EVOLUCIÓN HERMANA A HUMANOS Y MONOS… DISTORSIONANDO LA VERDAD.

septiembre 21, 2008

Si algo me motivó a estudiar genética, más que ninguna otra razón, ha sido el despropósito de la pretendida ‘homología’ entre hombres y monos. Y digo monos porque reniego de farsas, y yo sé que el nombre virtual que bautizó a los supuestos ‘bichos’ que dieron lugar al humano, no es más que el mayor intento anti Dios, entre todos los fraudes evolutivos.

La prueba esencial para decir que toda especie desciende de una primera surgida al azar, es el parecido entre todas las secuencias proteicas. No se dice que son cientos de miles de proteínas vitales, dentro de una estructura genética fundamentada en sólo cuatro bases nitrogenadas, que, hábilmente combinadas, crea millones de entidades. Es imposible que bajo este ‘diseño’, los metabolismos pudieran diferenciarse más de lo que lo hacen.

¿Algún científico ha podido hacer las síntesis de ADN más variadas, desde bacteria a elefante o desde lechuga a la gigantesca secuoya, usando solo Adenosina, Timina Guanina y Citosina? En verdad, lo que se demuestra es que resulta imprescindible un programa muy inteligente para lograr algo tan extraordinario. Dios actuó magistralmente en su Creación. ¿Cómo es posible hallar grandes diferencias en las síntesis, si usó solo 4 bases nitrogenadas para conformar las miles de millones de instrucciones para la vida?

Mezclando solo 4 letras, se ‘codifica’ cada receta para crear, desarrollar y mantener, los millones de especies existentes en el planeta. ¡Si algo demuestra el ADN, es la Sabiduría y la Ciencia del Creador! Razonemos, pues a diferencia de los monos, tenemos cerebro y neuronas para algo más que para las ensoñaciones de ranas convirtiéndose en Príncipes.

Pese a la gran diversidad biológica, hay algo más en común que los elementos químicos esenciales: macromoléculas como proteínas, carbohidratos, lípidos y ácidos nucleicos. La similitud del código ADN, está en todos los genomas; cada proceso de transcripción, traducción y elaboración de proteínas, es básicamente el mismo en todo ser vivo.

Si un simio es el ente de mayor analogía física con el humano, ¿cómo no pensar que forzosamente sus respectivos ADN se semejarán más que por ejemplo, los del hombre y el asno? ¿Por qué no se le da este enfoque al planteamiento?… Solo porque resulta ‘menos conveniente’ para las intenciones que se persiguen: convertirnos en un elemento casuístico más, sin pasado vinculado a un plan divino, y lo que es peor: tampoco sin futuro.

Desde el invento del árbol de Haeckel [el tramposo evolutivo que falseó las etapas embriológicas del ser humano, intentando establecer un parecido con embriones de distintos animales], nació el concepto ‘filogenia’: ‘el desarrollo de embriones de cada especie repite el desarrollo evolutivo de esa especie totalmente’; de modo que la ontogénesis reproduciría la filogénesis. Y en una maniobra similar, versión Lucy-Chita-hombre, se usa la técnica de ‘hibridación del ADN’, para ‘demostrar’ lo ‘mono’ que somos.

Mediante tal hibridación, usando la temperatura de disociación de las cadenas originales y de los híbridos entre las especies a comparar, las bases de cada hebra tienden a unirse con su complementaria: a más uniones, mayor parecido genético. Un proceso que combina dos cadenas antiparalelas de ácidos nucleicos, en una única molécula con doble información, tomando la estructura de doble hélice.

Las bases nitrogenadas quedan ocultas en el interior; así, si se irradia la muestra con la longitud de onda adecuada, la absorción de energía será mucho menor. Si fuera sencilla, los dobles enlaces de las bases nitrogenadas estarían totalmente expuestos a la fuente de energía, dificultando la unión.

En 1960 se supo que dos filamentos de ADN, de dos especies distintas, pueden reunirse y desunirse in vitro, generando una molécula híbrida de doble cadena convencional. Eso se utilizó luego, para determinar el grado de relación ADN, entre chimpancé y hombre. En la práctica, cuando el ADN de simple cadena de dos especies distintas se combina e incuba a 60°C, se formará un ADN híbrido de doble cadena… solo entre las secuencias de bases homólogas. Sólo las secuencias homólogas tienen suficientes pares complementarios para formar dobles cadenas (dúplex) técnicamente estables a 60°C. Se tiene en cuenta la temperatura de fusión, donde la mitad de las moléculas complementarias se unen.

Sibley y Ahlquist, lo explican: (1987, J. Molec. Evol. 26: 99-121). ‘El material del dúplex híbrido resultante [hombre-chimpancé], luego es separado del filamento sencillo de ADN que queda, y es calentado con incrementos de 2 a 3 grados, y desde 55º a 95º C. La cantidad de la separación de ADN a cada temperatura es medida y totalizada, comparándola con el ADN humano-humano reformado como dúplex. Si el 90% de las bases apareadas de ambas comparaciones coinciden, se dice que hay un 90% de hibridación porcentual normalizada.

Pero, [oliendo a ‘deducción conveniente’, contra verdad científica], si el dúplex híbrido de ADN de diferentes especies presenta bases no apareadas, entonces se dice que esto ocurre debido a que ambos incorporaron distintas mutaciones… desde la última diversificación a partir de un común antecesor. Es decir, no se investiga, sino que se condiciona el resultado con respuestas a lo que se espera hallar, dando por ‘hecho’ que el antecesor común es un ‘hecho’, aunque este supuesto se haya basado en lucubraciones; justificando cualquier contradicción que surja.

Mas, Ayala y Valentine (1983), ya avisaron que esta técnica presenta inconvenientes: la enorme cantidad de secuencias presentes en casi todo ser vivo, y la imposibilidad de revisar globalmente todas las secuencias, pues solo se emplean fragmentos de ADN y luego se extrapolan, subjetivamente, a todo el genoma. Por ello, muchos investigadores, anatomistas y morfologistas, cuestionan los datos así obtenidos; a su criterio, no representa un confiable análisis global de ambos códigos genéticos.

Los propios autores del trabajo plantean que aunque el método de hibridación permite comparar una reducida parte del genoma de dos especies entre sí, sin embargo no puede medir cuánto ‘exactamente’ ha cambiado el ADN de las dos especies comparadas. No es el caso de la técnica RFLP: la Huella genética parental, que determina la identidad y la paternidad de personas, circunscrita solo a puntos específicos en los brazos de los cromosomas. Y atención ahora: actualmente también se le llama ‘Huella genética’ a variaciones de la técnica PCR… usada en el controvertido experimento hombre-chimpancé; para darle más ‘feeling’, vaya.

En general hay varios métodos para la hibridación del ADN, entre ellos:

– Marcaje con radioisótopos [Ej: tritio]

– Imunohistoquímicas

– Hibridación In Situ Fluorescente (FISH)

– Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR: Polymerase Chain Reaction)

– Chip de ADN; el más actual y el más fiable

Con respecto al ‘parecido’, chimpancé-hombre, los anatomistas consideran poco probable que un mono caminando con nudillos, y el humano de marcha bípeda, compartan un mismo antecesor común. La respuesta de quienes presentan la ‘invisible’ evidencia molecular, es que eso se solucionó con una adaptación ‘perdida en la línea ‘homínidos’; pero no se dice que para que esto ocurriera, antes habría sido indispensable recodificar y reinscribir todas las instrucciones que aparecen en el ADN del chimpancé, de lo contrario: NADA DE NADA.

Y esto, nadie, en ningún punto del planeta, tiene evidencias de que ocurra, sino todo lo contrario, pues lo que se sabe es que ninguna información se reinscribe y recodifica, si no hay un agente externo que lo ejecute. Desinforman, diciendo que esto se consigue a través de las mutaciones, pero la realidad es que ninguna, absolutamente ninguna mutación, ocurre para mejorar la respuesta biológica, sino para atrofiar en menor o mayor medida a la especie que la sufre: desde un simple diente menos en el arco bucal, por ejemplo, hasta una atrofia mandibular que convierta a la persona afectada en un monstruo… o a las más de 20000 enfermedades de causas genéticas, que derivan en padecimientos constantes, condiciones de vida anormales, y en más ocasiones de las deseadas, hasta la muerte.

Volviendo a la hibridación: se silencia que se hace con pequeñas secuencias proteicas del ADN ‘codificante’: el de los exones, el primero que la Ciencia determinó que ‘instruye’ para crear proteínas. O sea, la información que se da en las aulas y en toda la prensa informativa, es que somos ‘iguales a los chimpancés en un 97, 98, ó incluso 99%’… según el conveniente nivel de manipulación en los laboratorios. NO SE DICE, que ese ‘codificante’ solo representa un 5% de toda la información del ADN.

Para la hibridación se usan pequeños filamentos con secuencias de ADN. Se extraen del núcleo celular, se separan de otros componentes nucleares, y se cortan en pequeños fragmentos de unos 500 nucleótidos. Sabiendo que cada uno es un ensamblado de tres componentes: monosacárido, base nitrogenada y fosfato; siendo la base el principal de ellos, usándose en el experimento la misma cantidad para humano y chimpancé.

O sea, se calla que esta ‘comparación’ implicó una ínfima parte de ambos genomas, pues el ADN humano, en específico, cuenta con 3 000 000 000 pares de bases. Dicho en castizo, para que se entienda mejor: TRES MIL MILLONES DE PARES DE BASES.

En genética, un par de bases consiste en dos nucleótidos  opuestos y complementarios en las cadenas ADN/ARN, conectadas por puentes de hidrógeno. Por ejemplo, en el ADN, la adenina y timina constituyen un par; la guanina y citosina, forman otro par… constituyendo con ese preciso diseño, una estructura perfecta para el modelo de la doble hélice.

Una gran evidencia de que el ADN no es casuístico, sino perfectamente ‘programado’, lo explica Erwin Chargaff, al probar que dichas bases son proporcionales: “el total de purinas (adenina-guanina) siempre es igual al de pirimidinas (citosina-tinina); es más hay tanta adenina como timina y tanta guanina como citosina ” (GRIBBIN, 1986, pág.169).

Toda la genética se fundamenta en estas aleaciones, condicionadas siempre por un par de bases específicas: o uno u otro; jamás se verá guanina con adenina, o timina con citosina… y en el trabajo de laboratorio en el que se fundamentaron para describirnos como ‘hermanos’ de monos, solo se emplearon 500:2= 250 pares de bases. ¡Comparan 250 pares de bases, para decidir sobre la ‘homología’ entre dos especies, cuando solo el ADN del ser humano contiene TRES MIL MILLONES DE PARES DE BASES!

Calculando con simple regla de tres, el 5%: esos ‘exones’, considerados como ADN codificante:

100%————-3 [10 a la 9ª potencia] pares de bases

5%————  X

De donde X= 150’000,000= CIENTO CINCUENTA  MILLONES DE PARES DE BASES.

De ellos, solo se toman 500 nucleótidos para recombinar: 250 pares de bases [500 : 2]. Por tanto, de este 5%, aun se reduce más el porcentaje empleado:

150 000 000———100%

250———  X

Por lo que X= 0.00016 %

Y si nos remitimos al total de pares de bases del ADN humano, tenemos:

3 000 000 000——– 100%

250———  X

De donde X= 25000 : 3 000 000 000= 0.0000083 %

Es decir: los científicos evolutivos se han fundamentado en un 0.00016 %, del 5% del ADN total, para definir nuestra homología genética con los chimpancés. O dicho de otra forma más explícita: Los científicos evolutivos se han fundamentado en el 0.0000083% de todo el ADN nuclear, para decir que genéticamente resultamos homólogos al chimpancé… para ‘hermanarnos’ con ellos en el tiempo. ¡Ese es el verdadero enfoque de lo que se hizo en los laboratorios, ocultando la realidad al mundo!

En esta ocasión, porque interesaba, incluso se obvió el ADN mitocondrial, que aunque mucho más pequeño, juega un papel importante, puesto que casi su 100% representa una descendencia genética por vía materna. O sea, se obvió intencionadamente más del 99.99998 %, cifra imposible de descartar desde la lógica y la razón; claramente colosal, para llevar los resultados a donde les convenía. De nuevo mala intencionalidad, fraude y manipulación, tanto de los conocimientos, como de la información que fue bajada posteriormente a todas las aulas, y a todas las cadenas informativas de la sociedad. ¿Puede ese resultado considerarse honesto? ¿Puede considerarse científico y definitivo?

Según lo emitido: el 99% de homología ADN chimpancé-hombre, se fundamentó en el 0.0000083% de los datos aparecidos en el ‘programa de la vida’ contenido en el ADN nuclear… dejando sin analizar, como si no existiera, y como si no fuera importante, la amplia información genética derivada de línea materna: la de las mitocondrias: esos vitales orgánulos que la misma seudociencia de los cálculos convenientes, pretende presentar al mundo como entidades descendientes de bacterias.

No se enfoca que el 95% de la información del ADN, ha sido el gran ausente del ‘proyecto de hermandad chimpancés-seres humanos’. Pero ya se sabe que ciertas secuencias de ese 95%, (homeodominios, complejos receptores de hormonas esteroides, etc.) tienen afinidad hacia proteínas especiales, con capacidad de unirse al ADN, y con un papel cardinal en el control de los mecanismos de trascripción y replicación.

Estas secuencias se llaman frecuentemente secuencias reguladoras, y los investigadores asumen que sólo se ha identificado una pequeña fracción de las que realmente existen. El mal llamado ADN ‘basura de la evolución’ [siempre me recuerda al fraude de los órganos ‘vestigiales’ que nunca lo fueron], representa secuencias que no parecen contener genes ni tener alguna función. La presencia de tanto ADN ‘no codificante’ en genomas eucarióticos, y las diferencias en tamaño del genoma, representan un misterio que es conocido como el enigma del valor de C. Hoy se sabe, por ejemplo, que hay secuencias de ese enigma C, con un papel clave como reguladores de los genes, como sensores, y como interruptores que les ordenan activarse o desactivarse cuando corresponda.

Hace poco, la revista Science publicó un estudio sobre la utilidad de la investigación de ese enigmático ADN. Un equipo internacional, con participación del CSIC español, describe ‘crucial’ una secuencia del ADN ‘basura’, para el funcionamiento del gen de la hormona del crecimiento. Definen al SINEB2, como implicado en el desarrollo de las células, en la mitosis, el envejecimiento y la longevidad. Lluis Montoliuel investigador del Centro Nacional de Biotecnología, dice que “hay información de indudable relevancia en el ADN intergénico, el mal llamado ADN basura”.

También los telómeros y centrómeros contienen pocos o ningún gen codificante para la cadena proteica… mas son vitales sin embargo para consolidar la estructura cromosomática; otros codifican ARNr, ARNt, ARN de interferencia o ARNi: bloqueadores de la expresión de genes específicos, en momentos programados por la instrucción ADN.

Lo dicho, la evolución de las especies, contiene el mayor cúmulo de errores conceptuales que ha traspasado las puertas de la cultura y educación social. ¿Hasta dónde tendrá la humanidad que soportar indiferente, tanta mentira, tanta obstinación y tanta demencia irreflexiva?

¿Hermanos de chimpancés? No gracias; pasamos de más fraudes; nos hace recordar el significado de ‘Sofisma’: “Razón o argumento aparente con que se quiere defender o persuadir aquello que es falso.”


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EVOLUCIÓN Y SUS ÓRGANOS VESTIGIALES QUE NO LO SON.

mayo 2, 2008

“Es más fácil desintegrar un átomo que un preconcepto”.  Albert Einstein

Desde hace algún tiempo vengo meditando sobre la apatía existente, por parte de las instituciones responsables, en sacar de circulación la abundante literatura supuestamente científica, que o está ya obsoleta o resulta deficiente de las evidencias necesarias para que formen parte del plan educativo. Supongo que puede deberse a simple indolencia, sumada al perjuicio económico que se generaría contra las distintas editoriales implicadas, con millones de ejemplares afectados.

Un ejemplo de ello es que no han sido retirados de las bibliotecas, ni de muchas librerías del mundo, libros que hablan de fraudes evolutivos confirmados que no quiero repetir, porque ya han sido suficientemente difundidos en este blog, pero que todos conocen, y de  otra línea, no menos engañosa, sobre la que creo importante advertir a los padres. Otra situación que se está dando en las escuelas: los órganos ‘vestigiales evolutivos‘.

En 1893, Robert Wiedersheim publicó una lista de 86 órganos humanos de los que se desconocía su función. Teorizando que eran vestigios evolutivos, les llamó “vestigiales”, definiendo así a piezas cuya función original ‘se perdieron durante la evolución‘.

Pero la verdadera Ciencia, esa escrita con mayúscula, una vez más se ha constituido en enemiga del evolucionista. El aumento del conocimiento científico redujo más y más la lista de Weidersheim, reportando la utilidad de la mayoría de los órganos falsamente considerados como ‘vestigios‘.

Hoy, solo unas pocas de esas ‘presencias‘ están por revelar aun su función; sin embargo, la tozudez evolucionista dicta: ‘¡Los otros no, pero estos sí!‘ En lugar de aprender modestia de la experiencia, la soberbia y la incapacidad o el temor de declararse culpables de jactancia, les arrastra a la persistencia en el error de la inopia.

Por ejemplo, el clítoris ha sido descrito como un pene vestigial por algunos científicos, como el reconocido evolucionista Stephen Jay Gould; y casualmente hoy, buscando informes para este artículo, entré en un forum de alumnos de Fisiología de la Universidad de Madrid, cuyo tema consistía en una clase recibida de una profesora a la que, parabólicamente, le cortaban las tiras del pellejo. Una chica resultaba la más indignada; me llamó mucho la atención la vehemencia con la que defendía su condición de mujer, así que me permití el cortar y pegar en las siguientes líneas:

‘Suelta una señora profesora de buena familia, en sus clases de Fisiología, y se queda mas ancha que larga (nunca mejor dicho):Clítoris: Vestigio del pene“. La perlita conceptual de esta mujer parte del falocentrismo puro y duro de los fisiólogos del siglo pasado y el anterior, y se sigue enseñando a día de hoy, en una facultad de ciencias aplicadas, con el 70-75 % de alumnado femenino, sin que nadie levante la cabeza de los apuntes, y menos aún la mano para protestar.

Para quien le interese, el clítoris no es un pene vestigial, sino un órgano con entidad propia. En los seres humanos (un ejemplo cercano) a las 4 semanas de gestación, un embrión posee estructuras genitales indiferenciadas, compuestas por un tubérculo genital, una tumefacción labioescrotal y un surco y pliegue uretral. El desarrollo de estas estructuras hacia genitales femeninos o masculinos, vendrá determinado por el de las gónadas (que también en ese momento son indiferenciadas), y el de éstas a su vez (en el caso de los mamíferos) por la dotación cromosómica sexual XX o XY.

Para simplificar mucho las cosas: Si el embrión tiene en su dotación genética un cromosoma Y, producirá una proteína denominada Factor Determinante Testicular, que provocará que las gónadas evolucionen a testículos, y la producción hormonal de éstos a su vez, que el tubérculo genital crezca y se transforme en un glande, que el surco uretral quede rodeado por el cuerpo del pene, y que la tumefacción se fusione por su línea media para formar la bolsa escrotal.

En ausencia de este factor, las gónadas derivan hacia ovarios, el tubérculo genital forma un clítoris; el pliegue uretral, el meato urinario y la tumefacción se transforma en los labios mayores de la vulva.’

Luego de leer su opinión, no dudo que esta joven tiene las ideas claras y nadie podrá desvirtuarla de la verdad, por mucha cátedra que tenga frente a sí. Pero, ¿y el resto?; el problema de una mentira es que arrastra con ella a los menos preparados o a aquellos que son incapaces de razonar, terminan una carrera, y están dispuestos a perder un brazo en defensa de los conceptos que tanto trabajo les costó cementar en sus neuronas, para poder aprobar así los necesarios exámenes que le confirieran el título.

Las librerías y bibliotecas están saturadas de publicaciones evolucionistas anunciando que el cuerpo humano contiene cerca de un centenar de órganos que no realizan ninguna función. Citan entre ellos el cóccix, las amígdalas, el bazo, el apéndice, la glándula pineal, el oído externo, y los molares del juicio.

Sin embargo, la Ciencia demostró la superstición existente en las ‘probados hechos evolucionistas‘. Actualmente, gracias a sus hallazgos, desde la toga de la verdad, se descubrió que el bazo desempeña funciones tales como la Hematopoyesis, que durante la gestación le convierte en un importante productor de sangre en el feto. Tras el nacimiento desaparece esta función, pero puede volver a desempeñarla en caso de necesidad.

También actúa como filtro, encargándose de la maduración de los glóbulos rojos y de la destrucción de estos cuando resultan viejos o anómalos, así como de mantener las plaquetas saludables. Además posee una función inmunitaria, produciendo anticuerpos con capacidad para destruir bacterias mediante fagocitosis. En resumen, el bazo es parte vital del sistema inmunitario y del sistema circulatorio humano, escoltando a los capilares, vasos, venas y otros elementos de este sistema; jamás ha sido el ‘vestigio‘ de quién sabe qué ancestros estrafalarios inducidos por el oscurantismo evolucionista.

Asimismo, otra vieja víctima supuestamente ‘vestigial‘, desechada por la demente teoría de la ‘selección natural‘, la glándula pineal, (epífisis o ‘tercer ojo’), de solo unos 5 mm de diámetro, hoy se reconoce que se activa cuando no hay luz, produciendo melatonina, e implicándose en la regulación de los ciclos de vigilia y sueño. Se ha comprobado que esta hormona actúa, contrarrestando los efectos del síndrome de diferencia de zonas horarias. Se reconoce además como poderoso antioxidante, y se ha comprobado que participa en la apoptosis (muerte programada) de células cancerosas en el timo.

Con respecto al cóccix, aunque este no participa con el resto de la columna para soportar el peso corporal en bipedestación, cuando alguien se sienta, se flexiona anteriormente de forma ligera, lo que indica que amortigua parte del peso. Además, ofrece inserciones de apoyo a los músculos glúteo mayor y coccígeo y al ligamento anococcígeo, así como a la intersección fibrosa de los músculos pubococcígeos, lo que evidencia que no es el ‘rabo‘ prehistórico que la evolución propugna, sino que tiene una participación activa en su función articular y de sostén muscular.

Ya puestos, diremos que la oreja u oído externo, tiene un papel cardinal en la identificación de procedencia del sonido. Como un radar, pues estos se copiaron de su diseño, está estructuralmente ‘pensado‘ para, durante el proceso de audición, recoger las ondas sonoras y dirigirlas hacia el interior.

En cuanto a las amígdalas, situadas en la faringe, son tejido linfoide, y protegen la entrada de las vías digestiva y respiratoria, de la invasión bacteriana. En el anillo linfático de Waldeyer, los linfocitos contactan en seguida con los gérmenes patógenos que penetren por nariz o boca, librando una pronta respuesta defensiva por parte de nuestro organismo.

Otro de los órganos ignorantemente definidos como estructura “vestigial” por los estudios de la evolución, fue el apéndice. Se había establecido, desde mucho tiempo atrás, que la ruptura del apéndice causaba la peritonitis, una infección letalmente peligrosa. La combinación de la ignorancia en cuanto a la función, + la severidad de una apendicitis aguda, hicieron que muchos consideraran al apéndice como peor que inútil. Los evolucionistas se aprovechaban de esta opinión para declarar que era un órgano vestigial, evidenciando (a su parecer) que su teoría era fidedigna.

Hasta finales del siglo XX, que la revista New Scientist manifestó en uno de sus artículos que, ‘aunque se solía creer que el apéndice no tenía función y era un vestigio evolutivo, ya no se piensa igual, pues se le atribuye una función inmunológica hacia el embrión que se desarrolla, y que continúa funcionando incluso en el adulto‘. A día de hoy, se deduce que actúa de forma que el sistema inmunológico reconozca como ‘amigo‘ a las bacterias y otros organismos que cohabitan en el intestino, diferenciándolas de todo intruso que sí debe ser eliminado, según ‘está programado‘ por el Creador.

En resumen, se ve que la única base para la idea de la existencia de “órganos vestigiales” fue la ignorancia, sumada al enorme deseo de ‘neutralizar‘ la Ciencia de Dios. Pero, en vez de proveer sostenimiento para la evolución, una vez conocida su funcionalidad, mostraron las tinieblas de sus promotores, y la insolencia ateísta que abrigándose en ideas erróneas, lo que ha conseguido es una autocondena al ostracismo.

Aunque algunos evolucionistas renunciaron al argumento de estructuras “vestigiales” como evidencia evolutiva, aun aparecen en libros de textos de todo el planeta, formando parte activa de distintos planes de estudios y en disímiles medios de comunicación. Otros insisten en usarlos como pruebas.

Los molares de juicio representan otro de los temas; pero hay tanto para hablar de ello, que mejor lo dejamos para una próxima presentación del blog. Prefiero cerrar este capítulo con una expresión que nos dejó Horatio H. Newman, evolucionista y pionero en genética:

“Aunque parezca difícil, el evolucionista honestamente se ve compelido a admitir que no hay prueba absoluta de la evolución orgánica”.

Y es que lo de los órganos vestigiales constituye una burrada comparable a la de: “El ser humano desciende del mono“; cosa radicalmente falsa… a menos que una persona vaya sobre los hombros de un gorila o gran orangután domesticado, y decida bajarse porque su oreja, ese radar objeto de diseño, le anuncia que desde el oeste, están sonando truenos, y que si no articula rápido su cóccix, enderezándole, el agua terminará calándole la ropa.

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