DARWIN Y LA TERMODINÁMICA: ¿POR QUÉ RELACIONARLOS?

octubre 23, 2008

Desde hace meses, un día sí y otro también, se está debatiendo en este blog la implicación negativa de la 2ª Ley de la Termodinámica sobre los postulados darwinistas, y su ‘selección natural’, motivando gran rechazo en los defensores evolutivos. Visto que el tema puede aparecer un poco complicado para aquellos que no han tenido la oportunidad de estudiar pero que sin embargo están abiertos al conocimiento, he considerado imprescindible dedicar un nuevo artículo a algo tan importante y escabroso.

La palabra ‘termodinámica’ implica ‘calor’ y ‘trabajo’; ambos indisolublemente unidos. En toda operación mediante la cual se obtiene un trabajo mecánico determinado, ocurre un gasto energético… que se manifiesta en calor. Incluso se cumple en los flagelos bacterianos tratados hace unos días en este blog, que usan el medio líquido en el que viven para refrigerarse durante su proceso ATP. [Obtención de energía celular]

Termodinámica, es la parte de la física que analiza las consecuencias de los cambios de temperatura, presión y volumen de los sistemas físicos, a nivel macroscópico. El calor puede verse como ‘energía en tránsito’ y dinámica se refiere al “movimiento”; así que, en sustancia, se estudia la circulación de la energía y cómo esta infunde actividad. El origen del estudio de la termodinámica surgió de la necesidad de aumentar la eficiencia de las primeras máquinas de vapor, cuando la revolución industrial.

Todas las reflexiones sobre ella, se basan en leyes derivadas de la observación práctica, y de una u otra forma postulan que la energía puede ser intercambiada entre sistemas físicos en forma de calor o trabajo, describiendo cómo los sistemas [motores, procesos industriales, reacciones químicas, transporte…] responden a los cambios en su entorno.

La aplicación de esas leyes es esencial en física, química, acción aeroespacial, ingeniería mecánica, biología celular, biomedicina… etc. Se han nominado como 1ª, 2ª y 3ª Ley; además de la ley ‘cero’. Aquí analizaremos la 2ª Ley específicamente, relacionada con los procesos de la vida; la que dicta que solo  desde un programa se logró instaurar la biología del planeta.

Esta ley establece una sola dirección en los procesos termodinámicos y, por lo tanto, la imposibilidad de que estos resulten irreversibles. Así, un gas diluido en otro no puede concentrarse de nuevo en un pequeño recipiente, si un agente externo no lo impone. Y todo el fundamento de esta ley radica en la existencia de una magnitud física llamada ”entropía’, tal que, para un sistema aislado, (que no intercambia materia ni energía con su entorno), la variación de la entropía siempre debe ser mayor que cero, aumentando.

También dicta que el flujo ‘espontáneo’ de calor siempre es unidireccional: desde los cuerpos a temperatura más alta, a aquellos de temperatura más baja. Lo cual nos lleva directamente al tema que nos interesa hoy: el comportamiento Tierra-sol, desde la perspectiva de la 2ª Ley de la Termodinámica. Aquí interviene directamente la ‘entropía termodinámica’: la energía que no puede utilizarse para producir un trabajo… el grado de ‘desorden’ que poseen las moléculas que integran un cuerpo o el grado de irreversibilidad alcanzada después de un proceso que implique transformación de energía.

Debe puntualizarse que no debe confundirse este término, con las entropías de formación, de Kolmogórov, de los agujeros negros, de la información, la topológica ni la aplicada a la ecología: todas con particularidades específicas. O sea, solo trataremos la entropía incremental de un sistema que esté bajo acción termodinámica.

Dicho esto, analicemos la Tierra, con respecto al sol. El Sol, la Tierra, los otros ocho planetas, y todos los cuerpos celestes que orbitan a su alrededor, forman el Sistema Solar. Pero el sol es en sí mismo un inmenso sistema termodinámico: en su interior hay reacciones de fusión [nucleares], donde átomos de hidrógeno se transforman en helio, produciendo la energía que llega en forma de radiación electromagnética, a todo el entorno planetario bajo su influencia, no solo a la Tierra.

Su espectro incluye rayos gamma, X, ultravioletas, luz visible, infrarrojos… diferenciados entre sí, por el tamaño de las ondas y su frecuencia. A medida que pasamos de los rayos gamma hacia el resto, la longitud de onda aumenta y la frecuencia disminuye. Todos viajan a la velocidad de la luz (300.000 Km/s), y solo llega una ínfima parte de la nociva radiación ultravioleta; la no absorbida, fundamentalmente, por el ozono.

Pero los efectos de la radiación solar sobre la Tierra son varios; su energía calienta el vapor de agua en unas zonas más que en otras, originando alteraciones de densidad en los gases: variaciones que imponen la circulación atmosférica. Su energía fija la temperatura en el planeta, [aumentando por efecto invernadero], y regla el contraste de temperaturas entre el día y la noche, así como entre los polos y el ecuador. También la temperatura generada excita las moléculas de todas las sustancias existentes, creando caos en ellas, y provocando una constante dilatación-contracción en todas las inertes.

Por otra parte, la Tierra, afectada por la radiación solar, al igual que los otros ocho planetas, aunque en una medida que depende de la distancia de la órbita de cada uno con respecto a esa inmensa fuente de energía, no le entrega nada al sol. Las distintas capas de la atmósfera, cuya última frontera es la exosfera, así como la propia fuerza de gravedad, evitan que exista una acción termodinámica desde la Tierra hacia el Sol. Y este es el concepto más importante, para entender por qué resultó imposible que la vida biológica se originara por azar.

En general, la mayor parte de la energía utilizada por los seres vivos terrestres, en cada subsistema termodinámico latente en el planeta, la entrega el Sol. Las plantas la absorben directamente y realizan la fotosíntesis, los herbívoros absorben indirectamente una pequeña cantidad de esta energía comiendo las plantas, y los carnívoros absorben indirectamente una cantidad más pequeña comiendo a los herbívoros.

Otro ejemplo lo vemos en la vitamina D, que interviene en la absorción del calcio y el fósforo en el intestino, y por tanto en el depósito de los mismos en huesos y dientes. Aparece en los alimentos lácteos, en la yema de huevo y en los aceites de hígado de pescado… pero otra de las formas de sintetizarla, es a través de la exposición a la luz solar, a partir del ergosterol de la piel.

Así mismo debe mencionarse que la mayoría de las fuentes de energía industrial y de transporte usadas por el hombre derivan indirectamente del Sol. Los combustibles fósiles preservan energía solar capturada hace miles de años mediante fotosíntesis, la energía hidroeléctrica usa la energía potencial del agua que se condensó en altura después de haberse evaporado por el calor del Sol, etc.

Pero es muy importante señalar que un sistema termodinámico y sus fronteras están determinados por el observador. Así, desde el sol, la tierra puede verse como un sistema abierto, pues permite el paso de la energía de este; sin embargo, desde la óptica de la tierra, esta constituye un sistema aislado con respecto al sol; no puede ejercer influencia sobre él ni en concepto de materia, ni de energía.

En ese contexto sale la 2ª Ley de la Termodinámica: crece la entropía o desorden en el planeta. La Naturaleza es caos; de hecho, la teoría del Big-Bang, aceptada en el campo darwinista, es en sí misma una oda al desorden, y fue considerada como una gran deflagración. También terremotos, tornados, tormentas de arena, eléctricas, mareas, tsunamis, tifones, ciclones y huracanes. Ninguno puede ser controlado una vez que se manifiestan; no hay forma de lograrlo… y está aumentando exponencialmente con el tiempo [el fenómeno del ‘Niño’ y la ‘Niña’, son ejemplos], confirmando así el planteamiento del aumento de la entropía en el sistema, que constantemente está haciendo de las suyas.

Edward Lorenz [década del 1960], estudió la naturaleza caótica de la atmósfera; fue fundador del campo de la teoría del caos. Los avances matemáticos derivados, fueron retomados por la meteorología y contribuyeron a estabilizar el límite de predecibilidad del modelo atmosférico. Así surgió el efecto mariposa: los disturbios del tiempo en un área determinada, imponen un efecto en otra zona. Y llegados aquí, señalamos: entropía termodinámica es desorden, y el desorden lleva al caos; eso está demostrado científicamente… y también está demostrado científicamente que no surge la vida desde el caos, sino desde un programa.

Esto niega un origen de la vida desde el azar, tal como señala el darwinismo, aunque digan que no tratan los orígenes; pues a diferencia de la Naturaleza, irregulable y caprichosa, la vida se ejecuta en orden sincrónico, desde que un óvulo animal o vegetal sea fecundado por espermatozoide o polen, según suceda o desde que una bacteria comience a replicarse. ¡Todo aparece ordenado y regulado, inscrito y codificado, en lo concerniente a la Biología, y los millones de especies que la componen!

En definitiva, lo que la Ciencia ha puesto a disposición del conocimiento de la humanidad, es que el orden y la sincronía de todos los procesos metabólicos, de toda la vida existente en el planeta, manifestándose en millones de especies, es totalmente regulada, de principio a fin, por las instrucciones que aparecen inscritas y codificadas en el genoma humano.

El ADN estableció un programa inteligente para crear, desarrollar y mantener la vida desde el proceso embrionario; fue el factor externo que permitió que, pese a las condiciones de entropía existentes en el planeta tierra, predominara una regulación dirigida sobre el caos y la casuística, y pudieran ser llevadas a feliz término, cada una de los trillones de órdenes encerradas en la información genética de todo individuo, sin importar la especie a la cual pertenezca.

La 2ª Ley de la Termodinámica, con su entropía o caos tendenciosamente incremental, manifiesta en tormentosos, incontrolables y perjudiciales fenómenos naturales, se cumple de hecho en toda la Naturaleza… menos en la Creación biológica de Dios: su obra maestra. La información codificada, con instrucciones precisas, prevista en el ADN por el Creador, como eterno cuño acreditativo para la posteridad, es el encargado de evitarlo.


**********

.

Anuncios

EVOLUCIÓN DEL OJO: LOS SALTOS IMPOSIBLES

octubre 17, 2008

Hace unos días, me enviaron a este blog un link con las ‘científicas’ reflexiones que supuestamente explicarían la real posibilidad de que un órgano tan complejo como el de la visión, pudiera haber evolucionado desde elementales sistemas surgidos hace miles de millones de años.

http://www.sindioses.org/cienciaorigenes/bookjehova03.html

Textualmente, dice lo siguiente en sus inicios:

Para este primer paso puede considerarse posible al ver el fotorreceptor que existe en Euglena, un protista fotosintético que tiene un organelo sensible a la luz, conectado con el flagelo que le permite la locomoción. No se afirma que los ojos de los humanos se remonten al fotorreceptor (eyespot en inglés) de Euglena, solo se muestra que este primer paso es posible en la naturaleza.

Muy fácil se lo ponen al raciocinio y a la lógica, sin necesidad de una inteligencia sobrenatural; solo hay que usar la que Dios nos dio a todos… al 20% de marcha, casi sin esfuerzo. Desde el primer paso, este planteamiento se manifiesta inverosímil. En el caso citado de Euglena, el eucariota fotosintético, se refieren a la mancha ocular, un orgánulo fotorreceptor, propio de las células flageladas.

La mancha ocular permite a las células detectar la dirección e intensidad de la luz y acudir a ella [fototaxis] o alejarse [“fotosock”, respuesta fotofóbica]. Así la célula busca la cantidad de luz óptima para la fotosíntesis. Pero las manchas oculares, aunque pudieran constituir los ojos más simples y comunes existentes en la Naturaleza, FORMAN PARTE DE UN SISTEMA no surgido del azar ni de falsas asociaciones casuísticas de proteínas; en realidad es un servosistema óptico INDIVISIBLE, formado por proteínas fotorreceptoras, y un mecanismo de transducción de señales capaz de generar una respuesta fotovoltaica. Elementos que no serían nada individualmente, que solo son efectivos cuando conforman un conjunto… y que aturde a los más virtuosos ingenieros actuales.

En realidad, estos ‘sistemas visuales’ se revelan en las propias bacterias, y cualquier investigador que intente demostrar que la visión evolucionó desde un factor común, terminará en un siquiátrico. Existen múltiples y distintos sistemas fotorreceptores en bacterias, no uno común… y cada uno instituye un caso de la Complejidad Irreductible presentada por Behe, como evidencia de la EVOLUCIÓN IMPOSIBLE, y de un Diseño Inteligente.

Un trabajo de científicos argentinos, publicado en la edición del 24 de agosto de Science, demostró que incluso las bacterias consideradas no fotosintéticas, tienen un mecanismo que les permite “ver” la luz azul; algo que usan para liberar distintos mecanismos, y el aumento de su actividad. Una respuesta similar a la de las plantas, al inclinarse hacia la luz, ejecutada mediante fotorreceptores con módulos de proteínas denominados LOV [luz, oxígeno y voltaje], con aminoácidos que absorben la energía lumínica.

Fue el hallazgo de una nueva familia de fotorreceptores en bacteria: las LOV-histidinas-quinasas, en las que la molécula sensible a la luz es una flavina, una proteína relacionada con la vitamina B2. Y la primera vez que se establece la activación mediante luz, de una actividad enzimática en una proteína-LOV, en bacteria. También se supo que Brucella, una bacteria patógena conocida por más de cien años y que se pensaba no era afectada por la luz, contiene en realidad una molécula capaz de detectar la presencia de esta y usar esa información para controlar un proceso vital.

Tres años antes, este mismo investigador describió a la ‘fototropina’, un fotorreceptor de luz azul en plantas, que gobierna la orientación de la planta hacia la luz (fototropismo). Una característica del girasol, la flor que siempre ‘mira’ al astro: desde la aurora, hasta el crepúsculo. Esta proteína, descubierta por el Dr. Winslow Briggs en la Universidad de Stanford, hace una década, fue la primera proteína LOV que usa flavina como pigmento fotorreceptor.

Los segmentos LOV (LOV-domains en inglés) aparecen en un gran número de proteínas, en diversos organismos en las que el resto de la proteína pueden ser moléculas tan diversas como enzimas o segmentos que se unen al ADN y controlan la expresión de genes. Ahora bien, ¿cómo puede el LOV-domain activado por la luz, propagar la señal a componentes tan diversos?

Hay distintos LOV domains bacterianos; y todos constituyen un mecanismo complejo… un Complejo Irreductible. La sigla LOV se refiere a un segmento pequeño de estas proteínas complejas, que funciona como modulo sensor de Luz, Oxígeno, o Voltaje (LOV), y la función depende de las distintas moléculas sensoras en el segmento.

La fototrofina y las histidino-kinasa bacterianas contienen flavina como detector de luz; pero también se sintetizan otras proteínas para este efecto. Los detectores de oxígeno contienen el grupo hemo (similar a hemoglobina en glóbulos rojos), casi en el mismo lugar de la molécula donde los receptores de luz contienen flavina. Los detectores de voltaje son segmentos LOV cuyo mecanismo de detección del potencial eléctrico no se ha descubierto aún… y los tres actúan en sintonía; resulta imposible aislarles. Si se anula alguno de los genes codificadores del trío, el sistema deja de funcionar. Así que no se puede entender que cada uno tuvo una función específica en un hipotético proceso evolutivo.

Otro hallazgo fue el de mecanismos de función de las rodopsinas bacterianas, unas proteínas que contienen retinal (vitamina A). Algunas rodopsinas bacterianas funcionan como convertidoras de energía: bombean iones a través de la membrana, en cuanto son activadas por la luz; otras actúan como sensoras de luz de diferentes colores (rodopsinas bacterianas sensoras).

En general, la fotosíntesis es el proceso mediante el cual las plantas, algas y algunas bacterias captan y utilizan la energía de la luz para transformar la materia inorgánica de su medio externo, en la orgánica usada en su crecimiento y desarrollo. Hay dos tipos:

1- Fotosíntesis oxigénica: liberación de oxígeno molecular (proveniente de moléculas de H2O) hacia la atmósfera.

2- Fotosíntesis anoxigénica, no libera oxígeno. Propia de un número reducido de bacterias, como las púrpuras y las verdes del azufre; pues su donador de hidrógenos es el H2S.

También hay bacterias capaces de compensar un bajo abasto de nutrientes, activando fotorreceptores: la fotoheterotrofía, muy común entre las bacterias marinas. Investigadores del Instituto Max Planck, junto a colegas de Alemania y Estados Unidos, analizaron su genoma, y hallaron los genes que codifican el empleo de energía lumínica; millones de ellas pueden verse desde el espacio, como una gran mancha.

Los fotoheterótrofos son muy abundantes; representan el 10 % del plancton marino. Varios microbiólogos marinos del Max Planck analizaron de cerca el ADN de una de las bacterias comunes halladas en costas de muchas partes del mundo: Congregibacter litoralis KT71, aislada por primera vez en aguas cercanas a la isla alemana de Helgoland.

Los experimentos de cultivo mostraron que KT71 es heterótrofa y depende de fuentes de carbono como azúcares y pequeños péptidos. Luego de investigar los datos genéticos aportados por el Instituto Craig Venter en E.U, los investigadores se sorprendieron de hallar todos los genes para la fotosíntesis bacteriana… pues la KT71 no está pigmentada como otras bacterias fotosintéticas.

Los expertos del laboratorio de la Colección Alemana de Microorganismos y Cultivos Celulares (DSMZ, por sus siglas en alemán), pudieron mostrar que cuando sus nutrientes escasean, la KT71 crece mejor con luz. Asumieron que la bacteria pasa de la combustión del carbono orgánico al sistema fotovoltaico, dependiendo de las condiciones ambientales… según dicte su programa en el ADN; si se elimina uno de los genes codificadores, muere. Otro complejo irreductible, conformando un nuevo tipo del ‘ojo elemental’, citado por la defensa evolutiva.

Las cianobacterias también forman su propio complejo irreductible; son uno de los máximos exponentes de bacterias fotótrofas. Su metabolismo forma parte de un sistema, donde todas sus partes funcionan como elementos indivisibles de un conjunto fotosensible:

1- Plastos: En la membrana celular, dentro del citoplasma. Poseen pigmentos fotosintéticos, específicos para esta función. Suelen contener una especie de clorofila [el mismo pigmento que tienen las plantas] conocida como bacterioclorofila, y de la cual existen al menos, 6 tipos diferentes, desde la ‘a’ a la ‘g’

2-Tilacoides: son las vesículas donde se activan las reacciones captadoras de luz de la fotosíntesis y de la fotofosforilación.

3- Ficobilinas: [o ficobiliproteínas] son proteínas que capturan la energía lumínica, que será luego pasada a la clorofila durante la fotosíntesis… sabiendo que todas las proteínas existen porque sus síntesis están inscritas y codificadas en el ADN.

De modo que los pigmentos de los plastos no significan nada en el sistema, sin la ayuda de las tilacoides, que es donde tendrá lugar la reacción fotolúminica. Ni las ficobilinas hacen nada sino están los plastos que serán activados por la luz; ni las tilacoides valen para nada, sin los pigmentos de los plastos ni las proteínas sintetizadas para capturar la energía lumínica. ¡Todo tuvo que surgir junto! Solo un ‘Programa’ pudo generar ese primer ‘ojo’ inexactamente llamado elemental; lo dicta la interdependencia de su funcionamiento.

No se puede hablar de ‘procesos de evolución del ojo’, mencionando como primer paso a un sistema que ha demostrado poseer en sí mismo una complejidad propia de conjuntos diferenciados. Otra evidencia de no-casualidad; una prueba más, de un programa inteligente y hábilmente diseñado, que permitió que distintos factores orgánicos se organizaran y evidenciaran una autonomía de acción, mediante distintos sensores activados al unísono… a nivel de célula.

Abanderados neodarwinistas: si pretenden evidenciar la evolución del ojo humano, desde el precepto de cualquier organismo ancestral, están obligados antes a demostrar que el sistema de ese organismo eónico pudo surgir por modificaciones aleatorias en el tiempo. Y la propia bacteria les dice que eso no es posible; de hecho, la ‘explosión’ de vuestro hipotético periodo cámbrico mostró el complicado sistema de lentes del ojo del trilobites, sin justificación fósil anterior, surgiendo completo, con ojos compuestos, como los de los insectos actuales.

De modo que la próxima vez que se pretenda decir que el ojo humano ‘evolucionó’ desde un organismo eucariota, deben recordar que la bacteria tiene un sistema similar, gracias a una actividad de conjunto, indivisible. Lo que tanto temía el afamado líder religioso:

Si pudiera demostrarse que ha existido un órgano complejo que no pudo haber sido formado por numerosas y ligeras modificaciones sucesivas, mi teoría fracasaría por completo.’ [Charles Darwin]

¡Ahí lo tienes de nuevo Carlitos, en la propia evidencia que tus seguidores pretenden propugnar!


**********


DARWIN Y LOS MOTORES IGNORADOS

octubre 8, 2008

ATP SINTETASA: UN FÓRMULA 1 SIN EVOLUCIONAR.

‘Si pudiera demostrarse que ha existido un órgano complejo que no pudo haber sido formado por numerosas y ligeras modificaciones sucesivas, mi teoría fracasaría por completo.’
Charles Darwin.

Continuando con la estela de los motores casuísticos, según definición darwinista: ‘el tiempo todo lo puede’, hoy he optado por algo que, más que una máquina, en realidad es toda una factoría inteligente: el complejo proteico ATP Sintetasa; una verdadera industria, con enorme eficiencia y gran capacidad de renovación.

Y aunque interaccionan, no debe confundirse con ATP, la molécula formada por adenina, un azúcar [ribosa], y tres grupos fosfatos que le dan el nombre de adenosín-trifosfato; la única que se puede convertir directamente en energía, una de las más complicadas jamás descubiertas, y casi seis veces más grande que la de la hemoglobina.

El conjunto coenzimático ATP sintetasa [de origen proteico], recibe su nombre porque en realidad se encarga de ‘sintetizar’ la molécula ATP [adenosín trifosfato], presente en las mitocondrias de animales, plantas, de todo organismo eucarionte; y también, aunque de otra forma, en las bacterias procariotas. Ejemplarizando, la función de la ATP [molécula] se pudiera comparar a cuando llenamos nuestro auto de combustible, antes de un largo viaje, y nos montamos en él, confiados en que con mínima ayuda hará casi todo el trabajo con eficiencia y seguridad, transformando el líquido de la gasolinera en fuerza y movimiento.

Trasmutando a la célula eucariota [propia de humanos, animales y plantas] este proceso de obtención de energía en el automóvil, se observa que tal metabolismo se debe a reacciones ‘redox’ u ‘oxidorreducción’, es decir, una molécula se oxida y otra se reduce. Sin entrar a profundizar: cuando un átomo de hidrógeno pierde un electrón, se ‘oxida’, y cuando lo gana, entonces hay ‘reducción’.

Y ahora lo importante: hay una relación directamente proporcional, entre el contenido de hidrógeno de una molécula y la cantidad de energía que se puede obtener de ella. Cuanto mayor sea el contenido en hidrógeno de un compuesto [o sea: cuánto más ‘reducido’ esté] mayor es su contenido energético y más energía se puede obtener de él. Con igual reflexión, cuanto más oxidada esté una sustancia, menos hidrógeno contiene… y aportará menos energía.

Así, se llega a la conclusión de que la energía de una molécula está en sus enlaces hidrogenados. Los ácidos grasos [CH3-(CH2)14-COOH] suministran mucho más energía que la glucosa [C6H1206] y ésta mucho más que el CO2 [sin hidrógenos: la forma más oxidada].

Casi todo lo que comemos y bebemos, se transforma en nuestro laboratorio mitocondrial, a través de distintas rutas metabólicas, en ‘la gasolina necesaria’. Parte de la energía que adquirimos de los alimentos que ingerimos van a proporcionar reservas de ATP; cuando están cubiertas las necesidades de esta, entonces se acumulan en forma de glucógeno, en grasas y en proteínas. Para que se entienda: como un ‘precocinado’ de mercado que aun hay que terminar de procesar, pues todas estas moléculas (glucosa, glucógeno, grasas y proteínas) pueden ser convertidas en ATP para su posterior utilización por el músculo, en el momento que se agote el almacenado en este. La forma en que el organismo sintetiza estas reservas de energía (para posteriormente convertirlas en ATP) marcan los diferentes sistemas energéticos.

Como se mencionó arriba, el ATP es una molécula de gran potencial, con 3 enlaces fosfato que al romperse liberan mucha energía, de tal manera que las células constantemente están rompiendo ATP, para obtener la necesaria para vivir, movernos, pensar, etc.

Cuando se flexiona el brazo, el bíceps se tensa; al correr, intervienen varios músculos a la vez. Para realizar las contracciones-flexiones musculares implicadas, se necesita energía… y se saca del ATP que nuestro laboratorio mitocondrial cede, para que el metabolismo lo acumule en las células. Es la única energía que puede usar un músculo para sus movimientos; está guardada en ellos. Pero bajo ejercicio, se agota rápido y tiene que ser restituido constantemente, y la forma en que el organismo recupera ese ATP, constituye una de las funciones más vitales de la mitocondria.

Las reservas de ATP en la célula muscular son muy pequeñas, lo que no da para más de uno o dos segundos de actividad. Para poder continuar, se activa inmediatamente un brillante, económico y útil sistema que logra energía mediante procesos inteligentes, dignos del más pensado diseño mecánico.

En realidad, además del ATP, existen varios mecanismos en el organismo para almacenar energía: los carbohidratos se metabolizan mediante la glucólisis, y las grasas mediante la beta oxidación [hay otras pero estas son las más importantes en este artículo]. Los productos de estas dos reacciones metabólicas siguen a una 3ª fase: el ciclo de Krebs, cuya función es transformar los compuestos de tres carbonos obtenidos de la glucólisis y la beta oxidación en otras moléculas: “FAD y NAD”, conocidas como ‘poder reductor’… o sea un incremento de la cantidad de hidrógeno.

Son cofactores enzimáticos; básicamente, las coenzimas FAD y NAD son acarreadores de electrones y de protones… y como toda sustancia de naturaleza proteica, su síntesis aparece regulada por la inscripción que aparece codificada en el ADN. No surge gracias a miles de millones de años, puesto que el azar no es capaz de ‘escribir’ y mucho menos de ‘codificar’, una mucho menos irracional ‘instrucción casuística’, ya que según venimos repitiendo, una instrucción precisará siempre del Instructor que la creó, pónganle los miles de millones de años que se quieran.

En realidad, el poder reductor se emplea para generar una corriente de iones hidrógeno; proceso muy complejo, del que se intentará explicar lo más importante. Estos iones hidrógeno atraviesan la membrana interna de la mitocondria a través de una especie de válvula reguladora: la ya mencionada arriba ‘ATP sintetasa’ [a partir de ahora: ATPasa]; un acontecimiento similar al agua corriendo por un tubo, donde la ‘ATPasa’ sería la llave ‘reguladora’ de la cantidad de agua que saldría.

Las enzimas ATPasas, participan en el metabolismo de la molécula de ATP y, por tanto, en la producción de energía en la célula. Y como toda enzima, surgen de una síntesis proteica no evolutiva, dependiente de los datos que aparecen en la hebra de ADN: las instrucciones que existen en el programa que constituye al genoma, y que ningún azar es capaz de hacer que se inscriban y codifiquen por sí mismos.

En realidad son muy complejas; conformadas por cadenas muy largas, que suelen ir desde los 600 a los 1200 aminoácidos, y que se pliegan para formar la estructura tridimensional característica de una ATPasa insertada en la membrana plasmática, como proteína integral. Estas enzimas logran producir hidrólisis del adenosín trifosfato (ATP) almacenada en los músculos y otras partes del cuerpo; mediante una reacción exergónica se ‘libera energía’, obteniendo adenosín difosfato [ADP], y un ión de fósforo [fosfato]. Este proceso de ATPasa sobre una molécula de ATP, es llamado desfosforilación.

Pero, físicamente, la enzima ATPasa es como un rehilete; si se sopla un rehilete este se mueve; asimismo, la parte interna de la ATPasa se mueve o da un giro… cada tres iones hidrógeno que pasan a través de ella. No es algo casuístico, sino programado: la energía contenida en estos tres iones hidrógeno, genera el movimiento necesario. Y esto mismo, de manera reversible, es lo que se emplea para sintetizar de nuevo el ATP a partir de ADP [adenosín difosfato] y un ion fosfato. Funciona así: el giro “pega, une” al ADP y al fosfato, formando un nuevo ATP.

Masasuke YOSHIDA, Doctorado en Ciencias Bioquímicas, observó que la molécula ATP sintasa se semeja a una seta con sus dos partes: tallo y sombrero. El «tallo de la seta», parece girar dentro del «sombrero de la seta». Se ha demostrado que la formación de ATP está vinculada con esta rotación.

Motor ATP sintetasa.

Motor ATP sintetasa.

La ATP sintetasa consiste en F0 y F1. Vemos que F0, localizado en la membrana, actúa en sí mismo como un canal protónico. En organismos típicos procariotas, F0 está compuesto de tres subunidades: a, b y c. F1 puede ser liberado de la membrana como una molécula soluble en agua y esto cataliza la hidrólisis de ATP, considerada una reacción inversa de la síntesis ATP. En organismos procariotas, F1 contiene cinco clases de subunidades con una estequiometría gamma, beta, etc.

Giros de la ATP sintetasa

Giros de la ATP sintetasa

Cuando el “conducto” gira, crea un poderoso movimiento interno en cada una de las tres secciones en espiral dentro de la cubierta. Este movimiento proporciona la energía para provocar cambios químicos. En un sitio se reúnen los “ingredientes” ATP. En otro, se combinan y producen ATP, y en un 3º, la rotación proporciona el ATP formado, liberando la molécula ATP sintasa para ser utilizada en otro lugar de la célula. O sea, también puede considerarse como una microscópica ambulancia que va curando la falta de energía, allí donde esta sea necesaria. ¡Un engendro de la optimización cinética, vaya!

Para las funciones biológicas, se almacena mucha potencia en los enlaces de alta energía que unen los grupos fosfato; estos se liberan cuando uno o dos de los fosfatos se separan de las moléculas de ATP. El compuesto resultante de la pérdida de un fosfato se llama ‘difosfato de adenosina’, adenosín difosfato o ADP. Las otras moléculas [glucosas, grasa, etc.], terminan convirtiéndose en la imprescindible ATP, mediante varios procesos (glucólisis anaeróbica o ciclo de Krebs)

Un gradiente de protones se produce como resultado de la entrada de NADH (derivado de las reacciones oxido-reducción), a la cadena transportadora de electrones. Los protones se acumulan en el espacio intermembrana hasta un gradiente de concentración tal que pueden ser utilizados para producir de nuevo el ATP.

Proceso de la ATP sintetasa sobre la ATP

Proceso de la ATP sintetasa sobre la ATP

Los Protones (indicados por +) entran nuevamente en la matriz mitocondrial a través de los canales que forma el complejo enzimático de la ATP sintetasa. Esta entrada se acopla a la síntesis de ATP a partir de ADP y Fosfato [Pi en el animado]. Así, el ATP es usado para obtener energía, transformándose entonces en ADP [Adenosín difosfato] + dos iones de fósforo [Pi]. El ciclo se reinicia, cuando los protones atraviesan la enzima ATP sintetasa. Entonces cada ADP [Adenosín di-fosfato] se une a un Protón y a un fosfato [Pi], integrándose de nuevo la original molécula ATP [ahora adenosín trifosfato], creando de esta forma un bien previsto círculo energético continuo, que garantiza la energía necesaria… toda una evidencia de diseño, imposible de surgir desde la casualidad.

La experiencia acumulada por el ser humano, desde algunos cientos de generaciones, dicta que nunca nace inteligencia desde la nada, sino de algún proceso inteligente. Si a usted, mientras camina por la calle, le cae en la cabeza una instrucción; digamos, una receta para hacer un pato a la naranja, con solo 45 palabras, piensa que se le cayó a alguien, no que esas palabras ordenadas se crearon a sí mismas. ¡Cuánto más una información como el ADN, con billones de precisas instrucciones bioquímicas, elaboradas con solo 4 letras!

Estamos ante otro ejemplo de ‘complejo irreductible’; lo que Darwin precisaba para que su teoría quedara desmontada. El sistema no puede prescindir de las enzimas ATP sintetasas, que en realidad funcionan como válvulas reguladoras, que lo mismo se ocupan de liberar la energía necesaria para que el organismo ‘viva y vibre’, que de invertir el proceso para volver a obtener el ATP que antes convirtió en tal energía. Este ciclo ‘oxidación-reducción’, automáticamente reversible, dejaría de resultar funcional si se pretendiera que hubiera surgido por partes.

Veamos:

-Las coenzimas FAD y NAD, por sí mismas, autónomamente, no pintan nada en el ‘motor’. Y debemos recordar que no surgen debido a una carambolesca interacción de mutaciones aleatorias, provocadoras de evolución, sino porque su secuencia aparece antes inscrita y codificada de manera precisa en el ADN, como parte del complejo programa de la vida.

-La molécula ATP no puede faltar al sistema; pero ella por sí sola no puede ser útil, pues la energía que contiene se gasta; durando apenas dos segundos.

-La adenosina tampoco puede faltar al sistema; es parte integral del ATP; sin embargo, ella sola no resulta útil para nada, no ejercería ninguna función.

-La ribosa [azúcar], es vital en el sistema; parte integral de ATP. Mas individualmente sería inútil en cualquier paso evolutivo del motor ATP, no jugaría ningún papel.

-Los fosfatos no pueden faltar en el motor; pero por sí solos no harían nada en esta fábrica energética. No resultaría nada eficiente en un hipotético proceso evolutivo del motor ATP.

-La enzima ATP sintetasa, la válvula reguladora, es parte del sistema; sin embargo, por sí sola no sería útil, pues depende del resto de elementos para funcionar. [Los 3 hidrógenos que la hacen moverse como un rehilete, la molécula ATP, y los fosfatos.]

Es decir, no importa lo que se pretenda hacer ver: lo que se ha escrito aquí, es la realidad de lo que ocurre dentro de esa microscópica maravilla motorizada producto de un diseño, un cálculo, una instrucción, un código, y un programa… ninguno de los cuales nadie ha visto jamás surgir por si solos, sin un agente externo intelectivo que los genere.

Según instuyó Darwin, el conjunto conforma un complejo irreductible, donde, la hipotética evolución sistemática de los elementos que lo componen, resulta incapaz de explicar el funcionamiento individual de cada una de sus partes.


**********


EVOLUCIÓN: MOTORES QUE SE HICIERON SOLOS [I]

septiembre 26, 2008

Razonando sobre la teoría evolutiva, se llega a la conclusión de que los líderes e investigadores del conjunto ortodoxo darwinista, en línea mayoritariamente general, se desempeñan en una filosofía conceptual que, en lugar de ir, desde la evidencia hacia la explicación, intentan con sus explicaciones desvirtuar toda evidencia en su contra; es decir, los defensores evolutivos, cerrados al raciocinio de los contundentes datos negadores de la teoría de Darwin, que la Ciencia está poniendo a su alcance con el ADN, presuponen aquello mismo que pretenden justificar, dándolo como hecho probado, aunque no existe tal prueba, y aunque todos los datos científicamente reales conspiren en su contra.

Si analizamos detenidamente su concepto de desarrollo de la complejidad del cerebro, por ejemplo, intentando presentarlo como un proceso normal de casualidades aleatorias que fueron surgiendo sin detenerse, constante y espontáneamente durante eones de tiempo, nos damos cuenta que la abundante correspondencia de ese órgano, con la mayoría de las funciones del cuerpo humano, no puede ser explicada en términos evolutivos, ni satisfacer la demanda de conocimiento científico, sin que aparezca realmente como una respuesta ‘evolucionadamente’ miope. Por sí sola, tal cual aparecen sus comentarios, es imposible tal evolución; sobre eso saldrá un artículo en breve tiempo, en este blog.

La estadística nacida de la realidad, dicta que una casualidad en sí misma, por definición, es una combinación de circunstancias que no se pueden prever ni evitar… sin rumbo ni orden. O sea, el propio concepto de lo casuístico, le presenta como algo fortuito y desordenado… sin dirección reguladora. Sin embargo, todas las funciones de cada órgano, ya sean vitales o no vitales, aparecen visiblemente inscritas y codificadas antes en el genoma: diseño, programa y control. Aun así, el investigador evolucionista opta por una contradicción acientífica, chocando contra lo que se observa en los laboratorios, negando las evidencias.

El concepto primario de los evolucionistas, evita profundizar en los detalles que les contradicen; los evaden con la misma ligereza con qué se cambia la dirección cuando un pantano aparece frente a nuestros pasos. Por ejemplo, tienen enciclopedias llenas de especies en transición, y hasta crearon un hipotético árbol sin raíces, [Patente exclusiva Darwin]; ninguna otra Ciencia se ha decantado por una irreflexión como esa, pero son incapaces de explicar, por ejemplo, cómo actuó su ‘selección natural’, seleccionando que unas especies fueran monógamas, mientras otras son polígamas… o incluso asexuadas.

El ineludible resultado de frecuentar esos caminos, es que muchas veces se tiene que escoger entre las funciones de proyectos puntuales, y una restricción de opciones que aparentemente surgen de la nada [la explosión biológica de esa etapa no conocida por nadie, a la que llamaron ‘cámbrico’], pues todas las evidencias fósiles sitúan seres sin estados intermedios, con órganos perfectamente conformados, como los ‘trilobites’ de cuerpos segmentados, sistema nervioso cefalizado, con apéndices articulados y pleódopos, antenas, y ojos con un preciso sistema de lentes compuestos, prácticamente iguales a los de sus homólogos actuales: ciertos insectos y crustáceos que hoy mueven sus cuerpecitos por doquier.

Es decir, para algunas cosas lograron encontrar respuestas… y para otras también; pero siempre desde el desarrollado olfato que solo ellos poseen, adivinando la sabia intervención de la selección natural, y variando un mismo concepto al este, al oeste, al norte o al sur según lo establezca la necesidad del tambaleante crédito científico imprescindible para persistir.

Y la tesis neodarwinista afirma luego que este principio de conducta teórica, basta en sí misma para explicar todas las formas vivientes y sus intrincadas relaciones. Se auto agencian un rol totalitario y difícil: el de proteger su irracionalidad científica, de cualquier contexto que les demuestre que sus caminos no son más que laberintos de contradicción.

En fin, como decían nuestros abuelos: ‘Con estos bueyes hay que arar’… yo agregaría: hasta que surjan los sustitutos necesarios.

Pero la alternativa creacionista, está imponiendo otro curso a la historia, a partir de los propios descubrimientos ADN, de los poderosos adelantos tecnológicos, y de las cada vez más incongruentes respuestas evolucionistas, que no satisfacen dudas inevitables. Viene pisando cada vez más fuerte, desde el mundo de la microbiología: la biología molecular, como se conoce en los medios científicos.

El Doctorado en Bioquímica, Michael Behe, hoy propugnador del diseño inteligente, y ayer alumno de brillantes profesores evolutivos, fue devoto seguidor darwinista, hasta que la razón se impuso sobre la fragilidad teórica que impugnaban sus propios resultados de laboratorios. Profesor de bioquímica en la Lehigh University, Pennsylvania, y un ‘Senior Fellow’ del Centro para la Ciencia y la Cultura, del Discovery Institute, defiende la idea de unas estructuras demasiado complejas a nivel bioquímico para ser explicadas como el resultado de mecanismos de evolución. Él fue quien desarrollo el concepto de “Complejidad irreducible” (irreducible complexity).

Lógicamente, las ideas de Behe sobre diseño inteligente han sido rechazadas por los que controlan la censura en la comunidad científica y han sido categorizadas como pseudo ciencia por los enemigos de la Verdad. No obstante, como su lectura es gratis, y pese al despotrique que desde ya sé que recibiré por este artículo, les propongo que analicen su postulado, a la luz del raciocinio libre de influencias filosóficas o religiosas, y que decidan desde vuestro interior, cuánto de cierto puede o no haber en su investigación.

Su postura en realidad cambió cuando leyó el libro: ‘Evolución: una Teoría en Crisis’, del genetista australiano Michael Denton, quién expuso copiosos argumentos obtenidos del análisis de laboratorios, que negaban los planteamientos evolucionistas. Ya Behe había hecho su doctorado para aquel entonces… ¡y ni siquiera había oído hablar de esos nuevos reportes de la Ciencia! Así funciona la censura a niveles académicos, cuando los seguidores de Darwin tienen el control… ¡Cómo me recuerdan a la Rusia de Stalin!

Pero, les propongo algo honesto: desglosaré este artículo en más de uno [no sé si será suficiente con dos, por la cantidad de información existente]; primero expondré el planteamiento creacionista de Behe, y más tarde el de un especialista evolutivo, de prestigio reconocido: el Doctor Howard Berg [Harvard], el mayor conocedor de la constitución del flagelo y su termodinámica. Veamos el desarrollo:

En el siglo XIX, en plena era darwinista, los científicos creían que la base de la vida, la célula, era un simple glóbulo de protoplasma, una ínfima porción gelatinosa, algo no difícil de explicar; pero, en la última mitad del siglo XX, la irrupción de la genética en el mundo científico puso todos los conceptos patas arriba, transformándolos de forma monumental. En la actualidad, con el incremento tecnológico, los potentes instrumentos revelan los complejos y precisos mundos microscópicos. Por ej., en un simple dedal de costurera, con solo unos pocos centilitros de cultivo líquido, pueden habitar más de 4000 millones de bacterias; cada una de ellas conteniendo innumerables circuitos biológicos, instrucciones de ensamblaje para cada una de las proteínas que las componen y perfectas máquinas de nivel infinitesimal, que Darwin jamás pudo ni siquiera imaginar.

En esa base de la vida celular, han sido descubiertas verdaderos transportes moleculares que acarrean suministros de un lugar a otro de la célula; algunos, cuyo nivel de tecnología les exime incluso de una central energética, pues capturan energía de la luz solar, revirtiéndola en trabajo: su metabolismo interno y movimiento por flagelos.

Hay tantas máquinas de este tipo, como funciones necesarias. Los sentidos: vista, oído, olfato, tacto, gusto, tacto, la coagulación de la sangre, los latidos del corazón, la respiración, la respuesta inmunológica… todo acto biológico implica una inconmensurable multitud de ‘carros’ actuando en verdadero orden, cada uno moviéndose en la dirección adecuada, respondiendo exactamente a la maniobra y operatoria para la cual fue diseñada.

Al verse estos vehículos microbiológicos y preguntarse de dónde vienen esas maravillas, las respuestas fundadas en fósiles que convencieron a algunos, resultan aquí totalmente inadecuadas. Y si nos fijamos con atención en una de ellas, el flagelo bacteriano, vemos que resulta una copia casi exacta a los motores fuera de borda que usan las lanchas.

Al igual que a nadie se le ocurre decir lo contrario sobre un motor fuera de borda, por ningún lado se evidencia posición aleatoria de piezas colocadas al azar, sino un diseño inteligente: cada cosa en su sitio, cumpliendo su función. Si solo una falla, todo el sistema deja de ser efectivo y la bacteria queda condenada a una silla de ruedas microscópica, que la selección natural no le facilitaría, prefiriendo ‘quitarla del medio’. Y esa es la verdad descrita en los laboratorios… aunque los especialistas en bacterias, los defensores evolutivos, decidan ocultar esos ingenios a la sociedad.

Cada uno de los motores moleculares que impulsan a las bacterias, depende de un servosistema biológico, constituido por piezas mecánicas, intrincadamente dispuestas. Y no son ensoñaciones teóricas sobre ‘algo posible’, sino un proceso perfectamente visto en laboratorios, con lentes adecuadas que logran ampliar 50000 veces un objetivo dado.

Los bioquímicos han empleado fotos, micrografías electrónicas, para identificar las piezas y la estructura en 3ª dimensión, del ‘motor’ que mueve al flagelo bacteriano, desvelando una perfecta maravilla de ingeniería, invisible para un ojo humano sin ayuda apropiada. Incluso el mayor conocedor de la química y la actividad del flagelo, el Dr. Berg, le bautizó como la máquina más eficiente del universo. Algunos llegan a mover sus ‘hélices’ a cien mil revoluciones por minuto, [6000 a 100000] con una conexión fija, mecánica, acoplados a un sistema transductor: ¡Un detector de señales de origen proteico!

Con este ingenioso sistema incorporado, recibe información sobre determinadas acciones externas, y las transmite adecuadamente. Son tan perfectas, están tan bien diseñadas, que incluso girando a la velocidad descrita, son capaces de detenerse en seco; en un segundo se ponen de nuevo en marcha, a la misma velocidad anterior, en la dirección más conveniente, según los datos recibidos de su ‘radar’.

En síntesis, el flagelo bacteriano posee un motor de dos marchas: adelante y atrás; además de un sistema de refrigeración por agua, movido en unos casos por energía protónica [H+], y en otros por iones de sodio [Na+], según la especie de bacteria de la que se trate, dándose la particularidad de un incremento de velocidad de giro, 5 veces mayor, en el caso de la propulsión por sodio. Como los dinamos de diseño ingeniero, consta de un estator, un rotor, una articulación en U para incorporar al flagelo, un eje propulsor y una hélice. Funciona igual que las distintas piezas acopladas en un motor fuera de borda convencional.

Y aquí entramos en el concepto de ‘Complejidad Irreductible’, planteado por Behe, que crispó la colmena académica evolutiva. Básicamente, la experiencia de laboratorio dicta que la bacteria posee una multiplicidad de piezas, con las que se compone cualquier elemento o sistema dado en una célula… cada uno vital para la función celular. Si falla o se elimina una pieza, todo el sistema de la célula deja de funcionar.

El concepto de ‘Complejidad Irreductible’, puede verse mejor mediante un sencillo, pero contundente simil no biológico: una lanchita de juguete, de esas que algunos niños llevan a las fuentes, las más sencillas y baratas. Se fundamentan en 5 piezas: el chasis, una hélice, una pequeña caja de velocidad de dos piñones, un eje, y un fleje de acero enrrollado: la cuerda que proporcionrá la energía necesaria. Si cualquiera de estas 5 piezas falla, el juguete no navegará.

Y este mismo principio se cumple en el ‘motor’ que mueve al flagelo bacteriano… solo que ese motor, ante microscopio, consta de unas 40 piezas proteínicas diferentes, imprescindibles para que esta precisa maquinaria funcione; si una sola de ellas falla, estaremos ante un flagelo no funcional.

O sea, que en términos evolutivos, habría que explicar cómo se puede montar este complicado engranaje de forma gradual, si se ve que ninguna pieza por sí sola tiene función. Dicho de otra forma, desde la casuística evolutiva, en la que se necesitan cientos o miles de años entre procesos, ¿por qué un primario estator inútil no fue desechado por la selección natural… o un rotor, o el eje, o cualquiera de las 40 piezas que surgiera?

Ese es el principio lógico de la Complejidad Irreductible, planteada por el Dr. Behe, que niega el proceso evolutivo. Darwin, incluso cita aquellos órganos como ojo, oído, corazón, de estructuras complejas, han sido constituidos gradualmente, en el largo período de miles de millones de años, mediante pequeños incrementos. También dice que la selección natural solo triunfa si los cambios aleatorios que se producen, generan alguna ventaja a un organismo, en su lucha por sobrevivir en una población y ambiente determinados; lo define textualmente en su página 105: “… la selección natural está examinando las más ligeras variaciones… rechazando las malas, preservando y acumulando todas las buenas.”

Pero él jamás pensó en el ADN. Contradiciéndole, este revela que cada bacteria tiene inscritas y codificadas todas las instrucciones para elaborar las proteínas que le darán la forma adecuada; no en eones de tiempo, sino segundo a segundo, en un proceso sincrónico. Aunque se reproducen por duplicación, esta ocurre debido a la información inscrita en su ADN, que regula la síntesis proteica de su pared, el crecimiento bacteriano, la duplicación de su genoma, y la división en dos células.

La división empieza en el centro de la bacteria por una invaginación de la membrana citoplasmática; y la separación de las dos células va acompañada de la segregación en cada una de ellas de uno de los dos genomas que proviene de la duplicación del ADN materno… asegurando el futuro, y evidenciando que nada de lo que ocurre en su interior, motores de flagelos incluidos, ocurre por procesos evolutivos, sino gracias a los datos contenidos en su genoma.

Una información con datos codificados, observables a microscopio, para crear cada una de las proteínas necesarias, en cada una de las partes que conformaran esos maravillosos motores del flagelo, y todo el resto de la bacteria… datos que ya tuvieron que existir en las primeras bacterias, pues no hay forma científica de demostrar que una instrucción surja por sí sola, se inscriba por sí sola, ni se codifique a sí misma. Mucho menos, que el Programa que regula todas sus actividades haya nacido del azar.

Si se es científico, niéguense las barrabasadas y respétense el empirismo de la Ciencia.


**********


EVOLUCIÓN VS. EVOLUCIÓN (II)

agosto 12, 2008

Como continuación del anterior, en este artículo se podrá apreciar las profundas incongruencias que se aceptan dentro del mismo seno evolucionista. Veremos como Patterson sitúa con agudeza cada una de las irregularidades que él pudo ver durante sus muchos años entregados a la causa de Darwin. La cinta de audio original que dio lugar a esta transcripción la grabó Wayne Frair, profesor de Biología en The King’s College, Briarcliff Manor, New York. Estuvo sentado en la primera fila de la sala, frente al orador, y su grabadora jamás estuvo oculta.

TRANSCRIPCIÓN DE LA PONENCIA:

[— “Bien, Donn no ha mencionado el título:«Evolucionismo y Creacionismo». Y os diré que el título me lo sugirió Donn Rosen…Pero es cierto que durante los últimos dieciocho meses, más o menos, he estado dándole vueltas a ideas no evolucionistas e incluso antievolucionistas. Ahora bien, creo que en mi vida, hasta ahora, cuando me presentaba para hablar acerca de un tema, estaba confiado acerca de una cosa: ‘que sabía más del tema que nadie en la sala, porque lo había trabajado’.

Pero esta vez no es así. Estoy hablando de dos asuntos, evolucionismo y creacionismo, y creo que diré la verdad si digo que no sé nada en absoluto acerca de lo uno ni de lo otro. Ahora bien, una de las razones por las que comencé a adoptar este punto de vista antievolucionista… bueno, llamémoslo ‘no evolucionista’, fue que el año pasado, de repente me di cuenta de una cosa: Durante veinte años había creído que estaba trabajando acerca de la evolución en algún sentido; una mañana me desperté, y algo había sucedido durante la noche, y me vino repentinamente a la mente que había estado trabajando en este material durante veinte años, y que no había nada que supiese de ello.

Esta fue una fuerte sacudida, darme cuenta de que alguien puede andar engañado durante tanto tiempo. De modo que, o bien yo iba mal, o algo iba mal con la teoría evolucionista. Naturalmente, sé que yo no voy mal. De modo que durante las últimas semanas he intentado plantear una sencilla pregunta a diversas personas y grupos.

La pregunta es: ¿Me podéis decir cualquier cosa acerca de la evolución, cualquier cosa, que creáis que es cierta? He probado esta pregunta con el personal de geología en el Museo Field de Historia Natural, y la única respuesta que recibí fue el silencio. La probé con los miembros del Seminario de Morfología Evolucionista en la Universidad de Chicago, un grupo muy prestigioso de evolucionistas, y todo lo que conseguí allí fue el silencio durante mucho tiempo, y luego, al final, alguien dijo:

«Sí, yo sé una cosa. Que no se tendría que enseñar en los institutos». [risas]…

Bien, pasaré más tarde al tema de la convergencia, pero parece que el nivel de conocimiento respecto a la evolución es notablemente superficial. Sabemos que no se debería enseñar en los institutos, y quizá esto sea todo lo que sabemos acerca del tema.

Pero, como digresión, creo que conozco la solución a los problemas que ustedes tienen con el tema de la enseñanza en los institutos. Y la solución es tener una religión establecida que se enseñe en las escuelas. En Inglaterra tenemos una: la Iglesia de Inglaterra. Y los creacionistas no tienen nada qué hacer, no hay donde asirse. A los niños ya se les enseña creacionismo; no hay problema. Pero quizá aquí ya lleváis 200 años de retraso [risas] para tomar este camino.

De todos modos, no me estoy refiriendo a la controversia acerca de los institutos. Esto, creo yo, se llama el Grupo de Discusión de Sistemática, e intentaré hablar acerca de sistemática. De modo que quiero hablar sobre evolución y creacionismo en lo que son de aplicación a la sistemática. Y por cuanto se trata de un grupo de discusión, mi objetivo es solo ser lo suficientemente provocador para poner en marcha una discusión.

De modo que no estoy aquí para venderos tratados. En lugar de esto, usaré como texto para mi sermón un pasaje de este libro, la obra de Gillespie: Charles Darwin and the Problem of Creation, Chicago University Press, un libro maravilloso, en mi opinión. Lo he leído dos veces. Y quiero considerar la manera en la que estos dos puntos de vista alternativos acerca del mundo, el evolucionismo y el creacionismo, han afectado o pudieran afectar la sistemática y a los taxonomistas.

Bien, el libro de Gillespie es el intento de un historiador por explicar la cantidad de espacio que Darwin dedicó a combatir el argumento creacionista. Y Gillespie expone que lo que Darwin estaba haciendo era intentar sustituir el paradigma creacionista por un paradigma positivista, una visión del mundo en la que no hubiera ni lugar ni necesidad de causas finales. Y, naturalmente, Gillespie da por supuesto que Darwin y sus discípulos habían tenido éxito en esta tarea. Da por supuesto que una perspectiva racionalista de la naturaleza ha sustituido a otra irracional, y, naturalmente, yo mismo tenía este punto de vista, hasta hará como unos dieciocho meses.

Y luego me desperté, y comprendí que había pasado toda la vida embaucado y aceptando el evolucionismo, de algún modo, como una religión revelada. Desde mi nueva perspectiva, algunos de los comentarios de Gillespie acerca del creacionismo predarwinista me parecen notablemente idóneos, pero son idóneos, naturalmente, cuando los traspongo del período al que él se refiere, la década de 1850, a la actualidad, las décadas de 1970 y 1980.

Ahora, naturalmente, les debe parecer que estoy o bien errado o que actúo maliciosamente al sugerir que estas palabras se puedan aplicar a la teoría evolucionista. Pero espero poder mostrarles que hay algo en ello al menos por lo que se refiere a la sistemática. Gillespie dice primero que el creacionismo no puede ser una teoría directora de investigación, porque su poder explicativo es solo verbal.

Ahora bien, en la actualidad la evolución ciertamente parece ser una teoría directora de investigación. La mayoría de nosotros creemos que estamos trabajando en investigación evolutiva. Pero, ¿es acaso su poder explicativo algo más que verbal?

Aquellos de vosotros que estuvisteis en la reunión de Hennig en Ann Arbor el mes pasado podéis haber oído que tanto Ron Brady como yo, sin ningún acuerdo previo, citamos la misma declaración. La declaración era esta: «El valor explicativo de la hipótesis de la descendencia común es nulo». Y ambos atribuimos esta declaración al libro de E. S. Russell de 1916, Form and Function. Al pensar acerca de esto desde aquel entonces, me parece que el efecto de las hipótesis de descendencia común sobre la sistemática no ha sido meramente vacío; no solo una carencia de conocimiento… me parece que ha sido positivamente anticonocimiento…

Gillespie dice también que el creacionismo es una antiteoría, un vacío que tiene la función de conocimiento pero que no comunica ninguno. Y bien, ¿qué hay de la evolución? Desde luego, tiene la función de conocimiento, ¿pero ha comunicado alguno? Regresamos a la pregunta que he estado planteando: « ¿Hay algo que me podáis decir sobre la evolución?» Y la ausencia de respuesta sugiere que es cierto, que la evolución no comunica ningún conocimiento, o, que si lo comunica, todavía no lo he oído.

Y aquí estamos todos, y nuestras estanterías llenas de libros sobre evolución; hemos leído toneladas de ellos, y la mayoría de nosotros hemos escrito uno o dos. ¿Cómo puede ser que hayamos leído estos libros y que no hayamos aprendido nada gracias a ellos? ¿Y cómo he podido yo trabajar acerca de la evolución durante veinte años, y no he aprendido nada de ello? El comentario de Gillespie, «un vacío que tiene la función de conocimiento pero que no comunica ninguno», me parece muy preciso, muy idóneo.

En la sistemática hay fragmentos de conocimiento evolucionista de los que están repletos nuestras cabezas, desde declaraciones generales, como que los eucariotas evolucionaron a partir de los procariotas o que los vertebrados evolucionaron a partir de los invertebrados, hasta llegar a otras declaraciones más específicas como que el hombre evolucionó a partir de los simios. Me imagino que ahora este grupo comprenda que estas declaraciones se ajustan exactamente a la descripción de Gillespie: vacíos que tienen la función de conocimiento, pero que no comunican ninguno.

Debido a que cuando analizo todas estas afirmaciones que dicen que aquí hay un grupo, un verdadero grupo con características: eucariotas, vertebrados, Homo sapiens… lo que sea, y que en oposición al mismo hay un no-grupo: procariotas, invertebrados, simios… estas son abstracciones que no tienen características propias. No tienen existencia en la naturaleza, y por ello no pueden en modo alguno comunicar conocimiento, aunque parece que así sea cuando se oyen estas declaraciones por primera vez.

Así que, en general, estoy tratando de sugerir dos temas. El primero es que me parece que ha llegado a ser muy difícil distinguir entre el evolucionismo y el creacionismo, en particular en los últimos tiempos. Acabo de mostrar como la virulenta crítica de Gillespie contra el creacionismo me parece que es, tal como pienso, aplicable al evolucionismo; señal de que ambas cosas son muy similares.

…Vale. Bien, Gillespie habla sobre el creacionismo en la década de 1850. Dice: «… con frecuencia, los que mantenían ideas creacionistas podían alegar ignorancia acerca de los medios y afirmar solo el hecho». Esto parece resumir la sensación que tengo al hablar con los evolucionistas en la actualidad. Alegan ignorar los medios de transformación, pero afirman solamente el hecho: «Sí que ha sucedido… sabemos que ha tenido lugar». De nuevo, parece difícil de distinguir entre ambos puntos de vista.

Aquí tenemos otro par de citas de Gillespie [sobre Creación]. Dice… «…la supuesta credibilidad de la teoría era meramente el resultado de la familiaridad…». Y esta es la segunda cita: «Demasiado del contenido de la vieja ciencia era resultado de una intuición que en principio no era verificable ni directa ni indirectamente».

Ahora bien, estas dos citas, a mi entender, tienen un eco familiar. Oímos constantemente esta clase de cosas en teoría evolucionista, en estos tiempos. Pero aquí tenemos otra cita más, acerca de la cambiante visión del mundo asociada con la extensión del pensamiento evolucionista en la década de 1860:

‘Así como la ciencia cambió de un fundamento teológico a un fundamento positivo, así la religión…entre muchos científicos y laicos influidos por la ciencia, cambió de religión como conocimiento a religión como fe.

Bien, creo que muchos de los presentes reconoceréis que durante los últimos pocos años, si habéis reflexionado acerca de esto en absoluto, habéis experimentado un giro desde la evolución como conocimiento a evolución como fe. Sé que esto es cierto en mi caso, y creo que es cierto en muchos de vosotros aquí.

De modo que este es mi primer tema. Que la evolución y el creacionismo siguen mostrando unos notables paralelismos. Son más y más difíciles de distinguir. Y el segundo tema es que la evolución no solo no comunica ningún conocimiento, sino que de alguna manera parece comunicar anticonocimiento, un conocimiento aparente que es en realidad perjudicial para la sistemática.

Quiero ilustrar esto con un par de parábolas. Ahora bien, estas dos parábolas se refieren a un diagrama que espero os será inmediatamente familiar. Aquí es lo que parece [dibuja en la pizarra]. ¿Lo reconocéis? Es un diagrama que Ernst Mayr ha empleado en sus repetidas explicaciones del verdadero método en sistemática evolutiva.

Mi primera versión del diagrama, la primera parábola, se parece a esto. Es la versión publicada en Science la semana pasada; las marcas en las líneas son autapomorfías de A, B y C, excepto por esta, que es una sinapomorfia de B y C. En el artículo de Mayr en Science de la semana pasada, C es el hombre, B es el chimpancé, nuestro grupo hermano según Mayr, y A no se designa, pero supondré que es el gorila. Creo que no cometo una injusticia contra él al suponerlo. Ahora bien, esto es lo que dice Mayr:

‘La principal diferencia entre los cladistas y los taxónomos evolutivos… reside en el tratamiento de los caracteres autapomorfos. En lugar de asignar automáticamente a grupos hermanos el mismo rango, el taxónomo evolutivo los clasifica considerando el peso relativo de sus autapomorfías…’

Y luego se refiere a este diagrama. Y continúa:

… una de las autapomorfías notables en el hombre [en comparación con su grupo hermano, el chimpancé], es la posesión del centro de Broca en el cerebro, un carácter que está estrechamente correlacionado con la capacidad de habla del hombre. Este solo carácter tiene para la mayoría de los taxónomos mucho más peso que diversas sinapomorfías entre hombres y simios. La particular importancia de las autapomorfías es que reflejan la ocupación de nuevos nichos y de nuevas zonas adaptivas que pueden tener más significación biológica que las sinapomorfías.

…Aquí termina la cita.

Bien, hay varias cosas que se podrían decir acerca de esta declaración, pero no todas ellas serían corteses, así que me limitaré a señalar que tanto la declaración como el diagrama tienen la intención de implicar un conocimiento de evolución…

Cuando leí por primera vez este pasaje en Science me recordó inmediatamente un episodio en la historia de la evolución que muchos podréis recordar, algo que se llegó a conocer como «La Gran Cuestión del Hipocampo», registrada en la novela ficción para niños, de Charles Kingsley: The Water Babies [Los niños del agua]. Algo que en realidad, creó una controversia que se mantuvo entre 1861 y 1862 entre Richard Owen y T. H. Huxley.

Richard Owen era creacionista y T. H. Huxley era evolucionista. Owen, el creacionista, insistía en que el hombre era bien distinto de los simios, y que no podía estar relacionado con ellos por descendencia ni por ninguna otra vinculación física porque el cerebro del hombre contenía un cierto centro, el hipocampo, del que carecían los simios. Y T. H. Huxley insistía en que el hombre estaba relacionado con los simios porque el cerebro de los simios, según el decía, contenía un centro homólogo al hipocampo.

Y aquí estamos 120 años después, y tenemos a Ernst Mayr, el evolucionista, que insiste en que el hombre es bien distinto de los simios porque el cerebro humano contiene un cierto centro, el centro de Broca, que está ausente en los simios. Mayr incluso procede a citar a Julian Huxley, nieto de T. H. Huxley, y con alguna aprobación, y su reino Psicozoa —si recuerdan esto. Todo comienza a sonar muy familiar, ¿no?

Pero observemos cómo se han invertido los papeles. El papel de Owen, el creacionista, el hipocampo, es ahora recogido por Mayr, el evolucionista, el centro de Broca. Y el papel de T. H. Huxley, el evolucionista, es ahora recogido por los cladistas, que la mayoría de la gente ahora cita como antievolucionistas; muchos lo hacen.

Bev Halstead, que estoy seguro que no necesita que se le presente aquí, ha publicado un artículo titulado «In Bed with the Creationists» [En la cama con los creacionistas], en el que me llama «devoto discípulo de Sir Richard Owen». Pues que así sea. La rueda ha dado toda la vuelta. El evolucionista está ahora defendiendo precisamente la posición del creacionista hace 120 años: el centro de Broca es igual al hipocampo.

Ahora bien, esta parábola refuerza el argumento que he estado presentando antes, que es difícil distinguir en la actualidad entre evolucionistas y creacionistas. Y quiero usarla para exponer otro argumento acerca de que la evolución es una antiteoría que comunica anticonocimiento, y es dañina para la sistemática.

Contemplemos qué es lo que Mayr recomienda: ‘que se mantenga al hombre en un taxón de rango superior, distinto de los simios’. Y contemplemos qué es lo que le impulsa a esta recomendación. Es su aparente conocimiento de la evolución, el hecho de que el hombre ha evolucionado a una velocidad excepcional, que ha invadido una nueva zona adaptiva, etcétera, etcétera. Y estos hechos evolutivos justifican un taxón de rango más elevado. Y luego contemplemos la consecuencia de su recomendación: el hombre es trasladado a un taxón de alto rango, y los simios quedan como un grupo parafilético, un grupo sin caracteres, y por ello sin individualidad ni realidad, y por ello una abstracción que queda más allá de la crítica.

Y entonces, ¿qué puede uno decir? Que el hombre evolucionó de los simios. Me parece que aquí tenemos otra declaración que tiene la apariencia de conocimiento, pero que de hecho no contiene ninguno, que se trata de una pieza de anticonocimiento derivada de la teoría evolucionista. Pero en lugar de comentar más acerca de esto, citaré lo que T. H. Huxley [evolucionista] dijo de Owen [creacionista] en 1861, referido de nuevo a la cuestión del hipocampo. Huxley escribió a Hooker, el 27 de abril de 1861.

«No creo que en toda la historia de la ciencia tengamos el caso de ningún hombre de reputación que se ponga en una posición tan despreciable.»

Bien, ahora pasaré a la segunda parábola, de nuevo en este mismo diagrama; pero querría que penséis acerca de la forma en que Ernst Mayr lo usó ya antes en su libro de 1969, y en su artículo de 1974 sobre sistemática. En aquel entonces se parecía a esto [dibuja en la pizarra], y había algunas cifras aquí: 15%, 10%… no puedo recordar la otra…70%. Así es como Mayr trataba de introducir alguna precisión en la sistemática evolutiva…

… En el primer ejemplo, los cocodrilos y las aves y los reptiles, predice que la proporción de genotipo que comparten C, el cocodrilo, y B, la víbora, será mayor que la proporción que comparten C, el cocodrilo, y D, el ave. De modo que predice que en términos de genotipo compartido, BC será mayor que CD, ¿Vale? Ahora observemos que Mayr está demostrando el poder explicativo aquí de una hipótesis de descendencia común, algo que yo he sugerido que tenía un poder explicativo nulo.

También está manifestando un conocimiento de evolución. Correcto. Aquí tenemos una teoría que hace una predicción. Podemos someterla a ensayo. El mes pasado en Ann Arbor, un estudiante de Morris Goodman me dio las secuencias aminoácidas para la alfa y la beta-hemoglobina de tres cocodrilianos: un caimán, el cocodrilo del Nilo y el aligator del Mississippi. Ya conocíamos las secuencias del alfa- y la beta-hemoglobina de dos aves —una gallina y una oca— pero el problema es encontrar otros reptiles. Hasta donde yo sé, la única otra secuencia disponible, es la alfa-hemoglobina de una serpiente: la víbora.

Bien, el alfa-hemoglobina es una cadena de 143 aminoácidos [dibuja en la pizarra]. Esto es tres veces esto. La he escrito: 429 nucleótidos. Es una muestra muy pequeña del genotipo, pero al menos vale la pena probarla. Y se predice, por los aminoácidos comunes a B, víbora, C cocodrilo, y D gallina, que BC será mayor que CD.

Y aquí tenemos las proporciones que encontramos. BC: víbora-cocodrilo da 8 de 143: el mismo aminoácido en 8 de las 143 posiciones, un 5,6%. En la proporción CD: cocodrilo-ave, es 25 de 143, un 17,5%. Y la otra posibilidad BD: víbora-gallina, da 15 de 143, el 10,5%.

Aquí lo tenemos. La teoría hizo la predicción, nosotros la hemos sometido a ensayo, y la predicción ha quedado falsada de forma decisiva. CD: cocodrilo-ave, supera con creces a BC: víbora-cocodrilo, que debía ser mayor. El BC es pequeño, de modo que algo estaba mal con la predicción. Algo iba mal con la teoría. Pero, naturalmente, como todos sabemos, la falsación nunca es absoluta, porque uno nunca está seguro de lo que es falsado.

Y aquí vemos solo tres posibilidades. Primero, se han falsado los datos; hay algo que no funciona con el alfa-hemoglobina. Segundo, se ha falsado el diagrama; hay algo erróneo en el sistema de relaciones de las serpientes, aves y cocodrilos. Y tercero, se ha falsado el conocimiento que Mayr tiene de la evolución, bien sea la cuestión particular acerca de ritmos y zonas adaptivas, bien algo más general.

Bien, podemos comprobar uno de estos tres —los datos— tomando otra muestra del genoma. Conocemos la secuencia de mioglobina para un cocodrilo, dos aves incluyendo una gallina, y dos otros reptiles, un lagarto varánido y una tortuga. La mioglobina tiene mayor tamaño, con una longitud de 153 aminoácidos, una muestra ligeramente mayor del genoma. En este caso, B es un lagarto: el Varanus, C es el cocodrilo otra vez, y D es la gallina. Y esto para la mioglobina. Esta vez obtenemos BC, 16 de 135. Creo, sí… esto es el 10,5%. En CD, cocodrilo-ave, 13 de esto… el 8,5%. Y el tercero, BD, el lagarto-ave, es 16 de esto… otra vez el 10,5%.

Esta vez, ahora, la proporción BC: lagarto-cocodrilo, es mayor que la CD: cocodrilo-gallina, ligeramente mayor, como Mayr había predicho. Pero… un momento, ¿qué ha pasado aquí? ¿Qué es este BD? [lagarto-gallina]. Esta tendría que ser de lejos la menor proporción del genoma; pero es exactamente la misma que BC [lagarto-cocodrilo]. Algo ha vuelto a funcionar mal. Y, de nuevo, hay las tres posibilidades. ¿Son los datos? ¿Será el diagrama? ¿O es la teoría?…

Bien, comprobemos ahora con una tortuga, con la mioglobina de la tortuga. Esta vez, B es tortuga, C el cocodrilo otra vez, y D es la gallina. Y estas son cifras para la mioglobina. Y esta vez lo que tenemos es… no me preocuparé con las cifras. Pondré solo los porcentajes.
BC [tortuga-cocodrilo] es 11,8% [comentario ininteligible], CD [cocodrilo-gallina] es 5,2%, y BD, [tortuga-ave], es 5,9%

Ahora nos estamos acercando a lo que Mayr esperaba. BC es aquí mucho mayor que CD. Pero, una vez más, tenemos otro problema. La porción BD, ave-tortuga, que debería ser pequeña, es en realidad mayor que CD. De modo que, una vez más, hay algo que no funciona. Bien, los datos sugieren un diagrama diferente. Sugieren uno como éste, donde B y C van juntas, y D está separada. Lo siento, me estoy perdiendo…

…Hay dos cosas que podríamos hacer. Una es aceptar la presuposición de Mayr de que los reptiles constituyen un grupo, y sumar los datos y promediar. Si se añaden las tres clases de Bs —la tortuga, la víbora y el lagarto— y tres clases de cocodrilianos, y tres clases de gallinas, las tres sumas son: BC: cocodrilo-lagarto, arroja 27,9, CD: cocodrilo-gallina, arroja 30,9, y BD: tortuga-ave, da 26,9. ¡Son virtualmente idénticas! Sólo un maniático de la parsimonia intentaría distinguir entre esas cifras. Todo es lo mismo, y el diagrama que nos dan es éste, la tricotomía… pues bien, esto no es muy informativo.

…Entonces, ¿qué hacemos? Bien, probaré otro más de estos juegos y luego lo dejaré. Como he dicho, no tenemos más secuencias de reptiles, pero tenemos abundancia de secuencias de mamíferos. Así que, probemos con los mamíferos. Creo que si fuésemos a disponer los mamíferos con las aves y los cocodrilianos en el diagrama de Mayr, de nuevo, no seré injusto con él si supongo que el diagrama sería así: B será un mamífero, y C: el ancestro común. Los mamíferos han divergido muy lejos en una dirección, los cocodrilianos se han apartado un poco en la otra, y las aves se han alejado mucho de esta manera…Vale: B es el hombre, C es un cocodrilo y D es otra vez la gallina. Y si usamos los datos del alfa-hemoglobina, lo que obtenemos es esto: BC, hombre-cocodrilo: 7,7%; CD: cocodrilo-ave, 7,7%. BD: hombre-ave:14,7%.

¿Qué diantre está pasando aquí? Hombre-cocodrilo debe ser menor que Cocodrilo-gallina, si el diagrama es aproximadamente correcto; pero ambos son iguales. Por otra parte, BD: hombre-gallina, debía ser el más pequeño de todos, [según árbol filogenético, ambos están a millas de distancia]… ¡pero da que es el mayor! Obviamente, algo va mal.

Bien, no sé que haría un evolucionista con esto, pero me lo imagino. Si pregunto a la gente sobre la evolución, la única respuesta que recibo es: «Hay convergencia por todas partes». Y estoy bien seguro de que tomarían esto como un ejemplo de convergencia y que volverían a dibujar el diagrama. Después de todo, las aves y los mamíferos han convergido adentro de la zona adaptiva endotérmica. Estos datos de la hemoglobina podrían estar dándonos otro ejemplo de convergencia. Pero no vale. Porque aquí las proporciones del genotipo hombre-cocodrilo y cocodrilo-gallina, son iguales.

…De modo que, después de todo, esta cuestión parece ciertamente irresoluble. Hay alguna otra cosa que puedo hacer con esto. Estos datos nos dan un diagrama. No es el diagrama que aparece aquí. Dice que aves y mamíferos van juntos, y que los cocodrilos y lagartos forman un grupo. De modo que podemos seguir la sugerencia de Gary y combinar los cladogramas y añadir los mamíferos aquí. Y este es el cladograma que conseguimos después de tanto jugar.

¿Os gusta más? No, seguro que no. Así, entonces, ¿qué haremos? Bien, por suerte no tengo que seguir haciendo estas preguntas retóricas, porque estoy hablando del ejemplo de Mayr, y sé lo que él hizo. Recordaréis que Mayr publicó su diagrama original refiriéndose a las proporciones de genoma en 1974, cuando había muy pocas muestras disponibles de genoma, en forma de secuencias de proteína o aminoácidos, o de ácido nucleico. Y los dos ejemplos que presentó como ajustándose a su ejemplo eran aves y cocodrilianos, y de hombres y simios. Bien, desde 1974 hemos conseguido una abundancia de muestras del genoma de los hombres y de los simios, y, lejos de ajustarse a este esquema, todos decían lo mismo: que chimpancés y humanos difieren en menos del 1% del genoma. De modo que la predicción de Mayr quedó falsada aquí.

Como ya he dicho, la falsación nunca es absoluta, y en este caso he sugerido que hay tres cosas posibles que pueden ser falsas: los datos del genoma, el diagrama, o las afirmaciones acerca de la evolución. Bien, por lo que respecta a hombres y a simios, Mayr sigue creyendo el diagrama, y sigue creyendo que tiene conocimiento acerca de la evolución, de modo que lo único que puede estar en un error son los datos. De modo que abandonó el genoma y volvió a la morfología —y así la semana pasada volvimos a tener planteada de nuevo la cuestión del centro de Broca y del hipocampo, o su equivalente moderno.

De modo que aquí hay dos observaciones: La primera trata de otro de los paralelos entre evolucionismo y creacionismo. En 1974, Mayr apeló al genotipo como la clave del efectivo conocimiento. Y en aquel tiempo el genotipo seguía siendo un gran misterio. Ahora que tenemos muestras del genotipo, oriundas de una amplia variedad de organismos, ya no es tan misterioso entonces se abandona, y se propone un nuevo misterio, el centro de Broca, y aquella larga lista de autapomorfías no especificadas del hombre. Parece que lo mismo que los creacionistas… los evolucionistas son proclives a apelar al misterio.

La segunda observación es mucho más importante: sobre los niveles en los que podemos investigar caracteres en sistemática. El nivel tradicional es la morfología, y todos estamos muy familiarizados con la morfología. Nos sentimos cómodos con los datos morfológicos y competentes para manejarla, pese a su complejidad. Tenemos una buena comprensión de lo que significa la homología a un nivel morfológico, y tenemos las transformaciones de la ontogenia como guía para ordenar los caracteres en series de transformación.

Bien, allá por 1978, Gary Nelson sugirió —lo cito—, que «el concepto de evolución es una extrapolación, o interpretación, del carácter ordenado de la ontogenia».

Farris: [gemido inarticulado]

Patterson: Hasta donde yo sepa, a nivel morfológico, esto sigue siendo cierto. Y como dijo Gary, es la ley de von Baer que la ontogenia va de lo general a lo particular, que está detrás de las transformaciones que invocamos en la morfología, y detrás de la jerarquía sistemática edificada sobre estos caracteres morfológicos.

Ahora bien, naturalmente, todos los caracteres —las transformaciones— que invocamos, no se observan directamente en la ontogenia, pero creo que encontraréis que cada transformación que se infiere es congruente con la ley de von Baer, con los caracteres ligados a la ley de von Baer. De modo que a nivel morfológico tenemos un sano concepto de homología y tenemos la ontogenia para ayudarnos a ordenar las homologías. La morfología, o, en los términos más generales, el fenotipo, es el nivel más elevado de investigación en sistemática.

El siguiente nivel más abajo es el nivel de los productos genéticos: las proteínas. Y aquí el concepto de homología se vuelve más indistinto. En primer lugar, tenemos el problema de la paralogía. La paralogía es lo que las personas que juegan con secuencias de proteínas llaman a la relación entre los productos de los genes que creen que son el resultado de duplicación genética. De modo que la paralogía es la versión molecular de la homología serial en morfología. La diferencia es que en morfología uno puede estar bastante seguro de que dos estructuras son homólogos seriales, porque se tiene una ontogenia en la que observar si realmente son duplicaciones o [ininteligible].

Pero, en el caso de las secuencias proteínicas y esta cuestión de paralogía y de una inferencia de duplicación genética, la duplicación genética se encuentra en algún punto en el pasado. No hay forma de investigarla. Y creo que a menudo se invoca la duplicación genética solo para arrinconar datos problemáticos.

De todos modos, cuando se comparan dos secuencias proteínicas como un todo, en lugar de aminoácido por aminoácido, para un biólogo molecular la homología es un concepto puramente estadístico. Se comparan las dos secuencias, y si las concordancias entre ellas superan ciertos ensayos estadísticos, son homólogas. Hace dos meses apareció un artículo de Doolittle en Science explicando este concepto.

Bien, tras haber decidido que dos secuencias son homólogas en general, luego se pueden alinear y compararlas posición por posición, y un emparejamiento en cualquier posición determinada —es decir, el aminoácido— es una homología a un nivel más ajustado. Pero aquí el problema es si el aminoácido es realmente el mismo; el «mismo» entre comillas. Ahora bien, debido a la redundancia del código genético, hay solo dos aminoácidos de los veinte, el triptófano y la metionina, que están codificados por un solo triplete. El resto están codificados por dos o más.

Así que solo hay dos aminoácidos únicos, según los tripletes que los codifican; y se trata de los aminoácidos más infrecuentes. Están en una proporción inferior al 2% de la secuencia promedio. Todos los demás aminoácidos están codificados por dos o más tripletes, de modo que a nivel de aminoácido, al nivel de proteína, al nivel de producto genético, nunca se puede tratar un emparejamiento, o difícilmente debe tratarse, como una homología al nivel del ADN. [Las proteínas son diferentes].

De modo que a nivel del producto genético, la homología se convierte en un concepto bastante vaporoso. Y también no tenemos ontogenia a nivel del producto genético que pueda servirnos de ayuda… que nos ayude a ordenar las homologías en las series de transformación. Ahora bien, yo solía pensar que debido a que no hay ontogenia en las proteínas, pero que sin embargo parece que necesitamos el concepto de transformación para ordenarlas, para ordenar las secuencias, que ellas proporcionaban alguna clase de prueba de evolución. Y ya no estoy más seguro de que esto sea así, porque las homologías que inferimos, y las transformaciones que inferimos al ordenarlas, quedan sujetas a esta incertidumbre debido a la ambigüedad del código genético.

De modo que las verdaderas homologías moleculares se han de buscar más abajo, al nivel del ADN. Bien, a nivel del ADN no conocemos prácticamente nada debido a que difícilmente haya datos en forma de secuencias que puedan alinearse y compararse.
Pero el sábado pasado, allí en Ann Arbor, tuve la gran suerte de encontrarme con Arnold Kluge, y de sonsacarle el primer conjunto de estos datos, de las secuencias de ADN. Se trata de ADN mitocondrial del hombre, del chimpancé, del gorila, del orangután y del gibón. Este trabajo lo realizaron Prager y Wilson y su grupo en Berkeley. Y las secuencias son de 896 nucleótidos cada una. De modo que tengo que volver a comenzar. Siento aburriros con todo esto, pero al final tiene su peso.

Aquí estoy refiriéndome al ADN mitocondrial. Tenemos 896 nucleótidos, y de estos, 612 son invariantes y el resto varían. Y este es el árbol más parsimonioso que el grupo de Berkeley consiguió con los datos. Voy a escribir cuáles son los animales. Voy a emplear letras para ahorrar tiempo. A es el hombre, B es el chimpancé, C es el gorila [comentario ininteligible], D es el orangután, y E es el gibón.
Y este es su árbol. Los números aquí son los acontecimientos evolutivos por linaje.

Farris: — Colin, este no es un árbol más parsimonioso, es un árbol de Fitch-Margoliash.

Patterson: — No lo es. Perdóname, pero lo describen, Steve. No lo es.

Farris: — Pero aquí tienes puntos decimales.

Patterson: — Entonces ellos no saben lo que están haciendo. Lo siento, no puedo disculparme por ellos, porque estoy seguro que ni se suponía que yo pudiera ver su manuscrito, pero hablan de esto, procesaron un programa de Fitch-Margoliash y lograron un árbol diferente; no importa. Éste es el árbol que ellos escogieron. Dejémoslo en esto.

Estas cantidades son acontecimientos evolutivos por linaje, y esto nos dice muchas cosas acerca de la evolución. Por ejemplo, dice que el gorila es el que ha evolucionado con más rapidez, el hombre con la menor. Dice que el ADN mitocondrial evoluciona alrededor de diez veces más deprisa que el ADN nuclear. Dice que las sustituciones silenciosas son varias veces más probables que las sustituciones de codificación, y este ha sido el resultado de cada comparación de secuenciación de ADN que se ha hecho hasta ahora. Vale. Esto es lo que los evolucionistas sacan de los datos…

…El último conjunto de caracteres —los que toman dos de entre los cinco. De nuevo, tenemos diez de ellos. No voy a detenerme a dar una lista de todos. Hay solo uno que dé una señal, DE. El resto de ellos están agrupados, sin ningunas diferencias distintivas entre ellos que yo pueda observar, y aquí la probabilidad según mis cálculos —lo siento, Steve—, es de 10 elevado a -17.

De modo que tal como yo comprendo estos datos, la información que tenemos ahí, es que hay dos grupos. Tenemos ABC, y luego DE, y juntos forman un grupo mayor, y esto es todo lo que dicen los datos. También dan una estimación de la cantidad de autapomorfías de cada grupo. Y si preferís esto como un cladograma, naturalmente que saldrá así: una tricotomía y una dicotomía.

Farris: — Pero esto es…

Patterson: — Ahora yo… supongo que Steve Farris no estará de acuerdo pero… [Interrupción en cinta]… datos. No hay ninguno más.

De modo que, ¿qué hay del árbol este y de las cifras sobre las ramas?
Bien, como ha dicho Steve, está producido por un programa; no proceden de los datos en modo alguno. De modo que supongo, y espero, que Steve no esté en desacuerdo, que proceden de maquillar los datos con la teoría evolucionista, con un programa que presupone que la evolución es cierta, y pide al ordenador que encuentre un árbol. De modo que mi pregunta sería: ¿De que nos habla el árbol? ¿Nos dice algo acerca de la naturaleza… o algo acerca de la teoría evolucionista?

Una última observación, a este nivel, el nivel del ADN, tenemos también el problema de la homología. ¿Qué significa la homología en términos de ADN? El procedimiento de alineación es el mismo que con las secuencias de proteína: algo puramente estadístico, pero debido a que en ADN tenemos solo cuatro posibles nucleótidos en cualquier posición, esperamos un emparejamiento de un 25% por el mero azar.

Y entre estas cinco especies estrechamente relacionadas tenemos una concordancia de solo un 70%. Esto deja un 45% de variación [70 – 25], para acomodar a todos los demás eucariotas. Me parece que el problema con la alineación de secuencias en el ADN, cuando comiencen a venir los datos, será extremadamente… [Aquí Patterson presenta la lógica dificultad de la recombinación de nucleótidos por azar, ante la inmensa cantidad de individuos eucariotas que quedan y las enormes cifras de datos imprescindibles para las secuencias proteicas pendientes]…

Voy a hablar acerca del efecto de introducir datos a través de un programa de generación de árboles. El creacionista hace una suposición: que hay algunos grupos en un conjunto de datos. El evolucionista, me parece, tiene que hacer otra suposición: que hay algunos grupos aquí, y que los agrupamientos nos dicen algo acerca de la historia de los grupos. [pausa]

Eldredge: — ¿Qué creacionista?

Patterson: — [ininteligible] ¿Perdón?

Eldredge: — ¿Qué creacionista?

Patterson: — Oh, no imp … vale, yo mismo.

MacIntyre: — ¿No te estarás refiriendo a Duane Gish?

Patterson: — No, no.

MacIntyre: — Ah, bien.

Patterson: — Me refiero a un taxonomista creacionista.

MacIntyre: — Oh.

Farris: — Duane Gish no hace ningunas suposiciones.

MacIntyre: — ¡Oh, sí que las hace!

Farris: — Oh, no…

Patterson: Me parece…

Farris: — Oh, no, todo está revelado.

Rosen: — ¡Giles!

MacIntyre: — Lo siento.

Patterson: — Me parece que puedo tratar los datos del ADN, y tomarlos todos como diciendo algo, pero solo encuentro dos señales en ellos. A fin de obtener un árbol de todo ello, tenemos que decir que algunos son datos buenos: los que nos dan esto, y que otros son datos malos: el material que te da esto, y el material que te da aquello. Resulta que en este caso el material que nos da DC y AB es más de dos veces en número que el material que nos da BC, que es lo preferido.

Ahora bien, ¿qué es lo que se está comparando aquí? Estas son todas identidades al nivel de los nucleótidos. Los que nos dan AB son identidades, y los que nos dan BC son identidades. Los que nos dan CA, son todas, identidades al nivel de los nucleótidos. Pero de alguna manera se nos [ininteligible] dice que algunas de estas identidades son realmente las mismas, y algunas de ellas no son las mismas, porque la teoría demanda esto. Me parece que esto es de algún modo carente de sentido.

Hay otro problema adicional con la homología al nivel del ADN, y es la cuestión de la paralogía, o duplicación inferida. Hay un problema similar, materializándose con el ADN. Hace un par de semanas, Roger Lewin publicó un escrito en Science acerca de genes de la globina. Y en el mismo se refirió a un modelo de ADN que está de moda entre los genetistas moleculares. Lo designó el modelo «Vesubio», y la sencilla descripción que del mismo hacen Roger Lewin y Gabriel Dover y otros como ellos, es que cada gene está constantemente bombardeando el resto del genoma con pseudogenes que son copias más o menos perfectas de sí mismo.

Ahora bien, si es así, y el modelo tiene fundamento empírico, entonces el problema de la paralogía, de la duplicación en los datos del ADN, es todavía más apremiante. A fin de poder realizar un secuenciado de ADN, se fragmenta el genoma y se clona un poco de lo que uno cree que es correcto, que uno puede conseguir. Y si realmente tenemos todos estos pseudogenes bombarderos por allí, no veo ninguna forma posible de saber si tenemos el correcto o no.

Bien, siento haberme extendido tanto sobre esto; la razón está en que, creo que dice algo acerca de la evolución. Hemos sostenido muchas disputas en los últimos años, sobre si la evolución es susceptible de ensayo; me refiero a la teoría general, a la descendencia con modificación: a que las especies son mutables y que están relacionadas por descendencia, y no a ninguna teoría específica acerca del mecanismo. Ahora bien, si la teoría general de la evolución es susceptible de ensayo, ha de tener alguna consecuencia que pueda confrontarse con la realidad. En otras palabras, tiene que hacer alguna predicción. Y hasta donde yo sepa, solo se ha propuesto una predicción razonable. Niles Eldredge [presente en esos momentos], lo exponía así en una carta a Science:

“Si la evolución es descendencia con modificación, tiene que resultar en una disposición jerárquica de organismos definidos por conjuntos anidados de novedades evolutivas. Esta es la grandiosa predicción de la evolución.”

Y luego, Niles sigue diciendo que sea cual sea el organismo que uno contemple, sean cuales sean los aspectos del mismo que se estudian, se encuentra la misma jerarquía. Y he oído este mismo argumento repetidas veces en reuniones: que realmente hay una jerarquía, que no hay jerarquía sin historia, y que por ello se cumple la predicción de la evolución.

Bien, lo primero que me impacta en todo esto, es que parece implicar que la evolución es una inferencia deductiva en base a la jerarquía de la sistemática, y que gente como Linneo, Cuvier, Agassiz, Johannes Muller, Hooker y muchos otros predarwinistas, eran meramente pensadores cortos de miras, y que no llegaron a ver la consecuencia necesaria de sus observaciones… y esto me parece improbable.

Lo segundo tiene que ver con la predicción: ‘cualquiera que sea el aspecto de los organismos que se contemplan, se halla la misma jerarquía.’ Bien, no todos parecen estar de acuerdo con esto. Aquí tenemos de nuevo a Ernst Mayr en Science la semana pasada:

“Diferentes tipos de caracteres: morfológicos, diferencias cromosómicas, genes de enzimas, genes reguladores y emparejamiento de ADN, pueden llevar a distintos agrupamientos. Disímiles etapas en ciclos vitales pueden también resultar en desiguales grupos.”

Y aquí tenemos a Arnold Kluge con la conclusión de su estudio cladista de los simios y de los hombres. Dice él que su estudio denota «una clara carencia de congruencia entre los datos moleculares y otros más tradicionales». Observemos que ambos dicen lo mismo: Mayr nos dice que los datos moleculares de cualquier nivel que se consideren no parecen concordar con la morfología, y Arnold Kluge está diciendo lo mismo.

Ahora bien, según Niles, la predicción de la evolución es que es jerarquía, y jerarquía congruente es lo que encontraremos sin importar qué aspecto de la especie estemos contemplando. Pero la experiencia de Mayr y de Arnold Kluge es que no existe tal congruencia. En particular, los datos moleculares son incongruentes con la morfología.
Bien, ¿es esto así? No estoy seguro, pero creo que hay otras señales de esto entre las secuencias de proteínas.

Por ejemplo, aquel cladograma de amniotas que estaba dibujando antes, es enormemente incongruente con todo lo que creemos saber acerca de la morfología. Ahora bien, tenemos cladogramas publicados de globina que muestran a las aves como el grupo hermano de los mamíferos, no de los cocodrilos, y las serpientes como el grupo hermano de todos los demás amniotas, y cosas semejantes. No importa entrar en detalles. Dejadme que plantee la cuestión al nivel más fundamental:

¿Cómo reconocemos la jerarquía? A nivel del fenotipo me parece que no tenemos ningún verdadero problema. Tenemos un concepto considerablemente racional de la homología, y estoy de acuerdo con Gary en que el principio organizador es la ontogenia y en particular la ley de von Baer. Y, como sugirió Gary, podemos analizar los datos fenotípicos de esta manera y conseguir una jerarquía mediante un método que no tiene implicaciones evolutivas en absoluto. Hay una historia en ella, pero la historia es ontogénica. La historia es lo que nos da la dirección en la ley de von Baer. Por ejemplo, no tenemos que inferir nada más acerca de la historia geológica.

De modo que, ¿qué hay acerca de este nivel molecular o del nivel de las secuencias proteínicas y del ADN? ¿Cómo reconocemos la jerarquía ahí? En primer lugar, el concepto de homología es mucho más vago a estos niveles, y no tenemos la ontogenia ni la ley de von Baer para guiarnos.
Ya sugerí, al comentar sobre los datos del ADN, que la jerarquía se reconoce maquillando los datos con teoría evolucionista. Se introducen en un programa basado en la teoría evolutiva, y así se consigue una jerarquía. ¿Serían jerárquicos los datos sin maquillarlos de este modo?

No lo sé; al nivel de secuencias proteínicas, donde yo he jugado mucho, mi impresión es que es reciamente jerárquico en unas pocas secuencias o cuando las hemos seleccionado, si se esté trabajando solo con cinco o seis problemas de taxones. Pero cuando se toma un gran conjunto de datos, como todas las mioglobinas disponibles en la actualidad, mi experiencia es que la jerarquía simplemente se desvanece a no ser que se fuerce maquillándola con teoría evolucionista.

Y respecto de a nivel del ADN, naturalmente, nadie lo sabe. Todo lo que tenemos por el momento es esto, estas cinco breves secuencias. Son jerárquicas hasta este punto, pero debido a este problema de que se consigue un 25% de emparejamientos por puro azar, es mi predicción que la jerarquía se desvanecerá muy rápidamente en cuanto comiencen a conocerse secuencias de ADN. Y si esto es así, ¿qué es lo que introduce la jerarquía en los datos de los fenotipos, si no está allí a nivel proteínico o de ADN? Bien, evidentemente es la ontogenia.
[Interrupción en cinta]

…procedente de la jerarquía de la ontogenia, y se puede investigar sin ningún concepto previo acerca de evolución. Entonces, ¿por qué es necesaria la teoría de la evolución en la sistemática?: Para ‘imponer’ un orden jerárquico sobre unos datos recalcitrantes. En la sistemática, la teoría evolucionista es un maquillaje, para imponer una jerarquía allí donde pueda no existir ninguna. Y si esto es así, ¿no creéis que la sistemática quedaría mejor sin la teoría?

Me parece que lo dejo aquí. Iba a terminar con algunas citas. Creo, si me permitís, que os daré la última. No, no; os daré la tercera. Es de Darwin en El Origen: «Cuando las opiniones propuestas en este volumen sean admitidas de forma generalizada… los taxónomos podrán seguir sus labores como ahora». Y por «ahora», Darwin significa como en los tiempos predarwinistas, como en la biología pre-evolucionista. Está diciendo: No dejéis que la teoría interfiera con la sistemática. Parece que no se le ha prestado atención.]

**********

Hasta aquí la participación evolutiva; como resumen, yo solo expondré unas líneas:

Alienta saber que, pese al siglo y medio de bloqueo racional, a veces brotan del seno evolutivo pensadores capaces de ver su incongruencia. Desde aquí exhorto a todos para que abandonen por unos instantes la literatura discordante evolutiva y le presten atención por una vez en su vida a algo que sí ha sido experimental: los orígenes que no hay que buscar en los inexistentes miles de millones de años, sino en la programación que crea vida desde elementos inorgánicos: el ‘recetario para la existencia’ que aparece inscrita y codificada en el ADN, negando en voz alta y clara que ningún bicho puede convertirse en otro si no se recodifican y reinscriben todos los datos necesarios para tal cambio.

La propia firma de Dios, que el Creador ha dejado al alcance de toda inteligencia; la piedra de tropiezo que arrastra a muchos ciegos hacia donde prefieren ignorar, aunque su propio espíritu les esté alertando con gritos de silencio, solo perceptibles desde la conciencia.

**********


NUESTROS TATARAPITECUS FUERON OLÍMPICOS

julio 5, 2008

Hace unos días, en un debate de este blog, salió a relucir de nuevo el tema ‘homínidos’ y se criticó mi ignorancia al respecto, aunque sin señalar en qué punto había mentido, solo para desmeritar. Este artículo debería salir en la semana siguiente, pero ya abierto el cajón, quizás sea conveniente hurgar en él y adelantar los acontecimientos.

¿Cuál es la problemática para los neófitos, que constituye a la vez la ‘palanca Arquimideana evolutiva’? Yo les diré: el principio ‘bulldozer’, cimentado en la incultura. ‘La ignorancia mata a los pueblos: es preciso matar a la ignorancia’, dijo José Martí, a finales del siglo XIX. Por eso, cuando cualquier persona, al margen de sus creencias, escucha que ‘con técnicas de datación geológicas, potasio-argón (K/Ar), trazas de fisión, paleomagnetismo y bioestratigráficas, se fecharon los homínidos de Hadar’ (Ajar, Etiopía), no debe dejarse intimidar por el vocabulario, pues tras de él, en realidad habita la fantasía.

Ante la verborrea técnica, la primera reacción es creer: ‘no estamos a la altura’; así que se piensa que lo mejor es doblar rodillas en humildad frente a la impersonal, pero sabia, diosa evolución… entonces la mentira con ropas blancas nos pasa por encima como el bulldozer, y nos aplasta. Pero eso no es inteligente ni racional; lo congruente con la capacidad que todos tenemos de analizar, es usar las neuronas e indagar bien sobre todo lo escrito al respecto, liberándonos de la propaganda que está inundando el mundo escolar y científico desde que Darwin se subió al ‘HMS Beagle’, y puso su quimera en la dirección del viento.

Sobre esta temática, que ya ha llenado demasiados libros, y al mismo tiempo se ha nutrido de escandalosos fraudes, los paleoantropólogos supusieron que ciertos australopitecos andaban erguidos, como el ser humano. Durante décadas, desde que Richard Leakey y Donald C. Johanson, Spidermans evolutivos, estudiaron sus fósiles, el evolucionismo ha asegurado, que estos ‘animales’ se desplazaban sobre las dos patas traseras.

Sin embargo, en la actualidad, la división inunda a los propios especialistas evolutivos, pues desde los setenta, muchas investigaciones han ido nutriendo la incertidumbre al respecto.

Un día, mientras terminaba la reestructuración de un esqueleto, en un campamento etíope, sonaba por los altavoces del cementerio de monos, ‘Lucy in the Sky with Diamonds’, la popular canción de John Lennon. Así, bautizaron su hallazgo: ‘Lucy, la que, con sus ‘millones de años’ se convertiría en la verdadera ‘Eva mitocondrial’; ágiles como siempre, pues con esa misma rapidez habían nominado antes al ‘Hombre/mono de Piltdown’, y al ‘Pitecantropo erectus’, el humano que ‘evolucionó’ a partir de un diente de cerdo, llamado científicamente, desde el rentable principio ‘bulldozer’: ”Hesperopithecus haroldcooki’, más conocido luego como ‘Hombre-Puerco de Nebraska’. Se les vió y se les ve el plumero; no obstante, concedámosle la gracia del raciocinio y razonemos:

En realidad, ‘Lucy’ fue un ejemplar de ‘Australopithecus afarensis’, que se cree vivió en Etiopía y Tanzania. Algunos paleontólogos, (como Owen Lowejoy, el español Juan Luis Arsuaga del equipo de Atapuerca, y otros) aun creen que ella y sus congéneres vivían en la hierba y andaban como atletas; pero otros muchos aseguran que se movían mejor en los árboles como buenos trepadores que eran, ya que sus dedos largos y curvos (tanto en manos como en pies), les permitirían agarrarse muy bien a las ramas, mientras, por el contrario, la posición erguida les resultaría anatómicamente muy incómoda.

Otro enfoque, el de Peter Schmid, uno de los antropólogos suizos que dudó del género de Lucy, y que participó en la reconstrucción de su esqueleto, afirma que la disposición de las articulaciones sugiere que se contorneaba al caminar igual a los gorilas. Planteó además que a diferencia de los humanos, carecía de costillas ligeras y del ensanchamiento en la parte superior del tórax, que le habría permitido recibir más oxígeno, refrigerando su cuerpo según corría. Asegura que habría tenido que jadear como un perro para refrescarse, y que cualquier distancia en la sabana la habría dejado exhausta” (Gore, 2000: 58).

Y es que nuestra postura erguida requiere de una configuración anatómica muy especial, muy diferenciada de la simiesca. Solo el ser humano posee tales características. ¿Cómo pudo la ‘selección natural’ reinscribir en la hebra de ADN, la información necesaria que permitiera los cambios somáticos imprescindibles para, de andar a cuatro patas, pasar a la posición bípeda actual del hombre?

Los australopitecos o “monos del hemisferio austral”, así como los fósiles incluidos dentro de los géneros Paranthropus, Praeanthropus, Zinjanthropus, Paraustralopithecus y Kenyapithecus, fueron simios muy parecidos a los actuales. Se conocen alrededor de veinte especies distintas, hallados cerca del lago Turkana en Kenia (y otras regiones de África). Los Australopithecus afarensis, considerados los más antiguos, son también los más divulgados: A. africanus (huesos más bien delgados), A. robustus (huesos grandes y robustos), y los boisei, anamensis, gahri y aethiopicus.

Todos con un volumen craneal igual o más pequeño que el de los actuales chimpancés; sus manos y pies presentaban falanges adaptadas a la vida arborícola. Los machos eran más grandes que las hembras (dimorfismo sexual), tal como ocurre en algunos monos actuales. Y llegados a aquí, surge la pregunta inexorable: si los australopitecos eran tan parecidos a los simios que viven hoy, ¿por qué razón fueron considerados nuestros antecesores?

Algunas revisiones del género Australopithecus sugirieron lo contrario: australopiteco no andaba derecho. Los doctores Lord Solly Zuckerman, (jefe Departamento de Anatomía, Escuela Médica de la Universidad de Birmingham, Inglaterra), y Charles Oxnard (antiguo alumno suyo, y profesor de una Universidad de Australia), dos notorios especialistas en anatomía comparada, luego de analizar detenidamente los esqueletos de estas especies, publicaron en la revista Nature, dos artículos separados y coincidentes, manifestando que los australopitecos no eran bípedos, sino que andaban a cuatro patas, igual a chimpancés, gorilas y orangutanes actuales (Zuckerman, 1970; Oxnard, 1975).

Oxnard concluyó señalando incluso que el género Homo podía ser tan antiguo, (y simultáneo en el tiempo), con el Australopithecus, de lo que se deduce que habría que eliminarle del linaje humano. Posteriormente, en un trabajo publicado también en Nature, en 1994, un equipo de la Universidad de Liverpool formado por los doctores, Fred Spoor, Bernard Word y Frans Zonneveld (Spoor, Word y Zonneveld, 1994), concluyeron lo mismo: australopiteco fue cuadrúpedo, igual que los monos actuales, y no bípedos como se había divulgado.

Más recientemente, Moyà y Kölher, opinan que A. afarensis tenía también un pulgar oponible en las patas, similar al de los actuales chimpancés, que le convertía en arborícola, y no terrestre (Gibert, 2004). Asimismo, Nacional Geographic, en una edición especial para España, que trataba acerca de los orígenes del hombre, publicó un artículo sobre el bipedismo, del que resaltamos las siguientes palabras:

[‘La postura erguida humana, requiere una configuración anatómica muy especial, que le hace notablemente diferente de los simios. Ningún otro animal conocido posee tales características. ¿Pudo la evolución realizar los cambios anatómicos necesarios para pasar del modo de caminar a cuatro patas, propio del mono, a la posición bípeda del hombre?
Investigaciones en anatomía comparada que han empleado modelos de computadora han puesto de manifiesto que esto no es posible. Cualquier forma intermedia entre un ser cuadrúpedo y otro bípedo requeriría un consumo de energía tan elevado que la haría del todo inviable. Un animal semibípedo, tal como algunos conciben a Lucy, no puede existir porque, sencillamente, vulneraría las leyes de la biofísica.’]

Nuestra postura vertical no tiene que ver sólo con el esqueleto y los músculos, sino que se relaciona además con otros órganos. El cuerpo percibe el sentido de la postura y controla el equilibrio a través de los órganos del equilibrio (situados en el oído interno), durante la locomoción. Estos órganos tienen conexiones nerviosas con áreas específicas del cerebro. Por ejemplo, la causa del vértigo puede ser consecuencia de anormalidades en el oído, en la conexión nerviosa del oído al cerebro o en el propio cerebro.

Mediante tomografías axiales computarizadas de alta resolución (TAC), se ha podido calcular el volumen del laberinto del oído interno de muchas personas y de monos actuales pertenecientes a diversas especies de chimpancés, gorilas y orangutanes, para compararlos con el laberinto correspondiente de cráneos fósiles de australopitecos, Homo habilis y Homo erectus (Word, 1994). En los organismos vivos estudiados se correlacionó el tamaño de los canales semicirculares con la masa del cuerpo, y se comprobó que los seres humanos modernos poseen dichos canales anteriores y posteriores más grandes que los monos actuales, mientras que el canal lateral es más pequeño.

El resultado de tales investigaciones reveló que el oído interno de todo australopiteco, así como el de Homo habilis, era muy similar al de los grandes monos actuales, o sea: no apto para la locomoción bípeda. Por el contrario, el de Homo erectus se asemeja al del hombre moderno. Esto corrobora la idea de que, en cuanto al tipo de locomoción, entre simios y hombre existe una diferencia fundamental. Todos los Australopithecus y el Homo habilis serían en realidad simios fósiles comparables a los monos actuales… y el denominado ‘Homo erectus’, debería ser considerado como lo que es: un auténtico humano.

Además, refutando la teoría evolutiva, nuestro bipedismo no constituye ninguna ventaja evolutiva, respecto al desplazamiento a cuatro patas de los animales. El hombre no es capaz de alcanzar los 125 kilómetros por hora del guepardo, ni moverse por la copa de los árboles a la velocidad que lo hacen los chimpancés o los monos aulladores. Y llegado a aquí, contaré una anécdota: hace años, estando yo de visita en una casa, en cuyo amplio patio había una jaula con un mono verde dentro, un chaval, en tétrica travesura, echó dentro el gato de la familia. La agilidad de aquel mono, a más de 2 ms. del felino, me dejó helado; no le dio la más mínima posibilidad de salvarse.

Desde el punto de vista de la agilidad de movimientos que permita huir o defendernos, las personas vamos en desventaja con respecto a muchos animales. Sin embargo, según la lógica evolutiva, apostando siempre por la mejora de la especie, que diera supervivencia, no se debería haber producido una transformación desde los monos cuadrúpedos al hombre bípedo, pues si alguno decidiera bajar de los árboles, habría terminado en comida de sus depredadores.

Por el contrario, el ser humano tendría que haberse convertido en mono, ya que desde el concepto ‘locomoción’, el simio es mucho más eficaz que nosotros. Y si a esto se replicara que el bipedismo permitiría liberar las manos, así como favorecer el desarrollo de la imaginación y del cerebro hasta convertir al hombre en un científico, habría que decir que una cosa es la evolución biológica y otra muy distinta la cultural.

Son dos conceptos no mezclables, pues resulta improbable que la evolución habría favorecido el bipedismo porque estaba interesada en obtener científicos. Además, como contrapartida a este planteamiento, todo buen hijo de Darwin siempre ha sentido repulsión ante la idea de que las transformaciones de los seres vivos estén orientadas hacia un fin específico.

Por otro lado, el hecho de andar en dos patas, no prueba necesariamente una relación filogenética con el ser humano. Las aves, por ejemplo, son bípedas y, al menos hasta el momento, a nadie se le ha ocurrido decir que descendemos de ellas. Lo mismo podría decirse de los lémures de Madagascar, que cuando están en el suelo se mueven saltando sobre sus dos patas traseras; el hecho de que un mono sea capaz de erguirse y ponerse de pie, como también hacen eventualmente los perros y los osos, no es suficiente para plantearse que se transformarán en hombre luego de millones de años.

Y si la razón esgrimida es la similitud del ADN, que algunos refieren igual en un 98%, en el caso del chimpancé, habría que decirle que esos datos son demasiado parciales, pues se hace en base a un 5% de ADN sobre el total, el que resulta ‘codificante’. El llamado ‘ADN Basura’, constituyente de la mayoría, el 95% restante, no ha sido considerado en la estadística, y ya se está comprobando que no es tan basura como ha sido clasificado, sino que hay mucha ignorancia aun con respecto a él; lo mismo que ocurrió con los 86 órganos vestigiales publicados en 1893 por Robert Wiedersheim, que la propia Ciencia ha ido reduciendo a solo unos pocos, a medida que se ha ido conociendo sus funciones actuales.

Pero aun hay más evidencias que contradicen la teoría evolutiva. El Dr. Randall L. Susman publicó en 1994 un trabajo en ‘Science’, comparando la forma de la mano humana con la de los simios actuales y de los fósiles en cuestión; la intención era relacionar estructura y función con el posible uso o no, de herramientas.

La forma de los huesos, músculos y tendones constituyentes de la mano humana, fijan la precisión con que se puede agarrar y manipular objetos. Los simios tienen dedos largos y curvados, de yemas estrechas; mientras que los nuestros son relativamente cortos, rectos y con amplias yemas. El trabajo de Susman señaló que hay dos grupos bien diferenciados: los capaces de utilizar herramientas más o menos sofisticadas y los que no.

Entre los primeros, situó a Homo Sapiens y H. erectus, mientras que a los australopitecos, (Lucy entre ellos), los ubicó en el grupo de los simios incapaces de manipular utensilios con cierta precisión. La investigación de Susman finaliza descartando a los australopitecos del pretendido árbol genealógico humano.

Las opiniones enfrentadas que se observan hoy dentro del propio evolucionismo, indican que la insistencia sobre la hipótesis del bipedismo en Australopithecus responde más al deseo de hallar un eslabón perdido entre monos y ser humano, que a genuinos argumentos científicos. Los fósiles considerados ‘australopitecos’, provienen de diversas especies de monos extintas en el pasado, sin descendencia, como los dinosaurios y tantas otras especies biológicas que nada tuvieron que ver con el origen del hombre. Si algunos insisten en considerarlos antepasados humanos es porque no tienen nada mejor a mano.

Sin embargo, los australopitecos son tan homínidos como puedan serlo los grandes monos que viven en la actualidad. Eran seres mucho más parecidos a los gorilas, chimpancés y orangutanes de hoy, que a nosotros mismos. Precisamente lo que refleja la pancarta que se exhibe al público, en el Zoo de Barcelona, España, frente a la zona destinada a los gorilas de montaña.

El primer peldaño de la pretendida escalera evolutiva tiene menos solidez que un helado de chocolate en el desierto de Almería: se derrite a la misma velocidad que la evidencia científica demuestra que los australopitecos no fueron antepasados del hombre.

Somos tal cual nos diseñaron, y no mejoramos, sino declinamos. Adán, el 1er hombre, con la información de su ADN íntegra, vivió 930 años; al surgir las primeras mutaciones, la expectativa de vida fue reduciéndose. Los hijos de Noé llegaron a los 600 años; a partir de ahí, los empeoramientos genéticos ya habían proliferado y fueron degradándose a 400, 300, 175 de Abraham… y los que se logran alcanzar hoy, según el sistema social donde se viva, y los paliativos médicos que incentivan la longevidad.

Si hay algo común entre hombres y monos, es que fueron pensados, diseñados, programados y ‘creados’ para vivir en un mundo biológico interactuante, con los mismos componentes químicos para todos. Los simios, aun en la floresta; nosotros intentando el abordaje del espacio… el espíritu en ‘stand by’, hasta que regrese el Seleccionador a por su Selección, con el libro de los nombres bajo el brazo.


**********


AMOR, ESPADA, Y FALSAS EXPECTATIVAS.

junio 26, 2008
Premio Excelencia

PREMIO EXCELENCIA

Desde que el hombre fue capaz de reflejar toda información a partir de la palabra escrita, los creyentes en la Fe de Dios fueron evolucionando personalmente según el plan divino, con los fundamentos establecidos en lo que fue considerado como ‘Las Escrituras’. La Palabra de Dios fue dada cronológicamente a los profetas, desde el AT, (39 libros de la Torá) hasta el NT (27 libros), todos los que conformaron la actual Biblia.
Pero, con los siglos, el mundo se dejó influenciar por una enseñanza darwinista basada en hipotéticos ‘miles de millones de años’ que sacarían a Dios de la fórmula de la vida. Así comenzaron a ceder los principios básicos de la fe cristiana; las conexiones entre la forma de pensar, de comportarse y el propio análisis de las enseñanzas de Cristo, fueron variando con el tiempo, de manera constante y desleal, hasta el día de hoy.

Un grupo amplio de creyentes en un único Creador, fue abandonando su conexión con Él, aunque intentando mantener un cierto grado de fe; otros se apartaron por completo, dando lugar a todo tipo de manifestaciones religiosas: hinduistas, budistas, santeros, babalaos, vudúes, espiritistas (que incluso leen la Biblia en sus reuniones)…

Así surgió el recurso nemotécnico satánico [el ‘Divide et Vencis’ Cesáreo]. Luego surtió a las nuevas generaciones de pedagogos y líderes [concientes e inconscientes], apartados de la fe cristiana, que asumieron el poder sobre antiguos colegios y universidades del mundo entero, logrando que esta se percibiera como ‘inconsistente y demagógica’ y que la nueva juventud se volcara, cada vez más, en el movimiento modernista:

‘Todo es relativo; no hay absolutos… la evolución de las especies así lo demuestra.’

Una vez llegados a este punto, se perdió totalmente el respeto por Dios y su subsecuente Creación humana. La evolución de las especies, ya en la mente de muchos, pasa a ser la célula básica de la sociedad, desplazando el carácter tradicional educativo que venía imponiendo la familia, que sí respondía al verdadero proyecto del Creador. Se nació a un nuevo concepto humanista y desapareció de las aulas la verdad sobre la fórmula de la vida.

O sea, el bisabuelo asistía a la iglesia, la Biblia era su libro de cabecera y sabía de nuestros orígenes; así como también del Apocalipsis. Conocía que cruzaba una estación de tránsito que nos evaluaría para nuestra permanencia en otra definitiva y espiritual, bajo el gobierno del propio Jesucristo; así se lo trasmitió a sus hijos. Pero una gran parte de la descendencia de estos, (padres actuales), han desechado por completo el planteamiento del Génesis.

La teoría evolutiva (que solo es eso: una como tantas, no DEFINITIVA), echó por tierra las creencias, fortificándose en una fe debilitada. Los actuales nietos, ya ‘pasan’ por completo de un tema que consideran ‘tabú’, un cuento para tontos; mientras, los biznietos ‘meditan’ con posturas yogas en las montañas, ante la ‘madre Naturaleza’… o se hinchan de wisky y alucinógenos de nueva tecnología, dándose cada vez más a la sin razón y el despropósito.

A esto ha llegado el mundo occidental, incrementándose día a día en el árabe, el hindú, el budista; es decir, de una u otra forma, gran parte del mundo, respondiendo al croquis del enemigo de Dios, se aparta de las creencias primigenias inculcadas por Jesús: almas débiles, lanceadas por el demonio buscador de fisuras penetrables.

Tal error fue fortalecido por los propios teólogos, cuya vanidad hizo que el hombre deformara la verdad, reinterpretando la revelación bíblica; fue revitalizado en el mismo instante en que los ‘doctos de la iglesia’ consideraron determinante una frase sacada de contexto, cuando Jesús dijo que mil días para el hombre eran como uno para Dios, refiriéndose en realidad a la paciencia imperturbable de quien es eterno en el tiempo, no a los días de la Creación, perfectamente definidos en el Bereshit judío, que señala, al fin de cada obra creada: ‘Y fue la tarde y la mañana, el 1º… el 2º… el 6º día’. En ese momento, quien debía ser defensor a ultranza de la Palabra del Eterno, según solicitud a Pedro por parte del propio Mesías, en realidad trasmite a las nuevas generaciones que la Biblia es falible, pues, si existe dudas en uno solo de sus planteamientos, ¿cuál es el creíble?

Cualquier colegio cristiano que comprometa el fundamento del Génesis bíblico (y este es el estado de la mayoría, por error Vaticano), ha iniciado su resbalón por el peligroso canal de la inverosimilitud; si no se corrige la brújula cristiana, unificando la iglesia, como Cristo exige, el final no será otro que el repetido, por importante, en Gálatas 1:8-9:

“Mas, aun si nosotros o un ángel del cielo os anunciare otro Evangelio del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo decimos otra vez: Si alguno os anunciare otro Evangelio del que habéis recibido, sea anatema.”

En realidad, todo hombre o mujer que se considere a sí mismo un ‘soldado del Señor’, se deprime ante esta situación. ¿Seremos capaces entre todos de normalizarla? Estoy seguro que sí, si lo rogamos al Padre. No hace mucho, leí en un libro, cuyo nombre no recuerdo:

‘Si uno empieza a escarbar en una mina de carbón con una cuchara, se hará un pequeño agujero; pero si se incorporan millones de personas con la debida voluntad, cuchara en mano, esa mina será desvastada.’

¡Qué fácil puede resultar venirse abajo y desanimarse ante los ‘gigantes’ que se han unido contra la Biblia! Gigantes negadores de la Creación, tales como: la prensa, la radio, la TV, las universidades y colegios (incluyendo cristianos/católicos), organizaciones humanistas, gobiernos (especialmente los de izquierdas), toda agrupación filosófica atea…

Contra tal depresión, el antídoto de Dios: Su Palabra. Recordemos la historia de David vs Goliat, en 1ª Samuel 17:42:

‘El filisteo le tuvo en poco, porque era un joven de tez sonrosada y hermoso semblante’

Es decir, Goliat le subestimó, viéndole como un hombre débil; mas, ¿cuál fue la respuesta?:

“Tú vienes a mí con espada, lanza y venablo, pero yo voy contra ti, en nombre del Señor Todopoderoso, el Dios de los ejércitos de Israel, a quien tú has desafiado.”

David le hizo frente. ¿Cuál fue el resultado? ¡Un gigante decapitado! Opongámonos al gigante evolutivo, en el nombre del Dios Altísimo; les aseguro, con la convicción absoluta de quien sabe de qué les está hablando, que este grande también quedará sin cabeza. Cual ‘ciclópeo’ acéfalo, la mentira darwinista, como el agua que siempre busca su nivel, quedará sellada en el olvido definitivamente; no por nuestra pujanza, sino porque debido a nuestra fe, el propio Espíritu de nuestro Señor Jesucristo tomará el control de la onda cristiana.

Como contrapartida desafortunada, reconocidos disertantes educativos cristianos han editado libros, y escrito artículos, contra la postura de una Creación divina que muchos sostenemos y apoyamos; ante esta situación, es muy fácil que el cristiano de a pie vacile. El ‘instruido’ que vulnera la Palabra del Señor, muchas veces es escuchado por seguidores de Cristo; estos aceptan lo que oyen, dándolo por válido, impresionados por la irracional facundia evolucionista; abrumados ante el léxico seudo científico que les anula.

Incluso en varios centros de estudio e iglesias, muchos académicos son subyugados ante la idea de aceptación y respeto de sus compañeros seculares; como si fuera un premio el obtener respeto y aceptación de los intelectuales no cristianos, a cambio de ceder en principios que el propio Jesucristo, quien mencionó repetidamente a Adán y Eva, a Moisés y al diluvio de Noé, consideró irrenunciables.

Con frecuencia mayor de la debida, se alega que aceptar el Génesis tal cual aparece, resulta demasiado ingenuo, y se alienta a oír a los enemigos de Dios. ¡Cuán bajo hemos caído! ¡Nos exaltamos ante los hombres, aunque estemos crucificando de nuevo al que tiñó con su sangre la cruz, para perdonar nuestros pecados y darnos la opción a la eternidad mesiánica!

Ni siquiera nos detenemos a pensar que la evidencia está a nuestro favor, que los propios descubrimientos de la Ciencia, la dualidad de idiomas usados en la traducción de un ADN nacido antes que la misma vida, la inscripción en lenguaje codificado, y toda la información programada conteniendo la fórmula de la vida biológica, señala, como flecha justiciera, hacia una Creación inteligente, por parte del Todopoderoso.

El apóstol Juan, testigo ocular por 3 años de la instrucción de Cristo en persona; uno de los favoritos del Señor, que contempló con sus propios ojos los muchos milagros de curación realizados, la resurrección de una niña, la de Lázaro y la del Mesías mismo, describe bajo revelación, la verdadera despedida de Cristo: la alerta del Apocalipsis. Y ante el preferir el respeto de los hombres, a la gloria y las bendiciones de Dios, nos dice, en Juan 12:43:

“Porque amaban más la gloria humana que la gloria de Dios. Mas Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; y el que me ve, ve al que me envió.”

Y, probando que todo ha sido parte de un plan, este hombre-espíritu dice, en Juan 12:38:

“Para que se cumpliese la palabra que dijo el profeta Isaías: ‘¿Señor, quién creerá a nuestro dicho? ¿Y el brazo del Señor, a quién es revelado?’ Por esto no podían creer, porque otra vez dijo Isaías: ‘Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón: para que no vean con los ojos, y entiendan de corazón, y se conviertan, y yo los sane.”

Y luego, patentiza que son las Palabras de Jesús las que nos juzgarán, en Juan 12:48:

“El que me desecha, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero.”

Todo es definido en la instrucción apostólica; también Pablo profetizó sobre nuestros días:

“Porque llegará el tiempo en que no van a tolerar la sana doctrina, sino que, llevados de sus propios deseos, se rodearán de maestros que les digan las novelerías que quieren oír. Dejarán de escuchar la verdad y se volverán a los mitos.”[2ª Ti 4:3]

Dicho esto, ¿qué nos queda? Dios siempre ha estado al control. Si 7 defensores evolutivos se dan palmaditas y enhorabuenas entre sí por lo ‘bien que lo hacen’, esto les hará sentirse mejor, indudablemente; pero ese estado será efímero e iluso, pues no controlan el Proyecto de la Vida. Y si 700 o 700,000 o 700,000,000 se encumbran a sí mismos, dándose entre sí valores terrenos, sucederá igual: sus criterios jamás podrán alterar el Plan de Dios, que se llevará a cabo, con ellos, sin ellos… e incluso contra ellos, si no cambian.

Es el propio Señor quien viene a reclamar lo que le pertenece; su prédica fue la del amor, pero también resultó claro ante los fariseos, a quienes llamó ‘hipócritas’, evidenciando que ante ciertas posturas agresivas a Dios, Él olvida la diplomacia y pasa de lo ‘políticamente correcto’: al ‘pan’: ‘pan’, y al ‘vino’: ‘vino’. Su profecía Apocalíptica enseña que la 2ª aparición suya será empuñando la espada de la justicia: amor, a quien amor merece; sanción a los conquistadores de castigo.

Soy consciente que se me ha criticado en el blog por intentar ‘asustar’, recordándome que estoy ante gente que peina canas; como si representara el cuento que se les hace a los niños para que coman. Pero sería un irresponsable si no actuara así; a diferencia de otros, yo he escogido la aprobación de Cristo, (aunque venga acompañada de la descalificación, y la burla de la mal llamada Ciencia), antes que la palmadita darwinista. Está escrito:

“El temor de Dios es el principio de la sabiduría.” [Salmos 111:10]

“Aprovecha más la reprensión en el entendido, que cien azotes en el necio.” [Pro 17:10]

Acojámonos al refrán ‘A buen entendedor’; neguemos las falsas expectativas que inducen a pensar que si Dios es amor, siempre habrá tiempo para la contrición. Nuestros relojes controlan horas humanas, pero nadie conoce el ‘kairos’ del Señor; a la hora de partida (individual o colectiva) nos iremos, con o sin maletas. Será el fin de la ocasión de arreglar asuntos con Cristo.

De lo sublime a lo vulgar no hay más que un paso; toda reflexión que nos evite darlo, será sabia. La diferencia de conocimiento que aísla al cristiano de ateos, budistas, hinduistas, musulmanes o cualquier otra manifestación religiosa y/o filosófica, es la identificación con el Espíritu de Cristo. Todas las religiones tienen su líder (incluso los hijos de Darwin), pero ninguno dejó una estela de milagros de todo tipo, y se entregó luego en una cruz, condonando la deuda humana ante el pecado, para resucitar días después.

Puntualizo que no tengo nada contra quien decide no creer, sino contra el que no cree y decide arrastrar a su vorágine a todo aquel inocente que le escucha, haciendo todo lo posible por sacar a Dios de la mente humana, pues es un acto reprobable. Exhorto a todo aquel que lea estas líneas, sin marginar color, sexo o nación (todos somos de una misma raza), a que abran su mente como un paracaídas, al conocimiento del Espíritu, pues él, y no otro, será quien impida que seamos llevados a donde no deseamos.

Seamos buenos y reflexivos; el Señor bendice con el mismo poder que juzga. Guste o no, con independencia de halagos humanos, ya vengan de aldeanos, obreros, sabios, reyes o gobernantes, Cristo regresa con su cetro eterno y definitivo, ungido por el Padre.

**********