LA DEMANDA DE CRISTO.

febrero 4, 2009

Como parte de su enseñanza Jesús decía:’ —”Tengan cuidado de los maestros de la ley. Les gusta pasearse con ropas ostentosas y que los saluden en las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los lugares de honor en los banquetes. Se apoderan de los bienes de las viudas y a la vez hacen largas plegarias para impresionar a los demás. Éstos recibirán peor castigo.” [Mar 12:38-40]

La mayor preocupación que puede llenar al cristiano de hoy es la divergencia tan grande que existe con respecto a la interpretación de la Palabra del Señor. Y todo comenzó a partir de que el hombre se separara de las claras instrucciones de Jesús:

No lleven oro ni plata ni cobre en el cinturón, ni bolsa para el camino, ni dos mudas de ropa, ni sandalias, ni bastón; porque el trabajador merece que se le dé su sustento. En cualquier pueblo o aldea donde entren, busquen a alguien que merezca recibirlos, y quédense en su casa hasta que se vayan de ese lugar. Al entrar, digan: ‘Paz a esta casa.’ Si el hogar se lo merece, que la paz de ustedes reine en él; y si no, que la paz se vaya con ustedes.” [Mat 10:9-13]

Con el paso de los años, y gracias a la influencia de ‘teólogos‘, la interpretación que se le dio a esta instrucción fue la siguiente:

Vivan en un castillo de Roma, olviden la ‘toalla a la cintura’ [Juan 13:5], instituyan clara diferencia jerárquica, no solo con cargos asignados, sino mediante vestiduras, gorros y bastones que anuncien ostensiblemente, la ‘dignidad’ individual… y luego dejen que sean otros los que evangelicen; ustedes, solo rijan y administren.’

Como resultado de este ‘desvirtuar‘ la Palabra de Cristo, hoy tenemos un Vaticano, un Papa, ‘dicasterios de la Curia Romana’, el cuerpo administrativo de la Iglesia Católica, cardenales, arzobispos, obispos… y sacerdotes.

Quizás esta situación fue la que hizo que el monje alemán Martín Lutero (1483-1546), a modo de ‘protesta‘, presentara las 95 reflexiones sobre el valor de las ‘indulgencias‘ en el portón de la Iglesia de Todos los Santos, en Wittenberg, Alemania, y creara una corriente nueva: el luteranismo, regido por la misma Biblia, pero con la interpretación diferenciada de un Dios que no juzga nuestras obras, sino nuestra fe; modo obviamente ambiguo para establecer juicio. Así fundamentó el nuevo pensamiento… y así también los nuevos adeptos obviaron a Cristo en ese punto específico.

A su favor debo decir que Lutero abre la doctrina del ‘Sacerdocio Universal‘, [con la que estoy de acuerdo, pues fue lo que propugnó Jesús], en donde afirma que las Escrituras son inteligibles para todos los creyentes y que cada uno, libremente, puede examinarlas a la luz del espíritu. Lutero, fiel al Señor en ese punto, buscó hacer de cada creyente su propio sacerdote.

Pero en general, su particular separación fe-obras, dio pie a que los teólogos continuaran surgiendo en masa, sometiéndose a satanás, y dividiendo más la casa de Cristo, con interpretaciones protestantes de todo tipo sobre Su Instrucción inicial, la que le llevó a la Cruz.

La vanidad, soberbia y egolatría del hombre, dividió la iglesia cristiana, pese a los avisos de Pablo. Hoy existen más congregaciones que leyes de Dios, y cada una da su particular interpretación bíblica, segmentando el árbol de Cristo en: católicos, anglicanos, bautistas, evangelistas, ortodoxos, pentecosteces, mormones, testigos de Jehová… la gran apostasía, pues hay un solo Cristo y una sola Verdad.

Al margen del error teológico de los sucesores de Pedro y los apóstoles del inicio, así como de los de Lutero, vemos a Calvino [líder de la iglesia protestante] haciendo su particular aporte. Calvino no se limitó a predicar y a tratar de influir en los hábitos, sino que asumió un total poder político, ejercido durante 25 años, hasta su muerte. Fundó una forma de disciplina eclesiástica, con jurisdicción consistorial, facultada para infligir censuras y castigos canónicos, excomunión incluida. Su junta de ancianos y pastores, con amplio poder de sanción, vigilaba y reprimía las conductas antiCristo: se vedó y acosó el adulterio, la fornicación, el juego, la bebida, el baile y canciones obscenas, y se obligó la asistencia regular a los servicios religiosos.

Y bajo su jefatura, el Consistorio de Ginebra condenó a Miguel Servet a la hoguera, imitando hechos anteriores de la Inquisición católica… ‘candela‘ que señala claramente en dirección al mismo horno de satán, el auténtico ideólogo de cada teología inoculada al hombre para adulterar la instrucción de Jesús, quien dejó claro que solo Él juzgaría.

Así, el nuevo concepto: ‘justificación por fe‘, negó la teoría católica/ortodoxa sobre ‘obra por fe en la salvación‘… que en ese punto específico, es la más fiel. Y digo esto porque no ocurre lo mismo con respecto a la mediación de los santos y el culto a imágenes, propio del catolicismo… algo SÍ totalmente opuesto a la instrucción de Cristo y del propio Dios, desde que avisa de este peligro en Lev 26:1:

No se hagan ídolos ni levanten imágenes ni piedras sagradas. No coloquen en su territorio piedras esculpidas ni se inclinen ante ellas. Yo soy el Señor su Dios.”

A lo largo de la historia, la mano del diablo ha dirigido cada teólogo corruptor del precepto de Jesús, pese al esfuerzo del Señor por que no se olvidara su Palabra. Así se validó tanto el culto al ídolo, como la falsa eminencia de una fe que le hace la vida ‘fácil‘ al cristiano, inculcando inconscientemente algo de autocomplacencia: ‘Comulgo con fe, y me olvido de las obras‘. ¡Un error clásico en la iglesia actual!

¿Dónde se originó ese malentendido? No hay dudas que en varias cartas de Pablo, que presentan la fe como elemento clave para alcanzar la salvación. Pero no se debe soslayar el contexto: Pablo evangelizaba a una generación que nunca había oído hablar de Jesús o que si lo había hecho, había sido acusándole de cosas terribles, como venido de la propia fuente de satanás. Por eso insistió una y otra vez en el acto de la fe; por ejemplo, en Rom 10:8-10:

“… Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para alcanzar justicia; mas con la boca se hace confesión para alcanzar la salvación.”

O sea, se refiere a un momento puntual, recién crucificado Cristo. Y especifica que la fe en Jesús, confesándole como el Mesías, les haría salvos; de la misma forma que acredita que muchos judíos israelitas no la alcanzarían, porque su falta de fe no les permitía reconocer al Señor como enviado de Dios. ¡Eso era lo importante al principio! Si no se reconocía a Jesucristo, no se oían sus instrucciones, y no serían alcanzados los objetivos; habría muerto en vano.

Pero también, a lo largo de su enseñanza, el propio Jesús alertaba sobre las obras:

Por sus frutos los conoceréis. ¿Se cogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?” [Mat 7:16]

Pablo mismo aclara que el acto de fe, en conjunción con el obrar según las instrucciones, es lo que lleva a la salvación [Rom 11: 19-22]:

Tal vez dirás: ‘Sí, pero las ramas fueron cortadas para injertarme a mí en el olivo’. Bien, pero fueron cortadas porque no tenían fe, mientras que tú estás ahí solo porque tienes fe. Así que no te jactes, sino más bien siente temor. Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, tampoco a ti te perdonará. Mira, pues, que bueno es Dios, aunque también que severo. Ha sido severo con los que cayeron y ha sido bueno contigo. Pero tienes que vivir siempre de acuerdo con su bondad, pues de lo contrario, tú también serás cortado.”

Las leyes humanas nos hacen ir siempre tras las últimas ‘enmiendas‘, para saber cómo pueden afectarnos. No hablo de una ley nueva, sino de ‘revisiones fundadas en malas experiencias‘ con las ya establecidas; y así hay que ver el Apocalipsis, como ‘testamento enmienda‘, el último legado escrito de Jesucristo.

Jesús, en el capítulo dedicado a ‘las iglesias‘, quiso aclarar cómo juzgaría a quienes se auto proclaman cristianos. Hablando en parábolas, se dirige de forma hipotética a 7 iglesias, separando las malas y buenas obras; pero la alegoría se distingue porque cada vez que termina la instrucción en cada una, concluye siempre:

El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias.’

Repite 7 veces la frase en plural, aunque aparentemente se dirigiera a una iglesia en particular, ratificando que tal mensaje no es para una iglesia determinada, sino para toda la iglesia cristiana mundial: ‘los que tenemos oídos‘. Además, constantemente insinúa la atención que Él dará a las obras:

Apo 2:2 “Yo sé tus obras, y tu trabajo y paciencia; y que tú no puedes sufrir a los malos, y has probado a los que se dicen ser Apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos

Apo 2:9 “Yo sé tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza, pero tú eres rico, y sé la blasfemia de los que se dicen ser Judíos, y no lo son; mas son la sinagoga de Satanás.”

Apo 2:23 “…y todas las Iglesias sabrán que YO SOY el que escudriño los riñones y los corazones; y daré a cada uno de vosotros según sus obras.”

Apo 2:13 “Yo sé tus obras, y dónde moras, donde está la silla de Satanás; y tienes mi Nombre, y no has negado mi fe, aun en los días en que fue Antipas mi testigo fiel, el cual ha sido muerto entre vosotros, donde Satanás mora.”

Apo 2:19 “Yo he conocido tus obras, y amor, y servicio, y fe, y tu paciencia, y tus obras, las postreras que son muchas más que las primeras.”

Apo 3:1-2 “Y escribe al ángel de la Iglesia que está en Sardis: …”Yo conozco tus obras; que tienes nombre de que vives, y estás muerto. Sé vigilante, y confirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios.”

Apo 3:7-8 “Y escribe al ángel de la Iglesia que está en Filadelfia: …Yo conozco tus obras: he aquí, he dado la puerta abierta delante de ti, y ninguno la puede cerrar; porque tienes algo de potencia, y has guardado mi Palabra, y no has negado mi Nombre.”

Apo 3:14-15 “Y escribe al ángel de la Iglesia de los laodicenses: He aquí, el que dice Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios; Yo conozco tus obras, que ni eres frío, ni hirviente. ¡Bien que fueses frío, o hirviente!”…

En fin, puede que para algunos teólogos, las obras sean de carácter secundario, e intenten hacer aparecer como ‘favorecido‘ a todo aquel que confiese su fe en Cristo; pero evidentemente, el que vendrá con la toga de talla única, no piensa igual, y considera que más allá de la fe, juzgará su consecuencia:

y el que no toma su cruz [obras]y me sigue no es digno de mí”. [Mat 10:38]

Que nadie se engañe: Apocalipsis es el primer y único libro en el que Jesús alecciona directamente a ‘las iglesias’. Obviar su puntualización al respecto, es ignorarle en su dimensión de ‘Cabeza Evangelizadora’. Solo hay un Cristo, solo una Palabra; se impone pues, una sola definición. Y aunque la egolatría de alguien considere algún comentario suyo como ‘políticamente incorrecto’, Él sabe por qué dijo cada frase que dijo, y nuestra única función es trasmitirla, sin juicio humano corrector.

Si tienes fe en Jesús serás salvo; tu fe te guiará hacia el amor, y hará que todos tus pecados sean llevados a ‘O’… pero a partir de haberle aceptado como el Señor, tendrás que acreditarte con tus actos. Es la única forma de demostrar tu fe; ella demandará tu obra desde el amor, por el resto de tu vida. Pero eso se evaluará por el único capacitado para evaluar:  Fe-amor-obras, un trío inseparable.

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CRISTO EN GANDHI.

enero 19, 2009

CUANDO TODOS TE ABANDONAN, DIOS SIGUE CONTIGO

Esta frase de Mahatma Gandhi ha sido la elegida [en mi opinión, muy acertadamente] por la asociación cristiana ‘E-cristians’, para exponerla a partir de hoy lunes 19/I/09, en los autobuses de Barcelona, como acción-reacción, ante el irreflexivo mensaje ateo de estos días. La idea es la de extrapolarla a los de Valencia y Madrid; pero yo me pregunto: ¿Por qué no a toda España? ¿Por qué no al mundo entero?

Queda claro que los caminos del Señor son insondables; lo que se inició como campaña antiCristo a nivel local, concluirá con la mayor cruzada de evangelización cristiana jamás conocida por la humanidad. El alboroto creado por el mensaje ateo, “Probablemente Dios no existe…”, en realidad va a conseguir que el mundo reflexione más sobre Dios. Y por si había dudas, ese cartel inicial, llamando a la sociedad al relajo, el caos y la utopía, se debió a una iniciativa de la ‘Unión de Ateos y Librepensadores‘ (UAL) y ‘Ateus de Catalunya‘.

Pero, hagamos un paréntesis y vayamos a la frase elegida por la organización cristiana. No es un versículo bíblico, sino una frase atribuida al enorme pensador y político Ghandhi, un hombre que desde 1918 fue figura del movimiento nacionalista indio; el gestor de un nuevo método de contienda: huelgas y ayunos, que rechazó en sus programas la lucha armada y predicó la no violencia como medio para resistir al dominio británico.

Pregonó la total fidelidad a los dictados de la conciencia, propugnando la rebeldía civil si fuese necesario. Mantuvo correspondencia con León Tolstoi, quien influyó en su concepto de resistencia no violenta y quien poco después de ser testigo de los sacrificios y heroísmo en la campaña de Sebastópol, se reintegró a una frívola vida en San Petersburgo, que le sumió un gran vacío e inutilidad.

El pensamiento de Tosltoi, que influyó en Gandhi, se refleja en su frase, comentando sobre las gentes que conoció en este periodo:

Adquirí la convicción de que casi todos eran inmorales, malvados, sin carácter; inferiores al tipo de personas que yo había conocido en mi vida de bohemia militar. Y estaban felices y contentos, tal y como puede estarlo la gente cuya conciencia no los acusa de nada

Gandhi, por ser fiel a su conciencia, fue a menudo encarcelado, y devino en héroe nacional. En 1931, en la Conferencia de Londres, reclamó la soberanía de India, e involuntariamente dilató un conflicto histórico con origen en la invasión del sultán Mahmud en el 1008. El Islamismo había logrado un cardinal poder religioso en Oriente Medio y exportó la ocupación musulmana a esa región de Asia.

Según algunos, continuando el mandato divino de combatir a los infieles… según otros, atraídos por las riquezas de los ‘rash’ [reyes], aprovechando que tras siglos de bonanza y culto a una religión pacifista [hinduismo], los indios no se hallaban en el momento óptimo para defenderse de su invasión.

Inglaterra los había reducido a ambos; pero al fin de la Segunda Guerra Mundial, aprobó la independencia de India, y los musulmanes optaron por formar Pakistán, con gobierno islámico. Esta separación dejó las secuelas hoy conocidas, con disputas centradas en el estado de Cachemira, de población mayormente musulmana.

Por su parte, el austero y modesto inflexible, inconforme con el título de Mahatma [‘Gran Alma’ en sánscrito] dada por el poeta Rabindranath Tagore, luchó hasta el final contra esa división. En un país en que la política era sinónimo de corrupción, Gandhi introdujo la ética en ese dominio a través de la prédica y el ejemplo. Vivió en una pobreza sin paliativos, jamás concedió prebendas a sus familiares, y rechazó siempre el poder político, antes y después de la liberación de la India.

Este rechazo convirtió al líder de la no-violencia en un caso único entre los revolucionarios de todos los tiempos. Su acomodada familia le había enviado a estudiar a Londres; allí vivió de 1888 a 1891, etapa en que ‘halló‘ a Oriente a través de Occidente, pues comenzó a frecuentar a los teósofos que le iniciaron con el clásico, ‘Bhagavad Gita’ [Canción de Dios en sánscrito], escritura sagrada del hinduismo, que luego consideró “el libro por excelencia para el conocimiento de la verdad”.

Allí también contactó con las enseñanzas de Cristo, y durante un tiempo se sintió tan atraído por la ética cristiana que dudó entre ésta y el hinduismo. Así nació su intento de sintetizar los preceptos del budismo, el cristianismo, el islamismo y su religión natal, a través de lo que señaló como el principio unificador de todos ellos: ‘la idea de renunciación‘… que no es más que lo mismo propugnado por Cristo.

Se hizo abogado, pero su primer juicio fue un fracaso estrepitoso, al enmudecer cuando le tocó su turno de oratoria. Entonces, una factoría comercial musulmana le contrató para atender un caso de la empresa en Durban; Gandhi embarcó hacia Sudáfrica en 1893… y nació el revolucionario que defendería, en el extranjero, por primera vez a la comunidad hindú.

Allí, su política de clara influencia cristiana: ‘lucha sin violencia, desde la resistencia‘, hizo que la autoridad británica diera marcha atrás a un impuesto vejatorio, autorizando a los asiáticos a residir en Natal como trabajadores libres. Con esta victoria, el Gandhi rebelde y desertor de vestimentas europeas, salió para siempre de Sudáfrica con su familia, y llegó a la India en 1915 como un verdadero titán, con la aureola de sus campañas en el extranjero.

Bombay le recibió como héroe nacional; el gobernador inglés acudió a saludarlo y el poeta Rabindranath Tagore le dio la bienvenida en su Universidad Libre de Santiniketan. Sin embargo, la fama no le subió los humos, y al poco tiempo fundó una comunidad casi monástica en la ciudad de Ahmedabad, donde vedó toda vestimenta extranjera, comidas con especias y la propiedad privada. Y aquí se ve otra congruencia cristiana, cuando Cristo le contesta al hombre honesto, que se le acercó, preguntando qué más debía hacer para obtener la vida eterna:

Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme“. [Mat 19:21]

Los seguidores de Gandhi se dedicaban solo a dos trabajos: la agricultura, para sustentarse, y el tejido a mano, para abrigarse. Aquí comenzó la lucha que habría de sostener durante toda su vida contra las lacras del hinduismo y a favor de los intocables, admitidos por él, desde el principio, como miembros de la comunidad.

Su entrada en la política india no ocurrió hasta febrero de 1919. Cuando se aprobó la Ley Rowlatt [censura, y duras penas para cualquier sospechoso hindú], Gandhi encabezó la oposición a la ley. Organizó una campaña de propaganda a nivel nacional mediante la no-violencia, que creó una huelga general, pronto extendida a todo el país. Cuando acudía a Delhi a calmar la población, que no había entendido su mensaje de ‘rebeldía desde la inacción’, Gandhi fue arrestado, y luego de su liberación, convertido en el líder nacionalista indiscutido, alcanzando la presidencia del Congreso Nacional Indio.

Bajo su liderazgo, la agrupación de clases medias urbanas pasó a ser alineación de masas, arraigada en pueblos y aldeas. Así puso en marcha las grandes campañas de protesta civil, que iban desde la negativa masiva a pagar impuestos, hasta el boicot a la Corona. Miles de indios llenaron las cárceles y el mismo Gandhi fue detenido en marzo de 1922. Diez días más tarde comenzó ‘el Gran Juicio’; se declaró culpable y consideró un honor la sentencia a seis años de prisión, terminando la sesión con una reverencia mutua entre juez y acusado.

Pero al salir de la cárcel [por apendicitis], halló un cuadro político roto en dos: la unidad entre hindúes y musulmanes, lograda con el movimiento de rebelión civil, había muerto. Un Gandhi decepcionado, decidió entonces retirarse y vivir como anacoreta, en total penuria y buscando el silencio restaurador. Aislado en su Ashram, de actividad similar a los monasterios: retiro, hospedería, comunidad, escuela y dispensario público, esos años fue el jefe espiritual de la India, el dirigente religioso de fama internacional que muchos occidentales en busca de la paz espiritual trataban como un gurú o maestro espiritual.

Sin embargo, su clausura finalizó en 1927, al nombrar el gobierno británico una comisión para reformar la Constitución, con ausencia hindú. Gandhi logró que todos los partidos del país boicotearan tal misión, nació la huelga de Bardoli, y estos éxitos animaron al Congreso a declarar la independencia de la India, el 26 de enero de 1930… encargando al ‘Mahatma‘ la dirección de la campaña de no violencia para llevar a la práctica la revolución.

Éste eligió como objetivo de la misma el monopolio de la sal que afectaba especialmente a los pobres, y en marzo partió de Sabartami con 79 partidarios, rumbo a Dandi, distante 385 kilómetros. El pequeño grupo se extendió como una riada imparable e inundó toda la India: los aldeanos sembraron ramas verdes por donde desfilaría el escuálido y semidesnudo líder, apoyado en un bastón de bambú, general en jefe de un creciente ejército cuyas únicas armas eran los principios de hacer la guerra con la paz.

El día del aniversario de la masacre de Amritsar, Gandhi llegó a orillas del mar y cogió un puñado de sal. A partir de ahí, la rebelión civil fue imparable: diputados y funcionarios locales dimitieron, los líderes locales renunciaron a sus puestos, el ejército indio se negó a disparar contra la manifestación, las mujeres se sumaron a la tropa, y los discípulos de Gandhi invadieron pasivamente las fábricas de sal.

Durante su vida, Gandhi recurrió además a los ayunos [práctica bíblica] como medio de presión contra el poder, y como forma de lucha silente, para detener la violencia o llamar la atención de las masas. Lo inhumano del sistema de castas, obligando a los parias a arbitraria indigencia y ostracismo, hizo que este guía místico convirtiera la abolición de esta cultura, en una meta personal.

Reñido con el Congreso, defraudado por sus maniobras políticas, se consagró en visitar pueblos lejanos, instando la instrucción popular, la veda del alcohol, y la libertad espiritual del hombre. Sin embargo, su actitud contra la partición no pudo con el líder musulmán Jinnah, quijote de la separación del Pakistán. Afligido por lo que creyó una traición, el Mahatma vio con horror el resurgir de viejos fantasmas indios en 1946, cuando la gala de nominación de Nehru como primer jefe de gobierno, generó fanáticas revueltas, motivadas por la pugna entre hindúes y musulmanes.

Gandhi se trasladó a Noakhali, inicio de las revueltas, y viajó de pueblo en pueblo, descalzo, intentando detener las masacres que generaron tal partición, en Bengala, Calcuta, Bihar, Cachemira y Delhi. Pero su esfuerzo sólo agrandó el odio que hacia él sentían los fanáticos extremistas: los hindúes intentaron matarle en Calcuta… y los musulmanes en Noakhali. Durante sus últimos días en Delhi llevó a cabo un ayuno para reconciliar ambos bandos, lo cual afectó gravemente su salud. Al anochecer del 30 de enero de 1948, cuando iba a la plegaria comunitaria, fue tiroteado por un joven hindú. Tal como había predicho a su nieta, murió como un auténtico Mahatma, con la palabra Brahmā [‘Dios’] en sus labios.

En el marco del hinduismo, Brahmā es el dios creador del universo y miembro de la Tri-murti [‘tres formas’]: la triada Brahmā (dios creador), Vishnú (dios preservador) y Shivá (dios destructor). Una enigmática variante india del Padre, Hijo y Espíritu Santo instituido por Jesús… evidencia de una inconsciente alteración de lo dicho casi 2000 años antes por este. Sin embargo, no hay dudas que Mahatma Gandhi tuvo, aun sin declararse cristiano, una actitud influida por la instrucción recibida sobre Cristo, en su etapa londinense.

De él dijo Einstein: “quizá las generaciones venideras duden alguna vez de que un hombre semejante fuese una realidad de carne y hueso en este mundo”. Yo elijo decir que Gandhi fue el ‘pero‘ obvio, en el libro de instrucción espiritual por excelencia: la Biblia, cuando Santiago, el hermano carnal de Cristo, instruye sobre una fe palpable en las obras:

Sin embargo, alguien dirá: “Tú tienes fe, y yo tengo obras.” Pues bien, muéstrame tu fe sin las obras, y yo te mostraré la fe por mis obras. ¿Tú crees que hay un solo Dios? ¡Magnífico! También los demonios lo creen, y tiemblan. ¡Qué tonto eres! ¿Quieres convencerte de que la fe sin obras es estéril?” [Stg 2:18-20]

Gandhi demostró su fe, por sus obras, y estoy seguro que hoy está muy cerca del Señor. Desde aquí, mi enhorabuena a los hermanos de e-Cristians, por su pronta respuesta al ateísmo provocador. Les auguro que vuestra iniciativa cubrirá toda España, pues el propio Jesús guía la locomotora del tren que ustedes han echado a andar, y que resultará indetenible.

CUANDO TODOS TE ABANDONAN, DIOS SIGUE CONTIGO

¡Muy bien escogido! ¡Que el Señor les bendiga!

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UN ÉXITO DE TODOS

mayo 30, 2008

En una ocasión leí que cierto organista famoso fue a una gran ciudad para dar un doble concierto, en la Sala del Palacio de la Música. Era en los días en que los órganos poseían fuelles, y estos tenían que ser accionados por una rueda, manualmente. Para tal trabajo, se buscó a un muchacho muy fuerte.

El músico dio su primer recital, y el entusiasmo de los asistentes quedó plasmado en sus fervorosos aplausos. Al concluir de saludar, el músico sintió que le tiraban de su levita; era el chico de los fuelles, quien, sonriente y satisfecho por la actuación, le dijo:

–¡Qué bien lo hicimos, eh!

— ¿Qué estás diciendo? ¿Qué es eso de ‘qué bien lo hicimos’? ¿Qué has hecho tú, desgraciado? — contestó el organista, con soberbia y rabia.

–Oh, perdón… yo creía… — apenas pudo contestar el otro.

Al día siguiente llegó el segundo recital. El organista había guardado su mejor pieza para la despedida. Era una partitura que expresaba una tempestad, por lo que requería de gran energía.

Pero los fuelles fallaban estrepitosamente, y el músico, enfadado y preocupado, le dijo al ayudante:

–¡Por favor, sopla fuerte, chico!

–Imprimiré más fuerza… pero el concierto lo haremos entre los dos. ¿Sí o no?

–¡Sí, claro que sí! ¡Sopla, sopla o estoy… estaremos perdidos!

Al final, el recital tuvo un éxito inmejorable y el organista acabó abrazando al operador del fuelle, a la vista de todos los presentes.

Esta anécdota tiene actualidad en muchos órdenes de la vida, y lo es, sobre todo, con respecto al de una iglesia local. Todo se hace entre todos; nadie debe sentirse autosuficiente, intentando sobresalir ante el resto, ni tampoco demasiado pequeño, pensando que su aporte no podrá resolver ninguna situación… y sobre todo, nadie debe ser despreciado, como si no tuviera valor alguno.

Una iglesia es como una colmena; todos deben elaborar la miel del evangelio, desde el que se considere a sí mismo como el menos útil, hasta el Pastor, sin olvidar a las hermanas que se ofrecen voluntarias para mantener la limpieza e higiene del templo del Señor, pues todos le sirven por igual, cada cual según su aportación individual.

En la obra de Dios, todos somos colaboradores, y cada uno debe buscar su don, para servir al Altísimo dentro del engranaje divino. Debemos ser conscientes, en todo momento, que si logramos algo, no lo habremos conseguido por nuestra gran capacidad, sino por la colaboración de todos los hermanos, bajo el control, la misericordia y ayuda inigualable de Nuestro Señor. Él nos capacita en aquellas áreas en que más lo necesitemos, permitiendo que nuestro trabajo dé buenos frutos, y que sean abundantes.

Así pues, desde aquí quisiera tener una palabra de agradecimiento y apoyo a todos cuantos colaboran sinceramente en la precisa y preciosa batalla de la Evangelización, ya sea a los que conforman nuestra Congregación, como a los que se reúnen en cualquier otra, en cualquier punto del planeta. En definitiva, todos somos uno en el árbol de Cristo, para la obra de Dios.

Con amor: Pastor Daniel.