CITOCROMO ‘C’: GRAN ALIADO ANTI-EVOLUCIÓN.

abril 7, 2008


“… y confías en que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas,  instructor de los indoctos, maestro de niños, que tienes en la ley la forma de la ciencia y de la verdad. Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo?” (Romanos 2:19)

CANTATA CITOCROMÁTICA Y OTRAS SINFONÍAS.

Días atrás, leyendo sobre el citocromo, me maravillé de todo lo que este encierra en sí mismo, pese a su ínfimo tamaño. Esta proteína de color oscuro, desempeña una función vital en el transporte de la energía química, en todas las células vivas. Las células animales obtienen tal energía de los alimentos, mediante el proceso de la respiración, mientras las plantas la capturan de la luz solar, por razón de la fotosíntesis… y los indispensables citocromos intervienen en ambos procesos.

Estos, poseen un anillo nitrogenado llamado ‘porfirina‘ que contiene un átomo metálico (de hierro o cobre), que le da su característico color oscuro. Hay tres grandes tipos de citocromos: nominados como ‘A’, ‘B’ y ‘C’. Este último, resulta un componente de la cadena respiratoria mitocondrial de la mayoría de los eucariotas, situado en la membrana mitocondrial interna. Está codificado por el ADN nuclear y se sintetiza como un precursor que posee una presecuencia N-terminal de 61 aminoácidos. Parte de esta presecuencia es separada por una proteasa de la matriz, cuando el polipéptido se inserta en la membrana interna; así, el ‘citocromo C‘ queda embutido con la orientación adecuada.

Considerando a esta proteína como una parte constituyente vital de la célula, nos resulta imposible analizarla sin establecer una relación con esta, su reproducción, y la coordinada interacción metabólica que ocurre en su interior. Por ejemplo, examinemos la reproducción: ¿cuál es el nivel mínimo de información que necesita una célula para que sea capaz de reproducirse?  Y, ¿de dónde sale esa información?

Existen varios enfoques-respuestas para esta pregunta; probablemente el más válido lo ofrece el estudio del organismo unicelular más complejo: el eucarionte. Tal trabajo, proporciona estimados de varios centenares de millones de pedazos de información (100,000/1,000,000 nucleótidos). Otros insisten que un enfoque empírico reducionista sería más racional; es decir, lo que la célula necesita, como mínimo, para poder llevar a cabo la reproducción.

Las cifras dependen en gran medida del optimismo del autor en cuestión, pero, excepto en los casos de extrema ingenuidad, estas giran en torno a 100 proteínas con funciones específicas de duplicación, transcripción y traducción. Fabricar proteínas de forma reproducible requiere información compleja, que debería estar primeramente disponible en forma del ADN o ARN. Mas, como el contenido de información en el ADN o ARN se manifiesta fundamentalmente, en las proteínas producidas gracias a la relación entre ambos, los problemas son semejantes en cada caso.

Analicemos con atención las dificultades inherentes a la creación de la proteína citada unos párrafos antes: el ‘citocromo C‘. Constituye un ejemplo práctico, ya que está muy distribuida en la naturaleza, y es una de las mejor secuenciadas. Debido a que está presente en prácticamente todos los organismos, tendría que haber aparecido en los primeros procesos proteicos a nivel celular, desde los inicios de la actividad biológica en el planeta.

Este citocromo contiene una secuencia de alrededor de 110 aminoácidos, y todos los de más de 100, ya han podido ser procesados en los laboratorios de genética. Por lo tanto, con respecto a tal proteína, podemos tener una estimación razonable y sofisticada de lo que sería necesario para producir, a partir de ella, una molécula funcional. En cada punto de elaboración de los 110 aminoácidos, se puede determinar qué sustituciones son permitidas a lo largo del espectro total de las proteínas secuenciadas.

Por ejemplo, en la posición 93, el aminoácido presente puede ser Phe (Fenilalanina), Met (Metionina), Ile (Isoleucina), o Leu (Leucina). Cada una de estas variaciones generan una proteína ‘citocromo C’, totalmente operativa; así que se puede afirmar que, del uso de cualquiera de estos cuatro aminoácidos en la posición 93, puede resultar una proteína que responda a todas las expectativas sobre ella.

Un cálculo semejante de las posibles variantes para cada posición de los aminoácidos nos puede ofrecer una probabilidad mínima, muy útil, de obtener un citocromo C, debido a mutaciones de aminoácidos. Cálculos cuidadosos hechos por Hubert Yockey (1992) aclaran que una molécula de citocromo C funcional podría ser obtenida en 2 x 1075 tentativas, en caso de que todos los aminoácidos presentes estuviesen en cantidades equimolares y no hubiese moléculas competidoras o esteroisómeros.

Si por otra parte, se aceptan los optimistas cálculos de Sagan, de 1044 aminoácidos presentes en su sopa primitiva, y si pudiéramos simultáneamente añadir un nuevo aminoácido a cada una de las 1044 cadenas en formación, cada segundo, hasta el primer error, se necesitarían 1023 años para tener una probabilidad de 95% de lograr una molécula funcional de citocromo C en este sistema. Haciéndolo de alguna forma evidente: 100000000000000000000000 años. O sea, diez trillones de veces más que la edad que es generalmente aceptada para el universo.

El citocromo C, es una molécula muy liberal comparada con, digamos la proteína histona A3, muy invariable y que presenta solo 3 aminoácidos diferentes entre la genética del guisante de jardín y la del hombre. Para producir una única proteína histona correcta en este mismo sistema, serían necesarios casi 1060 años, con un 95% de probabilidades de efectividad teórica.

Y esto, considerando que solo se formaran enlaces alfa, (los beta péptidos no son procesados en la célula como péptidos naturales) y que no hubiera aminoácidos no-proteínicos competitivos, en un sistema donde tales tentativas pudieran ser ejecutadas. Suponiendo en ambos casos el sistema idóneo para los orígenes, vemos que en realidad no es factible en el espacio tiempo dado; es imposible realizar la síntesis de proteínas en base a ácidos nucleicos, conteniendo información relevante, en el tiempo considerado, pues sería necesario mucho más.

Se ha analizado todo cuidadosamente, para tratar de hallar una solución al dilema del origen de la vida. Aunque se expandieran los cálculos de probabilidades con todas las substituciones funcionales posibles, para una proteína que resulta bien conocida, se aprecia que su obtención espontánea es prácticamente irreal, aún en las condiciones más optimistas. ¿Cómo entonces asegurar que se pueda producir no solo una célula viva, sino los muchos millones que son necesarias, si ni siquiera se logra originar una proteína funcional en los tiempos eónicos propuestos por la Ciencia?

La teoría de la evolución de las especies, a la sombra de una inconcebible selección natural, resulta incapaz de dar respuesta al origen de la primera proteína imprescindible para la formación celular, y se contradice a sí misma en el análisis de base, cuando se calcula el tiempo necesario para la generación de la vida biológica en el planeta. Los argumentos que la nutren resultan insostenibles ante el análisis, pues los cálculos dictan que las reacciones químicas ineludibles, son imposibles de obtener en la práctica.

Lo verdaderamente congruente, es pensar que todo lo existente es un objeto de diseño, cálculo y construcción; una vida pensada por una inteligencia infinitamente superior a la humana, cuya sabiduría, por mucho que ha avanzado, se ha demostrado incapaz de dar respuestas razonables a la lógica necesidad del ‘saber‘, manifiesta desde los ‘¿Y por qué?’ de todo niño, mucho antes de llegar a la edad adulta.

Hurgar en los orígenes, desenterrando tumbas y haciendo disertaciones filosóficas sobre lo que nadie experimentó, no lleva a la humanidad en ninguna dirección; no resulta una actividad constructiva, sino más bien una desafortunada pérdida de tiempo, recursos y conocimientos, que bien pudieran emplearse en el desarrollo de un futuro que mejore las condiciones de vida, la salud y la necesaria alimentación del hombre.

Lo que necesitamos saber de nuestro pasado, ya está escrito por el Creador de todo. Lo verdaderamente importante es mirar hacia adelante con los ojos del Espíritu; hacia el paso siguiente a esta limitada vida material en la que alimentamos carne. Meditemos en la real posibilidad de una vida eterna en otra dimensión, inconcebible para todos aquellos que no son capaces de ver lo invisible, aunque su existencia resulte evidente en el mismo entorno en el que nos desplazamos durante nuestro tránsito terrenal:

“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios…” (Romanos 1:19)

La vida, la muerte, y el principio y final de los tiempos, encierran más enigmas de los que la Ciencia puede alcanzar a descifrar, pues ese conocimiento está limitado al Creador Todopoderoso; todos los esfuerzos científicos deben ser dirigidos hacia el altruismo y la conquista de aquello que conduzca al género humano a un mundo más justo, equipartido y honesto. Todo lo que indique avance, dignifica ante el Señor; de la misma forma que todo lo que sea poner en dudas su Palabra, devendrá en resultados negativos personales, en el inexorable momento final al que cada ser humano deberá enfrentarse.


**********

 

 

 

Anuncios

¿HUBO EVOLUCIÓN EN LA CRUCIFIXIÓN?

febrero 14, 2008

Febrero 14/2008

LA EVOLUCIÓN ES CASUÍSTICA; LA CRUCIFIXIÓN FUE UN PLAN.

En este mundo actual de vuelos espaciales, satélites capaces de divisar lo aparentemente indetectable, saturado de ordenadores y de adelantos tecnológicos de todo tipo que parecen insuperables, a gran cantidad de personas les resulta difícil comprender que hace 2000 años, un hombre dijera llamarse hijo de Dios. Menos aun que asegurara que la causa de su presencia entre nosotros era un final de crucifixión en la cruz, para lograr la salvación de la humanidad, liberándola de todo tipo de pecado.

Desde la lógica y la razón humana, a no ser por la desgarradora y sufrida muerte, esto pudiera parecer un cuento para niños, en el mejor de los casos, y la actitud de un desequilibrado mental, para muchos que viven vinculados a endebles filosofías. Pero no fue otra cosa que un plan diseñado por Dios desde mucho antes. Las Escrituras hablan del Mesías, desde tiempos del Éxodo judío. Pero, ¿qué relación pueden tener entre sí, sabiendo que distan entre unas y otro, a veces más de mil años? La primera, directa, aparece en 2ª Samuel 7:16 (aprox. 1200 aC); en una promesa al rey David (ascendente 43 del Señor, según linaje humano):

‘Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente.’

En un orbe apocalíptico, de final previsto, el ‘para siempre’ de Dios solo puede referirse a una vida eterna regida por Jesucristo, luego de juzgar a todos los hombres. El Salmo 2:2 (cerca de 1000 aC), lanza una profecía que se corresponde a estos tiempos:

“Los reyes y gobernantes de la tierra se rebelan y juntos conspiran contra el Señor y su rey escogido. Y gritan:’¡Vamos a quitarnos sus cadenas’! ‘¡Vamos a librarnos de sus ataduras!’ Y el Señor, que reina en el cielo, se ríe de ellos…”

Y años después, alrededor del 900 aC, el propio David habla de Jesús en Sal 110:1:

“El Señor dijo a mi señor: ‘Siéntate a mi derecha, hasta que yo haga de tus enemigos el estrado de tus pies.’ “

Poco más tarde, en el 740 aC, Is 53: 5 vaticina:

“Mas Él fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por su llaga fuimos nosotros curados.”

Finalmente, el profeta Zacarías (519 aC) hizo su aporte muy puntual, en Zac 9:9:

“¡Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén! He aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.”

La presencia de Jesucristo respondió a un plan de Dios en el tiempo; no fue obra de la casualidad, sino hubo toda una preparación sicológica, antes de que Jesús emprendiera su prédica, cumpliendo sus 30 años. El que se conociera su pre-existencia, es un NO rotundo al evolucionismo, pues no existe plan en una evolución que dicta que todo surge por sucesos aleatorios y casuísticos. Su entidad como ser humano, con todo su código ADN de humano, fue constantemente anunciada antes de manifestarse. No llegó en paracaídas ni producto de la evolución de las especies, sino que ya estaba previsto y anunciado más de un milenio previo a su llegada.

Imagino estar viendo el escándalo que estas líneas provocarán a los evolucionistas que lean esto, pero son hechos recogidos en un libro de Historia que habla de todos los sucesos importantes ocurridos en la humanidad desde la creación. Para aumentar sus exaltaciones, les diré que Isaías, además de augurar la llegada de Cristo, también había predicho la caída de Babilonia, unos doscientos años antes de que esta ocurriera; incluso puntualizando que sería tomada por los medos, en Iz 13:17-19:

“Ved, yo suscitaré contra ellos a los medos, que no estiman la plata ni se afanan por el oro… Babilonia, la joya de los reinos, la perla, el orgullo de los caldeos, será destruida por Dios como Sodoma y Gomorra”.

O sea, mucho antes de ocurrir, auguró lo que historiadores (Herodoto, 484/425 aC: Crónica de Nabónida) y arqueólogos (hallazgo de tablillas de arcilla cocida, escritas en persa antiguo, babilonio y elamita) han confirmado: Ciro II “El Grande”, fundador del imperio persa, pero nieto del rey medo Astiages, la conquistó en el 539 aC, con sus generales y ejército medos, para luego liberar a los judíos y permitir su regreso a Israel, arrasada en el 579 aC por Nabucodonosor, quien les llevó esclavizados a Babilonia.

Se trata de otra evidencia histórica contra ‘la evolución imprevisible‘. Hablamos de personas, resultados cromosomáticos planificados y previstos antes de que se manifestaran. Algo ESCRITO mucho antes, que quedó como prueba para el futuro.

Pero aún añade más sobre esto, en: Isaías 13:19-22:

“No será jamás poblada ni habitada al paso de generaciones; el árabe no alzará allí su tienda, ni el pastor apacentará su ganado”.

Alejandro Magno la asaltó y murió en ella en el 323 aC. Hubo todavía otros intentos por perpetuar Babilonia mientras se rompía, continuando sus orgías y ofrecimientos de sacrificios en su viejo santuario, aún durante un siglo después de la muerte del gran conquistador; pero, una vez más, se confirmó el prevalecer de la profecía, pues según otras tablillas datadas en el 275 aC, halladas por una expedición arqueológica, los babilonios, en la última invasión sufrida, fueron transportados a Seleucia del Tigris, la nueva capital creada por Seleuco I Nikator, para su naciente reino.

Hacia el año 141 aC, cuando los partos sometieron la región, Babilonia ya estaba vacía, sumida en completa desolación y oscuridad. (“No será jamás poblada ni habitada al paso de generaciones”)

La convergencia histórica de la topografía y vivencias de Babilonia, con las predicciones bíblicas, se lograron a partir de coincidencias entre narradores clásicos, las inscripciones en piedra realizadas por Nabucodonosor y las excavaciones del Deutsche Oriengesellschaft, en el 1899 de la era contemporánea. Al fin, Babilonia nunca más fue ocupada. Sus ruinas aún pueden verse en la actual provincia iraquí de Babil, 110 kms. al sur de Bagdad. La historia, definitivamente, volvió a darle la razón al bueno de Isaías, mas… ¿Cómo pudo éste conocer el final si no fue a través de una revelación?

Algunos escépticos pensarán que tantos siglos es suficiente tiempo para que una ciudad no sobreviva. Pero ahí están, entre otras, Gaza y Damasco, capital aramea en el año 732 aC (hoy de la actual Siria)

La raza humana no responde a la casuística, sino al plan de Dios en el que todos participamos. Jesús comenzó sus enseñanzas con 30 años de edad; durante 3 años instruyó a sus apóstoles y a todo aquel que se le acercó, mientras hacía que los ciegos vieran, los cojos recuperaran su andar, los mudos hablaran: sanaba dolencias de todo tipo. También convirtió el agua en vino, dio comida a 5000 personas con 5 panes y 2 peces… y resucitó muertos.

Instruía y alertaba sobre el futuro, acreditando su palabra con hechos de poder. Y lo hizo no solo educando sobre el comportamiento que esperaba de las personas, sino también para no dejar lugar a dudas sobre un final de los tiempos que ya venía siendo anunciado por varios profetas, desde 740 años antes, Isaías primero, pero también Ezequiel, Daniel, etc.

Ahora bien: ¿Por qué concluyó entregándose para ser inmolado? Al hombre actual eso puede sonarle a cuento chino; la mayoría de la sociedad está secularizada y vive apartada de la religión. Muy pocos leen la Biblia de vez en cuando y muchos, jamás lo han hecho; nuestros hábitos son distintos a los de los judíos de entonces. Ellos eran fieles a su Torá, su libro de cabecera (varios libros en uno, como nuestra Biblia) Tenían varios hábitos, entre ellos, el de purificación de sus pecados, para poder entrar al templo.

En aquel entonces eran frecuentes las ofrendas y sacrificios para depurar todo tipo de faltas. Estos actos de purificación durante la Pascua (conmemorando la liberación judía de Egipto) tomaban un cariz especial: se escogía el mejor cordero para ofrendarlo, el más sano, blanco como la nieve, sin manchas; era el único válido para un acto de purgación en un día tan solemne.

Y ese fue exactamente el día elegido por Dios para la crucifixión de Jesús; no solo lo atestiguan los escritos judíos y cristianos, sino las mismas crónicas romanas. Fue todo un símbolo, pues Él representaba ese cordero sin mancha que limpiaría el pecado del mundo: fue sacrificado el mismo día de la pascua hebrea. Murió y, según el plan previsto, resucitó el domingo, el primer día de la semana.

Se le presentó a María Magdalena en primer lugar, luego a algunos apóstoles, y al final a los 12; compartió con ellos durante varios días, en diferentes apariciones y al final les pidió que salieran por el mundo para dar la buena noticia de una resurrección posible. Sin embargo, en realidad esa buena nueva lo que hizo fue subsanar la mala que había dado días antes, cuando les habló del fin de este mundo y de las señales antes del desenlace humano.

Su última enseñanza fue que hay una vida incombustible, según Jn 6:53:

“Jesús les dijo: ‘El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.”

¿No es fácil de comprender, verdad? Jesús lo supo; para aquellos que no pudieron captar el mensaje a la 1ª, se ratifica y conceptúa un poco después, en el versículo 63:

“El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.”

Ese fue su legado: si nos arrepentimos de nuestros errores pasados, le somos fieles con nuestros actos y nos mantenemos en comunión con Él a través de la oración, llevará nuestros pecados a ‘0’; el Espíritu Santo nos visitará y fortalecerá en fe constantemente. Nuestro propio espíritu será alimentado por esta relación constante; desde esa promesa y la realidad de su resurrección, la fidelidad nos permitirá tomar la corona de una vida sin fin, en su reino definitivo, porque ese es el Plan de Dios y Él no es ‘casuística evolución‘.

Un cuento para tontos, según los que se viven en una sabiduría alejada de Dios. Para nosotros, una excelente noticia, reforzada por la promesa de Dios en Ez 18: 21-22:

“Mas el impío, si se apartare de todos sus pecados que hizo, y guardare todos mis estatutos e hiciere según el derecho y la justicia, de cierto vivirá; no morirá. Todas las transgresiones que cometió, no le serán recordadas; en su justicia que hizo vivirá.”

**********