LA IGLESIA NO ES NOVIA DEL CORDERO, SINO PRETENDIENTE.

mayo 28, 2010

Abril 30/2010

Hace dos mil años, nuestro Dios envió a su Hijo hecho hombre, para fundar un nuevo concepto de Iglesia; desde entonces, el antiCristo se esmeró en crear un antibricolaje especial, con el objetivo de generar desperfectos allí donde fue asentado el camino hacia la perfección. Comenzó la gran chapuza del diablo: dividir la iglesia de Jesús mediante herramientas adecuadas: teólogos ¿cristianos?

El enemigo de Dios, de Cristo, y del mundo angelical del reino íntegro, ha logrado éxitos innegables gracias a la egolatría y vanidad, que conducen hacia la desobediencia al Señor. A día de hoy, la iglesia cristiana tiene tantas confesiones como teólogos supieron hacer el trabajo para el que fueron plantados por el gran distorsionador. Muchas nominaciones cristianas intentan hacerse dueñas de la Verdad… pese a que Jesús instruyó que solo Él es ‘el camino, la Verdad y la Vida, y que nadie llega al Padre si no es a través de Él.’

No hay más teólogo que Cristo; lo que necesitamos saber lo dejó escrito. Si algo no entendemos, solo debemos leer la Palabra una y otra vez, buscando la verdad en oración [y en ayuno si es preciso]. Podemos estar seguros que Él no dejará dudas en ningún corazón ofrendado rodilla en tierra; todo el que le busque con insistencia, hallará la verdad a través del libro de Teología sobre todo libro: la Biblia.

Pero más allá del reconocimiento de la duda individual, está la imposición de la duda colectiva, sobre un pueblo que no tiene ninguna razón para dudar. Y este es el hecho específico de la sutil y peligrosa instrucción que se viene dando dentro de la iglesia, presentándola a bombo y platillo como ‘LA NOVIA DEL CORDERO’… creando esa falsa sensación de complacencia que no lleva a otro camino que al relax de sentirse ya salvos; todo lo contrario del constante estado de alerta que el propio Jesús nos exige asiduamente .

El relax conviene al enemigo de Dios, que enfrenta así a una iglesia semi dormida en la complacencia. Sin embargo, el último testamento de Cristo, Apocalipsis, deja bien claras las cosas en este contexto. Pone puntos en íes, y advierte sobre la ilusoria seguridad que encarama al pueblo de Dios sobre la burbuja del virtual nirvana cristiano: ‘ya somos salvos’. Harto de ver como se distorsionó su mensaje, pasados más de 50 años de su crucifixión, repite lo que advirtió desde el inicio de su evangelio, sobre lo que vendrá a juzgar, el rigor con el que lo hará, y lo que todos debemos hacer si queremos estar junto a Él en el para siempre de su Reino. En Apo 21:9-10, no deja margen al error:

Vino entonces a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y me dijo: “Ven acá; te mostraré la desposada, la esposa del Cordero”. Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios…

Es decir, clarifica que la novia no es ninguna iglesia actual, sino la Jerusalén que Él establecerá. La iglesia cristiana de hoy, imperfecta, dividida, e infiel en más aspectos de los que debiera, no puede considerarse más allá de la ‘pretendiente del Cordero’. Y todo se debe al relax confiado, tan conveniente a satanás, que siempre halla fisura para entrar, si estamos relajados. Cristo precisa que no habrá nupcias sin la selección de actitudes que constituirá la imprescindible iglesia íntegra, la Jerusalén celestial, la única novia bíblica.

Mas la advertencia apocalíptica de Jesús no dice nada que no supiéramos ya; solo ratifica lo anunciado siglos antes por los profetas, y lo que Él mismo notificó en su parábola sobre las bodas del Hijo del Rey, en Mateo 22:2-14. La primera vez que el texto bíblico habla sobre las nupcias de Dios, es en Isa 62:5-7:

“Pues como el joven se desposa con la virgen… así se gozará contigo el Dios tuyo. Sobre tus muros, oh Jerusalém, he puesto guardas; todo el día y toda la noche no callarán jamás. Los que os acordáis de Jehová, no reposéis, ni le deis tregua, hasta que restablezca a Jerusalém, y la ponga por alabanza en la tierra.”

Obviamente, la novia no es una iglesia, sino Jerusalén. Y lo mismo en Jer 2:2:

“Anda y clama a los oídos de Jerusalém, diciendo: Así dice Jehová: Me he acordado de ti, de la fidelidad de tu juventud, del amor de tu desposorio, cuando andabas en pos de mí en el desierto, en tierra no sembrada.”

Y otra vez, en Eze 16:2-8:

“Hijo de hombre, notifica a Jerusalém… Y pasé yo otra vez junto a ti, y te miré, y vi que tu tiempo era tiempo de amores; y extendí mi manto sobre ti, y cubrí tu desnudez; y te di juramento y entré en pacto contigo — dice Jehová, el Señor–, y fuiste mía.”

Y finalmente, Os 2:18-20:

“En aquel tiempo haré para ti pacto… Y te desposaré conmigo para siempre; te desposaré conmigo en justicia, juicio, benignidad y misericordia. Y te desposaré conmigo en fidelidad, y conocerás a Jehová.”

Es decir, las Escrituras judías no dejan dudas respecto a la identificación de la novia: ‘La Jerusalén final.’ Y luego, el NT la condiciona dos veces a la lealtad al Señor, puntualizando quién formará parte de la ‘Novia del Cordero’; como presagiando la actual infidelidad de decenas de confesiones cristianas que pretenden todas adueñarse de la Verdad :’

“Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo. Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo.” [2Co 11:2-3]

“… así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mácula.” [Eph 5:25-27]

Hoy, Jesús nos confronta respecto al ‘cómo’ se siguen sus preceptos. A más de medio siglo de su crucifixión, el Señor ya vio la división lograda por satanás a través de teólogos que fragmentarían su casa, conduciéndola hacia el pecado de egolatría; engreídos humanos, cuya soberbia les hizo creer capaces incluso de enmendar lo perfectamente teologizado por Cristo. Católicos, evangelistas, adventistas, testigos de Jehová, bautistas… etc, son frutos híbridos de un árbol alterado. Y cualquiera de ellos que carezca de misericordia, es un mal fruto.

La lealtad demanda de toda una vida; la traición, de un solo instante. Por eso debemos estar siempre vigilantes; y por eso anunció a Juan el peligro futuro mediante la visión apocalíptica, repitiendo 8 veces una misma frase en Sus 7 mensajes de alerta: [Apo 2: 7, 11, 17, 29; 3: 3, 6, 13, 22]

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”

O sea: nos incluye a todos; habiendo advertido también anteriormente, en Luc 8:18:

Mirad, pues, cómo oís; porque a todo el que tiene, se le dará; y a todo el que no tiene, aun lo que piensa tener se le quitará.”

¿Acaso estamos ‘oyendo’ bien? El Señor anunció una selección final: los invitados al convite, los fundadores de la nueva Jerusalén; y como todo el que se casa, sienta los cimientos sobre su expectativa de boda, exigiendo la condición inexorable: fidelidad a su instrucción. Por eso es importante que quede claro quien será su ‘Novia’… pues no es exactamente lo que muchos relajados y complacidos piensan que es.

El propio evangelio de Jesús, a través de la parábola de ‘las bodas del Hijo del Rey’, instruye sobre la selección de Su Novia, en Mt 22: 2-14:

El reino de los cielos es semejante a un Rey que hizo fiesta de bodas a su Hijo…”

Ahí se ve claramente la cita a los judíos, la posterior decisión de extender el Evangelio a todas las naciones… y la última selección de invitados al banquete:

Mat 22:11-14 “Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda. Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció.’ Entonces el rey dijo a los que servían: ‘Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.

Así, el mensaje de las nupcias [desde profetas hasta Apocalipsis], no es un encargo de complacencia y relax, sino que exige conducta celosa; es una seria advertencia. A día de hoy, no toda la iglesia es novia de Cristo, sino solo la parte de ella que, fiel a Su palabra, mantenga una actitud coherente con Su instrucción. Ante la distorsión teológica vio necesario, en dos versículos, precisar más sobre Su enlace de bodas:

Apo 19:7-9 “Gocémonos, alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos.” Y el ángel me dijo: Escribe: ‘Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero.’ Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.’

Apo 21:2 “Y yo, Juan, vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.”

Y, ¿quiénes son llamados a la cena? Lo especifica desde el inicio de Su Evangelio:

Mat 16:27 “Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.”

Pedro, testigo presencial de Jesucristo, bajo la unción del Señor, puntualiza:

1Pe 4:17-18 “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios? Y: Si el justo con dificultad se salva, ¿en dónde aparecerá el impío y el pecador?”

Debemos estar atentos al mensaje: ‘la Novia del Cordero’ no es la iglesia actual, según muchos piensan desde la relajación del ‘somos salvos; ya el pescado está vendido’, sino la selección que el Señor hará, en el día de Su juicio. Lo advierte una vez más en Mat 7:21:

No todos los que me dicen ‘Señor, Señor…’, entrarán en el reino de los cielos…’

Nadie está aun salvo; si hay juicio es que hay causa, y toda causa concluye en veredicto. Ninguna iglesia sin misericordia valdrá para el matrimonio; solo el amor la hará acreedora de fallo de ‘inocente’. Hoy por hoy, estamos desnudos ante Jesús, y una novia no se casa desnuda; esforcémonos para que a la orden del Rey, su sastre nos vista del lino fino imprescindible, el pasaporte al último y definitivo Jerusalén, según se avisa:

Heb 12:14 “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.”

Validando esta frase más de medio siglo después con sus propias palabras:

No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.” [Apo 21:27]

Así, la ‘Novia del Cordero’ no es la dividida iglesia actual, con enfoques tan disímiles que muchas veces resultan contradictorios de una corriente a otra. La Novia del Cordero será la Jerusalén escogida; la iglesia moderna, teológicamente dividida por aplaudidos oradores, creadores de variopintas castas eclesiásticas, solo alcanza el nivel de ‘pretendiente’. La Jerusalén definitiva, la desposada del Cordero, solo será habitada por aquellos cuyos actos les haga dignos de ser convidados al banquete; como cuando un seleccionador se dispone a escoger su equipo definitivo, vaya.

Nos esforzaremos para llevar ese, tu último uniforme, Señor. Amén.

**********

Anuncios

¿CUÁL ES LA BUENA NOTICIA?

julio 7, 2008

Hace unos días (y a cada momento lo hacen), me dejaron una propaganda sobre régimen de adelgazamiento, en el limpiaparabrisas del coche. Nadie duda que esa actividad se ha convertido en un negocio muy lucrativo; esta generación se ha volcado como nunca en el cuidado de su cuerpo y, cada día más, se dedica una parte importante de los ahorros en ser menos gordito/a, flaquito/a, muy exuberante… o menos, según sea el caso, etc.

La humanidad ha ido vaciando cada vez más su espiritualidad; esta ha ido menguando a favor de la ‘grosura mental’ que provoca el cáncer del espíritu, en incremento alarmante.

Se anhela gustar más; la envidia ajena por la presencia propia resulta una inyección de vanidad muy difícil de rechazar. Se acude al gimnasio y se hace sumisión a dietas rigurosas, en beneficio de una carne efímera, pues la belleza física se difumina en el tiempo y no constituye una garantía de felicidad ni de seguridad.

Un buen cuerpo siempre encontrará sustituto en otro… a veces no tan formidable, y mucho menos espectacular; luego, el sacrificio de la vanidad no todas las veces se ve correspondido por la fidelidad de la persona a la que se quiere impresionar, pues el ser humano siempre es deslumbrado por lo nuevo, y hay mucho de nuevo bajo el sol, esperando saciar el vacío existencial de los insaciables.

La juventud es carrera rápida; sin darnos cuenta, la piel tersa se vuelve porosa, se cubre de manchas, los primeros surcos delinean más contornos de los deseados… y los michelines ajenos, que provocaban comentarios sarcásticos, se presentan como justicieros, sin avisar, en el propio cuerpo. La carne corrompible acude sin falta a su cita con la corrupción; años antes o después, se marchita e inicia su acelerada carrera hacia su decadencia y postrer exterminio definitivo. Sin embargo, el espíritu que la sustenta (ese ignorado por muchos), que siempre está conectado con el Creador querámoslo o no, prevalece para siempre.

El mal de la carne busca su cura en la medicina, cuyo adelanto permite mitigarlo y anularlo en muchas ocasiones; aunque solo es un vano intento para detener la inercia, pues el destino del hombre carnal es ineludible. Haga lo que se haga, siempre habrá un final.

Pero un espíritu enfermo es más grave, pues su continuidad en el tiempo se hace eterna. Si nuestra salud espiritual es buena, solo lo alimentamos con lo que le fortalece: la fe en un Jesucristo vencedor de la muerte, quién lo evidenció con su propio ejemplo. También, con la buena conducta en nuestro entorno, el conocimiento y cumplimiento de las leyes de Dios, el dominio propio ante las tentaciones, la paciencia ante las contrariedades y pruebas que nos harán subir nuestro nivel espiritual, la práctica piadosa (libre de egoísmos), y el amor desinteresado, sin segundas intenciones.

Si nuestro espíritu no está sano, nuestros ojos no estarán en la luz ni las manos ni el cuerpo entero; incluso el propio corazón, que se verá inundado por el egoísmo y el culto al ‘yo’, que tanto nos aleja de los fundamentos reales, cuyas raíces viven en la instrucción de Jesús.

La genética humana no determina los sentimientos e inclinaciones, aunque ya hay por ahí ‘estudiosos’ del tema que señalan lo contrario. La genética es la instrucción para crear vida animada en carne, a partir de los aminoácidos que darán lugar a las miles de proteínas necesarias. Pero el ADN no hace al hombre ladrón, violador, pederasta, asesino, ególatra, vanidoso, borracho, drogadicto, usurero…; todo lo que contamina la pasión, es obra del espíritu dominante en el ser, y mientras más en resonancia estemos con el Espíritu Santo, menos serán las imperfecciones y aristas internas que habrá que enfrentar, limar, y extirpar, para emerger dignos e inocentes, en el inexorable instante de la justicia divina.

Pero si nos alejamos de Él, satanás hallará con habilidad cada fisura nuestra. Ninguna cadena es más fuerte que su eslabón más débil, y si un arte es dominado por el maligno a la perfección, es el de hacerse fuerte en nuestras debilidades íntimas. Como el ojo de un tornado de fuerza T10, nos succionará cada vez que le interese alejarnos de Dios; sabe cómo hacerlo y puede hacerlo, si nos apartamos del Altísimo.

Ahora bien, regresando al genoma, si hay algo que este sí determina, es nuestro sexo, a través de la combinación cromosomática que ‘nos toca’. Los cromosomas X-Y imponen la condición sexual, mediante un sistema único en personas y animales. Los cromosomas humanos, en situación normal, se manifiestan en parejas, y son 23; los que determinan el sexo, corresponden precisamente al par numerado en el orden 23.

La sola presencia del par cromosómico XX, implica como resultado un individuo hembra, mientras que la asociación y combinación XY significa la expresión genética que resulta en un individuo macho. Asegurando esta situación aun más, existe un gen en el cromosoma Y, el TDF (del inglés testis-determining factor o factor determinador de los testículos), que es el responsable de que el embrión desarrolle testículos y se haga masculino; no existe un gen equivalente para la diferenciación de los ovarios, de manera que el embrión será por defecto femenino, si no posee el gen TDF.

De modo que cualquier inclinación al sexo contrario no tiene su raíz en el ADN, sino en el espíritu; una evidencia de esto, que no deja lugar a dudas, es la erección que ocurre en todo homosexual pasivo, a quien la genética le hizo hombre… pero una influencia espiritual, de la 4ª Dimensión de satanás, le impone que se sienta mujer. Este influjo suele presentarse desde la niñez, aunque a veces se manifiesta también una vez adulto. En el lesbianismo ocurre igual: influencia demoníaca, en sentido contrario. Por tal razón es que la homosexualidad está implícitamente condenada por las leyes de quien nos creó.

No se trata de una ‘atrofia’ evolutiva que les ha hecho así. Si sucediera algo biológicamente posible: que una lesbiana que se ‘imagina’ hombre, tuviera sexo con un afeminado, la vida les jugaría una mala pasada: ella sería mamá y él, papá. Créanme, el enigma está en el espíritu, no en la carne: la 4ª Dimensión Espiritual somete y sojuzga a la 3ª Dimensión que vivimos en el cuerpo; lo que somos, y cómo nos manifestamos, depende de por quién nos dejemos sojuzgar: si por el Espíritu Santo o su enemigo tradicional por antonomasia.

Hace poco se celebró en Madrid el internacional ‘día del orgullo gay’, Homosexuales de ambos sexos (vaginas y penes), subidos en carrozas, a medio vestir, pusieron el adobo infalible hoy día en la sociedad: el morbo que genera el saber que se hace lo que va contra la ley de Dios, alimentando la inmoralidad, y con ello, la ira del que todo lo puede.

Aquí se vio, una vez más la desidia de algunas familias, llevando a sus críos para que ‘disfrutaran’ el espectáculo. Inconscientes e irresponsables; incapaces de evaluar lo que resulta importante para el Señor. No se puede permitir esos desfiles a la vista de los niños, inculcándoles que la unión hombre-hombre y mujer-mujer, también integran el concepto del matrimonio, pues va contra Natura y constituyen una aberración. Están muertos y no se percatan; juegan con fuego y el final no será otro que la incineración en vida, pueden darlo por hecho.

Desde aquí mi apoyo a todos los que se manifiestan contra estas actividades nítidamente subversivas, pues no pueden considerarse de otra forma. Por su parte, los gobiernos que apoyan esto, legislando leyes que se oponen frontalmente a las de Dios, tendrán que dar cuentas a la cabeza gobernante que les supera; las familias que se han marginado del Proyecto del Hogar establecido por el Creador, también serán cuestionadas, y los directamente involucrados, que escuchen el mensaje: ¡Abran los ojos del espíritu y cierren las piernas! Aun están a tiempo del arrepentimiento; la hora llega.

Declaro desde este blog, en el nombre de Jesús, que toda violación de las leyes establecidas por el Padre de la humanidad tiene punición, y pueden estar convencidos que esta será severa, en el caso de los que no se arrepientan y caigan en la persistencia de la continuidad.

Por otra parte, sea cual sea el pecado cometido, tenemos un abogado en Cristo, que tiene Poder para perdonar y librarnos de culpa, sin importar la infracción, si somos capaces de reaccionar y nos aferramos a su Espíritu purificador del nuestro, fortificándonos día a día en el conocimiento de su Palabra, para no reincidir más en nuestras faltas.

Se ha hecho todo lo posible por sacar a Dios de la mente de los hombres, desde la base: las escuelas. Educan a los futuros presidentes y ministros, en el ateismo que puede conducir a la inmoralidad, preparando las condiciones para las leyes antiCristo que hoy pululan en todo el planeta. Les alimenta un inconmensurable odio a Dios, que les hace cocear contra el mismo aguijón que acabará destruyéndoles, dejándose arrastrar en un sin sentido, y lo que es peor: arrastrando consigo a mentes débiles, ignorantes del plan del Señor.

Solo se libran de estas inclinaciones los que fundamentan sus normas de conducta en la instrucción bíblica… y de forma extraordinaria, los no creyentes a los que el Creador les ha dado un espíritu de nobleza lo suficientemente fuerte como para continuar siendo buenas personas, pese a no reconocer aun a Cristo: un espejo de la gracia de Dios.

¿Se me critica porque no hablo del amor, sino del castigo? A la Biblia me remito; ambos caminos nos permitirán alcanzar el reino de Jesús: el amor es el idóneo, el más rápido, mientras que la sanción punitiva produce dolor, y por este entra la convicción del peligro; se empieza a ser sensible y se llega a evaluar que la mejor opción es la de la obediencia. Pagamos entonces el precio de la corrección, y cuando el Omnipotente estime que estamos listos, nos reincorpora a su pueblo. Y esa es la buena noticia: Cristo es válido para hacer libres tanto a los que están cerca de Dios, como a los alejados que regresan; el método lo impone el propio individuo, con su decisión de entrega, ya sea temprana o tardía.

Luego de ello, todo el que sea fiel a Jesús, tendrá vida eterna con Él, en su montaña, pues es el puente que lleva hacia el Padre. Es decir, después del arrepentimiento y la constricción (y repito la buena noticia de estos tiempos), los no creyentes tendrán la misma opción que los creyentes, pues Cristo vive en el corazón por la fe. La forma en que esta se adquiera no es determinante; lo importante es llegar a sentirla.

La fe lleva al amor; una vez que estemos firmemente enraizados en Él, podremos entender cuán ancho, largo, profundo y alto es el amor de Jesús. Así como que la iglesia es una casa de oración, pero el verdadero templo del Señor es portátil y lo llevamos en un interior saneado. El concepto de iglesia trasciende en la unidad con Jesús: hubo un solo cuerpo crucificado para el perdón de los pecados, un solo Espíritu Santo, una sola esperanza, un solo Señor, una sola fe y un solo bautismo. Hay un solo Dios; y por tanto, una sola iglesia. Esa es la meta que debe existir en todos los cristianos y la que Cristo espera de todos: que obviemos las diferencias y nos unamos en lo que nos aglutina: Su cuerpo de la Redención.

Jesús preparó a sus apóstoles para un acto de servicio: la edificación del Cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a estar unidos en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios. Solo así alcanzaremos la edad y el desarrollo que corresponden a la plena madurez de Cristo. Como dijo Pablo, en su carta a los Efesios 4:16:

“Por Cristo, el cuerpo entero se ajusta y se liga bien, con la unión de todas sus partes; y cuando una parte funciona bien, todo el cuerpo va creciendo y edificándose en amor.”

Así pues, la alerta de Dios es que no nos alejemos de Él, sumidos en pensamientos vanos, con el entendimiento en tinieblas. No permitan que el corazón lata insensible en el pecho, haciéndose así ignorantes de las leyes de Dios, y de su gracia. Todos tenemos parte, mediante el evangelio, en la misma promesa: Perdón de los pecados y opción de vida eterna, bajo su reinado espiritual.

Por la gracia de Dios, yo, sin mérito alguno, me veo hoy confrontado en el espíritu para escribir estas cosas. Y no sería fiel a Cristo si no insisto sobre su promesa de salvación para todos aquellos que se arrepientan de sus malas acciones y se conviertan a Él, culminando con un párrafo de la carta a los Efesios, en 3:10:

“Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora notificada por la Iglesia, a los principados y potestades en los cielos, conforme a la determinación eterna, que hizo en Cristo Jesús Señor nuestro…”

¡Gloria a Dios en nuestros corazones, en Cristo Jesús, por todos los siglos y para siempre! ¡Amén!


**********