ORANDO EN EL BLOG DE JESUCRISTO

agosto 29, 2008

He recibido este correo hoy; proviene de una amiga a la que no veo desde hace dos décadas, y, tocado fuertemente en el espíritu, decidí subirla al blog, en la esperanza de que los que visiten esta página sientan en su corazón la necesidad de hablarle a Dios, de poner sus cuentas a ‘0’ con Él… o de simplemente decirle que está pendiente de sus palabras, fiel a sus leyes y abrazado en FE a sus promesas de vida eterna para quienes le aman y siguen.

Les aconsejo que lean con la boca, no solo con la mente. La vibración de los labios, aunque resulte un murmullo, encierra en gran medida el poder de la oración, pues la Palabra que sale en el nombre de Jesús es la que parte con poderío, no la del pensamiento. Aquí les va el texto:

[Mi oración por tí hoy:

‘Los ojos que están viendo este mensaje no verán ningún mal, las manos que enviarán este mensaje a otros no trabajarán en vano, la boca que dice Amén a esta oración, reirá por siempre. Permanezca en el amor de Dios enviando esta oración a todos en su lista. Tenga un viaje encantador en la vida! ¡Confíe en el Señor con todo su corazón y Él nunca le fallará porque Él es IMPRESIONANTE! Si usted necesita de verdad una bendición, continúe leyendo este email, y ore:

Padre divino, Dios afable y amoroso, te ruego que bendigas abundantemente a mi familia y a mí. Sé que tú reconoces que una familia es más que una madre, padre, hermana, hermano, esposo y esposa.

Señor, mando una oración de suplica de bendiciones no solamente para la persona que me envió esto, sino para mí y para todos a los que remita este mensaje. ¡Que la fuerza de la unión en la oración, por parte de los que creen y confían en ti, sea más poderosa que cualquier otra cosa!

Te agradezco de antemano por tus bendiciones. Dios nuestro, libera a la persona que lee esto ahora, de deudas y de las cargas por las deudas. Envía tu sabiduría santa, para que pueda ser un buen administrador sobre todo lo que has entregado Padre, yo sé que eres maravilloso y poderoso, y que, si te obedecemos y caminamos en tu Palabra, aunque nuestra fe sea del tamaño de una semilla de mostaza, Tú derramarás tus bendiciones. Así, te agradezco Señor por las bendiciones recientes que he recibido y por aquellas que aun han de venir, porque sé que Tú aun no has terminado conmigo.

En el nombre de Jesús te lo ruego, y en él te doy Gracias. Amén’

Tómese 60 SEGUNDOS y envíe esto rápidamente. En horas, usted habrá hecho que una multitud de gente ore a Dios, los unos por los otros. Entonces relájese y medite en el poder del Creador, trabajando en favor de su vida… por hacer las cosas que usted sabe que Él ama, y por aborrecer lo mismo que Él aborrece.

¡Siga Bendecido!!! “]

**********

Padre amado, Tú que estás al control de esta, tu página, te pido Papá que derrames hoy tu Bendición y tu Gracia sobre el dueño de toda boca que se mueva en esta plegaria. Sabemos que este es tu tiempo Señor; manifiesta tu Gloria y tu Poder no solo sobre los que te reconocen, sino también sobre la fracción del mundo que vive tan apartada de ti, ya sea arrastrada por sus propias inclinaciones, o por gente inconsciente que no sabe lo que hace, ignorante de la peligrosidad del camino tomado al conducir a muchos inocentes hacia su propia caída.

¡Por unos y otros te pido, Dios mío! ¡Qué sus ojos vean tu luz Señor!

¡Abre sus ojos, Cristo!

¡Ayúdanos a todos a ser más dignos de ti cada día; fortálecenos allí donde hemos sido débiles y hemos pecado contra tus instrucciones Padre!

¡Ayúdanos a comportarnos de forma que podamos lograr que te sientas orgulloso de nosotros!

¡En el Sagrado nombre de nuestro Señor Jesucristo!

¡Amén!

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¿CUÁL ES LA BUENA NOTICIA?

julio 7, 2008

Hace unos días (y a cada momento lo hacen), me dejaron una propaganda sobre régimen de adelgazamiento, en el limpiaparabrisas del coche. Nadie duda que esa actividad se ha convertido en un negocio muy lucrativo; esta generación se ha volcado como nunca en el cuidado de su cuerpo y, cada día más, se dedica una parte importante de los ahorros en ser menos gordito/a, flaquito/a, muy exuberante… o menos, según sea el caso, etc.

La humanidad ha ido vaciando cada vez más su espiritualidad; esta ha ido menguando a favor de la ‘grosura mental’ que provoca el cáncer del espíritu, en incremento alarmante.

Se anhela gustar más; la envidia ajena por la presencia propia resulta una inyección de vanidad muy difícil de rechazar. Se acude al gimnasio y se hace sumisión a dietas rigurosas, en beneficio de una carne efímera, pues la belleza física se difumina en el tiempo y no constituye una garantía de felicidad ni de seguridad.

Un buen cuerpo siempre encontrará sustituto en otro… a veces no tan formidable, y mucho menos espectacular; luego, el sacrificio de la vanidad no todas las veces se ve correspondido por la fidelidad de la persona a la que se quiere impresionar, pues el ser humano siempre es deslumbrado por lo nuevo, y hay mucho de nuevo bajo el sol, esperando saciar el vacío existencial de los insaciables.

La juventud es carrera rápida; sin darnos cuenta, la piel tersa se vuelve porosa, se cubre de manchas, los primeros surcos delinean más contornos de los deseados… y los michelines ajenos, que provocaban comentarios sarcásticos, se presentan como justicieros, sin avisar, en el propio cuerpo. La carne corrompible acude sin falta a su cita con la corrupción; años antes o después, se marchita e inicia su acelerada carrera hacia su decadencia y postrer exterminio definitivo. Sin embargo, el espíritu que la sustenta (ese ignorado por muchos), que siempre está conectado con el Creador querámoslo o no, prevalece para siempre.

El mal de la carne busca su cura en la medicina, cuyo adelanto permite mitigarlo y anularlo en muchas ocasiones; aunque solo es un vano intento para detener la inercia, pues el destino del hombre carnal es ineludible. Haga lo que se haga, siempre habrá un final.

Pero un espíritu enfermo es más grave, pues su continuidad en el tiempo se hace eterna. Si nuestra salud espiritual es buena, solo lo alimentamos con lo que le fortalece: la fe en un Jesucristo vencedor de la muerte, quién lo evidenció con su propio ejemplo. También, con la buena conducta en nuestro entorno, el conocimiento y cumplimiento de las leyes de Dios, el dominio propio ante las tentaciones, la paciencia ante las contrariedades y pruebas que nos harán subir nuestro nivel espiritual, la práctica piadosa (libre de egoísmos), y el amor desinteresado, sin segundas intenciones.

Si nuestro espíritu no está sano, nuestros ojos no estarán en la luz ni las manos ni el cuerpo entero; incluso el propio corazón, que se verá inundado por el egoísmo y el culto al ‘yo’, que tanto nos aleja de los fundamentos reales, cuyas raíces viven en la instrucción de Jesús.

La genética humana no determina los sentimientos e inclinaciones, aunque ya hay por ahí ‘estudiosos’ del tema que señalan lo contrario. La genética es la instrucción para crear vida animada en carne, a partir de los aminoácidos que darán lugar a las miles de proteínas necesarias. Pero el ADN no hace al hombre ladrón, violador, pederasta, asesino, ególatra, vanidoso, borracho, drogadicto, usurero…; todo lo que contamina la pasión, es obra del espíritu dominante en el ser, y mientras más en resonancia estemos con el Espíritu Santo, menos serán las imperfecciones y aristas internas que habrá que enfrentar, limar, y extirpar, para emerger dignos e inocentes, en el inexorable instante de la justicia divina.

Pero si nos alejamos de Él, satanás hallará con habilidad cada fisura nuestra. Ninguna cadena es más fuerte que su eslabón más débil, y si un arte es dominado por el maligno a la perfección, es el de hacerse fuerte en nuestras debilidades íntimas. Como el ojo de un tornado de fuerza T10, nos succionará cada vez que le interese alejarnos de Dios; sabe cómo hacerlo y puede hacerlo, si nos apartamos del Altísimo.

Ahora bien, regresando al genoma, si hay algo que este sí determina, es nuestro sexo, a través de la combinación cromosomática que ‘nos toca’. Los cromosomas X-Y imponen la condición sexual, mediante un sistema único en personas y animales. Los cromosomas humanos, en situación normal, se manifiestan en parejas, y son 23; los que determinan el sexo, corresponden precisamente al par numerado en el orden 23.

La sola presencia del par cromosómico XX, implica como resultado un individuo hembra, mientras que la asociación y combinación XY significa la expresión genética que resulta en un individuo macho. Asegurando esta situación aun más, existe un gen en el cromosoma Y, el TDF (del inglés testis-determining factor o factor determinador de los testículos), que es el responsable de que el embrión desarrolle testículos y se haga masculino; no existe un gen equivalente para la diferenciación de los ovarios, de manera que el embrión será por defecto femenino, si no posee el gen TDF.

De modo que cualquier inclinación al sexo contrario no tiene su raíz en el ADN, sino en el espíritu; una evidencia de esto, que no deja lugar a dudas, es la erección que ocurre en todo homosexual pasivo, a quien la genética le hizo hombre… pero una influencia espiritual, de la 4ª Dimensión de satanás, le impone que se sienta mujer. Este influjo suele presentarse desde la niñez, aunque a veces se manifiesta también una vez adulto. En el lesbianismo ocurre igual: influencia demoníaca, en sentido contrario. Por tal razón es que la homosexualidad está implícitamente condenada por las leyes de quien nos creó.

No se trata de una ‘atrofia’ evolutiva que les ha hecho así. Si sucediera algo biológicamente posible: que una lesbiana que se ‘imagina’ hombre, tuviera sexo con un afeminado, la vida les jugaría una mala pasada: ella sería mamá y él, papá. Créanme, el enigma está en el espíritu, no en la carne: la 4ª Dimensión Espiritual somete y sojuzga a la 3ª Dimensión que vivimos en el cuerpo; lo que somos, y cómo nos manifestamos, depende de por quién nos dejemos sojuzgar: si por el Espíritu Santo o su enemigo tradicional por antonomasia.

Hace poco se celebró en Madrid el internacional ‘día del orgullo gay’, Homosexuales de ambos sexos (vaginas y penes), subidos en carrozas, a medio vestir, pusieron el adobo infalible hoy día en la sociedad: el morbo que genera el saber que se hace lo que va contra la ley de Dios, alimentando la inmoralidad, y con ello, la ira del que todo lo puede.

Aquí se vio, una vez más la desidia de algunas familias, llevando a sus críos para que ‘disfrutaran’ el espectáculo. Inconscientes e irresponsables; incapaces de evaluar lo que resulta importante para el Señor. No se puede permitir esos desfiles a la vista de los niños, inculcándoles que la unión hombre-hombre y mujer-mujer, también integran el concepto del matrimonio, pues va contra Natura y constituyen una aberración. Están muertos y no se percatan; juegan con fuego y el final no será otro que la incineración en vida, pueden darlo por hecho.

Desde aquí mi apoyo a todos los que se manifiestan contra estas actividades nítidamente subversivas, pues no pueden considerarse de otra forma. Por su parte, los gobiernos que apoyan esto, legislando leyes que se oponen frontalmente a las de Dios, tendrán que dar cuentas a la cabeza gobernante que les supera; las familias que se han marginado del Proyecto del Hogar establecido por el Creador, también serán cuestionadas, y los directamente involucrados, que escuchen el mensaje: ¡Abran los ojos del espíritu y cierren las piernas! Aun están a tiempo del arrepentimiento; la hora llega.

Declaro desde este blog, en el nombre de Jesús, que toda violación de las leyes establecidas por el Padre de la humanidad tiene punición, y pueden estar convencidos que esta será severa, en el caso de los que no se arrepientan y caigan en la persistencia de la continuidad.

Por otra parte, sea cual sea el pecado cometido, tenemos un abogado en Cristo, que tiene Poder para perdonar y librarnos de culpa, sin importar la infracción, si somos capaces de reaccionar y nos aferramos a su Espíritu purificador del nuestro, fortificándonos día a día en el conocimiento de su Palabra, para no reincidir más en nuestras faltas.

Se ha hecho todo lo posible por sacar a Dios de la mente de los hombres, desde la base: las escuelas. Educan a los futuros presidentes y ministros, en el ateismo que puede conducir a la inmoralidad, preparando las condiciones para las leyes antiCristo que hoy pululan en todo el planeta. Les alimenta un inconmensurable odio a Dios, que les hace cocear contra el mismo aguijón que acabará destruyéndoles, dejándose arrastrar en un sin sentido, y lo que es peor: arrastrando consigo a mentes débiles, ignorantes del plan del Señor.

Solo se libran de estas inclinaciones los que fundamentan sus normas de conducta en la instrucción bíblica… y de forma extraordinaria, los no creyentes a los que el Creador les ha dado un espíritu de nobleza lo suficientemente fuerte como para continuar siendo buenas personas, pese a no reconocer aun a Cristo: un espejo de la gracia de Dios.

¿Se me critica porque no hablo del amor, sino del castigo? A la Biblia me remito; ambos caminos nos permitirán alcanzar el reino de Jesús: el amor es el idóneo, el más rápido, mientras que la sanción punitiva produce dolor, y por este entra la convicción del peligro; se empieza a ser sensible y se llega a evaluar que la mejor opción es la de la obediencia. Pagamos entonces el precio de la corrección, y cuando el Omnipotente estime que estamos listos, nos reincorpora a su pueblo. Y esa es la buena noticia: Cristo es válido para hacer libres tanto a los que están cerca de Dios, como a los alejados que regresan; el método lo impone el propio individuo, con su decisión de entrega, ya sea temprana o tardía.

Luego de ello, todo el que sea fiel a Jesús, tendrá vida eterna con Él, en su montaña, pues es el puente que lleva hacia el Padre. Es decir, después del arrepentimiento y la constricción (y repito la buena noticia de estos tiempos), los no creyentes tendrán la misma opción que los creyentes, pues Cristo vive en el corazón por la fe. La forma en que esta se adquiera no es determinante; lo importante es llegar a sentirla.

La fe lleva al amor; una vez que estemos firmemente enraizados en Él, podremos entender cuán ancho, largo, profundo y alto es el amor de Jesús. Así como que la iglesia es una casa de oración, pero el verdadero templo del Señor es portátil y lo llevamos en un interior saneado. El concepto de iglesia trasciende en la unidad con Jesús: hubo un solo cuerpo crucificado para el perdón de los pecados, un solo Espíritu Santo, una sola esperanza, un solo Señor, una sola fe y un solo bautismo. Hay un solo Dios; y por tanto, una sola iglesia. Esa es la meta que debe existir en todos los cristianos y la que Cristo espera de todos: que obviemos las diferencias y nos unamos en lo que nos aglutina: Su cuerpo de la Redención.

Jesús preparó a sus apóstoles para un acto de servicio: la edificación del Cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a estar unidos en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios. Solo así alcanzaremos la edad y el desarrollo que corresponden a la plena madurez de Cristo. Como dijo Pablo, en su carta a los Efesios 4:16:

“Por Cristo, el cuerpo entero se ajusta y se liga bien, con la unión de todas sus partes; y cuando una parte funciona bien, todo el cuerpo va creciendo y edificándose en amor.”

Así pues, la alerta de Dios es que no nos alejemos de Él, sumidos en pensamientos vanos, con el entendimiento en tinieblas. No permitan que el corazón lata insensible en el pecho, haciéndose así ignorantes de las leyes de Dios, y de su gracia. Todos tenemos parte, mediante el evangelio, en la misma promesa: Perdón de los pecados y opción de vida eterna, bajo su reinado espiritual.

Por la gracia de Dios, yo, sin mérito alguno, me veo hoy confrontado en el espíritu para escribir estas cosas. Y no sería fiel a Cristo si no insisto sobre su promesa de salvación para todos aquellos que se arrepientan de sus malas acciones y se conviertan a Él, culminando con un párrafo de la carta a los Efesios, en 3:10:

“Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora notificada por la Iglesia, a los principados y potestades en los cielos, conforme a la determinación eterna, que hizo en Cristo Jesús Señor nuestro…”

¡Gloria a Dios en nuestros corazones, en Cristo Jesús, por todos los siglos y para siempre! ¡Amén!


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CRECIENDO EN ORACIÓN

junio 8, 2008

En muchos versículos, la Biblia nos muestra que orar no es cosa fácil. Existen distintos factores que pueden contribuir a crear un verdadero espíritu de la oración; pero sin lugar a dudas, son muchos más los que atentan contra la vida de oración del cristiano.

Antes de ubicar estos impedimentos con una visión bíblica, será útil para nuestro propósito señalar tres puntos que pueden contribuir a acercarnos confiadamente al trono de la gracia, alcanzar  misericordia, hallar bendición del Padre y el oportuno socorro. Algo bien definido en Hebreos 4:16:

“Lleguémonos pues confiadamente al trono de su gracia, para alcanzar misericordia, y hallar la bendición de la ayuda oportuna.”

Primeramente, considero importante señalar la necesidad de procurar el ambiente necesario donde orar. Es verdad que Dios está en todo lugar, y se puede orar en una cámara secreta de nuestra casa, en la calle o mientras viajamos; el Altísimo siempre escucha. Sin embargo, el sitio es de tanta trascendencia, que no en vano el mismo Jesús al hablar del Templo no vaciló en llamarlo: ‘Casa de Oración’.

La iglesia, el templo de Dios, es un lugar ideal; tanto como podría ser encontrarse en el campo una noche estrellada y dar gracias y alabanzas al Señor.

En segundo lugar, quisiera señalar la importancia de una adecuada preparación mental y espiritual: Una riña o enojo o el uso de  un vocabulario inadecuado, no puede crear el ambiente necesario para la oración; no hay nada mejor que un momento de paz, silencio y serenidad, para permitir que  el Espíritu Santo nos ayude a abrir las ventanas de los cielos y nos capacite para entrar en el Santuario de Dios, libres de carga emocional.

En tercer lugar, que considero de gran importancia, está el tener motivos legítimos y concretos por los cuales orar. El Padre Nuestro es una oración modelo, tanto por su orden, como por los asuntos que incluye. Hay que superar vaguedades, vanas repeticiones, verborrea inútil, distracciones y gestos que no conducen a nada ni coinciden con el acto de orar, que es, simplemente, ‘conversar con Dios’.

Con frecuencia escuchamos oraciones que son verdaderos sermoncitos dirigidos al Padre.

Dicho esto con un propósito altamente constructivo, quiero insistir en que debemos librarnos de profesionalizar nuestra oración, para lograr hacer de ella una actividad viva, real, emocionante y existencial. Entreguemos el corazón, para que podamos decir lo mismo que Jesús ante la tumba de Lázaro:

“Padre, gracias te doy por haberme oído; yo sabía que siempre me oyes.”

Con amor: Pastor Daniel.



ACERCÁNDONOS A CRISTO

mayo 30, 2008

Hoy, es mi deseo reflexionar con ustedes sobre las actitudes que se espera de los buenos cristianos; en esta ocasión, he enumerado seis de ellas, consideradas como muy importantes en nuestra trayectoria hacia Jesús:

1- VIVIR COMO CRISTIANOS.

A veces hay cosas que nos tienen encadenados (vicios, rencores, envidias etc); estas son, en la gran mayoría de los casos, las que nos limitan el crecimiento espiritual y el consecuente acercamiento al Señor. Por ello, para que cambie nuestra vida, debemos transformar nuestra forma de vivirla.

Un punto de inicio es el quebrantamiento, en medio de esta sociedad consumista y exhibicionista, donde la inclinación al pecado nos tienta constantemente. Hay que progresar de acuerdo con los tiempos, y adaptarnos a las condiciones de un mundo cambiante, encontrando un punto de madurez y equilibrio, sin ir a medias con el Señor, quebrantándonos ante Él cuando pequemos, liberándonos del orgullo y la soberbia, confiando que Él oirá, si el arrepentimiento es desde el corazón.

2-TENER VISIÓN Y PASIÓN.

Nunca podemos ser más de lo que soñamos ser. Nuestra visión cambiará según nos fijemos en las Escrituras y experimentemos un desarrollo, teniendo comunión con el Espíritu Santo. Necesitamos tener Ilusión por los asuntos del Señor, y pasión por las almas que se pierden cada día. ¿Quién irá a hablarles del amor de Dios si nosotros no vamos?

3-LLEVAR UNA VIDA DE ORACIÓN.

Para poder evangelizar con efectividad, una congregación debe tener una relación íntima con el Señor Jesucristo. Esta relación incluye la disposición de obedecer sus mandamientos encerrados en la Biblia, pero abiertos al mundo; aunque eso no es suficiente para tener el poder espiritual necesario, que ofrezca un testimonio eficaz.

Resulta imprescindible la participación personal y activa del Señor en la Obra de evangelizar. Tal participación se consigue mediante el Espíritu Santo, y Él responde tan solo a la oración tenaz del creyente. El propio Jesucristo dijo, en Juan 15:5:

“El que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí, nada podéis hacer.”

Por ello, una congregación que desea hacer la obra de la evangelización, con el firme deseo de crecer en ese cometido, debe redescubrir el gozo que nos da la Oración. A través de ella debe buscarse la voluntad de Dios y no nuestros caprichos y éxitos personales. Por esto debemos decir que es necesario que fomentemos los cultos de oración, las cadenas de oración, vigilias, etc.

También:

A- Aprender la importancia de la oración para evangelizar, tal como se enseña en Luc 18:1, 1ªTim 2:8; 1ª Tes 5:17; Isa 55:6… Veamos por ejemplo, lo que señala Hechos 1:8

“…mas recibiréis la virtud del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros; y me seréis testigos en Jerusalén, y en toda Judea, y Samaria, y hasta lo último de la tierra.”

B- Proveer un plan que facilite la oración; primero para el creyente individual, y después para toda la congregación.

4- ESFORZARSE EN SANTIDAD DE VIDA.

Debemos esforzarnos cada día, a todo momento, en el crecimiento del ‘control’. Esto resulta imprescindible para que podamos ser visitados por el Espíritu Santo, y podamos ser llenos de Él.

“Sed Santos, porque yo soy Santo” (1ª Pedro 1:16)

Este texto nos enseña que Dios actúa a través de canales apropiados. Es cierto que Él no se fija si somos un recipiente grande o pequeño, blanco o negro, de barro o cristal; pero sí conoce cómo está nuestro interior. Por ello necesitamos vivir según las Escrituras, y dejar que el Espíritu Santo actúe en nosotros, porque de lo contrario, nuestras vidas no experimentarán ningún cambio especial, y nuestra congregación tampoco.

5- Tener Fe.

Esto resulta algo esencial; si carecemos de fe, es mejor que no intentemos nada, ya que todo lo haremos con desgana y desilusión. Debemos creer sin dudar, que Dios hace posible lo que resulta imposible para el ser humano; y esto no es algo que podremos hacer confiando en nuestras propias fuerzas, sino gracias al poder de Dios, actuando a través nuestro, mediante Su Espíritu. Esto lo vemos, primero en Heb 11:6, y luego, en T2ª Timoteo 1:3:

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que a Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.”

“Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y la caridad de todos y cada uno de vosotros abunda entre vosotros; tanto, que nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las Iglesias de Dios, de vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que sufrís; en testimonio del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del Reino de Dios, por el cual asimismo padecéis.”

6- APERTURA AL CAMBIO

Las Iglesias que consiguen crecer, no lo han logrado solo por estar ‘abiertas al cambio’, sino porque han conseguido realizar satisfactoriamente la diversificación más acorde con los criterios del Espíritu Santo. No ha sido una metamorfósis por el simple hecho de presentar una variación de comportamiento, sino por la causa de Cristo, en el imprescindible camino de tránsito hacia el Padre, intentando parecernos a Jesús, cada vez más.

Con cariño, el Pastor.

 

 


CONVERSANDO CON DIOS.

mayo 22, 2008

Todo el que sea amante del deporte, o de alguna forma esté vinculado a él, ha conocido en un momento determinado a deportistas con grandes cualidades que, llegado el momento de hacerlas patentes, demostrando la valía personal, en lugar de victoria obtienen fracasos estrepitosos. Es muy posible que en estos casos, el fracaso se deba a que su mente y su corazón no estaban preparados para la alta competición.

San Pablo, a lo largo de su legado epistolar, utiliza ciertas metáforas deportivas, para establecer un nexo con la forma en que debe manifestarse la vida cristiana en lo cotidiano.

El cristiano puede ser comparado a un corredor que lucha por lograr la meta, tal como lo describe Pablo en Filipences 3:13:

“Hermanos, no creo haberlo alcanzado aún; lo que sí hago es olvidarme de lo que queda atrás y esforzarme por alcanzar lo que está delante, para llegar a la meta y ganar el premio que Dios nos llama a recibir por medio de Cristo Jesús.”

Sin embargo, hay cristianos que fracasan en ese intento, ya sea porque son inscontantes, se cansan, desvían su atención hacia otros objetivos, etc. Las causas pueden ser muchas, pero el motivo real es uno solo: ‘no ponen su corazón en ello, alineándolo con el Señor.‘Por tanto, la pregunta que debemos formularnos es: ¿Dónde tenemos nuestro corazón? ¿Está nuestro corazón lejos de Dios? ¿Dirá el Creador lo mismo de nosotros, que lo que tuvo que decir en un momento determinado al pueblo de Israel, en Isaías 29:13?:

“El Señor me dijo: Este pueblo me sirve de palabra y me honra de labios para afuera, pero su corazón está lejos de mí, y el culto que me rinde es invento de hombres y cosas aprendidas de memoria. Por eso, con prodigios y milagros dejaré otra vez maravillado a este pueblo; la sabiduría de sus sabios y la inteligencia de sus inteligentes desaparecerán.”

Creo que una de las causas determinantes de la pérdida de la visión y la majestad de Dios en nuestra vida, está relacionada íntimamente con el abandono de algo tan importante como la ADORACIÓN. No hemos hecho suficiente énfasis en la adoración de Dios; no hemos hablado de ello en nuestros círculos espirituales, con nuestros hijos, amigos…; y así hemos perdido cada día un poco más del conocimiento de Dios, permitiendo que nuestro corazón se fuera llenando de otras cosas.

Necesitamos volver a adorar a nuestro Dios, pasar tiempo diariamente a solas con en su presencia, intentando contemplarle; así echaremos leña al fuego de nuestra relación personal con Él. Debemos poner diariamente nuestros planes ante su majestad y, desde una unión íntima, ser obedientes a la voz de Su Espíritu, que nos habla al corazón.

Hay urgencia de conocerle más cada día, estando dispuestos a sacrificar cualquier otra actividad para estar más tiempo a su lado, en actitud de adoración; si lo hacemos así, les aseguro que Él vendrá. Debemos imitar la actitud del niño que le encanta conversar y jugar con su padre; necesitamos ‘acercar nuestro corazón a Dios’.

El Señor Jesús nos enseñó como debe ser la verdadera adoración, cuando dijo que debíamos hacerlo ‘en Espíritu y en Verdad’ o sea, en consonancia con el Espíritu Santo y la Palabra de Dios. Debemos adorar con todo nuestro entusiasmo y alegría, pero, al mismo tiempo, en obediencia absoluta. ¡Es tan importante!

Nuestro corazón se está escapando lejos del Eterno, constantemente se distrae con las múltiples ocasiones que se nos plantea en esta vida gastronómica, automovilística, financiera, y Cibernética; abrumados por los adelantos en las comunicaciones: Video juegos, películas, absurdos programas de TV que lejos de enriquecer, perjudican al Espíritu…

¿Por qué no se detiene ahora mismo y comienza a adorarle? Comience dándole gracias por todas esas ocasiones en que ha acudido en su ayuda, a veces sin que le haya llamado… y a veces también, quizás, cuando ha venido sin que usted lo supiera, librándole de una mala situación que usted ignoraba. No lo deje para mañana; quizás hoy sea su día: ‘Adorar a Dios es unirse espiritualmente con Él‘.

A menudo estamos mucho tiempo con las cosas de Dios, pero hoy debemos dedicarle un tiempo también al Dios de las cosas. Digámosle por tanto:

“Padre, necesito tu presencia, necesito adorarte, necesito abrir mi corazón delante de ti.”

Nadie sabe qué pasará mañana; cualquier momento es el idóneo, ahora es su momento. Haga un balance de su vida delante de Dios, tome decisiones con buenos propósitos, a partir de ‘ya’. Y no me refiero a las buenas intenciones sin programa de actuación, que no le llevarán a ninguna parte, sino a decisiones maduras ante el Altísimo. Ore ante Él para obtener resultados positivos aquí en la Tierra, y excelentes condiciones para esa vida eterna que su Palabra nos promete.

Es lo que el Señor desea de cada uno de nosotros: un compromiso, no vanas palabras sin origen ni destino, que sean llevadas por el viento.

Con cariño, Pastor Daniel.