EVOLUCIÓN: UN ROSARIO DE EMBUSTES.

marzo 7, 2008

COSAS QUE HAY QUE RECORDAR

Sr. Manuel, este artículo, se lo dedico a usted. Permítame participar de su debate con el hermano Daniel, a través de este razonamiento derivado de la página que ud. ha exhortado a que se visite y que he visitado. De ella he extraído:

‘Y los humanos evolucionaron de ancestros simiescos tanto si lo hicieron a través del mecanismo propuesto por Darwin o por algún otro, todavía no descubierto. Por otra parte, “hecho” no significa “certeza absoluta”. Las pruebas finales de la lógica y las matemáticas fluyen deductivamente de premisas indicadas y logran certeza sólo porque no tratan acerca del mundo empírico.’

Yo le afirmo, con esa misma energía que el autor emplea para dar la evolución como un hecho, que si una entidad bancaria, una congregación humana de cualquier tipo, o una simple persona le miente a usted; en ese mismo momento, la credibilidad adquiere fecha de caducidad. La credibilidad demanda de toda una vida; la no-credibilidad, de un solo instante.

La evolución ha presentado fósiles, (adjunto fotos) en National Geographic, Vol. 152, 159, 1523 y New Scientist, 20 enero 1984,) de hipotéticos millones de años, que resultan idénticos a sus descendientes actuales; sin estado transicional entre ellos. Claras evidencias de ‘no resultado de la evolución’ sino de la creación especial. Se ve un tiburón datado en 400 millones de años, una langosta de 40 millones, una hormiga con 100 millones y la cucaracha de 320 millones. Y no hablo de €, sino de años.

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Otro caso de ‘eslabón presentado’: empuje y marcha atrás, fueron los dientes y los espolones del arqueopterix, contrastados con otro fósil Chino (1996), que provocó una confusión aún mayor. “Science” publicó un artículo de Hou, Martin y Alan Feduccia, sobre un pájaro de 130 millones de años: el Lidoningornis, quien tenía el mismo hueso del pecho, en el que se insertan los músculos, igual que en los pájaros modernos, de los cuales tampoco se distinguía en lo demás. La única diferencia residía en los dientes de la boca.

Esto probaba que no provienen de los dinosaurios; indican que no resulta una forma transitoria, de ellos a ave, es decir, de una especie a otra, como sostenían los evolucionistas, y constituyó otra evidencia a favor del diseño de la Creación, ya que no se observa estado transicional con respecto a los actuales. El ‘Discover’ presentó el artículo “¿De dónde vinieron los pájaros? El propio Stephan Jay Gould y Niles Eldredge, paleontólogos de Harvard y evolucionistas mundialmente conocidos, aceptan que el Arqueoptérix resultó un “mosaico” viviente que albergaba varios rasgos distintos en su constitución, ¡pero que nunca puede ser considerado una forma transitoria!

Por otra parte, dentro de esta misma temática del ‘mentir a toda costa‘, iniciada por Haeckel, el conocido médico y también paleoantropólogo aficionado, Charles Dawson, afirmó un buen día haber hallado un hueso de quijada y un fragmento de cráneo en una cueva de Piltdown, Inglaterra, en 1912. Aunque el maxilar se parecía más al de un mono, los dientes y el cráneo eran los de un ser humano. Se supuso que esas muestras que fueron etiquetadas “Hombre de Piltdown” tenían 500 mil años de antigüedad. Distintos museos la presentaron como prueba absoluta de la evolución humana.

Por más de 40 años se escribieron artículos ‘seudocientíficos’ sobre este embuste, se dibujaron muchas interpretaciones del mismo y el fósil fue presentado como una evidencia importante de la evolución humana, en las propias escuelas. Hubo, no menos de 500 tesis doctorales sobre la materia, y el conocido paleontólogo norteamericano Henry Fairfield Osborn, mientras visitaba el Museo Británico, en 1935, llegó a decir: “…tenemos que recordar permanentemente que la Naturaleza está llena de paradojas y este es un asombroso hallazgo referido al hombre primitivo…”

Años después, en 1949, Kenneth Oakley, del Departamento de Paleoantropología del Museo Británico, quiso experimentar la reciente “cata del flúor”, para fósiles antiguos, en el ‘Hombre de Piltdown’. El desenlace fue pasmoso; durante el análisis se comprobó que el hueso maxilar no contenía flúor. Esto indicaba que llevó enterrado solo unos pocos años; al igual que el cráneo, con muy poca cantidad de este elemento. Más tarde, se concluyó que los dientes eran de orangután y habían sido injertados en las mandíbulas, y que las herramientas “primitivas” descubiertas con los fósiles eran simples imitaciones torneadas con implementos de acero.

Esta falsificación saltó a la palestra internacional, en 1953 con un análisis pormenorizado completado por Weiner. ¡El cráneo pertenecía a un hombre de hacía 500 años y la quijada a un mono que había muerto hacía poco! Los dientes fueron puestos en un orden determinado y los puntos de unión habían sido rellenados, buscando semejanza humana. Todo fue teñido con dicromato de potasio para darle una apariencia antigua; las tinturas se esfumaron cuando los vestigios se anegaron en ácido.

Le Gros Clark, del equipo que descubrió el perjurio, no pudo ocultar su estupor y dijo que “las evidencias de la abrasión artificial surgieron a la vista de inmediato“. En realidad, bien podemos preguntar, ¿cómo es posible que algo tan obvio haya dejado de ser advertido antes?” El “Bulo de Piltdown” fue sacado al fin del Museo Británico, luego de más de 40 años de exhibición; es decir, una mentira sostenida casi medio siglo: una más en el largo rosario embustero de la evolución.

Otro aporte a esta sarta, vino de la mano del director del Museo Americano de Historia Natural, Henry Fairfield Osborn, en 1922, quien dijo haber hallado un molar fósil en Nebraska occidental, cerca de Snake Brook, correspondiente al Período del Plioceno: ¡Desde 5.3 millones hasta 1.8 millones de años en el pasado! La pieza, teóricamente, tenía características comunes al hombre y al mono; emergieron profundos argumentos ‘científicos’, algunos de los cuales aclararon que se trataba de un diente del ‘Pitecantropo erectus’, mientras que otros sostenían que era más cercano al ser humano. Este diente fósil, que provocó un gran debate, fue bautizado como “Hombre de Nebraska” e incluso nominado por la seudociencia evolucionista: ‘Hesperopithecus haroldcooki’.

Muchas autoridades de la evolución apoyaron a Osborn; desde ese solo diente, gracias a la fértil imaginación evolucionista, demostrada desde hace más de 140 años, salieron bosquejos de la cabeza y del cuerpo del “Hombre de Nebraska”. Además, éste fue representado incluso con la esposa e hijos, como toda una familia en un ambiente natural.

Todo este escenario fue desarrollado a partir de un solo diente. Los círculos científicos acreditaron a este “hombre fantasma” en un grado tan alto, que cuando el investigador William Bryan se opuso a las decisiones tendenciosas que se apoyaban en un solo diente, fue criticado duramente. En 1927 se halló resto del esqueleto, demostrando que el diente del caso no pertenecía a un hombre ni a un mono, sino a una especie extinta de cerdo americano: Prosthennops “Hesperopithecus. ‘Sciencie’ no tuvo más remedio que pronunciarse, mediante un artículo de William Gregory: ‘Aparentemente No Es Un Mono Ni Un Hombre“, en el que denunciaba el fraude, elevándolo a la categoría de ‘error’.

Todos los dibujos del “Hombre de Nebraska” y “su familia” fueron retirados de inmediato de las futuras literaturas evolucionistas, pero las editadas, editadas están, como todo lo editado sobre el ‘hombre de Piltdown

Darwin, en su libro “El Origen de las Especies”, presentó la suposición de un ser humano resultado de la evolución de monos antropomorfos. Fue tras fósiles que apoyaran ese argumento; sin embargo, algunos evolucionistas creían que no sólo en los registros fósiles se iban a encontrar criaturas “semimonos semihumanas“, sino que también se les hallaría con vida en distintas partes del mundo. A principios del siglo XX, la búsqueda de “vínculos transitorios vivientes“, condujo a incidentes desafortunados, siendo uno de los más crueles el sucedido a un pigmeo llamado Ota Benga, capturado en 1904 por un investigador evolucionista en el Congo.

En su lengua nativa, el nombre del pigmeo significa “amigo“. Éste tenía una esposa y dos hijos, pero fue llevado a Norteamérica encadenado y en una jaula, donde los ‘científicos evolucionistas‘ lo exhibieron al público en la Feria Mundial de San Luis, ¡junto a una especie de monos!,  presentándolo como el “eslabón transitorio más cercano al ser humano“. Dos años después llevaron al pigmeo al Zoológico del Bronx en Nueva York, donde junto a cuatro chimpancés, un gorila llamado Dinah y un orangután llamado Dojung, fue exhibido bajo la denominación de “antiguo ancestro del ser humano“.

El Dr. William T. Hornaday, ‘evolucionista‘ y director del zoológico, pronunció largas disertaciones respecto a lo orgulloso que estaba de tener esa “forma transitoria” excepcional, a quien trataba como a un animal cualquiera. Ota Benga no pudo soportar el trato que se le daba y finalmente, lejos de su entorno, su familia, y en aquel ambiente de circo que le humillaba, terminó suicidándose.

El Hombre de Piltdown, el Hombre de Nebraska, Ota Benga… Estos fidedignos escándalos, demuestran que los científicos evolucionistas, detrás de la honrosa bandera de la Ciencia, no han vacilado en emplear cualquier tipo de método anticientífico para dar validez a su teoría. Al observar toda “evidencia” de la ficción de la “evolución humana” nos topamos con una situación similar. Estamos ante una fábula y una tropa de voluntarios, dispuestos a hacer cualquier cosa para darle validez a la misma. Sin embargo, conocedor del espíritu del hombre, soy conciente de que muchos se darán cuenta del error y rectificarán, vivo convencido de ello.

Contrastando a esa bondad a la que apelo, un par de evolucionistas obsesos, me llaman mentiroso. ¿Dónde está mi mentira? ¿Seguirán buscando el eslabón perdido bacteriano que se vuelve ameba? ¡En las trincheras de los paleontólogos, con un pico y una pala debían estar! Así sudarían un poco y eliminaran las toxinas que inundan sus cerebros, cesando de envenenar la mente de tantas personas que se dejan seducir por la seudociencia que les alimenta.

A los profesionales que siguen el evolucionismo, intentando hacerlo coincidente con los planteamientos bíblicos, les pido, en nombre de Dios, que reflexionen al calor de su Palabra, en una de las últimas advertencias de Cristo que han quedado escritas:

“Yo soy el alfa y la omega, el primero y el último, el principio y el fin” (Ap 22:13)

Alfa y Omega: inicio y fin del alfabeto griego, dominante entonces. Es decir, nos certifica que, desde la primera hasta la última de sus palabras son ciertas. Si Él constantemente hablaba de la Creación, diciéndonos incluso que tomó parte vital en ella; ¿cómo vamos a ofenderle, pensando que la casualidad ha jugado algún papel? Tenemos una deuda de gratitud; si no somos capaces de morir en la cruz, al menos no seamos ingratos.


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LA EVOLUCIÓN AGUIJONEADA POR UNA OBRERA.

febrero 27, 2008

Febrero 27/2008

LAS ESPECIES QUE NO LO SON.

Días atrás, se me planteó la especiación bacteriana como certeza de la evolución. Debo confesar que no me sentí muy a gusto, pues la temática de esta filosofía se halla en una línea de análisis que no comparto; mi razonamiento, por más que lo intente, siempre termina predisponiéndome contra ella.

Sin embargo, proveniente de un profesional de la investigación evolutiva, merece un respeto: dedicó parte de su tiempo en intentar convencerme de sus planteamientos y yo no correspondí a su entusiasmo. No fue por menospreciarle, sino debido a que veo la situación desde una óptica muy distinta, que no me permite aceptar sus deducciones. Pero le debo una disculpa; he sido casi grosero en no debatir con él en el tema que me propone, y he decidido complacerle: he recurrido a literatura evolucionista, he apartado de momento el artículo que debía presentar y les expongo este, sumergido en la forma de pensar que inculca la teoría darwinista.

He acudido a la página http://www.ucm.es/, y me he bajado un trabajo sobre la especiación; lo he estudiado y he decidido reflejar aquí mis opiniones al respecto, abierto a todo aquel que pueda sentirse interesado en leerlas. Es abundante en planteamientos, así que tendré que desglosar mis impresiones a través de este blog, en varios artículos.

Según esta hipótesis, desde un punto de vista biológico, se entiende que una especie es un grupo de poblaciones naturales cuyos miembros son capaces de producir descendencia fértil al relacionarse sexualmente, pero que sin embargo están impedidos de ello (en circunstancias normales), con aquellos componentes de poblaciones pertenecientes a otras especies. Pero, si nos ubicamos en las abejas obreras, creo que esta población contradice esa teoría. Una colmena oscila entre varias decenas de miles de individuos, según su tamaño, cuya inmensa mayoría está compuesto por las conocidas como ‘obreras’.

Estas afanosas formidables, tienen varias características específicas: su tamaño es más pequeño que el resto de la colmena y su abdomen también es más corto. Además, poseen un aparato bucal muy desarrollado y una alargada lengua que les permite obtener el néctar que luego almacenan en el buche melario para transportarlo a la colmena.

Desde que nacen, no salen del panal hasta las 3 semanas; pero a los pocos días ya realizan diferentes funciones: mantienen limpios las casillas de cera y todo su hábitat, comienzan a desarrollar sus glándulas hipofaríngeas productoras de jalea real y alimentan a las larvas, desarrollan glándulas cereras y construyen los panales, reciben el alimento de las pecoreadoras y lo colocan en las celdas, velan para que no ingresen abejas de otras colmenas, y generan una corriente de aire para deshidratar el néctar.

A los 21 días se les atrofian las glándulas cereras y vuelan al exterior, pasando a llamarse ‘pecoreadoras’ y dedicándose entonces a  recolectar néctar, polen y propóleo, además de acarrear agua. Estas secuencias no son seguidas por todas las obreras, así como hay abejas que llegan a pecoreadoras sin haber realizado las actividades anteriores. Algunas, parecen madurar precozmente, y otras rejuvenecen en determinadas condiciones.

Su visión es muy grande, necesaria para la recolección, localización, etc. En las patas posteriores, poseen una modificación denominada corbícula (cestilla) que les permite transportar el polen y la resina de las plantas (propóleo). Recogen los granos de polen con una especie de cepillo peludo que poseen; cuando está lleno, pasan el polen a las cestillas y lo trasladan a su colmena.

Es decir, resulta imposible aducir que no son comunales, y mucho menos, que no resultan importantes para la colectividad. Sin embargo, tienen una característica que las identifica especialmente, un capricho de la Naturaleza: son abejas hembras infértiles, sus aparatos reproductores se encuentran atrofiados  y son más pequeñas que la reina.

Y este punto llama mi atención, pues, genéticamente hablando, la evolución define una especie como la unidad reproductiva, es decir: el conjunto de entes capaces de generar descendencia fértil por cruzamiento entre sus miembros. Ya hemos visto que las abejas obreras son la verdadera fuerza motriz de una colmena: lo hacen todo… menos la reproducción de la especie, tarea asignada a una única abeja reina.

¿No las catalogaremos dentro de su ‘especie‘ por esta razón? ¿Cómo se manifiesta la ‘evolución‘ en una abeja obrera? Desde los inicios de la humanidad se conoce la miel y sus productoras; esta gestión siempre se ha mantenido igual y aunque debido a mutaciones genéticas por pérdida de información codificada, existen distintos tipos dentro de estos himenópteros, las obreras jamás han dejado de fabricar el dulce elemento.

Los tipos de abejas, zánganos incluidos, son producto de un diseño de Dios: uno de los casos conocidos como caprichos de la Naturaleza. Pero se hace evidente, como el cuento de la pescadilla que se muerde la cola, que ya se contraatacará, alegando quizás que hace 10 a la ‘n’ millones de años, las obreras eran las más fecundas de la colmena y que también han evolucionado, (aunque en este caso hacia atrás, hacia la degeneración de la especie), así como que, gracias a la evolución, ha salido una abeja redentora (la más fuerte genéticamente, por supuesto) que saca la cara por el grupo y ella solita se encarga de mantenerlo vivo. En fin; no veo punto de encuentro en las deducciones.

Otro planteamiento se refiere a que ‘cualquiera que sea el parecido fenotípico entre un grupo de individuos, si los apareamientos entre ellos no producen descendientes (que es lo más habitual) o sólo producen descendientes estériles (como es el caso, por ejemplo, del cruce entre caballos y burros) pertenecen a especies diferentes.’

Lo del asno, asna, yegua, caballo, y mula-mulo, (y burdéganos: hijo de caballo y burra) es algo similar, pues tienen sus cromosomas sexuales diferentes. La mula es estéril por ser descendiente de una yegua (64 cromosomas) y un burro (62 cromosomas). La esterilidad de la mula (63 cromosomas), se da porque en la meiosis los cromosomas no pueden aparearse.

En los seres humanos también se ven alteraciones cromosomáticas en número, pero debido a accidentes genéticos [mutación, trisomía, delección…]; el caso del cromosoma 21 (síndrome de Down) es uno de ellos. Sin embargo, estos descendientes siguen siendo personas; no constituyen otra especie: tienen sentimientos, son capaces de experimentar amor y de agradecer todo el que le entregan. Y no es el único, pues existen dolencias congénitas por cambios en número de cromosomas varios, derivados todos de la pérdida de información codificada original, dispuesta en sus ancestros.

Otro caso distinto lo vemos en los perros. Si un ‘Doberman’ acopla con una ‘Cookie’ y hay descendencia, estos serán perros que arrastrarán las variaciones cromosomáticas de sus padres, (aunque en este caso, no en número), pero son variaciones en alelos, y aunque estas les definan como de otra raza, continuarán siendo perros hasta su muerte; no van hacia ningún otro animal. Y lo mismo ocurre con la raza humana: son capaces de procrear entre sí con independencia de sus razgos, crean nuevos razgos, pero su ADN sigue perteneciendo a la especie humana. Tampoco van hacia ningún otro animal.

No ocurre lo mismo con los simios: gorilas, orangutanes, macacos, y otros; creados con un exclusivo código genético, respondiendo a distintos diseños, y no engendrando entre sí. Hay 160 especies de primates, pero ninguna de ellas se acopla sexualmente si no es con otra de diferente sexo, pero de su misma especie. O sea, un mandril jamás cortejará a una mona tití, ni un chimpancé a una gorilita; por lo que, cuando ocurre el apareamiento, garantizan la continuidad de la especie… y al mismo tiempo la imposibilidad de un nacimiento homínido. Ese planteamiento es totalmente anticientífico.

El ‘homínido’ no puede existir, sencillamente porque no tuvo padres capaces de engendrarlos. Esa especie no existe; es producto de la ficción.

Ninguna especie va hacia otra; se sufren mutaciones y alteraciones de varios tipos, por esta pérdida de información comentada y esto establece cambios morfológicos y estructurales en los fenotipos, a veces con consecuencias inevitables para la propia supervivencia del ente que se trate; pero hasta ahí. Con respecto a la especiación de las bacterias, prometo que constituirá mi próximo trabajo, lo prometo; solo estoy siguiendo el curso de los planteamientos del documento que me he bajado.

Quiero dejar patente que apoyo la Ciencia como el que más; el cristianismo no está reñido con ella. De hecho, hay científicos cristianos; no hace mucho vinieron dos a España: dos doctorados, aunque alguien intente denigrarlos, (el tercero era un médico) en defensa de la Creación bíblica. La presión ejercida por una institución evolutiva española fue muy grande y esto hizo que temieran presentarse como lo que son: soldados de Cristo; pero solo es cuestión de tiempo. El ‘no podemos permitir que el pie de Dios entre‘, tiene sus días contados, pues el Señor tiene el poder suficiente para manifestarse; solo que el debate es necesario, pues al tomar partido por una línea o por otra, mostramos lo que hay en nuestro corazón y aportamos elementos a favor o en contra, para nuestro juicio final irreversible.

La Biología en particular, ha contribuido a que las plagas que antiguamente asolaban a una humanidad indefensa, hoy constituyan solo un mal recuerdo. Muchos biólogos e investigadores asociados han ido obteniendo, continuadamente, importantes logros en la medicina preventiva y de profilaxis; sus nombres ya están escritos para la posteridad y han sido grabados con tinta indeleble en el libro de Dios, pues el servicio a la humanidad es muy valorado por el Altísimo.

Asimismo, en biotecnología, otras investigaciones en curso ya han logrado importantes éxitos en sus primeras fases. (Cultivos híbridos, producción de antibióticos, etc…) Entre las nuevas tecnologías moleculares, destaca la síntesis de ADN y proteínas en laboratorio, lo que genera grandes expectativas en la mejora de procesos industriales; la producción agropecuaria, y en la obtención de medicamentos más eficaces en la lucha contra las enfermedades. Mención aparte a las células madres, que cada día aportan más esperanza a millones de personas en todo el mundo, que resisten sus dolencias pacientemente, hasta que aparezca el nuevo fármaco o técnica, que envíe su mal a los archivos del pasado.

¡Qué el Dios Todopoderoso les bendiga y que cada vez se sumen más hombres de ciencia a esta honorable empresa!

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Matemáticas y Arca de Noé.

febrero 21, 2008

Febrero 21/2008


MARINEROS A BORDO.

Desde hace días, varias intervenciones en el blog se han referido al Arca de Noé y la imposibilidad de los planteamientos bíblicos con respecto a sus implicaciones. Ante el deber de contestar una por una a todas, y aprovechando que ya llevaba algún tiempo editando este artículo, decidí priorizarlo, saltándome el plan previsto. Creo imprescindible exponer no solo las consecuencias del diluvio, sino sus causas, por lo que les ruego disculpen el ‘ladrillo’ necesario, las razones expuestas en el Bereshit 6:11-22:

‘La tierra se había vuelto corrupta delante de Dios; estaba llena de violencia 12 Y Dios contempló la tierra y he aquí que estaba inmunda, pues toda la carne había corrompido su camino sobre la tierra. 13 Dios le dijo a Noaj (Noé): «Ha llegado ante Mí el fin de toda la carne; pues la tierra está llena de inmoralidad; y he aquí que estoy por destruirlos de la tierra. 14 Hazte un Arca de madera de ciprés; hazle compartimentos y cúbrela por afuera y por dentro con brea. 15 Así es como deberás hacerla: trescientos codos de longitud (135m); cincuenta codos de ancho (22.5m) y treinta codos de altura (13.5m) (41000.m3) 16 Le harás una ventana, y la terminarás a un codo desde arriba. Coloca la entrada del Arca al costado; hazle un primer piso, un segundo piso y un tercer piso. 17 En cuanto a Mí, he aquí que estoy por traer el Diluvio sobre la tierra para destruir toda la carne en la que hay aliento de vida bajo los cielos; todo lo que hay sobre la tierra expirará. 18 Pero he de establecer contigo Mi pacto y tú entrarás al Arca, tú, tus hijos, tu mujer, y las mujeres de tus hijos junto a ti. 19 Y de todo lo que vive, de toda la carne, dos de cada uno llevarás al Arca para que sobrevivan contigo; serán macho y hembra. 20 De cada ave, según su especie, y de cada animal, según su especie, y de cada ser que repta sobre el suelo, según su especie, dos de cada uno llevarás junto a ti, para que sobrevivan. 21 En cuanto a ti, toma todos los alimentos que sean comestibles y reúnelos, para que les sirvan de comida a ti y a ellos». 22 Noaj (Noé) hizo según Dios le había mandado. Así lo hizo.’

Analicemos ahora si fue posible la existencia de una nave con la capacidad requerida para responder aquel planteamiento de Dios: según la tradición judía, el codo tendría unos 45 cm.; así que al final de su construcción, estaríamos ante un arcón de 135 ms de largo, 22.5 m de ancho y 13.5 ms de altura, lo que implicaba una capacidad algo mayor a 41 000 m3: el mayor artefacto flotante construido hasta finales del siglo XXIX, cuando surgieron los primeros trasatlánticos. Tened presente que no fue un barco convencional; solo se le exigió flotabilidad y capacidad suficiente. La proporción largo/ancho, con factor 6, cumplía estos requisitos.

Opiniones de navieros modernos consideran casi imposible su vuelco, coincidiendo también en que no sería buen navegante. Mas esta condición era obviable; ni siquiera necesitaba timón, solo que flotara. Si lo comparamos con el relato babilónico del diluvio, saltan las diferencias, pues allí el arca se detalla como un cubo perfecto de 54 m y con nueve pisos. Los especialistas dicen que su estabilidad, sería un desastre.

Ahora bien, ¿constituyeron sus 41000 m3 un espacio suficiente para albergar los animales requeridos, personas y alimentos necesarios? ¿Cuántos con necesidad de oxígeno debieron abordar el Arca?

Como primera respuesta, les diré que esa es la capacidad aproximada de 520 vagones de un tren moderno; teniendo cada uno 78.84 ms3 Con respecto a la segunda, según, uno de los taxonomistas más prominentes de Norte América: Ernest Mayr, las especies animales en el planeta, rondan el millón; pero su inmensa mayoría puede sobrevivir en el agua y no necesitó ser traído a bordo del Arca.

Es decir, se prescindiría de los casi 1700 tipos de cordados marinos, los 10,000 celenterados (corales, anémonas de mar, medusas…) 107,000 moluscos (ostras almejas mejillones…), 600 equinodermos (estrellas, erizos de mar…), 21,000 especies de peces y  las 5,000 especies de esponjas, o los 30,000 protozoos, las microscópicas criaturas de células simples: de agua salada y DULCE,  pues hubo muuuuucha ‘lluvia y madera’ suficiente para que se lo montaran a sus anchas. También habría que descontar 838,000 especies artrópodos marinos (langostas, camarones, cangrejos, pulgas de agua, percebes…)

Por otra parte, no olvidemos los mamíferos acuáticos (ballenas, focas y marsopas…) ni los anfibios ni reptiles de agua (tortugas de mar, cocodrilos…) Cuenten además, muchas de las 35,000 especies de gusanos e insectos que podrían haber sobrevivido fuera del Arca. En: “El Diluvio de Génesis,” los doctores Morris y Whitcomb implican no más de 35,000 animales. Existe aun otro libro: ‘El Arca de Noé: Un Estudio de Viabilidad’, donde su autor, John Woodmorappe, defiende cifras similares. En lo que respecta a dinosaurios y elefantes, bien pudieron tratarse de ejemplares muy jóvenes, lo que no implicaría un gran tamaño.

Asumiendo el tamaño de una oveja (60 x 60 cms) como promedio, (hay muchas especies por debajo de ella), y usando de referencia un vagón de carga animal, con dimensiones internas de 12.5 m de largo x 2.65 ms de ancho, se sabe que en este caben unas filas de 20 x 13= 260 ovejas, con un pequeño margen de espacio entre ellas. Pensemos ahora en la orden original de Bereshit 14: ‘hazle compartimientos’. Estos vagones suelen tener una altura de 2.30 ms., es decir, que aceptan tres pisos de 75 cm., lo que arrojaría una capacidad por vagón de 780 ovejas. Quitémos unas pocas para que no se hacinen, y dejemos la cifra final por vagón en 700 individuos.

Así, tres trenes con 69 coches cada uno (207 vagones = 16, 319 ms3 = 40% del arca) tendrían amplio espacio para llevar: 207 x 700= 144,900 animales: los existentes hoy, los ya extintos y un espacio correspondiente al 60% restante para aquellos ejemplares mayores que ustedes quieran objetar, la familia de Noé y alimentos para todos; las matemáticas demuestran que el Arca tuvo espacio suficiente… y que Dios las domina.

La Biblia revela que Noé la construyó bajo la guía Divina; no hay descripción alguna a favor o en contra de que se abasteciera de otras personas para la obra. Está escrito además, cómo era el mundo físico de entonces, en Berechit 1-9: (Génesis, por traducción griega)

‘Dijo Dios: «Que las aguas debajo del cielo se reúnan en un área, y que aparezca la tierra seca». Y así fue. 10 Dios llamó a la tierra seca «Tierra», y a la reunión de aguas la llamó «Mares».’

Si sólo había un continente en ese momento (algo confirmado en teorías científicas actuales), las preguntas acerca de conseguir animales de regiones remotas, son irrelevantes

Uno de los reproches contra el diluvio, se refiere a la forma en que se accedió a tantas especies, y cómo las desplazaron hasta el arca. Pero la Biblia es categórica con respecto a esto: Dios agrupó a los animales y se los trajo a Noé, en parejas. Los escépticos pintan un cuadro de Noé yendo a países remotos del Medio Oriente para recoger animales como canguros y koalas de Australia, y Pandas de China. Sin embargo, la Biblia declara que los animales vinieron a Noé. Él no tuvo que reunirlos (Génesis 6:20).

Otra dificultad que se plantea, se refiere a los problemas de Noé, con sólo 8 personas para dar agua, alimentar, mantener aire e higienizar el interior, durante un año y días. Sin embargo, científicos creacionistas, (que existen, aunque la censura evita que publiquen sus trabajos en Nature) indican que en casi todos los grupos de animales hay una indicación de habilidad latente de hibernar o entrar en un estado de letargo.

Hace poco se dio una situación con una osa panda traída desde China a Madrid, diagnosticada como ‘deprimida’ por los veterinarios; imagínensela en un arca, sobre las olas, y luego imaginen a resto de animales del diluvio. Con sus funciones corporales reducidas a un mínimo, las exigencias de su cuidado se habrían reducido grandemente.

No hay ninguna evidencia científica que señale la historia bíblica del diluvio como un mito ó fábula, y los cálculos apoyan que el Arca fue capaz de asimilar los animales precisos para repoblar la tierra. La causa de tal catástrofe se debió a un juicio sobre pecado. Dios destruyó el mundo que existió en ese momento debido a su violencia y maldad; las generaciones posteriores se encargaron de contar la historia, pero el tiempo, ese imperturbable que todo lo borra, llegó a las últimas generaciones como simple relato de la antigüedad. El Creador le prometió a Noé que Él nunca volvería a destruir el mundo con agua, dándole opción al hombre para que controlara los impulsos; sin embargo, hemos seguido haciendo de las nuestras, durante siglos.

Hace 2000 años, decidió enviar a Jesucristo, en un último intento por revindicar su obra, puesto que se esforzó en contemplar, como esperanza de su Creación, a todas aquellas personas que en líneas generales observan una buena actitud hacia sus semejantes y hacia la vida, sacrificando su tiempo en aras del desarrollo y la mejor vivencia de los seres humanos. Anteriormente, mediante Moisés y los profetas que le siguieron, estuvo alertando a la humanidad de las consecuencias que tendrían las faltas personales; los últimos, antes de la llegada de Jesús, ya vaticinaron el plan de un fin del mundo mediante fuego del cielo y una tierra convulsa en terremotos y catástrofes definitivas.

El Señor llegó dando prueba de su humildad, pero también de su poder: sanaba enfermos e hizo milagros de todo tipo mientras instruía a sus apóstoles, haciendo que de nuevo fueran escritas las palabras de Dios, para las futuras generaciones. Vino al mundo para morir por nuestros pecados y reconciliar así la relación del hombre con Dios, en una última oportunidad, asegurando que un juicio futuro será inexorable, pero también acuñando con su sangre la promesa del perdón para todo el que le siga en fe, espíritu y actitud.

En su momento, Noé rogó a sus contemporáneos para que cambiaran de actitud y creyeran, tanto en las promesas, como en las amenazas del Creador. Pero ellos solo vieron a un loco construyendo un enorme tareco de madera…y la puerta del arca fue cerrada. Ahora, Cristo está haciendo un llamado al mundo para que tengan fe en Él: tanto sus promesas de una vida plena y eterna para quien le siga en contrición, como de mucho dolor e impotencia para quienes se mantengan en una rebeldía marginada.

No sabemos cuánto tiempo vamos a vivir en este mundo; un planeta en el que si algo aprendemos, es que somos más vulnerables de lo que imaginamos. ¿Responderemos a las expectativas del Señor y subiremos a su postrer arca? El libre albedrío otorgado por Dios a los hombres, implica una decisión individual.

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PASTEUR AHOGÓ LA EVOLUCIÓN.

febrero 7, 2008

Febrero 7/2008

LA SOPA QUE NO NUTRIÓ

En el 2003, Stanley Miller, el protagonista de la famosa ‘sopa biótica’ de los años 50, visitó Valencia, invitado por la Universidad, para que diera una conferencia en el Jardín Botánico de esa ciudad, sobre el experimento que renovó laureles entre la tropa evolutiva, luego que el General Pasteur les destrozara años antes en la batalla de la ‘abiogénesis’, donde la generación espontánea tuvo un fulminante enterramiento.

Los resultados de Pasteur habían redimido entonces la ‘biogénesis’ de Redi, sitiada poco antes por la ofensiva de los de Darwin. El padre de la pasteurización demostró que el ‘origen de un ser vivo, en la Naturaleza, solo puede tener lugar a partir de otro tan vivo como él.

En el año 1953, Miller amplió esperanzas de lograr la comprensión del origen de la vida, cuando Science publicó su trabajo sobre ‘Síntesis de aminoácidos bajo condiciones emuladoras de la atmósfera primitiva de la Tierra‘. Había aplicado una descarga eléctrica sobre una mezcla de metano (CH4), amoniaco (NH3), agua (H2O), e hidrógeno (H2) – que en aquella época era considerada la composición atmosférica primigenia.

Por sorpresa, el resultado no fue una mezcla de moléculas orgánicas, sino un número relativamente exiguo de sustancias bioquímicamente significativas: aminoácidos, hidroxiácidos y urea. Con la publicación de estos resultados comenzó para los investigadores evolucionistas, la era moderna en el estudio del origen de la vida.

El objetivo fue obtener moléculas orgánicas relevantes para la vida, simulando en un laboratorio las condiciones que se ‘suponían‘ fueron las de La Tierra primitiva: fingir el inicio del mundo en tubos de ensayo, para concebir el origen de la vida desde la ciencia.

Aun hoy tiene seguidores; incluso se han hecho doctorados fundamentados en esta investigación. Pasma pensar que fue un proyecto de hidrólisis convencional que ya venía efectuándose desde más de un siglo antes. Kirchoff (1824-1887) la empleó en sus estudios sobre la hidrólisis del almidón en presencia de ácidos. En 1860, Gaston Planté construyó el primer acumulador de plomo-ácido, partiendo también de la hidrólisis…

Stanley Miller no fue el primero en obtener aminoácidos a partir de experimentos en los que se utilizan, como fuente de energía, descargas eléctricas. En 1913 Löb y colaboradores obtuvieron el aminoácido Glicina realizando este tipo de ensayos. Y tampoco lo fue, en obtener “sustancias orgánicas” a partir de “sustancias inorgánicas”; hay un experimento mucho anterior en que ello se logró con éxito absoluto:

“Y Dios formó al hombre de polvo de la tierra y exhaló en sus fosas nasales el alma de vida; y el hombre se transformó en un ser vivo”. Gn 2:7

Milenios antes de que nacieran, la Biblia estuvo al alcance de todo ser que buscara esa verdad, incluyendo a Miller; ya instruía en la posibilidad del origen de la vida, partiendo de materia inorgánica tan elemental como el polvo de la tierra.

A diferencia de Miller, otro joven con la misma energía, pero con una proyección totalmente opuesta, anduvo siempre buscando metas nuevas, constantemente intentando averiguar en qué sitio él podía ser útil a la humanidad. ¡Y de qué forma lo logró!

Hablo de Louis Pasteur (1822-1895), químico francés, con hallazgos importantes en ciencias naturales, Química Orgánica y microbiología. El hombre que echó por tierra la anterior ideología de Jean Baptiste Lamarck, en 1809, (quien situó la ‘generación espontánea’ como punto de partida de la evolución biológica, con su libro ‘Filosofía Zoológica’)…y que se encendió de ira cuando Charles Darwin publicó ‘El Origen de las especies’ en 1859.

Pasteur era un buen cristiano, y pese a convivir entre los sabios escépticos del ‘ala izquierda’ del Sena, obviaba las sátiras de sus colegas, amigos de la Teoría de la Evolución. Este concepto, nacido para negar la existencia de un Dios creador; se basaba en el arrogante criterio de que todo había surgido ‘por sí mismo’:

“como partiendo de una sustancia informe, un limo vaporoso en estado de agitación desde hace millones de años, que va resolviéndose en una ordenada procesión ascendente de seres vivos hasta llegar al mono y, por último, como si fuera el paso triunfal, al hombre.”

Su total rechazo a la idea evolutiva y la selección natural, le revistieron con la armadura de Dios y logró demostrar lo absurdo de la generación espontánea o abiogénesis: concepto arcaico que sostenía que podía surgir vida animal y vegetal de forma espontánea, a partir de materia inerte, en la Naturaleza. Planteaban que salían gusanos del fango, moscas de la carne podrida, bichos de los lugares húmedos, etc. Exponían que la vida se estaba originando continuamente en la Tierra a partir de esos restos de materia orgánica.

En la segunda mitad del siglo XIX, Luis Pasteur realizó una serie de experimentos que probaron categóricamente que los microbios surgían a partir de otros microorganismos. Estudió de forma independiente un trabajo anterior del médico italiano Redi en el 1668 y usó dos matraces de cuello de cisne. Estos matraces, con cuellos muy alargados, más finos mientras subían, acababan en una apertura pequeña, y formaban una S, para que el aire lograra entrar, pero no los microorganismos, que quedarían en la parte más baja de la vasija.

En cada uno de ellos metió cantidades iguales de caldo de carne y los hizo hervir para eliminar los posibles microbios presentes. Pasado un tiempo observó que ninguno de los caldos presentaba bacterias y cortó el tubo de uno solo de los matraces. El caldo del matraz abierto tardó poco en podrirse, y presentar vida microbiana, mientras que el cerrado permaneció en su estado inicial. Pasteur demostró así que los microorganismos tampoco provenían de la generación espontánea, sino que estaban el aire, o lo usaban para reubicarse.

Gracias a Pasteur, y a que Dios puso en su camino al químico francés Balard (Él siempre ayuda al que se esfuerza en el bien) quien le auxilió con el diseño del matraz, la generación espontánea fue desterrada del pensamiento científico y se aceptó de forma general la biogénesis, el principio que dice que todo ser vivo procede de otro ser vivo.


“Jamás podrá rehacerse la doctrina de la generación espontánea del golpe mortal que le he asestado con este sencillo experimento”
– declaró Pasteur al ser reconocido su trabajo en este campo.

No hay vida más esforzada y fecunda que la suya. Solía decir que el único secreto de su ciencia estribaba en su divisa: “Trabajar, siempre trabajar”. Murió en septiembre de 1895, pero su obra vive en las vidas de millones de personas curadas gracias a sus descubrimientos (Pasteurización, vacuna contra la rabia; medalla Rumford de la Royal Society, Director de estudios científicos de la escuela normal de París, en 1867, teoría germinal de las enfermedades infecciosas…); sus aportes no solo fueron en el campo de la salud, sino que se extendieron hasta la industria y, por supuesto, la educación, pues instruyó a cientos de alumnos, y estimuló a emularle a miles en todo el mundo.

Su trabajo con la enfermedad de los gusanos de seda, atrajo su atención hacia el resto de enfermedades contagiosas. La idea de que las enfermedades pueden ser trasmitidas entre criaturas vivientes era un anatema. Se trataba de otro de esos puntos débiles que ahora se consideran inexplicables. No obstante, no había nada “obvio” en la idea de una enfermedad contagiosa. Suyo es también el mérito por la “pasteurización”, el proceso que actualmente garantiza la seguridad de numerosos productos alimenticios del mundo.

Su contribución en el área de la salud se vio reforzada cuando en 1871 indicó a los médicos militares que hirvieran el instrumental y los vendajes. Describió un horno, llamado “horno Pasteur”, en el que se esterilizaría todo instrumental quirúrgico y de laboratorio.

Este sabio dedicó su vida a los demás; no se metió en historias absurdas y ególatras. Al final de su carrera, logró mitigar la virulencia de bacterias patógenas, usándolas en la fabricación de vacunas. Él mismo obtuvo vacunas eficaces contra el cólera de los pollos, el ántrax y la erisipela del cerdo.

En 1881 demostró la eficacia de su vacuna contra el ántrax, inoculando la mitad de un rebaño de ovejas mientras inyectaba la enfermedad a la otra mitad. Las inoculadas con la vacuna sobrevivieron, el resto, murió.

En cierta ocasión, durante una reunión de químicos, puso en tela de juicio la habilidad científica de los naturalistas; a viva voz se alarmaba de que no hubieran tomado el más positivo camino de hacer ciencia: la vía experimental a favor de la humanidad. Predicó con el ejemplo:

“Ya que la doctrina de la generación espontánea es un error, está en la mano del hombre lograr que desaparezcan de la faz de la tierra las enfermedades parasitarias”—declaró poco antes de adentrarse en lo más tarde se llamó ‘pasteurización.’

Cuando Miller vino a Valencia, contaba con 73 años; al graduarse, tenía algo más de 20… Cincuenta y tres años consagrados a una investigación encargada de ofrecer una alternativa al origen de la vida, alejada de la Palabra de Dios, que no ha hecho más que confirmarla. Tiene no sé cuántos libros escritos, pero su conocimiento no valió ni para salvar una vida. Al compararlo con Pasteur, siento una profunda lástima por la forma en que malgastó su inteligencia… y por todos aquellos que le imitan en la actualidad.


“Un poco de ciencia te aleja de Dios, pero mucha ciencia, te devuelve a Él.” Louis Pasteur.

Murió el 28 de septiembre de 1895 lleno de honores, no de hombres, sino del espíritu de los miles de personas cuyas vidas salvó durante sus años de CIENCIA, así, con mayúsculas.


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¡HALLADA LA COSTILLA DE ADÁN!

enero 22, 2008

Enero 22/2008

ADÁN Y LA COSTILLA ‘PERDIDA’

Este artículo es sobre un relato hallado en ‘Respuestas en Génesis’, que deseo compartirles por lo curioso e instructivo que resulta, y que concluye con mis comentarios personales:

‘En Mayo del 1999, un inesperado impacto frontal contra un tanque de combustible completamente lleno, a velocidades de vértigo por la autopista, casi a 180 Km/h me obligó a vivir  una experiencia que a nadie le deseo. La sorpresa fue haber sobrevivido a ello, al igual que mi hija Lisa, entonces con 11 años, quien milagrosamente escapó ilesa; claramente, Dios tenía otros planes para mí.

Durante los 5 meses y medio en el hospital, y durante años después, sufrí una serie de operaciones para reconstruir varias partes de mi cuerpo, especialmente los huesos de mi cara. Como resultado directo del accidente, tuve un total de 55 sesiones de cirugía bajo anestesia general; aunque la mayoría no involucró extracción de costilla.

Estas operaciones a menudo requirieron usar mis propios huesos para hacer injertos. Yo notaba que el cirujano plástico siempre volvía al lado derecho de mis costillas, de hecho a través de la misma cicatriz horizontal, para tomar más, con vista a la reconstrucción. Un día le pregunté por qué nunca se le agotaba el hueso. Me miró vagamente y me explicó que él y su equipo extraían la costilla entera cada vez. ‘Dejamos el periostio intacto, así que normalmente la costilla crece de nuevo.’ El ‘periostio‘ es una membrana fibrosa pegada a los huesos, que sirve para su nutrición… y renovación.

A pesar del hecho de haber sido entrenado y de haber practicado como médico, estaba intrigado; nunca antes me había dado cuenta de eso. El periostio (el significado literal es ‘alrededor del hueso’) es la membrana que lo cubre; la razón por la que se te queda ‘algo‘ entre los dientes cuando muerdes un muslo de pollo, por ejemplo. Contiene unas células llamadas ‘osteoblastos‘, productoras de la sustancia ósea, que regeneran el hueso. Sobre todo en los jóvenes, el periostio de la costilla tiene la admirable capacidad de regenerar hueso, quizás más que cualquier otro del cuerpo.

Los cirujanos toráxicos extraen costillas de forma rutinaria, y estas vuelven a crecer, por completo o en parte. Depende del cuidado con el que es extraída; necesita ser ‘pelada‘ de su periostio para dejar la membrana lo más intacta posible. Una razón importante por la que la costilla es ideal para la regeneración, es que los músculos intercostales ligados a ella le proveen un flujo de sangre. Cuando oí al cirujano, pensé de inmediato: ‘¡qué bien, Adán no tuvo que andar por ahí con un defecto!’ En Génesis 2:21, refiriéndose a la creación de Eva, leemos:

‘Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar.’

Sorprendentemente, muchos crecen creyendo que el hombre tiene una costilla menos que la mujer. Tienen el mismo número, por supuesto. Algunos anti-creacionistas han usado el hecho de que a los hombres no les falta ninguna costilla para burlarse de un Génesis literal.

Antes de mi accidente, si alguien me preguntaba sobre esto yo le respondía algo así:

‘Si su padre perdió su dedo en una sierra circular, ¿esperaría usted que todos sus hijos tuvieran un dedo menos? ¿O todos sus hijos, pero no sus hijas? Claro que no. Las instrucciones del ADN que son pasadas de un padre a un hijo van en forma de código, como un escrito; remover una costilla (o un dedo) no cambiaría las instrucciones en el código, así que toda su descendencia tendrá todas sus costillas (o dedos).’

Mientras todo eso es verdad y pertinente, esta información sobre la regeneración de las costillas añade una nueva y fascinante dimensión. Dios diseñó la costilla junto con el periostio y los osteoblastos contenidos en ella: los encargados de su regeneración, pues la célula ósea, como el resto de las células del cuerpo, envejece y necesita ser renovada continuamente. Él sabía con seguridad cómo extraer una costilla de manera que creciera de nuevo, justo como las costillas lo hacen hoy; sin requerir ningún tipo de milagro especial, pues el milagro ya fue manifiesto en el origen de la ‘creación’ del hombre.

Mi Comentario: ¿Por qué no hizo a la mujer de la misma forma que al hombre, del polvo? La respuesta es obvia: Para que todos, hombres y mujeres,  fuéramos descendientes de Adán, incluso Eva, la madre de la humanidad.

El poder y sabiduría de Dios se ratifica en toda la Naturaleza; pero si nos circunscribimos a la vida animal, esta evidencia se palpa desde el enigma de la concepción: un espermatozoide fecunda un óvulo y automáticamente se inicia un proceso mágico de diferenciación de la célula; la apertura de operaciones extremadamente complejas, responderán al diseño de condiciones exigidas a cada futuro órgano de la precisa maquinaria que constituye al ser vivo. Y es infalible, pues cada ser humano y cada animal, marino o terrestre, ya sea insecto, cuadrúpedo, reptil o ave, tendrá su propia complejidad… ¡y nunca serán compatibles fuera de cada especie! ¿No es un clarísimo ejemplo de diseño autonómico?

Con respecto al embrión de hombre, lo que será hueso, primero deviene en tejido óseo y lo que será carne, se convierte en tejido muscular. Su cuerpo tendrá funciones de todo tipo, ‘dirigidas’ por un cerebro mediante un complicado entramado de nervios y conexiones micro eléctricas muy variadas: los minúsculos, pero maravillosos circuitos neuronales.

Para que sea perfecto, es necesario que el futuro ‘software’ de la máquina extraordinaria que resultará al final, se subdivida en dos: el sistema nervioso central, con todas las ramificaciones necesarias desde el eje del cuerpo que es la columna, y el sistema periférico que controlará el pensamiento, la digestión, señales de hambre, de dolor, la inteligencia, etc. Además, si el nuevo ente biológico será bípedo, precisará un elemento regulador del equilibrio; y el Creador entonces le dota del cerebelo, que cumplirá esas funciones.

También diseñó y creó el resto de órganos que conforman el ‘atlas humano’. Es obvio que ‘calculó’ la energía necesaria y la corrección precisa ante el inexorable desgaste celular por oxidación, a partir del momento en que el embrión se desarrolla, llega a su edad adulta y muere. Pero quizás la mayor maravilla de esta creación, sea la gigantesca cadena de ADN de la que dispone todo ser vivo; tan inmensamente compleja y larga, que fue preciso ‘codificarla’ inteligentemente, de forma que todas las órdenes hagan su aparición en el justo momento y escogiendo el órgano preciso entre  muchos con los que cuenta el ser humano.

¿Más, cómo podrá el feto de sólo unos centímetros, llegar a adquirir una estatura superior al metro cincuenta y los 50-100 kilogramos que alcanzará más tarde, en su edad adulta?

¿No les parece que todo resulta muy complejo como para que la teoría de la evolución, que defiende un ADN casuístico logre conseguir tales resultados? A mi inteligencia, de coeficiente normalito, le resulta imposible aceptar esa respuesta. ¿Y a la suya?

No lo dude; somos un objeto de creación: fuimos diseñados, calculados y ‘creados’. Nos lo dice el propio Creador. ¿Es que no les resulta esta solución la más confiable?

El periostio le permitió a Adán recobrar su costilla y tener su caja toráxica perfecta; hasta su muerte, dispuso del mismo costillar que nosotros poseemos hoy en día.

El milagro especial fue la creación de Eva a partir del hueso y la carne. ¿Por qué de esta manera, por qué no directamente del polvo de la tierra, como el primer mortal?… Para que todos nosotros, incluyendo a Eva, estemos relacionados con Adán. De esta forma los millones de mujeres de la actualidad pueden sentirse identificadas directamente con él y, por supuesto con el postrero, que vendrá a buscar a todos aquellos que le hayan sido fieles: Cristo Jesús, para que disfruten junto a Él de Su reino eterno.

‘Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.’ (1ª Co 15:45)

Podemos tener órganos más chicos o más grandes, pero desde luego que a nadie le falta nada; mucho menos, una costilla.

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