EL OJO: ‘COMPLEJIDAD IRREDUCTIBLE’ ANTI DARWIN

enero 13, 2009

Jesús se dirigió entonces a los judíos que habían creído en él, y les dijo’: “Si se mantienen fieles a mis enseñanzas, serán realmente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.” [Juan 8:31-32]

Hace unos días escribí sobre el ojo de los trilobites, y su contradicción ‘evolutiva’, dado que se consideran entre los primeros seres vivos que ‘surgieron’ [400 millones de años],y sin embargo tuvieron sistemas visuales más complejos incluso que los actuales.

En el reino animal hay dos tipos de ojos, según la imagen que crean: simples o compuestos. Los compuestos solo se ven en artrópodos; constan de múltiples lentes ordenados en celdas, cada una creando una imagen individual en una célula de la retina. Y los simples son similares al humano, aunque los detalles estructurales varían según los grupos. Así, animales teóricamente postreros [humanos], gozan de una visión mucho más simple y básica, con visualización menos aguda.

Pero aun hay una 2ª paradoja, otra contradicción con la que se topa la defensa evolucionista: cuando soñamos, estando a solas, sobre una cama, en un cuarto oscuro, somos capaces de ver personas, mantener una conversación, viajar en avión, experimentar sensaciones… y al despertar podemos definir cada ‘imagen vivida’ durante esa etapa subconsciente. O sea, hemos sido capaces de ‘ver’ sin los ojos.

Y esto ocurre, porque la visión no es posible sin el cerebro; el ojo solo traduce  imágenes en impulsos nerviosos. Luego, estos son debidamente procesados, para lograr la imagen final en la pantalla de la mente: El cristalino enfoca un objetivo y trasmite la  imagen resultante a la retina [película fotosensible] mediante células fotorreceptoras [‘conos y bastones’]; pero su lente convexa ha invertido la imagen enfocada. Sin embargo, cuando la información llega, a través de las terminales nerviosas, el cerebro sitúa la imagen al derecho, como es debido.

¿Cómo asumir que se entregue una señal física invertida, que luego sea traducida en impulsos electromagnéticos, y que al final un segundo órgano la traduzca en una imagen correcta, sin que intervenga un agente externo que lo controle? ¿No nos vemos obligados a pensar que ambos, vista-cerebro, funcionan desde el inicio como un interactuante diseño complejo?

En general, el ojo animal funciona como una cámara fotográfica sencilla; y si todos vemos la complejidad irreductible de una cámara fotográfica, que necesita de todas y cada una de sus piezas para funcionar, se hace inexorable la complejidad irreductible en el ojo de cualquier ser vivo. Cada parte es indispensable; resulta totalmente anticientífico alegar que se fueron formando una a una… hasta que la vista fuera posible, luego de obvios y sucesivos errores azarosos, sin control tecnológico de ningún tipo. ¿Acaso es eso lo que vemos en los complejos sistemas visores de hoy? ¿Mejoran al azar?

Últimamente se ha incrementado el conocimiento sobre los genes homeóticos, secuencias cortas de nucleótidos, que actúan como activadores maestros, controlando el desarrollo de las diversas partes del organismo. Poseen papeles esenciales, en la producción de brazos, patas, ojos y otras partes del cuerpo, en muchas especies distintas. En cada gen homeótico hay una secuencia específica, unos 180 pares de bases nitrogenadas, similares a los correspondientes genes de otros animales, sea ratón, hombre, mosca de la fruta…

Uno de los primeros estudiosos homeóticos en mutantes de la mosca Drosophila [W. J. Ouweneel], concluyó que los puntos de vista de pioneros como Goldschmidt, Schindewolf y Nilsson eran más sensatos que el neodarwinismo. Consideró cándidos a los neodarwinistas clásicos que estiman que “la impresionante complejidad de los sistemas biológicos… se había originado por procesos al azar.”

Los ojos actúan desde el despertar hasta el dormir. Propagan multitud de datos sobre el exterior: siluetas, formas, colores, movimientos… Irradian información, y la transfieren al cerebro, para que éste sepa lo que sucede fuera del cuerpo. Incluso la lágrima siempre responde a un acto involuntario activado en el cerebro; acogen un mensaje y los músculos lagrimales actúan como verdaderos exprimidores sobre la glándula diseñada para ello.

Hay más glándulas, de menor tamaño, que elaboran bajas cantidades de proteínas, grasas, iones, etc… según la regulación impuesta en la inscripción genética. Distintos cromosomas se implican en el desarrollo del ojo [el 11, 13, el 18…], y genes específicos codifican para las proteínas involucradas en el llanto; hay una serie de nervios en torno al ojo, que detectan el nivel de sequedad de la córnea, y activan el lagrimeo, de forma bien diseñada, para que lo perdido por evaporación, sea lo mismo que se regenere.

glandula-lagrimal

En realidad, todo responde al programa establecido en el ADN. El bulbo del ojo consta de 3 capas: fibrosa, vascular y neuronal. Y la formación de este órgano comienza alrededor de la 4ª semana de desarrollo embrionario, desplegándose a partir de 3 elementos: 1) una proyección del cerebro anterior (retina y nervio óptico) 2) Ectodermo superficial (el cristalino) y 3) Mesénquima adyacente (túnicas y estructuras).

Las células que crearán la Esclera y la córnea, son sintetizadas según orden genética del embrión. La 1ª, que constituirá las 4/5 partes del ojo, terminará siendo un tejido conectivo fibroso, muy resistente, configurado a partir de la elaboración de Colágeno I y fibras elásticas, mientras otras secuencias van conformando los músculos extraoculares. Y en este punto ocurre algo muy interesante; la propia información genética provoca la inserción de ambos, pese a que los tejidos [las células] son de distinto tipo. Toda una evidencia de Programa y Diseño, no de azar.

Partes del ojo

Partes del ojo

El proceso es muy complejo, pero intentando ser conciso, diré que la córnea [ayuda al ojo a enfocar], pese a estar hecha de tejido transparente, es más gruesa que la esclera y consta de cinco capas… elaboradas una a una, según lo que aparece en la instrucción del ADN embrionario.

Entre ellas quiero resaltar al endotelio corneal, en el interior, que se ocupa de la conservación de la membrana de Descernet, elaborando proteínas; con presencia de vesículas y bombas sodio-potasio ATPasa. Estas, perfectos micromotores biológicos que ya hemos descrito en este blog como auténticos engendros del diseño y la inteligencia; transportadores de iones, con resultante paso de agua.
Un mecanismo que mantiene el sistema deshidratado, y conserva la capacidad refractiva de la córnea; todo otro ejemplo de programación tecnológica, inscrita en el minúsculo ADN.

La superficie interna esta recubierta por la parte ciliar de la retina, donde surgen unos 70 procesos filiares nacidos en el núcleo conectivo. De ellos, 3 hacen de músculo liso: uno estira la coroides, ayudando el drenaje del humor acuoso, y otros dos estiran el cuerpo, liberando la tensión a la que están sometidos los ligamentos suspensorios del cristalino. Una evidencia de bioingeniería, no de algo surgido por casualidad.

Algo repetido en el diseño del iris: el ‘diafragma’ de la cámara biológica, regulador de la cantidad de luz que entra al ojo: una membrana circular con un agujero en el medio, [pupila], por donde entra esa luz, soportado por dos músculos interiores: uno que agranda la pupila ante poca luz, y otro que la contrae si hay mucha… Y todo bajo el control del sistema nervioso parasimpático, pues son reflejos condicionados, no ejecutados a voluntad.

Entre el iris y la cornea, el ADN codifica para otra obra de ciencia: la cámara anterior, llena de un líquido que surte al ojo de oxígeno, proteínas y glucosa, según lo necesite. Esta cámara conduce al siguiente paso de la luz: el cristalino, una lente biconvexa, hecha a base de Colágeno IV y glicoproteínas; fibras integradas por células largas que pierden su núcleo y organelos, para seguir alargándose, en un proceso de maduración que culmina al llenarse con ‘cristalina’, una proteína de refracción, que enfocará los rayos lumínicos sobre la parte posterior del globo ocular: la retina.

Y atención en este punto: el cristalino está suspendido en el ojo por un grupo de fibras unidas al músculo ciliar… cuya prodigiosa tarea es cambiar la forma del ‘lente’: si se mira de cerca, se hace más grueso para enfocar la imagen correcta sobre la retina. Pero al mirar de lejos, el cristalino se hace más delgado. ¿Es o no una evidencia de diseño?

La parte mayor del ojo está tras el cristalino: el cuerpo vítreo, lleno de un material claro y semigelatinoso: el humor vítreo. Después que la luz pasa a través del cristalino, atraviesa el humor vítreo hasta la parte posterior del ojo. Allí hay células [hialocitos] encargadas de la producción de Colágeno y ácido hialurónico, y se conforma un conducto hialoideo estrecho que lleva la arteria hialoidea en el feto, desde el cristalino hasta el disco óptico… para suministrar la sangre necesaria al órgano visual. Otra evidencia de diseño y previsión, no de azar.

Al final, pasando el cuerpo vítreo, se halla lo más delicado: la retina. Llena de millones de células sensibles a la luz [bastones y conos], es quien toma esta a través de la córnea, pupila y cristalino, transformándola en señales nerviosas que el cerebro puede entender. Después que la retina convierte los colores y las formas en señales nerviosas, estas van al nervio óptico, que sale de la parte posterior del ojo y conduce la información, desde la retina al cerebro, el procesador central de los datos: ¡La cumbre del diseño!

ojocerebro

Un ejemplo de complejidad irreductible, que no deja opción a la casualidad, pues cualquiera de los integrantes que falle: retina, nervio óptico, cristalino, cornea, iris [diafragma], pupila, cámara anterior, músculos controlados por sistema nervioso, bombas ATPasa, cerebro… termina en ceguera.

Y quizás lo más importante estaría en la imposibilidad evolutiva de la parte ‘inteligente’: el nexo con el cerebro. La necesidad de múltiples niveles de regulación durante el desarrollo del ojo, se manifiesta enfáticamente en el Sistema Nervioso, pues para su formación y operatividad, miles de neuronas deben adquirir características individuales y establecer patrones determinados de conexión entre ellas.

La mayor evidencia de complejidad tutelada, es la expresión de factores de transcripción; genes reguladores, codificando para proteínas nucleares, capaces de unirse a secuencias específicas del ADN, y activar o impedir la expresión del oportuno gen subordinado, mucho antes de que las células del ojo muestren morfología visible. Casi inmediatamente después, las células de la retina inician su diferenciación neuronal, un proceso caracterizado por la continua formación de axones y su progresión hacia el cerebro.

Este aumento de axones, y sobre todo, el sitio del cerebro término de su viaje, nos permite distinguir dos clases de neuronas. Unas, las R1-R6, terminan en una capa del cerebro superficial, mientras que las dos restantes, R7 y R8, continúan su camino hasta una zona más interna del cerebro, evidenciando que las conexiones no se establecen al azar, sino que están programadas adecuadamente, instruyendo sobre el momento y la forma en que deben realizarse… en el ADN.

Si razonamos la prodigiosa sincronización entre estructuras y elementos que trabajan fusionados para provocar visión, resulta incomprensible que alguien pueda creer con honestidad, que el ojo surgió gracias a un gradual proceso evolutivo de tentativas y fallos, hasta dar en el blanco. Esa conclusión es sencillamente irracional. El concepto de la ‘evolución del ojo’ resulta equívoco, más allá de lo creíble, pues exige que el azar se ponga de su parte millones de veces en una misma especie, y que luego continúe haciéndolo en los millones de especies que existen. Tal como lo comenta Frank Salisbury:

Mi última duda se refiere a la llamada evolución paralela… Aun el complejo ojo hizo su aparición varias veces; por ejemplo, en el calamar, los vertebrados y los artrópodos… Es suficiente problema tener que explicar una vez el origen de tales cosas. Pero el solo pensar en producirlos varias veces, me produce jaqueca.”

Si se analizaran con pureza estos arquetipos de inteligencia, diseño y programa biológico, la evolución de Darwin no intoxicaría libros de texto de biología, donde infaustamente se ha amurallado, sino que integraría manuales de filosofía: el área a la que pertenece. Eso permitiría que la razón y el cientificismo se afincaran para siempre en las aulas, de donde fueron irracionalmente desterrados.

Por la red circula una ‘demostración’ de la posibilidad de que el ojo fuera apareciendo ‘por partes’. Pero eso no deja de ser otra distorsión más de la realidad; otro intento circular, por demostrar una teoría, con otra teoría. La evidencia que tenemos es que si se retira uno solo de los componentes del ojo: pupila, iris, retina, nervios ópticos, cristalino, córnea, papila óptica… ¡uno solo!, el ojo deja de funcionar.

La anémona de mar, con origen datado en unos ‘supuestos’ 700 millones de años, está considerada como uno de los seres ‘ancestrales’… pero su ojo, puesto en el microscopio, aparece casi idéntico al ojo humano. De hecho, hay trabajos recientes que comparan al ADN de la anémona, con 18000 genes, con el ADN humano. No es una evidencia de evolución, sino una prueba de ‘Complejidad Irreductible’, que se ríe incluso de una evolución que ha sido incapaz de manifestarse, durante la absurda friolera de 700 000 000 años.

La inevitable conclusión nos sale al paso hoy. El ojo no fue un producto del azar incapaz de controlar, sino de un sabio Creador capaz de manifestar su Ciencia, allí donde el hombre precisa los microscopios más potentes. Como indicó el físico y matemático Sturnius:

Examinar el ojo es una cura para el ateísmo“.

¡Vacunémonos!

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BIOMÁQUINAS SIN EVOLUCIÓN. LA PARADOJA ANTI DARWIN.

diciembre 10, 2008


Porque manifiesta es la ira de Dios del cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que detienen la verdad con injusticia; porque lo que de Dios se conoce, a ellos es manifiesto; porque Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él; su eterna potencia y divinidad, se ven entendidas por la creación del mundo, y por las cosas que son hechas, para que no haya excusa; porque habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias; antes se desvanecieron en sus fantasías, y el tonto corazón de ellos fue entenebrecido.” [Rom 1:18-21]


Hace muchos años, cuando el único ordenador que existía era el procesador de tarjetas perforadas IBM, leí una novela, cuyo título me obligó a comprarla: ‘La muerte siempre… su paso breve.’ A día de hoy, con los conocimientos derivados de la biología molecular y la microbiología, los científicos llevan preguntándose durante mucho tiempo, cómo los microorganismos vivos miden el paso del tiempo, antes de que les alcance la muerte física.


Los organismos con 5 sentidos, e incluso las bacterias, que considero carentes de algunos de ellos, tienen ciclos diarios, tenazmente regulados. ¿Cómo lo hacen?


Recientemente, he visto un artículo proevolucionista: ‘Paley, el reloj y la piedra‘, algo así como un ensayo sobre el planteamiento de ‘Diseño Inteligente‘ del teólogo William Paley, que en el siglo XVIII planteó que la existencia de una piedra no implicaba un agente externo construyéndola, pero que si halláramos un reloj en la calle, su complejidad nos llevaría a concluir que todas las piezas fueron diseñadas para un propósito y uso concreto, y que alguna inteligencia superior tendría que haber participado.


Y aunque en ese trabajo se plantea ‘nació un concepto nuevo‘, en realidad no fue así. El Diseño Inteligente, como concepto, apareció milenariamente antes… en la Biblia, en su inicial libro ‘Bereshit’, [Génesis en traducción griega], según tradición judía, escrito por Moisés, bajo la acción directa de Dios. O sea, desde el principio se nos enseñó sobre el Diseño.


Algo más tarde, en el 1691, John Ray lo volvió a situar en otro libro: ‘The Wisdom of God manifested in the Works of Creation. Y para cuando apareció Paley con su bien pensado ejemplo del reloj, incluso Derham (1711), con ‘Astro-theology : or a demonstration of the being and attributes of God, from a survey of the heavens’ (1721), y Bernard Nieuwentyt(1730), con su flamante ‘The Religious Philosopher: Or, the Right Use of Contemplating the Works of the Creator’; (Volume I), se le habían anticipado.


El ‘Diseño Inteligente’ antecedió a Darwin y sus especies mutantes, mucho antes que él aprendiera a andar, raspando el suelo con sus rodillas. Mucho antes que supusiera una losa tan fastidiosa para la humanidad, que una parte decidiera destruirla a cualquier precio, mediante una especie de hipoteca basura con la que adquirió un edificio en terreno de barro, que no se podrá pagar, y cuyo final no será otro que el desahucio eterno.


En http://oldearth.wordpress.com/2008/12/08/paley-el-reloj-y-la-piedra/, se analiza obviando al reloj, y se presenta la piedra como producto de una evolución ancestral. Yo escojo al ‘tictacero’, para usarlo con el mismo fin de Paley, pero en dirección al descubierto sistema circadiano endógeno: la forma en que las bacterias cuentan su tiempo.


Paley fue criticado por naturalistas que alegaron la imposibilidad de comparar dispositivos mecánicos y biológicos, porque ‘las ‘invenciones’ biológicas podrían funcionar sobre principios totalmente diferentes a los mecánicos hechos por el hombre.


Anteriormente a eso, se sabía que los relojes naturales siguen el ritmo que les marca el sol, y lo usaban para medir el tiempo, ese ente insustancial por el que transcurre la vida. Pero ahora, los relojeros moleculares han comenzado a desentrañar cómo funcionan los relojes más sofisticados: los biológicos.


En 1998, un grupo de investigadores de la Universidad de Nagoya, Japón, asombró a toda la comunidad científica, al anunciar que el cronómetro de las cianobacterias [algas verde azuladas] trabaja igual que su equivalente en moscas y mamíferos. Estos organismos simples, muy implicados en la fotosíntesis terrestre, dedican la mayor parte de sus energías hacia dos asuntos biológicos: fotosíntesis y reproducción.


Aparentemente, todo reloj biológico utiliza el mismo método: un gen codifica para una proteína, y ésta se sintetiza repetidamente. Cuando la molécula alcanza un cierto nivel, se pone en marcha un mecanismo que frena su producción. Así, la concentración de la sustancia oscila a lo largo de las 24 horas que dura el ciclo. Pero incluso, a pesar de este esquema universal, las proteínas del reloj de las cianobacterias son muy diferentes de las que usan otros organismos.


Por esta razón, los propios investigadores evolutivos dudan que todos los cronómetros naturales compartan un ancestro común, y se ven obligados a pensar en la posibilidad de que este sistema tan eficiente haya surgido al menos dos veces, en forma independiente, en la histórica evolución de las especies.


Pero, veamos un enfoque científico, sin mencionar para nada la innecesaria [por caduca] teoría evolutiva, en un artículo que aparece en la revista científica Structure, dedicada a todo lo que sea novedoso en el campo de las investigaciones en general, incluyendo tanto procesos industriales, como biológicos.


En este caso, se describe un sistema circadiano endógeno, originado en el interior de la célula, en cianobacterias, que ejerce un control generalizado sobre los procesos celulares, incluyendo la expresión génica global.


Ya los científicos conocían las piezas del reloj cianobacteriano: las proteínas KaiA, KaiB, y KaiC, cuando Jimin Wang, del Departamento de Biofísica Molecular y Bioquímica en Yale, publicó en la revista Structure, [Jimin Wang, «Recent Cyanobacterial Kai Protein Structures Suggest a Rotary Clock», Structure, Volumen 13, Número 5, Mayo 2005, Págs. 735-741, doi:10.1016/j.str.2005.02.011], un interesante trabajo, explicando la interacción de todas sus piezas, inspirado en la semejanza de estas, con las de la ATP sintasa, una enzima universal reconocida como motor biológico.


Aunque con distinta ordenación, las proteínas Kai funcionan igual: girando; y en este caso específico, con igual objetivo que la maquinaria de un reloj: para medir el tiempo.
En sorprendente y literal analogía a relojes mecánicos, la proteína KaiC, que parece estar en el corazón del mecanismo de reloj, forma un anillo con seis monómeros, un cilindro hexagonal hueco, en cuyo espacio interior puede ajustarse la pieza KaiA como si fuera un diente, en cuanto se activa una ‘orden’.


KaiA es un dímero [dos monómeros]. Y KaiB se compone de cuatro monómeros. Se mostró que KaiC tiene una actividad de auto fosforilación, y que la presencia de KaiA y KaiB, como piezas mecánicas actuando inter dependientes, modulan en tiempo, el grado al cual KaiC es fosforizado. Incluso en la ausencia de señales externas, en oscuridad total, estos minúsculos relojes proteicos pueden mantener su precisión durante varias semanas.


La proteína KaiC es el diente mayor del engranaje. Es una molécula grande, en forma de barril, montada a partir de seis componentes idénticos. Y el complejo de las 3 proteínas no forma una estructura estática: la proteína KaiA promueve la fosforilación de KaiC. Luego, KaiB, detectando una de las formas fosfolizadas de KaiC, bloquea la actividad de KaiA. Se crea así una oscilación, una danza bioquímica casi perfecta, que dura 24 horas.


El ulterior análisis matemático, confirmó que este industrioso operativo, reproducía un período circadiano. Como un carrusel de seis caras, al que los grupos de fosfato y otras subunidades se adjuntan y separan durante el ciclo diurno, la regeneración entre las unidades proporciona la periodicidad del reloj. Algo similar al ‘hacia un lado u otro’, del péndulo de un reloj antiguo o la rueda de fuga en un reloj pulsera.


En esta publicación, identifican bioquímicamente dos residuos de aminoácidos actuando sobre KaiC, como verdaderas piezas mecánicas al cual se unen otros grupos fosfóricos covalentes. Incluso se señala un tercer residuo que ‘puede tomar prestado’ dinámicamente, al grupo fosforizado. Juntos, su trabajo se manifiesta como una perfecta red de engranajes, en la que, en un momento preciso, se da vuelta a una ‘manivela’ literalmente hablando, al igual que lo hace un diferencial mecánico de distribución.


El reloj de cianobacteria constituye en sí mismo, lo que se conoce como un “periodosoma” el mecanismo que cronometra el inicio y fin de un trabajo biológico determinado, en el cual, sus piezas se reúnen y desmontan durante el curso de un día, definiendo el período circadiano, de la misma forma que lo haría el reloj más preciso.


También el artículo de Michael Behe sobre ‘La Caja negra de Darwin’ demostró, gracias a los avances en biología molecular, que la célula es una ‘fábrica’ de ingenios. Yo agregaría que lo más importante de esto, lo que debe llamarnos la atención a todos, es que si se fabrican cada una de las máquinas biológicas conocidas, cuyos componentes son proteínas, es gracias a que las instrucciones para crearlas APARECEN INSCRITAS Y CODIFICADAS, SECUENCIA POR SECUENCIA, EN EL PROGRAMA ADN que se puede observar bajo los modernos microscopios existentes hoy en todos los laboratorios serios del planeta. Puntualizo: no gracias al azar sino al DISEÑO.


Y este tema, común al iniciador teológico John Ray, al investigador Behe, Jimin Wang, y muchos otros, es también convergente con el resultado de la investigación de Susan S. Golden, doctorada en biología, genetista, miembro del Center for Research on Biological Clocks at Texas A&M y ‘Fellow’ en la American Academy of Microbiology. Texas. [Susan S. Golden, “Meshing the gears of the cyanobacterial circadian clock,“ Proceedings of the National Academy of Sciences USA, 10.1073/pnas.0405623101.]


Golden se sintió tentada a abrir la ‘caja negra’ de los relojes biológicos; supuso que allí hallaría tesoros; y así ocurrió:


Una caja negra fisiológica estimula la curiosidad de un biólogo; igual que una caja estupendamente sellada, decorada con vivos colores, incita a hurgar en ella a un pequeño niño: un tesoro misterioso, conteniendo juguetes encantadores en su interior.


En Elan Corporation [empresa de biotecnología], la pequeña comunidad de científicos en la que ella participó, rasgó el irradiante [fosforescente] embalaje del reloj circadiano, usado por la cianobacteria. Compilaron la lista de componentes, examinaron los engranajes, y fueron desmenuzando pedazo a pedazo, todo el mecanismo. Llegaron a la misma conclusión que Jimin Wang y los otros investigadores: todas las estructuras moleculares sintetizadas para los componentes principales del reloj, eran las proteínas KaiA, KaiB, y KaiC.


Ahora bien: ¿Cómo es templado en el reloj su ciclo noche-día? ¿Cómo se unen las partes implicadas, y como endientan los engranajes de reloj con otras máquinas celulares? Aun no se sabe; la caja justo ha sido abierta.


Estos actos periódicos, observados en algas azules-verdes, resultan “simples”, comparados a los relojes biológicos mucho más complejos en eucariotas. Incluso sobre estos sistemas relativamente simples en cianobacteria, hay demasiados restos para ser entendidos, y los científicos continúan investigando.


Dawkins, en su libro ‘El Cuento del Antepasado‘ delibera sobre este ‘retorno del reloj de Paley’. Desde su perspectiva, ofrece su propio asombro sobre el poder de la evolución:


“… reflexionando sobre esta peregrinación entera, mi reacción aplastante es: asombro. Asombro en la fantasía del detalle que hemos visto; el asombro, también, en el hecho mismo que hay en cualquier detalle para ser tenido en cuenta, sobre cualquier planeta. El universo fácilmente podría haber permanecido sin vida y simple; a no ser por la física y la química, el polvo dispersado de la explosión cósmica que dio a luz al tiempo y el espacio.


El hecho es que la vida desarrollada de la nada, aproximadamente 10 mil millones de años después de un universo hecho de literalmente nada, es una realidad tan asombrosa que me volvería loco para intentar palabras que la justificaran. Incluso no es el final del asunto. La evolución no solo hizo que esto pasara: eso condujo, tarde o temprano, a seres capaces de comprender el proceso, y aún de comprender el proceso por el cual ellos lo comprenden.


O sea, sabe que si no se acude a un Diseño Inteligente, hay que acudir a la magia: ‘me volvería loco para intentar palabras que la justificaran‘… y naturalmente, prefiere imponer la magia en Ciencias, antes que aceptar el hecho milagroso de la vida, derivado de la Ciencia de un Creador, que es hacia donde señalan todas y cada una de las flechas que los investigadores van hallando por el camino, en sus laboratorios. Cualquier cosa, antes que ‘el pie divino cruce la puerta‘.


Pero no hubo ninguna mención a ‘evolución‘ durante la investigación; no existió necesidad de tal hipótesis, pues ¡sí!, Mr.Dawkins, todo reloj exige un Relojero, y si este es biológico, solo desde la ceguera intelectual se puede atribuir su ingeniería a la casualidad.


Se expresa la ley inversamente proporcional del darwinismo: en microbiología, cuanto más avanza la Ciencia, tanto menor es la posibilidad de preexistencia evolutiva.


La minúscula bacteria, sin antecesor, se aparece ya con sus transmisiones, motor, cabrestantes, frenos y péndulos. No tengo la menor duda: el viejo Paley estaría haciendo fiesta… como yo, cada vez que la Ciencia halla una huella de Dios y tiene el coraje de exhibirla.


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EVOLUCIÓN: MOTORES QUE SE HICIERON SOLOS [II]

septiembre 27, 2008

Hemos hablado en el artículo anterior de los motores biológicos que caracterizan el diseño existente en el flagelo bacteriano. Se nos olvidó decir, para ayudar a los que no lo saben, que un flagelo es un apéndice con forma de látigo, usado para el movimiento. Aparece en muchos organismos unicelulares y en unos pocos pluricelulares, como por ejemplo, en los espermatozoides. También las células de las esponjas producen corrientes de agua mediante flagelos, y luego las filtran para obtener el alimento.

A día de hoy, la máquina molecular es cardinal en biología celular; los nanotecnólogos son sabuesos en busca de la precisa ingeniería que muestra la naturaleza. El consenso entre ellos es que resulta inconcebible que este sistema tan perfectamente integrado de piezas mecánicas, pudiese surgir por pequeñas etapas intermedias, cada una como ventaja evolutiva, ayudando a la supervivencia de todo el organismo, según postula la selección natural.

Ningún darwinista aborda el tema del origen de las instrucciones genéticas para construir estas máquinas. Jamás es confrontado por los oponentes del argumento de la complejidad irreducible; quizás porque no hay otra opción: hay complejidad irreducible desde la ‘a’ a la ‘z’. Una evidencia de que las lucubraciones evolucionistas son inversamente proporcionales a la cantidad de datos dispuestos por la Ciencia para su análisis.

Micrografia Motor del flagelo bacteriano.

Micrografía Motor del flagelo bacteriano.

La foto izquierda es una reconstrucción promediada del sistema del flagelo bacteriano; corresponde a micrografías sobre imágenes reales, en vivo y en directo, mientras rotaban, usando la técnica de barrido electrónico. Las ‘piezas del motor’ aparecen a la derecha.

Los defensores de Darwin propugnan que pese a su grandeza, el universo y todos los seres vivos indican solo un ‘aspecto de designio’, y que en realidad no hubo propósito ni planificación deliberada en su creación. Pero, ¿qué respuestas da su teoría? ¿Puede acaso un proceso sin programa, dirección, metas ni cálculos, producir realmente los portentos que vemos alrededor nuestro y en nuestro interior?

¿Es que acaso algún evolucionista tiene alguna prueba, de mecanismos de ingeniería, máquinas moleculares ensambladas por decenas de componentes, que surjan al azar? ¿Para qué entonces se estudian 5 años de carrera, con una asignatura de cálculo muy nutrida, y luego algunos más en doctorados? Yo se los diré: ‘Porque ningún servosistema, biológico o mecánico, logra que sus módulos respondan en función de un objetivo común, si no hay programa.’

Richard Dawkins, en su libro ‘Escalando el Monte Improbable’, dice que aunque pueda parecer quimérico que la montaña de complejidad que surge hoy, a la luz de los nuevos conocimientos impuestos por la genética, haya brotado gracias a un azar ciego, la evolución no es un proceso de cambio puramente al azar. Según él, se emplea azar para crear pequeños pasos: buenos, malos, o neutros, con respecto a la capacidad reproductiva global del organismo.

Intenta convencer que la Naturaleza, mediante su ‘selección natural’ o supervivencia de los más aptos, da una capacidad de reproducción mayor a aquellos organismos que adquieren cambios positivos, restando capacidad reproductiva a aquellas criaturas que sufren cambios perjudiciales. Asegura que la siguiente generación quedará más poblada por aquellos organismos con los cambios más beneficiosos, acumulándolos con el paso del tiempo en cada generación. Según él, así se asciende a esta montaña de enorme complejidad, por pequeños pasos, uno a uno.

Pero esos pequeños pasos al azar, designados por la evolución, son como el juego infantil de ‘la gallinita ciega’, en que el amiguete que le tocó quedar ciego, trapo a los ojos, sale dando tumbos en todas direcciones. Ese es el concepto ‘científico evolucionista’; así, según ellos, a saltos, sin brújula ni azimut coordinador, se logró formar el preciso orden de la vida. No importa que ellos mismos vean una inscripción en el genoma, a manera de programa en código [que ya en sí mismo es evidencia de inteligencia], instruyendo sobre cada uno de los millones de operaciones que se precisan para la vida, ellos insisten: La gallinita ciega fue efectiva y científica; así están las cosas y así hay que tragarlas.

Pero tales deducciones no permiten subir la montaña que Dawkins reconoce; solo es un camino hacia ninguna parte. Los motores moleculares que estamos describiendo [como todo el resto de la biología del planeta] son construidos en base a proteínas, y ya hemos visto en este blog, que los aminoácidos que constituyen la cadena de síntesis de proteínas, a veces millones de ellos, tienen un período de vida ínfimo, en ocasiones de solo 2 minutos. ¿De qué sirve en este caso el argumento evolucionista del proceso ‘pasito a pasito’, durante miles de millones de años, para construir vida, si un aminoácido determinado, solo tiene dos minutos de tiempo para asociarse con los otros dos que corresponden a su triplete en una secuencia proteica determinada?

No se puede decir que un mecanismo complejo puede surgir por casualidad, si cada una de las partes implicadas en él resulta de procesos que no tienen respuesta en el azar. El enigma de lograr una secuencia cronológica y consecutiva, con codones específicos que dan lugar a cada una de las muchas proteínas involucradas en la vida biológica del flagelo bacteriano, y la constitución del motor que le permite sobrevivir en su medio, es imposible descifrarlo a la luz de la casuística; ese pensamiento no es científico, sino FANÁTICO. Lo racional, lo que se corresponde con la realidad y el empirismo científico, es que surge solo porque existe un programa que lo controla.

Por eso he insistido siempre, y seguiré insistiendo, en la vida media de los aminoácidos; resulta crucial para anular el concepto evolutivo de los eones de tiempo en los que se parapetan, intentando resolver los enigmas que la ignorancia no puede desentrañar. Ya vimos que hay veinte horas de vida para metionina, serina, alanina, treonina, valina y lisina; pero si en la secuencia proteica intervienen isoleucina o glutamato, entonces solo hay 30 minutos. Más efímeras son aun la glutamina y tirosina: 10 minutos… y si están involucrados arginina, fenil, alanina, leucina o aspartato, ¡entonces sí hay que poner el turbo! ¡Dos minutos! Solo disponen de ese tiempo para su ensamblaje; tan solo que la ‘casualidad’ les haga ponerse en contacto unos segundos tarde, es suficiente para que el sistema falle.

Y para contrariar más aun al postulado del neodarwinismo, incluso considerando que la casualidad jugó su papel, que fue generosa y proveyó que en un sitio ‘X’ específico, ‘cayeran del cielo’ todos los aminoácidos necesarios, y que la racha de buena suerte continuara, ensamblando cada uno con su complementario, en los tripletes correspondientes, aun quedaría otro obstáculo: LOS AMINOÁCIDOS SE MUEREN. Entre dos y 30 minutos, más de la mitad de los aminoácidos ‘aparecidos’ caerían por el precipicio de su final biológico.

Luego, ante esta situación, ciñéndonos al caso de una bacteria, teóricamente inmortal, debe existir por necesidad un ‘programa’ que regule la forzosa y constante reconstrucción de aminoácidos, garantizando que existan sustitutos en todo momento, para que no se detenga esa vida proteica en su célula. La cantaleta de los miles de millones de años sin control ni dirección de ningún tipo no constituye, por tanto, una respuesta congruente… ni mucho menos, científica.

Las bacterias locomocionan mediante una energía causada por flujo de iones o protones, [según la especie], a través de sus membranas celulares externas. Verdaderos motores biológicos, de estructura extremadamente compleja. Y aproximadamente doscientas cuarenta proteínas distintas se unen para construir el flagelo, cada una de ellas cuidadosamente situada. La investigación concluyó que conducen señales para encender o apagar el motor, se articulan a nivel atómico para facilitar los movimientos, y activan a su vez otras proteínas, que conectan el flagelo a la membrana celular. Es obvia la naturaleza complicada del sistema.

Los evolucionistas se sienten desconcertados ante este motor fuera borda, presente en una de las formas inferidas como ‘más simples de vida’, pero insisten en que evolucionaron de algún modo. Es tanta la confusión, que algunos han intentado señalar en la dirección de una evolución a partir de la ‘estructura en aguja’: una contradicción, pues esta estructura pertenece a los organismos eucariotas… evolutivamente posteriores, no anteriores a la bacteria. Y aunque la evolución es muy poderosa, aquí no puede hacer nada; salvo en un contexto cinematográfico tipo ‘Regreso al futuro’, pues sabemos que le va la ciencia ficción.

El sistema del motor en el flagelo bacteriano, compuesto de varias piezas interactuantes, conforma un todo con funciones básicas, donde la exclusión de cualquiera de sus partes le inutiliza por completo. Constituye otra evidencia del fracaso del darwinismo; es la espada de Damocles de nueva tecnología, carga neutrónica y temporizador adicionado, sobre los postulados de Darwin, los neodarwinistas, los excavadores de tumbas, escaladores de montes improbables, y todo aquel que intente desbaratar la Verdad que aparece bajo los potentísimos microscopios actuales.

El investigador japonés, Keiichi Namba, logró secuenciar el proceso de construcción del flagelo bacteriano. Las imágenes definen perfectamente su correspondencia con la de cualquier otra secuencia proteica… siguiendo las instrucciones inscritas en el genoma:

Secuencia de elaboración del flagelo bacteriano.

Secuencia de elaboración del flagelo bacteriano.

El Dr. Howard Berg [Univ.Harvard], el mayor conocedor de la dinámica del flagelo, dijo:

Es «un motor eléctrico giratorio extraordinariamente pequeño» con un eje motor, rotor, estator, cojinetes, junta cardán, placa de montaje y conjunto de conmutación. Funciona con energía motora de protones o de iones de sodio que atraviesan la membrana celular por canales especializados. Responde a gradientes químicos con una mayor rotación. «A cargas elevadas están activos ocho o más elementos generadores de fuerza, generando cada uno de ellos el mismo par.» Unas 20 piezas proteínicas constituyen la base del motor, pero muchas otras piezas adicionales están involucradas durante su montaje. El motor se construye de dentro a afuera, con piezas que se añaden siguiendo una secuencia estricta…

El profesor Berg realizó un pequeño cálculo para saber cuánta potencia genera el motor: Si se ampliase a nuestra escala, dice, sería de alrededor de 11 caballos-fuerza/Kg., aproximadamente la generada por un motor turbohélice de aviación». Pero a diferencia de este, el flagelo no se calienta: «Este motor está enfriado por agua y la difusión térmica es muy eficiente a pequeñas distancias, de modo que permanece muy cercano a la temperatura ambiente».

Es decir, él mismo reconoce que constituye un servosistema único, donde identificó la presencia de 20 proteínas configurando sus piezas… construido de dentro hacia afuera, siguiendo un programa, como la única forma posible de hacerlo.

No voy a poner aquí todo lo que descubrió dentro del flagelo, pues el artículo se alargaría demasiado, pero sí quiero apuntar que incluyó un factor parecido a los anticuerpos, que bloquea la expresión de genes posteriores encargados de ‘codificar’ las secuencias de la proteína filamental FliC, las proteínas Mot A y B, y los diversos componentes de la ruta quimiotáctica… ¡Al fin decidió un defensor evolutivo entrar en genética!

Lo que el Dr. Berg manifestó, ni más ni menos, es que ese motor se construye siguiendo las instrucciones genéticas que aparecen inscritas y codificadas en el ADN de la bacteria. Y llegamos al pez que se muerde la cola: si hay una información codificada, no se puede decir que surgió gracias a la evolución, puesto que por poderosa que quieran hacerla, la selección natural solo es algo virtual que vive en ciertos conceptos, sin ninguna manifestación física probable… incapaz de codificar instrucciones. Un código demanda el agente codificador externo, pues indica deducción e inteligencia… y azar es el antónimo de ella.

Lo que el Dr. Berg manifestó, es que el motor existe porque hay un programa regulador de genes que permite su construcción. Y si hay un programa, hay que buscar en una dirección distinta a la de la selección natural, pues esta podrá tener todas las atribuciones que se quiera, pero aun no se le ha otorgado el don de programar. Por tanto, no provee tampoco la inteligencia necesaria, capaz de secuenciar milimétricamente, cada una de las actividades metabólicas de la bacteria. El programa que consiguió que ese motor pudiera ser confeccionado, demanda al agente inteligente que fue capaz de programarlo… y ni el azar ni ningún concepto evolutivo, es capaz de proporcionarlo.

Y por último, lo que el Dr. Berg manifestó, es que ese flagelo resulta funcional porque existe la instrucción que permite que los ARNm, los ARNt, los ARNr, y el resto de implicados, sean capaces de elaborar las proteínas que darán lugar al motor final, siguiendo las instrucciones que aparecen reguladas por los datos codificados en el ADN. Y esas ‘Instrucciones’, demandan al agente Instructor capaz de instruir, debido a que ni el azar ni ningún concepto evolutivo, están en condiciones de proporcionarlo.

La ‘complejidad irreductible’ del Dr. Behe; creacionista, y gran profesional; con un brillante cerebro imbuído del espíritu de Cristo, ha proveído al mundo evolutivo, del ‘coco’ que Darwin mencionó en su libro… luego devenido en un tratado de ateísmo bíblico. Es una lástima que haya sido postmorten; ahora la papeleta ha pasado a la estela de discípulos que, como gallina en campo de espinos, no saben dónde poner el huevo.

En ‘El Origen de las Especies’, Darwin declaró: ‘Si pudiera demostrarse que ha existido un órgano complejo que no pudo haber sido formado por numerosas y ligeras modificaciones sucesivas, mi teoría fracasaría por completo.’

Pues bien Darwin: definitivamente, ahí tienes lo que pedías para jubilar tu tesis: el motor que permite la movilidad al flagelo bacteriano… que no será la única evidencia. Seguirán apareciendo artículos que martillen tu teoría Anticristo, y cada uno será encabezado con ese ‘yuyu’ manifiesto por ti, intuyendo el futuro del descrédito que tanto temiste. Donde quiera que estés: ¡Mira la que has liado!

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EVOLUCIÓN VS. EVOLUCIÓN (II)

agosto 12, 2008

Como continuación del anterior, en este artículo se podrá apreciar las profundas incongruencias que se aceptan dentro del mismo seno evolucionista. Veremos como Patterson sitúa con agudeza cada una de las irregularidades que él pudo ver durante sus muchos años entregados a la causa de Darwin. La cinta de audio original que dio lugar a esta transcripción la grabó Wayne Frair, profesor de Biología en The King’s College, Briarcliff Manor, New York. Estuvo sentado en la primera fila de la sala, frente al orador, y su grabadora jamás estuvo oculta.

TRANSCRIPCIÓN DE LA PONENCIA:

[— “Bien, Donn no ha mencionado el título:«Evolucionismo y Creacionismo». Y os diré que el título me lo sugirió Donn Rosen…Pero es cierto que durante los últimos dieciocho meses, más o menos, he estado dándole vueltas a ideas no evolucionistas e incluso antievolucionistas. Ahora bien, creo que en mi vida, hasta ahora, cuando me presentaba para hablar acerca de un tema, estaba confiado acerca de una cosa: ‘que sabía más del tema que nadie en la sala, porque lo había trabajado’.

Pero esta vez no es así. Estoy hablando de dos asuntos, evolucionismo y creacionismo, y creo que diré la verdad si digo que no sé nada en absoluto acerca de lo uno ni de lo otro. Ahora bien, una de las razones por las que comencé a adoptar este punto de vista antievolucionista… bueno, llamémoslo ‘no evolucionista’, fue que el año pasado, de repente me di cuenta de una cosa: Durante veinte años había creído que estaba trabajando acerca de la evolución en algún sentido; una mañana me desperté, y algo había sucedido durante la noche, y me vino repentinamente a la mente que había estado trabajando en este material durante veinte años, y que no había nada que supiese de ello.

Esta fue una fuerte sacudida, darme cuenta de que alguien puede andar engañado durante tanto tiempo. De modo que, o bien yo iba mal, o algo iba mal con la teoría evolucionista. Naturalmente, sé que yo no voy mal. De modo que durante las últimas semanas he intentado plantear una sencilla pregunta a diversas personas y grupos.

La pregunta es: ¿Me podéis decir cualquier cosa acerca de la evolución, cualquier cosa, que creáis que es cierta? He probado esta pregunta con el personal de geología en el Museo Field de Historia Natural, y la única respuesta que recibí fue el silencio. La probé con los miembros del Seminario de Morfología Evolucionista en la Universidad de Chicago, un grupo muy prestigioso de evolucionistas, y todo lo que conseguí allí fue el silencio durante mucho tiempo, y luego, al final, alguien dijo:

«Sí, yo sé una cosa. Que no se tendría que enseñar en los institutos». [risas]…

Bien, pasaré más tarde al tema de la convergencia, pero parece que el nivel de conocimiento respecto a la evolución es notablemente superficial. Sabemos que no se debería enseñar en los institutos, y quizá esto sea todo lo que sabemos acerca del tema.

Pero, como digresión, creo que conozco la solución a los problemas que ustedes tienen con el tema de la enseñanza en los institutos. Y la solución es tener una religión establecida que se enseñe en las escuelas. En Inglaterra tenemos una: la Iglesia de Inglaterra. Y los creacionistas no tienen nada qué hacer, no hay donde asirse. A los niños ya se les enseña creacionismo; no hay problema. Pero quizá aquí ya lleváis 200 años de retraso [risas] para tomar este camino.

De todos modos, no me estoy refiriendo a la controversia acerca de los institutos. Esto, creo yo, se llama el Grupo de Discusión de Sistemática, e intentaré hablar acerca de sistemática. De modo que quiero hablar sobre evolución y creacionismo en lo que son de aplicación a la sistemática. Y por cuanto se trata de un grupo de discusión, mi objetivo es solo ser lo suficientemente provocador para poner en marcha una discusión.

De modo que no estoy aquí para venderos tratados. En lugar de esto, usaré como texto para mi sermón un pasaje de este libro, la obra de Gillespie: Charles Darwin and the Problem of Creation, Chicago University Press, un libro maravilloso, en mi opinión. Lo he leído dos veces. Y quiero considerar la manera en la que estos dos puntos de vista alternativos acerca del mundo, el evolucionismo y el creacionismo, han afectado o pudieran afectar la sistemática y a los taxonomistas.

Bien, el libro de Gillespie es el intento de un historiador por explicar la cantidad de espacio que Darwin dedicó a combatir el argumento creacionista. Y Gillespie expone que lo que Darwin estaba haciendo era intentar sustituir el paradigma creacionista por un paradigma positivista, una visión del mundo en la que no hubiera ni lugar ni necesidad de causas finales. Y, naturalmente, Gillespie da por supuesto que Darwin y sus discípulos habían tenido éxito en esta tarea. Da por supuesto que una perspectiva racionalista de la naturaleza ha sustituido a otra irracional, y, naturalmente, yo mismo tenía este punto de vista, hasta hará como unos dieciocho meses.

Y luego me desperté, y comprendí que había pasado toda la vida embaucado y aceptando el evolucionismo, de algún modo, como una religión revelada. Desde mi nueva perspectiva, algunos de los comentarios de Gillespie acerca del creacionismo predarwinista me parecen notablemente idóneos, pero son idóneos, naturalmente, cuando los traspongo del período al que él se refiere, la década de 1850, a la actualidad, las décadas de 1970 y 1980.

Ahora, naturalmente, les debe parecer que estoy o bien errado o que actúo maliciosamente al sugerir que estas palabras se puedan aplicar a la teoría evolucionista. Pero espero poder mostrarles que hay algo en ello al menos por lo que se refiere a la sistemática. Gillespie dice primero que el creacionismo no puede ser una teoría directora de investigación, porque su poder explicativo es solo verbal.

Ahora bien, en la actualidad la evolución ciertamente parece ser una teoría directora de investigación. La mayoría de nosotros creemos que estamos trabajando en investigación evolutiva. Pero, ¿es acaso su poder explicativo algo más que verbal?

Aquellos de vosotros que estuvisteis en la reunión de Hennig en Ann Arbor el mes pasado podéis haber oído que tanto Ron Brady como yo, sin ningún acuerdo previo, citamos la misma declaración. La declaración era esta: «El valor explicativo de la hipótesis de la descendencia común es nulo». Y ambos atribuimos esta declaración al libro de E. S. Russell de 1916, Form and Function. Al pensar acerca de esto desde aquel entonces, me parece que el efecto de las hipótesis de descendencia común sobre la sistemática no ha sido meramente vacío; no solo una carencia de conocimiento… me parece que ha sido positivamente anticonocimiento…

Gillespie dice también que el creacionismo es una antiteoría, un vacío que tiene la función de conocimiento pero que no comunica ninguno. Y bien, ¿qué hay de la evolución? Desde luego, tiene la función de conocimiento, ¿pero ha comunicado alguno? Regresamos a la pregunta que he estado planteando: « ¿Hay algo que me podáis decir sobre la evolución?» Y la ausencia de respuesta sugiere que es cierto, que la evolución no comunica ningún conocimiento, o, que si lo comunica, todavía no lo he oído.

Y aquí estamos todos, y nuestras estanterías llenas de libros sobre evolución; hemos leído toneladas de ellos, y la mayoría de nosotros hemos escrito uno o dos. ¿Cómo puede ser que hayamos leído estos libros y que no hayamos aprendido nada gracias a ellos? ¿Y cómo he podido yo trabajar acerca de la evolución durante veinte años, y no he aprendido nada de ello? El comentario de Gillespie, «un vacío que tiene la función de conocimiento pero que no comunica ninguno», me parece muy preciso, muy idóneo.

En la sistemática hay fragmentos de conocimiento evolucionista de los que están repletos nuestras cabezas, desde declaraciones generales, como que los eucariotas evolucionaron a partir de los procariotas o que los vertebrados evolucionaron a partir de los invertebrados, hasta llegar a otras declaraciones más específicas como que el hombre evolucionó a partir de los simios. Me imagino que ahora este grupo comprenda que estas declaraciones se ajustan exactamente a la descripción de Gillespie: vacíos que tienen la función de conocimiento, pero que no comunican ninguno.

Debido a que cuando analizo todas estas afirmaciones que dicen que aquí hay un grupo, un verdadero grupo con características: eucariotas, vertebrados, Homo sapiens… lo que sea, y que en oposición al mismo hay un no-grupo: procariotas, invertebrados, simios… estas son abstracciones que no tienen características propias. No tienen existencia en la naturaleza, y por ello no pueden en modo alguno comunicar conocimiento, aunque parece que así sea cuando se oyen estas declaraciones por primera vez.

Así que, en general, estoy tratando de sugerir dos temas. El primero es que me parece que ha llegado a ser muy difícil distinguir entre el evolucionismo y el creacionismo, en particular en los últimos tiempos. Acabo de mostrar como la virulenta crítica de Gillespie contra el creacionismo me parece que es, tal como pienso, aplicable al evolucionismo; señal de que ambas cosas son muy similares.

…Vale. Bien, Gillespie habla sobre el creacionismo en la década de 1850. Dice: «… con frecuencia, los que mantenían ideas creacionistas podían alegar ignorancia acerca de los medios y afirmar solo el hecho». Esto parece resumir la sensación que tengo al hablar con los evolucionistas en la actualidad. Alegan ignorar los medios de transformación, pero afirman solamente el hecho: «Sí que ha sucedido… sabemos que ha tenido lugar». De nuevo, parece difícil de distinguir entre ambos puntos de vista.

Aquí tenemos otro par de citas de Gillespie [sobre Creación]. Dice… «…la supuesta credibilidad de la teoría era meramente el resultado de la familiaridad…». Y esta es la segunda cita: «Demasiado del contenido de la vieja ciencia era resultado de una intuición que en principio no era verificable ni directa ni indirectamente».

Ahora bien, estas dos citas, a mi entender, tienen un eco familiar. Oímos constantemente esta clase de cosas en teoría evolucionista, en estos tiempos. Pero aquí tenemos otra cita más, acerca de la cambiante visión del mundo asociada con la extensión del pensamiento evolucionista en la década de 1860:

‘Así como la ciencia cambió de un fundamento teológico a un fundamento positivo, así la religión…entre muchos científicos y laicos influidos por la ciencia, cambió de religión como conocimiento a religión como fe.

Bien, creo que muchos de los presentes reconoceréis que durante los últimos pocos años, si habéis reflexionado acerca de esto en absoluto, habéis experimentado un giro desde la evolución como conocimiento a evolución como fe. Sé que esto es cierto en mi caso, y creo que es cierto en muchos de vosotros aquí.

De modo que este es mi primer tema. Que la evolución y el creacionismo siguen mostrando unos notables paralelismos. Son más y más difíciles de distinguir. Y el segundo tema es que la evolución no solo no comunica ningún conocimiento, sino que de alguna manera parece comunicar anticonocimiento, un conocimiento aparente que es en realidad perjudicial para la sistemática.

Quiero ilustrar esto con un par de parábolas. Ahora bien, estas dos parábolas se refieren a un diagrama que espero os será inmediatamente familiar. Aquí es lo que parece [dibuja en la pizarra]. ¿Lo reconocéis? Es un diagrama que Ernst Mayr ha empleado en sus repetidas explicaciones del verdadero método en sistemática evolutiva.

Mi primera versión del diagrama, la primera parábola, se parece a esto. Es la versión publicada en Science la semana pasada; las marcas en las líneas son autapomorfías de A, B y C, excepto por esta, que es una sinapomorfia de B y C. En el artículo de Mayr en Science de la semana pasada, C es el hombre, B es el chimpancé, nuestro grupo hermano según Mayr, y A no se designa, pero supondré que es el gorila. Creo que no cometo una injusticia contra él al suponerlo. Ahora bien, esto es lo que dice Mayr:

‘La principal diferencia entre los cladistas y los taxónomos evolutivos… reside en el tratamiento de los caracteres autapomorfos. En lugar de asignar automáticamente a grupos hermanos el mismo rango, el taxónomo evolutivo los clasifica considerando el peso relativo de sus autapomorfías…’

Y luego se refiere a este diagrama. Y continúa:

… una de las autapomorfías notables en el hombre [en comparación con su grupo hermano, el chimpancé], es la posesión del centro de Broca en el cerebro, un carácter que está estrechamente correlacionado con la capacidad de habla del hombre. Este solo carácter tiene para la mayoría de los taxónomos mucho más peso que diversas sinapomorfías entre hombres y simios. La particular importancia de las autapomorfías es que reflejan la ocupación de nuevos nichos y de nuevas zonas adaptivas que pueden tener más significación biológica que las sinapomorfías.

…Aquí termina la cita.

Bien, hay varias cosas que se podrían decir acerca de esta declaración, pero no todas ellas serían corteses, así que me limitaré a señalar que tanto la declaración como el diagrama tienen la intención de implicar un conocimiento de evolución…

Cuando leí por primera vez este pasaje en Science me recordó inmediatamente un episodio en la historia de la evolución que muchos podréis recordar, algo que se llegó a conocer como «La Gran Cuestión del Hipocampo», registrada en la novela ficción para niños, de Charles Kingsley: The Water Babies [Los niños del agua]. Algo que en realidad, creó una controversia que se mantuvo entre 1861 y 1862 entre Richard Owen y T. H. Huxley.

Richard Owen era creacionista y T. H. Huxley era evolucionista. Owen, el creacionista, insistía en que el hombre era bien distinto de los simios, y que no podía estar relacionado con ellos por descendencia ni por ninguna otra vinculación física porque el cerebro del hombre contenía un cierto centro, el hipocampo, del que carecían los simios. Y T. H. Huxley insistía en que el hombre estaba relacionado con los simios porque el cerebro de los simios, según el decía, contenía un centro homólogo al hipocampo.

Y aquí estamos 120 años después, y tenemos a Ernst Mayr, el evolucionista, que insiste en que el hombre es bien distinto de los simios porque el cerebro humano contiene un cierto centro, el centro de Broca, que está ausente en los simios. Mayr incluso procede a citar a Julian Huxley, nieto de T. H. Huxley, y con alguna aprobación, y su reino Psicozoa —si recuerdan esto. Todo comienza a sonar muy familiar, ¿no?

Pero observemos cómo se han invertido los papeles. El papel de Owen, el creacionista, el hipocampo, es ahora recogido por Mayr, el evolucionista, el centro de Broca. Y el papel de T. H. Huxley, el evolucionista, es ahora recogido por los cladistas, que la mayoría de la gente ahora cita como antievolucionistas; muchos lo hacen.

Bev Halstead, que estoy seguro que no necesita que se le presente aquí, ha publicado un artículo titulado «In Bed with the Creationists» [En la cama con los creacionistas], en el que me llama «devoto discípulo de Sir Richard Owen». Pues que así sea. La rueda ha dado toda la vuelta. El evolucionista está ahora defendiendo precisamente la posición del creacionista hace 120 años: el centro de Broca es igual al hipocampo.

Ahora bien, esta parábola refuerza el argumento que he estado presentando antes, que es difícil distinguir en la actualidad entre evolucionistas y creacionistas. Y quiero usarla para exponer otro argumento acerca de que la evolución es una antiteoría que comunica anticonocimiento, y es dañina para la sistemática.

Contemplemos qué es lo que Mayr recomienda: ‘que se mantenga al hombre en un taxón de rango superior, distinto de los simios’. Y contemplemos qué es lo que le impulsa a esta recomendación. Es su aparente conocimiento de la evolución, el hecho de que el hombre ha evolucionado a una velocidad excepcional, que ha invadido una nueva zona adaptiva, etcétera, etcétera. Y estos hechos evolutivos justifican un taxón de rango más elevado. Y luego contemplemos la consecuencia de su recomendación: el hombre es trasladado a un taxón de alto rango, y los simios quedan como un grupo parafilético, un grupo sin caracteres, y por ello sin individualidad ni realidad, y por ello una abstracción que queda más allá de la crítica.

Y entonces, ¿qué puede uno decir? Que el hombre evolucionó de los simios. Me parece que aquí tenemos otra declaración que tiene la apariencia de conocimiento, pero que de hecho no contiene ninguno, que se trata de una pieza de anticonocimiento derivada de la teoría evolucionista. Pero en lugar de comentar más acerca de esto, citaré lo que T. H. Huxley [evolucionista] dijo de Owen [creacionista] en 1861, referido de nuevo a la cuestión del hipocampo. Huxley escribió a Hooker, el 27 de abril de 1861.

«No creo que en toda la historia de la ciencia tengamos el caso de ningún hombre de reputación que se ponga en una posición tan despreciable.»

Bien, ahora pasaré a la segunda parábola, de nuevo en este mismo diagrama; pero querría que penséis acerca de la forma en que Ernst Mayr lo usó ya antes en su libro de 1969, y en su artículo de 1974 sobre sistemática. En aquel entonces se parecía a esto [dibuja en la pizarra], y había algunas cifras aquí: 15%, 10%… no puedo recordar la otra…70%. Así es como Mayr trataba de introducir alguna precisión en la sistemática evolutiva…

… En el primer ejemplo, los cocodrilos y las aves y los reptiles, predice que la proporción de genotipo que comparten C, el cocodrilo, y B, la víbora, será mayor que la proporción que comparten C, el cocodrilo, y D, el ave. De modo que predice que en términos de genotipo compartido, BC será mayor que CD, ¿Vale? Ahora observemos que Mayr está demostrando el poder explicativo aquí de una hipótesis de descendencia común, algo que yo he sugerido que tenía un poder explicativo nulo.

También está manifestando un conocimiento de evolución. Correcto. Aquí tenemos una teoría que hace una predicción. Podemos someterla a ensayo. El mes pasado en Ann Arbor, un estudiante de Morris Goodman me dio las secuencias aminoácidas para la alfa y la beta-hemoglobina de tres cocodrilianos: un caimán, el cocodrilo del Nilo y el aligator del Mississippi. Ya conocíamos las secuencias del alfa- y la beta-hemoglobina de dos aves —una gallina y una oca— pero el problema es encontrar otros reptiles. Hasta donde yo sé, la única otra secuencia disponible, es la alfa-hemoglobina de una serpiente: la víbora.

Bien, el alfa-hemoglobina es una cadena de 143 aminoácidos [dibuja en la pizarra]. Esto es tres veces esto. La he escrito: 429 nucleótidos. Es una muestra muy pequeña del genotipo, pero al menos vale la pena probarla. Y se predice, por los aminoácidos comunes a B, víbora, C cocodrilo, y D gallina, que BC será mayor que CD.

Y aquí tenemos las proporciones que encontramos. BC: víbora-cocodrilo da 8 de 143: el mismo aminoácido en 8 de las 143 posiciones, un 5,6%. En la proporción CD: cocodrilo-ave, es 25 de 143, un 17,5%. Y la otra posibilidad BD: víbora-gallina, da 15 de 143, el 10,5%.

Aquí lo tenemos. La teoría hizo la predicción, nosotros la hemos sometido a ensayo, y la predicción ha quedado falsada de forma decisiva. CD: cocodrilo-ave, supera con creces a BC: víbora-cocodrilo, que debía ser mayor. El BC es pequeño, de modo que algo estaba mal con la predicción. Algo iba mal con la teoría. Pero, naturalmente, como todos sabemos, la falsación nunca es absoluta, porque uno nunca está seguro de lo que es falsado.

Y aquí vemos solo tres posibilidades. Primero, se han falsado los datos; hay algo que no funciona con el alfa-hemoglobina. Segundo, se ha falsado el diagrama; hay algo erróneo en el sistema de relaciones de las serpientes, aves y cocodrilos. Y tercero, se ha falsado el conocimiento que Mayr tiene de la evolución, bien sea la cuestión particular acerca de ritmos y zonas adaptivas, bien algo más general.

Bien, podemos comprobar uno de estos tres —los datos— tomando otra muestra del genoma. Conocemos la secuencia de mioglobina para un cocodrilo, dos aves incluyendo una gallina, y dos otros reptiles, un lagarto varánido y una tortuga. La mioglobina tiene mayor tamaño, con una longitud de 153 aminoácidos, una muestra ligeramente mayor del genoma. En este caso, B es un lagarto: el Varanus, C es el cocodrilo otra vez, y D es la gallina. Y esto para la mioglobina. Esta vez obtenemos BC, 16 de 135. Creo, sí… esto es el 10,5%. En CD, cocodrilo-ave, 13 de esto… el 8,5%. Y el tercero, BD, el lagarto-ave, es 16 de esto… otra vez el 10,5%.

Esta vez, ahora, la proporción BC: lagarto-cocodrilo, es mayor que la CD: cocodrilo-gallina, ligeramente mayor, como Mayr había predicho. Pero… un momento, ¿qué ha pasado aquí? ¿Qué es este BD? [lagarto-gallina]. Esta tendría que ser de lejos la menor proporción del genoma; pero es exactamente la misma que BC [lagarto-cocodrilo]. Algo ha vuelto a funcionar mal. Y, de nuevo, hay las tres posibilidades. ¿Son los datos? ¿Será el diagrama? ¿O es la teoría?…

Bien, comprobemos ahora con una tortuga, con la mioglobina de la tortuga. Esta vez, B es tortuga, C el cocodrilo otra vez, y D es la gallina. Y estas son cifras para la mioglobina. Y esta vez lo que tenemos es… no me preocuparé con las cifras. Pondré solo los porcentajes.
BC [tortuga-cocodrilo] es 11,8% [comentario ininteligible], CD [cocodrilo-gallina] es 5,2%, y BD, [tortuga-ave], es 5,9%

Ahora nos estamos acercando a lo que Mayr esperaba. BC es aquí mucho mayor que CD. Pero, una vez más, tenemos otro problema. La porción BD, ave-tortuga, que debería ser pequeña, es en realidad mayor que CD. De modo que, una vez más, hay algo que no funciona. Bien, los datos sugieren un diagrama diferente. Sugieren uno como éste, donde B y C van juntas, y D está separada. Lo siento, me estoy perdiendo…

…Hay dos cosas que podríamos hacer. Una es aceptar la presuposición de Mayr de que los reptiles constituyen un grupo, y sumar los datos y promediar. Si se añaden las tres clases de Bs —la tortuga, la víbora y el lagarto— y tres clases de cocodrilianos, y tres clases de gallinas, las tres sumas son: BC: cocodrilo-lagarto, arroja 27,9, CD: cocodrilo-gallina, arroja 30,9, y BD: tortuga-ave, da 26,9. ¡Son virtualmente idénticas! Sólo un maniático de la parsimonia intentaría distinguir entre esas cifras. Todo es lo mismo, y el diagrama que nos dan es éste, la tricotomía… pues bien, esto no es muy informativo.

…Entonces, ¿qué hacemos? Bien, probaré otro más de estos juegos y luego lo dejaré. Como he dicho, no tenemos más secuencias de reptiles, pero tenemos abundancia de secuencias de mamíferos. Así que, probemos con los mamíferos. Creo que si fuésemos a disponer los mamíferos con las aves y los cocodrilianos en el diagrama de Mayr, de nuevo, no seré injusto con él si supongo que el diagrama sería así: B será un mamífero, y C: el ancestro común. Los mamíferos han divergido muy lejos en una dirección, los cocodrilianos se han apartado un poco en la otra, y las aves se han alejado mucho de esta manera…Vale: B es el hombre, C es un cocodrilo y D es otra vez la gallina. Y si usamos los datos del alfa-hemoglobina, lo que obtenemos es esto: BC, hombre-cocodrilo: 7,7%; CD: cocodrilo-ave, 7,7%. BD: hombre-ave:14,7%.

¿Qué diantre está pasando aquí? Hombre-cocodrilo debe ser menor que Cocodrilo-gallina, si el diagrama es aproximadamente correcto; pero ambos son iguales. Por otra parte, BD: hombre-gallina, debía ser el más pequeño de todos, [según árbol filogenético, ambos están a millas de distancia]… ¡pero da que es el mayor! Obviamente, algo va mal.

Bien, no sé que haría un evolucionista con esto, pero me lo imagino. Si pregunto a la gente sobre la evolución, la única respuesta que recibo es: «Hay convergencia por todas partes». Y estoy bien seguro de que tomarían esto como un ejemplo de convergencia y que volverían a dibujar el diagrama. Después de todo, las aves y los mamíferos han convergido adentro de la zona adaptiva endotérmica. Estos datos de la hemoglobina podrían estar dándonos otro ejemplo de convergencia. Pero no vale. Porque aquí las proporciones del genotipo hombre-cocodrilo y cocodrilo-gallina, son iguales.

…De modo que, después de todo, esta cuestión parece ciertamente irresoluble. Hay alguna otra cosa que puedo hacer con esto. Estos datos nos dan un diagrama. No es el diagrama que aparece aquí. Dice que aves y mamíferos van juntos, y que los cocodrilos y lagartos forman un grupo. De modo que podemos seguir la sugerencia de Gary y combinar los cladogramas y añadir los mamíferos aquí. Y este es el cladograma que conseguimos después de tanto jugar.

¿Os gusta más? No, seguro que no. Así, entonces, ¿qué haremos? Bien, por suerte no tengo que seguir haciendo estas preguntas retóricas, porque estoy hablando del ejemplo de Mayr, y sé lo que él hizo. Recordaréis que Mayr publicó su diagrama original refiriéndose a las proporciones de genoma en 1974, cuando había muy pocas muestras disponibles de genoma, en forma de secuencias de proteína o aminoácidos, o de ácido nucleico. Y los dos ejemplos que presentó como ajustándose a su ejemplo eran aves y cocodrilianos, y de hombres y simios. Bien, desde 1974 hemos conseguido una abundancia de muestras del genoma de los hombres y de los simios, y, lejos de ajustarse a este esquema, todos decían lo mismo: que chimpancés y humanos difieren en menos del 1% del genoma. De modo que la predicción de Mayr quedó falsada aquí.

Como ya he dicho, la falsación nunca es absoluta, y en este caso he sugerido que hay tres cosas posibles que pueden ser falsas: los datos del genoma, el diagrama, o las afirmaciones acerca de la evolución. Bien, por lo que respecta a hombres y a simios, Mayr sigue creyendo el diagrama, y sigue creyendo que tiene conocimiento acerca de la evolución, de modo que lo único que puede estar en un error son los datos. De modo que abandonó el genoma y volvió a la morfología —y así la semana pasada volvimos a tener planteada de nuevo la cuestión del centro de Broca y del hipocampo, o su equivalente moderno.

De modo que aquí hay dos observaciones: La primera trata de otro de los paralelos entre evolucionismo y creacionismo. En 1974, Mayr apeló al genotipo como la clave del efectivo conocimiento. Y en aquel tiempo el genotipo seguía siendo un gran misterio. Ahora que tenemos muestras del genotipo, oriundas de una amplia variedad de organismos, ya no es tan misterioso entonces se abandona, y se propone un nuevo misterio, el centro de Broca, y aquella larga lista de autapomorfías no especificadas del hombre. Parece que lo mismo que los creacionistas… los evolucionistas son proclives a apelar al misterio.

La segunda observación es mucho más importante: sobre los niveles en los que podemos investigar caracteres en sistemática. El nivel tradicional es la morfología, y todos estamos muy familiarizados con la morfología. Nos sentimos cómodos con los datos morfológicos y competentes para manejarla, pese a su complejidad. Tenemos una buena comprensión de lo que significa la homología a un nivel morfológico, y tenemos las transformaciones de la ontogenia como guía para ordenar los caracteres en series de transformación.

Bien, allá por 1978, Gary Nelson sugirió —lo cito—, que «el concepto de evolución es una extrapolación, o interpretación, del carácter ordenado de la ontogenia».

Farris: [gemido inarticulado]

Patterson: Hasta donde yo sepa, a nivel morfológico, esto sigue siendo cierto. Y como dijo Gary, es la ley de von Baer que la ontogenia va de lo general a lo particular, que está detrás de las transformaciones que invocamos en la morfología, y detrás de la jerarquía sistemática edificada sobre estos caracteres morfológicos.

Ahora bien, naturalmente, todos los caracteres —las transformaciones— que invocamos, no se observan directamente en la ontogenia, pero creo que encontraréis que cada transformación que se infiere es congruente con la ley de von Baer, con los caracteres ligados a la ley de von Baer. De modo que a nivel morfológico tenemos un sano concepto de homología y tenemos la ontogenia para ayudarnos a ordenar las homologías. La morfología, o, en los términos más generales, el fenotipo, es el nivel más elevado de investigación en sistemática.

El siguiente nivel más abajo es el nivel de los productos genéticos: las proteínas. Y aquí el concepto de homología se vuelve más indistinto. En primer lugar, tenemos el problema de la paralogía. La paralogía es lo que las personas que juegan con secuencias de proteínas llaman a la relación entre los productos de los genes que creen que son el resultado de duplicación genética. De modo que la paralogía es la versión molecular de la homología serial en morfología. La diferencia es que en morfología uno puede estar bastante seguro de que dos estructuras son homólogos seriales, porque se tiene una ontogenia en la que observar si realmente son duplicaciones o [ininteligible].

Pero, en el caso de las secuencias proteínicas y esta cuestión de paralogía y de una inferencia de duplicación genética, la duplicación genética se encuentra en algún punto en el pasado. No hay forma de investigarla. Y creo que a menudo se invoca la duplicación genética solo para arrinconar datos problemáticos.

De todos modos, cuando se comparan dos secuencias proteínicas como un todo, en lugar de aminoácido por aminoácido, para un biólogo molecular la homología es un concepto puramente estadístico. Se comparan las dos secuencias, y si las concordancias entre ellas superan ciertos ensayos estadísticos, son homólogas. Hace dos meses apareció un artículo de Doolittle en Science explicando este concepto.

Bien, tras haber decidido que dos secuencias son homólogas en general, luego se pueden alinear y compararlas posición por posición, y un emparejamiento en cualquier posición determinada —es decir, el aminoácido— es una homología a un nivel más ajustado. Pero aquí el problema es si el aminoácido es realmente el mismo; el «mismo» entre comillas. Ahora bien, debido a la redundancia del código genético, hay solo dos aminoácidos de los veinte, el triptófano y la metionina, que están codificados por un solo triplete. El resto están codificados por dos o más.

Así que solo hay dos aminoácidos únicos, según los tripletes que los codifican; y se trata de los aminoácidos más infrecuentes. Están en una proporción inferior al 2% de la secuencia promedio. Todos los demás aminoácidos están codificados por dos o más tripletes, de modo que a nivel de aminoácido, al nivel de proteína, al nivel de producto genético, nunca se puede tratar un emparejamiento, o difícilmente debe tratarse, como una homología al nivel del ADN. [Las proteínas son diferentes].

De modo que a nivel del producto genético, la homología se convierte en un concepto bastante vaporoso. Y también no tenemos ontogenia a nivel del producto genético que pueda servirnos de ayuda… que nos ayude a ordenar las homologías en las series de transformación. Ahora bien, yo solía pensar que debido a que no hay ontogenia en las proteínas, pero que sin embargo parece que necesitamos el concepto de transformación para ordenarlas, para ordenar las secuencias, que ellas proporcionaban alguna clase de prueba de evolución. Y ya no estoy más seguro de que esto sea así, porque las homologías que inferimos, y las transformaciones que inferimos al ordenarlas, quedan sujetas a esta incertidumbre debido a la ambigüedad del código genético.

De modo que las verdaderas homologías moleculares se han de buscar más abajo, al nivel del ADN. Bien, a nivel del ADN no conocemos prácticamente nada debido a que difícilmente haya datos en forma de secuencias que puedan alinearse y compararse.
Pero el sábado pasado, allí en Ann Arbor, tuve la gran suerte de encontrarme con Arnold Kluge, y de sonsacarle el primer conjunto de estos datos, de las secuencias de ADN. Se trata de ADN mitocondrial del hombre, del chimpancé, del gorila, del orangután y del gibón. Este trabajo lo realizaron Prager y Wilson y su grupo en Berkeley. Y las secuencias son de 896 nucleótidos cada una. De modo que tengo que volver a comenzar. Siento aburriros con todo esto, pero al final tiene su peso.

Aquí estoy refiriéndome al ADN mitocondrial. Tenemos 896 nucleótidos, y de estos, 612 son invariantes y el resto varían. Y este es el árbol más parsimonioso que el grupo de Berkeley consiguió con los datos. Voy a escribir cuáles son los animales. Voy a emplear letras para ahorrar tiempo. A es el hombre, B es el chimpancé, C es el gorila [comentario ininteligible], D es el orangután, y E es el gibón.
Y este es su árbol. Los números aquí son los acontecimientos evolutivos por linaje.

Farris: — Colin, este no es un árbol más parsimonioso, es un árbol de Fitch-Margoliash.

Patterson: — No lo es. Perdóname, pero lo describen, Steve. No lo es.

Farris: — Pero aquí tienes puntos decimales.

Patterson: — Entonces ellos no saben lo que están haciendo. Lo siento, no puedo disculparme por ellos, porque estoy seguro que ni se suponía que yo pudiera ver su manuscrito, pero hablan de esto, procesaron un programa de Fitch-Margoliash y lograron un árbol diferente; no importa. Éste es el árbol que ellos escogieron. Dejémoslo en esto.

Estas cantidades son acontecimientos evolutivos por linaje, y esto nos dice muchas cosas acerca de la evolución. Por ejemplo, dice que el gorila es el que ha evolucionado con más rapidez, el hombre con la menor. Dice que el ADN mitocondrial evoluciona alrededor de diez veces más deprisa que el ADN nuclear. Dice que las sustituciones silenciosas son varias veces más probables que las sustituciones de codificación, y este ha sido el resultado de cada comparación de secuenciación de ADN que se ha hecho hasta ahora. Vale. Esto es lo que los evolucionistas sacan de los datos…

…El último conjunto de caracteres —los que toman dos de entre los cinco. De nuevo, tenemos diez de ellos. No voy a detenerme a dar una lista de todos. Hay solo uno que dé una señal, DE. El resto de ellos están agrupados, sin ningunas diferencias distintivas entre ellos que yo pueda observar, y aquí la probabilidad según mis cálculos —lo siento, Steve—, es de 10 elevado a -17.

De modo que tal como yo comprendo estos datos, la información que tenemos ahí, es que hay dos grupos. Tenemos ABC, y luego DE, y juntos forman un grupo mayor, y esto es todo lo que dicen los datos. También dan una estimación de la cantidad de autapomorfías de cada grupo. Y si preferís esto como un cladograma, naturalmente que saldrá así: una tricotomía y una dicotomía.

Farris: — Pero esto es…

Patterson: — Ahora yo… supongo que Steve Farris no estará de acuerdo pero… [Interrupción en cinta]… datos. No hay ninguno más.

De modo que, ¿qué hay del árbol este y de las cifras sobre las ramas?
Bien, como ha dicho Steve, está producido por un programa; no proceden de los datos en modo alguno. De modo que supongo, y espero, que Steve no esté en desacuerdo, que proceden de maquillar los datos con la teoría evolucionista, con un programa que presupone que la evolución es cierta, y pide al ordenador que encuentre un árbol. De modo que mi pregunta sería: ¿De que nos habla el árbol? ¿Nos dice algo acerca de la naturaleza… o algo acerca de la teoría evolucionista?

Una última observación, a este nivel, el nivel del ADN, tenemos también el problema de la homología. ¿Qué significa la homología en términos de ADN? El procedimiento de alineación es el mismo que con las secuencias de proteína: algo puramente estadístico, pero debido a que en ADN tenemos solo cuatro posibles nucleótidos en cualquier posición, esperamos un emparejamiento de un 25% por el mero azar.

Y entre estas cinco especies estrechamente relacionadas tenemos una concordancia de solo un 70%. Esto deja un 45% de variación [70 – 25], para acomodar a todos los demás eucariotas. Me parece que el problema con la alineación de secuencias en el ADN, cuando comiencen a venir los datos, será extremadamente… [Aquí Patterson presenta la lógica dificultad de la recombinación de nucleótidos por azar, ante la inmensa cantidad de individuos eucariotas que quedan y las enormes cifras de datos imprescindibles para las secuencias proteicas pendientes]…

Voy a hablar acerca del efecto de introducir datos a través de un programa de generación de árboles. El creacionista hace una suposición: que hay algunos grupos en un conjunto de datos. El evolucionista, me parece, tiene que hacer otra suposición: que hay algunos grupos aquí, y que los agrupamientos nos dicen algo acerca de la historia de los grupos. [pausa]

Eldredge: — ¿Qué creacionista?

Patterson: — [ininteligible] ¿Perdón?

Eldredge: — ¿Qué creacionista?

Patterson: — Oh, no imp … vale, yo mismo.

MacIntyre: — ¿No te estarás refiriendo a Duane Gish?

Patterson: — No, no.

MacIntyre: — Ah, bien.

Patterson: — Me refiero a un taxonomista creacionista.

MacIntyre: — Oh.

Farris: — Duane Gish no hace ningunas suposiciones.

MacIntyre: — ¡Oh, sí que las hace!

Farris: — Oh, no…

Patterson: Me parece…

Farris: — Oh, no, todo está revelado.

Rosen: — ¡Giles!

MacIntyre: — Lo siento.

Patterson: — Me parece que puedo tratar los datos del ADN, y tomarlos todos como diciendo algo, pero solo encuentro dos señales en ellos. A fin de obtener un árbol de todo ello, tenemos que decir que algunos son datos buenos: los que nos dan esto, y que otros son datos malos: el material que te da esto, y el material que te da aquello. Resulta que en este caso el material que nos da DC y AB es más de dos veces en número que el material que nos da BC, que es lo preferido.

Ahora bien, ¿qué es lo que se está comparando aquí? Estas son todas identidades al nivel de los nucleótidos. Los que nos dan AB son identidades, y los que nos dan BC son identidades. Los que nos dan CA, son todas, identidades al nivel de los nucleótidos. Pero de alguna manera se nos [ininteligible] dice que algunas de estas identidades son realmente las mismas, y algunas de ellas no son las mismas, porque la teoría demanda esto. Me parece que esto es de algún modo carente de sentido.

Hay otro problema adicional con la homología al nivel del ADN, y es la cuestión de la paralogía, o duplicación inferida. Hay un problema similar, materializándose con el ADN. Hace un par de semanas, Roger Lewin publicó un escrito en Science acerca de genes de la globina. Y en el mismo se refirió a un modelo de ADN que está de moda entre los genetistas moleculares. Lo designó el modelo «Vesubio», y la sencilla descripción que del mismo hacen Roger Lewin y Gabriel Dover y otros como ellos, es que cada gene está constantemente bombardeando el resto del genoma con pseudogenes que son copias más o menos perfectas de sí mismo.

Ahora bien, si es así, y el modelo tiene fundamento empírico, entonces el problema de la paralogía, de la duplicación en los datos del ADN, es todavía más apremiante. A fin de poder realizar un secuenciado de ADN, se fragmenta el genoma y se clona un poco de lo que uno cree que es correcto, que uno puede conseguir. Y si realmente tenemos todos estos pseudogenes bombarderos por allí, no veo ninguna forma posible de saber si tenemos el correcto o no.

Bien, siento haberme extendido tanto sobre esto; la razón está en que, creo que dice algo acerca de la evolución. Hemos sostenido muchas disputas en los últimos años, sobre si la evolución es susceptible de ensayo; me refiero a la teoría general, a la descendencia con modificación: a que las especies son mutables y que están relacionadas por descendencia, y no a ninguna teoría específica acerca del mecanismo. Ahora bien, si la teoría general de la evolución es susceptible de ensayo, ha de tener alguna consecuencia que pueda confrontarse con la realidad. En otras palabras, tiene que hacer alguna predicción. Y hasta donde yo sepa, solo se ha propuesto una predicción razonable. Niles Eldredge [presente en esos momentos], lo exponía así en una carta a Science:

“Si la evolución es descendencia con modificación, tiene que resultar en una disposición jerárquica de organismos definidos por conjuntos anidados de novedades evolutivas. Esta es la grandiosa predicción de la evolución.”

Y luego, Niles sigue diciendo que sea cual sea el organismo que uno contemple, sean cuales sean los aspectos del mismo que se estudian, se encuentra la misma jerarquía. Y he oído este mismo argumento repetidas veces en reuniones: que realmente hay una jerarquía, que no hay jerarquía sin historia, y que por ello se cumple la predicción de la evolución.

Bien, lo primero que me impacta en todo esto, es que parece implicar que la evolución es una inferencia deductiva en base a la jerarquía de la sistemática, y que gente como Linneo, Cuvier, Agassiz, Johannes Muller, Hooker y muchos otros predarwinistas, eran meramente pensadores cortos de miras, y que no llegaron a ver la consecuencia necesaria de sus observaciones… y esto me parece improbable.

Lo segundo tiene que ver con la predicción: ‘cualquiera que sea el aspecto de los organismos que se contemplan, se halla la misma jerarquía.’ Bien, no todos parecen estar de acuerdo con esto. Aquí tenemos de nuevo a Ernst Mayr en Science la semana pasada:

“Diferentes tipos de caracteres: morfológicos, diferencias cromosómicas, genes de enzimas, genes reguladores y emparejamiento de ADN, pueden llevar a distintos agrupamientos. Disímiles etapas en ciclos vitales pueden también resultar en desiguales grupos.”

Y aquí tenemos a Arnold Kluge con la conclusión de su estudio cladista de los simios y de los hombres. Dice él que su estudio denota «una clara carencia de congruencia entre los datos moleculares y otros más tradicionales». Observemos que ambos dicen lo mismo: Mayr nos dice que los datos moleculares de cualquier nivel que se consideren no parecen concordar con la morfología, y Arnold Kluge está diciendo lo mismo.

Ahora bien, según Niles, la predicción de la evolución es que es jerarquía, y jerarquía congruente es lo que encontraremos sin importar qué aspecto de la especie estemos contemplando. Pero la experiencia de Mayr y de Arnold Kluge es que no existe tal congruencia. En particular, los datos moleculares son incongruentes con la morfología.
Bien, ¿es esto así? No estoy seguro, pero creo que hay otras señales de esto entre las secuencias de proteínas.

Por ejemplo, aquel cladograma de amniotas que estaba dibujando antes, es enormemente incongruente con todo lo que creemos saber acerca de la morfología. Ahora bien, tenemos cladogramas publicados de globina que muestran a las aves como el grupo hermano de los mamíferos, no de los cocodrilos, y las serpientes como el grupo hermano de todos los demás amniotas, y cosas semejantes. No importa entrar en detalles. Dejadme que plantee la cuestión al nivel más fundamental:

¿Cómo reconocemos la jerarquía? A nivel del fenotipo me parece que no tenemos ningún verdadero problema. Tenemos un concepto considerablemente racional de la homología, y estoy de acuerdo con Gary en que el principio organizador es la ontogenia y en particular la ley de von Baer. Y, como sugirió Gary, podemos analizar los datos fenotípicos de esta manera y conseguir una jerarquía mediante un método que no tiene implicaciones evolutivas en absoluto. Hay una historia en ella, pero la historia es ontogénica. La historia es lo que nos da la dirección en la ley de von Baer. Por ejemplo, no tenemos que inferir nada más acerca de la historia geológica.

De modo que, ¿qué hay acerca de este nivel molecular o del nivel de las secuencias proteínicas y del ADN? ¿Cómo reconocemos la jerarquía ahí? En primer lugar, el concepto de homología es mucho más vago a estos niveles, y no tenemos la ontogenia ni la ley de von Baer para guiarnos.
Ya sugerí, al comentar sobre los datos del ADN, que la jerarquía se reconoce maquillando los datos con teoría evolucionista. Se introducen en un programa basado en la teoría evolutiva, y así se consigue una jerarquía. ¿Serían jerárquicos los datos sin maquillarlos de este modo?

No lo sé; al nivel de secuencias proteínicas, donde yo he jugado mucho, mi impresión es que es reciamente jerárquico en unas pocas secuencias o cuando las hemos seleccionado, si se esté trabajando solo con cinco o seis problemas de taxones. Pero cuando se toma un gran conjunto de datos, como todas las mioglobinas disponibles en la actualidad, mi experiencia es que la jerarquía simplemente se desvanece a no ser que se fuerce maquillándola con teoría evolucionista.

Y respecto de a nivel del ADN, naturalmente, nadie lo sabe. Todo lo que tenemos por el momento es esto, estas cinco breves secuencias. Son jerárquicas hasta este punto, pero debido a este problema de que se consigue un 25% de emparejamientos por puro azar, es mi predicción que la jerarquía se desvanecerá muy rápidamente en cuanto comiencen a conocerse secuencias de ADN. Y si esto es así, ¿qué es lo que introduce la jerarquía en los datos de los fenotipos, si no está allí a nivel proteínico o de ADN? Bien, evidentemente es la ontogenia.
[Interrupción en cinta]

…procedente de la jerarquía de la ontogenia, y se puede investigar sin ningún concepto previo acerca de evolución. Entonces, ¿por qué es necesaria la teoría de la evolución en la sistemática?: Para ‘imponer’ un orden jerárquico sobre unos datos recalcitrantes. En la sistemática, la teoría evolucionista es un maquillaje, para imponer una jerarquía allí donde pueda no existir ninguna. Y si esto es así, ¿no creéis que la sistemática quedaría mejor sin la teoría?

Me parece que lo dejo aquí. Iba a terminar con algunas citas. Creo, si me permitís, que os daré la última. No, no; os daré la tercera. Es de Darwin en El Origen: «Cuando las opiniones propuestas en este volumen sean admitidas de forma generalizada… los taxónomos podrán seguir sus labores como ahora». Y por «ahora», Darwin significa como en los tiempos predarwinistas, como en la biología pre-evolucionista. Está diciendo: No dejéis que la teoría interfiera con la sistemática. Parece que no se le ha prestado atención.]

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Hasta aquí la participación evolutiva; como resumen, yo solo expondré unas líneas:

Alienta saber que, pese al siglo y medio de bloqueo racional, a veces brotan del seno evolutivo pensadores capaces de ver su incongruencia. Desde aquí exhorto a todos para que abandonen por unos instantes la literatura discordante evolutiva y le presten atención por una vez en su vida a algo que sí ha sido experimental: los orígenes que no hay que buscar en los inexistentes miles de millones de años, sino en la programación que crea vida desde elementos inorgánicos: el ‘recetario para la existencia’ que aparece inscrita y codificada en el ADN, negando en voz alta y clara que ningún bicho puede convertirse en otro si no se recodifican y reinscriben todos los datos necesarios para tal cambio.

La propia firma de Dios, que el Creador ha dejado al alcance de toda inteligencia; la piedra de tropiezo que arrastra a muchos ciegos hacia donde prefieren ignorar, aunque su propio espíritu les esté alertando con gritos de silencio, solo perceptibles desde la conciencia.

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ENANTIÓMEROS: EVIDENCIA DE DISEÑO… Y LOS OJOS DEL ESPÍRITU

abril 10, 2008

“Y oramos a Dios que ninguna cosa mala hagáis; no para que nosotros aparezcamos aprobados, sino para que vosotros hagáis lo bueno, aunque nosotros seamos como reprobados. Porque nada podemos contra la verdad, sino por la verdad.” (2ª Co 13:7)

DEL CAPRICHO BIOLÓGICO HACIA LA CREACIÓN PLANIFICADA… Y OTROS ANÁLISIS.

Hoy quiero compartir con ustedes varias curiosidades biológicas. Una es el enigma del ‘enantiómero‘, un isómero de una molécula, con idéntica conexión átomo a átomo que esta, aunque difiriendo en su orientación física: gemelos casi exactos… pero diferentes.

Una mañana del 28/IX/1969, los habitantes de Murchison, (norte de Melbourne, Australia), fueron sorprendidos por una lluvia de meteoritos ‘condritas carbonáceas tipoII‘ (CM2), formados esencialmente por carbono y agua junto con amonio, y óxidos de Azufre y Hierro. Cubrieron un área de cinco millas con pequeños fragmentos de roca espacial, colectándose más de 100 Kg; el mayor con un peso cercano a los 7 Kg.

Su textura era similar a algunas rocas volcánicas con pequeñas alineaciones que asemejan fósiles, y se cree que no han sufrido cambios desde los albores de nuestro sistema solar. Tras análisis bioquímicos se detectó la presencia de aminoácidos a concentraciones importantes; algo interesante si pensamos que el hombre también está formado en gran parte por ellos, pues son las unidades básicas que generan las proteínas, y éstas, a su vez, son los materiales y las maquinarias que definen las especies.

El meteorito de Murchison se hace especialmente relevante para el estudio de los orígenes de la vida no sólo por el hallazgo de aminoácidos en su composición, sino porque además, existe un exceso de L-aminoácidos frente a una menor concentración de D-aminoácidos: la primera evidencia natural de la existencia de un posible mecanismo prebiótico de amplificación enantiomérica. ¿Mas, qué significan estos términos?

En Química, se dice que dos estereoisómeros son enantiómeros si la imagen especular de uno no puede ser superpuesta con la del otro. O sea: un enantiómero es una imagen especular (no superponible de sí misma); como cuando usted se mira al espejo, y su brazo derecho se convierte en el izquierdo, pero una simple peca en uno de ellos, ya le identifica y les diferencia. Si intenta superponerlos, por ejemplo, dorso con dorso, no encajarán, son asimétricos o quirales: tienen la misma forma, están compuestas por los mismos tejidos pero su imagen especular no es superponible.

Enantiómeros

Los enantiómeros son moléculas ‘quirales‘: iguales características físicas y químicas, excepto ante la interacción con el plano de luz polarizada o ante otras moléculas quirales. Todos los compuestos de carbono, con 4 grupos diferentes enlazados, (el caso de los enantiómeros) crean un centro de simetría que permite que exista una molécula hermana formada por los mismos grupos y con una configuración de imagen de espejo.

Estos esteroisómeros presentan una dificultad para los investigadores del origen de la vida, pues en los sistemas vivos, solo es utilizado uno de ellos en una secuencia determinada. La forma implicada en los aminoácidos, es siempre la ‘levo‘; para los azúcares y bases nitrogenadas, la ‘dextro‘.

Por eso, cuando las moléculas son sintetizadas en el laboratorio en las condiciones que se creen que habrían existido en la tierra primitiva, ambos isómeros son formados en cantidades iguales. ¿Cómo explicar la predilección ‘Natural’ de escoger solo uno de los dos (en este caso los ‘levo’ para los 20 aminoácidos, si las propiedades entre ambos son idénticas? ¿Y cómo explicar que cuando se va a sintetizar azúcar, siempre se usa la ‘dextro’? ¿Dónde está la información que obliga a tomar, invariablemente, cada decisión?

Se han hecho grandes esfuerzos en laboratorios de todo el mundo, para responder este enigma, pero sin éxitos. Se esperaba que las arcillas lograsen discriminarlos, mas no fue así. A menos que se encuentre otra explicación para la decidida elección de cada enantiómero, la única plausible y correcta, es la existencia de un diseño.

Los sistemas asociados con partículas de arcilla favorecieron el criterio abiogénico. (De lo inorgánico a lo orgánico) Pero, aunque estas son catalizadoras, falta demostrar que todo elemento necesario para una célula pudo ser producido espontáneamente en un mismo lugar, y los primeros modelos de células vivas parecen ser tan complejos como las formas modernas.

Si son necesarios 1023 años para una probabilidad del 95% de lograr una proteína funcional, (100000000000000000000000 años = diez trillones de veces más que la edad datada para el planeta), ¿cuántos no harían falta para conformar toda la estructura necesaria de una simple célula eucarionte?

Otro reto es “la contigüidad de los fundamentos“. Si se necesita una cuantía de moléculas para producir una célula viva, crear una en el Kilimanjaro y otra en el Caribe, no serviría de nada: cada componente debe estar en el mismo sitio, al mismo tiempo. Es decir, que todos los elementos constituyentes de esa primera ‘célula mágica‘, debieron coincidir en tiempo y espacio: una casualidad tan necesaria como improbable… y otra evidencia que direcciona directamente hacia una Creación sabia y calculadora, pues por intragable que resulte para muchos, es la única respuesta coherente con la realidad que palpamos: Somos proyecto, no azar.

También está por resolver en la evolución química el origen de la homoquiralidad. Por ejemplo todos los monómeros tienen la misma “mano dominante” (los aminoácidos son zurdos y los ácidos nucleicos y azúcares son diestros). La homoquiralidad es esencial para la formación de ribozimas funcionales (y probablemente de las propias proteínas).

En la Naturaleza, toda proteína está formada solo por Levo-aminoácidos, no hay posibilidad de una proteína con D-aminoácidos o por una mezcla de D y L-aminoácidos. Esto ocurre también con los azúcares: todos ‘Dextro’. Esto es ‘homoquiralidad biológica‘: uno de los misterios más apasionantes que queda por desvelar, y otra flecha indicando la presencia de una Creación inteligente detrás: ‘diseño, orden y disciplina‘.

A fecha de hoy, nadie ha logrado sintetizar una célula, empleando los componentes básicos que posean las propiedades necesarias para la vida. Sin tal resultado, toda explicación es un sin sentido. ¿Cómo unas simples moléculas orgánicas crearon la primera célula? A esto solo se responde con utopías; algunos indican una temprana aparición de los ácidos nucleicos (“genes-first”), y otros postulan que primero aparecieron las reacciones bioquímicas y las rutas metabólicas (“metabolism-first”). Últimamente están apareciendo tendencias con modelos híbridos que combinan aspectos de ambos.

Religión, filosofía e ideología, se alimentan de dogmas. La creencia en una sopa primitiva en base a que no tenemos ningún otro paradigma es un ejemplo de la falacia lógica de la falsa alternativa. En Ciencia, es una virtud reconocer la ignorancia; no hay razón para que esto sea diferente en la investigación del origen de la vida, que fracasa siempre que se intenta sacar a Dios de la ecuación.

La historia muestra que un paradigma, una vez que adquiere estatus de aceptación (incorporado en los libros de texto), pese a sus fallos, solo es declarado inválido cuando surge otro para reemplazarle. Desde siempre ha existido ese otro, pero la ofuscación evolucionista ha alcanzado tal magnitud, que no hallan espacio para el retroceso; no se le quiere reconocer.

Con objeto de generar más progreso en la ciencia, es necesario que toda esa inteligencia volcada en buscar respuestas en la dirección equivocada, reajuste sus brújulas y se redirija con la orientación adecuada; entonces le serán abiertos los ojos del Espíritu y podrán ‘ver‘ las evidencias que el Señor pone en el camino de los investigadores. Es preciso hacer limpieza en los armarios contenedores de paradigmas erróneos… y en las vitrinas que los exhiben.

Los artículos de este bloc han sido criticados insistentemente por algunos miembros del sector ‘duro‘ de la Biología evolutiva; las ofensas y descalificaciones  llegaron a tal punto que hubo que cerrar los comentarios, dando fin a un debate muy interesante. Ofensas a la progenie del articulista, descréditos sin fundamento, mentiras y frases sacadas de contexto, constituyeron la causa inevitable del fin del intercambio de opiniones.

Aparentemente, la “teoría de la evolución” o “neodarwinismo”, solo incumben al campo de la biología, sin implicación en lo cotidiano; un gran error de concepto, pues más allá del supuesto análisis biológico, esta tesis constituye el apuntalamiento de una ideología fraudulenta que ha influido casi dos siglos sobre gran parte de la humanidad. En realidad se trata de la filosofía “materialista y atea” que sostiene una serie de planteamientos espurios respecto al origen de la vida en el planeta: ¡Cualquier cosa menos una Creación! El ‘yuyu’ a Dios sobrepasa su racionalidad; ¡qué lastima!

El materialismo sustenta que lo único que perdura es la materia: la esencia de todo lo orgánico e inorgánico; niega a Dios como arquitecto de todo lo existente: visible o invisible. Al someter todo, a un factor que siempre transmuta, dictan que el hombre y cada entidad biológica, son condenados a su extinción.

En general, esta noción tiende a hacer del hombre un ser egoísta que vela solo por sí mismo, apartándole de los valores altruistas infundidos por el espíritu desde su interior, y potenciando el inicio de los desastres que sobrevendrán al ser humano que viva negando los códigos del Señor. Pero la espiritualidad de muchos se está imponiendo, incluso en aquellos que se consideran al margen de cualquier pensamiento religioso, intentando proteger al individuo y reencausarle. Si se sabe que de infringir las leyes humanas, habrá sanción, ¿por qué arriesgarnos a violar las de Dios?

La prédica materialista, aun no queriendo, abole muchos valores básicos que deben constituir el fundamento del estado y la sociedad, forjando un conjunto social insensible, que solo persiguirá lo material. La justicia, la lealtad, la honestidad, el sacrificio, el honor o una ética correcta, dan paso a la frase contemporánea: ‘Búscate la vida‘, que muchos apuntan cuando alguien les solicite ayuda; un orden social establecido, pero condenado a hacerse pedazos en un plazo más ágil que tardío.

Los materialistas (que ‘evolucionan’ hacia comunistas), han sido y son, uno de los peligros más serios para el pilar primario del país: la familia. Los ancestrales conceptos sagrados de ‘un estado por la familia‘, son pisoteados por una velada ‘patria potestad‘ estatal’, encargada de imponer ideas anti-creacionistas y anti-Dios en los niños: los futuros líderes y gobernantes.

La teoría de la evolución constituye el llamado fundamento científico del materialismo, del cual depende la ideología comunista. Es una realidad que las ideas materialistas (siendo las de Marx las principales), están colapsando actualmente, debido a que cada día más, la teoría evolutiva está siendo absolutamente invalidada por los descubrimientos de la ciencia moderna, que paso a paso, demuestra que todo lo existente obedece a un proyecto inteligente y no al caos que se promulga.

La ola materialista llegó a las costas europeas con tal intensidad, que España se convirtió el 30-06-2005, en el cuarto país del mundo en reconocer la opción ‘nupcial‘ a los homosexuales, junto a Holanda, Bélgica y Canadá. La unión entre ellos ya puede considerarse como ‘matrimonio‘; triunfando incluso sobre la misma Naturaleza que les niega la capacidad de procrear, y sobre los propios derechos del niño a convivir en un hogar que responda al proyecto de toda la vida (mamá y papá incluidos), que la ‘justicia de las urnas‘ supeditó a la supremacía ‘gay‘.

Una parte de los españoles se rasga las ropas cuando se alza una voz contra lo ‘políticamente‘ correcto; pero no lo hace cuando un niño, sacado a pasear un domingo por sus padres en su día de descanso, que deciden inculcarle la educación convencional, es obligado a ver el desfile del ‘orgullo gay‘, y además se les instruye el lunes sobre sobre lo ‘normal‘ de la homosexualidad en las aulas, mediante la ¿Educación para la ciudadanía?…

¿Dónde están los derechos de esos padres, pagadores de impuestos, a educar a sus hijos como entiendan mejor? La opción gay es individual; todas sus manifestaciones deben buscar la privacidad, no intentar arrastrar a la gente a sus pensamientos o normas de conducta. No existe un día del orgullo ‘masculino‘ o ‘femenino‘; cada cual morirá su muerte y tiene derecho a vivir su vida según sus propias decisiones… pero sin imponer sus inclinaciones al resto de sus semejantes.

He escrito varias veces que esto no es una cruzada contra los ‘homo’, pues todos tenemos algo reprobable en nuestras vidas y la Biblia no cuantifica cuánto demérito tiene una falta o la otra. Solo puntualizo sobre el hecho real que, al menos, debería salir el defensor del menor, en reclamo de lo que a este también  le pertenece en la sociedad. El Proyecto del Hogar debe ser invariable, pues ni se debe ir contra la corriente ni se puede reclamar todo lo que deseamos. Si un adulto alucina por una menor de edad, la sociedad va a por él, haciéndole pagar por ese delirio, pues va contra los derechos de la joven y de los padres que la educan.

En cuanto a educación, moral y cívica, España no será de las primeras, pero en otros aspectos, ha metido la 5ª marcha y, entre las leyes anti Cristo, el SIDA, y el cada más más incipiente consumo de drogas y alcohol por parte de la juventud (el futuro del país), ya se ha colocado en la vanguardia internacional. Sé que muchos se escandalizarán con mis palabras, pero, díganme: ¿Estoy diciendo algo que no sea de dominio público a nivel mundial? ¿Hay que sentir orgullo por lo ‘politicamente correcta‘ que se ha vuelto la sociedad española y por la fama de ‘modernista‘ adquirida?

Creo que los padres y la jefatura del estado deberían concienciarse más sobre estas deficiencias; pienso que los medios de comunicación deberían reflexionar sobre el papel que les corresponde en la actualidad, pues el futuro nos pasará la cuenta a todos, irremediablemente. Afortunadamente, hay una gran representación de España que cada vez tiene una participación más importante en los triunfos científicos del planeta; el Gobierno debería estudiar qué sistema de educación han usado los padres de esos que tan exitosamente han corrido su buena carrera, e intentar institucionarlo, para bien de todo el conjunto de la población futura.

Si alguien roba, estafa, amenaza o viola, las leyes se lo comen, al atentar contra el derecho a la paz individual, pues lo que está mal, mal está. Tampoco hay ‘derechos humanos‘, si las revindicaciones se sustentan en la indefensión de alguien incapaz de decidir por sí mismo. Mala praxis para el que nada contra la corriente establecida por quien creó el cauce de la vida, e igualmente negativa para quien le aplaude por hacerlo… en todos los casos.

Somos algo más que materia y hay una expectante vida eterna; en el medio estará el ajuste de cuentas. ¡Qué El Señor nos abra los ojos del Espíritu, y nos dé discernimiento, para que el Juez nos declare inocentes!

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ESLABONES PERDIDOS JUEGAN AL ESCONDIDO

marzo 24, 2008

Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de todos. (Hebreos 2:10)

¿DÓNDE ESTÁ MI GATO-PERRO?

Según la teoría de la evolución de las especies, en su ‘evolución‘ más reciente: el neodarwinismo fundamentado en la selección natural y las mutaciones ‘azarosas’, todo ser vivo (me gusta incluir a todo tipo de plantas) proviene de un antecesor. Es decir, una especie tiene el don de trasmutar en otra con el tiempo, y todo lo que vemos, en mar y tierra, nació de esa manera. Ante la reconocida dureza de reflexión, se ha intentado endulzar la mitificada tarta evolutiva con la posibilidad de cambios en un entorno de miles de millones de años.

O sea, que por ahí deben andar los restos de las numerosas especies intermedias derivadas del enorme proceso que ha llegado a generar la multitud de ellas que habitan hoy el planeta Tierra. En el pasado debieron haber visto la luz solar, criaturas con rasgos de lagartos-aves, en combinación con aquellos que tenían de pez, los cuales, por puro raciocinio, debieron haber convivido con los propios, peces y reptiles existentes. También por pura deducción lógica, en ese entorno se deberían haber sumado los pájaros con características de animales rastreros, cuya formación morfológica debía aparecer en fósiles de de pájaros reptiles: las famosas formas transitorias citadas por la evolución.

Continuando con el razonamiento y la deducción, en la actualidad deberíamos estar rodeados de millones y millones de esas raras especies surgidas de la selección natural.  Cantidad y variedad: ese es el enigma que no logra descifrar la ausencia de los registros fósiles correspondientes, ya que deberían multiplicar los existentes, y sus restos estar esparcidos por el mundo entero; cosa que no ha sucedido (ni sucederá).

Ya hay muchos paleontólogos que se han visto obligados por la aparición repentina y completa de seres complejos, en la llamada ‘explosión cámbrica’, y por esta ausencia fósil, a crear la nueva teoría de ‘equilibrio punteado‘ de la que se ha debatido en este blog, consistente en que las especies fueron apareciendo de pronto, con sus cadenas de ADN totalmente cambiadas para dar lugar a cada nuevo ente biológico.

En su “El Origen de las Especies”, Darwin comentaba: “Si mi teoría es correcta, innumerables variedades intermedias, que vincularían más ajustadamente todas las especies del mismo grupo, deben haber existido con seguridad… En consecuencia, evidencias de su anterior existencia podrían encontrarse solamente entre los restos fósiles“.

Resulta evidente que el mismo autor del caos evolutivo era consciente de la ausencia de dichas formas transitorias. Miraba esperanzado hacia el futuro, contando con que fuesen localizadas. Por esta razón, considerando que ello constituía el obstáculo mayor de su teoría, agregó un capítulo a su Origen de las Especies: ‘Dificultades de la Teoría’, del cual he extraído el siguiente párrafo:

¿Por qué si las especies han descendido de otras por medio de claras graduaciones no encontramos por todas partes innumerables formas transitorias? ¿Por qué no se presenta toda la naturaleza desordenada, contrariamente a lo que sucede con las especies existentes, a las que podemos ver bien definidas? Pero, como según esta teoría deben haber existido innumerables formas transitorias, ¿por qué no las encontramos enclavadas en cantidad innumerable en la corteza terrestre?… Pero en la región intermedia, con condiciones de vida intermedia, ¿por qué no encontramos ahora variedades intermedias estrechamente vinculadas? Esta dificultad me ha confundido totalmente durante un largo tiempo”.

Solo le quedaba una alternativa ante esta situación: aunque los registros fósiles hallados hasta aquel momento eran inadecuados, planteó que cuando se les hubieran estudiado pormenorizadamente se encontrarían los nexos necesarios: los eslabones perdidos.

Los investigadores evolutivos, fieles al concepto, llevan más de 150 años excavando y buscando en todos los continentes, pero sin resultados satisfactorios: no solo no existe evidencia de forma transitoria alguna, sino que lo hallado señala que cada especie apareció de pronto, con todas sus características. Cada fósil extraído, mostró que la vida apareció sobre la Tierra repentina y totalmente formada. La esperanza evolucionista, devino en colapso.

El reconocido paleontólogo evolucionista británico, Derek V. Ager, lo corrobora:

“Lo que se presenta, si analizamos pormenorizadamente los registros fósiles, ya sea a nivel de órdenes o especies, es que lo que encontramos una y otra vez no es una evolución gradual sino la repentina explosión o aparición de un grupo a expensa de otro”.

Por su parte, Mark Czarnecki, otro paleontólogo evolucionista, comenta lo siguiente:

 “Los registros fósiles, las huellas de las especies desaparecidas preservadas en las formaciones geológicas de la Tierra, han sido un gran problema para la demostración de la teoría. Dichos registros nunca han revelado rastros de las hipotéticas variantes intermedias de Darwin. Por el contrario, las especies aparecen y desaparecen abruptamente, y esta anomalía ha alentado los argumentos creacionistas de que cada especie fue creada por Dios”.

Pero, como la esperanza es lo último que se pierde, siempre hay alguien que insiste en la posibilidad de una aparición futura. (Si emergió un Cámbrico negativo, ¿por qué no un golpe de suerte evolutiva?) A esta opción se apunta el profesor de paleontología de la Universidad de Glasgow, T. Neville George:

“No hay ninguna necesidad de disculparse por más tiempo de la pobreza de los registros fósiles. En cierta manera se han vuelto casi inmanejables por lo cuantioso, y los descubrimientos están poniendo fuera de lugar la integración… Sin embargo los registros fósiles continúan componiéndose principalmente de vacíos”.

Ya hemos visto, en un artículo anterior, fotos de fósiles aparecidos en las revistas  National Geographic y New Scientist, datados, desde supuestos 40 a 400 millones de años, que resultan morfológicamente idénticos a los actuales congéneres. Exactamente, se trataban de un tiburón, una langosta, una hormiga y una cucaracha. Si 400 millones de años no resultan suficientes para modificar una especie, ¿cuántos millones son necesarios para que ocurran las ‘especies transitorias’? Y hablamos de millones de especies; cada una urgiendo la forzosa intervención del tiempo para que se manifiesten en ellas cada estado transicional.

De modo que el único recurso que le queda a los desbrozadores de tierras, es donar sus palas, picos y demás enseres de trabajo a alguna ONG de la construcción, para darles mejor uso… o continuar en su tozudez generadora de promesas y sueños fatuos, intentando hallar el gato-perro que les catapulte a la fama, pues la competencia es tanta, que la vanidad ha hecho que esta constituya su principal objetivo; más allá de demostrar que procedemos del azar y hacia el azar nos dirigimos.

No importa que la riqueza de la Creación, que señala en todo momento planificación y diseño, apunte hacia un plan de futuro para la humanidad. Hay una seudo ciencia, que se la juega en el ‘todo por el todo‘, para lograr que la mente de Dios ni siquiera se considere en el pensamiento humano.

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