EVOLUCIÓN, MITOCONDRIAS, FÓSILES Y MOMIAS.

septiembre 19, 2008

El incremento de conocimiento sobre el ADN ha traído de la mano la convicción de que cada vez más, el mundo está cayendo en una vorágine de males derivados de mutaciones genéticas. De ahí que una gran parte de los esfuerzos de la medicina estén actualmente dirigidas en esa dirección… y que gracias a eso, cada día aparezcan en los laboratorios científicos nuevos medicamentos y técnicas paliativas ante tanto dolor, atrofia, pérdida de calidad de vida, y en más casos de los que se desea, la propia muerte.

Una de las líneas de la investigación mutacional se dirige hacia la mitocondria, complejo orgánulo que actúa como verdadera central energética en levaduras, plantas, y animales. Exclusiva de células eucariontes, pese a aparecer inscritas en la hebra de su genoma, datos que la relacionan con el ADN celular, se dice en las aulas que ‘floreció’ por casualidad, gracias a un ‘ente turista’ que no contento donde estaba, salió a buscar residencia.

Pero lo cierto es que sus funciones metabólicas son fundamentales para la vida celular; ningún eucariota puede subsistir sin ella, puesto que sujeta el ‘programa vital’ que instaura muchos de sus eventos. Y no es producto de ningún ser endosimbionte, el ADN nuclear lleva inscrita muchas instrucciones que les relacionan: proteína por proteína, no ‘bicho a bicho’. Ningún experimento científico, en ningún momento de las Ciencias ni en ningún punto del planeta, ha podido ver que una instrucción surja por sí misma, y menos que se inscriba por sí misma. Y si algo nos ha enseñado el estudio del genoma, es que primero está la instrucción, y luego la vida; las evidencias las veremos más abajo.

Algunas de las funciones mitocondriales, esenciales para el organismo, son: la oxidación de piruvato procedente de la glucólisis, oxidación de ácidos grasos, ciclo de los ácidos tricarboxílicos, formación de cuerpos cetónicos en los órganos cetogénicos y su utilización en los no cetogénicos, transporte de electrones, fosforilación oxidativa, etc. Cada una de estas actividades respondiendo fielmente a un programa escrito en el genoma, no a un endosimbionte incapaz de ejecutar por sí mismo, sin instrucción de ningún tipo, lo que pocos hombres en el mundo son capaces ni siquiera de entender, luego de quemar pestañas durante años de estudios, en bibliotecas llenas de información científica.

Muchos piensan que el ADN, ‘la gran instrucción’ para crear, desarrollar y mantener la vida embrionaria en todas las especies eucariotas, solo aparece en el núcleo de la célula. Pero hay más que eso; el ADN está organizado en forma de cromosomas, y una célula somática típica, tiene en su núcleo 46 cromosomas. A este número se le llama diploide; o sea, somos diploides porque tenemos 23 tipos de cromosomas… dobles. Nacemos de padre y madre, y cada uno aportó un cromosoma de cada clase. Nuestra madre nos dio 23 cromosomas: uno del 1, uno del 2, uno del 3… y lo mismo ha sucedido con nuestro padre.

Sin embargo, a veces se olvida un cromosoma 47 con el que también hay que contar en el genoma humano, pues posee otra información inscrita y codificada, instruyendo con datos específicos, sobre operaciones metabólicas vitales para la vida: el pequeño cromosoma mitocondrial… interrelacionado con los otros 46 residentes en el núcleo.

¿Y cómo es la mitocondria, el orgánulo que lo contiene, desde el punto de vista genético? Ante todo, digamos que ‘bajo programa inscrito en el ADN nuclear’, se elaboran cientos de miles de proteínas que intervendrán en las funciones metabólicas de todo ser vivo… y que 13 de ellas son procesadas según el propio ADN mitocondrial, por genes que ‘instruyen’ la elaboración de proteínas porteadoras.

Y atención de nuevo: hay varios cientos de proteínas mitocondriales. Así que además de las 13 aludidas, necesita otras… cuyas instrucciones de elaboración están inscritas y codificadas en el genoma nuclear, y son sintetizadas en el citosol. Otra evidencia que descarta un endosimbionte, que, si cayó en paracaídas, los datos ‘inscritos’ en su ADN no tenían por qué ser ‘interactuantes’ con el ADN del núcleo de la célula.

Hay que decir también, que la mutación puntual (cambio de una base nitrogenada por otra) causa más de 50 patologías distintas, entre ellas:

MELAS: (miopatía mitocondrial con encefalopatía, acidosis láctica y episodios similares al ictus). Se debe a una disfunción el complejo I de la cadena respiratoria mitocondrial [OXPHOS], debida a un cambio de bases en el par 3243 de la cadena pesada.

MERRF: (epilepsia mioclónica, fibras rojas deshilachadas): se debe sobre todo a una mutación del gen que codifica el ARNt de la lisina: un cambio de bases en la posición 8344 de la cadena pesada; produce una disfunción del complejo V de la cadena respiratoria.

NARP (neuropatía, ataxia, retinitis pigmentaria): La provoca una mutación del gen que codifica el complejo V de la cadena respiratoria (ATP-asa 6).

LHON (neuropatía hereditaria de Leber): Causada por múltiples mutaciones en los genes que codifican el complejo I (NADH-deshidrogenasa)

A estas ‘puntuales’, habría que añadir gran número de males causados por mutaciones de genes mitocondriales (sordera, síndrome de Ham, etc).

Los investigadores que se esfuerzan en mejorar la calidad de vida de los afectados por mutaciones mitocondriales que producen dolencias de todos los niveles, han logrado establecer cómo se comportan estas mutaciones y las enfermedades que generan en cada una de estas anomalías genéticas. Años atrás, la mitocondria humana no tenía mayor interés para los investigadores de citología, bioquímica y bioenergética. Hoy, sin embargo, está en primer plano de las ciencias biomédicas, y esto se debe, fundamentalmente, a:

– La detección de un revelador conjunto de males genéticos; casi un centenar debidos a mutaciones precisas que provocan sustitución de unas bases nitrogenadas por otras, alterando las proteínas que debían ser sintetizadas. A ello hay que añadir los varios cientos de mutaciones no puntuales, [delecciones, inserciones de fragmentos de ADN…]

– El descubrimiento del ADN mitocondrial como un marcador de gran fiabilidad en antropología molecular; muy útil para los médicos forenses, por su valor como contraste en la identificación de personas o el esclarecimiento de relaciones de parentesco.

– Aumento de los conocimientos sobre la actividad de la mitocondria en el metabolismo celular, y clarificación definitiva de la bioenergética de la mitocondria, en relación con el transporte de electrones, fosforilación oxidativa y la comunión de ambos procesos.

– El hallazgo de su implicación en distintos tipos de cáncer y males neurodegenerativos. Su aportación activa en la apoptosis o suicidio celular, ha despertado un interés exponencial en oncología, pues en condiciones normales, impide la evolución de tumores.

En el siguiente dibujo se ve el mapa genético del ADNmit humano, una molécula circular con 16569 pares de bases, información para 37 genes: dos ácidos ribonucleicos ribosómicos (ARNr), componentes de los ribosomas específicos mitocondriales, 22 de transferencia (ARNt), capaces de leer todo el código genético, y 13 polipéptidos que forman parte de cuatro de los cinco complejos multienzimáticos del sistema de fosforilación oxidativa (sistema OXPHOS). Imaginen esa obra de la ingeniería bioquímica, organizada por un simbionte despistado: una burla al raciocinio; no importan los años que quieran endosarle.

ADN MITOCONDRIAL

ADN MITOCONDRIAL

Pero, y ahora viene lo más importante: el resto de los polipéptidos componentes de estos complejos, así como el complejo II completo, ¡están codificados en el ADN nuclear!

De modo que la variación en las manifestaciones clínicas puede explicarse no solo por la heterogeneidad en las mutaciones del ADNmt, sino también por mutaciones en el ADN nuclear, poseedor de las instrucciones codificadas que regulan la elaboración de gran parte de las subunidades proteicas de la cadena respiratoria establecida en el sistema OXPHOS: la misma que regula la energía de la mitocondria.

O sea, la biogénesis de este sistema constituye un caso único en la célula, ya que para su formación se requiere la expresión coordinada ‘mediante inscripción codificada’, de ambos sistemas genéticos: el nuclear y el mitocondrial ¡Otra evidencia que niega el proceso ‘de endosimbionte a mitocondria’!

Si se ha descubierto una clara interacción de los genomas mitocondrial y nuclear, si ambos genomas tienen las instrucciones codificadas para producir polipéptidos de la OXPHOS; si los dos ADN tienen esas instrucciones INSCRITAS en su genoma: ¿Cómo logró una bacteria endosimbionte, inscribir y codificar en su ADN, datos que no posee el procariota?

Y hay varios ejemplos de esto, reflejados en dolencias. Existe una enfermedad autosómica que implica al menos un gen del ‘más allá’ nuclear, regulando la cuantía de moléculas de ADNmt: el ‘Síndrome de Reducción de ADNmt’, caracterizado por una reducción del número de copias de ADNmt en varios tejidos. El fenotipo clínico incluye miopatía y otras características típicas de las enfermedades del ADNmt… pero debidas a mutaciones en un gen del ADN nuclear.

Por otra parte, la mitocondria integra muchas señales que inician la apoptosis. Y se sabe que la apoptosis es un verdadero sistema de alerta y control, que determina ‘en qué momento’ debe producirse el suicidio celular. Un proceso en el que se también se ven implicadas proteínas diseñadas en el ADN nuclear, actuando como reguladores e interruptores genéticos… procesos que usan varios polipéptidos del OXPHOS regulador de la actividad energética mitocondrial. ¡Un servosistema biológico, innegable!

Se evidencia de nuevo la interacción programada, no ‘simbiótica’, entre mitocondria y núcleo; así como la obvia necesidad de la existencia de ambos según el programa que aparece inscrito en los dos genomas, y que les hace imprescindiblemente interactivos. No se ve azar por ninguna parte, sino una instrucción muy bien diseñada, en base a un programa armónico, perfectamente secuenciado, segundo a segundo, que aparece inscrito y codificado en cada molécula correspondiente.

Los valedores de la Creación no vamos contra la Ciencia. De hecho, estamos seguros que el Señor está orgulloso de cada investigador científico preocupado por su aporte a la sociedad, apoyándole en sus logros. Con su dedicación y sacrificios responden a sus instrucciones sobre la entrega al servicio de los demás; la Biblia los incluye:

Así también la fe por sí sola, si no tiene obras, está muerta. Sin embargo, alguien dirá: ‘Tú tienes fe, y yo tengo obras.’ Pues bien, muéstrame tu fe sin las obras, y yo te mostraré la fe por mis obras.” [Santiago 2:17]

El pasaje incluye a aquellos que se confiesan agnósticos, pero pasan de buscar evidencias antiDios, y prefieren dar solución a graves problemas producidos por enfermedades. Es seguro que están más cerca del Señor que aquellos que se declaran creyentes, pero apoyan la descendencia de antropoides, negando la misma Palabra del Génesis de Dios… y convirtiendo al propio Creador en homínido:

Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza“.

Resulta innegablemente positivo el hecho del aporte científico a la humanidad, basado en investigaciones sobre ADN mitocondrial, buscando soluciones paliativas al dolor, atrofias, malformaciones y muerte, que causan sus mutaciones. Contrasta en exceso con el otro uso que no he querido mencionar hasta ahora: el denigrante empleo del ADN mitocondrial, para descubrir una virtual fósil Eva de 150000 años, momificada y paciente en el tiempo, esperando casi 100000 años por el fértil espermatozoide de su Adán… que dudo mucho que ‘emergiera’, ante el desagradable encontronazo del primer hombre, con tal esperpento impuesto por los estudios evolutivos.

Tal Eva solo fue otro pretexto del buldózer evolutivo que intenta extirpar a Dios del espíritu humano. Es decir: ningún cientificismo; solo ateísmo fanático, puro y duro… vestido con la bata blanca de los laboratorios, e intentando disfrazar de científico un disparate que va frontalmente opuesto con la necesidad de macho y hembra coincidentes en tiempo. Un dislate que niega el dictado de los cromosomas, bien establecido por la propia Ciencia.


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EVOLUCIÓN VS. EVOLUCIÓN (II)

agosto 12, 2008

Como continuación del anterior, en este artículo se podrá apreciar las profundas incongruencias que se aceptan dentro del mismo seno evolucionista. Veremos como Patterson sitúa con agudeza cada una de las irregularidades que él pudo ver durante sus muchos años entregados a la causa de Darwin. La cinta de audio original que dio lugar a esta transcripción la grabó Wayne Frair, profesor de Biología en The King’s College, Briarcliff Manor, New York. Estuvo sentado en la primera fila de la sala, frente al orador, y su grabadora jamás estuvo oculta.

TRANSCRIPCIÓN DE LA PONENCIA:

[— “Bien, Donn no ha mencionado el título:«Evolucionismo y Creacionismo». Y os diré que el título me lo sugirió Donn Rosen…Pero es cierto que durante los últimos dieciocho meses, más o menos, he estado dándole vueltas a ideas no evolucionistas e incluso antievolucionistas. Ahora bien, creo que en mi vida, hasta ahora, cuando me presentaba para hablar acerca de un tema, estaba confiado acerca de una cosa: ‘que sabía más del tema que nadie en la sala, porque lo había trabajado’.

Pero esta vez no es así. Estoy hablando de dos asuntos, evolucionismo y creacionismo, y creo que diré la verdad si digo que no sé nada en absoluto acerca de lo uno ni de lo otro. Ahora bien, una de las razones por las que comencé a adoptar este punto de vista antievolucionista… bueno, llamémoslo ‘no evolucionista’, fue que el año pasado, de repente me di cuenta de una cosa: Durante veinte años había creído que estaba trabajando acerca de la evolución en algún sentido; una mañana me desperté, y algo había sucedido durante la noche, y me vino repentinamente a la mente que había estado trabajando en este material durante veinte años, y que no había nada que supiese de ello.

Esta fue una fuerte sacudida, darme cuenta de que alguien puede andar engañado durante tanto tiempo. De modo que, o bien yo iba mal, o algo iba mal con la teoría evolucionista. Naturalmente, sé que yo no voy mal. De modo que durante las últimas semanas he intentado plantear una sencilla pregunta a diversas personas y grupos.

La pregunta es: ¿Me podéis decir cualquier cosa acerca de la evolución, cualquier cosa, que creáis que es cierta? He probado esta pregunta con el personal de geología en el Museo Field de Historia Natural, y la única respuesta que recibí fue el silencio. La probé con los miembros del Seminario de Morfología Evolucionista en la Universidad de Chicago, un grupo muy prestigioso de evolucionistas, y todo lo que conseguí allí fue el silencio durante mucho tiempo, y luego, al final, alguien dijo:

«Sí, yo sé una cosa. Que no se tendría que enseñar en los institutos». [risas]…

Bien, pasaré más tarde al tema de la convergencia, pero parece que el nivel de conocimiento respecto a la evolución es notablemente superficial. Sabemos que no se debería enseñar en los institutos, y quizá esto sea todo lo que sabemos acerca del tema.

Pero, como digresión, creo que conozco la solución a los problemas que ustedes tienen con el tema de la enseñanza en los institutos. Y la solución es tener una religión establecida que se enseñe en las escuelas. En Inglaterra tenemos una: la Iglesia de Inglaterra. Y los creacionistas no tienen nada qué hacer, no hay donde asirse. A los niños ya se les enseña creacionismo; no hay problema. Pero quizá aquí ya lleváis 200 años de retraso [risas] para tomar este camino.

De todos modos, no me estoy refiriendo a la controversia acerca de los institutos. Esto, creo yo, se llama el Grupo de Discusión de Sistemática, e intentaré hablar acerca de sistemática. De modo que quiero hablar sobre evolución y creacionismo en lo que son de aplicación a la sistemática. Y por cuanto se trata de un grupo de discusión, mi objetivo es solo ser lo suficientemente provocador para poner en marcha una discusión.

De modo que no estoy aquí para venderos tratados. En lugar de esto, usaré como texto para mi sermón un pasaje de este libro, la obra de Gillespie: Charles Darwin and the Problem of Creation, Chicago University Press, un libro maravilloso, en mi opinión. Lo he leído dos veces. Y quiero considerar la manera en la que estos dos puntos de vista alternativos acerca del mundo, el evolucionismo y el creacionismo, han afectado o pudieran afectar la sistemática y a los taxonomistas.

Bien, el libro de Gillespie es el intento de un historiador por explicar la cantidad de espacio que Darwin dedicó a combatir el argumento creacionista. Y Gillespie expone que lo que Darwin estaba haciendo era intentar sustituir el paradigma creacionista por un paradigma positivista, una visión del mundo en la que no hubiera ni lugar ni necesidad de causas finales. Y, naturalmente, Gillespie da por supuesto que Darwin y sus discípulos habían tenido éxito en esta tarea. Da por supuesto que una perspectiva racionalista de la naturaleza ha sustituido a otra irracional, y, naturalmente, yo mismo tenía este punto de vista, hasta hará como unos dieciocho meses.

Y luego me desperté, y comprendí que había pasado toda la vida embaucado y aceptando el evolucionismo, de algún modo, como una religión revelada. Desde mi nueva perspectiva, algunos de los comentarios de Gillespie acerca del creacionismo predarwinista me parecen notablemente idóneos, pero son idóneos, naturalmente, cuando los traspongo del período al que él se refiere, la década de 1850, a la actualidad, las décadas de 1970 y 1980.

Ahora, naturalmente, les debe parecer que estoy o bien errado o que actúo maliciosamente al sugerir que estas palabras se puedan aplicar a la teoría evolucionista. Pero espero poder mostrarles que hay algo en ello al menos por lo que se refiere a la sistemática. Gillespie dice primero que el creacionismo no puede ser una teoría directora de investigación, porque su poder explicativo es solo verbal.

Ahora bien, en la actualidad la evolución ciertamente parece ser una teoría directora de investigación. La mayoría de nosotros creemos que estamos trabajando en investigación evolutiva. Pero, ¿es acaso su poder explicativo algo más que verbal?

Aquellos de vosotros que estuvisteis en la reunión de Hennig en Ann Arbor el mes pasado podéis haber oído que tanto Ron Brady como yo, sin ningún acuerdo previo, citamos la misma declaración. La declaración era esta: «El valor explicativo de la hipótesis de la descendencia común es nulo». Y ambos atribuimos esta declaración al libro de E. S. Russell de 1916, Form and Function. Al pensar acerca de esto desde aquel entonces, me parece que el efecto de las hipótesis de descendencia común sobre la sistemática no ha sido meramente vacío; no solo una carencia de conocimiento… me parece que ha sido positivamente anticonocimiento…

Gillespie dice también que el creacionismo es una antiteoría, un vacío que tiene la función de conocimiento pero que no comunica ninguno. Y bien, ¿qué hay de la evolución? Desde luego, tiene la función de conocimiento, ¿pero ha comunicado alguno? Regresamos a la pregunta que he estado planteando: « ¿Hay algo que me podáis decir sobre la evolución?» Y la ausencia de respuesta sugiere que es cierto, que la evolución no comunica ningún conocimiento, o, que si lo comunica, todavía no lo he oído.

Y aquí estamos todos, y nuestras estanterías llenas de libros sobre evolución; hemos leído toneladas de ellos, y la mayoría de nosotros hemos escrito uno o dos. ¿Cómo puede ser que hayamos leído estos libros y que no hayamos aprendido nada gracias a ellos? ¿Y cómo he podido yo trabajar acerca de la evolución durante veinte años, y no he aprendido nada de ello? El comentario de Gillespie, «un vacío que tiene la función de conocimiento pero que no comunica ninguno», me parece muy preciso, muy idóneo.

En la sistemática hay fragmentos de conocimiento evolucionista de los que están repletos nuestras cabezas, desde declaraciones generales, como que los eucariotas evolucionaron a partir de los procariotas o que los vertebrados evolucionaron a partir de los invertebrados, hasta llegar a otras declaraciones más específicas como que el hombre evolucionó a partir de los simios. Me imagino que ahora este grupo comprenda que estas declaraciones se ajustan exactamente a la descripción de Gillespie: vacíos que tienen la función de conocimiento, pero que no comunican ninguno.

Debido a que cuando analizo todas estas afirmaciones que dicen que aquí hay un grupo, un verdadero grupo con características: eucariotas, vertebrados, Homo sapiens… lo que sea, y que en oposición al mismo hay un no-grupo: procariotas, invertebrados, simios… estas son abstracciones que no tienen características propias. No tienen existencia en la naturaleza, y por ello no pueden en modo alguno comunicar conocimiento, aunque parece que así sea cuando se oyen estas declaraciones por primera vez.

Así que, en general, estoy tratando de sugerir dos temas. El primero es que me parece que ha llegado a ser muy difícil distinguir entre el evolucionismo y el creacionismo, en particular en los últimos tiempos. Acabo de mostrar como la virulenta crítica de Gillespie contra el creacionismo me parece que es, tal como pienso, aplicable al evolucionismo; señal de que ambas cosas son muy similares.

…Vale. Bien, Gillespie habla sobre el creacionismo en la década de 1850. Dice: «… con frecuencia, los que mantenían ideas creacionistas podían alegar ignorancia acerca de los medios y afirmar solo el hecho». Esto parece resumir la sensación que tengo al hablar con los evolucionistas en la actualidad. Alegan ignorar los medios de transformación, pero afirman solamente el hecho: «Sí que ha sucedido… sabemos que ha tenido lugar». De nuevo, parece difícil de distinguir entre ambos puntos de vista.

Aquí tenemos otro par de citas de Gillespie [sobre Creación]. Dice… «…la supuesta credibilidad de la teoría era meramente el resultado de la familiaridad…». Y esta es la segunda cita: «Demasiado del contenido de la vieja ciencia era resultado de una intuición que en principio no era verificable ni directa ni indirectamente».

Ahora bien, estas dos citas, a mi entender, tienen un eco familiar. Oímos constantemente esta clase de cosas en teoría evolucionista, en estos tiempos. Pero aquí tenemos otra cita más, acerca de la cambiante visión del mundo asociada con la extensión del pensamiento evolucionista en la década de 1860:

‘Así como la ciencia cambió de un fundamento teológico a un fundamento positivo, así la religión…entre muchos científicos y laicos influidos por la ciencia, cambió de religión como conocimiento a religión como fe.

Bien, creo que muchos de los presentes reconoceréis que durante los últimos pocos años, si habéis reflexionado acerca de esto en absoluto, habéis experimentado un giro desde la evolución como conocimiento a evolución como fe. Sé que esto es cierto en mi caso, y creo que es cierto en muchos de vosotros aquí.

De modo que este es mi primer tema. Que la evolución y el creacionismo siguen mostrando unos notables paralelismos. Son más y más difíciles de distinguir. Y el segundo tema es que la evolución no solo no comunica ningún conocimiento, sino que de alguna manera parece comunicar anticonocimiento, un conocimiento aparente que es en realidad perjudicial para la sistemática.

Quiero ilustrar esto con un par de parábolas. Ahora bien, estas dos parábolas se refieren a un diagrama que espero os será inmediatamente familiar. Aquí es lo que parece [dibuja en la pizarra]. ¿Lo reconocéis? Es un diagrama que Ernst Mayr ha empleado en sus repetidas explicaciones del verdadero método en sistemática evolutiva.

Mi primera versión del diagrama, la primera parábola, se parece a esto. Es la versión publicada en Science la semana pasada; las marcas en las líneas son autapomorfías de A, B y C, excepto por esta, que es una sinapomorfia de B y C. En el artículo de Mayr en Science de la semana pasada, C es el hombre, B es el chimpancé, nuestro grupo hermano según Mayr, y A no se designa, pero supondré que es el gorila. Creo que no cometo una injusticia contra él al suponerlo. Ahora bien, esto es lo que dice Mayr:

‘La principal diferencia entre los cladistas y los taxónomos evolutivos… reside en el tratamiento de los caracteres autapomorfos. En lugar de asignar automáticamente a grupos hermanos el mismo rango, el taxónomo evolutivo los clasifica considerando el peso relativo de sus autapomorfías…’

Y luego se refiere a este diagrama. Y continúa:

… una de las autapomorfías notables en el hombre [en comparación con su grupo hermano, el chimpancé], es la posesión del centro de Broca en el cerebro, un carácter que está estrechamente correlacionado con la capacidad de habla del hombre. Este solo carácter tiene para la mayoría de los taxónomos mucho más peso que diversas sinapomorfías entre hombres y simios. La particular importancia de las autapomorfías es que reflejan la ocupación de nuevos nichos y de nuevas zonas adaptivas que pueden tener más significación biológica que las sinapomorfías.

…Aquí termina la cita.

Bien, hay varias cosas que se podrían decir acerca de esta declaración, pero no todas ellas serían corteses, así que me limitaré a señalar que tanto la declaración como el diagrama tienen la intención de implicar un conocimiento de evolución…

Cuando leí por primera vez este pasaje en Science me recordó inmediatamente un episodio en la historia de la evolución que muchos podréis recordar, algo que se llegó a conocer como «La Gran Cuestión del Hipocampo», registrada en la novela ficción para niños, de Charles Kingsley: The Water Babies [Los niños del agua]. Algo que en realidad, creó una controversia que se mantuvo entre 1861 y 1862 entre Richard Owen y T. H. Huxley.

Richard Owen era creacionista y T. H. Huxley era evolucionista. Owen, el creacionista, insistía en que el hombre era bien distinto de los simios, y que no podía estar relacionado con ellos por descendencia ni por ninguna otra vinculación física porque el cerebro del hombre contenía un cierto centro, el hipocampo, del que carecían los simios. Y T. H. Huxley insistía en que el hombre estaba relacionado con los simios porque el cerebro de los simios, según el decía, contenía un centro homólogo al hipocampo.

Y aquí estamos 120 años después, y tenemos a Ernst Mayr, el evolucionista, que insiste en que el hombre es bien distinto de los simios porque el cerebro humano contiene un cierto centro, el centro de Broca, que está ausente en los simios. Mayr incluso procede a citar a Julian Huxley, nieto de T. H. Huxley, y con alguna aprobación, y su reino Psicozoa —si recuerdan esto. Todo comienza a sonar muy familiar, ¿no?

Pero observemos cómo se han invertido los papeles. El papel de Owen, el creacionista, el hipocampo, es ahora recogido por Mayr, el evolucionista, el centro de Broca. Y el papel de T. H. Huxley, el evolucionista, es ahora recogido por los cladistas, que la mayoría de la gente ahora cita como antievolucionistas; muchos lo hacen.

Bev Halstead, que estoy seguro que no necesita que se le presente aquí, ha publicado un artículo titulado «In Bed with the Creationists» [En la cama con los creacionistas], en el que me llama «devoto discípulo de Sir Richard Owen». Pues que así sea. La rueda ha dado toda la vuelta. El evolucionista está ahora defendiendo precisamente la posición del creacionista hace 120 años: el centro de Broca es igual al hipocampo.

Ahora bien, esta parábola refuerza el argumento que he estado presentando antes, que es difícil distinguir en la actualidad entre evolucionistas y creacionistas. Y quiero usarla para exponer otro argumento acerca de que la evolución es una antiteoría que comunica anticonocimiento, y es dañina para la sistemática.

Contemplemos qué es lo que Mayr recomienda: ‘que se mantenga al hombre en un taxón de rango superior, distinto de los simios’. Y contemplemos qué es lo que le impulsa a esta recomendación. Es su aparente conocimiento de la evolución, el hecho de que el hombre ha evolucionado a una velocidad excepcional, que ha invadido una nueva zona adaptiva, etcétera, etcétera. Y estos hechos evolutivos justifican un taxón de rango más elevado. Y luego contemplemos la consecuencia de su recomendación: el hombre es trasladado a un taxón de alto rango, y los simios quedan como un grupo parafilético, un grupo sin caracteres, y por ello sin individualidad ni realidad, y por ello una abstracción que queda más allá de la crítica.

Y entonces, ¿qué puede uno decir? Que el hombre evolucionó de los simios. Me parece que aquí tenemos otra declaración que tiene la apariencia de conocimiento, pero que de hecho no contiene ninguno, que se trata de una pieza de anticonocimiento derivada de la teoría evolucionista. Pero en lugar de comentar más acerca de esto, citaré lo que T. H. Huxley [evolucionista] dijo de Owen [creacionista] en 1861, referido de nuevo a la cuestión del hipocampo. Huxley escribió a Hooker, el 27 de abril de 1861.

«No creo que en toda la historia de la ciencia tengamos el caso de ningún hombre de reputación que se ponga en una posición tan despreciable.»

Bien, ahora pasaré a la segunda parábola, de nuevo en este mismo diagrama; pero querría que penséis acerca de la forma en que Ernst Mayr lo usó ya antes en su libro de 1969, y en su artículo de 1974 sobre sistemática. En aquel entonces se parecía a esto [dibuja en la pizarra], y había algunas cifras aquí: 15%, 10%… no puedo recordar la otra…70%. Así es como Mayr trataba de introducir alguna precisión en la sistemática evolutiva…

… En el primer ejemplo, los cocodrilos y las aves y los reptiles, predice que la proporción de genotipo que comparten C, el cocodrilo, y B, la víbora, será mayor que la proporción que comparten C, el cocodrilo, y D, el ave. De modo que predice que en términos de genotipo compartido, BC será mayor que CD, ¿Vale? Ahora observemos que Mayr está demostrando el poder explicativo aquí de una hipótesis de descendencia común, algo que yo he sugerido que tenía un poder explicativo nulo.

También está manifestando un conocimiento de evolución. Correcto. Aquí tenemos una teoría que hace una predicción. Podemos someterla a ensayo. El mes pasado en Ann Arbor, un estudiante de Morris Goodman me dio las secuencias aminoácidas para la alfa y la beta-hemoglobina de tres cocodrilianos: un caimán, el cocodrilo del Nilo y el aligator del Mississippi. Ya conocíamos las secuencias del alfa- y la beta-hemoglobina de dos aves —una gallina y una oca— pero el problema es encontrar otros reptiles. Hasta donde yo sé, la única otra secuencia disponible, es la alfa-hemoglobina de una serpiente: la víbora.

Bien, el alfa-hemoglobina es una cadena de 143 aminoácidos [dibuja en la pizarra]. Esto es tres veces esto. La he escrito: 429 nucleótidos. Es una muestra muy pequeña del genotipo, pero al menos vale la pena probarla. Y se predice, por los aminoácidos comunes a B, víbora, C cocodrilo, y D gallina, que BC será mayor que CD.

Y aquí tenemos las proporciones que encontramos. BC: víbora-cocodrilo da 8 de 143: el mismo aminoácido en 8 de las 143 posiciones, un 5,6%. En la proporción CD: cocodrilo-ave, es 25 de 143, un 17,5%. Y la otra posibilidad BD: víbora-gallina, da 15 de 143, el 10,5%.

Aquí lo tenemos. La teoría hizo la predicción, nosotros la hemos sometido a ensayo, y la predicción ha quedado falsada de forma decisiva. CD: cocodrilo-ave, supera con creces a BC: víbora-cocodrilo, que debía ser mayor. El BC es pequeño, de modo que algo estaba mal con la predicción. Algo iba mal con la teoría. Pero, naturalmente, como todos sabemos, la falsación nunca es absoluta, porque uno nunca está seguro de lo que es falsado.

Y aquí vemos solo tres posibilidades. Primero, se han falsado los datos; hay algo que no funciona con el alfa-hemoglobina. Segundo, se ha falsado el diagrama; hay algo erróneo en el sistema de relaciones de las serpientes, aves y cocodrilos. Y tercero, se ha falsado el conocimiento que Mayr tiene de la evolución, bien sea la cuestión particular acerca de ritmos y zonas adaptivas, bien algo más general.

Bien, podemos comprobar uno de estos tres —los datos— tomando otra muestra del genoma. Conocemos la secuencia de mioglobina para un cocodrilo, dos aves incluyendo una gallina, y dos otros reptiles, un lagarto varánido y una tortuga. La mioglobina tiene mayor tamaño, con una longitud de 153 aminoácidos, una muestra ligeramente mayor del genoma. En este caso, B es un lagarto: el Varanus, C es el cocodrilo otra vez, y D es la gallina. Y esto para la mioglobina. Esta vez obtenemos BC, 16 de 135. Creo, sí… esto es el 10,5%. En CD, cocodrilo-ave, 13 de esto… el 8,5%. Y el tercero, BD, el lagarto-ave, es 16 de esto… otra vez el 10,5%.

Esta vez, ahora, la proporción BC: lagarto-cocodrilo, es mayor que la CD: cocodrilo-gallina, ligeramente mayor, como Mayr había predicho. Pero… un momento, ¿qué ha pasado aquí? ¿Qué es este BD? [lagarto-gallina]. Esta tendría que ser de lejos la menor proporción del genoma; pero es exactamente la misma que BC [lagarto-cocodrilo]. Algo ha vuelto a funcionar mal. Y, de nuevo, hay las tres posibilidades. ¿Son los datos? ¿Será el diagrama? ¿O es la teoría?…

Bien, comprobemos ahora con una tortuga, con la mioglobina de la tortuga. Esta vez, B es tortuga, C el cocodrilo otra vez, y D es la gallina. Y estas son cifras para la mioglobina. Y esta vez lo que tenemos es… no me preocuparé con las cifras. Pondré solo los porcentajes.
BC [tortuga-cocodrilo] es 11,8% [comentario ininteligible], CD [cocodrilo-gallina] es 5,2%, y BD, [tortuga-ave], es 5,9%

Ahora nos estamos acercando a lo que Mayr esperaba. BC es aquí mucho mayor que CD. Pero, una vez más, tenemos otro problema. La porción BD, ave-tortuga, que debería ser pequeña, es en realidad mayor que CD. De modo que, una vez más, hay algo que no funciona. Bien, los datos sugieren un diagrama diferente. Sugieren uno como éste, donde B y C van juntas, y D está separada. Lo siento, me estoy perdiendo…

…Hay dos cosas que podríamos hacer. Una es aceptar la presuposición de Mayr de que los reptiles constituyen un grupo, y sumar los datos y promediar. Si se añaden las tres clases de Bs —la tortuga, la víbora y el lagarto— y tres clases de cocodrilianos, y tres clases de gallinas, las tres sumas son: BC: cocodrilo-lagarto, arroja 27,9, CD: cocodrilo-gallina, arroja 30,9, y BD: tortuga-ave, da 26,9. ¡Son virtualmente idénticas! Sólo un maniático de la parsimonia intentaría distinguir entre esas cifras. Todo es lo mismo, y el diagrama que nos dan es éste, la tricotomía… pues bien, esto no es muy informativo.

…Entonces, ¿qué hacemos? Bien, probaré otro más de estos juegos y luego lo dejaré. Como he dicho, no tenemos más secuencias de reptiles, pero tenemos abundancia de secuencias de mamíferos. Así que, probemos con los mamíferos. Creo que si fuésemos a disponer los mamíferos con las aves y los cocodrilianos en el diagrama de Mayr, de nuevo, no seré injusto con él si supongo que el diagrama sería así: B será un mamífero, y C: el ancestro común. Los mamíferos han divergido muy lejos en una dirección, los cocodrilianos se han apartado un poco en la otra, y las aves se han alejado mucho de esta manera…Vale: B es el hombre, C es un cocodrilo y D es otra vez la gallina. Y si usamos los datos del alfa-hemoglobina, lo que obtenemos es esto: BC, hombre-cocodrilo: 7,7%; CD: cocodrilo-ave, 7,7%. BD: hombre-ave:14,7%.

¿Qué diantre está pasando aquí? Hombre-cocodrilo debe ser menor que Cocodrilo-gallina, si el diagrama es aproximadamente correcto; pero ambos son iguales. Por otra parte, BD: hombre-gallina, debía ser el más pequeño de todos, [según árbol filogenético, ambos están a millas de distancia]… ¡pero da que es el mayor! Obviamente, algo va mal.

Bien, no sé que haría un evolucionista con esto, pero me lo imagino. Si pregunto a la gente sobre la evolución, la única respuesta que recibo es: «Hay convergencia por todas partes». Y estoy bien seguro de que tomarían esto como un ejemplo de convergencia y que volverían a dibujar el diagrama. Después de todo, las aves y los mamíferos han convergido adentro de la zona adaptiva endotérmica. Estos datos de la hemoglobina podrían estar dándonos otro ejemplo de convergencia. Pero no vale. Porque aquí las proporciones del genotipo hombre-cocodrilo y cocodrilo-gallina, son iguales.

…De modo que, después de todo, esta cuestión parece ciertamente irresoluble. Hay alguna otra cosa que puedo hacer con esto. Estos datos nos dan un diagrama. No es el diagrama que aparece aquí. Dice que aves y mamíferos van juntos, y que los cocodrilos y lagartos forman un grupo. De modo que podemos seguir la sugerencia de Gary y combinar los cladogramas y añadir los mamíferos aquí. Y este es el cladograma que conseguimos después de tanto jugar.

¿Os gusta más? No, seguro que no. Así, entonces, ¿qué haremos? Bien, por suerte no tengo que seguir haciendo estas preguntas retóricas, porque estoy hablando del ejemplo de Mayr, y sé lo que él hizo. Recordaréis que Mayr publicó su diagrama original refiriéndose a las proporciones de genoma en 1974, cuando había muy pocas muestras disponibles de genoma, en forma de secuencias de proteína o aminoácidos, o de ácido nucleico. Y los dos ejemplos que presentó como ajustándose a su ejemplo eran aves y cocodrilianos, y de hombres y simios. Bien, desde 1974 hemos conseguido una abundancia de muestras del genoma de los hombres y de los simios, y, lejos de ajustarse a este esquema, todos decían lo mismo: que chimpancés y humanos difieren en menos del 1% del genoma. De modo que la predicción de Mayr quedó falsada aquí.

Como ya he dicho, la falsación nunca es absoluta, y en este caso he sugerido que hay tres cosas posibles que pueden ser falsas: los datos del genoma, el diagrama, o las afirmaciones acerca de la evolución. Bien, por lo que respecta a hombres y a simios, Mayr sigue creyendo el diagrama, y sigue creyendo que tiene conocimiento acerca de la evolución, de modo que lo único que puede estar en un error son los datos. De modo que abandonó el genoma y volvió a la morfología —y así la semana pasada volvimos a tener planteada de nuevo la cuestión del centro de Broca y del hipocampo, o su equivalente moderno.

De modo que aquí hay dos observaciones: La primera trata de otro de los paralelos entre evolucionismo y creacionismo. En 1974, Mayr apeló al genotipo como la clave del efectivo conocimiento. Y en aquel tiempo el genotipo seguía siendo un gran misterio. Ahora que tenemos muestras del genotipo, oriundas de una amplia variedad de organismos, ya no es tan misterioso entonces se abandona, y se propone un nuevo misterio, el centro de Broca, y aquella larga lista de autapomorfías no especificadas del hombre. Parece que lo mismo que los creacionistas… los evolucionistas son proclives a apelar al misterio.

La segunda observación es mucho más importante: sobre los niveles en los que podemos investigar caracteres en sistemática. El nivel tradicional es la morfología, y todos estamos muy familiarizados con la morfología. Nos sentimos cómodos con los datos morfológicos y competentes para manejarla, pese a su complejidad. Tenemos una buena comprensión de lo que significa la homología a un nivel morfológico, y tenemos las transformaciones de la ontogenia como guía para ordenar los caracteres en series de transformación.

Bien, allá por 1978, Gary Nelson sugirió —lo cito—, que «el concepto de evolución es una extrapolación, o interpretación, del carácter ordenado de la ontogenia».

Farris: [gemido inarticulado]

Patterson: Hasta donde yo sepa, a nivel morfológico, esto sigue siendo cierto. Y como dijo Gary, es la ley de von Baer que la ontogenia va de lo general a lo particular, que está detrás de las transformaciones que invocamos en la morfología, y detrás de la jerarquía sistemática edificada sobre estos caracteres morfológicos.

Ahora bien, naturalmente, todos los caracteres —las transformaciones— que invocamos, no se observan directamente en la ontogenia, pero creo que encontraréis que cada transformación que se infiere es congruente con la ley de von Baer, con los caracteres ligados a la ley de von Baer. De modo que a nivel morfológico tenemos un sano concepto de homología y tenemos la ontogenia para ayudarnos a ordenar las homologías. La morfología, o, en los términos más generales, el fenotipo, es el nivel más elevado de investigación en sistemática.

El siguiente nivel más abajo es el nivel de los productos genéticos: las proteínas. Y aquí el concepto de homología se vuelve más indistinto. En primer lugar, tenemos el problema de la paralogía. La paralogía es lo que las personas que juegan con secuencias de proteínas llaman a la relación entre los productos de los genes que creen que son el resultado de duplicación genética. De modo que la paralogía es la versión molecular de la homología serial en morfología. La diferencia es que en morfología uno puede estar bastante seguro de que dos estructuras son homólogos seriales, porque se tiene una ontogenia en la que observar si realmente son duplicaciones o [ininteligible].

Pero, en el caso de las secuencias proteínicas y esta cuestión de paralogía y de una inferencia de duplicación genética, la duplicación genética se encuentra en algún punto en el pasado. No hay forma de investigarla. Y creo que a menudo se invoca la duplicación genética solo para arrinconar datos problemáticos.

De todos modos, cuando se comparan dos secuencias proteínicas como un todo, en lugar de aminoácido por aminoácido, para un biólogo molecular la homología es un concepto puramente estadístico. Se comparan las dos secuencias, y si las concordancias entre ellas superan ciertos ensayos estadísticos, son homólogas. Hace dos meses apareció un artículo de Doolittle en Science explicando este concepto.

Bien, tras haber decidido que dos secuencias son homólogas en general, luego se pueden alinear y compararlas posición por posición, y un emparejamiento en cualquier posición determinada —es decir, el aminoácido— es una homología a un nivel más ajustado. Pero aquí el problema es si el aminoácido es realmente el mismo; el «mismo» entre comillas. Ahora bien, debido a la redundancia del código genético, hay solo dos aminoácidos de los veinte, el triptófano y la metionina, que están codificados por un solo triplete. El resto están codificados por dos o más.

Así que solo hay dos aminoácidos únicos, según los tripletes que los codifican; y se trata de los aminoácidos más infrecuentes. Están en una proporción inferior al 2% de la secuencia promedio. Todos los demás aminoácidos están codificados por dos o más tripletes, de modo que a nivel de aminoácido, al nivel de proteína, al nivel de producto genético, nunca se puede tratar un emparejamiento, o difícilmente debe tratarse, como una homología al nivel del ADN. [Las proteínas son diferentes].

De modo que a nivel del producto genético, la homología se convierte en un concepto bastante vaporoso. Y también no tenemos ontogenia a nivel del producto genético que pueda servirnos de ayuda… que nos ayude a ordenar las homologías en las series de transformación. Ahora bien, yo solía pensar que debido a que no hay ontogenia en las proteínas, pero que sin embargo parece que necesitamos el concepto de transformación para ordenarlas, para ordenar las secuencias, que ellas proporcionaban alguna clase de prueba de evolución. Y ya no estoy más seguro de que esto sea así, porque las homologías que inferimos, y las transformaciones que inferimos al ordenarlas, quedan sujetas a esta incertidumbre debido a la ambigüedad del código genético.

De modo que las verdaderas homologías moleculares se han de buscar más abajo, al nivel del ADN. Bien, a nivel del ADN no conocemos prácticamente nada debido a que difícilmente haya datos en forma de secuencias que puedan alinearse y compararse.
Pero el sábado pasado, allí en Ann Arbor, tuve la gran suerte de encontrarme con Arnold Kluge, y de sonsacarle el primer conjunto de estos datos, de las secuencias de ADN. Se trata de ADN mitocondrial del hombre, del chimpancé, del gorila, del orangután y del gibón. Este trabajo lo realizaron Prager y Wilson y su grupo en Berkeley. Y las secuencias son de 896 nucleótidos cada una. De modo que tengo que volver a comenzar. Siento aburriros con todo esto, pero al final tiene su peso.

Aquí estoy refiriéndome al ADN mitocondrial. Tenemos 896 nucleótidos, y de estos, 612 son invariantes y el resto varían. Y este es el árbol más parsimonioso que el grupo de Berkeley consiguió con los datos. Voy a escribir cuáles son los animales. Voy a emplear letras para ahorrar tiempo. A es el hombre, B es el chimpancé, C es el gorila [comentario ininteligible], D es el orangután, y E es el gibón.
Y este es su árbol. Los números aquí son los acontecimientos evolutivos por linaje.

Farris: — Colin, este no es un árbol más parsimonioso, es un árbol de Fitch-Margoliash.

Patterson: — No lo es. Perdóname, pero lo describen, Steve. No lo es.

Farris: — Pero aquí tienes puntos decimales.

Patterson: — Entonces ellos no saben lo que están haciendo. Lo siento, no puedo disculparme por ellos, porque estoy seguro que ni se suponía que yo pudiera ver su manuscrito, pero hablan de esto, procesaron un programa de Fitch-Margoliash y lograron un árbol diferente; no importa. Éste es el árbol que ellos escogieron. Dejémoslo en esto.

Estas cantidades son acontecimientos evolutivos por linaje, y esto nos dice muchas cosas acerca de la evolución. Por ejemplo, dice que el gorila es el que ha evolucionado con más rapidez, el hombre con la menor. Dice que el ADN mitocondrial evoluciona alrededor de diez veces más deprisa que el ADN nuclear. Dice que las sustituciones silenciosas son varias veces más probables que las sustituciones de codificación, y este ha sido el resultado de cada comparación de secuenciación de ADN que se ha hecho hasta ahora. Vale. Esto es lo que los evolucionistas sacan de los datos…

…El último conjunto de caracteres —los que toman dos de entre los cinco. De nuevo, tenemos diez de ellos. No voy a detenerme a dar una lista de todos. Hay solo uno que dé una señal, DE. El resto de ellos están agrupados, sin ningunas diferencias distintivas entre ellos que yo pueda observar, y aquí la probabilidad según mis cálculos —lo siento, Steve—, es de 10 elevado a -17.

De modo que tal como yo comprendo estos datos, la información que tenemos ahí, es que hay dos grupos. Tenemos ABC, y luego DE, y juntos forman un grupo mayor, y esto es todo lo que dicen los datos. También dan una estimación de la cantidad de autapomorfías de cada grupo. Y si preferís esto como un cladograma, naturalmente que saldrá así: una tricotomía y una dicotomía.

Farris: — Pero esto es…

Patterson: — Ahora yo… supongo que Steve Farris no estará de acuerdo pero… [Interrupción en cinta]… datos. No hay ninguno más.

De modo que, ¿qué hay del árbol este y de las cifras sobre las ramas?
Bien, como ha dicho Steve, está producido por un programa; no proceden de los datos en modo alguno. De modo que supongo, y espero, que Steve no esté en desacuerdo, que proceden de maquillar los datos con la teoría evolucionista, con un programa que presupone que la evolución es cierta, y pide al ordenador que encuentre un árbol. De modo que mi pregunta sería: ¿De que nos habla el árbol? ¿Nos dice algo acerca de la naturaleza… o algo acerca de la teoría evolucionista?

Una última observación, a este nivel, el nivel del ADN, tenemos también el problema de la homología. ¿Qué significa la homología en términos de ADN? El procedimiento de alineación es el mismo que con las secuencias de proteína: algo puramente estadístico, pero debido a que en ADN tenemos solo cuatro posibles nucleótidos en cualquier posición, esperamos un emparejamiento de un 25% por el mero azar.

Y entre estas cinco especies estrechamente relacionadas tenemos una concordancia de solo un 70%. Esto deja un 45% de variación [70 – 25], para acomodar a todos los demás eucariotas. Me parece que el problema con la alineación de secuencias en el ADN, cuando comiencen a venir los datos, será extremadamente… [Aquí Patterson presenta la lógica dificultad de la recombinación de nucleótidos por azar, ante la inmensa cantidad de individuos eucariotas que quedan y las enormes cifras de datos imprescindibles para las secuencias proteicas pendientes]…

Voy a hablar acerca del efecto de introducir datos a través de un programa de generación de árboles. El creacionista hace una suposición: que hay algunos grupos en un conjunto de datos. El evolucionista, me parece, tiene que hacer otra suposición: que hay algunos grupos aquí, y que los agrupamientos nos dicen algo acerca de la historia de los grupos. [pausa]

Eldredge: — ¿Qué creacionista?

Patterson: — [ininteligible] ¿Perdón?

Eldredge: — ¿Qué creacionista?

Patterson: — Oh, no imp … vale, yo mismo.

MacIntyre: — ¿No te estarás refiriendo a Duane Gish?

Patterson: — No, no.

MacIntyre: — Ah, bien.

Patterson: — Me refiero a un taxonomista creacionista.

MacIntyre: — Oh.

Farris: — Duane Gish no hace ningunas suposiciones.

MacIntyre: — ¡Oh, sí que las hace!

Farris: — Oh, no…

Patterson: Me parece…

Farris: — Oh, no, todo está revelado.

Rosen: — ¡Giles!

MacIntyre: — Lo siento.

Patterson: — Me parece que puedo tratar los datos del ADN, y tomarlos todos como diciendo algo, pero solo encuentro dos señales en ellos. A fin de obtener un árbol de todo ello, tenemos que decir que algunos son datos buenos: los que nos dan esto, y que otros son datos malos: el material que te da esto, y el material que te da aquello. Resulta que en este caso el material que nos da DC y AB es más de dos veces en número que el material que nos da BC, que es lo preferido.

Ahora bien, ¿qué es lo que se está comparando aquí? Estas son todas identidades al nivel de los nucleótidos. Los que nos dan AB son identidades, y los que nos dan BC son identidades. Los que nos dan CA, son todas, identidades al nivel de los nucleótidos. Pero de alguna manera se nos [ininteligible] dice que algunas de estas identidades son realmente las mismas, y algunas de ellas no son las mismas, porque la teoría demanda esto. Me parece que esto es de algún modo carente de sentido.

Hay otro problema adicional con la homología al nivel del ADN, y es la cuestión de la paralogía, o duplicación inferida. Hay un problema similar, materializándose con el ADN. Hace un par de semanas, Roger Lewin publicó un escrito en Science acerca de genes de la globina. Y en el mismo se refirió a un modelo de ADN que está de moda entre los genetistas moleculares. Lo designó el modelo «Vesubio», y la sencilla descripción que del mismo hacen Roger Lewin y Gabriel Dover y otros como ellos, es que cada gene está constantemente bombardeando el resto del genoma con pseudogenes que son copias más o menos perfectas de sí mismo.

Ahora bien, si es así, y el modelo tiene fundamento empírico, entonces el problema de la paralogía, de la duplicación en los datos del ADN, es todavía más apremiante. A fin de poder realizar un secuenciado de ADN, se fragmenta el genoma y se clona un poco de lo que uno cree que es correcto, que uno puede conseguir. Y si realmente tenemos todos estos pseudogenes bombarderos por allí, no veo ninguna forma posible de saber si tenemos el correcto o no.

Bien, siento haberme extendido tanto sobre esto; la razón está en que, creo que dice algo acerca de la evolución. Hemos sostenido muchas disputas en los últimos años, sobre si la evolución es susceptible de ensayo; me refiero a la teoría general, a la descendencia con modificación: a que las especies son mutables y que están relacionadas por descendencia, y no a ninguna teoría específica acerca del mecanismo. Ahora bien, si la teoría general de la evolución es susceptible de ensayo, ha de tener alguna consecuencia que pueda confrontarse con la realidad. En otras palabras, tiene que hacer alguna predicción. Y hasta donde yo sepa, solo se ha propuesto una predicción razonable. Niles Eldredge [presente en esos momentos], lo exponía así en una carta a Science:

“Si la evolución es descendencia con modificación, tiene que resultar en una disposición jerárquica de organismos definidos por conjuntos anidados de novedades evolutivas. Esta es la grandiosa predicción de la evolución.”

Y luego, Niles sigue diciendo que sea cual sea el organismo que uno contemple, sean cuales sean los aspectos del mismo que se estudian, se encuentra la misma jerarquía. Y he oído este mismo argumento repetidas veces en reuniones: que realmente hay una jerarquía, que no hay jerarquía sin historia, y que por ello se cumple la predicción de la evolución.

Bien, lo primero que me impacta en todo esto, es que parece implicar que la evolución es una inferencia deductiva en base a la jerarquía de la sistemática, y que gente como Linneo, Cuvier, Agassiz, Johannes Muller, Hooker y muchos otros predarwinistas, eran meramente pensadores cortos de miras, y que no llegaron a ver la consecuencia necesaria de sus observaciones… y esto me parece improbable.

Lo segundo tiene que ver con la predicción: ‘cualquiera que sea el aspecto de los organismos que se contemplan, se halla la misma jerarquía.’ Bien, no todos parecen estar de acuerdo con esto. Aquí tenemos de nuevo a Ernst Mayr en Science la semana pasada:

“Diferentes tipos de caracteres: morfológicos, diferencias cromosómicas, genes de enzimas, genes reguladores y emparejamiento de ADN, pueden llevar a distintos agrupamientos. Disímiles etapas en ciclos vitales pueden también resultar en desiguales grupos.”

Y aquí tenemos a Arnold Kluge con la conclusión de su estudio cladista de los simios y de los hombres. Dice él que su estudio denota «una clara carencia de congruencia entre los datos moleculares y otros más tradicionales». Observemos que ambos dicen lo mismo: Mayr nos dice que los datos moleculares de cualquier nivel que se consideren no parecen concordar con la morfología, y Arnold Kluge está diciendo lo mismo.

Ahora bien, según Niles, la predicción de la evolución es que es jerarquía, y jerarquía congruente es lo que encontraremos sin importar qué aspecto de la especie estemos contemplando. Pero la experiencia de Mayr y de Arnold Kluge es que no existe tal congruencia. En particular, los datos moleculares son incongruentes con la morfología.
Bien, ¿es esto así? No estoy seguro, pero creo que hay otras señales de esto entre las secuencias de proteínas.

Por ejemplo, aquel cladograma de amniotas que estaba dibujando antes, es enormemente incongruente con todo lo que creemos saber acerca de la morfología. Ahora bien, tenemos cladogramas publicados de globina que muestran a las aves como el grupo hermano de los mamíferos, no de los cocodrilos, y las serpientes como el grupo hermano de todos los demás amniotas, y cosas semejantes. No importa entrar en detalles. Dejadme que plantee la cuestión al nivel más fundamental:

¿Cómo reconocemos la jerarquía? A nivel del fenotipo me parece que no tenemos ningún verdadero problema. Tenemos un concepto considerablemente racional de la homología, y estoy de acuerdo con Gary en que el principio organizador es la ontogenia y en particular la ley de von Baer. Y, como sugirió Gary, podemos analizar los datos fenotípicos de esta manera y conseguir una jerarquía mediante un método que no tiene implicaciones evolutivas en absoluto. Hay una historia en ella, pero la historia es ontogénica. La historia es lo que nos da la dirección en la ley de von Baer. Por ejemplo, no tenemos que inferir nada más acerca de la historia geológica.

De modo que, ¿qué hay acerca de este nivel molecular o del nivel de las secuencias proteínicas y del ADN? ¿Cómo reconocemos la jerarquía ahí? En primer lugar, el concepto de homología es mucho más vago a estos niveles, y no tenemos la ontogenia ni la ley de von Baer para guiarnos.
Ya sugerí, al comentar sobre los datos del ADN, que la jerarquía se reconoce maquillando los datos con teoría evolucionista. Se introducen en un programa basado en la teoría evolutiva, y así se consigue una jerarquía. ¿Serían jerárquicos los datos sin maquillarlos de este modo?

No lo sé; al nivel de secuencias proteínicas, donde yo he jugado mucho, mi impresión es que es reciamente jerárquico en unas pocas secuencias o cuando las hemos seleccionado, si se esté trabajando solo con cinco o seis problemas de taxones. Pero cuando se toma un gran conjunto de datos, como todas las mioglobinas disponibles en la actualidad, mi experiencia es que la jerarquía simplemente se desvanece a no ser que se fuerce maquillándola con teoría evolucionista.

Y respecto de a nivel del ADN, naturalmente, nadie lo sabe. Todo lo que tenemos por el momento es esto, estas cinco breves secuencias. Son jerárquicas hasta este punto, pero debido a este problema de que se consigue un 25% de emparejamientos por puro azar, es mi predicción que la jerarquía se desvanecerá muy rápidamente en cuanto comiencen a conocerse secuencias de ADN. Y si esto es así, ¿qué es lo que introduce la jerarquía en los datos de los fenotipos, si no está allí a nivel proteínico o de ADN? Bien, evidentemente es la ontogenia.
[Interrupción en cinta]

…procedente de la jerarquía de la ontogenia, y se puede investigar sin ningún concepto previo acerca de evolución. Entonces, ¿por qué es necesaria la teoría de la evolución en la sistemática?: Para ‘imponer’ un orden jerárquico sobre unos datos recalcitrantes. En la sistemática, la teoría evolucionista es un maquillaje, para imponer una jerarquía allí donde pueda no existir ninguna. Y si esto es así, ¿no creéis que la sistemática quedaría mejor sin la teoría?

Me parece que lo dejo aquí. Iba a terminar con algunas citas. Creo, si me permitís, que os daré la última. No, no; os daré la tercera. Es de Darwin en El Origen: «Cuando las opiniones propuestas en este volumen sean admitidas de forma generalizada… los taxónomos podrán seguir sus labores como ahora». Y por «ahora», Darwin significa como en los tiempos predarwinistas, como en la biología pre-evolucionista. Está diciendo: No dejéis que la teoría interfiera con la sistemática. Parece que no se le ha prestado atención.]

**********

Hasta aquí la participación evolutiva; como resumen, yo solo expondré unas líneas:

Alienta saber que, pese al siglo y medio de bloqueo racional, a veces brotan del seno evolutivo pensadores capaces de ver su incongruencia. Desde aquí exhorto a todos para que abandonen por unos instantes la literatura discordante evolutiva y le presten atención por una vez en su vida a algo que sí ha sido experimental: los orígenes que no hay que buscar en los inexistentes miles de millones de años, sino en la programación que crea vida desde elementos inorgánicos: el ‘recetario para la existencia’ que aparece inscrita y codificada en el ADN, negando en voz alta y clara que ningún bicho puede convertirse en otro si no se recodifican y reinscriben todos los datos necesarios para tal cambio.

La propia firma de Dios, que el Creador ha dejado al alcance de toda inteligencia; la piedra de tropiezo que arrastra a muchos ciegos hacia donde prefieren ignorar, aunque su propio espíritu les esté alertando con gritos de silencio, solo perceptibles desde la conciencia.

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CARTA ABIERTA AL PAPA DECISIVO

julio 1, 2008
Premio \'Excelencia\'

PREMIO EXCELENCIA

A: PAPA BENEDICTO XVI

DE: UN CREYENTE CON FE.

ASTO: DARWIN EN AULAS CRISTIANAS.

Estimado señor Joseph Ratzinger:

Soy consciente que estas líneas, hechas por un cristiano sin influencias, que da voces a favor de la sangre de Cristo desde el anonimato, y dirigidas al líder de una congregación de más de mil millones de personas, con un correo posiblemente filtrado por un ejército de ‘secretarios’, serán consideradas como carentes de raciocinio y de lógica. Aún así, sé que mi súplica concluirá localizándose en sus ojos, pues he sido confrontado en el espíritu; el propio Señor está al control. Usted es un líder de este tiempo, y en su mano está la orden (y el orden), que el momento demanda.

Hace algo menos de dos años, durante su visita a Ratisbona, Baviera, usted mostró cuál era su posición respecto a una teoría de la evolución que asegura que Dios es “inútil” para el hombre, y que dedica ingentes esfuerzos mediante la alianza de ‘peritos’ en tumbas, geólogos, biólogos y otros etcéteras marginados de Jesús, para sacar al Hacedor, de la fórmula humana.

Antes de dirigirse a la Universidad de la que usted había sido vicerrector, durante la misa multitudinaria, que acogió a 250000 personas, asumió una postura bizarra al afirmar que ‘la teoría de la evolución es irracional, que el ateísmo moderno nace del miedo a Dios y que el odio y el fanatismo destruyen la imagen del Señor.’ Es decir, con ‘saber’ apuntó a los extremos; los cristianos debemos ser muy cautelosos con nuestras posturas, pues la fuerza de la pasión puede constituirnos en una piedra de obstáculo para lo mismo que intentamos defender. De modo que, si en mi forma de presentar a Cristo he resultado ofensivo a alguien, desde aquí ruego me disculpen.

Ese día ud., señalando hacia el origen de la vida, mostró las dos opciones: ‘o la Razón creadora: Espíritu que hace todo y fomenta el desarrollo o la irracionalidad, que sin razón alguna, produjo un cosmos ordenado de modo matemático, al hombre y a la razón.

Aquellas manifestaciones suyas llenaron de esperanza a una cantidad importante de fieles en el mundo entero, puesto que no solo pueden ser considerados como tales los más de mil millones de personas que se confiesan católicas, sino que se debe anexar a todos aquellos que por antonomasia, aunque no hayan optado por esa línea del evangelio, forman parte intrínseca del cuerpo de Cristo, por la fe, y por el amor que Él nos dejó por herencia a todos, sin importar color de bandera, clase social o nación.

Sin embargo, a día de hoy, desde hace ya bastantes años (yo diría que demasiados), las escuelas católicas, presionadas por leyes estatales, han venido propugnando la teoría de Darwin en sus clases de Biología, bajo la falsa deducción de que los descubrimientos científicos se oponen a las escrituras, y eso obliga a ‘reinterpretar‘ la Palabra de Dios.

Pero todos fuimos advertidos por el apóstol Pablo, bajo revelación del mismo Señor, en su carta a los Gálatas, en 1:6-12, que en la Biblia ‘Dios Habla Hoy‘, recuerda:

6″Estoy muy sorprendido que ustedes se hayan alejado tan pronto de Dios, que los llamó mostrando en Cristo su bondad, y se hayan pasado a otro evangelio. 7 En realidad no es que haya otro evangelio. Lo que pasa es que hay algunos que los perturban a ustedes, y que quieren trastornar el evangelio de Cristo. 8 Pero si alguien les anuncia un evangelio distinto del que ya les hemos anunciado, que caiga sobre él la maldición de Dios, no importa si se trata de mí mismo o de un ángel venido del cielo. 9 Lo he dicho antes y ahora lo repito: Si alguien les anuncia un evangelio diferente del que ya recibieron, que caiga sobre él la maldición de Dios. 10 Yo no busco la aprobación de los hombres, sino la aprobación de Dios. No busco quedar bien con los hombres. ¡Si yo quisiera quedar bien con los hombres, ya no sería un siervo de Cristo!”. 11 Sepan ustedes esto, hermanos: el evangelio que yo anuncio no es invención humana. 12 No lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino que Jesucristo mismo me lo hizo conocer.”

Sin embargo, se dejó de mirar en la dirección adecuada, y oídos cristianos se recrearon con el canto de sirena de la falsa ciencia: el nuevo evangelio negador de Jesús. A día de hoy se enseña teoría de la evolución en colegios cristianos y, ¿cual es la consecuencia? Observe el siguiente párrafo, extraído de un forum sobre religión y ciencia, en el que se debatía sobre las clases de biología evolutiva dentro de aulas de colegios católicos:

“Sí, enseñan evolucionismo, pero la verdad es que se están contradiciendo ellos mismos al enseñarte religión, y luego la clase de Ciencias naturales, habla de cómo el mono fue evolucionando hasta llegar al ser humano: homo sapiens sapiens. Si Jesús se sacrificó por los humanos en la cruz, ¿de que sirvió, si hoy día hay guerra, hambre, muertes, violaciones e injusticia? Y también te dicen que si te portas mal Dios te va a mandar al infierno y que no te va a perdonar; acaso la religión no dice que el perdón es lo primero, pero después de decirte que te van a mandar al infierno, te dicen *Dios te ama*… baa.”

Así que en realidad, al aceptar una teoría manifiestamente atea, en una escuela donde debe enseñarse el principio bíblico, lo que se ha creado es confusión. Justo lo que pretende satanás desde el principio, y pese a que Jesús siempre instruyó en base al Pentateuco judío, cuando habló de Adán, Noé y Moisés. ¡Qué agilidad para olvidar que no hay punto de encuentro entre Dios y su enemigo!

En el1er libro, el Bereshit, con el que instruía Jesús, en 1:5, enseña:

“Dios llamó a la luz «Día» y a la oscuridad la llamó «Noche». Y fue de tarde, y fue de mañana, un día.”

Aquí, la Biblia no deja lugar a dudas sobre una Creación en 6 días de 24 horas; la frase: ‘mil años son para Dios como un día‘, se expresó en 2ª Pe 3:8-9, en uncontexto de ‘paciencia‘:

“Mas, oh amados, no ignoréis una cosa: y es que un día delante del Señor es como mil años y mil años son como un día. El Señor no tarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza; pero es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno se pierda, sino que todos procedan al arrepentimiento.”

No obstante, de todas formas, la propia Ciencia está de parte de Dios. Así como nuestro ombligo es la huella de nuestra madre, nuestro ADN lleva implícita la firma del Todopoderoso.

Cada deducción que lleve a que derivamos de una célula inicial que logró complejidad por sí misma, está errada. La conjetura que indique que por sí misma fue capaz de inscribir toda una instrucción originaria de vida, sin agente externo diseñador del programa necesario y codificador de tal programa, es irracional y falta, no solo de lógica, sino de evidencias de laboratorio, pues jamás se logrado crear una simple célula eucariota desde una bacteria; y jamás lo lograrán. Y esos puntos, precisamente, constituyen la vulnerabilidad de la teoría evolutiva. Analicemos:

1- La primera célula de la humanidad llevó inscrita por necesidad la primera instrucción, la fórmula para la vida. Se evidencia una receta química producto de un análisis; luego un conocimiento amplio sobre programación, pues cada secuencia viene cronológicamente escrita, para ser leída en cada momento idóneo por el ribosoma. Tampoco se puede permanecer indiferente al hecho de que esa lectura aparece codificada, lo cual exige un ‘codificador’, pues nada es capaz de codificarse a sí mismo; no hay ley científica que lo afirme. Y, por último, los datos están inscritos en la hebra ADN: ¿Quién los inscribió? La información no es casuística, sino causal; antecede a la vida, y luego la genera; de modo que si surge antes que la propia vida, exige un factor externo inteligente, desde su inicio.

2- Según la tesis evolutiva, la célula eucariota derivada incrementó la información inicial, adquiriendo todo lo que la diferencia de la bacteria. Pero, ¿quién entonces ‘actualizó’ esos datos, ‘reinscribiendo’ en la hebra la nueva información imprescindible para que un reptil ‘volara‘, eones de tiempo después?

3- ¿Cómo puede ser posible la hipotética evolución ‘homínido-hombre’, cuando lo que se manifiesta es una constante depauperación y mutaciones en el genoma humano, ocasionando casi 20000 enfermedades genéticas reconocidas hasta la fecha? Nuestro viaje es hacia la muerte, no hacia una vida más capacitada e intelectiva; pues el destino de esta es el espíritu, no la carne. La sentencia de que esta vida es solo estación de tránsito, pronosticando la degeneración genética, fue dictada hace unos cuantos miles de años, cuando el Creador le dijo a Adán:

“pero del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, no comerás; pues el día que de él comas, muriendo, morirás”. [Bereshit 2:17]

Es decir, ese enigmático ‘muriendo morirás‘, que los traductores del Génesis griego decidieron omitir, al resultarles incomprensible, toma actualidad hoy, precisamente debido a los hallazgos de la Ciencia. Como auguró el eminente científico cristiano Pasteur, sin conciencia de profecía: ‘Mucha Ciencia acerca a Dios; poca, aleja de Él’

De modo que la temática de los colegios cristianos debe enfocarse en el sentido de que la teoría de la evolución ‘NO ES CIENCIA‘, enseñando los valores bíblicos con toda seguridad, pues dicha teoría jamás ha estado tan cerca de ser razonada como el mayor error de concepto concebido en la historia de la humanidad. No resulta responsable que los propios cristianos señalemos una falibilidad de las palabras de Jesús, cuando instruyó acerca de Adán y Noé, pues, si la Biblia no es fiable en su Génesis, ¿en qué punto puede ofrecer garantías al nuevo evangelizado?

El propio Jesucristo nos alerta; y los escribas lo reflejan 3 veces, para que no lo olvidemos. en Mat 24:35, Mar 13:31, y Luc 21:33:

‘El cielo y la tierra pasarán; mas mis palabras no pasarán’.

Tengo entendido que usted, Sr. Ratzinger fue bautizado el mismo día que nació: un sábado de Gloria: la conmemoración de Jesús en el sepulcro. Sé, por fe, que será usted el encargado de poner la Palabra del Señor en la cumbre educativa. También soy consciente de los muchos problemas que está enfrentando, pero por favor, en el nombre de Cristo, no tarde mucho en hacer que el agua de la fidelidad alcance el nivel que nuestro Señor exige.

No podemos ir a medias con Él, pues Él no fue a medias con nosotros. Se entregó por entero: su sangre en el ignominioso madero limpió el pasado y futuro de los hombres. La de sus pies, la de sus manos, la de su espalda, y la de la lanceada en su costado. El cerco de espinas, que también la derramó sobre su cara, le coronó para siempre como el Rey definitivo de Sion… la montaña en la que promete estar junto a todo aquel que le sea fiel.

Dé el paso definitivo y autoritario que esa sangre de Cristo reivindica, con la valentía que siempre le ha caracterizado, cuando desde sus inicios ya fue clasificado como ‘reformista‘. Levante la bandera de Jesús y verá cuántos iremos con usted. La reforma es precisa; el Señor la está exigiendo: primero la interior, para que podamos ascender a los nuevos niveles que nos demanda, y luego la externa, la que hará compatible el dogma de la fe con las propias investigaciones de la Ciencia que muchos intentan desvirtuar, sin conseguirlo.

Por último, permítame dejar un párrafo que ha salido 3 veces al azar (suelo abrir así la Biblia cuando le pido a Dios una palabra), en menos de 15 días, consciente de lo que significa mentir en estas cosas:

[Efesios 4:14-16] “Ya no seremos como niños, que cambian fácilmente de parecer y que son arrastrados por el viento de cualquier nueva enseñanza hasta dejarse engañar por gente astuta que anda por caminos equivocados. Más bien, profesando la verdad en el amor, debemos crecer en todo hacia Cristo, que es la cabeza del cuerpo. Y por Cristo el cuerpo entero se ajusta y se liga bien mediante la unión entre sí de todas sus partes; y cuando cada parte funciona bien, todo va creciendo y edificándose en amor.”

¡Todas sus partes: el pueblo de Jesús! Que el Altísimo le fortalezca y le proporcione un entorno adecuado, en un clima de buenos consejos, para que la credibilidad bíblica se imponga como acto de fe, y ningún cristiano se avergüence de declarar a viva voz:

“JESUCRISTO ES EL SEÑOR, HOY, MAÑANA Y SIEMPRE.”

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ADN, HUESOS Y EVOLUCIÓN

mayo 13, 2008


SIEMPRE EL DISEÑO; SU HUELLA PERPETÚA

“Ve a este pueblo, y diles: De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis; porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y de los oídos oyeron pesadamente, y sus ojos taparon; para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y entiendan de corazón, y se conviertan, y yo los sane.”  [Hechos 28:26]

Desde hace unos días he estado meditando sobre cómo la llegada de las nuevas tecnologías a la Medicina ha favorecido la calidad de vida de tantas y tantas personas que, a no ser por este adelanto, estarían condenadas de por vida a una silla de ruedas. Fundamentalmente, me concentré en las prótesis ortopédicas que han permitido reincorporarse a una actividad casi normal, a muchas víctimas de accidentes o enfermedades agresivas.

Sobre todo, me vinieron a la mente aquellas prótesis que no son fijas, y que se ven sometidas día a día a las mismas fricciones y trabajos mecánicos que el hueso al que deben sustituir, intentando responder a las expectativas del enfermo. Imaginé las personas que se auxilian de una para resolver su situación; ejemplos de miembros amputados, caderas destruidas por necrosis o accidente, mutilaciones clínicas, etc.

En las prótesis de columna, por ejemplo, el uso de estos implantes dota a los pacientes de una mayor calidad de vida, permitiendo mantener la movilidad de la zona dañada; contrariamente a las técnicas de fusión vertebral empleadas años atrás. Sin embargo, como consecuencia de la movilidad, el desgaste mecánico de sus componentes puede llevar al fracaso, y aunque suelen durar mucho tiempo si resultan de buena calidad, este siempre será inferior al de las vértebras normales.

Algo similar ocurre con las de caderas; en la actualidad se han perfeccionado mucho, pero, ¿cuánto tiempo dura la ortopedia que la sustituya? Los especialistas coinciden en que depende del material usado, pues la combinación de las superficies de desgaste fijará la durabilidad. Según la actividad del paciente, así se comportará; a mayor destrucción mayor dificultad técnica y compromiso en la vida de la artroplastia. Suelen durar unos 15 años, 20 en los mejores casos, antes de que se manifiesten los problemas de desgaste por fricción.

Hace años, tuve un vecino que, producto de un choque con su coche, tardó muchos meses en restablecerse, luego de complicadas operaciones consecutivas. Se había destrozado el fémur y le implantaron una barra metálica, fijada a este por una cantidad imprecisa de tornillos terapéuticos; una armazón a la que se vio unido hasta que el hueso se recuperara lo suficiente para que el cirujano decidiera abrirle de nuevo, extraerle cada artilugio metálico insertado… y permitir que el propio organismo lograra la curación definitiva.

Se había usado un material sólido, y se habían tomado todas las medidas para que no provocara infecciones. ¿Por qué el especialista no dejó las cosas como estaban, y que esas piezas formaran parte, para siempre, del resto de la pierna? Seguramente, los metales, que son capaces de resistir el peso de muchos vehículos transitando por un puente flotante, también resultarían tan buenos como el más fuerte de los huesos.

Pero la experiencia médica conocía la ‘fatiga mecánica‘ a la que los segmentos metálicos serían sometidos. La estadística acredita el desgaste que sufren las prótesis a lo largo del tiempo, debido a la actividad de la persona en la que ha sido injertada. ¿Qué tiene un hueso que lo hace tan especial, tan prodigiosamente ligero y fuerte al mismo tiempo, y tan resistente al estrés y la fatiga, que logra vencer a la metalurgia más avanzada?

Los rayos X revelan tupidas y finas estrías en el hueso; ‘refuerzos‘ interiores, áreas en las que se incrementa la resistencia, permitiendo soportar más peso, sin aumentar la masa. Un ejemplo de diseño e ingeniería que logra el máximo de eficiencia y ligereza: una resistencia máxima con un peso mínimo, algo que resulta irrazonable admitir desde el azar. La bioingeniería ha determinado que esos ‘refuerzos‘ óseos, resultan coincidentes con las líneas de estrés provocado por la dirección en la que el peso es transmitido.

La evidencia de cálculo y elaboración está servida; resulta imposible responder ante tanta perfección, desde la evolución de las especies enseñada en las aulas, que siempre se presenta como ‘casuística‘, sin la dirección de ninguna inteligencia. ¿Por qué un simple hueso humano, en condiciones normales, es más duradero que uno de metal?

Analicemos lo que ocurre desde su formación: En el embrión existe un precursor de lo que será el esqueleto: tejido cartilaginoso hialino y mesénquina embrionario, que ya tiene una forma característica a partir de las seis semanas. El principal componente de la matriz ósea es el colágeno tipo I que supone entre el 90 y 95% de la matriz orgánica.

El Colágeno Tipo I, es la principal proteína que forma los huesos; su cantidad y calidad la fija la información ADN de los cromosomas progenitores: las ‘instrucciones‘ que aparecen codificadas y luego serán traducidas y transcritas en el ARNm para generar a un nuevo ser vivo, según herencia de ambos padres. El nuevo ser adquiere un gen de cada progenitor; el par heredado es el que regulará la producción de su colágeno y su futuro esqueleto.

No se intenta exponer un tratado sobre la osificación humana, sino de evidenciar, una vez más, que somos producto de un diseño específico, incapaz de resultar por sí mismo ni aunque nos obliguen a tragarnos la mentira de patrones surgidos gracias a miles de millones de años. El tiempo no genera inteligencia, sino desgaste; si no fuera por la sabiduría manifiesta en nuestro ADN, no seríamos lo que somos: el producto de una instrucción detallada sobre cada paso a realizar para fabricarnos, desde que un oocito, la célula germinativa o sexual femenina, que al madurar se llama óvulo, es fecundado por un espermatozoide. ¿Quién está detrás de esa programación de toda la  ‘fórmula‘ humana?

Veamos, a grandes rasgos, cómo se lleva a cabo el ‘milagro‘ del esqueleto. La formación de hueso sigue dos procesos diferentes: la Osificación intermembranosa y la  osteocondral. La primera produce, sobre todo, huesos planos y, como su nombre indica tiene lugar dentro de una membrana de tejido conjuntivo; la otra genera otros tipos, pero todos se constituyen de células óseas: las progenitoras, los osteoblastos, los osteocitos, las tapizantes del hueso (bone lining cells) y los osteoclastos.

En este proceso, algunas células mesenquimales multipotentes, que se hallan en diferentes tejidos del cuerpo, en especial en la médula ósea, formando las membranas de tejido conjuntivo, son transformadas en osteoblastos, y constituyen un centro de osificación alrededor del cual se va formando hueso. Se ha postulado a estas células como fuente potencial de diversas estirpes celulares (neuronales, hepáticas, musculares, cardíacas y óseas), que podrían utilizarse por el propio organismo, para reparar daños funcionales.

El principal producto de los osteoblastos maduros es el colágeno de tipo I que constituye el 90% de las proteínas del hueso. Pero, además, originan otras, como la osteocalcina y las proteínas Gla matriciales, y glicoproteínas fosforiladas, incluyendo las sialoproteínas I y II, la osteopontina y la osteonectina. Algunas más, tendrán actividad enzimática; las más importantes son la fosfatasa alcalina y la colagenasa.

Otro fruto en importancia es la osteonectina, una fosfoproteína que puede interaccionar tanto con el colágeno como con las sales inorgánicas. Es altamente reactiva y se localiza sobre todo, en las áreas de mayor calcificación. La osteonectina (SPRC o BM-40 Secreted Protein Cystein Rich) se codifica por el gen 5q31.3-q32, que si muta, se asocia a diversos tipos de cáncer. Son solo algunas; hay muchas más proteínas que las nombradas.

También se codifican proteínas no colagenosas como la osteopontina (o sialoproteína I), que se une a la hidroxiapatita y es producida por los osteoblastos, [al ser estimulados por la 1-a-1,25-dihidroxivitamina D], las proteínas óseas morfogenéticas (BMPs), que juegan un papel similar al de los factores de crecimiento, y los proteoglicanos ácidos que se hallan en mayor congregación en el área osteoide, en comparación con la matriz calcificada.

Es decir, todo está cuadriculado al milímetro; no son operaciones combinadas al azar, sino que cada una persigue un objetivo determinado y, sobre todo, obedecen a una secuencia explícita, siempre establecida en lo que constituye la matriz de la elaboración: la instrucción preconcebida e inteligentemente codificada para ganar espacio y optimizar el tamaño de la molécula de ADN donde se grabará con huella indeleble… salvo accidentes tales como radiaciones, agentes químicos ajenos a la actividad, etc.

Aunque la dureza ósea depende de los minerales que la formaron, sin retícula de colágeno el hueso sería frágil. Las fibras de colágeno y otras proteínas presentes en la matriz aportan flexibilidad y resistencia a la tensión. Si falta el colágeno o es defectuoso, surgen dolencias como la osteogénesis imperfecta, (huesos de cristal). Y si se excluyen las sales minerales, se derivará una estructura gomosa, flexible y esponjosa. En realidad, el hueso no es macizo, sino que posee muchas zonas interiores que reducen su peso, por donde discurren los vasos sanguíneos que nutren las células óseas. Según el tamaño y naturaleza de estos espacios, los huesos se denominan compactos o esponjosos.

Al igual que la piel, casi todo el esqueleto se forma antes del parto, pero se renueva perennemente, pues como estructura viva que es, está continuamente deshaciéndose y reconstruyéndose. El tejido óseo jamás reposa; siempre trabaja en su remozamiento. Incluso los huesos largos, que al llegar la edad adulta han adquirido su forma y tamaño definitivos, son continuamente remodelados: se destruye hueso viejo y se suple por nuevo.

Esto permite que pueda constituir una reserva continua del calcio que el organismo necesita para funciones que son reguladas por varias hormonas, vitaminas y otros agentes. Una evidencia más de diseño, porque, ¿cómo puede una evolución impersonal, sin inteligencia tras ella, programar todas las tareas con un orden tan específico?

Y que no hablen de algoritmos independientes, que solo existen después de confeccionado un programa. Siempre que se dé una explicación racional de estos sucesos cronometrados, debe irse al punto ‘0’: la programación inicial, el intelecto creador de toda la técnica operatoria que permitirá la vida a partir de algo tan minúsculo como el ADN cromosomático que aparece en el núcleo de la célula.

Por otra parte, vemos que las líneas de transmisión de fuerza varían a lo largo de la extremidad, de manera que con el tiempo, los refuerzos existentes se desplazan del lugar correcto. ¿Por qué el hueso no se fatiga? La respuesta es que este no sólo se enmienda a sí mismo, sino que se rediseña a medida que fluctúan las líneas de estrés.

Ocurre así, porque cada célula lleva en su ADN la instrucción precisa para que el sistema óseo resulte eficiente, al margen de se edad. Su ingeniería siempre responderá para bregar con la mejor precisión ante las fuerzas a las que son sometidos. De hecho, si se hacen mayores (un hombre con una sola pierna, soportando el peso de su cuerpo todo el tiempo), la estructura ósea y muscular de ese único apoyo, se hará más gruesa y fuerte.

Todo lo dicho acentúa que tal precisión es el resultado de un análisis inteligente, no de accidentes fortuitos, coincidentes en eones de tiempo. Si se analiza línea a línea cualquier tratado convencional de Osteología, con las profundidades genéticas que se derivan, se podrá llegar a la conclusión de que resulta imposible que toda esa inscripción que aparece en el ADN celular hayan llegado allí sin previo razonamiento.

En el primer capítulo de Juan, se enseña que los hombres ‘no tienen excusa‘, puesto que la evidencia del poder y la sabiduría de Dios resulta axiomática en toda la Creación. Esto se patentiza actualmente, pues la propia Ciencia humana ha revelado cosas asombrosas sobre el diseño y la complejidad del mundo viviente. La gloria y el honor de esas maravillas de la ingeniería no pertenecen a una descafeinada ‘selección natural‘, sino a Jesucristo, el Creador de todo, y para quien todo fue creado:

“En el principio ya era la Palabra, y aquel que es la Palabra era con Dios, y la Palabra era Dios. Este fue el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo que es hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz en las tinieblas resplandece; mas las tinieblas no la comprendieron.” (Juan 1:1-5)

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