EVOLUCIÓN Y ENERGÍAS.

marzo 3, 2008

LA FUERZA INVISIBLE.

Una mañana del verano de 1973, me hallaba en el departamento de electrónica de un centro de investigación nuclear, cuando se escuchó la estridente señal de alarma de uno de los radiómetros instalados en los cubículos de las áreas restringidas de Radioquímica y Física Radiactiva.

La primera impresión entre los electrónicos, después de varios años en el centro sin que ocurriera nada peligroso, fue pensar que uno de los geiger Muller se había estropeado y estaba dando una falsa información: pulsos eléctricos que el aparato de control detectaba como radioactividad.

Resultó alarmante ver por vez primera a mis compañeros de control radiológico, del Departamento de Dosimetría, pasar ante nosotros, embutidos en sus trajes blancos con interior de plomo y parafina, como si de cosmonautas se trataran. Pese a la inquietud de sus rostros y la urgencia de la situación, el lastre que representaba los alrededor de 30 kilos que implicaba la tecnología de aquella época, no les permitía ir más rápido. En sus manos llevaban el radiómetro portátil previsto para usar en estos casos, capaz de medir radiaciones alfa, beta y  gamma, con sus distintos cabezales.

Uno de ellos logró desconectar la estridente sirena y dar la información a los compañeros: por accidente, se había roto el depósito de un isótopo de Radón, que no recuerdo en estos momentos si era el 222 y la contaminación era bastante alta, pese a que los extractores estaban funcionando (el radón es una emanación gaseosa producto de la desintegración radiactiva del radio). En lo personal, me sentí afectado, pues el radioquímico que se encontraba dentro era mi mejor amigo, y no se sabía nada del nivel de peligrosidad ni la radiación recibida.

El radón es muy radiactivo y se desintegra con la emisión de partículas energéticas alfa, pero su período de vida es corto,  alrededor de cuatro días, degradándose en otros componentes, menos dañinos. Al final, después de ser lavado y cepillado varias veces, con el líquido usado por sus compañeros ‘astronautas‘, el equipo medidor determinó que la dosis había sido reducida lo suficiente como para no temer por un peligro de muerte.

Mi amigo salió, y la Dirección del Centro le dio los días libres que los médicos especialistas indicaron. En resumen, aquel accidente no tuvo más consecuencia que el disfrute de unos días extras de playa.

Posteriormente se emitió un folleto, para un curso interno sobre ‘los efectos biológicos de las radiaciones ionizantes‘, dirigidos a aquellos técnicos no químicos, que no habíamos cursado Radiología.  En cuanto tuve conciencia del verdadero peligro, del daño desatroso que provocaba en el organismo una asimilación mayor del rango permitido, se incubó mi deseo de cambio de actividad.

Seis años después de haberme desvinculado del ambiente radiactivo, el 26 de abril de 1986, durante una simulación de un corte de suministro eléctrico, un aumento súbito de potencia en el reactor 4 de la Central Nuclear de Chernóbil, dio lugar al hipercalentamiento de su núcleo, generando la explosión del hidrógeno acumulado en su interior.

La cantidad de material radiactivo liberado, que se estimó fue unas 500 veces mayor que la de la bomba atómica arrojada en Hiroshima en 1945, provocó la muerte directa de 31 personas, obligó al gobierno soviético a la evacuación de unas 135.000 personas e incitó una alarma internacional, al detectarse radiactividad en diversos países de Europa septentrional y central.

Durante la evacuación, el nivel oficial de radiación alcanzó 1 Roentgen por hora. La gente dice que fue de 7 Roentgens. Esto es una gran diferencia, porque en el primer caso, la población podría morir en dos o tres meses; en el segundo, en una semana. En las primeras semanas de lluvia radioactiva, la radioactividad en la superficie de las calles fue mucho más alta que la radioactividad en el aire, a la altura de los ojos.

En Suecia, el 27 de abril se hallaron partículas radiactivas en las ropas de los trabajadores de la Central nuclear de Forsmark (a unos 1100 kms de la central de Chernóbil). Luego de convenir que no había escapes en la central sueca, dedujeron que la radiactividad provendría de la zona entre Ucrania y Bielorrusia, dados los vientos dominantes entonces. Igual ocurrió en Finlandia y Alemania; así pudo conocer el resto del mundo, parte del alcance de la tragedia. La invisibilidad del monstruo flotante, dio lugar a la sorpresa.

Inmediatamente después del accidente, la mayor preocupación fue el yodo radiactivo, con un periodo de semidesintegración de ocho días. A día de hoy, la inquietud se centra en la contaminación del suelo con estroncio-90 y cesio-137, cuyos periodos de semidesintegración llegan a unos 30 años.

Ahora bien, ¿cómo accionan las radiaciones ionizantes en la materia y cuál es su  capacidad de penetración? Las partículas ‘alfa’ emitidas por los radionucleidos naturales no son capaces de atravesar una hoja de papel o la piel humana y se frenan en unos pocos centímetros de aire. Sin embargo, si un emisor alfa como el 210Po es inhalado,  ingerido o entra en el organismo a través de la sangre, por una herida, puede ser muy nocivo.

La radiación alfa tiene menos intensidad de penetración que la beta, que consiste en la emisión de núcleos de helio: dos protones y dos neutrones. También se sabe que los rayos gamma son fotones de alta energía y que resultan los más penetrantes de los tipos de radiación descritos: atraviesan fácilmente la piel y otras sustancias orgánicas, por lo que pueden causar graves daños en órganos internos.

Los rayos X también son fotones, pero con una capacidad de daño menor que los gamma. Si bien se trata del mismo tipo de radiación, se mantiene la nomenclatura gamma y X debido a la causa que la produce: mientras que los rayos gamma son de origen nuclear (reestructuración del núcleo atómico), los rayos X tienen su origen en la reestructuración de los electrones en la corteza atómica.

A estos tipos de emisiones no perceptibles por el ojo humano, y clasificados por Rutherford, deben añadirse la de neutrones, que surge en la naturaleza por fisión espontánea, con mayor penetración que la gamma, y sólo puede detenerlos una gruesa barrera de hormigón, agua o parafina (compuestos muy ricos en hidrógeno).

Pero, generalizando, radiación es toda energía que se propaga en forma de onda a través del espacio. En este concepto se incluye pues, la luz visible, y las invisibles, como las  ondas de radio, televisión, luz ultravioleta, infrarrojos, rayos X, radiaciones ionizantes, el magnetismo, el calor, etc. ¿Podemos asegurar que son las únicas que existen?

La Biblia habla asiduamente de una no contrastada: el Espíritu. El doctor en Medicina, profesor y doctor en Filosofía por la Universidad de Virginia, Raymond A. Moody, publicó hace años el libro “La vida después de la vida”, en el que recoge los testimonios de 150 personas que afirmaban conocer esta experiencia.

Por otra parte, investigaciones de doctores holandeses, en 1962, sobre 344 pacientes con fallos cardíacos, reveló que 62 de ellos refirieron experiencias ‘post morten’. El líder del equipo, Pim Van Lomme, cree que esto cuestiona el “asumido, y nunca probado concepto de que conciencia y memoria están en el cerebro“. Van Lomme cuestiona cómo estos pacientes lograron relatar lo hablado y sucedido a su alrededor (después de permanecer cierto tiempo con electroencefalograma plano), si no es por un estado de conciencia independiente al órgano cerebral. Este estudio, que apoyaría a otro realizado el año anterior en el Hospital de Southampton, se terminó en dos años, y fue publicado por “The Lancet” una de las publicaciones médicas mas prestigiosa del medio.

Mención aparte merece el caso de China: una madrugada, de julio del 1976, el seísmo más mortífero del siglo XX, y el tercero más grande de la historia, removió a Tangshan. Una quinta parte de la ciudad murió en el trágico suceso, y miles fueron librados de la muerte. En el apoyo sociológico, algunos relataron haber visto seres especiales, túnel de luz y cosas por el estilo, conocidas como ECM (experiencias cercanas a la muerte).

Un documental cuenta el testimonio de  Pam Reynolds, compositora y cantante popular, quien fue sometida quirúrgicamente con circulación extracorpórea, debido a un aneurisma cerebral; su cuerpo quedó a 10ºC y su corazón y cerebro dejaron de emitir las señales vitales. Sin embargo, ya recuperada, detalló las conversaciones del quirófano; dijo haber sido testigo de la operación como si flotase por encima de los cirujanos.

Gordon Allen, es otro caso: un agresivo y emprendedor financiero estadounidense al que una grave neumonía llevó al borde de la muerte; una vez que se recuperó, refirió haber salido de su cuerpo hacia a un espacio habitado por seres espirituales. Cambió radicalmente de vida y dedicó todo su esfuerzo a ayudar a los demás; algo muy frecuente entre las personas que refieren experiencias de este tipo.

Existen muchísimos casos como estos, pero no es mi objetivo cansarles. La idea que deseo trasmitir es que hay suficientes testimonios, desde muy distintos puntos del planeta, que son coincidentes. Eso es lo que ha determinado que hombres de Ciencia dediquen tiempo a la investigación de los mismos, para intentar dar una respuesta coherente.

En realidad, todo queda en alegatos coincidentes; no hay forma de dar pruebas palpables en estos casos, pero, a muchos profesionales del campo de la Medicina y otros, han conseguido influirles lo suficiente para implicarles. Para los cristianos, no hay dudas de la realidad de estos planteamientos, por su coincidencia con las Escrituras. En el nuevo testamento, la palabra ‘espíritu’ aparece 370 veces, refiriéndose al espíritu de Dios, al Espíritu Santo, a los pobres de espíritu, al espíritu de los hombres, a los espíritus inmundos, etc.: una invisible energía espiritual que, como el magnetismo, las radiaciones ionizantes, y otras, no pueden verse con los ojos humanos, pero existen. Tanto, como que algunas veces resultan mortales.

Creo conveniente que todos aquellos que leen los libros evolucionistas, donde se plantea la teoría no verificada, del hombre casuístico que acaba cuando muere, estén abiertos a esta otra alternativa de una continuación espiritual. Pues ayudaría a interpretar mejor la promesa de Jesús, de una vida eterna, ganada con nuestras obras, durante los tiempos en que animamos huesos, músculos y demás elementos orgánicos.

Uno de los versículos en los que se habla de esto, refieren las palabras pronunciadas por el mismo Salvador, recién resucitado, con su propio cuerpo marcado por los clavos y la lanza. Antes de ascender como espíritu, se le apareció a sus apóstoles, aun incrédulos de lo que veían y les dijo, para que crecieran en fe y nos lo trasmitieran a nosotros:

“Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy: palpad, y ved; que el espíritu ni tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.”(Lucas 24:39)

El espíritu es vida: una energía que se manifiesta en una frecuencia invisible para el ojo humano; algo similar a lo que ocurre con las radiaciones ionizantes y otras. Está en espera del momento del juicio necesario, hasta que se establezca el Sión prometido; solo morirá la segunda y definitiva muerte, aquel que el Juez, cuya toga es de talla única, decida. Quien logre pasar el último tamiz, tendrá acceso a la experiencia más reveladora jamás imaginada. Pueden estar convencidos.

**********

 

Anuncios

EL ADN RATIFICA Y DESMIENTE.

enero 28, 2008

Enero 28/2008

EL ADN: DEMOLEDORA EVIDENCIA DE UN CREADOR.

El develamiento de la cadena de doble hélice de la molécula de ADN, avivó la biología y resultó en una ventana abierta a muchas respuestas sobre el origen de las enfermedades que más han golpeado a la humanidad. El proyecto del Genoma humano ha sido uno de los mayores éxitos de la ciencia; sin embargo, los evolucionistas ateos lo aclaman como una prueba a favor de la evolución y un clavo en el ataúd de la Biblia.

Según ellos, este hallazgo de un orden molecular universal, que acumula y tramita información a cada nuevo embrión, ya sea vegetal o animal, ofrece una respuesta totalmente física del origen y proceso de la vida en la tierra, sin un Creador.

Para los cristianos, a diferencia de los ateos, el ADN manifiesta que existió un Diseñador que instauró esta maravillosa complejidad ‘codificada’: la información más eficiente, puesta en genes originales. Y es que, si existe un código, debe existir por tanto el ‘codificador’. ¿O es que esperan también que nos creamos que esa estupenda compilación fue fruto de sucesivas casualidades ocurridas durante miles de millones de años?

El único recurso para ‘suponer’ la procedencia del ADN, es nuestra propia deducción, pues ningún humano estuvo presente para observar. No basta explicar que el ADN ‘pudiera’ formarse de pedazos en un proceso al azar; también deben exponer su opinión sobre la fórmula de interpretación. En otras palabras, no es suficiente decir que, muchas letras situadas al azar se unen, por ejemplo, en un orden: ñasdfjadrjewwfgsdfasdfañlsdfjñ’ y que esto signifique: “La proteína tal, debe ser llevada hasta el punto ‘mas cual’.

Esta escalera de letras no significa nada, a menos que se disponga de un ‘lenguaje pre-existente‘ para poder interpretarlas. La dirección a la que debe ser enviada una proteína específica, para realizar una determinada función biológica en el organismo, tiene significado sólo para el organismo que es capaz de interpretar el código. ¿Pero, quién creó ese complejísimo lenguaje codificado universal del ADN?

El Bioquímico Dr. Duane Gish, un pionero en el movimiento creacionista, y vicepresidente del Institute of Creation Research (Instituto de Investigaciones Sobre la Creación), comenta acerca del genoma humano:

‘La genética es tan increíblemente compleja y puede ser tan maravillosamente relacionada, que definitivamente demanda un origen inteligente’.

Él explica que las células deben tener un proceso sofisticado increíble de edición para asegurar que cada gen es reproducido libre de error. Todos esos errores se infiltrarían, no tendrían sentido, y sería el final. El hecho de que se debe tener el proceso de edición desde el principio, significa que tuvo que haber sido creado para estar allí, ser eficiente, y hacer su trabajo; de otra forma, no existiría la vida.

La idea de que todo surgió por accidentes al azar, errores genéticos, etc., no responde ni a la lógica ni a la inteligencia del ser humano; no importa las impresionantes palabras que usen para convencer: filogenia, cladogramas y dendogramas, embriología comparada y fisiología comparada, métodos anatómicos, embriológicos, etológicos y ecológicos, la citología, la biología molecular, comparaciones cromosómicas, inmunoelectroforesis, precipitación cuantitativa, el citocromo c, la hemocianina, el ADN nuclear…

¿No resulta apabullante tanta verborrea, haciéndonos sentir analfabetos? ¡Cuántos recursos, tratando de anular la verdad que el mismo Creador tomó especial empeño en que quedara escrita y que fuera transmitida a todas las generaciones futuras!

“…No escuches palabrerías mundanas y vacías, ni los argumentos que opone esa mal llamada ciencia, que a algunos, por profesarla, ha desviado de la fe.” 1ª Ti 6:20-21

Si algo debemos aprender del descubrimiento de la cadena de ADN, es ‘humildad’. Tanta inteligencia y perfección debería infundirnos, cuando menos, respeto. No estamos contra la ciencia, sino todo lo contrario; los avances en la medicina, con los descubrimientos de nuevos fármacos que evitan dolor a millones de enfermos y que han convertido a enfermedades que causaban epidemias y muertes, en padecimientos curables, son un orgullo para el Señor, puesto que se han concebido para el servicio a los demás.

El primer llamamiento al que nos convoca Jesucristo reiteradamente es el amor a nuestros hermanos; el auxilio desinteresado, libre de todo egoísmo, nos acerca más a Él. También nos exhorta constantemente a que seamos  abundantes en longanimidad; es decir: entereza y constancia de ánimo absoluta ante obstáculos y adversidades.

Es como demandarnos dominio propio y valor firme ante las provocaciones, el  peligro, una desgracia… o cualquier impedimento que atente contra sus enseñanzas. Debemos defender Su credibilidad, con humildad y energía; manteniendo siempre una correcta y respetuosa actitud de comportamiento y de expresión, mientras demos testimonio.

Porque Él es la Verdad, el Camino y la Vida; nadie llega al Padre si no es través de Él… y la verdad es como el amor: solo es buena cuando se comparte; se multiplica cuando se divide.

**********

 


¡EL ADN GOLEA AL DARWIN!

enero 24, 2008

ADN: UNA EVIDENCIA IRREFUTABLE

Cuando charlamos por el móvil con alguien y le comentamos acerca del estado de un amigo común accidentado, pese a la distancia, las vibraciones de nuestra voz se transforman en oscilaciones electromagnéticas que llegan hasta su oído medio. De ahí, esas ondas pasan al oído interno, ya convertidas de nuevo en vibraciones y estimularán a las células nerviosas, la última secuencia del procesamiento del sonido. Entonces él oirá nuestro mensaje.

Luego, frente a su ordenador wireless, (sin cables) comienza a mandar e-mails a todos los conocidos que de una forma u otra se relacionan con el accidentado; de nuevo, las ondas electromagnéticas se difunden por el espacio para llevar la noticia a distintos destinos, y a veces, en distintas lenguas.

Uno de ellos, de origen parisino, recuerda a otro amigo común que está viviendo en esa ciudad; no tiene su correo electrónico, pero sí la dirección de su domicilio, así que hace una carta manuscrita, la mete en un sobre y la certifica en una oficina de correos para que llegue lo antes posible. Otro es un misionero; el correo de Internet le llega, pero en esos instantes visita una aldea indígena que se halla en un cerro lejano. El único medio de comunicación en la zona es el boca a boca, pero ha ocurrido un desprendimiento y nadie puede salir para el lugar; así que hacen una fogata y usan un patrón de señales de humo. Alguien de la aldea, capacitado para interpretarlas, se acerca al misionero y le hace partícipe de la desagradable nueva.

Ni un solo átomo ni una molécula de ninguna sustancia se movieron entre los puntos involucrados. Sin embargo, la noticia se desplazó por los itinerarios necesarios.

De esa forma tan variada se manifiesta la ‘información’; el medio de tránsito del mensaje puede ser muy versátil, pero los datos contenidos se mantendrán inalterables. Al margen de la lengua original, los informes serán los mismos, con independencia del sitio de donde provengan.

El medio utilizado, jamás será ‘la información’, sino sólo la ‘vía’ para que esta llegue.

El materialismo enseña que la materia no se crea ni se destruye, sino que se transforma; basado en este argumento, ve la vida de un ente biológico como un elemento que obedece a estrictas leyes químicas y físicas. Pero el ser vivo es algo más que química y física: es un portador de inconmensurable información. ¿De dónde salieron ‘esos informes’ que la sustentan?

Alguien podría plantear que todos los medios de comunicación usados por el hombre se subordinan a leyes químicas y/o físicas. Mas, un ordenador no escribe mensajes por sí mismo, ni un bolígrafo, ni las señales de humo salen por sí solas, si no hay antes un orden de pautas y formas. Sin embargo, una mente sí tiene la posibilidad de crear determinado paquete de datos y codificarlo de forma efectiva y universal, entendible en cualquier idioma.

Un ejemplo: a partir del momento en que un animal fecunda a otro, se comienza a formar una nueva criatura, con características muy similares a sus padres. ¿Quién dicta esa maravillosa ‘elaboración’, tan precisa y magnífica? ¿Qué patrón se sigue para que un chimpancé nazca con sus propias características, y un humano crezca también con sus peculiaridades únicas? ¿Cómo se ha trasmitido desde los ancestros de los primeros ejemplares, ese mensaje repetitivo? ¿Por qué nace un cóndor y crece como tal, en lugar de formarse un cedro?

¡Porque todos los seres vivos poseen, intrínsecamente, una información ‘codificada’ que los identifica: el ácido desoxirribonucleico, más conocido como ADN!

Esta molécula de doble hélice, como la conocen científicamente, es como un largo collar, arrollado en el centro de cada célula del cuerpo. Es ella quien porta los programas para la vida de un ser específico; la información que se transmite de generación a generación.

Algunos piensan que tiene vida en sí misma, pero esto es un error: es una molécula con INSTRUCCIONES para la vida. Un paquete con 12 mil millones de bits de información; datos que regulan la vida de todo ser, desde su etapa embrionaria hasta su muerte. Y  ‘no es capaz de autocopiarse’, como sugieren los evolucionistas; se necesita la maquinaria de una célula viva para hacer las copias de una molécula ADN, que ‘no es la información, sino que la contiene’. Solo es el ‘rollo orgánico’ sobre el cual se escribe el mensaje.

 La fecundación humana ocurre por la fertilización del óvulo femenino por parte del espermatozoide masculino. Así nace la primera célula del nuevo ser, llamada zigoto, que luego originará el resto de las células del organismo, por divisiones sucesivas.

Ese primer zigoto recoge la herencia contenida tanto en el óvulo como en el espermatozoide, en el ADN de sus cromosomas, y la transmite luego a lo largo de incontables divisiones. La herencia ADN del organismo humano está contenida en 46 cromosomas, en el núcleo de cada una de las células. Para ello, cada uno de los 46 cromosomas del zigoto [23 del padre y 23 de la madre] se duplicarán también en cada división celular, de modo que cada célula del organismo tenga en principio igual participación de la herencia materna y paterna. Esta división de cada cromosoma en otros dos idénticos se realiza por un proceso llamado ‘mitosis‘.

Al final, resulta una información recogida; como dos ‘collares de cuentas’ paralelos entre sí. En cada célula humana, (y en todos los organismos eucariontes), el ADN está organizado en cromosomas. Cada especie tiene un número característico: la cebolla tiene 16 (organizados en 8 pares), la mosca de la fruta Drosophila melanogaster, 8, y los seres humanos, 46. O sea,  tenemos 23 pares de cromosomas: 22 de ellos se llaman cromosomas autosómicos, y trasmiten el carácter hereditario. Los del par 23 se conocen como ‘sexuales‘ y son diferentes entre sí. (XX en el caso de una hembra/ XY en el caso del macho)

El ADN contiene un ‘programa‘ que hace que se integren dos cromosomas en cada nuevo par [trasmitirán la herencia genética al espermatozoide fecundar el óvulo]. La información contenida en uno corresponderá a la madre y la del otro,  al padre; de ahí surgirá todo el proceso de ‘elaboración’ del nuevo ser, con un ADN único y exclusivo. 

Pero no sucederá nada si no hay una maniobra de ‘lectura y transcripción’ de los datos contenidos como ‘en una receta de cocina‘, indicando qué proteínas habrán de formarse en el ribosoma, y a partir de qué aminoácidos específicos se sintetizará cada una. Vea el ADN como una cadena de letras enlazadas entre sí bajo un código extricto; a menos que sean unidas en la secuencia correcta, según ese código,  no darán ningún mensaje coherente.

Por ej.,  el escribir ‘elleavmaloniicáaodapsgaranicaheaiirlsobamo’ no dice nada, por estar codificado de acuerdo a un orden; pero si es conocido tal código, como se ha hecho en este caso, se ve el enunciado: ‘lleva el aminoácido asparagina al ribosoma.’

Por tanto, para leer el mensaje se necesita conocer un cifrado lingüístico ‘pre-existente’ así como el ‘sistema decodificador’. Y todo eso existe dentro de la célula; al igual que un artilugio fabricado por el hombre, no surge por sí mismo de las propiedades de su materia prima. Si Ud. mezcla los ingredientes básicos para elaborar una célula viva, sin información, no ocurre nada.

Las máquinas y los programas no surgen por sí solos de las leyes de la física y de la química, sino que precisan de una inteligencia que las cree. Jamás se ha visto nada complejo, surjir sólo con materia prima, tiempo y azar. El intelecto es lo opuesto al azar; si existe un código, es porque antes hubo un ‘codificador inteligente’ que lo diseñó.

Cuando los seres vivos se reproducen, pasan información al nuevo ente, que transportada en el ADN de los padres, resulta el ‘manual de instrucciones’ que le permite a la maquinaria de una célula elaborar, a partir de la materia prima, el nuevo ser viviente. ¡El milagro de la Creación!

Esto se hace combinando cromosomas de la cadenas materna y paterna; así los niños no serán fielmente iguales a sus padres y tendrán sus particularidades específicas. La información codificada en el ADN de todos los seres vivos señala directamente hacia una Creación inteligente, no hacia cambios casuísticos sin dirección ni orden.

La información genética de un ser tiende a alterarse (mutaciones generacionales); de ahí las anomalías físicas o psíquicas de los individuos que se ven afectados, pero nunca que se ha incrementado,  ha  generado nuevos órganos, con funciones específicas, sino que ha sido para generar caos, enfermedad y/o muerte.

Como la cadena es doble (madre-padre) a veces uno de los dos genes prevalece sobre el mutante y se da un tipo de auto corrección paliativa, como por ejemplo, arcos bucales con menos dientes, pero que no impiden la función de la dentadura. (Mi caso específico: nunca me nacieron los incisivos superiores y dos premolares salieron desde el lateral del maxilar; hubo que extraerlos pese a estar en buen estado)

De regresar en el tiempo a lo largo de la línea genética de cualquier ser vivo, los humanos por ejemplo, veríamos como patrón general una mejora genética gradual en la medida que retrocedemos, pues siempre hay merma de información a partir de varias generaciones.

Ninguna población es infinitamente vieja ni contiene información infinita, por lo tanto, tuvo que haber un punto en el tiempo en el cual el primer programa surgió sin otro pre-existente; es decir: el primero en su especie, sin padres. Porque la evidencia es una: si existe una cadena de ADN ‘codificada’, debe también existir alguien que la ‘codificó’.

Razonando con inteligencia, la perfección biológica de la Naturaleza entera, en toda su diversidad, no pudo haber surgido caóticamente espontánea, sin el ADN, guía de procesos específicos, calculados y establecidos de antemano. Si la evolución quiere dar otra explicación que la del Diseño Inteligente bíblico, más que abordar la explosión casuística de vida a partir de un alga unicelular, debe decir cómo esa alga trasmutó en la compleja célula eucariota que constituye a más de un millón de animales y casi otro millón de plantas. 

¿Por qué no presentan ‘sus pruebas’  de un procariota adquiriendo los orgánulos solo visibles en la célula eucariota? Eso jamás ha podido ser comprobado en ningún laboratorio del mundo; y hay microscopios desde el año 1600.

No podemos decir que el hombre evolucionó del mono y que este provino de una especie de alga marina ‘unicelular’ que llegó a la tierra, dando origen a la biología; a la vida… transformándose por sí misma en árboles, arbustos, aves, peces, cuadrúpedos, chimpancés… y ¡dinosaurios! De organismos simples a complejos, por sí solos. Eso es menos inteligente que decir que la inmensa complejidad de la suma de entes biológicos existentes, plantas y animales, es producto de un diseño bien definido. Hay demasiada complejidad en la información ADN, para suponer que somos producto de una evolución azaroza, sin orden ni programa.

¿Cómo es posible que el mundo no ‘Vea’ la locura de esa definición? Está ciego y sordo. ¡Todo es tan simple! Solo tenemos que mirarnos a nosotros mismos por dentro. ¿De verdad puede alguien creer que este laboratorio tan complejo y cronometrado como el nuestro puede haber surgido de un caos, por generación espontánea? ¡Venga ya!

Esto me recuerda lo escrito en Ro 1:18-20:

Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa’

¡El código del ADN es una prueba irrefutable de que no procedemos del ‘caos’, sino del ‘orden’ cronometrado por una mente infinitamente superior a la humana: la del Creador! Es el sello de Dios.

**********


¡HALLADA LA COSTILLA DE ADÁN!

enero 22, 2008

Enero 22/2008

ADÁN Y LA COSTILLA ‘PERDIDA’

Este artículo es sobre un relato hallado en ‘Respuestas en Génesis’, que deseo compartirles por lo curioso e instructivo que resulta, y que concluye con mis comentarios personales:

‘En Mayo del 1999, un inesperado impacto frontal contra un tanque de combustible completamente lleno, a velocidades de vértigo por la autopista, casi a 180 Km/h me obligó a vivir  una experiencia que a nadie le deseo. La sorpresa fue haber sobrevivido a ello, al igual que mi hija Lisa, entonces con 11 años, quien milagrosamente escapó ilesa; claramente, Dios tenía otros planes para mí.

Durante los 5 meses y medio en el hospital, y durante años después, sufrí una serie de operaciones para reconstruir varias partes de mi cuerpo, especialmente los huesos de mi cara. Como resultado directo del accidente, tuve un total de 55 sesiones de cirugía bajo anestesia general; aunque la mayoría no involucró extracción de costilla.

Estas operaciones a menudo requirieron usar mis propios huesos para hacer injertos. Yo notaba que el cirujano plástico siempre volvía al lado derecho de mis costillas, de hecho a través de la misma cicatriz horizontal, para tomar más, con vista a la reconstrucción. Un día le pregunté por qué nunca se le agotaba el hueso. Me miró vagamente y me explicó que él y su equipo extraían la costilla entera cada vez. ‘Dejamos el periostio intacto, así que normalmente la costilla crece de nuevo.’ El ‘periostio‘ es una membrana fibrosa pegada a los huesos, que sirve para su nutrición… y renovación.

A pesar del hecho de haber sido entrenado y de haber practicado como médico, estaba intrigado; nunca antes me había dado cuenta de eso. El periostio (el significado literal es ‘alrededor del hueso’) es la membrana que lo cubre; la razón por la que se te queda ‘algo‘ entre los dientes cuando muerdes un muslo de pollo, por ejemplo. Contiene unas células llamadas ‘osteoblastos‘, productoras de la sustancia ósea, que regeneran el hueso. Sobre todo en los jóvenes, el periostio de la costilla tiene la admirable capacidad de regenerar hueso, quizás más que cualquier otro del cuerpo.

Los cirujanos toráxicos extraen costillas de forma rutinaria, y estas vuelven a crecer, por completo o en parte. Depende del cuidado con el que es extraída; necesita ser ‘pelada‘ de su periostio para dejar la membrana lo más intacta posible. Una razón importante por la que la costilla es ideal para la regeneración, es que los músculos intercostales ligados a ella le proveen un flujo de sangre. Cuando oí al cirujano, pensé de inmediato: ‘¡qué bien, Adán no tuvo que andar por ahí con un defecto!’ En Génesis 2:21, refiriéndose a la creación de Eva, leemos:

‘Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar.’

Sorprendentemente, muchos crecen creyendo que el hombre tiene una costilla menos que la mujer. Tienen el mismo número, por supuesto. Algunos anti-creacionistas han usado el hecho de que a los hombres no les falta ninguna costilla para burlarse de un Génesis literal.

Antes de mi accidente, si alguien me preguntaba sobre esto yo le respondía algo así:

‘Si su padre perdió su dedo en una sierra circular, ¿esperaría usted que todos sus hijos tuvieran un dedo menos? ¿O todos sus hijos, pero no sus hijas? Claro que no. Las instrucciones del ADN que son pasadas de un padre a un hijo van en forma de código, como un escrito; remover una costilla (o un dedo) no cambiaría las instrucciones en el código, así que toda su descendencia tendrá todas sus costillas (o dedos).’

Mientras todo eso es verdad y pertinente, esta información sobre la regeneración de las costillas añade una nueva y fascinante dimensión. Dios diseñó la costilla junto con el periostio y los osteoblastos contenidos en ella: los encargados de su regeneración, pues la célula ósea, como el resto de las células del cuerpo, envejece y necesita ser renovada continuamente. Él sabía con seguridad cómo extraer una costilla de manera que creciera de nuevo, justo como las costillas lo hacen hoy; sin requerir ningún tipo de milagro especial, pues el milagro ya fue manifiesto en el origen de la ‘creación’ del hombre.

Mi Comentario: ¿Por qué no hizo a la mujer de la misma forma que al hombre, del polvo? La respuesta es obvia: Para que todos, hombres y mujeres,  fuéramos descendientes de Adán, incluso Eva, la madre de la humanidad.

El poder y sabiduría de Dios se ratifica en toda la Naturaleza; pero si nos circunscribimos a la vida animal, esta evidencia se palpa desde el enigma de la concepción: un espermatozoide fecunda un óvulo y automáticamente se inicia un proceso mágico de diferenciación de la célula; la apertura de operaciones extremadamente complejas, responderán al diseño de condiciones exigidas a cada futuro órgano de la precisa maquinaria que constituye al ser vivo. Y es infalible, pues cada ser humano y cada animal, marino o terrestre, ya sea insecto, cuadrúpedo, reptil o ave, tendrá su propia complejidad… ¡y nunca serán compatibles fuera de cada especie! ¿No es un clarísimo ejemplo de diseño autonómico?

Con respecto al embrión de hombre, lo que será hueso, primero deviene en tejido óseo y lo que será carne, se convierte en tejido muscular. Su cuerpo tendrá funciones de todo tipo, ‘dirigidas’ por un cerebro mediante un complicado entramado de nervios y conexiones micro eléctricas muy variadas: los minúsculos, pero maravillosos circuitos neuronales.

Para que sea perfecto, es necesario que el futuro ‘software’ de la máquina extraordinaria que resultará al final, se subdivida en dos: el sistema nervioso central, con todas las ramificaciones necesarias desde el eje del cuerpo que es la columna, y el sistema periférico que controlará el pensamiento, la digestión, señales de hambre, de dolor, la inteligencia, etc. Además, si el nuevo ente biológico será bípedo, precisará un elemento regulador del equilibrio; y el Creador entonces le dota del cerebelo, que cumplirá esas funciones.

También diseñó y creó el resto de órganos que conforman el ‘atlas humano’. Es obvio que ‘calculó’ la energía necesaria y la corrección precisa ante el inexorable desgaste celular por oxidación, a partir del momento en que el embrión se desarrolla, llega a su edad adulta y muere. Pero quizás la mayor maravilla de esta creación, sea la gigantesca cadena de ADN de la que dispone todo ser vivo; tan inmensamente compleja y larga, que fue preciso ‘codificarla’ inteligentemente, de forma que todas las órdenes hagan su aparición en el justo momento y escogiendo el órgano preciso entre  muchos con los que cuenta el ser humano.

¿Más, cómo podrá el feto de sólo unos centímetros, llegar a adquirir una estatura superior al metro cincuenta y los 50-100 kilogramos que alcanzará más tarde, en su edad adulta?

¿No les parece que todo resulta muy complejo como para que la teoría de la evolución, que defiende un ADN casuístico logre conseguir tales resultados? A mi inteligencia, de coeficiente normalito, le resulta imposible aceptar esa respuesta. ¿Y a la suya?

No lo dude; somos un objeto de creación: fuimos diseñados, calculados y ‘creados’. Nos lo dice el propio Creador. ¿Es que no les resulta esta solución la más confiable?

El periostio le permitió a Adán recobrar su costilla y tener su caja toráxica perfecta; hasta su muerte, dispuso del mismo costillar que nosotros poseemos hoy en día.

El milagro especial fue la creación de Eva a partir del hueso y la carne. ¿Por qué de esta manera, por qué no directamente del polvo de la tierra, como el primer mortal?… Para que todos nosotros, incluyendo a Eva, estemos relacionados con Adán. De esta forma los millones de mujeres de la actualidad pueden sentirse identificadas directamente con él y, por supuesto con el postrero, que vendrá a buscar a todos aquellos que le hayan sido fieles: Cristo Jesús, para que disfruten junto a Él de Su reino eterno.

‘Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.’ (1ª Co 15:45)

Podemos tener órganos más chicos o más grandes, pero desde luego que a nadie le falta nada; mucho menos, una costilla.

**********