¿CUAL ES EL DESTINO HUMANO?

diciembre 19, 2011

19/Dic/2011

¿Por qué el hombre teme al hombre? Porque piensa que puede quitarle lo que cree que tiene más valor: el trabajo, la familia y/o  la vida. Sin embargo, no es eso lo más valioso, pues la vida es eterna; solo mueren los planos en la que esta se manifiesta. El morir es únicamente una acción de tránsito de una dimensión a otra; y no hay ni un ser humano, independientemente de su poder, jerarquía o influencia, que pueda alterar eso.

Se debería dirigir el objetivo del temor en dirección de quien sí puede hacer que esa eternidad transcurra en suplicio y terror sin fin: Jesús de Nazaret, el juez que vendrá, pues, ¿acaso el agua huye del fuego? ¿No será más bien al revés? Busquemos al agua viva que protege del fuego de la muerte, pues como yerba arderá el mortal que niegue al Redentor eterno. Los redimidos del Señor, al morir ganarán su corona de fidelidad; huirán del dolor y el llanto con inmensa alegría por la gloria recibida: la eternidad con Cristo.

El hombre se cuida del furor de opresor humano; nadie se cuida del de Dios. ¡Despierta hombre! No te esfuerces en beber más del cáliz del furor del Señor, tú, que ya has tragado del cáliz del odio hasta las heces. Tú, que estás ebrio, mas no de vino; tú, que el enemigo de Dios ha dicho a tu alma que se le postre, y pusiste tu cuerpo para que lo inmundo te arrollara y marcara para siempre, intentando quitarte tu esperanza. ¡Suelta las cadenas que cautivarán tu cuello!

La carne, hija de corrupción perecerá; en la pudrición verá su sino. Mas los fieles a Cristo, serán llevados por Él en resucitado cuerpo de gloria. Así como la muerte ha sido la eterna recolectora durante milenios, así también hay un misericordioso poder de resurrección. Pero es conveniente que antes venga el hombre en arrepentimiento del pecado; de la misma forma que antes de la caída llega la transgresión. La insistencia del pecado lleva al destierro del Señor; la expiación con arrepentimiento conduce al para siempre con Cristo.

¡Oh el saber de Dios, su gracia e indulgencia! Porque si la carne no se pudiera vestir de incorrupción para ser levantada en pureza, nuestros espíritus quedarían sujetos a ese ángel caído, diablo, para no elevarse más. Por siempre estaríamos sujetos a los eslabones de satanás, sus bofetadas y torturas.

Nuestros espíritus no tendrían otra perspectiva que llegar a ser como él; seríamos sus víctimas, igual que otros miles de millones que subyacen en su ancestral gobierno de tinieblas donde se cocen las almas.

Si no pudiéramos vestirnos de incorrupción, estaríamos separados para siempre de nuestro Dios, y de Jesús el Cristo, y de toda la presencia angélica que habita en la misma gloria del Altísimo. Estaríamos condenados a permanecer hasta la destrucción con el padre de las mentiras, en su misma mísera perspectiva futura.

Seríamos penados a estar bajo la potestad de ese ser que engañó a nuestros padres primigenios. El mismo que incita hoy al humano en sus deseos, haciéndole ver que no hay ley que rija esta vida, que no hay tránsito a ningún otro estado del alma; que la vida es una sola, y que lo mejor es vivirla según la dirijan los impulsos de las ansias.

Gracias a la bondad de nuestro Dios hay albedrío para la decisión. Junto al diseño humano se previó un medio para que cada uno escape de las garras del maligno. Somos la codicia del monstruo de la muerte y del infierno: la expiración definitiva del espíritu… pero muy pocos pueden verlo.

Gracias a Dios, que previó solo un tránsito para la muerte física. Llegará el día que el abismo tendrá que ceder sus muertos, espíritus cautivos, al juicio de Cristo. Seres que tendrán un conocimiento absoluto de sus pecados e impurezas, y verán cada desobediencia, cada ofensa a Dios, cada violación de sus estatutos; incluso las hechas a oscuras, a puertas cerradas. Los cuerpos y los espíritus de los hombres serán restaurados, gracias al poder de la resurrección del Incorruptible Hijo de Dios, el Señor Jesucristo. Y será para dar cuentas de sus actos.

¡Oh cuán grande es el plan del Creador! Pues también el paraíso de Dios entregará los espíritus de los justos, y cada espíritu será restaurado a su cuerpo, para tornarse incorruptibles e inmortales; almas vivientes con conocimiento perfecto. Almas vestidas de pureza, debido a su rectitud, con conocimiento perfecto de su gozo.

Ambos grupos deberán entonces comparecer ante el tribunal de Cristo: las ovejas y las cabras, inmortales todas, escucharán las actas. Y tan cierto como que Jesús vive; el propio Señor lo advierte en Rev 22:11-12, para que luego nadie se sorprenda:

El injusto, sea injusto todavía; y el inmundo, sea inmundo todavía; y el justo, practique la justicia todavía; y el santo, santifíquese todavía. He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.”

El diablo, sus ángeles, y todos los hallados inmundos, al ser todos eternos, al castigo eterno serán enviados, el preparado para quienes se confiesen enemigos de Cristo, desde el principio de los tiempos. Un tormentoso lago de fuego y azufre, cuya llama asciende por siempre.

Mas los justos, obedientes, y leales, que sufren hasta la muerte las cruces de esta vida, sin avergonzarse de su fe, heredarán el reino de Dios según el proyecto establecido por el Creador desde antes de la fundación del mundo. Allí, junto al Señor Jesús, su gozo será completo y definitivo.

¡Oh la gran misericordia del Creador! Él redimirá a los inocentes de ese espantoso monstruo combinado: diablos, muerte e infierno, y del lago de fuego y azufre: tormento sin fin. ¡Oh Su gran indulgencia, al enviar a Su Hijo al mundo para que, sufriendo en su propio cuerpo el dolor humano, lograra salvar a todo aquel que oiga Su voz y decida atender a su llamada, bautizándose en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo… y luego, fiel, resista los embates y tentativas del que quedó exento, y desea entorpecer los planes de Salvación que a él y a sus huestes le son negados.

Gracias a Cristo, su propia Gloria podrá ser compartida por todo el que cumpla la condición inexcusable ante el Padre: arrepentimiento, bautismo, y posterior sujeción a Sus mandamientos. De lo contrario, si no se arrepienten, ni se bautizan, ni creen en su nombre, ni perseveran hasta el fin, deben ser condenados, pues el Amor de Dios no puede anular su Justicia

Él ha dado la ley; y donde no se ha dado ley, habrá menor castigo. Las clemencias del Dios Santo tienen derecho de ser reclamadas por motivos de la expiación de Cristo, por el poder de Él. Pero ¡ay de aquel que sabe la ley y se burla! Quien disipe su vida violando las ordenanzas de Dios durante los días de su probación, tendrá un final terrible.

¡Oh, ese sutil plan del maligno, tras la vanidad, flaqueza y necedad humana!  La instrucción les hace creerse sabios; la seudo sabiduría les hace sentirse dioses y no oyen el valioso consejo del único Dios. Le repulsan, opinando que saben por sí mismos; sin embargo, su saber es locura para su propia alma: no les salvará, y por negar a Cristo, terminarán siendo pasto de llamas.

¡Ay de los sordos apriorísticos, que cierran sus oídos a la Palabra!

¡Ay de los ciegos que se niegan a ver la realidad del poder de Dios que les circunda, y propugnan irrealidades, arrastrando a otros a la vorágine! Ante el Señor responderán, no solo por sí mismos, sino por aquellos a quienes condenaron con mentiras, incitándoles a seguirles hacia el abismo.

¡Ay de los incircuncisos de corazón, pues serán heridos de muerte eterna, con la propia conciencia de sus iniquidades!

¡Ay del embustero que engaña por un puñado de billetes o toda codicia, pues el infierno será su estación definitiva!

¡Ay del asesino que cada día se sentirá arder, clamando por un fin de tortura que no llega, pues la muerte no vendrá a rescatarle del tormento!

¡Ay de los fornicadores, gays, pederastas, y todos los que cometan cualquier tipo de inmoralidad sexual, pues entre llamas, por gusanos serán traspasados!

¡Ay de todos aquellos que mueren en sus pecados, porque en sus pecados quedarán ardiendo, y luego estos le escoltarán fielmente en el día de su juicio!

Ser de ánimo carnal es muerte; ser espiritual es vida eterna. ¡No sucumban ante las seducciones astutas del antiCristo!

Sé que, en un mundo que flota en la permisividad, seré criticado por intolerante o loco. Pero la autocrítica guía a la vida; la complacencia por autojustificación lleva a muerte. Si a lo malo se llama bueno, se labra en campos de error… y frutos de error se cosecharán en el infierno.

Las palabras de la Verdad resultan duras a la impureza, pero salvan almas. ¡Venid al Señor Jesús, el juez justo! Andad por sus sendas estrechas, las únicas rectas ante sus ojos fiscalizadores. Él es el guardián de la Puerta, y no hay otra entrada sino donde Él custodia. Nadie piense que Él puede ser engañado, pues su ojo escruta hasta lo invisible, grabándolo y exponiéndolo luego ante cada infractor, para que se vea sorprendido a sí mismo. ¡Comprad antes gratis de su perdón, para evitar el horrible sufrimiento que ni siquiera sospechan!

Al que llamare, Él abrirá; pero repudiará a quienes le nieguen: seudo sabios, seudo instruidos, materialistas y sensuales. A menos que en vida se arrepientan de sus errores, se vean insensatos ante Dios y desciendan a las profundidades de la humildad, Él no les abrirá.

¡Sacudid las cadenas de aquel que busca insaciable su comida de almas! No dejen que el diablo les aprese en su tortura. ¿Atormentarían mis palabras a los puros? Si resultan duras, es que necesitan escucharlas; les urge oír sobre las consecuencias del pecado. No gastéis vuestro tiempo y/o dinero en lo que les condenará, aunque ahora les parezca imposible, por vivir en ignorancia.

No hay quien guíe; no hay quien tome al ciego de la mano. Solo la Palabra de Dios salva; solo Cristo, el Verbo de Dios, conduce a la salvación. Sacudíos la modorra y abrid los ojos de la inteligencia, porque no hay nada más terrible para el hombre que morir apartado del Señor, con toda una factura pendiente de cobro. El tiempo da fecha de caducidad al ser humano; y el Eterno es dueño del tiempo, de las llaves, y de las cárceles.

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LA EGOSOBEVANI: Gloria de hombres, no GLORIA DE DIOS.

julio 11, 2011

Julio 11/2011.

El año pasado, mientras meditaba sobre la división cristiana en el Ulster, ante la noticia de luchas fraticidas entre católicos y protestantes, le preguntaba al Señor cómo era posible llegar a esos extremos, si su mensaje de siempre había sido humildad y servicio. Le preguntaba cómo, a pesar de que Él instruyó para una iglesia sin jerarquía: única y horizontal, haya quienes maten por rangos, en una iglesia vertical y parcelada, donde siempre hay alguien debajo.

Y lo hice recordando sus palabras al amonestar a Juan y Santiago por su afán de liderazgo, en Mateo 20:25:

Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.”

No tuve respuesta inmediata; pero días después, mientras pensaba en otros asuntos, con mi subconsciente ya fuera de contexto, me llegó la revelación de tres palabras unidas: ‘egolatría-soberbia-vanidad’. Solo recibí eso, y entendí que se me instaba a estudiar sobre ello. Estas líneas son el resultado. Creo que el Señor quiere que todos razonemos sobre la nocividad de esos sentimientos para la iglesia.

Desde los inicios de la iglesia, en ella se han manifestado esas tres fuerzas cohesionadas en el ser humano, con el objetivo de lograr la autonomía de la dispersión en el pueblo de Dios. Son inseparables; imposible localizar una de ellas en ausencia de sus otras dos compañeras de viaje.

Tanto lo son, que no sería disparatado que la ‘egosobevani’ fuera incluida en el Diccionario de la Lengua Española; adicionándose por supuesto la palabra ‘teología’ en el correspondiente Diccionario de Sinónimos, como su equivalente idiomático.

Y digo esto porque todo teólogo manifiesta en sí mismo un espíritu de rebeldía a Cristo. Solo surgen teólogos si antes han sido cebados espiritualmente en egolatría, soberbia y vanidad… tres nutrientes que no provienen del Hijo de Dios, sino de la caldera del infierno, en el Puesto de Mando de Su enemigo. ¿Por qué teologizar, si Cristo ya dejó Su Teología?

Analicemos por partes lo que planteo. Según el Gran Diccionario de la Lengua Española:

– egolatría: Culto excesivo de la propia persona”. Es decir, el creerse autorizado, aun siendo humano, a reinterpretar en autosuficiencia el Evangelio Divino, dado por Dios directamente solo a Jesús para que fuera Él quien lo trasmitiera a la humanidad en un lenguaje claro, conciso y definitivo.
-soberbia: “Estimación excesiva de sí mismo, en menosprecio a los demás. Exceso de magnificencia o suntuosidad que le hace sentir sobre cualquier criterio.” O sea, creerse con autoridad para ‘redefinir’ la Instrucción dada por el Enviado de Dios.
-vanidad:Orgullo inspirado en un alto concepto de cualidades y/o méritos propios; deseo insuperable por ser considerado y alabado entre los demás.” En el caso teológico: no buscando la Gloria que viene de lo alto, sino la terrenal, material y fatua: el aplauso, el reconocimiento, la pleitesía, y el encumbramiento personal.

¿Difieren en significado esas tres palabras? ¿Puede alguien ser ególatra sin ser soberbio y vanidoso? ¿Puede aislarse la soberbia de la vanidad y la egolatría? ¿Puede transitar la vanidad por caminos ajenos a la egolatría y la soberbia? ¡NO! Son inseparables… y son sentimientos que no provienen de Jesús.

Llegado aquí, fue que entendí la revelación. La humanidad ha sufrido múltiples epidemias a través de la historia, pestes en las que han muerto millones y millones de personas: lepra, tuberculosis… y todo tipo de virulencias. Y los teólogos, yendo contra palabras salidas de labios de Jesús, fueron, son y serán, la peste del cristianismo: herramientas del antiCristo. Los únicos responsables de favorecer el ‘divide y vencerás‘ de las tinieblas,  para que el cristianismo se dividiera en más de 100 corrientes teológicas. ¡Los únicos responsables!

El Señor Jesús no se dejó nada en el tintero: habló de todo lo que necesita saber el ser humano, de todo lo que afecta al pensamiento humano; abarcó al 100% esta implicación. Instruyó para todo lo que pueda ocupar la mente de las personas, alertando de cada cosa que pudiera perjudicar la salvación personal, cuando Él retorne y le sea sometido todo a Su Juicio. Jesús es el único teólogo autorizado por Dios; su enviado directo, la autoridad teológica exclusiva.

Cada vez que veo un teólogo dando sus ‘versiones personales del Evangelio’, presentándose a sí mismo como ‘representante de Dios en la Tierra‘ [como si Dios necesitara agentes], salgo corriendo a toda velocidad hacia la esquina contraria, huyendo del espíritu que le insufla el vapor de la egosobevani en las cantidades industriales necesarias para que olvide su compromiso de fidelidad a Jesús de Nazaret, Teólogo y Teología, el único puente de ilustración válido para reconciliación con el Creador. ¡Ningún otro; en ningún punto del planeta!

¿Teología humana? ¡No! Gracias; la mejor de todas ellas solo sería útil mientras hierve en el fuego del infierno. Ya tenemos la única Teología válida; es divina y vino de lo alto, de la Gloria de Dios: el Evangelio de Jesucristo, cada palabra salida de sus labios. Aparece en letras rojas en la Biblia Reina Valera 1960, para que a nuestros ojos les resulte imposible mirar en otra dirección, en otra búsqueda. Y también en cada libro de cabecera cristiana, aunque sea escrita en negro, para que nuestro Espíritu no sea tentado sin defensa ni sienta la necesidad de buscar ninguna otra opinión distinta a la del Señor, sea cual sea el apelativo de la iglesia donde nos congreguemos.

Ni siquiera los apóstoles tienen capacidad para una Teología distinta; bajo ningún concepto debemos olvidar que ellos fueron aprendices; mamaron de la instrucción del Hijo de Dios en su camino hacia la perfección. No eran coleguillas de una misma pandilla, sino el Maestro y sus alumnos, a todos las efectos. No lo digo yo, sino el propio Señor en Mat 23:8:

Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos.”

Y atención: no estoy diciendo que se desprecie el evangelio apostólico, sino que estudiemos bien primero a Cristo, ‘oyéndole‘ a Él antes por separado, tal cual lo hicieron los doce y el resto de quienes le escuchaban. Solo así estaremos en condiciones de leer el evangelio de hombres con lupa, separando el trigo de la paja. Si contradice a Jesús o es un error humano, quizás de traducción… o anatema.

Espero con fe que, así como la humanidad superó e intenta superar la prueba de las pestes, sea capaz ahora de superar la tentación que el enemigo de Dios lleva siglos usando en la iglesia de Cristo; esa egosobevani con la que los humanos se lo ponemos fácil. Pidamos al Señor que extirpe de nosotros con su bisturí divino, toda manifestación de egolatría, soberbia o vanidad que lacere nuestra comunión con Él y altere la Instrucción que Él legó de su propia boca.

Jesús ya la masticó para nosotros; lo único que tenemos que hacer es digerirla, aislándonos a toda pastilla de la teología mundana, sinuosa y tergiversadora, que a veces nos es sugerida por algún ‘salvador’ de iglesia, de procedencia semental.

Es lo más prudente que podemos hacer, si no queremos salir algo más que chamuscados por desviamos del único Evangelio válido: el Testamento de Cristo, el Legado de Palabras salidas de sus propios labios, desde el Dios Creador.

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LA OMEGA CERCANA.

marzo 14, 2011

13 de Marzo/2011

Japón se empapa en agua… bajo amenaza de fuego nuclear. En estos días todos hemos sido de alguna forma influidos por la noticia de la cadena de desgracias acaecidas allí; difícilmente alguien pueda resultar inmune a las horribles imágenes que han invadido todas las televisiones del planeta.

Lo real de la dantesca panorámica, similar a eventos virtuales llevados al cine en películas de ficción, gracias a la tecnología, superó en catástrofe al diseño humano. Ante los ojos de miles de millones de espectadores en el planeta, grandes rascacielos abanicaron el aire como si fueran de papel.

Luego del sismo, el mar empezó a engullir la costa. Coches, contenedores, casas, trenes, barcos y aviones, compartían un mismo territorio; en cuestión de minutos fueron convertidos todos en vehículos marinos: máquinas sin autonomía, cuya resistencia mecánica era violada por la poderosa fuerza destructora que los destrozaba como juguetes.

Y esa película de la naturaleza se pudo ver repetida dos veces: cuando la furia del mar decidió entrar a tierra firme, y cuando con igual violencia, bajo la succión de los abismos, regresó a su frontera instituida por Dios, restituyendo los límites impuestos por el Todopoderoso.

Lo peor es que el final de la agonía nipona aun está lejos; en los momentos en que redacto estas líneas, se contabilizan los desaparecidos para saber hasta cuánto puede ascender el número de muertos, y mientras millones de personas sufren de una manera u otra las secuelas de la desgracia, se confirma que debido a estos sucesos, varios reactores nucleares amenazan convertir a Fukishima en un tortuoso remake de Hiroshima.

Los cronistas televisivos se refieren a las imágenes de la hecatombe japonesa como ‘apocalípticas’. La destrucción se cebó en el archipiélago nipón con saña múltiple: inundaciones, ruinas de puentes, de ciudades enteras, incendios… y explosiones en una central nuclear.

El resto del mundo solo puede imaginar qué sucede allí desde lejos, frente a la TV, mientras se lleva a la boca un sabroso muslo de pollo, en la calma del hogar, junto a la familia. O disfrutando de su luna de miel en la habitación de un hotel, con el mando en zapping, para pasar del dolor asiático a la retransmisión de los carnavales del Brasil, con mujeres, hombres [y entidades físicas del tercer sexo virtual], mostrando el 99% del cuerpo, y mal ocultando su uno residual, en receta antiestrés que el enemigo de Dios facilita a cada humano que se le abra.

Pero, junto a carnavales, bodas, orgías y placeres sensuales de todo tipo y color, lo de Japón ocurre. Expone cuán vulnerables somos, pese al alto nivel tecnológico logrado. Muestra a nuestros ojos una imagen similar a la que podríamos ver todos, si el Creador decidiera que este es el tiempo de cumplir sus advertencias a la humanidad, habiendo dado a hombres y mujeres oportunidad múltiple para la reflexión personal, la contrición, y el reconocimiento de Jesús de Nazaret como la única vía para obtener su perdón y una vida eterna espiritual en SU paz.

Así, lo racional no es adoptar posturas tipo ‘eso no va conmigo’, sino mirar bien, interiorizar esos hechos con el espíritu que Dios ha puesto dentro de cada persona, e intentar verse a sí mismos en la situación por la que está pasando esa parte de la civilización que decidió confiar en la presencia del buda virtual, antes que el Cristo real… un comentario al margen; no hago ninguna alusión. O quizás sí; perdón si con ello ofendo a alguien.

Es útil reflexionar, no solo sobre la angustia presente y futura de quienes sobrevivan luego de perderlo todo, sino también sobre el futuro de cada difunto, pues la muerte solo es un tránsito. Su dolor acabó con su agonía, solo si vivieron su vida según los preceptos de Jesús, entregándose a Él antes de que llegara ese momento, pues el fin de la vida no es más que la entrada a un pasillo que conduce al tribunal de Cristo.

La muerte es una puerta que se abre a otros dos sitios: al reino eterno y perfecto, bajo el gobierno de Jesús… o al averno, feudo de confinación de los adeptos al enemigo de Dios, los seguidores del antiCristo.

Cuando Jesús habló sobre el fin del mundo, y la gente le preguntó por si habrían posibles señales, el Señor dijo, en Mat 24:6-12:

“…Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad, no os turbéis, pues es necesario que todo eso acontezca; pero aún no es el fin. Pues se alzará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores.
Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, ese será salvo
.”

Jesús también dijo que Él era el Alfa y la Omega: primera y última letras del alfabeto griego. Mediante esa parábola instruyó sobre su acción desde los mismos inicios de la Creación del mundo. La omega es la letra que representa el veredicto apocalíptico contra la humanidad; descartar esa última advertencia suya sería cualquier cosa menos inteligente.

En energía nuclear también se usan letras griegas para designar  radiación energética: alfa, beta, gamma. En centros nucleares, cada departamento de protección radiológica se ocupa de las señales que dan estas energías; para cada una existe un sistema de detección y conteo diferente. En los 70 yo trabajé en el control radiológico de un centro así; además de los radiómetros existentes en cada laboratorio, toda persona con acceso a zonas calientes portaba un dosímetro fílmico y otro electrónico. Al final de cada día, antes de fichar la salida, debían dejarse en casillas personales, habilitadas para la medición de dosis individual, garantizando la no contaminación o la descontaminación, según resultados.

Hagamos igual: midamos el grado de contaminación moral del dosímetro de alta eficacia que Dios ha puesto en el corazón de cada uno; tan invisible como indeleble, tan inmaterial como seguro. Hagámoslo mientras estemos a tiempo, antes que la radiación omega entre. Por favor, nadie insista en su indolencia; se juega qué puerta se le abrirá en su instante inexorable de caída vital,  cuando se corra el video de su vida ante Cristo, el juez que viene.

El que persevere hasta el fin… ese será salvo.”, advirtió antes de ponerse la toga. Y tú que lees, lo aceptes o no, también estás incluido. Dios te bendiga con el discernimiento que lleva a Su salvación.

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SEMANA SANTA Y EXPECTATIVAS DEL SEÑOR

marzo 19, 2008

¿A DÓNDE IRÁS EN ESTAS FIESTAS?

Hemos llegado a Semana Santa; lo que para muchos representa ocasión de aventura, visita a París, o mucho dinero debido a turistas visitantes, en realidad es una evocación de algo sucedido hace 1975 años atrás, el preámbulo de un hecho que aun hoy rompe todos los esquemas de la mente humana: la crucifixión de Jesús de Nazaret. Lo que para una buena parte de la humanidad constituye un sin sentido, resulta una promesa de opción a vida eterna para todos aquellos que le reconocen como Hijo de Dios.

Jesús predicó siempre la paz, y esta es unión; sin embargo, pese a todos sus esfuerzos y recomendaciones constantes, su iglesia ha sido dividida por los hombres: católica, (las que comulgan con roma y las que no, que son muchas más de lo que se piensa), la ortodoxa, (ídem), y la protestante, que también está representada por cerca de cien tipos. “Divide et vinces“, el “divide y vencerás” del emperador romano Julio César, es aplicable a este caso: el cristianismo se fracciona y el demonio abre una botella de champán, se apoltrona en su mejor butaca y pone su música satánica favorita, disfrutando su éxito.

Ya Pablo comentaba en sus epístolas, sobre el riesgo de las interpretaciones personales de la Biblia y de las inclinaciones hacia determinados guías espirituales de su época, siempre centrado en presentar a Jesús como tronco de la iglesia, y a los cristianos como su ramaje. No obstante, a día de hoy, se perciben grandes diferencias de concepto, pese a que una de las últimas manifestaciones de Cristo advierten del peligro en Ap 22:12:

‘Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.’

¿Necesitamos que el Señor sea más específico? ¿Por qué usó los términos ‘alfa y omega’? ¿En qué parte se relacionan la primera y última letras del alfabeto griego con el Salvador, si no en su Biblia? Resulta evidente que nos instruye sobre nuestro comportamiento hasta su llegada: seguir fielmente sus instrucciones, que Él tuvo mucho cuidado que quedaran escritas, confirmando una vez más que todo lo escrito en el libro de Dios, queda consagrado como verdad; es decir, que la sangre del Mesías representa el cuño que certifica la autenticidad de cada palabra bíblica.

¿Por qué el hombre se mete en diatribas filosóficas, incorporando deducciones que no fueron escritas por Dios? ¿Es que acaso este pecó de insuficiencia de argumentos? ¡Cuánta osadía hay en el corazón humano! Gracias a ello, surgieron las cruzadas antes, y el odio entre católicos y protestantes llenaron de muerte las calles del Ulster, más tarde. Pese a que la enseñanza recibida del Señor siempre fue la paz: antípoda de la violencia.

¿Por qué propugnar, por ejemplo, a un Cristo aliado a empresarios, cuando en realidad, constantemente se nos enseña lo contrario en la Palabra de Dios? En Santiago 2:5 se nos dice que Dios ha escogido a los pobres de este mundo para hacerlos ricos en fe y que reciban como herencia el reino prometido a quienes le aman. ¿Qué con esto, que Jesús odia a los empresarios? ¡Claro que no! La enseñanza está en que lo importante para el Señor es el Espíritu. ¿Qué clase de empresario fue Pablo? Si tuvo alguna empresa, fue de propaganda, sin cobrar por ello, difundiendo desde las cárceles romanas sus prodigiosas cartas evangelizadoras, pues cuando no estaba preso por causa de Cristo, le andaban buscando, para arrestarle. ¿Y Esteban? ¿Y el recaudador de impuestos?

¿Qué tipo de empresarios fueron aquellos que el propio Señor les indicó que salieran a proclamar su mensaje, solo con lo puesto? En la casa de Dios no se acuñan monedas; la instrucción y la evidencia bíblica, enseñan que el dinero es poder, y ambos corrompen al Espíritu que mora en cada hombre: el primer Renault 7 ya no gusta, aunque funcione bien; pasamos por el concesionario y nos encandila el ostentoso Mercedes plateado que se exhibe. Nuestra mente deja de estar donde debe y comienza a resbalar hacia donde no debe.

Lo material es enemigo de lo espiritual; la bonanza económica de un cristiano, es gracia de Dios, concedida para una etapa efímera, pues según la propia Biblia, ‘el rico es como la flor de la hierba, que no permanece.’ Y así hay que verlo. “A quien Dios se lo dio, San Pedro se lo bendiga“, reza un refranero popular, con más verdad que vicio.

Una evidencia de la corrupción derivada del dinero, la vemos en la propia materialización del Espíritu. Los cristianos abrazados a la fe católica salen en sus procesiones, con una imagen de madera que representa a un Cristo crucificado. El concejal de urbanismo, de Palma, Islas Baleares, cofrade asiduo en estas procesiones, sobre cuyo hombro ha estado varias veces el representativo Cristo de madera, parece que estimó que una buena forma de dignificarse ante Jesús, era pagar con la tarjeta de crédito del Ayuntamiento, todas las consumiciones realizadas en un club de alterne gay, carnes incluidas. ¿Agrada esto al Señor y responde a sus expectativas con los cristianos?

Y no es que esté involucrando en este hecho a todos los hermanos en la fe que salen tras las representaciones de la Virgen y del Cautivo; sino que intento evidenciar que tenemos una idea distorsionada sobre lo que nuestro señor Jesucristo espera de nosotros. Llegan estas fechas tan especiales y, en lugar de recordar lo que verdaderamente se debe: las promesas de vida eterna y la instrucción de llevar una vida ordenada, según las leyes que nos dejó, lo que se hace es acudir a comilonas, bebidas inclusive, viajes turísticos, etc.

No le reverenciamos con el acto de contrición debido, en recuerdo a su agónico sufrimiento, desde Getsemaní, hasta su muerte en la Cruz, sino con una parafernalia de artículos conmemorativos, vendidos y comprados en unas ‘fiestas‘ concebidas para ganar dinero. Los hosteleros no meditan en el Cristo agonizante, sino en las expectativas de un lleno completo en sus negocios; mientras una mayoría del resto de las personas, en lugar de recogerse, sacan cuentas sobre cuánto dinero tienen para montárselo bien en estos días: Paganismo puro y duro. ¿Es qué acaso hacemos fiesta en el aniversario de muerte de un familiar; el padre, por ejemplo?

Luego nos sentimos ofendidos si los creyentes musulmanes (no hablo del extremismo islámico) nos consideran impuros. ¿Dónde ha quedado la exhortación constante a la pureza por parte de Jesús?  En Pedro 1:16  puede leerse las recomendaciones del Señor:

“Sed santos, como yo soy santo”

Estos días deben ser aprovechados para reflexionar sobre nuestro comportamiento ante la vida. Debemos estar más dispuestos a escuchar a los demás, siendo lentos ante la réplica soberbia y la ira, pues el hombre enojado no hace lo agradable a Dios. No debemos discriminar a unas personas de otras; ya sea por su dinero o raza, pues la ley reza: ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo‘, y a nadie le complace recibir trato de inferioridad por parte de otros. Hay que ser compasivos, sabiendo que si no lo somos, sin compasión seremos juzgados Tenemos, en fin, que despojarnos de toda maldad y aceptar el mensaje de Cristo con humildad, porque tiene poder para salvarnos.

Debemos reflexionar en las consecuencias derivadas de la aceptación Papal de la teoría evolutiva; una tesis que borra de un plumazo desde el capítulo 1 del Génesis, hasta el 11; lo que Dios ordenó a Moisés que escribiera, como sentencia firme, sin ambages ni más puntualizaciones: una Creación de 6 días de 24 horas, no de miles de millones de años, con la participación directa del Espíritu de Cristo, con Adán y Eva incluidos, por supuesto. Pablo nos advirtió ya sobre la ‘mal llamada ciencia‘.

Gracias a esa flexión de rodillas Papal ante la diosa ‘evolución’, hoy se enseña, incluso en las escuelas católicas, que no fuimos hechos por Dios a su imagen y semejanza, que no hay más futuro para el hombre que convertirse en otro tipo de ser (que nadie sabe como será)… y que al no haber juicio para vida eterna, pues esta no existe, no tenemos que dar cuenta a nadie de nuestros actos.

Por otra parte, si decimos que tenemos fe, debemos ser coherentes ante el Señor, corroborándola con nuestra actitud, evitando que alguien pueda criticar nuestra fe sin hechos, mientras da pruebas de su propia fe, a través de sus obras, incluso siendo ateo.

Renglón aparte merece nuestra lengua: quien no comete errores en lo que dice, está cerca de Dios. Así como la brida en la boca del caballo permite su obediencia, debemos poner freno espiritual en nuestra boca, para no arder en el fuego que puede provocar. Hay un proverbio chino que expresa: ‘Eres dueño de lo que callas, y esclavo de lo que hablas‘.

Si nos consideramos sabios, debemos demostrar la sabiduría con buena conducta. Si dejamos que la envidia nos invada el corazón, actuaremos por rivalidad, faltaremos a la verdad y nos desprenderemos ante Dios de todo lo que pueda enorgullecernos. Donde hay envidias y discordias resultantes, impera la maldad y el desorden: enemigos del Padre de todos. Los que se abrazan a la sabiduría procedente de Dios, intentan ser puros, pacíficos, bondadosos y dóciles. También compasivos, imparciales y sinceros: hacedores de bien y paz; ya se sabe que quienes procuran paz, siembran en paz, para recoger como fruto la justicia final.

Los malos deseos acunan en el corazón del humano; generan sus guerras y todo tipo de desavenencias. Se ansía lo que no se posee y se llega a matar por conseguirlo. No se logra lo que se quiere porque lo que queremos no está en correspondencia con lo que nuestro Padre desea para nosotros. ¿No desean los padres lo mejor para sus hijos? Pues funciona igual; si pedimos, lo hacemos mal, pues nos mueve nuestro materialismo y sensualidad: enemigos del Creador, que ama con celo nuestro espíritu  interior.

Dios se opone al orgulloso y es generoso con el humilde. Sometámonos a Él y resistamos las tentaciones de su oponente; así este huirá de nosotros. Acerquémonos al Señor y Él se acercará; limpiemos nuestros cuerpos de faltas, así como nuestra mente y corazón de malos pensamientos, pues no se puede amar a Dios y al mundo al mismo tiempo. ¡Humillémonos para que seamos enaltecidos por el gran Enaltecedor!

No hablemos mal unos de otros, pues estaremos juzgando y, con ese mismo rigor, se nos tratará en nuestro inexorable juicio personal. Olvidemos el orgullo y subordinemos nuestros planes a la voluntad del Eterno, pues somos neblina fugaz, que aparece y desaparece sin dejar rastro. Si Dios quiere, viviremos y podremos hacer lo que le pidamos, si está en resonancia con su voluntad; y si no hacemos el bien, pudiendo hacerlo, estaremos en falta ante los ojos del Supremo, con toda seguridad.

Seamos capaces de darle a la Semana Santa el verdadero valor espiritual que reclama; que sean días para hacer un alto, reajustar nuestras brújulas y reemprender nuestros pasos con un mayor sentido de orientación. No es tan difícil, solo debemos preguntarnos en cada acción nuestra: ¿Actuaría así nuestro Señor Jesucristo? Él está pendiente de nosotros; tiene sus expectativas puestas en cada uno, pues cada uno responde a un plan.

No debemos finalizar sin exponer que la muerte gloriosa del Señor, sin ‘cuidados paliativos‘, fue también una señal contra la eutanasia. Al morir con honra en la cruz, instruyó sobre el modo en el que los cristianos deben enfrentarse a su último aliento: el Crucificado le plantó cara, lleno de fe; la aceptó con amor, confiado en que iba hacia los brazos del Padre. ¿Fue o no un tránsito digno? Estando cerca de Dios, la muerte no asusta; la fe nos fortalecerá en la hora de la prueba.

Seamos etimológicos: no estamos de fiestas, sino en la semana de Jesús, quien sufrió muerte en la Cruz para lograr un pacto de vida eterna ante Dios, en beneficio de la humanidad. Una opción de eternidad bajo su gobierno, en el Sión definitivo, que debemos aprovechar. Intentemos ser mejores personas y rompámonos en este aniversario ante Él, para que lleve nuestras deudas a cero y nos comprometamos a dar lo que se espera de nosotros, según enseña Tito 2:14:

“Él se entregó a la muerte por nosotros, para salvarnos de toda maldad y limpiarnos totalmente, para que seamos suyos, deseosos de hacer el bien”

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