EVOLUCIÓN NO ES CIENCIA

enero 28, 2008
Enero 28/2008
La evolución no es teoría, sino Conjetura.
 
La ciencia es una invención creacionista; la evolución es religión. La Ciencia experimental comenzó sus hallazgos y métodos, basada en la fe de vivir en un universo racional, creado por alguien que no interfería y le otorgaba al hombre el libre albedrío. Una paradoja de la historia: la ciencia, que profesionalmente no tiene que ver con la fe, le debe sus orígenes a actos de fe que interpretaron racionalmente al universo desde esta presunción.

Los fundadores de la ciencia no eran materialistas; su ‘saber’ no excluyó a un creador. El creyente Newton, para muchos, el científico más grande que haya existido, es un excelente ejemplo. La reciente filosofía fue introducida por los marxistas primero y luego por el resto.
 
No se trata de si la evolución es ciencia y la creación es religión, sino de ser ‘coherente con la verdad’. Mas, si me apuran, yo diría que la Evolución es Religión, no Ciencia. ‘Es la religión que pretende vulnerar todos los escritos bíblicos, pues si consigue inyectar  dudas en quienes leen la Biblia, ya han logrado su propósito: Darwin y el diablo 1; Dios y Su Palabra 0.
 
Sin embargo, un partido no concluye hasta que el ‘árbitro’ toque el silbato. Y la duda es la certeza de no poseer la verdad; si un niño crece pensando en una tierra de miles de millones de años, tal como le enseñan en las escuelas, cuando lea el Génesis no verá la Biblia más que como otro libro de cuentos y fábulas, entre tantos que existen.
 
El hombre de ciencia, de tendencia evolucionista,  con sus forzosas declaraciones no reconoce el principio más básico: ‘observación> inducción> hipótesis> probar hipótesis por experimentos> demostración/refutación> conocimiento.‘, sino que intenta desde el principio afinar bien su puntería y conseguir como sea, que el proyectil de la duda dé justo bajo la línea de flotación del libro de Dios.
 
El evolucionista busca una réplica alternativa al origen bíblico; de esa forma pretende liberar al hombre de su dependencia al Creador, para poder hacer lo que les de la gana sin temor a Su castigo. Hay que reconocer que esto da una posibilidad cómoda para muchos: el sexo, el aborto, la violación, el crimen, el robo, la mentira, y todo lo señalado como ‘causa de juicio’, deja de serlo de golpe; el ser humano elige su forma de vivir y el más fuerte siempre prevalecerá sobre el más débil, según enseña la propia teoría-embuste de la evolución.
 
No hay fórmula válida para que el materialista pueda definir la evolución como ‘ciencia’ y la creación como ‘religión’, ignorando la ‘verdad de la creación’. Pero sí podemos distinguir entre los tipos de ciencia: la operacional que involucra descubrir cómo opera la creación en el día de hoy: fenómenos observables y repetibles en el presente (la de Newton), y la de los orígenes, que trata con las cosas del pasado: eventos únicos, no observables y por tanto: no demostrables.
 
Hay diferencias básicas entre una y otra: la ciencia operacional experimenta en el aquí y el ahora; la de los orígenes busca ‘cómo algo llegó a existir en el pasado‘, así que no está abierta a verificación experimental, a menos que se invente una ‘máquina del tiempo‘ para viajar a los ancestros.

Una ‘crea’, la otra ‘destruye’. Estudiar un organismo (ADN, mutaciones, reproducción, etc.) no dice cómo llegó a existir éste en primer lugar; la primera ‘alga‘ fue conjetura, no ciencia.

Es obvio que a los materialistas les conviene confundir la ciencia operacional y la de los orígenes, aunque sabemos que la mayoría de la confusión es producto de ‘información dirigida’. Las facultades de ciencia no enseñan filosofía de la ciencia; no hacen distinción entre la experimental/operacional y la histórica/de los orígenes.
 
El químico Dr. Stephen Grocott, pese a haber pasado al menos siete años de educación universitaria, manifestó no hace mucho:
 
 ‘Aunque había trabajado como científico por 10 años, en realidad sólo aprendí lo que era la ciencia a través de ‘Respuestas en Génesis’. Algunos temas que la gente llama ‘ciencia’ en realidad están fuera del ámbito de esta; no son observables, evaluables, o/ni repetibles. Las áreas de conflicto son dogmas sobre el pasado, no abiertos a prueba experimental.
Ambas: Evolución y Creación, son consideradas ‘ciencias de los orígenes’; son dirigidas por conceptos filosóficos. Los mismos datos están disponibles para cada quien, pero diferentes interpretaciones intentan explicar lo que ocurrió en el pasado.
 
Los anti-creacionistas, ateos por definición, comúnmente objetan que la creación es religión y la evolución es ciencia. Para defender esta afirmación ellos citan una lista de criterios que definen una ‘buena teoría científica’. Un criterio común es que la mayoría de los científicos practicantes hoy día, deben aceptar la teoría propuesta como ciencia válida.
 
Otro criterio que define lo que es ciencia, es la habilidad de una teoría para hacer predicciones que puedan ser evaluadas. Los evolucionistas generalmente afirman que la evolución hace muchas predicciones que han sido comprobadas. Ellos dicen que ejemplos como la resistencia a los antibióticos en bacterias, son una clase de predicción de la evolución, mientras que a la vez, cuestionan el valor del modelo creacionista al hacer predicciones.
 
Según ellos, la creación no cumple con su definición de ‘ciencia’, y es por lo tanto una ‘religión‘,  así que, implícitamente, debe ser ignorada; pero en el caso de la resistencia bacteriana a antibióticos,  no hay ‘genes nuevos‘, sino una especie de ‘cortes y empalmes’ similares  a los del programa autoinmune de las células eucariotas. Una especie de ‘splicing’, fundamentado en la información ARN original; de hecho se sabe que las bacterias pueden tener también plásmidos, pequeñas moléculas de ADN extra-cromosómico con genes responsables de la resistencia a los antibióticos o factores de virulencia.
 
Pero una música no gana un certamen por ser cantada muchas veces, sino por la votación de un jurado…  es obvio que si se consiguen influencias con el ‘juez‘, hay más oportunidades.
 
Un libro evolucionista dice que la ‘Creación‘ no es científica porque ‘supuestamente’ no se puede someter a prueba. Pero en el mismo párrafo señala: ‘los científicos han examinado cuidadosamente las argumentaciones de la ciencia creacionista, y han hallado que ideas como las de la Tierra joven y el Diluvio son incompatibles con la evidencia’. Una contradicción, pues obviamente la Creación no fue puesta a prueba y hallada falsa si ‘no se puede someter a prueba’.
 
Las evidencias existen; ¡claro que existen! Pero las interpretan desde conjeturas absurdas. Según la revelación de la Biblia, la filosofía de vida coherente con ella debe provenir de sus datos; ellos, al contrario, llevan su filosofía a los hallazgos y la usan para interpretarlos.
 
Pueden definir ‘ciencia’ de tal manera que excluya todo lo que no les gusta. Hoy, la ciencia es naturalismo: sólo las nociones materialistas’ pueden ser consideradas, no importa lo que diga la evidencia. Así, el prominente evolucionista Profesor Richard Lewontin dijo:
 
‘Nos ponemos del lado de la ciencia pese lo enormemente absurdo de algunos conceptos, pese a su fracaso en cumplir muchas de sus extravagantes promesas de vida y salud, pese la tolerancia de la comunidad científica a historias especulativas sin fundamento, porque tenemos un compromiso anterior: un ‘compromiso con el materialismo’. Y no es que los métodos y las instituciones de ciencia nos obliguen a aceptar una explicación materialista del mundo fenomenológico, sino, por el contrario, que nosotros estamos forzados por nuestra adherencia a priori a las causas materialistas para crear un aparato de investigación y una serie de conceptos que produzcan explicaciones materialistas sin importar cuánto vayan en contra de la intuición ni qué tan místicas sean para el que no ha sido iniciado. Más allá de eso, el materialismo es un absoluto, y no podemos dejar que un pie divino cruce la puerta.’
 
¡Eso es mente abierta! ¿No debe tratar la ‘ciencia‘ de seguir la evidencia a donde lleve? Aquí es donde la ‘religión‘ del defensor evolutivo pone el ‘Stop‘.
 
Las formas individuales de ver el mundo llenan nuestras percepciones de prejuicios generados por dos corrientes opuestas: los que siguen a Dios y los que se someten a su enemigo, aunque sin ser conscientes de ello. De aquí se desprende que la interrogación fundamental es: ‘¿cuál es la cosmovisión adecuada?’, porque esto determinará si las conclusiones extraídas de los datos son correctas.
 
Los creacionistas no tienen absolutamente ningún problema con la ciencia operacional, pues la evidencia conduce a ella. No importa si usted es cristiano, musulmán, hindú, o ateo: el agua pura hierve a 100°C a nivel del mar para todos.
 
Pero la ciencia de los orígenes es dirigida por su ‘filosofía’, que determina qué historias acepta. Ahora, si la mayoría de sus fieles tiene el sistema de creencias equivocado, entonces sus argucias aceptadas serían erróneas. Así que el voto mayoritario de ciertos ‘científicos contemporáneos, no es la forma idónea para determinar la validez de cuentos respectivos. Y, en esencia, la evolución es entonces otro sumario de fábulas.
 
Los materialistas suelen adaptar la definición de evolución según convenga al argumento. Por lo tanto aclaramos que estamos discutiendo la ‘Teoría General de la Evolución’; definida por el evolucionista Kerkut como ‘la teoría que dice que todas las formas vivas en el mundo han surgido de una sola fuente que a su vez vino de una forma inorgánica.’
 
Los evolucionistas muestran las mutaciones y resistencia a antibióticos en bacterias (ciencia operacional) como una ‘predicción’ de la evolución (ciencia/cuento de los orígenes). De hecho, la genética (ciencia operacional) fue un nudo para la evolución; por eso la investigación pionera de Mendel en genética, sobre genes diferenciados, pasó muchos años sin ser reconocida, al no encajar con la idea de Darwin: una variación ‘continua e ilimitada’.
 
Cuando las mutaciones fueron descubiertas, se vieron como la reconciliación del Darwinismo con las observaciones de la ciencia operacional; de allí la síntesis neo-Darwinista de Mayr, Haldane, Fisher, etc. De donde se deduce que el Darwinismo nunca predijo nada, sino que fue modificado para acomodarse convenientemente a cada descubrimiento.
 
El registro del sendero de la evolución es muy deprimente y le hace daño a la ciencia de muchas maneras, pues la ciencia moderna cabalga sobre los logros de los creacionistas del pasado. Para un ejemplo claro de predicciones científicas actuales, vea la tabla periódica de elementos químicos de Mendeleiev, quien al elaborarla dejó espacios vacíos correspondientes a elementos no conocidos entonces, pero que su convicción científica, demostrable, decía que algún día serían descubiertos; como años después sucedió.
 
La teoría evolucionista ha demostrado negar la realidad; y aún así prevalece. Por ejemplo, está la profunda ausencia de los millones de fósiles de transición que deberían existir si la evolución fuera verdad: los eslabones perdidos. Ese mismo patrón en el registro fósil contradice rotundamente las nociones evolucionistas de cómo debería haber sido el origen de todo.
 
Contrario a las expectativas evolucionistas, ninguno de los casos de resistencia a los antibióticos, resistencia a los insecticidas, etc. que han sido estudiados a nivel bioquímico (ciencia operacional) ha involucrado nueva información genética compleja.
 
El Creador diseñó la cadena de ADN, con toda la información ‘codificada’ necesaria para que ‘sus seres’, incluyendo al hombre, se enriquecieran en variedades o razas. Determinados cambios genéticos provocaron que existieran varias razas de perros y de hombres, sin alterar la especie. Sin embargo, un caballo puede tener cría con una burra, pero el resultado será un híbrido, siempre estéril, por lo que no ocurren nuevas poblaciones. Y lo mismo pasa con muchos otros cruces de animales: solo dan híbridos incapaces de aumentar las especies ya existentes.
 
 Y aunque vemos por ejemplo que hay unas 160 especies de primates, ninguna cruza la frontera ADN con otra especie: un gorila jamás se cruza con otro primate distinto a una gorila… y jamás da otra cosa que un gorilita. Igual ocurre con el orangután, chimpancé, mono verde, etc; siempre con su pareja respectiva, y siempre dando lo mismo que establecen sus cromosomas: un hijo de su misma especie.  ¿De dónde entonces pudo surgir el ‘homínido evolutivo’.  Solo desde la fantasía, no desde la Ciencia y lo observable en el mundo real.
 
Los evolucionistas decían que, dadas las condiciones correctas, una célula viva se podría hacer a sí misma (abiogénesis); los creacionistas dijeron que eso era imposible. La ciencia operacional ha destruido esa noción evolucionista; tanto, que los evolucionistas obvian el origen de la vida, dejándolo fuera del debate, prefiriendo partir desde un punto ‘X’ impreciso en el tiempo en que una imprecisa alga, mediante cqambios imprecisos [e irracionales] generó toda la vida del planeta.
 
Por qué persisten? Para los materialistas es la única historia disponible que contradiga a la Biblia. Es como el avestruz que introduce su cabeza en la arena, pensando que todo lo que existe es lo que está allí. Su cosmovisión excluye todo lo que no encuentra conveniente; en la ‘oscuridad’, todos los hechos inaceptables dejan de existir.
 
Pero la mayor oscuridad es vivir sin Dios; como si fuéramos un accidente cósmico, sólo ‘basura química organizada’, según el evolucionismo. Tristemente, muchos son enseñados a pensar de esa manera, y las horrendas consecuencias se ven en el creciente suicidio juvenil, drogadicción, desintegración familiar, violencia, etc. ¡Cuánto necesitamos la luz de Jesús!
 
Dios nos pedirá cuentas a cada uno y todos merecemos una condenación. Pero la Biblia dice que Él ha provisto una vía de escape a través de Jesucristo para todos aquellos que acepten humildemente la necesidad de perdón; Él vino a esparcir la luz de Dios en lugares oscuros:
 
“Yo soy la luz del mundo, el que me siga tendrá la luz que le da vida y nunca andará en oscuridad.(Juan 8:12)
 
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¿PERMITE DIOS EL SUFRIMIENTO?

enero 23, 2008

Enero 23/2008

EL SUFRIMIENTO HUMANO Y LA PERSPECTIVA DE DIOS

Ante la muerte de un niño a manos de un pedófilo asesino, nos quedamos sin respuestas; pero si un tormentoso Tsunami arrebata de las manos de la madre impotente a su pequeño hijo, ahogado luego en el agua, los filósofos se refieren al problema como “un mal natural”: se sufre y muere entonces por causas ajenas a maldad o imprudencia alguna. Tanta pena y dolor sin sentido, hace surgir la misma pregunta formulada cuando las Torres Gemelas; no importa si la causa es natural o humana, la gente dice: “si Dios es todopoderoso y amoroso, ¿por qué permite que sucedan estas cosas?”

Responsabilizar al Eterno implica dudas alarmantes, pese a la colosal sinrazón. Aunque los inocentes, los más necesitados… todas las víctimas, han sido física y emocionalmente golpeadas más allá de lo racional, antes de especular contra el Altísimo debido a la injusticia de estos hechos, tendríamos que alejarnos un poco de lo individual y analizar la total información sobre decesos en todo el planeta.

Cada día agonizan cientos de miles de personas, pero, al no atañernos de cerca, no nos afecta mucho. Humanamente hablando: ¿qué hay de justo en ello? ¿Qué hay de “justo” en cualquier muerte? Si Dios impidiera toda defunción, excepto la de una sola persona, esa única muerte también sería “injusta”; quizá más indebida todavía. La pregunta se amplía entonces: ¿por qué existe la muerte y el sufrimiento; cualquier muerte o sufrimiento?

Los cristianos han de enfrentar esta consulta porque es parte de la responsabilidad evangélica, desde nuestro compromiso con Jesús… y porque se la hacen constantemente. Una respuesta cristiana, de integridad bíblica, tiene que fundamentarse en el Génesis: el relato de una creación perfecta, donde la muerte y el sufrimiento no fueron “originarios”, sino intrusos. Todos sabemos que ocurrieron por una rebeldía contra el Creador, inducida por el enemigo eterno. (Gén. 3). A partir de ahí, se inició una larga etapa de depuración y filtrado, para asegurar que la vieja levadura no pasara al Sión definitivo.

Mas, ¿cómo exponer eso a la madre del niño tragado por las olas? ¿O a familiares de víctimas de accidentes de tráfico, guerras, terroristas, terribles enfermedades? Si el fallecido es anciano, el impacto emocional no es tan brutal; pero si se trata de alguien joven e inocente, no hay consolación cercana al entendimiento. El mejor que podemos dar es este: ¡Dios siempre irá al corazón que sufre!

En cuanto a la angustia derivada, Jn. 16:33 repite palabras de Jesús:

“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”

El Señor nos enseña que cada sufrida prueba vigoriza al espíritu, una vez pasada la tragedia.

 Un verso martiano reza: ‘Una horrible confusión me arredra: ¿Cae la piedra porque pasa el hombre o pasa el hombre porque cae la piedra?’

Desde ‘causa y efecto’ podría llegar la respuesta: Si alguien limpia un colosal ventanal en un 7º piso, su posibilidad de caer aumenta con respecto al que labora frente a su ordenador; si no se cuida, irá al vacío. Lo normal es que si se desploma desde esa altura, muera; aunque ha habido casos en que un niño, ante un accidente de ese tipo o similar, salva la vida… acaeciendo un verdadero milagro. Si alguien fallece, debido a su poca precaución, el padecer del familiar siempre será inmenso, pero al final se aceptará la adversidad: la imprudencia la justifica.

Pero, ¿y los niños violados y asesinados o víctimas de desastres? ¿O el herido leve por accidente de auto que, atacado en el propio hospital por el estafilococo ‘aureus’, muere en unos días? Los padres se desgarran de dolor e incomprensión; el ‘motivo’ inexistente, si su fe no es fuerte, hace que se quebrante su relación con Dios a partir de ese instante, culpándole por ‘no haber estado allí para salvarle’

Al humano le somete la filosofía de la carencia: no ve la pérdida del familiar como un simple tránsito, sino como algo definitivo, obviando su propia muerte forzosa; pero el Señor actúa desde la abundancia:

‘Tendrás todo lo necesario en cada soplo, incluyendo mi amor, que te sosiega del mismo dolor que te fragua.’

Algunas tribus lloran al que nace, inocente de las futuras pruebas, y festejan al que muere, porque conocen la armonía inmortal; pero el hombre común sobrevalora su existencia: ¿qué significan 70 u 80 años en la vida de una persona, con respecto a la perpetuidad que el Creador promete a quienes le sean fieles? ¿Qué, el sufrir de unas horas ante la paz eterna? Sólo es una gota en el océano de Su eternidad. Dios ve la vida infinita de sus elegidos, pero las personas no perciben más allá de sus límites físicos, olvidando la promesa: “…la muerte ha sido devorada con victoria.” (1ª Co.15:54)

Él usa en el corazón del justo, el valor pedagógico del sufrimiento, mas atenuando su dolor; allí mismo instruye sumario contra el autor del mal. Su juicio es tan seguro, como que cada día el sol pone luz donde horas antes reinó la tiniebla. Coronará con gloria infinita, la angustia del casto que muere sufriendo a manos del agente de satanás: el pederasta asesino; el pasaporte del infante fue acuñado por el propio Jesús, antes incluso, de ser crucificado:

“Dejad a los niños venir a mí, no lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios”. (Mc.10:14)

En cuanto al resto de víctimas de cualquier suceso, por causa natural o accidental, si han sido buenos, nada deberán temer. El quebranto de sus allegados puede hallar consolación y  paz en otra promesa del Señor:

” De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, pues ha pasado de muerte a vida.”  (Jn. 16:33)

Cuando el Juez vista su toga, los hallados victimarios engrosarán el grupo de Judas Iscariote; mas los inocentes habrán sido bendecidos por la Gloria del Todopoderoso. Los que ya han muerto su muerte y son recibidos en el seno Divino, van al Paraíso; los que quedan con vida, tendrán que enfrentar aún ignoradas y futuras pruebas, hasta sufrir su propia defunción, porque nadie será inmune: cada cual tragará el trago inexorable.

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