HAY QUIENES PREFIEREN PROVENIR DE MONOS.

noviembre 3, 2008

Hace unos días, una hermana me exhortó a visitar la página de Paleofreak, así que me pasé por allí, leí un poco de lo expuesto, y dejé un comentario en el artículo: ‘Los primeros monos tenían poco cerebro’. De inmediato saltó la alarma entre los contertulios y varios de ellos comenzaron a dejar sus opiniones despectivas, sin debatir, sin intentar ni siquiera desmontar mis argumentos. Algo imprescindible si se desea demostrar que no se tiene la razón… y muy fácil de lograr si se está en posesión de esta.

Mencioné lo frágil y malintencionado que había resultado el estudio en el que se fundamentaron para decir que humanos y chimpancés son genéticamente homólogos en un 98%, y uno de ellos me acusó de hablar según datos históricos, de la década del 80, remitiéndome al siguiente artículo:

‘Initial sequence of the chimpanzee genome and comparison with the human genome. The Chimpanzee Sequencing and Analysis Consortium. Nature 2005.’

De modo que, aunque ya había leido sobre él [motivó mi número 97- ‘EVOLUCIÓN HERMANA HUMANOS Y MONOS: DISTORSIONA LA VERDAD’], volví a estudiarlo… aunque esta vez más a fondo, por si me había dejado algo atrás. Luego expuse mis comentarios y los dejé en el citado blog.

Hoy he entrado, para ver que respuestas podía tener… y vi que lo habían borrado. Una nueva manifestación de la ‘verdadera ciencia evolucionista’: la censura de todo aquello ante lo que no se tiene respuestas neutralizantes.

De modo que le dejé un comentario, diciéndole que, ya que no podía debatir con él, lo intentaría en mi propio blog, donde recibo la visita de otros defensores evolutivos que quizás estén más preparados, y sean capaces de presentar otra perspectiva que haga más creíble el trabajo aparecido en Nature; ese que cuenta que el estudio evolutivo que pretendió establecer la homología genética humano-chimpancé, sitúa a nuestros ancestros trepando por las ramas… entendiéndolo así, literalmente.

Desde el principio me llamó la atención un párrafo, que aparece en negrita, justo debajo del listado de organismos investigadores involucrados en ese proyecto:

In particular, we find that the patterns of evolution in human and chimpanzee protein-coding genes are highly correlated and dominated by the fixation of neutral and slightly deleterious alleles. We also use the chimpanzee genome as an outgroup to investigate human population genetics and identify signatures of selective sweeps in recent human evolution.”

Es decir, tal como les planteé al principio, se basaron en los exones, la parte del genoma que codifica para proteínas, y que representa un 5% del total del ADN; algo lógico, si se tiene en cuenta que lo que se dominaba en esos momentos, era que el 95% restante, se consideraba como un ‘resto’ sin influencia genética, al que se le había llamado: ‘basura evolutiva’.

Ahora bien, circuncribiéndonos a ese ADN ‘codificante’, si consideramos que el ADN humano contiene 3 mil millones de pares de bases [6000′ 000 000 de bases nitrogenadas], tenemos que ese 5% implica a unas 300 millones de bases; recordemos esto.

Por otra parte, en el párrafo encabezado por: ‘Genome sequencing and assembly’, dice que secuenciaron el genoma de un chimpancé macho nacido en cautividad… etc. Analizaron el 94% del genoma del chimpancé, y de este, extrajeron el 98% de las secuencias de bases de mayor calidad. Literalmente concluyen:

A total of 50% of the sequence (N50) is contained in contigs of length greater than 15.7 kilobases (kb) and supercontigs of length greater than 8.6 megabases (Mb).’

Es decir, usan para la comparación, [mediante técnica de splicing o ‘corte y empalme’] regiones de empalme mínimo, constituídas por 15, 700 bases, y máximas de 8.6 000 000 bases… del 5% que se considera codificante. Y vuelvo a recordarles que hablamos de un genoma que, si se pretende comparar al humano, está evaluado en unas 6000′ 000 000 [seis mil millones de bases], cuyo 5% representa: 300 000 000 [trescientos millones de bases].

Dicho de otra forma, con un poco de cálculo elemental, en realidad usaron regiones del genoma que van desde el 0.00026%, al 0.14% de su total. Y si lo analizamos con respecto al ADN que se considera codificante, tenemos que la cifra va desde el 0.0052% al 2.86% [fracciones correspondientes a otra fracción que representa el 5% del total del genoma.]

Luego, más abajo, en el párrafo correspondiente a ‘Nucleotide divergence’, encontramos:

Best reciprocal nucleotide-level alignments of the chimpanzee and human genomes cover 2.4 gigabases (Gb) of high-quality sequence, including 89 Mb from chromosome X and 7.5 Mb from chromosome Y.’

Es decir, al establecer la comparación, ven la mayor homología en un sector de 2.4’000 000 [2.4 millones de secuencias de bases], en los que se incluyen 89 000 bases del cromosoma X, y 7,500 bases del cromosoma Y.

Pero la Ciencia ha puesto en nuestras manos una poderosa herramienta de comprobación: la reciente publicación, en la revista ‘GENOME RESEARCH’, de la cartografía detallada del cromosoma X, al que se asocian importantes enfermedades cromosómicas y hereditarias, debidas a las mutaciones que los defensores evolucionistas definen como ‘favorables para la mejora genética de las poblaciones’.

Los científicos de la Facultad De Medicina de la Universidad ‘George Washington’, ubicada en San Louis, localizaron 2.100 marcadores en el cromosoma X, y determinaron que es uno de los más largos, con 160 millones de pares de bases [320 000 000 de bases]. Por otra parte, se sabe que el cromosoma Y contiene más de 200 genes y unos 50 millones de pares de bases 100 000 000 de bases]. No quiero dejar de aclarar que las mutaciones de este cromosoma tampoco son buenas para una hipotética evolución, ya que producen múltiples enfermedades, tales como la azospermia y la disgenesia gonadal.

De donde se deduce que, en el proyecto hombre-chimpancé, del cual dicen que se tomaron secuencias al azar, se puede observar que:

– Para decidir dónde vieron mayor homología, se circunscribieron solo al 0.04% de los datos que aparecen inscritos en la hebra del genoma.

– Compararon solo el 0.28% de toda la información contenida en el cromosoma X.

– Compararon solo el o.o15% de toda la información contenida en el cromosoma Y.

Por último, quiero comentar sobre otra parte del trabajo hombre-chimpancé: el punto ‘divergencia’ de los dinucleótidos Cpg. Quiero puntualizar que esto se conoce en genética como ‘metilación del ADN’, un proceso biológico, contextuado en el ADN, que ayuda en general a la estabilidad de las células. Se ha comprobado en laboratorios, que las células a las que se quita experimentalmente las “DNA metiltransferasas” (encargadas de la metilación) degeneran y tienen más mutaciones, provocando distintos tipos de cáncer.

Estos dinucleótidos Cpg no se encuentran por todo el genoma, sino al principio de los trozos que codifican genes [las zonas ‘promotoras’, que deducen si un gen va a ser leido por la maquinaria celular para convertirse en proteína].

Algo de mucha actualidad investigativa, debido a su influencia como ‘reguladores’ ante distintos tipos de cáncer, así como de gran peligrosidad, pues los fallos de la metilación se heredan, a modo de ‘mutación’: si uno de los progenitores tienen mal metilada una zona determinada del ADN, su descendencia también la tendrá metilada… y falla el sistema regulador ante esta dolencia que mata a millones de personas en el mundo, cada día. Obviamente, nada bueno para una mejora genética, sino causa de su empeoramiento y decadencia.

En ese párrafo se expresa:

By correcting for the estimated coalescence times in the human and chimpanzee populations (see Supplementary Information ‘Genome evolution’), we estimate that polymorphism accounts for 14–22% of the observed divergence rate and thus that the fixed divergence is 1.06% or less.’

Es decir, les resultó evidente esta alta tasa de divergencia, y se acudió a dar una explicación capaz de minimizar ¡hasta el 1.06% o menos!, lo que sus propios ojos habían detectado antes. Sus propias pruebas sobre la Metilación del ADN en ambas especies, mostraron una divergencia sustancial elevada, entorno al 14-22% por base, que representaban el 25,2% de todas las sustituciones, mientras que constituían sólo el 2,1% de todas las bases alineadas. Ante esta situación comprometedora, acudieron entonces a plantear que la divergencia en los sitios CPG fue debida a la ‘pérdida de ancestrales CpGs’ y la ‘creación de nuevas CpGs’.

O sea, intentan defenderse de una evidencia que señala en contra de la teoría, lanzando al aire otra teoría. No aprenden los muchachos; siempre el afán de ‘demostrar’ todo teorizando, ya que les resulta imposible lograrlo desde las pruebas de laboratorio, esas, las científicas de las que tanto hablan.

Más abajo, en la gráfica 2 del artículo de Nature, se puede apreciar esta divergencia, en este caso en el cromosoma 1; les exhorto a que la visiten y lo vean con sus propios ojos.

En resumen, la evidencia de homología entre monos y humanos que se propugna, se hace desde la comparación de:

– Regiones del genoma que van desde el 0.00026%, al 0.14% del total.

– Regiones que van desde el 0.0052% al 2.86% del 5% del genoma: el ADN codificante.

– Para decidir dónde vieron mayor homología, se circunscribieron solo al 0.04% de los datos que aparecen inscritos en toda la hebra del genoma.

– Compararon solo el 0.28% de toda la información contenida en el cromosoma X.

– Compararon solo el 0.015% de toda la información contenida en el cromosoma Y

-Redujeron la evidente divergencia en la importante ‘metilación’ [14-22%] observada durante su trabajo, a un 1.06%, mediante un anexo explicativo de un ‘por qué’ que niega los propios resultados del trabajo. Borran y alteran todo aquello que les refuta, y se abrazan a toda teorización que les dé el imperioso apoyo… aunque solo hayan comparado menos del 1% del total de la información real que aparece inscrita y codificada en la molécula de las dos hélices de las dos especies implicadas.

Para sus conclusiones, se dejaron por el camino, más del 99% de la información genética que aparece en las células. ¿Puede considerarse esta investigación como suficiente para lanzar una proclama de hermandad genética por homología, persona-chimpancé? ¡Obviamente no! Y sé que todo aquel que lea sin el prejuicio característico de los seguidores de Darwin, coincidirán en que estamos ante otra nueva función de circo.

Trabajé durante 10 años en un centro científico; participé en los últimos 5 como apoyo electrónico a distintos temas de investigación, como el miembro profesionalmente más humilde, de un equipo multidisciplinario. Estuve codo a codo con ellos, físicos nucleares, radioquímicos, matemáticos… comparando distintas muestras en analizadores multicanales, radiándolas con diferentes isótopos y apantallándolas con distintos tipos de materiales, exigiéndome circuitos puntuales en los preamplificadores, que redujeran el error al mínimo, incluso en los indeseables y obligados efectos microfónicos. Escuché los distintos puntos de vista entre ellos, analizando el celo de sus planteamientos y su seriedad a la hora de dar conclusiones…

Y les aseguro que jamás elaboraron teorías, implicando tanta ausencia de información como lo han hecho en este trabajo. Personalmente, aquí veo intencionalidad. No se descubrió nada, sino se partió desde el principio de la investigación, en busca de pruebas dirigidas, que garantizaran la flotabilidad de la teoría evolutiva, a como fuera… y eso, señores, no puede llamarse ciencia, sino ‘fraude inductivo’, para guiar a los profanos hacia el pensamiento: ¡Oh, lo ha dicho la Ciencia; debe ser cierto!

Pues escuchen bien: ¡No lo ha dicho la Ciencia! ¡Es una tergiversación manipulada por unos desaprensivos que lo que menos les interesa es la Verdad! Solo lo hicieron por vanidad, para buscar notoriedad a como fuera, tergiversando en todas las direcciones. Pero ocurre que, como resulta conveniente al alto núcleo de defensores de Darwin y sus sueños, porque puede representar un apoyo económico importante en sueldos y subvenciones, prefieren darle el visto bueno, el apoyo moral… y por supuesto, ese aplauso que dice más o menos:

¡Qué bien lo hemos hecho! ¡Hemos vuelto a engañarles y llevarles a donde queremos!

¡Pobre sociedad! ¡Qué ceguera espiritual tan bien aprovechada por los enemigos de Dios!

Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y pierde su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará también de él, cuando vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles.” [Mar 8:36-38]


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EVOLUCIÓN, Y LA JOVEN EVA MITOCONDRIAL

julio 26, 2008

Cierta vez, mientras yo intentaba aprender más sobre mitocondrias, como una de las diferencias entre procariotas y eucariotas, encontré esta definición, de concepto evolutivo:

“Los cálculos estadísticos que se han realizado informan que, en los mamíferos y en concreto en el hombre, cada 10.000 años aproximadamente surge una mutación en una de las bases del ADN mitocondrial. Es decir, la diferencia entre una mujer que hubiera nacido hace 40.000 años y un descendiente directo, vía materna que viviera hoy, sería por término medio, 4 bases. De hecho, un estudio realizado en los ADNmt de los europeos (Bryan Sykes), afirma que estos provienen de siete mujeres, las siete hijas de Eva. La más antigua habría vivido hace 45.000 años y la más moderna hace unos 15.000 años. La Eva mitocondrial, la antepasada común más moderna de todos los seres humanos que hay en el mundo, se remontaría de este modo a unos 150.000 años.”

Como esto se contrapone frontalmente con mi convicción de una Tierra mucho más joven, siempre según la instrucción recibida de Jesús, Bereshit judío bajo el brazo (Las Escrituras a las que constantemente se refiere en la Biblia), decidí que tendría que estudiar mucho para ser capaz de hallar los datos científicos que negaran esta teoría de ‘los 1500 siglos’ de convivencia humana. Lo he hecho, y he llegado a la siguiente conclusión:

El Genoma mitocondrial, [ADNmt], contiene los datos genéticos de las mitocondrias, esos orgánulos demasiado ‘programados’ para ser casuísticos, y que entre otras cosas, generan la energía celular Y he visto además, que su herencia generacional, aunque se afirma que es matrilineal, en realidad es negada ocasionalmente. Dicha exclusividad está desmentida al acreditarse la transmisión de enfermedades de este origen por vía parental.

El ‘New England Journal of Medicine’ (2002) reseña:

“Marianne Schwartz y John Vissing, del Departamento de Genética Clínica del Hospital Universitario Rigs, en Copenhague, han recogido el caso de un hombre de 28 años con miopatía mitocondrial asociada a una delección 2 bp del ADNmt, en el gen ND2, que codifica una subunidad del complejo enzimático ‘l’, de la mitocondria de la cadena respiratoria.

Han determinado que la mutación en el ADNmt es paterna, y que supone el 90% del ADN mitocondrial del músculo del paciente. Mientras no se conozca en qué porcentaje hay transmisión de ADN paterno, que en principio no tiene por qué causar enfermedad y por tanto no es detectable clínicamente, como en el caso citado, no se podrá “ajustar” la fiabilidad de este método.”

En el ADNmt humano, hay solo 37 genes codificantes (no existen zonas no codificantes); en el ADN cromosómico del núcleo celular, hay entre 20-25 mil genes. Esto facilita más la labor de investigación en el primero. Otra característica substancial del ADNmt es que no se recombina; implicando que los únicos cambios que haya podido sufrir, exclusivamente se deben a mutaciones a lo largo de multitud de generaciones.

No obstante, suponiendo que esta información viene solo de la madre, y que no varía generación a generación, replicando la huella de cada mamá genética, se debería llegar hasta la Eva de los orígenes. A veces ocurren raras mutaciones que una madre pasa a su cría, y permiten a los genetistas ‘ubicar’ los ancestros en el eje del tiempo. Un ejemplo: si su abuela adoleció una mutación en su ADNmt, sus hijos y ‘los hijos de sus hijas’ heredaron el fallo genético, esa línea familiar será diferente al resto de la población del mundo, permitiendo identificar a todos los descendientes de esta madre.

En el 1987, científicos de la Universidad de Berkeley, California, publicaron un estudio comparando el ADNmt de 147 personas de todas las zonas geográficas del mundo (chinos, hindúes, africanos, europeos, aborígenes, etc.) El resultado arrojó que todas… ¡tenían el mismo ancestro femenino! Todos venían de la misma madre: la “Eva mitocondrial”.

No hay ningún pasaje bíblico, referente a ella, más que la que menciona a la superviviente esposa de Noé, descendiente directa de Eva, en unas 10 generaciones. ‘Bereshit’, el génesis original judío, escrito por Moisés, y que Jesús llevaba consigo para instruir sobre la Verdad, nos dice, en su capítulo 7, versículo 7:

“Noaj (Noé), con sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos, entraron al Arca a causa de las aguas del Diluvio.”

Humanos y mamíferos terrestres perecieron en el diluvio universal; solo Noé y sus 3 hijos varones, subieron al arca con sus mujeres, salvándose. Así que en realidad no hay una, sino 4 Evas mitocondriales en la expectativa de la humanidad; sin embargo, las nueras de Noé, genéticamente están a la misma distancia aproximada que su esposa, de modo que sus mitocondrias debieron haber sido casi idénticas.

¿Mas, de dónde vinieron estas Evas? Inicialmente se concluyó que probablemente de África; pero estudios ulteriores señalan que el origen fue Asia o Europa. (Marcia Barinaga, ” ‘La Eva Africana’,” Science, Vol. 255, 7 febrero 1992, pp. 686-687.)

Y aquí, antes de hablar del ADNmt, se presenta otra congruencia Ciencia-Bíblia, pues esta cita que las sobrevivientes criaron a sus hijos entorno al Monte Ararat, [Bereshit/Génesis 8:4], que la tradición judía ubica en el extremo oriental de la actual Turquía: ¡Casi Europa! En otras palabras, todos los contemporáneos podemos reclamar a alguna de esta 4 Madres como nuestra joven tátaratátara, aun por cumplir los 6000 años.

Esto arroja otro punto de debate: ¿Cuándo vivieron esas Evas mitocondriales? Analicemos Armenia, situada en las montañas que rodean el monte bíblico. Los arqueólogos tienen pruebas de que fue uno de los primeros lugares de la civilización humana, incluso la cuna de la agricultura y la civilización. ¡Desde 6000 a. C. hasta 1000 a. C! Fósiles locales de herramientas, lanzas, hachas e instrumentos de cobre, bronce y hierro, indican que se produjeron allí y se comercializaron en tierras vecinas, donde no existe igual abundancia de metales.

Llegados a aquí entremos en el rastreo de los lenguajes. Los lingüistas admiten claramente que no saben cómo se originan los idiomas, pero sí cómo se extienden o distribuyen hacia distintas áreas del mundo, y en “La historia temprana de los idiomas indoeuropeos”, los especialistas Thomas V. Gamkrelidze y V. V. Ivanov ( no cristianos), concluyen:

“Nuestro trabajo indica que el protoidioma nació hace unos 6,000 años, en la Anatolia oriental (oriente de Turquía)…” [Scientific American, Vol. 262, Marzo 1990, p. 110]

¡6000 años! ¡Imposible hallar mayor congruencia entre las cronologías y lugares bíblicos, y las edades y sitios científicos!

Varias generaciones después del Diluvio, los idiomas se multiplicaron a partir de Babel (Bereshit/Génesis 11:1-9). El ‘Babel’, relacionado con el vocablo inglés “babble”, que significa “proferir sonidos sin significados.” La mayoría de los teólogos coinciden en que la Torre de Babel existió en algún punto entre los ríos Tígris y Éufrates, un área circunscrita a la antigua Babilonia y el Monte Ararat.

Y ahora, regresemos a las investigaciones del 1987, sobre el ADNmt de 147 personas y la “Eva mitocondrial”, donde empieza en verdad el debate. ¿Cómo cotejar la asiduidad de mutaciones del ADNmt? El cálculo mitocondrial evolutivo ofrece una contradicción: Eva tiene unos 150000 años, y Adán, solo 50000; 84.000 años esperando al padre de sus hijos. ¿Cómo se mantuvo viva la especie de esa Eva evolutiva durante 84000 años, sin un Adán que la hiciera madre? Solo quedando embarazada de machos de otra especie; ¡84000 años de híbridos germinantes, sin una sola presencia fósil! Y  a eso, sin inmutarse, le llaman Ciencia.

Note que esta conclusión Eva-Adán mitocondrial se afirma como algo probado, aunque se base en supuestos sin evidencias… y el número arrojado no concordó con la posición anterior, según se esperaba. Todo lo contrario, restó millones de años a la posición sostenida anteriormente, pues hasta ese momento la evolución enseñaba en las aulas que el “ancestro común de los humanos era una criatura parecida a los monos, existente millones de años atrás”.

Mas, sorprendentemente, en 1997 [y al fin hemos llegado a lo mejor], científicos evolutivos ultimaron tras un estudio, que las mutaciones del ADNmt ocurren 20 veces más rápido que lo que se pensaba. Los ritmos de mutaciones se fijaron, concluyentemente, comparando el ADNmt de múltiples pruebas de madre-hijo. Usando este nuevo método (propuesto por evolucionistas), Eva mitocondrial vivió hace aproximadamente… “¡6,000 años!”

Se han hecho varios trabajos para medir explícitamente la tasa de sustitución en el ADN mitocondrial. Una referencia es Parsons, Thomas J., et al., En esa investigación, se observó una alta tasa de sustitución en el control de la región ADN mitocondrial humano. [Nature Genetics vol. 15, abril de 1997, pp. 363-367].

También en http://www.cs.unc.edu/~plaisted/ce/mitochondria.html, se dice:

“La tasa y el patrón de secuencia de sustituciones en la región de control (CR) ADNmt, es de vital importancia para los estudios evolutivos humanos, y la identificación en pruebas forenses. Así, en un informe de medición directa entre tasa de sustitución en humanos, en zona CR, se cotejaron secuencias de ADN de dos segmentos hipervariables de parientes cercanos, vía materna, de 134 linajes ADNmt. Todos independientes y abarcando 327 generaciones, en las que fueron observadas diez sustituciones; lo que resultó en una tasa empírica de 1 cada 33 generaciones o 2.5/site/Myr. Unas veinte veces mayor que las estimaciones derivadas de análisis filogenéticos.”

Algo más adelante continúa:

[“El rango de sustitución observado aquí es muy alto en comparación con los deducidos de otros estudios evolutivos. Una amplia gama de tasas de sustitución CR se han obtenido de estudios filogenéticos, abarcando unos 0.025-0.26/site/Myr, incluidos los intervalos de confianza. Otro dio una estimación más rápida: CR: 0,118±0.031/site/Myr; asumiendo un tiempo de generación de 20 años, que correspondió a ~ 1 cada 600 generaciones, con una edad total ADNmt, de 133000 años.

Pero nuestra observación de la tasa de sustitución: 2.5/site/Myr, es unas 20 veces más alta que la prevista a partir de análisis filogenéticos. Nuestro tipo empírico para calibrar el reloj molecular ADNmt se tradujo en una época de los ADNmt MRCA, de sólo unos 6500 años, claramente incompatible con la edad conocida del humano moderno. Aun reconociendo que el MRCA de ADNmt puede ser más joven que el MRCA del humano actual, sigue siendo plausible para explicar la distribución geográfica conocida del ADNmt, secuencia de variación de la migración humana, producida sólo en los últimos ~ 6500 años.]

O sea, como siempre, si se llega a una evidencia contradictoria con la teoría evolutiva, se acude a la argucia argumental para intentar quitar importancia al resultado científico que les niega; pero ahí está: otra contradicción evolutiva demostrada por la misma Ciencia a la que se pretende usar de sostén. De nuevo, como en el artículo anterior, el reloj molecular no se corresponde con las expectativas de la teoría evolutiva basadas en un planeta anciano. El reloj molecular que dató el mitocondria madre anterior, se ‘calibró’ asumiendo que surgimos de los simios hace unos cinco millones de años.

Esto añejó a ‘Eva’ en cientos de miles de años atrás; pero cuando el rango de las mutaciones actuales fue medido y usado en el cálculo, la fecha resultó en 6,500 años: el pretendido reloj de su razón resultó correr más rápido que lo que se esperaba. Cualquier parecido con la historia Bíblica… no es casual. ¡Qué ironía: La Ciencia les arroja en los brazos de lo mismo que niegan!

Por supuesto, otra evidencia que surge de este experimento, es que los procariotas no se volvieron mitocondrias, sino que ambos surgieron a la par… durante la Creación de Dios. El necesario protocolo de años para que un virus, supuestamente, adquiriera su propia fuente de energía, ha sido echado abajo de golpe. La información real de estos hallazgos científicos tiene más sentido en el marco Bíblico de la historia: se corresponde con la creación de la variedad biológica desde el principio, y con la instrucción de un gran Diluvio creando muchos fósiles en un período corto de tiempo, un lapso total de miles de años.

Las noticias de la revista ‘Nature’ y otras que no pongo aquí, porque aun me falta contrastar datos, dicen que según el nuevo reloj, Eva apenas tendría unos 6000 años de edad. Parsons dice que “estudios evolutivos le incitaron a esperar una mutación en 600 generaciones”. Se “pasmaron” al hallar 10 cambios de bases-pares, que les daba el rango de una mutación aun menor: cada 40 generaciones. [Parsons, T.J. et al «A high observed substitution rate in the human mitochondrial DNA control region», Nature Genetics 15: 363-368, 1997].

La evolución ha tratado de evadir la fuerza de estos resultados respondiendo que el alto rango de mutación sólo ocurre en ciertos trozos de ADN llamados «puntos calientes» y/o que el alto rango (observado) causa mutaciones que «borran» los efectos de este alto rango. Por lo tanto, convenientemente, el rango es asumido alto durante un corto tiempo o bajo durante un periodo largo de tiempo, según convenga: un intento de amoldarse a la verdad que le sale al paso; ‘instinto de supervivencia’. Otro ‘quite’ que le impone la Ciencia, que en este milenio del conocimiento y la luz, le está pasando factura y le seguirá pasando, por cada embuste que ha sido capaz de generar en su particular cruzada antiCristo.

La importancia de estos hallazgos en tiempo real, anulan todo lo que existe en bibliotecas con respecto a ‘homimonos’ ancestrales, erróneamente datados por el ADN mitocondrial. Los 6000 años mitocondriales resultan otra confirmación de que, cada vez que la Ciencia está en condiciones de contrastar la manifestación bíblica, ambas son coincidentes, negando las afirmaciones de una teoría evolutiva a la ligera, que lleva más de un siglo cambiando constantmente sus cálculos, intentando sobrevivir a sus propios errores.

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