EINSTEIN: IMÁGENES A MAYOR VELOCIDAD QUE LA LUZ.

septiembre 15, 2009

Sí, ya sé que la frase se las trae, pero al final verán que, aun situándonos en el punto de inflexión de los defensores de conceptos ‘ancla’, el título de este artículo se ajusta perfectamente a la Teoría de la Relatividad. Y para avalar lo que planteo, me remitiré a un efecto astrofísico, predicho en el cálculo einsteniano, y verificado en el 1919.

Ese año, durante un eclipse solar, el astrónomo Arthur Eddington vio cómo se curvaba la trayectoria fotónica proveniente de estrellas distantes al enfrentar al Sol, generando una imagen de desplazamiento aparente desde su espacio real… como si estuvieran donde no tenían que estar.

El efecto, captado muchas veces después por distintos telescopios, al paso del tiempo, llevó a la práctica el vaticinio adjunto a la Teoría de la Relatividad exhibido por Einstein en el 1915: la existencia de las lentes gravitacionales ampliamente conocidas hoy en Astrofísica. Esa lente sideral se forma siempre que la luz procedente de objetos masivos distantes y brillantes, tope en su camino una galaxia [o astro], alineada en ese instante entre los cuerpos emisores y el telescopio que les enfoca. En esas condiciones, la imagen múltiple se curva sobre la galaxia, como si intentara rodearla.

El fenómeno de lente gravitatoria ha sido a menudo utilizado para detectar la presencia de objetos masivos invisibles, tales como agujeros negros, e incluso planetas fuera de la Vía Láctea. También ha resultado útil para observar la imagen de universos muy distantes. Por ejemplo, un equipo de investigación de EE.UU., logró detectar la galaxia más lejana, gracias al efecto de lente gravitacional ejecutado por la agrupación de galaxias ‘Abell 2218’, el supercúmulo más lejano observado desde la Tierra, con más de 250 galaxias, a 3 mil millones de años luz distante de la constelación Draco, alejada a su vez unos 200 años luz de nuestro planeta. El telescopio espacial Hubble, detectó esta imagen proyectada en su sistema de lentes, el 15 de febrero de 2004.

LenteGravitacional

Esquema de trayectorias de luz en una lente gravitatoria. Las imágenes de objetos distantes adquieren forma de arcos rodeando el objeto masivo intermedio.

Es decir: mediante la lente gravitatoria se detectó la presencia de cuerpos físicos tan lejanos que, de circunscribirnos a la velocidad establecida para la luz [300000 kms/seg], y según concepto de que vemos en fotones, habría que pensar que esos fotones tuvieron que salir hace… 3 mil millones de años. Y dicho esto, razonemos sobre lo que implica el hecho en sí mismo, recordando cómo se conforma esta lente astral:

La lente gravitatoria se forma si la luz procedente de objetos masivos distantes y brillantes, topa en su camino una galaxia o un astro, alineado en ese instante entre tales objetos emisores y el telescopio que les enfoca. Si esto ocurre, la imagen múltiple se curva alrededor de la galaxia, como si intentara rodearla.”

Ahora, siguiendo el concepto de ‘no vemos los cuerpos físicos que ve el mismo telescopio, sino fotones provenientes del pasado’, axioma que aflora cada vez que se menciona la visualización de una estrella situada a miles de millones de años luz de distancia, tendríamos que hacer un gran esfuerzo neuronal para asimilar cómo, los fotones sin masa, correspondientes a la galaxia alineada, pudieron interactuar con los otros fotones, también sin masa, de forma tal que se creara la lente gravitacional.

¿Cómo puede ocurrir eso, sabiendo que tal lente solo se logra si hay un cuerpo físico intermedio, cuya fuerza de gravedad ‘curve’, la imagen proveniente de la galaxia más lejana? ¿Acaso un fotón sin masa, genera campo gravitatorio? Es obvio que el efecto de lente gravitacional, comprobado hasta la saciedad, exige la presencia de cuerpos físicos, no de fotones. Luego, esa galaxia intermedia y distante que activa la lente del telescopio, es la misma que activa nuestro cristalino cuando miramos a través del artefacto. No corresponde a fotones del pasado, sino a un cuerpo físico actual que, ocupando su lugar en el espacio, es capaz de curvar cualquier imagen que se proyecte sobre él, proveniente de sitios distantes, y/o de cuerpos físicos reales.

Y tal galaxia es vista en fracción de segundo, sin importar lo lejos que esté, burlando el concepto de fotones yendo a la velocidad de la luz, pues cualquier imagen galáctica llega con celeridad que supera a esta en mucho. Así, el propio Einstein, con su augurio sobre lentes gravitacionales, auguró [sin saberlo], que toda imagen surca el espacio a una velocidad que supera, con tendencia a infinito, la fijada para la luz… la paradójicamente señalada como la más rápida posible en el vacío.

Más asombroso aun, es que se ha podido probar que una lente gravitacional actúa en todo tipo de radiación electromagnética, no solo sobre la proyectada imagen de cuerpos físicos. También, que este tipo de lentes carece de aberración cromática; o sea, su efecto no es función de la longitud de onda de la luz incidente, sino que se cumple igual para el rango completo del espectro electromagnético, sea infrarrojo, ultravioleta, o gamma. Gracias a ello, es posible analizar los objetos amplificados por la lente astral, usando la técnica convencional de fotometría y/o espectroscopía astronómica, según la radiación.

Pero quizás lo más interesante es que además son efectivas en viceversa. Es decir, desde la deformación de las fuentes de fondo se puede deducir la distribución de masa del objeto que hace de lente. Gracias a ello, se ha logrado calcular la masa de cúmulos de galaxias, no visibles; además del ya citado ‘Abell 2218’, y muchos otros. Incluso ha sido posible el rastreo de la materia oscura del cúmulo mediante esta técnica. De modo que no hablamos de una ilusión óptica, sino de una realidad empíricamente comprobable.

La propia obligatoriedad de que exista una alineación entre telescopio, galaxia reflectante, y cuerpos masivos distantes, para que se logre la imagen en la lente gravitacional, ya exige que se trate de cuerpos físicos, no de fotones trotones desde el pasado. O sea, según se ha venido repitiendo en este blog, si alzamos la vista y miramos las estrellas, vemos sus cuerpos físicos ocupando su lugar en el espacio, no una miriada de fotones invadiendo la Tierra. Y su imagen se proyecta en la pantalla de la mente a una velocidad tan superior a la fijada para la luz, que en realidad tiende a infinito.

Cada vez más, resulta irrefutable que no vemos fotones del pasado, según se pretende, sino la imagen de cuerpos presentes, coincidentes en tiempo con cada observador. Y me he esmerado en insistir sobre esto, porque valida que la luz de las estrellas lejanas llegara a la Tierra desde el momento en que fueron creadas, según refleja el Bereshit judío con el que instruía el Señor.

El argumento más usado para propugnar que la Biblia miente en su Génesis, es declarado rotundamente falso por la propia Ciencia de la que los agnósticos pretenden adueñarse. Así, se neutraliza el objetivo de cimentar la ignorancia de Dios en el corazón humano, obedeciendo, de forma consciente o inconsciente, el plan del maligno.

Todas las evidencias científicas presentadas en este blog, han salido a la luz para probar que la Verdad bíblica se corresponde con lo enunciado en Ciencias, aunque algunos se empeñen en cimentar lo contrario. Desde hace más de un siglo, el tridente de satán, diseñado en una misma década [ateísmo marxista, método universal de datación, y darwinismo], hincó neuronas y se hizo sitio en toda mente humana débil en Fe. Así se hizo real el proyecto tenebroso concebido para demostrar a Dios la debilidad e infidelidad de las personas; así se logró que gran parte de la humanidad emprendiera el camino de rechazo y desconocimiento de Cristo y de Dios.

Pero pueden estar seguros que el Señor, partícipe directo en la Creación, volverá para hacer cumplir el plan del Padre; y es conveniente que nos halle, si no a todos, al menos a la mayor cantidad posible de gente, sin deudas pendientes con Él… y con nuestro nombre recogido en el libro que determinará cada estado individual, en el futuro eterno concebido por Dios para la humanidad.

E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas.” [Mat 24:29]

Palabras de Jesús.

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EL GÉNESIS EN LA CIENCIA

agosto 17, 2009

El descubrimiento de la estructura del ADN, divulgado en 1953 por James Watson y Francis Crick, constituyó el paso más sólido para revalidar la congruencia entre Ciencia y Biblia. Aunque esta no resulte libro científico, sino fuente histórica, constantemente se expone a que detractores al servicio del adversario de Dios [de modo consciente o inconsciente], la midan con lupa ante cada nuevo hallazgo de la Ciencia.

Pero, pese a que muchos buscan desatino entre esta y la Palabra de Dios escrita [sin lograrlo], hay incluso premios Nobels cristianos, que no sienten comprometida la Verdad que hay en sus corazones, con la que aprenden en cada irrupción en Ciencias. Arno Penzias, Nóbel de física 1978, por su revelación sobre la radiación de fondo cósmico [que otros físicos consideraron prueba del Big Bang ‘creador’ del Universo], dijo:

«Si no tuviera otros datos que los primeros capítulos del Génesis, algunos de los Salmos y otros pasajes de las Escrituras, habría llegado esencialmente a la misma conclusión en cuanto al origen del Universo que la que nos aportan los datos científicos».

Asimismo, el ingeniero espacial Wernher Von Braun, director del Marshall Space Flight Center en los años 60 y directivo del cuartel general de la NASA hasta 1972, dice en el prólogo de uno de sus libros:

«Me sería tan difícil concebir que un científico no reconozca la presencia de superioridad racional detrás de la existencia del universo, como que un teólogo negara los avances de la ciencia. Y de cierto, no hay razón científica para que Dios no pueda retener la misma relevancia en nuestro mundo moderno, que la que tenía antes de que irrumpiéramos en su Creación con el telescopio, el ciclotrón y los vehículos espaciales».

Se refería, entre otros, a los hombres que han puesto sus conocimientos en función de demostrar la inexistencia de Dios: paleontólogos, geólogos, y biólogos evolutivos. La teoría de la evolución [patrón de mando que les une], cuenta con errores acumulados en el ADN, para proveer la inmensa riqueza biológica del planeta, a partir de la supuesta alga surgida miles de millones de años atrás. Sucesivas mutaciones genéticas originarían supuestamente los más de 10 millones de especies que hoy se conocen.

Es decir, todo lo contrario a lo que enseña la Palabra del Creador: todos los seres vivos, según su especie, en un espacio de tres días, pues el tercer día creó las plantas, los primeros seres con ADN, según traducción griega del Génesis original, Bereshit 1:12-13:

Y la tierra produjo vegetación: hierbas que dan semillas según su especie y árboles que producen frutos, cada uno conteniendo su semilla, según su especie. Y Dios vio que era bueno. Y fue de tarde, y fue de mañana, el tercer día.”

Lo contrario a eso no se ha podido ver jamás en ningún punto del planeta: no solo las de las plantas, sino todas las especies en general, son fieles entre sí, y dan más de su misma especie; nunca otras distintas y nuevas. Y es muy importante que los agnósticos reconozcan ese precepto, dado a la humanidad desde un libro histórico, cuando nuestra Ciencia ni pensaba existir aun. Es decir: ¡Congruencia con la Verdad!

La teoría evolutiva, ‘mal enseña’ en las aulas que un alga eónica generó, no solo las múltiples especies de plantas que existen, sino también al resto de los seres vivos en su totalidad… hasta llegar al hombre. Pero el Bereshit, el libro con el que instruía Jesucristo a sus apóstoles, y a todo el que quisiera oírle, dice en 1:20-23

Que las aguas proliferen seres vivos y que aves vuelen sobre la tierra a través de la extensión del firmamento del cielo”. Y Dios creó los enormes gigantes del mar y todos los seres vivos que reptan, con los que se colmaron las aguas según sus especies; y todas las aves aladas de todas las especies… Y fue de tarde y fue de mañana, el quinto día.

Aves y reptiles el quinto día, opuesto al decir evolutivo: ‘los reptiles generaron aves’; y eso se corresponde con lo que se ve en realidad. Pese a existir casi 10 mil especies de reptiles, en ningún punto del planeta se ha reportado ni uno siquiera que muestre al menos la intención genética de volverse ave. Además, si el fundamento de la evolución, es la ‘mejora’, a través de la selección natural, ¿por qué trasmutaron en aves, si los vemos tan capaces reptando o nadando que, si las emplumadas no andan ligeras, suelen terminar siendo su comida?

Es decir, se dicta que los errores genéticos [mutaciones], crearon toda la vida que se ve hoy, más de 10 millones de especies. Pero tal planteamiento es un insulto al raciocinio, y no se corresponde con la verdad molecular observada en los laboratorios del planeta.

Solo en el caso humano, que es donde grandes trasnacionales farmacéuticas invierten con la sola intención de multiplicar ganancias, se ha reportado más de 20,000 dolencias genéticas, debidas justamente a mutaciones. Y se señala que cada semana aparecen entre tres y cinco nuevas, debido a alteración genómica. Tan es así, que ante el suculento pastel, cada año se invierten ingentes sumas en investigación, con el objetivo de sacar al mercado los medicamentos capaces de neutralizar males debidos a mutaciones que, a día de hoy, resultan incurables.

Se ha verificado que puede haber cambios en los alelos, generando crías más gordas o más flacas; más o menos desarrolladas, más oscuras o claras… etc. Pero nunca, ¡nunca!, otro tipo de ser que pueda considerarse ‘especie nueva’. En el ‘muy especial’ caso de los primates [la fuente de la ficción homínida], clasifican unas 200 familias, entre simios, monos, lémures… Ahí, anti científicamente ha sido insertado el humano, mas lo visto siempre es que se mantiene la fidelidad genética; en caso de mutación o muere o sigue apareándose con los de su especie, pero nunca, en ninguna selva o zoo del planeta, se trasmuta en un tipo nuevo de animal.

Hay algunos casos híbridos, pero son estériles y no perpetúan la especie. Resultan tan importantes para apoyar el fundamento de la Creación, que serán constituyentes de un próximo artículo. El solo insinuar que descendemos de algas y monos, exigiría antes de ello que:

A-. La inicial alga unicelular procariota presentara de pronto el ADN correspondiente a los organismos pluricelulares que comprenden el más de un millón de especies animales, más el cuarto de millón vegetal. Ese paso jamás se ha dado, con millones de cazadores de Nobels, intentándolo, desde Darwin. Y eso que la unicelular bacteria les facilita la labor, al ser el más rápido y prolífero [millones de cepas, en 15-20 minutos]. Jamás, en 4 siglos de búsqueda, se ha hallado ni siquiera la evidencia de intención genética, para adquirir los orgánulos que la harían eucariotas. ¡En ningún laboratorio del mundo!

B-. Si la primera célula procariota tenía ya inscrita su información genética, ¿cómo se logró elaborar mitocondrias, citoesqueletos, núcleo, aparatos de golgi… presentes en cada animal o vegetal [eucariotas], pero ausentes en la información ADN procariota? Se llena la cabeza de alumnos con absurdos conceptos, como que la mitocondria, toda una central energética, surgió por endosimbiosis entre bacterias [aun pendiente de explicar aparición del resto de orgánulos]. Pero, ¿cómo esa fuente dinámica y controlada de energía pudo surgir por azar, si toda manifestación termodinámica [terremotos, ciclones, incendios, etc] se manifiestan fuera de control?

Además, desde siempre, la experiencia enseña que primero debe existir el conocimiento para instruir, y luego la función debida a la instrucción derivada del conocimiento. O sea, raciocinio y lógica, dictan que no pudo existir ADN [instrucción de cada metabolismo celular], si no existió antes el elemento ‘cognisciente’ capaz de diseñarlo, elaborarlo y codificarlo en un rollo que, desplegado, superaría en mucho al tamaño de la propia célula que lo contiene.

La ignorancia del azar jamás puede ser una fuente convincente… a no ser que el cerebro que lo dé por válido esté al mismo nivel de ignorancia. Y no lo afirmo yo, sino las investigaciones moleculares sobre el ATP, la moneda de cambio energética de cada célula, cuyos procesos dependen de órdenes ADN. ¿Puede la endosimbiosis explicar el orden sincrónico de esos pasos? ¡NO! ¡Es un planteamiento anticientífico!

La bacteria endosimbionte es un fiasco anti Ciencia. Hay enfermedades autosómicas que implican al menos un gen que regula la cuantía de moléculas de ADN mitocondrial desde el ADN nuclear. Si falla, ocurre el ‘Síndrome de Reducción de ADNmt’: disminuye el número de copias de ADNmt en tejidos, y genera cuadros clínicos como miopatía y otros males típicos de causa mitocondrial. O sea, una evidencia científica de que el ADN mitocondrial depende de la instrucción ADN del núcleo de la célula… el ‘más allá’ de la mitocondria. ¿Cómo pueden explicar esa dependencia, los que dicen que la mitocondria surgió por endosimbiosis de bacterias sin núcleo?

Es pública la clara interacción de los genomas mitocondrial y nuclear, con instrucciones codificadas para producir polipéptidos de la OXPHOS. ¿Cómo logró la bacteria endosimbionte, inscribir y codificar en su ADN, datos que no posee el procariota? ¿En que laboratorio del planeta se ha podido ver si quiera ‘intención genética’ de paso de procariota a eucariota? [Ver más evidencias en el Artículo 96 de este blog: EVOLUCIÓN, MITOCONDRIAS, FÓSILES Y MOMIAS.]

Pueden seguir haciendo todo el esfuerzo que deseen por imponer conceptos ficticios, pero es indignante que se amparen en la Ciencia, cuando cada nuevo conocimiento que sale a la palestra, en realidad les deja constantemente en ridículo. La Ciencia, lo que ha demostrado y demuestra, es que las especies surgieron tal cual instruye el Génesis bíblico: cada cual según su ADN, e incapaz de convertirse en una especie nueva.

Más allá de lo expuesto aquí, el defensor evolutivo tiene otros asuntos graves que refutan sus postulados del azar: ¿La ‘selección natural’ puede diseñar el ojo sin conocimiento de óptica? ¿O el oído sin conocer la conducta de las ondas sonoras? ¿O el cerebro, sin estar al tanto de los intrincados enigmas del pensamiento y raciocinio, que tienen sin respuesta a ejércitos de científicos eminentes en el mundo entero? ¿Es que la humanidad quiere cerrar tanto los ojos, que es incapaz de ver tales incongruencias con la lógica?

Como ya comenté en un artículo anterior, lo escrito en libros evolutivos resulta inconexo con la realidad objetiva; una tela de araña insorteable para el propio artrópodo. También puede compararse a la frágil veleta que gira a un lado u otro, según sople el viento, y que al final se quiebra, para desconcierto de quienes en ella buscaban el camino.

La Biblia en cambio, es el firme faro que disocia toda ola de descrédito; rompe ciclón y tornado, sin dejar de señalar, inmutable por milenios, hacia la única vía firme que lleva al ser humano a la paz segura y eterna de Dios, bajo el gobierno de Cristo. Y su aliada, como no podría ser de otra manera, es precisamente, cada nuevo hallazgo de la Ciencia.

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DARWIN: AUTOPISTA AL INFIERNO.

agosto 13, 2009

La última muestra de la feria Arco, ante el revuelo que hace poco provocó en el Islam la publicación de una revista con viñetas satirizando a Mahoma, y temiendo la potencial reacción violenta de algún comando integrista, dio otro toque de humor negro [yo diría ‘rojo’], eligiendo insultar a los serenos cristianos. Irreverentemente, se presentó a Cristo con un misil en la mano. El hijo de Dios hecho hombre, a quien la historia solo le imputa milagros de curación, instrucción pacifista y actos de amor, fue exhibido como icono del belicismo. ¡Hasta dónde llega la influencia satánica sobre la humanidad!

Intentaron la gracia, vejando al mártir histórico más dócil. El único líder espiritual que hizo que cojos andaran, ciegos vieran y muertos resucitaran, antes de ofrendar su sangre en la cruz como purga del pecado humano, y reconciliación del mundo con su Creador.

En la materialista y poco espiritual Europa, no hay límites de libertad de expresión. Toda provocación morbosa vende; y eso auto faculta para la ofensa. Y es que, bajo el talante chistoso y abierto, en realidad este continente aviva su retorno al integrismo total, en lo cultural, religioso, político, económico… y por supuesto, y con mucha saña, incluso en la seudo ciencia, con ejemplos de expresiones como esta:

“Y no es que los métodos y las instituciones de ciencia nos obliguen a aceptar una explicación materialista del mundo fenomenológico, sino, por el contrario, que nosotros estamos forzados por nuestra adherencia a priori a las causas materialistas para crear un aparato de investigación y una serie de conceptos que produzcan explicaciones materialistas sin importar cuánto vayan en contra de la intuición ni qué tan místicas sean para el que no ha sido iniciado. Más allá de eso, el materialismo es un absoluto, y no podemos dejar que un pie divino cruce la puerta.”

La frase: del evolucionista Richard Lewontin, en ‘‘Billions and billions of demons’; un cabal modelo de integrismo puro y duro. La seudo ciencia apelada por la filosofía enemiga de Dios, no es más que un medio para lograr un fin: que el mundo olvide a su Creador. La sensatez les tiene sin cuidado; la única meta es la corona del ateísmo, y el destierro de Dios del alma humana. Fiel a tal obcecación, se niega sin razonar, a priori, lo que instruye un Creacionismo Bíblico cada vez más fuerte; posiblemente porque ante la verdad científica, el ilusionismo darwinista se queda sin recursos.

Hace poco, el Consejo de Educación de Kansas aprobó medidas que abren su escuela pública a la Verdad del Diseño Inteligente, según instruye el Génesis. En reacción a esto, evolucionistas de todo el mundo se tiraron de los pelos. No obstante, ¿es anticientífica la teoría del Diseño Inteligente? Todo lo contrario; lo que ocurre es que el neodarwinismo se ha reorganizado con tintes integristas: se auto proclama dueño del conocimiento, y fiel a lo que propugna Lewontin, su hacha está lista para cortar el pie de todo aquel que divulgue la imposibilidad del ‘auto-evolucionismo’ biológico.

El sostén del Diseño Inteligente es tan sólido, que cada día anula más los recursos de réplica de sus detractores. Un ejemplo es la imposibilidad de explicar el origen de la vida desde componentes químicos; ratificada por el mismo Stephen Hawking, al afirmar que la traba principal sigue siendo explicar la aparición de seres cognoscitivos, tras catorce mil millones de años de evolución, desde la espacial sopa flotante guisada en el Big Bang.

Pero volvamos a la feria; el donostiarra Luis Rico, director de Medialab, junto al Centro de Biotecnología del CSIC, mostraron el proyecto Gnom [sopa sin ‘cocinero’], en un rincón apartado. Y el personaje principal del acto fue una bacteria: la Escherichia Coli.

Como siempre, ante la ausencia de evidencias, la suposición reina sobre enigmas, la especulación impone su bata blanca y su título académico; mas lo que se pretende mostrar como elemental forma de vida, y primer paso para la generación de los animales superiores, en realidad se convierte en un boomerang de complicaciones que, como siempre que se razona, deja a los defensores evolucionistas en una difícil posición, sumamente débil en respuestas.

La presentada como supuesta autora de la vía ascendente hacia animales aparentemente más sofisticados, se eligió por ser unicelular [procariota]. El trazado evolutivo dice que los organismos unicelulares fueron ganando en complejidad y que adquirieron por sí mismos los orgánulos forzosos, para ‘trasmutar’ en las células eucariotas que forman al más de un millón de especies de animales y plantas que integran el resto de la vida.

Sin embargo, ‘Coli’ no es tan simple como se pretende hacer ver. En general, el microbio puede dar lecciones magistrales de eficacia, vitalidad y adaptación. Ningún otro animal, que debiera ser más complejo según el árbol evolutivo tradicional, logra hacer frente a los ataques químicos que enfrenta, soporta, y vence la bacteria. Extrapolando la escala, ni siquiera la raza humana, supuestamente más completa por su ubicación filogenética, sería capaz de resistir lo que esta diminuta célula independiente.

O sea, la microscópica bacteria no constituye evidencia de ‘paso’ hacia complejidad, sino que ya es compleja en sí misma. Responde a un diseño inteligente, aunque se pretenda no reconocerlo por todos los medios, pues cuenta con un programa ADN, y la regulación de precisos sistemas digestivo, reproductor, defensivo, etc. Ante cualquier ataque reacciona creando nuevas cepas, que nacen resistentes a tal agresión; posee, al igual que animales superiores, un sofisticado sistema auto inmune… inscrito en una simple célula. ¡Su defensa está programada en su ADN! Desde su genoma salen las órdenes para elaborar cualquier proteína protectora. Debido a su capacidad de reacción neutralizante, ante casi todo tipo de ataque químico, es irrefutable que opera con procesos cognitivamente organizados en su instrucción genética. ¿Quién diseñó e inscribió tan magna instrucción?

Cada vez que la Ciencia honesta logra penetrar en lo que poco antes era insondable, se topa con el hecho real de que cada investigación es congruente con la Palabra de Dios… y contradice a Darwin. No hay ni un enunciado evolutivo, que se corresponda con el testimonio bíblico de la Creación; el darwinismo es antitético respecto a la instrucción de Jesús; es todo lo contrario a la Palabra de Cristo.

¿Por qué el Vaticano da coces contra el aguijón y apoya versión distinta? Lía a más de mil millones de fieles, y abraza antojos ateos, negando el saber de Jesús, que nos enseñó sobre las pruebas de fe. Al ser tentado por satanás en el desierto, dio ejemplo de cómo había que afrontarlas: ¡Confiando en la Palabra de Dios! Tres veces fue probado y, pese a ser quien era, en las tres respondió con lo escrito en el Pentateuco judío. [Mat 4:4-10]

No hay más vueltas que darle: si el Señor, Escrituras bajo el brazo, formó a sus apóstoles refiriendo el principio de la Creación, Adán, Noé y el diluvio, Sodoma y Gomorra, etc., acreditó para siempre la verdad del manuscrito, y con ello, la de su primer libro: el Bereshit. [Génesis griego]. ¿Acaso la sangre de Cristo, con la que acuñó Su Verdad en la cruz fue una media sangre? ¿Fue un cuño a medias? ¡Nadie está autorizado para amoldar Su Verdad a pensamiento humano! Recordar 2ª Corintios 1:19:

Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí y Silvano y Timoteo, no ha sido Sí y No; mas ha sido Sí en Él”.

Nadie que anteponga criterio humano a la Palabra de Dios, puede proclamar luego ser adalid cristiano. No se puede estar al mismo tiempo con Cristo y contra Él. Hemos sido advertidos, y vivimos el momento histórico de la profecía; pero ante la real posibilidad de defender lo que el Señor enunció en su momento, la vanidad opta por lo inverso: ‘Cristo mintió, y el ateísmo lleva razón’. ¡Tal mensaje es anatema! Apoya una falacia y defiende que Dios no nos creó, que los monos fueron mutando por arte de birli-birloque, y que salimos de debajo de la manga del azar. ¡Qué vergüenza!

Y lo peor es que no hay ninguna posibilidad real de tal hecho, porque La Ciencia [con mayúsculas], fija que las casi 200 especies distintas de primates ni se aparean entre sí, ni generan otros individuos que no sean los de su mismo tipo. El ‘homínido’ del año de la corneta de piedra, del que pretenden derivarnos, es un fraude sin fundamento científico. ¡Jamás pudo aparecer, por mucho que intenten hacer creer lo contrario!

Pese a que está escrito que sucederían estas cosas, los principales encargados de defender la credibilidad de la Biblia, el sustento del evangelio de la Creación, y la Verdad de Jesús, llegado el tiempo más importante, le dicen al pueblo que Cristo engañó, y se alinean con los enemigos de Dios. ¿Estaba acaso Darwin con Jesús? ¿Apoyó alguna frase cristiana? ¡NO! ¡Darwin fue la marioneta del antiCristo! Jesús la vio venir; y nos alertó, casi dos mil años antes que el payaso exhibiera sus malabarismos de ‘reajuste constante’:

Quien no está conmigo, está contra mí; y quien conmigo no recoge, desparrama” [Mat 12:30; Luc 11:23]

Lo cierto es que ningún científico ha podido presentar jamás, una evidencia que refute al Génesis bíblico. Su original Bereshit judío muestra aun una colosal salud verídica, pese a tener unos cuantos milenios a sus espaldas; de hecho, constituyó el libro de consulta de la mayoría de los científicos de vanguardia que sentaron las bases de todas las Ciencias. Sin embargo, cada vez más, en este tiempo materialista enfrentamos a un integrismo filosófico que, sin presentar evidencias ciertas, se ha colgado la bata de sabiduría, ha logrado atravesar el umbral de la Ciencia, y dispone un nido para satanás, en donde siempre existió la armonía de Dios con el conocimiento humano.

No todos los libros que se venden como científicos exponen Ciencia. En realidad, muchos son de ateísmo filosófico, encubiertos con títulos académicos, mas con ausencia total de evidencias en el caso de la biología evolutiva, tergiversación de las pruebas en el de la paleontología, y mala praxis en geología/paleontología.

La palabra ‘megalomanía’, derivada de las griegas ‘mégalos’ [grande] y ‘manía’ [locura], define perfectamente al darwinismo. El evolucionismo megalómano no apostó jamás por la instrucción científica, sino por una trinchera filosófica desde donde lanzar un ataque continuado, conociendo la debilidad primaria del humano: la necesidad de la no existencia de un Cristo que vendría a por sus fieles, y que luego pediría al resto las cuentas por sus actos. El eterno enemigo de Dios, conocedor de las batallas interiores del alma humana, concibió este ardid y lo lanzó a la palestra de la única especie capaz de razonar y de tener conciencia del ‘yo’; la única con espíritu… y le dio resultado.

No es una guerra de conocimiento vs atraso, sino una ofensiva espiritual, cuyo objetivo desde el inicio fue entronizar al constantemente anunciado antiCristo, e intentar desintegrar la verdad científica de la Creación de Dios. Las sutiles e invisibles fuerzas de satán, desde lo más bajo de la cuarta dimensión espiritual, tienen el suficiente poder sobre hombres y mujeres, para llevarles a donde quieren. Mediante la individual tendencia a los distintos tipos de pecado, utiliza los canales interiores del ser humano para lograr su objetivo: la renuncia al derecho que da a todos el propio Jesucristo, a la vida plena y eterna bajo su reinado, en el Sión definitivo. Pero el Plan de Dios se hará, no importa los intentos enemigos por evitarlo.

La Creación basada en un Diseño Inteligente, exhibe su cuño más demoledor en el ADN,  la Instrucción para crear, desarrollar, mantener, y reproducir todo tipo de vida. Quien piense que esos miles de millones de datos que aparecen en cada ser humano, hayan podido ser diseñados, programados, secuenciados, organizados, y codificados por el azar, no hace uso del raciocinio otorgado a todos. No mira lo ‘que es’, sino, lo que ‘quiere que sea’, es lo que mira. Pero, según está escrito, lo ‘que es’ será, aunque muchos no lo deseen; son palabras de Jesús, legadas para que las tengamos presente:

El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán”. [Mat 24:35, Mar 13:31, Luc 21:33]

No son palabras de Darwin, sino de Cristo; ¡Ojalá las ovejas dejaran de creerse cabras! Ojalá, antes de agotar su tiempo, aprendieran a ser fieles al Pastor Universal, cerrando los ojos a los tentadores falsos prados… los envenenados pastos del diablo.

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FOTONES, IMÁGENES, MATERIA Y ESPÍRITU

febrero 23, 2009

No pasa nada si un niño teme a la oscuridad; lo trágico es que los hombres teman a la luz.

Desde hace tiempo busco información sobre una ‘evolución‘, desde la no inteligencia hacia el raciocinio. Hay mucha; casi toda aferrada al criterio materialista que insinúa que la inteligencia, aunque intangible, debe hallar su respuesta en términos de física y de química aplicados a lo corpóreo. Se indaga en toda dirección menos en la del Espíritu; mientras, la Verdad ‘grita‘ su evidencia en silencio.

Sin embargo, la defensa ‘materialista’ no puede acudir a la materia para propugnar sus ideas, sino a lo intangible del pensamiento:  justo lo que no logran explicar. Gran parte de la Ciencia ha afianzado tanto su maridaje con la teoría evolutiva, que el astigmatismo científico solo les deja ‘ver‘ en dirección del también invisible mecanismo de la ‘selección natural de la materia‘. Y eso, pese a que tal mecanismo, desde Darwin hasta la fecha, ha sido incapaz de ofrecer una relación coherente con el origen de la imaginación, el raciocinio y el talento.

Días atrás me referí a la mente como supervisor-rector del cerebro. Descartes [1650] marcó pauta en este aspecto. Filósofo, fisiólogo y matemático, creyó que un alma autónoma y etérea, moraba y tutelaba el cuerpo físico. La verdad corpuscular no exigía prueba; la del alma sí. Y zanjó esto con su famoso aforismo ‘cogito ergo sum‘, [pienso, luego existo]. Nadie puede dudar de la existencia de su ‘yo‘, pues no puede dudar del ‘yo‘, si no existe un ‘yo‘ para que dude.

Mas, 1230 años antes, Agustín de Hipona dijo en su Ciudad de Dios:

Sin ninguna engañosa representación de imágenes y fantasmas, estoy absolutamente seguro de que yo soy, y que lo sé y me deleito en esto. Con respecto a estas verdades, no tengo temor de los argumentos de los Académicos, que dicen: ‘¿Y qué sucede si eres engañado?’ Pues si soy engañado, es que soy. Porque quien no es, no puede ser engañado; y si soy engañado, por esta misma razón soy.”

Y llegado a esto, discúlpenme un alto para una anécdota:

Un día, en el 383 d.C., este Agustín [canonizado santo por el Vaticano] razonaba a la orilla del mar sobre una complejidad de Dios: la Trinidad. De repente, algo interior le obliga alzar la vista, y ve a un solitario niño en la playa, yendo y viniendo, llenando un cubo y, vaciándolo luego en un hoyo cavado en la arena. Entonces se le acercó:

Oye, niño, ¿qué haces?

Saco toda el agua del mar y la pongo en este hoyo— contestó.

Pero, eso es imposible. — ripostó Agustín.

Más imposible es tu intento: querer intuir en tu pequeña mente el misterio de Dios. — dijo el niño, mirándole serenamente a los ojos.

Jamás pudo este hombre dar una respuesta lógica al suceso. También otro le ayudó a superar su crisis decisiva, la del comportamiento. Reflexionando sobre cómo llevaba su vida, oyó la voz de un niño en una casa vecina: ‘Toma y lee‘ Lo interpretó como invitación divina, cogió la Biblia, y se abrió por una carta de Pablo,  Rom 13:13-14:

Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lechos y disoluciones, no en pendencias y envidia; mas vestíos del Señor Jesús, el Cristo; y no hagáis caso de la carne en sus deseos.”

Fue su consagración al estudio formal y metódico del cristianismo.

Y ahora, tornemos al artículo. Desde el primer escrito de esta serie sobre la invisibilidad y inmaterialidad de la inteligencia, he llegado a un rasgo innegable de la visión: ver cualquier objeto cósmico, por lejano que esté físicamente, en solo una fracción de segundo.

Vayamos a la cuestión de ‘dimensión‘, con tantos conceptos que puede volverse un cajón de mecánico, mezclado e impreciso. En Física clásica, esta palabra describe las cuatro áreas del mundo macroscópico: x, y, z, t; en Física cuántica, en Teoría de Cuerdas y Teoría M, no aceptada por todos, el dominio físico lo ocupan nueve o diez dimensiones microespaciales, más la dimensión del tiempo, incrementando aun más esta definición.

Todos ellos solo se refieren al universo físico, los únicos dominios estimados reales por la perspectiva materialista del mundo. Mas, las innegables ‘emoción y mentalidad‘, ¿cómo se explican? La Ciencia no logra consolidarse en el campo de los ‘invisibles reales‘.

La mayor restricción de la investigación evolutiva, para avanzar con respecto al ‘origen de la conciencia‘, es que valora solo al cerebro, y ve la mente como su ‘epifenómeno‘, igual a la radiación producida por un horno. No acepta su independencia; subordina su origen al cerebro material… y también el de la vista.

Toda luz que llega al sistema visual se compone de fotones; mediante el cerebro, se convierte cada impulso luminoso en una variación de corriente eléctrica. Mas el ojo es ‘cámara fotográfica‘, no fotómetro. El ‘fotómetro‘ se incorpora en el interior; es posterior. La pupila es el diafragma del ojo: abre o cierra la entrada de la imagen; los cambios de luminosidad del objeto celeste ‘integrado‘ directamente en el órgano de la visión, se procesan ‘después’ de traspasar el cristalino. Es decir, y esto es ¡muy importante!, el ojo no procesa fotones, sino imágenes; de hecho, solo las cámaras modernas poseen fotómetro.

Por otra parte, y no menos importante: la imagen sale invertida del cristalino; ¿qué pasa en ese momento? ¿Se ‘invierten’ los fotones sin la existencia de fotómetro, para que luego el cerebro los procese y los ponga de nuevo en su posición original? Eso es una irracionalidad.

Un ojo normal, enfocado al infinito, está en reposo. El iris se contrae para regular la cantidad de luz [como el diafragma en una cámara fotográfica], mas la otra parte dinámica del sistema óptico, el cristalino, reposa; para ver de lejos no necesita esfuerzo adicional. El cristalino se comporta como una lente biconvexa, variando su curvatura mediante los músculos ciliares, ‘solo para ver de cerca‘.

Y el Doctor Brent Archinal, [equipo de Astrogeología, Servicio de Inspección Geológica, Flagstaff, Arizona, EE.UU; revista Astronomy, mayo/1997], dijo que el ojo humano puede ver aproximadamente 2.500 estrellas en las noches más despejadas.

En artículo reciente: “Teoría Evolutiva: Sin Mente y Sin Espíritu“, cité los miles de trabajos del neurocirujano Dr. Wilder Penfield, como evidencia científica de independencia entre mente y cerebro. Lo prodigioso fue que tantos casos, bajo la acción de electrodos en puntos concretos de su cerebro, referían situaciones del pasado olvidadas totalmente. ‘Veían imágenes, oyendo‘ a otros y a sí mismos, como en un ‘vídeo‘. Y lo ‘mágico‘ es: si se vieron a sí mismos… ¿qué  ‘cámara‘ les firmó, y guardó tales imágenes en memoria? Hay que abrirse más al conocimiento, y sublimarse menos en teorías.

Es real, objetivo y palpable, que al lado de un telescopio capaz de enfocar contornos de una estrella, alzamos los ojos, y en milésimas de segundos la retina recibe la imagen de tal estrella y de lo que la rodea. No necesita miles de años para que la imagen aparezca; y si alguien dice que son ‘fotones cercanos‘, volveré a recordarle que el ojo no es un fotómetro, sino un procesador de imagen integrada.

Solo hay que mirar a través del telescopio y ver el cuerpo físico, en el sitio en que está situado, a billones de kms. de distancia, no a 10 ms ni a 100 ni a 1000. La evidencia es que ‘miramos’ y vemos lo que aparece, en fracción de segundo, sin importar los años luz que las separe de nosotros. Igual la osa mayor, que Orión, la Polar, las Pléyades; solo hay que abrir los ojos y observar. El resto del proceso, SOBRE LA IMAGEN CAPTADA, determinando impulsos eléctricos, colores, formas y contornos, se ejecuta luego en el cerebro.

Nebulosa de Orion

Estos no son fotones; la maravillosa vista corresponde al ‘Canada-France-Hawaii Telescope’, desde el monte Mauna Kea, en Hawai, a 1500 años luz de distancia. ‘No’ un tiempo, sino un espacio: unos 1500 000 000 000 000 Kms [mil quinientos billones] distante de la Tierra. Distintas imágenes de Orión aportarán diferentes mezclas de colores, en función de cómo se filtra la imagen original del telescopio, según la meta que persigan los astrónomos en sus investigaciones.

¿Dónde radica la contradicción con los conceptos de la relatividad? En que la Física, nacida desde fenómenos de esta dimensión que vivimos, no se puede aplicar a procesos visuales nacidos del espíritu; lo mismo que ocurre cuando la Ciencia intenta dar respuesta a fenómenos mentales desde conceptos humanos.

En fechas anteriores escribí acerca de la 4ª Dimensión intangible, que originó esta 3ª, tangible. Dios se desenvuelve en un mundo espiritual y angélico que nos somete y rige; este es el primer concepto al que debe abrirse la Ciencia, si quiere progresar en los enigmas, sin abandonar a la Verdad. Casi todas las sensaciones que se experimentan en el mundo físico, han sido percibidas antes en el espiritual, precediéndolas. O sea, el espíritu oyó, vio, y olió, mucho antes que el primer ser vivo de esta dimensión, pudiera hacerlo.

Según Génesis 1:26, Dios dijo: ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza‘. Y esto último es importante, porque ‘semejante‘, no es ‘idéntico‘; establece diferencias entre don espiritual y humano. Dios decidió qué aptitudes del espíritu extrapolaría a su Creación, cómo, y ‘a quienes‘. Ahora bien: ¿Cómo lograr que un ser de una dimensión física, contara con facultades propias del plano inmaterial?

Aquí actuó la poderosa Ciencia de Dios: el Creador diseñó un Servo Sistema, donde lo invisible regiría lo visible, a escala física. Y aunque hablemos de su obra cumbre, el ser humano, eso fue válido para todo ser vivo del planeta; desde bacterias, hasta personas. Hay un nivel de inteligencia invisible en toda especie viva, pues lo testifica la Palabra de Dios en la versión original: el Bereshit judío, en 1:30:

Y para todas las bestias de la tierra, para todas las aves del cielo, y para todo lo que se mueve sobre la tierra, en cuyo interior hay ‘un alma viva’, todas las hierbas verdes servirán de alimento

De modo que dotó de algún tipo de ‘alma o conciencia‘ a los seres más pequeños; no estoy capacitado para decir cómo lo hizo a escalas inferiores, pero sí en las superiores: Diseñó un ‘interfase‘ capaz de extrapolar facultades invisibles, a la vida biólogica visible. Así surgió el cerebro: regido por procesos invisibles, regula cada metabolismo individual, en todas las especies que cuentan con este órgano.

El cerebro animal, humano incluido, con sus numerosas e intrincadas vías neuronales unidas por axones y dendritas, es el nexo mediante el que la ‘mente’ espiritual rige tanto los reflejos incondicionados, como los condicionados. Así, la materia obedece órdenes intangibles, dadas por una inteligencia imposible de ubicar físicamente.

Sin embargo, hay una salvedad: Dios proveyó al hombre de lo que le negó al resto de las especies: ‘raciocinio y espíritu‘. Pertenecemos a la única especie que ‘sabe que sabe‘, por ser capaz de razonar… y eso nos llega desde el espíritu insuflado por el mismo Dios.

Al morir, el cuerpo se desintegra; lo material se descompone, y el espíritu regresa a su punto de origen: la 4ª Dimensión espiritual… y lleva consigo sus dones: alma consciente, inteligencia, olfato, oído, tacto… y vista. Con la muerte, trascendemos a otro plano distinto, incorpóreo… invisible. ¿Somos los únicos seres con opción de eternidad? Solo Dios sabe; por lo pronto, debo quedar abierto a lo que dijo el enigmático Pablo:

 “Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual…” [1Co 15:44]

Y puedo asegurar categóricamente, que el espíritu llega luego a ser capaz incluso de ‘leer‘ el pensamiento humano, sin que se hable. De modo que, cuando alzamos nuestros ojos al cielo, no estamos haciendo uso de una prebenda física, sino de una dádiva espiritual que Dios, en su infinita Ciencia, logró hacer que el ser humano pudiera disfrutar, extrapolándola a la materia mediante un poderoso Interfaz al que ningún conocimiento humano ha podido descifrar jamás.

Por tal razón, es que no se puede responder al hecho de mirar al cielo y ver en una fracción de segundo, un cuerpo que la Ciencia asegura que no podemos ver si no es con retardo.

Hay un refrán tan antiguo como el propio ser humano: ‘Los ojos son el reflejo del alma‘; también se instruye en 1ªCo 2:9-10:

Sin embargo, como está escrito: “Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente humana ha concebido lo que Dios ha preparado para quienes lo aman.” Ahora bien, Dios nos ha revelado esto por medio de su Espíritu, pues el Espíritu lo examina todo, hasta las profundidades de Dios.’

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DE AÑOS LUZ A MILISEGUNDOS… LA PARADOJA DE DIOS

febrero 10, 2009

Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas de parte de Dios para la destrucción de fortalezas; destruyendo consejos, y toda altura que se levanta contra la ciencia de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia del Cristo.” [2ªCo 10:4-5]

Uno de los recursos al que se apela desde el ateísmo científico, para desvirtuar la verdad contenida en la palabra de Dios, es la improbabilidad de un universo de 6000 años, fundamentándose en que existen estrellas tan lejanas, que imponen por necesidad, miles de millones de años para que se formara lo que hoy aparece ante nuestros ojos.

Por ejemplo, la NASA, mediante su Telescopio Espacial Hubble, localizó la luz de la más lejana supernova jamás vista, una estrella ‘agonizante‘ que, según datos humanos, estalló hace 10.000 millones de años. La detección y análisis de la nominada ‘1997ff’, corroboró la idea que hace algún tiempo se viene manejando, sobre existencia de una ‘misteriosa‘ forma de energía permeando el cosmos, haciendo que las galaxias se alejen cada vez más rápidamente unas de otras. Asimismo, consideran esta estrella como un primer indicio de la desaceleración del universo, luego del Big Bang, antes de que comenzara a acelerar.

Al margen de tales apreciaciones [reconfortantes para aquellos que propugnamos la existencia de tal ‘energía’, predicha en la Biblia], vemos que una vez más se hablan de miles de millones de años, con la misma seguridad con la que se podrían referir a la arena del Atlántico. Por lo pronto, yo prefiero concentrarme en los errores de conceptos que han implicado incluso a científicos de la talla de los que forman parte del equipo NASA, quienes, para todas las conclusiones de sus cálculos, toman en cuenta la velocidad de la luz, como la mayor posible en el vacío: 300 000 km/seg.

A modo de análisis, quiero dirigir vuestra atención hacia la constelación de la Jirafa, de la que los astrónomos comentan que se ubica ‘allí dónde no hay nada‘. Situada entre la constelación del Cochero y la estrella Polar, en una zona cósmica muy poco ocupada, La Jirafa se halla al nordeste de tres constelaciones fácilmente localizables: Casiopea, Céphée y el Cochero. Allí se reconoce a Capella, bajo la imagen, y en la cumbre: Polaris, la estrella polar, marcando el inicio de la Pequeña Osa.

Constelación La Jirafa.

Constelación La Jirafa.

La Jirafa se centra sobre el eje Capella-Polaris; y en esta constelación, solo dos estrellas son visibles a simple vista: ‘α Cam‘, y la súper gigante ‘β cam‘; ambas distantes de la Tierra a 6939 y 1100 años luz respectivamente.

El año luz es medida de longitud, no de tiempo. Se conceptúa como el espacio surcado en un año. En concreto, la distancia que cubre un fotón en el vacío: 9,46 X 10 a la doce, kms., calculada en base a los 300 000 kms/seg establecidos para la velocidad de la luz.

Ahora bien, considerando que el cerebro normal menos ágil es capaz de procesar la imagen más lejana, en menos de ½ seg, podemos considerar ese tiempo de llegada de tal visión, desde su punto lejano en el espacio, hasta la retina. Por otra parte, si α Cam, es visible y procesable por el ojo humano, pese a estar situada a 6939 años de luz de la Tierra, eso implica que su imagen ‘viajó‘ hasta el procesador cerebral, cubriendo una distancia de:Distancia de 'La Jirafa.'

Para que se entienda mejor su magnitud: 65,642” 940 000′ 000 000… ¡del orden de los billones de kms!

Con estos datos podemos calcular la velocidad que necesariamente imprimió esa imagen, para llegar al ojo [de modo comprensible para cualquiera]:Velocidad espacial

Relacionándolo con la velocidad de la luz, [300 000 kms/seg] creída la más rápida:Relación velocidad/tiempo

Es decir: la velocidad con la que una imagen del cosmos viene a nuestro cerebro, es 43, 761′ 960 000 veces más rápida que la luz. Léamoslo bien, para asimilar mejor la diferencia:

La velocidad de la imagen de la estrella que viajó del espacio a la retina, resultó ¡Cuarenta y tres mil setecientos sesenta y un millones, novecientas sesenta mil veces, más rápida que la velocidad establecida como más rápida por el ser humano! Efecto objetivo, no hipotético; lo que físicamente ocurre cuando se alza la vista y se enfoca cualquier punto en el espacio, comprobable por todos, sin necesidad de ser una persona de ciencias.

La imagen escogida, ya sea general, conteniendo todas las estrellas que seamos capaces de procesar en el cerebro o individual, seleccionando solo una, cumplirá su cometido con independencia de la atroz distancia, y llegará a nuestro ojo en menos de un segundo.

De modo que lo considerado por los hombres como ‘velocidad más rápida del espacio‘, resulta incapaz de hacerle sombra a la velocidad que se le imprime a una imagen, si el ojo humano la enfoca y la trae hasta el destino de su ‘diseño‘.

Así, queda empíricamente demostrado que resultó posible la Creación de Dios, tal como lo establece la Biblia: hace unos pocos miles de años. Lo podemos apreciar hoy con nuestros propios ojos, al margen de cualquier teoría tergiversadora que intente sumirnos en un universo eónico, en base a confusiones, abstracciones, planteamientos euclídeos o einstenianos. Una vez más se verifica que la Palabra de Dios, cuando es puesta a prueba por el cientificismo ateo, sale victoriosa. Y no es de extrañar; la Verdad le ampara.

Por último, quiero pedir que vuelvan a mirar la imagen, representativa de una ínfima fracción de ese firmamento que tenemos encima: minúscula parte de la obra de Dios, en el cuarto día de su Creación. Piensen que todo lo que esté en el cielo, capaz de interactuar con nuestro sistema visual, por lejano que esté, será procesado en fracciones de segundo por el cerebro. Y para ello, viaja desde el espacio, en forma de imagen, muchísimo más rápido que lo que la ciencia humana ha sido capaz de detectar.

Háganle una ofrenda al Creador, desde su corazón, reconociendo lo insignificantes que somos ante Él, y dándole las gracias por abrirnos la posibilidad de estar bajo el gobierno eterno de Su Hijo Jesucristo. El Señor se manifiesta ante quienes le aman, y permanece invisible ante quienes no quieren verle… se ríe de esa parte de la Ciencia que camina en dirección contraria a la que Él ha fijado, hasta que dé por concluido el tiempo de las oportunidades de cambio.

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LA NO-EVOLUCIÓN DEL ‘YO’ CONSCIENTE.

enero 25, 2009

A principios del año 1965, siendo alumno de una academia militar, tuve que hacer frente a una materia que confieso, no me caía bien: Psicología. Yo siempre he preferido las Ciencias exactas… soy alérgico a las fundamentadas en conceptos teóricos preconcebidos; esas solo las he aprobado, cuando no he tenido otra opción.

Allí, bajo una dirección comunista, se consideraba digno de estudio solo la literatura atea, pro soviética: El Capital, Las Obras de V.I.Lenin…; así, el libro de Psicología que se usó en nuestro curso fue uno de Pavlov; un extracto de ‘Reflejos Condicionados. Función de los Grandes Hemisferios‘. Y recuerdo que entre los primeros párrafos se presentaba una definición que jamás he olvidado:
Materia es todo lo que existe independientemente de la conciencia.

La realidad es que, pese a que hace más de medio siglo ya se sabía lo difícil que el materialismo lo tenía para asociar a lo tangible las incógnitas del subconsciente, el principio comunista resultó ser la semilla del antiCristo que florecería al fin en el mundo científico: ‘la materia fue la primera manifestación de vida‘. Mas, el propio concepto de materia, como ‘todo lo que está fuera de la conciencia‘, contradice la idea de que esta pueda estar ubicada físicamente en el cerebro… y por ello el subconsciente siempre es mirado con recelo por los ‘agnósticos‘, pues constituye en sí mismo su espada de Damocles.

En los años 70, leí un artículo, si mal no recuerdo en la revista UNESCO, sobre el instituto de Parasicología de Leningrado. Los bolcheviques se enteraron, gracias al rígido control sobre toda la población, que ejercían sus agentes secretos, de que varios ciudadanos de distintos estados soviéticos exhibían ‘facultades extrasensoriales‘. Y esto fue una sustancial señal de alarma y revuelo, pues cualquier acto conexo con lo espiritual era considerado como ‘subversivo‘… sin embargo, no eludieron el desafío.

Como vivían convencidos que la Ciencia puede explicarlo todo, crearon dicho Instituto, y enviaron allí los mejores psicólogos, físicos, químicos… la crema y nata del saber soviético, todos militantes del Partido, para asegurar fidelidad e intimismo. Allí concentraron a todos los ‘raros‘ hallados en su territorio, captados entre los países que formaban el bloque.

Así, se vieron unidos en rara amalgama, ingenieros/as, zapateros/as, koljosianos/as… todo aquel que hubiera probado poseer capacidad no explicable, fue separado de su centro de trabajo, fuera cual fuera, e internado en la moderna institución. Se les respetó su salario original, y constituyeron un equipo de conejillos de Indias durante años.

Aquel artículo narraba el caso de personas capaces de conducir entre obstáculos, con los ojos vendados, solo con la condición de que a su lado estuviera un copiloto que le fuera diciendo… ¡con la mente!, la acción que debían realizar. Otros podían describir los colores de una pelota de playa… separada por un muro de hormigón.

Hubo muchas cosas interesantes que no voy a describir aquí, pero se estudiaron profusos fenómenos en aquella época, siempre con la seguridad de que al final prevalecería la Ciencia y se hallaría una respuesta. Finalmente, el proyecto fracasó, aquellos fenómenos permanecieron en el enigma, se les orientó no hacer de aquello un manifiesto religioso, y el edificio pasó a formar parte de otros objetivos diferentes.

Años después, el genetista ucraniano Dobzhansky [Teoría Sintética de la Evolución, con Mayr, Stebbins, y Simpson], autor del “nada tiene sentido en biología si no es considerado bajo el punto de vista de la evolución“, ratificaba su posición ‘de materia en materia, siempre a mejor’:

La materia inerte, los átomos y electrones, participan supuestamente de capacidades vitales y volitivas. En este imponente sistema filosófico, Whitehead ha desarrollado este punto de vista hasta cierto detalle… Debo decir que en mi opinión tales puntos de vista se deben rechazar en base a consideraciones tanto científicas como filosóficas. Sin embargo, desde una perspectiva lógica, parece que estamos entre la espada y la pared. Lo mismo que en el caso de la vida misma, o bien la conciencia surgió porque la materia prima tiene la capacidad de darle origen, o bien surgió ex nihilo desde fuera del sistema.”

La autoconciencia humana: conciencia de la propia experiencia mental, difiere de la de un animal: consciente de su propio cuerpo. La cognición que permite a una persona meditar, pensando sobre su propio pensamiento, no es la misma que la de un chimpancé capaz de reconocerse frente a un espejo. La ‘autorreflexiva‘ conciencia del ‘yo‘, no existe en los animales.

Una persona tiene la capacidad de razonar qué clase de ser es, qué aspira hacer y sobre todo: cómo debe actuar para lograr sus objetivos a largo plazo. Un animal caza, rompe un huevo, escoge una fruta… para matar el hambre. Otros son conscientes de sus afectos y sensaciones… pero sólo el hombre es capaz de reflexión, de conciencia de sí mismo, de pensar sobre sí mismo, y de compararse en expectativas con el resto de la escala.

Con independencia de si los animales tienen conciencia de sí mismos o no, al menos no cabe duda de que tanto los animales como el hombre poseen conciencia. Aun si nos limitamos a la conciencia, como diferencial de la conciencia del ‘yo‘, hay que preguntar: ¿Cómo surgió?

El neuro siquiatra y pro evolucionista Stanley Cobb, apunta a la conciencia como el atributo de la mente capaz de procesar el juicio del yo. Dice que varía en el hombre según edad, tipo y medio social… y de los peces al hombre, en la filogenia. Pero la Ciencia exige un origen físico desde los ‘cambios’; el mundo científico actual no acepta ninguna manifestación de Creación. Y la conciencia no será una excepción; desde hace mucho tiempo se ha dedicado mucho esfuerzo en la intención de ‘probar‘ que consciente y subconsciente han derivado de algo ya existente.

Pero aun si algún osado planteara que la mente surge de novo, quizá a resulta de una mutación de algún tipo, habría que señalar alguna evidencia de la entidad mutante: el umbral. Así, actualmente, hay dos opiniones básicas sobre el origen de la conciencia del ‘yo‘: una oculta, derivada de materia evidente [monismo]. Y la otra, que la ve como creación directa, “de la nada” [dualismo]… no considerada científicamente respetable, aunque nadie puede ni siquiera insinuarle un origen físico.

Si se es honesto, debe reconocerse que la situación objetiva es que la mente ya se nota incluso en cada célula en desarrollo, en el nuevo embrión. O sea, está potencialmente en el óvulo y/o el esperma; se manifiesta luego en la primera célula embrionaria que surge, y luego en todas las demás: un desarrollo mental, desde lo invisible a lo obvio.

Una contradicción, por cuanto hay dos mentes distintas implicadas, la del padre y la de la madre, generando solo una resultante; se está ante dos instrucciones distintas de ADN, que concluyen formando una sola, pero: ¿está en esa doble cadena del nuevo genoma la mente embrionaria? ¿Surgió la conciencia de nuestra propia conducta, como algo totalmente nuevo, o germinó porque la materia ‘alcanzó‘ un nivel ‘evolutivo apropiado de organización?

Analicemos: una entidad carece de inteligencia si reacciona de cierto modo ante estímulos determinados, y por adversa que sea la consecuencia insiste en actuar igual. Pero si altera su conducta, obteniendo un claro beneficio con la nueva actitud, entonces resulta evidente que ha obrado con inteligencia; es un ser inteligente, independientemente de su tamaño.

Y resulta evidente que así ocurre con los microscópicos parásitos, por ejemplo; los médicos conocen que un mismo antibiótico, que al principio resulta eficaz, si se repite ante el ataque, digamos, de giardias, llega a resultar inocuo para el protozoo. De alguna forma han sabido cómo defenderse del ataque químico del medicamento; sabiendo además hallar el ambiente que más les conviene para subsistir en el infestado.

También demuestran tener capacidad de selección, pues son capaces de buscar el alimento adecuado, y se orientan a través de la sangre hasta llegar a aquellos órganos vitales que les servirán como refugio.

De modo que, si ciertos patrones psicológicos también se manifiestan a nivel primario, se hace obvia la posible existencia de características presentes a nivel de organización celular, aun en ausencia de los circuitos nerviosos. Y entonces no queda otra opción que reconocer que incluso la materia del ser unicelular ya goza de una especie de conciencia nada rudimentaria. ¿Tiene entonces cada célula algún tipo de conciencia?

Hace unas décadas, en una revista científica cuyo nombre no recuerdo, se mencionaba un experimento sorprendente: A una planta de oficina se le colocaron electrodos, conectados a un electroencefalograma de alta sensibilidad. Había varios empleados, y se les propuso que la cuidaran, la mimaran, le echaran agua, limpiaran sus hojas, pusieran música relajante… a todos menos a uno; a ese se le dio una única misión: pasar a intervalos irregulares por su lado, detenerse frente a ella, y arrancar un pequeño pedazo de una de sus hojas.

Hasta ese momento, el aparato describía una línea casi horizontal, aunque se hacían obvias ligeras variaciones, que los investigadores achacaron a metabolismos como la fotosíntesis. Pero en el instante que el individuo se paró y le arrancó una hoja, la aguja hizo un efecto brusco y se puso de manifiesto una alteración en la amplitud de las irregularidades reflejadas en el gráfico. Eso se repitió durante algunos días; al final, la investigación arrojó que llegó el momento en que el empleado incordiante solo tenía que pararse frente al vegetal para que el aparato se volviera loco.

O sea, se defiende mejor la ‘mentalidad‘ de un arbusto sin cerebro, que la existencia de un punto arbitrario en la escala evolutiva donde, de modo enigmático, se supone que aparecería la mente. Y llegados a este punto, si la conciencia no nació automáticamente de un cerebro, se debería poder ubicar al menos el tiempo de su aparición, desde alguna entidad física, material; pero, sin antecedentes detectables, ¿ante qué estamos? ¿Una Creación?

La evidencia dice que unicelulares y plantas poseen formas básicas de conciencia. Así que, si la conciencia evolucionó a partir de la no-conciencia, al rastrear hacia atrás, se debería hallar en algún punto la materia que fue capaz de dar lugar a su existencia, pues lo que aun no existe, es imposible que ‘evolucione‘. Salvo, por supuesto, si se señala hacia una Creación ex nihilo [latín: ‘de la nada’] que sí lo lograría… pero quienes hoy condicionan la ‘llave‘ de la Ciencia, no admitirían eso jamás.

También podría hacerse en sentido contrario: seguir la ‘evolución‘ de la materia hasta que surgen y se revelan los iniciales indicios de conciencia. Una manifestación así sería algo nuevo (de novo), surgiendo de algo que ya existe. Pero nadie se ha topado con eso aun, y tal cosa no ha logrado sobrepasar el umbral de lo ‘anhelado’.

Ahora bien, con independencia de posturas filosóficas, nadie duda que hasta la bacteria, el hipotético paso necesario de célula procariota [clasificada ‘más antigua‘] a eucariota, [animales y plantas superiores] manifiesta cierto nivel de conciencia… ¿cómo surgió esta ‘conciencia primaria‘? ¿De dónde evolucionó? Pues hoy se sabe que hasta la anémona sin cerebro, de aparición ‘datada en 700 millones de años, manifiesta un nivel de conciencia insospechable.

Y aun yendo más lejos, en el caso de virus cuya información genética es ARN, demostrando obviamente algún tipo de ‘conciencia‘, al usar sabiamente para multiplicarse el ADN de las células que infestan, ¿de dónde evolucionó esta? Al margen del programa que muestra la instrucción genética del virus, demandando programador e instructor imprescindible, surge otra pregunta: ¿Quién hecha a andar ese programa? ¿Quién pulsa su ‘Start’?

Nadie puede ocultar la Verdad: la vida manifiesta un estado de conciencia desde sus fundamentos, sin ninguna posibilidad de atribuir su ‘evolución‘, en ningún punto de la escala del tiempo… no importa los miles de millones de años que pretenden atribuirle. Nuestra mente tiene una trayectoria circular: procede de Dios y a Él volverá, si cumplimos los deberes:

Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente’. — le respondió Jesús — Éste es el primero y el más importante de los mandamientos. El segundo se parece a éste: Ama a tu prójimo como a ti mismo.’ De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas.” [Mat 22:37-40]

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LA CIENCIA, LA FE… Y SU AUSENCIA

noviembre 26, 2008

Y dijo el Señor… “¿ Y Dios no defenderá a sus escogidos, que claman a él día y noche, aunque sea magnánimo con ellos? Os digo que los defenderá presto. Pero cuando el Hijo del hombre viniere, ¿hallará fe en la tierra ?” [Lucas 18:6-8]

No resulta difícil entender por qué ateos y agnósticos defienden el darwinismo naturalista: un mecanismo materialista, innecesariamente procedente de una inteligencia invisible, les proporciona un apoyo excelente para el enfoque del mundo, según sus corazones. Pero, ¿por qué razón, científicos que se dicen cristianos, aprueban, el pretencioso desafío de los naturalistas metafísicos que controlan una ciencia pro evolucionista? ¿Por qué a veces ellos mismos resultan incluso más vehementes a la hora de neutralizar cualquier visión científica de la vida, a partir de un diseño inteligente?

No tengo dudas sobre la respuesta: porque son contemplativos, tras gafas erróneas.

A veces citan el ‘prejuicio creacionista’, incluso antes de valorar lo que se plantea, sin siquiera entrar en un análisis racional. Así, ellos mismos dan evidencias de ese prejuicio que atribuyen a los valedores del Diseño Inteligente, incapaces de abrirse ni siquiera al peligro de error, al dar una valoración científica a favor de la evolución; en realidad, el subconsciente de todo evolucionista es condicionado por un cartel a su entrada: ‘ACCESO PROHIBIDO A LA INTELIGENCIA Y AL DISEÑO.’

La evolución tiene voces importantes en Hawking, Weinberg, Gould, Davies, Crick, Dawkins, Futuyma, Suzuki, Sagan, Johanson, Leakey. También, muchos informadores se hacen eco de ellos en medios de comunicación masivos como la TV o en la prensa escrita o libros de textos ‘educativos’. Todos hablan en nombre de la ciencia, y los más vehementes, como Dawkins y Sagan, han sido premiados por la Royal Society británica y la National Academy of Science de los Estados Unidos. Es decir, todo indica que cuentan con el respaldo de organizaciones científicas muy prestigiosas.

Un naturalista metodológico jamás conceptuará la ciencia, sino como un sondeo en busca de las mejores teorías naturalistas. Los orígenes de la información genética o de la conciencia, jamás serán aceptados con implicaciones sobrenaturales; dogmáticamente presuponen que todos los eventos de la evolución tienen que ser atribuidos a causas no inteligentes… que paradójicamente antecedieron incluso a la hipotética ‘evolución‘ de la inteligencia.

Mas no se trata de si la información genética surgió por combinación de azar y leyes químicas, sino sencillamente de ‘cómo ocurrió este proceso’. No puede decirse: ‘sucedió así‘, y quedar tan panchos, como si en la práctica, los milagros se manifestaran continuamente por todas partes, en todos los puntos del planeta.

El gran problema es que, aunque la Ciencia observada en cada esquema de la Creación, ha sido enfáticamente desviada de su Creador, esquinándola al rincón asignado al ámbito de la religión, y excluyéndola de lo científico, ciertos naturalistas metodológicos se autonominan teístas. Con este ‘especial’ teísmo interpretan los resultados globales de la ciencia [todo suceso estaba bajo el control de Dios], pero sin efecto sobre cómo razonan sus ‘conclusiones científicas

Unos y otros, en esa inaudita amalgama de creyentes y ateos arrimando el hombro e influyendo juntos sobre el corazón humano, para apartar a Dios de su obra, tropieza con una gran piedra de obstáculo: el origen de la información genética y de la conciencia humana. Sus causas no inteligentes resultan incomprensibles, del mismo modo que un ordenador y un libro no se pueden ubicar manando de la nada.

El inicio del libro de Dawkins The Blind Watchmaker [El Relojero Ciego], textúa: ‘La biología es el estudio de cosas complicadas que dan la apariencia de haber sido diseñadas con un propósito.‘ O sea, Dawkins, igual que otros naturalistas, ve lo obvio del diseño; pero, indaga en la dirección contraria: una causa no inteligente. Hablan de los prejuicios del científico creacionista cristiano, sin manifestarse sobre el propio prejuicio evolutivo que descarta desde el inicio, todo cientificismo en la dirección de las evidencias, prefiriendo ir contra estas, en la búsqueda del polo contrario al que esas evidencias indican. Y luego le llaman ‘ciencia‘ a lo que hacen… Recoge y vámonos.

Un biólogo evolucionista niega que su punto de vista esté basado en una devoción apriorística al naturalismo sin análisis, pero ve toda alternativa a la evolución, cómo un creer en que la tierra es plana; están cerrados a cualquier otra posibilidad científica.

Por otro lado, un naturalista teísta es un ‘creyente’ que ve al darwinismo como perspectiva correcta, y el mejor camino para comprender cómo surgieron los seres vivos. Y esto en sí mismo, constituye un serio problema que muchos eligen ignorar, pues esos científicos se declaran cristianos, pero testifican sobre un Jesús mentiroso, al negar al Adán primigenio, sin homínidos intermedios, que el propio Cristo citó en Mat 19:4:

‘¿No han leído que en el principio el Creador ‘los hizo hombre y mujer‘…

Parecen apoyarse en una fe de ‘Dios siempre al control‘, con prehumanos incluidos… pero en realidad manifiestan falta de fe en el legado que Jesús nos dejó a través de testigos como Juan y Pedro, que le vieron, le tocaron, oyeron sus instrucciones durante tres años, le vieron morir y resucitar, y nos cuentan estos hechos. Esta es la razón por la que los teístas-evolucionistas, son en realidad una minoría marginada en el contexto científico, siempre a la defensiva. Intentan proteger su realce profesional, restringiendo su teísmo a la vida privada, ocupando una posición indistinguible del naturalismo… pero como reza el refrán:

No se puede estar con Dios y con el diablo.

O como profetizó el mismo Jesucristo, en Lucas11:23:

El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.

Sus compromisos puntuales entre naturalismo en la religión, y naturalismo en la ciencia, tienen en realidad poco peso en el mundo científico, pues se reconoce su ajuste forzado entre líneas de pensamiento en conflicto; un pujo para mantenerse en la línea respetable de la ciencia humana, humillando a la propia Ciencia de Dios.

La teoría neodarwinista ortodoxa [la microevolución se extrapola a la macroevolución] intenta explicar cómodamente la historia, desde el primer organismo hasta los humanos. Se presenta como juicio científico e incluso como un ‘hecho’, en escuelas, museos y muchas instituciones. Pero la teoría del linaje común [de alga a todo ente viviente], no es explicación satisfactoria de la sistemática de la clasificación.

Los supuestos antepasados comunes de los fílums, por ejemplo, andan perdidos. Los trilobites, considerados por el evolucionismo como miembros extintos del fílum Arthropoda, dentro del cual se clasifican en la actualidad los insectos modernos, dejaron un registro fósil amplio y minucioso, supuestamente, 540 millones de años antes que apareciera el ser humano. Y ya mostraban entonces, ‘al igual que sus sucesores modernos‘, complejos cuerpos segmentados, sistema nervioso cefalizado, apéndices articulados y pleódopos, antenas, ojos compuestos… ¿De qué bichos ‘evolucionaron ? ¿Por dónde se ve asomar la evolución en estos casos?

Sin embargo, la descendencia común se considera axiomática; jamás se pone en duda. Mas no es axioma, sino una vacilante hipótesis plausible, debido al fracaso general en el intento de identificar antepasados fósiles específicos para especies importantes.

Estamos sumidos en el prejuicio; [palabra planteada para denigrar enfoques]. Unos dicen tener una perspectiva racional, por tanto, asumen que la contrapartida tiene un prejuicio y está ofuscada, sin remedio. Pero todos tenemos un punto de vista, y la palabra ‘prejuicio‘ se adecúa para cualquier visión que limita las posibilidades que la mente pueda considerar. Un prejuicio racial o religioso puede inducir a rechazar a un trabajador perfectamente calificado. Asimismo, el evolucionismo es un prejuicio que limita la mente, al confinar opciones susceptibles de una consideración seria.

Con cierta frecuencia se citan a científicos creyentes que apoyan la teoría de la evolución, como evidencia de notables que han sido ‘capaces’ de sobreponerse a ‘prejuicios ancestrales’. Pero solo son débiles de la fe que se han dejado someter ante hipotéticas evidencias, en realidad inexistentes, pues la verdadera evidencia, es que hay un programador excluido del programa obvio existente en el ADN, así como hay un Instructor excluido de las instrucciones que esta molécula contiene. De la misma forma que se cuidan mucho en excluir al codificador, de la evidente codificación que encripta y minimiza la información de cada proteína.

Un ejemplo de esto que siempre cito, porque es vital que se visualice, y por razones de espacio, es la información genética que codifica la secuencia de una proteína, con solo varias decenas de aminoácidos: la hormona concentradora de melanina:

atg (inicio) gca aag atg aat ctc tct tcc tat ata tta ata cta act ttt tct ttg ttt tct caa ggt att tta ctt tca gca tcc aag tcc ata aga aat tta gat gat gac atg gta ttt aat aca ttc agg ttg ggg aaa ggc ttt cag aag gaa gac act gca gaa aaa tca gtt att gct cct tcc ctg gaa caa tat aaa aat gat gag agc agt ttc atg aac gaa gag gaa aat aaa gtt tca aag aac aca ggc tcc aaa cat aat ttc tta aat cat ggt ctg cca ctc aat ctg gct ata aaa gga tat caa gca cta aaa gga tct gta gat ttc cca gct gag aat gga gtt cag aat act gaa tca aca caa gaa aag aga gaa att ggg gat gaa gaa aac tca gct aaa ttt cct ata gga agg aga gat ttt gac atg ctc aga tgt atg ctc gga aga gtc tac cga ccc tgt tgg caa gtc – Fin de síntesis]

Es una versión impresa, de lo que se observa en el microscopio, base nitrogenada, tras base nitrogenada. Es todo un modelo de programa encriptado; órdenes exactas y cronológicas para elaborar una proteína imprescindible, ejecutadas no aleatoriamente, no casuísticamente, sino en un momento específico y puntual del metabolismo celular, según órdenes específicas que ningún darwinista puede decir de dónde surgieron, pero que sin embargo afloran ahí, frente a sus ojos, en sus laboratorios, permitiendo su análisis, su estudio, y su aceptación como evidencia de un gigantesco y complejo ‘manual de instrucciones‘.

Observe este caso anterior de información codificada, y razone si pudo originarse desde el azar, sin un ‘agente codificador’ implicándose directamente en el proceso. Piense en proteínas donde se involucran aminoácidos como la glutamina y tirosina, con solo 10 minutos de vida; o arginina, fenil, alanina, leucina o aspartato, con apenas dos minutos de tiempo para desaparecer del escenario. ¿Cómo se puede considerar siquiera la excusa del azar en un tiempo de miles de millones de años, para la aparición de tales proteínas, si se sabe que solo dos minutos bastan para que no se dé el milagro de la vida?

Ahora, piense que existen decenas de miles de proteínas necesarias en el organismo humano; entre ellas las inmunoglobulinas, que contienen unos 1300 aminoácidos cada una [1300 palabras codificadas en lugar de las decenas anteriores] unidas de manera exclusiva, pues si solo se altera el orden previsto para una sola de las 3900 bases nitrogenadas implicadas [las letras], puede resultar incluso en muerte. Algo que evidencia que no estamos ante el resultado de la casuística desordenada y carente de objetivos, sino ante un engendro de la inteligencia y el diseño: una obra de Creación.

A raíz de la presentación en este blog, de célebres científicos cristianos, con el objetivo de sacudir la vanidad evolucionista que pretende agenciarse el conocimiento, ignorando a los grandes que sentaron las bases del desarrollo de la humanidad, la reacción fue entonces la de intentar neutralizar el sentido de mis argumentos, ansiando demostrar que hay científicos creyentes que aprueban la teoría evolutiva. Pero resulta inevitable la existencia de judas en todas las esferas; ya sea inconsciente o conscientemente, siempre hay alguna mala semilla donde la planta de la fe ha echado raíces superfluas, y se termina entregando principios ante la primera ventisca que sople sobre ellos.

No quiero terminar sin poner otro ejemplo, el de Agustín Louis Cauchy. 1789-1857. Católico, Matemático. Junto a Gauss, desarrolló el análisis en el campo complejo. Rigorizó el cálculo y contribuyó grandemente en las teorías de la convergencia de series, de los determinantes, de los grupos, y de las ecuaciones algebraicas, aportando incluso una elegante prueba del teorema fundamental del álgebra. Fue miembro de la Conferencia de San Vicente de Paúl, creada para ayudar a los pobres, para aliviar su sufrimiento y fomentar su dignidad e integridad humana. Contribuyó a la fundación de numerosas sociedades, para sostener escuelas en las misiones de Oriente, etc…

Él dijo:

Yo soy cristiano, es decir, creo en la divinidad de Jesús, como lo hicieron Tycho Brahe, Copernicus, Descartes, Newton, Fermat, Leibniz, Pascal, Grimaldi, Euler, Guldin, Boscovich, Gerdil; como lo hicieron todos los grandes astrónomos, físicos y geómetras de edades pasadas. Y más, soy católico, como la mayor parte de ellos; y si fuera preguntado por las razones de fe, las daría gustoso. Probaría que mis convicciones tienen su origen en la razón y en una resuelta búsqueda. Comparto las profundas convicciones abiertamente manifestas en palabras, en hechos y en escritos por tantos sabios de primera categoría, por un Fuffini, un Haüy, un Laënec, un Ampere, un Pelletier, un Freycinet, un Coriolis, y si evito nombrar alguno de los que están vivos, es por terror a herir su modestia. [K.A.Knelle, Christianity and the Leaders of Modern Science, Real View Books, Michigan, 1995. p. 54.]

Según la Biblia:

‘Por la fe entendemos haber sido compuestos los siglos por la palabra de Dios, siendo hecho lo que se ve, de lo que no se veía.’[Heb 11:3]

Esa fe bastó a científicos del pasado para dirigir sus investigaciones, aferrados a la esperanza que les proporcionaba la promesa del Creador a través de Su Palabra. No fueron locos burros ignorantes, coceando en todas direcciones buscando resultados, sino mentes prodigiosas imbuidas por el propio espíritu de Cristo, que demostraron que la creencia en un Dios absoluto no es una manifestación de oscurantismo, sino de convicción interior. Así se sentaron en realidad las bases científicas del actual conocimiento, pese a que hoy se pretenda asociar con ignorancia cualquier planteamiento que no se corresponda con la irracionalidad de precachalotes corriendo por praderas africanas o asombradas águilas, ante homólogos lagartos con recién estrenadas alas, zurcando sus predios aéreos.

Los científicos de hoy no tienen excusa: han tenido la posibilidad que Darwin no tuvo: ver la propia firma de Dios en su diseño. El descubrimiento del ADN, esa inmensa biblioteca de instrucciones, debidamente codificada, evidenciando raciocinio por dondequiera que se le estudie, y manifestándose como la mayor complejidad a la que ningún programa informático actual ha sido capaz de llegar aun, ha sido la prueba más grande a la que la sociedad ha tenido acceso sobre la existencia de un Diseño Inteligente.

Una obra biológica, hábilmente puesta a punto, como un preciso reloj que, pese a irse desgastando con el tiempo, anunciando su fin físico, va marcando el paso de la vida, segundo a segundo, siglo a siglo, inexorable e inmutable ante las distintas corrientes de pensamiento de la humanidad… casi inmaterialmente consciente de que se manifestará así, hasta que se cumplan todas las cosas que han sido anunciadas por el relojero que lo echó a andar.

Cristo vivió lleno de la Ciencia de Dios, haciendo milagros de todo tipo. Y murió para que todos fuéramos uno; sin embargo, muchos seudos se dejan arrastrar por el antiCristo, inculcándonos que hagamos lo imposible por dividirnos, casi obligando a la humanidad a obviar las palabras de Jesús, y a creer en absurdos y anticiéntificos antepasados arbóreos.

Pero,

… hay un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todas las cosas, y por todas las cosas, y en todos vosotros. [Efesios 4:5-6]


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