DARWIN Y LA TERMODINÁMICA: ¿POR QUÉ RELACIONARLOS?

octubre 23, 2008

Desde hace meses, un día sí y otro también, se está debatiendo en este blog la implicación negativa de la 2ª Ley de la Termodinámica sobre los postulados darwinistas, y su ‘selección natural’, motivando gran rechazo en los defensores evolutivos. Visto que el tema puede aparecer un poco complicado para aquellos que no han tenido la oportunidad de estudiar pero que sin embargo están abiertos al conocimiento, he considerado imprescindible dedicar un nuevo artículo a algo tan importante y escabroso.

La palabra ‘termodinámica’ implica ‘calor’ y ‘trabajo’; ambos indisolublemente unidos. En toda operación mediante la cual se obtiene un trabajo mecánico determinado, ocurre un gasto energético… que se manifiesta en calor. Incluso se cumple en los flagelos bacterianos tratados hace unos días en este blog, que usan el medio líquido en el que viven para refrigerarse durante su proceso ATP. [Obtención de energía celular]

Termodinámica, es la parte de la física que analiza las consecuencias de los cambios de temperatura, presión y volumen de los sistemas físicos, a nivel macroscópico. El calor puede verse como ‘energía en tránsito’ y dinámica se refiere al “movimiento”; así que, en sustancia, se estudia la circulación de la energía y cómo esta infunde actividad. El origen del estudio de la termodinámica surgió de la necesidad de aumentar la eficiencia de las primeras máquinas de vapor, cuando la revolución industrial.

Todas las reflexiones sobre ella, se basan en leyes derivadas de la observación práctica, y de una u otra forma postulan que la energía puede ser intercambiada entre sistemas físicos en forma de calor o trabajo, describiendo cómo los sistemas [motores, procesos industriales, reacciones químicas, transporte…] responden a los cambios en su entorno.

La aplicación de esas leyes es esencial en física, química, acción aeroespacial, ingeniería mecánica, biología celular, biomedicina… etc. Se han nominado como 1ª, 2ª y 3ª Ley; además de la ley ‘cero’. Aquí analizaremos la 2ª Ley específicamente, relacionada con los procesos de la vida; la que dicta que solo  desde un programa se logró instaurar la biología del planeta.

Esta ley establece una sola dirección en los procesos termodinámicos y, por lo tanto, la imposibilidad de que estos resulten irreversibles. Así, un gas diluido en otro no puede concentrarse de nuevo en un pequeño recipiente, si un agente externo no lo impone. Y todo el fundamento de esta ley radica en la existencia de una magnitud física llamada ”entropía’, tal que, para un sistema aislado, (que no intercambia materia ni energía con su entorno), la variación de la entropía siempre debe ser mayor que cero, aumentando.

También dicta que el flujo ‘espontáneo’ de calor siempre es unidireccional: desde los cuerpos a temperatura más alta, a aquellos de temperatura más baja. Lo cual nos lleva directamente al tema que nos interesa hoy: el comportamiento Tierra-sol, desde la perspectiva de la 2ª Ley de la Termodinámica. Aquí interviene directamente la ‘entropía termodinámica’: la energía que no puede utilizarse para producir un trabajo… el grado de ‘desorden’ que poseen las moléculas que integran un cuerpo o el grado de irreversibilidad alcanzada después de un proceso que implique transformación de energía.

Debe puntualizarse que no debe confundirse este término, con las entropías de formación, de Kolmogórov, de los agujeros negros, de la información, la topológica ni la aplicada a la ecología: todas con particularidades específicas. O sea, solo trataremos la entropía incremental de un sistema que esté bajo acción termodinámica.

Dicho esto, analicemos la Tierra, con respecto al sol. El Sol, la Tierra, los otros ocho planetas, y todos los cuerpos celestes que orbitan a su alrededor, forman el Sistema Solar. Pero el sol es en sí mismo un inmenso sistema termodinámico: en su interior hay reacciones de fusión [nucleares], donde átomos de hidrógeno se transforman en helio, produciendo la energía que llega en forma de radiación electromagnética, a todo el entorno planetario bajo su influencia, no solo a la Tierra.

Su espectro incluye rayos gamma, X, ultravioletas, luz visible, infrarrojos… diferenciados entre sí, por el tamaño de las ondas y su frecuencia. A medida que pasamos de los rayos gamma hacia el resto, la longitud de onda aumenta y la frecuencia disminuye. Todos viajan a la velocidad de la luz (300.000 Km/s), y solo llega una ínfima parte de la nociva radiación ultravioleta; la no absorbida, fundamentalmente, por el ozono.

Pero los efectos de la radiación solar sobre la Tierra son varios; su energía calienta el vapor de agua en unas zonas más que en otras, originando alteraciones de densidad en los gases: variaciones que imponen la circulación atmosférica. Su energía fija la temperatura en el planeta, [aumentando por efecto invernadero], y regla el contraste de temperaturas entre el día y la noche, así como entre los polos y el ecuador. También la temperatura generada excita las moléculas de todas las sustancias existentes, creando caos en ellas, y provocando una constante dilatación-contracción en todas las inertes.

Por otra parte, la Tierra, afectada por la radiación solar, al igual que los otros ocho planetas, aunque en una medida que depende de la distancia de la órbita de cada uno con respecto a esa inmensa fuente de energía, no le entrega nada al sol. Las distintas capas de la atmósfera, cuya última frontera es la exosfera, así como la propia fuerza de gravedad, evitan que exista una acción termodinámica desde la Tierra hacia el Sol. Y este es el concepto más importante, para entender por qué resultó imposible que la vida biológica se originara por azar.

En general, la mayor parte de la energía utilizada por los seres vivos terrestres, en cada subsistema termodinámico latente en el planeta, la entrega el Sol. Las plantas la absorben directamente y realizan la fotosíntesis, los herbívoros absorben indirectamente una pequeña cantidad de esta energía comiendo las plantas, y los carnívoros absorben indirectamente una cantidad más pequeña comiendo a los herbívoros.

Otro ejemplo lo vemos en la vitamina D, que interviene en la absorción del calcio y el fósforo en el intestino, y por tanto en el depósito de los mismos en huesos y dientes. Aparece en los alimentos lácteos, en la yema de huevo y en los aceites de hígado de pescado… pero otra de las formas de sintetizarla, es a través de la exposición a la luz solar, a partir del ergosterol de la piel.

Así mismo debe mencionarse que la mayoría de las fuentes de energía industrial y de transporte usadas por el hombre derivan indirectamente del Sol. Los combustibles fósiles preservan energía solar capturada hace miles de años mediante fotosíntesis, la energía hidroeléctrica usa la energía potencial del agua que se condensó en altura después de haberse evaporado por el calor del Sol, etc.

Pero es muy importante señalar que un sistema termodinámico y sus fronteras están determinados por el observador. Así, desde el sol, la tierra puede verse como un sistema abierto, pues permite el paso de la energía de este; sin embargo, desde la óptica de la tierra, esta constituye un sistema aislado con respecto al sol; no puede ejercer influencia sobre él ni en concepto de materia, ni de energía.

En ese contexto sale la 2ª Ley de la Termodinámica: crece la entropía o desorden en el planeta. La Naturaleza es caos; de hecho, la teoría del Big-Bang, aceptada en el campo darwinista, es en sí misma una oda al desorden, y fue considerada como una gran deflagración. También terremotos, tornados, tormentas de arena, eléctricas, mareas, tsunamis, tifones, ciclones y huracanes. Ninguno puede ser controlado una vez que se manifiestan; no hay forma de lograrlo… y está aumentando exponencialmente con el tiempo [el fenómeno del ‘Niño’ y la ‘Niña’, son ejemplos], confirmando así el planteamiento del aumento de la entropía en el sistema, que constantemente está haciendo de las suyas.

Edward Lorenz [década del 1960], estudió la naturaleza caótica de la atmósfera; fue fundador del campo de la teoría del caos. Los avances matemáticos derivados, fueron retomados por la meteorología y contribuyeron a estabilizar el límite de predecibilidad del modelo atmosférico. Así surgió el efecto mariposa: los disturbios del tiempo en un área determinada, imponen un efecto en otra zona. Y llegados aquí, señalamos: entropía termodinámica es desorden, y el desorden lleva al caos; eso está demostrado científicamente… y también está demostrado científicamente que no surge la vida desde el caos, sino desde un programa.

Esto niega un origen de la vida desde el azar, tal como señala el darwinismo, aunque digan que no tratan los orígenes; pues a diferencia de la Naturaleza, irregulable y caprichosa, la vida se ejecuta en orden sincrónico, desde que un óvulo animal o vegetal sea fecundado por espermatozoide o polen, según suceda o desde que una bacteria comience a replicarse. ¡Todo aparece ordenado y regulado, inscrito y codificado, en lo concerniente a la Biología, y los millones de especies que la componen!

En definitiva, lo que la Ciencia ha puesto a disposición del conocimiento de la humanidad, es que el orden y la sincronía de todos los procesos metabólicos, de toda la vida existente en el planeta, manifestándose en millones de especies, es totalmente regulada, de principio a fin, por las instrucciones que aparecen inscritas y codificadas en el genoma humano.

El ADN estableció un programa inteligente para crear, desarrollar y mantener la vida desde el proceso embrionario; fue el factor externo que permitió que, pese a las condiciones de entropía existentes en el planeta tierra, predominara una regulación dirigida sobre el caos y la casuística, y pudieran ser llevadas a feliz término, cada una de los trillones de órdenes encerradas en la información genética de todo individuo, sin importar la especie a la cual pertenezca.

La 2ª Ley de la Termodinámica, con su entropía o caos tendenciosamente incremental, manifiesta en tormentosos, incontrolables y perjudiciales fenómenos naturales, se cumple de hecho en toda la Naturaleza… menos en la Creación biológica de Dios: su obra maestra. La información codificada, con instrucciones precisas, prevista en el ADN por el Creador, como eterno cuño acreditativo para la posteridad, es el encargado de evitarlo.


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LA MENTIRA DE LA FRECUENCIA ALÉLICA

julio 14, 2008


“Esta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, pero la humanidad prefirió las tinieblas a la luz, porque sus hechos eran perversos.”
[Juan 3:19]

Hace algún tiempo, mientras estudiaba la teoría evolutiva, con el objetivo de contrastarla con la enseñanza bíblica, leí en uno de los libros, (francamente no recuerdo en cuál, pues solo copié la cita, por parecerme interesante):

[‘La frecuencia alélica o frecuencia génica es el orden en el que se encuentran los genes y sus bases en cada cromosoma; la proporción de copias de un gen en una población. Su variación es causa de mutaciones y lleva a la aplicación de la selección natural, que da por resultado la evolución de las especies.’]

Ante esta definición, lo primero que se me hizo evidente, fue el absurdo de una ‘selección invisible e inteligente’, que en acto de ‘magia’, es capaz de elegir y luego hacer (sin explicar cómo), que las especies vayan cambiando las inscripciones codificadas que existen en sus respectivos ADN, y así ir ‘derivando’, de unas en otras. Y fíjense que no hablo de las ‘mutaciones’, sino de los datos adicionales que debieron ‘ser añadidos por inscripción’ en la hebra, para que un dinosaurio pudiera convertirse en ave, un mamífero en ballena… etc.

Veamos cómo encaja ahora este enunciado con lo que se comprueba en la realidad:

Un sujeto pertenece a una especie dada, si presenta rasgos comunes a esa especie: aspecto (tipo y color de pelo, forma y posición de los ojos, morfología…), comportamiento (inteligencia, pautas sexuales, locomoción…), fisiología (presencia de ciertas enzimas y hormonas…). Cada uno de estos distintivos, más o menos iterativos en toda una especie, se llaman caracteres, y se ‘HEREDAN’ de los padres a través de los cromosomas; cada uno se desarrolla según la información específica para él, presente en el ADN nuclear.

Es decir, todo responde a la enigmática escritura que apareció necesariamente en el primer ADN de la primera célula que surgió a partir de elementos inorgánicos. Algo a lo que los estudiosos evolutivos quieren a toda costa restar importancia, pues ante ella no valen las respuestas ambiguas y representan un escollo: hay una inscripción clara y específica para cada especie, que se manifiesta mediante un código, y ‘orgánicamente sellada’ en un carrete muy especial, a manera de ‘libro de instrucciones’, que, una vez desplegado, resulta 40000 veces mayor que la célula que lo contiene.

Si esta información varía, ocurren mutaciones; y si estas son importantes, pueden conducir a la enfermedad, la deformación o la muerte. Y aquí llegamos al punto en qué debería intervenir la tan cantada ‘selección natural’ que los teóricos evolutivos señalan:

[‘La selección natural consiste en la reproducción diferencial de los individuos, según su dotación genética, y generalmente como resultado del ambiente. Es el último efecto de factores como mortalidad, fertilidad, fecundidad y viabilidad de la descendencia. No todos los miembros de una población tienen necesariamente las mismas probabilidades de sobrevivir y reproducirse (debido a la competencia por los recursos y las parejas). En virtud de pequeñas variaciones genéticas, algunos se adaptan mejor a su medio ambiente que otros. Los mejor adaptados son los “que dan la talla” y tienden a sobrevivir y reproducirse en mayor grado, transfiriendo sus adaptaciones a la próxima generación con una frecuencia superior al de aquellos miembros de la población que “no dan la talla”.]

Tal información, distorsiona la verdad. El genoma humano contiene la auto aclimatación: el bebé, mientras se termina de formar, precisa los brazos de la madre; luego gatea, fortaleciendo huesos y músculos; y por último corre. Si sigue esforzándose, irá a las olimpiadas y pugnará con los más rápidos, los más fuertes, los que más saltan, los que más tiempo aguantan la respiración bajo el agua… en solo una vida, sin necesidad de millones de años ni de ‘selección natural’, pues el don de adaptación está implícito en su genoma. Tal capacidad de ajuste es la que permite que un caluroso africano se establezca en la fría Finlandia o un caribeño mejicano viva en Alaska o existan aborígenes esquimales en las calientes costas de Costa Rica y Panamá.

Y sobre la línea que dice: ‘En virtud de pequeñas variaciones genéticas, algunos individuos se adaptan mejor a su medio ambiente que otros y los mejor adaptados son los “que dan la talla”, tienden a sobrevivir y reproducirse en mayor grado’…, la realidad dicta una genética atrofiándose, desintegrándose y generando un océano de dolencias registradas (con incremento semanal), debido precisamente a esas ‘pequeñas variaciones’. Además, se hace evidente la ausencia de la hipotética mejora que debería ser proporcionada por la selección natural, tocante al sistema inmunológico, ante factores de destrucción como el virus del SIDA.

Pero continuemos analizando ahora el siguiente enunciado evolutivo:

[‘La selección natural actúa para incrementar la frecuencia de mutaciones ventajosas, que causan el cambio evolutivo, ya que esos organismos con mutaciones benéficas tienen más posibilidades de sobrevivir, reproducirse y transmitir las mutaciones a su descendencia. La selección natural actúa para eliminar las mutaciones desventajosas; por tanto, está operando continuamente para proteger a la especie de la decadencia mutacional.’]

¿Cómo se puede explicar, desde la realidad de las enfermedades genéticas proliferando en el planeta, los siguientes planteamientos?:

[La selección natural trabaja con mutaciones en diferentes formas:

1-La purificadora o de fondo elimina las mutaciones perniciosas de una población.]

Ante esta afirmación: ¿Cuáles ha eliminado; a qué desconocida estadística se refieren?; por ahí hay miles de enfermedades genéticas a disposición de la sabia y poderosa selección natural. ¿Qué la limita para actuar?

[2-La positiva aumenta la frecuencia de mutaciones benéficas.]

Ante esta otra: ¿Cuáles son benéficas; qué otras ignoradas estadísticas fundamentan este criterio? A no ser que se refieran a virus, células procariotas cada vez más resistentes a antibióticos y mutantes, cuya única relación con el hombre es hacerle la vida imposible cuando entran en su organismo.

Analicemos la realidad y comparémosla con el postulado evolutivo. Los genes, básicamente tienen dos funciones: reproducirse a sí mismos, e indicar el modo de construcción y comportamiento de un nuevo ser vivo completo. Los cromosomas (formados por genes) contienen toda una biblioteca con las instrucciones necesarias para ‘elaborarlo’. Están programados además, para ser capaces de crear copias de sí mismos. Y todo este proceso, no depende de ninguna ‘selección natural’, sino de una información bien estructurada, que aparece, inteligentemente ‘codificada’ en la hebra enrollada de ADN, con todos los datos, dispuestos de antemano, precisos para crear vida desde elementos inanimados.

Ante el cacareado paso mono-hombre, lagarto-ave, ente marino-mamífero: ¿Quién fue capaz de inscribir y luego ir actualizando esos datos imprescindibles, de especie en especie, si lo que se demuestra es que las mutaciones son irreversibles? Dicho de otra forma: información codificada que se pierde, por daños en la hebra o cambios en sus datos, perdida se queda. A partir de presentarse, se replica y empeora; no hay ningún agente externo, selección natural, evolución o lo que sea, que permita una reinscripción con nueva información codificada en la molécula ADN.

Es decir: hay una pérdida con respecto a la información que creaba una especie operativa; no inscripción con los imprescindibles datos nuevos para que, por ejemplo, la sangre fría del reptil pase a ser la caliente del ave, cambien las escamas por las alas o la sólida extructura de los huesos por hoquedades dentro de ellos para hacerlos más livianos…

Con respecto a los alelos, ¿Cómo intervino la subjetiva selección de la ‘madre natura’? En realidad, dos genes son alelos entre sí cuando ocupan el mismo lugar del cromosoma. (Cada uno de los dos genes presentes en el mismo lugar [locus] del par de cromosomas provenientes de la madre y del padre). Diferentes alelos de un gen producen variaciones en características hereditarias tales como el color del cabello o el tipo de sangre. Por ejemplo, los que hacen los ojos castaños o azules, son alelos del mismo gen que fija el color de ojos.

Aunque un determinado gen puede tener más de dos formas alélicas. En el caso de alelos múltiples, un individuo diploide tendrá como máximo dos de estos alelos, uno en cada uno de los cromosomas homólogos, pese a que en la población se presenten más alelos para el mismo gen (ojos negros, grises, verdes, azules, marrones, olivo…). Un ejemplo clásico de alelos múltiples en humanos, es la herencia del tipo de sangre, en la clasificación ABO. A diferencia del albinismo, donde solamente se encuentran dos alelos diferentes ‘A y a’, en el caso del tipo sanguíneo se identifican tres alelos: IA, IB, e I; organizados en 6 clases de genotipos, que codifican para 4 fenotipos: los grupos sanguíneos O, A, B y AB.

Y llegados aquí, en realidad un gen es producto de un proyecto: una secuencia orientada de nucleótidos pre-determinados, que actúan como la menor unidad de datos que permitirá crear aminoácidos, y la combinación de estos, de forma cronológicamente codificada e inscrita, para elaborar en su orden cada una de las proteínas necesarias para la vida. Una base de datos biológica, que define alelos que no solo fijarán color y tipo de pelo, sino el metabolismo de órganos vitales para la vida. Hay miles de estudios sobre alelos que producen decadencia mutacional, dolencia, y muerte. Uno de ellos, tocante al sistema óseo fue titulado como:

“Relación entre los alelos del gen del colágeno tipo 1alfa-1 con la densidad ósea y el riesgo de fracturas osteoporóticas en la mujer posmenopáusica”

Por otra parte, según un estudio británico, una mutación del gen HLA-DRB1, asociado con alto riesgo de padecer artritis inflamatoria, podría también incrementar las probabilidades de muerte prematura por enfermedad cardiovascular (ECV). Los investigadores apuntaron que ‘los pacientes de artritis reumatoide en particular que tienen el epítope compartido (EC), un grupo de alelos específicos del gen HLA-DRB1 con secuencia de aminoácidos afines, más anticuerpos contra péptidos anticíclicos citrulinados (anti-CCP) y que también son fumadores, tienen una combinación especialmente letal para el corazón.’

De modo que no hay ninguna ‘selección natural seleccionando’ para que la especie mejore y sobreviva, sino ‘causa y efecto’. Un producto de la pérdida de información genética, anunciada ya hace miles de años en el ‘muriendo morirás’ del original Bereshit 2-17 judío (no la errónea traducción en ese punto del Génesis griego). Esta decadencia genera alteración en las instrucciones inscritas y codificadas en el ADN, provocando que durante el proceso de transcripción, no se procese lo que debería, sino la consecuencia de esa variación de datos: aminoácidos y proteínas diferentes a las ‘apuntadas’ en las moléculas del genoma: la ‘receta de la vida’, codificada con conocimiento, intención, diseño, programa, y capacidad de Creación. ¡La INTELIGENCIA original que el ateísmo constantemente insiste en negar!

Pero un gen es también la unidad mínima que se puede heredar, es decir, que puede ser tomada de uno de los progenitores para formar el nuevo individuo. Si las características heredables (aspecto de la cara) las descomponemos en otras subcaracterísticas (color de ojos, pelo, tez…), cuando ya no podamos dividirlas más, y sigan siendo heredables, diremos que esos resultados de similitud son debidos a un gen específico.

Luego, las consecuencias del futuro de las poblaciones no vienen determinadas tampoco por una mágica selección evolutiva, sino por la ‘HERENCIA’; los cambios que se han ido manifestando e incrementando en la información genética, y que han dado lugar ya a que se reconozcan alrededor de 20000 enfermedades de causa génica; una cifra que se incrementa semanalmente, desde distintos puntos del planeta. Se incrementa tanto, que cada vez más se cita que casi toda enfermedad tiene componentes genéticos:

http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/002048.htm

La selección natural es de hecho la gran ausente que no puede impedir la decadencia genética; no hay ninguna intervención suya para mejorar el proceso de la vida. Es un ente mitológico que no tiene nada que ver con una realidad condicionada por instrucciones que fueron precisadas hace ya algunos miles de años, en cada especie por separado, inscritas por una entidad con el adecuado poder y conocimiento para hacerlo.

Realidad que aparece palpable aun hoy ante nuestros ojos, a pesar del tiempo transcurrido: un sello eterno, que no deja lugar a dudas sobre el origen inteligente de la vida, pues su constitución, inscrita y codificada en material orgánico, con todos los detalles de cada una de las operaciones precisas para generar vida, especie por especie, animal o vegetal, nos ha sido legada por escrito, en los ADN individuales, para que prevalecieran en el tiempo y cada uno pudiera reconocer en ello la inmensa sabiduría de Dios.

La roca de la verdad contra la que se estrellan y estrellarán aquellos que insistan en separar al Creador de su Creación. Algo sobre lo que escribió alguien que conoció al Cristo, habló con Él, vivió a su lado durante 3 años, le tocó, escuchó sus instrucciones y enseñanzas, fue testigo directo de sus muchos milagros y de su muerte, así como de su resurrección. Un pescador casi analfabeto, que bajo la acción revitalizadora del Espíritu llegó a decir:

“Por lo cual también contiene la Escritura: ‘He aquí, pongo en Sión la principal Piedra de la esquina, escogida, preciosa; Y el que creyere en ella, no será confundido’. Es pues honor a vosotros que creéis; mas para los desobedientes: La Piedra que los edificadores reprobaron, esta fue hecha la cabeza del ángulo; piedra de tropiezo, y piedra de escándalo, a aquellos que tropiezan en la Palabra, y no creen en aquello para lo cual fueron ordenados.” [1ªPedro 2:6-8]

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EL ADN RATIFICA Y DESMIENTE.

enero 28, 2008

Enero 28/2008

EL ADN: DEMOLEDORA EVIDENCIA DE UN CREADOR.

El develamiento de la cadena de doble hélice de la molécula de ADN, avivó la biología y resultó en una ventana abierta a muchas respuestas sobre el origen de las enfermedades que más han golpeado a la humanidad. El proyecto del Genoma humano ha sido uno de los mayores éxitos de la ciencia; sin embargo, los evolucionistas ateos lo aclaman como una prueba a favor de la evolución y un clavo en el ataúd de la Biblia.

Según ellos, este hallazgo de un orden molecular universal, que acumula y tramita información a cada nuevo embrión, ya sea vegetal o animal, ofrece una respuesta totalmente física del origen y proceso de la vida en la tierra, sin un Creador.

Para los cristianos, a diferencia de los ateos, el ADN manifiesta que existió un Diseñador que instauró esta maravillosa complejidad ‘codificada’: la información más eficiente, puesta en genes originales. Y es que, si existe un código, debe existir por tanto el ‘codificador’. ¿O es que esperan también que nos creamos que esa estupenda compilación fue fruto de sucesivas casualidades ocurridas durante miles de millones de años?

El único recurso para ‘suponer’ la procedencia del ADN, es nuestra propia deducción, pues ningún humano estuvo presente para observar. No basta explicar que el ADN ‘pudiera’ formarse de pedazos en un proceso al azar; también deben exponer su opinión sobre la fórmula de interpretación. En otras palabras, no es suficiente decir que, muchas letras situadas al azar se unen, por ejemplo, en un orden: ñasdfjadrjewwfgsdfasdfañlsdfjñ’ y que esto signifique: “La proteína tal, debe ser llevada hasta el punto ‘mas cual’.

Esta escalera de letras no significa nada, a menos que se disponga de un ‘lenguaje pre-existente‘ para poder interpretarlas. La dirección a la que debe ser enviada una proteína específica, para realizar una determinada función biológica en el organismo, tiene significado sólo para el organismo que es capaz de interpretar el código. ¿Pero, quién creó ese complejísimo lenguaje codificado universal del ADN?

El Bioquímico Dr. Duane Gish, un pionero en el movimiento creacionista, y vicepresidente del Institute of Creation Research (Instituto de Investigaciones Sobre la Creación), comenta acerca del genoma humano:

‘La genética es tan increíblemente compleja y puede ser tan maravillosamente relacionada, que definitivamente demanda un origen inteligente’.

Él explica que las células deben tener un proceso sofisticado increíble de edición para asegurar que cada gen es reproducido libre de error. Todos esos errores se infiltrarían, no tendrían sentido, y sería el final. El hecho de que se debe tener el proceso de edición desde el principio, significa que tuvo que haber sido creado para estar allí, ser eficiente, y hacer su trabajo; de otra forma, no existiría la vida.

La idea de que todo surgió por accidentes al azar, errores genéticos, etc., no responde ni a la lógica ni a la inteligencia del ser humano; no importa las impresionantes palabras que usen para convencer: filogenia, cladogramas y dendogramas, embriología comparada y fisiología comparada, métodos anatómicos, embriológicos, etológicos y ecológicos, la citología, la biología molecular, comparaciones cromosómicas, inmunoelectroforesis, precipitación cuantitativa, el citocromo c, la hemocianina, el ADN nuclear…

¿No resulta apabullante tanta verborrea, haciéndonos sentir analfabetos? ¡Cuántos recursos, tratando de anular la verdad que el mismo Creador tomó especial empeño en que quedara escrita y que fuera transmitida a todas las generaciones futuras!

“…No escuches palabrerías mundanas y vacías, ni los argumentos que opone esa mal llamada ciencia, que a algunos, por profesarla, ha desviado de la fe.” 1ª Ti 6:20-21

Si algo debemos aprender del descubrimiento de la cadena de ADN, es ‘humildad’. Tanta inteligencia y perfección debería infundirnos, cuando menos, respeto. No estamos contra la ciencia, sino todo lo contrario; los avances en la medicina, con los descubrimientos de nuevos fármacos que evitan dolor a millones de enfermos y que han convertido a enfermedades que causaban epidemias y muertes, en padecimientos curables, son un orgullo para el Señor, puesto que se han concebido para el servicio a los demás.

El primer llamamiento al que nos convoca Jesucristo reiteradamente es el amor a nuestros hermanos; el auxilio desinteresado, libre de todo egoísmo, nos acerca más a Él. También nos exhorta constantemente a que seamos  abundantes en longanimidad; es decir: entereza y constancia de ánimo absoluta ante obstáculos y adversidades.

Es como demandarnos dominio propio y valor firme ante las provocaciones, el  peligro, una desgracia… o cualquier impedimento que atente contra sus enseñanzas. Debemos defender Su credibilidad, con humildad y energía; manteniendo siempre una correcta y respetuosa actitud de comportamiento y de expresión, mientras demos testimonio.

Porque Él es la Verdad, el Camino y la Vida; nadie llega al Padre si no es través de Él… y la verdad es como el amor: solo es buena cuando se comparte; se multiplica cuando se divide.

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¡EL ADN GOLEA AL DARWIN!

enero 24, 2008

ADN: UNA EVIDENCIA IRREFUTABLE

Cuando charlamos por el móvil con alguien y le comentamos acerca del estado de un amigo común accidentado, pese a la distancia, las vibraciones de nuestra voz se transforman en oscilaciones electromagnéticas que llegan hasta su oído medio. De ahí, esas ondas pasan al oído interno, ya convertidas de nuevo en vibraciones y estimularán a las células nerviosas, la última secuencia del procesamiento del sonido. Entonces él oirá nuestro mensaje.

Luego, frente a su ordenador wireless, (sin cables) comienza a mandar e-mails a todos los conocidos que de una forma u otra se relacionan con el accidentado; de nuevo, las ondas electromagnéticas se difunden por el espacio para llevar la noticia a distintos destinos, y a veces, en distintas lenguas.

Uno de ellos, de origen parisino, recuerda a otro amigo común que está viviendo en esa ciudad; no tiene su correo electrónico, pero sí la dirección de su domicilio, así que hace una carta manuscrita, la mete en un sobre y la certifica en una oficina de correos para que llegue lo antes posible. Otro es un misionero; el correo de Internet le llega, pero en esos instantes visita una aldea indígena que se halla en un cerro lejano. El único medio de comunicación en la zona es el boca a boca, pero ha ocurrido un desprendimiento y nadie puede salir para el lugar; así que hacen una fogata y usan un patrón de señales de humo. Alguien de la aldea, capacitado para interpretarlas, se acerca al misionero y le hace partícipe de la desagradable nueva.

Ni un solo átomo ni una molécula de ninguna sustancia se movieron entre los puntos involucrados. Sin embargo, la noticia se desplazó por los itinerarios necesarios.

De esa forma tan variada se manifiesta la ‘información’; el medio de tránsito del mensaje puede ser muy versátil, pero los datos contenidos se mantendrán inalterables. Al margen de la lengua original, los informes serán los mismos, con independencia del sitio de donde provengan.

El medio utilizado, jamás será ‘la información’, sino sólo la ‘vía’ para que esta llegue.

El materialismo enseña que la materia no se crea ni se destruye, sino que se transforma; basado en este argumento, ve la vida de un ente biológico como un elemento que obedece a estrictas leyes químicas y físicas. Pero el ser vivo es algo más que química y física: es un portador de inconmensurable información. ¿De dónde salieron ‘esos informes’ que la sustentan?

Alguien podría plantear que todos los medios de comunicación usados por el hombre se subordinan a leyes químicas y/o físicas. Mas, un ordenador no escribe mensajes por sí mismo, ni un bolígrafo, ni las señales de humo salen por sí solas, si no hay antes un orden de pautas y formas. Sin embargo, una mente sí tiene la posibilidad de crear determinado paquete de datos y codificarlo de forma efectiva y universal, entendible en cualquier idioma.

Un ejemplo: a partir del momento en que un animal fecunda a otro, se comienza a formar una nueva criatura, con características muy similares a sus padres. ¿Quién dicta esa maravillosa ‘elaboración’, tan precisa y magnífica? ¿Qué patrón se sigue para que un chimpancé nazca con sus propias características, y un humano crezca también con sus peculiaridades únicas? ¿Cómo se ha trasmitido desde los ancestros de los primeros ejemplares, ese mensaje repetitivo? ¿Por qué nace un cóndor y crece como tal, en lugar de formarse un cedro?

¡Porque todos los seres vivos poseen, intrínsecamente, una información ‘codificada’ que los identifica: el ácido desoxirribonucleico, más conocido como ADN!

Esta molécula de doble hélice, como la conocen científicamente, es como un largo collar, arrollado en el centro de cada célula del cuerpo. Es ella quien porta los programas para la vida de un ser específico; la información que se transmite de generación a generación.

Algunos piensan que tiene vida en sí misma, pero esto es un error: es una molécula con INSTRUCCIONES para la vida. Un paquete con 12 mil millones de bits de información; datos que regulan la vida de todo ser, desde su etapa embrionaria hasta su muerte. Y  ‘no es capaz de autocopiarse’, como sugieren los evolucionistas; se necesita la maquinaria de una célula viva para hacer las copias de una molécula ADN, que ‘no es la información, sino que la contiene’. Solo es el ‘rollo orgánico’ sobre el cual se escribe el mensaje.

 La fecundación humana ocurre por la fertilización del óvulo femenino por parte del espermatozoide masculino. Así nace la primera célula del nuevo ser, llamada zigoto, que luego originará el resto de las células del organismo, por divisiones sucesivas.

Ese primer zigoto recoge la herencia contenida tanto en el óvulo como en el espermatozoide, en el ADN de sus cromosomas, y la transmite luego a lo largo de incontables divisiones. La herencia ADN del organismo humano está contenida en 46 cromosomas, en el núcleo de cada una de las células. Para ello, cada uno de los 46 cromosomas del zigoto [23 del padre y 23 de la madre] se duplicarán también en cada división celular, de modo que cada célula del organismo tenga en principio igual participación de la herencia materna y paterna. Esta división de cada cromosoma en otros dos idénticos se realiza por un proceso llamado ‘mitosis‘.

Al final, resulta una información recogida; como dos ‘collares de cuentas’ paralelos entre sí. En cada célula humana, (y en todos los organismos eucariontes), el ADN está organizado en cromosomas. Cada especie tiene un número característico: la cebolla tiene 16 (organizados en 8 pares), la mosca de la fruta Drosophila melanogaster, 8, y los seres humanos, 46. O sea,  tenemos 23 pares de cromosomas: 22 de ellos se llaman cromosomas autosómicos, y trasmiten el carácter hereditario. Los del par 23 se conocen como ‘sexuales‘ y son diferentes entre sí. (XX en el caso de una hembra/ XY en el caso del macho)

El ADN contiene un ‘programa‘ que hace que se integren dos cromosomas en cada nuevo par [trasmitirán la herencia genética al espermatozoide fecundar el óvulo]. La información contenida en uno corresponderá a la madre y la del otro,  al padre; de ahí surgirá todo el proceso de ‘elaboración’ del nuevo ser, con un ADN único y exclusivo. 

Pero no sucederá nada si no hay una maniobra de ‘lectura y transcripción’ de los datos contenidos como ‘en una receta de cocina‘, indicando qué proteínas habrán de formarse en el ribosoma, y a partir de qué aminoácidos específicos se sintetizará cada una. Vea el ADN como una cadena de letras enlazadas entre sí bajo un código extricto; a menos que sean unidas en la secuencia correcta, según ese código,  no darán ningún mensaje coherente.

Por ej.,  el escribir ‘elleavmaloniicáaodapsgaranicaheaiirlsobamo’ no dice nada, por estar codificado de acuerdo a un orden; pero si es conocido tal código, como se ha hecho en este caso, se ve el enunciado: ‘lleva el aminoácido asparagina al ribosoma.’

Por tanto, para leer el mensaje se necesita conocer un cifrado lingüístico ‘pre-existente’ así como el ‘sistema decodificador’. Y todo eso existe dentro de la célula; al igual que un artilugio fabricado por el hombre, no surge por sí mismo de las propiedades de su materia prima. Si Ud. mezcla los ingredientes básicos para elaborar una célula viva, sin información, no ocurre nada.

Las máquinas y los programas no surgen por sí solos de las leyes de la física y de la química, sino que precisan de una inteligencia que las cree. Jamás se ha visto nada complejo, surjir sólo con materia prima, tiempo y azar. El intelecto es lo opuesto al azar; si existe un código, es porque antes hubo un ‘codificador inteligente’ que lo diseñó.

Cuando los seres vivos se reproducen, pasan información al nuevo ente, que transportada en el ADN de los padres, resulta el ‘manual de instrucciones’ que le permite a la maquinaria de una célula elaborar, a partir de la materia prima, el nuevo ser viviente. ¡El milagro de la Creación!

Esto se hace combinando cromosomas de la cadenas materna y paterna; así los niños no serán fielmente iguales a sus padres y tendrán sus particularidades específicas. La información codificada en el ADN de todos los seres vivos señala directamente hacia una Creación inteligente, no hacia cambios casuísticos sin dirección ni orden.

La información genética de un ser tiende a alterarse (mutaciones generacionales); de ahí las anomalías físicas o psíquicas de los individuos que se ven afectados, pero nunca que se ha incrementado,  ha  generado nuevos órganos, con funciones específicas, sino que ha sido para generar caos, enfermedad y/o muerte.

Como la cadena es doble (madre-padre) a veces uno de los dos genes prevalece sobre el mutante y se da un tipo de auto corrección paliativa, como por ejemplo, arcos bucales con menos dientes, pero que no impiden la función de la dentadura. (Mi caso específico: nunca me nacieron los incisivos superiores y dos premolares salieron desde el lateral del maxilar; hubo que extraerlos pese a estar en buen estado)

De regresar en el tiempo a lo largo de la línea genética de cualquier ser vivo, los humanos por ejemplo, veríamos como patrón general una mejora genética gradual en la medida que retrocedemos, pues siempre hay merma de información a partir de varias generaciones.

Ninguna población es infinitamente vieja ni contiene información infinita, por lo tanto, tuvo que haber un punto en el tiempo en el cual el primer programa surgió sin otro pre-existente; es decir: el primero en su especie, sin padres. Porque la evidencia es una: si existe una cadena de ADN ‘codificada’, debe también existir alguien que la ‘codificó’.

Razonando con inteligencia, la perfección biológica de la Naturaleza entera, en toda su diversidad, no pudo haber surgido caóticamente espontánea, sin el ADN, guía de procesos específicos, calculados y establecidos de antemano. Si la evolución quiere dar otra explicación que la del Diseño Inteligente bíblico, más que abordar la explosión casuística de vida a partir de un alga unicelular, debe decir cómo esa alga trasmutó en la compleja célula eucariota que constituye a más de un millón de animales y casi otro millón de plantas. 

¿Por qué no presentan ‘sus pruebas’  de un procariota adquiriendo los orgánulos solo visibles en la célula eucariota? Eso jamás ha podido ser comprobado en ningún laboratorio del mundo; y hay microscopios desde el año 1600.

No podemos decir que el hombre evolucionó del mono y que este provino de una especie de alga marina ‘unicelular’ que llegó a la tierra, dando origen a la biología; a la vida… transformándose por sí misma en árboles, arbustos, aves, peces, cuadrúpedos, chimpancés… y ¡dinosaurios! De organismos simples a complejos, por sí solos. Eso es menos inteligente que decir que la inmensa complejidad de la suma de entes biológicos existentes, plantas y animales, es producto de un diseño bien definido. Hay demasiada complejidad en la información ADN, para suponer que somos producto de una evolución azaroza, sin orden ni programa.

¿Cómo es posible que el mundo no ‘Vea’ la locura de esa definición? Está ciego y sordo. ¡Todo es tan simple! Solo tenemos que mirarnos a nosotros mismos por dentro. ¿De verdad puede alguien creer que este laboratorio tan complejo y cronometrado como el nuestro puede haber surgido de un caos, por generación espontánea? ¡Venga ya!

Esto me recuerda lo escrito en Ro 1:18-20:

Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa’

¡El código del ADN es una prueba irrefutable de que no procedemos del ‘caos’, sino del ‘orden’ cronometrado por una mente infinitamente superior a la humana: la del Creador! Es el sello de Dios.

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¡HALLADA LA COSTILLA DE ADÁN!

enero 22, 2008

Enero 22/2008

ADÁN Y LA COSTILLA ‘PERDIDA’

Este artículo es sobre un relato hallado en ‘Respuestas en Génesis’, que deseo compartirles por lo curioso e instructivo que resulta, y que concluye con mis comentarios personales:

‘En Mayo del 1999, un inesperado impacto frontal contra un tanque de combustible completamente lleno, a velocidades de vértigo por la autopista, casi a 180 Km/h me obligó a vivir  una experiencia que a nadie le deseo. La sorpresa fue haber sobrevivido a ello, al igual que mi hija Lisa, entonces con 11 años, quien milagrosamente escapó ilesa; claramente, Dios tenía otros planes para mí.

Durante los 5 meses y medio en el hospital, y durante años después, sufrí una serie de operaciones para reconstruir varias partes de mi cuerpo, especialmente los huesos de mi cara. Como resultado directo del accidente, tuve un total de 55 sesiones de cirugía bajo anestesia general; aunque la mayoría no involucró extracción de costilla.

Estas operaciones a menudo requirieron usar mis propios huesos para hacer injertos. Yo notaba que el cirujano plástico siempre volvía al lado derecho de mis costillas, de hecho a través de la misma cicatriz horizontal, para tomar más, con vista a la reconstrucción. Un día le pregunté por qué nunca se le agotaba el hueso. Me miró vagamente y me explicó que él y su equipo extraían la costilla entera cada vez. ‘Dejamos el periostio intacto, así que normalmente la costilla crece de nuevo.’ El ‘periostio‘ es una membrana fibrosa pegada a los huesos, que sirve para su nutrición… y renovación.

A pesar del hecho de haber sido entrenado y de haber practicado como médico, estaba intrigado; nunca antes me había dado cuenta de eso. El periostio (el significado literal es ‘alrededor del hueso’) es la membrana que lo cubre; la razón por la que se te queda ‘algo‘ entre los dientes cuando muerdes un muslo de pollo, por ejemplo. Contiene unas células llamadas ‘osteoblastos‘, productoras de la sustancia ósea, que regeneran el hueso. Sobre todo en los jóvenes, el periostio de la costilla tiene la admirable capacidad de regenerar hueso, quizás más que cualquier otro del cuerpo.

Los cirujanos toráxicos extraen costillas de forma rutinaria, y estas vuelven a crecer, por completo o en parte. Depende del cuidado con el que es extraída; necesita ser ‘pelada‘ de su periostio para dejar la membrana lo más intacta posible. Una razón importante por la que la costilla es ideal para la regeneración, es que los músculos intercostales ligados a ella le proveen un flujo de sangre. Cuando oí al cirujano, pensé de inmediato: ‘¡qué bien, Adán no tuvo que andar por ahí con un defecto!’ En Génesis 2:21, refiriéndose a la creación de Eva, leemos:

‘Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar.’

Sorprendentemente, muchos crecen creyendo que el hombre tiene una costilla menos que la mujer. Tienen el mismo número, por supuesto. Algunos anti-creacionistas han usado el hecho de que a los hombres no les falta ninguna costilla para burlarse de un Génesis literal.

Antes de mi accidente, si alguien me preguntaba sobre esto yo le respondía algo así:

‘Si su padre perdió su dedo en una sierra circular, ¿esperaría usted que todos sus hijos tuvieran un dedo menos? ¿O todos sus hijos, pero no sus hijas? Claro que no. Las instrucciones del ADN que son pasadas de un padre a un hijo van en forma de código, como un escrito; remover una costilla (o un dedo) no cambiaría las instrucciones en el código, así que toda su descendencia tendrá todas sus costillas (o dedos).’

Mientras todo eso es verdad y pertinente, esta información sobre la regeneración de las costillas añade una nueva y fascinante dimensión. Dios diseñó la costilla junto con el periostio y los osteoblastos contenidos en ella: los encargados de su regeneración, pues la célula ósea, como el resto de las células del cuerpo, envejece y necesita ser renovada continuamente. Él sabía con seguridad cómo extraer una costilla de manera que creciera de nuevo, justo como las costillas lo hacen hoy; sin requerir ningún tipo de milagro especial, pues el milagro ya fue manifiesto en el origen de la ‘creación’ del hombre.

Mi Comentario: ¿Por qué no hizo a la mujer de la misma forma que al hombre, del polvo? La respuesta es obvia: Para que todos, hombres y mujeres,  fuéramos descendientes de Adán, incluso Eva, la madre de la humanidad.

El poder y sabiduría de Dios se ratifica en toda la Naturaleza; pero si nos circunscribimos a la vida animal, esta evidencia se palpa desde el enigma de la concepción: un espermatozoide fecunda un óvulo y automáticamente se inicia un proceso mágico de diferenciación de la célula; la apertura de operaciones extremadamente complejas, responderán al diseño de condiciones exigidas a cada futuro órgano de la precisa maquinaria que constituye al ser vivo. Y es infalible, pues cada ser humano y cada animal, marino o terrestre, ya sea insecto, cuadrúpedo, reptil o ave, tendrá su propia complejidad… ¡y nunca serán compatibles fuera de cada especie! ¿No es un clarísimo ejemplo de diseño autonómico?

Con respecto al embrión de hombre, lo que será hueso, primero deviene en tejido óseo y lo que será carne, se convierte en tejido muscular. Su cuerpo tendrá funciones de todo tipo, ‘dirigidas’ por un cerebro mediante un complicado entramado de nervios y conexiones micro eléctricas muy variadas: los minúsculos, pero maravillosos circuitos neuronales.

Para que sea perfecto, es necesario que el futuro ‘software’ de la máquina extraordinaria que resultará al final, se subdivida en dos: el sistema nervioso central, con todas las ramificaciones necesarias desde el eje del cuerpo que es la columna, y el sistema periférico que controlará el pensamiento, la digestión, señales de hambre, de dolor, la inteligencia, etc. Además, si el nuevo ente biológico será bípedo, precisará un elemento regulador del equilibrio; y el Creador entonces le dota del cerebelo, que cumplirá esas funciones.

También diseñó y creó el resto de órganos que conforman el ‘atlas humano’. Es obvio que ‘calculó’ la energía necesaria y la corrección precisa ante el inexorable desgaste celular por oxidación, a partir del momento en que el embrión se desarrolla, llega a su edad adulta y muere. Pero quizás la mayor maravilla de esta creación, sea la gigantesca cadena de ADN de la que dispone todo ser vivo; tan inmensamente compleja y larga, que fue preciso ‘codificarla’ inteligentemente, de forma que todas las órdenes hagan su aparición en el justo momento y escogiendo el órgano preciso entre  muchos con los que cuenta el ser humano.

¿Más, cómo podrá el feto de sólo unos centímetros, llegar a adquirir una estatura superior al metro cincuenta y los 50-100 kilogramos que alcanzará más tarde, en su edad adulta?

¿No les parece que todo resulta muy complejo como para que la teoría de la evolución, que defiende un ADN casuístico logre conseguir tales resultados? A mi inteligencia, de coeficiente normalito, le resulta imposible aceptar esa respuesta. ¿Y a la suya?

No lo dude; somos un objeto de creación: fuimos diseñados, calculados y ‘creados’. Nos lo dice el propio Creador. ¿Es que no les resulta esta solución la más confiable?

El periostio le permitió a Adán recobrar su costilla y tener su caja toráxica perfecta; hasta su muerte, dispuso del mismo costillar que nosotros poseemos hoy en día.

El milagro especial fue la creación de Eva a partir del hueso y la carne. ¿Por qué de esta manera, por qué no directamente del polvo de la tierra, como el primer mortal?… Para que todos nosotros, incluyendo a Eva, estemos relacionados con Adán. De esta forma los millones de mujeres de la actualidad pueden sentirse identificadas directamente con él y, por supuesto con el postrero, que vendrá a buscar a todos aquellos que le hayan sido fieles: Cristo Jesús, para que disfruten junto a Él de Su reino eterno.

‘Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.’ (1ª Co 15:45)

Podemos tener órganos más chicos o más grandes, pero desde luego que a nadie le falta nada; mucho menos, una costilla.

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