante‘, no es ‘idéntico‘; establece diferencias entre don espiritual y humano. Dios decidió qué aptitudes del espíritu extrapolaría a su Creación, cómo, y ‘a quienes‘. Ahora bien: ¿Cómo lograr que un ser de una dimensión física, contara con facultades propias del plano inmaterial?

Aquí actuó la poderosa Ciencia de Dios: el Creador diseñó un Servo Sistema, donde lo invisible regiría lo visible, a escala física. Y aunque hablemos de su obra cumbre, el ser humano, eso fue válido para todo ser vivo del planeta; desde bacterias, hasta personas. Hay un nivel de inteligencia invisible en toda especie viva, pues lo testifica la Palabra de Dios en la versión original: el Bereshit judío, en 1:30:

Y para todas las bestias de la tierra, para todas las aves del cielo, y para todo lo que se mueve sobre la tierra, en cuyo interior hay ‘un alma viva’, todas las hierbas verdes servirán de alimento

De modo que dotó de algún tipo de ‘alma o conciencia‘ a los seres más pequeños; no estoy capacitado para decir cómo lo hizo a escalas inferiores, pero sí en las superiores: Diseñó un ‘interfase‘ capaz de extrapolar facultades invisibles, a la vida biólogica visible. Así surgió el cerebro: regido por procesos invisibles, regula cada metabolismo individual, en todas las especies que cuentan con este órgano.

El cerebro animal, humano incluido, con sus numerosas e intrincadas vías neuronales unidas por axones y dendritas, es el nexo mediante el que la ‘mente’ espiritual rige tanto los reflejos incondicionados, como los condicionados. Así, la materia obedece órdenes intangibles, dadas por una inteligencia imposible de ubicar físicamente.

Sin embargo, hay una salvedad: Dios proveyó al hombre de lo que le negó al resto de las especies: ‘raciocinio y espíritu‘. Pertenecemos a la única especie que ‘sabe que sabe‘, por ser capaz de razonar… y eso nos llega desde el espíritu insuflado por el mismo Dios.

Al morir, el cuerpo se desintegra; lo material se descompone, y el espíritu regresa a su punto de origen: la 4ª Dimensión espiritual… y lleva consigo sus dones: alma consciente, inteligencia, olfato, oído, tacto… y vista. Con la muerte, trascendemos a otro plano distinto, incorpóreo… invisible. ¿Somos los únicos seres con opción de eternidad? Solo Dios sabe; por lo pronto, debo quedar abierto a lo que dijo el enigmático Pablo:

 “Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual…” [1Co 15:44]

Y puedo asegurar categóricamente, que el espíritu llega luego a ser capaz incluso de ‘leer‘ el pensamiento humano, sin que se hable. De modo que, cuando alzamos nuestros ojos al cielo, no estamos haciendo uso de una prebenda física, sino de una dádiva espiritual que Dios, en su infinita Ciencia, logró hacer que el ser humano pudiera disfrutar, extrapolándola a la materia mediante un poderoso Interfaz al que ningún conocimiento humano ha podido descifrar jamás.

Por tal razón, es que no se puede responder al hecho de mirar al cielo y ver en una fracción de segundo, un cuerpo que la Ciencia asegura que no podemos ver si no es con retardo.

Hay un refrán tan antiguo como el propio ser humano: ‘Los ojos son el reflejo del alma‘; también se instruye en 1ªCo 2:9-10:

Sin embargo, como está escrito: “Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente humana ha concebido lo que Dios ha preparado para quienes lo aman.” Ahora bien, Dios nos ha revelado esto por medio de su Espíritu, pues el Espíritu lo examina todo, hasta las profundidades de Dios.’

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TRILOBITES: ¿LA INVOLUCIÓN DEL OJO?

enero 5, 2009

Porque las cosas invisibles de él; su eterna potencia y divinidad, se ven entendidas por la creación del mundo, y por las cosas que han sido hechas, para que no haya excusa…” [Rom 1:20]

Hace algunos días, en un debate, se me planteó la situación de la ‘evolución del ojo‘, como algo perfectamente explicado ya con argumentos científicos. Yo venía trabajando en ello, y por eso me comprometí a demostrar que tales pruebas eran cualquier cosa menos científicas. Este es el comienzo; pero no podré exponer sobre el humano, si no abro con el primer ojo de evidencia física, muy similar al de insectos modernos: el eucariota Trilobites, miembro extinto de amplio registro fósil, y clasificado en el fílum ‘Arthropoda’.

Los trilobites habitantes de océanos aparecen simétricos, segmentados, con apéndices articulados, pleódopos, antenas, cefalización [cabeza, órganos de los sentidos], sistema nervioso, y ojos con un preciso sistema de lentes compuestos… pese a haber sido datados en unos 400 millones de años, durante la ‘explosión cámbrica‘.

Cada propugnador de la teoría evolutiva enseña que fueron de los primeros animales en poblar la Tierra. En líneas generales, la evolución propone que todos los animales vivos han progresado desde cuerpos sencillos que, gracias a la ‘selección natural‘, han mejorado en el camino; de modo que, siguiendo la instrucción bajada en las aulas, al ser tan ‘antiguos‘, deberían haber sido entidades completamente simples, con características primitivas.

Sin embargo, la excesiva complejidad del ojo del trilobites, refuta tal concepto. El estudio de su extraordinario lente óptico deja a los científicos aturdidos; ninguno ha sido capaz de hallar tanta precisión y diseño, ni siquiera en la actualidad. Gozaron de un sistema visual jamás observado en ningún otro ser vivo.

Aunque se extinguió, sus fósiles evidencian Diseño Inteligente. A diferencia del cristalino en el ojo humano, compuesto de tejidos orgánicos, los ojos del trilobite eran de calcita. Por tanto, sus ‘lentes’ han podido ser analizados por los paleontólogos, y en contraste con nuestros ojos, [cristalino único], los de los trilobites, según las sub especies, tienen un sistema complejo y especial, con entre 100 y 15000 cristalinos en cada ojo.

Este especial diseño, que permitía que vieran perfectamente bajo el agua, expresa en sí mismo, el dominio de la Ley del Seno de Abbe, el Principio de Fermat, y numerosos conceptos de óptica. No reflejan haber surgido desde el azar y la ‘magia del tiempo‘, sino que ‘gritan‘ en todas direcciones, que fueron hábil y científicamente diseñados por un físico que con su Creación se ganó el derecho a ser considerado el Primer Nobel de la humanidad.

Las células del trilobites se dividieron de una manera similar a las de cualquier eucariota actual. Sus mecanismos biológicos surgen todos funcionando tal como lo hacen hoy en insectos como la mosca, pero con mayor complejidad que en esta. Y tuvieron sistemas nerviosos tan complejos como los de los insectos presentes, con sinapsis funcionando tan bien como lo hacen las de similares especies modernas.

Las lentes del ojo humano varían su forma para enfocar objetos según distancias, pero las del trilobites eran rígidas: no podían ajustar el enfoque; mas como resarcimiento a este déficit, poseían una ordenación interna de ‘doblete óptico‘, ajustada con lo conocido como ‘interface refractante‘.

Así, los lentes trabajaban juntos, y corregían los desenfoques con un par de ojos, compuestos cada uno por entre 100 y 15,000 lentes, según el tipo; una técnica coordinada de omatidios: unidades sensoriales, células fotorreceptoras capaces de distinguir entre presencia o falta de luz, y a veces, hasta colores. Formaban divisiones con aspecto de panal, tal como las presentes en invertebrados de hoy: insectos y crustáceos.

Los ejes de cada omatidio eran cristales individuales de calcita, con el eje óptico del cristal coincidente con el eje óptico del elemento del ojo. Cada omatidio con lente córnea, cono cristalino, células pigmentarias y retinianas, más un fotorreceptor: todo un ojo en miniatura; funcional y capaz de registrar una imagen por sí mismo.

Para que un ojo como éste pudiera enfocar la luz en los receptores, necesitó haber tenido esta forma de lente, con efectos ópticos requeridos e iguales a los fabricados por Huygens en el siglo XVII; sin embargo, la lente del trilobite funcionó perfectamente, usando estos principios, mucho antes de que el matemático holandés diera con ellos. Y no hay formas intermedias conocidas en el registro fósil: cuando aparece la primera lente trilobite, lo hace de forma totalmente eficaz, de forma muy similar a como se presenta actualmente.

Cada uno de los 800 omatidios de los insectos actuales, contiene ocho fotorreceptores (R1-R8), con varias células auxiliares; y estos fotorreceptores son un tipo especializado de neuronas, cuyo cuerpo celular es parte de la estructura del ojo, y cuyos axones crean conexiones con distintas neuronas del lóbulo óptico en el cerebro. Lo que da una idea de la alta tecnología que acompañó al ‘arcaico‘ ojo del trilobite.

Cada una de las 8 neuronas fotorreceptoras tiene características propias, implicando la presencia de distintos programas de diferenciación. Y los estudios moleculares de hoy, indican que el proceso de determinación neuronal y la diferenciación de estas neuronas como células fotorreceptoras, están bajo un control genético independiente, mediante las proteínas SPALT y SPALT-RELATED, codificadas por los genes ‘spalt’ y ‘spalt-related’.

Y ahora, lo más importante: estas proteínas tienen sus correspondientes genes homólogos en el ser humano, e incluso la mutación de este gen, se relaciona con el síndrome de Townes-Brocks, manifestado en retraso mental y carencia auditiva. De modo que todo indica que estas secuencias de genes de desarrollo, presentes en moscas y en humanos, también estuvieron presentes en los trilobites… ¡Hace más de 400 millones de años!

Ante esta maravilla de diseño, el experto Ricardo Levi-Setti, dijo:

Este doblete óptico es un mecanismo tan típicamente asociado con la invención humana que su hallazgo en trilobites es algo impactante. El saber que los trilobites desarrollaron y usaron tales mecanismos hace medio billón de años atrás es aun más impresionante. Y una revelación final, el que la interface refractante entre los dos elementos del lente, en el ojo del trilobites, tiene un ‘diseño similar’ a sistemas ópticos hechos por Descartes y Huygens a mitad del siglo XVII, se semeja a la ciencia ficción pura. El diseño del lente del ojo del trilobites pudiera calificar bien para una revelación patentada.’ (1993, pp. 54,57).

Ningún otro sistema visual animal, puede compararse hoy día, al del trilobites. El famoso paleontólogo evolucionista Niles Eldredge, también comentó sobre este enigma:

Estos lentes optimizan la luz recogida y la formación de la imagen, mejor que cualquier lente jamás concebida. No podemos menos que admirarnos de que estos trilobites, muy temprano en la historia de la Tierra, tuvieron el mejor diseño posible de lentes que la física óptica alguna vez haya podido formular.’ (Ellis, 2001, p. 49).

El darwinismo es incapaz de explicar tal complejidad surgida de pronto. Si reflexionamos sobre la comparación de ambos sistemas ópticos: el del trilobites datado en 400 millones de años atrás, con los mucho menos complejos de los artrópodos marinos modernos, lo que se evidencia es involución, no evolución. ¿No resulta irreflexivo intentar explicar la evolución del ojo humano, si ni siquiera pueden hacerlo con el del trilobites? Pero la respuesta es pura lógica: sencillamente ambos sistemas ópticos responden a ‘diseños distintos.

Los ojos de trilobites manifestaron toda la complejidad y desarrollo integral de las formas modernas. Se presentan funcionando completamente en los primeros animales multicelulares de los cuales hay registro. ¿Dónde y cuándo ocurrió la evolución?

Tal pregunta es siempre soslayada por los evolucionistas. Cada trilobite fósil es una denuncia de los vacíos de la teoría darwinista. Cuando paleontólogos como Stephen Gould escriben libros acerca de las formas de vida ‘ancestrales‘, evaden celosamente mencionar el problema de apariciones repentinas, tan complejas. Solo dicen: ‘Está ahí, por tanto, la evolución pudo hacerlo.’ O sea, no la refieren como Ciencia, sino como arte de magia.

Pero otro estudio lió más aun la explicación, al revelar la posición ordenada en el cromosoma, de los genes implicados. Cuando las series mayores de los genes reguladores que fijan la polaridad del embrión de un insecto moderno: la mosca Drosophila (genes HOM-C) fueron reconocidas, se vio algo prodigioso e inexplicable: los genes que controlan el desarrollo del eje embrional, desde la cabeza hasta la cola, se ubican en el cromosoma, en el mismo orden que las partes anatómicas del individuo (colinearidad) cuyo proceso estaban intentando controlar.

Hubo varias razones de pasmo, pero la mayor fue lo poco probable que resulta que este arreglo ocurra en ausencia de un diseñador, pues años atrás se había demostrado matemáticamente [Murry Eden, Massachssets Institute of Technology], la improbabilidad de lograr que miles de genes se ordenaran específicamente en el cromosoma.

Sin embargo, el hallazgo no paró aquí. Siguientes estudios en vertebrados [mayormente ratas, pero también seres humanos], dejaron ver que similares proteínas reguladoras eran las responsables de la organización del cuerpo, desde la cabeza hasta los pies.

Estos genes [Hox u homeóticos] eran muy análogos a los equivalentes en Drosophila, [en algunos, la similitud Drosophila-Humanos es del 98%] e incluso están colocados en el cromosoma, en igual orden que en los cromosomas de esta mosca de la fruta. Sin duda, estos genes muestran un origen común… y debieron también haber estado presentes en el trilobite, la forma más primitiva reconocida.

Así que en la primera forma, no solo debió estar presente toda la complejidad de la célula eucariótica, sino también todos los datos genéticos de estos seres considerados ‘primitivos‘, involucrando la interacción de los miles de genes, que todas las formas cefalizadas parecen tener en común.

Cuando el Dr. Jeffrey S. Levinton, Profesor de Ecología y Evolución en la Universidad Estatal de Nueva Cork, conferenció en la reunión de la Sociedad Geológica Americana, en Nueva Orleans, 1996, se tocaron profusamente estas cuestiones. Un par de días después se debatió sobre lo planteado, luego que cuatro científicos presentaron nuevas ideas para intentar explicar ‘la explosión cámbrica‘, y permitieran más tarde un ciclo de preguntas y comentarios por parte de la audiencia.

Hubo muchas, sobresaliendo dos; pero antes de tratarlas, es preciso exponer el contexto para que podamos ubicarnos en aquel día: Ellos propusieron que los metazoos complejos: ancestros de corales, moluscos, trilobites, vertebrados, erizos de mar, y otros, existieron quinientos millones de años antes del Cámbrico, implicando que vivieron todo ese tiempo sin dejar registro fósil.

Esto requería que muy anterior al Cámbrico, esos organismos coexistieran como gusanos blandos o larvas; con el arreglo genético de los grupos cámbricos, pero sin formato esquelético. Así que, luego de esto, la primera pregunta conflictiva fue:

‘¿Por qué los rastros fósiles (huellas, tramos y madrigueras fósiles) son muy raros antes del inicio del Cámbrico, si estos animales existieron durante quinientos millones de años?

Un experto, reconocido mundialmente en huellas fósiles, se irguió, aparentemente para responder lo cuestionado, pero solo hizo comentarios circulares, sin contestar específicamente a lo planteado.

La segunda pregunta llegó de otro científico:

‘¿Por qué todos estos tipos de animales estuvieron viviendo tanto tiempo sin esqueleto y luego presentaron esqueletos todos al unísono?

Luego, ante el silencio, insistió con fervor:

‘¿Por qué evitan la respuesta verdadera?’

Hubo una pausa, y uno de los ponentes contestó:

Porque es verdaderamente difícil‘.

Después alegó que ellos esperaban que las respuestas vinieran según lo permitiera el desarrollo de nuevos conocimientos en biología molecular.

O sea, lo de siempre, desde el inicio de la teoría: se especula, intentando aclarar una especulación anterior no demostrada.

No eran anti evolucionistas, sino científicos pro evolutivos, ávidos de una verdad siempre esquiva. Y es que la explosión cámbrica resulta uno de los mayores desafíos para creencias naturalistas que perduran sin ser resueltas, pues la teoría darwinista no es capaz de dar evidencias sobre el origen de los sistemas ricos en la información que controla el progreso embrionario de las especies.

Los primeros fósiles trilobites son complejos, más allá de la imaginación. Sus formas son incluso esculpidas finamente. Sus sistemas nerviosos y musculares eran completamente funcionales, y sus ojos se formaron con pasos no solo similares a los de artrópodos recientes, sino también al de otros vertebrados como el propio hombre.

Sus sistemas cefalizados se presentan operativos desde el inicio, sin absolutamente ninguna evidencia de evolución desde un estado simple anterior. Miles de procesos moleculares, compartidos por formas actuales, estuvieron operando. ¿De dónde vinieron estas complejidades?

Alegar que proceden de formas precámbricas no preservadas, debido a que no poseían cuerpos duros, es argumentar de nuevo con la ausencia de pruebas; y esto, en Ciencias, no puede verse sino como ausencia de la verdad.

No hay secuencia genética evolutiva precámbrica, porque no hubo evolución precámbrica. El intento de explicar la existencia de sistemas vivos complejos, desde una evolución sin dirección ni control, no pasa de resultar un credo religioso sostenido por quienes ansían que el mundo no tenga un Creador. Los trilobites son otro ejemplo más de ‘Complejidad Irreductible‘, el misil en la línea de flotación evolutiva, tan temido por Darwin, por mucho que se intente demostrar lo contrario.

La evolución debe afrontar honestamente el hecho de no poder responder a: ‘¿Quién diseñó los lentes del ojo del trilobites?’ La naturaleza no lo hizo, ya que es incapaz de crear programas con códigos genéticos. Simplemente se ve ‘lo que está ahí‘, pero: ¿Quién diseñó ‘lo que está ahí‘?

La respuesta es más simple que la inconsistente teoría evolutiva: el mismo Programador que creó el programa ADN, y que permitió la alta tecnología manifiesta en el ojo del trilobite. Y no está tan lejos como algunos piensan: se halla en el propio corazón de todo humano, pendiente de quien le solicite con afán, que se manifieste.

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