¿CUÁL ES LA BUENA NOTICIA?

julio 7, 2008

Hace unos días (y a cada momento lo hacen), me dejaron una propaganda sobre régimen de adelgazamiento, en el limpiaparabrisas del coche. Nadie duda que esa actividad se ha convertido en un negocio muy lucrativo; esta generación se ha volcado como nunca en el cuidado de su cuerpo y, cada día más, se dedica una parte importante de los ahorros en ser menos gordito/a, flaquito/a, muy exuberante… o menos, según sea el caso, etc.

La humanidad ha ido vaciando cada vez más su espiritualidad; esta ha ido menguando a favor de la ‘grosura mental’ que provoca el cáncer del espíritu, en incremento alarmante.

Se anhela gustar más; la envidia ajena por la presencia propia resulta una inyección de vanidad muy difícil de rechazar. Se acude al gimnasio y se hace sumisión a dietas rigurosas, en beneficio de una carne efímera, pues la belleza física se difumina en el tiempo y no constituye una garantía de felicidad ni de seguridad.

Un buen cuerpo siempre encontrará sustituto en otro… a veces no tan formidable, y mucho menos espectacular; luego, el sacrificio de la vanidad no todas las veces se ve correspondido por la fidelidad de la persona a la que se quiere impresionar, pues el ser humano siempre es deslumbrado por lo nuevo, y hay mucho de nuevo bajo el sol, esperando saciar el vacío existencial de los insaciables.

La juventud es carrera rápida; sin darnos cuenta, la piel tersa se vuelve porosa, se cubre de manchas, los primeros surcos delinean más contornos de los deseados… y los michelines ajenos, que provocaban comentarios sarcásticos, se presentan como justicieros, sin avisar, en el propio cuerpo. La carne corrompible acude sin falta a su cita con la corrupción; años antes o después, se marchita e inicia su acelerada carrera hacia su decadencia y postrer exterminio definitivo. Sin embargo, el espíritu que la sustenta (ese ignorado por muchos), que siempre está conectado con el Creador querámoslo o no, prevalece para siempre.

El mal de la carne busca su cura en la medicina, cuyo adelanto permite mitigarlo y anularlo en muchas ocasiones; aunque solo es un vano intento para detener la inercia, pues el destino del hombre carnal es ineludible. Haga lo que se haga, siempre habrá un final.

Pero un espíritu enfermo es más grave, pues su continuidad en el tiempo se hace eterna. Si nuestra salud espiritual es buena, solo lo alimentamos con lo que le fortalece: la fe en un Jesucristo vencedor de la muerte, quién lo evidenció con su propio ejemplo. También, con la buena conducta en nuestro entorno, el conocimiento y cumplimiento de las leyes de Dios, el dominio propio ante las tentaciones, la paciencia ante las contrariedades y pruebas que nos harán subir nuestro nivel espiritual, la práctica piadosa (libre de egoísmos), y el amor desinteresado, sin segundas intenciones.

Si nuestro espíritu no está sano, nuestros ojos no estarán en la luz ni las manos ni el cuerpo entero; incluso el propio corazón, que se verá inundado por el egoísmo y el culto al ‘yo’, que tanto nos aleja de los fundamentos reales, cuyas raíces viven en la instrucción de Jesús.

La genética humana no determina los sentimientos e inclinaciones, aunque ya hay por ahí ‘estudiosos’ del tema que señalan lo contrario. La genética es la instrucción para crear vida animada en carne, a partir de los aminoácidos que darán lugar a las miles de proteínas necesarias. Pero el ADN no hace al hombre ladrón, violador, pederasta, asesino, ególatra, vanidoso, borracho, drogadicto, usurero…; todo lo que contamina la pasión, es obra del espíritu dominante en el ser, y mientras más en resonancia estemos con el Espíritu Santo, menos serán las imperfecciones y aristas internas que habrá que enfrentar, limar, y extirpar, para emerger dignos e inocentes, en el inexorable instante de la justicia divina.

Pero si nos alejamos de Él, satanás hallará con habilidad cada fisura nuestra. Ninguna cadena es más fuerte que su eslabón más débil, y si un arte es dominado por el maligno a la perfección, es el de hacerse fuerte en nuestras debilidades íntimas. Como el ojo de un tornado de fuerza T10, nos succionará cada vez que le interese alejarnos de Dios; sabe cómo hacerlo y puede hacerlo, si nos apartamos del Altísimo.

Ahora bien, regresando al genoma, si hay algo que este sí determina, es nuestro sexo, a través de la combinación cromosomática que ‘nos toca’. Los cromosomas X-Y imponen la condición sexual, mediante un sistema único en personas y animales. Los cromosomas humanos, en situación normal, se manifiestan en parejas, y son 23; los que determinan el sexo, corresponden precisamente al par numerado en el orden 23.

La sola presencia del par cromosómico XX, implica como resultado un individuo hembra, mientras que la asociación y combinación XY significa la expresión genética que resulta en un individuo macho. Asegurando esta situación aun más, existe un gen en el cromosoma Y, el TDF (del inglés testis-determining factor o factor determinador de los testículos), que es el responsable de que el embrión desarrolle testículos y se haga masculino; no existe un gen equivalente para la diferenciación de los ovarios, de manera que el embrión será por defecto femenino, si no posee el gen TDF.

De modo que cualquier inclinación al sexo contrario no tiene su raíz en el ADN, sino en el espíritu; una evidencia de esto, que no deja lugar a dudas, es la erección que ocurre en todo homosexual pasivo, a quien la genética le hizo hombre… pero una influencia espiritual, de la 4ª Dimensión de satanás, le impone que se sienta mujer. Este influjo suele presentarse desde la niñez, aunque a veces se manifiesta también una vez adulto. En el lesbianismo ocurre igual: influencia demoníaca, en sentido contrario. Por tal razón es que la homosexualidad está implícitamente condenada por las leyes de quien nos creó.

No se trata de una ‘atrofia’ evolutiva que les ha hecho así. Si sucediera algo biológicamente posible: que una lesbiana que se ‘imagina’ hombre, tuviera sexo con un afeminado, la vida les jugaría una mala pasada: ella sería mamá y él, papá. Créanme, el enigma está en el espíritu, no en la carne: la 4ª Dimensión Espiritual somete y sojuzga a la 3ª Dimensión que vivimos en el cuerpo; lo que somos, y cómo nos manifestamos, depende de por quién nos dejemos sojuzgar: si por el Espíritu Santo o su enemigo tradicional por antonomasia.

Hace poco se celebró en Madrid el internacional ‘día del orgullo gay’, Homosexuales de ambos sexos (vaginas y penes), subidos en carrozas, a medio vestir, pusieron el adobo infalible hoy día en la sociedad: el morbo que genera el saber que se hace lo que va contra la ley de Dios, alimentando la inmoralidad, y con ello, la ira del que todo lo puede.

Aquí se vio, una vez más la desidia de algunas familias, llevando a sus críos para que ‘disfrutaran’ el espectáculo. Inconscientes e irresponsables; incapaces de evaluar lo que resulta importante para el Señor. No se puede permitir esos desfiles a la vista de los niños, inculcándoles que la unión hombre-hombre y mujer-mujer, también integran el concepto del matrimonio, pues va contra Natura y constituyen una aberración. Están muertos y no se percatan; juegan con fuego y el final no será otro que la incineración en vida, pueden darlo por hecho.

Desde aquí mi apoyo a todos los que se manifiestan contra estas actividades nítidamente subversivas, pues no pueden considerarse de otra forma. Por su parte, los gobiernos que apoyan esto, legislando leyes que se oponen frontalmente a las de Dios, tendrán que dar cuentas a la cabeza gobernante que les supera; las familias que se han marginado del Proyecto del Hogar establecido por el Creador, también serán cuestionadas, y los directamente involucrados, que escuchen el mensaje: ¡Abran los ojos del espíritu y cierren las piernas! Aun están a tiempo del arrepentimiento; la hora llega.

Declaro desde este blog, en el nombre de Jesús, que toda violación de las leyes establecidas por el Padre de la humanidad tiene punición, y pueden estar convencidos que esta será severa, en el caso de los que no se arrepientan y caigan en la persistencia de la continuidad.

Por otra parte, sea cual sea el pecado cometido, tenemos un abogado en Cristo, que tiene Poder para perdonar y librarnos de culpa, sin importar la infracción, si somos capaces de reaccionar y nos aferramos a su Espíritu purificador del nuestro, fortificándonos día a día en el conocimiento de su Palabra, para no reincidir más en nuestras faltas.

Se ha hecho todo lo posible por sacar a Dios de la mente de los hombres, desde la base: las escuelas. Educan a los futuros presidentes y ministros, en el ateismo que puede conducir a la inmoralidad, preparando las condiciones para las leyes antiCristo que hoy pululan en todo el planeta. Les alimenta un inconmensurable odio a Dios, que les hace cocear contra el mismo aguijón que acabará destruyéndoles, dejándose arrastrar en un sin sentido, y lo que es peor: arrastrando consigo a mentes débiles, ignorantes del plan del Señor.

Solo se libran de estas inclinaciones los que fundamentan sus normas de conducta en la instrucción bíblica… y de forma extraordinaria, los no creyentes a los que el Creador les ha dado un espíritu de nobleza lo suficientemente fuerte como para continuar siendo buenas personas, pese a no reconocer aun a Cristo: un espejo de la gracia de Dios.

¿Se me critica porque no hablo del amor, sino del castigo? A la Biblia me remito; ambos caminos nos permitirán alcanzar el reino de Jesús: el amor es el idóneo, el más rápido, mientras que la sanción punitiva produce dolor, y por este entra la convicción del peligro; se empieza a ser sensible y se llega a evaluar que la mejor opción es la de la obediencia. Pagamos entonces el precio de la corrección, y cuando el Omnipotente estime que estamos listos, nos reincorpora a su pueblo. Y esa es la buena noticia: Cristo es válido para hacer libres tanto a los que están cerca de Dios, como a los alejados que regresan; el método lo impone el propio individuo, con su decisión de entrega, ya sea temprana o tardía.

Luego de ello, todo el que sea fiel a Jesús, tendrá vida eterna con Él, en su montaña, pues es el puente que lleva hacia el Padre. Es decir, después del arrepentimiento y la constricción (y repito la buena noticia de estos tiempos), los no creyentes tendrán la misma opción que los creyentes, pues Cristo vive en el corazón por la fe. La forma en que esta se adquiera no es determinante; lo importante es llegar a sentirla.

La fe lleva al amor; una vez que estemos firmemente enraizados en Él, podremos entender cuán ancho, largo, profundo y alto es el amor de Jesús. Así como que la iglesia es una casa de oración, pero el verdadero templo del Señor es portátil y lo llevamos en un interior saneado. El concepto de iglesia trasciende en la unidad con Jesús: hubo un solo cuerpo crucificado para el perdón de los pecados, un solo Espíritu Santo, una sola esperanza, un solo Señor, una sola fe y un solo bautismo. Hay un solo Dios; y por tanto, una sola iglesia. Esa es la meta que debe existir en todos los cristianos y la que Cristo espera de todos: que obviemos las diferencias y nos unamos en lo que nos aglutina: Su cuerpo de la Redención.

Jesús preparó a sus apóstoles para un acto de servicio: la edificación del Cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a estar unidos en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios. Solo así alcanzaremos la edad y el desarrollo que corresponden a la plena madurez de Cristo. Como dijo Pablo, en su carta a los Efesios 4:16:

“Por Cristo, el cuerpo entero se ajusta y se liga bien, con la unión de todas sus partes; y cuando una parte funciona bien, todo el cuerpo va creciendo y edificándose en amor.”

Así pues, la alerta de Dios es que no nos alejemos de Él, sumidos en pensamientos vanos, con el entendimiento en tinieblas. No permitan que el corazón lata insensible en el pecho, haciéndose así ignorantes de las leyes de Dios, y de su gracia. Todos tenemos parte, mediante el evangelio, en la misma promesa: Perdón de los pecados y opción de vida eterna, bajo su reinado espiritual.

Por la gracia de Dios, yo, sin mérito alguno, me veo hoy confrontado en el espíritu para escribir estas cosas. Y no sería fiel a Cristo si no insisto sobre su promesa de salvación para todos aquellos que se arrepientan de sus malas acciones y se conviertan a Él, culminando con un párrafo de la carta a los Efesios, en 3:10:

“Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora notificada por la Iglesia, a los principados y potestades en los cielos, conforme a la determinación eterna, que hizo en Cristo Jesús Señor nuestro…”

¡Gloria a Dios en nuestros corazones, en Cristo Jesús, por todos los siglos y para siempre! ¡Amén!


**********

Anuncios

EL EJÉRCITO DE DIOS.

enero 28, 2008

Enero 28/2008

¿SOMOS UNA BUENA TROPA? 

Los cristianos constituimos la tropa del Señor; somos sus combatientes y estamos situados en la 1ª línea de contención del enemigo. El mundo en que vivimos, está gobernado por un líder hostil y alevoso, lleno de mentiras y ensañamientos; lo atestigua Pablo, desde Efesios 6:12:

“Porque nuestra lucha no es contra  carne y sangre, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra los espíritus del mal, que moran en los espacios celestes.”

Si pensamos en las guerras que debe afrontar el cristiano, aunque no exista armamento convencional, pues tratamos sobre una batalla espiritual, la idea es la misma: hay un enemigo. El diablo (aunque suene a cuento de Caperucita), busca por dónde poder meternos su lanza; nos revisa con celo, escudriña nuestro interior tras cualquier fisura, por mínima que sea, y al final, despliega su ataque desembarcando en la playa de nuestra vulnerabilidad.

Él busca envidia, vanidad, soberbia, mentira, idolatría, lascivia, lujuria, afición por los placeres mundanos: vicios y/o inclinaciones a todo tipo de abominaciones. Cualquier punto por donde pueda conquistarnos, resulta bueno para él.

Y no lo hace sólo con los creyentes, sino con todo humano; sólo que, en el caso de los conocedores de las leyes de Dios, encumbra su interés, pues se trata de una guerra iniciada desde los mismos orígenes de la humanidad. Satanás quiere demostrar a Dios su ‘fracaso‘ con la especie humana y para ello incluso se acercó con tentaciones hasta el propio Jesús, aunque fue neutralizado al instante por el Señor.

Ahora lo intenta con nosotros; cada alma inspirada por el espíritu Divino constituye una expectativa de manjar para él, atacándonos donde considera que están latentes nuestras ‘imperfecciones.

Tenemos que ser muy esmerados con los peligros envueltos en falsas ofertas de placer: una seducción de mujer u hombre, según sea, puede iniciar la riada que arrastre al pozo sin fondo; los sometidos por lascivia o lujuria, están nominados. Serán débiles soldados en un ambiente muy peligroso, e incompatible con las leyes instituidas desde Moisés.

Hoy es fácil oír: “vivamos, pues son dos días”; más fácil aun es ver como, cegados espiritualmente, corremos hacia donde nos espera el aguijón. Y, por si fuera eso poco, la mixtura sexual es ‘deporte‘ que moviliza hoy a millones en todo el mundo.

Los preceptos dados por el Creador de: ‘hombre y mujer‘, han sido modificados por el ser humano; los dos sexos se han pretendido convertir en tres (hombre vs. hombre) y hasta en cuatro (mujer vs. mujer), haciendo un nuevo aporte al léxico internacional, con la palabra que describe al ‘ambiguo’ tercer sexo. ¡Incluso con la permisividad y autorización de los gobiernos! ¡Aun legalizando derechos no reconocidos por el propio Dios e involucrando en el concepto de familia a inocentes niños adoptados por uniones homosexuales!¿Dónde queda el derecho de los niños? ¿Dónde está el defensor del pueblo infantil, el ‘llamado‘ defensor del menor?

No se tiene nada contra ‘ellos’; nadie está libre de culpa para juzgar a alguien. En realidad, ese solo es un punto de ataque enemigo; pero hay otros muchos: la envidia, la vanidad, la soberbia, y la mentira son otras armas que el maligno usa con eficacia. Vivimos en una sociedad donde se enseñan valores acordes con el poder, el dinero, y el confort; un suculento caldo de cultivo que fecunda candidatos, pues envidiamos lo que no poseemos, mientras ostentamos y exhibimos lo que pretendemos que nos dará un status social; nos enseñoreamos de la verdad y no permitimos que nadie haga patrimonio con ella: es solo nuestra, ningún hijo de mujer, fuera de nosotros, tiene la razón… y mentimos con todas las artimañas aprendidas de nuestros ancestros para repetir lo mismo que hicieron ellos: conseguir lo que se desea, aunque el éxito se fundamente en la desgracia de un semejante.

La filosofía de Dios es la filosofía de la abundancia; la del hombre es la de la carencia: mientras más se tiene, más se quiere poseer. Deseamos lo que nos gusta y resulta apetecible, y envidiamos a quien logra disfrutarlo; nos sentimos orgullosos del dinero que poseemos, de la ropa que vestimos, del automóvil que conducimos y del puesto que nosotros mismos nos damos en la sociedad, aborreciendo a los más desafortunados: los hambrientos, los necesitados, y aquellos afectados por alguna enfermedad que les deja con limitaciones físicas o síquicas.

Y aún después de eso nos consideramos buenas personas; olvidando que Jesús nos invita a ser cuidadosos hasta con nuestros pensamientos, porque también podemos pecar con el corazón, el sitio de donde nacen las malas ideas.

Nos consideramos sabios y, desde nuestra soberbia, desdeñamos cualquier opinión que no salga de nuestra boca, dando respuestas ofensivas ante cualquier planteamiento que pretenda hacernos ver que estamos cometiendo algún error.

Codiciamos algo y mentimos para conseguirlo; evaluando por nosotros mismos si la mentira es pequeña o grande y olvidando que las Escrituras, entre sus muchísimas páginas y miles de frases, no dedican ni una sola a justipreciarla de acuerdo a su tamaño.

De la misma manera, la inmoralidad sexual no se subdivide en varios puntos; precisamente para que no nos llamemos a confusión ni pretendamos justificar lo que no puede serlo bajo la perspectiva de la ley de Dios. Se define la moralidad desde el AT hasta la llegada del Cristo instructor; si leemos con cuidado cada una de las acepciones descritas, desde la primera hasta la última, no lograremos hallar ninguna contradicción. Todo lo que se salga de lo establecido en el concepto de matrimonio: un hombre/una mujer, viola la ley.

Los Apóstoles definen exactamente como debe tratarse al sexo; todo lo que se pretenda argumentar de forma diferente, va contra la voluntad del Señor. La homosexualidad está proscrita, ya sea masculina o femenina; ni hablar del ‘travestismo‘, no hay más opción que renunciar a todo eso, si no queremos responder por esa inclinación cuando el Señor Jesús venga a pedirnos cuentas a todos por nuestros actos, pues el que ha de venir, vendrá, ¡no lo duden! 

De la misma forma, está condenada la prostitución, aunque pretendamos justificarla desde una necesidad material de supervivencia.

Sin embargo, la seguridad del perdón para todo el que se arrepienta, mientras esté en vida, la dio el mismo Jesús después de resucitado, cuando la primera persona a quien se le apareció fue a María Magdalena, repudiada antes de su conversión, por su propio pueblo.

No se está diciendo que un pecado sea peor que otros, ni se está discriminando a las personas por el tipo de pecado que cometan, pues la Biblia, que es el libro de instrucción por excelencia, no lo dice: la falta es falta, como quiera que se manifieste y eso lo transcribe Dios sin ‘puntuar’ para que el mentiroso no se sienta más cercano al Señor que el vanidoso, o que éste crea que lo está con respecto al soberbio, o que este último piense que supera en valores morales al homosexual… ninguno es superior a ninguno; más bien todos quedan empequeñecidos a un mismo nivel ante Jesús, que será el juez definitivo.

Incluso con respecto al pecado de la sangre ocurre lo mismo: la Biblia apunta hacia los asesinos en el mismo entorno de los adúlteros, los idólatras, los mentirosos, los que practiquen inmoralidades sexuales, etc. No los desclasifica de los otros tipos de pecados. Para todos, hay una buena noticia: Jesús de Nazaret murió en la cruz para el perdón de los pecados, sin excluir a nadie por concepto de nacionalidad, religión, raza o tipo de falta.

Podemos volvernos a Él, con la fe de que si lo hacemos de todo corazón, arrepentidos de nuestros errores y caídas pasadas, obtendremos su perdón y conquistamos la opción’ a la vida eterna. Es decir, Él nos allana el camino, llevando a cero nuestros pecados pasados y dándonos la posibilidad de estar bajo su gobierno directo y eterno en el fin de los tiempos, si comenzamos una nueva vida según sus mandamientos… si no pecamos más.

Así que, el ir los domingos a la Iglesia, diezmar y cantar salmos, aplaudiéndole, u oír al predicador, no nos hace ‘inocentes‘; sólo seremos considerados como tales, viviendo lo que nos queda según lo que Dios dejó establecido en sus mandamientos, lejos del pecado.

Y en este punto, volvemos al principio, porque al clamar hacia Él, ser escuchados y bendecidos por su luz y su gloria, automáticamente pasamos a formar parte de su ejército; eso está implícito en el ‘contrato’: no podemos ir a medias con el Señor. No podemos ser medio honestos, medio valientes o medio responsables ante Él.

Somos Su ejército, la fuerza terrestre con la que Él cuenta para combatir las asechanzas satánicas contra nosotros mismos y contra el resto de la humanidad que aún no le conoce o no le ha querido conocer; junto con su perdón, nos pusimos Su uniforme, nos vamos de prácticas y pulimos el armamento espiritual que Él nos ordena que sepamos usar y usemos cada vez que corresponda.

Estamos siendo constantemente bombardeados, y para hacerle frente a las armas del maligno,  sus múltiples tentaciones, tenemos el más poderoso artilugio bélico: la armadura de Dios. Debemos ceñirnos con la verdad de su Palabra, revestidos con la coraza de Su justicia y con nuestros pies y nuestros labios prestos para anunciar en todo momento y circunstancia el Evangelio de la Paz.

Pablo nos lo indica, bajo revelación, en Ef 6:16:

“Empuñad en todas las ocasiones el escudo de la fe, con el cual podáis inutilizar los dardos encendidos del Maligno.”

Somos su tropa; seamos dignos portadores del uniforme que nos legó.

**********


DEBERES CRISTIANOS.

enero 28, 2008

Enero 28/2008

LO QUE SE ESPERA DEL CRISTIANO.

En su momento, Nehemías repuso los fundamentos de las leyes de Dios entre sus contemporáneos, apartados del Creador casi por completo; también Oseas demolió la ignorancia debilitadora en una sociedad que confundió y contaminó la instrucción pura del Señor. Con nosotros debe suceder igual; si antes de estudiar Su Palabra, le pedimos ayuda, el Todopoderoso nos dará discernimiento para defender las bases de la cristiandad; el conocimiento nos hará fuerte ante las filosofías intrusas, y las huecas sutilezas de la ‘falsa sabiduría’ humana, con las que un buen número de creyentes se ha confabulado.

Una de las últimas promesas de Jesús en Ap: 22:13 fue:

‘Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.’

Es decir, nos promete la veracidad bíblica desde el Alfa, 1ª letra del abecedario griego, hasta la Omega, la última.

Los once capítulos iniciales del Génesis constituyen la raíz de todo lo demás; incluso de los otros libros, incluido el NT. La confusión en la Iglesia entristece al cristiano, pero también le reta y anima a seguir con el designio de la defensa de la credibilidad bíblica, pues se hace patente la gran necesidad de ella en el pueblo de Dios. Bajo ningún concepto podemos adolecer de falta de preparación, impericia o duda, con respecto a la instrucción recibida del Evangelio; una persona que es evangelizada, debe quedar persuadida de poder aferrarse a la Biblia como su libro guía, sabiendo que es creíble al 100%. Su convencimiento de que representa el legado de Dios, tiene que ser absoluto; tanto cuando enseña sobre la Creación, advierte al pecador sobre los peligros de su sordera o promete la maravilla del perdón, la progresión en fe, esperanza y próspera seguridad a quienes creyeran en Él.

“Toda la Escritura está inspirada por Dios y es útil para enseñar y reprender, para corregir y educar en una vida de rectitud. Así, el hombre de Dios estará capacitado y perfectamente preparado para hacer toda clase de bien.”2ª Ti 3:16-17

¿Qué se puede esperar de una congregación dudosa?… El Señor no quiere cristianos titubeantes; nos lo enseña en Ef 4:14-14:

“Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error. Antes bien, diciendo la verdad con amor, debemos crecer en todo hacia Cristo, que es la cabeza del cuerpo.”

Constantemente, la Biblia nos instruye  sobre cómo debemos comportarnos ante los ataques que recibiría; hay mucha profecía en ella. Es lógico, pues se trata de la Palabra de Dios y Él es omnisciente; supo que su enemigo tradicional estaría constantemente agrediéndole justo allí donde se demuestra su mayor grandeza: en el ser humano. Por eso nos alerta y educa para que estemos imbuidos de la fe necesaria; Él siempre previó que nuevas teorías aparecerían entre los propios hombres, debido a que serían tentados por Satanás en su ego, que es donde con mayor vulnerabilidad se comportan.

El saber humano tiende a sobrevalorarse; tan es así que cada descubrimiento al que llega, lo considera definitivo: si su inteligencia no es capaz de ver más allá, por estar ubicado en el extrarradio de su comprensión, cree ‘absurdo’ que exista ‘algo más’.

El deseo de sobresalir entre sus semejantes, ocupando el centro de atención, les hace frágiles; otros deseos carnales, los generados por el instinto de una naturaleza pecadora, han hecho el resto: la necesidad de no tener un Dios ante el que responder por inmoralidades sexuales señaladas por la Biblia como falta grave, amén de todos los demás placeres mundanos que este libro prescribe, provocó que los hijos de Adán buscaran desesperadamente una excusa que les liberara de esa dependencia divina.

La entrada en escena de Darwin, y la mala interpretación de hallazgos geológicos de fósiles y artefactos de todo tipo, les permitió inventarse una historia que se opusiera a las enseñanzas del Génesis: el fundamento de la Palabra del Señor, al que el propio Jesucristo se refería cuando instruía a sus apóstoles y a todos los que le escuchaban. Si el Génesis resultaba poco fiable y perdía credibilidad, todo el resto caería después; la fe se debilitaría lo suficiente como para que prevalecieran las ideas humanas falibles, sobre las enseñanzas de la omnisciencia de Dios, absolutamente infalible. Hasta el propio Jesús, que se refiere asiduamente a otros libros del Pentateuco, quedaría en entredicho.

El apóstol Pablo, llamado por el Señor, también nos lanza su grito de advertencia para que no quedemos a merced de perdernos en los engaños de la seudo-ciencia humana, en 1ª Co 2:3-5:

“Me presenté ante vosotros débil y temblando de miedo, y cuando os hablé y os prediqué el mensaje no utilicé palabras cultas para convenceros. Al contrario, os persuadí por medio del Espíritu y del poder de Dios, para que vuestra fe dependiera del poder de Dios y no de la sabiduría de los hombres”.

También la carta a los Gálatas habla claramente acerca de lo que está sucediendo hoy en el mundo. En la traducción bíblica de Reina Valera, en Gálatas 1:10 leemos:

“Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo”.

Mas, en otra traducción, desde lo escrito directamente en Hebreo por Salkinson-Ginsburg, vemos el versículo con un énfasis que nos aclara la posición que debemos tener en la vida:

“¿Trato de agradar al hombre ahora, o hablo la Palabra delante de Elohim? ¿Trato de satisfacer lo que agrada al hombre?”

La pregunta que debemos hacernos después de leer ambas versiones es: ¿dónde nos hallamos parados muchos cristianos hoy en día? ¿Hablamos la palabra con ‘respeto’, como si estuviéramos delante de Dios? ¿Osaríamos decir lo mismo ante Él? Duele confesar que, actualmente, gran cantidad de seguidores de Cristo buscan satisfacer lo que agrada al hombre, lo que quieren oír sus semejantes, en vez de instruir sobre los fundamentos puros de nuestra doctrina. Hay que tener mucho coraje evangelista para oponerse a los cánones establecidos por la ciencia materialista-atea y enfrentarse a una falta de fe en la Biblia, cada vez más generalizada; se precisa mucha fuerza de voluntad y confianza sólida en las Sagradas Escrituras para cumplir con lo que el Señor espera de nosotros.

Se entiende; se trata de una lucha de David contra Goliat. La seudo ciencia ha sabido imponerse a los estados e incluso a la iglesia cristiana más poderosa: la católica. Basándose en falsas conjeturas, dictan que provenimos de organismos unicelulares que fueron evolucionando ‘casuísticamente’ hasta llegar a un tipo de mono que devino en el hombre actual…y que continuamos trasmutando. Y el mundo, ávido de zafarse de una ley que le ata y no le permite regodearse libremente en lo que le place, pero que a Dios le resulta ofensivo, no ha dudado en postrarse a los pies de esa idea y rendirle culto.

Hasta la máxima autoridad católica dobló sus rodillas inexplicablemente y, a día de hoy, se enseña la ‘evolución de las especies’ en la mayoría de sus escuelas; sucumbió en sus años decadentes a la autocracia de los científicos evolutivos que imponen que nosotros estamos relacionados con los monos, muy mal asesorado por sus consejeros. ¿Estaban allí presentes en el principio? ¿Se ha aportado alguna prueba definitiva? ¡Basan su sentencia en especulaciones! Y, para colmo, se han puesto de acuerdo, incluso alterando resultados de investigación, para cifrar la edad del planeta en miles de millones de años.

Debemos tener siempre presente los avisos sobre las consecuencias de la falta de conocimiento. Oseas 4:6 nos da una referencia de la actitud de Dios ante nuestra negligencia.

“Mi pueblo no tiene conocimiento; por eso ha sido destruido. Y a ti, sacerdote, que rechazaste el conocimiento, yo te rechazo de mi sacerdocio. Puesto que tú olvidas las enseñanzas de tu Dios, yo me  olvidaré de tus descendientes.”

Dios no excusa la ignorancia, pues Su Palabra es sabiduría. Por eso es reiterativo:

*- “Lo que voy a decir es la verdad; no me gusta proferir mentira. Todas mis palabras son     justas; no hay en ellas la menor falsedad.” (Proverbios 8:7).

*- “Porque el principio de la sabiduría es el temor de Dios” (Proverbios 1:7)

*- “Pues el Señor es quien da la sabiduría; la ciencia y el conocimiento brotan de sus labios.” (Prov 2:6)

*- “Porque yo os daré palabras tan llenas de sabiduría que ninguno de vuestros enemigos podrá resistiros ni contradeciros en nada.” (Lucas 21:15)

*- “Si a alguno de vosotros le falta sabiduría, pídala a Dios y Él se la dará; pues Dios da a todos, sin limitaciones y sin hacer reproches.  (Santiago 1:5)

*- “Pues en Él están encerradas todas las riquezas de la sabiduría y del conocimiento. Esto os lo digo para que nadie os engañe con palabras seductoras.” (Colosenses 2:3-4)

“¿En qué pararon el sabio, el maestro y el experto en discutir sobre cosas de este mundo? ¡Dios ha convertido en tontería la sabiduría de este mundo! En efecto, Dios dispuso en su sabiduría que los que son del mundo no le conocieran por medio de la sabiduría humana; y prefirió salvar por medio de su mensaje a los que confían en él, aunque este mensaje parezca una tontería.” (1ª Co 1:20-21)

Con los enfoques evolucionistas, llegó la prohibición de enseñar creacionismo bíblico en Biología, y la consecuencia de “expulsar” a Dios de la educación… en la primera potencia del mundo. La riada anti Dios siguió luego por los países europeos, abanderados por la comunista, atea y extinta Unión Soviética, con cientos de millones de habitantes. Una triste consecuencia que estamos pagando, al ver el incremento de violencia en las escuelas, y la mengua en valores espirituales y morales. Resulta triste observar como hijos de supuestos cristianos están cayendo en los engaños y perversidades del mundo, minando la célula básica de una sociedad sana: la familia. Somos culpables de indolencia ante nuestra responsabilidad con el proyecto del hogar, sobre el que Dios nos ha instruido largamente.

La pregunta ahora es: ¿dónde fue el ataque preciso de Satanás para robar la educación de los hijos, que claramente constituyen una responsabilidad de los padres, dada directamente por Dios? Sobre ninguna parte de la Biblia, más que en GÉNESIS:

“Si fueran destruidos los fundamentos, ¿qué ha de hacer el justo?” Salmos 11:3

Dios mismo nos lo enseña a través de Moisés, el encargado de trasmitirlo:

“Estos son los mandamientos, leyes y decretos que el Señor vuestro Dios me ha ordenado enseñaros, para que los pongáis en práctica en el país del cual vais a tomar posesión. De esta manera honraréis al Señor vuestro Dios, y cumpliréis durante toda vuestra vida las leyes y los mandamientos que yo os mando a vosotros, a vuestros hijos y a vuestros nietos; y así viviréis muchos años” (Dt 6:1-2)

Más adelante, se confirma y especifica el tema que estamos tratando en concreto:

“Graba en tu mente todas las cosas que hoy te he dicho, y enséñaselas continuamente a tus hijos; háblales de ellas, tanto en tu casa como en el camino, y cuanto te acuestes, y cuando te levantes. Lleva estos mandamientos atados en tu mano y en tu frente, como señales, y escríbelos también en los postes y en las puertas de tu casa.” (Dt 6:6)

Los fundamentos de la cristiandad están en Génesis; es allí exactamente donde Satanás sabe que puede intentar, con alguna posibilidad de éxito, destruir la Iglesia, la familia, y la persona. El cristiano tiene el deber de capacitarse para poder responder a todas las preguntas, ya sean capciosas o no, en aras de garantizar que la credibilidad bíblica no se deteriore ¡ni en una letra!

Todas las respuestas están en la Biblia; cuando tengan alguna duda, hinquen sus rodillas y encomiéndela primero a Dios; luego estudie su Palabra. Les aseguro que la respuesta caerá por su propio peso, si ustedes leen con el corazón puesto en los planteamientos bíblicos.

Sin embargo, algunos asuntos no tienen contestación; no digo que esa deba ser la excusa constante, pues la enciclopedia que vive en la Biblia ofrece un número casi infinito de respuestas. Pero algunos enigmas deben subsistir como tales, hasta que el Señor decida a quien aclarárselos:

“Las cosas ocultas pertenecen al Señor, nuestro Dios, pero las reveladas son para nosotros y nuestros hijos eternamente, para que pongamos en práctica todas las palabras de esta ley.” Dt. 29:29

Y, para finalizar, un llamado a la persistencia en la lectura bíblica; no solo es un consejo en beneficio de nosotros mismos, sino de un ejercicio de responsabilidad, del deber implícito contraído con nuestro señor Jesucristo, al aceptarlo en nuestras vidas. Tenemos que defender la credibilidad de Su Palabra en cualquier circunstancia en que esto sea necesario, pues se trata de impedir que germine la duda sobre la verdad encerrada en los dictados del propio Jesús, cuando se refería a versículos del Génesis, su fundamento, mientras instruía a quienes le escuchaban.

Durante tres años Él estuvo formando a sus apóstoles y a cuantos se le acercaban. Por amor, Jesús nos dice:

“¿Es muy pesada tu carga? ¿Te aflige tanto que no sabes en qué dirección debes encaminar tus pasos?… No temas, dámela y sígueme, yo la llevaré por ti.”

Ese amor de Cristo es el que ha generado nuestra fe en Él; gracias a ello, ya no habrá más temor ni miedo ni el pánico inundará nuestro corazón. Es ese el amor del que habla 1ª Juan 4:18:

“Donde hay amor, no hay temor. Al contrario, el amor perfecto echa fuera el temor, pues el temor supone castigo. Por eso, el que teme no ha llegado a amar perfectamente.”

De modo que, sin temor, preparémonos constantemente en el discernimiento de La Palabra divina. El propio Dios atestigua su veracidad, manifestando en la mayoría de sus versículos:

“Yo, el Señor, lo afirmo.”

Declarémonos como sus principales valedores en el momento en que sea necesario, sin temor, miedo ni pánico. Es un acto de fe del que somos deudores, debido al amor de Cristo Jesús.

“Destruiré la sabiduría de los sabios y rechazaré el entendimiento de los entendidos.”1ª Co 1:19

**********