EL SISTEMA INMUNE NO SE DEBE A MUTACIONES.

diciembre 4, 2008

La verdad de Cristo ilumina al conocimiento; su luz es, y será siempre, la pesadilla del diablo.’

Constantemente, en escuelas, libros de texto, blogs, e incluso en libros de uso profesional, se habla de mutaciones para explicar la riqueza de respuestas del sistema auto inmune. ¿El motivo?: El genoma humano con 25000 genes, regula un sistema Inmunológico con 1000 millones de anticuerpos proteicos distintos y 10 billones de receptores de células T. ¿Cómo se logra esto? ¿Es la pretendida ‘selección natural’, mediante mutaciones, la responsable?

La creación de cualquier molécula final de anticuerpo, exige procesos de recombinación genética del ADN y un paso postranscripcional del ácido ribonucleico (ARN), para ensamblar al final el gen de la inmunoglobulina, según lo ‘copiado’ en un ARN mensajero.

Empalmando y combinando trozos de distintas regiones del ADN, se logra multitud de genes que codifican proteínas diferentes, no presentes en el genoma. Acciones rigurosas que solo admiten proliferar aquellas células que sintetizan proteínas que puedan resultar de utilidad durante la respuesta inmunitaria. Y la presencia de enzimas detonantes, interruptores biológicos, y muchos otros controladores, indican que el ADN, el instructor por antonomasia, de alguna forma a la que la Ciencia aun no ha tenido acceso, ‘sabe’ exactamente, qué algoritmos usará. NO SE VE AZAR, SINO PROGRAMA.

Ese poderoso sistema de selección es crucial para el desarrollo de la respuesta inmune, porque es el que determina qué células se van a reproducir. Y aunque los anticuerpos y receptores de células T no solo dependen de la diversidad genética y la recombinación somática, esta constituye la base de la vasta diversidad de los anticuerpos.

La recombinación VDJ es un mecanismo que se da en vertebrados, para seleccionar y ensamblar segmentos de genes que codifican proteínas específicas con papeles importantes en el sistema inmunitario. Las moléculas de anticuerpo humanas (y los receptores de linfocitos B) comprenden cadenas ligeras y pesadas que contienen regiones tanto constantes (C) como variables (V) codificadas mediante tres tipos de genes.

– Gen de la cadena pesada – localizado en el cromosoma 14.

– Gen kappa (κ) de la cadena ligera – localizado en el cromosoma 2.

– Gen lambda (λ) de la cadena ligera – localizado en el cromosoma 22.

Esto es así, porque la información original, la instrucción como ‘manual de operaciones‘, condiciona al sistema inmune humano, trasmitiéndose de padres a hijos como un inmenso libro biológico, inscrito y codificado en el núcleo de los cromosomas.

La mayoría de los receptores de linfocitos ‘T’, tienen múltiples genes V, D y J en sus cadenas beta (V y J en sus cadenas alfa), que se reorganizan ‘durante el desarrollo del linfocito’, para dotar a la célula con un exclusivo receptor de antígeno. Pero esta reorganización no altera la información original en los cromosomas, que queda invariable, sino su transcripción a ARNm, a la hora de sintetizar linfocitos ‘T’ en estas células en desarrollo.

Sin embargo, la recombinación somática como productor de anticuerpos, no explica todo el sistema defensivo; se ha observado otro mecanismo: la hipermutación somática (SHM). En células ‘B’, este es un recurso del sistema inmune para, mediante cortes de la información original del cromosoma, alterar ‘somáticamente’ las secuencias que asoman inscritas y codificadas en el genoma.

Con estas recombinaciones, se obtienen miles de millones de proteínas, y se crea una respuesta inmune adecuada contra patógenos con gran capacidad de mutación, variación antigénica y mecanismos de evasión sofisticados. Una forma de hacer más eficaz al sistema inmune, ante invasores, como las bacterias.

Su función es ampliar los receptores defensivos, identificando más elementos extraños (antígenos), y adaptando mejor sus respuestas ante amenazas surgidas durante la vida de un organismo. Implica un proceso de ‘cambios programados’ que afectan regiones variables de los genes de inmunoglobulina, alterando su información, pero sin que pueda presentarse como ejemplo de lo buenas que pueden ser las mutaciones, responsabilizando a estas de la variedad genética de las poblaciones, porque afecta solo a células somáticas… no provoca mutación génica en el ADN de los cromosomas, que son los que van de padres a hijos.

En realidad, la evidencia experimental apoya el punto de vista de que el mecanismo de la SHM hace todo lo posible por evitar mutaciones. Por ej., durante la SHM, la enzima ‘Desaminasa de citidina’ hace que un par citosina/guanina, pasa directamente a uracilo y guanina, desapareados. Los residuos de uracilo no se hallan normalmente en el ADN y por tanto, para mantener la integridad del genoma, las bases de uracilo son retiradas por la enzima reparadora Uracilo-ADN glicosilasa.

Bajo microscopios potentes, se ve que la mayor parte de esos cambios, son arreglados por enzimas reparadoras de ADN de alta fidelidad; o sea: PROGRAMA. No son mutaciones al azar, sino cambios calculados en la información, dirigidos por algoritmos del programa ADN; operaciones que permiten hallar la solución ante una invasión peligrosa, sin alterar los datos genéticos hereditarios.

En la célula del linfocito ‘B’ en desarrollo, el primer evento de recombinación tiene lugar entre un gen del segmento D y otro del segmento J del locus de la cadena pesada. Se ‘corta’ todo fragmento de ADN entre las secciones seleccionadas. Tras una serie de procesos, donde se elimina lo que no conviene, mediante los ARNm se logra un gen VDJ renovado. Algunos textos comparan este efecto, con un diseñador de la moda recortando y uniendo tramos de distintas telas, desechando el resto, para crear vestidos de pasarela.

Al final, hay un transcrito primario, con la región VDJ de la cadena pesada, y las cadenas constantes Cμ y Cδ, creando los segmentos V-D-J-Cμ-Cδ. Se fabrica un ARN primario, y su traducción en ARNm produce la cadena pesada de la proteína Ig μ; es decir, la proteína correspondiente a cada momento inmunitario, se expresa mediante la TRANSCRIPCIÓN de un gen específico y ‘reordenado’, que causa la molécula de pre-ARN.

Su procesamiento elimina secuencias intermedias, y empalma las otras, creando una información diferente en el ARNm. La posterior traducción de este ARNm, la maduración del producto proteico inicial, y consecutivas acciones semejantes, dan lugar a la cadena final.

En el caso de las cadenas ligeras, empalmando regiones codificadoras de la unidad ‘VJ’, por ejemplo, con la que codifica la unidad ‘C’. Y en el caso de las pesadas, de una manera similar, pero implicando 3 segmentos en lugar de 2, lo que aumenta aun más las combinaciones obtenidas. Pero no hay mutación, por ningún lado, sino ‘cambio intencional‘ por algoritmo, en la copia de péptidos y polipéptidos en el ARNm, durante la transcripción… sin alterar el ADN original. O sea, ninguna de las acciones ocurre en los cromosomas [donde habita la instrucción genética que crea al sistema inmunológico], sino en el nuevo ADN, el de la célula de los linfocitos B en desarrollo; sin ‘mutaciones‘ en las secuencias correspondientes al ADN original.

La información con las nuevas secuencias genéticas es obtenida de la del cromosoma; mediante acertadas elecciones y recortes, es transcrita una nueva información genética en el ARNm, elaborando miles de millones de combinaciones; pero no ocurre al azar, sino según ALGORITMOS derivados del programa ADN del individuo. Sabiendo que un algoritmo es una relación de operaciones derivadas de un programa; organizadas, bien definidas, comparando y escogiendo datos, que permiten dar solución a un problema. Mediante esos procesos sucesivos y precisos, ocurren millones de combinaciones que llevan al resultado conveniente y ‘buscado‘.

Se les llama MUTACIÓN, porque todo estudio actual sobre biología, si aspira a parecer serio ante quienes controlan la información científica hoy, está prácticamente obligado a introducir el concepto evolutivo en cada trabajo… o no se les reconoce mérito investigativo. Se parte de la base conceptual:

La mutación es la fuente primaria de variabilidad genética en las poblaciones, mientras que la recombinación, al crear nuevas combinaciones a partir de las generadas por la mutación, es la fuente secundaria de variabilidad genética

¡Ese es el verdadero nexo pretendido! Se quiere demostrar, con el ejemplo del Diseño del Sistema Inmunológico, lo correcto que resulta el principio apriorístico: ‘las mutaciones han generado todo lo que vemos en biología ‘. Pero, y esto es muy importante, esos cambios No trascienden al hijo/a, pues son ‘somáticos‘ y no varían la información ADN original; los hijos heredarán la misma genética de los cromosomas del padre y la madre, si no ocurre algún accidente mutante por el camino. Es en ese caso que sí podrá llamarse MUTACIÓN; y esta es MALA, pues genera debilidad del sistema inmune, ante múltiples enfermedades virales que al final pueden convertirse en pandemias.

Un caso significativo es el de la gp120, una proteína que se halla en la superficie del VIH. Esta molécula es estable y, lo que es más importante, vulnerable al ataque del anticuerpo específico ‘b12’… que, aunque muy raramente, aun presentan las personas que son capaces de mantener el virus del SIDA ‘a raya’ de modo natural. El punto donde la proteína viral gp120 se une a los linfocitos CD4 para neutralizarlos, es el lugar exacto que prevé el Diseño del Sistema Inmunológico, para su unión con el anticuerpo ‘b12’.

Así, cuando este se acopla a la molécula del SIDA, le impide entrar en la célula inmune. Es como pegar algo a la punta de una llave, para impedirle entrar en la cerradura que abre la puerta de invasión al cuerpo humano. [Otros anticuerpos muy poco frecuentes, debido a mutaciones generacionales, que neutralizan al VIH, son el 2G12, 4E10, y 2F5.]

Una vez que ha sido activada y efectiva una respuesta inmunológica específica contra cualquier patógeno, esta acción ya forma parte de la memoria inmunológica. Si nuestro organismo enfrenta un microbio, antes eliminado, el resorte actúa a la máxima intensidad, y lo neutraliza. Y este ‘recuerdo’ inmunológico queda almacenado en las llamadas células T de memoria… cuya síntesis también está regulada en el programa de instrucción contenido en el ADN, ese que continuamente se pretende presentar como algo ‘casuístico’.

Y me refiero, por supuesto, a la inteligencia exterior imprescindible, el Dios Creador de todo, que se prefiere obviar y hacer ver como algo abstracto, instruyendo sobre una instrucción sin instructor, un programa sin programador, y un código sin codificador. Lo que jamás dejaré de proclamar a voz en cuello, hasta que el mundo acepte la locura e irreflexión existente en la teoría evolutiva.

El diseño original de nuestro sistema inmunológico, ‘sabía‘ neutralizar el ataque del VIH. Pero mutaciones trasmitidas a gran escala, mediante los cromosomas, proliferaron la alteración de este gen durante generaciones, a través de los siglos, causando que el VIH terminara convirtiéndose en un mal casi imposible de erradicar. Entra por causa sexual, más bien, por aberración sexual, que luego es distribuida por el pecado humano, lo mismo a personas inocentes, que a culpables de ir contra el plan de Dios y contra las leyes que nos han sido legadas a través de las Escrituras.

Las llamadas dolencias raras, en general, se deben a esas mutaciones: el sistema inmune falla y se generan nuevos males. El propio VIH lo fue, antes de convertirse en plaga.

En Genética, se denomina ‘mutación somática’ al cambio, con respecto a la información de los cromosomas, que afecta a las células somáticas del individuo. Jamás debe dirigirse en la dirección ‘mutación genética favorable‘, pues no trasciende a los hijos. Las mutaciones que afectan solamente a las células de la línea somática no se transmiten a la siguiente generación; y son somáticas, todas las que forman el conjunto de tejidos y órganos de un ser vivo, procedentes de células madre originadas durante el desarrollo embrionario, y que sufren un proceso de proliferación celular, diferenciación celular y apoptosis.

El decir que durante la recombinación sucedida en el proceso inmunológico, se muta la información original, en el sentido de ‘mejorar la especie‘, es un bulo, una información tergiversada y dirigida en la dirección conveniente con la idea de lograr que una teoría obsoleta y anticiencia, logre sobrevivir el tiempo suficiente para que alimente a quienes necesiten de ella… y a sus familias. No es argumento nacido en laboratorios, sino un capricho exhibido de forma ‘argumentalmente seudo científica’, para confundir, alterar la verdad, e inundar el conocimiento humano con océanos de falsos conceptos antiCristo.

Por último, la experiencia confrontada en hospitales, es que una mutación del sistema inmune genera enfermedades graves en los dueños de los genomas afectados. Dichas alteraciones genéticas causan, reconocidas hasta el día de hoy, enfermedades tales como:

– SIDA. Mutación genética que impide la creación de anticuerpos: B12, 4E10, 2G12 y 2F5.

– Anafilaxia, [por mutaciones en la cadena que codifica para KIT, una proteína implicada, entre otras cosas, en la producción de las células de sangre]

– Angioedema hereditario (HAE), a consecuencia de mutación genética en la instrucción que codifica para la proteína C1-INH.

– Síndrome de Wiskott-Aldrich. Mutación del gen WAS; Enfermedad inmunológica, trastorno recesivo ligado al cromosoma X, que genera deficiencias de las plaquetas y de las células B y T. Situado en el brazo largo del cromosoma X exactamente en la banda 11.22 – 11.23 cuyo producto proteico es necesario para la normal formación del citoesqueleto, y regulador de la función de linfocitos y plaquetas.

– Síndrome Papillon-Lefévre (SPL). Raro caos autosómico recesivo, asociado con el gen 11q y mutaciones en Cr 12 y 17. Presenta alta expresión de HLA-DR y CD 11b en leucocitos, fallos en transición de las células T nativas a células T de memoria y un incremento de moléculas de expresión como CD2, LFA-1, CD29 y CD45RO.

– Granulomatía Crónica. Pérdida de un trozo de ADN; deleción del dinucleótido GT al inicio del exón 2 del gen NCF1, que genera la mutación de la información que codifica para las proteínas implicadas en ese sector del genoma.

– Alzheimer y cáncer- Mutación del “Factor H”, gen relacionado con el sistema inmune. Deficiencia localizada en el cromosoma 1; considerada como ‘autosómica recesiva’.

Créanme, les cansaría si continuara refiriéndome a enfermedades provocadas por mutaciones y alteraciones en los cromosomas, relacionadas con el sistema inmunológico. Hay muchas detectadas ya; lesionan la información original del ADN, y generan caos, desorden, enfermedades, y/o muerte, al hacer fallar el propósito de protección contenido en el Diseño Inteligente. Un diseño que proclama por sí mismo, el programa exhibido en el código genético.

Una mutación cualquiera, en el ADN, es detectada en seguida por el desarrollo de un programa de control, establecido en el Sistema Inmunológico, que actúa en consecuencia, intentando neutralizar el problema. ¿Cómo puede asociarse esto a la idea de que este complicado sistema, donde se ve control inteligente por todas partes, con millones de reacciones rápidas y efectivas, ante cualquier acción peligrosa, ‘mejora’, gracias a millones de mutaciones al azar?

La respuesta inmunitaria merece ser aceptada, ante todo, como un programa hábilmente diseñado. El sistema inmunológico está formado por millones de células que flotan y deambulan por todo el cuerpo, en busca de anomalías. Todas ellas necesitando comunicarse adecuadamente entre sí para proporcionar una protección adecuada.

Decir que eso es posible desde un azar repetidor de buena fortuna intermitente, durante miles de millones de años, es cualquier cosa menos científico. E insinuar que los cambios ocurridos durante lo conocido como hipermutaciones somáticas, en la dirección de ‘mutaciones buenas’ para mejorar la especie, es tergiversar para dirigir la ausencia de verdad en la dirección de lo que conviene a la teoría evolutiva.

Porque, señores evolucionistas, por mucho que lo intenten, esos cambios, recortes, recombinación de secuencias genéticas… nada de eso puede asociarse con mutaciones convirtiendo unas especies en otras, y ratificando el enunciado del principio evolutivo. La única verdad deducida en los laboratorios, es que se trata de operaciones intencionales; calculadas por algoritmos, a partir del programa ADN contenido en la información original. La inteligencia del proceso se ve precisamente en que resuelven situaciones individuales, sin alterar el código genético matriz. ‘Pero no trascienden a las descendencias‘: NO AFECTAN LAS ESPECIES PARA NADA.

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EVOLUCIÓN, Y LA JOVEN EVA MITOCONDRIAL

julio 26, 2008

Cierta vez, mientras yo intentaba aprender más sobre mitocondrias, como una de las diferencias entre procariotas y eucariotas, encontré esta definición, de concepto evolutivo:

“Los cálculos estadísticos que se han realizado informan que, en los mamíferos y en concreto en el hombre, cada 10.000 años aproximadamente surge una mutación en una de las bases del ADN mitocondrial. Es decir, la diferencia entre una mujer que hubiera nacido hace 40.000 años y un descendiente directo, vía materna que viviera hoy, sería por término medio, 4 bases. De hecho, un estudio realizado en los ADNmt de los europeos (Bryan Sykes), afirma que estos provienen de siete mujeres, las siete hijas de Eva. La más antigua habría vivido hace 45.000 años y la más moderna hace unos 15.000 años. La Eva mitocondrial, la antepasada común más moderna de todos los seres humanos que hay en el mundo, se remontaría de este modo a unos 150.000 años.”

Como esto se contrapone frontalmente con mi convicción de una Tierra mucho más joven, siempre según la instrucción recibida de Jesús, Bereshit judío bajo el brazo (Las Escrituras a las que constantemente se refiere en la Biblia), decidí que tendría que estudiar mucho para ser capaz de hallar los datos científicos que negaran esta teoría de ‘los 1500 siglos’ de convivencia humana. Lo he hecho, y he llegado a la siguiente conclusión:

El Genoma mitocondrial, [ADNmt], contiene los datos genéticos de las mitocondrias, esos orgánulos demasiado ‘programados’ para ser casuísticos, y que entre otras cosas, generan la energía celular Y he visto además, que su herencia generacional, aunque se afirma que es matrilineal, en realidad es negada ocasionalmente. Dicha exclusividad está desmentida al acreditarse la transmisión de enfermedades de este origen por vía parental.

El ‘New England Journal of Medicine’ (2002) reseña:

“Marianne Schwartz y John Vissing, del Departamento de Genética Clínica del Hospital Universitario Rigs, en Copenhague, han recogido el caso de un hombre de 28 años con miopatía mitocondrial asociada a una delección 2 bp del ADNmt, en el gen ND2, que codifica una subunidad del complejo enzimático ‘l’, de la mitocondria de la cadena respiratoria.

Han determinado que la mutación en el ADNmt es paterna, y que supone el 90% del ADN mitocondrial del músculo del paciente. Mientras no se conozca en qué porcentaje hay transmisión de ADN paterno, que en principio no tiene por qué causar enfermedad y por tanto no es detectable clínicamente, como en el caso citado, no se podrá “ajustar” la fiabilidad de este método.”

En el ADNmt humano, hay solo 37 genes codificantes (no existen zonas no codificantes); en el ADN cromosómico del núcleo celular, hay entre 20-25 mil genes. Esto facilita más la labor de investigación en el primero. Otra característica substancial del ADNmt es que no se recombina; implicando que los únicos cambios que haya podido sufrir, exclusivamente se deben a mutaciones a lo largo de multitud de generaciones.

No obstante, suponiendo que esta información viene solo de la madre, y que no varía generación a generación, replicando la huella de cada mamá genética, se debería llegar hasta la Eva de los orígenes. A veces ocurren raras mutaciones que una madre pasa a su cría, y permiten a los genetistas ‘ubicar’ los ancestros en el eje del tiempo. Un ejemplo: si su abuela adoleció una mutación en su ADNmt, sus hijos y ‘los hijos de sus hijas’ heredaron el fallo genético, esa línea familiar será diferente al resto de la población del mundo, permitiendo identificar a todos los descendientes de esta madre.

En el 1987, científicos de la Universidad de Berkeley, California, publicaron un estudio comparando el ADNmt de 147 personas de todas las zonas geográficas del mundo (chinos, hindúes, africanos, europeos, aborígenes, etc.) El resultado arrojó que todas… ¡tenían el mismo ancestro femenino! Todos venían de la misma madre: la “Eva mitocondrial”.

No hay ningún pasaje bíblico, referente a ella, más que la que menciona a la superviviente esposa de Noé, descendiente directa de Eva, en unas 10 generaciones. ‘Bereshit’, el génesis original judío, escrito por Moisés, y que Jesús llevaba consigo para instruir sobre la Verdad, nos dice, en su capítulo 7, versículo 7:

“Noaj (Noé), con sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos, entraron al Arca a causa de las aguas del Diluvio.”

Humanos y mamíferos terrestres perecieron en el diluvio universal; solo Noé y sus 3 hijos varones, subieron al arca con sus mujeres, salvándose. Así que en realidad no hay una, sino 4 Evas mitocondriales en la expectativa de la humanidad; sin embargo, las nueras de Noé, genéticamente están a la misma distancia aproximada que su esposa, de modo que sus mitocondrias debieron haber sido casi idénticas.

¿Mas, de dónde vinieron estas Evas? Inicialmente se concluyó que probablemente de África; pero estudios ulteriores señalan que el origen fue Asia o Europa. (Marcia Barinaga, ” ‘La Eva Africana’,” Science, Vol. 255, 7 febrero 1992, pp. 686-687.)

Y aquí, antes de hablar del ADNmt, se presenta otra congruencia Ciencia-Bíblia, pues esta cita que las sobrevivientes criaron a sus hijos entorno al Monte Ararat, [Bereshit/Génesis 8:4], que la tradición judía ubica en el extremo oriental de la actual Turquía: ¡Casi Europa! En otras palabras, todos los contemporáneos podemos reclamar a alguna de esta 4 Madres como nuestra joven tátaratátara, aun por cumplir los 6000 años.

Esto arroja otro punto de debate: ¿Cuándo vivieron esas Evas mitocondriales? Analicemos Armenia, situada en las montañas que rodean el monte bíblico. Los arqueólogos tienen pruebas de que fue uno de los primeros lugares de la civilización humana, incluso la cuna de la agricultura y la civilización. ¡Desde 6000 a. C. hasta 1000 a. C! Fósiles locales de herramientas, lanzas, hachas e instrumentos de cobre, bronce y hierro, indican que se produjeron allí y se comercializaron en tierras vecinas, donde no existe igual abundancia de metales.

Llegados a aquí entremos en el rastreo de los lenguajes. Los lingüistas admiten claramente que no saben cómo se originan los idiomas, pero sí cómo se extienden o distribuyen hacia distintas áreas del mundo, y en “La historia temprana de los idiomas indoeuropeos”, los especialistas Thomas V. Gamkrelidze y V. V. Ivanov ( no cristianos), concluyen:

“Nuestro trabajo indica que el protoidioma nació hace unos 6,000 años, en la Anatolia oriental (oriente de Turquía)…” [Scientific American, Vol. 262, Marzo 1990, p. 110]

¡6000 años! ¡Imposible hallar mayor congruencia entre las cronologías y lugares bíblicos, y las edades y sitios científicos!

Varias generaciones después del Diluvio, los idiomas se multiplicaron a partir de Babel (Bereshit/Génesis 11:1-9). El ‘Babel’, relacionado con el vocablo inglés “babble”, que significa “proferir sonidos sin significados.” La mayoría de los teólogos coinciden en que la Torre de Babel existió en algún punto entre los ríos Tígris y Éufrates, un área circunscrita a la antigua Babilonia y el Monte Ararat.

Y ahora, regresemos a las investigaciones del 1987, sobre el ADNmt de 147 personas y la “Eva mitocondrial”, donde empieza en verdad el debate. ¿Cómo cotejar la asiduidad de mutaciones del ADNmt? El cálculo mitocondrial evolutivo ofrece una contradicción: Eva tiene unos 150000 años, y Adán, solo 50000; 84.000 años esperando al padre de sus hijos. ¿Cómo se mantuvo viva la especie de esa Eva evolutiva durante 84000 años, sin un Adán que la hiciera madre? Solo quedando embarazada de machos de otra especie; ¡84000 años de híbridos germinantes, sin una sola presencia fósil! Y  a eso, sin inmutarse, le llaman Ciencia.

Note que esta conclusión Eva-Adán mitocondrial se afirma como algo probado, aunque se base en supuestos sin evidencias… y el número arrojado no concordó con la posición anterior, según se esperaba. Todo lo contrario, restó millones de años a la posición sostenida anteriormente, pues hasta ese momento la evolución enseñaba en las aulas que el “ancestro común de los humanos era una criatura parecida a los monos, existente millones de años atrás”.

Mas, sorprendentemente, en 1997 [y al fin hemos llegado a lo mejor], científicos evolutivos ultimaron tras un estudio, que las mutaciones del ADNmt ocurren 20 veces más rápido que lo que se pensaba. Los ritmos de mutaciones se fijaron, concluyentemente, comparando el ADNmt de múltiples pruebas de madre-hijo. Usando este nuevo método (propuesto por evolucionistas), Eva mitocondrial vivió hace aproximadamente… “¡6,000 años!”

Se han hecho varios trabajos para medir explícitamente la tasa de sustitución en el ADN mitocondrial. Una referencia es Parsons, Thomas J., et al., En esa investigación, se observó una alta tasa de sustitución en el control de la región ADN mitocondrial humano. [Nature Genetics vol. 15, abril de 1997, pp. 363-367].

También en http://www.cs.unc.edu/~plaisted/ce/mitochondria.html, se dice:

“La tasa y el patrón de secuencia de sustituciones en la región de control (CR) ADNmt, es de vital importancia para los estudios evolutivos humanos, y la identificación en pruebas forenses. Así, en un informe de medición directa entre tasa de sustitución en humanos, en zona CR, se cotejaron secuencias de ADN de dos segmentos hipervariables de parientes cercanos, vía materna, de 134 linajes ADNmt. Todos independientes y abarcando 327 generaciones, en las que fueron observadas diez sustituciones; lo que resultó en una tasa empírica de 1 cada 33 generaciones o 2.5/site/Myr. Unas veinte veces mayor que las estimaciones derivadas de análisis filogenéticos.”

Algo más adelante continúa:

[“El rango de sustitución observado aquí es muy alto en comparación con los deducidos de otros estudios evolutivos. Una amplia gama de tasas de sustitución CR se han obtenido de estudios filogenéticos, abarcando unos 0.025-0.26/site/Myr, incluidos los intervalos de confianza. Otro dio una estimación más rápida: CR: 0,118±0.031/site/Myr; asumiendo un tiempo de generación de 20 años, que correspondió a ~ 1 cada 600 generaciones, con una edad total ADNmt, de 133000 años.

Pero nuestra observación de la tasa de sustitución: 2.5/site/Myr, es unas 20 veces más alta que la prevista a partir de análisis filogenéticos. Nuestro tipo empírico para calibrar el reloj molecular ADNmt se tradujo en una época de los ADNmt MRCA, de sólo unos 6500 años, claramente incompatible con la edad conocida del humano moderno. Aun reconociendo que el MRCA de ADNmt puede ser más joven que el MRCA del humano actual, sigue siendo plausible para explicar la distribución geográfica conocida del ADNmt, secuencia de variación de la migración humana, producida sólo en los últimos ~ 6500 años.]

O sea, como siempre, si se llega a una evidencia contradictoria con la teoría evolutiva, se acude a la argucia argumental para intentar quitar importancia al resultado científico que les niega; pero ahí está: otra contradicción evolutiva demostrada por la misma Ciencia a la que se pretende usar de sostén. De nuevo, como en el artículo anterior, el reloj molecular no se corresponde con las expectativas de la teoría evolutiva basadas en un planeta anciano. El reloj molecular que dató el mitocondria madre anterior, se ‘calibró’ asumiendo que surgimos de los simios hace unos cinco millones de años.

Esto añejó a ‘Eva’ en cientos de miles de años atrás; pero cuando el rango de las mutaciones actuales fue medido y usado en el cálculo, la fecha resultó en 6,500 años: el pretendido reloj de su razón resultó correr más rápido que lo que se esperaba. Cualquier parecido con la historia Bíblica… no es casual. ¡Qué ironía: La Ciencia les arroja en los brazos de lo mismo que niegan!

Por supuesto, otra evidencia que surge de este experimento, es que los procariotas no se volvieron mitocondrias, sino que ambos surgieron a la par… durante la Creación de Dios. El necesario protocolo de años para que un virus, supuestamente, adquiriera su propia fuente de energía, ha sido echado abajo de golpe. La información real de estos hallazgos científicos tiene más sentido en el marco Bíblico de la historia: se corresponde con la creación de la variedad biológica desde el principio, y con la instrucción de un gran Diluvio creando muchos fósiles en un período corto de tiempo, un lapso total de miles de años.

Las noticias de la revista ‘Nature’ y otras que no pongo aquí, porque aun me falta contrastar datos, dicen que según el nuevo reloj, Eva apenas tendría unos 6000 años de edad. Parsons dice que “estudios evolutivos le incitaron a esperar una mutación en 600 generaciones”. Se “pasmaron” al hallar 10 cambios de bases-pares, que les daba el rango de una mutación aun menor: cada 40 generaciones. [Parsons, T.J. et al «A high observed substitution rate in the human mitochondrial DNA control region», Nature Genetics 15: 363-368, 1997].

La evolución ha tratado de evadir la fuerza de estos resultados respondiendo que el alto rango de mutación sólo ocurre en ciertos trozos de ADN llamados «puntos calientes» y/o que el alto rango (observado) causa mutaciones que «borran» los efectos de este alto rango. Por lo tanto, convenientemente, el rango es asumido alto durante un corto tiempo o bajo durante un periodo largo de tiempo, según convenga: un intento de amoldarse a la verdad que le sale al paso; ‘instinto de supervivencia’. Otro ‘quite’ que le impone la Ciencia, que en este milenio del conocimiento y la luz, le está pasando factura y le seguirá pasando, por cada embuste que ha sido capaz de generar en su particular cruzada antiCristo.

La importancia de estos hallazgos en tiempo real, anulan todo lo que existe en bibliotecas con respecto a ‘homimonos’ ancestrales, erróneamente datados por el ADN mitocondrial. Los 6000 años mitocondriales resultan otra confirmación de que, cada vez que la Ciencia está en condiciones de contrastar la manifestación bíblica, ambas son coincidentes, negando las afirmaciones de una teoría evolutiva a la ligera, que lleva más de un siglo cambiando constantmente sus cálculos, intentando sobrevivir a sus propios errores.

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UN SAPO NO TRASMUTA EN PRÍNCIPE.

junio 16, 2008
PREMIO EXCELENCIA

PREMIO EXCELENCIA

Durante estos días se ha estado tratando en este blog el tema del incremento de las mutaciones humanas, relacionándolas con la imposibilidad de hipotéticos ancestros nuestros corriendo la ineludible carrera del autodesarrollo genético, que les permitiera llegar a andar como lo hacemos hoy, inventar un cohete que les llevara a la Luna, desarrollar la creatividad de la que puede jactarse el ser humano y todas las posibilidades cognoscitivas y analíticas que ‘siempre’ han poseído la mujer y el hombre.

Las enfermedades genéticas cada día representan un mayor reto a los sistemas de salud del planeta. Su herencia depende del tipo de cromosoma afectado (autosómico o sexual), y de si el rasgo es dominante o recesivo. Una mutación en cualquier gen, en uno de los primeros 22 cromosomas no sexuales, puede causar un trastorno autosómico grave.

Los genes asoman en pares y la herencia de un mal resulta dominante cuando un gen mutante de uno de los padres “domina” sobre el otro (aunque este sea normal), y causa la enfermedad; si uno de los progenitores tiene un gen defectuoso dominante, se le considera entonces portador, y les puede transmitir tal mutación a sus hijos (cada uno con 50% de probabilidades de heredar el trastorno). En el caso de la herencia ‘recesiva’, en cambio, ambos genes (en padre y madre) deben estar dañados para causar la enfermedad.

Los resultados de herencia de rasgo ya la vimos en el artículo anterior, cuando una familia sin la enfermedad, pero con los genes recesivos de esta, dieron lugar a 14 afectados en 4 generaciones: hijos, nietos, biznietos y tataranietos. O sea, si una persona nace de padres que porten el gen autosómico recesivo, tiene una de cuatro probabilidades de recibir los genes de ambos padres y presentar la dolencia. Asimismo, la persona tiene un 50% de probabilidades de heredar un gen anormal, y convertirse así en portador.

En otras palabras, si cuatro hijos nacen de una pareja en la que ambos portan el gen, pero que no tienen signos de la enfermedad, pueden presentarse las siguientes situaciones:

– Uno nace con 2 cromosomas normales (No trasmitirá el mal a su descendencia)

– Dos nacen con un cromosoma normal y otro anormal (serán portadores, pueden trasmitir la enfermedad)

– Un hijo nace con dos cromosomas anormales (Adquiere con seguridad la enfermedad)

Profundizando en esta temática, hoy quiero presentarles varios testimonios de hombres y mujeres que han tenido la mala fortuna de ser víctimas de distintas mutaciones congénitas. Por ejemplo, si alguien padece la enfermedad de Huntington, su prole tendrá el 50% de riesgos de herencia; si la madre, prima o tía de una mujer, han padecido cáncer de mama, esta tendrá más peligro de contraer el mal que el resto de la población en general. Por otra parte, ¿tiene el derecho de permanecer en la ignorancia un hombre de 50 años, con historial de Alzheimer en su familia, y padre de un menor, sobre si pertenece o no a un grupo de riesgo con posibilidad de contraer el mal en los próximos diez años?

Sobre esto trata la página: [http://reportajes.wordpress.com/2003/11/01/enfermedades-geneticas-el-test-de-la-verdad/], de la que me he permitido extraer los testimonios:

I- [“Rezo para que mis hijos no me vean muy deteriorado”]

[“Durante años me pregunté por qué no daba la talla y me costaba tanto concentrarme. Siempre fui nerviosillo, y hoy no me acuerdo de muchas cosas de mi pasado. No sé explicar por dónde he venido a casa, y empieza a fallarme el equilibrio. Yo, que he jugado al fútbol en segunda división, me caigo al suelo si intento echar una carrera. Tenía 38 pulsaciones en reposo y he corrido la maratón de Madrid ocho veces: nunca me cansaba de correr.

Tengo dos hijos, de doce y diez años; el mayor también juega al fútbol, y la pequeña hace natación. Estoy separado desde hace un año; se juntó el mal con la crisis matrimonial, y me he venido a vivir con mi madre, Trinidad. Doy largos paseos; no quiero dejar de andar, aunque no pueda ir rápido, y cuando me toca, recojo a mis hijos de sus entrenamientos.

Tuve que dejar el trabajo y he vendido el coche. Me cuesta masticar y tragar: casi me muero por culpa de una brocheta; menos mal que en el restaurante había una enfermera, que me hizo una maniobra para que expulsase la comida. Mi madre tiene 74 años y dice que aprenderá esa maniobra, no me acuerdo del nombre. Los familiares de quienes enferman con el mal de ‘Huntington’ tienen que dominarla.

También me cuesta hablar y escribir; y eso que tenía una letra preciosa. Soy una persona que siempre ha reconocido sus limitaciones. No quiero que mis hijos sufran, por eso soy realista. Y aunque tengo amor propio, sé lo que me espera. Sé que poco a poco la cosa irá a peor, que empezarán las caídas, que no podré ducharme solo…

Por eso rezo para tener calidad de vida durante los años suficientes, para que mis hijos no me vean muy deteriorado. Por lo menos mientras son pequeños. Yo ya tengo medio perdida mi vida, pero quiero que mis hijos puedan decir: éste es mi padre. Cuando me hice el test sabía lo que se me podía venir encima; yo acepto lo que venga”.]

Usted acaba de leer sobre un caso con la enfermedad de Huntington, de origen genético, hereditaria, que afecta al cerebro y suele aparecer entre los 30 y 45 años. El portador del gen permanece normal hasta que comienza su proceso degenerativo. Padece espasmos, realiza muecas, el lenguaje se vuelve ininteligible y apenas puede tragar. No tiene cura; el enfermo acaba en silla de ruedas y muere diez o quince años más tarde. Si se sabe que se tiene ese problema congénito, los planes de futuro se anularán o se limitarán muchísimo.

Veamos otra situación, esta vez en una mujer:

II- [“Soy la mayor de siete hermanas y la única que se ha hecho el test para saber si padecerá la enfermedad de Huntington, de la que murieron mi madre, mi tía y varios familiares. A mi madre no se la diagnosticaron hasta muy tarde. El médico de cabecera le decía que tenía que adelgazar; hasta que se cayó y se rompió una pierna. Se llevó a urgencias y salió el grave problema: obvio para todos, menos para nosotras. Se le prendía la bata en la estufa de gas, se golpeaba en los marcos de la puerta… siempre tenía alguna brecha en la cabeza.

Yo tenía 16 años cuando le diagnosticaron el Huntington. No sabía qué porras decía el médico… pero cuando explicó que era hereditario en el 50% de los casos, sí lo entendí. Entonces te posicionas; decides no casarte y no tener hijos. O solo haces planes hasta los 40 años. Yo quería tener hijos… y deseé saber si también enfermaría. Empecé a moverme, a preguntar; aparecieron las primeras pruebas genéticas, bastante rudimentarias, pero decidí echarle valor.

Cogí el coche, una nevera, una carta del hospital, y me fui a Valencia a ver a todos mis familiares por vía materna para convencerles de que se hicieran un análisis de sangre. Entonces era necesario, para comparar el ADN de sanos y enfermos con el mío, a ver a cuál se parecía más, porque el gen específico no se descubrió hasta 1993.

No tuve infancia; recuerdo a mi madre siempre enferma, a mi padre enfadado… Yo era la mayor, hacía la compra desde los tres años; recuerdo la bañera llena de pañales… Quería tener hijos, sí, pero que no pasaran por lo que pasé yo. Me dieron el resultado y salió bien. Con 28 años, de repente se me abrían todas las puertas. Me casé, tuve la parejita, y la posibilidad de que ellos la sufran es del 0%. Esta enfermedad es cuestión de estadísticas.”]

En este caso, la mujer sobrevivió, pero ella misma reconoce la muerte de su madre, su tía y varios familiares más. El mal (alelos mutantes dominantes), se ceba en las descendencias. Cada hijo o hija de un progenitor portador, si no lo hereda, no la padecerá ni tampoco la transmitirá a sus descendientes. Pero hay una probabilidad de herencia del 50%, que aumenta las posibilidades de incremento, según crezca el número de hermanos.

En 1983 un nutrido grupo de científicos, (entre ellos James Gusella y Francis S. Collins), identificaron el gen dominante causante de la enfermedad, situado en un extremo del brazo corto del cromosoma 4, codificando la proteína ‘huntingtin’ (3.136 aminoácidos)

Pero veamos otro padecimiento debido a mutación genética: la ‘Fibrosis Quística’, que suele provocar trastornos multisistémicos, afectando fundamentalmente a pulmones, intestinos, páncreas e hígado. Sin cura, y cuya supervivencia media para los afectados se estima en 29 años, alcanzando valores más altos en algunos países (36,8 en EE.UU):

III- [“Mi marido se hizo el test genético porque queríamos tener hijos”]

[“Yo empecé a vivir el 8 de febrero de 2002, cuando me trasplantaron los dos pulmones en el hospital Reina Sofía de Córdoba. Cuando la vida te pone tantas trabas como a mí, no dejas escapar ni un momento. La fibrosis quística es una enfermedad de nacimiento, pero a mí me la diagnosticaron con cinco años. Me hicieron el test del sudor y una prueba genética que confirmó el resultado. Lo peor es el deterioro pulmonar; llega un momento en que no puedes vivir sin estar enchufada a una botella de oxígeno.

Cuando ya estás muy mal te ponen en la lista de espera de trasplantes… y a esperar. Puedes morirte aguardando; yo tuve suerte: llevaba un año con oxígeno, gastaba seis litros por minuto, y el calor de Sevilla me tenía postrada, deshidratada. Después del trasplante me han dejado muy claro que ‘mi esperanza de vida teórica es de diez años‘.

Mi marido se hizo las pruebas genéticas cuando aun éramos novios. Yo tenía veinte años y muchas ganas de ser madre; nos dijeron que mi capacidad pulmonar ya estaba al límite para tener hijos (60%), que era entonces o nunca. Él se hizo la prueba y dio normal: no era portador del gen; o sea como yo sí soy portadora, nuestros hijos tendrían un 25% de riesgos de nacer con fibrosis. Entonces te asaltan dudas; ser padres tan jóvenes, sin trabajo fijo, sin casa, mi peligro personal… se nos echó el tiempo encima. Mi capacidad pulmonar se redujo a un 23%; un pulmón ya estaba inutilizado, y al otro le quedaba un pedacito.

Ahora tomo la medicación para el rechazo, y mi situación pulmonar es normal; más que la de mi marido, que es fumador. No puede imaginarse lo que ha pasado conmigo este muchacho… tiene 26 años. Nos casamos después del trasplante y fuimos de viaje de novios a Tenerife. A mí me daba miedo el avión; pregunté al médico ‘si podía volar con los pulmones’. Se rió y me dijo que me habían puesto pulmones, no alas.

Actualmente nos estamos planteando adoptar a un niño. Lo que tengo claro es que la fibrosis no me va a superar ni me va a cohibir. Al revés, me hará disfrutar más de la vida; haré cosas que nunca he hecho, puedo ponerme ropa de deporte y correr entre los olivos. Es un milagro, ¿sabe?”]

Este otro mal derivado de mutación, la fibrosis quística, ahoga a cámara lenta; si ambos padres son portadores del gen dañado, la transmisión a los hijos es segura. Si solo uno lo es, hay un 25% de que la hereden. O sea, el peligro de la multiplicación mutante siempre está latente, en mayor o menor medida. Lo peor son las infecciones pulmonares; las secreciones bronquiales son más espesas de lo normal y dificultan su expulsión. La pérdida de función pulmonar es gradual, y la vida media se sitúa en los 30 años.

Quien hace este artículo, intenta pensar en ancestros de estas personas, como ‘homínidos’. En solo unos años vemos los estragos de las mutaciones genéticas en la sociedad, aumentando más cada vez, pese a los adelantos médicos. ¿Creen que tales mutaciones pudieran ‘optimizar’ la especie, durante millones de años, sin medicina paliativa? ¿Cómo pudo ocurrir la imprescindible ‘mejora’ del cerebro, ‘homínido’-humano, si lo palpable es que la genética no va a mejor, sino a peor?

La verdad es que mis neuronas se ponen en huelga ante lo que consideran un absurdo… igual es que resulto más objetivo que imaginativo y prefiero dejar esas especulaciones para los guionistas de la ciencia ficción o de los cuentos de ‘ranas que se convierten en príncipes.

En realidad fuimos creados mejor que como estamos hoy; nuestro antecesor Adán, vivió casi un milenio, con genes fresquitos. Su pecado hizo que Dios limitara la vida física, mediante la progresiva depauperación genética; la sentencia: ‘muriendo, morirás’ de Bereshit 2:17. La Biblia recoge el detrimento de la esperanza de vida, con datos específicos de la edad de distintas generaciones, hasta los 175 años de Abraham; congruente con los descubrimientos del ADN y de las crecientes mutaciones genéticas que generan distintas y nuevas enfermedades.

Tan nuevas, que solo afectan a un grupo minoritario de la población, como es el caso de la Histiocitosis de Células de Langerhans, con una incidencia de 1 entre 250.000 personas, y solo 15 o 20 casos reconocidos y diagnosticados en España. Surge sobre todo en bebés y niños, pero también en adultos entre 25 y 35 años. En total están registradas más de 5000 enfermedades ‘genéticas raras’; esta es solo un ejemplo.

La explicación es sencilla: los 35-80 años de vida de un ser humano, actuales (según se nazca en paises desarrollados o no), solo representan una ínfima partícula de tiempo ante la vida eterna prometida por nuestro Señor Jesucristo, y confirmada en su resurrección como Espíritu Conciliador. Hacia Él nos dirigimos todos, independientemente de si creemos o no… ese es un problema individual que deberá solucionarse mientras se alimente carne, pues su mano siempre está abierta ante quien decida asirla.

¡Gloria al Cordero de Dios, que borra nuestros pecados y nos ofrece la opción de vida espiritual en su reino eterno!

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LA ‘INVOLUCIÓN’ DE NUESTRA ESPECIE.

mayo 31, 2008

Mayo 31/2008
¿SE MUERE LA RAZA HUMANA?

Para que se cumpliese la palabra que dijo el profeta Isaías: ¿Señor, quién creerá a nuestro dicho? ¿Y el brazo del Señor, a quién es revelado? Por esto no podían creer, porque otra vez dijo Isaías: Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; ‘Para que no vean con los ojos, y entiendan de corazón, Y se conviertan, y yo los sane’. Estas cosas dijo Isaías cuando vio su gloria, y habló de él.” (Juan 12:38-41)

La esperanza de vida ha aumentado ampliamente en nuestra sociedad. La vejez se alarga; pero muchas de las complicaciones debidas al paso de los años, son efectos acumulativos de las lesiones y enfermedades que ha ido sufriendo la raza humana a lo largo de los siglos.

Por los estudios realizados en las últimas décadas, parece evidente la implicación de factores genéticos en este proceso; eso se ve en ciertas enfermedades asociadas, como alteraciones del Sistema Nervioso (Alzheimer, Parkinson…), cáncer, diabetes, etc.

El Alzheimer es el problema neurológico más frecuente entre los mayores de 65 años, y la primera causa de demencia en el mundo. Ya se ha relacionado con el acopio anómalo de proteínas Beta-amiloide y Tau, en cerebros enfermos. También se ha asociado a mutación en los genes PSEN1, PSEN2 y APP; en este caso presentándose en épocas tempranas de la vida, y transmitiéndose de padres a hijos, para convertirse así en un mal genético ‘progresivo‘.

Si actualmente se vive más y mejor, no se debe a recursos favorables provistos por la ‘selección natural’ que muchos proclaman, sino a los apasionantes resultados de los investigadores involucrados en la lucha por mejorar las crecientes calamidades que afectan al ser humano. La teoría evolutiva es irracional: generar cada cambio necesario para garantizar toda la biología existente en el planeta, a partir de un alga o lo que sea que constituyó la primera célula, requiere una inteligencia que ningún evolucionista jamás ha podido señalar; salvo aquellos que la han reconocido en una entidad sobrenatural y se han acercado al Creador.

Los males derivados de alteraciones genéticas son continuos, muchos y muy variados. Los doctores Martin, Oshima, y Ms. Leistritz (Univ. de Washington), desarrollaron un trabajo sobre uno de ellos, el Síndrome de Werner, tratando de identificar los genes que causan las enfermedades de ‘envejecimiento prematuro’. Intentaron comprender cómo estos genes funcionan normal y anormalmente, buscando solución a dicha decadencia, a tumores malignos y benignos concretos y a enfermedades cardiovasculares.

Son casi 30,000 los padecimientos genéticos reconocidos; uno de ellos, la diabetes, es bastante frecuente; de acuerdo con la OMS, en el año 2000 se estimaron alrededor de 171 millones de diabéticos en el mundo, y se calcula que llegarán a 370 millones en 2030. Su mayor peligro es la aparición de complicaciones vasculares debidas a la hiperglucemia, las cuales disminuyen alrededor de un 50% la esperanza de vida de los enfermos.

Por otra parte, ya se reconocen artrosis hereditarias; se ha identificado una anomalía genética específica para la clásica deformidad de los nudillos de la mano, relacionada con una alteración en la síntesis de aminoácidos y un deterioro prematuro de los cartílagos. Aun se sigue estudiando los otros tipos, aunque sí se sabe que las lesiones iniciales se encuentran al nivel del cartílago (degeneración, fisura, reducción).

Otro mal, el Parkinson, que sufre el 1 % de los sujetos de 50 años o el 10% de los de 60 años, y cuya influencia crece generacionalmente, resulta hereditario en el 10% de los casos; en el 90% es adquirido, pero algunos investigadores trabajan sobre la hipótesis de predisposición genética. Algunas neuronas se degeneran, principalmente las que producen la dopamina. Las terapias clásicas representan un progreso importante, pero son únicamente sintomáticas y no impiden la agravación progresiva de los trastornos.

Y en el caso del cáncer, una célula ha tenido que sufrir alteraciones genéticas antes de manifestarse. Según la OMS, pese al éxito de las técnicas actuales, la cruel enfermedad mató 6 700 000 personas en el 2002,  y 7,6 millones en el 2005, solo 3 años después. Se cree que en los próximos 10 años morirán otros 84 millones; muchas veces debido a fallos en la reparación de lesiones en el ADN, un proceso ‘programado’ para su ejecución constante en la célula. Algo esencial para su supervivencia ya que protege al genoma de daños y mutaciones dañinas… y que señala PREVISIÓN, por parte del Diseñador.

Esas lesiones causan averías estructurales a la molécula de ADN, y alteran drásticamente la lectura de la información codificada en sus genes. Si no se corrige el daño, surgen dolencias muy variadas. La mayoría de las células entran primero en senescencia; después, tras las roturas  irreparables sobreviene la apoptosis, un mecanismo de “último recurso“, que intenta evitar que la célula se vuelva carcinogénica y ponga en peligro el organismo.

El fracaso al corregir lesiones moleculares en las células que forman gametos, conduce a descendencias con mutaciones, conspirando así contra la tasa ‘evolutiva‘. El daño del ADN en la célula oscila entre 50.000/500.000 lesiones moleculares al día. Aun así, algunos factores de daño pueden hacer que este rango incluso aumente. Estas cantidades constituyen sólo el 0,0002% de los 3 mil millones de bases; una simple lesión sin reparar, en un gen relacionado con el cáncer (como un gen supresor tumoral) puede tener consecuencias catastróficas para el individuo.

Por ejemplo, dentro de la mitocondria, las formas de oxígeno libre o radicales libres, subproductos de la metabólisis constante de adenosín trifosfato (ATP) en la fosforilación oxidativa, generan un ambiente muy oxidante que daña el ADNmt. Antes de la división celular, la replicación de ADN dañado puede hacer que se incorporen bases erróneas. Cuando las bases dañadas pasan a las células hijas, ya son mutantes, y no hay vuelta atrás. Estudios recientes en japoneses centenarios, mostraron un genotipo mitocondrial común que les hace menos susceptibles a sufrir daños en el ADN de sus mitocondrias.

En general, ‘está programado‘ que las células no toleren daños del ADN que comprometan la integridad y el acceso a la información esencial del genoma; mas a veces las células se mantienen funcionando mínimamente cuando se pierden o alteran genes “no esenciales“. Hemos visto en artículos anteriores, que según el tipo de daño causado a la estructura de doble hélice, ‘saltan‘ varias estrategias de reparación para recuperar la información perdida; si puntualmente, ese proceso falla, surgen mutación y patologías.

Aparecen afecciones genéticas como la Xeroderma pigmentosum (hipersensibilidad a la luz solar o UV, que acarrea mayor incidencia del cáncer de piel y envejecimiento prematuro). O el Síndrome de Cockayne (hipersensibilidad a luz UV y productos químicos) A menudo, con esta última aparece retraso mental, lo que parece indicar una vulnerabilidad mayor de las neuronas en desarrollo. Los afectados parecen más viejos de lo que son, sufriendo a edades precoces, dolencias usuales en ancianos.

Otra enfermedad asociada con la capacidad reducida de reparación de ADN es la anemia de Fanconi. Pero hay muchas otras dolencias genéticas, entre ellas, por citar algunas: Síndrome de Werner (envejecimiento prematuro y retraso en el crecimiento), Síndrome de Bloom (hipersensibilidad a la luz solar, alta incidencia de cánceres, especialmente leucemia), Ataxia telangiectasia (sensibilidad a la radiación ionizante  y algunos productos químicos).

Además, se relacionan directamente con mutación genética, las derivadas de la Herencia Recesiva Autosómica: mutaciones en los dos alelos de un gen, que convierten a la persona en ‘homozigota’ para ese gen. A esta afección genética se debe, entre otras, la fenilcetonuria (o PKU): un desorden que hace que el organismo no pueda metabolizar el aminoácido fenilalanina en el hígado, y afecta al paciente con retardo motor y mental.

También se conoce la Herencia Autosómica Dominante, que se manifiesta con solo una copia del gen alterado. Uno de los males que causa es la ‘enfermedad de Huntington’, antiguamente conocida como ‘baile de San Vito’. Se considera neurodegenerativa hereditaria; destruye paulatinamente los ganglios basales (cerca de la base del cerebro, dentro del telencéfalo), y conduce inexorablemente a la muerte. 

Pero existen muchas más, algunas de las cuales son:

-Neurológicas: Síndrome de Down (Tres Cromosomas 21, en lugar de dos). También la trisomía del cromosoma 13 (“síndrome de Patau”) y el 18 (“síndrome de Edwards”). Infelizmente, el 90 por ciento de los nacidos con estas últimas, mueren temprano. El 5 y el 10% sobreviven al primer año de vida. Existen algunos informes sobre bebés con trisomía 18 o 13 que llegaron a la adolescencia; sin embargo, estos casos son poco frecuentes.

-Endocrinología y metabolismo: Síndrome de Prader-Willi…

-Enfermedades respiratorias: Enfermedad vascular cerebral, Asma, Fibrosis quística, Cáncer de pulmón de células pequeñas, Enfermedad de Zellweger…

-Enfermedades del sistema inmune: Asma, Ataxia telangiectasia, Síndrome autoinmune poliglandular, Linfoma de Burkitt, Diabetes tipo 1, Síndrome de DiGeorge, Immunodeficiencia con hiper-IgM, Leucemia mieloide crónica…

-Patologías del Aparato digestivo: Cáncer colorrectal, Enfermedad de Crohn, Fibrosis quística, Diabetes Tipo 1, Malabsorción Glucosa Galactosa, Cáncer de páncreas…

-Males congénitos del Músculo y hueso: Acondroplasia, Esclerosis Lateral Amiotrófica, Síndrome de Charcot-Marie-Tooth, Síndrome de Cockayne, Displasia Diastrófica, Distrofia de Duchenne, Síndrome Ellis-van Creveld, Fibrodisplasia osificante progresiva…

-Sangre y tejido linfático: Anemia falciforme, Linfoma de Burkitt, Enfermedad de Gaucher, Hemofilia A, Leucemia linfoide crónica, Enfermedad de NiemannPick, Talasemia…

-Males específicos en mujeres: Cáncer de mama, Cáncer de ovario, Síndrome de Rett…

-Enfermedades específicas en hombres: Síndrome de Alport, Cáncer  de Próstata…

-Cáncer: Leucemia mieloide crónica, Melanoma maligno, Neoplasia múltiple endocrina…

Quiero hacer una mención aparte a una de las enfermedades raras: el Síndrome de Von Hippel-Lindau que crea quistes y tumores en riñón, páncreas, hígado y glándulas adrenales. Algunos de estos tumores son benignos, pero otros resultan cancerosos; sus afecciones multifacéticas provocan una vida molesta y dolorosa. Además, con más frecuencia de la debida, afecta la visión, generando muchas veces una deficiencia en la visibilidad que prácticamente sumerje en la ceguera a la persona afectada .

Hay muchas otras que no conducen directamente a la muerte, como el caso de la Catarata genética y el de la Esclerosis tuberosa, raro trastorno génico que causa el crecimiento de tumores no cancerosos en el cerebro y otros órganos, y cuyos síntomas, que varían según la ubicación de los tumores, pueden ser: Problemas en la piel, Convulsiones, Problemas de conducta, Discapacidad en aprendizaje, Retraso mental, Patología renal…

En Resumen: ¿cuántas muertes y padecimientos han provocado y provocan cronológicamente en la humanidad, las dolencias degenerativas derivadas de mutaciones? Sin dudar: ¡cientos de millones!

Sabiendo esto, ¿puede pensarse seriamente que el ser humano está ‘evolucionando‘ hacia una especie ‘mejor‘?

Al margen de toda la técnica y medicamentos paliativos que los investigadores han puesto a disposición de los afectados (un factor externo que ayuda a minimizar los daños e incrementar la calidad de vida), se impone la realidad de un sistema orgánico que va en decadencia, cada vez más, según aumentan las generaciones, y con ellas las fatales alteraciones que se han ido presentando a través de los siglos.

No hemos ‘evolucionado‘ desde fantasmales homínidos, sino que ‘involucionamos‘ como especie; algo avisado desde el principio, en la sentencia ‘muriendo, morirás‘ del Bereshit 2:17 judío: las escrituras que el Señor usaba para instruir a sus discípulos, y que nos enseñan cómo las primeras generaciones (desde Adán, a Matusalén, a Noé), lograron vivir cerca de un milenio. Luego, según se incrementaban las anomalías genéticas, la descendencia de Noé fue menguando en expectativa de vida, desde los 600 años de Sem, hasta los 175 de Abraham.

Los defensores evolutivos se niegan a reconocer la lógica decadencia genética aparecida en la Bíblia; cronología histórica anotada miles de años atrás, por personas que no fueron médicos, y varios milenios antes de que el ADN fuera descubierto por el hombre. Ocaso congruente con la evidencia surgida de siglos de investigaciones médicas, que determinan que década a década aparecen cada vez más enfermedades letales, (por mutación génica), y que apuntan a que en algún momento anterior a ese incremento, la existencia debió haber sido mucho más larga que la de nuestros días.

Tampoco asumen que si las instrucciones de la vida aparecen inscritas en la molécula de ADN, esto implicó antes un ‘INSTRUCTOR’ que lo programara así. Si además aparecen en lenguaje codificado, minimizando el tamaño de la hebra ‘o pergamino de inscripción’, y el espacio que este ocuparía, se demanda una inteligencia imprescindiblemente extrasensorial, pues la primera célula, forzosamente, antecedió a la especie. 

Conformes o no con esto, el escenario no cambiará: Dios siempre estará tras esa evidencia palpable. Así como el ombligo sella en el hombre la huella de su madre, el ADN en el ser humano será la constante rúbrica de nuestro Creador. Dios está ahí; si no se le reconoce en el período de esa posibilidad, se hará ineludiblemente, cuando ya se haya agotado el tiempo para buscarle.

Cristo Jesús murió joven en la cruz; se entregó como el Cordero sin mácula, para lograr ante el Padre el perdón de todos los pecados de la humanidad. Su resurrección nos abrió el camino a la opción de una vida eterna ESPIRITUAL, en el amor, sin genética, sin padecimientos, y sin muerte. Esa es la única y verdadera evolución que debemos esperar, con fe y esperanza en nuestros corazones, pues Él es fiel. 

“Porque  “todo mortal es como hierba,  y toda su gloria como flor del campo;  se seca la hierba y se cae la flor, pero la palabra del Señor permanece para siempre.” (1ªPe 1:24)

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P53: PROTEÍNA PENSADA, NO CASUÍSTICA.

mayo 7, 2008


UNA GUARDIANA DEL GENOMA. 

A nadie que haya leído algún artículo de este blog, se le escapa que lo que intento en cada trabajo es demostrar que toda la vida biológica del planeta constituye un intenso alarido en favor de una inteligencia creadora, solo imposible de escuchar en un mundo de sordos… o de personas que se tapan los oídos con el propósito de desterrar del corazón humano al Creador de todo lo que existe.

Mi objetivo es contrastar el evidente diseño e inteligencia manifestada en cada obra de Dios, con el desarrollo ‘azaroso‘ o ‘casuístico‘ que propugna la teoría de la selección natural, reflejada por Darwin en su libro ‘El origen de las especies’. Publicado el 24 de noviembre de 1859, y articulado en 1871 con su otra obra cumbre del sin sentido: ‘El origen del hombre’, que dicta que descendemos de monos (Porque, un tipo de mono, no es más que un mono, por mucho que alguien se proponga ponerle un disfraz a la expresión), constituyeron el climax del asalto antibíblico, en toda la historia de la humanidad.

El arma de la cruzada de hoy, es la proteína P53, nominada en el 1994 como ‘molécula del año‘ por la revista ‘Science’, provocando la atención del mundo científico. Luego del ensayo en el que se vio involucrada, nació un gran interés entre los estudiosos de la oncología, abriendo nuevas puertas a la expectativa en la lucha contra el cáncer.

Llegado a este punto, es necesario dar una pincelada para hablar del malo de la película: el ‘oncogén‘: un gen que fue normal (‘protooncogén’), pero que cambia sus características luego de una mutación. Junto a otros mutantes, forma el ejército atacante, responsable de la transformación de una célula normal en una maligna, dando lugar a un determinado tipo de cáncer. En el hombre se han identificado y secuenciado más de 60 oncogenes en los diferentes cromosomas del genoma, formando un conjunto muy heterogéneo de enfermedades malignas que harán todo lo posible por acabar con una vida.

El inicio de tumores en el humano o el desarrollo de oncogenes, ocurre como resultado de múltiples eventos genéticos que incluyen la pérdida de actividad de genes que fueron ‘pensados‘ para que actuaran como supresores de tumefacciones. Es el caso de P53.

La proteína p53, se halla en un estado latente y no-funcional en las células no expuestas a agresiones. En condiciones de ataque o daño celular, p53 se activa, de una forma casi mágica: incrementa sus niveles, principalmente aumentando su vida media. Como parte de un eficaz dispositivo, diseñado como ‘sensor‘, comprueba cualquier anomalía a nivel celular; si su ‘programa‘ la considera ‘fatal‘, detectando un tumor, actúa provocando la aptosis o muerte celular, de manera definitiva y autoritaria, sin nada que se lo impida: ‘Muerto el perro, se acabó la rabia‘.

Pero, y atención aquí: también hay capacidad para definir que el daño no es tan grande como para ‘suicidar‘ la célula; en ese caso, siempre en condiciones normales, en ausencia de mutaciones, se ha previsto otro aliado: la proteína MDM2, encargada de controlar a  P53, uniéndose a dicha molécula e impidiendo que se inicie el mencionado proceso. En ese caso, P53 solo detiene momentáneamente la multiplicación celular, hasta recibir un mensaje de vuelta a la normalidad y el metabolismo pueda reiniciarse sin problemas.

La evolución plantea que este proceso se perfeccionó a sí mismo, luego de miles de millones de años, aunque jamás han podido demostrarlo, ya que ni siquiera se ha logrado crear una simple célula en sus sofisticados laboratorios. Algo incoherente, pues, aun aceptando que lo orgánico surgió de lo inorgánico por autogestión, nos queda la otra pregunta: ¿Por qué está indicado todo el proceso de construcción del ser vivo, sea lo que sea, en un lenguaje codificado? ¿Quién codificó ese lenguaje y diseñó las precisas instrucciones? Pregunta incómoda, jamás respondida de forma convincente por la ‘selección natural.’

En las aulas, la teoría evolutiva ‘enseña‘ un surgimiento del azar. Pero veremos que todo en realidad se deriva de un proceso complejo y ‘altamente organizado‘; un ‘software‘ que asegura una completa y exacta operación. Su control es regulado por la actividad de varias proteínas que, como una maquinaria perfecta, actúan de manera armónica y eficaz.

Si lo extrapolamos a las funciones que desempeñan las proteínas en el desarrollo del cuerpo humano, notamos que son muchas e importantísimas, pues intervienen en la formación de los elementos esenciales de todo el organismo, las enzimas y las hormonas reguladoras del metabolismo; así como en los anticuerpos destinados a combatir las infecciones. Siendo las encargadas además, de producir la regeneración del cabello y de las uñas que, lentamente, crecen durante toda la vida de una persona.

Nada resulta casuístico; todo está programado para minimizar errores. De nuevo el procesado esquema precursor imprescindible: no es posible toda esa actividad que se manifiesta en sí misma como cognoscitiva, si no hay detrás una inteligencia ejecutora. Cada elemento conoce su función, y actúa para que la compleja maquinaria de la vida funcione tal y como fue ‘dispuesta‘, aunque a muchos les dé ‘yuyu‘ reconocerlo, y caigan en la irresponsabilidad docente de instruir que el azar es un hecho probado.

La proteína ‘mdm2’ también es parte activa de un ‘programa inteligente‘; la evidencia es que ya aparece planificada y codificada su presencia en el ADN, por el gen MDM2 que la ‘bautiza’. Esta proteína corresponde a uno de los factores nucleares que regulan el ciclo celular en la transición de las fases G1, (el intervalo entre el fin de la mitosis y el inicio de la síntesis de ácido desoxiribonucleico o ADN), hacia la replicación del ADN (un proceso conocido en genética como ‘S’).

P53 fue concebida para disminuir la probabilidad de que se generen clones celulares y defectos genéticos (mutaciones, delecciones, inversiones). Actúa como ‘guardián del genoma‘. Se ha observado que la pérdida de p53 conduce a un incremento en la inestabilidad genómica, debida a un descenso en la tasa de reparación del ADN durante la recombinación homóloga, lo cual evoca su importancia.

Teniendo en cuenta que p53 es una proteína con funciones críticas para la célula, no es de extrañar que su actividad esté regulada por mecanismos múltiples. La proteína p53 inactiva se localiza en el citoplasma a baja concentración y tiene una vida media relativamente corta, de unos 20 minutos. Bajo estas condiciones, la proteína p53 debe recibir señales o sufrir modificaciones que la activen, para resultar funcional.

Las señales o sucesos que motivan su activación, están principalmente asociados a situaciones de estrés celular, como ocurre al dañar el ADN por radiaciones ionizantes o por ultravioleta o al reducir el contenido de nucleótidos por inhibición del metabolismo de síntesis (efecto de la quimioterapia) o al privar del suministro adecuado de oxígeno, por activación de oncogenes que disparan altos índices mitóticos o por cambios en moléculas ‘redox‘ en la célula, que alteren la transferencia de electrones.

Estos estímulos inducen un rápido incremento en los niveles de proteína p53 en la célula, tanto por el aumento en su estabilidad, como por su activación bioquímica, lo cual le permite actuar como factor de transcripción, unirse al ADN, y regular sus genes. La duración y la cinética del aumento de los niveles altos de proteína difieren según cual haya sido el factor productor de la activación. Las señales y las rutas de p53 son tan complejas, que todavía están en fase de estudio.

La inducción de esta proteína, en respuesta a daños en el ADN, no procede del azar, sino que está regulada. La detección de roturas en esta molécula, es una de las primeras señales que lleva a la inducción de p53. Este hecho se corroboró, usando microinyección nuclear de ADN. Los resultados sugerían que daños de cadena simple, superiores a 30 nucleótidos, y una sola rotura de doble cadena, ya eran suficientes para inducir parada del ciclo celular dependiente de p53.

Tras el daño se produce un ágil aumento de sus niveles en la célula; debido principalmente a cambios en la vida media de la proteína y al incremento de la traducción de su ARN mensajero. El crecimiento en los niveles de p53 suele ser proporcional al daño producido en el ADN, siendo, por ejemplo, diferente para distintas dosis de radiación. De esta manera también varía la respuesta celular: bajos niveles de p53 debidos a poco daño en el ADN, inducen la parada del ciclo celular; altos niveles de p53 debidos a un gran daño en el ADN hacen que la célula entre en apoptosis.

La célula tiene sistemas sensores para reconocer el perjuicio sufrido, sean roturas de cadena o escisiones provocadas, por ejemplo, por dímeros de timidina durante la irradiación ultravioleta, uno de los resultados de una larga exposición al sol en un bonito (pero potencialmente mortal a largo plazo) día de playa. Entre estos sensores se encuentra la proteína AT, descrita en un artículo anterior, cuya función normal está implicada en los procesos de señalización tras averías en el ADN, hacia los moduladores del incremento de p53. Posiblemente (en estudio) envíe también señales a otras proteínas efectoras y es capaz, además, de unirse por sí misma a extremos de ADN, sitios donde su reparación es necesaria o lazos internos de delección.

Otra evidencia de inteligencia programada, que implica a Mdm2 y p53, viene de la observación de que la proteína p19ARF (en el caso del ratón), puede estabilizar p53, obstaculizando una Mdm2 alterada. Estudios recientes indican que p19ARF ‘secuestra‘ a la proteína Mdm2 en el nucleolo, impidiendo que acceda al nucleoplasma, donde degradaría a p53; así esta logra destruir la célula maligna.

En resumen, la actividad de p53 depende, no solo de su enorme potencialidad para actuar como factor de transcripción sobre genes asociados a las funciones que regula: parada del ciclo celular, reparación del DNA, y angiogénesis o apoptosis, sino que la respuesta final también la dan aquellas proteínas con las que interacciona.  Sin duda, esta relación con otras proteínas capaces de regular su actividad, y el espectro de expresión de genes regulados por p53, definirán la función de esta apasionante molécula, que a pesar de los más de 25 años de su descubrimiento sigue siendo objeto de atención por estudiosos básicos y clínicos, y cuyo análisis constituye uno de los ejes de investigación en oncología.

Finalmente, señalar que la proteína mdm2, auxiliar de P53, tiene un peso molecular de 90 kilodaltones, unidad de masa atómica, pues su minúsculo tamaño imposibilita su expresión en gramos o adarmes. ¡Y está formada por 491 aminoácidos! La incomprensión de la lógica evolutiva de la casualidad nos abarca, si sabemos que no hablamos de un atleta olímpico, un vigilante de 1.90 ms y 100 kilos de peso, sino de elementos microscópicos, millones… y cada uno consciente de cuál es su trabajo, el que acometen con dedicación y fidelidad hasta su muerte.

En 1869, el biólogo suizo Miesscher, usó alcohol caliente y una pepsina enzimática que separa la membrana celular y el citoplasma de la célula. Quería aislar el núcleo celular; concretamente en los núcleos de las células del pus obtenidas de los vendajes quirúrgicos desechados, y en la esperma del salmón. Así, identificó a un nuevo grupo de substancias celulares a las que denomino ‘nucleínas‘, observando la presencia de fósforo. Luego Richard Altmann los identificó como ácidos y les dio el nombre de ácidos nucleicos.

En base a estos trabajos, en 1953, los ingleses Watson y Crick descubrieron la estructura molecular del ADN; precisando que la información genética es codificada, almacenada y procesada luego, inteligentemente, por el traductor elegido. Un mecanismo que refleja cognición desde el primer código ensamblado, y que anula el marcado interés evolucionista, desde su irrazonable casualidad, por sacar a Dios de la fórmula de la vida.

Todo intento por volver a los pinzones de Darwin y los cambios naturales de las especies, quedan obsoletos ante la nueva situación creada con el ADN y su información de ‘recetario de laboratorio’ que nadie puede explicar cómo surgió por sí misma.

¡La Gloria y el Honor al diseñador de P53 y todos sus asociados! Un ejemplo de Sabiduría tan grande, que la Ciencia aun está intentando descifrar sus abundantes enigmas, pese a las absurdas conclusiones de pájaros con picos cortos o largos, mariposas blancas o grises, todos los adelantos tecnológicos, la genómica comparada, la inteligencia de sus biólogos, y el más de medio siglo transcurrido desde el develamiento de la ‘científica‘ cadena de doble hélice.

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