EVOLUCIÓN DEL OJO: LOS SALTOS IMPOSIBLES

octubre 17, 2008

Hace unos días, me enviaron a este blog un link con las ‘científicas’ reflexiones que supuestamente explicarían la real posibilidad de que un órgano tan complejo como el de la visión, pudiera haber evolucionado desde elementales sistemas surgidos hace miles de millones de años.

http://www.sindioses.org/cienciaorigenes/bookjehova03.html

Textualmente, dice lo siguiente en sus inicios:

Para este primer paso puede considerarse posible al ver el fotorreceptor que existe en Euglena, un protista fotosintético que tiene un organelo sensible a la luz, conectado con el flagelo que le permite la locomoción. No se afirma que los ojos de los humanos se remonten al fotorreceptor (eyespot en inglés) de Euglena, solo se muestra que este primer paso es posible en la naturaleza.

Muy fácil se lo ponen al raciocinio y a la lógica, sin necesidad de una inteligencia sobrenatural; solo hay que usar la que Dios nos dio a todos… al 20% de marcha, casi sin esfuerzo. Desde el primer paso, este planteamiento se manifiesta inverosímil. En el caso citado de Euglena, el eucariota fotosintético, se refieren a la mancha ocular, un orgánulo fotorreceptor, propio de las células flageladas.

La mancha ocular permite a las células detectar la dirección e intensidad de la luz y acudir a ella [fototaxis] o alejarse [“fotosock”, respuesta fotofóbica]. Así la célula busca la cantidad de luz óptima para la fotosíntesis. Pero las manchas oculares, aunque pudieran constituir los ojos más simples y comunes existentes en la Naturaleza, FORMAN PARTE DE UN SISTEMA no surgido del azar ni de falsas asociaciones casuísticas de proteínas; en realidad es un servosistema óptico INDIVISIBLE, formado por proteínas fotorreceptoras, y un mecanismo de transducción de señales capaz de generar una respuesta fotovoltaica. Elementos que no serían nada individualmente, que solo son efectivos cuando conforman un conjunto… y que aturde a los más virtuosos ingenieros actuales.

En realidad, estos ‘sistemas visuales’ se revelan en las propias bacterias, y cualquier investigador que intente demostrar que la visión evolucionó desde un factor común, terminará en un siquiátrico. Existen múltiples y distintos sistemas fotorreceptores en bacterias, no uno común… y cada uno instituye un caso de la Complejidad Irreductible presentada por Behe, como evidencia de la EVOLUCIÓN IMPOSIBLE, y de un Diseño Inteligente.

Un trabajo de científicos argentinos, publicado en la edición del 24 de agosto de Science, demostró que incluso las bacterias consideradas no fotosintéticas, tienen un mecanismo que les permite “ver” la luz azul; algo que usan para liberar distintos mecanismos, y el aumento de su actividad. Una respuesta similar a la de las plantas, al inclinarse hacia la luz, ejecutada mediante fotorreceptores con módulos de proteínas denominados LOV [luz, oxígeno y voltaje], con aminoácidos que absorben la energía lumínica.

Fue el hallazgo de una nueva familia de fotorreceptores en bacteria: las LOV-histidinas-quinasas, en las que la molécula sensible a la luz es una flavina, una proteína relacionada con la vitamina B2. Y la primera vez que se establece la activación mediante luz, de una actividad enzimática en una proteína-LOV, en bacteria. También se supo que Brucella, una bacteria patógena conocida por más de cien años y que se pensaba no era afectada por la luz, contiene en realidad una molécula capaz de detectar la presencia de esta y usar esa información para controlar un proceso vital.

Tres años antes, este mismo investigador describió a la ‘fototropina’, un fotorreceptor de luz azul en plantas, que gobierna la orientación de la planta hacia la luz (fototropismo). Una característica del girasol, la flor que siempre ‘mira’ al astro: desde la aurora, hasta el crepúsculo. Esta proteína, descubierta por el Dr. Winslow Briggs en la Universidad de Stanford, hace una década, fue la primera proteína LOV que usa flavina como pigmento fotorreceptor.

Los segmentos LOV (LOV-domains en inglés) aparecen en un gran número de proteínas, en diversos organismos en las que el resto de la proteína pueden ser moléculas tan diversas como enzimas o segmentos que se unen al ADN y controlan la expresión de genes. Ahora bien, ¿cómo puede el LOV-domain activado por la luz, propagar la señal a componentes tan diversos?

Hay distintos LOV domains bacterianos; y todos constituyen un mecanismo complejo… un Complejo Irreductible. La sigla LOV se refiere a un segmento pequeño de estas proteínas complejas, que funciona como modulo sensor de Luz, Oxígeno, o Voltaje (LOV), y la función depende de las distintas moléculas sensoras en el segmento.

La fototrofina y las histidino-kinasa bacterianas contienen flavina como detector de luz; pero también se sintetizan otras proteínas para este efecto. Los detectores de oxígeno contienen el grupo hemo (similar a hemoglobina en glóbulos rojos), casi en el mismo lugar de la molécula donde los receptores de luz contienen flavina. Los detectores de voltaje son segmentos LOV cuyo mecanismo de detección del potencial eléctrico no se ha descubierto aún… y los tres actúan en sintonía; resulta imposible aislarles. Si se anula alguno de los genes codificadores del trío, el sistema deja de funcionar. Así que no se puede entender que cada uno tuvo una función específica en un hipotético proceso evolutivo.

Otro hallazgo fue el de mecanismos de función de las rodopsinas bacterianas, unas proteínas que contienen retinal (vitamina A). Algunas rodopsinas bacterianas funcionan como convertidoras de energía: bombean iones a través de la membrana, en cuanto son activadas por la luz; otras actúan como sensoras de luz de diferentes colores (rodopsinas bacterianas sensoras).

En general, la fotosíntesis es el proceso mediante el cual las plantas, algas y algunas bacterias captan y utilizan la energía de la luz para transformar la materia inorgánica de su medio externo, en la orgánica usada en su crecimiento y desarrollo. Hay dos tipos:

1- Fotosíntesis oxigénica: liberación de oxígeno molecular (proveniente de moléculas de H2O) hacia la atmósfera.

2- Fotosíntesis anoxigénica, no libera oxígeno. Propia de un número reducido de bacterias, como las púrpuras y las verdes del azufre; pues su donador de hidrógenos es el H2S.

También hay bacterias capaces de compensar un bajo abasto de nutrientes, activando fotorreceptores: la fotoheterotrofía, muy común entre las bacterias marinas. Investigadores del Instituto Max Planck, junto a colegas de Alemania y Estados Unidos, analizaron su genoma, y hallaron los genes que codifican el empleo de energía lumínica; millones de ellas pueden verse desde el espacio, como una gran mancha.

Los fotoheterótrofos son muy abundantes; representan el 10 % del plancton marino. Varios microbiólogos marinos del Max Planck analizaron de cerca el ADN de una de las bacterias comunes halladas en costas de muchas partes del mundo: Congregibacter litoralis KT71, aislada por primera vez en aguas cercanas a la isla alemana de Helgoland.

Los experimentos de cultivo mostraron que KT71 es heterótrofa y depende de fuentes de carbono como azúcares y pequeños péptidos. Luego de investigar los datos genéticos aportados por el Instituto Craig Venter en E.U, los investigadores se sorprendieron de hallar todos los genes para la fotosíntesis bacteriana… pues la KT71 no está pigmentada como otras bacterias fotosintéticas.

Los expertos del laboratorio de la Colección Alemana de Microorganismos y Cultivos Celulares (DSMZ, por sus siglas en alemán), pudieron mostrar que cuando sus nutrientes escasean, la KT71 crece mejor con luz. Asumieron que la bacteria pasa de la combustión del carbono orgánico al sistema fotovoltaico, dependiendo de las condiciones ambientales… según dicte su programa en el ADN; si se elimina uno de los genes codificadores, muere. Otro complejo irreductible, conformando un nuevo tipo del ‘ojo elemental’, citado por la defensa evolutiva.

Las cianobacterias también forman su propio complejo irreductible; son uno de los máximos exponentes de bacterias fotótrofas. Su metabolismo forma parte de un sistema, donde todas sus partes funcionan como elementos indivisibles de un conjunto fotosensible:

1- Plastos: En la membrana celular, dentro del citoplasma. Poseen pigmentos fotosintéticos, específicos para esta función. Suelen contener una especie de clorofila [el mismo pigmento que tienen las plantas] conocida como bacterioclorofila, y de la cual existen al menos, 6 tipos diferentes, desde la ‘a’ a la ‘g’

2-Tilacoides: son las vesículas donde se activan las reacciones captadoras de luz de la fotosíntesis y de la fotofosforilación.

3- Ficobilinas: [o ficobiliproteínas] son proteínas que capturan la energía lumínica, que será luego pasada a la clorofila durante la fotosíntesis… sabiendo que todas las proteínas existen porque sus síntesis están inscritas y codificadas en el ADN.

De modo que los pigmentos de los plastos no significan nada en el sistema, sin la ayuda de las tilacoides, que es donde tendrá lugar la reacción fotolúminica. Ni las ficobilinas hacen nada sino están los plastos que serán activados por la luz; ni las tilacoides valen para nada, sin los pigmentos de los plastos ni las proteínas sintetizadas para capturar la energía lumínica. ¡Todo tuvo que surgir junto! Solo un ‘Programa’ pudo generar ese primer ‘ojo’ inexactamente llamado elemental; lo dicta la interdependencia de su funcionamiento.

No se puede hablar de ‘procesos de evolución del ojo’, mencionando como primer paso a un sistema que ha demostrado poseer en sí mismo una complejidad propia de conjuntos diferenciados. Otra evidencia de no-casualidad; una prueba más, de un programa inteligente y hábilmente diseñado, que permitió que distintos factores orgánicos se organizaran y evidenciaran una autonomía de acción, mediante distintos sensores activados al unísono… a nivel de célula.

Abanderados neodarwinistas: si pretenden evidenciar la evolución del ojo humano, desde el precepto de cualquier organismo ancestral, están obligados antes a demostrar que el sistema de ese organismo eónico pudo surgir por modificaciones aleatorias en el tiempo. Y la propia bacteria les dice que eso no es posible; de hecho, la ‘explosión’ de vuestro hipotético periodo cámbrico mostró el complicado sistema de lentes del ojo del trilobites, sin justificación fósil anterior, surgiendo completo, con ojos compuestos, como los de los insectos actuales.

De modo que la próxima vez que se pretenda decir que el ojo humano ‘evolucionó’ desde un organismo eucariota, deben recordar que la bacteria tiene un sistema similar, gracias a una actividad de conjunto, indivisible. Lo que tanto temía el afamado líder religioso:

Si pudiera demostrarse que ha existido un órgano complejo que no pudo haber sido formado por numerosas y ligeras modificaciones sucesivas, mi teoría fracasaría por completo.’ [Charles Darwin]

¡Ahí lo tienes de nuevo Carlitos, en la propia evidencia que tus seguidores pretenden propugnar!


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