EINSTEIN: IMÁGENES A MAYOR VELOCIDAD QUE LA LUZ.

septiembre 15, 2009

Sí, ya sé que la frase se las trae, pero al final verán que, aun situándonos en el punto de inflexión de los defensores de conceptos ‘ancla’, el título de este artículo se ajusta perfectamente a la Teoría de la Relatividad. Y para avalar lo que planteo, me remitiré a un efecto astrofísico, predicho en el cálculo einsteniano, y verificado en el 1919.

Ese año, durante un eclipse solar, el astrónomo Arthur Eddington vio cómo se curvaba la trayectoria fotónica proveniente de estrellas distantes al enfrentar al Sol, generando una imagen de desplazamiento aparente desde su espacio real… como si estuvieran donde no tenían que estar.

El efecto, captado muchas veces después por distintos telescopios, al paso del tiempo, llevó a la práctica el vaticinio adjunto a la Teoría de la Relatividad exhibido por Einstein en el 1915: la existencia de las lentes gravitacionales ampliamente conocidas hoy en Astrofísica. Esa lente sideral se forma siempre que la luz procedente de objetos masivos distantes y brillantes, tope en su camino una galaxia [o astro], alineada en ese instante entre los cuerpos emisores y el telescopio que les enfoca. En esas condiciones, la imagen múltiple se curva sobre la galaxia, como si intentara rodearla.

El fenómeno de lente gravitatoria ha sido a menudo utilizado para detectar la presencia de objetos masivos invisibles, tales como agujeros negros, e incluso planetas fuera de la Vía Láctea. También ha resultado útil para observar la imagen de universos muy distantes. Por ejemplo, un equipo de investigación de EE.UU., logró detectar la galaxia más lejana, gracias al efecto de lente gravitacional ejecutado por la agrupación de galaxias ‘Abell 2218’, el supercúmulo más lejano observado desde la Tierra, con más de 250 galaxias, a 3 mil millones de años luz distante de la constelación Draco, alejada a su vez unos 200 años luz de nuestro planeta. El telescopio espacial Hubble, detectó esta imagen proyectada en su sistema de lentes, el 15 de febrero de 2004.

LenteGravitacional

Esquema de trayectorias de luz en una lente gravitatoria. Las imágenes de objetos distantes adquieren forma de arcos rodeando el objeto masivo intermedio.

Es decir: mediante la lente gravitatoria se detectó la presencia de cuerpos físicos tan lejanos que, de circunscribirnos a la velocidad establecida para la luz [300000 kms/seg], y según concepto de que vemos en fotones, habría que pensar que esos fotones tuvieron que salir hace… 3 mil millones de años. Y dicho esto, razonemos sobre lo que implica el hecho en sí mismo, recordando cómo se conforma esta lente astral:

La lente gravitatoria se forma si la luz procedente de objetos masivos distantes y brillantes, topa en su camino una galaxia o un astro, alineado en ese instante entre tales objetos emisores y el telescopio que les enfoca. Si esto ocurre, la imagen múltiple se curva alrededor de la galaxia, como si intentara rodearla.”

Ahora, siguiendo el concepto de ‘no vemos los cuerpos físicos que ve el mismo telescopio, sino fotones provenientes del pasado’, axioma que aflora cada vez que se menciona la visualización de una estrella situada a miles de millones de años luz de distancia, tendríamos que hacer un gran esfuerzo neuronal para asimilar cómo, los fotones sin masa, correspondientes a la galaxia alineada, pudieron interactuar con los otros fotones, también sin masa, de forma tal que se creara la lente gravitacional.

¿Cómo puede ocurrir eso, sabiendo que tal lente solo se logra si hay un cuerpo físico intermedio, cuya fuerza de gravedad ‘curve’, la imagen proveniente de la galaxia más lejana? ¿Acaso un fotón sin masa, genera campo gravitatorio? Es obvio que el efecto de lente gravitacional, comprobado hasta la saciedad, exige la presencia de cuerpos físicos, no de fotones. Luego, esa galaxia intermedia y distante que activa la lente del telescopio, es la misma que activa nuestro cristalino cuando miramos a través del artefacto. No corresponde a fotones del pasado, sino a un cuerpo físico actual que, ocupando su lugar en el espacio, es capaz de curvar cualquier imagen que se proyecte sobre él, proveniente de sitios distantes, y/o de cuerpos físicos reales.

Y tal galaxia es vista en fracción de segundo, sin importar lo lejos que esté, burlando el concepto de fotones yendo a la velocidad de la luz, pues cualquier imagen galáctica llega con celeridad que supera a esta en mucho. Así, el propio Einstein, con su augurio sobre lentes gravitacionales, auguró [sin saberlo], que toda imagen surca el espacio a una velocidad que supera, con tendencia a infinito, la fijada para la luz… la paradójicamente señalada como la más rápida posible en el vacío.

Más asombroso aun, es que se ha podido probar que una lente gravitacional actúa en todo tipo de radiación electromagnética, no solo sobre la proyectada imagen de cuerpos físicos. También, que este tipo de lentes carece de aberración cromática; o sea, su efecto no es función de la longitud de onda de la luz incidente, sino que se cumple igual para el rango completo del espectro electromagnético, sea infrarrojo, ultravioleta, o gamma. Gracias a ello, es posible analizar los objetos amplificados por la lente astral, usando la técnica convencional de fotometría y/o espectroscopía astronómica, según la radiación.

Pero quizás lo más interesante es que además son efectivas en viceversa. Es decir, desde la deformación de las fuentes de fondo se puede deducir la distribución de masa del objeto que hace de lente. Gracias a ello, se ha logrado calcular la masa de cúmulos de galaxias, no visibles; además del ya citado ‘Abell 2218’, y muchos otros. Incluso ha sido posible el rastreo de la materia oscura del cúmulo mediante esta técnica. De modo que no hablamos de una ilusión óptica, sino de una realidad empíricamente comprobable.

La propia obligatoriedad de que exista una alineación entre telescopio, galaxia reflectante, y cuerpos masivos distantes, para que se logre la imagen en la lente gravitacional, ya exige que se trate de cuerpos físicos, no de fotones trotones desde el pasado. O sea, según se ha venido repitiendo en este blog, si alzamos la vista y miramos las estrellas, vemos sus cuerpos físicos ocupando su lugar en el espacio, no una miriada de fotones invadiendo la Tierra. Y su imagen se proyecta en la pantalla de la mente a una velocidad tan superior a la fijada para la luz, que en realidad tiende a infinito.

Cada vez más, resulta irrefutable que no vemos fotones del pasado, según se pretende, sino la imagen de cuerpos presentes, coincidentes en tiempo con cada observador. Y me he esmerado en insistir sobre esto, porque valida que la luz de las estrellas lejanas llegara a la Tierra desde el momento en que fueron creadas, según refleja el Bereshit judío con el que instruía el Señor.

El argumento más usado para propugnar que la Biblia miente en su Génesis, es declarado rotundamente falso por la propia Ciencia de la que los agnósticos pretenden adueñarse. Así, se neutraliza el objetivo de cimentar la ignorancia de Dios en el corazón humano, obedeciendo, de forma consciente o inconsciente, el plan del maligno.

Todas las evidencias científicas presentadas en este blog, han salido a la luz para probar que la Verdad bíblica se corresponde con lo enunciado en Ciencias, aunque algunos se empeñen en cimentar lo contrario. Desde hace más de un siglo, el tridente de satán, diseñado en una misma década [ateísmo marxista, método universal de datación, y darwinismo], hincó neuronas y se hizo sitio en toda mente humana débil en Fe. Así se hizo real el proyecto tenebroso concebido para demostrar a Dios la debilidad e infidelidad de las personas; así se logró que gran parte de la humanidad emprendiera el camino de rechazo y desconocimiento de Cristo y de Dios.

Pero pueden estar seguros que el Señor, partícipe directo en la Creación, volverá para hacer cumplir el plan del Padre; y es conveniente que nos halle, si no a todos, al menos a la mayor cantidad posible de gente, sin deudas pendientes con Él… y con nuestro nombre recogido en el libro que determinará cada estado individual, en el futuro eterno concebido por Dios para la humanidad.

E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas.” [Mat 24:29]

Palabras de Jesús.

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DATACIÓN: ENCADENADOS AL BULO

agosto 24, 2009

Ayer vi un documental en la tele, que intentaba amparar la teoría darwinista desde una óptica monoteísta. De tal trabajo, solo citaré un enfoque pusilánime, salido de la boca de alguien vestido de sotana, que se cree la voz del Señor en la Tierra: ‘Dios pudo haber apelado a cualquier método para ejecutar su Creación’. O sea, urgido del reconocimiento ateo, apoyaba que el Creador necesitara miles de millones de años para concluir su obra… y que las Escrituras usadas por el mismo Jesucristo, no dicen verdad.  

Imaginé a quien dijo eso, como un ratón encogido, trémulo, y vacilante; irresoluto ante la presencia de la serpiente. Le supuse sometido al miedo; con vergüenza de acogerse a lo único que instruye perfectamente sobre la Creación: ¡La Palabra de Dios, con crédito conquistado en la crucifixión del Gólgota!  

Cualquiera que abrace bocetos antiCristo, convierte en estéril la sangre de Jesús. Olvida que el Señor evangelizó durante tres años según las Escrituras, autentificándolas. Donó su propio cuerpo al martirio, como garantía de que cualquiera que se ciñera a Su Verdad, defendiéndola con ahínco, ganaría el sello de ‘fiel’, y sería llevado con Él en Su día del regreso, durante la ejecución del último plan de Dios para con la raza humana.  

En Job 28:5 puede leerse: “De la tierra nace el pan, y debajo de ella estará convertida en fuego”. ¿Acaso Job era geólogo? La Palabra de Dios instruye, desde hace más de 3,800 años, sobre lo que la humanidad supo hace poco. Debajo de la corteza terrestre hay casi 16 millones de kms de la lava que asoma de vez en cuando por  volcanes.  

Puedo entender que algunos académicos se confiesen ateos: asumen una posición firme y apechugan con ella; oro por ellos para que Dios les abra los ojos del corazón y logren asentarse algún día en Su Palabra. Pero jamás podré aprobar la actitud de nadie que, declarándose cristiano, intente propugnar al mismo tiempo que Jesús fue un mentiroso, solo para congraciarse con los ‘científicos’ del azar. Quienes defienden que provenimos de monos, niegan el “hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”, escrito en el libro que Cristo revalidó al hablar de Adán, de Noé, del diluvio, de Sodoma y Gomorra…  Insultan al Señor, y a sí mismos, pues la doblez  jamás será objeto de respeto, ni mucho menos podrá constituir sello de dignidad.  

No penséis que he venido para abrogar la ley ó los profetas: no he venido para abrogar, sino a cumplir. Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas.”  

¿Qué parte de eso no se entiende? Son palabras del Señor, en Mat 5:17-18: “la ley y los profetas”. Así que no solo patentiza firmeza en los mandamientos de Dios, sino también desde el alfa hasta la omega en alegatos de profetas. Y eso es el Génesis escrito por Moisés; uno de los pocos elegidos que pudieron hablar con Dios.  

Dicho esto, calemos una fábula diseñada por el propio satanás para propugnar un Cristo engañador: el mito de la datación. El argón39, un isótopo del gas, se usa para fechar núcleos de hielo y aguas subterráneas: se mide la cantidad presente, y se supone un efecto de decaimiento radiactivo desde otro isótopo… proceso hábilmente presentado como posible de cuantificar en años. No analizaremos aquí el error del concepto, tema de otro artículo, sino la contradicción en la que se cae, una vez más.  

Hace días escribí sobre el tridente de satanás; arma subliminal elaborada en un mismo contexto de tiempo: la victoria del ateísmo en Rusia, [‘Manifiesto Comunista, Marx y Engels, 1848], la Escala Geológica [1850], y ‘El Origen de las Especies’ [Darwin, 1859]. Pues bien, el mango de ese arpón triple, fue la presunta gran glaciación planteada por primera vez en 1837 por el biólogo Louis Agassiz. Así se abonó el terreno para la ofensiva del diablo, el vil cañoneo al campo de las ciencias.  

Mucho dinerito se ganó a partir de ahí; millones de libros sobre el tema, con teorías descabelladas, han saturado bibliotecas en todo el mundo durante siglos. Sin embargo, como siempre ocurre con el ateísmo, el argumento cae en cuanto se hurgan los primeros milímetros de glaciaciones ‘INTERMITENTES’, desde el místico período ‘proterozoico’, hasta el ‘holoceno’ actual. Vean el gráfico:  

Supuestas Glaciaciones y Deshielos

Supuestas Glaciaciones y Deshielos

Según se ve, la primera ‘supuesta’ glaciación ocurrió en una era datada en 2 mil millones de años [proterozoica]. La dilatan hasta un pasado de 144 millones de años [mesozoico], donde teóricamente ocurrió el primer deshielo ‘interglacial’. Observen que imaginan 8 glaciaciones, intercalando 8 deshielos, hasta la era actual. ¡Cuánta locura Dios mío! En fin… de aquí brota una pregunta, con la fuerza de un tornado, categoría máxima:  

Si se reconocen 8 fases de deshielo [Interglaciares], con 64 millones de años la primera [144-80; supuesto cretácico], otros millones intermedios, + 80,000 de la última, ¿cómo datar un bloque de hielo, según el argón contenido? ¿Cómo, si se acreditan 8 eónicas etapas de ‘deshielo’ en el planeta? ¿No ven que cada uno de ellos daría tiempo suficiente para que se liberara el gas hacia la atmósfera? Ante tanta licuación, la cantidad de argón debe tender a ‘0’, pese al decaimiento radiactivo. ¿Es que se toman alucinógenos?  

¡Eso lo puede ver un niño! Solo es invisible para quien, ciego de ofuscación, pese a su talento, se porta como toro en el ruedo, ignorando todo lo que explosiona alrededor, mientras centra su atención en un absurdo trapo rojo que abandera la ignorancia.  

Mas, veamos otra perspectiva. Si usted se sitúa frente a un espectrógrafo que analiza una muestra de roca, la pantalla exhibirá tantos espectros como isótopos contenga; no una sola pareja de decaimiento nuclear. ¿Por qué acuden siempre a parejas específicas, y no a todas? ¡Porque cada pareja de decaimiento radiactivo arrojaría una fecha distinta, y eso no conviene a los planes! Una roca no puede decir al mismo tiempo que tiene mil millones de años, o 300 millones, o un millón… o solo 6000.  

De hecho, una roca datada en un millón de años por el método potasio-argón, puede presentar también rubidio87… sin presencia de su producto de decaimiento: estroncio87 [o baja cantidad de este], suficiente para arrojar un resultado de unos pocos miles de años. Así, el método rubidio-estroncio, muy usado cuando conviene, es desechado cuando se convierte en incordio ‘científico’. Si se data un terreno al que a priori, según fósiles o ‘mapa geológico’, le han asignado ya millones de años, buscan la pareja isotópica que confirme lo que desean oír. El sistema ha sido concebido para apoyar lo que se necesita exponer como evidencia científica. ¡No la verdad, sino lo conveniente!  

En 1830 se conocían 55 elementos químicos. A mediados del siglo XIX, con la invención del espectroscopio, se revelaron otros nuevos. En total, la Tabla periódica actual contiene 106 elementos que conforman todo lo que vemos; se requiere de todos para la existencia, tanto de cuerpos inanimados, como de seres vivos. ¿Por qué pensar entonces que la cantidad de Argón 40 que tiene una roca, se debe solo a semidesintegración del Potasio 40? ¿Por qué no suponer que desde el primer momento en que surgió la piedra, el Argón40 ya era uno de sus componentes?  

Esto último se ha corroborado en la práctica. En 1980 hubo una erupción en el volcán St. Hellen; diez años más tarde, un equipo de ‘Answers in Genesis’, tomó muestras de la dacita resultante, y las llevaron a un acreditado laboratorio de datación, en 3 porciones: fragmento, cristales y polvo. No se les dijo la procedencia, pero se comentó que se consideraba que correspondía a un período lejano en el tiempo. El método usado por quienes apoyan el concepto de un planeta eónico, fue justo el comentado: el potasio-argón. Y arrojó un resultado distinto para cada muestra.  

Fragmentos, cristales y polvo, fueron datados en, desde miles de años, hasta algo más de un millón… según el Argón hallado. Sin embargo, la procedencia era la misma: una roca de dacita, formada 10 años antes, durante una erupción volcánica. Según la teoría de decaimiento radiactivo forzoso, el argón debería haber tendido a ‘0’, por el poco tiempo transcurrido desde que se integró el peñasco. Mas el encadenarse al concepto provocó el error. Innegablemente, el argón no formó parte de la muestra, el millón de años antes que arrojó la datación, sino durante la propia erupción, solo una década antes. Y ello anula la fiabilidad del método; se podrá validar para cuentos de ficción, pero jamás para la Ciencia.  

Hay científicos que postulan el Diseño Inteligente de la Creación, y luchan para que el mundo lo reacepte. Retan al criterio humanista que tilda de oscurantista a todo aquel que proteja la Verdad. Y lo hacen sin afectarles el claustro al que son sometidos por quienes han logrado que la ignorancia profane la blanca bata del Saber. Propugnan la realidad, y cuando logren romper toda cadena que les separe de Cristo, harán mejor uso de las armas que el Señor ponga en sus manos, aboliendo el timo de quienes se alinean con el contrario de Dios. El Señor les observa y lee en sus corazones, muy atento.  

Hoy, el mayor reto del mundo científico creyente, es librarse de conceptos reglados por el antiCristo. Inconsciente y/o indiferente, evita que la Verdad de la Creación de Dios fluya como el torrente que Jesús merece. Jamás, en la historia de la humanidad, existió tanta apatía en la Ciencia cristiana; gracias a su resistencia, satán solo había podido incursionar en la ignorancia. Nunca logró influir en Ciencias, pues hombres como Pasteur, Kepler, Newton, Pascal, y muchos otros, cumplieron su compromiso con Dios, testimoniaron sobre Él, y vetaron la entrada a su enemigo. Nunca antes la abulia se manifestó con tanta intensidad como en esta generación científica.  

Y, ¡atención! No digo que la Ciencia deba ser filtrada por la Biblia; sino que todo criterio humano contrario a esta, si se analiza desde la razón, será neutralizado por la Ciencia. Así ocurrió con los ‘órganos vestigiales’ que jamás lo fueron, con el ADN llamado ‘basura evolutiva’ negado por la Ciencia [Ej: intrones, con funciones concretas, reconocidas hoy], y con el proyecto genoma, que nos hizo chimpancés en un 98%, cuando el propio trabajo arrojó diferencias del 92% en el cromosoma ‘Y’, y del 73% en el ‘X’; los que tienen que ver directamente con la reproducción y la supuesta ‘nueva especie 

Mirad que ninguno os engañe por filosofías y vanas sutilezas, según usanzas de hombres, conforme a los elementos del mundo, y no según el Cristo… [Colosenses 2:8]  

Cada alumno que lleve a Jesucristo en su corazón, debe salir al paso a cada planteamiento antiCristo de sus ‘maestros‘ evolutivos. El que funde sus clases en la mentira, tiene que hacer frente al amargo momento de tener que enfrentar las contradicciones que propugna. Si ha decidido obtener un salario de forma indigna, no puede irse de rositas, sino que deberá pagar el precio de la descalificación. Siempre será mejor que responder ante Cristo por su irresponsable alianza con satán, aun de forma inconsciente; incluso quizás la vergüenza le haga reaccionar, ajuste su brújula con la Verdad, y aproveche el tiempo que le queda, en defenderla.  

La garrafal deuda que la Ciencia cristiana tiene con Jesús, dura ya siglo y medio. Todo concepto que contraríe Su Palabra, es falso por axioma de Fe; quien lo acepta, hace falaz a Cristo… mas Él no miente. Un ejemplo es asentir que la luz de las estrellas indica un mundo de miles de millones de años. [Ver artículo 147 de este blog: ¿El Primer Astro? ¡La Tierra!] Todo cristiano está siendo catado respecto a esto; satanás sembró duda en las mentes, pero el Señor demanda Fe en la Creación que propugnó. La Ciencia debe hallar la Verdad; mas el velo de la Verdad solo será descorrido con declaración de Fe:  

Contraría a Cristo; luego, es falso’. La ulterior investigación racional deberá obviar cadenas de enunciados concebidos para alejar de Dios. Así, el Señor admirará vuestra Fe y les hará ver la Verdad; la Verdad les hará libres, y trasmitirán el nuevo conocimiento al mundo. No se encadena la Biblia al saber humano, sino que se somete a los pies de Cristo toda idea que contraríe la Palabra de Dios; así, Él proveerá la llave de la Verdad. De rodillas ante el rey, palmas en alto, oración de Fe… y Cristo dará discernimiento.  

“…Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, que hayas escondido esto de los sabios y de los entendidos, y lo hayas revelado a los niños. Sí, Padre, porque así agradó a tus ojos. Todas las cosas me son entregadas de mi Padre; y nadie conoció al Hijo, sino el Padre; ni al Padre conoció alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quisiere revelar. [Mat 11:25-27]  

Gracias Señor por permitirnos ver Tu Verdad, oculta a quienes, pese a tener mayores conocimientos, opten por alinearse con tu enemigo… o duden sobre hacerle frente.  

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LA PATATA: ¿ANCESTRO HUMANO?

junio 19, 2009

Semanas atrás saltó la noticia del enésimo hallazgo del eslabón perdido de la cadena evolutiva: Ida, una lémur ¿fósil? presentada en sociedad, en el Museo de Historia Natural de Nueva York… Lo siento, no puedo contenerme, pero, ¡cómo me recuerda al hombre con quijada de chimpancé injertada, el falso homínido de Pilstdown, exhibido en el homólogo de Londres durante medio siglo, hasta que el timo salió a la luz!

A ‘Ida’, a quien no han podido categorizar ni como mono ni como lémur, sino como a ‘bicho intermedio’, le han asignado nada más y nada menos que 45 millones de años; edad similar al objeto de burla, la losa de plomo sobre eruditos evolutivos: el ‘extinto’ celacanto, el pez que pese a la ‘científica declaración’, menea colita ‘involucionada’ en aguas actuales, igual que la de su ‘ancestro’ exhibido como eónico. Algo que, desde reflexión real y científica, solo ratifica ‘NO EVOLUCIÓN’, ‘NO DATACIÓN’, y ‘NO VERDAD EVOLUTIVA’.

Hay fósiles datados en millones de años, que señalan sin dudas a seres de hoy, recordando la comedia fílmica ‘Este muerto está muy vivo’. Los defensores evolutivos no son capaces de demostrar la evolución ni en uno solo de ellos; decenas de miles por todos los museos del mundo lo impugnan. Igual a los seres vivos que se abren a nuestros ojos, dichos fósiles se presentan súbitamente con todas sus características, sin mostrar la alteración que debió ser impuesta por soñados millones de años ‘evolucionando’.

Un ejemplo lo tenemos en el museo de Historia Natural de República Dominicana, con miles de muestras fosilizadas en resina, datadas en el ‘oligoceno’ [25 millones de años]. Les expongo una, conocida en inglés como ‘Humpbacked flie’ una pequeña especie de mosca parecida [pero diferente] a la mosca de la fruta, que también existe en la actualidad en su forma corriente, sin evolucionar, sin presentar cambios con respecto a un ‘ancestro oligocénico subliminal’. Una más entre miles; esta especie siempre se presentó tal cual fue diseñada por su Creador, e instituye otro dato que niega el anticientificismo darwinista.

La mosca que no evolucionó.

La mosca que no evolucionó.

También son ejemplos las algas azules, celacanto, esponjas, gusanos marinos, rayas, erizos marinos, etc. ¿Qué concluir: se evoluciona cuando conviene? ¿Se manifiesta evolución o no, según convenga? ¿Dónde se oculta la inteligencia que lo decide? El mundo está ante una teoría evolutiva basada en planteamientos veletas, no en axiomas científicos.

Usemos el prodigio de la Creación de Dios: el razonamiento, la punta de lanza que hiere de muerte al timo evolutivo, aunque se resistan a sepultarle. Nos diferencia del resto de animales y jamás ha podido ser atribuido a aparición ancestral, pues no hay ancestros de la conciencia del yo ni del raciocinio. Colijamos entonces: ¿de cuántos eslabones se compone en realidad esta fantástica ‘cadena subjetiva’? ¿Cuántos ‘eslabones’ le han sido presentados al mundo, y cuántos más faltan por aparecer? La respuesta es clara: tantos como sean posibles, mientras la mentira siga generando dinero, popularidad y ‘nivel académico’.

Un millón de dólares logró sacar el tratante Thomas Perner, al profesor noruego Hurum, quien a causa del ejercicio de hipnosis más antiguo conocido: el darwinismo, al fin se salió con la suya, y se llevó a Oslo el 95% de los restos de un primate sin clasificar, convencido de haber adquirido ‘el eónico eslabón perdido’, cuando en realidad la edad del montón de huesos no superaría la de unos cuantos miles de años. La aversión a Dios supera la expectativa humana; cualquier absurdo se convierte en Ciencia a la luz opaca del ateísmo.

En realidad, los estudiosos de la zoología han incluido en la familia ‘primates’, a simios, monos, lémures… y al ser humano. Mas los simios contienen 13 especies distintas, y los monos 160 especies. Los lémures, por su parte, están contenidos en 3 géneros que agrupan a nueve especies disímiles; sin contar, por supuesto, con otras sub-familias intermedias, semejantes. Pero hay una única verdad científica: diferentes tipos de simios jamás procrean entre sí; jamás surgirá una nueva especie desde esa perspectiva.

Sin embargo, insisten en cargarnos ancestros chimpancés… y ahora hasta de lémures. Pero si algo fija el ADN es que diferencia tanto las mismas especies consideradas ‘parecidas’, que las hace incompatibles con la procreación; los seres genéticamente discordantes ni se aparean, ni son capaces de generar OTROS TIPOS DE SERES. Los chimpancés siempre han descendido de una pareja sexual de chimpancés, de igual manera que el primer retoño de lémur solo pudo haber surgido del padre y la madre lémur, creados por Dios… con instrucción genética individual incluida, para garantizar el que se multiplicaran.

Visto de esta forma, si un mono tití no puede procrear con una mona verde o si un gorila no es capaz de embarazar a una chimpancé, orangutana o el tipo de mona que se pretenda intercalar en la escala evolutiva, ¿cómo se puede proveer de categoría científica, a la tesis de nuestro origen simiesco? Si el total de miembros de la familia primates, las casi 200 especies diferentes, son incapaces de generar nuevos miembros genéticamente diferenciados, ¿de dónde salió ese lémur-mono al que ahora quieren hermanarnos?

La respuesta es genéticamente demoledora: ¡DE NINGÚN SER VIVO DIFERENTE A UN LÉMUR! Si confrontamos el planteamiento con el código genético, vemos la complejidad de la masa de información contenida en este. Cuando se medita que la total información química requerida para elaborar a un mono, lagarto, ave, elefante, rana… o ser humano, se comprime en dos células reproductivas minúsculas y diferentes en cada especie, entonces se entiende el absurdo del planteamiento evolutivo.

El que la información genética de todo ser vivo dependa de dos cromosomas sexuales, el ‘X’ y el ‘Y’, encargados de trasmitir secuencialmente cada dato imprescindible, es en sí mismo una evidencia de que, al menos en más de un millón de especies con sexos diferenciados [testículos y ovarios], macho y hembra tuvieron que ser coincidentes en el tiempo.

La añeja idea de un lagarto trasmutando hasta echar alas… o un tipo de mono deviniendo en persona, es hecha polvo por la evidencia cromosomática. Es repetición obligada; si especies distintas jamás generan especies nuevas [realidad científica manifiesta ante los ojos del mundo], no queda más remedio que aceptar que cada ser apareció tal cual se ve hoy: perfectamente diferenciado.

Incluso en miembros de familias ‘semejantes’, como las 13 especies de simio, las 160 de mono, las miles de lagarto, las más de 20000 de pájaros, cientos de ciervos, etc, incapaces de embarazar a ninguna hembra de otra especie, aunque la zoología las ubique dentro de una misma ‘familia’. Serán ‘similares’ para nosotros, pero todos y cada uno de ellos saben perfectamente que están ante un ‘bicho discordante’.

Sostener que la pluralidad de información para la vida, virtual en el ADN, surgió al albur, sin plan ni diseño, es negar el sentido común. La enorme complejidad de datos genéticos ordenados [6 mil millones de bits, en nuestro caso], codificados con un alfabeto de solo cuatro letras, hecho de moléculas químicas, implica colosal inteligencia superior detrás. Los expertos de la teoría de la información no admiten otra interpretación de los hechos.

Lo real y empírico, es que resulta discordante describir la evolución como un proceso de adaptación, por cuanto a ningún ente se le puede atribuir ancestros: científicamente, ninguno tiene un origen distinto al fijado en su propio ADN. Cada ser vivo se manifiesta perfectamente adaptado: ni vemos lagartos con intentos de alas brotando de ellos ni monos rebasando la barrera biológica fijada, embarazando a hembras de otras especies primates. Tampoco a especies diferentes generando nuevas entidades biológicas; tal cosa es bulo anticientífico, cabalmente negado en cada selva o zoo del planeta.

La ‘selección natural’ no ‘crea‘ nada; enseñar en las aulas que el complejo ojo trilobites ‘precámbrico’ [cuyo inicio ‘se dice‘ que fue hace 4.600 millones de años, y su fin unos 570 millones de años antes que nosotros ‘viéramos‘ la luz] surjió más de 500 millones de años antes que el ojo simple que debió antecederle, hace a la evolución inmasticable.

Solo hay una explicación obvia: tuvo su diseño genético de ojos compuestos, desde su inicio… al mismo tiempo que el resto de ojos que se ven en la creación de Dios… hace unos pocos miles de años atrás, cuando el Creador decidió que empezara este ciclo de vida material. Solo la existencia inicial de programas codificados en el ADN de trilobites, y resto del lote de la Creación resulta coherente, porque lo científicamente demostrado es que un programa no surge al azar; así como que solo es posible codificar si detrás existe un talento programador y codificador. Decir lo contrario es fábula.

De la misma forma es irracional explicar el paso de un ser terrestre a un aéreo como una necesidad, si lo que vemos es que miles de especies distintas de lagartos viven perfectamente sin precisar alas. Otra cosa es la variación que tiene lugar dentro de los límites de la información genética, frontera fijada por el “pool de genes”; pero todas las características presentes en el abanico genético de una especie es determinada por los alelos. Lo vemos en perros, cerdos, humanos… y vegetales, creando razas y genotipos diferentes de una misma especie; pero jamás especies nuevas.

Tal variación nunca transmuta reptiles en pájaros, agregando plumas y alas, alterando metabolismos. Ese cambio demanda aumento en la información genética; el borrar datos de escamas, huesos, sistema respiratorio, tipo de sangre… etc, supliéndolo por la información correspondiente a las aves, sin una inteligencia controlando, es totalmente imposible, pues alteraría la ordenada información original. Es bien sabido que solo el variar un simple aminoácido puede llevar a la extinción, no a la multiplicidad.

Lo que se observa en la vida real es la firmeza de especies, no el paso de unas a otras. Casi doscientas especies inmutables de primates, ante múltiples razas de perros, equinos… personas. Y eso nos diferencia de los monos, no nos asemeja: hay muchas razas humanas, pero la especie es la misma, manteniendo la capacidad de procreación entre distintas razas con un mismo ADN. Sin embargo, científicamente probado, no se puede decir lo mismo de micos, gorilas… lémures, perfectamente diferentes, genéticamente incompatibles….

La variedad alélica crea razas y fenotipos disímiles en una especie determinada, sin que ello implique mejora genética; jamás se ha demostrado sea un paso del que surjan nuevos órganos. La evolución propone que con la ayuda de largas eras geológicas se ha producido la ‘macroevolución’: especies multiplicándose y sucediéndose entre sí. Mas eso es lucubrar contra lo observado, cuando lo genuino y legal es extrapolar desde la experiencia cierta. Se distorsiona la lógica, la razón y la inteligencia, yendo contra la Ciencia, y alineándose con fábulas de ranas trasmutando en príncipe, monos en personas, o calabazas en carrozas.

Desde tiempo atrás se concluyó la “estabilidad genética” [homeostasis genética], basada en resultados experimentales sobre seres vivos. Se concluyó que cada cópula provocada, en busca de variaciones distintas a las contenidas en el pool de genes, fue ineficaz. Constan barreras estrictas entre las distintas especies de seres vivientes, que hacen totalmente imposible que criadores de animales cambien al ganado en especies diferentes, apareando distintas variedades, según postuló Darwin.

La propia ‘evolución‘ de la bacteria es otro mito; su capacidad de resistencia existía mucho antes de los antibióticos. Artículos del “Medical Tribune” [29/12/1998] lo confirman. En 1986 se hallaron los cuerpos congelados de marinos muertos durante una expedición al polo, en 1845, y en ellos se divisaron bacterias comunes en el siglo XIX. Los investigadores se sorprendieron al examinarlas y descubrir que eran resistentes a antibióticos que no fueron desarrollados hasta el siglo XX, muy posterior a su época.

Tal hecho constituyó un ‘NO’ rotundo a la “inmunidad bacteriana adquirida” que propugna la tesis evolutiva. Se demostró científicamente que tal resistencia ya estaba presente en las poblaciones de bacterias, antes incluso que existieran los antibióticos. No evolucionan a otra especie sino que tienen capacidad de respuesta como lo que son, porque así lo recoge su ADN; tal como nuestra información genética prevé un sistema inmunológico.

Pero, volvamos a la ‘homología’ hombre/mono. ¿Es científico decir que indica ancestros comunes? El ‘NO’ es enérgico; hay que decir que la embriología y la genética demuestran que el concepto de homología definido por Darwin como “evidencia de los seres vivientes a partir de un ancestro común”, jamás se puede considerar como evidencia. También en este sentido, la Ciencia ha probado que la tesis darwinista es falsa.

Ni moléculas ni fósiles han logrado proveer los ariscos eslabones intermedios soñados en siglos de darwinismo. La discrepancia molecular entre seres aparentemente relacionados por su similitud se manifiesta tenazmente. Por ejemplo, la estructura del Citocromo-C, proteína vital para la respiración, es pasmosamente distinta en seres estimados como de la misma familia. Investigaciones llevadas a cabo dicen que la diferencia entre dos especies de reptiles distintos es mayor incluso que entre un pájaro y pez, o pez y mamífero.

Otro estudio mostró que la diferencia molecular entre ciertos pájaros [ej: águila y gorrión], es mayor que la existente entre esos mismos pájaros y determinados mamíferos. Algo similar ocurrió al comparar hemoglobina, hormonas y genes. Asimismo se ha visto que la diferencia molecular entre ciertas bacterias aparentemente similares, es mayor que la que hay entre mamíferos y anfibios o insectos. Desde la Biología molecular, ningún órgano es ‘ancestral’, ‘arcaico’ o ‘moderno’; si esta rama de la Ciencia hubiera existido cuando Darwin, su idea de la evolución orgánica ni siquiera habría podido sostenerse.

La Ciencia ha logrado almacenar información sobre barro, piedra, papiro, papel, disco de vinilo, película, casetes, CD’s, microchips… pero la tecnología humana no ha sido capaz de avanzar hasta el nivel de almacenar información química tal como la muestra el ADN. De acuerdo a esto, resulta disparatado decir que los penta trillones de datos contenidos y sincronizadamente secuenciados, en los millones de especies diferentes que existen, pudieran haber surgido desde el azar. ¿Cómo podría el azar lograr lo que no logran ejércitos de científicos eminentes, en el mundo entero?

Por otra parte, es imposible que un código surja por accidente; está matemáticamente demostrado. Solo se logra desde una mente inteligente; la casualidad no puede hacerlo, de la misma forma que si Bethoven no hubiera estado tras cada partitura, jamás habríamos oído sus sinfonías. Ni siquiera los pentagramas de los peores músicos, surgen del caos.

El planteamiento evolucionista es una sarta de incoherencias unidas con hilos frágiles: una oda a absurdos imposibles. Es como la roca que termina horadada por la constancia de la ola; el flujo de la Ciencia la ha sacudido en sus cimientos y hoy estamos ante un pedrusco endeble que intenta sobrevivir dejándose llevar por la marea, incapaz de sostenerse. No es más que una ignorancia agonizante, ahogándose en la playa del conocimiento.

Mas el capricho persiste; no hay la más mínima duda de que en cualquier momento estaremos ante una diatriba que nos relacione ancestralmente con la patata. Solo es necesario que surja alguien con la capacidad de facundia argumentativa capaz de convertir lo absurdo en lógico. ¿Acaso no han convertido al alga unicelular procariota en ancestro de al menos un millón de especies [nosotros incluidos], pese a estar formadas por las tan diferentes células eucariotas, sin haber demostrado jamás en ningún laboratorio del universo tal paso imprescindible de un tipo de célula en otra? La Ciencia no nace de locos brincos de cabras, sino de pasos cohesionados y convincentes.

Pero enfrentamos lo que enfrentamos; nada sorprende de los enemigos de Dios y de su Creación: patata seremos, si hay dinerito, fama y posibilidades de Nobel por medio… solo hay que tener paciencia para ver más enfoque demencial convertido en noticia científica.

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EL PRÍNCIPE ENCANTADO, CENICIENTA… Y DATACIÓN GEOLÓGICA I.

marzo 15, 2009

Este blog se complace en presentar una serie de hallazgos ‘molestos‘ para los amantes de la tierra eónica. Se probará así que la sensatez de los sistemas de datación no supera la que puedan tener los cuentos infantiles que ilusionan a mentes inmaduras; y que solo una afín conducta pueril, puede explicar el frenesí mostrado hacia estas ‘técnicas’, por los tutores del sin-Dios, ya sea tras una armadura geológica, o una tipo ‘evolución de las especies’.

Abro la serie con el hallazgo de la apelada “Máquina de Antikythera“, artefacto obviamente moderno, hallado en un barco hundido, cuya aparición fortuita se debió a la inmersión de pescadores de esponjas. Estos faenaban a unos 60 ms. de profundidad, frente a la isla de Antikythera, mar Egeo, en el año 1900, cuando detectaron la presencia de los restos de una embarcación, y se afanaron en repetidas inmersiones, intentando rescatar todos los objetos de posible valor.

En un momento impreciso, uno de ellos vio un extraño bloque de apariencia metálica, cubierto de pequeños corales que lo habían convertido en residencia. Los ‘peritos’ obviaron el bloque, describieron la nave como ‘galera griega’, la dataron en el siglo I aC, y consideraron esa fecha como la del naufragio. Sin embargo, un año más tarde, cuando se realizaba su clasificación, al arqueólogo griego Valerios Stais, le sorprendió que entre la mole metálica se vieran varios engranajes… algo totalmente anacrónico entre restos datados en 2000 años de antigüedad.

De modo que se dio a la tarea de limpiarla minuciosamente, y al terminar, lo mismo él que el resto de expertos, concluyeron que el aparato era todo un sistema tecnológico; lo consideraron un reloj astronómico, o algún instrumento de navegación muy sofisticado. Y al detectar la presencia de inscripciones en el metal, se solicitó la presencia de epígrafos que pudieran descifrarlas, leerlas e interpretarlas, con el fin de obtener la mayor cantidad posible de información sobre el enigma.

Estos fallaron que se hacía referencia al sol, la luna y otros cuerpos celestes; posteriormente, estudios más profundos, fijaron incluso que se trataba de una calculadora astronómica en toda regla. Desde entonces, este aparato se expone en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas.

Cinco décadas después, el oficial naval francés, Jacques Cousteau, estudioso del mar y sus formas de vida, se interesó en su misterioso mecanismo, y decidió seguir buscando en la misma zona. Para ello se valió del antiguo dragaminas del Ejército Británico ‘Calypso’, convertido por él en buque oceanográfico, luego que le fuera simbólicamente arrendado por un dólar al año, a través del multimillonario británico Leonel Guinness.

Como resultado, el Capitán Cousteau rescató un valioso tesoro arqueológico, en el que se incluyeron otros pequeños restos de engranajes de incomprensible utilización, que lejos de aclarar la situación, la complicaron aun más.

Pero, volvamos al artilugio datado en la época dorada de Roma: un mecanismo hecho en bronce, originalmente montado dentro de una caja de madera con dos puertas. Mediante una inscripción de 3,000 caracteres [la mayoría sólo descifrable recientemente], se indicaba el manejo del instrumento y el cómo interpretar las observaciones obtenidas. Este fue su aspecto original:

Antikythera

El ingenio, luego de ser debidamente limpiado, se presentó como el sistema mecánico que podrán ver al final: 40 ruedas de engranaje, cuyo volante principal exhibe 240 dientes. Contaba además de otros 9 volantes móviles que girarían sobre sus respectivos ejes, de los cuales, el más robusto haría funcionar todo el conjunto.

Hoy se considera el primer ordenador mecánico de la historia; el objeto más sofisticado hallado nunca, antes de la Edad Media. Instrumento que se supone construido entre el 150 y el 100 A.C. en Grecia, y al cual incluso le han asignado creador: el astrónomo Hiparco, ya que el mecanismo emplea su teoría sobre el movimiento de la Luna.

El historiador Derek J. de Solla, lo catalogó como ‘computadora astronómica’ capaz de predecir las posiciones del Sol y de la Luna en el zodíaco. Sin embargo, estudios posteriores indican que el dispositivo era mucho más “inteligente”. Hace poco, mediante técnica TAC, [scanner de alta resolución], un grupo internacional de investigadores concluyó que el mecanismo ‘Antikythera’, suma, resta, computa y explica astrofísica. Y lo hace en un entorno que implica a la luna y la posición planetaria, mediante un disco de calibración que le haría capaz de predecir todos los eclipses solares o lunares. O sea, bastaba introducir una fecha con una manivela, y su mecanismo fijaba la posición del Sol, la Luna, y probablemente también el resto de planetas, pues se han hallado referencias inscriptas sobre Marte y Venus.

Pero… un momento; un poco de razonamiento por favor: Si aceptamos esto, estamos admitiendo avances tecnológicos cuya única evidencia no surge hasta siglos recientes, pues el módulo tiene un nivel de miniaturización y complejidad, que no se logró ni en los relojes del siglo XVIII. Aun siendo generosos, ante la innovación que representan los ‘engranajes diferenciales’, lo más cerca que podríamos situarlo, si nos sometemos a las evidencias, es en el siglo XVI, época en que estos constituyeron el no va más de la mecánica. Solo mediante esta tecnología y un mecanismo inteligente, podía recrear la órbita irregular de la Luna, unas veces ligeramente más rápida que otras.

La comunidad científica enfrenta aquí una negación de los sistemas de datación: o el barco no tenía tantos años como se le dató, o habría que reconstruir toda la historia de la mecánica clásica a partir de esta única evidencia… lo cual sería un absurdo.

El llamado ‘Proyecto Antikythera’, concluyó que estaban ante un ordenador astronómico que mostraba las fases mensuales de la luna, siguiendo el modelo de Hiparco, mediante dos escalas en espiral que cubren el ciclo Callippic [Cuatro ciclos Meton, 4 × 19 años] y el ciclo de Exeligmos [3 ciclos Saros, 3 × 18 años], prediciendo los eclipses de sol y luna.

Y este mecanismo le convierte en un módulo más sofisticado aun de lo pensado, pues revela un nivel de ingenio y una tecnología de diseño solo manifiesta en siglos recientes. Mas, antes que claudicar ante evidencias de datación errónea, basada en suposiciones, se acudió al mismo principio de ‘suposición’, para ‘apuntalarlo’ como sistema ‘científico de datación segura’. ¿Cómo lo hicieron?

Pues mediante la lectura del manual de dicho aparato, porque ¡pásmense!, aunque tampoco hay referencias sobre ningún ‘manual de usuario’ de la época del lunático Pompeyo, este aparato sí lo tenía, y lo traía consigo. Las inscripciones del ‘Códex Antikytheriansis’ instruyen sobre el uso del computador astronómico; señalan movimientos planetarios… y dos nombres geográficos: Hispania y Pharos [Alejandría].

Y justo a eso se aferran: para ellos, el ‘ΙΣΠΑΝΙΑ’, lo convierte incluso en aun 50 años más antiguo; es decir, en lugar de ser coherentes con las evidencias históricas, se hunden más en lo improbable. Suponen que señalan los extremos del mundo conocido entonces, y tal pensamiento, les lleva más atrás aun en la historia. No tienen en cuenta que el griego, al igual que el español, aunque ya resultaba cambiante desde sus inicios, mantiene aun muchas de sus palabras originales.

En el siglo VII a.C., los griegos sumaron, a los veintidós signos originalmente consonantes del primer sistema alfabético fenicio, las vocales que les permitieron pronunciar sonidos propios, e incorporar algunos caracteres que han conservado su identidad durante treinta y cinco siglos. Así, y aun a día de hoy, ‘ΙΣΠΑΝΙΑ’, sigue queriendo decir ‘España’, con lo cual, no significa más que lo que es: una palabra griega, actual en el tiempo.

Veamos por ejemplo, lo que aparece al final de la página web:
http://hispanistas.web.auth.gr/hispanistas_2/?page_id=86:

“Copyright ΕΤΑΙΡΕΙΑ ΕΛΛΗΝΩΝ ΙΣΠΑΝΙΣΤΩΝ, 2008”.

Luego, estamos de nuevo ante un razonamiento circular: ‘se hace así porque lo valemos’. Lo precisan para acreditar la datación al precio que sea; aun a costa de la Verdad, meten el calzador todo lo que sea necesario. Incluso no habrá quien falte en asegurar [como es tradicional por parte de los “negadores” de molestas evidencias] que la máquina de Antikythera no es más que un artefacto de siglos recientes, que algún navegante arrojó desde su barco, y que cayó por “casualidad” en las proximidades de la vieja galera griega naufragada.

El mal de la sinrazón ha hecho metástasis; se ha adueñado de las neuronas, y bloquean el análisis. A muchos humanos, antes que creer en la Ciencia manifiesta de Dios, les resulta más fácil imaginarse al emperador Augusto, mandando a fustigar a su ayuda de cámara, porque su ‘Rolex’ le indicaba que se había atrasado en la hora de traerle la merienda.

Puestos a suponer, podríamos rebasar cualquier frontera; para eso existe la libertad de un pensamiento, capaz de volar más allá, del más allá posible. Pero eso no es válido para quienes preferimos mantener los pies sobre la tierra, razonando sobre toda la inteligencia que muestra el planeta, y sumándole la que extrapola el terreno que pisamos, hacia todo aquello que flota sobre nuestras cabezas.

No obstante, como dicen que una imagen vale más que mil palabras, decido presentarles este vídeo, para que juzguen por ustedes mismos. Dura unos minutos, pero es un tiempo que vale la pena.

Como pueden observar, la sofisticación mecánica de ‘Antikythera’ manifiesta un claro error de datación. Todas las evidencias le señalan como producto de un diseño coherente con el siglo de las luces; de la misma forma que, según análisis real, los sistemas de datación señalan hacia aquellas nanas que se cantaban a niños insomnes, para conducirles al reino de los sueños. Lo mismo que se pretende conseguir hoy con los adultos… y que, obviamente, con los menos objetivos, ha dado resultado.

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AUTOBÚS 666 ‘LONDRES-BARCELONA’, LLEGA CON VENENO

enero 17, 2009

Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas; derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” [2ª Co10:4-5]

En estos días, todos los medios de comunicación dedican un espacio en primera plana, a una frase aparecida en autobuses ingleses, recién exportada a España, en la que se exhorta a todos a ‘disfrutar de la vida sin limitaciones‘, dando la opción de no tener que responder ante nadie. Pero hay una palabra clave: ‘probablemente‘; o sea, el hombre tiene la última voz, la capacidad de decidir. Y esto es así, porque responde al plan de Dios desde los inicios.

En el evangelio de Cristo, la palabra ‘corazón’ aparece más de 100 veces; y no en el sentido biológico, sino en el espiritual. Resulta obvio que el corazón humano es cuna del espíritu; es un conocimiento que se nos escurre ahora y se nos hace difícil entender, pero que dominaremos cuando estemos aptos para comprenderlo. Nuestro Señor nos aleccionó con frases como:

“El buen hombre, del buen tesoro de su corazón saca bien; y el mal hombre del mal tesoro de su corazón saca mal; porque de la abundancia del corazón habla su boca. ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que digo?” [Lc 6:45-46]

Dios concede el libre albedrío: tenemos acceso a toda la información existente; leemos todo lo que queremos, procesamos con la mente lo leído, pero nuestro corazón es el que toma partido. Es el órgano más espiritual del ser humano… y también es su autógrafo, un libro abierto para el mundo de la 4ª Dimensión, incluido satanás y su séquito.

Por eso se entera de nuestras debilidades, y por allí mete la punta de su lanza, socavándonos. Por la misma razón, continuamente el Cristo nos advierte más de cien veces sobre esta situación, pues Él tiene la llave que abre de par en par las puertas de esa ‘memoria espiritual‘ humana, y tiene además la facultad de leer en ella todo lo que, de alguna forma que se nos escapa, queda grabado:

Porque de adentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad. Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona.” [Mar 7:21-23]

Y nos lo advierte, porque siempre supo que estos días llegarían; hecho que hace obvio que entramos ya en la frontera de los últimos tiempos. El cuánto dure la fase, solo es dominio de Dios; Jesús la define muy bien, al explicar a sus apóstoles la parábola de la buena semilla:

El que sembró la buena semilla es el Hijo del hombre, — les respondió Jesús—. El campo es el mundo, y la buena semilla representa a los hijos del reino. La mala hierba son los hijos del maligno, y el enemigo que la siembra es el diablo. La cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. Así como se recoge la mala hierba y se quema en el fuego, ocurrirá también al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los que pecan y hacen pecar. Los arrojarán al horno encendido, donde habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán en el reino de su Padre como el sol. El que tenga oídos, que oiga.” [Mat 13:37-43]

La lucha espiritual comenzó en la 4ª Dimensión, pero tendrá su fin en esta que vivimos. Nosotros somos los actores principales, y la tramoya que detonará este proceso final, no es otra que el materialismo ateo, guiada por la mano del propio jefe de los demonios.

La filosofía materialista es una corriente de pensamiento antigua, que considera la materia como absoluta e infinita: ‘La materia ni se crea ni se destruye: solo se transforma‘. Para el ateo, todo lo que existe está compuesto sólo de materia; así, este criterio imposibilita un Creador de carácter ‘no material‘. Por ello, siempre ha sido hostil al monoteísmo o cualquier proyecto humano que implique una Creación divina.

Es tanta la aversión, que se han adueñado de la ciencia, subordinando el criterio científico al filosófico, y abrazando las alternativas a mano: la teoría de la evolución y la geología conveniente. Obvian la constante ausencia científica… porque antes adoptaron la negación apriorística. El propio biólogo evolutivo, genetista y filósofo evolucionista, Richard Lewontin lo confirma en ‘‘Billions and billions of demons’, (1997):

Y no es que los usos e instituciones de ciencia obliguen a aceptar una explicación materialista del mundo fenomenológico, sino por el contrario: nosotros estamos forzados por nuestra adherencia a priori a la causa materialista, en crear un aparato investigativo y una serie de conceptos que ofrezcan explicaciones materialistas, sin importar cuánto vayan en contra de la intuición ni qué tan místicas sean, para el que no ha sido iniciado. Más allá de eso, el materialismo es un absoluto, y no podemos dejar que un pie divino cruce la puerta.”

No le importa la ciencia. Pero, como contrapartida, el descubridor del ADN y Premio Nobel, James Watson señala en su libro “La doble hélice”:

No podía ser uno buen científico sin comprender que, en contraste con la concepción popular sostenida por los periódicos y por las madres de los científicos, buen número de ellos no sólo son obtusos y de mentalidad estrecha, sino también simplemente estúpidos“.

La lealtad de los negadores de Dios, mal llamados ‘humanistas‘, se percata de que la flecha de invisibilidad material que todos portamos en el cerebro, conocida como inconsciente‘, posibilita en sí misma la realidad de un espíritu también invisible.

De ahí surgió la conducta prejuiciosa que dictó el concepto ateo: “el subconsciente se integró por sí mismo“; un absurdo jamás apoyado ni por ciencia empírica ni por la razón. Ni siquiera el origen de la materia física tiene explicación científica. Por ejemplo, el químico y experto en ADN, profesor de la Universidad de Nueva York, Robert Shapiro, dice:

Por tanto se necesita otro principio evolucionista para cruzar la brecha existente entre las mezclas de elementos químicos naturales simples y el primer replicante efectivo. Este aún no ha asido descrito en detalle o demostrado, pero está anticipado y se le da nombres como ‘evolución química’ y ‘autoorganización de la materia’. La existencia del principio se da por sentada en la filosofía del materialismo dialéctico, tal como la aplica al origen de la vida Alexander Oparin.” [Científico ruso, ateo-comunista]

La propaganda evolutiva sale asiduamente en medios de comunicación y célebres revistas de ciencia, debido a una necesidad ideológica. La evolución se presenta indispensable, gracias a que los círculos que fijan normas científicas la han hecho tabú. Y todo ese brío siempre tuvo un “propósito”: impedir toda fe en un Creador.

El evolucionismo exhibe sus intentos como “ciencia“, pero no apoyándose en ella, sino en la filosofía materialista, y en el rechazo obstinado a la existencia de cualquier cosa “más allá” de la materia, pese a que ellos mismos son capaces de pensar… y a que el pensamiento ‘no‘ es materia.

El objeto del artículo de hoy, el lema ‘autobusístico‘ de estos días, es más de lo mismo: propaganda antiCristo. Pero, al igual que un mal deportista es incapaz de sumergirse en las profundidades, pues ya le resulta excesivo el esfuerzo para sostenerse a flote, el ateísmo exhibe un mensaje universalista, implicando a todos… mas incapaz de prever el verdadero significado individual, que terminaría haciendo gran daño a la sociedad. Una vez más, hacen gala de su despiste intelectual, aun sabiendo que ninguna acción cumple su cometido, si no es antecedida por la reflexión. Analicemos el mensaje:

‘Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida’.

Ahora, individualicémoslo, descifrándolo en su real dimensión:

– ‘Violador: probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida’.

‘Asesino: probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida’.

‘Drogadicto: probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida’.

‘Pedófilo: probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida’.

‘Adúltero: probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida’.

‘Prostituta: probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida’.

Papá que va a prostíbulos: probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte…

Homosexual: probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida’.

Narcotraficantes, borrachos, maltratadores de mujeres y niños, mentirosos, tramposos, usureros, egoístas, poderosos, orgullosos, avariciosos, lujuriosos, iracundos, envidiosos, perezosos, resentidos, vengativos, mafiosos, imprudentes, desleales, sicópatas, codiciosos… probablemente Dios no existe. Dejen de preocuparse

¡Ese es el auténtico mensaje trasmitido: crear caos en el mundo! Y los cristianos tenemos el deber ante Jesús de denunciarlo y alzarnos contra tal blasfemia, impidiendo por todos los medios que la sinrazón y la locura atea continúen haciendo daño a la sociedad.

¿Seremos capaces de generar una revolución de principios? Si se hace individualmente: ¡Sí! Cuando cada ser humano sea capaz de mejorar aquellos hábitos que afectan a la colectividad, ¿afectará positivamente al resto de la humanidad? ¿O si tiene una actitud socorrista con el prójimo? ¿O si evita hacer daño a los demás?…

No hay dudas que sí, que en esos supuestos, la convivencia humana iría en una dirección convergente con la paz y la felicidad. ¡Ese es el mensaje que se debe trasmitir! ¡Esa debería ser la preocupación primera, de cada uno de los políticos implicados en dar el visto bueno a todo mensaje publicado, tanto ante ojos de niños, como de adultos!

Pero, desafortunadamente, en la misma medida que el hombre se ha ido apartando de Dios, se ha impuesto lo ‘políticamente correcto‘, porque, aunque probablemente no sea lo mejor, es lo que da votos, dinero y poder: el principal alimento del egoísmo humano.

¡Que nadie se escaquee! El mejor mensaje que debe ser cifrado con cincel de hierro y punta de diamante en el corazón humano, es el que nos dejó escrito, hace 2 milenios, quien vendrá sin falta, cuando se cumpla el límite de tiempo fijado por el Dios Padre. Lo escribió quien convivió con Él y fue su discípulo favorito, durante los 3 años de apostolado:

El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rechaza al Hijo no sabrá lo que es esa vida, sino que permanecerá bajo el castigo de Dios.” [Juan 3:36]

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TRILOBITES: ¿LA INVOLUCIÓN DEL OJO?

enero 5, 2009

Porque las cosas invisibles de él; su eterna potencia y divinidad, se ven entendidas por la creación del mundo, y por las cosas que han sido hechas, para que no haya excusa…” [Rom 1:20]

Hace algunos días, en un debate, se me planteó la situación de la ‘evolución del ojo‘, como algo perfectamente explicado ya con argumentos científicos. Yo venía trabajando en ello, y por eso me comprometí a demostrar que tales pruebas eran cualquier cosa menos científicas. Este es el comienzo; pero no podré exponer sobre el humano, si no abro con el primer ojo de evidencia física, muy similar al de insectos modernos: el eucariota Trilobites, miembro extinto de amplio registro fósil, y clasificado en el fílum ‘Arthropoda’.

Los trilobites habitantes de océanos aparecen simétricos, segmentados, con apéndices articulados, pleódopos, antenas, cefalización [cabeza, órganos de los sentidos], sistema nervioso, y ojos con un preciso sistema de lentes compuestos… pese a haber sido datados en unos 400 millones de años, durante la ‘explosión cámbrica‘.

Cada propugnador de la teoría evolutiva enseña que fueron de los primeros animales en poblar la Tierra. En líneas generales, la evolución propone que todos los animales vivos han progresado desde cuerpos sencillos que, gracias a la ‘selección natural‘, han mejorado en el camino; de modo que, siguiendo la instrucción bajada en las aulas, al ser tan ‘antiguos‘, deberían haber sido entidades completamente simples, con características primitivas.

Sin embargo, la excesiva complejidad del ojo del trilobites, refuta tal concepto. El estudio de su extraordinario lente óptico deja a los científicos aturdidos; ninguno ha sido capaz de hallar tanta precisión y diseño, ni siquiera en la actualidad. Gozaron de un sistema visual jamás observado en ningún otro ser vivo.

Aunque se extinguió, sus fósiles evidencian Diseño Inteligente. A diferencia del cristalino en el ojo humano, compuesto de tejidos orgánicos, los ojos del trilobite eran de calcita. Por tanto, sus ‘lentes’ han podido ser analizados por los paleontólogos, y en contraste con nuestros ojos, [cristalino único], los de los trilobites, según las sub especies, tienen un sistema complejo y especial, con entre 100 y 15000 cristalinos en cada ojo.

Este especial diseño, que permitía que vieran perfectamente bajo el agua, expresa en sí mismo, el dominio de la Ley del Seno de Abbe, el Principio de Fermat, y numerosos conceptos de óptica. No reflejan haber surgido desde el azar y la ‘magia del tiempo‘, sino que ‘gritan‘ en todas direcciones, que fueron hábil y científicamente diseñados por un físico que con su Creación se ganó el derecho a ser considerado el Primer Nobel de la humanidad.

Las células del trilobites se dividieron de una manera similar a las de cualquier eucariota actual. Sus mecanismos biológicos surgen todos funcionando tal como lo hacen hoy en insectos como la mosca, pero con mayor complejidad que en esta. Y tuvieron sistemas nerviosos tan complejos como los de los insectos presentes, con sinapsis funcionando tan bien como lo hacen las de similares especies modernas.

Las lentes del ojo humano varían su forma para enfocar objetos según distancias, pero las del trilobites eran rígidas: no podían ajustar el enfoque; mas como resarcimiento a este déficit, poseían una ordenación interna de ‘doblete óptico‘, ajustada con lo conocido como ‘interface refractante‘.

Así, los lentes trabajaban juntos, y corregían los desenfoques con un par de ojos, compuestos cada uno por entre 100 y 15,000 lentes, según el tipo; una técnica coordinada de omatidios: unidades sensoriales, células fotorreceptoras capaces de distinguir entre presencia o falta de luz, y a veces, hasta colores. Formaban divisiones con aspecto de panal, tal como las presentes en invertebrados de hoy: insectos y crustáceos.

Los ejes de cada omatidio eran cristales individuales de calcita, con el eje óptico del cristal coincidente con el eje óptico del elemento del ojo. Cada omatidio con lente córnea, cono cristalino, células pigmentarias y retinianas, más un fotorreceptor: todo un ojo en miniatura; funcional y capaz de registrar una imagen por sí mismo.

Para que un ojo como éste pudiera enfocar la luz en los receptores, necesitó haber tenido esta forma de lente, con efectos ópticos requeridos e iguales a los fabricados por Huygens en el siglo XVII; sin embargo, la lente del trilobite funcionó perfectamente, usando estos principios, mucho antes de que el matemático holandés diera con ellos. Y no hay formas intermedias conocidas en el registro fósil: cuando aparece la primera lente trilobite, lo hace de forma totalmente eficaz, de forma muy similar a como se presenta actualmente.

Cada uno de los 800 omatidios de los insectos actuales, contiene ocho fotorreceptores (R1-R8), con varias células auxiliares; y estos fotorreceptores son un tipo especializado de neuronas, cuyo cuerpo celular es parte de la estructura del ojo, y cuyos axones crean conexiones con distintas neuronas del lóbulo óptico en el cerebro. Lo que da una idea de la alta tecnología que acompañó al ‘arcaico‘ ojo del trilobite.

Cada una de las 8 neuronas fotorreceptoras tiene características propias, implicando la presencia de distintos programas de diferenciación. Y los estudios moleculares de hoy, indican que el proceso de determinación neuronal y la diferenciación de estas neuronas como células fotorreceptoras, están bajo un control genético independiente, mediante las proteínas SPALT y SPALT-RELATED, codificadas por los genes ‘spalt’ y ‘spalt-related’.

Y ahora, lo más importante: estas proteínas tienen sus correspondientes genes homólogos en el ser humano, e incluso la mutación de este gen, se relaciona con el síndrome de Townes-Brocks, manifestado en retraso mental y carencia auditiva. De modo que todo indica que estas secuencias de genes de desarrollo, presentes en moscas y en humanos, también estuvieron presentes en los trilobites… ¡Hace más de 400 millones de años!

Ante esta maravilla de diseño, el experto Ricardo Levi-Setti, dijo:

Este doblete óptico es un mecanismo tan típicamente asociado con la invención humana que su hallazgo en trilobites es algo impactante. El saber que los trilobites desarrollaron y usaron tales mecanismos hace medio billón de años atrás es aun más impresionante. Y una revelación final, el que la interface refractante entre los dos elementos del lente, en el ojo del trilobites, tiene un ‘diseño similar’ a sistemas ópticos hechos por Descartes y Huygens a mitad del siglo XVII, se semeja a la ciencia ficción pura. El diseño del lente del ojo del trilobites pudiera calificar bien para una revelación patentada.’ (1993, pp. 54,57).

Ningún otro sistema visual animal, puede compararse hoy día, al del trilobites. El famoso paleontólogo evolucionista Niles Eldredge, también comentó sobre este enigma:

Estos lentes optimizan la luz recogida y la formación de la imagen, mejor que cualquier lente jamás concebida. No podemos menos que admirarnos de que estos trilobites, muy temprano en la historia de la Tierra, tuvieron el mejor diseño posible de lentes que la física óptica alguna vez haya podido formular.’ (Ellis, 2001, p. 49).

El darwinismo es incapaz de explicar tal complejidad surgida de pronto. Si reflexionamos sobre la comparación de ambos sistemas ópticos: el del trilobites datado en 400 millones de años atrás, con los mucho menos complejos de los artrópodos marinos modernos, lo que se evidencia es involución, no evolución. ¿No resulta irreflexivo intentar explicar la evolución del ojo humano, si ni siquiera pueden hacerlo con el del trilobites? Pero la respuesta es pura lógica: sencillamente ambos sistemas ópticos responden a ‘diseños distintos.

Los ojos de trilobites manifestaron toda la complejidad y desarrollo integral de las formas modernas. Se presentan funcionando completamente en los primeros animales multicelulares de los cuales hay registro. ¿Dónde y cuándo ocurrió la evolución?

Tal pregunta es siempre soslayada por los evolucionistas. Cada trilobite fósil es una denuncia de los vacíos de la teoría darwinista. Cuando paleontólogos como Stephen Gould escriben libros acerca de las formas de vida ‘ancestrales‘, evaden celosamente mencionar el problema de apariciones repentinas, tan complejas. Solo dicen: ‘Está ahí, por tanto, la evolución pudo hacerlo.’ O sea, no la refieren como Ciencia, sino como arte de magia.

Pero otro estudio lió más aun la explicación, al revelar la posición ordenada en el cromosoma, de los genes implicados. Cuando las series mayores de los genes reguladores que fijan la polaridad del embrión de un insecto moderno: la mosca Drosophila (genes HOM-C) fueron reconocidas, se vio algo prodigioso e inexplicable: los genes que controlan el desarrollo del eje embrional, desde la cabeza hasta la cola, se ubican en el cromosoma, en el mismo orden que las partes anatómicas del individuo (colinearidad) cuyo proceso estaban intentando controlar.

Hubo varias razones de pasmo, pero la mayor fue lo poco probable que resulta que este arreglo ocurra en ausencia de un diseñador, pues años atrás se había demostrado matemáticamente [Murry Eden, Massachssets Institute of Technology], la improbabilidad de lograr que miles de genes se ordenaran específicamente en el cromosoma.

Sin embargo, el hallazgo no paró aquí. Siguientes estudios en vertebrados [mayormente ratas, pero también seres humanos], dejaron ver que similares proteínas reguladoras eran las responsables de la organización del cuerpo, desde la cabeza hasta los pies.

Estos genes [Hox u homeóticos] eran muy análogos a los equivalentes en Drosophila, [en algunos, la similitud Drosophila-Humanos es del 98%] e incluso están colocados en el cromosoma, en igual orden que en los cromosomas de esta mosca de la fruta. Sin duda, estos genes muestran un origen común… y debieron también haber estado presentes en el trilobite, la forma más primitiva reconocida.

Así que en la primera forma, no solo debió estar presente toda la complejidad de la célula eucariótica, sino también todos los datos genéticos de estos seres considerados ‘primitivos‘, involucrando la interacción de los miles de genes, que todas las formas cefalizadas parecen tener en común.

Cuando el Dr. Jeffrey S. Levinton, Profesor de Ecología y Evolución en la Universidad Estatal de Nueva Cork, conferenció en la reunión de la Sociedad Geológica Americana, en Nueva Orleans, 1996, se tocaron profusamente estas cuestiones. Un par de días después se debatió sobre lo planteado, luego que cuatro científicos presentaron nuevas ideas para intentar explicar ‘la explosión cámbrica‘, y permitieran más tarde un ciclo de preguntas y comentarios por parte de la audiencia.

Hubo muchas, sobresaliendo dos; pero antes de tratarlas, es preciso exponer el contexto para que podamos ubicarnos en aquel día: Ellos propusieron que los metazoos complejos: ancestros de corales, moluscos, trilobites, vertebrados, erizos de mar, y otros, existieron quinientos millones de años antes del Cámbrico, implicando que vivieron todo ese tiempo sin dejar registro fósil.

Esto requería que muy anterior al Cámbrico, esos organismos coexistieran como gusanos blandos o larvas; con el arreglo genético de los grupos cámbricos, pero sin formato esquelético. Así que, luego de esto, la primera pregunta conflictiva fue:

‘¿Por qué los rastros fósiles (huellas, tramos y madrigueras fósiles) son muy raros antes del inicio del Cámbrico, si estos animales existieron durante quinientos millones de años?

Un experto, reconocido mundialmente en huellas fósiles, se irguió, aparentemente para responder lo cuestionado, pero solo hizo comentarios circulares, sin contestar específicamente a lo planteado.

La segunda pregunta llegó de otro científico:

‘¿Por qué todos estos tipos de animales estuvieron viviendo tanto tiempo sin esqueleto y luego presentaron esqueletos todos al unísono?

Luego, ante el silencio, insistió con fervor:

‘¿Por qué evitan la respuesta verdadera?’

Hubo una pausa, y uno de los ponentes contestó:

Porque es verdaderamente difícil‘.

Después alegó que ellos esperaban que las respuestas vinieran según lo permitiera el desarrollo de nuevos conocimientos en biología molecular.

O sea, lo de siempre, desde el inicio de la teoría: se especula, intentando aclarar una especulación anterior no demostrada.

No eran anti evolucionistas, sino científicos pro evolutivos, ávidos de una verdad siempre esquiva. Y es que la explosión cámbrica resulta uno de los mayores desafíos para creencias naturalistas que perduran sin ser resueltas, pues la teoría darwinista no es capaz de dar evidencias sobre el origen de los sistemas ricos en la información que controla el progreso embrionario de las especies.

Los primeros fósiles trilobites son complejos, más allá de la imaginación. Sus formas son incluso esculpidas finamente. Sus sistemas nerviosos y musculares eran completamente funcionales, y sus ojos se formaron con pasos no solo similares a los de artrópodos recientes, sino también al de otros vertebrados como el propio hombre.

Sus sistemas cefalizados se presentan operativos desde el inicio, sin absolutamente ninguna evidencia de evolución desde un estado simple anterior. Miles de procesos moleculares, compartidos por formas actuales, estuvieron operando. ¿De dónde vinieron estas complejidades?

Alegar que proceden de formas precámbricas no preservadas, debido a que no poseían cuerpos duros, es argumentar de nuevo con la ausencia de pruebas; y esto, en Ciencias, no puede verse sino como ausencia de la verdad.

No hay secuencia genética evolutiva precámbrica, porque no hubo evolución precámbrica. El intento de explicar la existencia de sistemas vivos complejos, desde una evolución sin dirección ni control, no pasa de resultar un credo religioso sostenido por quienes ansían que el mundo no tenga un Creador. Los trilobites son otro ejemplo más de ‘Complejidad Irreductible‘, el misil en la línea de flotación evolutiva, tan temido por Darwin, por mucho que se intente demostrar lo contrario.

La evolución debe afrontar honestamente el hecho de no poder responder a: ‘¿Quién diseñó los lentes del ojo del trilobites?’ La naturaleza no lo hizo, ya que es incapaz de crear programas con códigos genéticos. Simplemente se ve ‘lo que está ahí‘, pero: ¿Quién diseñó ‘lo que está ahí‘?

La respuesta es más simple que la inconsistente teoría evolutiva: el mismo Programador que creó el programa ADN, y que permitió la alta tecnología manifiesta en el ojo del trilobite. Y no está tan lejos como algunos piensan: se halla en el propio corazón de todo humano, pendiente de quien le solicite con afán, que se manifieste.

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DE EVOLUCIÓN SOÑADA, A PESADILLA EVOLUTIVA

diciembre 18, 2008

Yo soy invisible para aquellos que no quieren verme, y me manifiesto a los que me aman; aguanta, ya falta poco.

La evolución, ante la crisis de evidencias por la que está pasando, está volcada en investigaciones que logren reafirmarla en la palestra científica, con la misma solidez de hace una década. Nuevos hallazgos científicos, certificando más de 20000 enfermedades debidas a mutación genética, delección, trisomía, u otras alteraciones del genoma, pone en tela de juicio lo que propugnan sobre mutaciones favorables, y están obligados exponer al mundo resultados que estén a la altura de los nuevos conocimientos.

Y eso es lo que han intentado con el trabajo sobre un motor, supuestamente híbrido, detectado en la bacteria ‘Acetobacterium woodii’, con piezas biológicas que alegan son evidencias de tránsito hacia eucariotas: el ‘salto hacia otra especie‘ deseado sin suerte desde Darwin. El artículo es ‘An intermediate step in the evolution of ATPases – a hybrid F0–V0 rotor in a bacterial Na+ F1F0 ATP synthase‘; y ya estamos comentándolo.

Antes, considero importante comenzar a explicar en qué consiste el ATPasa, una proteína que puede obtener del ATP, [‘acumulador biológico’], la energía que guarda. Y para ello, no sería mala idea intentar llegar a todos, desde el sistema energético del automóvil.

Unos motores de autos funcionan con gasolina, y otros con diesel. Todos sabemos que no podemos hacer funcionar un motor de gasolina, si echamos diesel… ni motores diesel al que se le ha suministrado gasolina. La razón: el diseño de las máquinas es tal, que los combustibles no son intercambiables. Asimismo, las células no pueden usar directamente hidrógeno ni glucosa para mover, por ejemplo, sus sistemas de transporte.

El diseño de la gran mayoría de células procariotas y eucariotas, [no en el caso del motor del flagelo bacteriano, cuya energía proviene de flujo de iones] requiere un combustible especial; sólo uno les da la energía requerida para moverse: el ATP [Adenosín Trifosfato]; fundamental en la obtención de energía celular, y usado por todas las especies.

Hay muchos sistemas biológicos que pueden descomponer el ATP, toda una familia de proteínas, de nombre genérico ‘ATPasas’ presentes en muy diferentes especies. Todas son enzimas que rompen el ATP y usan la energía de su ruptura (hidrólisis), para transportar iones de un lado a otro de las membranas. Son “bombas” biomecánicas. Y este concepto es válido tanto en bacterias, como en células eucariotas [animales o vegetales].

Según en la célula que se presente, pueden mover protones (H+), sodio y potasio [ATPasa Na-K,], o calcio [ATPasa Ca2+].

Las ATPasas del tipo ABC (ATP Binding Cassette), es un grupo asombrosamente diverso de proteínas que se hallan en arqueas, eubacterias y eucariotas. Las del tipo ‘F’ se presentan en eubacterias, mitocondrias y cloroplastos, y las del tipo ‘A’ en arqueas; todas funcionan normalmente, con síntesis de ATP. Por su parte, las ‘ATPasas tipo ‘V’, lo considerado como ‘híbrido’ en este trabajo, ya habían sido descritas en arqueas… y también moviendo protones en bacterias.

La F1FO-ATP sintasa o complejo ‘V’, es una enzima general, que se halla igualmente en las membranas transductoras de energía, en mitocondrias, tilacoides de los cloroplastos… y en la membrana plasmática de las bacterias, pues la fosforilación oxidativa, en todas las células depende de la síntesis de ATP por la ATP sintasa. Luego, ‘Acetobacterium woodii’ no es una evidencia de transición como se pretende hacer ver; en realidad, lo racional y lógico, es encontrar estas mismas proteínas, diseminadas en las distintas especies que sinteticen ATP.

Motores tipo ‘V’, ya descritos antes en bacterias, se ven en este artículo:

http://www.smb.org.mx/XXVIICONGRESO/Text/AREA-1/CARTELES/1_73.pdf

Para hacer aparecer a ‘Acetobacterium woodii’ como prueba de transición evolutiva, de una especie a otra, los investigadores se fundamentaron en la secuencia genética que codifica las proteínas para Na + F1F0 ATP sintasa, presente en esta bacteria, presentándolo como algo exclusivo, y único.

Solo en ella se han visto codificadas las subunidades tipo F0, comunes en bacterias, en relación biomecánica con otra tipo V0… asociada erróneamente solo a mitocondrias y cloroplastos, [orgánulos eucariotes], pues el motor tipo V0 ya ha sido referido anteriormente en los tres escalones del árbol filogenético evolutivo: bacterias, archaeas y eucariotes, en distintos trabajos investigativos.

Eso es lo fundamental; a través de todo el artículo se explican una serie de ensayos, se sacan deducciones, y al final se conjetura que están, por primera vez, ante un motor combinado F0-V0; un híbrido en ATP sintasa. De aquí deducen que la subunidad ‘c’ del sistema biomecánico V1V0 ATPasa, presente en mitocondrias y cloroplastos, surgió por la duplicación y la fusión de la subunidad bacterial ‘c’. Una evidencia del codiciado paso bacteria-eucariota, imprescindible para explicar el primer salto inter especie.

Su argumento más fuerte, es que el operón Na+F1F0 ATP sintasa, vigente en la bacteria Acetobacterium woodii, incorpora la subunidad V0, como solo vista hasta ahora en orgánulos eucariotas [algo que obviamente no es cierto], y codificada por los genes atpE1, atpE2, y atpE3: presentes en este operón bacteriano, elaborando las enzimas adecuadas.

Suponen que una mutación de estas bacterias, fue la que las llevó a ‘evolucionar’ hacia cloroplastos o mitocondrias; un planteamiento teóricamente defendido desde hace muchos años por los biólogos evolutivos.

Pero lo primero que hay que pensar es que el ATP, el nucleótido trifosfato, compuesto de adenosina y tres grupos fosfato, es la moneda de intercambio energético, válida para bacterias, archaeas y eucariotas. Es una molécula energética causada por fotosíntesis o por respiración celular, y es consumida por muchas enzimas en la catálisis de numerosos procesos químicos, a todos los niveles de especies. ¿No es lo más racional que, a efectos energéticos, se repitan determinadas secuencias genéticas en distintas especies, si todas hacen uso del mismo combustible?

El comediante Will Rogers, con cuyos chistes solía hacer reflexionar sobre las cosas serias [tanto que tiene una paradoja, considerada matemáticamente como el ‘fenómeno’ de su nombre], dijo en una ocasión:

«No es lo que no sabemos lo que nos causa problemas, sino aquello que creemos saber y que no es cierto.»

El artículo relativo al ‘híbrido’, como todos los de corte evolucionista, trata la evolución como un hecho asumido. Desde el primer momento, se hacen análisis aprioristas, sobre lo que ‘se quiere encontrar‘; no están abiertos al enigma que pueda presentarse ante sus ojos, para luego razonar. En lugar de ello, razonan en base a aquello que les motiva personalmente, justificando con suposiciones cualquier enigma que atente contra una suposición anterior. Y es que en el campo de la Biología evolutiva, estamos enfrentando una ciencia parcializada y personalizada.

Todos los humanos contemplamos la vida según nuestras inclinaciones personales; y los investigadores lo son. Sus patrones mentales de cómo el mundo llegó a existir, y de cómo opera, inclinan su investigación y los métodos mismos, antes incluso del inicio de esta.

Pero la batalla de la Ciencia, debería incluir la posibilidad de que no se esté en el camino adecuado, según apuntan una serie de descubrimientos en biología molecular y genética. Si lo que se busca es la verdad, se deben abrir a nuevas vías de conocimiento, pues una panorámica más amplia, extiende el umbral de posibilidades para acercarse a lo ocurrido realmente al inicio de la vida, que es en definitiva, el detonante de la división actual en el campo biológico, entre creacionistas y naturistas.

Es una tarea ardua, pues hay varias ciencias implicadas, que aunque no tocan el mismo tema, van tomadas de la mano, andando juntas según la expectativa materialista de los orígenes. El evolucionismo ha hermanado a la Geología, la Paleontología y la Biología; a día de hoy, es imposible hablar de una si no se menciona a la otra. Resulta casi quimérico que se suplan la columna geológica y el árbol evolutivo de la vida, aunque se enfrenten a muchos datos contrarios o a los deseos de algún inconformista, incluso desde el mismo seno científico evolutivo.

¿Cuántos libros y artículos quedarían obsoletos? Son factores que fuerzan cátedras, independientemente de la constante evasión de la validez empírica, que ausenta una y otra vez la evidencia imprescindible de las especies saltarinas.

Un científico inconformista con lo que legitima la mayoría, sería tan omitido como un ente mitológico. Su necesidad humana de reconocimiento, pesa como una losa; máxime, si al otro lado de la balanza se asoma la condena al ostracismo. Hay que ser muy valiente para oponerse a conceptos alimentados, defendidos y establecidos, desde poco después que Darwin bajó del Beagle.

Como acertadamente menciona Santiago Escuain en uno de sus artículos:

Algunos irán tan lejos en sus conceptos como para llegar a las esquinas de la caja; muy pocos estarán dispuestos a pensar fuera de la caja.’

Sin embargo, lo triste de todo esto, es que la verdad no está dentro, sino fuera de la caja, solo esperando a que la parte del mundo que no quiere o no puede verla, se arme de valor y salga de la oscuridad interior de las cuatro paredes que le aprisionan.

En fin… hallaron el motor tipo V0, conjuntado con uno tipo F0, en bacterias, y les faltó tiempo para asegurar que estaban ante el eslabón perdido bacteria-eucariota. Pero ese motor ya ha sido reportado muchas veces en bacterias, y estas constituyen de por sí, los organismos más abundantes del planeta. Los más conservadores dicen que hay más de un millón de especies de ellas, distintas entre sí; sin embargo, solo la mitad de los filos conocidos resultan cultivables en laboratorio, por lo que se calcula que un 90% de las existentes, aun no ha sido descrito. ¡No han sido estudiadas!

Lo más probable es que, si siguen buscando, continuarán hallando más motores de este tipo, porque las bacterias, señores, usan el mismo sistema de energía para su fosforilación que archeas y eucariotas. Dicho de otra forma: ATP, para toda la biología del planeta.

El procesador de energía universal, regulado por un Instructor que lo inscribió codificado, también en el genoma de ‘Acetobacterium woodii’… junto con otros millones de datos que le prohibe pasar, jamás, de rana a princesa.

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