La Imposible Máquina de Movimiento Perpetuo: ¡Posible para Dios!

julio 27, 2009

El ser humano ha buscado el movimiento perpetuo [máquina en marcha eterna, sin reabastecimiento energético], relacionando siempre su investigación con el concepto físico básico: la energía. Tal ingenio ha sido el sueño de inventores por más de ocho siglos. Villard de Honnecourt, Planck, Richard Feynman, y muchos otros, fueron ejemplos de ello; pero aunque sus diseños parecían funcionar, siempre mostraron fallos o ocultaron fuentes de energía externa que invalidaba el fin.

Parece clara la imposibilidad. Toda máquina es inútil si no efectúa algún trabajo. El avión transporta, la palanca ayuda a hacer fuerza, una grúa alza pesos… Y para ello se precisa aportar energía. El avión y la cabria la logran del combustible o batería de sus motores; en el caso de la palanca, los músculos la aportan desde los alimentos que se comen. Pero no se puede generar energía desde la nada. En realidad, esos intentos de inventiva fueron positivos para la Física, pues concluir los errores de los proyectos, contribuyó en grande al desarrollo en termodinámica y las transformaciones de la energía.

El doctor y académico ruso, V. M. Brodianski, clasificó esas ‘invenciones’ en dos tipos: de primera especie, que violan la 1ª ley termodinámica [conservación de la energía]. Y la segunda especie, donde se desarrolla un trabajo de forma indefinida, intercambiando calor sólo con una fuente térmica [móvil de Planck]… imposible de construir bajo la Segunda ley.

El enigmático Leonardo da Vinci, por su parte, hizo un experimento con una rueda y pesos distribuidos, demostrando la imposibilidad de la perpetuidad soñada. Según él, cualquier instrumento elaborado por ‘el hombre’ no podría producir un movimiento tal. Pero fíjense como limita su postulado únicamente a lo humano; su instinto le decía que no sería así para Dios.

En conclusión, al afirmar que se violaría la 1ª y la 2ª ley termodinámica establecida por los humanos, se considera por tanto un ‘objetivo imposible’. Así, solo se le ha abierto la puerta en la ficción. En la película ‘Star Trek: Insurrection’, el androide ‘Data’ dice que sus células energéticas se recargan ‘constantemente’, sin que se vea la fuente de carga; o sea, no menciona ningún motor ni que obtenga energía desde el sol o de algún otro origen. De modo que se presenta a sí mismo como una máquina de movimiento perpetuo.

Los principios termodinámicos han sido de los más cotejados y sólidos durante siglos de física; sus postulados siempre han refutado la existencia de una máquina de movimiento perpetuo. Todo ensayo por mostrar lo contrario, muchos a través de la historia, ha sido refutado científicamente. Para el humano, lograrlo es totalmente imposible; sin embargo, Mat 19:26 instruye, dos milenios atrás:

Y mirándolos Jesús, les dijo’: “Para con los hombres esto es imposible; mas todo es posible para Dios”.

Aunque el Señor habló de esto en contexto parabólico: ‘Es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja, que un rico pueda entrar al reino de Dios’, a mí se me ocurre poner a prueba la Biblia en esta pugna hombre-Dios específica: ¿Es posible demostrar que Dios, [dimensión espiritual], fue capaz de diseñar, poner a punto, y hacer funcionar en el mundo material, la máquina de movimiento perpetuo, imposible para el humano? ¡Por supuesto que sí; y no una, sino millones de ellas! Más adelante lo veremos.

En realidad se está ante el problema de siempre: los inicios, el génesis de todo: la máquina de movimiento perpetuo no es más que otra proyección de lo planteado por científicos que se niegan a reconocer al Dios creador de todo lo que existe, e intentan convencer que es posible ‘generar energía de la nada’… sin intervención divina detrás. O sea, lograr la evidencia de que desde el azar fue posible generar la explosión que dio lugar a la existencia del mundo: el Big-Bang sin Dios.

Comencemos a hacerlo interesante: La mayoría de quienes han buscado el artefacto quimérico han acudido a la gravedad; elección racional, ya que, desde la óptica humana, es una fuerza que siempre está ahí, y que todo cuerpo posee, solo por existir y tener masa. Toda central hidroeléctrica funciona con este principio: el agua cae y su energía potencial gravitatoria cambia a cinética, moviendo turbinas que la transforman en energía eléctrica. Pero el embalse, la fuente de energía, se vaciaría hasta que no quede agua… a menos que se rellene otra vez, mediante las lluvias que proporciona la naturaleza.

Así, la física y su ley de conservación de la energía son rigurosas. Todo trabajo precisa energía, y todas sus fuentes conocidas son finitas y dependientes, incluso las renovables, pues el sol finalmente agotará su hidrógeno y se apagará. También la energía del mar; las mareas surgen como efecto de la gravedad de la luna, en una combinación de esta con la rotación de la tierra. De tal mezcla ‘toman’ las mareas su energía.

Pero sabemos que la Tierra gravita en el espacio, alrededor del sol. No es una mariposa, sino un astro con un peso considerable; un planeta rocoso, cuya masa se estima en unos 5.974.000.000.000.000.000.000.000 kgs., un peso  similar al de  796.533.333.333.333.333.333 elefantes o también a unas 59.740.000.000.000.000.000 ballenas… pero mucho menor que millones de astros que orbitan, sin ‘caer’. ¿De qué otra fuente, según noción humana de ‘conservación de la energía’, brota ese descomunal poderío que la mantiene en su posición, y la hace girar sobre su eje? ¿De qué otra fuente brota la energía que sostiene a millones de inmensas estrellas, a cuyo lado la  Tierra solo es un punto en el espacio?

En sentido coloquial, ‘gravitar’ significa que la obtención de algo depende de quien lo hace posible. Ej. ‘Mi hipoteca gravita en torno a la decisión del banco’. En física, gravitar es tender un cuerpo celeste hacia otro, o producirse el movimiento de uno en relación a otro como efecto de una ‘fuerza’ ejercida. Los planetas gravitan alrededor del sol; la luna alrededor de la Tierra, pero en el universo hay millones de cuerpos gravitando sin ‘caer’. ¿De dónde sale la energía que excita tal constante e incalculable fuerza de gravedad?

En física, una órbita es la trayectoria que realiza un objeto alrededor de otro mientras está bajo la influencia de una fuerza centrípeta, como la fuerza gravitatoria. Y la gravedad espacial es sólo eso, una fuerza. ¿Cómo se genera? En física, ‘órbita’ es el trayecto de un astro respecto a otro, bajo la influencia de la fuerza centrípeta; su período orbital es el tiempo que tarda en circunvalar a quien ejerce la fuerza gravitacional sobre él. Y eso es válido para 30 tipos de órbitas, según características, cuerpo, trayectoria… y ya sean circulares, eclípticas, elípticas, parabólicas, geocéntricas, etc. ¿Cuánta fuerza ha sido necesaria para garantizar las órbitas en todo el universo? ¿De dónde sale tal energía?

Newton planteó que la gravedad, es inversamente proporcional al cuadrado de la distancia. Es decir, se postuló porque es cuantificable; pero, si la energía ni se crea ni se destruye, sino que se transforma, según postulado humano, ¿dónde está el origen mecánico de la energía gravitatoria? ¿Como se sustenta y mantiene?

La teoría antiDios del Big Bang no es capaz de responder el enigma que los más de 6 mil millones de humanos pueden deducir por sí mismos. Hay muchos estudios sobre la fuerza de gravedad, pero nadie ha podido asignarle origen energético.

Sin embargo, son casos de movimiento perpetuo: máquinas que se mueven sin renovar su energía. O sea: la insolente vanidad humana dice que es imposible que exista lo que sobre sus cabezas está de hecho existiendo: millones de ellas en constante movimiento, sin que nadie sepa dónde o cómo se genera la energía que lo sustenta. Una vez más, la ‘poca ciencia’ antiCristo es manifiesta de la mejor forma posible: desde la evidencia empírica. El hecho de que no se quiera ver lo que ‘es’, no exime la real existencia de lo obvio.

Sobre nosotros llueven evidencias de la Creación; solo hay que observarlas con aptitud… tanto las visibles como las invisibles, que son muchas más de lo que cualquier persona puede imaginar, pues el mismo Espíritu que Creó la gravedad, suscitándola y conservándola, también puede habitar en el corazón y mente humana, conociendo nuestras ideas en la misma fuente en donde brotan.

El Señor, partícipe directo de la Creación de Dios, viene a por su pueblo. Lo más inteligente no es oponérsele con obcecación, sino hacer todo lo posible por entrar en su censo mientras es tiempo para ello, pues nadie puede añadir ni un segundo más a su vida, sobre lo que ya tenga programado.

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EL DILUVIO: ¿MUCHA AGUA O POCO ESPACIO?

marzo 10, 2008

¿FALTÓ AGUA EN EL DILUVIO?

“Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad”.  Albert Einstein

El motivo de este artículo es el haber recibido varias críticas (cálculos personales incluidos), que señalan que el diluvio no pudo ser posible, pues no hubo la suficiente cantidad de agua para lograrlo. Otros plantean la imposibilidad de evaporar tanta agua luego a la troposfera, ya que esta solo tiene unos 12 Km. (la media, sacada entre la altura que existe con respecto a los polos y de la existente con respecto al ecuador) De modo que será necesario demostrar ambas posibilidades, empezando, lógicamente, por la cantidad forzosa para que se anegara el planeta, incluido el monte Everest.

Debe recordarse que el planteamiento bíblico señala que se rompieron las fuentes del abismo y que estuvo lloviendo durante 40 días; es decir, agua desde arriba y desde abajo. Pero, ¿de dónde procede el agua de la Tierra? Los creacionistas no tienen dudas al respecto: la creó Dios, junto a todo lo demás. Pero la mayoría de los científicos creen que proceden de los asteroides y cometas ricos en agua que cayeron sobre el planeta en su juventud. Piensan que, justo después de formarse la Tierra, esta era muy caliente y seca. Según esta teoría, millones de cometas y asteroides ricos en agua bombardearon nuestro planeta hace unos 3,8 mil millones de años, dando lugar al agua existente hoy.

Sin embargo, Hidenori Genda del Instituto Tecnológico de Tokio, y su colega Masahiro Ikoma, científicos planetarios japoneses, sugieren que los océanos son en realidad “autóctonos” y que pudieron formarse debido a que la joven Tierra tenía una espesa capa de hidrógeno, que reaccionó con los óxidos existentes para formar ríos, lagos y mares.

Los datos sobre la cuantía total de agua resultan contradictorios; unos la cifran en 1300 trillones de litros, otros, como la empresa Hidritec, dedicada a la tecnología y gestión de recursos hidráulicos, habla de 320.000 Km3 de agua dulce bajo la superficie de los continentes y unos 48.000 Km3 sobre la misma, en forma de ríos y lagos, más la que existe en la atmósfera. Un informe del forum del agua, realizado en Méjico, señala que el volumen de agua en nuestro planeta se estima en unos 1 460 millones de kilómetros cúbicos.

A estas cantidades hay que sumar la que se integra en la composición interior de la tierra, que se ignora, y parte de la cual llega a la superficie tras aislarse de las masas subterráneas de magma en forma de vapor, durante las erupciones volcánicas. Este proceso, llamado ‘desgasificación del manto’, compensa permanentemente, (y lo hará mientras no cese la dinámica interna planetaria) la pérdida de agua por fotólisis en la alta atmósfera; pues allí, los átomos de hidrógeno liberados tienden a perderse en el espacio.

Aquí se muestra un diagrama simple que revela cómo la tierra está saturada debajo de la capa freática (área color púrpura). La tierra subterránea sobre la capa freática (área color rosa) puede estar húmeda, pero no se mantiene saturada. La tierra y la roca en esta zona no saturada contiene aire y algo de agua, que sostienen la vegetación del planeta. El área saturada debajo de la capa freática tiene agua que llena los espacios pequeños (porosos) entre las partículas de roca y las ranuras (grietas) de las rocas.

Distribución de Agua en el Planeta.jpg

La gravedad atrae al agua hacia el centro de la Tierra; el agua superficial tratará de filtrarse hacia su interior. Las rocas bajo la superficie conforman los cimientos; si este consistiera de material denso, como el granito sólido, entonces no podría llevarla hacia el centro gravitacional. Pero las bases de la Tierra incluyen muchos tipos diferentes de roca, algunas con alto contenido en cuarzo y piedra caliza.

Esto, con respecto al agua conocida por el hombre; ahora bien, la radiación ultravioleta y los rayos gamma que atraviesan la atmósfera mediante el viento solar, fotoinonizan los constituyentes de esta, produciendo iones y electrones libres en su parte superior: la ionosfera. Esta región también recibe el nombre de termosfera, a causa de las elevadas temperaturas que se alcanzan, especialmente en el límite superior (1.200º C) Entre estos iones, se hallan, abundantemente, los de hidrógeno y oxígeno.

La fotoionización es la ionización debida a la interacción de los constituyentes de la atmósfera con radiación electromagnética; otro tipo de ionización es la colisional. La ionosfera rota conjuntamente con la Tierra. Sobre el nivel del mar, a unos 50 kms. se inician estas capas ionizadas, conductoras de la electricidad, que reflejan las ondas hertzianas, (principalmente las de onda corta); por cuya razón es la zona de ubicación de los satélites lanzados al espacio y tiene lugar la separación de las etapas de los cohetes. En esta parte de la atmósfera, entre los 30 y los 50 kilómetros, se encuentra el ozono; importante porque absorbe las dañinas radiaciones de onda corta. La ionosfera asciende hasta más allá de los 500 kms.

De esto, se derivan dos preguntas: ¿Cuántos iones de oxígeno e hidrógeno, contiene la inmensa ionosfera? ¿Cuánta agua puede ser formada a partir de esos elementos?

Entre 600 y 800 Km, empieza la capa externa o exosfera, que sólo contiene el 1% de la masa total de la atmósfera, pero que aun es mucho. Sus gases están en estado atómico y pueden extenderse hasta los 1200 Km. ¿Cuántos átomos que componen el H2O, forman parte de esa capa? Y: ¿cómo hacer que se enlacen sus moléculas constituyentes?

Sabemos que el agua contiene 2 moléculas de hidrógeno y una de oxígeno; conociendo ya que los iones de ambos abundan, no parece imposible crear moléculas de oxígeno e hidrógeno a partir de sus iones, y luego agua, mediante su fusión. Es teóricamente posible, ya que tanto uno como el otro son inflamables; solo se necesita una pequeña energía que las combustione y provoque la explosión, haciendo que las órbitas de los electrones en cada molécula formen los enlaces que darán lugar al vapor de agua.

Es muy peligroso conjuntarlos ambos por la descarga que se crea; como por ejemplo el dirigible Hindenburg, cargado con hidrógeno, que hizo un vuelo trasatlántico en 1937, y cuando se acercaba a la torre, se observó a popa un destello de fuego de San Telmo (estática debido a una tormenta eléctrica); una chispa causada por la estática explosionó el hidrógeno del dirigible y el oxígeno que existía en el aire. Eso mismo, a una altura considerable, no implicaría más daño que el propio diluvio.

La chispa necesaria también es teóricamente posible, debido a la existencia de las tormentas cósmicas, bien conocidas entre los científicos, que ya han lanzado varios satélites para investigarlas, como por ejemplo, la del 27 de diciembre del 2004, cuando se detectó la mayor explosión de rayos gamma jamás registrada, procedente de una estrella, y cuyos potentes rayos penetraron dentro de la ionosfera, la capa eléctricamente conductora que envuelve la Tierra. El 19 de febrero en ST. Louis, en la reunión anual de la Asociación Americana para el Avance de las Ciencias (AAAS), el profesor de ingeniería eléctrica Umran Inan de la universidad Stanford describió lo que los científicos aprendieron de esta extraña y dramática perturbación atmosférica.

“Enormes rayos gamma, semejantes a la estrella de neutrones SGR 1806-20, afectaron nuestra ionosfera inferior a tal grado que simplemente observando y midiendo la respuesta y la recuperación de la llamarada, somos capaces de aprender más acerca de la dinámica de estas regiones superiores de la atmósfera, las cuales son finalmente tan importantes para nuestro entendimiento cuantitativo del tiempo climático espacial…”

Es decir, con 500 km cargados de iones de hidrógeno y oxígeno, la lógica humana no contradice que hubiera podido existir la suficiente cantidad de agua para tapar al Everest, sino que lo confirma.

En cuanto a reubicar toda esa inmensa cantidad de agua en solo 371 días, luego del diluvio, según enseña la Biblia, se puede lograr, desde el proceso inverso:

El agua correspondiente al interior de la tierra regresa a ella. La restante, inicia su proceso de evaporación y sube a la troposfera, condensándose ante el cambio de temperatura, en forma de nubes. Cuando el agua es vapor, la energía cinética es tal que se rompen todos los enlaces de hidrógeno/oxígeno, quedando las moléculas libres. Ello permitiría que nunca se produjera una saturación de vapor de agua en la capa inferior de la atmósfera (unos 12 kms.), pues se podrían desprender moléculas disociadas de ambos. La alta atmósfera está recibiendo permanentemente radiación cósmica y partículas procedentes del Sol, que al chocar con las moléculas de la baja atmósfera, les arrancan electrones; así los iones de hidrógeno y oxígeno formados, ascenderían a la ionosfera, en la que encontrarían sobrado espacio en sus más de 500 kms.

De modo que, teóricamente, desde el conocimiento humano, el diluvio fue posible. La posterior restauración a la normalidad también.

Ahora bien, todo este resumen ha sido debido a un enfoque personal, canalizado en la dirección del campo de las posibilidades. Pero, con respecto a mi verdadera opinión, el diluvio fue posible, simplemente, porque El Creador es lo suficientemente sabio y poderoso para conseguir lo que desee. La inteligencia humana está muy lejos de la suya; todo lo que resulte imposible para el hombre, para Dios no lo es… pero a esa convicción solo se llega desde el espíritu, no desde la ciencia.

Dios está en todo lo que existe, y todo lo que existe, está en Dios; llevándolo a nuestro microcosmos: Cristo está en España y España está en Cristo. Aunque muchos aun no hayan podido comprenderlo.


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