ABSURDAS CONSIDERACIONES SOBRE EVOLUCIÓN DEL ADN

diciembre 14, 2008


En el artículo anterior, los relojes circadianos presentes en bacterias fueron presentados aquí como evidencia de maquinaria compleja, manifestándose completa en una especie datada en miles de millones de años por la biología evolutiva. No hay ni un solo motivo para dudar que esos cronómetros biológicos aparecieran en la primera cianobacteria, tal cual lo hacen hoy.


¿Por qué? Porque hay tres proteínas implicadas en su maquinaria, actuando como reguladores mecánicos entre sí, y la ausencia de cualquiera de ellas impide mantener la oscilación que sistematiza la actividad fisiológica para la que fueron diseñadas.


Una réplica evolutiva fue presentada [en inglés], como debate del artículo inicial sobre estos relojes. Dada la importancia del tema, busqué la información original, en ‘Circadian Rhythms of Superhelical Status of DNA in Cyanobacteria’, según aparece en el enlace:


http://www.pnas.org/content/104/47/18819.full


Todo el artículo se fundamenta en presentar la ‘evolución’ de cada proteína involucrada. Se les organiza y vincula en un árbol filogenético, con las familias clhoroflexi, protobacterias, y archaeas; señalando a esta última como posible origen del gen codificador de la proteína más ‘veterana’, la KIAC: una labor, en la dirección de ‘evolución’ de los genes implicados. Tan largo y cansino, como pródigo en definición de todo tipo… menos del que afecta:


¿Cómo pudo funcionar el reloj circadiano con una sola proteína, las otras dos esperando su aparición ‘evolutiva’, si son imprescindibles las tres? ¿Cómo hablar de la regulación de cada función fisiológica de la bacteria con una sola proteína, si la práctica de laboratorio dice que son necesarias 3, formando la maquinaria del cronómetro? Esa imposibilidad es la que tienen que explicar, no contar la historia del huevo y la gallina, insinuando que, porque a ellos les viene bien, las primeras cianobacterias pudieron vivir sin necesidad de regular sus funciones biológicas. ¿En qué fundamentos científicos se basan para explicar que un reloj biológico pueda resultar necesario, solo cuando a ellos les convenga?


Como siempre hacen, distorsionan la verdad que aparece bajo los microscopios; niegan la evidencia, y se crean una fábula para explicar un funcionamiento sin reloj biológico que nadie puede acreditar. Algo que la propia experiencia en laboratorios niega, pues cuando una de las tres proteínas falla, el sistema no oscila, no hay control metabólico, y la bacteria muere.


Los biólogos partieron de un estudio que revelaba que las cianobacterias regulaban la fotosíntesis de día y fijaban nitrógeno en las plantas de noche. Sobre esta base, hallaron la secuencia de tres genes ‘kai’: a, b, c, que codifican las tres proteínas funcionales del reloj biológico: KaiA, KaiB, y KaiC, la mayor. Sin estas tres, no hay cronómetro; cada una es pieza indispensable en el sistema, y si se quiere explicar un proceso evolutivo en el reloj circadiano, habría que explicar antes, cómo pudo ser funcional con una sola proteína.


Es decir, no importa lo que pretendan insinuar; las proteínas están ahí, de modo que habría que explicar qué función realizaría una sola de ellas, y también, qué función, cuando fueran dos. Los ritmos circadianos o biológicos no son más que procesos fisiológicos que ocurren de forma oscilante, a intervalos regulares de tiempo, en animales, plantas, y todo organismo con alguna variación rítmica (metabolismo, producción de calor, floración, etc.), que suele estar asociada con un cambio ambiental. En general, no solo los procariotas y hongos, sino todo eucariota, han documentado diferentes ritmos, con períodos que van desde fracciones de segundo hasta años.


Las cadencias biológicas de todas las especies conocidas se regulan de forma similar, con estructuras cuya complejidad varía según quien se trate. Y el reloj circadiano más simple del que se tiene conocimiento es el de las cianobacterias.


Para regular sus ciclos metabólicos, los genes kaia, kaib y kaic, codifican para las proteínas KAIA, KAIB, Y KAIC. Con ellas establece un sistema oscilador que hace que, para funcionar como una unidad de regeneración-regulación, el gen kaiA transcribe en ARNm, la secuencia con la información genética para elaborar la proteína KAIA. Los genes kaib y kaic, transcriben de la misma forma, en los correspondientes ARNm las instrucciones contenidas en el programa genético, para ejecutar la misma operatoria con respecto al resto de las otras dos proteínas promotoras: KAIB y KAIC.


La transcripción-traducción-oscilación, es la fuente de ritmicidad circadiana, y el sistema compuesto por las tres proteínas KAI, funcionando en equipo, constituyen el marcapasos de las cianobacterias. Las proteínas no son pájaros volando por millones, cayendo exactamente las precisas, en el momento conveniente, cambiando el estado de las cosas, sino que se ‘fabrican’ en la célula, según lo que establece una instrucción inscrita y codificada antes en su genoma. Si hay algo que resulta evidente que exige control e inteligencia, es el diseño de cualquier reloj biológico, a partir de proteínas.


En eucariotas también hay sistemas de control del tiempo, regulando los metabolismos indispensables, como con un cronómetro. Pero su régimen es bastante más complejo. La célula eucariota posee además ciertos mecanismos de retroalimentación; señales que intervienen, controlando esta transcripción/traducción de ADN a ARN.


Y aunque los ciclos de eucariontes y procariontes comparten el diseño básico (señal de entrada – oscilador interno – señal de salida), los mecanismos respectivos no tienen ni una proteína en común con la cianobacteria, no comparten ninguna similitud. Por esta razón, los defensores evolutivos se ven obligados a postular diferentes orígenes para ambos, reconociendo que resulta imposible hablar de un solo reloj matriz, y por tanto, de una sola ‘evolución’ de relojes circadianos.


Los ritmos circadianos en eucariontes no solo controlan patrones de sueño y alimentación en animales, sino también la actividad de los procesos hormonales, regeneración celular, actividad cerebral, etc. Y en mamíferos se confina en el núcleo supraquiasmático (NSQ), un grupo de neuronas del hipotálamo medial; incluso se sabe que la destrucción de esta disposición lleva a la ausencia completa de ritmos circadianos.


No hace mucho, se creía que el núcleo supraquiasmático era el sitio único para el reloj biológico del cuerpo. La mayoría de los relojes biológicos funcionan con un ciclo de ‘casi’ 24 horas o circadiano, que gobierna funciones tales como el dormir y el despertar, el descanso y la actividad, el equilibrio de los fluidos, la temperatura del cuerpo, el rendimiento cardíaco, el consumo de oxígeno y la secreción de las glándulas endocrinas.


Y digo ‘casi’, porque se sabe que no es exactamente ese tiempo; lo que hace pensar a los investigadores que existe algún tipo de ‘interruptor’ proteico, que da la orden de resetear, poniendo a ‘0’ el sistema, e iniciando el ciclo oscilatorio de nuevo, desde el principio. Otra evidencia de complejidad imposible de obtener sin un agente externo precisando tal función.


No es el único reconocido; ya se han detectado interruptores biológicos en otros procesos metabólicos, codificados por genes que aparecen en el mal llamado ‘ADN ‘basura’, por la ignorancia y la prisa evolucionista.


Sin embargo, se ha concluido que otras células poseen también ritmos circadianos, sin depender de la regulación por el NSQ: las hepáticas, por ejemplo, responden a los ciclos alimentarios más que a la luz. Se llaman osciladores periféricos y están también en tejidos como esófago, pulmones, hígado, bazo, timo, células sanguíneas, epiteliales… Incluso el bulbo olfativo y la próstata experimentarían oscilaciones rítmicas en cultivos in vitro, lo que sugiere que también serían osciladores periféricos, aunque más débiles.


En el hombre se manifiestan distintos ritmos circadianos, anticipando una conducta. La temperatura corporal y el ritmo de hormonas plasmáticas como el ‘cortisol’ se modifican horas antes de despertar; nuestro sistema digestivo se pone en marcha tiempo antes de la hora habitual de la comida, y nuestro sistema cardiovascular se prepara de antemano para un cambio obvio cada noche, ante distinta postura: de vertical, a horizontal.


Sabiendo estas cosas, ¿cómo es posible relacionar ‘evolutivamente’ los variados relojes biológicos reconocidos por la Ciencia? Cada ente tiene un diseño; y cada diseño se regula según la información genética de cada especie, individualmente. De la misma forma, cada metabolismo, en una especie dada, tiene su propia regulación. Todo responde al programa controlador, diciendo en cada momento lo que hay qué hacer, y cómo hacerlo.


Desde la evidencia científica, no hay más opción que aceptar la presentación de las 3 proteínas al unísono, fundando juntas, el cronómetro circadiano que hoy se ve bajo potentes microscopios. Imposible entender la formación del reloj circadiano, fundamental en la ejecución bioquímica y mecánica de las tres proteínas Kai, si está ausente una cualquiera de las tres.


Por otra parte, no hay analogía entre estas proteínas y cualquier otra conocida en los relojes biológicos de otros organismos; y no tienen ninguna otra funcionalidad, excepto secuencias de aminoácidos contenidos en KaiC, observados también en ciertos procesos ATP-/GTP.


El trabajo conjunto de las tres proteínas en régimen de oscilación periódica, es lo único que puede explicar, desde la experiencia científica, la base de procesos fundamentales como la regulación de fijación de nitrógeno, la división de célula, y la fotosíntesis. Es el único mecanismo que tiene la célula de la cianobacteria, para la fosforilación.


No hay otra forma; no se puede decir: ‘evolución’, mientras se señala a la magia, con una proteína incapaz de cronometrar, estando demostrada la necesidad del cronómetro, esperando por las otras dos piezas del diseño, intentando hacer lo que en laboratorios se ha visto que no puede. Al menos, no en Ciencia.


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EVOLUCIÓN HERMANA A HUMANOS Y MONOS… DISTORSIONANDO LA VERDAD.

septiembre 21, 2008

Si algo me motivó a estudiar genética, más que ninguna otra razón, ha sido el despropósito de la pretendida ‘homología’ entre hombres y monos. Y digo monos porque reniego de farsas, y yo sé que el nombre virtual que bautizó a los supuestos ‘bichos’ que dieron lugar al humano, no es más que el mayor intento anti Dios, entre todos los fraudes evolutivos.

La prueba esencial para decir que toda especie desciende de una primera surgida al azar, es el parecido entre todas las secuencias proteicas. No se dice que son cientos de miles de proteínas vitales, dentro de una estructura genética fundamentada en sólo cuatro bases nitrogenadas, que, hábilmente combinadas, crea millones de entidades. Es imposible que bajo este ‘diseño’, los metabolismos pudieran diferenciarse más de lo que lo hacen.

¿Algún científico ha podido hacer las síntesis de ADN más variadas, desde bacteria a elefante o desde lechuga a la gigantesca secuoya, usando solo Adenosina, Timina Guanina y Citosina? En verdad, lo que se demuestra es que resulta imprescindible un programa muy inteligente para lograr algo tan extraordinario. Dios actuó magistralmente en su Creación. ¿Cómo es posible hallar grandes diferencias en las síntesis, si usó solo 4 bases nitrogenadas para conformar las miles de millones de instrucciones para la vida?

Mezclando solo 4 letras, se ‘codifica’ cada receta para crear, desarrollar y mantener, los millones de especies existentes en el planeta. ¡Si algo demuestra el ADN, es la Sabiduría y la Ciencia del Creador! Razonemos, pues a diferencia de los monos, tenemos cerebro y neuronas para algo más que para las ensoñaciones de ranas convirtiéndose en Príncipes.

Pese a la gran diversidad biológica, hay algo más en común que los elementos químicos esenciales: macromoléculas como proteínas, carbohidratos, lípidos y ácidos nucleicos. La similitud del código ADN, está en todos los genomas; cada proceso de transcripción, traducción y elaboración de proteínas, es básicamente el mismo en todo ser vivo.

Si un simio es el ente de mayor analogía física con el humano, ¿cómo no pensar que forzosamente sus respectivos ADN se semejarán más que por ejemplo, los del hombre y el asno? ¿Por qué no se le da este enfoque al planteamiento?… Solo porque resulta ‘menos conveniente’ para las intenciones que se persiguen: convertirnos en un elemento casuístico más, sin pasado vinculado a un plan divino, y lo que es peor: tampoco sin futuro.

Desde el invento del árbol de Haeckel [el tramposo evolutivo que falseó las etapas embriológicas del ser humano, intentando establecer un parecido con embriones de distintos animales], nació el concepto ‘filogenia’: ‘el desarrollo de embriones de cada especie repite el desarrollo evolutivo de esa especie totalmente’; de modo que la ontogénesis reproduciría la filogénesis. Y en una maniobra similar, versión Lucy-Chita-hombre, se usa la técnica de ‘hibridación del ADN’, para ‘demostrar’ lo ‘mono’ que somos.

Mediante tal hibridación, usando la temperatura de disociación de las cadenas originales y de los híbridos entre las especies a comparar, las bases de cada hebra tienden a unirse con su complementaria: a más uniones, mayor parecido genético. Un proceso que combina dos cadenas antiparalelas de ácidos nucleicos, en una única molécula con doble información, tomando la estructura de doble hélice.

Las bases nitrogenadas quedan ocultas en el interior; así, si se irradia la muestra con la longitud de onda adecuada, la absorción de energía será mucho menor. Si fuera sencilla, los dobles enlaces de las bases nitrogenadas estarían totalmente expuestos a la fuente de energía, dificultando la unión.

En 1960 se supo que dos filamentos de ADN, de dos especies distintas, pueden reunirse y desunirse in vitro, generando una molécula híbrida de doble cadena convencional. Eso se utilizó luego, para determinar el grado de relación ADN, entre chimpancé y hombre. En la práctica, cuando el ADN de simple cadena de dos especies distintas se combina e incuba a 60°C, se formará un ADN híbrido de doble cadena… solo entre las secuencias de bases homólogas. Sólo las secuencias homólogas tienen suficientes pares complementarios para formar dobles cadenas (dúplex) técnicamente estables a 60°C. Se tiene en cuenta la temperatura de fusión, donde la mitad de las moléculas complementarias se unen.

Sibley y Ahlquist, lo explican: (1987, J. Molec. Evol. 26: 99-121). ‘El material del dúplex híbrido resultante [hombre-chimpancé], luego es separado del filamento sencillo de ADN que queda, y es calentado con incrementos de 2 a 3 grados, y desde 55º a 95º C. La cantidad de la separación de ADN a cada temperatura es medida y totalizada, comparándola con el ADN humano-humano reformado como dúplex. Si el 90% de las bases apareadas de ambas comparaciones coinciden, se dice que hay un 90% de hibridación porcentual normalizada.

Pero, [oliendo a ‘deducción conveniente’, contra verdad científica], si el dúplex híbrido de ADN de diferentes especies presenta bases no apareadas, entonces se dice que esto ocurre debido a que ambos incorporaron distintas mutaciones… desde la última diversificación a partir de un común antecesor. Es decir, no se investiga, sino que se condiciona el resultado con respuestas a lo que se espera hallar, dando por ‘hecho’ que el antecesor común es un ‘hecho’, aunque este supuesto se haya basado en lucubraciones; justificando cualquier contradicción que surja.

Mas, Ayala y Valentine (1983), ya avisaron que esta técnica presenta inconvenientes: la enorme cantidad de secuencias presentes en casi todo ser vivo, y la imposibilidad de revisar globalmente todas las secuencias, pues solo se emplean fragmentos de ADN y luego se extrapolan, subjetivamente, a todo el genoma. Por ello, muchos investigadores, anatomistas y morfologistas, cuestionan los datos así obtenidos; a su criterio, no representa un confiable análisis global de ambos códigos genéticos.

Los propios autores del trabajo plantean que aunque el método de hibridación permite comparar una reducida parte del genoma de dos especies entre sí, sin embargo no puede medir cuánto ‘exactamente’ ha cambiado el ADN de las dos especies comparadas. No es el caso de la técnica RFLP: la Huella genética parental, que determina la identidad y la paternidad de personas, circunscrita solo a puntos específicos en los brazos de los cromosomas. Y atención ahora: actualmente también se le llama ‘Huella genética’ a variaciones de la técnica PCR… usada en el controvertido experimento hombre-chimpancé; para darle más ‘feeling’, vaya.

En general hay varios métodos para la hibridación del ADN, entre ellos:

– Marcaje con radioisótopos [Ej: tritio]

– Imunohistoquímicas

– Hibridación In Situ Fluorescente (FISH)

– Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR: Polymerase Chain Reaction)

– Chip de ADN; el más actual y el más fiable

Con respecto al ‘parecido’, chimpancé-hombre, los anatomistas consideran poco probable que un mono caminando con nudillos, y el humano de marcha bípeda, compartan un mismo antecesor común. La respuesta de quienes presentan la ‘invisible’ evidencia molecular, es que eso se solucionó con una adaptación ‘perdida en la línea ‘homínidos’; pero no se dice que para que esto ocurriera, antes habría sido indispensable recodificar y reinscribir todas las instrucciones que aparecen en el ADN del chimpancé, de lo contrario: NADA DE NADA.

Y esto, nadie, en ningún punto del planeta, tiene evidencias de que ocurra, sino todo lo contrario, pues lo que se sabe es que ninguna información se reinscribe y recodifica, si no hay un agente externo que lo ejecute. Desinforman, diciendo que esto se consigue a través de las mutaciones, pero la realidad es que ninguna, absolutamente ninguna mutación, ocurre para mejorar la respuesta biológica, sino para atrofiar en menor o mayor medida a la especie que la sufre: desde un simple diente menos en el arco bucal, por ejemplo, hasta una atrofia mandibular que convierta a la persona afectada en un monstruo… o a las más de 20000 enfermedades de causas genéticas, que derivan en padecimientos constantes, condiciones de vida anormales, y en más ocasiones de las deseadas, hasta la muerte.

Volviendo a la hibridación: se silencia que se hace con pequeñas secuencias proteicas del ADN ‘codificante’: el de los exones, el primero que la Ciencia determinó que ‘instruye’ para crear proteínas. O sea, la información que se da en las aulas y en toda la prensa informativa, es que somos ‘iguales a los chimpancés en un 97, 98, ó incluso 99%’… según el conveniente nivel de manipulación en los laboratorios. NO SE DICE, que ese ‘codificante’ solo representa un 5% de toda la información del ADN.

Para la hibridación se usan pequeños filamentos con secuencias de ADN. Se extraen del núcleo celular, se separan de otros componentes nucleares, y se cortan en pequeños fragmentos de unos 500 nucleótidos. Sabiendo que cada uno es un ensamblado de tres componentes: monosacárido, base nitrogenada y fosfato; siendo la base el principal de ellos, usándose en el experimento la misma cantidad para humano y chimpancé.

O sea, se calla que esta ‘comparación’ implicó una ínfima parte de ambos genomas, pues el ADN humano, en específico, cuenta con 3 000 000 000 pares de bases. Dicho en castizo, para que se entienda mejor: TRES MIL MILLONES DE PARES DE BASES.

En genética, un par de bases consiste en dos nucleótidos  opuestos y complementarios en las cadenas ADN/ARN, conectadas por puentes de hidrógeno. Por ejemplo, en el ADN, la adenina y timina constituyen un par; la guanina y citosina, forman otro par… constituyendo con ese preciso diseño, una estructura perfecta para el modelo de la doble hélice.

Una gran evidencia de que el ADN no es casuístico, sino perfectamente ‘programado’, lo explica Erwin Chargaff, al probar que dichas bases son proporcionales: “el total de purinas (adenina-guanina) siempre es igual al de pirimidinas (citosina-tinina); es más hay tanta adenina como timina y tanta guanina como citosina ” (GRIBBIN, 1986, pág.169).

Toda la genética se fundamenta en estas aleaciones, condicionadas siempre por un par de bases específicas: o uno u otro; jamás se verá guanina con adenina, o timina con citosina… y en el trabajo de laboratorio en el que se fundamentaron para describirnos como ‘hermanos’ de monos, solo se emplearon 500:2= 250 pares de bases. ¡Comparan 250 pares de bases, para decidir sobre la ‘homología’ entre dos especies, cuando solo el ADN del ser humano contiene TRES MIL MILLONES DE PARES DE BASES!

Calculando con simple regla de tres, el 5%: esos ‘exones’, considerados como ADN codificante:

100%————-3 [10 a la 9ª potencia] pares de bases

5%————  X

De donde X= 150’000,000= CIENTO CINCUENTA  MILLONES DE PARES DE BASES.

De ellos, solo se toman 500 nucleótidos para recombinar: 250 pares de bases [500 : 2]. Por tanto, de este 5%, aun se reduce más el porcentaje empleado:

150 000 000———100%

250———  X

Por lo que X= 0.00016 %

Y si nos remitimos al total de pares de bases del ADN humano, tenemos:

3 000 000 000——– 100%

250———  X

De donde X= 25000 : 3 000 000 000= 0.0000083 %

Es decir: los científicos evolutivos se han fundamentado en un 0.00016 %, del 5% del ADN total, para definir nuestra homología genética con los chimpancés. O dicho de otra forma más explícita: Los científicos evolutivos se han fundamentado en el 0.0000083% de todo el ADN nuclear, para decir que genéticamente resultamos homólogos al chimpancé… para ‘hermanarnos’ con ellos en el tiempo. ¡Ese es el verdadero enfoque de lo que se hizo en los laboratorios, ocultando la realidad al mundo!

En esta ocasión, porque interesaba, incluso se obvió el ADN mitocondrial, que aunque mucho más pequeño, juega un papel importante, puesto que casi su 100% representa una descendencia genética por vía materna. O sea, se obvió intencionadamente más del 99.99998 %, cifra imposible de descartar desde la lógica y la razón; claramente colosal, para llevar los resultados a donde les convenía. De nuevo mala intencionalidad, fraude y manipulación, tanto de los conocimientos, como de la información que fue bajada posteriormente a todas las aulas, y a todas las cadenas informativas de la sociedad. ¿Puede ese resultado considerarse honesto? ¿Puede considerarse científico y definitivo?

Según lo emitido: el 99% de homología ADN chimpancé-hombre, se fundamentó en el 0.0000083% de los datos aparecidos en el ‘programa de la vida’ contenido en el ADN nuclear… dejando sin analizar, como si no existiera, y como si no fuera importante, la amplia información genética derivada de línea materna: la de las mitocondrias: esos vitales orgánulos que la misma seudociencia de los cálculos convenientes, pretende presentar al mundo como entidades descendientes de bacterias.

No se enfoca que el 95% de la información del ADN, ha sido el gran ausente del ‘proyecto de hermandad chimpancés-seres humanos’. Pero ya se sabe que ciertas secuencias de ese 95%, (homeodominios, complejos receptores de hormonas esteroides, etc.) tienen afinidad hacia proteínas especiales, con capacidad de unirse al ADN, y con un papel cardinal en el control de los mecanismos de trascripción y replicación.

Estas secuencias se llaman frecuentemente secuencias reguladoras, y los investigadores asumen que sólo se ha identificado una pequeña fracción de las que realmente existen. El mal llamado ADN ‘basura de la evolución’ [siempre me recuerda al fraude de los órganos ‘vestigiales’ que nunca lo fueron], representa secuencias que no parecen contener genes ni tener alguna función. La presencia de tanto ADN ‘no codificante’ en genomas eucarióticos, y las diferencias en tamaño del genoma, representan un misterio que es conocido como el enigma del valor de C. Hoy se sabe, por ejemplo, que hay secuencias de ese enigma C, con un papel clave como reguladores de los genes, como sensores, y como interruptores que les ordenan activarse o desactivarse cuando corresponda.

Hace poco, la revista Science publicó un estudio sobre la utilidad de la investigación de ese enigmático ADN. Un equipo internacional, con participación del CSIC español, describe ‘crucial’ una secuencia del ADN ‘basura’, para el funcionamiento del gen de la hormona del crecimiento. Definen al SINEB2, como implicado en el desarrollo de las células, en la mitosis, el envejecimiento y la longevidad. Lluis Montoliuel investigador del Centro Nacional de Biotecnología, dice que “hay información de indudable relevancia en el ADN intergénico, el mal llamado ADN basura”.

También los telómeros y centrómeros contienen pocos o ningún gen codificante para la cadena proteica… mas son vitales sin embargo para consolidar la estructura cromosomática; otros codifican ARNr, ARNt, ARN de interferencia o ARNi: bloqueadores de la expresión de genes específicos, en momentos programados por la instrucción ADN.

Lo dicho, la evolución de las especies, contiene el mayor cúmulo de errores conceptuales que ha traspasado las puertas de la cultura y educación social. ¿Hasta dónde tendrá la humanidad que soportar indiferente, tanta mentira, tanta obstinación y tanta demencia irreflexiva?

¿Hermanos de chimpancés? No gracias; pasamos de más fraudes; nos hace recordar el significado de ‘Sofisma’: “Razón o argumento aparente con que se quiere defender o persuadir aquello que es falso.”


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