FLAUTISTA DE HAMELIN, NANAS PARA NIÑOS INSOMNES… Y DATACIÓN GEOLÓGICA IV.

marzo 21, 2009

Desde un año atrás, vengo exponiendo en este blog, que el mayor debate que enfrenta a la Ciencia de hoy, se ciñe sobre el acuerdo geológico-evolutivo, cuya carencia de evidencias científicas y constante suma de contradicciones, la saca del contexto de Ciencias, y la ubica de forma contundente en el terreno filosófico.

Nada que provenga de la corriente filosófica [o no-Ciencia], necesita evidencias, su defensa solo tiene que ocuparse exclusivamente de lo argumentativo. Y eso le pone la cosa fácil a la mentira.

Por eso, cada vez que la sociedad recibe una nueva prueba que deja mal parada a las teorías imposibles, los evolucionistas simplemente se niegan a aceptar tales evidencias. No importa lo arrolladoramente incompatibles que resulten; en lugar de actuar con honestidad científica, admitiendo las evidencias en contra, se obstinan en negar tales pruebas, con argumentacines caprichosas y tergiversadoras. Y eso es lo que se hace en esta página defensora evolutiva:

“Fósiles que sirven de evidencias de la Creación”

Una de las evidencias que intentan desacreditar es la de un martillo hallado en EE.UU., dentro de una roca datada en el Cretácico inferior. De ese link es la siguiente frase:

[Algunos creacionistas dicen contar con evidencias experimentales que contradicen por completo la teoría de la evolución y por tanto, según ellos, es necesaria una creación divina para explicar la biodiversidad de nuestro planeta. Veamos algunas de esas evidencias.]

Ante este planteamiento, es precisa una puntualización pro-creacionista: “No es que indiquemos, por innecesario, la obvia Creación, sino que señalamos que una vez más, se tergiversa cada hallazgo de tipo científico, que resulte ‘incómodo‘ a los defensores de absurdas eras eónicas y de lagartos reinando por los cielos“. En lugar de investigarlo honestamente, se le pone el cartel ‘Oopart’ [Out of Place Artifact o Artefacto fuera de lugar], y se sigue en el tránsito de la mentira.

Lo que señalamos es que, contrario a la incongruencia que estas evidencias suponen para la anticiencia geológica-evolutiva, resultan acordes con la tierra joven presentada en la Palabra de Dios. Se exhibe el martillo fosilizado, como se hace siempre, desviando la atención con una cortina de humo, que en realidad resulta irracional.

Debido a que la sociedad ateísta emerge como clase predominante en el contexto científico actual, se permite que eras geológicas y evolucionismo [anticientificismo], prevalezcan como envenenados cuentos infantiles en las aulas. Así se confirma que casi siempre la historia  la escribe un ‘pueblo vencedor‘, aunque lo contado no sea real; pues la Verdad importa un bledo… si median otros intereses.

Pero la Verdad, siempre ha sido la mejor maquinaria para separar ‘el grano de la paja‘; así que este artículo, como siempre, se aliará a la Verdad, almacenando el grano en la ‘esperanza‘, y acumulando ‘paja desinformativa‘, para que su energía ignífuga valga al menos para darle en el futuro un uso útil a la humanidad.

Y ahora, demostremos lo que defendemos, con algo más que argumentos. Veamos ante todo, como se nos presenta exactamente este ‘martillo fósil’.

Martillo Fosil... ¿Del Cretáceo?

La inmensa mayoría de los autores que se refieren a él, atribuyen el hallazgo a Max Hanh, tejano nacido en 1897, y residente en la zona de Red Creek, cerca del poblado de London en el Estado de Texas. Este señor paseaba junto a su esposa Emma, ‘por la zona en que vivían’, cuando halló una extraña roca que se había desprendido de un promontorio. Notaron que esta presentaba una extraña protuberancia, la recogió y la llevó a su casa.

El pedazo de roca subsistió como ‘curiosa’ propiedad de los Hahn hasta que, en 1946, su hijo George lo partió, y vio que la protuberancia que asomaba por un lado, era en realidad una de las puntas de un martillo atrapado dentro de la piedra. La herramienta conservaba incluso un fragmento del madero que sostenía la cabeza metálica. En la estructura geológica también se encontró cautiva una concha de almeja, que algunos juzgaron como ‘fósil’.

No se imaginaron que estaban ante uno de los hallazgos que serían más estudiados por la arqueología moderna. El hecho de ser ‘parte integral de una roca’, según los conceptos geológicos de formaciones rocosas basadas en períodos geológicos extensos, indujo a los expertos a pensar que estaban ante un artilugio de una antigüedad muy importante.

El que la madera del mango del martillo estuviera totalmente fosilizada y que la cabeza de hierro apareciera fundida monolíticamente en la piedra, certificaba algo sin duda alguna: el martillo, mango incluido, era ‘anterior‘ a la formación del peñasco. Y ante esta situación, nadie quiso investigar el martillo fósil, decidiendo relegarlo al ‘exilio‘. Así, fue condenado al ostracismo en una vitrina del pequeño Museo Somerwell, Texas, durante décadas.

Pero, por fortuna, el investigador norteamericano Carl Baugh, defensor de las teorías creacionistas, supo de su existencia, y lo compró en 1983, colocándolo en la exhibición de su ‘Creation Evidence Museum’, en Glen Rose, Texas.

De más está decir que, en lugar de aceptar la no concordancia del objeto, con lo que expone la teoría de eras millonarias y mamíferos convirtiéndose en ballena, gracias al ‘birli-birloque’ de la impredecible y ‘mágica’ ‘selección natural’, se acude a la descalificación. Una vez más, se intenta quitar credibilidad, incluso a lo que aparece ante nuestros propios ojos… como si el mundo fuera ciego y fácil de convencer.

Señores evolucionistas: la descalificación personal no es honesta; no es recurso científico, sino golpe bajo, insidioso, y vulgarmente impúdico. Si se difama de una persona, y se sustenta en la honestidad personal para hacerlo, basta con hacer una acusación formal en cualquier juzgado norteamericano, entre los millones de amigos evolucionistas que viven allí, y si hay en realidad algo ilegal, la justicia pondría las cosas en su sitio.

Sin embargo, lo que vemos es que, pese a la intoxicación por alergia en el mundo darwinista, el museo sigue en pie, sin ninguna orden judicial para cerrarlo. Lo que vemos, es que el Sr. Baugh, pese a las acusaciones que se le hacen, es un ciudadano sin antecedentes penales, que vive en total libertad, disfrutando como un niño en su museo cristiano.

Lo que molesta en realidad es que los investigadores defensores del diseño inteligente y la Creación, decidieron que lo realmente científico no era apartar ‘hallazgos incómodos‘, sino indagar ‘científicamente‘ ‘tal incomodidad‘, pues lo importante no es defender un precepto, sino la Verdad que los instituya. Y esto les hace pupa a los enemigos de Dios.

La Ciencia creacionista garantizó lo que se debería haber hecho desde el primer momento: un análisis detallado del bloque y del artefacto. La primera percepción, indicaba la madera del mango estaba petrificada; su parte interior presentaba la misma porosidad del carbón vegetal. Algo que en aquellos lares ha ocurrido con cierta frecuencia, pues los bosques de árboles petrificados de Texas son bien conocidos; son consecuencia del proceso geológico normal, mediante el cual la madera concluye en piedra combustible natural.

La cuestión está en que la Ciencia dice que para que esto ocurra deben transcurrir millones de años. Y ese es el primer dato desestabilizador que aporta la herramienta, puesto que, si los primeros ‘homínidos‘, se ‘fabula’ que no surgen hasta hace 7 millones de años, pero se sabe con certeza que solo pocos siglos atrás se llegó a la tecnología de la fundición del hierro, no queda más remedio que reconocer la contradicción… y el asomo de lo que en realidad ‘rompe‘ con todo su poder ese martillo.

Porque lo real es que Red Creek, el sitio donde vivían físicamente sus descubridores, está situado en la zona geológica ‘Hensel Sand Formation’, científicamente ‘datada‘ en el Cretácico Inferior; o sea, atañe a un período que oscila desde 146 hasta 99 millones de años. Incluso se dice que en esta etapa coincidió la proliferación y extinción-involución de varias ‘familias’ de dinosaurios.

Tácitamente, se asegura la abundancia de ceratopsianos, tyrannosáuridos, hadrosaurios, haciéndola coincidente con la extinción de stegosaurios, así como el anticientífico e improbable, ‘empequeñecimiento‘ de los grandes saurópodos… que hipotéticamente dieron lugar a las primeras aves. También proclaman la aparición en este período, de las primeras plantas con flores; aunque afortunadamente se ha mantenido el tipo al menos en este sentido, y no se asocia con los gigantes del fabulesco ‘Parque Jurásico’.

Lo exacto y preciso, según este link, es que la ‘Formación Hensel, ‘científicamente‘ se ubica en el Cretácico Inferior: entre 110-115 millones de años, del pasado fantástico:

“Ubicando Formación Hensel”

Y este otro link lleva a un artículo ‘bien documentado‘ sobre ‘fases evolutivas vinculantes‘:

“Explicación evolutiva”

Estas evidencias exponen al mismo ahorcado como suministrador de soga justiciera. O sea, no fue el Sr. Baugh, sino los propios divulgadores geológicos-evolutivos, quienes sentaron la pauta de la disputa, al certificar la presencia de un útil irrefutablemente industrial, en un período eónico. Una lamentable ‘barrabasada anticientífica‘.

Pero esto no para aquí, pues el misterio respecto a la cabeza del martillo es aun mayor. El Instituto Metalúrgico de Columbia efectuó nuevos análisis que le señala integrado por un 96,6% de hierro, 2,6% cloro, y 0,8% azufre. Y tal combinación dicta que es hierro casi puro, algo sólo viable con avanzadas técnicas metalúrgicas. Además, se efectuaron radiografías, y gracias a los rayos X se dedujo que en el proceso de obtención, el hierro fue purificado y endurecido; lo cual, tecnológicamente, le acerca aun más a lo contemporáneo.

Incluso la concha de almeja ‘acompañante’, contradice al dato de la ‘Formación Hensel’ ya que según zoólogos, corresponde a un molusco moderno, y no a un bivalvo “fósil’. De modo que la ‘datación científica‘ dice que esta zona corresponde a un pasado en el que los dinosaurios hacían de las suyas… y al mismo tiempo ubica la ‘revolución industrial’ en una época que revolucionaría la mecánica clásica.

Según el ateísmo geológico-evolutivo, faltaban millones y millones de años para que los humanos ‘afloráramos‘ en el planeta… sin embargo, solo manos humanas fabricaron y usaron ese martillo. Otra evidencia más de lo errada [también puede leerse con ‘h‘] que resulta la datación geológica, y por ende la ‘sabiduría pétrea’.

Sapiencia digna de ocupar un puesto entre los clásicos de la literatura infantil, no de invadir un espacio correspondiente a los libros de Ciencia. Toda biblioteca del mundo a la que asistan estudiantes que buscan aumentar un conocimiento fundamentado en la Verdad empírica y demostrable, debería negar un espacio a tanta mentira inconsistente.

De nuevo se demuestra que la datación geológica no es Ciencia, que la humanidad no es tan vieja como se pretende insinuar… y que cada hallazgo ‘Oopart’ se constituye en sí mismo como una congruencia con lo que se nos instruye en la Biblia: Un mundo creado por Dios, donde el hombre surge solo unos días después del planeta, y en una fecha no más distante que los 6000 años que pudieran muy bien establecer el plazo de caducidad de la existencia material, y la prevalencia de un espíritu definitivamente eterno.


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CAPERUCITA ROJA, LOS TRES CERDITOS… y DATACIÓN GEOLÓGICA II

marzo 17, 2009

Hoy me he levantado con la vena ‘Animalia‘; pensando en ese ‘reino‘ de una naturaleza dividida por el hombre en seis. ‘Los Seis Reinos sin Reyes‘, llamaría yo a la designación, mientras doy loas al Único Rey, al emperador de una Creación nacida de SU Ciencia, y a quien, sin embargo, muchos, no solo le niegan la corona, sino que empeñan su vida en arrastrar al resto de la humanidad hacia el ‘príncipe del azar‘, en dirección contraria.

En fin; he estado meditando sobre esa parte del árbol evolutivo, que clasifica un ‘filo’ de tal reino: el Chordata. En específico, me he centrado en ‘Mammalia’, y más preciso aun, en su orden ‘Proboscidea’, dentro de la extinta familia ‘Mammutidae’. De la que, por cierto, hay 1922 grupos reconocidos, cada uno con un ADN distinto, que les impidió procrear entre sí, e instruyó y organizó los 1922 metabolismos exclusivos.

Algo que hace que mis neuronas den por imposible el hecho de la evolución a partir de un alga, porque, si incluso animales de ‘una misma familia‘, no pueden procrear otras especies, ¿cómo se las arregló la ‘versátil‘ alga evolutiva hermafrodita, para poner sexo diferenciado, [penes y ovarios], regulando gestación de embriones, a los casi 2000 tipos distintos de estos mamíferos?

Pero, volvamos al ‘Animalia’; y detengámonos en el ‘Mammutidae’, más conocido como ‘Mastodonte’, y emparentados por el hombre con los mamuts, [‘Mammuthus’, familia Elephantidae]… aunque cada hembra y cada macho de ambas familias lo tuvieron muy claro: ¡No somos compatibles! ¡Ni te me acerques; te reprendo, en el nombre del ‘azar’!

Al mastodonte, familia extinta de mamíferos, también se les ha hallado fecha en el tiempo [sobran especialistas en ‘fechar’ al pasado]. Le llaman ‘Oligoceno’; le asignan un bastón y le dicen: ‘ala, apechuga con tus 20 millones de añicos, que es lo que nos viene a bien darte‘. Luego, pensando en el hasta cuándo duraron, a los más jóvenes les colgaron otro cartelito: ‘Pleistoceno’ [casi 3 millones de años], e incluso, en un arranque de buena voluntad y generosidad, han accedido a concederles presencia en el Holoceno ‘actual‘, aunque le ubiquen dentro de los ‘últimos’ 11.784 años, y se estiren hasta el paroxismo, para situarles límites condescendientes, en los 8000 últimos años.

He buscado alguna información reciente al respecto, para ver si hallo algún síntoma de racionalidad… pero ni hablar, ante la metástasis, no hay otra evidencia que la insistencia:

Esqueleto de Mastodonte

Este artículo mejicano, del 17 de Marzo de 2009, que describe la reconstrucción de huesos fósiles hallados en Bucarest, Rumania, les vuelve a situar en un sitio conveniente: Tres milloncejos; hasta ahí, llega la fábula datativa reciente. Mas, ¿qué dice la realidad?

Antes de entrar en ello, veamos algo sobre los sistemas de datación. En Geología un estrato es cada una de las capas en que se exhiben divididos los sedimentos [rocas sedimentarias y metamórficas] que derivan de ellas. Al ser formados por rocas sedimentarias, los estratos suelen contener fósiles [restos orgánicos de animales y plantas]; y estos, según los sistemas de datación usados, datarían la edad aproximada de dichos estratos.

Pero los geólogos, suyo sistema echó a andar antes que la teoría evolutiva, en la década del 1920, ya habían elaborado su mapa geológico, en función de cómo se manifestaran dichos estratos, según sus respectivos niveles de deposición en el terreno a analizar.

Y esto generó un problema: muchas más veces de lo que se informa a la sociedad, la edad que arrojan los fósiles no coincide con la ‘geológica’ establecida por el terreno. Se ha intentado atenuar esto, recurriendo a los llamados ‘fósiles índice’… ‘suponiendo‘ que sólo existieron en una determinada ‘Era’. Así tratan de forzar congruencia, para no caer en contradicción que debilite dos teorías, embrionadas al calor de la misma caldera de satán.

Pero, aunque el hallar un fósil en un estrato, serviría para inferir que dicho estrato se formó durante la época en que el animal o la planta existieron, no siempre se corresponde con la edad que los geólogos han asignado de antemano al terreno. ¿Se comprende esta controversia? Por eso, desde hace unos años, intentan trabajar juntos, antes de lanzar una información. Y a día de hoy, esa datación estratigráfica-fósil, se considera muy importante en estratigrafía geológica.

Por ejemplo, la zona sedimentaria ‘Formación Roraima’, Guayana venezolana, formada por estratos de arenisca, no muestra fósiles de ningún tipo, y debido a eso, más que recurrir a los estratos, se le calcula más de 1.500 millones de años, y se les define como rocas sedimentarias anteriores a la Era Primaria… la Era en la que ‘hipotéticamente’ aparecieron los primeros seres vivos sobre la Tierra.

Una vez aclarado esto, volvamos a los ‘hallazgos‘. Relativamente cerca de Bucarest, en el centro de la Transilvania, donde otra fábula [también siniestra] ubica al país de los vampiros, nos encontramos con la bella Aiud, llena de pasajes auténticos, que sitúan al visitante contemporáneo en la Rumania Medieval.

Justo allí, en el año 1973, hallaron unos huesos fósiles de mastodontes; se recurrió al 2º paso automático, y los ‘expertos‘, les clasificaron en un entorno a los 20,000 años. Y hasta aquí, estamos ante un clásico musical, el ritmo acorde con los tiempos: hallazgos arqueológicos convertidos en tópico, sistemas eónicos de clasificación internacional, buen rollito amoroso en sentido evolutivo-paleontólogo-geólogo, etc. Solo que en este caso, se les presentó un problemilla a los muchachos; nada que no pudieran resolver luego, pues ya sabemos de las mañas y las artes argumentativas ante imprevistos… pero un gran ‘contratiempo‘, en el sentido literal de la palabra. Para que se entienda mejor: otro anacronismo más; otra burla a la datación ‘científica‘.

Situémonos: Un grupo de trabajadores excavaban en la rivera del río Mures, dos kms al este de la ciudad de Aiud, Transilvania, y comenzaron a brotar ‘restos fosilizados’: 2 huesos de mastodonte y otro, bien identificado… pero imposible de digerir: una pieza metálica torneada, cuya evidencia señalaba que formaba parte de una herramienta, aunque nadie ha podido especificarla aun.

Alumino Imposible

El objeto resultó ser un bloque de aluminio, de casi 3 kgs. y unas medidas aproximadas de 20 x 12,5 x 7 cms. Pero lo más importante es que su punto exacto de clasificación geológica correspondió al ‘estrato 35’, ‘científicamente‘ clasificado como perteneciente al ambiguo Pleistoceno [desde 2,59 millones de años hasta los 12.000 aC].

Al final, ante un ‘forastero‘ tan incómodo, el mejor recurso que se les ocurrió fue donarlo al Museo de Historia de Transilvania. Pero con lo que no contaron, fue que allí fuera redescubierto y analizado químicamente, muchos años más tarde, en un laboratorio de Lausanne, en Suiza. Ni tampoco que los resultados del examen determinaran que en su composición, el artefacto metálico estaba constituido mayormente por aluminio con 89% de pureza; además de un contenido en proporciones específicas, de otros 11 metales diferentes.

Y esto fue la gran sorpresa, ya que no es posible hallar aluminio en estado puro en la naturaleza… y mucho menos, torneado y conformado. La tecnología para lograr un grado semejante de calidad solo pudo ser alcanzada a mediados del siglo XIX.

Pero, la discordancia de los sistemas de datación humana no paran ahí. La capa de óxido de un milímetro de espesor que cubría homogéneamente al bloque, valió para datar su antigüedad en unos 400 años; por lo tanto correspondería al año 1573, el siglo XVI… en el que aun no se había logrado la tecnología necesaria para procesarlo. Con lo cual, una vez más la datación hacía de las suyas y se manifestaba insegura en un 100%, además de francamente incapaz de resultar coherente con una realidad contrastable.

Un barbarismo que se acentúa hasta el arrebato, si tenemos en cuenta también que la capa geológica en la que fue hallado, clasificada como ‘pleistoceno’, sugiere que el aluminio industrial ya existía desde hace unos 20.000 años en el pasado.

La constitución química de la pieza metálica, y su extraña forma, con dos agujeros ovales y simétricos, ha hecho hervir el caldo de las hipótesis sobre un origen cierto. Por una parte, algunos opinan que pudiera tratarse de un cacho constitutivo de una herramienta actual, sin especificar tipo ni actualidad concreta. Y hasta se ha llegado a la comparación científica, en versión reducida, del punto de apoyo de un modulo de exploración espacial, tal como el modulo lunar o de la sonda Viking. Puestos a volvernos locos… ¡Hagámoslo por todo lo alto!: Fue un trozo de la nave espacial de ET, que cayó en ese río.

Lo real, lo imposible de rebatir desde la lógica, la razón, el conocimiento científico y la buena fe inclusive, es que ni la antigüedad datada mediante el examen de la capa de óxido, ni la supuesta por el estrato geológico en el que se localizó, logran ajustarse a la Verdad. Ni el terreno tiene la absurda edad geológica que se pretende asignarle, ni los 400 años de la segunda datación son reales.

Ambos métodos se mostraron como lo que son cuando algún elemento con el que no se ha contado, se interpone en el ‘acuerdo de coherencia‘: contradictorios entre sí, y opuestos a la realidad objetiva. Un objeto de tecnología tan moderna, no hay forma de encajarlo en tiempos tan remotos.

En realidad, este Oopart (Out of Place Artifact), no está fuera de lugar, sino en su sitio. Corresponde a una pieza elaborada por el ingenio humano, cuando le llegó el momento de ser capaz de confeccionarla. Luego, fue usada quizás en un tractor, o en otra maquinaria, sobre un terreno que no llega aun a los 6000 años.

Yo vería a este Oopart, más bien como otro sello de Dios: un elemento moderno y contradictorio, que Él permite que salga a la luz, para que se convierta en otra evidencia que pone contra la pared, las imaginaciones calenturientas de una parte de la humanidad empecinada en la necia obsesión de separar al Creador de su Obra.

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