LA FAMILIA: UN PROYECTO DE DIOS.

enero 6, 2012

Enero 6/2012

Siempre he defendido que la muerte física no es más que un salto hacia otras dimensiones y niveles de vidas eternos. Y hoy digo que tal realidad se experimentará en uno de cuatro reinos distintos, en función de los logros y/o errores familiares o personales:

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Como el Padre Celestial es inmutable en sus planes, y como tras un diseño siempre hay un propósito, obrará según Su Plan inicial. Los astrofísicos dan fe de proyecto: astros con 25 órbitas distintas, cada uno fiel a la suya, inalterable en el tiempo. No ha sido vista ninguna fuerza del espacio turbando ni uno solo de los millones de recorridos independientes trazados por infinidad de astros en movimiento. Evidencia de cálculo, no de azar, pues pese al riesgo de colisión, no hay accidentes. El albur no asegura la armonía y colocación interestelar que existe; el orden fue el inicio del Plan.

La colosal fuerza que mantiene ingente cantidad de astros en su sitio es una flecha que señala a una inteligencia al control. Se especula sobre ello, se asusta al mundo discurriendo sobre choques astrales, pero las estrellas caerán solo cuando el Padre del Universo decida llegada la fecha del cumplimiento de los tiempos; el momento apocalíptico anunciado por Jesús de Nazaret poco antes de ser crucificado.

En la Tierra sobrecogen las noticias sobre tsunamis en distintas partes. El mar se ríe con poder descomunal de regios barcos, largos trenes, pesados e inmensos camiones de 30 ruedas, y aviones comerciales; entra a la ciudad, les apiña a todos y les incrusta contra edificios. Luego, como si no hubiera ocurrido nada, retrocede a ocupar el nivel asignado desde el principio de la Creación; obediente, hace cumplir la profecía también lanzada hace dos milenios por Jesucristo: catástrofes naturales como señales pre-apocalípticas, que advertirían al ser humano de la cercanía del fin.

Las empresas del Padre Celestial son indelebles: anteceden al tiempo y le sobreviven; persisten en él y/o a pesar de él, pues su Kairos es eterno. Y Su Plan familiar también se cumplirá, guste poco, mucho o nada. Desde Adán [primer patriarca], seguido por Noé, sus hijos y nueras [únicos en subsistir al diluvio], la diáspora cuando Babel, y hasta hoy, cada patriarca y su familia forman la célula básica social. Ej: Dios previó como sería la constitución de la nación árabe, cuando dijo en Gen 17:20:

 “Y en cuanto a Ismael, también te he oído; he aquí le bendeciré, y le haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera; doce príncipes engendrará, y haré de él una gran nación.”

Plan con cumplimiento luego, en Gen 25:16 “Estos son los hijos de Ismael, y estos sus nombres, por sus villas y por sus campamentos; doce príncipes por sus familias…

Asimismo, Gen 35:22 fija el plan de la nación judía en Jacob, llamado luego Israel: “…Ahora bien, los hijos de Israel fueron doce…”; y en Gen 49:28 “Todos éstos fueron las doce tribus de Israel…

O sea, los hijos de Jacob [Israel], con sus respectivas familias. Y siglos después Dios aun dejó patente que actúa según Su plan eterno familiar, cuando instruye a Moisés sobre todo el orden de su templo. En Exo 28:21 ordena:

Y las piedras serán según los hijos de Israel, doce según sus nombres; como grabaduras de sello cada una con su nombre, serán según las doce tribus.”

Ese número doce surge 165 veces en alegoría bíblica: las 12 tribus de los patriarcas hijos de Jacob [Gen 49]; los 12 gobernadores de Israel [1ªR 4:7]; los 12 bueyes de bronce, en época de Salomón, sobre los que descansaba la paila del templo [1ªR 7:44]… y así hasta el 586 aC, el destierro en Babilonia, donde Eze 47:13 expresa:

“Así ha dicho Jehová el Señor: Estos son los límites en que repartiréis la tierra por heredad entre las doce tribus de Israel..

O sea, el mismo proyecto de Dios según patriarcas tuvo vigencia durante milenios, y aun continúa: Jesús eligió a 12 discípulos, siguiendo ese plan eterno. Apo 7 habla de los “sellados”: 12 tribus, mientras Apo 12:1 cita la corona de 12 estrellas. Apo 21:12 presenta la Jerusalén celestial como una ciudad circundada por un inmenso muro con 12 puertas; y por último, el enigmático Apo 22:2:

En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones.”

Pero: ¿Cuál es el Proyecto en sí? Este: ¡Hay un reino exclusivo para la familia fiel! Morarán junto a Cristo y al Dios Padre con el más alto privilegio, en el tercer cielo del que habló Pablo en 2ªCor 12:2

Así que ya pueden deducir la importancia que tiene ante Dios el hacer las cosas aquí según su Plan; quien lo viole, quien quiera vivir a su aire, podrá disponer de albedrío para ello… pero deberá acarrear con la consecuencia de quebrantar los estatutos del Creador, pues Su amor es paralelo a Su Justicia. Las mujeres que decidan tener hijos por sí mismas van contra Cristo, los matrimonios divorciados también. Y por último, como no, y con mucha más razón por ser proyecto antinatura, la unión homosexual no tendrá ni la más mínima posibilidad de ser contada como familia. Quien altere el orden sempiterno irá junto a los infieles citados por Jesús en Apo 22:15:

Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira.”

Ni uno será justificado; los justos irán al mismo Paraíso que cita Jesús en Lc 16:20, la anécdota de Abraham junto a Lázaro, el mendigo cuyas llagas lamían los perros, y cuyo nombre se reconoció en el cielo. El mismo prometido a Daniel, en Dn 12:13. En paz y felicidad se espera allí la gloria final dada cuando el Jesús Juez ponga en orden todas las cosas, pues la casa de Dios será una casa de orden. Mas los otros irán al infierno, como el rico sin nombre de la anécdota, por no estar inscrito en el Libro de la Vida. Quien no acepte la ley de la Plenitud, deberá someterse a la del martirio.

“No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán Su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.” [Jn 5:28-29]

Gracias a la resurrección de Cristo, todos resucitarán. Quien vivió fiel a Su legado irá a la resurrección de los justos, y quien halló siempre justificación en gloria o teología humana para violar estatutos del Señor, aunque finalmente sea salvo también será reo del anticristo hasta su venida. Así como se funde el metal en el crisol para librarlo de su escoria, así tendrán que ser acrisolados para su redención. Quien gracias al amor sea salvo pese a haber pecado, por Justicia será purificado en el averno hasta el juicio, cuando Cristo venga a redimirlo, estableciendo los reinos post apocalípticos:

1er Reino: Celestial. En el juicio final cada familia salva, elegida para este imperio de gloria, será asignada a una de las 12 tribus; ya por descendencia genética real [hubo varios éxodos judíos intercontinentales, el último en la 2ª Guerra Mundial], o por concesión divina: familias gentiles que buscaron en Cristo su salvación, se bautizaron sumergidos en el agua, en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo, y luego fueron fieles a Sus Mandamientos hasta el final, lavados de todos sus pecados.

O sea, ese reino de Plenitud lo habitarán familias constituidas por matrimonios sellados por el Espíritu Santo ante Dios en el Templo, que fueron fieles a Cristo ante el mundo, inculcando en sus hijos la Moral y Cívica cristianas, leales hasta la muerte, venciendo por la fe. Morarán en la eterna presencia de Dios, Cristo, y los ángeles, con el más alto grado de gloria, pues serán ‘dioses’, tal cual está escrito en Salmos 82: 6:

Yo dije: Vosotros sois dioses, Y todos vosotros hijos del Altísimo…”

 Recordado por Jesús en Jn 10:34:

‘Jesús les respondió: “¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois?”

Por tanto, todas las cosas serán suyas, y vencerán todas las cosas, y serán de Cristo, y Cristo de Dios. Sus cuerpos serán celestiales; y aunque enigmático para la inteligencia humana, tendrán carne y huesos perfectos, tal como cuando Jesús Resucitado se apareció a los discípulos, según testimonia Luc 24:39:

Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.”

2- Reino Terrestre.- El segundo reino de gloria tiene matices. Luego del juicio, acogerá los espíritus de las personas con pecados menores, confinadas a prisión de infierno por morir sin Cristo, que luego le aceptan siendo espíritus. Y a quien murió sin la ley; entre ellos los seres cegados en vida por las artimañas del enemigo de Dios que sufren castigo en el averno, cedidos un tiempo al poder de satanás hasta que el Señor les llame. También cristianos que no fueron valientes en dar testimonio de Jesús ni seguirle, o se avergonzaron de Él entre los hombres, por lo que no obtienen la corona en el reino de Dios. Todos recibirán una porción de la gloria del Hijo, mas no la del Padre; por tanto, serán cuerpos terrestres, y no celestiales, con menor gloria.

3er reino: Telestial. El más habitado; serán tantos como estrellas: “Muchos son los llamados, mas pocos los escogidos” [Mt 22:14]. De ellos, el Señor dice:

Todos doblarán la rodilla, y toda lengua confesará al que se sienta sobre el trono para siempre jamás; porque serán juzgados de acuerdo con sus obras, y cada cual recibirá conforme a sus propios actos, con dominio correspondiente en las mansiones que están preparadas; y serán siervos del Altísimo, más a donde Dios y el Cristo moran no podrán ir, por los siglos de los siglos”.

Son los que no aceptan el Evangelio de Cristo ni en vida ni después de muertos, dejándose arrastrar por el falso ‘modernismo humanista’ y la seudo ciencia… sin difamar del Espíritu Santo. Y los mentirosos, hechiceros, adúlteros, fornicarios… todo el que ama y obra mentira y se goza haciendo el mal a otros. Al no haber optado por Jesús, no podrán esperar el juicio en el Paraíso sino en el infierno, sufriendo mucha agresión y castigo de las huestes del maligno desde el mismo instante de morir. No serán redimidos del diablo hasta la última resurrección, luego del final apocalíptico, en el Milenio, cuando el Cordero de Dios, el Juez que vendrá, cumpla su obra.

4º reino: Infierno. Quienes tomaron testimonio de Jesús y le aceptaron al inicio, incluso bautizándose, pero se dejaron seducir por satanás con daño a la Verdad, desafiando el poder del Señor, crucificándole de nuevo. No habrá perdón para ellos. También todos los demás que se negaron a aceptarlo en cada una de las ocasiones que tuvieron para ello.

Padecerán la ira de Dios en la venganza del fuego eterno, por haberse dejado cautivar por el enemigo perpetuo, desoyendo la llamada bíblica del amor y la razón, abierta y lista  siempre al perdón, así como las reiterativas advertencias de Sus mensajeros.

Estos son los reinos que esperan a la humanidad. El próximo artículo presentará la Palabra de Jesús clarificando estos proyectos.

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LOS CIELOS DE JESUCRISTO.

diciembre 27, 2011

Diciembre 27/2011

Hace unos días participé en un debate sobre la existencia del infierno. Y hubo quien defendió con convicción que el diablo no existía, que las Escrituras le citan como ‘alegoría’ para definir las manifestaciones del mal, en oposición al bien que personifica en sí mismo el Hijo de Dios. Discusión normal si hubiera sucedido a nivel de calle, en un intercambio filosófico entre colegas… sin embargo, se trataba de una reunión cristiana, en una iglesia cristiana, entre gente que reconoce en Jesucristo al Salvador de la humanidad y al Juez que vendrá.

La ignorancia da ventaja al diablo; también la propia apatía, pues quien reconozca la trascendental importancia que tuvo para el mundo la crucifixión del Cristo, debe recordar las muchas veces que el propio Señor instruyó de forma directa sobre el diablo y sus ángeles. De hecho, viajar a las tinieblas es una posible opción definitiva cuando Él vuelva; su Visa abrirá optativamente dos puertas opuestas: cielo o infierno.

Pero resulta obvio que lo del cielo en singular no es irrebatible; en realidad, según nuestros actos tocará un tipo de gloria. El mismo Jesús dice a Pedro, en Mat 16: 19:

Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.”

Vemos que se refiere a los cielos en plural, tres veces. En general, en toda su instrucción, el Señor utiliza este plural en 38 ocasiones, en 34 versículos distintos. Incluso a veces combinándolo con un uso singular, en una misma frase:

y las estrellas caerán del cielo, y las potencias que están en los cielos serán conmovidas.” [Mar 13:25]

Y de nuevo, cuando instruye sobre la forma de orar, en Luc 11:2:

…decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.”

La instrucción bíblica de Jesús es muy prolífica respecto a este punto; Él no habló por hablar, cada contexto tiene su señal. Y nuestro deber es buscarla.

Teniendo en cuenta esas reflexiones, más la de Apo 2:23: “y a cada uno de ustedes le daré según lo que haya hecho”; y la de Apo 22:12: “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”, resulta innegable que hay varios cielos… o sea: varias categorías de gloria.

Pablo las mencionó en 2ªCo 12:2:

Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo.”

Obviamente Jesús le instruyó sobre tres cielos, y Pablo lo trasladó a los corintios. El apóstol lo menciona con la misma convicción que habla de otros asuntos acreditados; y ya sabemos cuánto era él de detallista, explicando hasta la saciedad cada punto que considerara nuevo e importante. Sin embargo no consta su educación al respecto.

Todo eso indica que se ha perdido información por el camino, pues ni esa instrucción directa de Jesús ni la de Pablo, ha llegado a nosotros. Y un ejemplo lo vemos en los Manuscritos de Nag Hammadi, los más antiguos que existen, hallados en 1945, en paleografía copta, legado de los primeros cristianos egipcios. Textos religiosos y herméticos, sentencias morales, escritos apócrifos y una reescritura de la República, de Platón, casi ignorados; gnósticismo declarado hereje por la jerarquía vaticana.

Pero no es la única información pendiente de análisis. Ya Jesús dijo en Juan 10:16:

También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.”

O sea, habla de ovejas en rediles distantes, que ya le pertenecían. Y hay testimonio de uno de ellos allende a los mares: judíos de un éxodo intercontinental acaecido en el 600 aC… que dejaron también otro legado de Jesucristo para la posteridad. ¿Quiénes eran? ¿Dónde estaban en la era de Cristo? Se tratará próximamente. Por ahora, solo es importante reconocer este hecho, mencionado también en Jn 11:51-52:

Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación; y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos.

Y vemos que Jesús fue muy enigmático sobre enseñanza pendiente, en Jn 16:12:

Aún tengo muchas cosas que deciros, pero es demasiado para vosotros.”

Todos han oído del libre albedrío. Y en la propia iglesia hay dudas sobre ello; hay quien dice que, puesto que solo hay cielo e infierno, el temor a Dios coarta la libertad de decisión, obligando prácticamente a decidir en una sola dirección. Sin embargo, más adelante veremos que el ser humano no elegirá entre 2 caminos, sino entre 4.

De momento, para no diluir mucho el tema, debo decir que las 3 distintas glorias celestiales solo serán establecidas al concluir el indecible tormento apocalíptico que aguarda a la humanidad. Luego vendrá la resurrección de los muertos, para llevar cada alma al juicio final; allí se decretará a cuál de los 4 reinos irá cada quien.

Así, se resucitará para salvación o para condenación. Cada alma comparecerá ante el tribunal de Cristo con cuerpo resucitado. Primero los muertos de la iglesia cristiana; luego el resto de la humanidad… incluida la porción de infierno que podrá acceder a juicio, pues hay un resto: hijos de perdición, para quienes ya no habrá más opción que el tormento eterno. Y de esto también se concretará en el siguiente artículo.

De modo que según la Justicia de Dios habrá dos resurrecciones: la de los justos… y la de los injustos redimidos del abismo, luego de larga aflicción por encadenarse ellos mismos con sus actos en vida al yugo de satanás, a sus escarnios y laceraciones. Será un periodo cuyo tiempo de cumplimiento solo lo sabe quien tiene que saberlo; pero, inexorablemente, será, aunque a algunos suene a cuento chino.

Un reino ya está: el infierno; no necesita esperar por los terribles sucesos del fin. Un ángel con autoridad ante Dios, se rebeló contra Jesús, y por esa razón fue echado lejos de la presencia del Padre; y con él sus seguidores: la tercera parte del mundo angélico. Ellos fueron los fundadores del averno; desde entonces hacen la guerra a quienes se confiesen cristianos. Les seducen mediante la sensualidad, aberración sexual, gusto por el poder, vanidad, soberbia, egolatría… cualquier deseo mundano que viole los estatutos del Creador, y las puntualizaciones de Jesucristo.

Ese será el reino más nutrido, el de conjura; con libre acceso gracias a la personal conducta en vida, opuesta a la moral y cívica cristiana. Pero también de aquellos que, habiendo reconocido al Cristo, e incluso habiendo sido bautizados en las aguas, luego se dejaron engañar al canto de lo ‘moderno’, y usaron su albedrío para vivir según su sensualidad, malicia y engaño, sin arrepentirse de ello, renunciando a la pureza obligada para estar en la eternidad con Dios y con Jesús.

Es en realidad el reino de los insensatos que tildan despectivamente de ‘anticuados’ a todo aquel que les alerta sobre el peligro de violar las leyes de Dios. Allí, siendo tarde ya para recapacitar, comprenderán que quien todo lo creó es el dueño del tiempo; en suplicio aprenderán que el Creador ha medido, mide, y medirá por siempre, según su propio reloj, no según el que mejor convenga a la debilidad del ser humano.

Así, al ser la eternidad un hecho, luego del juicio y según obras consumadas con libre albedrío, sin haberse arrepentido ante Jesús ni haberse bautizado ni comprometido en fidelidad, cada quien morará eternamente en el imperio al que le inciten sus actos.

Pero, al margen de lo individual, ¿qué pasa con la familia? ¿Tiene Dios un proyecto para ella? Sí, lo tiene. A las 12:55 del 6 de septiembre/2007, en medio de un año de oración y ayuno, recibí las siguientes palabras con toda claridad:

Abogad siempre, disciplinando en el Proyecto del Hogar

No consumo alcohol ni drogas de ningún tipo; no los necesito para funcionar. Oí lo que oí… y no es la primera vez que oigo al Espíritu. Ese ‘abogad’, nítido, no era de mi subconsciente; los cubanos no emplean el ‘vosotros’. De niños adquirimos el hábito exclusivo del ‘nosotros’, ‘ustedes’ y ‘ellos’. Incluso tuve que acudir al diccionario para un mejor razonamiento de lo que había oído. Hasta hoy no estaba preparado, pero ahora es posible; ese tema de la familia será la conclusión de este trabajo, en un posterior artículo:

LOS REINOS CELESTIALES Y EL PROYECTO DEL HOGAR.

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MI VIAJE AL INFIERNO

noviembre 24, 2011

24 de noviembre del 2011

Todos queremos el conocimiento; algunos esperan que les caiga encima sin esfuerzos, mientras otros lo persiguen con ahínco. Mas el conocimiento nace del buscar la verdad. Respecto a eso, Jesús nos dice: “Sigan las señales”. Y cuanto más estudio más me convenzo que hay tantas que resulta imposible no verlas. Nadie podrá decir el día de su juicio que han pasado desapercibidas por sus vidas, porque le será mostrado cada momento en que las recibieron. Y esto es Palabra del Señor.

Algunos dirán: ¿De qué señales hablas? Mas las han visto sin haber tenido que subir a avión, barco ni cohete espacial; solo que no quieren seguirlas. Y ya que no quieren seguir las que ven, daré una que no ven, por si logro prender algún motor de quebranto; de esos que rompen fecha de caducidad y llevan a la Salvación.

En la madrugada del martes 13 de sept de 2011 fui llevado al abismo. Y aprendí que la fosa empieza aquí arriba. No había querido exponer esto antes por razones obvias: temor a no ser creído y resultar humillado. Cada día me he preguntado si no habría sido una simple pesadilla, una jugada de mi subconsciente; por eso hinqué rodillas, oré sobre esto al Señor, y rogué me hiciera saber si provenía de Él, si había permitido que yo viviera aquella horrorosa experiencia para que testificara al mundo.

Oré con los ojos cerrados y luego abrí la Biblia para ver la respuesta. Fue impactante: a la izq. apareció Isaías 9; a la derecha Isaías 14, y en el medio, unidas verticalmente, como si una mano invisible las estuviera sosteniendo, el resto de páginas entre estos dos capítulos. Comencé por Isaías 14:

[‘El Seol abajo se espantó de ti; despertó muertos que en tu venida saliesen a recibirte, hizo levantar de sus sillas a todos los príncipes de la tierra, a todos los reyes de las naciones. Todos ellos darán voces, y te dirán: ¿Tú también te debilitaste como nosotros, y llegaste a ser como nosotros? Descendió al Seol tu soberbia, y el sonido de tus arpas; gusanos serán tu cama, y gusanos te cubrirán.
¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo
.]

Luego leí el de la izq., Isaías 9:2, que profetiza sobre la llegada del Mesías, el Hijo de Dios que libra del infierno y de la muerte:

[El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos.
Multiplicaste la gente, y aumentaste la alegría. Se alegrarán delante de ti como se alegran en la siega, como se gozan cuando reparten despojos. Porque tú quebraste su pesado yugo, y la vara de su hombro, y el cetro de su opresor, como en el día de Madián.
Porque todo calzado que lleva el guerrero en el tumulto de la batalla, y todo manto revolcado en sangre, serán quemados, pasto del fuego.
Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.]

Su respuesta no pudo ser más categórica; un capítulo citó el infierno, y el otro a Jesús: el único que salva de él. Este es el testimonio de lo que viví:

Yo hablaba en una calle sobre el Reino de Dios a un grupo de personas. Se reían de mí; les decía que era invisible a nuestros ojos porque pertenece a otra dimensión: la espiritual. Se rieron más aun; entonces surgió de pronto un ser oscuro, sin rostro, y lo señalaron diciendo: ¡Mira, aquí está tu Dios! Y eso generó una carcajada aun mayor.

Luego varió el contexto: Yo caminaba, y un camión sin retrovisores ni puerta derecha pasó por mi lado. Lo conducía un hombre bajito, moreno; perfectamente identificable si volviera a verle, debido a la ausencia de puerta derecha. Iba a gran velocidad, y le hice señas para que aminorara, pero me dirigió una mirada de desprecio, y presionó aun más el acelerador. No oyó mi aviso ni los legados por quienes le antecedieron [de ahí la ausencia de retrovisores]. Solo miraba hacia delante, sin considerar lo cortos de vista que solemos ser los humanos, que observamos solo lo que queremos.

Y de pronto vino una visión de futuro, en una caverna lúgubre y tenebrosa. Una procesión, muy similar a la católica convencional, pasaba entre una multitud de hombres y mujeres. Unos portadores conducían un trono [no pude ver lo que había encima]; y uno de ellos, Carod Rovira apariencia bonachona, con gafas y bigotes, se dirigió al grupo de mujeres presentes y gritó, riendo con maldad, una frase bestial que no quiero repetir. He intentado contactarle para referirle la experiencia, pero me ha sido imposible.

Solo días después, la biógrafa de la realeza describió un incidente en el que se había visto involucrado el susodicho: En el viaje que hicieron a Israel  él y Maragall, en mayo del 2005, como miembros del Tripartito de Cataluña, el señor Maragall hizo una foto burlesca a Rovira mientras este reía, sosteniendo una corona de espinas sobre su cabeza, souvenir que suelen vender allí a los turistas. El rey, supuestamente cristiano, en lugar de pedir explicaciones, fue a besarle los pies a una talla hecha con manos humanas, que tiene ojos y no ve, manos que no abrazan, y pies que no andan: el Cristo de Medinaceli.

También vi algo espantoso: tras la procesión iban unas personas enyugadas a un grueso madero que ellos mismos transportaban sobre sus hombros, y del que pendían cadenas cuyos extremos se ceñían a sus cuellos. Llevaban sus ojos desorbitados de espanto, mientras daban alaridos espeluznantes.

Algo más atrás, aunque sin cadenas, arrastrando los pies y mirando al suelo, como sin poderse explicar qué hacía allí, les seguía alguien a quien considero la mejor persona de la realeza española: la reina Sofía. Pregunté por qué ella; y recibí que ‘yo no tenía que saber causas, sino solo dar testimonio, pues la causa saldrá ante los ojos de quien acepte la Palabra’. Y fui fiel; yendo contra la razón y la lógica, le envié una carta sobre la visión. Pero no tuve respuesta.

Eso ocurrió en la madrugada del martes 13 de septiembre del 2011. El  8 de noviembre, el fiscal anticorrupción de Baleares, Pedro Horrach, dirigió el registro en las oficinas de una red de sociedades vinculadas al Instituto Nóos en Barcelona… precididas por el yerno de la reina: Iñaki Urdangarín. Para mí fue una sorpresa haber recibido esa revelación sobre la implicación futura de alguien de la Casa Real Española, que saldría a la luz días más tarde. 

Hoy, 24 de noviembre 2011, ante la situación que vive la familia real, pienso además si la fatalidad que atraviesa el rey de España va más allá de sucesos azarosos. Pienso si su complicación física y las humillaciones recientes a las que están siendo sometido él y la monarquía española, no es sino una muestra del enfado de Dios por la ligereza de actuación de miembros de la familia.

Todos andan tras la gloria de hombres, recibiendo o confiriendo medallas,  sin amonestar a nadie que vulnere la moral y cívica establecida por el Señor Jesucristo. Jamás ha habido en España tanta tolerancia y apaño ante la violación flagrante y continua del Evangelio de Cristo.

Pero volvamos a lo que nos ocupa: De allí fui llevado a otro sitio donde fui partícipe directo: custodiado por gente que no conocía, yo bajaba unas escaleras con un grupo de personas perfectamente identificables, bajo una luz amarillenta y plomiza. No vi focos por ninguna parte, por lo que supuse que tal semiluz provenía de más abajo. Llegamos a una especie de descansillo franqueado por un barranco, y allí dejaron una parte del grupo, mientras el resto continuamos descendiendo.

Entonces me inquietó el corazón la convicción de que nos conducían hacia un lugar a donde nadie quería ir. De pronto, vi una vía alternativa que bajaba a la izquierda, y por allí escapé, mientras el resto continuó descendiendo. Corrí con toda la rapidez que imprime la desesperación, intuyendo que me seguían, y salí a una especie de explanada con cavernas, de unos 50 ms cuadrados. Veinte metros a mi izquierda divisé otra escalera que solo subía, y hacia ella me dirigí a toda velocidad.

Justo al pisar el primer escalón giré mi hombro y vi al que me perseguía: era un hombre alto y corpulento, de abundante pelo rizado y rojizo, identificable si volviera a verle, aunque Dios sabe que prefiero no volverle a ver jamás. Se había parado en la escalerilla del recodo que yo había bajado momentos antes; me miraba con una risa sarcástica, y supe que me decía que tenía todo el tiempo del mundo, que estaría ahí esperando por mí, que su esperanza era que yo volvería a bajar sin opciones de regreso. Comprendí que no me detuvo porque no le estaba permitido.

Salí de allí muy compungido, impelido hacia arriba; subí otro nivel, y vi más abajo al primer grupo, el separado al borde de un precipicio. Alzaron sus ojos hacia mí y uno de ellos, también perfectamente identificable, un mulato joven y fuerte, me preguntó dónde habían llevado al resto. Y en el mismo instante en que les decía que no sabía, nos llegaron gritos terroríficos, mientras la luz amarillenta subía de intensidad y se volvía rojiza.

No puedo describir la sensación de angustia tan grande que llenó mi corazón en esos instantes. ¡Jamás había sentido nada igual en toda mi vida! Y conste que he vivido situaciones donde tiembla el hierro; hasta un bombardeo, ametrallamiento incluido,  mientras aviones sobrevolaban mi cabeza.

La consternación me dio fuerzas, y seguí subiendo hasta salir a un sitio gris, sucio, pestilente, lleno de gente normal: era una calle. Reconocí una ciudad actual; había logrado salir al fin. Pero nuestras malas acciones, nuestros desatinos y violaciones constantes de la ley de Dios, quitan luz y dan una expresión lúgubre similar a la de abajo, en las calderas de satanás.

Desde esa óptica, vi que en realidad habitamos un valle de sombras, pese a estar bajo la brillante y refulgente radiación solar. Pero había salido; di gracias a Dios, y hoy doy mi testimonio. Y mi vida y mi alma pongo por prenda ante Jesús si he mentido en algo; que un camión haga asfalto conmigo si no he vivido cada situación que he descrito.

¡Qué el Señor dé a todos discernimiento y aprovechen este día, en el ya mismo! Nadie conoce su propia fecha de caducidad ni si despertará un día en ese mundo de muertos vivos. Arrepiéntanse todos los que hayan violado las leyes de Dios, pues no saben si mañana vivirán; no sea que ya tengan reservado su pasaje hacia el abismo. ¡Arrepiéntanse y sean salvos! Esto no es un juego ni un cuento del ‘coco‘, del que no saco ningún beneficio.

Doy fe [porque también lo viví en la madrugada del lunes 8 de febrero del 1994, luego de haberme bautizado en el nombre del Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo], que es real lo que advierte Efesios 5:14:

¡Despierta, tú que duermes! Sal de entre los muertos, y te iluminará Cristo.

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FE, AMOR, OBRAS: EL MENSAJE CRISTIANO.

enero 15, 2009

Uno de los problemas más graves que enfrenta hoy el difundir la Palabra de Jesús, es la falta de convergencia en el mensaje. Según de qué iglesia provenga, se hacen evidentes las diferencias entre las distintas agrupaciones cristianas; y eso es malo. Tal falta de afinidad no aglutina, sino divide; satanás hace fiesta si dos cristianos dan enfoques distintos sobre un mismo planteamiento: pues a río revuelto… ganancia de pescadores. Y el pescador de enemigos de Dios, sabe que cada humano con conceptos distorsionados del mensaje de Cristo, es un virtual aliado potencial: una herramienta en sus manos, si es ‘trabajado‘ desde la debilidad en la fe provocada por un mensaje distorsionado… u omitido.

Más frecuente de lo debido, se hace evidente una pugna por el poder religioso, con independencia de la confesión que se trate. Cada quien sueña con representar la Verdad de Cristo; pero al igual que se falsea el mensaje y se crucifica al Señor si se propugna la Palabra bíblica ante una congregación, siendo pedófilo en la vida privada o violando el legado del Señor de cualquier forma, también se aflige a Cristo, cuando la jerarquía eclesiástica decide ‘trasladar’ al pedófilo, y con él al problema, para acallar rumores, pese a que la propia Biblia estipula que ante caso grave de falta, solo cabe el alejamiento de la iglesia.

Por otra parte, también si se ‘soslaya y/o evita’ cualquier frase del Crucificado, le estamos siendo desleales, y nos estamos revistiendo de una autoridad, que solo Él personalmente puede conferir. Algo ratificado con énfasis en su aviso, en Mateo 5:18:

Les aseguro que mientras existan el cielo y la tierra, ni una letra ni una tilde de la ley desaparecerán hasta que todo se haya cumplido.”

Sin embargo, desde la personal investidura de ‘docto de la iglesia’, más de lo debido, se decide que no resulta ‘políticamente correcto’ usar advertencias bíblicas que inculquen miedo en los creyentes, aunque sean avisos del mismo Jesús. Y se hace, solo para dar un enfoque ‘distinto’ al de los considerados, grito en pecho, como ‘adversarios’ cristianos. Adversidad más que manifiesta, por ejemplo, en los constantes encuentros entre católicos y protestantes en el Ulster. ¿Hay algo que pueda entristecer más a Cristo que ese espectáculo?

Y es que el enfoque de ‘no decir lo mismo que el otro‘ es un grave error, pues esto no es una lucha comercial; la idea no es la de ‘vender’ un coche ni emular en adeptos. Nadie que se confiese cristiano cumple su deber, si omite o adultera cualquier frase legada a nosotros por el propio Jesús. Si queremos ser fieles a Él, no hay más opción que ser leales a la Palabra, delegada en nosotros: Su voto de confianza. Algo que nos compromete a actuar según sus expectativas, y que Él mismo se encargó de dejar bien claro en nuestros corazones, al advertirnos:

Cuídense de los falsos profetas. Vienen a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos feroces. Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los cardos? Del mismo modo, todo árbol bueno da fruto bueno, pero el árbol malo da fruto malo. Un árbol bueno no puede dar fruto malo, y un árbol malo no puede dar fruto bueno. Todo árbol que no da buen fruto se corta y se arroja al fuego. Así que por sus frutos los conocerán. “No todo el que me dice: ‘Señor, Señor’, entrará en el reino de los cielos, sino sólo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?’ Entonces les diré claramente: ‘Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!‘ [Mat 7:15-23]

Analicemos: “sólo el que ‘hace’ la voluntad de mi Padre“. Si en algo se caracterizó el Señor, fue en ser conciso en sus sentencias. El verbo ‘hacer‘ implica ‘obras‘; no hay otro efecto recto del ‘hacer‘ que involucre algo distinto al ‘obrar‘. Y lo ratifica varias veces en el mismo párrafo: ‘frutos buenos‘, ‘frutos malos‘, seguido de un enérgico: ‘Todo árbol que no da buen fruto [obra], se corta y se arroja al fuego.’

Ahora bien, muchas veces, pese a haber sido perdonados, se nos somete a pruebas muy difíciles. En el libro de Job, podemos leer: ‘Por medio del sufrimiento, Dios salva al que sufre; por medio del dolor, le hace entender.’ Y el propio Pedro, testimonio vivo junto a Juan, lo puntualiza, en 1ªPe 5:8-10:

Practiquen el dominio propio y manténganse alerta. Su enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. Resístanlo, firmes en la fe, sabiendo que sus hermanos en todo el mundo están soportando la misma clase de sufrimientos. Y después que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo, Dios mismo, el Dios de toda gracia que los llamó a su gloria eterna en Cristo, los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables.”

También Pablo; probablemente el más castigado por las pruebas, según refiere en 2ªCo 11:26, peligros en ríos, con bandidos, perseguido por compatriotas, por gentiles; peligros en la ciudad, en el campo, y naufragios en el mar. Peligros de parte de falsos hermanos; trabajos y fatigas. Muchas veces sin dormir; sufriendo hambre y sed, y muchas veces quedándose en ayunas, con frío y desnudez… y conociendo casi todas las cárceles romanas. Nos habla de ello, en Rom 8:35, evidenciando su fortaleza en la fe:

¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia?

Respondiéndose a sí mismo, en Rom 8:39:

…ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.”

Y ahora, pasemos al objetivo de este artículo: pese a su amor, manifiesto en su crucifixión a favor de nuestro perdón, el Señor no regresará con ramos de rosas. Vendrá a juzgarnos por nuestras obras. Se presentó como humano, regalando amor por donde pasara, curando a cada pecador que se cruzara en su camino, y perdonando sus faltas… pero advirtiendo a cada uno que no pecara más. Quien diga otra cosa, tiene que ser consciente del peligro de distorsionar la Palabra de Cristo, aunque piense que tiene la razón… porque si nuestras palabras no están en sintonía con Él, serán ellas mismas las que nos castigarán:

Pero yo les digo que en el día del juicio todos tendrán que dar cuenta de toda palabra ociosa que hayan pronunciado. Porque por tus palabras se te absolverá, y por tus palabras se te condenará.” [Mat 12:36-37]

Y también, en Mar 8:38:

Si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras en medio de esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.”

Y concluye en Mat 22:14:

Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.”

Si algo identificó al Señor, fue que ninguna frase suya resultó pueril; cada una persiguió un objetivo: donde habló de fe, nos aclaró que la fe salva… y habló de ello muchas veces. Sin embargo, también especificó cuál era la acción inmediata a la fe… y lo que cada acto de fe exigía para el futuro.

Mediante el testimonio vivo de Juan, su apóstol preferido, quien murió casi centenario, nos acercamos al suceso del hombre que llevaba 38 años enfermo, sanado por Jesús, gracias a su fe [Jn 5:5], a quien el Señor le dejó las cosas claras respecto a que, independiente de haber sido salvo, su futuro dependería de sus obras.

Después le halló Jesús en el Templo, y le dijo: “He aquí, eres ya sano; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor.” [Jn 5:14]

Y es que la carrera del cristiano no tiene fin: ‘La fe demanda de toda una vida; la traición a ella, un solo instante.’ El ejemplo lo tenemos en el mismo Pablo, el apóstol de la fe, que alude a ‘una espina clavada en el cuerpo‘, cuyo retiro le pidió 3 veces a Cristo, obteniendo por respuesta: ‘mi poder se perfecciona en la debilidad

Es decir; aun después de haber sido perdonados y salvos, por la gracia del Señor, nos vemos sumidos en tentaciones, que el propio Cristo reconoce. Un solo momento de fe quebrada, puede conducir al error de obrar mal… y ocupar un lugar de juicio ante quien vendrá a juzgarnos a todos: a cristianos y a no cristianos, pero con el agravante de su sentencia, en Lucas 12: 47-49:

El siervo que conoce la voluntad de su señor, y no se prepara para cumplirla, recibirá muchos golpes. En cambio, el que no la conoce y hace algo que merezca castigo, recibirá pocos golpes. A todo el que se le ha dado mucho, se le exigirá mucho; y al que se le ha confiado mucho, se le pedirá aun más. He venido a traer fuego a la tierra, y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo!”

La palabra ‘fe’, aflora 246 veces en el nuevo testamento; ‘amor’:120 veces; y ‘obras’ [plural]: 89 veces + ‘obra’ [singular]: 48 veces, para un total de 137 repeticiones. ¿Qué instrucción debemos sacar de esto? ¿Hay prevalencia de alguna sobre otra? Leamos las afirmaciones del Señor, legadas a través de la Biblia:

Fe: ‘Cuando entró en la casa, se le acercaron los ciegos, y él les preguntó: “— ¿Creen que puedo sanarlos?” ‘—Sí, Señor— le respondieron.’ Entonces les tocó los ojos y les dijo: “—Se hará con ustedes conforme a su fe.” [Mat 9:28-29]

Amor: “Por esto te digo: si ella ha amado mucho, es que sus muchos pecados le han sido perdonados. Pero a quien poco se le perdona, poco ama.” [Lucas 7:47]

Obras: ‘Entonces oí una voz del cielo, que decía: “Escribe: Dichosos los que de ahora en adelante mueren en el Señor.” “Sí — dice el Espíritu—, ellos descansarán de sus fatigosas tareas, pues sus obras los acompañan“.’ [Ap 14:13]

Y la única vez que se evidencia comparación bíblica entre las tres, es en el último aviso de Cristo, en Ap 2:19:

Conozco tus obras, tu amor y tu fe, tu servicio y tu perseverancia, y sé que tus últimas obras son más abundantes que las primeras.”

Creo que no es necesario hablar más sobre esto; el Señor nos enseña qué es lo que estará bajo su análisis: el conjunto fe, amor y obras. Un trío inseparable el día de su juicio. Ojalá todos seamos capaces de verlo, y seamos lo fieles que se nos requiere, en la transmisión de sus Instrucciones y Enseñanzas. Su ‘Manual de Comportamiento‘ que nos preparará para ser considerados ‘aptos‘ en el día de su juicio… [ese en el que ‘muchos serán los llamados, pero pocos los escogidos‘], no debe ser alterado, bajo ningún concepto.

Por fe en Su resurrección, creemos en la vida eterna propugnada. Y por fe creemos que solo perdonando desde el amor a quienes nos ofenden, resultaremos perdonados. Así como que solo desde ese amor, seremos capaces de hacer las obras que nos conducirán al premio que con fe esperamos.

Fe, Amor, y Obras: Que el Señor nos haga fieles a su Palabra.

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DISCIPLINA, REPRENSIÓN, CORRECCIÓN Y CASTIGO

abril 17, 2008

UN DEBATE QUE NO ACABA

A día de hoy, uno de los usos más controvertidos del cristianismo, es el concerniente al que se hace de la palabra ‘castigo‘, según sea la tendencia de la iglesia que se manifieste al respecto. La católica, a través de los tiempos, es la que más se ha esforzado en su ‘fidelidad‘ a esta expresión bíblica que aparece, en los 66 libros, casi una centena de veces. El recuerdo de los errores de la Inquisición que recoge la historia, y de la estela de mártires generados por ella, ha trabajado en el subconsciente de la humanidad, y gran parte de esta se esfuerza en desterrar para siempre la punición correctiva bíblica, obviando la palabra… o cambiándola por otra que resulte más ‘políticamente correcta‘.

El semi-pavor al vocablo ha echado raíces en el corazón de la mayoría del resto de congregaciones cristianas. Pero, si andar en los extremos siempre es malo, quedarse cortos también lo es: nos hemos adormecidos en el amor al que constantemente nos llama Jesús, y a veces nos convertimos en ‘tergiversadores‘ de su Palabra. Sabiendo que su sabiduría está muy por encima de la humana, ¿por qué intentamos siempre dar otra explicación a los versículos donde se nos alerta sobre el castigo de Dios?

En varias ocasiones, ante un atentado de ETA, por ejemplo, las multitudes se concentran a favor de la paz, alzando sus manos pintadas de blanco. Este es el idioma del amor; el lenguaje que pueden entender todos aquellos que aman la concordia y el buen ‘rollo‘ entre las personas, independientemente de su naturaleza, raza, sexo o nación. Pero, ¿cómo reaccionan ante estos brazos pintados con el matiz de la armonía, aquellos que usan sus dedos para ‘gatillar‘ el arma homicida?

Para ellos, se les está hablando en chino, esperanto, o ‘quechua’: se ríen de esos brazos en alto y de los minutos de silencio; no pueden ser receptivos a esas señales, pues sus corazones son incapaces de interpretar el lenguaje del amor. Por eso es que la justicia humana impone el castigo punitivo allí donde resulta imprescindible. El pederasta, el asesino, el sicótico perseguidor de jovencitas que viola y mata… ninguno de aquellos que representan un penoso lastre para la sociedad, son aptos para asimilar la disciplina de la convivencia en el respeto mutuo y la corrección. De ahí, la necesidad de pena carcelaria.

Asimismo ocurre con las Escrituras. El Señor nos llama una y otra vez desde su ternura y entrega; nos instruye en la vía más directa para alcanzar todas las promesas por las que se ofreció en crucifixión. La vida eterna no es un fin en sí mismo, sino una continuidad en el camino de la perfección; para llegar a ella es imprescindible estar depurados espiritualmente, pues nadie permanecerá allí si no demuestra antes que no constituirá una ‘mala levadura‘ o contaminación para el resto de las almas con las que convivirá.

Cuando morimos, la carne se descompone en los elementos químicos que le sucederán; pero el espíritu, cuya composición es desconocida para el hombre, no es destruido, sino que cambia automáticamente del plano físico donde vivió, enclaustrado en cuerpo humano, hacia el espiritual. Allí se mantendrá hasta que el Todopoderoso decida el momento de juicio e instaure el Sión definitivo, bajo el reinado de Jesús, con todos los que hayan pasado su prueba y accedan a la eternidad prometida.

Por eso es importante aprovechar la oportunidad mientras se respire, en el caso de aquellos que no accedieron por voluntad propia a la llamada del amor de Cristo o que se adhirieron inicialmente, pero luego, bajo el influjo de las pasiones enemigas del espíritu, se separaron del camino. Ellos también tendrán posibilidades, si son sensibles a la disciplina, reprensión, corrección y castigo, a los que serán sometidos, según corresponda.

Disciplina‘, según el diccionario de la RAE, involucra ‘doctrina, enseñanza o educación sobre la conducta de la persona,  a través de reglas que afirmen el orden entre miembros de organizaciones militares, políticas, civiles o religiosas‘. La Biblia enseña sobre ella:

“El que tiene en poco la disciplina, menosprecia su alma: Mas el que escucha la corrección, tiene entendimiento.”  (Proverbios 15:32)

Por otra parte, la palabra ‘reprensión‘ (que sale al menos 31 veces en las  Escrituras), según el mismo diccionario, significa: ‘Regaño, reprimenda, pena o amonestación a alguien, sobre una actitud específica.’ Expongo una cita de la carta a los Tesalonicenses:

“Y el Dios de paz os santifique en todo; para que vuestro espíritu y alma y cuerpo sea guardado entero sin reprensión para la venida de nuestro Señor Jesucristo. ” (1ª Ts 5:23)

La consecuencia inmediata al poco caso, cuando se es reprendido, da lugar a la ‘corrección‘, bíblicamente reiterada en 24 versículos, y de la que el RAE expresa: ‘Rectificación o enmienda de errores o defectos: Castigo leve que el superior impone al subordinado por haber cometido alguna falta; advertencia para enmendar un error.’ Una de las ocasiones en que se menciona en el Antiguo Testamento, es en Jeremías 5:3:

“Oh Jehová, ¿no miran tus ojos a la verdad? Azotástelos, y no les dolió; consumístelos, y no quisieron recibir corrección; endurecieron sus rostros más que la piedra, no quisieron tornarse.”

Y, por último, esa acepción tan dada al debate y a las múltiples traducciones erróneas, por el ‘yuyu‘ que impone en algunos: ‘castigo‘, que la Biblia cita, no menos de 60 veces. ¿Por qué razón Dios ha hecho que esta palabra apareciera tanto en las Sagradas Escrituras? Solo Él lo sabe, pero todos debemos coincidir en que resulta una osadía obviarla, pasarla por alto, dar un quite o, en el peor de los casos, intentar ofrecer otra significación distinta a la que encierra, pues si el Altísimo decidió que apareciera, resulta obvio que sus razones tendría: nadie tiene el derecho a minimizarla ni esconderla.

Recurriendo de nuevo al significado etimológico, nuestro libro de acepciones describe al castigo como: ‘Pena que se impone al que ha cometido delito o falta, con objeto de enmendar un comportamiento.’ ¿Por qué el profeta Jeremías, quien hablaba directamente con el Creador,  presenta estos dos versículos repetitivos, sobre la punición:

“Porque yo estoy contigo para salvarte, dice Jehová, y destruiré a todas las naciones entre las cuales te esparcí; pero a ti no te destruiré, sino que te castigaré con justicia; de ninguna manera te dejaré sin castigo.” [Jer 30:11]

“Tú, siervo mío Jacob, no temas, dice Jehová, porque yo estoy contigo; porque destruiré a todas las naciones entre las cuales te he dispersado; pero a ti no te destruiré del todo, sino que te castigaré con justicia; de ninguna manera te dejaré sin castigo.”  [Jer 46:28]

Cuando el Señor insiste dos veces, muestra interés en que llegue su mensaje de sanción; si es reiterativo, resulta importante, y nuestro deber es no ser indiferentes a su proclama. Acepta margen para el error, pues conoce cada milímetro de la debilidad humana, pero, en su sabiduría, también sabe cómo el hombre es capaz de responder a sus expectativas, luego de la adecuada corrección y/o castigo pertinente. Por eso es vital que su Palabra llegue tal cual, a todos los corazones, según Él dispone; aclarando que quienes entren a partir el amor, siendo fieles desde que son llamados, se ahorrarán el dolor del correctivo.

Hay quien entiende el mensaje de amor de Cristo… y hay quien no. A estos se dirije el Padre en sus amenazas; para darle también a ellos su oportunidad. De modo que estamos obligados, en un ejercicio de responsabilidad, a describir cada palabra, tal cual aparezca en cada uno de los párrafos donde se use, pues Dios da en cada momento, la acepción exacta; Él no es de: ‘Donde dije ‘digo’, dije ‘Diego‘, sino que constantemente alerta sobre el peligro de cambiar una sola letra de sus mensajes.

Los que son capaces de ser leales a Dios, no deben reprimirse al trasmitir cada una de las alertas de condena dadas por el Omnipotente, pues Él tiene sus razones para el ultimátum. Se dirige a aquellos que o no quieren oír su Palabra o la oyen y la aceptan, pero luego cometen fallos, debido a fragilidad espiritual. El Señor sabe que esta no alcanza el mismo nivel en todos los humanos, y acude al aviso sobre lo que una actitud de desobediencia puede costar, para que reaccionen, cambien, y puedan optar al mismo privilegio.

Una evidencia bíblica de ello la encontramos en Ez 7:8:

“Ahora pronto derramaré mi ira sobre ti, y cumpliré en ti mi furor, y te juzgaré según tus caminos; y pondré sobre ti tus abominaciones.”

El castigo de Dios resulta peligroso cuando se hace definitivo; los más inteligentes le temen, porque son conocedores de su poderío y saben que puede causar la destrucción total. Sobre ello nos instruye Proverbios 1:7:

“El principio de la sabiduría es el temor de Jehová: Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.”

De ahí que el Eterno acuda a la alerta del castigo. Sin embargo, muchos cristianos, cuando se enfrentan al análisis de esta palabra, manifiestan su convicción de que no se trata de una corrección directa del Padre, sino de la consecuencia derivada de la mala cabeza de quien cae en pecado, aun con conocimiento de causa.

Pero, aunque es real que por causa de inmadurez, precariedad de espíritu u otras razones, muchas veces somos víctimas de nuestro propio desatino, también es cierto que existen otros contextos ante los cuales no podemos dar la misma respuesta. El diluvio, Sodoma y Gomorra, y el propio anuncio del Apocalipsis, dan testimonio del castigo directo de Dios.

El enigmático libro de Job nos presenta otro enfoque. ¿Quién puede insinuar que este favorito del Señor, a quien amaba y de quien estaba orgulloso por su comportamiento y actitud ante la vida, tuvo mala cabeza? La Biblia explica cuán grande fue su pesadumbre, pese a no haber caído en pecado; doble enseñanza, pues el mismo Creador, luego de presentarse en el debate con los amigos que le criticaban, amonestó a estos por su rapidez en emitir juicio sobre el doliente. Enseñó a todos que la postura ante alguien a quien no le van bien las cosas, por estar bajo sanción o prueba, no debe ser la de convertirse en jueces, pues ya está Él para ese oficio.

El dolor purificador del castigo, hará crecer a todo aquel que no tuvo la estatura necesaria para ser fiel al amor de Cristo ni el comportamiento adecuado ante sus enseñanzas. Una nueva oportunidad a la que debe aferrarse quien ha fallado, y que, quebrantado ante nuestro Señor, decide aprovechar la oportunidad que le ofrece su piedad, reemprendiendo el camino, reorientando su brújula, templando y fortaleciendo su espíritu, para conseguir el reencuentro con sus hermanos en la fe; esta vez, de manera definitiva y en Paz con Dios.

Por otra parte, Judas 1:5, describe un castigo más severo:

“Mas quiero recordaros, ya que una vez lo habéis sabido, que el Señor, habiendo salvado al pueblo sacándolo de Egipto, después destruyó a los que no creyeron. Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha encerrado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día…” 

¿Significa esto que Dios quiere infligir daño? ¡De ninguna manera! Pero necesita asegurarse que el espíritu humano que pase el filtro, sea lo suficientemente fuerte para no contaminar el reinado mesiánico; por ello, el propio Jesucristo nos anuncia, en Apocalipsis 3:19:

“Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.”

Y repite, por último, casi al final del libro, en Apocalipsis 22:14:

“Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad.

Afortunado el sacudido por la vara del Todopoderoso; eso demostrará que no es un bastardo, y que el Padre tiene buenos planes para él. Si logra aprender la lección, su nombre será inscrito en el libro de los cielos; si es capaz de corregir su rumbo y seguir los pasos de nuestro Señor Jesucristo, se sentará con Él, como invitado, en el banquete que dará inicio al nuevo Tiempo.

Por amor, y no por miedo, seremos considerados inocentes; mas el temor hará que los indecisos y los rebeldes trasmuten y puedan experimentarlo, aunque parezca incongruente. Seamos prudentes y asumamos la actitud acertada, mientras el sol alumbre para todos, y no se detenga el reloj de la vida, pues luego, será tarde.

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