RESURRECCION: HECHO HISTÓRICO 

julio 20, 2009

CRISTO EN LAS AULAS: ALAS PARA LLEGAR A DIOS.

El plan de estudios de Historia, dirigido al estudiantado mundial, y previsto por el Ministerio de Educación de cada país, incluye a personajes de toda área. En general, a todo aquel que haya acreditado que ‘revolucionó’ su época. Así entró Aristóteles a las aulas del planeta; también Epicuro, Gengis Kan, Alejandro el Magno, Hitler, y tantos más, que resultaría titánico referirlos sin obviar ninguno. Todos han sido vinculados al hecho histórico específico que les ha inmortalizado, diluido en la marea del tiempo, pero vivificado por las crónicas de sus coetáneos.

¿Por qué no incluir al más cardinal de los personajes históricos? La Tierra acoge más de 6 mil millones de personas; la tercera parte, casi 2 mil millones, acepta la fe cristiana, la trasmite a sus hijos, e incrementa día a día tal cifra en millones de nuevas almas que la abrazan. Propugnan al Jesús milagroso que, según testimonios antiguos, hizo que los cojos andaran, los ciegos vieran, y los muertos resucitaran.

¿Por qué no se cita en las aulas al que demostró ser el revolucionario más importante de la historia de la humanidad? ¿Por qué no, al que, dos milenios después de su muerte, sigue vivo en los corazones de un tercio de los habitantes del planeta? Por qué no, a quien renace en millones de seres cada día, en el mundo entero? ¿Por qué no se propugna la resurrección testimonial de Cristo?

Un testigo ocular, el apóstol Juan, habla de ello en 1ªJn 1:1-4:

Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida, porque la vida fue manifestada, y la vimos, y testificamos, y os anunciamos aquella vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos reveló.”

También otro testigo, el apóstol Pedro, comenta, entre otros versículos:

También yo procuraré con diligencia, que después de mi muerte, vosotros podáis en todo momento tener memoria de estas cosas. Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, siguiendo fábulas artificiosas; sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad. [2Pe 1:15- 16]

Y Pablo, en muchas ocasiones; como en 1ªCo 15:4-8:

“…que fue sepultado y resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras, que se apareció a Cefas y después a los doce; luego se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, la mayoría de los cuales viven aún, pero algunos ya duermen; después se apareció a Jacobo, luego a todos los apóstoles, y al último de todos, como a uno nacido fuera de tiempo, se me apareció también a mí.”

¿Pueden considerarse fiables estos testimonios? Veamos; no hablamos de las grandes editoriales de hoy, que ganan millones vendiendo Biblias, sino de seres cuya única meta era alcanzar la promesa del Mesías. Hombres que renunciaron a todo, con tal de alcanzar la muerte en Cristo; el único premio que codiciaban, y para quienes el dinero no tenía valor alguno. ¡Sí que son confiables! El cuño de su honestidad fue timbrado en la cruz de sus respectivos martirios y en su fidelidad hasta la muerte.

O sea, la resurrección de Jesús debe considerarse una verdad histórica, por implicar a muchos testigos oculares: Juan y Pedro, los más de 5oo que le vieron resucitado y en los que se basó el resto de los evangelios, más el de Pablo. No se puede decir que es un suceso improbable sólo porque la información de fondo no provee la evidencia del milagro. Hay mucha confirmación al respecto; más de medio millar.

La opinión del no-milagro se contradice a sí misma; es una paradoja inversa: si la ciencia no hace juicios sobre Dios porque le considera inaccesible, no puede dictar: ‘la resurrección es quimérica porque equivale a la hipótesis de que Dios resucitó a Jesús, y eso es imposible a los ojos de los hombres’.

No se puede inferir eso; una deducción llega incluso sin alcanzar directamente la explicación de su hipótesis. La física es un ejemplo; se aceptan realidades que no se pueden ver: teoría de cuerdas, membranas dimensionales superiores, curvatura del espacio-tiempo, universos paralelos…

Caso aparte es el de la biología evolutiva, darwinismo y selección natural; el ‘3 en 1‘ que postula sobre hechos invisibles [salto de alga a: flora- fauna-mono-humano], sin la prueba forzosa de tal paso: célula procariota, mutando a eucariota… pese a disponer de toda la tecnología necesaria para demostrarlo, desde los años 1600, en que aparecieron los primeros microscopios.

En realidad, no se acepta la evidencia de Dios… por el miedo irracional a tener que darle cuentas. Sin embargo, sus milagros se muestran en toda su Creación. En el ADN por ejemplo; un programa inteligente, regulando cada especie [más de 10 millones]. Penta trillones de datos ordenados, sin que se pueda premiar con un Nobel al invisible programador virtuoso. Una colosal instrucción de control, palpable en cada dato, que genera, despliega, mantiene, y reproduce todo tipo de vida, sin que nadie tenga la opción de mirar a los ojos del etéreo Instructor, mientras le entrega el Nobel justo y apropiado. En Biología, igual que en Física, la certeza de lo intangible, brota en cada evidencia irrefutable.

Asimismo, el historiador debe ser fiel a crónicas, cartas y apuntes coincidentes, por absurdos que parezcan; máximo si otros relatos recogen resurrecciones atribuidas a personajes como Apolonio de Tiana, Hanina ben Dosa… con la diferencia de que ellos murieron y se acabó su historia, mientras que en el caso de Jesús, tras su muerte fue resucitado por su Dios Padre, y habita en cada corazón que le clama y le es leal.

Los apuntes llevaron a las aulas al Cid, Ramsés, etc. Esas mismas pautas deben ser usadas para considerar a Jesús entidad histórica, resurrección incluida. No se puede aducir estar profesionalmente restringidos por metodología que impida aceptar la resurrección de Cristo; es una mala praxis y una vergüenza que se impida entrar a las aulas a la verdad histórica verificable sobre el pasado milagroso de quien murió por la humanidad.

¿Qué ganancia material le pudo reportar a Pablo, quien renunció a un buen cargo en una empresa sólida [‘Funcionario del Imperio Romano’], para pasar el resto de su vida sumido en necesidades, hambre, frío, naufragios, persecución, apedreamiento y muerte, solo para testimoniar sobre Jesús? ¿Es que su renuncia a la vida satisfactoria y segura no constituye un elemento convincente de credibilidad? ¡Sí que lo es!

Sus versículos refieren la tradición cristiana que recibió, remontada a un período muy cercano a la crucifixión, y acreditada por testigos vivos de la época. James D. G. Dunn [Jesus Remembered-Jesús recordado, (Grand Rapids, Mich: Wm. B. Erdmans, 2003, p. 855)] la ubica en no más de 18 meses posteriores a la muerte mesiánica.

Con respecto a la tumba vacía y la presencia en ella de al menos una seguidora de Jesús, hay 5 fuentes independientes que coinciden. Podrá haber discrepancia; datos que no anulan la esencia: la ausencia del cuerpo de Cristo, en lo que todos coinciden. Además, su ropa en el interior refuta la hipótesis del robo, creada por los enemigos de Dios, porque: ¿quién desnudaría un cadáver antes de llevárselo?

Las divergencias en la información existen incluso hoy, pese a los enormes adelantos tecnológicos. Al referir crónicas sobre hechos inmediatos, los diarios difieren en muchos detalles; a veces no coinciden en la hora ni cantidad de muertes… ¿Y, cuántas veces hemos visto que, ante manifestaciones de masas, unas fuentes las cifran en el millón de personas, mientras que otras citan solo unos pocos cientos de miles? ¿Cuál es la noticia importante? Sin dudas es la manifestación masiva en sí misma, los detalles solo son complementarios a la noticia en sí.

Lo mismo pasa con José de Arimatea; Mateo, Marcos, Lucas y Juan, coinciden en que pidió permiso al Pilatos histórico para enterrar el cadáver de Cristo. Aunque Juan, al ser testigo ocular, da más detalles del acontecimiento. También, Lucas hace distinción entre las apariciones del Jesús resucitado y las ‘visiones’ sobre Jesús; por ejemplo, la de Esteban, en Hechos 7:56:

He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre en pie a la diestra de Dios.”

Tal visión resulta diferente a la aparición física del cuerpo resucitado de Jesús. La visión ocurre mediante la interfaz de la mente, al proyectar una imagen intangible de la 4ª dimensión espiritual sobre el cerebro material, por la acción del Espíritu.

Sin embargo, la experiencia referida por los evangelistas, especial en el caso de Juan y Pedro, testigos presenciales, señalan a un Jesús vivo, con un cuerpo físico tangible, tal como se describe cuando se presenta ante el incrédulo apóstol Tomás, al que le presenta sus heridas y le dice, en Juan 20:27:

Mete tu dedo aquí, y ve mis manos; y da acá tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.”

¿Por qué se niegan los agnósticos a reconocer las coincidencias, mientras buscan lo que pudiera resultar discordante? De hecho, todo lo humano lo es; hay contradicción en todo personaje histórico, según el historiador que escriba. En resumen, si en base a crónica humana se escribe sobre hechos del pasado y se examina de ellos a los estudiantes, no hay una buena razón para ignorar una evidencia histórica que afecta a la humanidad: la resurrección de Jesús, legado escrito por sus coetáneos.

Además, deseo tocar la perspectiva vivencial de este suceso. En un tribunal, el testimonio de varias personas vale para condenar a un acusado. ¿Por qué no aceptar entonces los alegatos sobre el Cristo resucitado? El Señor no solo es una figura histórica, sino que está vivo hoy y se le puede conocer vivencialmente.

El cristianismo dejó de ser sólo una religión más, desde que Jesús fue el único ser, entre toda adoración humana, que hizo prodigios de sanación, resurrección incluida, siendo Él mismo resucitado por Dios, luego de entregar su vida en la Cruz. Llevó nuestros pecados en su cuerpo, sobre el madero, para que nosotros, muertos a ellos y sanados por la sangre de sus heridas, pudiéramos vivir en su mundo eterno y perfecto, en su regreso de justicia, cada vez más cercano.

Ni Buda ni Mahoma ni los semidioses griegos, hindúes, etc., evidenciaron milagros ni ofrecieron su vida como Cordero de Purificación. Solo Cristo. Y quien se le entrega, percibe renacimiento espiritual, sintiéndole como realidad viva. La luz se enciende donde antes había tinieblas; lo muerto cobra vida, y lo invisible se hace tangible: Dios se hace vivencia. Si buscan la experiencia del crecer íntimo, entonces no sólo consideren la evidencia histórica; estudien la Biblia y confróntenla en la esencia, sin buscar diferencias ‘informativas’. Cambiará sus vidas igual que ha cambiado la de cientos de millones de personas en el mundo.

Si la verdad de Cristo se enseñara en clases de historia, se ganaría en ética, sentido de la moral y del deber ante el prójimo. Las leyes de Dios se grabarían en el corazón humano; la sociedad ganaría, no se verían los abominables botellones [España es abanderada] ni se incrementaría tanto la delincuencia en menores.

Los humanos decidimos con el corazón en qué preferimos creer. Ello y nuestras obras nos juzgarán, sin hoyo para cabeza de avestruz. Nuestra mentira, violencia, injusticia con el prójimo, falta de misericordia, violación de la Ley, y sobre todo, el pecado raíz de todo mal: el abandono de Dios, fijará cada futuro individual. La justicia llegará, y el perdón favorecerá a quienes la misericordia del Señor estime conveniente, según buenas obras y solidez de contrición por las malas. Nadie lo dude.

Vosotros sois la sal de la tierra: y si la sal se desvaneciere ¿con qué será salada? no vale más para nada, sino para ser echada fuera y hollada de los hombres.” [Mat 5:13]

Palabras del Señor. ¿Damos la sal que pide? ¿Nos implicamos según clama, alzando nuestra voz en la sociedad? Al margen de donde nos congreguemos, Cristo es Rey de todos; nuestro adeudo es con Él, más allá de catolicismo, evangelismo o cualquier otra agrupación cristiana. El Mesías nos aglutinó en su cruz; no hagamos feliz a satanás, que hace fiesta viéndonos separados. ¡No continuemos dividiéndonos!

Somos casi dos mil millones en el mundo, mas los políticos imponen lo que se enseñará en las aulas. ¿Llegaría a sus oídos el clamor de dos mil millones de ‘votos’? Sé que sí; no lo dejemos para mañana. ¡Unámonos y forcemos al antiCristo, en su propia casa, a doblar sus rodillas ante el Rey! Ya hemos dormido demasiado tiempo.

Despierta, tú que duermes, álzate de los muertos, y te alumbrará Cristo.” [Efe. 5-14]

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LA PATATA: ¿ANCESTRO HUMANO?

junio 19, 2009

Semanas atrás saltó la noticia del enésimo hallazgo del eslabón perdido de la cadena evolutiva: Ida, una lémur ¿fósil? presentada en sociedad, en el Museo de Historia Natural de Nueva York… Lo siento, no puedo contenerme, pero, ¡cómo me recuerda al hombre con quijada de chimpancé injertada, el falso homínido de Pilstdown, exhibido en el homólogo de Londres durante medio siglo, hasta que el timo salió a la luz!

A ‘Ida’, a quien no han podido categorizar ni como mono ni como lémur, sino como a ‘bicho intermedio’, le han asignado nada más y nada menos que 45 millones de años; edad similar al objeto de burla, la losa de plomo sobre eruditos evolutivos: el ‘extinto’ celacanto, el pez que pese a la ‘científica declaración’, menea colita ‘involucionada’ en aguas actuales, igual que la de su ‘ancestro’ exhibido como eónico. Algo que, desde reflexión real y científica, solo ratifica ‘NO EVOLUCIÓN’, ‘NO DATACIÓN’, y ‘NO VERDAD EVOLUTIVA’.

Hay fósiles datados en millones de años, que señalan sin dudas a seres de hoy, recordando la comedia fílmica ‘Este muerto está muy vivo’. Los defensores evolutivos no son capaces de demostrar la evolución ni en uno solo de ellos; decenas de miles por todos los museos del mundo lo impugnan. Igual a los seres vivos que se abren a nuestros ojos, dichos fósiles se presentan súbitamente con todas sus características, sin mostrar la alteración que debió ser impuesta por soñados millones de años ‘evolucionando’.

Un ejemplo lo tenemos en el museo de Historia Natural de República Dominicana, con miles de muestras fosilizadas en resina, datadas en el ‘oligoceno’ [25 millones de años]. Les expongo una, conocida en inglés como ‘Humpbacked flie’ una pequeña especie de mosca parecida [pero diferente] a la mosca de la fruta, que también existe en la actualidad en su forma corriente, sin evolucionar, sin presentar cambios con respecto a un ‘ancestro oligocénico subliminal’. Una más entre miles; esta especie siempre se presentó tal cual fue diseñada por su Creador, e instituye otro dato que niega el anticientificismo darwinista.

La mosca que no evolucionó.

La mosca que no evolucionó.

También son ejemplos las algas azules, celacanto, esponjas, gusanos marinos, rayas, erizos marinos, etc. ¿Qué concluir: se evoluciona cuando conviene? ¿Se manifiesta evolución o no, según convenga? ¿Dónde se oculta la inteligencia que lo decide? El mundo está ante una teoría evolutiva basada en planteamientos veletas, no en axiomas científicos.

Usemos el prodigio de la Creación de Dios: el razonamiento, la punta de lanza que hiere de muerte al timo evolutivo, aunque se resistan a sepultarle. Nos diferencia del resto de animales y jamás ha podido ser atribuido a aparición ancestral, pues no hay ancestros de la conciencia del yo ni del raciocinio. Colijamos entonces: ¿de cuántos eslabones se compone en realidad esta fantástica ‘cadena subjetiva’? ¿Cuántos ‘eslabones’ le han sido presentados al mundo, y cuántos más faltan por aparecer? La respuesta es clara: tantos como sean posibles, mientras la mentira siga generando dinero, popularidad y ‘nivel académico’.

Un millón de dólares logró sacar el tratante Thomas Perner, al profesor noruego Hurum, quien a causa del ejercicio de hipnosis más antiguo conocido: el darwinismo, al fin se salió con la suya, y se llevó a Oslo el 95% de los restos de un primate sin clasificar, convencido de haber adquirido ‘el eónico eslabón perdido’, cuando en realidad la edad del montón de huesos no superaría la de unos cuantos miles de años. La aversión a Dios supera la expectativa humana; cualquier absurdo se convierte en Ciencia a la luz opaca del ateísmo.

En realidad, los estudiosos de la zoología han incluido en la familia ‘primates’, a simios, monos, lémures… y al ser humano. Mas los simios contienen 13 especies distintas, y los monos 160 especies. Los lémures, por su parte, están contenidos en 3 géneros que agrupan a nueve especies disímiles; sin contar, por supuesto, con otras sub-familias intermedias, semejantes. Pero hay una única verdad científica: diferentes tipos de simios jamás procrean entre sí; jamás surgirá una nueva especie desde esa perspectiva.

Sin embargo, insisten en cargarnos ancestros chimpancés… y ahora hasta de lémures. Pero si algo fija el ADN es que diferencia tanto las mismas especies consideradas ‘parecidas’, que las hace incompatibles con la procreación; los seres genéticamente discordantes ni se aparean, ni son capaces de generar OTROS TIPOS DE SERES. Los chimpancés siempre han descendido de una pareja sexual de chimpancés, de igual manera que el primer retoño de lémur solo pudo haber surgido del padre y la madre lémur, creados por Dios… con instrucción genética individual incluida, para garantizar el que se multiplicaran.

Visto de esta forma, si un mono tití no puede procrear con una mona verde o si un gorila no es capaz de embarazar a una chimpancé, orangutana o el tipo de mona que se pretenda intercalar en la escala evolutiva, ¿cómo se puede proveer de categoría científica, a la tesis de nuestro origen simiesco? Si el total de miembros de la familia primates, las casi 200 especies diferentes, son incapaces de generar nuevos miembros genéticamente diferenciados, ¿de dónde salió ese lémur-mono al que ahora quieren hermanarnos?

La respuesta es genéticamente demoledora: ¡DE NINGÚN SER VIVO DIFERENTE A UN LÉMUR! Si confrontamos el planteamiento con el código genético, vemos la complejidad de la masa de información contenida en este. Cuando se medita que la total información química requerida para elaborar a un mono, lagarto, ave, elefante, rana… o ser humano, se comprime en dos células reproductivas minúsculas y diferentes en cada especie, entonces se entiende el absurdo del planteamiento evolutivo.

El que la información genética de todo ser vivo dependa de dos cromosomas sexuales, el ‘X’ y el ‘Y’, encargados de trasmitir secuencialmente cada dato imprescindible, es en sí mismo una evidencia de que, al menos en más de un millón de especies con sexos diferenciados [testículos y ovarios], macho y hembra tuvieron que ser coincidentes en el tiempo.

La añeja idea de un lagarto trasmutando hasta echar alas… o un tipo de mono deviniendo en persona, es hecha polvo por la evidencia cromosomática. Es repetición obligada; si especies distintas jamás generan especies nuevas [realidad científica manifiesta ante los ojos del mundo], no queda más remedio que aceptar que cada ser apareció tal cual se ve hoy: perfectamente diferenciado.

Incluso en miembros de familias ‘semejantes’, como las 13 especies de simio, las 160 de mono, las miles de lagarto, las más de 20000 de pájaros, cientos de ciervos, etc, incapaces de embarazar a ninguna hembra de otra especie, aunque la zoología las ubique dentro de una misma ‘familia’. Serán ‘similares’ para nosotros, pero todos y cada uno de ellos saben perfectamente que están ante un ‘bicho discordante’.

Sostener que la pluralidad de información para la vida, virtual en el ADN, surgió al albur, sin plan ni diseño, es negar el sentido común. La enorme complejidad de datos genéticos ordenados [6 mil millones de bits, en nuestro caso], codificados con un alfabeto de solo cuatro letras, hecho de moléculas químicas, implica colosal inteligencia superior detrás. Los expertos de la teoría de la información no admiten otra interpretación de los hechos.

Lo real y empírico, es que resulta discordante describir la evolución como un proceso de adaptación, por cuanto a ningún ente se le puede atribuir ancestros: científicamente, ninguno tiene un origen distinto al fijado en su propio ADN. Cada ser vivo se manifiesta perfectamente adaptado: ni vemos lagartos con intentos de alas brotando de ellos ni monos rebasando la barrera biológica fijada, embarazando a hembras de otras especies primates. Tampoco a especies diferentes generando nuevas entidades biológicas; tal cosa es bulo anticientífico, cabalmente negado en cada selva o zoo del planeta.

La ‘selección natural’ no ‘crea‘ nada; enseñar en las aulas que el complejo ojo trilobites ‘precámbrico’ [cuyo inicio ‘se dice‘ que fue hace 4.600 millones de años, y su fin unos 570 millones de años antes que nosotros ‘viéramos‘ la luz] surjió más de 500 millones de años antes que el ojo simple que debió antecederle, hace a la evolución inmasticable.

Solo hay una explicación obvia: tuvo su diseño genético de ojos compuestos, desde su inicio… al mismo tiempo que el resto de ojos que se ven en la creación de Dios… hace unos pocos miles de años atrás, cuando el Creador decidió que empezara este ciclo de vida material. Solo la existencia inicial de programas codificados en el ADN de trilobites, y resto del lote de la Creación resulta coherente, porque lo científicamente demostrado es que un programa no surge al azar; así como que solo es posible codificar si detrás existe un talento programador y codificador. Decir lo contrario es fábula.

De la misma forma es irracional explicar el paso de un ser terrestre a un aéreo como una necesidad, si lo que vemos es que miles de especies distintas de lagartos viven perfectamente sin precisar alas. Otra cosa es la variación que tiene lugar dentro de los límites de la información genética, frontera fijada por el “pool de genes”; pero todas las características presentes en el abanico genético de una especie es determinada por los alelos. Lo vemos en perros, cerdos, humanos… y vegetales, creando razas y genotipos diferentes de una misma especie; pero jamás especies nuevas.

Tal variación nunca transmuta reptiles en pájaros, agregando plumas y alas, alterando metabolismos. Ese cambio demanda aumento en la información genética; el borrar datos de escamas, huesos, sistema respiratorio, tipo de sangre… etc, supliéndolo por la información correspondiente a las aves, sin una inteligencia controlando, es totalmente imposible, pues alteraría la ordenada información original. Es bien sabido que solo el variar un simple aminoácido puede llevar a la extinción, no a la multiplicidad.

Lo que se observa en la vida real es la firmeza de especies, no el paso de unas a otras. Casi doscientas especies inmutables de primates, ante múltiples razas de perros, equinos… personas. Y eso nos diferencia de los monos, no nos asemeja: hay muchas razas humanas, pero la especie es la misma, manteniendo la capacidad de procreación entre distintas razas con un mismo ADN. Sin embargo, científicamente probado, no se puede decir lo mismo de micos, gorilas… lémures, perfectamente diferentes, genéticamente incompatibles….

La variedad alélica crea razas y fenotipos disímiles en una especie determinada, sin que ello implique mejora genética; jamás se ha demostrado sea un paso del que surjan nuevos órganos. La evolución propone que con la ayuda de largas eras geológicas se ha producido la ‘macroevolución’: especies multiplicándose y sucediéndose entre sí. Mas eso es lucubrar contra lo observado, cuando lo genuino y legal es extrapolar desde la experiencia cierta. Se distorsiona la lógica, la razón y la inteligencia, yendo contra la Ciencia, y alineándose con fábulas de ranas trasmutando en príncipe, monos en personas, o calabazas en carrozas.

Desde tiempo atrás se concluyó la “estabilidad genética” [homeostasis genética], basada en resultados experimentales sobre seres vivos. Se concluyó que cada cópula provocada, en busca de variaciones distintas a las contenidas en el pool de genes, fue ineficaz. Constan barreras estrictas entre las distintas especies de seres vivientes, que hacen totalmente imposible que criadores de animales cambien al ganado en especies diferentes, apareando distintas variedades, según postuló Darwin.

La propia ‘evolución‘ de la bacteria es otro mito; su capacidad de resistencia existía mucho antes de los antibióticos. Artículos del “Medical Tribune” [29/12/1998] lo confirman. En 1986 se hallaron los cuerpos congelados de marinos muertos durante una expedición al polo, en 1845, y en ellos se divisaron bacterias comunes en el siglo XIX. Los investigadores se sorprendieron al examinarlas y descubrir que eran resistentes a antibióticos que no fueron desarrollados hasta el siglo XX, muy posterior a su época.

Tal hecho constituyó un ‘NO’ rotundo a la “inmunidad bacteriana adquirida” que propugna la tesis evolutiva. Se demostró científicamente que tal resistencia ya estaba presente en las poblaciones de bacterias, antes incluso que existieran los antibióticos. No evolucionan a otra especie sino que tienen capacidad de respuesta como lo que son, porque así lo recoge su ADN; tal como nuestra información genética prevé un sistema inmunológico.

Pero, volvamos a la ‘homología’ hombre/mono. ¿Es científico decir que indica ancestros comunes? El ‘NO’ es enérgico; hay que decir que la embriología y la genética demuestran que el concepto de homología definido por Darwin como “evidencia de los seres vivientes a partir de un ancestro común”, jamás se puede considerar como evidencia. También en este sentido, la Ciencia ha probado que la tesis darwinista es falsa.

Ni moléculas ni fósiles han logrado proveer los ariscos eslabones intermedios soñados en siglos de darwinismo. La discrepancia molecular entre seres aparentemente relacionados por su similitud se manifiesta tenazmente. Por ejemplo, la estructura del Citocromo-C, proteína vital para la respiración, es pasmosamente distinta en seres estimados como de la misma familia. Investigaciones llevadas a cabo dicen que la diferencia entre dos especies de reptiles distintos es mayor incluso que entre un pájaro y pez, o pez y mamífero.

Otro estudio mostró que la diferencia molecular entre ciertos pájaros [ej: águila y gorrión], es mayor que la existente entre esos mismos pájaros y determinados mamíferos. Algo similar ocurrió al comparar hemoglobina, hormonas y genes. Asimismo se ha visto que la diferencia molecular entre ciertas bacterias aparentemente similares, es mayor que la que hay entre mamíferos y anfibios o insectos. Desde la Biología molecular, ningún órgano es ‘ancestral’, ‘arcaico’ o ‘moderno’; si esta rama de la Ciencia hubiera existido cuando Darwin, su idea de la evolución orgánica ni siquiera habría podido sostenerse.

La Ciencia ha logrado almacenar información sobre barro, piedra, papiro, papel, disco de vinilo, película, casetes, CD’s, microchips… pero la tecnología humana no ha sido capaz de avanzar hasta el nivel de almacenar información química tal como la muestra el ADN. De acuerdo a esto, resulta disparatado decir que los penta trillones de datos contenidos y sincronizadamente secuenciados, en los millones de especies diferentes que existen, pudieran haber surgido desde el azar. ¿Cómo podría el azar lograr lo que no logran ejércitos de científicos eminentes, en el mundo entero?

Por otra parte, es imposible que un código surja por accidente; está matemáticamente demostrado. Solo se logra desde una mente inteligente; la casualidad no puede hacerlo, de la misma forma que si Bethoven no hubiera estado tras cada partitura, jamás habríamos oído sus sinfonías. Ni siquiera los pentagramas de los peores músicos, surgen del caos.

El planteamiento evolucionista es una sarta de incoherencias unidas con hilos frágiles: una oda a absurdos imposibles. Es como la roca que termina horadada por la constancia de la ola; el flujo de la Ciencia la ha sacudido en sus cimientos y hoy estamos ante un pedrusco endeble que intenta sobrevivir dejándose llevar por la marea, incapaz de sostenerse. No es más que una ignorancia agonizante, ahogándose en la playa del conocimiento.

Mas el capricho persiste; no hay la más mínima duda de que en cualquier momento estaremos ante una diatriba que nos relacione ancestralmente con la patata. Solo es necesario que surja alguien con la capacidad de facundia argumentativa capaz de convertir lo absurdo en lógico. ¿Acaso no han convertido al alga unicelular procariota en ancestro de al menos un millón de especies [nosotros incluidos], pese a estar formadas por las tan diferentes células eucariotas, sin haber demostrado jamás en ningún laboratorio del universo tal paso imprescindible de un tipo de célula en otra? La Ciencia no nace de locos brincos de cabras, sino de pasos cohesionados y convincentes.

Pero enfrentamos lo que enfrentamos; nada sorprende de los enemigos de Dios y de su Creación: patata seremos, si hay dinerito, fama y posibilidades de Nobel por medio… solo hay que tener paciencia para ver más enfoque demencial convertido en noticia científica.

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AUTOBÚS 666 ‘LONDRES-BARCELONA’, LLEGA CON VENENO

enero 17, 2009

Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas; derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” [2ª Co10:4-5]

En estos días, todos los medios de comunicación dedican un espacio en primera plana, a una frase aparecida en autobuses ingleses, recién exportada a España, en la que se exhorta a todos a ‘disfrutar de la vida sin limitaciones‘, dando la opción de no tener que responder ante nadie. Pero hay una palabra clave: ‘probablemente‘; o sea, el hombre tiene la última voz, la capacidad de decidir. Y esto es así, porque responde al plan de Dios desde los inicios.

En el evangelio de Cristo, la palabra ‘corazón’ aparece más de 100 veces; y no en el sentido biológico, sino en el espiritual. Resulta obvio que el corazón humano es cuna del espíritu; es un conocimiento que se nos escurre ahora y se nos hace difícil entender, pero que dominaremos cuando estemos aptos para comprenderlo. Nuestro Señor nos aleccionó con frases como:

“El buen hombre, del buen tesoro de su corazón saca bien; y el mal hombre del mal tesoro de su corazón saca mal; porque de la abundancia del corazón habla su boca. ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que digo?” [Lc 6:45-46]

Dios concede el libre albedrío: tenemos acceso a toda la información existente; leemos todo lo que queremos, procesamos con la mente lo leído, pero nuestro corazón es el que toma partido. Es el órgano más espiritual del ser humano… y también es su autógrafo, un libro abierto para el mundo de la 4ª Dimensión, incluido satanás y su séquito.

Por eso se entera de nuestras debilidades, y por allí mete la punta de su lanza, socavándonos. Por la misma razón, continuamente el Cristo nos advierte más de cien veces sobre esta situación, pues Él tiene la llave que abre de par en par las puertas de esa ‘memoria espiritual‘ humana, y tiene además la facultad de leer en ella todo lo que, de alguna forma que se nos escapa, queda grabado:

Porque de adentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad. Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona.” [Mar 7:21-23]

Y nos lo advierte, porque siempre supo que estos días llegarían; hecho que hace obvio que entramos ya en la frontera de los últimos tiempos. El cuánto dure la fase, solo es dominio de Dios; Jesús la define muy bien, al explicar a sus apóstoles la parábola de la buena semilla:

El que sembró la buena semilla es el Hijo del hombre, — les respondió Jesús—. El campo es el mundo, y la buena semilla representa a los hijos del reino. La mala hierba son los hijos del maligno, y el enemigo que la siembra es el diablo. La cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. Así como se recoge la mala hierba y se quema en el fuego, ocurrirá también al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los que pecan y hacen pecar. Los arrojarán al horno encendido, donde habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán en el reino de su Padre como el sol. El que tenga oídos, que oiga.” [Mat 13:37-43]

La lucha espiritual comenzó en la 4ª Dimensión, pero tendrá su fin en esta que vivimos. Nosotros somos los actores principales, y la tramoya que detonará este proceso final, no es otra que el materialismo ateo, guiada por la mano del propio jefe de los demonios.

La filosofía materialista es una corriente de pensamiento antigua, que considera la materia como absoluta e infinita: ‘La materia ni se crea ni se destruye: solo se transforma‘. Para el ateo, todo lo que existe está compuesto sólo de materia; así, este criterio imposibilita un Creador de carácter ‘no material‘. Por ello, siempre ha sido hostil al monoteísmo o cualquier proyecto humano que implique una Creación divina.

Es tanta la aversión, que se han adueñado de la ciencia, subordinando el criterio científico al filosófico, y abrazando las alternativas a mano: la teoría de la evolución y la geología conveniente. Obvian la constante ausencia científica… porque antes adoptaron la negación apriorística. El propio biólogo evolutivo, genetista y filósofo evolucionista, Richard Lewontin lo confirma en ‘‘Billions and billions of demons’, (1997):

Y no es que los usos e instituciones de ciencia obliguen a aceptar una explicación materialista del mundo fenomenológico, sino por el contrario: nosotros estamos forzados por nuestra adherencia a priori a la causa materialista, en crear un aparato investigativo y una serie de conceptos que ofrezcan explicaciones materialistas, sin importar cuánto vayan en contra de la intuición ni qué tan místicas sean, para el que no ha sido iniciado. Más allá de eso, el materialismo es un absoluto, y no podemos dejar que un pie divino cruce la puerta.”

No le importa la ciencia. Pero, como contrapartida, el descubridor del ADN y Premio Nobel, James Watson señala en su libro “La doble hélice”:

No podía ser uno buen científico sin comprender que, en contraste con la concepción popular sostenida por los periódicos y por las madres de los científicos, buen número de ellos no sólo son obtusos y de mentalidad estrecha, sino también simplemente estúpidos“.

La lealtad de los negadores de Dios, mal llamados ‘humanistas‘, se percata de que la flecha de invisibilidad material que todos portamos en el cerebro, conocida como inconsciente‘, posibilita en sí misma la realidad de un espíritu también invisible.

De ahí surgió la conducta prejuiciosa que dictó el concepto ateo: “el subconsciente se integró por sí mismo“; un absurdo jamás apoyado ni por ciencia empírica ni por la razón. Ni siquiera el origen de la materia física tiene explicación científica. Por ejemplo, el químico y experto en ADN, profesor de la Universidad de Nueva York, Robert Shapiro, dice:

Por tanto se necesita otro principio evolucionista para cruzar la brecha existente entre las mezclas de elementos químicos naturales simples y el primer replicante efectivo. Este aún no ha asido descrito en detalle o demostrado, pero está anticipado y se le da nombres como ‘evolución química’ y ‘autoorganización de la materia’. La existencia del principio se da por sentada en la filosofía del materialismo dialéctico, tal como la aplica al origen de la vida Alexander Oparin.” [Científico ruso, ateo-comunista]

La propaganda evolutiva sale asiduamente en medios de comunicación y célebres revistas de ciencia, debido a una necesidad ideológica. La evolución se presenta indispensable, gracias a que los círculos que fijan normas científicas la han hecho tabú. Y todo ese brío siempre tuvo un “propósito”: impedir toda fe en un Creador.

El evolucionismo exhibe sus intentos como “ciencia“, pero no apoyándose en ella, sino en la filosofía materialista, y en el rechazo obstinado a la existencia de cualquier cosa “más allá” de la materia, pese a que ellos mismos son capaces de pensar… y a que el pensamiento ‘no‘ es materia.

El objeto del artículo de hoy, el lema ‘autobusístico‘ de estos días, es más de lo mismo: propaganda antiCristo. Pero, al igual que un mal deportista es incapaz de sumergirse en las profundidades, pues ya le resulta excesivo el esfuerzo para sostenerse a flote, el ateísmo exhibe un mensaje universalista, implicando a todos… mas incapaz de prever el verdadero significado individual, que terminaría haciendo gran daño a la sociedad. Una vez más, hacen gala de su despiste intelectual, aun sabiendo que ninguna acción cumple su cometido, si no es antecedida por la reflexión. Analicemos el mensaje:

‘Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida’.

Ahora, individualicémoslo, descifrándolo en su real dimensión:

– ‘Violador: probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida’.

‘Asesino: probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida’.

‘Drogadicto: probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida’.

‘Pedófilo: probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida’.

‘Adúltero: probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida’.

‘Prostituta: probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida’.

Papá que va a prostíbulos: probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte…

Homosexual: probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida’.

Narcotraficantes, borrachos, maltratadores de mujeres y niños, mentirosos, tramposos, usureros, egoístas, poderosos, orgullosos, avariciosos, lujuriosos, iracundos, envidiosos, perezosos, resentidos, vengativos, mafiosos, imprudentes, desleales, sicópatas, codiciosos… probablemente Dios no existe. Dejen de preocuparse

¡Ese es el auténtico mensaje trasmitido: crear caos en el mundo! Y los cristianos tenemos el deber ante Jesús de denunciarlo y alzarnos contra tal blasfemia, impidiendo por todos los medios que la sinrazón y la locura atea continúen haciendo daño a la sociedad.

¿Seremos capaces de generar una revolución de principios? Si se hace individualmente: ¡Sí! Cuando cada ser humano sea capaz de mejorar aquellos hábitos que afectan a la colectividad, ¿afectará positivamente al resto de la humanidad? ¿O si tiene una actitud socorrista con el prójimo? ¿O si evita hacer daño a los demás?…

No hay dudas que sí, que en esos supuestos, la convivencia humana iría en una dirección convergente con la paz y la felicidad. ¡Ese es el mensaje que se debe trasmitir! ¡Esa debería ser la preocupación primera, de cada uno de los políticos implicados en dar el visto bueno a todo mensaje publicado, tanto ante ojos de niños, como de adultos!

Pero, desafortunadamente, en la misma medida que el hombre se ha ido apartando de Dios, se ha impuesto lo ‘políticamente correcto‘, porque, aunque probablemente no sea lo mejor, es lo que da votos, dinero y poder: el principal alimento del egoísmo humano.

¡Que nadie se escaquee! El mejor mensaje que debe ser cifrado con cincel de hierro y punta de diamante en el corazón humano, es el que nos dejó escrito, hace 2 milenios, quien vendrá sin falta, cuando se cumpla el límite de tiempo fijado por el Dios Padre. Lo escribió quien convivió con Él y fue su discípulo favorito, durante los 3 años de apostolado:

El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rechaza al Hijo no sabrá lo que es esa vida, sino que permanecerá bajo el castigo de Dios.” [Juan 3:36]

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BIOMÁQUINAS SIN EVOLUCIÓN. LA PARADOJA ANTI DARWIN.

diciembre 10, 2008


Porque manifiesta es la ira de Dios del cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que detienen la verdad con injusticia; porque lo que de Dios se conoce, a ellos es manifiesto; porque Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él; su eterna potencia y divinidad, se ven entendidas por la creación del mundo, y por las cosas que son hechas, para que no haya excusa; porque habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias; antes se desvanecieron en sus fantasías, y el tonto corazón de ellos fue entenebrecido.” [Rom 1:18-21]


Hace muchos años, cuando el único ordenador que existía era el procesador de tarjetas perforadas IBM, leí una novela, cuyo título me obligó a comprarla: ‘La muerte siempre… su paso breve.’ A día de hoy, con los conocimientos derivados de la biología molecular y la microbiología, los científicos llevan preguntándose durante mucho tiempo, cómo los microorganismos vivos miden el paso del tiempo, antes de que les alcance la muerte física.


Los organismos con 5 sentidos, e incluso las bacterias, que considero carentes de algunos de ellos, tienen ciclos diarios, tenazmente regulados. ¿Cómo lo hacen?


Recientemente, he visto un artículo proevolucionista: ‘Paley, el reloj y la piedra‘, algo así como un ensayo sobre el planteamiento de ‘Diseño Inteligente‘ del teólogo William Paley, que en el siglo XVIII planteó que la existencia de una piedra no implicaba un agente externo construyéndola, pero que si halláramos un reloj en la calle, su complejidad nos llevaría a concluir que todas las piezas fueron diseñadas para un propósito y uso concreto, y que alguna inteligencia superior tendría que haber participado.


Y aunque en ese trabajo se plantea ‘nació un concepto nuevo‘, en realidad no fue así. El Diseño Inteligente, como concepto, apareció milenariamente antes… en la Biblia, en su inicial libro ‘Bereshit’, [Génesis en traducción griega], según tradición judía, escrito por Moisés, bajo la acción directa de Dios. O sea, desde el principio se nos enseñó sobre el Diseño.


Algo más tarde, en el 1691, John Ray lo volvió a situar en otro libro: ‘The Wisdom of God manifested in the Works of Creation. Y para cuando apareció Paley con su bien pensado ejemplo del reloj, incluso Derham (1711), con ‘Astro-theology : or a demonstration of the being and attributes of God, from a survey of the heavens’ (1721), y Bernard Nieuwentyt(1730), con su flamante ‘The Religious Philosopher: Or, the Right Use of Contemplating the Works of the Creator’; (Volume I), se le habían anticipado.


El ‘Diseño Inteligente’ antecedió a Darwin y sus especies mutantes, mucho antes que él aprendiera a andar, raspando el suelo con sus rodillas. Mucho antes que supusiera una losa tan fastidiosa para la humanidad, que una parte decidiera destruirla a cualquier precio, mediante una especie de hipoteca basura con la que adquirió un edificio en terreno de barro, que no se podrá pagar, y cuyo final no será otro que el desahucio eterno.


En http://oldearth.wordpress.com/2008/12/08/paley-el-reloj-y-la-piedra/, se analiza obviando al reloj, y se presenta la piedra como producto de una evolución ancestral. Yo escojo al ‘tictacero’, para usarlo con el mismo fin de Paley, pero en dirección al descubierto sistema circadiano endógeno: la forma en que las bacterias cuentan su tiempo.


Paley fue criticado por naturalistas que alegaron la imposibilidad de comparar dispositivos mecánicos y biológicos, porque ‘las ‘invenciones’ biológicas podrían funcionar sobre principios totalmente diferentes a los mecánicos hechos por el hombre.


Anteriormente a eso, se sabía que los relojes naturales siguen el ritmo que les marca el sol, y lo usaban para medir el tiempo, ese ente insustancial por el que transcurre la vida. Pero ahora, los relojeros moleculares han comenzado a desentrañar cómo funcionan los relojes más sofisticados: los biológicos.


En 1998, un grupo de investigadores de la Universidad de Nagoya, Japón, asombró a toda la comunidad científica, al anunciar que el cronómetro de las cianobacterias [algas verde azuladas] trabaja igual que su equivalente en moscas y mamíferos. Estos organismos simples, muy implicados en la fotosíntesis terrestre, dedican la mayor parte de sus energías hacia dos asuntos biológicos: fotosíntesis y reproducción.


Aparentemente, todo reloj biológico utiliza el mismo método: un gen codifica para una proteína, y ésta se sintetiza repetidamente. Cuando la molécula alcanza un cierto nivel, se pone en marcha un mecanismo que frena su producción. Así, la concentración de la sustancia oscila a lo largo de las 24 horas que dura el ciclo. Pero incluso, a pesar de este esquema universal, las proteínas del reloj de las cianobacterias son muy diferentes de las que usan otros organismos.


Por esta razón, los propios investigadores evolutivos dudan que todos los cronómetros naturales compartan un ancestro común, y se ven obligados a pensar en la posibilidad de que este sistema tan eficiente haya surgido al menos dos veces, en forma independiente, en la histórica evolución de las especies.


Pero, veamos un enfoque científico, sin mencionar para nada la innecesaria [por caduca] teoría evolutiva, en un artículo que aparece en la revista científica Structure, dedicada a todo lo que sea novedoso en el campo de las investigaciones en general, incluyendo tanto procesos industriales, como biológicos.


En este caso, se describe un sistema circadiano endógeno, originado en el interior de la célula, en cianobacterias, que ejerce un control generalizado sobre los procesos celulares, incluyendo la expresión génica global.


Ya los científicos conocían las piezas del reloj cianobacteriano: las proteínas KaiA, KaiB, y KaiC, cuando Jimin Wang, del Departamento de Biofísica Molecular y Bioquímica en Yale, publicó en la revista Structure, [Jimin Wang, «Recent Cyanobacterial Kai Protein Structures Suggest a Rotary Clock», Structure, Volumen 13, Número 5, Mayo 2005, Págs. 735-741, doi:10.1016/j.str.2005.02.011], un interesante trabajo, explicando la interacción de todas sus piezas, inspirado en la semejanza de estas, con las de la ATP sintasa, una enzima universal reconocida como motor biológico.


Aunque con distinta ordenación, las proteínas Kai funcionan igual: girando; y en este caso específico, con igual objetivo que la maquinaria de un reloj: para medir el tiempo.
En sorprendente y literal analogía a relojes mecánicos, la proteína KaiC, que parece estar en el corazón del mecanismo de reloj, forma un anillo con seis monómeros, un cilindro hexagonal hueco, en cuyo espacio interior puede ajustarse la pieza KaiA como si fuera un diente, en cuanto se activa una ‘orden’.


KaiA es un dímero [dos monómeros]. Y KaiB se compone de cuatro monómeros. Se mostró que KaiC tiene una actividad de auto fosforilación, y que la presencia de KaiA y KaiB, como piezas mecánicas actuando inter dependientes, modulan en tiempo, el grado al cual KaiC es fosforizado. Incluso en la ausencia de señales externas, en oscuridad total, estos minúsculos relojes proteicos pueden mantener su precisión durante varias semanas.


La proteína KaiC es el diente mayor del engranaje. Es una molécula grande, en forma de barril, montada a partir de seis componentes idénticos. Y el complejo de las 3 proteínas no forma una estructura estática: la proteína KaiA promueve la fosforilación de KaiC. Luego, KaiB, detectando una de las formas fosfolizadas de KaiC, bloquea la actividad de KaiA. Se crea así una oscilación, una danza bioquímica casi perfecta, que dura 24 horas.


El ulterior análisis matemático, confirmó que este industrioso operativo, reproducía un período circadiano. Como un carrusel de seis caras, al que los grupos de fosfato y otras subunidades se adjuntan y separan durante el ciclo diurno, la regeneración entre las unidades proporciona la periodicidad del reloj. Algo similar al ‘hacia un lado u otro’, del péndulo de un reloj antiguo o la rueda de fuga en un reloj pulsera.


En esta publicación, identifican bioquímicamente dos residuos de aminoácidos actuando sobre KaiC, como verdaderas piezas mecánicas al cual se unen otros grupos fosfóricos covalentes. Incluso se señala un tercer residuo que ‘puede tomar prestado’ dinámicamente, al grupo fosforizado. Juntos, su trabajo se manifiesta como una perfecta red de engranajes, en la que, en un momento preciso, se da vuelta a una ‘manivela’ literalmente hablando, al igual que lo hace un diferencial mecánico de distribución.


El reloj de cianobacteria constituye en sí mismo, lo que se conoce como un “periodosoma” el mecanismo que cronometra el inicio y fin de un trabajo biológico determinado, en el cual, sus piezas se reúnen y desmontan durante el curso de un día, definiendo el período circadiano, de la misma forma que lo haría el reloj más preciso.


También el artículo de Michael Behe sobre ‘La Caja negra de Darwin’ demostró, gracias a los avances en biología molecular, que la célula es una ‘fábrica’ de ingenios. Yo agregaría que lo más importante de esto, lo que debe llamarnos la atención a todos, es que si se fabrican cada una de las máquinas biológicas conocidas, cuyos componentes son proteínas, es gracias a que las instrucciones para crearlas APARECEN INSCRITAS Y CODIFICADAS, SECUENCIA POR SECUENCIA, EN EL PROGRAMA ADN que se puede observar bajo los modernos microscopios existentes hoy en todos los laboratorios serios del planeta. Puntualizo: no gracias al azar sino al DISEÑO.


Y este tema, común al iniciador teológico John Ray, al investigador Behe, Jimin Wang, y muchos otros, es también convergente con el resultado de la investigación de Susan S. Golden, doctorada en biología, genetista, miembro del Center for Research on Biological Clocks at Texas A&M y ‘Fellow’ en la American Academy of Microbiology. Texas. [Susan S. Golden, “Meshing the gears of the cyanobacterial circadian clock,“ Proceedings of the National Academy of Sciences USA, 10.1073/pnas.0405623101.]


Golden se sintió tentada a abrir la ‘caja negra’ de los relojes biológicos; supuso que allí hallaría tesoros; y así ocurrió:


Una caja negra fisiológica estimula la curiosidad de un biólogo; igual que una caja estupendamente sellada, decorada con vivos colores, incita a hurgar en ella a un pequeño niño: un tesoro misterioso, conteniendo juguetes encantadores en su interior.


En Elan Corporation [empresa de biotecnología], la pequeña comunidad de científicos en la que ella participó, rasgó el irradiante [fosforescente] embalaje del reloj circadiano, usado por la cianobacteria. Compilaron la lista de componentes, examinaron los engranajes, y fueron desmenuzando pedazo a pedazo, todo el mecanismo. Llegaron a la misma conclusión que Jimin Wang y los otros investigadores: todas las estructuras moleculares sintetizadas para los componentes principales del reloj, eran las proteínas KaiA, KaiB, y KaiC.


Ahora bien: ¿Cómo es templado en el reloj su ciclo noche-día? ¿Cómo se unen las partes implicadas, y como endientan los engranajes de reloj con otras máquinas celulares? Aun no se sabe; la caja justo ha sido abierta.


Estos actos periódicos, observados en algas azules-verdes, resultan “simples”, comparados a los relojes biológicos mucho más complejos en eucariotas. Incluso sobre estos sistemas relativamente simples en cianobacteria, hay demasiados restos para ser entendidos, y los científicos continúan investigando.


Dawkins, en su libro ‘El Cuento del Antepasado‘ delibera sobre este ‘retorno del reloj de Paley’. Desde su perspectiva, ofrece su propio asombro sobre el poder de la evolución:


“… reflexionando sobre esta peregrinación entera, mi reacción aplastante es: asombro. Asombro en la fantasía del detalle que hemos visto; el asombro, también, en el hecho mismo que hay en cualquier detalle para ser tenido en cuenta, sobre cualquier planeta. El universo fácilmente podría haber permanecido sin vida y simple; a no ser por la física y la química, el polvo dispersado de la explosión cósmica que dio a luz al tiempo y el espacio.


El hecho es que la vida desarrollada de la nada, aproximadamente 10 mil millones de años después de un universo hecho de literalmente nada, es una realidad tan asombrosa que me volvería loco para intentar palabras que la justificaran. Incluso no es el final del asunto. La evolución no solo hizo que esto pasara: eso condujo, tarde o temprano, a seres capaces de comprender el proceso, y aún de comprender el proceso por el cual ellos lo comprenden.


O sea, sabe que si no se acude a un Diseño Inteligente, hay que acudir a la magia: ‘me volvería loco para intentar palabras que la justificaran‘… y naturalmente, prefiere imponer la magia en Ciencias, antes que aceptar el hecho milagroso de la vida, derivado de la Ciencia de un Creador, que es hacia donde señalan todas y cada una de las flechas que los investigadores van hallando por el camino, en sus laboratorios. Cualquier cosa, antes que ‘el pie divino cruce la puerta‘.


Pero no hubo ninguna mención a ‘evolución‘ durante la investigación; no existió necesidad de tal hipótesis, pues ¡sí!, Mr.Dawkins, todo reloj exige un Relojero, y si este es biológico, solo desde la ceguera intelectual se puede atribuir su ingeniería a la casualidad.


Se expresa la ley inversamente proporcional del darwinismo: en microbiología, cuanto más avanza la Ciencia, tanto menor es la posibilidad de preexistencia evolutiva.


La minúscula bacteria, sin antecesor, se aparece ya con sus transmisiones, motor, cabrestantes, frenos y péndulos. No tengo la menor duda: el viejo Paley estaría haciendo fiesta… como yo, cada vez que la Ciencia halla una huella de Dios y tiene el coraje de exhibirla.


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DARWIN Y LA TERMODINÁMICA: ¿POR QUÉ RELACIONARLOS?

octubre 23, 2008

Desde hace meses, un día sí y otro también, se está debatiendo en este blog la implicación negativa de la 2ª Ley de la Termodinámica sobre los postulados darwinistas, y su ‘selección natural’, motivando gran rechazo en los defensores evolutivos. Visto que el tema puede aparecer un poco complicado para aquellos que no han tenido la oportunidad de estudiar pero que sin embargo están abiertos al conocimiento, he considerado imprescindible dedicar un nuevo artículo a algo tan importante y escabroso.

La palabra ‘termodinámica’ implica ‘calor’ y ‘trabajo’; ambos indisolublemente unidos. En toda operación mediante la cual se obtiene un trabajo mecánico determinado, ocurre un gasto energético… que se manifiesta en calor. Incluso se cumple en los flagelos bacterianos tratados hace unos días en este blog, que usan el medio líquido en el que viven para refrigerarse durante su proceso ATP. [Obtención de energía celular]

Termodinámica, es la parte de la física que analiza las consecuencias de los cambios de temperatura, presión y volumen de los sistemas físicos, a nivel macroscópico. El calor puede verse como ‘energía en tránsito’ y dinámica se refiere al “movimiento”; así que, en sustancia, se estudia la circulación de la energía y cómo esta infunde actividad. El origen del estudio de la termodinámica surgió de la necesidad de aumentar la eficiencia de las primeras máquinas de vapor, cuando la revolución industrial.

Todas las reflexiones sobre ella, se basan en leyes derivadas de la observación práctica, y de una u otra forma postulan que la energía puede ser intercambiada entre sistemas físicos en forma de calor o trabajo, describiendo cómo los sistemas [motores, procesos industriales, reacciones químicas, transporte…] responden a los cambios en su entorno.

La aplicación de esas leyes es esencial en física, química, acción aeroespacial, ingeniería mecánica, biología celular, biomedicina… etc. Se han nominado como 1ª, 2ª y 3ª Ley; además de la ley ‘cero’. Aquí analizaremos la 2ª Ley específicamente, relacionada con los procesos de la vida; la que dicta que solo  desde un programa se logró instaurar la biología del planeta.

Esta ley establece una sola dirección en los procesos termodinámicos y, por lo tanto, la imposibilidad de que estos resulten irreversibles. Así, un gas diluido en otro no puede concentrarse de nuevo en un pequeño recipiente, si un agente externo no lo impone. Y todo el fundamento de esta ley radica en la existencia de una magnitud física llamada ”entropía’, tal que, para un sistema aislado, (que no intercambia materia ni energía con su entorno), la variación de la entropía siempre debe ser mayor que cero, aumentando.

También dicta que el flujo ‘espontáneo’ de calor siempre es unidireccional: desde los cuerpos a temperatura más alta, a aquellos de temperatura más baja. Lo cual nos lleva directamente al tema que nos interesa hoy: el comportamiento Tierra-sol, desde la perspectiva de la 2ª Ley de la Termodinámica. Aquí interviene directamente la ‘entropía termodinámica’: la energía que no puede utilizarse para producir un trabajo… el grado de ‘desorden’ que poseen las moléculas que integran un cuerpo o el grado de irreversibilidad alcanzada después de un proceso que implique transformación de energía.

Debe puntualizarse que no debe confundirse este término, con las entropías de formación, de Kolmogórov, de los agujeros negros, de la información, la topológica ni la aplicada a la ecología: todas con particularidades específicas. O sea, solo trataremos la entropía incremental de un sistema que esté bajo acción termodinámica.

Dicho esto, analicemos la Tierra, con respecto al sol. El Sol, la Tierra, los otros ocho planetas, y todos los cuerpos celestes que orbitan a su alrededor, forman el Sistema Solar. Pero el sol es en sí mismo un inmenso sistema termodinámico: en su interior hay reacciones de fusión [nucleares], donde átomos de hidrógeno se transforman en helio, produciendo la energía que llega en forma de radiación electromagnética, a todo el entorno planetario bajo su influencia, no solo a la Tierra.

Su espectro incluye rayos gamma, X, ultravioletas, luz visible, infrarrojos… diferenciados entre sí, por el tamaño de las ondas y su frecuencia. A medida que pasamos de los rayos gamma hacia el resto, la longitud de onda aumenta y la frecuencia disminuye. Todos viajan a la velocidad de la luz (300.000 Km/s), y solo llega una ínfima parte de la nociva radiación ultravioleta; la no absorbida, fundamentalmente, por el ozono.

Pero los efectos de la radiación solar sobre la Tierra son varios; su energía calienta el vapor de agua en unas zonas más que en otras, originando alteraciones de densidad en los gases: variaciones que imponen la circulación atmosférica. Su energía fija la temperatura en el planeta, [aumentando por efecto invernadero], y regla el contraste de temperaturas entre el día y la noche, así como entre los polos y el ecuador. También la temperatura generada excita las moléculas de todas las sustancias existentes, creando caos en ellas, y provocando una constante dilatación-contracción en todas las inertes.

Por otra parte, la Tierra, afectada por la radiación solar, al igual que los otros ocho planetas, aunque en una medida que depende de la distancia de la órbita de cada uno con respecto a esa inmensa fuente de energía, no le entrega nada al sol. Las distintas capas de la atmósfera, cuya última frontera es la exosfera, así como la propia fuerza de gravedad, evitan que exista una acción termodinámica desde la Tierra hacia el Sol. Y este es el concepto más importante, para entender por qué resultó imposible que la vida biológica se originara por azar.

En general, la mayor parte de la energía utilizada por los seres vivos terrestres, en cada subsistema termodinámico latente en el planeta, la entrega el Sol. Las plantas la absorben directamente y realizan la fotosíntesis, los herbívoros absorben indirectamente una pequeña cantidad de esta energía comiendo las plantas, y los carnívoros absorben indirectamente una cantidad más pequeña comiendo a los herbívoros.

Otro ejemplo lo vemos en la vitamina D, que interviene en la absorción del calcio y el fósforo en el intestino, y por tanto en el depósito de los mismos en huesos y dientes. Aparece en los alimentos lácteos, en la yema de huevo y en los aceites de hígado de pescado… pero otra de las formas de sintetizarla, es a través de la exposición a la luz solar, a partir del ergosterol de la piel.

Así mismo debe mencionarse que la mayoría de las fuentes de energía industrial y de transporte usadas por el hombre derivan indirectamente del Sol. Los combustibles fósiles preservan energía solar capturada hace miles de años mediante fotosíntesis, la energía hidroeléctrica usa la energía potencial del agua que se condensó en altura después de haberse evaporado por el calor del Sol, etc.

Pero es muy importante señalar que un sistema termodinámico y sus fronteras están determinados por el observador. Así, desde el sol, la tierra puede verse como un sistema abierto, pues permite el paso de la energía de este; sin embargo, desde la óptica de la tierra, esta constituye un sistema aislado con respecto al sol; no puede ejercer influencia sobre él ni en concepto de materia, ni de energía.

En ese contexto sale la 2ª Ley de la Termodinámica: crece la entropía o desorden en el planeta. La Naturaleza es caos; de hecho, la teoría del Big-Bang, aceptada en el campo darwinista, es en sí misma una oda al desorden, y fue considerada como una gran deflagración. También terremotos, tornados, tormentas de arena, eléctricas, mareas, tsunamis, tifones, ciclones y huracanes. Ninguno puede ser controlado una vez que se manifiestan; no hay forma de lograrlo… y está aumentando exponencialmente con el tiempo [el fenómeno del ‘Niño’ y la ‘Niña’, son ejemplos], confirmando así el planteamiento del aumento de la entropía en el sistema, que constantemente está haciendo de las suyas.

Edward Lorenz [década del 1960], estudió la naturaleza caótica de la atmósfera; fue fundador del campo de la teoría del caos. Los avances matemáticos derivados, fueron retomados por la meteorología y contribuyeron a estabilizar el límite de predecibilidad del modelo atmosférico. Así surgió el efecto mariposa: los disturbios del tiempo en un área determinada, imponen un efecto en otra zona. Y llegados aquí, señalamos: entropía termodinámica es desorden, y el desorden lleva al caos; eso está demostrado científicamente… y también está demostrado científicamente que no surge la vida desde el caos, sino desde un programa.

Esto niega un origen de la vida desde el azar, tal como señala el darwinismo, aunque digan que no tratan los orígenes; pues a diferencia de la Naturaleza, irregulable y caprichosa, la vida se ejecuta en orden sincrónico, desde que un óvulo animal o vegetal sea fecundado por espermatozoide o polen, según suceda o desde que una bacteria comience a replicarse. ¡Todo aparece ordenado y regulado, inscrito y codificado, en lo concerniente a la Biología, y los millones de especies que la componen!

En definitiva, lo que la Ciencia ha puesto a disposición del conocimiento de la humanidad, es que el orden y la sincronía de todos los procesos metabólicos, de toda la vida existente en el planeta, manifestándose en millones de especies, es totalmente regulada, de principio a fin, por las instrucciones que aparecen inscritas y codificadas en el genoma humano.

El ADN estableció un programa inteligente para crear, desarrollar y mantener la vida desde el proceso embrionario; fue el factor externo que permitió que, pese a las condiciones de entropía existentes en el planeta tierra, predominara una regulación dirigida sobre el caos y la casuística, y pudieran ser llevadas a feliz término, cada una de los trillones de órdenes encerradas en la información genética de todo individuo, sin importar la especie a la cual pertenezca.

La 2ª Ley de la Termodinámica, con su entropía o caos tendenciosamente incremental, manifiesta en tormentosos, incontrolables y perjudiciales fenómenos naturales, se cumple de hecho en toda la Naturaleza… menos en la Creación biológica de Dios: su obra maestra. La información codificada, con instrucciones precisas, prevista en el ADN por el Creador, como eterno cuño acreditativo para la posteridad, es el encargado de evitarlo.


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DARWIN, EVOLUCIÓN, ADN… MOTORES QUE SE HICIERON SOLOS III

octubre 3, 2008

Esta página debería salir como simple respuesta a un debate; pero es tan importante, y hay tanto que decir, que resulta necesario que aparezca como artículo independiente.La respuesta de la defensa evolutiva, intentando convencer de que algo tan complejo como el flagelo bacteriano, pudo surgir por partes, desde una hipotética evolución puntual y sistemática, se fundamenta en los siguientes videos:

1- La Evolución del Flagelo:

2- Evolucionista intentando desacreditar la teoría de la Complejidad Irreductible, que la propia Ciencia acredita en el flagelo bacteriano.

Antes de todo, quiero aclarar que el video comienza con una frase tergiversadora, al decir: ‘Irreducible Complexity is the cornerstone of Intelligent Design.’ [La Complejidad Irreducible es la piedra angular del Diseño Inteligente.]

Como sé que es una paráfrasis malintencionada, le salgo al paso a la mayor velocidad posible, para informarles acerca de qué es lo que constituye verdaderamente ‘la piedra angular’, pues no hay nada más importante:

La piedra que rechazaron los constructores ha llegado a ser la piedra angular“.[Sal 118:22]

Un versículo bíblico, contextuado en profecía por el propio Jesucristo, siglos más tarde:

¿Nunca leísteis en las Escrituras: ‘La piedra que desecharon los que edificaban, vino a constituir la piedra angular’? Por el Señor es hecho esto, y es cosa maravillosa en nuestros ojos. Por tanto os digo, que el Reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca el fruto que él espera obtener. Y el que cayere sobre esta piedra, será quebrantado; y sobre quien ella cayere, lo desmenuzará.” [Mat 21:42-44]

Es decir, que quede bien claro: la piedra angular del Diseño Inteligente, es Jesús, el Cristo, participante directo de la Creación de Dios. Él es el fundamento, por más que se quiera hacer una chanza. Y no se engañen: cualquiera que se burle de las palabras del Señor, tendrá que responder por el intento de hacerse el chistoso a costa de su legado; pueden estar tan seguros como de que aun respiran.

Y aclarado esto, nos salimos de las Escrituras y vamos a respuestas originadas desde el propio empirismo científico, el conocimiento que la Ciencia pone en nuestras neuronas, para que razonemos, porque el motor del flagelo bacteriano no es más que uno entre MILES de evidencias, que niegan el irracional cuento evolutivo.

Por un lado, se refieren a los ‘pilus’, como evidencia de lo que se pretende; un recurso nemotécnico con el que se pretende impresionar. Pero en realidad, aunque estos apéndices filiformes aparecen en la superficie de una gran variedad de bacterias, no surgen en todas… porque así lo fija la información genética, no un proceso evolutivo sin orden ni gestión.

Los pilus son como pelos de 9 a 10 nm de diámetro; más cortos y finos que los flagelos. Aparecen en la superficie de muchas bacterias, y corresponden a evaginaciones de la membrana citoplasmática, a través de poros en la pared celular y la cápsula que asoman al exterior. Permiten la transferencia de ‘información de ADN’ de una bacteria que lo posea (donadora) a otra bacteria que no la tiene (receptora). Un proceso de transferencia de información genética, cuyas instrucciones se hallan en el programa preestablecido, inscrito y codificado en su ADN circular.

Es un mecanismo de defensa, concebido para permitir la diseminación de trazos genéticos importantes para la supervivencia de poblaciones bacterianas. Este mismo mecanismo también puede servir para mover la bacteria cuando el extremo distal del pilus se fija a un sustrato sólido.

Cardán mecánico

Cardán mecánico

Pero la bacteria, además lo que se quiere justificar en el video, posee dos motores con sus cardanes, sus filtros, sus estatores y rotores, no mencionados. Todo funcionando como un conjunto, pues un motor por sí solo, no sirve para nada si no se asocia a un sistema, menos aun dos. Y un cardán, según puede verse a la izquierda, por sí mismo, tampoco sirve para nada, si no es parte de un sistema; no se puede hablar de él como si fuera una simple enzima amorfa entre tantas, pues es un componente mecánico, con un diseño y una función propias: permite unir dos ejes que giran en ángulo uno respecto del otro. Él solo, no ejerce ninguna función.

Por otra parte, el filtro de la bacteria, está acoplado al vástago, y su función es que, cuando el líquido exterior entre en los motores del flagelo, no los obstruccione; luego, cuando el motor invierta el giro, cambia la dirección del fluido, y los posibles residuos recogidos en este, volverán a salir, manteniendo la limpieza del sistema. Toda una evidencia de diseño, que obviamente no surge si no hay una inteligencia controladora detrás.

Y un vástago, en mecánica, no es otra cosa que una varilla o barra que transmite el movimiento a algún mecanismo: como en las válvulas de climatización, que dejan pasar agua caliente o no, según esté regulada en el sistema al que pertenece, moviéndose arriba o abajo, en sentido vertical. [eje central, en la foto] Esta transmisión, en el flagelo bacteriano, no tiene ningún sentido si no forma parte del sistema; si se le retira, ocurre lo mismo que cuando se le quita a una válvula: ni abre ni cierra… ES NO FUNCIONAL.

De la misma forma, una llave reguladora NO puede ejercer ninguna función por sí sola; pues está diseñada para ‘regular’ situaciones en su entorno. De hecho, si se quita la llave reguladora del flagelo, no es que este pierda ‘eficiencia’, no es que constituya algo para ‘mejorar’ el funcionamiento del sistema… sino que este ‘NO FUNCIONA’. De modo que, habría que explicar como pudo responder el sistema, antes de la aparición de algo que se evidencia imprescindible.

Y las chaperonas plasmáticas, no son más que proteínas; así que volvemos a lo mismo, dependen de una instrucción que aparece en el ADN. Forman parte de las miles de secuencias que aparecen allí, inscritas y codificadas, garantizando que ellas surjan: de nuevo la información que prepara la vida, no la vida que surge por casualidad.

Dicho esto, sabiendo que todo proceso de construcción proteica aparece antes inscrito y codificado en el genoma bacteriano, hay que recordar que en ninguno de los dos videos se explica cómo se fueron reinscribiendo y recodificando las instrucciones, en el caso de que fueran apareciendo por partes. Es decir: cuando el flagelo no tenía motores, ¿cómo se reinscribieron y recodificaron en el ADN todas las instrucciones para que tuvieran lugar las secuencias proteicas que lograran que estos surgieran?

Y cuando el flagelo no tenía ‘cardan’, ¿cómo se reinscribieron y recodificaron en el ADN las instrucciones para que tuvieran lugar las secuencias proteicas que les harían surgir? ¿Cuando no tenía ‘llave reguladora’ o filtros o chaperonas plasmáticas proteicas…?

También plantean que el F1Fo ATP Synthase pudo surgir desde un ancestro, por sí mismo. Pero la F1F0 ATP sintasa es el motor molecular más pequeño y eficiente de la naturaleza, que cataliza la reacción de síntesis o hidrólisis de ATP… un complejo enzimático. Y las enzimas no son más que sustancias de naturaleza proteica que catalizan reacciones químicas; todas, absolutamente todas las secuencias para sintetizar proteínas, están inscritas y codificadas en la hebra del genoma.

No surgen por casualidad, para mejorar ‘algo’, sino que existe un ‘recetario programado’; un programa de ejecución, inscrito y codificado en el ADN, con todas las instrucciones para que, al final, este pequeño motor pueda emerger. Las proteínas que se convertirán en enzimas de la ATP, se forman, según esta inscripción; su instrucción no cae del cielo, luego de sepetecientos miles de millones de años, sino que aparecen en esta secuencia:

1- La orden ADN, transcrita a los ARNm, organizan las bases nitrogenadas.

2- Se forman única y exclusivamente, segundo a segundo, los tripletes o codones ordenados por los datos contenidos en el ADN.

3- Aparecen los aminoácidos, según el orden establecido en la información contenida en el genoma de la bacteria.

4- Se elaboran en el ribosoma bacteriano, las proteínas ajustadas a cada una de las 42 piezas del flagelo, motores y estatores incluidos, pues, aunque diferentes, como todos los organismos vivos, las bacterias sintetizan todas sus proteínas necesarias en sus ribosomas… también siguiendo las instrucciones que aparecen inscritas y codificadas en la hebra genómica, no por reacciones aleatorias al azar.

Eso es lo que aparece bajo el microscopio, la evidencia científica. La respuesta científica no está en decir cómo pudo surgir de la nada cada parte de ese complejo irreductible que compone el flagelo, como granizo caido del cielo, sino cómo se fueron REINSCRIBIENDO y RECODIFICANDO en el ADN, todas esas maniobras que los evolucionistas plantean que surgieron poco a poco desde el azar, para ‘mejorar’ al complejo.

Primero está la Información; solo luego se obtendrá el resultado dinámico del proceso que indican las instrucciones contenidas en tal información. Lo que vengo repitiendo desde el principio y continuaré haciendo, cada vez que se pretenda ir por las ramas. No se puede decir que ‘algo surgió’ sin más. Todo proceso metabólico en los seres vivos, es ejecutado porque ANTES APARECE LA INSTRUCCIÓN PARA CREAR VIDA, en forma de datos inscritos y codificados en el genoma.

No se puede hablar de ‘contrapeluzas epitílicas’ y ‘sinobias conceptuales’, palabras sin sentido ni lógica, como si las evidencias declararan sin duda que los distintos metabolismos suceden por azar… o simplemente, porque alguna teoría intente aferrarse a ello para no naufragar.

Hay una información en el ADN, que instruye sobre todos los pasos para que se formen cada una de las miles de proteínas que intervendrán en todo ser vivo, bacterias incluidas. Y si siguen cada una de las explicaciones con las que los evolucionistas pretenden justificar lo irracional de sus planteamientos, se darán cuenta de que jamás mencionan por ningún sitio al ADN.

Dicho de otra forma, se abstienen con toda intención de entrar al debate en cuanto a la información existente desde siempre en la hebra del ADN, con las instrucciones correspondientes a cada uno de los pasos químicos que deben llevarse, secuencialmente, para que las cosas funcionen adecuadamente… proteínas incluidas.

Es una acción lógica: tampoco se menciona la soga en la casa del ahorcado. Resulta prohibitivo.

El ADN no es una evidencia del eónico ‘paso a paso’ evolutivo, sino de programa integral e indivisible; constituye la mayor evidencia de Diseño Inteligente que jamás la Ciencia ha puesto al alcance de la humanidad. Lo inteligente y racional es seguir su huella, para ver a dónde nos lleva, no intentar desviar la atención del mundo entero, obviando su presencia en todo organismo vivo, para decir que la vida surgió porque sí.

Las casualidades consecutivas y positivas, solo ocurren en el mundo fantasioso de la teoría de la evolución de las especies. En la realidad, lo que la Ciencia ha podido comprobar, es que todo servosistema que interactúa con el ser humano, es producto de un diseño, un cálculo y una programación. Nadie podrá demostrar jamás lo contrario, por muy mala intención que tenga en sacar a Dios del programa de la vida.

Por mucho que lo intenten, nunca podrán demostrar al mundo que las instrucciones surgen por si mismas, que los diseños surgen por sí mismos, que los códigos se hacen por sí mismos ni que los programas se hacen solos. No importan los doctorados con trajes y corbatas elegantes que salgan en videos, como abanderados de una causa que cada vez más se hunde en la sinrazón y el descrédito.

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EVOLUCIÓN: MOTORES QUE SE HICIERON SOLOS [II]

septiembre 27, 2008

Hemos hablado en el artículo anterior de los motores biológicos que caracterizan el diseño existente en el flagelo bacteriano. Se nos olvidó decir, para ayudar a los que no lo saben, que un flagelo es un apéndice con forma de látigo, usado para el movimiento. Aparece en muchos organismos unicelulares y en unos pocos pluricelulares, como por ejemplo, en los espermatozoides. También las células de las esponjas producen corrientes de agua mediante flagelos, y luego las filtran para obtener el alimento.

A día de hoy, la máquina molecular es cardinal en biología celular; los nanotecnólogos son sabuesos en busca de la precisa ingeniería que muestra la naturaleza. El consenso entre ellos es que resulta inconcebible que este sistema tan perfectamente integrado de piezas mecánicas, pudiese surgir por pequeñas etapas intermedias, cada una como ventaja evolutiva, ayudando a la supervivencia de todo el organismo, según postula la selección natural.

Ningún darwinista aborda el tema del origen de las instrucciones genéticas para construir estas máquinas. Jamás es confrontado por los oponentes del argumento de la complejidad irreducible; quizás porque no hay otra opción: hay complejidad irreducible desde la ‘a’ a la ‘z’. Una evidencia de que las lucubraciones evolucionistas son inversamente proporcionales a la cantidad de datos dispuestos por la Ciencia para su análisis.

Micrografia Motor del flagelo bacteriano.

Micrografía Motor del flagelo bacteriano.

La foto izquierda es una reconstrucción promediada del sistema del flagelo bacteriano; corresponde a micrografías sobre imágenes reales, en vivo y en directo, mientras rotaban, usando la técnica de barrido electrónico. Las ‘piezas del motor’ aparecen a la derecha.

Los defensores de Darwin propugnan que pese a su grandeza, el universo y todos los seres vivos indican solo un ‘aspecto de designio’, y que en realidad no hubo propósito ni planificación deliberada en su creación. Pero, ¿qué respuestas da su teoría? ¿Puede acaso un proceso sin programa, dirección, metas ni cálculos, producir realmente los portentos que vemos alrededor nuestro y en nuestro interior?

¿Es que acaso algún evolucionista tiene alguna prueba, de mecanismos de ingeniería, máquinas moleculares ensambladas por decenas de componentes, que surjan al azar? ¿Para qué entonces se estudian 5 años de carrera, con una asignatura de cálculo muy nutrida, y luego algunos más en doctorados? Yo se los diré: ‘Porque ningún servosistema, biológico o mecánico, logra que sus módulos respondan en función de un objetivo común, si no hay programa.’

Richard Dawkins, en su libro ‘Escalando el Monte Improbable’, dice que aunque pueda parecer quimérico que la montaña de complejidad que surge hoy, a la luz de los nuevos conocimientos impuestos por la genética, haya brotado gracias a un azar ciego, la evolución no es un proceso de cambio puramente al azar. Según él, se emplea azar para crear pequeños pasos: buenos, malos, o neutros, con respecto a la capacidad reproductiva global del organismo.

Intenta convencer que la Naturaleza, mediante su ‘selección natural’ o supervivencia de los más aptos, da una capacidad de reproducción mayor a aquellos organismos que adquieren cambios positivos, restando capacidad reproductiva a aquellas criaturas que sufren cambios perjudiciales. Asegura que la siguiente generación quedará más poblada por aquellos organismos con los cambios más beneficiosos, acumulándolos con el paso del tiempo en cada generación. Según él, así se asciende a esta montaña de enorme complejidad, por pequeños pasos, uno a uno.

Pero esos pequeños pasos al azar, designados por la evolución, son como el juego infantil de ‘la gallinita ciega’, en que el amiguete que le tocó quedar ciego, trapo a los ojos, sale dando tumbos en todas direcciones. Ese es el concepto ‘científico evolucionista’; así, según ellos, a saltos, sin brújula ni azimut coordinador, se logró formar el preciso orden de la vida. No importa que ellos mismos vean una inscripción en el genoma, a manera de programa en código [que ya en sí mismo es evidencia de inteligencia], instruyendo sobre cada uno de los millones de operaciones que se precisan para la vida, ellos insisten: La gallinita ciega fue efectiva y científica; así están las cosas y así hay que tragarlas.

Pero tales deducciones no permiten subir la montaña que Dawkins reconoce; solo es un camino hacia ninguna parte. Los motores moleculares que estamos describiendo [como todo el resto de la biología del planeta] son construidos en base a proteínas, y ya hemos visto en este blog, que los aminoácidos que constituyen la cadena de síntesis de proteínas, a veces millones de ellos, tienen un período de vida ínfimo, en ocasiones de solo 2 minutos. ¿De qué sirve en este caso el argumento evolucionista del proceso ‘pasito a pasito’, durante miles de millones de años, para construir vida, si un aminoácido determinado, solo tiene dos minutos de tiempo para asociarse con los otros dos que corresponden a su triplete en una secuencia proteica determinada?

No se puede decir que un mecanismo complejo puede surgir por casualidad, si cada una de las partes implicadas en él resulta de procesos que no tienen respuesta en el azar. El enigma de lograr una secuencia cronológica y consecutiva, con codones específicos que dan lugar a cada una de las muchas proteínas involucradas en la vida biológica del flagelo bacteriano, y la constitución del motor que le permite sobrevivir en su medio, es imposible descifrarlo a la luz de la casuística; ese pensamiento no es científico, sino FANÁTICO. Lo racional, lo que se corresponde con la realidad y el empirismo científico, es que surge solo porque existe un programa que lo controla.

Por eso he insistido siempre, y seguiré insistiendo, en la vida media de los aminoácidos; resulta crucial para anular el concepto evolutivo de los eones de tiempo en los que se parapetan, intentando resolver los enigmas que la ignorancia no puede desentrañar. Ya vimos que hay veinte horas de vida para metionina, serina, alanina, treonina, valina y lisina; pero si en la secuencia proteica intervienen isoleucina o glutamato, entonces solo hay 30 minutos. Más efímeras son aun la glutamina y tirosina: 10 minutos… y si están involucrados arginina, fenil, alanina, leucina o aspartato, ¡entonces sí hay que poner el turbo! ¡Dos minutos! Solo disponen de ese tiempo para su ensamblaje; tan solo que la ‘casualidad’ les haga ponerse en contacto unos segundos tarde, es suficiente para que el sistema falle.

Y para contrariar más aun al postulado del neodarwinismo, incluso considerando que la casualidad jugó su papel, que fue generosa y proveyó que en un sitio ‘X’ específico, ‘cayeran del cielo’ todos los aminoácidos necesarios, y que la racha de buena suerte continuara, ensamblando cada uno con su complementario, en los tripletes correspondientes, aun quedaría otro obstáculo: LOS AMINOÁCIDOS SE MUEREN. Entre dos y 30 minutos, más de la mitad de los aminoácidos ‘aparecidos’ caerían por el precipicio de su final biológico.

Luego, ante esta situación, ciñéndonos al caso de una bacteria, teóricamente inmortal, debe existir por necesidad un ‘programa’ que regule la forzosa y constante reconstrucción de aminoácidos, garantizando que existan sustitutos en todo momento, para que no se detenga esa vida proteica en su célula. La cantaleta de los miles de millones de años sin control ni dirección de ningún tipo no constituye, por tanto, una respuesta congruente… ni mucho menos, científica.

Las bacterias locomocionan mediante una energía causada por flujo de iones o protones, [según la especie], a través de sus membranas celulares externas. Verdaderos motores biológicos, de estructura extremadamente compleja. Y aproximadamente doscientas cuarenta proteínas distintas se unen para construir el flagelo, cada una de ellas cuidadosamente situada. La investigación concluyó que conducen señales para encender o apagar el motor, se articulan a nivel atómico para facilitar los movimientos, y activan a su vez otras proteínas, que conectan el flagelo a la membrana celular. Es obvia la naturaleza complicada del sistema.

Los evolucionistas se sienten desconcertados ante este motor fuera borda, presente en una de las formas inferidas como ‘más simples de vida’, pero insisten en que evolucionaron de algún modo. Es tanta la confusión, que algunos han intentado señalar en la dirección de una evolución a partir de la ‘estructura en aguja’: una contradicción, pues esta estructura pertenece a los organismos eucariotas… evolutivamente posteriores, no anteriores a la bacteria. Y aunque la evolución es muy poderosa, aquí no puede hacer nada; salvo en un contexto cinematográfico tipo ‘Regreso al futuro’, pues sabemos que le va la ciencia ficción.

El sistema del motor en el flagelo bacteriano, compuesto de varias piezas interactuantes, conforma un todo con funciones básicas, donde la exclusión de cualquiera de sus partes le inutiliza por completo. Constituye otra evidencia del fracaso del darwinismo; es la espada de Damocles de nueva tecnología, carga neutrónica y temporizador adicionado, sobre los postulados de Darwin, los neodarwinistas, los excavadores de tumbas, escaladores de montes improbables, y todo aquel que intente desbaratar la Verdad que aparece bajo los potentísimos microscopios actuales.

El investigador japonés, Keiichi Namba, logró secuenciar el proceso de construcción del flagelo bacteriano. Las imágenes definen perfectamente su correspondencia con la de cualquier otra secuencia proteica… siguiendo las instrucciones inscritas en el genoma:

Secuencia de elaboración del flagelo bacteriano.

Secuencia de elaboración del flagelo bacteriano.

El Dr. Howard Berg [Univ.Harvard], el mayor conocedor de la dinámica del flagelo, dijo:

Es «un motor eléctrico giratorio extraordinariamente pequeño» con un eje motor, rotor, estator, cojinetes, junta cardán, placa de montaje y conjunto de conmutación. Funciona con energía motora de protones o de iones de sodio que atraviesan la membrana celular por canales especializados. Responde a gradientes químicos con una mayor rotación. «A cargas elevadas están activos ocho o más elementos generadores de fuerza, generando cada uno de ellos el mismo par.» Unas 20 piezas proteínicas constituyen la base del motor, pero muchas otras piezas adicionales están involucradas durante su montaje. El motor se construye de dentro a afuera, con piezas que se añaden siguiendo una secuencia estricta…

El profesor Berg realizó un pequeño cálculo para saber cuánta potencia genera el motor: Si se ampliase a nuestra escala, dice, sería de alrededor de 11 caballos-fuerza/Kg., aproximadamente la generada por un motor turbohélice de aviación». Pero a diferencia de este, el flagelo no se calienta: «Este motor está enfriado por agua y la difusión térmica es muy eficiente a pequeñas distancias, de modo que permanece muy cercano a la temperatura ambiente».

Es decir, él mismo reconoce que constituye un servosistema único, donde identificó la presencia de 20 proteínas configurando sus piezas… construido de dentro hacia afuera, siguiendo un programa, como la única forma posible de hacerlo.

No voy a poner aquí todo lo que descubrió dentro del flagelo, pues el artículo se alargaría demasiado, pero sí quiero apuntar que incluyó un factor parecido a los anticuerpos, que bloquea la expresión de genes posteriores encargados de ‘codificar’ las secuencias de la proteína filamental FliC, las proteínas Mot A y B, y los diversos componentes de la ruta quimiotáctica… ¡Al fin decidió un defensor evolutivo entrar en genética!

Lo que el Dr. Berg manifestó, ni más ni menos, es que ese motor se construye siguiendo las instrucciones genéticas que aparecen inscritas y codificadas en el ADN de la bacteria. Y llegamos al pez que se muerde la cola: si hay una información codificada, no se puede decir que surgió gracias a la evolución, puesto que por poderosa que quieran hacerla, la selección natural solo es algo virtual que vive en ciertos conceptos, sin ninguna manifestación física probable… incapaz de codificar instrucciones. Un código demanda el agente codificador externo, pues indica deducción e inteligencia… y azar es el antónimo de ella.

Lo que el Dr. Berg manifestó, es que el motor existe porque hay un programa regulador de genes que permite su construcción. Y si hay un programa, hay que buscar en una dirección distinta a la de la selección natural, pues esta podrá tener todas las atribuciones que se quiera, pero aun no se le ha otorgado el don de programar. Por tanto, no provee tampoco la inteligencia necesaria, capaz de secuenciar milimétricamente, cada una de las actividades metabólicas de la bacteria. El programa que consiguió que ese motor pudiera ser confeccionado, demanda al agente inteligente que fue capaz de programarlo… y ni el azar ni ningún concepto evolutivo, es capaz de proporcionarlo.

Y por último, lo que el Dr. Berg manifestó, es que ese flagelo resulta funcional porque existe la instrucción que permite que los ARNm, los ARNt, los ARNr, y el resto de implicados, sean capaces de elaborar las proteínas que darán lugar al motor final, siguiendo las instrucciones que aparecen reguladas por los datos codificados en el ADN. Y esas ‘Instrucciones’, demandan al agente Instructor capaz de instruir, debido a que ni el azar ni ningún concepto evolutivo, están en condiciones de proporcionarlo.

La ‘complejidad irreductible’ del Dr. Behe; creacionista, y gran profesional; con un brillante cerebro imbuído del espíritu de Cristo, ha proveído al mundo evolutivo, del ‘coco’ que Darwin mencionó en su libro… luego devenido en un tratado de ateísmo bíblico. Es una lástima que haya sido postmorten; ahora la papeleta ha pasado a la estela de discípulos que, como gallina en campo de espinos, no saben dónde poner el huevo.

En ‘El Origen de las Especies’, Darwin declaró: ‘Si pudiera demostrarse que ha existido un órgano complejo que no pudo haber sido formado por numerosas y ligeras modificaciones sucesivas, mi teoría fracasaría por completo.’

Pues bien Darwin: definitivamente, ahí tienes lo que pedías para jubilar tu tesis: el motor que permite la movilidad al flagelo bacteriano… que no será la única evidencia. Seguirán apareciendo artículos que martillen tu teoría Anticristo, y cada uno será encabezado con ese ‘yuyu’ manifiesto por ti, intuyendo el futuro del descrédito que tanto temiste. Donde quiera que estés: ¡Mira la que has liado!

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