MATRIMONIO GAY: EL PELIGRO QUE SUBYACE.

noviembre 23, 2012
23 de noviembre/2012
El 6/11/2012 se aprobó el decreto que constitucionaliza el matrimonio homosexual. Dicen 8 ‘señorías’ que es compatible con la Constitución española. Los 3 jueces que votaron en contra no se imaginan la carga de pecado que se han quitado de encima con el valiente hecho de haberse negado a levantar trincheras frente a Dios, cuyas leyes eternas se dieron a la primera pareja humana hace algo menos de 6 mil años.
Tal decisión pone fin a la incertidumbre jurídica que rodeó en los últimos siete años la reforma que el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero provocó en julio de 2005, recién llegado este al poder. Su ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar fue el brazo ejecutor de las 18 palabras que forzaron el Artículo 44 del Código Civil:
El matrimonio tendrá los mismos requisitos y efectos cuando ambos contrayentes sean del mismo o de diferente sexo
Así, España se convirtió en el 3er país de la Unión Europea en legalizar lo que Dios condena explícitamente: la homosexualidad. Desde entonces se han celebrado unas 22.000 bodas homosexuales… menos de un 2% del total de bodas efectuadas en el territorio nacional.
El Tribunal Constitucional alegó no ver nada que impida incluir a la unión entre personas del mismo sexo dentro de la protección que dispensa el artículo 32 de la Carta Magna, según el cual: “el hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio con plena igualdad jurídica“.
Sin embargo, el artículo 32 es diáfano: ‘jurídicamente solo se puede contraer matrimonio entre un hombre y una mujer‘. Al parecer de sus señorías, si menos del 2% de la población reclama el derecho a recibir aplauso por sus inclinaciones, aunque se opongan al artículo 32, es legal alterar la letra de ese artículo de la Constitución, que rige al 100% todas las personas jurídicas.
Si la Constitución lo deja bien claro: ‘matrimonio entre hombre y mujer‘, al decidir el Tribunal Constitucional que también lo es entre ‘un hombre y otro hombre o una mujer y otra mujer’, alteran en toda regla la propia Constitución, que dicta que solo puede ser reformada mediante el artículo 166 de la CE: ‘su reforma se ha de ejercer en los términos recogidos en los apartados 1 y 2 del artículo 87′. Sus 8 señorías pueden alegar incluso hasta miopía congénita si les place, pero lo cierto es que alteraron el espíritu de la Constitución con alevosía y ensañamiento.
Se llama matrimonio a lo que no es, con el único objetivo de torpedear en su línea de flotación el mandamiento de Dios que regula la única posibilidad biológica de la multiplicación de la especie. ¡La única! Le pese a quien le pese. Otra cosa sería que un hombre fuera capaz de ovular y su óvulo pudiera ser fertilizado por otro hombre; o su contrapartida: que una mujer pudiera ver como su óvulo es fertilizado por el semen de otra mujer. Hechos imposibles, por antinatural.
Ya no basta ofender a Dios en privado (pese a que Su ojo todo lo ve); se necesita el aplauso de la sociedad, y esta, cada vez más enfrentada a su Creador, se lo da. A partir de ahora, lo que antes significaba una cosa pasa a significar otra, porque así lo exige una minoría y punto. Yo estoy seguro que, más allá de esa indigna escaramuza legal, la mayoría de los españoles no aporta sus manos a ese aplauso. Y, créanme, es lo más inteligente.
¿Que lo dice la ley? No vale de argumento; también hubo leyes que prohibieron a negros subir al autobús. Y otras que autorizaban el quemar en la hoguera a quien negara que la Tierra fuera el centro del universo. Las malas leyes de Hitler también fueron cumplidas. La ley humana podrá justificar todo lo que pretenda, e incluso intentar legalizarlo ante el mundo, pero no ante Dios si Él se opone a tal legislación. Y eso ocurre con el matrimonio gay: jamás podrá ser legal ante los ojos de quien juzgará al mundo con leyes que penalizan la unión homosexual, el adulterio, la prostitución, y todo tipo de fornicación; o sea: todo sexo fuera del matrimonio, tal cual Él lo estableció.
Las ilustrísimas que votaron a favor de esa relación proscrita, lo han hecho en la perspectiva de lo políticamente correcto, violando los principios de la moral y cívica cristianas reglados por Jesucristo. Se dejaron arrastrar por el tsunami ateísta que devasta la Rectitud desde hace algunas décadas, cada vez con más intensidad, vulnerando leyes selladas a perpetuidad con la sangre del sacrificio del Señor en la cruz.
Sabiendo que Jesús sentenció:
El buen hombre del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el mal hombre del mal tesoro saca malas cosas. Mas yo os digo, que toda palabra ociosa que hablaren los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. [Mat 12:35-36] “,
Así, queda escrito en el Libro de Dios que Ocho jueces + todas las personas favorecidas por su fallo, + todos quienes lo aplauden, eligieron quebrantar el decreto divino y eterno (para siempre) del proyecto del hogar que el Creador legisló en Gén 2:24:
Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”.
Ninguna ley humana, sin importar el nivel jerárquico de los implicados, tiene poder legal ante Cristo para alterar uno solo de sus mandamientos. ¿Podrá engañar el hombre a Dios? ¿Podrá de alguna forma subordinarse a su lógica de la conveniencia para justificar el pecado? Les aseguro que no; doy testimonio de que hay un sitio terrorífico, tenebroso y lúgubre, para los violadores de los mandamientos divinos. Yo fui llevado a allí en la madrugada del martes 13 de septiembre del 2011, y aun hoy, más de un año después, no me he logrado reponer de lo que entonces viví.
Y declaro que aquello es tan inmenso como ningún hombre conoce. Aunque a veces el Señor lo muestra a algunos para que den testimonio de lo que espera a los rebeldes, solo deja ver un área, y luego lo vuelve a cerrar. No hay un sitio en el planeta: teatro, zona deportiva, colosales escenarios, que logre albergar tanta gente junta como esa zona de sufrimiento, angustia y dolor, dispuesta para asesinos, fornicarios, y rebeldes en general. Y la homosexualidad es un tipo de fornicación, por tanto es inexcusable ante Dios: el pecado que más le ofende, después del crimen. Nos legó el relato de Sodoma y Gomorra, y doy fe que es verídico. Allí están y estarán todos los que fueron, son, y serán rebeldes a Él, muriendo sin aceptarle:
Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda. [Apo 21:6-8]
Doy fe que en ese sitio coincidieron, coinciden, y coincidirán, reyes, presidentes, ministros, gobernadores, jueces… todos los que de una forma u otra, teniendo capacidad de influir sobre decretos humanos decidan (o hayan decidido) legislar cualquier disposición contraria a la ley dada por el Hijo de Dios. Y también que fue, va, e irá allí al morir, tanto cada persona que viviera o viva según leyes antiCristo, como quien las aplaudió o aplauda, si mueren sin arrepentimiento y bautismo. Ningún juez humano tiene poder para liberar de las exigencias establecidas en los mandamientos de Dios.
Jesús lo dejó bien claro en dos versículos repetidos en Luc 11:23 y Mat 12:30:
El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.”
Jesucristo fue hecho hombre y enviado a instruir al mundo sobre una Constitución Universal que no admite reformas ni evoluciones en los tiempos. Y aunque hay personas que piensan que ‘los tiempos modernos no deben medirse con relojes viejos’, deben saber que el dueño del tiempo no da otra opción que la obediencia a Su Ley. Su Constitución regula el comportamiento humano para todo el planeta; incluyendo la Sagrada Ley que dicta que el matrimonio es la unión de un hombre y una mujer. Respecto a la familia, será la única ley válida hasta la llegada del Juicio Final; y todo el género humano (incluyendo jueces, por supuesto) será juzgado por ella. No puede ser de otra forma porque, ¿cómo se va a contradecir Dios juzgando de forma distinta, según el momento histórico de cada generación? Los hombres alteran legislaciones según intereses; Dios no. La Ley que calibrará a todos es inquebrantable, intocable, e inexorable desde el principio de su fundación.
Así que sus señorías antiCristo darán cuenta por la posición adoptada; habrá un día en que sabrán que su imperio no es reconocido por Dios si no ejercen justicia fundados en los mandamientos divinos. Y los aplausos contra la ley de Dios, idem. La gloria de hombres que alcancen en esta vida jamás podrá eximirles de tener que dar cuentas ni de ser a sí mismos juzgados por el Señorío Divino, la única autoridad reconocida por Dios: Jesús de Nazaret, el Juez que vendrá.

El dolor herirá a cada persona que muera sin arrepentirse ni bautizarse según decreto de Jesús (bautizado con 30 años, no recién nacido): el de la salvación. Si eligen arroparse en leyes humanas que dan rienda suelta a inclinaciones, sabiéndolo o no, se hacen a sí mismos agentes de satanás. Quiéranlo o no, con su actitud se harán representantes de ese ser ya condenado, que influye en la conciencia de las personas de múltiples maneras (el sexo no es la única) para atraerles a su misma condenación. Quien no acepte el legado de Jesús, no podrá abrazarse al premio de su promesa; de modo que será abrazado por aquel opositor a quien se sometió por propia voluntad.

Y ello acarreará el llanto y el crujir de dientes; yo estuve allí y pude verlo. Cuán tenebroso no pueden imaginarlo ni cuán amplio y terrorífico son capaces siquiera de suponer. Si lo supieran, no dudarían ni un segundo en volver atrás, llorar el perdón al perdonador, bautizarse en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espítiru Santo, y hacer compromiso serio de obediencia y sumisión a Sus leyes.
Y ojalá lo hicieran en esta vida, porque en la otra pasarán mucho tiempo purgando pecados; solo el Señor sabe si su misericordia les alcanzará cuando Él regrese para juicio, dándoles otra oportunidad. ¡Esta vida es la etapa de las oportunidades seguras! Y eso es válido tanto para los jueces del antiCristo, como para cualquiera que se ría de lo legislado por Dios. Este tiempo debe aprovecharse bien, pues luego será tarde, porque: ¿quién conoce su fecha de caducidad? ¿Qué pasa si se nos llama esta noche o mañana? El esfuerzo por la Rectitud es eterno y conduce a la buena eternidad.
Arrepentimiento, bautismo para el perdón de los pecados, y compromiso de fidelidad a las leyes de Dios. Esa es la única vía para homosexuales y etéreos que atenten contra los Mandamientos divinos; es la única opción para no sufrir junto a los que murieron, mueren, y morirán, siendo enemigos de Jesús. Y pueden dar por seguro que eso no podrá alterarlo, ¡ni un milímetro!, ningún juez ni alcurnia humana alguna.
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¿CUAL ES EL DESTINO HUMANO?

diciembre 19, 2011

19/Dic/2011

¿Por qué el hombre teme al hombre? Porque piensa que puede quitarle lo que cree que tiene más valor: el trabajo, la familia y/o  la vida. Sin embargo, no es eso lo más valioso, pues la vida es eterna; solo mueren los planos en la que esta se manifiesta. El morir es únicamente una acción de tránsito de una dimensión a otra; y no hay ni un ser humano, independientemente de su poder, jerarquía o influencia, que pueda alterar eso.

Se debería dirigir el objetivo del temor en dirección de quien sí puede hacer que esa eternidad transcurra en suplicio y terror sin fin: Jesús de Nazaret, el juez que vendrá, pues, ¿acaso el agua huye del fuego? ¿No será más bien al revés? Busquemos al agua viva que protege del fuego de la muerte, pues como yerba arderá el mortal que niegue al Redentor eterno. Los redimidos del Señor, al morir ganarán su corona de fidelidad; huirán del dolor y el llanto con inmensa alegría por la gloria recibida: la eternidad con Cristo.

El hombre se cuida del furor de opresor humano; nadie se cuida del de Dios. ¡Despierta hombre! No te esfuerces en beber más del cáliz del furor del Señor, tú, que ya has tragado del cáliz del odio hasta las heces. Tú, que estás ebrio, mas no de vino; tú, que el enemigo de Dios ha dicho a tu alma que se le postre, y pusiste tu cuerpo para que lo inmundo te arrollara y marcara para siempre, intentando quitarte tu esperanza. ¡Suelta las cadenas que cautivarán tu cuello!

La carne, hija de corrupción perecerá; en la pudrición verá su sino. Mas los fieles a Cristo, serán llevados por Él en resucitado cuerpo de gloria. Así como la muerte ha sido la eterna recolectora durante milenios, así también hay un misericordioso poder de resurrección. Pero es conveniente que antes venga el hombre en arrepentimiento del pecado; de la misma forma que antes de la caída llega la transgresión. La insistencia del pecado lleva al destierro del Señor; la expiación con arrepentimiento conduce al para siempre con Cristo.

¡Oh el saber de Dios, su gracia e indulgencia! Porque si la carne no se pudiera vestir de incorrupción para ser levantada en pureza, nuestros espíritus quedarían sujetos a ese ángel caído, diablo, para no elevarse más. Por siempre estaríamos sujetos a los eslabones de satanás, sus bofetadas y torturas.

Nuestros espíritus no tendrían otra perspectiva que llegar a ser como él; seríamos sus víctimas, igual que otros miles de millones que subyacen en su ancestral gobierno de tinieblas donde se cocen las almas.

Si no pudiéramos vestirnos de incorrupción, estaríamos separados para siempre de nuestro Dios, y de Jesús el Cristo, y de toda la presencia angélica que habita en la misma gloria del Altísimo. Estaríamos condenados a permanecer hasta la destrucción con el padre de las mentiras, en su misma mísera perspectiva futura.

Seríamos penados a estar bajo la potestad de ese ser que engañó a nuestros padres primigenios. El mismo que incita hoy al humano en sus deseos, haciéndole ver que no hay ley que rija esta vida, que no hay tránsito a ningún otro estado del alma; que la vida es una sola, y que lo mejor es vivirla según la dirijan los impulsos de las ansias.

Gracias a la bondad de nuestro Dios hay albedrío para la decisión. Junto al diseño humano se previó un medio para que cada uno escape de las garras del maligno. Somos la codicia del monstruo de la muerte y del infierno: la expiración definitiva del espíritu… pero muy pocos pueden verlo.

Gracias a Dios, que previó solo un tránsito para la muerte física. Llegará el día que el abismo tendrá que ceder sus muertos, espíritus cautivos, al juicio de Cristo. Seres que tendrán un conocimiento absoluto de sus pecados e impurezas, y verán cada desobediencia, cada ofensa a Dios, cada violación de sus estatutos; incluso las hechas a oscuras, a puertas cerradas. Los cuerpos y los espíritus de los hombres serán restaurados, gracias al poder de la resurrección del Incorruptible Hijo de Dios, el Señor Jesucristo. Y será para dar cuentas de sus actos.

¡Oh cuán grande es el plan del Creador! Pues también el paraíso de Dios entregará los espíritus de los justos, y cada espíritu será restaurado a su cuerpo, para tornarse incorruptibles e inmortales; almas vivientes con conocimiento perfecto. Almas vestidas de pureza, debido a su rectitud, con conocimiento perfecto de su gozo.

Ambos grupos deberán entonces comparecer ante el tribunal de Cristo: las ovejas y las cabras, inmortales todas, escucharán las actas. Y tan cierto como que Jesús vive; el propio Señor lo advierte en Rev 22:11-12, para que luego nadie se sorprenda:

El injusto, sea injusto todavía; y el inmundo, sea inmundo todavía; y el justo, practique la justicia todavía; y el santo, santifíquese todavía. He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.”

El diablo, sus ángeles, y todos los hallados inmundos, al ser todos eternos, al castigo eterno serán enviados, el preparado para quienes se confiesen enemigos de Cristo, desde el principio de los tiempos. Un tormentoso lago de fuego y azufre, cuya llama asciende por siempre.

Mas los justos, obedientes, y leales, que sufren hasta la muerte las cruces de esta vida, sin avergonzarse de su fe, heredarán el reino de Dios según el proyecto establecido por el Creador desde antes de la fundación del mundo. Allí, junto al Señor Jesús, su gozo será completo y definitivo.

¡Oh la gran misericordia del Creador! Él redimirá a los inocentes de ese espantoso monstruo combinado: diablos, muerte e infierno, y del lago de fuego y azufre: tormento sin fin. ¡Oh Su gran indulgencia, al enviar a Su Hijo al mundo para que, sufriendo en su propio cuerpo el dolor humano, lograra salvar a todo aquel que oiga Su voz y decida atender a su llamada, bautizándose en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo… y luego, fiel, resista los embates y tentativas del que quedó exento, y desea entorpecer los planes de Salvación que a él y a sus huestes le son negados.

Gracias a Cristo, su propia Gloria podrá ser compartida por todo el que cumpla la condición inexcusable ante el Padre: arrepentimiento, bautismo, y posterior sujeción a Sus mandamientos. De lo contrario, si no se arrepienten, ni se bautizan, ni creen en su nombre, ni perseveran hasta el fin, deben ser condenados, pues el Amor de Dios no puede anular su Justicia

Él ha dado la ley; y donde no se ha dado ley, habrá menor castigo. Las clemencias del Dios Santo tienen derecho de ser reclamadas por motivos de la expiación de Cristo, por el poder de Él. Pero ¡ay de aquel que sabe la ley y se burla! Quien disipe su vida violando las ordenanzas de Dios durante los días de su probación, tendrá un final terrible.

¡Oh, ese sutil plan del maligno, tras la vanidad, flaqueza y necedad humana!  La instrucción les hace creerse sabios; la seudo sabiduría les hace sentirse dioses y no oyen el valioso consejo del único Dios. Le repulsan, opinando que saben por sí mismos; sin embargo, su saber es locura para su propia alma: no les salvará, y por negar a Cristo, terminarán siendo pasto de llamas.

¡Ay de los sordos apriorísticos, que cierran sus oídos a la Palabra!

¡Ay de los ciegos que se niegan a ver la realidad del poder de Dios que les circunda, y propugnan irrealidades, arrastrando a otros a la vorágine! Ante el Señor responderán, no solo por sí mismos, sino por aquellos a quienes condenaron con mentiras, incitándoles a seguirles hacia el abismo.

¡Ay de los incircuncisos de corazón, pues serán heridos de muerte eterna, con la propia conciencia de sus iniquidades!

¡Ay del embustero que engaña por un puñado de billetes o toda codicia, pues el infierno será su estación definitiva!

¡Ay del asesino que cada día se sentirá arder, clamando por un fin de tortura que no llega, pues la muerte no vendrá a rescatarle del tormento!

¡Ay de los fornicadores, gays, pederastas, y todos los que cometan cualquier tipo de inmoralidad sexual, pues entre llamas, por gusanos serán traspasados!

¡Ay de todos aquellos que mueren en sus pecados, porque en sus pecados quedarán ardiendo, y luego estos le escoltarán fielmente en el día de su juicio!

Ser de ánimo carnal es muerte; ser espiritual es vida eterna. ¡No sucumban ante las seducciones astutas del antiCristo!

Sé que, en un mundo que flota en la permisividad, seré criticado por intolerante o loco. Pero la autocrítica guía a la vida; la complacencia por autojustificación lleva a muerte. Si a lo malo se llama bueno, se labra en campos de error… y frutos de error se cosecharán en el infierno.

Las palabras de la Verdad resultan duras a la impureza, pero salvan almas. ¡Venid al Señor Jesús, el juez justo! Andad por sus sendas estrechas, las únicas rectas ante sus ojos fiscalizadores. Él es el guardián de la Puerta, y no hay otra entrada sino donde Él custodia. Nadie piense que Él puede ser engañado, pues su ojo escruta hasta lo invisible, grabándolo y exponiéndolo luego ante cada infractor, para que se vea sorprendido a sí mismo. ¡Comprad antes gratis de su perdón, para evitar el horrible sufrimiento que ni siquiera sospechan!

Al que llamare, Él abrirá; pero repudiará a quienes le nieguen: seudo sabios, seudo instruidos, materialistas y sensuales. A menos que en vida se arrepientan de sus errores, se vean insensatos ante Dios y desciendan a las profundidades de la humildad, Él no les abrirá.

¡Sacudid las cadenas de aquel que busca insaciable su comida de almas! No dejen que el diablo les aprese en su tortura. ¿Atormentarían mis palabras a los puros? Si resultan duras, es que necesitan escucharlas; les urge oír sobre las consecuencias del pecado. No gastéis vuestro tiempo y/o dinero en lo que les condenará, aunque ahora les parezca imposible, por vivir en ignorancia.

No hay quien guíe; no hay quien tome al ciego de la mano. Solo la Palabra de Dios salva; solo Cristo, el Verbo de Dios, conduce a la salvación. Sacudíos la modorra y abrid los ojos de la inteligencia, porque no hay nada más terrible para el hombre que morir apartado del Señor, con toda una factura pendiente de cobro. El tiempo da fecha de caducidad al ser humano; y el Eterno es dueño del tiempo, de las llaves, y de las cárceles.

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EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA I: MATRIMONIOS.

enero 21, 2008

Enero 21/2008

¿MATRIMONIOS FALTANDO VAGINA O PENE?

“Estad siempre preparados para responder a quién os pida razón de la esperanza que tenéis, pero hacedlo con humildad y respeto.’ (1ª P 3:15).

Meses atrás, en el año 2005, durante un programa extensamente transmitido a nivel casi mundial, preguntaron a un reconocido líder cristiano:

¿Puede decir qué parte de la Biblia habla contra  ‘matrimonios’ entre gays o lesbianas?”

Por desgracia, este carismático ‘defensor bíblico’ no ‘supo‘ responder. Sin embargo, la respuesta puede hallarse de inmediato… ¡En el libro de Génesis! En el capítulo 1, versículo 27 dice claramente:

Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos.”

¡Cómo puede atribuirse tal bendición una unión de dos hombres o dos mujeres! La puntualización ‘varón y hembra’ resulta diáfana: un pene y una vagina, pues después Dios les ordenó que ‘crecieran y se multiplicaran’ para poblar la Tierra; es decir, se tomó su tiempo en el diseño del código genético descubierto no hace mucho, para que pudiera tener lugar el milagro de la concepción en el vientre femenino y nuevas criaturas pudieran ver la luz constantemente. ¡Hombre, mujer, barriguita… y bebé! Ese fue su estatuto.

Pero hay más instrucción aún sobre esto, ya que se opone claramente a las inmoralidades sexuales e incluso se efectúa una ‘profecía’ sobre las consecuencias que se derivarían  de esos actos. Hace 2000 años, se escribió en Ro 1:26-27:

“Por eso, Dios les ha abandonado a pasiones vergonzosas. Incluso sus mujeres han cambiado las relaciones naturales por las que van contra naturaleza; y, de la misma manera, los hombres han dejado sus relaciones naturales con la mujer y arden en malos deseos los unos por los otros. Hombres con hombres cometen actos vergonzosos y todos sufren en su propio cuerpo el castigo de su corrupción.”

Si analizamos como se han ido desarrollando las enfermedades venéreas, podemos darnos cuenta que se ha seguido un patrón: de menos a más; constantemente se les ha estado avisando del peligro con respecto a esas actuaciones. Primero surgió la gonorrea, una simple infección genital molesta, pero venérea. Luego apareció la sífilis, otra enfermedad de origen sexual, patógena y contagiosa, producida por una bacteria; que resultó más perjudicial que la anterior, ya que se manifiesta al principio como una úlcera, pero puede degenerar en lesiones viscerales y encefálicas a largo plazo.

Por último, luego de muchos avisos y tiempos para revindicarse, llegó el SIDA, cuyas consecuencias a nivel mundial, todos conocemos; máxime en España, que posee el negativo índice estadístico de ser uno de los primeros países que más desarrollan esta perniciosa pandemia.

Hay además muchas otras referencias en las que Dios maldice claramente las perversiones, condenando a los que las practican si no se arrepienten; como por ejemplo, lo que se nos instruye en 1ª Corintios 6:9

“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.  “

Analicemos: Según el diccionario, ‘fornicar’ es realizar el acto sexual fuera del matrimonio; pero, como palabra derivada del latín ‘fornix’, también puede implicar ‘lupanar‘, según el contexto en que se use. Y lupanar es el nombre latino dado al prostíbulo, o casa de prostitución. Si más abajo cita a los adúlteros específicamente, ya deja claro el significado que se le pretende dar a la palabra: ‘prostitución’, en cualquiera de sus manifestaciones.

¿Qué se desprende de esto, que Dios la tiene cogida con los que ‘entienden’ y los que se ‘prostituyen’? ¡No! ¡De ninguna manera! Si se fijan, les incluye en un mismo paquete, junto a otras abominaciones; yo diría que todas, pues al citar a los ‘estafadores’, nos circunscribe a todos los que de una u otra forma mentimos para conseguir algo: Políticos, banqueros, comerciales, gente de a pie… ¿Quien no estafa con su palabra e incluso con acciones simuladas, para engañar al prójimo?

Se hace evidente que establece un ‘filtro’ que limitará la entrada en el reino eterno; es obvio, si tiene pensado un lugar perfecto. Los que habiten allí deben ser de mente limpia, para que no ‘desorganicen aquello’, como el Señor la tuvo cuando se hizo hombre, para demostrarnos que se podía alcanzar la perfección incluso alimentando carne, si llegábamos a adquirir la suficiente fortaleza espiritual para resistir las tentaciones.

La buena noticia es que el sacrificio de Jesús en la cruz para redimirnos de nuestras faltas, ¡A TODOS!, nos ofrece, sin distinción de personas, las mismas posibilidades. El mejor ejemplo nos lo mostró cuando la primera persona a la que se apareció fue a María Magdalena. Para dejar patente su perdón abierto, ¡le concedió ese privilegio a una de las que más se repudió debido a sus faltas!

Y es que así como odia el pecado, Él ama al pecador, juzgando su debilidad, ‘sea cual sea’: siempre está listo a perdonar. Gracias a la sangre derramada en la Cruz y al magno sufrimiento que padeció Su unigénito Hijo, nuestro Señor Jesucristo, Dios, que es Todopoderoso también en expectativa, nos brinda un canto a la esperanza a través de su promesa, incluso en estos casos. Desde Ez 18:21-23 nos da su Palabra:

“Y si el malvado se aparta de todos los pecados que cometía, y cumple todas mis leyes, y hace lo que es recto y justo, ciertamente vivirá; no morirá. No volveré a acordarme de todo lo malo que hizo, y él vivirá por hacer lo que es recto. Yo no quiero que el malvado muera, sino que cambie de conducta y viva. Yo, el Señor, lo afirmo.”

¿No resulta maravilloso saber que su misericordia lleva hasta el punto de no diferenciar qué tipo de perversidad está dispuesto a perdonar? Si nos arrepentimos de corazón y nos volvemos a Él con el espíritu, el Creador nos brinda la oportunidad de Su ‘olvido’ total; nuestra cuenta en su Banco ya no volverá a tener números rojos. ¡Alabado sea el Señor, que siempre nos acoge!

La homosexualidad no es un caso aparte; es uno más entre otros rechazados por considerarse graves y por resultarle abominable y execrable a Dios: Su gravedad estriba en que pertenece al grupo de faltas que se comenten con el cuerpo y que Él ubica como ‘inmoralidades sexuales’. Diseñó el cuerpo humano con un objetivo; lo que se salga de ahí le ofende, pues todo nuestro organismo le pertenece.

Se comprende que resulta más cómodo para todos el pensar que descendemos de una ameba y que hemos ido evolucionando. Quien se abraza a esta falacia desmontable, lo hace porque así se ve libre para hacer lo que desea, sin tener que dar cuentas a nadie. Pero no es así, lo siento; las pruebas de su existencia están en nuestra propia maquinaria perfecta.

Permítame concluir de forma similar a como lo hace el propio Jesús en sus últimas palabras, manifestadas en Apocalipsis 21:6-8

“Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” 

Perdón si alguien se siente ofendido; he escrito esto con el mayor respeto del mundo, y sin ánimos de insultar. Tengo mi propia urna de vulnerabilidades y no me  considero más punteable que el resto, pues para que nadie se sintiera mejor que nadie, el Señor no dice cuantos ‘puntos’ se pierden en cada falta. La toga tiene una talla única y está esperando por su dueño; sólo uno se la pondrá. Créanlo, el juez viene; arreglemos las cosas con Él mientras estemos en este mundo, que es el de las posibilidades de los pactos. 

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