BIOMÁQUINAS SIN EVOLUCIÓN. LA PARADOJA ANTI DARWIN.

diciembre 10, 2008


Porque manifiesta es la ira de Dios del cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que detienen la verdad con injusticia; porque lo que de Dios se conoce, a ellos es manifiesto; porque Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él; su eterna potencia y divinidad, se ven entendidas por la creación del mundo, y por las cosas que son hechas, para que no haya excusa; porque habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias; antes se desvanecieron en sus fantasías, y el tonto corazón de ellos fue entenebrecido.” [Rom 1:18-21]


Hace muchos años, cuando el único ordenador que existía era el procesador de tarjetas perforadas IBM, leí una novela, cuyo título me obligó a comprarla: ‘La muerte siempre… su paso breve.’ A día de hoy, con los conocimientos derivados de la biología molecular y la microbiología, los científicos llevan preguntándose durante mucho tiempo, cómo los microorganismos vivos miden el paso del tiempo, antes de que les alcance la muerte física.


Los organismos con 5 sentidos, e incluso las bacterias, que considero carentes de algunos de ellos, tienen ciclos diarios, tenazmente regulados. ¿Cómo lo hacen?


Recientemente, he visto un artículo proevolucionista: ‘Paley, el reloj y la piedra‘, algo así como un ensayo sobre el planteamiento de ‘Diseño Inteligente‘ del teólogo William Paley, que en el siglo XVIII planteó que la existencia de una piedra no implicaba un agente externo construyéndola, pero que si halláramos un reloj en la calle, su complejidad nos llevaría a concluir que todas las piezas fueron diseñadas para un propósito y uso concreto, y que alguna inteligencia superior tendría que haber participado.


Y aunque en ese trabajo se plantea ‘nació un concepto nuevo‘, en realidad no fue así. El Diseño Inteligente, como concepto, apareció milenariamente antes… en la Biblia, en su inicial libro ‘Bereshit’, [Génesis en traducción griega], según tradición judía, escrito por Moisés, bajo la acción directa de Dios. O sea, desde el principio se nos enseñó sobre el Diseño.


Algo más tarde, en el 1691, John Ray lo volvió a situar en otro libro: ‘The Wisdom of God manifested in the Works of Creation. Y para cuando apareció Paley con su bien pensado ejemplo del reloj, incluso Derham (1711), con ‘Astro-theology : or a demonstration of the being and attributes of God, from a survey of the heavens’ (1721), y Bernard Nieuwentyt(1730), con su flamante ‘The Religious Philosopher: Or, the Right Use of Contemplating the Works of the Creator’; (Volume I), se le habían anticipado.


El ‘Diseño Inteligente’ antecedió a Darwin y sus especies mutantes, mucho antes que él aprendiera a andar, raspando el suelo con sus rodillas. Mucho antes que supusiera una losa tan fastidiosa para la humanidad, que una parte decidiera destruirla a cualquier precio, mediante una especie de hipoteca basura con la que adquirió un edificio en terreno de barro, que no se podrá pagar, y cuyo final no será otro que el desahucio eterno.


En http://oldearth.wordpress.com/2008/12/08/paley-el-reloj-y-la-piedra/, se analiza obviando al reloj, y se presenta la piedra como producto de una evolución ancestral. Yo escojo al ‘tictacero’, para usarlo con el mismo fin de Paley, pero en dirección al descubierto sistema circadiano endógeno: la forma en que las bacterias cuentan su tiempo.


Paley fue criticado por naturalistas que alegaron la imposibilidad de comparar dispositivos mecánicos y biológicos, porque ‘las ‘invenciones’ biológicas podrían funcionar sobre principios totalmente diferentes a los mecánicos hechos por el hombre.


Anteriormente a eso, se sabía que los relojes naturales siguen el ritmo que les marca el sol, y lo usaban para medir el tiempo, ese ente insustancial por el que transcurre la vida. Pero ahora, los relojeros moleculares han comenzado a desentrañar cómo funcionan los relojes más sofisticados: los biológicos.


En 1998, un grupo de investigadores de la Universidad de Nagoya, Japón, asombró a toda la comunidad científica, al anunciar que el cronómetro de las cianobacterias [algas verde azuladas] trabaja igual que su equivalente en moscas y mamíferos. Estos organismos simples, muy implicados en la fotosíntesis terrestre, dedican la mayor parte de sus energías hacia dos asuntos biológicos: fotosíntesis y reproducción.


Aparentemente, todo reloj biológico utiliza el mismo método: un gen codifica para una proteína, y ésta se sintetiza repetidamente. Cuando la molécula alcanza un cierto nivel, se pone en marcha un mecanismo que frena su producción. Así, la concentración de la sustancia oscila a lo largo de las 24 horas que dura el ciclo. Pero incluso, a pesar de este esquema universal, las proteínas del reloj de las cianobacterias son muy diferentes de las que usan otros organismos.


Por esta razón, los propios investigadores evolutivos dudan que todos los cronómetros naturales compartan un ancestro común, y se ven obligados a pensar en la posibilidad de que este sistema tan eficiente haya surgido al menos dos veces, en forma independiente, en la histórica evolución de las especies.


Pero, veamos un enfoque científico, sin mencionar para nada la innecesaria [por caduca] teoría evolutiva, en un artículo que aparece en la revista científica Structure, dedicada a todo lo que sea novedoso en el campo de las investigaciones en general, incluyendo tanto procesos industriales, como biológicos.


En este caso, se describe un sistema circadiano endógeno, originado en el interior de la célula, en cianobacterias, que ejerce un control generalizado sobre los procesos celulares, incluyendo la expresión génica global.


Ya los científicos conocían las piezas del reloj cianobacteriano: las proteínas KaiA, KaiB, y KaiC, cuando Jimin Wang, del Departamento de Biofísica Molecular y Bioquímica en Yale, publicó en la revista Structure, [Jimin Wang, «Recent Cyanobacterial Kai Protein Structures Suggest a Rotary Clock», Structure, Volumen 13, Número 5, Mayo 2005, Págs. 735-741, doi:10.1016/j.str.2005.02.011], un interesante trabajo, explicando la interacción de todas sus piezas, inspirado en la semejanza de estas, con las de la ATP sintasa, una enzima universal reconocida como motor biológico.


Aunque con distinta ordenación, las proteínas Kai funcionan igual: girando; y en este caso específico, con igual objetivo que la maquinaria de un reloj: para medir el tiempo.
En sorprendente y literal analogía a relojes mecánicos, la proteína KaiC, que parece estar en el corazón del mecanismo de reloj, forma un anillo con seis monómeros, un cilindro hexagonal hueco, en cuyo espacio interior puede ajustarse la pieza KaiA como si fuera un diente, en cuanto se activa una ‘orden’.


KaiA es un dímero [dos monómeros]. Y KaiB se compone de cuatro monómeros. Se mostró que KaiC tiene una actividad de auto fosforilación, y que la presencia de KaiA y KaiB, como piezas mecánicas actuando inter dependientes, modulan en tiempo, el grado al cual KaiC es fosforizado. Incluso en la ausencia de señales externas, en oscuridad total, estos minúsculos relojes proteicos pueden mantener su precisión durante varias semanas.


La proteína KaiC es el diente mayor del engranaje. Es una molécula grande, en forma de barril, montada a partir de seis componentes idénticos. Y el complejo de las 3 proteínas no forma una estructura estática: la proteína KaiA promueve la fosforilación de KaiC. Luego, KaiB, detectando una de las formas fosfolizadas de KaiC, bloquea la actividad de KaiA. Se crea así una oscilación, una danza bioquímica casi perfecta, que dura 24 horas.


El ulterior análisis matemático, confirmó que este industrioso operativo, reproducía un período circadiano. Como un carrusel de seis caras, al que los grupos de fosfato y otras subunidades se adjuntan y separan durante el ciclo diurno, la regeneración entre las unidades proporciona la periodicidad del reloj. Algo similar al ‘hacia un lado u otro’, del péndulo de un reloj antiguo o la rueda de fuga en un reloj pulsera.


En esta publicación, identifican bioquímicamente dos residuos de aminoácidos actuando sobre KaiC, como verdaderas piezas mecánicas al cual se unen otros grupos fosfóricos covalentes. Incluso se señala un tercer residuo que ‘puede tomar prestado’ dinámicamente, al grupo fosforizado. Juntos, su trabajo se manifiesta como una perfecta red de engranajes, en la que, en un momento preciso, se da vuelta a una ‘manivela’ literalmente hablando, al igual que lo hace un diferencial mecánico de distribución.


El reloj de cianobacteria constituye en sí mismo, lo que se conoce como un “periodosoma” el mecanismo que cronometra el inicio y fin de un trabajo biológico determinado, en el cual, sus piezas se reúnen y desmontan durante el curso de un día, definiendo el período circadiano, de la misma forma que lo haría el reloj más preciso.


También el artículo de Michael Behe sobre ‘La Caja negra de Darwin’ demostró, gracias a los avances en biología molecular, que la célula es una ‘fábrica’ de ingenios. Yo agregaría que lo más importante de esto, lo que debe llamarnos la atención a todos, es que si se fabrican cada una de las máquinas biológicas conocidas, cuyos componentes son proteínas, es gracias a que las instrucciones para crearlas APARECEN INSCRITAS Y CODIFICADAS, SECUENCIA POR SECUENCIA, EN EL PROGRAMA ADN que se puede observar bajo los modernos microscopios existentes hoy en todos los laboratorios serios del planeta. Puntualizo: no gracias al azar sino al DISEÑO.


Y este tema, común al iniciador teológico John Ray, al investigador Behe, Jimin Wang, y muchos otros, es también convergente con el resultado de la investigación de Susan S. Golden, doctorada en biología, genetista, miembro del Center for Research on Biological Clocks at Texas A&M y ‘Fellow’ en la American Academy of Microbiology. Texas. [Susan S. Golden, “Meshing the gears of the cyanobacterial circadian clock,“ Proceedings of the National Academy of Sciences USA, 10.1073/pnas.0405623101.]


Golden se sintió tentada a abrir la ‘caja negra’ de los relojes biológicos; supuso que allí hallaría tesoros; y así ocurrió:


Una caja negra fisiológica estimula la curiosidad de un biólogo; igual que una caja estupendamente sellada, decorada con vivos colores, incita a hurgar en ella a un pequeño niño: un tesoro misterioso, conteniendo juguetes encantadores en su interior.


En Elan Corporation [empresa de biotecnología], la pequeña comunidad de científicos en la que ella participó, rasgó el irradiante [fosforescente] embalaje del reloj circadiano, usado por la cianobacteria. Compilaron la lista de componentes, examinaron los engranajes, y fueron desmenuzando pedazo a pedazo, todo el mecanismo. Llegaron a la misma conclusión que Jimin Wang y los otros investigadores: todas las estructuras moleculares sintetizadas para los componentes principales del reloj, eran las proteínas KaiA, KaiB, y KaiC.


Ahora bien: ¿Cómo es templado en el reloj su ciclo noche-día? ¿Cómo se unen las partes implicadas, y como endientan los engranajes de reloj con otras máquinas celulares? Aun no se sabe; la caja justo ha sido abierta.


Estos actos periódicos, observados en algas azules-verdes, resultan “simples”, comparados a los relojes biológicos mucho más complejos en eucariotas. Incluso sobre estos sistemas relativamente simples en cianobacteria, hay demasiados restos para ser entendidos, y los científicos continúan investigando.


Dawkins, en su libro ‘El Cuento del Antepasado‘ delibera sobre este ‘retorno del reloj de Paley’. Desde su perspectiva, ofrece su propio asombro sobre el poder de la evolución:


“… reflexionando sobre esta peregrinación entera, mi reacción aplastante es: asombro. Asombro en la fantasía del detalle que hemos visto; el asombro, también, en el hecho mismo que hay en cualquier detalle para ser tenido en cuenta, sobre cualquier planeta. El universo fácilmente podría haber permanecido sin vida y simple; a no ser por la física y la química, el polvo dispersado de la explosión cósmica que dio a luz al tiempo y el espacio.


El hecho es que la vida desarrollada de la nada, aproximadamente 10 mil millones de años después de un universo hecho de literalmente nada, es una realidad tan asombrosa que me volvería loco para intentar palabras que la justificaran. Incluso no es el final del asunto. La evolución no solo hizo que esto pasara: eso condujo, tarde o temprano, a seres capaces de comprender el proceso, y aún de comprender el proceso por el cual ellos lo comprenden.


O sea, sabe que si no se acude a un Diseño Inteligente, hay que acudir a la magia: ‘me volvería loco para intentar palabras que la justificaran‘… y naturalmente, prefiere imponer la magia en Ciencias, antes que aceptar el hecho milagroso de la vida, derivado de la Ciencia de un Creador, que es hacia donde señalan todas y cada una de las flechas que los investigadores van hallando por el camino, en sus laboratorios. Cualquier cosa, antes que ‘el pie divino cruce la puerta‘.


Pero no hubo ninguna mención a ‘evolución‘ durante la investigación; no existió necesidad de tal hipótesis, pues ¡sí!, Mr.Dawkins, todo reloj exige un Relojero, y si este es biológico, solo desde la ceguera intelectual se puede atribuir su ingeniería a la casualidad.


Se expresa la ley inversamente proporcional del darwinismo: en microbiología, cuanto más avanza la Ciencia, tanto menor es la posibilidad de preexistencia evolutiva.


La minúscula bacteria, sin antecesor, se aparece ya con sus transmisiones, motor, cabrestantes, frenos y péndulos. No tengo la menor duda: el viejo Paley estaría haciendo fiesta… como yo, cada vez que la Ciencia halla una huella de Dios y tiene el coraje de exhibirla.


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BACTERIAS… ESAS EVOLUCIONISTAS SIN EVOLUCIÓN.

septiembre 13, 2008

Septiembre 13/2008

En innumerables ocasiones, bien a través de distintos artículos llegados a mis manos, procedente de Nature, Scientific, libros de microbiología pro-evolutivos, e incluso durante los debates en este blog, la constante referencia de los defensores darwinistas renovados, es la capacidad que han demostrado las bacterias, mutando constantemente, para hacerse resistentes no solo a antibióticos, sino a otros muchos tipos de ataques externos.

Continuamente, en distintos libros y artículos de microbiología evolutiva, aparecen expresiones como: “Las mutaciones producen cambios al azar en el material genético que pueden resultar en un microorganismo más resistente a un antibiótico que su antecesor.” Dicen que las bacterias logran ciertas características [fenotipos], a través de mutaciones en su estructura genética… y que en ocasiones basta el cambio de un solo nucleótido en el ADN microbiano para provocar resistencia frente a algunos antibióticos.

Repetidamente lo exhiben como una evidencia del trabajo de la selección natural: las más fuertes sobreviven y garantizan su población; las más débiles pasan a la extinción. Es decir, presentan tal situación como una defensa de la ‘evolución de las especies’, haciendo ver que esa capacidad de resistencia a los ataques que recibe, resulta en una ‘mejora genética’ nacida de la nada; un ‘don’ auto adquirido luego de miles de millones de años.

Y eso, presentado con el respaldo de un título docto, portando unas gafas que reflejen respetabilidad, y con muchos folios explicativos de lo sucedido en los laboratorios [todo en la dirección que convenga para aportar mayor nivel de convicción, claro], resulta suficiente para que sea aceptado y aplaudido en la sociedad. Desde ese mismo instante, una teoría renqueante, pasa automáticamente a ser presentada como ‘certeza científica demostrada’.

Pero una y otra vez se distorsiona la realidad, pues en ese informe, por obvia conveniencia, no se aclara la importantísima y vital actividad de otros agentes. Partículas fundadas por un conjunto de átomos ligados por enlaces covalentes, y causantes directos de esa ‘mejora’, por tener INSCRITO en su genoma las INSTRUCCIONES adecuadas para que se dé tal resistencia. Y es que, si bien es correcto decir que el genoma procariota consta de un solo cromosoma, también sería adecuado plantear que la inmensa mayoría de las bacterias poseen además, uno o varios elementos genéticos extra cromosómicos, con marcada influencia sobre ellas, debido a la ‘INSTRUCCIONES’ que contienen en su ADN.

Los ‘plásmidos’ son uno de ellos: secciones de ADN que tienen ciertos agregados que hacen se unan sus extremos y tomen forma circular; moléculas de ADN extracromosómico, de pequeño tamaño, existentes en la mayoría especies bacterianas y que se caracterizan porque se pueden replicar de manera independiente del ADN cromosómico.

A diferencia de los datos contenidos en el único cromosoma de la bacteria, los de los plásmidos no son necesarios para la viabilidad general de la célula; mas sin embargo, contienen genes que contribuyen a la supervivencia de esos microscópicos organismos en condiciones especiales. Un caso particular son los que confieren resistencia a antibióticos; recordando que un gen es la menor unidad de INFORMACIÓN en el ADN; la ínfima parte de un extenso y complicado PROGRAMA, contenedor de datos codificados y secuenciales, que ordenan y controlan todos los procesos de nacimiento, desarrollo y mantenimiento embrionario: las INSTRUCCIONES PARA CREAR y sostener VIDA.

Y llegados a aquí, la realidad de la experiencia científica, en todas las ramas de la Ciencia, nos guía hacia donde siempre: no puede decirse que surgió por procesos aleatorios y casuísticos, una información con datos secuenciales programados; precisas instrucciones para crear vida desde elementos inertes, inscritas y codificadas en hebras orgánicas, cuyo único objetivo, según han demostrado los investigadores de distintas partes del mundo, es INSTRUIR. No se puede plantear eso, porque ningún recetario químico, implicando dosis, secuencias, y los más mínimos detalles de confección, ha aparecido jamás por sí mismo, en ningún punto del planeta… y mucho menos apareciendo perfectamente codificado.

Analicemos los plásmidos: Son pequeños trozos extracromosómicos de ADN circular, cerrados covalentemente, que normalmente se replican en el citoplasma bacteriano. Son fácilmente intercambiados entre diferentes bacterias de igual o distinta especie y normalmente portan genes no esenciales para el crecimiento y multiplicación de la célula… pero que sí codifican para diversos grupos de proteínas: constituyen un ‘complemento de la información’ genética.

Pueden contener una variedad de genes diferentes, cada uno aportando resistencia ante disímiles antibióticos, gracias a ‘instrucciones codificadas’ que REGULAN, desde un diseño programado, la producción de toxinas o pili, el permitir a la bacteria hospitalaria usar fuentes de energía alternativas, expresar factores de virulencia, proveer resistencia a metales pesados, así como distintas funciones de transferencia y replicación… ¡Todo un director de orquesta, mucho más pequeño que el microorganismo que lo acoge y acepta!

La adquisición de material genético de otro microorganismo que codifica resistencia antibiótica, es el proceso más común a través del cual la resistencia antibiótica es diseminada. Se logra principalmente a través de tres mecanismos, de bacteria a bacteria:

1. Transformación- No es el proceso natural en la mayoría de los microorganismos, pues se requiere mucha manipulación para producir transformación in vitro.

2. Transducción.- El ADN exógeno o externo al cromosoma bacteriano, pasa de una bacteria a otra por la inserción mediante un fago. La fuente de ADN puede ser un plásmido dentro de la célula o puede abarcar una porción del cromosoma bacteriano. Es decir, la bacteria es infectada por el fago que inyecta dentro de la célula su ‘material genético’, la información que contiene; un proceso demostrado tanto in vitro como in vivo.

3. Conjugación.- Proceso más común de ‘transferencia de genes’ de resistencia antibiótica. La resistencia adquirida gracias a los datos contenidos en los plásmidos, no es un hecho aislado, sino que ocurre en la mayoría de especies bacterianas… respuesta a un programa preestablecido, diseñado, codificado e inscrito en el genoma del plásmido.

O sea, las dos formas naturales que logran pasar de una bacteria a otra las instrucciones para sintetizar las proteínas que formarán parte de sus sistemas inmunes, no se logran por azar, luego de Xn años, sino que se hallan ya regulados en el ADN de los plásmidos, por una INSTRUCCIÓN imposible de auto generarse: el diseño que provee a la bacteria de la maleabilidad necesaria para enfrentar condiciones ambientales cambiantes, tales como la contaminación de su ecosistema con metales pesados, u otros agentes… como los antibióticos. Es decir, si hubo una primera mutación en esa inscripción, esta siempre se debió manifestar sobre una información original, jamás sobre ‘algo’ surgido al azar, debido a una inexorable condición pragmática: no surge ‘información’ desde la ‘nada’.

Y ¿cómo ocurre esta inserción instrucción-cromosoma?… Pues se ha demostrado que los plásmidos tienen la habilidad de transferirse a otra bacteria, por diferentes modos; algunos incluso contienen transposones móviles que saliendo de él, van al ADN cromosómico; otros transposones sencillamente se replican, aumentando su número de copias en la célula.

Otra de las controversias de la teoría evolutiva con la realidad, pues el transposón, como el plásmido, no es más que una secuencia de ADN; no un ‘bicho’ que provoca una reacción, sino un cúmulo de datos que adecúa una determinada operación metabólica en la bacteria: instrucciones que demandan al instructor que las originó.

Los defensores evolutivos propugnan, sin evidencias de ningún tipo, solo por fidelidad a la necesidad de que su teoría se mantenga a flote, que los transposones son secuencias repetitivas que ‘seguramente’ proceden de ‘retrovirus ancestrales’. Pero vemos que tienen una función específica: varían el ADN, arrastrando un gen codificador de un cromosoma a otro, rompiéndolo por la mitad o haciendo que desaparezca del todo.

La inserción de un transposón a un gen, interrumpe ese gen y codifica para rasgos parecidos, como por ejemplo resistencia antibiótica. Y el solo hecho de que sea una secuencia de ADN: datos, ya lo revela como INSTRUCCIÓN, y una instrucción no puede haber surgido, inscribirse, y codificarse nunca por sí misma. No importa lo ‘ancestral’ que pretendan hacerla; siempre precisará del Instructor que la creó; nadie ha visto jamás una instrucción surgir por arte de ‘birlibirloque’… y si aparece programada, inscrita y codificada, mucho menos todavía.

La Ciencia no ha definido aun muy bien el que solo una ínfima parte del ADN codifica proteínas. Esto ha sido aprovechado por los darwinistas recapituladores, para decir que en algunas especies, la mayor parte del ADN ‘basura’, [hasta un 50% del total del genoma], corresponde a transposones… algo similar a cuando se declararon vestigiales, solo por ignorancia y prisa por neutralizar la Creación de Dios: la hipófisis, la Glándula Pineal, Adenoides, apéndice, la Pituitaria, hepífisis, el timo, Amígdalas… hasta casi un centenar de órganos cuya vital funcionalidad hoy la Ciencia ha dejado bien establecida.

Pero varios estudios recientes han negado esa hipótesis de ADN ‘basura’. Ya se conoce que, entre otras actividades, ese ADN, aparentemente ‘no codificante’, en realidad regula la expresión diferencial de los genes… entre ellas, lo que hemos presentado aquí: algunas secuencias tienen afinidad hacia proteínas especiales que tienen la capacidad de unirse al ADN (plásmidos, homeodominios, complejos receptores de hormonas esteroides, etc.), con un efecto contrastado en el control de mecanismos de trascripción y replicación.

Incluso hoy se conocen como ‘secuencias reguladoras’, y los investigadores aseguran que sólo se ha identificado una pequeña fracción del total. La presencia de tanto ADN, mal llamado: ‘no codificante’, en genomas eucarióticos y aunque menos, en procariotas; así como las diferencias en tamaño del genoma entre especies, representan un misterio que es conocido como el “enigma del valor de C”. Y un enigma no puede ser usado como evidencia de nada, sino que debe servir como estímulo para lograr descifrarlo… sobre todo cuando forma parte de un programa inteligente, que contiene una información genética, inscrita y codificada, que resulta importantísima para las bacterias: la INSTRUCCIÓN PROGRAMADA que indica cómo elaborar las proteínas que las hará resistentes a la agresión de agentes externos.

Por ejemplo: la presencia en un plásmido, del gen de resistencia a ampicilina, permite seleccionar las bacterias que portan estos plásmidos, gracias a su capacidad para crecer en presencia de dicho antibiótico. ¿Por qué?… Pues porque ese gen de resistencia contiene una instrucción codificada, para elaborar la enzima que degrada la ampicilina.

Dicho de otra forma, una bacteria tiene la capacidad de hacerse resistente ante determinados agentes externos, gracias a que contiene en su ADN, ‘INSCRITAS Y CODIFICADAS’, las instrucciones para secuenciar las proteínas que le permitirán esta ‘mejora’. El cuento de ‘evolución a mejor’, por ‘sí misma’, por azar evolutivo o lo que sea que se esté transmitiendo en las aulas, resulta antagónico con la verdad. En realidad se ‘instruye’ sobre cómo secuenciar las proteínas que intervendrán en esa fortaleza adicional: la cepa derivada que se hará más resistente.

Y no hay que verlos como ‘bichos’ que se meten dentro de otro y hacen endosimbiosis, sino como moléculas con ‘INFORMACIÓN’, que se incorporan a otra ‘INFORMACIÓN’, en la cadena del ADN bacteriano. Una vez más, primero están los datos, las instrucciones del ‘CÓMO HACER LAS COSAS’; solo luego es que ‘las cosas’ se hacen.

Otro uso importante de los plásmidos es fabricar grandes cantidades de proteínas. Se deja crecer la bacteria que contiene al plásmido con el gen de interés, y esta instrucción regula la producción de tales proteínas en gran cantidad. Forma barata y fácil de producir hormonas de forma masiva, como por ejemplo insulina, o incluso antibióticos.

Así, el Nobel de Medicina 1978, cayó en los Microbiólogos Werner Arber, Daniel Nathans y H. Smith, al descubrir las Endonucleasas de Restricción: el programa celular producto de un Diseño Inteligente, que permitió manipular la bacteria E. coli, y producir insulina humana para los diabéticos. Es decir, no crearon, sino descubrieron lo que ya existía.

Decir que si las bacterias mutan y mejoran, implica que ocurra lo mismo en humanos, está fuera de lugar. Por ejemplo, E. coli, en 7 horas, causa 20 generaciones: más de un millón de células; mientras los humanos, para generar 4 generaciones precisan un siglo. No es lo mismo la respuesta de una sola célula procariota, prácticamente inmortal, que un servosistema biológico con miles de millones de eucariotas y cientos de miles de secuencias de proteínas, donde una sola de ellas puede alterar todo el complejo.

¿Por qué Dios creó un diseño bacteriano que supuestamente conspira contra la salud del humano, su obra cumbre? Es obvio que posiblemente sea una pregunta mal enfocada, debido a la falta de datos. Aun queda mucho por investigar al respecto; quizás exista tal cosa porque resulta imprescindible para la no degradación del ecosistema… pero habría que averiguar mucho, antes de teorizar tanto sobre lo que apenas se conoce.

Lo único cierto e innegable, es que la Instrucción para crear la vida aparece antes inscrita y codificada en el genoma de bacterias y eucariontes, dejando bien definidas sus diferencias. No es una presunción, ni el resultado de una imaginación dirigida y fértil, sino la consecuencia del empirismo científico. Enfrentado al microscopio especial, el ADN surge como una inscripción codificada, INSTRUYENDO sobre cada una de las operaciones que deben efectuarse, desde la primera hasta la última, para CREAR vida.

De ese microscópico manual biológico surgió la vida; contiene todo el programa para que esta no se detenga: algo jamás imitado por el hombre. Constituye la misma firma del Creador, y el mayor ejemplo de la formidable sabiduría y omnisciencia de Dios… imposible de ser socavada ni tergiversada por ningún esfuerzo humano malintencionado que lo pretenda; no importan los títulos académicos bajo los cuales se pretenda conseguirlo.

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LA EVOLUCIÓN AGUIJONEADA POR UNA OBRERA.

febrero 27, 2008

Febrero 27/2008

LAS ESPECIES QUE NO LO SON.

Días atrás, se me planteó la especiación bacteriana como certeza de la evolución. Debo confesar que no me sentí muy a gusto, pues la temática de esta filosofía se halla en una línea de análisis que no comparto; mi razonamiento, por más que lo intente, siempre termina predisponiéndome contra ella.

Sin embargo, proveniente de un profesional de la investigación evolutiva, merece un respeto: dedicó parte de su tiempo en intentar convencerme de sus planteamientos y yo no correspondí a su entusiasmo. No fue por menospreciarle, sino debido a que veo la situación desde una óptica muy distinta, que no me permite aceptar sus deducciones. Pero le debo una disculpa; he sido casi grosero en no debatir con él en el tema que me propone, y he decidido complacerle: he recurrido a literatura evolucionista, he apartado de momento el artículo que debía presentar y les expongo este, sumergido en la forma de pensar que inculca la teoría darwinista.

He acudido a la página http://www.ucm.es/, y me he bajado un trabajo sobre la especiación; lo he estudiado y he decidido reflejar aquí mis opiniones al respecto, abierto a todo aquel que pueda sentirse interesado en leerlas. Es abundante en planteamientos, así que tendré que desglosar mis impresiones a través de este blog, en varios artículos.

Según esta hipótesis, desde un punto de vista biológico, se entiende que una especie es un grupo de poblaciones naturales cuyos miembros son capaces de producir descendencia fértil al relacionarse sexualmente, pero que sin embargo están impedidos de ello (en circunstancias normales), con aquellos componentes de poblaciones pertenecientes a otras especies. Pero, si nos ubicamos en las abejas obreras, creo que esta población contradice esa teoría. Una colmena oscila entre varias decenas de miles de individuos, según su tamaño, cuya inmensa mayoría está compuesto por las conocidas como ‘obreras’.

Estas afanosas formidables, tienen varias características específicas: su tamaño es más pequeño que el resto de la colmena y su abdomen también es más corto. Además, poseen un aparato bucal muy desarrollado y una alargada lengua que les permite obtener el néctar que luego almacenan en el buche melario para transportarlo a la colmena.

Desde que nacen, no salen del panal hasta las 3 semanas; pero a los pocos días ya realizan diferentes funciones: mantienen limpios las casillas de cera y todo su hábitat, comienzan a desarrollar sus glándulas hipofaríngeas productoras de jalea real y alimentan a las larvas, desarrollan glándulas cereras y construyen los panales, reciben el alimento de las pecoreadoras y lo colocan en las celdas, velan para que no ingresen abejas de otras colmenas, y generan una corriente de aire para deshidratar el néctar.

A los 21 días se les atrofian las glándulas cereras y vuelan al exterior, pasando a llamarse ‘pecoreadoras’ y dedicándose entonces a  recolectar néctar, polen y propóleo, además de acarrear agua. Estas secuencias no son seguidas por todas las obreras, así como hay abejas que llegan a pecoreadoras sin haber realizado las actividades anteriores. Algunas, parecen madurar precozmente, y otras rejuvenecen en determinadas condiciones.

Su visión es muy grande, necesaria para la recolección, localización, etc. En las patas posteriores, poseen una modificación denominada corbícula (cestilla) que les permite transportar el polen y la resina de las plantas (propóleo). Recogen los granos de polen con una especie de cepillo peludo que poseen; cuando está lleno, pasan el polen a las cestillas y lo trasladan a su colmena.

Es decir, resulta imposible aducir que no son comunales, y mucho menos, que no resultan importantes para la colectividad. Sin embargo, tienen una característica que las identifica especialmente, un capricho de la Naturaleza: son abejas hembras infértiles, sus aparatos reproductores se encuentran atrofiados  y son más pequeñas que la reina.

Y este punto llama mi atención, pues, genéticamente hablando, la evolución define una especie como la unidad reproductiva, es decir: el conjunto de entes capaces de generar descendencia fértil por cruzamiento entre sus miembros. Ya hemos visto que las abejas obreras son la verdadera fuerza motriz de una colmena: lo hacen todo… menos la reproducción de la especie, tarea asignada a una única abeja reina.

¿No las catalogaremos dentro de su ‘especie‘ por esta razón? ¿Cómo se manifiesta la ‘evolución‘ en una abeja obrera? Desde los inicios de la humanidad se conoce la miel y sus productoras; esta gestión siempre se ha mantenido igual y aunque debido a mutaciones genéticas por pérdida de información codificada, existen distintos tipos dentro de estos himenópteros, las obreras jamás han dejado de fabricar el dulce elemento.

Los tipos de abejas, zánganos incluidos, son producto de un diseño de Dios: uno de los casos conocidos como caprichos de la Naturaleza. Pero se hace evidente, como el cuento de la pescadilla que se muerde la cola, que ya se contraatacará, alegando quizás que hace 10 a la ‘n’ millones de años, las obreras eran las más fecundas de la colmena y que también han evolucionado, (aunque en este caso hacia atrás, hacia la degeneración de la especie), así como que, gracias a la evolución, ha salido una abeja redentora (la más fuerte genéticamente, por supuesto) que saca la cara por el grupo y ella solita se encarga de mantenerlo vivo. En fin; no veo punto de encuentro en las deducciones.

Otro planteamiento se refiere a que ‘cualquiera que sea el parecido fenotípico entre un grupo de individuos, si los apareamientos entre ellos no producen descendientes (que es lo más habitual) o sólo producen descendientes estériles (como es el caso, por ejemplo, del cruce entre caballos y burros) pertenecen a especies diferentes.’

Lo del asno, asna, yegua, caballo, y mula-mulo, (y burdéganos: hijo de caballo y burra) es algo similar, pues tienen sus cromosomas sexuales diferentes. La mula es estéril por ser descendiente de una yegua (64 cromosomas) y un burro (62 cromosomas). La esterilidad de la mula (63 cromosomas), se da porque en la meiosis los cromosomas no pueden aparearse.

En los seres humanos también se ven alteraciones cromosomáticas en número, pero debido a accidentes genéticos [mutación, trisomía, delección…]; el caso del cromosoma 21 (síndrome de Down) es uno de ellos. Sin embargo, estos descendientes siguen siendo personas; no constituyen otra especie: tienen sentimientos, son capaces de experimentar amor y de agradecer todo el que le entregan. Y no es el único, pues existen dolencias congénitas por cambios en número de cromosomas varios, derivados todos de la pérdida de información codificada original, dispuesta en sus ancestros.

Otro caso distinto lo vemos en los perros. Si un ‘Doberman’ acopla con una ‘Cookie’ y hay descendencia, estos serán perros que arrastrarán las variaciones cromosomáticas de sus padres, (aunque en este caso, no en número), pero son variaciones en alelos, y aunque estas les definan como de otra raza, continuarán siendo perros hasta su muerte; no van hacia ningún otro animal. Y lo mismo ocurre con la raza humana: son capaces de procrear entre sí con independencia de sus razgos, crean nuevos razgos, pero su ADN sigue perteneciendo a la especie humana. Tampoco van hacia ningún otro animal.

No ocurre lo mismo con los simios: gorilas, orangutanes, macacos, y otros; creados con un exclusivo código genético, respondiendo a distintos diseños, y no engendrando entre sí. Hay 160 especies de primates, pero ninguna de ellas se acopla sexualmente si no es con otra de diferente sexo, pero de su misma especie. O sea, un mandril jamás cortejará a una mona tití, ni un chimpancé a una gorilita; por lo que, cuando ocurre el apareamiento, garantizan la continuidad de la especie… y al mismo tiempo la imposibilidad de un nacimiento homínido. Ese planteamiento es totalmente anticientífico.

El ‘homínido’ no puede existir, sencillamente porque no tuvo padres capaces de engendrarlos. Esa especie no existe; es producto de la ficción.

Ninguna especie va hacia otra; se sufren mutaciones y alteraciones de varios tipos, por esta pérdida de información comentada y esto establece cambios morfológicos y estructurales en los fenotipos, a veces con consecuencias inevitables para la propia supervivencia del ente que se trate; pero hasta ahí. Con respecto a la especiación de las bacterias, prometo que constituirá mi próximo trabajo, lo prometo; solo estoy siguiendo el curso de los planteamientos del documento que me he bajado.

Quiero dejar patente que apoyo la Ciencia como el que más; el cristianismo no está reñido con ella. De hecho, hay científicos cristianos; no hace mucho vinieron dos a España: dos doctorados, aunque alguien intente denigrarlos, (el tercero era un médico) en defensa de la Creación bíblica. La presión ejercida por una institución evolutiva española fue muy grande y esto hizo que temieran presentarse como lo que son: soldados de Cristo; pero solo es cuestión de tiempo. El ‘no podemos permitir que el pie de Dios entre‘, tiene sus días contados, pues el Señor tiene el poder suficiente para manifestarse; solo que el debate es necesario, pues al tomar partido por una línea o por otra, mostramos lo que hay en nuestro corazón y aportamos elementos a favor o en contra, para nuestro juicio final irreversible.

La Biología en particular, ha contribuido a que las plagas que antiguamente asolaban a una humanidad indefensa, hoy constituyan solo un mal recuerdo. Muchos biólogos e investigadores asociados han ido obteniendo, continuadamente, importantes logros en la medicina preventiva y de profilaxis; sus nombres ya están escritos para la posteridad y han sido grabados con tinta indeleble en el libro de Dios, pues el servicio a la humanidad es muy valorado por el Altísimo.

Asimismo, en biotecnología, otras investigaciones en curso ya han logrado importantes éxitos en sus primeras fases. (Cultivos híbridos, producción de antibióticos, etc…) Entre las nuevas tecnologías moleculares, destaca la síntesis de ADN y proteínas en laboratorio, lo que genera grandes expectativas en la mejora de procesos industriales; la producción agropecuaria, y en la obtención de medicamentos más eficaces en la lucha contra las enfermedades. Mención aparte a las células madres, que cada día aportan más esperanza a millones de personas en todo el mundo, que resisten sus dolencias pacientemente, hasta que aparezca el nuevo fármaco o técnica, que envíe su mal a los archivos del pasado.

¡Qué el Dios Todopoderoso les bendiga y que cada vez se sumen más hombres de ciencia a esta honorable empresa!

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Matemáticas y Arca de Noé.

febrero 21, 2008

Febrero 21/2008


MARINEROS A BORDO.

Desde hace días, varias intervenciones en el blog se han referido al Arca de Noé y la imposibilidad de los planteamientos bíblicos con respecto a sus implicaciones. Ante el deber de contestar una por una a todas, y aprovechando que ya llevaba algún tiempo editando este artículo, decidí priorizarlo, saltándome el plan previsto. Creo imprescindible exponer no solo las consecuencias del diluvio, sino sus causas, por lo que les ruego disculpen el ‘ladrillo’ necesario, las razones expuestas en el Bereshit 6:11-22:

‘La tierra se había vuelto corrupta delante de Dios; estaba llena de violencia 12 Y Dios contempló la tierra y he aquí que estaba inmunda, pues toda la carne había corrompido su camino sobre la tierra. 13 Dios le dijo a Noaj (Noé): «Ha llegado ante Mí el fin de toda la carne; pues la tierra está llena de inmoralidad; y he aquí que estoy por destruirlos de la tierra. 14 Hazte un Arca de madera de ciprés; hazle compartimentos y cúbrela por afuera y por dentro con brea. 15 Así es como deberás hacerla: trescientos codos de longitud (135m); cincuenta codos de ancho (22.5m) y treinta codos de altura (13.5m) (41000.m3) 16 Le harás una ventana, y la terminarás a un codo desde arriba. Coloca la entrada del Arca al costado; hazle un primer piso, un segundo piso y un tercer piso. 17 En cuanto a Mí, he aquí que estoy por traer el Diluvio sobre la tierra para destruir toda la carne en la que hay aliento de vida bajo los cielos; todo lo que hay sobre la tierra expirará. 18 Pero he de establecer contigo Mi pacto y tú entrarás al Arca, tú, tus hijos, tu mujer, y las mujeres de tus hijos junto a ti. 19 Y de todo lo que vive, de toda la carne, dos de cada uno llevarás al Arca para que sobrevivan contigo; serán macho y hembra. 20 De cada ave, según su especie, y de cada animal, según su especie, y de cada ser que repta sobre el suelo, según su especie, dos de cada uno llevarás junto a ti, para que sobrevivan. 21 En cuanto a ti, toma todos los alimentos que sean comestibles y reúnelos, para que les sirvan de comida a ti y a ellos». 22 Noaj (Noé) hizo según Dios le había mandado. Así lo hizo.’

Analicemos ahora si fue posible la existencia de una nave con la capacidad requerida para responder aquel planteamiento de Dios: según la tradición judía, el codo tendría unos 45 cm.; así que al final de su construcción, estaríamos ante un arcón de 135 ms de largo, 22.5 m de ancho y 13.5 ms de altura, lo que implicaba una capacidad algo mayor a 41 000 m3: el mayor artefacto flotante construido hasta finales del siglo XXIX, cuando surgieron los primeros trasatlánticos. Tened presente que no fue un barco convencional; solo se le exigió flotabilidad y capacidad suficiente. La proporción largo/ancho, con factor 6, cumplía estos requisitos.

Opiniones de navieros modernos consideran casi imposible su vuelco, coincidiendo también en que no sería buen navegante. Mas esta condición era obviable; ni siquiera necesitaba timón, solo que flotara. Si lo comparamos con el relato babilónico del diluvio, saltan las diferencias, pues allí el arca se detalla como un cubo perfecto de 54 m y con nueve pisos. Los especialistas dicen que su estabilidad, sería un desastre.

Ahora bien, ¿constituyeron sus 41000 m3 un espacio suficiente para albergar los animales requeridos, personas y alimentos necesarios? ¿Cuántos con necesidad de oxígeno debieron abordar el Arca?

Como primera respuesta, les diré que esa es la capacidad aproximada de 520 vagones de un tren moderno; teniendo cada uno 78.84 ms3 Con respecto a la segunda, según, uno de los taxonomistas más prominentes de Norte América: Ernest Mayr, las especies animales en el planeta, rondan el millón; pero su inmensa mayoría puede sobrevivir en el agua y no necesitó ser traído a bordo del Arca.

Es decir, se prescindiría de los casi 1700 tipos de cordados marinos, los 10,000 celenterados (corales, anémonas de mar, medusas…) 107,000 moluscos (ostras almejas mejillones…), 600 equinodermos (estrellas, erizos de mar…), 21,000 especies de peces y  las 5,000 especies de esponjas, o los 30,000 protozoos, las microscópicas criaturas de células simples: de agua salada y DULCE,  pues hubo muuuuucha ‘lluvia y madera’ suficiente para que se lo montaran a sus anchas. También habría que descontar 838,000 especies artrópodos marinos (langostas, camarones, cangrejos, pulgas de agua, percebes…)

Por otra parte, no olvidemos los mamíferos acuáticos (ballenas, focas y marsopas…) ni los anfibios ni reptiles de agua (tortugas de mar, cocodrilos…) Cuenten además, muchas de las 35,000 especies de gusanos e insectos que podrían haber sobrevivido fuera del Arca. En: “El Diluvio de Génesis,” los doctores Morris y Whitcomb implican no más de 35,000 animales. Existe aun otro libro: ‘El Arca de Noé: Un Estudio de Viabilidad’, donde su autor, John Woodmorappe, defiende cifras similares. En lo que respecta a dinosaurios y elefantes, bien pudieron tratarse de ejemplares muy jóvenes, lo que no implicaría un gran tamaño.

Asumiendo el tamaño de una oveja (60 x 60 cms) como promedio, (hay muchas especies por debajo de ella), y usando de referencia un vagón de carga animal, con dimensiones internas de 12.5 m de largo x 2.65 ms de ancho, se sabe que en este caben unas filas de 20 x 13= 260 ovejas, con un pequeño margen de espacio entre ellas. Pensemos ahora en la orden original de Bereshit 14: ‘hazle compartimientos’. Estos vagones suelen tener una altura de 2.30 ms., es decir, que aceptan tres pisos de 75 cm., lo que arrojaría una capacidad por vagón de 780 ovejas. Quitémos unas pocas para que no se hacinen, y dejemos la cifra final por vagón en 700 individuos.

Así, tres trenes con 69 coches cada uno (207 vagones = 16, 319 ms3 = 40% del arca) tendrían amplio espacio para llevar: 207 x 700= 144,900 animales: los existentes hoy, los ya extintos y un espacio correspondiente al 60% restante para aquellos ejemplares mayores que ustedes quieran objetar, la familia de Noé y alimentos para todos; las matemáticas demuestran que el Arca tuvo espacio suficiente… y que Dios las domina.

La Biblia revela que Noé la construyó bajo la guía Divina; no hay descripción alguna a favor o en contra de que se abasteciera de otras personas para la obra. Está escrito además, cómo era el mundo físico de entonces, en Berechit 1-9: (Génesis, por traducción griega)

‘Dijo Dios: «Que las aguas debajo del cielo se reúnan en un área, y que aparezca la tierra seca». Y así fue. 10 Dios llamó a la tierra seca «Tierra», y a la reunión de aguas la llamó «Mares».’

Si sólo había un continente en ese momento (algo confirmado en teorías científicas actuales), las preguntas acerca de conseguir animales de regiones remotas, son irrelevantes

Uno de los reproches contra el diluvio, se refiere a la forma en que se accedió a tantas especies, y cómo las desplazaron hasta el arca. Pero la Biblia es categórica con respecto a esto: Dios agrupó a los animales y se los trajo a Noé, en parejas. Los escépticos pintan un cuadro de Noé yendo a países remotos del Medio Oriente para recoger animales como canguros y koalas de Australia, y Pandas de China. Sin embargo, la Biblia declara que los animales vinieron a Noé. Él no tuvo que reunirlos (Génesis 6:20).

Otra dificultad que se plantea, se refiere a los problemas de Noé, con sólo 8 personas para dar agua, alimentar, mantener aire e higienizar el interior, durante un año y días. Sin embargo, científicos creacionistas, (que existen, aunque la censura evita que publiquen sus trabajos en Nature) indican que en casi todos los grupos de animales hay una indicación de habilidad latente de hibernar o entrar en un estado de letargo.

Hace poco se dio una situación con una osa panda traída desde China a Madrid, diagnosticada como ‘deprimida’ por los veterinarios; imagínensela en un arca, sobre las olas, y luego imaginen a resto de animales del diluvio. Con sus funciones corporales reducidas a un mínimo, las exigencias de su cuidado se habrían reducido grandemente.

No hay ninguna evidencia científica que señale la historia bíblica del diluvio como un mito ó fábula, y los cálculos apoyan que el Arca fue capaz de asimilar los animales precisos para repoblar la tierra. La causa de tal catástrofe se debió a un juicio sobre pecado. Dios destruyó el mundo que existió en ese momento debido a su violencia y maldad; las generaciones posteriores se encargaron de contar la historia, pero el tiempo, ese imperturbable que todo lo borra, llegó a las últimas generaciones como simple relato de la antigüedad. El Creador le prometió a Noé que Él nunca volvería a destruir el mundo con agua, dándole opción al hombre para que controlara los impulsos; sin embargo, hemos seguido haciendo de las nuestras, durante siglos.

Hace 2000 años, decidió enviar a Jesucristo, en un último intento por revindicar su obra, puesto que se esforzó en contemplar, como esperanza de su Creación, a todas aquellas personas que en líneas generales observan una buena actitud hacia sus semejantes y hacia la vida, sacrificando su tiempo en aras del desarrollo y la mejor vivencia de los seres humanos. Anteriormente, mediante Moisés y los profetas que le siguieron, estuvo alertando a la humanidad de las consecuencias que tendrían las faltas personales; los últimos, antes de la llegada de Jesús, ya vaticinaron el plan de un fin del mundo mediante fuego del cielo y una tierra convulsa en terremotos y catástrofes definitivas.

El Señor llegó dando prueba de su humildad, pero también de su poder: sanaba enfermos e hizo milagros de todo tipo mientras instruía a sus apóstoles, haciendo que de nuevo fueran escritas las palabras de Dios, para las futuras generaciones. Vino al mundo para morir por nuestros pecados y reconciliar así la relación del hombre con Dios, en una última oportunidad, asegurando que un juicio futuro será inexorable, pero también acuñando con su sangre la promesa del perdón para todo el que le siga en fe, espíritu y actitud.

En su momento, Noé rogó a sus contemporáneos para que cambiaran de actitud y creyeran, tanto en las promesas, como en las amenazas del Creador. Pero ellos solo vieron a un loco construyendo un enorme tareco de madera…y la puerta del arca fue cerrada. Ahora, Cristo está haciendo un llamado al mundo para que tengan fe en Él: tanto sus promesas de una vida plena y eterna para quien le siga en contrición, como de mucho dolor e impotencia para quienes se mantengan en una rebeldía marginada.

No sabemos cuánto tiempo vamos a vivir en este mundo; un planeta en el que si algo aprendemos, es que somos más vulnerables de lo que imaginamos. ¿Responderemos a las expectativas del Señor y subiremos a su postrer arca? El libre albedrío otorgado por Dios a los hombres, implica una decisión individual.

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PASTEUR AHOGÓ LA EVOLUCIÓN.

febrero 7, 2008

Febrero 7/2008

LA SOPA QUE NO NUTRIÓ

En el 2003, Stanley Miller, el protagonista de la famosa ‘sopa biótica’ de los años 50, visitó Valencia, invitado por la Universidad, para que diera una conferencia en el Jardín Botánico de esa ciudad, sobre el experimento que renovó laureles entre la tropa evolutiva, luego que el General Pasteur les destrozara años antes en la batalla de la ‘abiogénesis’, donde la generación espontánea tuvo un fulminante enterramiento.

Los resultados de Pasteur habían redimido entonces la ‘biogénesis’ de Redi, sitiada poco antes por la ofensiva de los de Darwin. El padre de la pasteurización demostró que el ‘origen de un ser vivo, en la Naturaleza, solo puede tener lugar a partir de otro tan vivo como él.

En el año 1953, Miller amplió esperanzas de lograr la comprensión del origen de la vida, cuando Science publicó su trabajo sobre ‘Síntesis de aminoácidos bajo condiciones emuladoras de la atmósfera primitiva de la Tierra‘. Había aplicado una descarga eléctrica sobre una mezcla de metano (CH4), amoniaco (NH3), agua (H2O), e hidrógeno (H2) – que en aquella época era considerada la composición atmosférica primigenia.

Por sorpresa, el resultado no fue una mezcla de moléculas orgánicas, sino un número relativamente exiguo de sustancias bioquímicamente significativas: aminoácidos, hidroxiácidos y urea. Con la publicación de estos resultados comenzó para los investigadores evolucionistas, la era moderna en el estudio del origen de la vida.

El objetivo fue obtener moléculas orgánicas relevantes para la vida, simulando en un laboratorio las condiciones que se ‘suponían‘ fueron las de La Tierra primitiva: fingir el inicio del mundo en tubos de ensayo, para concebir el origen de la vida desde la ciencia.

Aun hoy tiene seguidores; incluso se han hecho doctorados fundamentados en esta investigación. Pasma pensar que fue un proyecto de hidrólisis convencional que ya venía efectuándose desde más de un siglo antes. Kirchoff (1824-1887) la empleó en sus estudios sobre la hidrólisis del almidón en presencia de ácidos. En 1860, Gaston Planté construyó el primer acumulador de plomo-ácido, partiendo también de la hidrólisis…

Stanley Miller no fue el primero en obtener aminoácidos a partir de experimentos en los que se utilizan, como fuente de energía, descargas eléctricas. En 1913 Löb y colaboradores obtuvieron el aminoácido Glicina realizando este tipo de ensayos. Y tampoco lo fue, en obtener “sustancias orgánicas” a partir de “sustancias inorgánicas”; hay un experimento mucho anterior en que ello se logró con éxito absoluto:

“Y Dios formó al hombre de polvo de la tierra y exhaló en sus fosas nasales el alma de vida; y el hombre se transformó en un ser vivo”. Gn 2:7

Milenios antes de que nacieran, la Biblia estuvo al alcance de todo ser que buscara esa verdad, incluyendo a Miller; ya instruía en la posibilidad del origen de la vida, partiendo de materia inorgánica tan elemental como el polvo de la tierra.

A diferencia de Miller, otro joven con la misma energía, pero con una proyección totalmente opuesta, anduvo siempre buscando metas nuevas, constantemente intentando averiguar en qué sitio él podía ser útil a la humanidad. ¡Y de qué forma lo logró!

Hablo de Louis Pasteur (1822-1895), químico francés, con hallazgos importantes en ciencias naturales, Química Orgánica y microbiología. El hombre que echó por tierra la anterior ideología de Jean Baptiste Lamarck, en 1809, (quien situó la ‘generación espontánea’ como punto de partida de la evolución biológica, con su libro ‘Filosofía Zoológica’)…y que se encendió de ira cuando Charles Darwin publicó ‘El Origen de las especies’ en 1859.

Pasteur era un buen cristiano, y pese a convivir entre los sabios escépticos del ‘ala izquierda’ del Sena, obviaba las sátiras de sus colegas, amigos de la Teoría de la Evolución. Este concepto, nacido para negar la existencia de un Dios creador; se basaba en el arrogante criterio de que todo había surgido ‘por sí mismo’:

“como partiendo de una sustancia informe, un limo vaporoso en estado de agitación desde hace millones de años, que va resolviéndose en una ordenada procesión ascendente de seres vivos hasta llegar al mono y, por último, como si fuera el paso triunfal, al hombre.”

Su total rechazo a la idea evolutiva y la selección natural, le revistieron con la armadura de Dios y logró demostrar lo absurdo de la generación espontánea o abiogénesis: concepto arcaico que sostenía que podía surgir vida animal y vegetal de forma espontánea, a partir de materia inerte, en la Naturaleza. Planteaban que salían gusanos del fango, moscas de la carne podrida, bichos de los lugares húmedos, etc. Exponían que la vida se estaba originando continuamente en la Tierra a partir de esos restos de materia orgánica.

En la segunda mitad del siglo XIX, Luis Pasteur realizó una serie de experimentos que probaron categóricamente que los microbios surgían a partir de otros microorganismos. Estudió de forma independiente un trabajo anterior del médico italiano Redi en el 1668 y usó dos matraces de cuello de cisne. Estos matraces, con cuellos muy alargados, más finos mientras subían, acababan en una apertura pequeña, y formaban una S, para que el aire lograra entrar, pero no los microorganismos, que quedarían en la parte más baja de la vasija.

En cada uno de ellos metió cantidades iguales de caldo de carne y los hizo hervir para eliminar los posibles microbios presentes. Pasado un tiempo observó que ninguno de los caldos presentaba bacterias y cortó el tubo de uno solo de los matraces. El caldo del matraz abierto tardó poco en podrirse, y presentar vida microbiana, mientras que el cerrado permaneció en su estado inicial. Pasteur demostró así que los microorganismos tampoco provenían de la generación espontánea, sino que estaban el aire, o lo usaban para reubicarse.

Gracias a Pasteur, y a que Dios puso en su camino al químico francés Balard (Él siempre ayuda al que se esfuerza en el bien) quien le auxilió con el diseño del matraz, la generación espontánea fue desterrada del pensamiento científico y se aceptó de forma general la biogénesis, el principio que dice que todo ser vivo procede de otro ser vivo.


“Jamás podrá rehacerse la doctrina de la generación espontánea del golpe mortal que le he asestado con este sencillo experimento”
– declaró Pasteur al ser reconocido su trabajo en este campo.

No hay vida más esforzada y fecunda que la suya. Solía decir que el único secreto de su ciencia estribaba en su divisa: “Trabajar, siempre trabajar”. Murió en septiembre de 1895, pero su obra vive en las vidas de millones de personas curadas gracias a sus descubrimientos (Pasteurización, vacuna contra la rabia; medalla Rumford de la Royal Society, Director de estudios científicos de la escuela normal de París, en 1867, teoría germinal de las enfermedades infecciosas…); sus aportes no solo fueron en el campo de la salud, sino que se extendieron hasta la industria y, por supuesto, la educación, pues instruyó a cientos de alumnos, y estimuló a emularle a miles en todo el mundo.

Su trabajo con la enfermedad de los gusanos de seda, atrajo su atención hacia el resto de enfermedades contagiosas. La idea de que las enfermedades pueden ser trasmitidas entre criaturas vivientes era un anatema. Se trataba de otro de esos puntos débiles que ahora se consideran inexplicables. No obstante, no había nada “obvio” en la idea de una enfermedad contagiosa. Suyo es también el mérito por la “pasteurización”, el proceso que actualmente garantiza la seguridad de numerosos productos alimenticios del mundo.

Su contribución en el área de la salud se vio reforzada cuando en 1871 indicó a los médicos militares que hirvieran el instrumental y los vendajes. Describió un horno, llamado “horno Pasteur”, en el que se esterilizaría todo instrumental quirúrgico y de laboratorio.

Este sabio dedicó su vida a los demás; no se metió en historias absurdas y ególatras. Al final de su carrera, logró mitigar la virulencia de bacterias patógenas, usándolas en la fabricación de vacunas. Él mismo obtuvo vacunas eficaces contra el cólera de los pollos, el ántrax y la erisipela del cerdo.

En 1881 demostró la eficacia de su vacuna contra el ántrax, inoculando la mitad de un rebaño de ovejas mientras inyectaba la enfermedad a la otra mitad. Las inoculadas con la vacuna sobrevivieron, el resto, murió.

En cierta ocasión, durante una reunión de químicos, puso en tela de juicio la habilidad científica de los naturalistas; a viva voz se alarmaba de que no hubieran tomado el más positivo camino de hacer ciencia: la vía experimental a favor de la humanidad. Predicó con el ejemplo:

“Ya que la doctrina de la generación espontánea es un error, está en la mano del hombre lograr que desaparezcan de la faz de la tierra las enfermedades parasitarias”—declaró poco antes de adentrarse en lo más tarde se llamó ‘pasteurización.’

Cuando Miller vino a Valencia, contaba con 73 años; al graduarse, tenía algo más de 20… Cincuenta y tres años consagrados a una investigación encargada de ofrecer una alternativa al origen de la vida, alejada de la Palabra de Dios, que no ha hecho más que confirmarla. Tiene no sé cuántos libros escritos, pero su conocimiento no valió ni para salvar una vida. Al compararlo con Pasteur, siento una profunda lástima por la forma en que malgastó su inteligencia… y por todos aquellos que le imitan en la actualidad.


“Un poco de ciencia te aleja de Dios, pero mucha ciencia, te devuelve a Él.” Louis Pasteur.

Murió el 28 de septiembre de 1895 lleno de honores, no de hombres, sino del espíritu de los miles de personas cuyas vidas salvó durante sus años de CIENCIA, así, con mayúsculas.


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