EL DIOS INDECISO

marzo 13, 2013

Marzo 13/2013

Es tiempo de ‘fumatas’; es la guerra. Sus señorías vaticanas exhiben sus altas galas para que el mundo les vea en su ostentosa humildad. Igual que en un pase de modelos, muestran la plenitud de su gloria humana, antes de decidir el futuro de la… ¿iglesia cristiana? ¿Acaso representan a la iglesia de Cristo?

Los fariseos y escribas judíos que tanto criticó el Señor, vestían con igual petulancia. Contrarían a Cristo en eso, pues Él, que puso a Juan Bautista como patrón a seguir por el cristianismo, dice en Mat 11:7-11:

Mientras ellos se iban, comenzó Jesús a decir de Juan a la gente: “¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, los que llevan vestiduras delicadas, en las casas de los reyes están… De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él.”

Y antes de eso, en Mat 3:4, la Biblia dijo como vestía el designado por Cristo como patrón de buen cristiano:

Y tenía Juan su vestido de pelos de camellos, y una cinta de cuero al rededor de sus lomos; y su comida era langostas, y miel montés.’

¿Acata esa misma sencillez la curia vaticana? ¡No; sino todo lo contrario!

La Tele mostró ayer el señorial desfile de modelos por la pasarela romana. Todo un espectáculo. Busqué a Jesús entre ellos, pero por más que me esforcé me fue imposible verlo. La profunda sencillez del sacerdocio de Cristo es incompatible con la superficial superchería sacerdotal de la jerarquía católica.

Vi a Cristo en Teresa de Calcuta; lo vi en el misionero católico Vicente Ferrer y lo veo cada día en las hermanas cristianas que sirven voluntariamente en Cáritas, así como en los miles de misioneros católicos que se la juegan y llevan el mensaje del amor de Cristo por todo el mundo. Pero me es imposible verlo en esos hombres de inmaculada seda blanca y roja que pretenden solapar la lucha por el poder, la vanidad, la soberbia, la homosexualidad y el amor a las riquezas, con sus ropas, sus raras maneras y su petulancia.

Los hombres y mujeres de Dios se dan al amor incondicional; buscan sustento fuera del Templo del Padre Celestial; solo van allí para honrarle y adorarle. La misericordia no es mercancía que se compre o se venda; pertenece a Cristo y a Él debe dársele sin pedir nada a cambio. Esa fue la instrucción legada a sus apóstoles, los verdaderos pilares de su iglesia, antes que la degradación moral y la falsa humildad infectaran su casa. Jesús alertó contra la banca y tesoros Vaticanos en Mat 6:19-24:

No os hagáis tesoros en la tierra, donde polilla y orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazónNinguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.”

Y alertó sobre la vanidad y el llamarse ‘padres’ unos a otros, en Mat 23:3-10:

“Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas. Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: ‘Rabí, Rabí’. Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo.”

De modo que no encarnan a Cristo, sino a ellos mismos. Que el Señor me perdone, pero cuando la cámara les enfoca no veo cristianos, sino una bandada de buitres engalanados, agitando plumas, lidiándose la carroña. Y me duele el corazón el daño que sus concupiscencias, vanidad, tapadera de pecados, y alteración del mensaje de modestia de Jesús, hacen al cristianismo.

Se llaman a sí mismos ‘representantes de Dios en la Tierra’. Mas, si lo fueran, ¿requerirían tantas rondas de fumatas para decidir qué sacerdote es el llamado por Dios para representarle? ¿Acaso es nuestro Padre Celestial un indeciso? Si tuvieran el Espíritu Santo no haría falta tanto ‘humo’, pues Su directa forma de decidir y ordenar es relatado en Hechos 13:2-3:

Un día, mientras celebraban el culto al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: “Sepárenme a Bernabé y a Saulo para el trabajo al cual los he llamado.” Entonces, luego de orar y ayunar, les impusieron las manos y les despidieron.

El Dios vaticano es irresoluto; no es el Padre Celestial, sino el antiDios. Les aseguro, en el nombre de Jesús, que si fueran los representantes del Señor, este estaría junto a ellos, eligiendo con toda claridad. Pero ni uno de ellos es justo; con sus actos indignos se apartan del Creador, y por ello han sido desechados.

Lo siento por los dos mil millones de cristianos que se confiesan católicos; son las ovejas sin pastor de las que Cristo se apiadó en Mat 9:36:

Al ver a la gente, sintió compasión de ellos, porque estaban cansados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor.”

He dicho varias veces que el 13 de septiembre del 2011 fui llevado en espíritu a un área del infierno. Allí vi una procesión católica: hombres portaban un trono, las mujeres llevaban velos y mantillas… y vi demonios entre ellos. Lo siento si hiero sensibilidades, pero si no doy testimonio de esto tendré que responder por tibieza ante Cristo, y yo no puedo darme el lujo de cometer más errores. Digo lo que me fue mostrado, lo recibido en el espíritu; ¡y ay de mí si no lo hiciera así!

¡En el nombre de Jesús: Olviden la gloria de hombres que les encadena al mismo satanás! Busquen solo al Cristo viviente, el único puro, el único santo, el único digno de alabanza, gloria y lealtad. Él es la única roca de salvación; la obediencia ciega a su evangelio es lo único que conducirá al ser humano hacia la redención en Él, y a la exaltación en el reino de los cielos.

Ignoro quién será el ‘líder’ elegido; pero sí sé perfectamente que la elección final será humana, no divina. Y lo sé porque he recibido que el humo de fumatas del Vaticano sale directo de las calderas del infierno. Es humo de lobos, no de pastores; el Espíritu Santo no se manifiesta con humo tenebroso, sino con claro fuego purificador, tal como lo relata la Biblia.

Salga quien salga, no representará a Cristo si no llama a los habitantes de ese castillo escoba en mano y dedica lo que le queda de vida a limpiar toda la podredumbre acumulada en sus suelos, paredes, y salas ocultas. Jamás representará al Señor Jesús si no se entrega a la causa de la Restauración del Evangelio de Cristo, fiel al legado que dejó escrito, sin tergiversaciones, cortes, enmiendas, ni chapuzas ni abominaciones espirituales.

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VENCIENDO LA MUERTE

marzo 22, 2008

EL DÍA DE LA LUZ.

“Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida.”(1ª Co. 15:21-23)

Felicidades a la comunidad cristiana presente y la futura. Es la víspera de resurrección; el Buen Pastor buscará ovejas disipadas, para recordarles que también son de su redil y sanar heridas sin importarle causas, ofreciendo alianza imperecedera, en fidelidad a su promesa para toda la raza humana. Lo acredita con la sangre vertida desde el huerto de la confirmación de su pago, hasta la última gota de la lanzada en su costado, ya cadáver de hombre, sobre el madero santificado en el Gólgota.

¡El domingo sí habrá fiesta! Hace casi dos milenios, cuando la voz de Dios se oyó como un trueno ante los reunidos frente a Jesús de Nazaret, en la proximidad de su sacrificio por el pecado humano (Juan 12: 28-31), el Señor expresó que lo que para muchos fue retumbo del cielo, en realidad constituyó un mensaje al pueblo, no a Él, anunciando a todo el planeta:

“¡Ahora será expulsado el que manda en este mundo!”

Algo que vemos como una premonición de la acción descrita posteriormente, en Ap 20:1-3:

“Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo..”

La celebración dominical, tendrá lugar con el enemigo otra vez libre y haciendo de las suyas, hasta que el juez Supremo decida el momento de su justicia. Imaginamos el poder del resucitado Jesucristo, neutralizando entonces al engendro de la maldad, y enviándole al fuego por los tiempos de los tiempos, junto a sus seguidores.

También lo sentimos hoy, en el látigo de su verbo: caricia para quienes deciden seguirle desde el amor, y fustazo correctivo, aun no mortal, a los que permanecen ciegos, sumidos en desordenes morales de todo tipo o a aquellos con una menor culpa, producto de desidias y tibiezas provenientes de la ignorancia de su palabra.

El significado de Jesús, vuelto en carne a la vida, es locura para los que buscan su propia perdición, pero ratificación de fe y esperanza para todo aquel que cree en su promesa. Con su resurrección, dejó evidencia de la posibilidad de una vida eterna: si Él pudo, nosotros podemos. Y esto no nace de una deducción lógica, sino de la confirmación profética salida de sus labios, mientras oraba ante sus discípulos, en Juan 17:2:

“Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.”

La esperanza del pueblo de Dios es crecer espiritualmente, no la de ser destruidos. El Creador señala los límites de campo de trabajo de cada cual, y nadie puede gloriarse de sus propios éxitos, pues es atributo único de Dios. Los herederos del amor de Jesús, adorándole desde la multitud de iglesias en las que se han repartido, deben buscar los puntos de encuentro, no los divergentes, porque estos han sido creados por quien todos conocemos, para separar y confundir a los cristianos del mundo entero.

En honor al Cristo resucitado, debemos ser celosos de que toda gloria y honra le corresponda al único hombre que fue capaz de dar su vida por el pecado cometido por la humanidad, aun cuando Él mismo fue siempre libre de culpa. ¿Quién de nosotros sería capaz de de dar su vida por otra persona? Y no pregunto por la posibilidad de sacrificar esta única vida carnal de la que disponemos, a favor del vecino que saludamos por las mañanas, sino por alguien que no conocemos y vive a 10000 kms. de nosotros.

Debemos ser celosos de todo aquel que hable de un Jesús diferente al que se nos ha predicado. Ya Pablo habla de este peligro en 2ª Co 11:4:

“Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo. Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis… “

Si como cristianos deseamos glorificarnos, por propia obra o pertenencia a determinada congregación, debemos hacerlo antes con todo aquello que manifieste nuestras debilidades, enfrentándonos a ellas para intentar ser mejores ante el Justo. Reflexionemos ante aquella situación del Pablo suplicante, que le pedía a Jesús que le retirara la enigmática espina clavada en su carne (2ªCo 12:4-9), ante lo cual, el Señor le contestó:

Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.”

Es importante puntualizar que el Hijo de Dios resucitó luego de morir por nuestros pecados, según venían profetizando desde muchos siglos antes, primero el rey David, luego Isaías, y otros más; es decir: fue la respuesta a todo un plan concebido por el Altísimo. No murió por azar, de la misma forma que los seres humanos tampoco lo haremos; hay un plan divino para la humanidad, y la dirección de la obra nos ha dado el libreto para que nosotros mismos decidamos qué papel jugaremos en esta función que se acerca a su fin.

Jesús resucitó al tercer día, no 72 horas después, como algunos plantean para desvirtuar la verdad bíblica, y sembrar la duda. Le llevaron al sepulcro un viernes y se le apareció el domingo, (Mc 16:9) primero a María Magdalena, como canto de esperanza a todos los pecadores futuros, evidenciando que con Él no hay preferencias y que estaba abierto al perdón, y luego a Pedro. Más tarde a sus apóstoles, y después, a más de 500 cristianos que le habían visto morir en la Cruz, para que sirvieran de testimonios futuros. (1ªCo 15)

La lectura que debemos hacer todos de la resurrección, es la alternativa de vida eterna para todo aquel que cree que Jesucristo es el Señor y lo confiesa con su boca. La eternidad prometida es una semilla depositada en nuestros corazones, que germinará según el abono personal; es la morada de luz a la cual se accede desde dos caminos: el amor… o el temor, en función de las elecciones del libre albedrío concedido por el Dios Padre.

El Eterno nos llama desde el amor; pero los más incrédulos también tienen su posibilidad, si a última hora una chispa del miedo a estar equivocados, les hace volver de sus errados senderos. Ahora bien, no se le puede pedir al Señor que guíe nuestros pasos si no tenemos intención de mover los pies.

Si se ansía conocer a Dios, debe creerse a sus profetas, con quienes hablaba directamente, ordenando que escribieran todo en un libro para que creciéramos en conocimiento, y su verdad fluyera totalmente, sin astucias. No se trata de convencer a nadie para vender un auto, sino de serle fieles desde el alfa hasta la omega: el ‘Yo Soy’ del Señor. Jesús enseñó que el que quisiera, le siguiera tal como Él era, y el que no, que esperara acomodado en la forma de vida elegida, hasta que volviera a pedir cuentas a todos.

La sangre de Cristo anuló nuestros pecados; Él nos llama desde el amor, la vía más rápida y segura para seguirle, ‘gratis‘, por el recto camino que nos guía hacia el acceso principal de su Sión definitivo. Sin embargo, en su misericordia, nos ofrece otra alternativa a los rebeldes, abriéndonos una puerta de servicio a los arrepentidos de habernos apartado del trayecto, para que regresemos, ya sea diagonal o transversalmente, según la distancia a la que nos hayamos alejado… aunque pagando entonces un precio de recargo, como indica Jer 30:11, repetido en 46:28, para patentizar su sanción punitiva:

“Pero a ti no te destruiré, sino que te castigaré con justicia; de ninguna manera te dejaré sin castigo.”

El Creador, siempre manifiesta su exhortación al arrepentimiento con promesa de perdón, a lo largo de los 66 libros que constituyen su Biblia, pues Él no desea hacernos daño, sino perfeccionarnos. Es como cuando nos presentamos a un ‘casting‘ porque aspiramos algo que se ofrece: se selecciona a los que se consideren mejores para el propósito que se trate. Si se aspira ir a la vida eterna, no podemos ser la levadura que leuda la masa, sino la harina refinada que formará parte de ella.

El Todopoderoso lleva en un brazo la vara de la corrección, dirigiéndola hacia quienes ama, no hacia los que ya han elegido la perdición; escoge a los hombres según su corazón, pues no ve al pecado, sino el potencial de bondad que acabará por destruir a este. Su otra mano está permanentemente tendida hacia el arrepentido: una castiga y la otra salva, pero el libre albedrío siempre deja al hombre la última palabra.

“Yo reprendo y castigo a todo el que amo; sé pues, celoso y arrepiéntete.”(Ap 3:19)

“Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas de la ciudad.”(Ap 22:14)

Estas fueron dos de las últimas recomendaciones del Rey de Luz; seamos cautos y aprovechemos este nuevo aniversario de su victoria sobre la muerte, para meditar en ellas: nos arriesgamos a perder mucho en este acto. Sed buenos, el Señor viene.

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¿PERMITE DIOS EL SUFRIMIENTO?

enero 23, 2008

Enero 23/2008

EL SUFRIMIENTO HUMANO Y LA PERSPECTIVA DE DIOS

Ante la muerte de un niño a manos de un pedófilo asesino, nos quedamos sin respuestas; pero si un tormentoso Tsunami arrebata de las manos de la madre impotente a su pequeño hijo, ahogado luego en el agua, los filósofos se refieren al problema como “un mal natural”: se sufre y muere entonces por causas ajenas a maldad o imprudencia alguna. Tanta pena y dolor sin sentido, hace surgir la misma pregunta formulada cuando las Torres Gemelas; no importa si la causa es natural o humana, la gente dice: “si Dios es todopoderoso y amoroso, ¿por qué permite que sucedan estas cosas?”

Responsabilizar al Eterno implica dudas alarmantes, pese a la colosal sinrazón. Aunque los inocentes, los más necesitados… todas las víctimas, han sido física y emocionalmente golpeadas más allá de lo racional, antes de especular contra el Altísimo debido a la injusticia de estos hechos, tendríamos que alejarnos un poco de lo individual y analizar la total información sobre decesos en todo el planeta.

Cada día agonizan cientos de miles de personas, pero, al no atañernos de cerca, no nos afecta mucho. Humanamente hablando: ¿qué hay de justo en ello? ¿Qué hay de “justo” en cualquier muerte? Si Dios impidiera toda defunción, excepto la de una sola persona, esa única muerte también sería “injusta”; quizá más indebida todavía. La pregunta se amplía entonces: ¿por qué existe la muerte y el sufrimiento; cualquier muerte o sufrimiento?

Los cristianos han de enfrentar esta consulta porque es parte de la responsabilidad evangélica, desde nuestro compromiso con Jesús… y porque se la hacen constantemente. Una respuesta cristiana, de integridad bíblica, tiene que fundamentarse en el Génesis: el relato de una creación perfecta, donde la muerte y el sufrimiento no fueron “originarios”, sino intrusos. Todos sabemos que ocurrieron por una rebeldía contra el Creador, inducida por el enemigo eterno. (Gén. 3). A partir de ahí, se inició una larga etapa de depuración y filtrado, para asegurar que la vieja levadura no pasara al Sión definitivo.

Mas, ¿cómo exponer eso a la madre del niño tragado por las olas? ¿O a familiares de víctimas de accidentes de tráfico, guerras, terroristas, terribles enfermedades? Si el fallecido es anciano, el impacto emocional no es tan brutal; pero si se trata de alguien joven e inocente, no hay consolación cercana al entendimiento. El mejor que podemos dar es este: ¡Dios siempre irá al corazón que sufre!

En cuanto a la angustia derivada, Jn. 16:33 repite palabras de Jesús:

“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”

El Señor nos enseña que cada sufrida prueba vigoriza al espíritu, una vez pasada la tragedia.

 Un verso martiano reza: ‘Una horrible confusión me arredra: ¿Cae la piedra porque pasa el hombre o pasa el hombre porque cae la piedra?’

Desde ‘causa y efecto’ podría llegar la respuesta: Si alguien limpia un colosal ventanal en un 7º piso, su posibilidad de caer aumenta con respecto al que labora frente a su ordenador; si no se cuida, irá al vacío. Lo normal es que si se desploma desde esa altura, muera; aunque ha habido casos en que un niño, ante un accidente de ese tipo o similar, salva la vida… acaeciendo un verdadero milagro. Si alguien fallece, debido a su poca precaución, el padecer del familiar siempre será inmenso, pero al final se aceptará la adversidad: la imprudencia la justifica.

Pero, ¿y los niños violados y asesinados o víctimas de desastres? ¿O el herido leve por accidente de auto que, atacado en el propio hospital por el estafilococo ‘aureus’, muere en unos días? Los padres se desgarran de dolor e incomprensión; el ‘motivo’ inexistente, si su fe no es fuerte, hace que se quebrante su relación con Dios a partir de ese instante, culpándole por ‘no haber estado allí para salvarle’

Al humano le somete la filosofía de la carencia: no ve la pérdida del familiar como un simple tránsito, sino como algo definitivo, obviando su propia muerte forzosa; pero el Señor actúa desde la abundancia:

‘Tendrás todo lo necesario en cada soplo, incluyendo mi amor, que te sosiega del mismo dolor que te fragua.’

Algunas tribus lloran al que nace, inocente de las futuras pruebas, y festejan al que muere, porque conocen la armonía inmortal; pero el hombre común sobrevalora su existencia: ¿qué significan 70 u 80 años en la vida de una persona, con respecto a la perpetuidad que el Creador promete a quienes le sean fieles? ¿Qué, el sufrir de unas horas ante la paz eterna? Sólo es una gota en el océano de Su eternidad. Dios ve la vida infinita de sus elegidos, pero las personas no perciben más allá de sus límites físicos, olvidando la promesa: “…la muerte ha sido devorada con victoria.” (1ª Co.15:54)

Él usa en el corazón del justo, el valor pedagógico del sufrimiento, mas atenuando su dolor; allí mismo instruye sumario contra el autor del mal. Su juicio es tan seguro, como que cada día el sol pone luz donde horas antes reinó la tiniebla. Coronará con gloria infinita, la angustia del casto que muere sufriendo a manos del agente de satanás: el pederasta asesino; el pasaporte del infante fue acuñado por el propio Jesús, antes incluso, de ser crucificado:

“Dejad a los niños venir a mí, no lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios”. (Mc.10:14)

En cuanto al resto de víctimas de cualquier suceso, por causa natural o accidental, si han sido buenos, nada deberán temer. El quebranto de sus allegados puede hallar consolación y  paz en otra promesa del Señor:

” De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, pues ha pasado de muerte a vida.”  (Jn. 16:33)

Cuando el Juez vista su toga, los hallados victimarios engrosarán el grupo de Judas Iscariote; mas los inocentes habrán sido bendecidos por la Gloria del Todopoderoso. Los que ya han muerto su muerte y son recibidos en el seno Divino, van al Paraíso; los que quedan con vida, tendrán que enfrentar aún ignoradas y futuras pruebas, hasta sufrir su propia defunción, porque nadie será inmune: cada cual tragará el trago inexorable.

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