REPARACIÓN TISULAR: OTRA EVIDENCIA CREATIVA

mayo 20, 2008

“Una mentira repetida mil veces se transforma en una verdad”. (Joseph Goebbels, Ministro de campaña Nazi.)

En el año 1894, el médico W.R. Dunham publicó su trabajo sobre la comunicación subliminal titulado “The Science of Vital Force” (La Ciencia de la Fuerza Vital) demostrando la existencia de dicha influencia en el ser humano. Más tarde, el Dr. Poetzle pudo demostrar la percepción subliminal, así como sus efectos en sueños y conducta.

Aproximadamente en los años 50, se realizó un experimento en un cine de New Jersey, insertando en la película “PICNIC”, cada 24-30 fotogramas, las palabras “Tome Coca-Cola” y “Coma pop-corn” sobre el rostro de la actriz Kim Novak. Con ello se logró aumentar las ventas del refresco en un 18% y las de pop-corn en un 58% respectivamente.

El mismo sistema se ha empleado en la medicina con fines curativos y pedagógicos; la Clínica Médica McDonagh (Gladstone, Missouri), lo usó para relajar a los pacientes. Los enfermos dejaron de sufrir desfallecimientos, mejoraron… y luego volvieron de nuevo a desmayarse cuando se retiró esta influencia subliminal. Podría dudarse de su efectividad si no existiesen pruebas, pero están, y los resultados son aplastantes. La psicología industrial lo utiliza en la prevención de robos en los supermercados, y la disminución de estos hechos delictivos ha sido de un 80% en todos los casos de faltantes de mercaderías.

Existen además otras estadísticas y ejemplos muy alarmantes. Uno de ellos, realizado por Marie France Charron, en una de las publicaciones gubernamentales del Ministerio de Comunicaciones de Québec, Canadá, demostró que en 22 tipificaciones de causas de suicidio, el mayor porcentaje resultó debido a la audición de música rock infectada de mensajes subliminales con satanismo. Se evidenció que la mente puede ser manipulada sin conciencia de ello, dando la sensación de que nadie podía evitar ser su víctima. Se produjo un profundo rechazo hacia todo lo subliminal y se redactaron leyes para su prohibición.

Pero también se ha demostrado que la constante repetición de una frase tiene efectos en el subconsciente, aunque no se presente de manera subliminal. Si se comienza a trasmitir en la escuela desde las primeras incursiones de la infancia (raciocinio inmaduro), penetra en el subconsciente de un niño totalmente sin defensa ante esta forma de agresión. Se hace subliminal por repetitivo; ataca traicioneramente al receptor, pues anula las barreras de la selección inteligente.

En la publicidad comercial, las múltiples técnicas de persuasión dependen del ingenio de su artífice y solo están limitadas por los medios de comunicación, algunas restricciones legales y el código deontológico elaborado al efecto por las propias agencias de publicidad. Pero esto no se manifiesta igual en las escuelas; allí, la repetición del mensaje, ha jugado su basa durante el tiempo que la teoría evolutiva ha ido minando las aulas.

Un mismo anuncio evolutivo es ya internacional. Figuras alusivas aparecen en vallas publicitarias, folletos a la entrada de las tiendas, y en forma de revistas, libros de cuentos o juguetes. La propaganda ha sido extendida a la radio, la televisión, periódicos, revistas, y por supuesto, donde resulta más importante: en todos los libros de textos de biología y zoología, desde los primeros hasta los últimos niveles de la enseñanza.

Como colofón, ha sido usada además una de las formas más efectivas y seductoras: la gran pantalla. Obras como Parque Jurásico (Steven Spielberg), Caminando con cavernícolas (de la BBC), La Evolución de las Especies (de Discovery), y muchas otras, han trabajado tanto en el subconsciente humano, que la teoría está asentada allí como un bloque de cemento.

Pero, visto desde la razón, el que los protozoos marinos pasaran a convertirse en grandes monstruos a lo largo de miles de millones de años, careciendo de la más elemental evidencia, no logra traspasar la frontera de la ficción. La Ciencia jamás ha logrado el paso anterior imprescindible: que una célula simple sea capaz de alcanzar por sí misma la complejidad de una eucariota; de modo que resulta ausente de crédito, el simple hecho de la aparición de las molestas anémonas de playas a partir de procariontes marinos.

El Inconsciente es una parte de la mente que, como esponja, absorbe todo lo programado, de una forma tan sutil, que no nos damos cuenta. Su concepto fue descrito entre 1895 y 1900 por Sigmund Freud, quien planteó que se nutría de sentimientos cursados durante la infancia, junto con los instintos o la libido, y sus alteraciones por la ‘evolución del super-yo‘. De acuerdo con la definición del psicoanalista suizo Carl Jung, el inconsciente también consta de un inconsciente cultural que contiene ciertas fantasías atávicas, universales y heredadas, que pertenecen a lo que este denominó ‘el ámbito colectivo‘.

Si un adulto acepta un concepto, lo envía al subconsciente; igual a un ordenador, se archiva en la memoria, y se usa luego si es necesario. El mensaje recibido en la primera infancia, en cambio, ataca al receptor obviando las barreras de la selección inteligente y consciente, sin advertir esta violación. Por eso no es válido decir, “a mi no me afecta, porque yo no quiero“, pues, la voluntad fue anulada, así como la selección de “esto si, esto no”.

El trabajo del inconsciente, no puede controlarse y opera con los datos que recibe; como en los sueños, se fusionan automáticamente imágenes y hechos de forma no previsible. Nadie maneja sus sueños a voluntad. Un ejemplo, si alguien propone: “Satán es Dios“, lo más probable es que esta información sea detenida y rechazada antes de ingresar a la memoria. Pero si esa frase llega en la niñez más temprana, no hay ningún inconveniente en que así quede sellada, como instrucción válida y acreditada.

E incluso en los adultos, la repetición funciona. Hay una enorme variedad de técnicas; desde un simple anuncio de pared, hasta una campaña en todos los medios de comunicación de masas. Desde sus inicios en la antigüedad, la publicidad ha evolucionado hasta convertirse en una colosal industria. Tan solo en Estados Unidos, a finales de la década pasada, se invirtieron en un año unos 120 000 millones de dólares.

Se calcula que un comercial de un minuto cuesta cerca de 50 mil dólares. Es tan detallada la elaboración de los comerciales, que se gastan cerca de un centenar de millones de dólares, solo en los actores. Uno de 30 segundos puede llevar semanas para grabarlo, sin tomar en cuenta el intenso trabajo de laboratorio y efectos especiales.

Tal como en los tratados evolucionistas, se fotografía y dibuja una y otra vez hasta que salga lo que se pretende, analizando cada mínimo detalle. Tanto dinero en juego, demuestra la efectividad comprobada del método de la Persuasión: una forma de influir en las personas mediante técnicas repetitivas, para prevalecer sobre la capacidad de análisis posterior.

La teoría evolutiva subsiste gracias a una descomunal publicidad, incremental con el paso del tiempo; muchas veces con mentiras que han sido descubiertas, luego incluso de varias décadas. Su modalidad promocional es la institucional, cuyo único objetivo consiste en crear prestigio y fomentar el respeto de determinadas teorías y enseñanzas.

Sé que se alegará lo mismo con respecto a la Biblia; pero esta no resulta en un mensaje subliminal ni una repetición de cómo las especies fueron ‘mutando‘ de unas a otras. A diferencia de la teoría de la evolución, que desde Darwin hasta la actualidad ha cambiado sus planteamientos constantemente, por plástica adaptación, según las evidencias que han ido trascendiendo a través de la Ciencia, las Sagradas Escrituras constituyen un tratado de historia que ha permanecido inmutable en el tiempo, sobreviviendo y fortificándose en los propios descubrimientos científicos.

Narra, desde la ‘Creación‘ de la humanidad, hasta la etapa del apostolado de los discípulos de Cristo, y, por supuesto, presenta algunas profecías sobre el final material del planeta, dando paso a una vida espiritual, sin carne alguna.

El mejor ejemplo de la presencia de Dios en la creación del hombre, lo ha constituido el descubrimiento del ADN: un lenguaje codificado que garantiza la existencia del codificador INTELIGENTE que antecedió al ser humano. Y ya que la evolución ha sabido usar el método de la repetición de un cuento, durante casi siglo y medio, espero que los defensores evolucionistas no se escandalicen si yo continúo repitiendo las evidencias de diseño e inteligencia que patentiza la misma Ciencia a la que se acogen para intentar acreditar lo que a todas luces constituye un burdo descrédito.

Ya en un artículo anterior, se planteó la admirable programación del sistema autoinmune. Su etapa final es la reparación tisular; según el área, se reparan o no las células, pero siempre está programada una enmienda. Si ocurre algo que altere el equilibrio celular, se desata un sistema de señales programadas en su propio ADN/ARN, que decide si ese daño es reversible o no. Si es irreversible, se produce la muerte de la célula afectada, bien por apoptosis o por necrosis, según se decida en dicho programa.

Si no lo es, el propio sistema decide la reparación tisular entre dos opciones pre-definidas y muy bien organizadas, no casuísticas. En la primera: ‘Regeneración’, las células se dividen en tres grupos, según su capacidad regenerativa y su relación con el ciclo celular. Si hay reemplazo, este es por proliferación de células de la misma estirpe; la reconstrucción de un tejido desaparecido  por causas fisiológicas o patológicas, es entonces casi perfecta.

La segunda opción es la ‘Cicatrización’, y consiste en la sustitución del tejido desaparecido, por tejido conjuntivo producido por células distintas a las del tejido original. Las distintas órdenes aquí se hacen más evidentes, pues todo ocurre por etapas bien definidas:

1- HEMOSTASIA: Permite que la sangre circule libremente por los vasos, y cuando una de estas estructuras es dañada, aprueba la formación de coágulos para detener la hemorragia, reparando el daño posteriormente y disolviendo dicho coágulo. Las plaquetas taponan los vasos rotos, liberando citoquinas, por infiltración celular.

2-INFLAMACION: Ocurre por la acción de los Neutrófilos enviados, los principales actores de este proceso, aunque también se mandan al sitio monocitos y otros linfocitos.

3-REMODELACIÓN: Se producen cambios de coloración y textura, debido a un balance entre la síntesis y la lisis del colágeno.

4-PROLIFERACIÓN: Se manifiesta por fenómenos de neovascularización y angiogénesis; procesos en los que se forman nuevos vasos sanguíneos a partir de un lecho vascular preexistente. Se repiten la proliferación y la migración celular, creciendo la producción y el depósito de colágeno por parte de los fibroblastos, cerrando el proceso.

Resulta evidente la alta complejidad de esta actividad de reparación tisular; tanto, que niega el desarrollo casuístico que predica la abstracta ‘selección natural‘, carente de inteligencia. La minúscula célula actúa como un perfecto hospital; los biólogos evolutivos ganarían mucha más credibilidad si se pusieran a la altura de las expectativas de la entidad que dio origen a toda estas secuencias preconcebidas y diseñadas antes de que se manifestaran los problemas.

La Ciencia lleva muchos años investigando el ADN; con frecuencia aparecen datos diferentes y se concluyen nuevas y desconocidas actividades del cuerpo humano, a nivel microscópico. Es decir, que el hombre de ciencias camina siempre detrás de una señal ya establecida en la Creación; se empapa de conocimientos sobre un diseño que ya existe desde el mismo origen de la humanidad, y luego es capaz de presentar resultados.

La Naturaleza de Dios marca la pauta; los hombres siguen su estela. Si lo hacen en beneficio de sus congéneres, son bendecidos por el Todopoderoso y se dignifican ante Él, pues todo corazón altruista se enaltece ante el Señor.


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SISTEMA AUTOINMUNE: CAUSALIDAD, NO CASUALIDAD

mayo 18, 2008

UN PROGRAMA DEFENSOR

Los optimistas y los pesimistas contribuyen por igual en nuestra sociedad. El primero inventa al aeroplano y el segundo, un paracaídas; pero la positiva congruencia de ambos diseños mana naturalmente de los datos; estos siempre señalarán hacia el razonamiento, en cada cosa que aparezca construida. A través de la historia de la humanidad, no hay ni una sola prueba de que un organismo complejo se pueda erigir sin cálculo previo ni mentalidad arquitecta ni una fuerza de control que la dirija y organice. Los datos derivados de los estudios de cada uno de esos organismos, niegan su origen a partir del azar.

Nuestro propio cuerpo instituye un paradigma de lo expresado. Por ejemplo, la piel podría considerarse la primera línea de defensa ante embates externos que generarían  infección.  Contados microorganismos logran atravesarla, pues las glándulas sudoríparas, sebáceas, y lacrimales emiten emulsiones químicas muy nocivas para ciertas formas de bacterias. La mucosa nasal es un engendro antimicrobiano. Cuando las bacterias se fijan a él, son remolcadas por la acción ciliar, o devoradas por las células fagocíticas.

Aquellos que logran atravesar la barrera inicial, deberán enfrentar luego muchas secreciones y ataques, racionalmente dirigidos por ‘buenas entidades’ que impedirán el desarrollo e incubación de virus que podrían llegar a ser letales.

Sin embargo, pese a esta resistencia natural ante la ‘invasión enemiga‘, algunos protozoos logran infiltrarse, obligando entonces al organismo a la variante ‘B’: la confrontación directa, sin más acciones bioquímicas ni más historias surrealistas; como un disciplinado ejército, acuden en formación, y unos comiendo, otros ‘encarcelando‘, entablan combate a muerte con el que ‘saben‘, porque un programa les alerta, que resulta un peligroso usurpador.

¿Cómo ocurre la confrontación bélica y qué efecto celular tiene? Pues, automáticamente, no por sortilegio, sino debido a esquemas preconcebidos, se inicia una secuencia compleja de sucesos de respuesta interrelacionados: de algún lugar se dispara una orden de acción y comienzan a presentarse los elementos necesarios en el área atacada, con el objetivo de destruir todo germen que de alguna manera, ‘sea reconocido como intruso, y preparar el escenario para la reparación celular.

Aquí se palpa una de las pródigas conexiones entre los sistemas hemostáticos y los inmunes pues, admirablemente, se activa la proteína citoquina: mensajero intercelular que resulta esencial para que se produzca la respuesta del organismo. Aumenta el flujo sanguíneo, y la permeabilidad capilar se amplia, exudando a través de los vasos capilares, el conveniente suministro de neutrófilos, y proteínas plasmáticas vitales para las respuestas inmunológicas.

Los neutrófilos (o micrófagos), son los leucocitos más abundantes en la sangre humana, poseen profusas enzimas destructoras, así como fagocitina, una sustancia antibacteriana de alta eficiencia. Son células de alta movilidad, cuya consistencia gelatinosa, en el proceso conocido como ‘diapédesis‘, les facilita atravesar las paredes de los vasos sanguíneos para migrar hacia los tejidos invadidos, ayudando en la destrucción de microbios y respondiendo a estímulos inflamatorios.

Ahora bien, esta reacción tiene una mayor complejidad que la descrita hasta aquí, pues la acción de los neutrófilos está condicionada por la histamina (liberada por mastocitos) y TNF-α (liberada por macrófagos). La TNF-α y la histamina actúan sobre las células del endotelio del vaso, activando dichos neutrófilos, mediante la expresión de E-selectina (molécula sintetizada por la célula endotelial dañada). Luego, mediante IL-8 pueden unirse a la E-selectina, y así ser capaces de estar presentes en zonas afectadas, en apenas 5 horas después de empezar la infección. Otra evidencia de diseño, no de casuística reacción.

La principal función de estos leucocitos, es la de detener o retardar la acción de agentes patógenos. Las enigmáticas órdenes que nadie sabe exactamente de dónde parten, hacen que muy poco tiempo después de la invasión externa, se presente una interacción notable entre el endotelio vascular y los neutrófilos circulantes: los neutrófilos llevados por la sangre, se adhieren al plano interno del endotelio. Esto es muy específico, ya que los eritrocitos no presentan tendencia adhesiva alguna, y otros leucocitos, si acaso, tardan más. Es un misterio la forma en que el endotelio adquiere adhesividad.

Luego de adherirse, los neutrófilos se comportan como las amebas; pasan comprimidos entre las células endoteliales. Las alteraciones de la estructura vascular inducidas por los agentes liberados descritos anteriormente quizás facilitan este proceso al debilitar las conexiones intercelulares o quizás el neutrófilo simplemente separe la conexión mediante la fuerza de su movimiento ameboide. ¿Qué inteligencia es la que ha determinado todo este proceso, que recordemos se realiza a nivel microscópico? Es imposible razonar que surgió del azar, sin ninguna intervención inteligente capaz de inducir estas operaciones.

Es más, la exudación de los leucocitos no se limita a los neutrófilos. Mucho más tarde, como si de una nueva ofensiva se tratara, para sorprender al enemigo y no permitirle el tiempo necesario a organizarse para su defensa, entran en acción los monocitos, otro tipo de glóbulos blancos, los de mayor tamaño (aunque no es clara su modalidad de entrada), y una vez en el tejido, se transforman en macrófagos y se multiplican por mitosis. Así, todos los tipos fagocíticos se hallan presentes en el área afectada.

De modo que la fagocitosis es la segunda respuesta del organismo, su arma principal; el aumento de flujo sanguíneo, permeabilidad vascular, y exudación de leucocitos, sirve tan sólo para garantizar la presencia de cantidades apropiadas de fagocitos, engullendo al atacante mediante la invaginación de su membrana y la formación de una bolsa. Una vez dentro, el microbio permanece encarcelado, separado del citoplasma del fagocito por un estrato de la membrana celular de éste.

El paso siguiente experimentado ‘in vitro’, es la degranulación. La membrana que rodea la bolsa hace contacto con los gránulos del fagocito, lisosomas llenos de enzimas hidrolíticas; las dos membranas se funden y los gránulos, aún intactos, entran a la bolsa. Las membranas lisosomáticas que separan los contenidos de la bolsa y del lisosoma se rompen, y las enzimas poderosas son descargadas. Este proceso ocurre en forma explosiva; la acción subsiguiente, el engullimiento, requiere menos de 10 minutos.

Las sustancias liberadas por los lisosomas matan el microorganismo y lo catabolizan en productos de bajo peso molecular, que pueden ser luego liberados en forma segura o utilizados por la célula como fuente de energía. Las partículas extrañas no degradables (madera, colorantes, metal…) pueden ser retenidas indefinidamente dentro de los macrófagos. El proceso total no termina necesariamente con la muerte del fagocito, que puede repetir su función una y otra vez.

Los neutrófilos pueden liberar también gránulos lisosomáticos en el líquido extracelular; las enzimas que liberan estos gránulos atacan el detritus extracelular en el sitio de la lesión, facilitándoles así a los macrófagos el trabajo de devorarlos al final de la batalla, allanando el camino para la reparación del área lesionada.

Hasta aquí, a grandes rasgos, uno de los papeles defensivos del organismo; en realidad el proceso es mucho más complejo que lo referido, pero considero que lo expresado resulta suficiente para pensar que tal comportamiento implica un programa que le permite al cuerpo reconocer y responder ante todo lo que pueda constituir un peligro  para sí. Son demasiadas las partes implicadas, es mucha la interactuación, y muy grande la efectividad, pese a que todo se desarrolla a nivel microscópico.

La teoría evolutiva plantea que todos esos procesos maravillosos que ocurren, no son más que logros de una impersonal ‘selección natural’ carente de raciocinio. Pero reconocer a esta la capacidad de realizar operaciones que la ciencia actual no puede, es también concederle inteligencia; pues solo desde ella es posible generar todos los mecanismos de respuesta del ser humano para permitir el mantenimiento de la vida.

Considere por ejemplo esta lectura; el escrito lo produjo la deducción de un ser humano, por lo que no resulta un problema reconocer capacidad creativa. Pero cuando los teóricos evolutivos se ven ante hechos que no pueden ser achacados al hombre, entonces plantean respuestas que no tengan nada que ver con la lógica intervención de una inteligencia superior. Se va contra la razón, pero no importa; cualquier cosa resulta mejor que reconocer esa inteligencia que nadie ve, pero es patentizada en cada célula de todo organismo vivo, e incluso en cada cuerpo inerte.

La información condiciona el pensamiento, y por tanto, el análisis. Un ciudadano chino o coreano no se identifica con el concepto occidental: está predispuesto desde niño, debido a la enseñanza recibida. Solo aquellos más aptos para abrirse al conocimiento, se niegan a bloquearse ante otras fuentes y son capaces de analizar todos los criterios, para luego, libres de influencias sicológicas, concebir opiniones propias.

Nadie puede decir que un libro surgió por azar; no existen novelas algorítmicas. No hay mecanismo natural que logre aglutinar letras con coherencia, expresando criterios; resulta insensato creer que apareció por una causa natural, no dirigida. Si eso sucede con un simple ensayo, cuánto más con una información genética codificada, mucho más compleja, que por tanto únicamente puede ser atribuida a un origen inteligente.

El descubrimiento del ADN y su investigación molecular, enfrentan clara evidencia de la existencia de inteligencia no humana. No obstante, el pensamiento naturalista está tan arraigado en nuestra cultura que, lejos de dar gracias a Dios por el raciocinio que nos ha entregado para diferenciarnos del resto de los animales, una parte de la humanidad lleva más de siglo y medio dedicada a hallar una prueba que logre demostrar su inexistencia, no conformándose con la optativa personal, sino exigiendo a todos los hombres que se dejen arrastrar por esa corriente.

Mientras un grupo importante de científicos dedica esfuerzo y tiempo en luchar por todo aquello que permita avances positivos para la sociedad, otro colectivo se aglutina, marginándose de ellos, intentando sobrellevar las profundas diferencias internas de criterios, en tanto se sumen en una busca incansable en las cenizas del pasado, con el único objetivo de sacar al Creador, definitivamente, de la fórmula de la vida. El porvenir de la raza no resulta importante para ellos, su prioridad es más ambiciosa: erradicar a Dios de la mente de todos los seres racionales, considerando a cada creyente, poco menos que un lelo.

Pero es el propio Jesucristo el que tiene el control, hasta un regreso suyo que no tiene fecha de caducidad, y que sucederá cuando la gente menos se lo espere. Mientras tanto, no estaría de más que se meditara sobre las siguientes palabras:


“Porque como también vosotros en algún tiempo no creísteis a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia con ocasión de la incredulidad de ellos; así también estos ahora no han creído, para que, por la misericordia para con vosotros, ellos también alcancen misericordia. Porque Dios encerró a todos en incredulidad, para tener misericordia de todos. ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió el intento del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le sea pagado? Porque de él, y por él, y en él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.”
  (Rom 11:30)


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