UN ÉXITO DE TODOS

mayo 30, 2008

En una ocasión leí que cierto organista famoso fue a una gran ciudad para dar un doble concierto, en la Sala del Palacio de la Música. Era en los días en que los órganos poseían fuelles, y estos tenían que ser accionados por una rueda, manualmente. Para tal trabajo, se buscó a un muchacho muy fuerte.

El músico dio su primer recital, y el entusiasmo de los asistentes quedó plasmado en sus fervorosos aplausos. Al concluir de saludar, el músico sintió que le tiraban de su levita; era el chico de los fuelles, quien, sonriente y satisfecho por la actuación, le dijo:

–¡Qué bien lo hicimos, eh!

— ¿Qué estás diciendo? ¿Qué es eso de ‘qué bien lo hicimos’? ¿Qué has hecho tú, desgraciado? — contestó el organista, con soberbia y rabia.

–Oh, perdón… yo creía… — apenas pudo contestar el otro.

Al día siguiente llegó el segundo recital. El organista había guardado su mejor pieza para la despedida. Era una partitura que expresaba una tempestad, por lo que requería de gran energía.

Pero los fuelles fallaban estrepitosamente, y el músico, enfadado y preocupado, le dijo al ayudante:

–¡Por favor, sopla fuerte, chico!

–Imprimiré más fuerza… pero el concierto lo haremos entre los dos. ¿Sí o no?

–¡Sí, claro que sí! ¡Sopla, sopla o estoy… estaremos perdidos!

Al final, el recital tuvo un éxito inmejorable y el organista acabó abrazando al operador del fuelle, a la vista de todos los presentes.

Esta anécdota tiene actualidad en muchos órdenes de la vida, y lo es, sobre todo, con respecto al de una iglesia local. Todo se hace entre todos; nadie debe sentirse autosuficiente, intentando sobresalir ante el resto, ni tampoco demasiado pequeño, pensando que su aporte no podrá resolver ninguna situación… y sobre todo, nadie debe ser despreciado, como si no tuviera valor alguno.

Una iglesia es como una colmena; todos deben elaborar la miel del evangelio, desde el que se considere a sí mismo como el menos útil, hasta el Pastor, sin olvidar a las hermanas que se ofrecen voluntarias para mantener la limpieza e higiene del templo del Señor, pues todos le sirven por igual, cada cual según su aportación individual.

En la obra de Dios, todos somos colaboradores, y cada uno debe buscar su don, para servir al Altísimo dentro del engranaje divino. Debemos ser conscientes, en todo momento, que si logramos algo, no lo habremos conseguido por nuestra gran capacidad, sino por la colaboración de todos los hermanos, bajo el control, la misericordia y ayuda inigualable de Nuestro Señor. Él nos capacita en aquellas áreas en que más lo necesitemos, permitiendo que nuestro trabajo dé buenos frutos, y que sean abundantes.

Así pues, desde aquí quisiera tener una palabra de agradecimiento y apoyo a todos cuantos colaboran sinceramente en la precisa y preciosa batalla de la Evangelización, ya sea a los que conforman nuestra Congregación, como a los que se reúnen en cualquier otra, en cualquier punto del planeta. En definitiva, todos somos uno en el árbol de Cristo, para la obra de Dios.

Con amor: Pastor Daniel.

Anuncios

ACERCÁNDONOS A CRISTO

mayo 30, 2008

Hoy, es mi deseo reflexionar con ustedes sobre las actitudes que se espera de los buenos cristianos; en esta ocasión, he enumerado seis de ellas, consideradas como muy importantes en nuestra trayectoria hacia Jesús:

1- VIVIR COMO CRISTIANOS.

A veces hay cosas que nos tienen encadenados (vicios, rencores, envidias etc); estas son, en la gran mayoría de los casos, las que nos limitan el crecimiento espiritual y el consecuente acercamiento al Señor. Por ello, para que cambie nuestra vida, debemos transformar nuestra forma de vivirla.

Un punto de inicio es el quebrantamiento, en medio de esta sociedad consumista y exhibicionista, donde la inclinación al pecado nos tienta constantemente. Hay que progresar de acuerdo con los tiempos, y adaptarnos a las condiciones de un mundo cambiante, encontrando un punto de madurez y equilibrio, sin ir a medias con el Señor, quebrantándonos ante Él cuando pequemos, liberándonos del orgullo y la soberbia, confiando que Él oirá, si el arrepentimiento es desde el corazón.

2-TENER VISIÓN Y PASIÓN.

Nunca podemos ser más de lo que soñamos ser. Nuestra visión cambiará según nos fijemos en las Escrituras y experimentemos un desarrollo, teniendo comunión con el Espíritu Santo. Necesitamos tener Ilusión por los asuntos del Señor, y pasión por las almas que se pierden cada día. ¿Quién irá a hablarles del amor de Dios si nosotros no vamos?

3-LLEVAR UNA VIDA DE ORACIÓN.

Para poder evangelizar con efectividad, una congregación debe tener una relación íntima con el Señor Jesucristo. Esta relación incluye la disposición de obedecer sus mandamientos encerrados en la Biblia, pero abiertos al mundo; aunque eso no es suficiente para tener el poder espiritual necesario, que ofrezca un testimonio eficaz.

Resulta imprescindible la participación personal y activa del Señor en la Obra de evangelizar. Tal participación se consigue mediante el Espíritu Santo, y Él responde tan solo a la oración tenaz del creyente. El propio Jesucristo dijo, en Juan 15:5:

“El que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí, nada podéis hacer.”

Por ello, una congregación que desea hacer la obra de la evangelización, con el firme deseo de crecer en ese cometido, debe redescubrir el gozo que nos da la Oración. A través de ella debe buscarse la voluntad de Dios y no nuestros caprichos y éxitos personales. Por esto debemos decir que es necesario que fomentemos los cultos de oración, las cadenas de oración, vigilias, etc.

También:

A- Aprender la importancia de la oración para evangelizar, tal como se enseña en Luc 18:1, 1ªTim 2:8; 1ª Tes 5:17; Isa 55:6… Veamos por ejemplo, lo que señala Hechos 1:8

“…mas recibiréis la virtud del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros; y me seréis testigos en Jerusalén, y en toda Judea, y Samaria, y hasta lo último de la tierra.”

B- Proveer un plan que facilite la oración; primero para el creyente individual, y después para toda la congregación.

4- ESFORZARSE EN SANTIDAD DE VIDA.

Debemos esforzarnos cada día, a todo momento, en el crecimiento del ‘control’. Esto resulta imprescindible para que podamos ser visitados por el Espíritu Santo, y podamos ser llenos de Él.

“Sed Santos, porque yo soy Santo” (1ª Pedro 1:16)

Este texto nos enseña que Dios actúa a través de canales apropiados. Es cierto que Él no se fija si somos un recipiente grande o pequeño, blanco o negro, de barro o cristal; pero sí conoce cómo está nuestro interior. Por ello necesitamos vivir según las Escrituras, y dejar que el Espíritu Santo actúe en nosotros, porque de lo contrario, nuestras vidas no experimentarán ningún cambio especial, y nuestra congregación tampoco.

5- Tener Fe.

Esto resulta algo esencial; si carecemos de fe, es mejor que no intentemos nada, ya que todo lo haremos con desgana y desilusión. Debemos creer sin dudar, que Dios hace posible lo que resulta imposible para el ser humano; y esto no es algo que podremos hacer confiando en nuestras propias fuerzas, sino gracias al poder de Dios, actuando a través nuestro, mediante Su Espíritu. Esto lo vemos, primero en Heb 11:6, y luego, en T2ª Timoteo 1:3:

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que a Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.”

“Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y la caridad de todos y cada uno de vosotros abunda entre vosotros; tanto, que nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las Iglesias de Dios, de vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que sufrís; en testimonio del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del Reino de Dios, por el cual asimismo padecéis.”

6- APERTURA AL CAMBIO

Las Iglesias que consiguen crecer, no lo han logrado solo por estar ‘abiertas al cambio’, sino porque han conseguido realizar satisfactoriamente la diversificación más acorde con los criterios del Espíritu Santo. No ha sido una metamorfósis por el simple hecho de presentar una variación de comportamiento, sino por la causa de Cristo, en el imprescindible camino de tránsito hacia el Padre, intentando parecernos a Jesús, cada vez más.

Con cariño, el Pastor.

 

 


LOS ELEGIDOS

mayo 23, 2008

“No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegía a vosotros” (Juan 15:16)

Es muy importante cómo comienzas una relación; las partes necesitan sentirse seguras para que todo vaya bien. Por ejemplo, cuanto te invitan a cenar a una casa, es razonable esperar que se cumplan ciertas obligaciones sociales. Como tú eres el invitado, no hace falta que te preguntes si vas a ser bienvenido o si va a haber suficiente comida o si habrá un sitio en la mesa para ti.

Esas son cosas que te podrían preocupar, si apareces sin haber sido invitado. Con todo, ¡saber que has sido elegido, te da confianza! Significa que eres aceptado; no necesitas hacer nada ni ‘hacer una campaña publicitaria’ para ser elegido.

De esa misma forma funciona con Dios. La palabra elegido, aparece varias veces, incluso con acepciones diferentes; una de ellas, la vemos en Mateo 24:22:

“Y si aquellos días no fuesen acortados, ninguna carne sería salva; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.”

Si piensas que dirigirte al altar de una iglesia para convertirte en cristiano, significa que tú elegiste al Señor, piénsalo de nuevo. ¡El te escogió a ti! Lo hizo porque quiere bendecirte y, lo más importante: ‘bendecir a otros a través de ti.’

Sin embargo, no siempre te sientes preparado para asimilarlas en toda su magnitud desde el principio. El Señor dice, en Malaquías 3:10: ‘”vaciaré sobre vosotros bendición hasta que no dé abasto.” A veces son tan enormes, que cuando Él empieza a derramarlas sobre ti, piensas: “¡Querido Señor, no estoy seguro de poder manejar esto!” Y estarías en lo cierto, si tú hubieras sido el que inició la relación; pero recuerda que tú no le optaste a Él, sino Él a ti, y a quien el Señor escoge, le provee y discipula hasta que resulte un buen mayordomo.

Todo lo que tienes que hacer es permanecer abierto, perseverando en sus enseñanzas y siéndole obediente en todo aquello que espera de tu parte:

“…ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado por instrumentos de iniquidad; antes presentaos a Dios como resucitados de los muertos, y vuestros miembros a Dios, por instrumentos de justicia. Para que el pecado no se enseñoree de vosotros; porque no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.(Rom 6:13-14)

Pastor Daniel.


‘RECIBIR DANDO’, NO ‘DANDO PARA RECIBIR’

mayo 22, 2008

Nos movemos en una sociedad en que la mayoría de personas viven bajo una incertidumbre económica. De hecho, en nuestro país, España, hay un gran índice de desempleo, en comparación a otros países europeos. Pero algo que debemos tener en cuenta es que, si el mundo basase su vida en los fundamentos bíblicos, podría mirar el futuro con optimismo y confianza.

Quizás muchos de vosotros os estéis preguntando: ¿Por qué? Pues porque hay un principio económico muy importante que no mencionan los especialistas de las finanzas, analistas y sociólogos:

‘Todos los recursos que aprovechamos para generar ingresos o utilidades, le pertenecen a Dios’.

O sea, Dios es dueño de todo. Si nos vamos a las páginas de la Biblia, estas nos enseñan que el propio Creador se presenta como tal, de todo lo que existe; por lo tanto, podemos decir que todo lo que producimos depende de algún elemento que se originó en la Tierra, un planeta creado por el Todopoderoso.

El hombre puede producir casi cualquier cosa, desde, por ejemplo, una barra de pan y mermelada para untarle, una viga de hormigón, o hasta un gigantesco avión de transporte; así como un número casi infinito de artilugios de su diseño. Pero la materia prima de todo depende de lo que Él creó en los inicios de la civilización.

El ser humano se limita a reformar, transformar, mejorar las técnicas de elaboración, perfeccionándolas y haciéndolas cada vez más sofisticadas. Pero la materia está ahí desde el principio; podemos desarrollar nuestra propia capacidad de creación, contando con las sustancias elementales, mas, jamás podremos crear algo de la nada.

Hermanos, Dios reclama como suyo todo lo que nosotros somos o esperamos ser. De hecho, en el libro de Génesis se nos instruye acerca de que el ser humano es la obra suprema de Dios. Gen 1:26:

“Y dijo Dios: «Hagamos al hombre a Nuestra Imagen, y a Nuestra Semejanza. Él reinará sobre los peces del mar, las aves del cielo, y sobre los animales, y sobre toda la tierra, y sobre todos los reptiles que reptan sobre la tierra». Así Dios creó al hombre a Su Imagen, en la Imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó.”

Es cierto que tú y yo no fuimos creados directamente por Dios. Sin embargo, debemos ser conscientes que, gracias a su Ciencia y Sabiduría sí creó el primer hombre y la primera mujer, permitiendo que tuvieran la capacidad de ‘multiplicarse’. Lo logró mediante un complejo aparato sexual sincronizado con un ‘programa’ también de su propio diseño, que aun en la actualidad es objeto de debate entre los científicos agnósticos y los creyentes en una Creación bíblica, tal cual se plantea.

Él creó el ciclo de la vida humana y las constelaciones; todo lo existente: universo, Tierra, nuestro cuerpo, energía y pensamiento, es producto de Su poder creativo, así que todo ello le pertenece a Él por derecho propio.
Además, algo que debemos tener siempre presente, es que Dios tiene parte en nuestro éxito. Por ello, como cristianos que somos, debemos ser fieles en cuanto a mayordomía se refiere.

Para comprender algo mejor lo que Dios hace con nosotros, me gustaría utilizar una ilustración: Imagina que alguien invierte en un negocio que en apariencias puede ser viable, y para ello nos da todos los recursos económicos, humanos y profesionales necesarios. Lo más normal es que, cuando la actividad haya prosperado, el inversor participe de una parte de las ganancias, pues gracias a su apoyo se ha podido llegar a las metas pre-establecidas.

Pues esa misma actitud es la que los cristianos debemos tener con Dios. A Él le debemos todo, incluyendo por supuesto: la vida. ¿No se merece algo a cambio? ¿No tiene derecho a que le entreguemos una parte de nuestro tiempo, trabajo, dones, familia, dinero, etc?. Si nosotros recibimos ganancias gracias a lo que le pertenece, se convierte en ‘nuestro socio‘ y adquiere derechos como tal.

Es cierto que hay cristianos que no entienden todavía que el ofrecer a Dios nuestros diezmos y nuestras ofrendas es un acto de adoración, de privilegio… y también de responsabilidad. El rey David fue consciente es esto, por eso dice, en 1ª Cro 29:12:

“De ti vienen las riquezas y la honra. Tú lo gobiernas todo; la fuerza y el poder están en tu mano, y en tu mano está también el dar grandeza y poder a todos. Por eso, Dios nuestro, te damos ahora gracias y alabamos tu glorioso nombre, pues, ¿quién soy yo y qué es mi pueblo para que podamos ofrecerte tantas cosas? En realidad, todo viene de ti y solo te damos lo que de ti hemos recibido, pues ante ti somos como extranjeros que están de paso…”

Por otra parte, vemos el caso del apóstol Pablo, con una sólida formación teológica, filosófica, jurídica, mercantil y lingüística, hablando además griego, latín, hebreo y arameo. Conocido como Saulo de Tarso, fue un ejemplo de austeridad y de ninguna aspiración material, pues de una situación de bonanza económica, con un puesto de trabajo seguro, como fariseo al servicio de los jefes judíos, cambió a la de paria defensor de cristianos, sin ninguna otra garantía material de futuro, que las ofrendas recibidas de sus hermanos en la fe a través de las donaciones; un ejemplo del uso del dinero que cada creyente deposita en el alfolí de sus iglesias.

Veamos, a partir de Filipenses 4:11, cómo enseña cuál es el verdadero sentido y resultado de las ofrendas a Dios, y las ayudas que hacemos a nuestros hermanos:

“… he aprendido a contentarme con lo que tengo. Sé lo que es vivir en la pobreza y también sé lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a hacer frente a cualquier situación, lo mismo estando satisfecho, que pasando hambre, a tener de sobra, que a carecer de todo. Y a todo puedo hacer frente, pues Cristo es quién me sostiene.. (17): No es que piense solo en recibir; lo que quiero es que vosotros lleguéis a incrementar vuestra cuenta delante de Dios, pues yo ya lo he recibido todo, y hasta tengo de sobra… Lo que me enviasteis fue como una ofrenda de incienso perfumado, como un sacrificio de olor agradable a Dios. Por lo tanto, mi Dios os dará todo lo que os falte, conforme a sus gloriosas riquezas en Cristo Jesús. ¡Gloria para siempre a nuestro Dios y Padre! Amén.”

Dar sin esperar nada a cambio; no permitiendo que seamos esclavos del dinero, sino sabiendo por fe, que Dios proveerá de todas nuestras necesidades si le somos fieles en ese campo. Esa es la enseñanza

“Traed todos los diezmos al alfolí, y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y vaciaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.”(Mal:3:10)

Pastor Daniel.

 


ESPAÑA TRAS LA HUELLA DE CRISTO

mayo 20, 2008

Como pueblo de Dios en España, estamos viviendo una circunstancia inmejorable, que abre nuevas posibilidades para la causa del evangelio en nuestra patria. La situación actual es todo un reto a la ‘acción y a la oración,’ priorizando, por supuesto, a esta última.

La acción debe dirigirse en primer lugar, a fomentar la unidad con el cuerpo de Cristo, con miras a una mayor creatividad en próximas actividades de testimonio. Pero, para que este trabajo llegue a buen fin, generando óptimos resultados, la oración resulta vital; creemos en el poder de la plegaria sentida en el espíritu, y estamos convencidos que cuando el pueblo de Dios ora con Fe sincera y ardorosa, Dios oye en los cielos… y actúa.

Es cierto que nuestra responsabilidad en estos tiempos excede a nuestra capacidad. No obstante, si realmente deseamos que el Espíritu Santo irrumpa en nuestras vidas con toda su plenitud, debemos reconocer nuestra actitud, fuerza, sabiduría y fruto como una dádiva del mismo Creador, ya que solo de Él puede venir la bendición auténtica y genuina.

Por lo tanto, nuestra oración como Iglesia, Templo de Dios, debe ser incesante y fervorosa delante del Trono de la Gracia del Altísimo. Es por esa razón que el señor nos pregunta: ¿Has orado hoy?

Si lo has hecho, habrá sido para la Gloria del Todopoderoso y para tu propia bendición. Pero si todavía no has doblado tus rodillas para hablar con Él, hazlo y dile:

“Señor, dame un Crecimiento espiritual; anhelo una comunión íntima contigo.
Señor,  dame un Discernimiento, para saber buscar tus prioridades en cada área de mi vida, y así servirte mejor.
Señor, dame Fortaleza tuya en mis momentos difíciles para que no sucumba en ellos.
Señor, irrumpe en mi vida, Quebrantándome y Moldeándome a tu imagen, para sentir la plenitud del Espíritu Santo en mi vida cristiana, y que el Espíritu Santo tome el control de cada área de mi existencia.”

Con amor cristiano:
Pr. Daniel Contreras


LA MINIFALDA EN EL PROYECTO DEL HOGAR.

mayo 3, 2008


PADRES, HIJOS Y MINIFALDAS GENEROSAS

Ante los constantes cambios en los hábitos y las ‘modas‘ de la juventud (generada por la agresiva publicidad mercantil de los medios de comunicación), el peligro de la vanidad y la preocupación juvenil por no ir contra la corriente de su ‘pandilla‘, los padres no podemos menos que permanecer alertas La mejor instrucción que podemos darle a nuestros hijos, por supuesto, presuponiendo que ya tienen a Jesús en su vida, es que se pregunten a cada momento cómo reaccionaría el Señor ante cada comportamiento suyo.

¿Cómo se sentiría Él, por ejemplo, con respecto a una cristiana en minifalda guerrera, enseñando más allá del horizonte? ¿Cómo, cuando el borde de la casi inexistente braga asoma sugerente sobre el pantalón mientras anda o en el insinuante momento en que se sienta? ¿O cuando la joven se emborracha durante un botellón, por seguir la corriente de los amigos?

Para ser atractiva, una mujer no tiene por qué ir mostrando todos sus atributos; así como  para ser feliz no necesita anegarse en alcohol ni consumir drogas de ningún tipo. La minifalda jamás dejará de instituir un mensaje subliminal: la ‘diana que busca la flecha‘, aunque alguien, inocentemente, piense lo contrario. De la misma forma que no hay inocencia si se exhibe un inmenso diamante, sino vanidad; el objetivo siempre será provocar la mirada hacia el escenario.

Y ya no se habla solo desde la posición ante Dios, sino de la propia seguridad personal. A través de los tiempos, ¿cuántos casos salen en los informativos sobre chicas jóvenes que han sido perseguidas por la lascivia de un psicópata incontrolado que las ataca, viola y asesina brutalmente, alegando luego que la provocación le pudo? El riesgo de incineración siempre estará presente en cada fuego que se prenda.

Llegados a este punto, no creo que sea desacertado señalar la feliz y sana alternativa de una juventud cristiana, no ‘mojigata‘ ni ‘reprimida‘, como quieren hacerla aparecer los ateos, en su afán por el descrédito, sino felizmente reunida entre vasos de refrescos y zumos, con sanas conversaciones que no tienen por qué no resultar divertidas, y al compás de los mismos ritmos que suenan en la calle.

Por ejemplo, el pastor de mi iglesia, quien ha sabido cumplir eficazmente con su deber ante Dios y el Proyecto del Hogar establecido por el mismo Jesucristo, creando una familia sólida, con dos hijas muy jóvenes, llenas de neuronas correctamente instituidas, ha adoptado una sabia medida al respecto: yo he tenido la oportunidad de ver cómo nuestra juventud se la ha pasado muy bien en el amplio espacio de nuestro local, en un día acordado, entre bailes, mucha risa, y sin presencia de alcohol ni estupefacientes.

Además, por iniciativa suya, asiste a una inmutable tertulia directa con ellos cada sábado, orientándoles sabiamente sobre la actitud ante el noviazgo, alertándoles sobre su compromiso cristiano, y alimentándoles el celo por no afrentar a nuestro Señor.

¿Qué mayor acicate que la inmensa deuda de gratitud contraída con Él, por su ofrecimiento en la Cruz como perdón de los pecados de toda la humanidad? Siempre se debe cuidar la compostura ante quien atisba cada milímetro del corazón humano y es garante, si le seguimos en fidelidad, de una vida eterna e incombustible en el tiempo: un mundo de paz y amor, distinto a este beligerante, financiero, usurero y egoísta que nos somete.

Como comentario aparte me gustaría mencionar la alternativa musulmana sincera con Dios (no hablamos de los ‘otros‘), pese a que no puede haber comparación estricta, pues ignoran a Jesús, el fundamento. Pero reconozcamos que la mujer musulmana ‘practicante‘, es más fiel tocante al aspecto del vestir y al maquillaje, que muchas congéneres occidentales de la actualidad. Y si alguna lectora se siente herida, que me perdone; pero antes de juzgarme, lea con el corazón lo escrito, sin soberbia y en humildad, pues por lo general, cualquier comentario como ese, aunque se hable con la Biblia en la mano, es respondido con dureza, alegando machismo y exponiendo la bandera de la ‘igualdad‘ femenina.
Mas, según la Palabra de Dios, ¿quién yerra?

La mujer musulmana fiel a Dios, viste con túnica, sin propaganda de silueta; evita el atuendo vanidoso que vaya ‘pidiendo guerra‘, como percutor de una lujuria codiciada. Por su parte, las hermanas cristianas de mi congregación, incluso las adolescentes, acuden los domingos y otros días de reunión, con elegancia y porte, sin mostrar silicona ni el escote natural que les haga resultar provocativas.  Y no por eso dejan de ser atractivas.

Transcribo un fragmento de una chica, durante un debate al respecto, en un forum del ‘ciber’ sobre las fiestas de bodas musulmanas. Decidí copiarlo por la enseñanza que encierra:

‘Sí, he asistido a varias y me han parecido las mejores que he visto jamás. La gente se divierte a montones sin necesidad de embrutecerse con alcohol ni espectáculos obscenos. Como no tienen que aportar dinero ni a la iglesia ni para el salón, ni pagarle a nadie para que los casen, al final les sale muy barato el festejo y es por eso que invitan a tanta gente, con la que comparten gustosos el banquete. La gente no va a chismear ni a criticar quién es la mejor vestida o la más escotada. La verdad, me la pasé muy bien; aunque no me cierro, seguramente las habrá bonitas en cualquier parte del mundo.

Ahora bien, ¿qué instruye el planteamiento bíblico acerca de esta situación? Si comparamos los escritos de los profetas del AT con los del NT, podremos apreciar diferencias de contextos, (debido a que los hábitos van cambiando en el tiempo) pero jamás, de principios. Por ejemplo, a partir de Ez. 16:11, tratando sobre la infidelidad de Israel, Dios establece una parábola:

Te atavié con adornos, y puse brazaletes en tus brazos y collar a tu cuello. Puse joyas en tu nariz, y zarcillos en tus orejas, y una hermosa diadema en tu cabeza. Así fuiste adornada de oro y de plata, y tu vestido era de lino fino, seda y bordado; comiste flor de harina de trigo, miel y aceite; y fuiste hermoseada en extremo, prosperaste hasta llegar a reinar… Pero confiaste en tu hermosura, y te prostituiste a causa de tu renombre, y derramaste tus fornicaciones a cuantos pasaron; suya eras.’

¿Qué es lo más importante en estos versículos, que Él autoriza los adornos para la mujer o que la vanidad, la soberbia y la prepotencia pueden llevar a la perdición a una hija de Eva? La gloria de su ornamento: la plenitud económica con la que el propio Dios había bendecido a Israel para que destacara entre todas las naciones, degeneró en altivez arrogante, causando su enfado.

Posteriormente, cuando Jesús vino, nos enseñó reiteradamente que Su misión no era cambiar ni una tilde de la ley y los profetas, sino ‘especificarla‘. Pulió el criterio con respecto al sábado, instruyendo que se podía hacer el bien ese día, aunque fuera trabajando… y también sobre el comportamiento que esperaba de hombres y mujeres. Sobre estas últimas, la carta de Pablo a Corintios, en 1ª 11:6, expresa un planteamiento con respecto al uso del velo, que a nosotros los occidentales nos alarma:

‘Porque si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra. ‘

Pero se debió a que en el AT, eso era lo que se enseñaba, pues Dios quería disciplinar a su pueblo… y Pablo tenía aun las profundas raíces judías. No hay pues contradicción entre las órdenes dadas a Moisés y los criterios de Pablo, de raíz farisea, una línea del judaísmo que seguía la ley a rajatabla; mas sin la oportunidad del resto de los apóstoles: 3 años de perfeccionamiento junto al Señor. Veamos que indica al respecto, la ‘roca‘ de Jesús (que sí la tuvo) en 1ª Pedro 3:1-4:

‘Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la Palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa. Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios.’

Aunque obvia el velo, mantiene la esencia del respeto a Dios; no contradice a Moisés. No hay ni una enseñanza de Jesús con respecto al velo en todo el Nuevo Testamento. De donde se desprende que la idea de que los tiempos nuevos ‘no’ deben medirse con relojes viejos, es válida solo cuando se siguen las aclaraciones del Hijo de Dios, hecho hombre. Tal como se describe en el libro para niños El Principito (también recomendable para los adultos): ‘lo esencial es invisible para los ojos‘; pero el que puede otear cada fisura del corazón humano, está pendiente de las intenciones de su interior, sin importarle las apariencias externas.

Es cierto que la moda varía con los años, pero examinen la dirección del cambio, porque siempre va en trayectoria opuesta a la Palabra. Llegado a este punto, creo conveniente repetir la última frase de 1ª Pedro 3:4:

‘…en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios.’

Después de esto, juzguen si se ha comentado algo que se aparte de las enseñanzas o que pueda resultar ofensivo para una verdadera seguidora de Jesús. No se engañen, a Él no se le sigue desde la provocación, sino desde el pudor y el saber estar que se enseña a toda mujer, desde el Génesis, hasta el Apocalipsis.

Su Palabra es inmutable; ni siquiera el tiempo, ese inexpugnable contra el que nadie puede, ha logrado ni conseguirá jamás alterarla. Todos tendremos que responder por nuestros actos; también por nuestra actitud ante las responsabilidades, dentro de la familia. Su pauta más importante es el proyecto del hogar, dado que este constituye la base de la sociedad. El mundo, ante los ojos del Creador, no es más que un inmenso conjunto familiar; si funciona bien, con la educación de la descendencia en sitio preferente, Él bendecirá a sus fieles.

Soy consciente de las violentas reacciones que estas palabras causarán en toda persona alejada de Dios que lea este artículo; pero créanme, eso no resolverá nada, así como el avestruz no resuelve su situación metiendo la cabeza en un agujero que no le salva.  Mi objetivo no es señalar hacia nadie; si alguien se siente aludido, por favor, no lo interprete de otra forma que una llamada a la reflexión, pues todos, incluso quien escribe, tendremos que responder ante nuestros actos. Quien actúe en obediencia, no tendrá problemas, así como no los tiene aquel hijo que atiende la corrección de sus padres.

Y por si queda alguna duda sobre cuál debe ser la posición de los padres con respecto a sus hijos, el dilema de las modas, las generaciones, las leyes ‘anticuadas‘ y el papel del matrimonio, el propio Jesús nos alerta sobre la impermeabilidad de su enseñanza ante el paso de los años. Lo hace reiterativamente en  Mt 24:35,  Mc 13:31 y  Lc 21:33:

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán’

**********

 


DISCIPLINA, REPRENSIÓN, CORRECCIÓN Y CASTIGO

abril 17, 2008

UN DEBATE QUE NO ACABA

A día de hoy, uno de los usos más controvertidos del cristianismo, es el concerniente al que se hace de la palabra ‘castigo‘, según sea la tendencia de la iglesia que se manifieste al respecto. La católica, a través de los tiempos, es la que más se ha esforzado en su ‘fidelidad‘ a esta expresión bíblica que aparece, en los 66 libros, casi una centena de veces. El recuerdo de los errores de la Inquisición que recoge la historia, y de la estela de mártires generados por ella, ha trabajado en el subconsciente de la humanidad, y gran parte de esta se esfuerza en desterrar para siempre la punición correctiva bíblica, obviando la palabra… o cambiándola por otra que resulte más ‘políticamente correcta‘.

El semi-pavor al vocablo ha echado raíces en el corazón de la mayoría del resto de congregaciones cristianas. Pero, si andar en los extremos siempre es malo, quedarse cortos también lo es: nos hemos adormecidos en el amor al que constantemente nos llama Jesús, y a veces nos convertimos en ‘tergiversadores‘ de su Palabra. Sabiendo que su sabiduría está muy por encima de la humana, ¿por qué intentamos siempre dar otra explicación a los versículos donde se nos alerta sobre el castigo de Dios?

En varias ocasiones, ante un atentado de ETA, por ejemplo, las multitudes se concentran a favor de la paz, alzando sus manos pintadas de blanco. Este es el idioma del amor; el lenguaje que pueden entender todos aquellos que aman la concordia y el buen ‘rollo‘ entre las personas, independientemente de su naturaleza, raza, sexo o nación. Pero, ¿cómo reaccionan ante estos brazos pintados con el matiz de la armonía, aquellos que usan sus dedos para ‘gatillar‘ el arma homicida?

Para ellos, se les está hablando en chino, esperanto, o ‘quechua’: se ríen de esos brazos en alto y de los minutos de silencio; no pueden ser receptivos a esas señales, pues sus corazones son incapaces de interpretar el lenguaje del amor. Por eso es que la justicia humana impone el castigo punitivo allí donde resulta imprescindible. El pederasta, el asesino, el sicótico perseguidor de jovencitas que viola y mata… ninguno de aquellos que representan un penoso lastre para la sociedad, son aptos para asimilar la disciplina de la convivencia en el respeto mutuo y la corrección. De ahí, la necesidad de pena carcelaria.

Asimismo ocurre con las Escrituras. El Señor nos llama una y otra vez desde su ternura y entrega; nos instruye en la vía más directa para alcanzar todas las promesas por las que se ofreció en crucifixión. La vida eterna no es un fin en sí mismo, sino una continuidad en el camino de la perfección; para llegar a ella es imprescindible estar depurados espiritualmente, pues nadie permanecerá allí si no demuestra antes que no constituirá una ‘mala levadura‘ o contaminación para el resto de las almas con las que convivirá.

Cuando morimos, la carne se descompone en los elementos químicos que le sucederán; pero el espíritu, cuya composición es desconocida para el hombre, no es destruido, sino que cambia automáticamente del plano físico donde vivió, enclaustrado en cuerpo humano, hacia el espiritual. Allí se mantendrá hasta que el Todopoderoso decida el momento de juicio e instaure el Sión definitivo, bajo el reinado de Jesús, con todos los que hayan pasado su prueba y accedan a la eternidad prometida.

Por eso es importante aprovechar la oportunidad mientras se respire, en el caso de aquellos que no accedieron por voluntad propia a la llamada del amor de Cristo o que se adhirieron inicialmente, pero luego, bajo el influjo de las pasiones enemigas del espíritu, se separaron del camino. Ellos también tendrán posibilidades, si son sensibles a la disciplina, reprensión, corrección y castigo, a los que serán sometidos, según corresponda.

Disciplina‘, según el diccionario de la RAE, involucra ‘doctrina, enseñanza o educación sobre la conducta de la persona,  a través de reglas que afirmen el orden entre miembros de organizaciones militares, políticas, civiles o religiosas‘. La Biblia enseña sobre ella:

“El que tiene en poco la disciplina, menosprecia su alma: Mas el que escucha la corrección, tiene entendimiento.”  (Proverbios 15:32)

Por otra parte, la palabra ‘reprensión‘ (que sale al menos 31 veces en las  Escrituras), según el mismo diccionario, significa: ‘Regaño, reprimenda, pena o amonestación a alguien, sobre una actitud específica.’ Expongo una cita de la carta a los Tesalonicenses:

“Y el Dios de paz os santifique en todo; para que vuestro espíritu y alma y cuerpo sea guardado entero sin reprensión para la venida de nuestro Señor Jesucristo. ” (1ª Ts 5:23)

La consecuencia inmediata al poco caso, cuando se es reprendido, da lugar a la ‘corrección‘, bíblicamente reiterada en 24 versículos, y de la que el RAE expresa: ‘Rectificación o enmienda de errores o defectos: Castigo leve que el superior impone al subordinado por haber cometido alguna falta; advertencia para enmendar un error.’ Una de las ocasiones en que se menciona en el Antiguo Testamento, es en Jeremías 5:3:

“Oh Jehová, ¿no miran tus ojos a la verdad? Azotástelos, y no les dolió; consumístelos, y no quisieron recibir corrección; endurecieron sus rostros más que la piedra, no quisieron tornarse.”

Y, por último, esa acepción tan dada al debate y a las múltiples traducciones erróneas, por el ‘yuyu‘ que impone en algunos: ‘castigo‘, que la Biblia cita, no menos de 60 veces. ¿Por qué razón Dios ha hecho que esta palabra apareciera tanto en las Sagradas Escrituras? Solo Él lo sabe, pero todos debemos coincidir en que resulta una osadía obviarla, pasarla por alto, dar un quite o, en el peor de los casos, intentar ofrecer otra significación distinta a la que encierra, pues si el Altísimo decidió que apareciera, resulta obvio que sus razones tendría: nadie tiene el derecho a minimizarla ni esconderla.

Recurriendo de nuevo al significado etimológico, nuestro libro de acepciones describe al castigo como: ‘Pena que se impone al que ha cometido delito o falta, con objeto de enmendar un comportamiento.’ ¿Por qué el profeta Jeremías, quien hablaba directamente con el Creador,  presenta estos dos versículos repetitivos, sobre la punición:

“Porque yo estoy contigo para salvarte, dice Jehová, y destruiré a todas las naciones entre las cuales te esparcí; pero a ti no te destruiré, sino que te castigaré con justicia; de ninguna manera te dejaré sin castigo.” [Jer 30:11]

“Tú, siervo mío Jacob, no temas, dice Jehová, porque yo estoy contigo; porque destruiré a todas las naciones entre las cuales te he dispersado; pero a ti no te destruiré del todo, sino que te castigaré con justicia; de ninguna manera te dejaré sin castigo.”  [Jer 46:28]

Cuando el Señor insiste dos veces, muestra interés en que llegue su mensaje de sanción; si es reiterativo, resulta importante, y nuestro deber es no ser indiferentes a su proclama. Acepta margen para el error, pues conoce cada milímetro de la debilidad humana, pero, en su sabiduría, también sabe cómo el hombre es capaz de responder a sus expectativas, luego de la adecuada corrección y/o castigo pertinente. Por eso es vital que su Palabra llegue tal cual, a todos los corazones, según Él dispone; aclarando que quienes entren a partir el amor, siendo fieles desde que son llamados, se ahorrarán el dolor del correctivo.

Hay quien entiende el mensaje de amor de Cristo… y hay quien no. A estos se dirije el Padre en sus amenazas; para darle también a ellos su oportunidad. De modo que estamos obligados, en un ejercicio de responsabilidad, a describir cada palabra, tal cual aparezca en cada uno de los párrafos donde se use, pues Dios da en cada momento, la acepción exacta; Él no es de: ‘Donde dije ‘digo’, dije ‘Diego‘, sino que constantemente alerta sobre el peligro de cambiar una sola letra de sus mensajes.

Los que son capaces de ser leales a Dios, no deben reprimirse al trasmitir cada una de las alertas de condena dadas por el Omnipotente, pues Él tiene sus razones para el ultimátum. Se dirige a aquellos que o no quieren oír su Palabra o la oyen y la aceptan, pero luego cometen fallos, debido a fragilidad espiritual. El Señor sabe que esta no alcanza el mismo nivel en todos los humanos, y acude al aviso sobre lo que una actitud de desobediencia puede costar, para que reaccionen, cambien, y puedan optar al mismo privilegio.

Una evidencia bíblica de ello la encontramos en Ez 7:8:

“Ahora pronto derramaré mi ira sobre ti, y cumpliré en ti mi furor, y te juzgaré según tus caminos; y pondré sobre ti tus abominaciones.”

El castigo de Dios resulta peligroso cuando se hace definitivo; los más inteligentes le temen, porque son conocedores de su poderío y saben que puede causar la destrucción total. Sobre ello nos instruye Proverbios 1:7:

“El principio de la sabiduría es el temor de Jehová: Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.”

De ahí que el Eterno acuda a la alerta del castigo. Sin embargo, muchos cristianos, cuando se enfrentan al análisis de esta palabra, manifiestan su convicción de que no se trata de una corrección directa del Padre, sino de la consecuencia derivada de la mala cabeza de quien cae en pecado, aun con conocimiento de causa.

Pero, aunque es real que por causa de inmadurez, precariedad de espíritu u otras razones, muchas veces somos víctimas de nuestro propio desatino, también es cierto que existen otros contextos ante los cuales no podemos dar la misma respuesta. El diluvio, Sodoma y Gomorra, y el propio anuncio del Apocalipsis, dan testimonio del castigo directo de Dios.

El enigmático libro de Job nos presenta otro enfoque. ¿Quién puede insinuar que este favorito del Señor, a quien amaba y de quien estaba orgulloso por su comportamiento y actitud ante la vida, tuvo mala cabeza? La Biblia explica cuán grande fue su pesadumbre, pese a no haber caído en pecado; doble enseñanza, pues el mismo Creador, luego de presentarse en el debate con los amigos que le criticaban, amonestó a estos por su rapidez en emitir juicio sobre el doliente. Enseñó a todos que la postura ante alguien a quien no le van bien las cosas, por estar bajo sanción o prueba, no debe ser la de convertirse en jueces, pues ya está Él para ese oficio.

El dolor purificador del castigo, hará crecer a todo aquel que no tuvo la estatura necesaria para ser fiel al amor de Cristo ni el comportamiento adecuado ante sus enseñanzas. Una nueva oportunidad a la que debe aferrarse quien ha fallado, y que, quebrantado ante nuestro Señor, decide aprovechar la oportunidad que le ofrece su piedad, reemprendiendo el camino, reorientando su brújula, templando y fortaleciendo su espíritu, para conseguir el reencuentro con sus hermanos en la fe; esta vez, de manera definitiva y en Paz con Dios.

Por otra parte, Judas 1:5, describe un castigo más severo:

“Mas quiero recordaros, ya que una vez lo habéis sabido, que el Señor, habiendo salvado al pueblo sacándolo de Egipto, después destruyó a los que no creyeron. Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha encerrado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día…” 

¿Significa esto que Dios quiere infligir daño? ¡De ninguna manera! Pero necesita asegurarse que el espíritu humano que pase el filtro, sea lo suficientemente fuerte para no contaminar el reinado mesiánico; por ello, el propio Jesucristo nos anuncia, en Apocalipsis 3:19:

“Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.”

Y repite, por último, casi al final del libro, en Apocalipsis 22:14:

“Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad.

Afortunado el sacudido por la vara del Todopoderoso; eso demostrará que no es un bastardo, y que el Padre tiene buenos planes para él. Si logra aprender la lección, su nombre será inscrito en el libro de los cielos; si es capaz de corregir su rumbo y seguir los pasos de nuestro Señor Jesucristo, se sentará con Él, como invitado, en el banquete que dará inicio al nuevo Tiempo.

Por amor, y no por miedo, seremos considerados inocentes; mas el temor hará que los indecisos y los rebeldes trasmuten y puedan experimentarlo, aunque parezca incongruente. Seamos prudentes y asumamos la actitud acertada, mientras el sol alumbre para todos, y no se detenga el reloj de la vida, pues luego, será tarde.

**********