DARWIN A POR LAS OLIMPIADAS.

agosto 17, 2008

En estos días en que toda la humanidad confraterniza mientras compite, se me ocurre que hay una práctica que a fuerza de ser repetitiva y exigida, se ha convertido de hecho en un deporte. Dado el tiempo que la teoría de la evolución de las especies lleva de permanencia y prevalencia entre la raza humana, involucrando a la mayoría de los países del globo, se ha hecho merecedora de ser incluida también en los juegos olímpicos.

Y pienso que muy bien podría hacerlo dentro de una disciplina que podríamos llamar: ‘SALTO DE LA VERDAD CON OBSTÁCULOS‘. No hay duda que todos los defensores evolutivos se encontrarían a sus anchas y en inmejorables condiciones de supremacía, dentro de una especialidad en la que indudablemente resultan expertos, y en la que, inexorablemente, no hallarán alternativa competente, ante la opción de la codiciada medalla dorada. Saldrían como favoritos al oro olímpico.

Se ven muy favorecidos por su constancia en el error de la inopia: no enterarse de lo que sucede en el entorno, mientras se declaran emisarios de la Ciencia… aunque esta señale en cada nuevo descubrimiento, hacia una dirección contraria a sus análisis. La inopia es consecuencia de ostracismo; algo ya castigado en la cultura helena. La palabra griega oστρακισμoς (ostrakismos) significa exactamente ‘destierro por ostracismo‘. Se deriva de la palabra oστρακoν (ostrakon): cáscara de huevo, caparazón de tortuga, caparazón en general… todo lo que indique ‘enclaustramiento‘, impidiendo libertad de acción.

La ley del ostracismo surgió por decreto en Atenas, en el año 510 a.C., y no fue más que una coyuntura legal para poder desterrar temporalmente a ciudadanos no gratos o peligrosos para la sociedad… una ley que vendría en estos tiempos, que ni pintada, para permitirle a la verdadera Ciencia, esa escrita con mayúscula, que ocupe el lugar que le corresponde en la mentalidad racional de todos los escolares del planeta.

Visto desde esta perspectiva, la teoría evolutiva se autocondena al ostracismo; se inventa un cuento, y luego se auto impide mirar en cualquier otra dirección, aunque las evidencias les estén indicando constantemente que van por el camino erróneo. Ante cualquier situación de tropiezo obvio, no analizan, sino que se esfuerzan en buscar la forma de tergiversar la realidad, para hacer creíble la inverosímil historia del génesis darwinista.

El agnosticismo que propugna la mayoría del mundo evolutivo, al confesarse ‘agnóstico’, en realidad les define, pues este vocablo proviene del griego a: ‘no’ y gnosis: ‘conocimiento’. O sea, es la postura filosófica del ‘no conocimiento’. Sustentan su posición, alegando que el valor de verdad de las afirmaciones metafísicas respecto a la Creación por parte del Inteligente Yahveh, es ‘incognoscible‘; pero en realidad, lo que hacen es cerrar los ojos ante las múltiples manifestaciones de diseño que muestra la propia Biología de su Creación, para que no les resulte evidente: el acostumbrado error del avestruz, cabeza en agujero protector, pensando que así podrá librarse del peligro.

Todas las revelaciones que evidencian el diseño de la vida, van brotando una a una; salen a la palestra del conocimiento científico, en la misma medida que los investigadores serios no ‘alteran‘ los datos de sus trabajos, para acomodarlos a lo que ellos piensan de la vida, sino manteniéndose libres de cualquier influencia de pensamiento, y subordinándose exclusivamente a las verdades nacidas de sus experimentos.

Horatio H. Newman, pionero en genética, pro-evolutivo, manifestó en una ocasión: “Aunque parezca difícil, el evolucionista honestamente se ve compelido a admitir que no hay prueba absoluta de la evolución orgánica”.

Apoyándole constantemente, la verdadera Ciencia acorrala cada vez más a la Teoría Evolutiva: Jacques Miller es un reconocido investigador científico, célebre por haber descubierto las funciones del timo, por la identificación en especies de mamíferos de dos tipos de linfocitos: ‘T’ y ‘B’, y por las labores de estos. Y aquí se hace indispensable recordar que el timo es el mismo que el ‘desconocimiento agnóstico evolucionista‘ [permítanme la redundancia, como licencia prosista], clasificó desde siempre como ‘residuo y evidencia de la evolución‘, trasmitiendo esa ‘irresponsable ignorancia‘, durante más de un siglo, a millones de estudiantes de Biología de los distintos centros educativos del planeta.

Y este oscurantismo alcanza niveles estratosféricos, cuando se sabe que en realidad, el timo es una glándula que resulta uno de los ‘controles centrales‘ del sistema inmunitario del organismo. Algo muy importante, pues si hablamos de control, implica que se ‘conoce y define‘, qué es lo que hay que controlar… ¡Un programa; una evidencia de diseño! De nuevo, un hallazgo científico niega la absurda casuística evolutiva, que para resultar creíble hace matrimonio de conveniencia con la otra ‘ignorante‘ teoría geológica, de miles de millones de años de transición. Tesis eónicas, por demás fundamentadas en sistemas de datación que en la práctica han demostrado resultar muy falibles, arrojando datos erróneos finales con millones de años de diferencia, al ser usados sobre pruebas, cuyas fechas eran ‘conocidas y recientes‘.

Como dato adicional sobre el Timo, debe decirse que su estructura aparece totalmente conformada en el 3er mes de embarazo, con 12 o 15 g, y sigue creciendo hasta que el individuo logra la capacidad de reproducción sexual; su máximo aumento: unos 30 ó 40 g. Pero, y ahora viene lo más importante, a partir de aquí ‘involuciona‘, atrofiándose poco a poco; el tejido tímico va convirtiéndose en adiposo y conectivo areolar, disminuyendo a unos 10 ó 15 g, hasta casi transformarse por completo… en una bola de sebo.

Es decir, no necesita de la fantasía de millones de años evolutivos, sino solamente lo que ‘Su programa‘ considera: la necesidad de su nacimiento, debido a su manifiesta influencia sobre el desarrollo y maduración del sistema linfático, y sobre la respuesta defenso-inmunitaria del organismo; así como su activa participación en el desarrollo de las glándulas sexuales y el crecimiento del individuo. Una vez realizada esta importante función, el programa de la vida, contenido en las células, determina su final, ordenando su atrofia… pero manteniendo la necesaria información en el ADN, para que el ciclo se reinicie una vez que el ya adulto sea capaz de generar una nueva criatura.

Otra evidencia de DI; para quien no comprenda: DISEÑO INTELIGENTE. Programa, Instrucción y Disciplina; todo lo contrario del caos aliado a la casualidad… y la excesiva y absurda por innecesaria, temporalidad evolutiva, incapaz científicamente, de generar la complejidad de la vida.

Otro ejemplo de negligencia y desidia evolutiva ante la verdad, lo constituye los linfocitos, conocidos como ‘células T’, pertenecientes al grupo de los glóbulos blancos. Son los responsables de coordinar la respuesta inmune mediada por células, así como de funciones de cooperación para que se desarrollen todas las formas de respuestas inmunes, incluida la de anticuerpos proporcionados por los linfocitos ‘B’. Precisamente, la ‘T’ de su nominación proviene del timo, el órgano que los científicos consideraron el sitio de la ‘educación/programación’ de los linfocitos T: su diferenciación a partir de células madre del sistema linfático. Es decir, la experiencia en laboratorios había dejado patente ¡un programa diseñado!; ante  situación de peligro: ¡Respuesta inteligente!

Normalmente, el núcleo de la célula T se comunica con el resto de orgánulos celulares, al transformar ADN en el ARNm que actúa como mensajero entre el núcleo y el resto de la célula… según el programa establecido en la información que aparece ‘inscrita y codificada‘ en la hebra del genoma. Siempre siguiendo esas instrucciones, el ADN fabrica ARN y lo envía fuera del núcleo, al ribosoma, para que distribuya las ‘instrucciones de la vida‘ codificadas y transcritas en este.

Y recientes trabajos de investigadores no parcializados, revelan los ‘pasos de instrucción’ de las células T, capacitándose para su labor de inmunología. Gracias a esto, se vislumbra el desarrollo de medicinas que potencien o impidan su acción en tejidos específicos, según sea necesario, tanto para mejorar el sistema inmunitario como para paliar males auto inmunes.

A finales de la década del 1970, un equipo de inmunólogos llegó a un vital hallazgo: A una oveja le extrajeron líquido linfático de la piel y el intestino. Marcaron sus linfocitos, y luego los reinyectaron en la sangre del mismo animal. El resultado fue contrario al esperado: los linfocitos no custodiaron los diversos tejidos del animal, sino que en su mayoría volvieron a sus sitios originales. Los que provenían del líquido linfático de la piel, allí se dirigieron; y los que provenían del intestino, a ese punto de partida… como si tuvieran un mapa.

Esto causó sorpresa; hasta ese entonces se creía que las células T del sistema inmunológico nacían en el timo y que desde allí circulaban por el torrente sanguíneo y por la linfa, para detenerse en el sitio que detectaran algún problema. ¿Cómo explicar que estas células T procedentes de distintos lugares, viajaran por la sangre hasta hospedarse en el mismo tejido específico que les correspondía a cada una? La pregunta interesó a los inmunólogos porque a partir de esta observación se pensó que se podría aprovechar esta especificidad de las células T para instalarlas en lugares específicos donde fuera necesario combatir tumores, o curar enfermedades auto inmunes de determinados tejidos.

En el 1983, intentando aclarar esta mística conducta de las células T, Eugene Butcher e Irving Weisman [Escuela de Medicina, Universidad de Stanford], trazaron investigaciones distintas, y observaron que algunos grupos de células T, como soldados exploradores, podían distinguir entre pequeños vasos sanguíneos ubicados en distintos tejidos, ya fuera en la piel, o cerca del intestino. Luego, se identificó una docena de receptores celulares y diversas señales químicas solubles, [quimocinas o citoquinas], que auxiliaban a las células T en su penetrar y patrullar tejidos específicos. Una muestra más de un ‘programa de auxilio ‘, un diseño cognoscitivo.

En la década de 1990, Butcher y otros biólogos llegaron a descubrir un ‘código molecular‘ (una combinación de receptores y quimosinas), que orientaba a las células T, para ir a la piel o al intestino. ¡Nueva evidencia de ‘diseño y programa ‘! Sin embargo aun quedaba un misterio crucial. ¿Cómo una célula T recién nacida, sin pasar por el timo, reaccionaba ante la información de receptores que le dictaban alojarse en un área específica?

En los últimos años este misterio ha ido viendo la luz; se reconoció y valoró mejor un grupo de células que actuaban como efectivos centinelas: las células dendríticas, hasta entonces no bien detectadas, pero obviamente ‘programadas‘ para instruir a las células T, orientándolas a destinos fijados. Otra vez, una manifestación de creación inteligente a nivel microscópico.

En la medida que las investigaciones han avanzado, ha ido creciendo el interés por lograr compuestos capaces de modular más específicamente a las células T, evitando que al mismo tiempo no produjeran daños colaterales. El sondeo intenta dirigirlas hacia tejidos con tumores y neutralizarlos, mejorar la producción de vacunas, e incluso tratar males auto inmunes, ya sean de causa viral o genética.

Estos resultados fueron publicados en Science, volumen 316, página 191, 2007.

Tres décadas atrás, se pensaba que la Timosina era una hormona del timo, con efectos clínicos prodigiosos. Ahora se sabe que no es exactamente así, ya que se produce en profusas células, con gran variedad de efectos a distintos niveles. Recientemente, científicos del Instituto de Salud Infantil del Reino Unido la identificaron como capaz de ayudar al corazón a repararse a sí mismo, tras un infarto. Descubrieron que moviliza células del exterior del corazón, hacia su interior, en clara operatoria ‘diseñada y pre-concebida‘, para recuperar el estado saludable; otra evidencia de diseño inteligente.

La timosina beta 4 es una proteína muy conocida en el campo investigativo, por su capacidad de minimizar la pérdida de células musculares cardiacas al producirse un infarto. Ahora también se sabe que la proteína en cuestión repara el corazón, estimulando el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos, con la colaboración de las células que se encuentran albergadas en la capa más externa del corazón. Consecuencia de un programa calculado, en el que se involucra a varios agentes.

Y no es por casualidad, ni por la sabiduría de una ‘selección natural ‘ solo existente en los libros de ciencia-ficción evolutivos… sino obedeciendo al estudio y cálculo inteligente; un diseño del Gran Programador del Universo que muchos niegan, y que pacientemente, está esperando por todo aquel que decida volverse a Él:

“Buscas la Verdad donde no cabe:
tiempos eónicos, lechos de rocas
y fósiles de oscuridades.
¿Tan ciego estás?…
¡Solo tienes que volverte… y mirarme!

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REPARACIÓN TISULAR: OTRA EVIDENCIA CREATIVA

mayo 20, 2008

“Una mentira repetida mil veces se transforma en una verdad”. (Joseph Goebbels, Ministro de campaña Nazi.)

En el año 1894, el médico W.R. Dunham publicó su trabajo sobre la comunicación subliminal titulado “The Science of Vital Force” (La Ciencia de la Fuerza Vital) demostrando la existencia de dicha influencia en el ser humano. Más tarde, el Dr. Poetzle pudo demostrar la percepción subliminal, así como sus efectos en sueños y conducta.

Aproximadamente en los años 50, se realizó un experimento en un cine de New Jersey, insertando en la película “PICNIC”, cada 24-30 fotogramas, las palabras “Tome Coca-Cola” y “Coma pop-corn” sobre el rostro de la actriz Kim Novak. Con ello se logró aumentar las ventas del refresco en un 18% y las de pop-corn en un 58% respectivamente.

El mismo sistema se ha empleado en la medicina con fines curativos y pedagógicos; la Clínica Médica McDonagh (Gladstone, Missouri), lo usó para relajar a los pacientes. Los enfermos dejaron de sufrir desfallecimientos, mejoraron… y luego volvieron de nuevo a desmayarse cuando se retiró esta influencia subliminal. Podría dudarse de su efectividad si no existiesen pruebas, pero están, y los resultados son aplastantes. La psicología industrial lo utiliza en la prevención de robos en los supermercados, y la disminución de estos hechos delictivos ha sido de un 80% en todos los casos de faltantes de mercaderías.

Existen además otras estadísticas y ejemplos muy alarmantes. Uno de ellos, realizado por Marie France Charron, en una de las publicaciones gubernamentales del Ministerio de Comunicaciones de Québec, Canadá, demostró que en 22 tipificaciones de causas de suicidio, el mayor porcentaje resultó debido a la audición de música rock infectada de mensajes subliminales con satanismo. Se evidenció que la mente puede ser manipulada sin conciencia de ello, dando la sensación de que nadie podía evitar ser su víctima. Se produjo un profundo rechazo hacia todo lo subliminal y se redactaron leyes para su prohibición.

Pero también se ha demostrado que la constante repetición de una frase tiene efectos en el subconsciente, aunque no se presente de manera subliminal. Si se comienza a trasmitir en la escuela desde las primeras incursiones de la infancia (raciocinio inmaduro), penetra en el subconsciente de un niño totalmente sin defensa ante esta forma de agresión. Se hace subliminal por repetitivo; ataca traicioneramente al receptor, pues anula las barreras de la selección inteligente.

En la publicidad comercial, las múltiples técnicas de persuasión dependen del ingenio de su artífice y solo están limitadas por los medios de comunicación, algunas restricciones legales y el código deontológico elaborado al efecto por las propias agencias de publicidad. Pero esto no se manifiesta igual en las escuelas; allí, la repetición del mensaje, ha jugado su basa durante el tiempo que la teoría evolutiva ha ido minando las aulas.

Un mismo anuncio evolutivo es ya internacional. Figuras alusivas aparecen en vallas publicitarias, folletos a la entrada de las tiendas, y en forma de revistas, libros de cuentos o juguetes. La propaganda ha sido extendida a la radio, la televisión, periódicos, revistas, y por supuesto, donde resulta más importante: en todos los libros de textos de biología y zoología, desde los primeros hasta los últimos niveles de la enseñanza.

Como colofón, ha sido usada además una de las formas más efectivas y seductoras: la gran pantalla. Obras como Parque Jurásico (Steven Spielberg), Caminando con cavernícolas (de la BBC), La Evolución de las Especies (de Discovery), y muchas otras, han trabajado tanto en el subconsciente humano, que la teoría está asentada allí como un bloque de cemento.

Pero, visto desde la razón, el que los protozoos marinos pasaran a convertirse en grandes monstruos a lo largo de miles de millones de años, careciendo de la más elemental evidencia, no logra traspasar la frontera de la ficción. La Ciencia jamás ha logrado el paso anterior imprescindible: que una célula simple sea capaz de alcanzar por sí misma la complejidad de una eucariota; de modo que resulta ausente de crédito, el simple hecho de la aparición de las molestas anémonas de playas a partir de procariontes marinos.

El Inconsciente es una parte de la mente que, como esponja, absorbe todo lo programado, de una forma tan sutil, que no nos damos cuenta. Su concepto fue descrito entre 1895 y 1900 por Sigmund Freud, quien planteó que se nutría de sentimientos cursados durante la infancia, junto con los instintos o la libido, y sus alteraciones por la ‘evolución del super-yo‘. De acuerdo con la definición del psicoanalista suizo Carl Jung, el inconsciente también consta de un inconsciente cultural que contiene ciertas fantasías atávicas, universales y heredadas, que pertenecen a lo que este denominó ‘el ámbito colectivo‘.

Si un adulto acepta un concepto, lo envía al subconsciente; igual a un ordenador, se archiva en la memoria, y se usa luego si es necesario. El mensaje recibido en la primera infancia, en cambio, ataca al receptor obviando las barreras de la selección inteligente y consciente, sin advertir esta violación. Por eso no es válido decir, “a mi no me afecta, porque yo no quiero“, pues, la voluntad fue anulada, así como la selección de “esto si, esto no”.

El trabajo del inconsciente, no puede controlarse y opera con los datos que recibe; como en los sueños, se fusionan automáticamente imágenes y hechos de forma no previsible. Nadie maneja sus sueños a voluntad. Un ejemplo, si alguien propone: “Satán es Dios“, lo más probable es que esta información sea detenida y rechazada antes de ingresar a la memoria. Pero si esa frase llega en la niñez más temprana, no hay ningún inconveniente en que así quede sellada, como instrucción válida y acreditada.

E incluso en los adultos, la repetición funciona. Hay una enorme variedad de técnicas; desde un simple anuncio de pared, hasta una campaña en todos los medios de comunicación de masas. Desde sus inicios en la antigüedad, la publicidad ha evolucionado hasta convertirse en una colosal industria. Tan solo en Estados Unidos, a finales de la década pasada, se invirtieron en un año unos 120 000 millones de dólares.

Se calcula que un comercial de un minuto cuesta cerca de 50 mil dólares. Es tan detallada la elaboración de los comerciales, que se gastan cerca de un centenar de millones de dólares, solo en los actores. Uno de 30 segundos puede llevar semanas para grabarlo, sin tomar en cuenta el intenso trabajo de laboratorio y efectos especiales.

Tal como en los tratados evolucionistas, se fotografía y dibuja una y otra vez hasta que salga lo que se pretende, analizando cada mínimo detalle. Tanto dinero en juego, demuestra la efectividad comprobada del método de la Persuasión: una forma de influir en las personas mediante técnicas repetitivas, para prevalecer sobre la capacidad de análisis posterior.

La teoría evolutiva subsiste gracias a una descomunal publicidad, incremental con el paso del tiempo; muchas veces con mentiras que han sido descubiertas, luego incluso de varias décadas. Su modalidad promocional es la institucional, cuyo único objetivo consiste en crear prestigio y fomentar el respeto de determinadas teorías y enseñanzas.

Sé que se alegará lo mismo con respecto a la Biblia; pero esta no resulta en un mensaje subliminal ni una repetición de cómo las especies fueron ‘mutando‘ de unas a otras. A diferencia de la teoría de la evolución, que desde Darwin hasta la actualidad ha cambiado sus planteamientos constantemente, por plástica adaptación, según las evidencias que han ido trascendiendo a través de la Ciencia, las Sagradas Escrituras constituyen un tratado de historia que ha permanecido inmutable en el tiempo, sobreviviendo y fortificándose en los propios descubrimientos científicos.

Narra, desde la ‘Creación‘ de la humanidad, hasta la etapa del apostolado de los discípulos de Cristo, y, por supuesto, presenta algunas profecías sobre el final material del planeta, dando paso a una vida espiritual, sin carne alguna.

El mejor ejemplo de la presencia de Dios en la creación del hombre, lo ha constituido el descubrimiento del ADN: un lenguaje codificado que garantiza la existencia del codificador INTELIGENTE que antecedió al ser humano. Y ya que la evolución ha sabido usar el método de la repetición de un cuento, durante casi siglo y medio, espero que los defensores evolucionistas no se escandalicen si yo continúo repitiendo las evidencias de diseño e inteligencia que patentiza la misma Ciencia a la que se acogen para intentar acreditar lo que a todas luces constituye un burdo descrédito.

Ya en un artículo anterior, se planteó la admirable programación del sistema autoinmune. Su etapa final es la reparación tisular; según el área, se reparan o no las células, pero siempre está programada una enmienda. Si ocurre algo que altere el equilibrio celular, se desata un sistema de señales programadas en su propio ADN/ARN, que decide si ese daño es reversible o no. Si es irreversible, se produce la muerte de la célula afectada, bien por apoptosis o por necrosis, según se decida en dicho programa.

Si no lo es, el propio sistema decide la reparación tisular entre dos opciones pre-definidas y muy bien organizadas, no casuísticas. En la primera: ‘Regeneración’, las células se dividen en tres grupos, según su capacidad regenerativa y su relación con el ciclo celular. Si hay reemplazo, este es por proliferación de células de la misma estirpe; la reconstrucción de un tejido desaparecido  por causas fisiológicas o patológicas, es entonces casi perfecta.

La segunda opción es la ‘Cicatrización’, y consiste en la sustitución del tejido desaparecido, por tejido conjuntivo producido por células distintas a las del tejido original. Las distintas órdenes aquí se hacen más evidentes, pues todo ocurre por etapas bien definidas:

1- HEMOSTASIA: Permite que la sangre circule libremente por los vasos, y cuando una de estas estructuras es dañada, aprueba la formación de coágulos para detener la hemorragia, reparando el daño posteriormente y disolviendo dicho coágulo. Las plaquetas taponan los vasos rotos, liberando citoquinas, por infiltración celular.

2-INFLAMACION: Ocurre por la acción de los Neutrófilos enviados, los principales actores de este proceso, aunque también se mandan al sitio monocitos y otros linfocitos.

3-REMODELACIÓN: Se producen cambios de coloración y textura, debido a un balance entre la síntesis y la lisis del colágeno.

4-PROLIFERACIÓN: Se manifiesta por fenómenos de neovascularización y angiogénesis; procesos en los que se forman nuevos vasos sanguíneos a partir de un lecho vascular preexistente. Se repiten la proliferación y la migración celular, creciendo la producción y el depósito de colágeno por parte de los fibroblastos, cerrando el proceso.

Resulta evidente la alta complejidad de esta actividad de reparación tisular; tanto, que niega el desarrollo casuístico que predica la abstracta ‘selección natural‘, carente de inteligencia. La minúscula célula actúa como un perfecto hospital; los biólogos evolutivos ganarían mucha más credibilidad si se pusieran a la altura de las expectativas de la entidad que dio origen a toda estas secuencias preconcebidas y diseñadas antes de que se manifestaran los problemas.

La Ciencia lleva muchos años investigando el ADN; con frecuencia aparecen datos diferentes y se concluyen nuevas y desconocidas actividades del cuerpo humano, a nivel microscópico. Es decir, que el hombre de ciencias camina siempre detrás de una señal ya establecida en la Creación; se empapa de conocimientos sobre un diseño que ya existe desde el mismo origen de la humanidad, y luego es capaz de presentar resultados.

La Naturaleza de Dios marca la pauta; los hombres siguen su estela. Si lo hacen en beneficio de sus congéneres, son bendecidos por el Todopoderoso y se dignifican ante Él, pues todo corazón altruista se enaltece ante el Señor.


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