EL ESPÍRITU DEL DÍA DE ‘REYES’

enero 5, 2009

Estamos en la víspera del día posiblemente más esperado por los niños; desde varias semanas atrás, el amor de los padres ha hecho que se hurguen en los bolsillos, para dar lugar a las repetidas relaciones de intercambio que sus ‘divinas majestades’ comerciales esperan con alegría, esperanza, y afán.

Las calles de las ciudades se nos presentan como una especie de maratón con obstáculos, salvando paquetes de todos tamaños y colores que se nos vienen encima una y otra vez; así como también se ha visto repetida, semana sí y semana también, el rastreo de muchas caras infantiles, en la mayoría, buscando la difícil elección, pues sus padres ya les han alertado que en estos tiempos de crisis, hasta los reyes se las están viendo negras para hacer llegar los regalos, y se impone un límite: no más de tres peticiones… y que no sean muy codiciosas, para fomentar el altruismo, y permitir que otros padres con mayor poder adquisitivo accedan más fácilmente a los juguetes ‘hight’.

Ese es el nuevo sentido que tienen las fiestas tradicionales para los seres humanos de la actualidad; el consumismo impone sus condiciones, y cada fiesta que tradicionalmente ha sido religiosa, cada día más, se abre al paganismo con entrega y abnegación. Cada Santo tiene su fecha, y eso implica más venta de flores, de estampitas, de velas… y de solicitudes de consolación, de cambio de pareja, de mejor trabajo, de coche nuevo, de vivienda, etc.

Se ha fomentado el egoísmo, y se ha perdido la espiritualidad. Estos días, mientras empaquetamos los regalos, giramos el rostro, negando las imágenes de pasarela que ofrece la TV, con el desfile de niños tercermundistas hurgando entre escombros de basura, tras un particular obsequio de Melchor. O de africanitos con el vientre a punto de estallarles en la cara, tragados por el hambre y la parasitosis crónica… o sufriendo sin culpa, el inmerecido tránsito del VIH a través de una sangre cada vez más debilitada.

Son los desdichados sin fiestas, ignorantes de alegrías solo conocidas por la parte favorecida de la sociedad, y nuestras conciencias nos obligan a mirar en otra dirección, para no sentirnos culpables de pasividad.

Estos días, mientras hacemos planes para llevar a nuestros hijos al sitio que nos pidan, mientras contamos el dinero que nos sobra o el que nos falta para ofrecer el regalo que deseamos entregar, también giramos la vista hacia otro lado [o miramos deseando que no pusieran tales cuadros] si nos enfrentamos en la tele a rostros de niños palestinos, en estas fiestas de reyes; las verdaderas víctimas de locuras aventureras de adultos que aun no han llegado a serlo.

¿Qué hacer, si ocupados en administrar presentes lindamente forrados, observamos en el Telediario a una preciosa e inocente niña palestina mirando sin ver en todas direcciones, entre convulsiones inevitables, atacada por el pánico? Quizás intentemos deducir qué le produjo ese estado y pensemos en quién sabe qué atrocidad impuesta a sus ojitos minutos antes. Seguramente nos sentiremos conmovidos e identificados con ella, así como con los otros muchos niños ingresados en hospitales que hoy no tendrán la visita de los reyes magos… pero después haremos lo posible por olvidar.

Muy mal nos sentiremos también seguramente, con esos otros cuadros que insultan nuestra mirada: niños que sin desearlo, se han visto involucrados como mártires directos. Inocencias cortadas por una mal dirigida y empleada inteligencia humana; hijos que jamás tendrán la oportunidad de disfrutar de los jocosos y compartidos ratos de felicidad y seguridad que otros gozan, al abrigo de padres más tocados por la fortuna de la paz.

No quiero amargar estos días a nadie; solo pretendo hacer un llamado a la conciencia, para que todos demos gracias a Dios, si nuestros hijos no están siendo víctimas de barbaries bélicas, de pederastas… o de una grave enfermedad que amenaza con llevárselos.

Afortunado al que disfrute en estos días de un niño a su cuello, de su cariño, sus besos, reconocimiento y confianza. El abrazo de un inocente es un mensaje: ‘gracias por estar conmigo‘, ‘confío en ti‘, ‘me siento protegido‘… ‘te quiero‘.

Pero desafortunado aquel que se aprovecha de la ingenuidad del casto, para abusar de él de cualquier forma, arrebatando su inocencia y llevándole por senda inadecuada, mediante astucia, mala fe, oscuros deseos y lujuria. Según alerta el Señor, en Mar 9:42:

Y cualquiera que fuere piedra de tropiezo a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y fuera echado en el mar. “

El verdadero espíritu de este día ha sido convenientemente sellado en el olvido; pero no estaría de más hacer un recordatorio de su origen, cuando hace algo más de 2000 años, un niño de solo unos días de nacido, recibía la visita de unos magos de oriente, que habían recibido el anuncio de la llegada del Mesías: la luz de la esperanza que comenzaría a brillar para toda la humanidad. La Biblia lo señala así, en Mat 2:1-6:

Y cuando nació Jesús en Belén de Judea en días del rey Herodes, he aquí unos sabios vinieron del oriente a Jerusalén, diciendo: ¿Dónde está el Rey de los Judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Y oyendo esto el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los príncipes de los sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Y ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres muy pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un Guiador, que apacentará a mi pueblo Israel.

No fueron reyes, sino sabios; enviados por el mismo Dios. Les dio como referencia una estrella que les marcaría el sitio donde el Señor se abría a la vida, en cuerpo humano, en nuestra dimensión; y luego les instruyó para que no regresaran por el mismo sitio, ya que el rey Herodes les estaba esperando, para conocer hacia dónde debería enviar a los verdugos, intentando abortar el plan del Creador.

Pero al margen de esa otra historia de vanidad real, indiscutiblemente debió haber sido impactante el que tres hombres adultos, sabios por demás, hicieran un trayecto tan largo, solo para adorar un niño de apenas días de nacido; no podemos soslayar la instrucción derivada de esta actitud de sana complicidad:

– Reconocieron a Jesús como el Rey enviado.

– Le aceptaron como el Verbo encarnado de Dios.

– Entrega total en adoración al Rey del Sión futuro y eterno.

– Humildad rendida ante Jesús, reconociendo Su Suprema Autoridad.

– Discernimiento de los tiempos y señales divinas.

– Confianza en el Espíritu Santo, al dejarse guiar, solo por la fe, siguiendo una estrella.

– Sentimiento de Gozo, al llegar ante Él.

– Doblaron sus rodillas y pusieron su rostro en tierra en humillación ante el Señor.

– Le adoraron fervientemente y fielmente, reconociéndole como la luz que venía al mundo.

– Manifestaron su entrega, a través de los presentes, posiblemente lo mejor que tenían.

– Total obediencia al Espíritu de Dios, cuando se les dijo que se pusieran en camino.

– Manifestaron respeto y celo ante lo que se ofrecía a sus ojos, en forma de recién nacido.

Y por último, el significado de los regalos, también recogidos por la Biblia: oro, incienso y mirra.

— El oro: El metal más preciado por la mayoría de las personas. Bíblicamente, el símbolo de realeza, dignidad, poderío y autoridad. Refiere gobierno, posición, omnipotencia y dominio, y representó la rendición total de influencia, poder, autosuficiencia y dominio, a los pies de Jesús. El regalo del oro a los pies de Cristo significó que sometían al Rey de Reyes, lo que más valoraban: un ejercicio de entrega total.

— Incienso: La planta aromática que se quemaba en el Tabernáculo de Moisés y en el Templo de Salomón sobre el altar de oro. Preparado solo a través de la fórmula dada por Dios a Moisés en Éxodo 34-36 y de uso exclusivamente sagrado. Se relaciona con la espiritualidad y debía ser quemado en el santuario cada día y cada noche, como ofrenda agradable al Señor.

— Mirra: Una resina gomosa y fragante, extraída de la “Commiphra myrrha”, planta abundante en el sur de Arabia y Etiopía. Éxodo 30:23, enseña que sería un componente vital del sagrado aceite de la santa unción, según instrucciones dadas a Moisés por el mismo Dios. Debía ser ‘mirra excelente‘, pues era para el uso santísimo.

Pero la mirra, aunque era usada también por sus cualidades soporíferas, se empleaba además para perfumar, durante las ceremonias mortuorias. Y así ocurrió con Jesús, luego de su total entrega, al decidir tomar la copa de sufrimiento en toda plenitud, a cambio de liberar del pecado a toda la humanidad.

Luego que su dolor fuera ofrendado hasta la muerte, José de Arimatea y Nicodemo perfumaron su cuerpo con vendas mirradas, según el testimonio vivo de Juan, en Jn 19:38-40. ¡Gloria a Dios!

Es decir, pusieron a sus pies, lo que el mismo Cristo personificaría hasta su final humano: poder, santificación… y la entrega a los demás, sellando con su sangre en la cruz el Nuevo Pacto entre Dios y el ser humano. Tratado por el cual se nos concedió la opción al perdón y a la vida eterna, en el planeado reino mesiánico, según libre albedrío: solo para quien así lo deseara.

Ese fue el verdadero origen de la tradición: un acto espiritual, en un hogar humilde de la campiña, lejos de discotecas, juguetes, vinos, comilonas, lujos y confort. Los hábitos humanos, su inclinación a intentar sacar provecho de todo, la vanidad personal, los raquitismos de fe… han ido conspirando reiteradamente, para adulterar el primer significado. Pero el legado nos queda vivo en la Palabra de Dios, y no debemos esmerarnos en olvidarlo, sino en promoverlo, buscando de nuevo las raíces que contienen la verdadera sabia de la vida y del amor incondicional.

Cada padre que ha comprado regalos para sus hijos, con estos esperando en sus hogares, debería ante todo, agradecer al Señor por concederle el privilegio de tener una familia con salud… y por no haber nacido en una aldea de África o entre los parias hindúes, en fabelas brasileñas o latinoamericanas, en Chernobil… o en Gaza.

Cada padre que disfrutará este día de Reyes de la alegría familiar, debería aprovechar la bella oportunidad de recordarle a cada hijo el verdadero origen de esta fiesta, inculcándoles la esperanza trasmitida por Jesús, sobre un mundo sin violencia, y lleno de amor, donde todos seamos iguales.

Eso no le hace daño a nadie, ni le convierte en más frágil ni en más tonto ni en menos valorado, pues la urbanidad en la forma jamás será excluyente de la vehemencia en las convicciones. Y no es el odio, sino el amor a Dios, lo que nos acerca a la vida prometida, por todos deseada, aunque muchos no quieran reconocerlo, debido al pago de lealtad que hay que dar a cambio.

¡Feliz día de Reyes a todos aquellos que puedan disfrutarlo!

Para el resto, no olviden nunca el canto de la esperanza:

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” [Mat 11:28-30]

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JESÚS: LA VERDADERA FIESTA DE LA NAVIDAD

diciembre 25, 2008


…Porque este pueblo se me sacrifica, y con sus labios me honra, mas su corazón se alejó de mí; y su culto con que me honra fue enseñado por mandamiento de hombres; por tanto, he aquí que yo volveré a hacer obra admirable entre este pueblo con un milagro espantoso; porque la sabiduría de sus sabios se perderá, y la prudencia de sus prudentes se desvanecerá.” [Isa 29:13-14]… “y los errados de espíritu aprenderán inteligencia, y los murmuradores aprenderán doctrina.” [Isa 29:24]

El mundo cristiano celebra hoy un aniversario más del nacimiento del Cristo, en la aldea de Belén, lugar donde los profetas habían anunciado que nacería el Mesías (Miqueas 5: 2). Una ciudad situada a unos 9 km al sur al sur de Jerusalén, y enclavada en los Montes de Judea, en la Cisjordania de hoy, administrada en la actualidad por la Autoridad Palestina, y con unos 30.000 habitantes, mayormente cristianos.

Sus orígenes corresponden a la histórica tribu de Judá, también cuna de quien daría una gran fuerza política al naciente reino de Israel, y bajo el cual se adquiriría un gran esplendor: el rey David (1ªSamuel 17:12). Siglos después, por voluntad de Dios, nació allí un descendiente suyo: Jesús, llamado el Cristo. (Lucas 2: 4-15; Mateo 2:1).

Precisamente, el nacimiento del Señor en este lugar se debió a que José, esposo de María, era descendiente de David, y un edicto del imperio romano dominador, hizo que sus habitantes acudieran a su localidad de origen para empadronarse, con el objetivo de hacer el censo fiscal.

Y ambos orígenes son una nueva manifestación de ese misterio de Dios, que propugna que muchos ‘últimos‘ serán primeros, y que muchos ‘primeros‘ serán los últimos: un llamado a la humildad que se espera de todos los hombres. El rey más grande de Israel nació en cuna de pastores, y creció él mismo, como pastor de ovejas. El Rey del Sión definitivo, nació en un humilde pesebre, entre animales y pobreza, y fue, Él mismo, pastor de humanos.

Es decir, con la llegada de este día, se accede a la oportunidad de festejar el advenimiento del Señor. Sin embargo, la tradición se ha ido dejando infiltrar por el paganismo, y la fiesta de Navidad, para muchos, no es más que otro pretexto para borracheras, sexo, drogas, violencia… todo lo que conspira contra las verdaderas enseñanzas del mismo que se pretende homenajear.

Pero el nacimiento de Jesús no fue un acontecimiento del contexto humano; no nació porque un hombre y una mujer decidieron tener hijos, sino porque el mismo Dios quiso enviar a la Tierra a su propio Hijo, para que diera testimonio de Él; delegó en el espíritu primigenio que incluso había tenido intervención activa en la obra de la Creación, según nos relata en testimonio, un alegato viviente de todas las obras de Jesucristo, el apóstol Juan:

En el principio ya era la Palabra, y aquel que es la Palabra era con el Dios, y la Palabra era Dios. Este era en el principio con el Dios. Todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo que es hecho, fue hecho.” [Juan 1:1-3]

El nacimiento de Nuestro Señor Jesús entre los humanos, fue la segunda parte de un plan previsto por el mismo Dios desde siglos antes, con el anuncio del Mesías, en 1ª Samuel 2:10:

El SEÑOR juzgará los términos de la tierra, y dará fortaleza a su Rey, y ensalzará el cuerno de su Mesías.”

O sea, no se trata de una historieta sacada a la luz por unos cuantos locos que ‘ven visiones y hablan con espíritus‘, sino de historia cronológicamente congruente, que el propio Dios ha puesto en manos de nosotros. Y pese a valerse para ello de diversas personas, en distintos lugares geográficos, en disímiles épocas, el objetivo de la trama resulta coincidente: la redención de la humanidad.

Aunque la Ciencia se jacta de sabiduría, basando esta en lo que resulta palpable a los sentidos con los que Dios ha dotado al hombre, ignora lo esencial: la presencia del espíritu… y lo que resulta más importante aun: la existencia de distintos tipos de fuerzas espirituales que ejercen poder sobre el ser humano. Y el pecado, la causa por la cual el Espíritu del Hijo de Dios se hizo hombre, se manifiesta gracias a que nuestro espíritu interior se abre a la influencia de fuerzas espirituales enemigas de Dios, que habitan en una dimensión no asequible, porque la nuestra, la 3ª, está subyugada por una 4ª Dimensión, invisible para la Ciencia.

Esta 4ª Dimensión corresponde a un mundo angélico, fraccionado a su vez en dos grupos: los que se rigen por las leyes de Dios, y los sediciosos, subyugados por satanás. Ambos tienen influencia sobre el nuestro… y Dios le da al hombre el libre albedrío para decidir a cuál influjo ceder; es un proceso imprescindible, pues será nuestra actitud dinámica y espiritual la que nos ubique en un punto de la cuerda tensada desde extremos opuestos.

Será la posición que cada ser humano adopte, la que defina la tendencia espiritual de cada individuo, y eso permitirá que cuando seamos pasados por la ‘criba‘ de Jesús, se nos elija o no, para vivir en un mundo de justicia eterna, bajo las leyes del Dios Omnipotente. Obviamente, los rebeldes no tendrán cabida en ese mundo final y definitivo que será regido por Jesús, pues resultarían la mala levadura, que leudaría la masa seleccionada.

La única causa de desobediencia, es el pecado. Nos gustan las cosas que Dios repudia, porque el pecado entró al mundo a través de Satanás, el jefe rebelde de las fuerzas espirituales que violan el reglamento establecido por Dios, y que, como miembros de la 4ª Dimensión espiritual, ejercen influencia sobre todos nosotros.

Se codicia la mujer de otro, o el marido de otra; el corazón se subordina ante los lujos, la vanidad, la soberbia, la envidia… Se roba, nos entregamos al alcohol y las drogas, se ejerce violencia contra los semejantes, se viola a niños y a adultos, se asesina; unos se prostituyen sexualmente… y otros acuden a la llamada de la prostitución. Se practica la homosexualidad entre mujeres y hombres; mentimos para conseguir lo que deseamos, y luego volvemos a mentir, una vez que ya hemos sido saciados. Nuestros ojos inquietos se sumerjen de nuevo en la búsqueda de una nueva necesidad.

Siempre estamos insatisfechos; y lo estamos, porque nuestro espíritu no está en resonancia con las fuerzas espirituales de los ángeles de Dios, constantemente a nuestro lado, intentando que nos abramos a ellos, que conozcamos la Verdad. Nos alejamos de la instrucción de Jesús.

Las tendencias que nos llevan a hacer todo lo que está censurado por las leyes del Creador, no son una causa genética, sino espiritual. No está enfermo el ladrón, ni el asesino, ni los que se prostituyen ni nadie que transgreda cualquiera de los mandamientos. No están enfermos los homosexuales; y no lo están, porque su organismo continúa comportándose como lo que son, aunque no quieran serlo: las lesbianas tienen sus ciclos de menstruación, y pueden ser madres si se unen a un homosexual varón, orgánicamente apto para la erección e inseminación diseñada para los hombres.

Todo el que siente apego a lo que vaya contra lo establecido por Dios, no es más que un monigote en las manos de las huestes de satán; se es víctima de la debilidad del espíritu, por alejarse del Espíritu de Dios. Algo sobre lo que el apóstol Pablo nos instruye, en Efesios 6:11-12:

Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra señores del siglo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los cielos.”

Y para eso nuestro Señor habitó entre los hombres; constantemente alertaba sobre el peligro del pecado, mientras hacía curaciones de todo tipo, resurrecciones de muertos incluidas, para demostrar su Poder, consciente que, debido a nuestra fe débil solo somos susceptibles a creer en aquello que nuestros ojos pueden ver.

Buscaba influencia sobre el frágil corazón humano, para que le creyeran, para que confiaran… para que se le entregaran en fidelidad, aunque el mismo demonio susurrara en los oídos, y sembrara en el corazón todas las dudas posibles, haciendo uso de su capacidad de subyugarnos. Jesús sabía que su enemigo espiritual, por pertenecer a su misma dimensión, puede influir sobre nosotros; y puso en nuestras manos el arma más potente del cristiano: la fe, y el amor a Él, para vencer a la muerte, que es la última consecuencia del pecado.

Nuestro Señor se entregó en la Cruz por nosotros, para que todos pudiéramos tener la opción de una vida eterna bajo su reinado; con su sangre pagó el precio de perdón por nuestras faltas. Él llevó nuestras culpas en su cuerpo, sobre el madero, para que nosotros siendo muertos a los pecados, vivamos en su justicia, sanados por sus heridas y bautizados con su sangre. Nos dice que solo exige contrición sincera, no importa lo que hayamos hecho: arrepentimiento, etapa de prueba para demostrar que nuestro nuevo camino es definitivo y somos capaces de enfrentar las tentaciones, y luego su clemencia concluyente. Su reino se establecerá de todas formas; ninguno de nosotros podrá impedirlo, pues es la voluntad del mismo Dios que así terminen las cosas, así que el final individual está en las manos de cada uno.

Jesucristo resucitó de entre los muertos al tercer día de haber sido sepultado; no 72 horas después, como intentan señalar algunos, para meter contradicción en la Palabra de Dios y restar credibilidad y fe, sino al 3er día. Le crucificaron un viernes y fue enterrado; pasó el sábado, y llegó el domingo, el día en que se apareció a sus seguidores. Juan y Pedro, testigos directos de esto, colaboradores y alumnos suyos durante 3 años, presentes durante su apresamiento, castigo, crucifixión, sepultura, y aparición posterior, han dejado testimonio escrito de ello.

Sus palabras han vencido al tiempo y están ahí, al alcance de todo aquel que desee leerlas. Hoy es un buen día para hacerlo, sabiendo que el Señor estará con quien se le entregue.

Mateo también nos dejó escrito muchas de las enseñanzas de Jesús; y yo no puedo terminar sin exponer la que considero más apropiada, la que el Señor me entregó esta mañana, cuando le pedí que me ayudara a escribir estas palabras de homenaje en su cumpleaños.

‘…Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir’: “Arrepentíos, que el Reino de los cielos se ha acercado.” [Mat 4:17]

¡Feliz aniversario Señor! Ven pronto; quienes confiamos en ti te estamos esperando.

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SEMANA SANTA Y EXPECTATIVAS DEL SEÑOR

marzo 19, 2008

¿A DÓNDE IRÁS EN ESTAS FIESTAS?

Hemos llegado a Semana Santa; lo que para muchos representa ocasión de aventura, visita a París, o mucho dinero debido a turistas visitantes, en realidad es una evocación de algo sucedido hace 1975 años atrás, el preámbulo de un hecho que aun hoy rompe todos los esquemas de la mente humana: la crucifixión de Jesús de Nazaret. Lo que para una buena parte de la humanidad constituye un sin sentido, resulta una promesa de opción a vida eterna para todos aquellos que le reconocen como Hijo de Dios.

Jesús predicó siempre la paz, y esta es unión; sin embargo, pese a todos sus esfuerzos y recomendaciones constantes, su iglesia ha sido dividida por los hombres: católica, (las que comulgan con roma y las que no, que son muchas más de lo que se piensa), la ortodoxa, (ídem), y la protestante, que también está representada por cerca de cien tipos. “Divide et vinces“, el “divide y vencerás” del emperador romano Julio César, es aplicable a este caso: el cristianismo se fracciona y el demonio abre una botella de champán, se apoltrona en su mejor butaca y pone su música satánica favorita, disfrutando su éxito.

Ya Pablo comentaba en sus epístolas, sobre el riesgo de las interpretaciones personales de la Biblia y de las inclinaciones hacia determinados guías espirituales de su época, siempre centrado en presentar a Jesús como tronco de la iglesia, y a los cristianos como su ramaje. No obstante, a día de hoy, se perciben grandes diferencias de concepto, pese a que una de las últimas manifestaciones de Cristo advierten del peligro en Ap 22:12:

‘Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.’

¿Necesitamos que el Señor sea más específico? ¿Por qué usó los términos ‘alfa y omega’? ¿En qué parte se relacionan la primera y última letras del alfabeto griego con el Salvador, si no en su Biblia? Resulta evidente que nos instruye sobre nuestro comportamiento hasta su llegada: seguir fielmente sus instrucciones, que Él tuvo mucho cuidado que quedaran escritas, confirmando una vez más que todo lo escrito en el libro de Dios, queda consagrado como verdad; es decir, que la sangre del Mesías representa el cuño que certifica la autenticidad de cada palabra bíblica.

¿Por qué el hombre se mete en diatribas filosóficas, incorporando deducciones que no fueron escritas por Dios? ¿Es que acaso este pecó de insuficiencia de argumentos? ¡Cuánta osadía hay en el corazón humano! Gracias a ello, surgieron las cruzadas antes, y el odio entre católicos y protestantes llenaron de muerte las calles del Ulster, más tarde. Pese a que la enseñanza recibida del Señor siempre fue la paz: antípoda de la violencia.

¿Por qué propugnar, por ejemplo, a un Cristo aliado a empresarios, cuando en realidad, constantemente se nos enseña lo contrario en la Palabra de Dios? En Santiago 2:5 se nos dice que Dios ha escogido a los pobres de este mundo para hacerlos ricos en fe y que reciban como herencia el reino prometido a quienes le aman. ¿Qué con esto, que Jesús odia a los empresarios? ¡Claro que no! La enseñanza está en que lo importante para el Señor es el Espíritu. ¿Qué clase de empresario fue Pablo? Si tuvo alguna empresa, fue de propaganda, sin cobrar por ello, difundiendo desde las cárceles romanas sus prodigiosas cartas evangelizadoras, pues cuando no estaba preso por causa de Cristo, le andaban buscando, para arrestarle. ¿Y Esteban? ¿Y el recaudador de impuestos?

¿Qué tipo de empresarios fueron aquellos que el propio Señor les indicó que salieran a proclamar su mensaje, solo con lo puesto? En la casa de Dios no se acuñan monedas; la instrucción y la evidencia bíblica, enseñan que el dinero es poder, y ambos corrompen al Espíritu que mora en cada hombre: el primer Renault 7 ya no gusta, aunque funcione bien; pasamos por el concesionario y nos encandila el ostentoso Mercedes plateado que se exhibe. Nuestra mente deja de estar donde debe y comienza a resbalar hacia donde no debe.

Lo material es enemigo de lo espiritual; la bonanza económica de un cristiano, es gracia de Dios, concedida para una etapa efímera, pues según la propia Biblia, ‘el rico es como la flor de la hierba, que no permanece.’ Y así hay que verlo. “A quien Dios se lo dio, San Pedro se lo bendiga“, reza un refranero popular, con más verdad que vicio.

Una evidencia de la corrupción derivada del dinero, la vemos en la propia materialización del Espíritu. Los cristianos abrazados a la fe católica salen en sus procesiones, con una imagen de madera que representa a un Cristo crucificado. El concejal de urbanismo, de Palma, Islas Baleares, cofrade asiduo en estas procesiones, sobre cuyo hombro ha estado varias veces el representativo Cristo de madera, parece que estimó que una buena forma de dignificarse ante Jesús, era pagar con la tarjeta de crédito del Ayuntamiento, todas las consumiciones realizadas en un club de alterne gay, carnes incluidas. ¿Agrada esto al Señor y responde a sus expectativas con los cristianos?

Y no es que esté involucrando en este hecho a todos los hermanos en la fe que salen tras las representaciones de la Virgen y del Cautivo; sino que intento evidenciar que tenemos una idea distorsionada sobre lo que nuestro señor Jesucristo espera de nosotros. Llegan estas fechas tan especiales y, en lugar de recordar lo que verdaderamente se debe: las promesas de vida eterna y la instrucción de llevar una vida ordenada, según las leyes que nos dejó, lo que se hace es acudir a comilonas, bebidas inclusive, viajes turísticos, etc.

No le reverenciamos con el acto de contrición debido, en recuerdo a su agónico sufrimiento, desde Getsemaní, hasta su muerte en la Cruz, sino con una parafernalia de artículos conmemorativos, vendidos y comprados en unas ‘fiestas‘ concebidas para ganar dinero. Los hosteleros no meditan en el Cristo agonizante, sino en las expectativas de un lleno completo en sus negocios; mientras una mayoría del resto de las personas, en lugar de recogerse, sacan cuentas sobre cuánto dinero tienen para montárselo bien en estos días: Paganismo puro y duro. ¿Es qué acaso hacemos fiesta en el aniversario de muerte de un familiar; el padre, por ejemplo?

Luego nos sentimos ofendidos si los creyentes musulmanes (no hablo del extremismo islámico) nos consideran impuros. ¿Dónde ha quedado la exhortación constante a la pureza por parte de Jesús?  En Pedro 1:16  puede leerse las recomendaciones del Señor:

“Sed santos, como yo soy santo”

Estos días deben ser aprovechados para reflexionar sobre nuestro comportamiento ante la vida. Debemos estar más dispuestos a escuchar a los demás, siendo lentos ante la réplica soberbia y la ira, pues el hombre enojado no hace lo agradable a Dios. No debemos discriminar a unas personas de otras; ya sea por su dinero o raza, pues la ley reza: ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo‘, y a nadie le complace recibir trato de inferioridad por parte de otros. Hay que ser compasivos, sabiendo que si no lo somos, sin compasión seremos juzgados Tenemos, en fin, que despojarnos de toda maldad y aceptar el mensaje de Cristo con humildad, porque tiene poder para salvarnos.

Debemos reflexionar en las consecuencias derivadas de la aceptación Papal de la teoría evolutiva; una tesis que borra de un plumazo desde el capítulo 1 del Génesis, hasta el 11; lo que Dios ordenó a Moisés que escribiera, como sentencia firme, sin ambages ni más puntualizaciones: una Creación de 6 días de 24 horas, no de miles de millones de años, con la participación directa del Espíritu de Cristo, con Adán y Eva incluidos, por supuesto. Pablo nos advirtió ya sobre la ‘mal llamada ciencia‘.

Gracias a esa flexión de rodillas Papal ante la diosa ‘evolución’, hoy se enseña, incluso en las escuelas católicas, que no fuimos hechos por Dios a su imagen y semejanza, que no hay más futuro para el hombre que convertirse en otro tipo de ser (que nadie sabe como será)… y que al no haber juicio para vida eterna, pues esta no existe, no tenemos que dar cuenta a nadie de nuestros actos.

Por otra parte, si decimos que tenemos fe, debemos ser coherentes ante el Señor, corroborándola con nuestra actitud, evitando que alguien pueda criticar nuestra fe sin hechos, mientras da pruebas de su propia fe, a través de sus obras, incluso siendo ateo.

Renglón aparte merece nuestra lengua: quien no comete errores en lo que dice, está cerca de Dios. Así como la brida en la boca del caballo permite su obediencia, debemos poner freno espiritual en nuestra boca, para no arder en el fuego que puede provocar. Hay un proverbio chino que expresa: ‘Eres dueño de lo que callas, y esclavo de lo que hablas‘.

Si nos consideramos sabios, debemos demostrar la sabiduría con buena conducta. Si dejamos que la envidia nos invada el corazón, actuaremos por rivalidad, faltaremos a la verdad y nos desprenderemos ante Dios de todo lo que pueda enorgullecernos. Donde hay envidias y discordias resultantes, impera la maldad y el desorden: enemigos del Padre de todos. Los que se abrazan a la sabiduría procedente de Dios, intentan ser puros, pacíficos, bondadosos y dóciles. También compasivos, imparciales y sinceros: hacedores de bien y paz; ya se sabe que quienes procuran paz, siembran en paz, para recoger como fruto la justicia final.

Los malos deseos acunan en el corazón del humano; generan sus guerras y todo tipo de desavenencias. Se ansía lo que no se posee y se llega a matar por conseguirlo. No se logra lo que se quiere porque lo que queremos no está en correspondencia con lo que nuestro Padre desea para nosotros. ¿No desean los padres lo mejor para sus hijos? Pues funciona igual; si pedimos, lo hacemos mal, pues nos mueve nuestro materialismo y sensualidad: enemigos del Creador, que ama con celo nuestro espíritu  interior.

Dios se opone al orgulloso y es generoso con el humilde. Sometámonos a Él y resistamos las tentaciones de su oponente; así este huirá de nosotros. Acerquémonos al Señor y Él se acercará; limpiemos nuestros cuerpos de faltas, así como nuestra mente y corazón de malos pensamientos, pues no se puede amar a Dios y al mundo al mismo tiempo. ¡Humillémonos para que seamos enaltecidos por el gran Enaltecedor!

No hablemos mal unos de otros, pues estaremos juzgando y, con ese mismo rigor, se nos tratará en nuestro inexorable juicio personal. Olvidemos el orgullo y subordinemos nuestros planes a la voluntad del Eterno, pues somos neblina fugaz, que aparece y desaparece sin dejar rastro. Si Dios quiere, viviremos y podremos hacer lo que le pidamos, si está en resonancia con su voluntad; y si no hacemos el bien, pudiendo hacerlo, estaremos en falta ante los ojos del Supremo, con toda seguridad.

Seamos capaces de darle a la Semana Santa el verdadero valor espiritual que reclama; que sean días para hacer un alto, reajustar nuestras brújulas y reemprender nuestros pasos con un mayor sentido de orientación. No es tan difícil, solo debemos preguntarnos en cada acción nuestra: ¿Actuaría así nuestro Señor Jesucristo? Él está pendiente de nosotros; tiene sus expectativas puestas en cada uno, pues cada uno responde a un plan.

No debemos finalizar sin exponer que la muerte gloriosa del Señor, sin ‘cuidados paliativos‘, fue también una señal contra la eutanasia. Al morir con honra en la cruz, instruyó sobre el modo en el que los cristianos deben enfrentarse a su último aliento: el Crucificado le plantó cara, lleno de fe; la aceptó con amor, confiado en que iba hacia los brazos del Padre. ¿Fue o no un tránsito digno? Estando cerca de Dios, la muerte no asusta; la fe nos fortalecerá en la hora de la prueba.

Seamos etimológicos: no estamos de fiestas, sino en la semana de Jesús, quien sufrió muerte en la Cruz para lograr un pacto de vida eterna ante Dios, en beneficio de la humanidad. Una opción de eternidad bajo su gobierno, en el Sión definitivo, que debemos aprovechar. Intentemos ser mejores personas y rompámonos en este aniversario ante Él, para que lleve nuestras deudas a cero y nos comprometamos a dar lo que se espera de nosotros, según enseña Tito 2:14:

“Él se entregó a la muerte por nosotros, para salvarnos de toda maldad y limpiarnos totalmente, para que seamos suyos, deseosos de hacer el bien”

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