DE AÑOS LUZ A MILISEGUNDOS… LA PARADOJA DE DIOS

febrero 10, 2009

Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas de parte de Dios para la destrucción de fortalezas; destruyendo consejos, y toda altura que se levanta contra la ciencia de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia del Cristo.” [2ªCo 10:4-5]

Uno de los recursos al que se apela desde el ateísmo científico, para desvirtuar la verdad contenida en la palabra de Dios, es la improbabilidad de un universo de 6000 años, fundamentándose en que existen estrellas tan lejanas, que imponen por necesidad, miles de millones de años para que se formara lo que hoy aparece ante nuestros ojos.

Por ejemplo, la NASA, mediante su Telescopio Espacial Hubble, localizó la luz de la más lejana supernova jamás vista, una estrella ‘agonizante‘ que, según datos humanos, estalló hace 10.000 millones de años. La detección y análisis de la nominada ‘1997ff’, corroboró la idea que hace algún tiempo se viene manejando, sobre existencia de una ‘misteriosa‘ forma de energía permeando el cosmos, haciendo que las galaxias se alejen cada vez más rápidamente unas de otras. Asimismo, consideran esta estrella como un primer indicio de la desaceleración del universo, luego del Big Bang, antes de que comenzara a acelerar.

Al margen de tales apreciaciones [reconfortantes para aquellos que propugnamos la existencia de tal ‘energía’, predicha en la Biblia], vemos que una vez más se hablan de miles de millones de años, con la misma seguridad con la que se podrían referir a la arena del Atlántico. Por lo pronto, yo prefiero concentrarme en los errores de conceptos que han implicado incluso a científicos de la talla de los que forman parte del equipo NASA, quienes, para todas las conclusiones de sus cálculos, toman en cuenta la velocidad de la luz, como la mayor posible en el vacío: 300 000 km/seg.

A modo de análisis, quiero dirigir vuestra atención hacia la constelación de la Jirafa, de la que los astrónomos comentan que se ubica ‘allí dónde no hay nada‘. Situada entre la constelación del Cochero y la estrella Polar, en una zona cósmica muy poco ocupada, La Jirafa se halla al nordeste de tres constelaciones fácilmente localizables: Casiopea, Céphée y el Cochero. Allí se reconoce a Capella, bajo la imagen, y en la cumbre: Polaris, la estrella polar, marcando el inicio de la Pequeña Osa.

Constelación La Jirafa.

Constelación La Jirafa.

La Jirafa se centra sobre el eje Capella-Polaris; y en esta constelación, solo dos estrellas son visibles a simple vista: ‘α Cam‘, y la súper gigante ‘β cam‘; ambas distantes de la Tierra a 6939 y 1100 años luz respectivamente.

El año luz es medida de longitud, no de tiempo. Se conceptúa como el espacio surcado en un año. En concreto, la distancia que cubre un fotón en el vacío: 9,46 X 10 a la doce, kms., calculada en base a los 300 000 kms/seg establecidos para la velocidad de la luz.

Ahora bien, considerando que el cerebro normal menos ágil es capaz de procesar la imagen más lejana, en menos de ½ seg, podemos considerar ese tiempo de llegada de tal visión, desde su punto lejano en el espacio, hasta la retina. Por otra parte, si α Cam, es visible y procesable por el ojo humano, pese a estar situada a 6939 años de luz de la Tierra, eso implica que su imagen ‘viajó‘ hasta el procesador cerebral, cubriendo una distancia de:Distancia de 'La Jirafa.'

Para que se entienda mejor su magnitud: 65,642” 940 000′ 000 000… ¡del orden de los billones de kms!

Con estos datos podemos calcular la velocidad que necesariamente imprimió esa imagen, para llegar al ojo [de modo comprensible para cualquiera]:Velocidad espacial

Relacionándolo con la velocidad de la luz, [300 000 kms/seg] creída la más rápida:Relación velocidad/tiempo

Es decir: la velocidad con la que una imagen del cosmos viene a nuestro cerebro, es 43, 761′ 960 000 veces más rápida que la luz. Léamoslo bien, para asimilar mejor la diferencia:

La velocidad de la imagen de la estrella que viajó del espacio a la retina, resultó ¡Cuarenta y tres mil setecientos sesenta y un millones, novecientas sesenta mil veces, más rápida que la velocidad establecida como más rápida por el ser humano! Efecto objetivo, no hipotético; lo que físicamente ocurre cuando se alza la vista y se enfoca cualquier punto en el espacio, comprobable por todos, sin necesidad de ser una persona de ciencias.

La imagen escogida, ya sea general, conteniendo todas las estrellas que seamos capaces de procesar en el cerebro o individual, seleccionando solo una, cumplirá su cometido con independencia de la atroz distancia, y llegará a nuestro ojo en menos de un segundo.

De modo que lo considerado por los hombres como ‘velocidad más rápida del espacio‘, resulta incapaz de hacerle sombra a la velocidad que se le imprime a una imagen, si el ojo humano la enfoca y la trae hasta el destino de su ‘diseño‘.

Así, queda empíricamente demostrado que resultó posible la Creación de Dios, tal como lo establece la Biblia: hace unos pocos miles de años. Lo podemos apreciar hoy con nuestros propios ojos, al margen de cualquier teoría tergiversadora que intente sumirnos en un universo eónico, en base a confusiones, abstracciones, planteamientos euclídeos o einstenianos. Una vez más se verifica que la Palabra de Dios, cuando es puesta a prueba por el cientificismo ateo, sale victoriosa. Y no es de extrañar; la Verdad le ampara.

Por último, quiero pedir que vuelvan a mirar la imagen, representativa de una ínfima fracción de ese firmamento que tenemos encima: minúscula parte de la obra de Dios, en el cuarto día de su Creación. Piensen que todo lo que esté en el cielo, capaz de interactuar con nuestro sistema visual, por lejano que esté, será procesado en fracciones de segundo por el cerebro. Y para ello, viaja desde el espacio, en forma de imagen, muchísimo más rápido que lo que la ciencia humana ha sido capaz de detectar.

Háganle una ofrenda al Creador, desde su corazón, reconociendo lo insignificantes que somos ante Él, y dándole las gracias por abrirnos la posibilidad de estar bajo el gobierno eterno de Su Hijo Jesucristo. El Señor se manifiesta ante quienes le aman, y permanece invisible ante quienes no quieren verle… se ríe de esa parte de la Ciencia que camina en dirección contraria a la que Él ha fijado, hasta que dé por concluido el tiempo de las oportunidades de cambio.

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MI PLANETA ES UN CHAVALITO.

enero 29, 2008

Enero 29/2008

¡YO NO LLEGO A LOS 6000 AÑOS!

Hace unos años se anunció el hallazgo de un planeta en el distante cúmulo de estrellas M4: una ‘nube difusa’ que puede verse fácilmente con binoculares en un cielo oscuro al oeste de la estrella Antares, constelación Escorpión. Para  Norteamérica, Antares es la brillante estrella roja en el sur, que se deja ver durante las noches de verano. Como casi todos los planetas extra-solares descubiertos hasta la fecha, la detección de este va en contra de las predicciones evolucionistas, y no atenta contra la credibilidad bíblica.

La Astronomía evolucionista, por supuesto, da por hecho que nuestro sistema solar no es producto de una creación divina, sino que resulta del síncope de una nebulosa. De ahí su idea de que todos los sistemas aleatorios a otras estrellas fueran similares al nuestro, pues según sus criterios, se forman de la misma forma que el solar: ¡Todos al Big Bang!

Pero los descubiertos hasta ahora, nada tienen que ver con el que habitamos y apuntan más cada vez a una Tierra joven. (Bernitt, R., Extrasolar planets suggest our solar system is unique and young. [Planetas extrapolares sugieren que nuestro sistema solar es único y joven] TJ 17(1):11-13, 2003.)  Este hallazgo posiblemente resulte uno de los sistemas estelares más raro conocido hasta la actualidad; los creacionistas estamos contentos: Dios demuestra su creatividad cada día, desafiando la inteligencia humana.

Los investigadores de la Evolución dicen que este planeta se formó hace cerca de 13 mil millones de años. Me sorprende la facilidad para datar todo, incluso a los planetas invisibles, pues de este solo se percibe la nebulosa; su existencia se conoce debido a los pulsares, pues, aunque su masa supera varias veces la de Júpiter, no es visible. Fue descubierto por el ‘efecto’ gravitacional que ejerce y que produce un pequeño cambio en las señales de radio del pulsar detectado en la Tierra. El problema es que si no puede verse ni tienen muestras para laboratorio, no sé como pudo haber sido datado y todo; cualquier día nos sorprenden y le hacen incluso su fiestecita de cumple. ¡Una conjetura más de esa tropa!

La mayoría de los astrónomos del ‘Big Bang, suponían que los planetas no podrían hallarse en cúmulos globulares, pues según su ‘teoría’, las estrellas de estos cúmulos son ‘pobres en metales‘; (los astrónomos llaman así a los elementos pesados) poseen menos elementos que pesen más que el helio,  en comparación con astros como el sol. De modo que este planeta les ha metido el sombrero hasta los ojos; ellos ‘se inventaron‘ la idea de que estos metales son los bloques constitutivos iniciales de todos los planetas. De ahí que el  hallazgo esté forzando a sus astrónomos a revisar sus ‘principios‘ una vez más; son reiterativos en esto, ya que se están viendo obligados a alterar sus modelos constantemente, ante cada nuevo descubrimiento ‘científico‘ que les pone en evidencia.

Una vez más se hace obvia  la constante especulación evolucionista, en contraste con la inmutabilidad y incólume Palabra del Creador. Mas sin embargo, de una manera que no logro entender racional, por mucho que me esfuerce, aun tienen seguidores.

Pero no es la única prueba de juventud terráquea. La ‘Evolución‘ tiene con el Helio una deuda pendiente, pues la relación de átomos de helio que entran a la atmósfera es de 40, por cada uno que sale. Es decir, la cantidad de helio escapando de la atmósfera terrestre al espacio es sólo la cuadragésima parte de la que entra. La evolución no ha podido dar aun con ningún mecanismo de escape adecuado para responder a la interrogante de la poca cantidad de helio existente hoy en la atmósfera; según sus cuentas, luego de los supuestos miles de millones de años que tiene el planeta, la cantidad existente de Helio en la actualidad es la dos mil dozava parte de lo esperado. Para que se entienda bien: hay ‘X’ cantidad, cuando debería haber, 2000X.

Esto es una contrariedad irresoluta para los físicos evolucionistas; uno de sus peritos, J.W. Chamberlain, dijo que este problema de acumulación de helio ‘… no se irá, y está sin resolver.‘ Buscan explicaciones para esta poca cantidad, pero ninguna de ellas ha probado ser adecuada; reniegan de la respuesta obvia, mirando como siempre hacia otro lado: ¡la tierra es millones de veces más joven de lo que dicen!

Todos conocemos de una forma u otra el helio, ese gas extraliviano que sustituyó al hidrógeno usado en globos-sonda y zeppelines, debido a que es incombustible: ni se prende ni explota como su antecesor. También forma parte importante de las mixturas de aire usadas por los buzos a grandes profundidades, pues a diferencia del nitrógeno, ni aun a altas presiones se diluye en la sangre, evitando la punzante y peligrosa situación causada por las burbujas de nitrógeno que se crean en las arterias del buceador ante la caída de presión rápida cuando este sube a la superficie. Esta misma mezcla es usada en las fiestas familiares con globos inflados con helio, pues vuelve la voz muy aguda, debido a que el sonido viaja más rápido en el helio que en el aire.

Hay varias publicaciones serias sobre la evidencia de la juventud del planeta, ofrecida por la cantidad de helio existente en la atmósfera terrestre. Sobresale por su claridad el libro del Dr Larry Vardiman: La Edad de la Atmósfera Terrestre. (Un Estudio del Flujo del Helio en la Atmósfera, Institute for Creation Research, 1990) También David Malcolm da, desde hace años, cálculos muy minuciosos en su artículo: Helium in the Earth’s Atmosphere (Answering the Critics), Creation Ex Nihilo Technical Journal 8(2):142-147, 1994.

Se cree que el helio que hay en el sol es creado por fusión nuclear. El núcleo de hidrógeno, el elemento más liviano, se combina para formarlo, liberando grandes cantidades de energía. Pero en la tierra, se genera, esencialmente, por decaimiento de alpha radioactivo. El gran físico neozelandés Ernest Rutherford (1871-1937) descubrió que las partículas alfa eran en realidad, núcleos de átomos de helio. Los elementos radioactivos en las rocas como el uranio y el torio, producen helio de esta manera, y este, al ser un gas, se escapa al aire.

Los científicos pueden saber la velocidad a la que se crea el helio y a la que escapa de las rocas, cuánto entra al aire, y cuánto sale hacia el espacio. También evalúan su cantidad en las piedras y en el aire; así calculan la edad máxima de ambos. Los resultados son imprevisibles para los que creen en miles de millones de años, pues no le salen las cuentas y siempre la juventud de la Tierra queda bien parada; pese a que, por supuesto, todos esos cálculos dependen de asunciones sobre el inicio de la Tierra, que ellos dan por seguras.

Pero la acumulación de helio es incluso más lenta hoy que en el pasado, pues las fuentes radioactivas han decaído. Esto haría aun más chavalito a nuestro planeta. La única salida ante esta situación es asumir que el helio está escapando de la atmósfera. Mas, de ser así, sus átomos deben moverse muy rápido para vencer a la fuerza de gravedad, y está demostrado que no es posible, pues la velocidad de los átomos de helio es menos que un cuarto de la velocidad que necesitan para vencerla y salir al espacio exterior.

El físico creacionista Robert Gentry investigaba granito en las profundidades de la tierra, buscando contar con un almacén para el desecho radiactivo de las plantas nucleares; pero esto requería que los elementos no se movieran muy rápido a través de la roca. El granito contiene zirconios, vidrios minerales que a menudo retienen elementos radioactivos. Por lo tanto deberían producir helio, que estaría escapando. Pero Gentry encontró que de haber tenido miles de millones de años para fluir al exterior, no debía existir tanto helio aún en los profundos y calientes zirconios (197°C). Sin embargo, si sólo hubieran pasado los 6 mil años bíblicos, entonces no estaríamos sorprendidos de que quedara tanto.

La cantidad actual de helio existente en el aire y en las rocas, contradice una tierra de miles de millones de años, según piensan los evolucionistas y ‘creyentes‘ que han decidido secundarles. En lugar de ello, ofrece una excelente evidencia científica para una edad corta, tal como nos alecciona el Bereshit (Génesis griego) 1:1-31, solo pongo el último versículo:

31″Y Dios vio todo lo que había hecho, y he aquí que era muy bueno. Y fue de tarde, y fue de mañana, el sexto día.”

Con el Creador no se puede ir a medias: o creemos en toda su Palabra… o nos pasamos al otro bando.

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