SEMANA SANTA Y EXPECTATIVAS DEL SEÑOR

marzo 19, 2008

¿A DÓNDE IRÁS EN ESTAS FIESTAS?

Hemos llegado a Semana Santa; lo que para muchos representa ocasión de aventura, visita a París, o mucho dinero debido a turistas visitantes, en realidad es una evocación de algo sucedido hace 1975 años atrás, el preámbulo de un hecho que aun hoy rompe todos los esquemas de la mente humana: la crucifixión de Jesús de Nazaret. Lo que para una buena parte de la humanidad constituye un sin sentido, resulta una promesa de opción a vida eterna para todos aquellos que le reconocen como Hijo de Dios.

Jesús predicó siempre la paz, y esta es unión; sin embargo, pese a todos sus esfuerzos y recomendaciones constantes, su iglesia ha sido dividida por los hombres: católica, (las que comulgan con roma y las que no, que son muchas más de lo que se piensa), la ortodoxa, (ídem), y la protestante, que también está representada por cerca de cien tipos. “Divide et vinces“, el “divide y vencerás” del emperador romano Julio César, es aplicable a este caso: el cristianismo se fracciona y el demonio abre una botella de champán, se apoltrona en su mejor butaca y pone su música satánica favorita, disfrutando su éxito.

Ya Pablo comentaba en sus epístolas, sobre el riesgo de las interpretaciones personales de la Biblia y de las inclinaciones hacia determinados guías espirituales de su época, siempre centrado en presentar a Jesús como tronco de la iglesia, y a los cristianos como su ramaje. No obstante, a día de hoy, se perciben grandes diferencias de concepto, pese a que una de las últimas manifestaciones de Cristo advierten del peligro en Ap 22:12:

‘Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.’

¿Necesitamos que el Señor sea más específico? ¿Por qué usó los términos ‘alfa y omega’? ¿En qué parte se relacionan la primera y última letras del alfabeto griego con el Salvador, si no en su Biblia? Resulta evidente que nos instruye sobre nuestro comportamiento hasta su llegada: seguir fielmente sus instrucciones, que Él tuvo mucho cuidado que quedaran escritas, confirmando una vez más que todo lo escrito en el libro de Dios, queda consagrado como verdad; es decir, que la sangre del Mesías representa el cuño que certifica la autenticidad de cada palabra bíblica.

¿Por qué el hombre se mete en diatribas filosóficas, incorporando deducciones que no fueron escritas por Dios? ¿Es que acaso este pecó de insuficiencia de argumentos? ¡Cuánta osadía hay en el corazón humano! Gracias a ello, surgieron las cruzadas antes, y el odio entre católicos y protestantes llenaron de muerte las calles del Ulster, más tarde. Pese a que la enseñanza recibida del Señor siempre fue la paz: antípoda de la violencia.

¿Por qué propugnar, por ejemplo, a un Cristo aliado a empresarios, cuando en realidad, constantemente se nos enseña lo contrario en la Palabra de Dios? En Santiago 2:5 se nos dice que Dios ha escogido a los pobres de este mundo para hacerlos ricos en fe y que reciban como herencia el reino prometido a quienes le aman. ¿Qué con esto, que Jesús odia a los empresarios? ¡Claro que no! La enseñanza está en que lo importante para el Señor es el Espíritu. ¿Qué clase de empresario fue Pablo? Si tuvo alguna empresa, fue de propaganda, sin cobrar por ello, difundiendo desde las cárceles romanas sus prodigiosas cartas evangelizadoras, pues cuando no estaba preso por causa de Cristo, le andaban buscando, para arrestarle. ¿Y Esteban? ¿Y el recaudador de impuestos?

¿Qué tipo de empresarios fueron aquellos que el propio Señor les indicó que salieran a proclamar su mensaje, solo con lo puesto? En la casa de Dios no se acuñan monedas; la instrucción y la evidencia bíblica, enseñan que el dinero es poder, y ambos corrompen al Espíritu que mora en cada hombre: el primer Renault 7 ya no gusta, aunque funcione bien; pasamos por el concesionario y nos encandila el ostentoso Mercedes plateado que se exhibe. Nuestra mente deja de estar donde debe y comienza a resbalar hacia donde no debe.

Lo material es enemigo de lo espiritual; la bonanza económica de un cristiano, es gracia de Dios, concedida para una etapa efímera, pues según la propia Biblia, ‘el rico es como la flor de la hierba, que no permanece.’ Y así hay que verlo. “A quien Dios se lo dio, San Pedro se lo bendiga“, reza un refranero popular, con más verdad que vicio.

Una evidencia de la corrupción derivada del dinero, la vemos en la propia materialización del Espíritu. Los cristianos abrazados a la fe católica salen en sus procesiones, con una imagen de madera que representa a un Cristo crucificado. El concejal de urbanismo, de Palma, Islas Baleares, cofrade asiduo en estas procesiones, sobre cuyo hombro ha estado varias veces el representativo Cristo de madera, parece que estimó que una buena forma de dignificarse ante Jesús, era pagar con la tarjeta de crédito del Ayuntamiento, todas las consumiciones realizadas en un club de alterne gay, carnes incluidas. ¿Agrada esto al Señor y responde a sus expectativas con los cristianos?

Y no es que esté involucrando en este hecho a todos los hermanos en la fe que salen tras las representaciones de la Virgen y del Cautivo; sino que intento evidenciar que tenemos una idea distorsionada sobre lo que nuestro señor Jesucristo espera de nosotros. Llegan estas fechas tan especiales y, en lugar de recordar lo que verdaderamente se debe: las promesas de vida eterna y la instrucción de llevar una vida ordenada, según las leyes que nos dejó, lo que se hace es acudir a comilonas, bebidas inclusive, viajes turísticos, etc.

No le reverenciamos con el acto de contrición debido, en recuerdo a su agónico sufrimiento, desde Getsemaní, hasta su muerte en la Cruz, sino con una parafernalia de artículos conmemorativos, vendidos y comprados en unas ‘fiestas‘ concebidas para ganar dinero. Los hosteleros no meditan en el Cristo agonizante, sino en las expectativas de un lleno completo en sus negocios; mientras una mayoría del resto de las personas, en lugar de recogerse, sacan cuentas sobre cuánto dinero tienen para montárselo bien en estos días: Paganismo puro y duro. ¿Es qué acaso hacemos fiesta en el aniversario de muerte de un familiar; el padre, por ejemplo?

Luego nos sentimos ofendidos si los creyentes musulmanes (no hablo del extremismo islámico) nos consideran impuros. ¿Dónde ha quedado la exhortación constante a la pureza por parte de Jesús?  En Pedro 1:16  puede leerse las recomendaciones del Señor:

“Sed santos, como yo soy santo”

Estos días deben ser aprovechados para reflexionar sobre nuestro comportamiento ante la vida. Debemos estar más dispuestos a escuchar a los demás, siendo lentos ante la réplica soberbia y la ira, pues el hombre enojado no hace lo agradable a Dios. No debemos discriminar a unas personas de otras; ya sea por su dinero o raza, pues la ley reza: ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo‘, y a nadie le complace recibir trato de inferioridad por parte de otros. Hay que ser compasivos, sabiendo que si no lo somos, sin compasión seremos juzgados Tenemos, en fin, que despojarnos de toda maldad y aceptar el mensaje de Cristo con humildad, porque tiene poder para salvarnos.

Debemos reflexionar en las consecuencias derivadas de la aceptación Papal de la teoría evolutiva; una tesis que borra de un plumazo desde el capítulo 1 del Génesis, hasta el 11; lo que Dios ordenó a Moisés que escribiera, como sentencia firme, sin ambages ni más puntualizaciones: una Creación de 6 días de 24 horas, no de miles de millones de años, con la participación directa del Espíritu de Cristo, con Adán y Eva incluidos, por supuesto. Pablo nos advirtió ya sobre la ‘mal llamada ciencia‘.

Gracias a esa flexión de rodillas Papal ante la diosa ‘evolución’, hoy se enseña, incluso en las escuelas católicas, que no fuimos hechos por Dios a su imagen y semejanza, que no hay más futuro para el hombre que convertirse en otro tipo de ser (que nadie sabe como será)… y que al no haber juicio para vida eterna, pues esta no existe, no tenemos que dar cuenta a nadie de nuestros actos.

Por otra parte, si decimos que tenemos fe, debemos ser coherentes ante el Señor, corroborándola con nuestra actitud, evitando que alguien pueda criticar nuestra fe sin hechos, mientras da pruebas de su propia fe, a través de sus obras, incluso siendo ateo.

Renglón aparte merece nuestra lengua: quien no comete errores en lo que dice, está cerca de Dios. Así como la brida en la boca del caballo permite su obediencia, debemos poner freno espiritual en nuestra boca, para no arder en el fuego que puede provocar. Hay un proverbio chino que expresa: ‘Eres dueño de lo que callas, y esclavo de lo que hablas‘.

Si nos consideramos sabios, debemos demostrar la sabiduría con buena conducta. Si dejamos que la envidia nos invada el corazón, actuaremos por rivalidad, faltaremos a la verdad y nos desprenderemos ante Dios de todo lo que pueda enorgullecernos. Donde hay envidias y discordias resultantes, impera la maldad y el desorden: enemigos del Padre de todos. Los que se abrazan a la sabiduría procedente de Dios, intentan ser puros, pacíficos, bondadosos y dóciles. También compasivos, imparciales y sinceros: hacedores de bien y paz; ya se sabe que quienes procuran paz, siembran en paz, para recoger como fruto la justicia final.

Los malos deseos acunan en el corazón del humano; generan sus guerras y todo tipo de desavenencias. Se ansía lo que no se posee y se llega a matar por conseguirlo. No se logra lo que se quiere porque lo que queremos no está en correspondencia con lo que nuestro Padre desea para nosotros. ¿No desean los padres lo mejor para sus hijos? Pues funciona igual; si pedimos, lo hacemos mal, pues nos mueve nuestro materialismo y sensualidad: enemigos del Creador, que ama con celo nuestro espíritu  interior.

Dios se opone al orgulloso y es generoso con el humilde. Sometámonos a Él y resistamos las tentaciones de su oponente; así este huirá de nosotros. Acerquémonos al Señor y Él se acercará; limpiemos nuestros cuerpos de faltas, así como nuestra mente y corazón de malos pensamientos, pues no se puede amar a Dios y al mundo al mismo tiempo. ¡Humillémonos para que seamos enaltecidos por el gran Enaltecedor!

No hablemos mal unos de otros, pues estaremos juzgando y, con ese mismo rigor, se nos tratará en nuestro inexorable juicio personal. Olvidemos el orgullo y subordinemos nuestros planes a la voluntad del Eterno, pues somos neblina fugaz, que aparece y desaparece sin dejar rastro. Si Dios quiere, viviremos y podremos hacer lo que le pidamos, si está en resonancia con su voluntad; y si no hacemos el bien, pudiendo hacerlo, estaremos en falta ante los ojos del Supremo, con toda seguridad.

Seamos capaces de darle a la Semana Santa el verdadero valor espiritual que reclama; que sean días para hacer un alto, reajustar nuestras brújulas y reemprender nuestros pasos con un mayor sentido de orientación. No es tan difícil, solo debemos preguntarnos en cada acción nuestra: ¿Actuaría así nuestro Señor Jesucristo? Él está pendiente de nosotros; tiene sus expectativas puestas en cada uno, pues cada uno responde a un plan.

No debemos finalizar sin exponer que la muerte gloriosa del Señor, sin ‘cuidados paliativos‘, fue también una señal contra la eutanasia. Al morir con honra en la cruz, instruyó sobre el modo en el que los cristianos deben enfrentarse a su último aliento: el Crucificado le plantó cara, lleno de fe; la aceptó con amor, confiado en que iba hacia los brazos del Padre. ¿Fue o no un tránsito digno? Estando cerca de Dios, la muerte no asusta; la fe nos fortalecerá en la hora de la prueba.

Seamos etimológicos: no estamos de fiestas, sino en la semana de Jesús, quien sufrió muerte en la Cruz para lograr un pacto de vida eterna ante Dios, en beneficio de la humanidad. Una opción de eternidad bajo su gobierno, en el Sión definitivo, que debemos aprovechar. Intentemos ser mejores personas y rompámonos en este aniversario ante Él, para que lleve nuestras deudas a cero y nos comprometamos a dar lo que se espera de nosotros, según enseña Tito 2:14:

“Él se entregó a la muerte por nosotros, para salvarnos de toda maldad y limpiarnos totalmente, para que seamos suyos, deseosos de hacer el bien”

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DESPEDIDA DE UNA JOVEN CRISTIANA.

enero 28, 2008

Enero 28/2008

TU HIJA PUEDE VERSE EN LA MISMA SITUACIÓN.

Permítanme mostrarles esta carta que extraje desde un forum de Internet y que me he tomado la libertad de exponer aquí, por la importancia que creo que encierra para todas las familias. Identificarse con la problemática contenida en las siguientes líneas nos preparará a todos para ese gran examen no aprobado por muchos: El Proyecto del Hogar.

La atención a los hijos es la gran asignatura pendiente para una cantidad de padres mayor que la que se sospecha; incluido los progenitores cristianos, que deberían ser los más responsables en este sentido. Espero que, de alguna aforma pueda servir de ayuda.

CARTA DE DESPEDIDA DE UNA JOVEN CRISTIANA.

“PAPÁ Y MAMÁ:

Sé que les asombrará leer esta carta; ya conocen que soy poco expresiva, pero créanme que fue necesario escribirla. Y pues, yendo directamente al asunto, les escribo que me voy… bueno en realidad ya me fui. Tal ves en estos momentos  estoy bien lejos… o quizás aun no he salido de la ciudad, pero, que ya no estoy en casa, es una realidad.

Las razones de mi huida son las siguientes:

Primera: sé que desde que nací ustedes ya eran cristianos, pero yo no sabía que lo eran, ni lo que eso significaba; ustedes nunca me lo explicaron. Crecí en ese ambiente familiar, rodeada de paz y tranquilidad y me gustaba… claro que me gustaba; pero la tranquilidad se fue apenas entré al colegio, pues todas mis amigas me veían extraña y se burlaban de mí, diciéndome:

‘allí va la monjita, miren ya vieron a la hermanita.´

Tenía tantos apodos que la mayoría de ellas en realidad nunca supieron mi nombre. Todas las tardes se juntaban a jugar en el parque de aquí cerca y yo también quería estar con ellas, pero apenas daba un paso afuera y ya me detenía mamá, porque teníamos en la casa oración familiar.

¿Qué sabía yo de eso?  Por favor ni siquiera entendía lo que decían; solo escuchaba que hablaban y hablaban y a mí me aturdían.

El tiempo pasó y yo entré a la secundaria. El primer grado no fue tan malo pues pude conocer otras personas y, aunque allí también había chicas(os) de mi iglesia, ni siquiera convivíamos; cada quien con su bolita, nos mirábamos y reíamos, pero nadie se juntaba. Ah… pero el domingo en el culto todas éramos amigas. Me cansé de todo eso; yo le llamé HIPOCRESÍA.

Fue en segundo grado cuando conocí a Débora; era la más popular de la escuela. Todos los chicos andaban tras de ella, y se paseaba feliz, sonriente y dichosa. Yo la admiraba de lejos, pues casi todas mis compañeras de aula la trataban como reina y la obedecían en todo. Y digo casi todas porque allí faltábamos: Ángela, la niña esa que tenía poco de haber llegado con su familia a la iglesia, y yo.

A Ángela no le agradaba para nada el comportamiento de Débora, pero aun así a veces la saludaba;  a mí si me caía bien, así que no hice caso cuando Ángela me advirtió que la evitara… pensé que lo hacía porque era una envidiosa.

No batallé mucho para que Débora me aceptara en su bolita, aunque allí había chicas que no me querían para nada. Pero fue muy clara cuando les dijo que yo era bienvenida y que a quien no le pareciera así, que podía apartarse de ella.

Débora me dijo que quería ser mi amiga y confidente y en eso se convirtió. Juntas hemos aprendido muchas cosas: me enseñó a maquillarme, a vestirme y ser tan popular como ella. Poco a poco los chicos comenzaron a buscarme y me invitaban a todas las fiestas, donde aprendí a fumar, a tomar bebidas alcohólicas y hasta bailar. Todos los viernes nos escapábamos de clases y nos íbamos a un lugar donde había chavos.

En una de esas escapadas conocí a Demian. Era un niño lindísimo; todas querían estar con él. Nos hicimos muy buenos amigos y cuando entramos a preparatoria, decidí ser su novia; con él aprendí más cosas, me llevó a conocer los lugares mas secretos de la ciudad, me presentó a su grupo de amigos con los que tenia una banda de rock…se veían guapísimos con su look, todos vestidos de negro, sus cabellos despeinados y esos collares y pulseras de metal. Fui a varios de sus conciertos; esa si era música. Allí probé por primera vez la marihuana y fue realmente mágico, era otro mundo.

De panzazo fue que pasé al segundo grado de preparatoria, y tuve que cambiarme de grupo pues detestaba que Ángela se metiera en mi vida y me dijera que estaba mal lo que hacía. Pero a pesar de sus oraciones no logró hacerme volver a la iglesia; ¿para qué, si acá afuera está la mejor diversión?

Lo malo fue cuando ella les fue con el chisme a ustedes… pero nada me haría cambiar, no estaba dispuesta a dejar a mis amigos. Ángela solo logró que ustedes me llamaran la atención, pues estaban tan metidos en sus cosas de la iglesia y sus confraternidades y los ayunos espirituales que ni siquiera se enteraban de lo que yo hacía.

Y esa fue la segunda razón por la que decidí irme de casa. Fuiste bien claro al decirme papá: ‘escoge hija mía, tu casa tranquila y pequeña pero llena de amor, o la calle grande pero muy difícil y llena de peligro… tu religión cristiana, o tu vida mundana. Si quieres libertinaje y desenfreno, entonces vete de casa; aquí no toleraremos tus actos.’

Con esas palabras tan duras, y por todo lo que yo estaba pasando en esos momentos, tuve que tomar una decisión;  y es que, papá, para qué quiero quedarme en esta casa si la tranquilidad y la paz de la que hablas solo la vives en la iglesia, si ese amor del cual presumes no lo tenemos en casa.

En la iglesia hay hermandad y unidad, (o al menos eso aparentan) pero saliendo de allí, cada quien se quita su disfraz y al llegar a casa no somos mas que unos viles pecadores hipócritas, tratando de aparentar una linda familia cristiana:

‘Vecino Dios le bendiga.’– decimos en la calle.

Pero a nosotros nos falta en realidad esa bendición que regalamos. Sería mucho mejor decir: ‘Señor Jesús, bendice por favor esta familia, quitándonos el disfraz de mentira que usamos en la iglesia, bendícenos de amor para nuestros hijos, bendícenos con tiempo para ellos, para saber escucharlos, para ayudarlos y sacarlos de sus dudas que estén atravesando. Bendice por favor, Señor, esta casa que tiene falta de amor, bendice a mis hermanos espirituales Señor, para que pueda haber unidad de verdad.’

Papá, sin duda alguna esta casa no tiene bendición, porque nunca la has sabido pedir ni enseñaste a hacerlo a tus hijos. No se lo dejen todo a Dios, pues también necesitamos de ustedes…

La tercera y última razón por la que escapé, es esta:

Mamá y papá: estoy esperando un hijo de Demian; se lo confesé y no quiso atenderme, me dijo que él no podía hacerse cargo de mí, porque era muy joven y no podría mantenerme, pues ni siquiera trabaja. Me dejó sola papá; ahora no quiere ni verme. Quise hablarlo con ustedes, pero ¿como?, si no los encuentro en casa.  Tú sales a predicar con tus hermanos, y mamá a su oración de intercesión por la paz del mundo…

Y… quise hablar con Jesús, pero me sentí avergonzada; no pude siquiera levantar mi rostro y no me salieron palabras. Así que decidí: ‘mejor buscar a mi gran amiga Débora y contarle mi problema.’

Y por supuesto enseguida encontró solución…me dijo que yo no estaba lista para ser madre, pues apenas cumpliré 17, y al no tener apoyo de nadie, no podré mantenerlo. Y cuando me pregunte quien es su padre, ¿qué le habría dicho yo? Débora tiene toda la razón; por eso tomé una decisión: lo voy a abortar;  creo que es lo mejor.

Después de eso, como pueden ver, no podré volver a casa; me voy con mis remordimientos y tropiezos. A dónde, no lo sé; pero quiero pedirles por favor, que si podrían orar por mí, que le pidan al señor por mi perdón… a ustedes quizás sí los querrá escuchar.

Papá, predícale a tus vecinos mis circunstancias; ponme a mí como ejemplo de lo que pueda pasarle a sus hijos. Mamá, intercede por mí ante Dios; pídele que me perdone.

Bueno creo que es todo lo que quería decirles en esta carta. Gracias por darme un techo todos estos años, gracias por darme alimentos, ropa y cobijo… pero muchas gracias sobre todo, por haber pretendido llevarme por el camino de DIOS.

Soledad.

p.d: No se olviden de orar por mi vida.”

Hasta aquí la carta; tremenda reflexión que día a día nos confronta a una realidad que vivimos y no queremos muchas veces aceptar. No siempre nos preocupamos por aquellos cercanos a nosotros que, por su inexperiencia, están muy próximos a la vorágine del mundo actual y que, por tanto, necesitan un apoyo fiel que les permita organizar sus ideas. Sobre todo en esa etapa juvenil en que las hormonas se aceleran caóticamente, pidiendo a gritos un orden.

Y no solo eso, sino que incluso a veces quizás hayamos sido piedra de tropiezo para muchos. Hermanos, Santiago 5:19-20 nos exhorta e instruye sobre esto:

“Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguien le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados.”

Sé el/la mejor amigo/a de tu hija; ábrele tu corazón e intenta entrar en el de ella desde el respeto y la comprensión que te garantizarán su confianza: la llave de una entrega que hará más sólida la familia.

La familia es el fundamento de la sociedad: cumple con tu parte.

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