LA FAMILIA: UN PROYECTO DE DIOS.

enero 6, 2012

Enero 6/2012

Siempre he defendido que la muerte física no es más que un salto hacia otras dimensiones y niveles de vidas eternos. Y hoy digo que tal realidad se experimentará en uno de cuatro reinos distintos, en función de los logros y/o errores familiares o personales:

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Como el Padre Celestial es inmutable en sus planes, y como tras un diseño siempre hay un propósito, obrará según Su Plan inicial. Los astrofísicos dan fe de proyecto: astros con 25 órbitas distintas, cada uno fiel a la suya, inalterable en el tiempo. No ha sido vista ninguna fuerza del espacio turbando ni uno solo de los millones de recorridos independientes trazados por infinidad de astros en movimiento. Evidencia de cálculo, no de azar, pues pese al riesgo de colisión, no hay accidentes. El albur no asegura la armonía y colocación interestelar que existe; el orden fue el inicio del Plan.

La colosal fuerza que mantiene ingente cantidad de astros en su sitio es una flecha que señala a una inteligencia al control. Se especula sobre ello, se asusta al mundo discurriendo sobre choques astrales, pero las estrellas caerán solo cuando el Padre del Universo decida llegada la fecha del cumplimiento de los tiempos; el momento apocalíptico anunciado por Jesús de Nazaret poco antes de ser crucificado.

En la Tierra sobrecogen las noticias sobre tsunamis en distintas partes. El mar se ríe con poder descomunal de regios barcos, largos trenes, pesados e inmensos camiones de 30 ruedas, y aviones comerciales; entra a la ciudad, les apiña a todos y les incrusta contra edificios. Luego, como si no hubiera ocurrido nada, retrocede a ocupar el nivel asignado desde el principio de la Creación; obediente, hace cumplir la profecía también lanzada hace dos milenios por Jesucristo: catástrofes naturales como señales pre-apocalípticas, que advertirían al ser humano de la cercanía del fin.

Las empresas del Padre Celestial son indelebles: anteceden al tiempo y le sobreviven; persisten en él y/o a pesar de él, pues su Kairos es eterno. Y Su Plan familiar también se cumplirá, guste poco, mucho o nada. Desde Adán [primer patriarca], seguido por Noé, sus hijos y nueras [únicos en subsistir al diluvio], la diáspora cuando Babel, y hasta hoy, cada patriarca y su familia forman la célula básica social. Ej: Dios previó como sería la constitución de la nación árabe, cuando dijo en Gen 17:20:

 “Y en cuanto a Ismael, también te he oído; he aquí le bendeciré, y le haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera; doce príncipes engendrará, y haré de él una gran nación.”

Plan con cumplimiento luego, en Gen 25:16 “Estos son los hijos de Ismael, y estos sus nombres, por sus villas y por sus campamentos; doce príncipes por sus familias…

Asimismo, Gen 35:22 fija el plan de la nación judía en Jacob, llamado luego Israel: “…Ahora bien, los hijos de Israel fueron doce…”; y en Gen 49:28 “Todos éstos fueron las doce tribus de Israel…

O sea, los hijos de Jacob [Israel], con sus respectivas familias. Y siglos después Dios aun dejó patente que actúa según Su plan eterno familiar, cuando instruye a Moisés sobre todo el orden de su templo. En Exo 28:21 ordena:

Y las piedras serán según los hijos de Israel, doce según sus nombres; como grabaduras de sello cada una con su nombre, serán según las doce tribus.”

Ese número doce surge 165 veces en alegoría bíblica: las 12 tribus de los patriarcas hijos de Jacob [Gen 49]; los 12 gobernadores de Israel [1ªR 4:7]; los 12 bueyes de bronce, en época de Salomón, sobre los que descansaba la paila del templo [1ªR 7:44]… y así hasta el 586 aC, el destierro en Babilonia, donde Eze 47:13 expresa:

“Así ha dicho Jehová el Señor: Estos son los límites en que repartiréis la tierra por heredad entre las doce tribus de Israel..

O sea, el mismo proyecto de Dios según patriarcas tuvo vigencia durante milenios, y aun continúa: Jesús eligió a 12 discípulos, siguiendo ese plan eterno. Apo 7 habla de los “sellados”: 12 tribus, mientras Apo 12:1 cita la corona de 12 estrellas. Apo 21:12 presenta la Jerusalén celestial como una ciudad circundada por un inmenso muro con 12 puertas; y por último, el enigmático Apo 22:2:

En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones.”

Pero: ¿Cuál es el Proyecto en sí? Este: ¡Hay un reino exclusivo para la familia fiel! Morarán junto a Cristo y al Dios Padre con el más alto privilegio, en el tercer cielo del que habló Pablo en 2ªCor 12:2

Así que ya pueden deducir la importancia que tiene ante Dios el hacer las cosas aquí según su Plan; quien lo viole, quien quiera vivir a su aire, podrá disponer de albedrío para ello… pero deberá acarrear con la consecuencia de quebrantar los estatutos del Creador, pues Su amor es paralelo a Su Justicia. Las mujeres que decidan tener hijos por sí mismas van contra Cristo, los matrimonios divorciados también. Y por último, como no, y con mucha más razón por ser proyecto antinatura, la unión homosexual no tendrá ni la más mínima posibilidad de ser contada como familia. Quien altere el orden sempiterno irá junto a los infieles citados por Jesús en Apo 22:15:

Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira.”

Ni uno será justificado; los justos irán al mismo Paraíso que cita Jesús en Lc 16:20, la anécdota de Abraham junto a Lázaro, el mendigo cuyas llagas lamían los perros, y cuyo nombre se reconoció en el cielo. El mismo prometido a Daniel, en Dn 12:13. En paz y felicidad se espera allí la gloria final dada cuando el Jesús Juez ponga en orden todas las cosas, pues la casa de Dios será una casa de orden. Mas los otros irán al infierno, como el rico sin nombre de la anécdota, por no estar inscrito en el Libro de la Vida. Quien no acepte la ley de la Plenitud, deberá someterse a la del martirio.

“No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán Su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.” [Jn 5:28-29]

Gracias a la resurrección de Cristo, todos resucitarán. Quien vivió fiel a Su legado irá a la resurrección de los justos, y quien halló siempre justificación en gloria o teología humana para violar estatutos del Señor, aunque finalmente sea salvo también será reo del anticristo hasta su venida. Así como se funde el metal en el crisol para librarlo de su escoria, así tendrán que ser acrisolados para su redención. Quien gracias al amor sea salvo pese a haber pecado, por Justicia será purificado en el averno hasta el juicio, cuando Cristo venga a redimirlo, estableciendo los reinos post apocalípticos:

1er Reino: Celestial. En el juicio final cada familia salva, elegida para este imperio de gloria, será asignada a una de las 12 tribus; ya por descendencia genética real [hubo varios éxodos judíos intercontinentales, el último en la 2ª Guerra Mundial], o por concesión divina: familias gentiles que buscaron en Cristo su salvación, se bautizaron sumergidos en el agua, en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo, y luego fueron fieles a Sus Mandamientos hasta el final, lavados de todos sus pecados.

O sea, ese reino de Plenitud lo habitarán familias constituidas por matrimonios sellados por el Espíritu Santo ante Dios en el Templo, que fueron fieles a Cristo ante el mundo, inculcando en sus hijos la Moral y Cívica cristianas, leales hasta la muerte, venciendo por la fe. Morarán en la eterna presencia de Dios, Cristo, y los ángeles, con el más alto grado de gloria, pues serán ‘dioses’, tal cual está escrito en Salmos 82: 6:

Yo dije: Vosotros sois dioses, Y todos vosotros hijos del Altísimo…”

 Recordado por Jesús en Jn 10:34:

‘Jesús les respondió: “¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois?”

Por tanto, todas las cosas serán suyas, y vencerán todas las cosas, y serán de Cristo, y Cristo de Dios. Sus cuerpos serán celestiales; y aunque enigmático para la inteligencia humana, tendrán carne y huesos perfectos, tal como cuando Jesús Resucitado se apareció a los discípulos, según testimonia Luc 24:39:

Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.”

2- Reino Terrestre.- El segundo reino de gloria tiene matices. Luego del juicio, acogerá los espíritus de las personas con pecados menores, confinadas a prisión de infierno por morir sin Cristo, que luego le aceptan siendo espíritus. Y a quien murió sin la ley; entre ellos los seres cegados en vida por las artimañas del enemigo de Dios que sufren castigo en el averno, cedidos un tiempo al poder de satanás hasta que el Señor les llame. También cristianos que no fueron valientes en dar testimonio de Jesús ni seguirle, o se avergonzaron de Él entre los hombres, por lo que no obtienen la corona en el reino de Dios. Todos recibirán una porción de la gloria del Hijo, mas no la del Padre; por tanto, serán cuerpos terrestres, y no celestiales, con menor gloria.

3er reino: Telestial. El más habitado; serán tantos como estrellas: “Muchos son los llamados, mas pocos los escogidos” [Mt 22:14]. De ellos, el Señor dice:

Todos doblarán la rodilla, y toda lengua confesará al que se sienta sobre el trono para siempre jamás; porque serán juzgados de acuerdo con sus obras, y cada cual recibirá conforme a sus propios actos, con dominio correspondiente en las mansiones que están preparadas; y serán siervos del Altísimo, más a donde Dios y el Cristo moran no podrán ir, por los siglos de los siglos”.

Son los que no aceptan el Evangelio de Cristo ni en vida ni después de muertos, dejándose arrastrar por el falso ‘modernismo humanista’ y la seudo ciencia… sin difamar del Espíritu Santo. Y los mentirosos, hechiceros, adúlteros, fornicarios… todo el que ama y obra mentira y se goza haciendo el mal a otros. Al no haber optado por Jesús, no podrán esperar el juicio en el Paraíso sino en el infierno, sufriendo mucha agresión y castigo de las huestes del maligno desde el mismo instante de morir. No serán redimidos del diablo hasta la última resurrección, luego del final apocalíptico, en el Milenio, cuando el Cordero de Dios, el Juez que vendrá, cumpla su obra.

4º reino: Infierno. Quienes tomaron testimonio de Jesús y le aceptaron al inicio, incluso bautizándose, pero se dejaron seducir por satanás con daño a la Verdad, desafiando el poder del Señor, crucificándole de nuevo. No habrá perdón para ellos. También todos los demás que se negaron a aceptarlo en cada una de las ocasiones que tuvieron para ello.

Padecerán la ira de Dios en la venganza del fuego eterno, por haberse dejado cautivar por el enemigo perpetuo, desoyendo la llamada bíblica del amor y la razón, abierta y lista  siempre al perdón, así como las reiterativas advertencias de Sus mensajeros.

Estos son los reinos que esperan a la humanidad. El próximo artículo presentará la Palabra de Jesús clarificando estos proyectos.

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LOS CIELOS DE JESUCRISTO.

diciembre 27, 2011

Diciembre 27/2011

Hace unos días participé en un debate sobre la existencia del infierno. Y hubo quien defendió con convicción que el diablo no existía, que las Escrituras le citan como ‘alegoría’ para definir las manifestaciones del mal, en oposición al bien que personifica en sí mismo el Hijo de Dios. Discusión normal si hubiera sucedido a nivel de calle, en un intercambio filosófico entre colegas… sin embargo, se trataba de una reunión cristiana, en una iglesia cristiana, entre gente que reconoce en Jesucristo al Salvador de la humanidad y al Juez que vendrá.

La ignorancia da ventaja al diablo; también la propia apatía, pues quien reconozca la trascendental importancia que tuvo para el mundo la crucifixión del Cristo, debe recordar las muchas veces que el propio Señor instruyó de forma directa sobre el diablo y sus ángeles. De hecho, viajar a las tinieblas es una posible opción definitiva cuando Él vuelva; su Visa abrirá optativamente dos puertas opuestas: cielo o infierno.

Pero resulta obvio que lo del cielo en singular no es irrebatible; en realidad, según nuestros actos tocará un tipo de gloria. El mismo Jesús dice a Pedro, en Mat 16: 19:

Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.”

Vemos que se refiere a los cielos en plural, tres veces. En general, en toda su instrucción, el Señor utiliza este plural en 38 ocasiones, en 34 versículos distintos. Incluso a veces combinándolo con un uso singular, en una misma frase:

y las estrellas caerán del cielo, y las potencias que están en los cielos serán conmovidas.” [Mar 13:25]

Y de nuevo, cuando instruye sobre la forma de orar, en Luc 11:2:

…decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.”

La instrucción bíblica de Jesús es muy prolífica respecto a este punto; Él no habló por hablar, cada contexto tiene su señal. Y nuestro deber es buscarla.

Teniendo en cuenta esas reflexiones, más la de Apo 2:23: “y a cada uno de ustedes le daré según lo que haya hecho”; y la de Apo 22:12: “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”, resulta innegable que hay varios cielos… o sea: varias categorías de gloria.

Pablo las mencionó en 2ªCo 12:2:

Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo.”

Obviamente Jesús le instruyó sobre tres cielos, y Pablo lo trasladó a los corintios. El apóstol lo menciona con la misma convicción que habla de otros asuntos acreditados; y ya sabemos cuánto era él de detallista, explicando hasta la saciedad cada punto que considerara nuevo e importante. Sin embargo no consta su educación al respecto.

Todo eso indica que se ha perdido información por el camino, pues ni esa instrucción directa de Jesús ni la de Pablo, ha llegado a nosotros. Y un ejemplo lo vemos en los Manuscritos de Nag Hammadi, los más antiguos que existen, hallados en 1945, en paleografía copta, legado de los primeros cristianos egipcios. Textos religiosos y herméticos, sentencias morales, escritos apócrifos y una reescritura de la República, de Platón, casi ignorados; gnósticismo declarado hereje por la jerarquía vaticana.

Pero no es la única información pendiente de análisis. Ya Jesús dijo en Juan 10:16:

También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.”

O sea, habla de ovejas en rediles distantes, que ya le pertenecían. Y hay testimonio de uno de ellos allende a los mares: judíos de un éxodo intercontinental acaecido en el 600 aC… que dejaron también otro legado de Jesucristo para la posteridad. ¿Quiénes eran? ¿Dónde estaban en la era de Cristo? Se tratará próximamente. Por ahora, solo es importante reconocer este hecho, mencionado también en Jn 11:51-52:

Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación; y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos.

Y vemos que Jesús fue muy enigmático sobre enseñanza pendiente, en Jn 16:12:

Aún tengo muchas cosas que deciros, pero es demasiado para vosotros.”

Todos han oído del libre albedrío. Y en la propia iglesia hay dudas sobre ello; hay quien dice que, puesto que solo hay cielo e infierno, el temor a Dios coarta la libertad de decisión, obligando prácticamente a decidir en una sola dirección. Sin embargo, más adelante veremos que el ser humano no elegirá entre 2 caminos, sino entre 4.

De momento, para no diluir mucho el tema, debo decir que las 3 distintas glorias celestiales solo serán establecidas al concluir el indecible tormento apocalíptico que aguarda a la humanidad. Luego vendrá la resurrección de los muertos, para llevar cada alma al juicio final; allí se decretará a cuál de los 4 reinos irá cada quien.

Así, se resucitará para salvación o para condenación. Cada alma comparecerá ante el tribunal de Cristo con cuerpo resucitado. Primero los muertos de la iglesia cristiana; luego el resto de la humanidad… incluida la porción de infierno que podrá acceder a juicio, pues hay un resto: hijos de perdición, para quienes ya no habrá más opción que el tormento eterno. Y de esto también se concretará en el siguiente artículo.

De modo que según la Justicia de Dios habrá dos resurrecciones: la de los justos… y la de los injustos redimidos del abismo, luego de larga aflicción por encadenarse ellos mismos con sus actos en vida al yugo de satanás, a sus escarnios y laceraciones. Será un periodo cuyo tiempo de cumplimiento solo lo sabe quien tiene que saberlo; pero, inexorablemente, será, aunque a algunos suene a cuento chino.

Un reino ya está: el infierno; no necesita esperar por los terribles sucesos del fin. Un ángel con autoridad ante Dios, se rebeló contra Jesús, y por esa razón fue echado lejos de la presencia del Padre; y con él sus seguidores: la tercera parte del mundo angélico. Ellos fueron los fundadores del averno; desde entonces hacen la guerra a quienes se confiesen cristianos. Les seducen mediante la sensualidad, aberración sexual, gusto por el poder, vanidad, soberbia, egolatría… cualquier deseo mundano que viole los estatutos del Creador, y las puntualizaciones de Jesucristo.

Ese será el reino más nutrido, el de conjura; con libre acceso gracias a la personal conducta en vida, opuesta a la moral y cívica cristiana. Pero también de aquellos que, habiendo reconocido al Cristo, e incluso habiendo sido bautizados en las aguas, luego se dejaron engañar al canto de lo ‘moderno’, y usaron su albedrío para vivir según su sensualidad, malicia y engaño, sin arrepentirse de ello, renunciando a la pureza obligada para estar en la eternidad con Dios y con Jesús.

Es en realidad el reino de los insensatos que tildan despectivamente de ‘anticuados’ a todo aquel que les alerta sobre el peligro de violar las leyes de Dios. Allí, siendo tarde ya para recapacitar, comprenderán que quien todo lo creó es el dueño del tiempo; en suplicio aprenderán que el Creador ha medido, mide, y medirá por siempre, según su propio reloj, no según el que mejor convenga a la debilidad del ser humano.

Así, al ser la eternidad un hecho, luego del juicio y según obras consumadas con libre albedrío, sin haberse arrepentido ante Jesús ni haberse bautizado ni comprometido en fidelidad, cada quien morará eternamente en el imperio al que le inciten sus actos.

Pero, al margen de lo individual, ¿qué pasa con la familia? ¿Tiene Dios un proyecto para ella? Sí, lo tiene. A las 12:55 del 6 de septiembre/2007, en medio de un año de oración y ayuno, recibí las siguientes palabras con toda claridad:

Abogad siempre, disciplinando en el Proyecto del Hogar

No consumo alcohol ni drogas de ningún tipo; no los necesito para funcionar. Oí lo que oí… y no es la primera vez que oigo al Espíritu. Ese ‘abogad’, nítido, no era de mi subconsciente; los cubanos no emplean el ‘vosotros’. De niños adquirimos el hábito exclusivo del ‘nosotros’, ‘ustedes’ y ‘ellos’. Incluso tuve que acudir al diccionario para un mejor razonamiento de lo que había oído. Hasta hoy no estaba preparado, pero ahora es posible; ese tema de la familia será la conclusión de este trabajo, en un posterior artículo:

LOS REINOS CELESTIALES Y EL PROYECTO DEL HOGAR.

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¿CUAL ES EL DESTINO HUMANO?

diciembre 19, 2011

19/Dic/2011

¿Por qué el hombre teme al hombre? Porque piensa que puede quitarle lo que cree que tiene más valor: el trabajo, la familia y/o  la vida. Sin embargo, no es eso lo más valioso, pues la vida es eterna; solo mueren los planos en la que esta se manifiesta. El morir es únicamente una acción de tránsito de una dimensión a otra; y no hay ni un ser humano, independientemente de su poder, jerarquía o influencia, que pueda alterar eso.

Se debería dirigir el objetivo del temor en dirección de quien sí puede hacer que esa eternidad transcurra en suplicio y terror sin fin: Jesús de Nazaret, el juez que vendrá, pues, ¿acaso el agua huye del fuego? ¿No será más bien al revés? Busquemos al agua viva que protege del fuego de la muerte, pues como yerba arderá el mortal que niegue al Redentor eterno. Los redimidos del Señor, al morir ganarán su corona de fidelidad; huirán del dolor y el llanto con inmensa alegría por la gloria recibida: la eternidad con Cristo.

El hombre se cuida del furor de opresor humano; nadie se cuida del de Dios. ¡Despierta hombre! No te esfuerces en beber más del cáliz del furor del Señor, tú, que ya has tragado del cáliz del odio hasta las heces. Tú, que estás ebrio, mas no de vino; tú, que el enemigo de Dios ha dicho a tu alma que se le postre, y pusiste tu cuerpo para que lo inmundo te arrollara y marcara para siempre, intentando quitarte tu esperanza. ¡Suelta las cadenas que cautivarán tu cuello!

La carne, hija de corrupción perecerá; en la pudrición verá su sino. Mas los fieles a Cristo, serán llevados por Él en resucitado cuerpo de gloria. Así como la muerte ha sido la eterna recolectora durante milenios, así también hay un misericordioso poder de resurrección. Pero es conveniente que antes venga el hombre en arrepentimiento del pecado; de la misma forma que antes de la caída llega la transgresión. La insistencia del pecado lleva al destierro del Señor; la expiación con arrepentimiento conduce al para siempre con Cristo.

¡Oh el saber de Dios, su gracia e indulgencia! Porque si la carne no se pudiera vestir de incorrupción para ser levantada en pureza, nuestros espíritus quedarían sujetos a ese ángel caído, diablo, para no elevarse más. Por siempre estaríamos sujetos a los eslabones de satanás, sus bofetadas y torturas.

Nuestros espíritus no tendrían otra perspectiva que llegar a ser como él; seríamos sus víctimas, igual que otros miles de millones que subyacen en su ancestral gobierno de tinieblas donde se cocen las almas.

Si no pudiéramos vestirnos de incorrupción, estaríamos separados para siempre de nuestro Dios, y de Jesús el Cristo, y de toda la presencia angélica que habita en la misma gloria del Altísimo. Estaríamos condenados a permanecer hasta la destrucción con el padre de las mentiras, en su misma mísera perspectiva futura.

Seríamos penados a estar bajo la potestad de ese ser que engañó a nuestros padres primigenios. El mismo que incita hoy al humano en sus deseos, haciéndole ver que no hay ley que rija esta vida, que no hay tránsito a ningún otro estado del alma; que la vida es una sola, y que lo mejor es vivirla según la dirijan los impulsos de las ansias.

Gracias a la bondad de nuestro Dios hay albedrío para la decisión. Junto al diseño humano se previó un medio para que cada uno escape de las garras del maligno. Somos la codicia del monstruo de la muerte y del infierno: la expiración definitiva del espíritu… pero muy pocos pueden verlo.

Gracias a Dios, que previó solo un tránsito para la muerte física. Llegará el día que el abismo tendrá que ceder sus muertos, espíritus cautivos, al juicio de Cristo. Seres que tendrán un conocimiento absoluto de sus pecados e impurezas, y verán cada desobediencia, cada ofensa a Dios, cada violación de sus estatutos; incluso las hechas a oscuras, a puertas cerradas. Los cuerpos y los espíritus de los hombres serán restaurados, gracias al poder de la resurrección del Incorruptible Hijo de Dios, el Señor Jesucristo. Y será para dar cuentas de sus actos.

¡Oh cuán grande es el plan del Creador! Pues también el paraíso de Dios entregará los espíritus de los justos, y cada espíritu será restaurado a su cuerpo, para tornarse incorruptibles e inmortales; almas vivientes con conocimiento perfecto. Almas vestidas de pureza, debido a su rectitud, con conocimiento perfecto de su gozo.

Ambos grupos deberán entonces comparecer ante el tribunal de Cristo: las ovejas y las cabras, inmortales todas, escucharán las actas. Y tan cierto como que Jesús vive; el propio Señor lo advierte en Rev 22:11-12, para que luego nadie se sorprenda:

El injusto, sea injusto todavía; y el inmundo, sea inmundo todavía; y el justo, practique la justicia todavía; y el santo, santifíquese todavía. He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.”

El diablo, sus ángeles, y todos los hallados inmundos, al ser todos eternos, al castigo eterno serán enviados, el preparado para quienes se confiesen enemigos de Cristo, desde el principio de los tiempos. Un tormentoso lago de fuego y azufre, cuya llama asciende por siempre.

Mas los justos, obedientes, y leales, que sufren hasta la muerte las cruces de esta vida, sin avergonzarse de su fe, heredarán el reino de Dios según el proyecto establecido por el Creador desde antes de la fundación del mundo. Allí, junto al Señor Jesús, su gozo será completo y definitivo.

¡Oh la gran misericordia del Creador! Él redimirá a los inocentes de ese espantoso monstruo combinado: diablos, muerte e infierno, y del lago de fuego y azufre: tormento sin fin. ¡Oh Su gran indulgencia, al enviar a Su Hijo al mundo para que, sufriendo en su propio cuerpo el dolor humano, lograra salvar a todo aquel que oiga Su voz y decida atender a su llamada, bautizándose en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo… y luego, fiel, resista los embates y tentativas del que quedó exento, y desea entorpecer los planes de Salvación que a él y a sus huestes le son negados.

Gracias a Cristo, su propia Gloria podrá ser compartida por todo el que cumpla la condición inexcusable ante el Padre: arrepentimiento, bautismo, y posterior sujeción a Sus mandamientos. De lo contrario, si no se arrepienten, ni se bautizan, ni creen en su nombre, ni perseveran hasta el fin, deben ser condenados, pues el Amor de Dios no puede anular su Justicia

Él ha dado la ley; y donde no se ha dado ley, habrá menor castigo. Las clemencias del Dios Santo tienen derecho de ser reclamadas por motivos de la expiación de Cristo, por el poder de Él. Pero ¡ay de aquel que sabe la ley y se burla! Quien disipe su vida violando las ordenanzas de Dios durante los días de su probación, tendrá un final terrible.

¡Oh, ese sutil plan del maligno, tras la vanidad, flaqueza y necedad humana!  La instrucción les hace creerse sabios; la seudo sabiduría les hace sentirse dioses y no oyen el valioso consejo del único Dios. Le repulsan, opinando que saben por sí mismos; sin embargo, su saber es locura para su propia alma: no les salvará, y por negar a Cristo, terminarán siendo pasto de llamas.

¡Ay de los sordos apriorísticos, que cierran sus oídos a la Palabra!

¡Ay de los ciegos que se niegan a ver la realidad del poder de Dios que les circunda, y propugnan irrealidades, arrastrando a otros a la vorágine! Ante el Señor responderán, no solo por sí mismos, sino por aquellos a quienes condenaron con mentiras, incitándoles a seguirles hacia el abismo.

¡Ay de los incircuncisos de corazón, pues serán heridos de muerte eterna, con la propia conciencia de sus iniquidades!

¡Ay del embustero que engaña por un puñado de billetes o toda codicia, pues el infierno será su estación definitiva!

¡Ay del asesino que cada día se sentirá arder, clamando por un fin de tortura que no llega, pues la muerte no vendrá a rescatarle del tormento!

¡Ay de los fornicadores, gays, pederastas, y todos los que cometan cualquier tipo de inmoralidad sexual, pues entre llamas, por gusanos serán traspasados!

¡Ay de todos aquellos que mueren en sus pecados, porque en sus pecados quedarán ardiendo, y luego estos le escoltarán fielmente en el día de su juicio!

Ser de ánimo carnal es muerte; ser espiritual es vida eterna. ¡No sucumban ante las seducciones astutas del antiCristo!

Sé que, en un mundo que flota en la permisividad, seré criticado por intolerante o loco. Pero la autocrítica guía a la vida; la complacencia por autojustificación lleva a muerte. Si a lo malo se llama bueno, se labra en campos de error… y frutos de error se cosecharán en el infierno.

Las palabras de la Verdad resultan duras a la impureza, pero salvan almas. ¡Venid al Señor Jesús, el juez justo! Andad por sus sendas estrechas, las únicas rectas ante sus ojos fiscalizadores. Él es el guardián de la Puerta, y no hay otra entrada sino donde Él custodia. Nadie piense que Él puede ser engañado, pues su ojo escruta hasta lo invisible, grabándolo y exponiéndolo luego ante cada infractor, para que se vea sorprendido a sí mismo. ¡Comprad antes gratis de su perdón, para evitar el horrible sufrimiento que ni siquiera sospechan!

Al que llamare, Él abrirá; pero repudiará a quienes le nieguen: seudo sabios, seudo instruidos, materialistas y sensuales. A menos que en vida se arrepientan de sus errores, se vean insensatos ante Dios y desciendan a las profundidades de la humildad, Él no les abrirá.

¡Sacudid las cadenas de aquel que busca insaciable su comida de almas! No dejen que el diablo les aprese en su tortura. ¿Atormentarían mis palabras a los puros? Si resultan duras, es que necesitan escucharlas; les urge oír sobre las consecuencias del pecado. No gastéis vuestro tiempo y/o dinero en lo que les condenará, aunque ahora les parezca imposible, por vivir en ignorancia.

No hay quien guíe; no hay quien tome al ciego de la mano. Solo la Palabra de Dios salva; solo Cristo, el Verbo de Dios, conduce a la salvación. Sacudíos la modorra y abrid los ojos de la inteligencia, porque no hay nada más terrible para el hombre que morir apartado del Señor, con toda una factura pendiente de cobro. El tiempo da fecha de caducidad al ser humano; y el Eterno es dueño del tiempo, de las llaves, y de las cárceles.

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LA VENTAJA DEL DIABLO.

diciembre 7, 2011

Diciembre 6 del 2011

Desde hace tiempo, y cada día más, en TV, cine y teatro, se está haciendo un hábito el show del terror. Vampiros, diablos, muertos vivientes, y sucedáneos, se translocan entre los medios de comunicación con gran apoyo de espectadores. Lo que vende es lo que se debe producir; y millones de euros olvidan la crisis, prosperando los bolsillos de los productores del miedo. ¿Quién duda que el mal deleita a esta generación? ¿Y por qué ocurre eso? ¿Es que la gente de pronto precisa de terror, desasosiego, y maldad?

Si se pregunta, la mayoría dirá que solo se trata de morbo, que el diablo no existe, ni los vampiros, ni los muertos vivientes, ni los similares vistos en las distintas pantallas y/o sistemas del ‘entertainment’. Una gran parte del mundo no disfruta del esquí u otros muchos deportes, ni atardeceres tranquilos ni reuniones familiares; necesita caña espiritual: sangre, maleficios, yuyos satánicos… el mal virtual abduce al bien real.

Los vampiros son virtuales, salvo esos molestos mosquitos que insisten en sacarnos de quicio, no contentos con sacarnos la sangre; el mal no. Los diablos y muertos vivientes, son una peligrosa realidad; yo los he conocido, me he comunicado con ellos, y conozco su proceder. Quienes mueran en Dios van al Paraíso, a esperar la venida del Cristo juez. Pero los que dejan la vida habiendo estados apartados del Señor Jesús, de los estatutos de Dios, viviendo como diablos, muertos vivientes o vampiros, van directo al infierno.

Allí les esperan distintos niveles de castigo, según la trinchera personal antiCristo que hayan cavado mientras estaban vivos. Muchos, considerándose buenas personas a sí mismos, ni siquiera entenderán qué hacen allí en esa nueva dimensión, tan real como esta, aunque mucho más lúgubre. Y su sufrir parará solo cuando tengan que ir a rendir cuentas ante el Salvador de los justos; o sea, un tiempo de angustia que puede durar siglos, pues solo Dios sabe cuándo será esa hora. Cuando llegue ese momento, se detendrá el castigo durante el lapso necesario para que vean el video de sus vidas.

Quien pecó sin sujeción a Cristo, ante las evidencias en su juicio querrá desintegrarse; intuirá que su regreso al suplicio será inexorablemente perenne. Y los materialistas que digan que eso es imposible, que no hay más vida que esta, les pediré que recuerden el mundo de los sueños. ¿Acaso no se perciben las mismas sensaciones que en el real? ¿No se sufre, se goza y hasta se muere? ¿No se siente el tacto, el olfato y el gusto? ¡El infierno es real! Es una pesadilla sin despertar que para muchos dura ya milenios, y para todos tiene perspectiva de eternidad.

Mas, ¿quién es el diablo? ¿Cuán poderoso es? ¿Cómo se palpa su obra voraz en los hombres? Pues es un espíritu creado por Dios, en su inicio un ángel de luz; uno de los más potentes del mundo celestial. Al igual que el hombre es sometido a la prueba de obediencia que es la vida en sí, también la obediencia de los ángeles fue probada. Y satanás, entre los más esplendorosos de los espíritus celestes, se rebeló.

Su rebeldía y afán de gloria, le hizo acreedor del castigo de Dios; fue echado del reino celestial. Y con él se trajo la tercera parte del mundo angélico. ¡Miren si hubo batalla en el cielo! Habita ahora en otra dimensión paralela a esta… junto con todo su séquito que un día fue rebelde al Creador. Quien estudie física puede ver un símil en la teoría de las cuerdas. Satán tiene más poder que el resto; pero al estar en un nivel superior al físico, todos pueden leer nuestra mente: saben por dónde cojeamos, por dónde pueden meter con seguridad la punta de su lanza para socavar, conquistarnos el subconsciente y llevarnos a donde quieren que vayamos.

Y al igual que en el reino de Dios hay niveles jerárquicos, según lo logrado en aras del bien, también en el infierno hay una jerarquía, según las almas conquistadas para el mal. Mientras que al Reino de Dios lo rige el amor, en el de satanás impera el odio. Los demonios se odian entre sí; su rango se basa en el daño que logran causar.

La cartomancia, la santería, el vudú, el palo, Harry Porter… todas son mañas demoníacas. Si un iluso se presta a ellas, pensando que es solo un juego, movido por simple fisgoneo o que las cartas y las consultas a los muertos podrán resolver sus necesidades terrenales, ha dado el primer paso hacia su perdición definitiva. Es como alguien en el desierto, sin agua ni alimentos, que toma la decisión de adentrarse más en él, pensando que cogió la dirección adecuada. El tiempo corre en contra del error; el infierno espera paciente con su lazo. Y ocurrirá seguro, más temprano que tarde.

Quien se entregue a eso debe saber que, ante todo, los demonios mienten. Jamás le dirán que les espera llama y tormento, sino que le lisonjearán y harán promesas de éxito en la carne. La ouija es un buen ejemplo. Cuando yo llevaba una vida de error, me hice una. Para quien no sepa lo que es: se trata de un cuadrado que puede ser hasta de papel, escribiendo toscamente sobre él, imitando las que se ven en cine o TV. El demonio está siempre ahí, a la caza; él no es muy exigente, pues no le interesa el rigor milimétrico sino que le entreguemos el alma, que nos enganchemos para poder subir de jerarquía en su reino. Así funciona.

Se ponen un ‘OUI’ y un ‘JA’; el sí y el no de la respuesta demoníaca, y con eso basta. No hay exigencia gramatical; no les importa. Facilitan la comunicación incluso con falta de ortografía. Y si la pregunta demanda una respuesta con más datos, entonces se ponen todas las letras del alfabeto formando uno o dos arcos. Así irá respondiendo con una pieza móvil que puede ser: un vaso, un cartabón, un vidrio… Yo usaba un pequeño cartabón; su vacío interior era situado por el diablo de paso, sobre la letra adecuada. Letra a letra decía todo lo que quería decir. Y ahora una enseñanza: ¡leen el pensamiento! Si quiere privacidad, el demonio se la da: solo piense la pregunta y él le dará la respuesta. Sé lo que hablo porque lo viví. ¡Y ese es el peligro! ¡Saben lo que pensamos! Entran por nuestras debilidades; es su vía de dominio.

Sin embargo, el Señor me hizo ver un día que Él no permite esa relación muerto-vivo; le resulta aberrante. Lo aprendí de la forma siguiente: una tía mía había perdido a su esposo y lo extrañaba mucho; sabía que yo tenía una ouija y que al ponerla sobre la mesa y unir mis rodillas con otra persona frente a mí, mirándonos ambos a los ojos, no a nuestras manos, aquel cartabón salía disparado y empezaba a dar respuestas.

Mi tía era una buena mujer; católica y muy cristiana. Solo que le confundía el dolor… pero el Espíritu Santo cuidaba su casa. Recuerdo que nos sentamos en una pequeña mesa, justo debajo de un cuadro del Sagrado Corazón de Jesús al que nunca le faltaba una vela encendida; un acto de recuerdo constante de mi tía hacia al Señor, aunque a Él no le hacía falta, pues es Rey de Luz. Pero era su ofrenda de comunión diaria.

Extendí mi ouija sobre la mesa, y comencé a hacer lo de siempre: invocar al espíritu, esperando que me contestara en el acto. Sin embargo, durante mucho rato estuvimos así sin que hubiera movimiento alguno. Fue la primera vez en todos mis intentos, que no hubo comunicación con espíritu alguno. Así aprendí que hacía algo incorrecto y muy peligroso que el Señor no permitiría en aquella casa.

Me levanté, y dejé aquella basura donde debía haberla puesto mucho antes: en un contenedor de desechos situado en la calle. Aprendí la lección: nunca más he vuelto a contactar ningún espíritu inmundo; cada día me aferro más al Espíritu Santo.

El objetivo de los demonios es hacer caer al hombre en el pecado; una vez en él, como produce deleite, se vuelve reiterativo, y cada día más se asegura su visado al infierno. Pueden estar tan seguros de eso como de que están leyendo.

¿Y qué es lo que incita al hombre a esta loca faena de autodestrucción? El placer por todo aquello que va contra la Ley de Dios; lo prohibido gusta. Se aventuran a seguir tras lo que motiva. Pero el caer en el pecado retando las leyes de Dios, rebelándose, es exactamente igual que jugar a la ruleta rusa con un revolver que tiene todas las balas. No hay ni una mínima posibilidad de sobrevivir.

Se ve el mal, se identifica, se sabe que se hace lo incorrecto, pero aun así, el propio ser humano se pone el lazo al cuello. Luego va apretando, cada vez más estimulado por la búsqueda del falso placer, la droga, el goce tenebroso, lo prohibido, y lo sacrílego.

El hombre o la mujer no ven tras el velo; no saben que tras todo pecado se oculta el diablo. El placer o el egoísmo son carnada: el ser humano es el pez que acude hacia su olla. El subsistir oculto a la inteligencia del hombre que le ignora, le da ventaja al enemigo de Dios. ¡Es su as en la manga! Los humanos se lo ponen fácil: él solo sitúa el anzuelo en el momento y sitio adecuados… y allá va el pez que se mata, apresurado en volverse pescado. La ignorancia da ventaja a satanás; y él sabe aprovecharla.

El mundo actual ha borrado la verdad del diablo; olvidando la noción de pecado sitúa en el olvido al ser que más peligro implica para la integridad espiritual, la vivencia más larga, pues: ¿qué son para una persona los años de disfrute humano? Solo unas cuatro o cinco décadas, respecto a la eternidad del alma. Por solo una gota se pierde todo un océano; se disipa la gloria de Dios, el paraíso concebido por Él para ser habitado solo por quienes demuestren fidelidad a sus ordenanzas.

Jesús conoció ese paraíso; lo vivió junto a Dios y sus ángeles. ¡Él sabía a dónde tornaría luego de haber culminado su plan de salvación para los hombres! Lo reclama en su oración de Jn 17:5, poco antes de ser crucificado:

Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.”

Nuestro Señor Jesucristo tenía puesta la luz larga; Él no miraba el insulto y el esputo sobre sí ni los latigazos ni la sangre regando su cuerpo ni el dolor que le produjeron hasta el final mientras fue clavado en su Cruz de Redención gratuita. Su vista estaba fija en el deleite que le esperaba; una dicha ya vivida por Él. ¡Conocía esa Gloria!

Indicó el camino para que nosotros también pudiéramos estar allí a su lado. Pero si se pierde el sentido del pecado, por inercia surge la idea de que el aborto, el divorcio, la homosexualidad y toda acción antiCristo que se hace a día de hoy, son una conquista de la civilización y no errores que aíslan de Dios y conducen al averno.

Muchos venden cada día su alma al diablo; ratifican un billete adquirido para un viaje sin retorno. Aceptan un plan vacacional terrífico y eterno que el espíritu rechaza pues arruina. Al abortar la lealtad a Cristo se frustra también la última esperanza. En esta vida se deciden transacciones; ¿a dónde vamos? Dios da a cada cual el libre albedrío… y también la responsabilidad sobre cada decisión humanamente errada.

A millones aguarda castigo eterno. Se debería meditar abismalmente que nadie sabe de cuánto tiempo dispone. ¡Cuidado con lo que se firma con los actos! Mucho mejor sería aprovechar el tiempo para quemar algún que otro pésimo contrato, arrepentirse ante Cristo, y bautizarse en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

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ARREPENTIMIENTO: ANTÍDOTO DEL CASTIGO

noviembre 29, 2011

Noviembre 29/2011

Oíd, quienes conocéis la rectitud sin obrarla; oigan, aquellos cuyo corazón les acusa. Abrid vuestro oído y sed sabios. Examinad la roca de donde fuisteis separados, y la cantera donde os compraron, pues el hombre es polvo y al polvo torna, pero el espíritu es eterno… y entre agua viva y fuego se hallan sus moradas.

De Dios nació la ley; en Cristo está el poder para consumarla. Jesús dio sus espaldas al azotador, y su mentón a quienes tiraron de su barba; su rostro jamás se escondió de la humillación ni del escupitajo de los diablos. El Padre siempre estuvo sobre Él, y aunque su cuerpo resultó pedernal de vergüenza ante los hombres, solo fue un tiempo de instrucción y advertencia necesarias; el Perfecto volverá como Rey para juzgar la causa humana y apartar sus elegidos. El León de Judá está a las puertas; ¡clamad al Juez antes de su llegada! En su tribunal ya no habrá clemencia con las tramas.

Jesús es amor, sí, fuente de afecto y amistad fiel si le buscan con corazón agradecido; pero debe responder en justicia ante su Padre, y por tal razón no permitirá que nada impuro contamine la eternidad que aguarda por la obediencia humana. La pureza es la meta inexorable; si no nos descontaminamos, no podremos entrar con Él. Y como el espíritu es inmortal por diseño Creador, deberá asumir su inmortalidad en la esquina opuesta: el reino de las calderas, las antípodas del Cristo, donde satanás ejecutará su mando sobre los que desecharon la puerta abierta al Cordero que salva.

¿Quién contenderá con Él? ¿Quién está a la altura de creerse su adversario? Látigo, espada y fuego hay en su boca: en sus juicios sentencia firme sin apelación válida. ¿Quién teme al Señor? ¿Quién obedece su Voz? El mundo se hunde cada vez más en sus tinieblas; cada vez más se traiciona a sí mismo, jactándose con indignidad de su impureza. Se entrega al eterno enemigo de Dios; se da a la voluntad de aquel que le encadenará para siempre al yugo del infierno. Flama real, porque real es la Palabra.

Muere la carne y el espíritu sale de su cárcel humana. ¿Y a dónde va? El justo, al paraíso, a esperar allí la venida del Señor, el día en que, empezando por Su iglesia, ejecutará juicio sobre toda la especie humana.

Pero el que en vida prendió fuego y sopló sobre centellas, mientras tarde Cristo arderá en su propio ardor; entre las llamas que animó será incinerado sin muerte, pues en perpetua angustia se verá aquel que no se arrepienta de sus pecados. Nadie escapará si no alinea su brújula íntima con el Hijo de Dios.

Rómpase ante Él, mientras esté en vida, y ruegue su perdón con corazón contrito, bautizándose en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Y aun no saldrá indemne si no lleva luego una vida de observancia, esforzándose con ahínco ante todo acecho de pecado. “Sé fiel hasta la muerte, y Yo te daré la corona de la Vida” — Dijo Jesús en Apocalipsis 2:10.

Sin ser fiel hasta el fin, no se obtendrá visado para ir a Dios. Se dan palmaditas, se dicen unos a otros lo bien que lo hacen; halagan y son halagados, condecoran y son condecorados. Gente de a pie, reyes, gobernantes, teólogos, sacerdotes… cada cual según su vanidad, egolatría y soberbia busca con ahínco la gloria humana. Lo malo hacen bueno, y lo bueno malo; y si alguien alza la voz mostrando el error, le tratan como a apestado. Y así es en la calle, en el trabajo, el gobierno… hasta en la iglesia es rechazado quien amoneste con la Palabra de Verdad en la mano, solo por cumplir con el deber ante el Juez que viene a juzgar a todos, comenzando por su casa.

Cada cual solo oye  la voz de sí mismo… o de quienes acarician sus oídos con lisonjas; mientras, la Verdad se desgañita en un mundo de sordos que se cree sabio. Surca el error la falsa complacencia; mas si se obra mal, creyendo obrar bien, ¿qué se obtendrá? Sembrar en terrenos del error es cosechar frutos de error; no hay otro resultado. Se ignora que así como el autoengaño lleva a la perdición por violación de la ley, la autocrítica conduce a perfección y salvación, por la obediencia a la misma ley.

La ley no sale por tedio; Dios no decretó sus estatutos porque se aburría, sino porque establecerían una frontera en Su proyecto humano. No se fundan ordenanzas para que sean violadas sin secuela. Donde hay ley, espera con paciencia la justicia; la ley es el fundamento del juicio. Así como un inmueble no se levanta sino cuando se han establecido antes cimientos sólidos, así la legislación no se crea si no está ya construida la balanza. Y esta juzgará sin obstrucción, milímetro a milímetro, con cota de plomada. Allí donde esté la violación de la ley, primará sin falta la ejecución de la sentencia firme, según la ley vulnerada.

Así, solo en Cristo hay esperanza; solo en Él se borran las violaciones de la ley, si hay firme determinación de cambiar las estructuras personales y vivir según aconseja que vivamos. ¡Solo el río de agua viva puede apagar el fuego del diablo! La desobediencia de las propias personas prenden la mecha de un explosivo cuyo detonante son: mala cabeza, dura cerviz, fornicación [homosexualidad incluida], hechicerías, homicidios, alcoholismo, drogadicción, idolatrías, mentiras, y todo lo malo que el razonamiento mundano pretenda justificar como bueno.

Se acerca el tribunal de Cristo; continentes e islas serán aquilatados. Vivos y muertos, ya sabiéndolo, ya ignorándolo, darán cuenta de sus actos. Levantad los ojos y luego bajadlos, pues todo lo que está sobre nuestras cabezas se esfumará como humo; y la tierra se fundirá como cuando se acrisola el oro: millones morirán carbonizados.

¡Volveos a Cristo; huid de la llama que no se apaga! ¡Volveos a Él, quienes dicen que hay demasiadas religiones para creer que la Verdad está en una sola! ¡Buscad al Redentor, los que argumentan que igual porción de fe tienen Mahoma, Buda, y otros líderes espirituales con los que el enemigo de Dios ha enredado a tantos! ¡Clamad a Jesús y arrepentíos, pues solo Él se entregó en la cruz para limpiarnos de pecado! ¡Ningún otro! ¡Solo Él es el resucitado que salva! No hay otra vía alternativa ni en lo alto ni en lo bajo ni a la derecha o la izquierda. ¡Solo Cristo es la senda que conduce al Edén eterno del Padre! Es ley de Dios: ¡Solo Él regirá el futuro humano!

Creed en Cristo y viviréis; confiad en cualquier otro y estaréis sembrando en el campo del error y del pecado, encadenándoos a pestilencia y flama. El fruto de ignorarle mancha alforjas; el cosechado con fidelidad a Jesucristo es blanco y puro; dará al ser humano el único visado para el viaje sin retorno a la eterna salvación del alma.

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MI VIAJE AL INFIERNO

noviembre 24, 2011

24 de noviembre del 2011

Todos queremos el conocimiento; algunos esperan que les caiga encima sin esfuerzos, mientras otros lo persiguen con ahínco. Mas el conocimiento nace del buscar la verdad. Respecto a eso, Jesús nos dice: “Sigan las señales”. Y cuanto más estudio más me convenzo que hay tantas que resulta imposible no verlas. Nadie podrá decir el día de su juicio que han pasado desapercibidas por sus vidas, porque le será mostrado cada momento en que las recibieron. Y esto es Palabra del Señor.

Algunos dirán: ¿De qué señales hablas? Mas las han visto sin haber tenido que subir a avión, barco ni cohete espacial; solo que no quieren seguirlas. Y ya que no quieren seguir las que ven, daré una que no ven, por si logro prender algún motor de quebranto; de esos que rompen fecha de caducidad y llevan a la Salvación.

En la madrugada del martes 13 de sept de 2011 fui llevado al abismo. Y aprendí que la fosa empieza aquí arriba. No había querido exponer esto antes por razones obvias: temor a no ser creído y resultar humillado. Cada día me he preguntado si no habría sido una simple pesadilla, una jugada de mi subconsciente; por eso hinqué rodillas, oré sobre esto al Señor, y rogué me hiciera saber si provenía de Él, si había permitido que yo viviera aquella horrorosa experiencia para que testificara al mundo.

Oré con los ojos cerrados y luego abrí la Biblia para ver la respuesta. Fue impactante: a la izq. apareció Isaías 9; a la derecha Isaías 14, y en el medio, unidas verticalmente, como si una mano invisible las estuviera sosteniendo, el resto de páginas entre estos dos capítulos. Comencé por Isaías 14:

[‘El Seol abajo se espantó de ti; despertó muertos que en tu venida saliesen a recibirte, hizo levantar de sus sillas a todos los príncipes de la tierra, a todos los reyes de las naciones. Todos ellos darán voces, y te dirán: ¿Tú también te debilitaste como nosotros, y llegaste a ser como nosotros? Descendió al Seol tu soberbia, y el sonido de tus arpas; gusanos serán tu cama, y gusanos te cubrirán.
¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo
.]

Luego leí el de la izq., Isaías 9:2, que profetiza sobre la llegada del Mesías, el Hijo de Dios que libra del infierno y de la muerte:

[El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos.
Multiplicaste la gente, y aumentaste la alegría. Se alegrarán delante de ti como se alegran en la siega, como se gozan cuando reparten despojos. Porque tú quebraste su pesado yugo, y la vara de su hombro, y el cetro de su opresor, como en el día de Madián.
Porque todo calzado que lleva el guerrero en el tumulto de la batalla, y todo manto revolcado en sangre, serán quemados, pasto del fuego.
Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.]

Su respuesta no pudo ser más categórica; un capítulo citó el infierno, y el otro a Jesús: el único que salva de él. Este es el testimonio de lo que viví:

Yo hablaba en una calle sobre el Reino de Dios a un grupo de personas. Se reían de mí; les decía que era invisible a nuestros ojos porque pertenece a otra dimensión: la espiritual. Se rieron más aun; entonces surgió de pronto un ser oscuro, sin rostro, y lo señalaron diciendo: ¡Mira, aquí está tu Dios! Y eso generó una carcajada aun mayor.

Luego varió el contexto: Yo caminaba, y un camión sin retrovisores ni puerta derecha pasó por mi lado. Lo conducía un hombre bajito, moreno; perfectamente identificable si volviera a verle, debido a la ausencia de puerta derecha. Iba a gran velocidad, y le hice señas para que aminorara, pero me dirigió una mirada de desprecio, y presionó aun más el acelerador. No oyó mi aviso ni los legados por quienes le antecedieron [de ahí la ausencia de retrovisores]. Solo miraba hacia delante, sin considerar lo cortos de vista que solemos ser los humanos, que observamos solo lo que queremos.

Y de pronto vino una visión de futuro, en una caverna lúgubre y tenebrosa. Una procesión, muy similar a la católica convencional, pasaba entre una multitud de hombres y mujeres. Unos portadores conducían un trono [no pude ver lo que había encima]; y uno de ellos, Carod Rovira apariencia bonachona, con gafas y bigotes, se dirigió al grupo de mujeres presentes y gritó, riendo con maldad, una frase bestial que no quiero repetir. He intentado contactarle para referirle la experiencia, pero me ha sido imposible.

Solo días después, la biógrafa de la realeza describió un incidente en el que se había visto involucrado el susodicho: En el viaje que hicieron a Israel  él y Maragall, en mayo del 2005, como miembros del Tripartito de Cataluña, el señor Maragall hizo una foto burlesca a Rovira mientras este reía, sosteniendo una corona de espinas sobre su cabeza, souvenir que suelen vender allí a los turistas. El rey, supuestamente cristiano, en lugar de pedir explicaciones, fue a besarle los pies a una talla hecha con manos humanas, que tiene ojos y no ve, manos que no abrazan, y pies que no andan: el Cristo de Medinaceli.

También vi algo espantoso: tras la procesión iban unas personas enyugadas a un grueso madero que ellos mismos transportaban sobre sus hombros, y del que pendían cadenas cuyos extremos se ceñían a sus cuellos. Llevaban sus ojos desorbitados de espanto, mientras daban alaridos espeluznantes.

Algo más atrás, aunque sin cadenas, arrastrando los pies y mirando al suelo, como sin poderse explicar qué hacía allí, les seguía alguien a quien considero la mejor persona de la realeza española: la reina Sofía. Pregunté por qué ella; y recibí que ‘yo no tenía que saber causas, sino solo dar testimonio, pues la causa saldrá ante los ojos de quien acepte la Palabra’. Y fui fiel; yendo contra la razón y la lógica, le envié una carta sobre la visión. Pero no tuve respuesta.

Eso ocurrió en la madrugada del martes 13 de septiembre del 2011. El  8 de noviembre, el fiscal anticorrupción de Baleares, Pedro Horrach, dirigió el registro en las oficinas de una red de sociedades vinculadas al Instituto Nóos en Barcelona… precididas por el yerno de la reina: Iñaki Urdangarín. Para mí fue una sorpresa haber recibido esa revelación sobre la implicación futura de alguien de la Casa Real Española, que saldría a la luz días más tarde. 

Hoy, 24 de noviembre 2011, ante la situación que vive la familia real, pienso además si la fatalidad que atraviesa el rey de España va más allá de sucesos azarosos. Pienso si su complicación física y las humillaciones recientes a las que están siendo sometido él y la monarquía española, no es sino una muestra del enfado de Dios por la ligereza de actuación de miembros de la familia.

Todos andan tras la gloria de hombres, recibiendo o confiriendo medallas,  sin amonestar a nadie que vulnere la moral y cívica establecida por el Señor Jesucristo. Jamás ha habido en España tanta tolerancia y apaño ante la violación flagrante y continua del Evangelio de Cristo.

Pero volvamos a lo que nos ocupa: De allí fui llevado a otro sitio donde fui partícipe directo: custodiado por gente que no conocía, yo bajaba unas escaleras con un grupo de personas perfectamente identificables, bajo una luz amarillenta y plomiza. No vi focos por ninguna parte, por lo que supuse que tal semiluz provenía de más abajo. Llegamos a una especie de descansillo franqueado por un barranco, y allí dejaron una parte del grupo, mientras el resto continuamos descendiendo.

Entonces me inquietó el corazón la convicción de que nos conducían hacia un lugar a donde nadie quería ir. De pronto, vi una vía alternativa que bajaba a la izquierda, y por allí escapé, mientras el resto continuó descendiendo. Corrí con toda la rapidez que imprime la desesperación, intuyendo que me seguían, y salí a una especie de explanada con cavernas, de unos 50 ms cuadrados. Veinte metros a mi izquierda divisé otra escalera que solo subía, y hacia ella me dirigí a toda velocidad.

Justo al pisar el primer escalón giré mi hombro y vi al que me perseguía: era un hombre alto y corpulento, de abundante pelo rizado y rojizo, identificable si volviera a verle, aunque Dios sabe que prefiero no volverle a ver jamás. Se había parado en la escalerilla del recodo que yo había bajado momentos antes; me miraba con una risa sarcástica, y supe que me decía que tenía todo el tiempo del mundo, que estaría ahí esperando por mí, que su esperanza era que yo volvería a bajar sin opciones de regreso. Comprendí que no me detuvo porque no le estaba permitido.

Salí de allí muy compungido, impelido hacia arriba; subí otro nivel, y vi más abajo al primer grupo, el separado al borde de un precipicio. Alzaron sus ojos hacia mí y uno de ellos, también perfectamente identificable, un mulato joven y fuerte, me preguntó dónde habían llevado al resto. Y en el mismo instante en que les decía que no sabía, nos llegaron gritos terroríficos, mientras la luz amarillenta subía de intensidad y se volvía rojiza.

No puedo describir la sensación de angustia tan grande que llenó mi corazón en esos instantes. ¡Jamás había sentido nada igual en toda mi vida! Y conste que he vivido situaciones donde tiembla el hierro; hasta un bombardeo, ametrallamiento incluido,  mientras aviones sobrevolaban mi cabeza.

La consternación me dio fuerzas, y seguí subiendo hasta salir a un sitio gris, sucio, pestilente, lleno de gente normal: era una calle. Reconocí una ciudad actual; había logrado salir al fin. Pero nuestras malas acciones, nuestros desatinos y violaciones constantes de la ley de Dios, quitan luz y dan una expresión lúgubre similar a la de abajo, en las calderas de satanás.

Desde esa óptica, vi que en realidad habitamos un valle de sombras, pese a estar bajo la brillante y refulgente radiación solar. Pero había salido; di gracias a Dios, y hoy doy mi testimonio. Y mi vida y mi alma pongo por prenda ante Jesús si he mentido en algo; que un camión haga asfalto conmigo si no he vivido cada situación que he descrito.

¡Qué el Señor dé a todos discernimiento y aprovechen este día, en el ya mismo! Nadie conoce su propia fecha de caducidad ni si despertará un día en ese mundo de muertos vivos. Arrepiéntanse todos los que hayan violado las leyes de Dios, pues no saben si mañana vivirán; no sea que ya tengan reservado su pasaje hacia el abismo. ¡Arrepiéntanse y sean salvos! Esto no es un juego ni un cuento del ‘coco‘, del que no saco ningún beneficio.

Doy fe [porque también lo viví en la madrugada del lunes 8 de febrero del 1994, luego de haberme bautizado en el nombre del Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo], que es real lo que advierte Efesios 5:14:

¡Despierta, tú que duermes! Sal de entre los muertos, y te iluminará Cristo.

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